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viernes, 15 de marzo de 2024

Devenir de la ausencia, de Elvira Alejandra Quintero

"Devenir de la ausencia" es el título de un poema de Elvira Alejandra Quintero en el que escribe el verso: "Ya vendrá el tiempo de los poemas felices", una línea que sintetiza bien el tono de su trabajo poético: una esperanza desencantada, una intemperie en la que el desamparo, la lluvia y el desencanto no cierran la puerta a la posibilidad de destellos de ilusión.

"Devenir de la ausencia" es, además del poema, el título de este grueso volumen de 348 páginas que reúne más de 260 poemas publicados por la autora durante 40 años, entre 1982 y 2022, en ocho libros distintos: "Hemos crecido sin derecho" (Cali, 1992); "La noche en borrador" (Cali, 1998); "La Ventana -Cuaderno de Ana Ríos-" (Cali, 2003); "La mirada de la sal" (Cali, 2004); "Los nombres de los días" (Cali, 2008); "Las memorias de Alejandrina" (Bahía Blanca, 2010); "5000 kilómetros al sur" (Bahía Blanca, 2012), y "Ritos de pasaje" (Popayán, 2017).

La compilación de esta obra poética reunida, presentada en el mismo orden de aparición de los libros, permite conocer la evolución en el proceso de escritura de Elvira Alejandra Quintero, así como sus temas recurrentes. El primer libro nace anclado a Cali y en general en sus poemas son frecuentes los nombres propios de los lugares que habita o que elige como espacio poético: Cali, Nariño, Mocoa, en Colombia, pero también lugares de Perú y Argentina, con referencias específicas al lugar. Hay paisaje, montañas y ríos, pero su escenario habitual suelen ser las calles, esquinas, andenes y parques de las urbes contemporáneas.

El profesor argentino Guillermo Eduardo Pilía señala en el prólogo de este libro que "toda la poesía de Elvira Alejandra Quintero podría resumirse en tres líneas temáticas: el desamparo, la tensión entre amor y desamor y la zozobra existencial". Hay en casi todas las épocas poemas que aborden estos tópicos, y en algunos, sobre todo los más recientes, hay referencias explícitas, con nombres propios, al conflicto armado colombiano y a sus víctimas.

A diferencia de "Intemperies", "Viento" y "Haz que no me pierdan sus palabras", que son poemarios con un hilo conductor temático, en "Devenir de la ausencia" hay un orden cronológico y una vocación totalizante, toda vez que se trata de reunir la obra completa de la autora. En este orden de ideas este volumen permite una mirada panorámica y absoluta sobre la calidad poética de la autora, que construye poemas ricos en imágenes y en algunos casos cercanos al poema narrativo, que cuenta o insinúa una historia.

 
Algunos subrayados
De: "Las voces del día"
Entonces no sabía que lo amaría. 
Y que lo iba a odiar por traicionarme con su muerte.

De "La noche en borrador"
Todo era demorado para llegar. 
La edad 
las menstruaciones 
los viajes 
los novios.

De "Amanecer"
Nuestra habitación se llena con las diarias noticias. 
La cortina trata de impedir la entrada del mundo

De "La pregunta"
La niña que fui se empina para mirarme. 
Me da un codazo. Me pregunta si he olvidado la pregunta. 
Le digo que no he cesado de repetirla. 
Su mirada se vuelve más redonda. 
Le digo que no tengo la respuesta, es más, la pregunta ha crecido.

De "Él"
Mas cuando busco la escritura no encuentro otra cosa que el poema. 
Y el poema es un estado del alma

De "La ciudad"
Soy pedazos, pedacitos de mí. 
No debo aspirar a ser una. 
Es decir, no puedo. 

De "Devenir de la ausencia"
Ya vendrá el tiempo de los poemas felices 

De "Todos los días"
Y después de haber gozado en el sufrimiento de intentar 
aclarar mi pensamiento en la escritura 
repito el desorden, la ambición, la locura, la codicia, 
y me digo que mañana será por fortuna otro día, en que habrá tiempo para los buenos propósitos.

De "Almaguer"
Mi cuerpo te pensaba desde la primera hora del día 
sin yo ordenarlo 
mucho antes de recorrer la casa 
y dedicarme a abrir los grandes portones.


De "De los poetas"
Sí, mentimos los poetas 
cuando nos empeñamos en seguir llorando los amores idos 
en vez de celebrar la ausencia con un buen trago de vino 
que nos prepare para la fiesta de la soledad.



Devenir de la ausencia. Obra poética reunida 1982-2022
Elvira Alejandra Quintero
Editorial Vinciguerra Hechos de Cultura
Buenos Aires, Argentina
Octubre de 2022
348 páginas

miércoles, 13 de marzo de 2024

Intemperies, de Elvira Alejandra Quintero

La Real Academia de la Lengua define "intemperie" como "A cielo descubierto, sin techo nio otro reparo alguno". Técnicamente una playa está a la intemperie, pero no es una playa la imagen que llega a la mente cuando se escucha la palabra "intemperie". Al contrario, el vocablo se asocia con la lluvia, el abandono o el desamparo, con estar en soledad, desvalido y sin un techo protector.

Guillermo Eduardo Pilía, profesor de la Universidad Nacional de La Plata, de Argentina, escribe en el prólogo del poemario "Intemperie" que estos versos de Elira Alejandra Quintero parten del desamparo. De la desesperanza, y el dolor de la pérdida. La autora construye una poética del desgarro, en donde la mirada se detiene en la conciencia de habitar una desolación sin esperanza. 

"Intemperies" reúne 56 poemas, algunos de los cuales ya habían sido publicados previamente por la autora en otros libros. De hecho varios hacen parte de su breve poemario "Viento".  No obstante, hay un ejercicio cuidadoso de curaduría, que logra poner a dialogar estos poemas dispersos a partir de esa imagen de la intemperie, que le da título al último poema del libro y que atraviesa todo el volumen, desde sus primeras líneas en Cali hasta el final en Argentina.

En estos poemas narrativos Elvira Alejandra Quintero cuenta cosas: describe una Cali caliente y lluviosa, hay copiosos aguaceros, hay guayacanes florecidos, esquinas y andenes. Hay mucha calle y ciudad en sus poemas, y quizás por eso la imagen poética de la soledad y el desamparo se siente aún más potente: es la soledad contemporánea, que sucede en medio de la gente, la que recorre las páginas de este libro, que dialoga con Kavafis, pero también con Aurelio Arturo: los días que uno tras otro son la vida en "Intemperies" aparecen como días y noches con poca luz.


Algunos subrayados

De "Esquinas"
la soledad me habita en esta tarde 
y yo le madrugo al dolor 
de haber nacido.

De "Cambio de milenio"
Entonces miramos las fotografías premiadas en los diarios y decimos que somos un país extraño, donde sus habitantes pagan con la vida el hecho de haber nacido en la más hermosa de las tierras.


De "Con voz y voto"
Los nombres de las cosas que amo son los nombres de las cosas que anhelo.

De "Lluvias"
Eso no soy. 
Soy otra.
La que guarda su voz en el silencio de su escritura.

De "Fragmentos de vida"
cada cual pone su gota, su pequeño anhelo, su secreta felicidad, a orear como al viento los usados trapos viejos.

De "Domingo"
Me pregunto por los poemas que me había prometido escribir hace ya tantos años. 
Me dije, con el poeta, que a otra tierra iría, que otra ciudad mejor que esta encontraría. 
Y aquí sigo tal cual con mi ciudad adentro, debajo, detrás del árbol inmenso. 
Los poemas siguen guardados en el nudo de mi corazón.

De "Intemperie"
Vengo de un siglo estéril para la dicha y cruel para los que se aman 
y yo soy su símbolo y su vástago más fiel 
su hija.


Intemperies
Elvira Alejandra Quintero
Ediciones Hespérides
Buenos Aires, Argentina
Octubre de 2018
92 páginas

lunes, 11 de septiembre de 2023

Mi vida en estaciones, Helena Benítez de Zapata

Mi vida en estaciones es un libro que recoge las memorias de Helena Benítez de Zapata, una mujer que nació en Riosucio el 26 de junio de 1915 y murió en Cali el 5 de junio de 2009, después de haber dedicado su vida a la docencia y el periodismo, aunque también se reconoce como la primera mujer colombiana en haber ocupado la alcaldía de un municipio: fue alcaldesa de Riosucio entre 1956 y 1957, durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla.

Helena, de filiación conservadora, escribió este libro en 1987, en Cali, cuando tenía 72 años. "Mi vida en estaciones" es una canción que compuso cuando murió su madre y es también el título de este volumen, en el que estructura el relato de su propia vida en cuatro partes, una para cada estación: en la primavera rememora la niñez, en el verano la juventud, en el otoño los años más fructíferos de su vida laboral y el invierno corresponde a su vida en Cali y sus trabajos en periodismo y relaciones públicas en esa ciudad, aunque su actividad periodística comenzó en Manizales, tanto en La Patria como en Radio Manizales. El periodismo le venía de herencia porque su padre, Manuel Benítez, fue fundador y director del semanario "El Deber", en Riosucio.

El libro no tiene mayores pretensiones literarias y sin embargo está lleno de datos y frases valiosas. Por un lado, es útil para entender el contexto de la mujer escritora, periodista, docente, música y política entre los años 40 y 70 en Colombia. Helena Benítez escribe para sus allegados, en un tono casi confidencial, y eso la lleva a contar anécdotas personales y familiares que permiten adentrarse en la cotidianidad de las mujeres de su tiempo. Pero, de otro lado, se trata de una escritora hábil con el lenguaje, a quien se le notan los muchos años que ejerció el periodismo, y por eso su texto está lleno de frases conmovedoras y de descripciones vívidas. 

El prólogo, escrito por su primo Otto Morales Benítez, ayuda a ubicar la época y el contexto del legado de Helena Benítez de Zapata.

Algunos subrayados

era la calle del Mochilón, para mí el centro de donde partían todos los caminos del mundo (p. 28).

se vivía sin miedo. Ese miedo que acecha, desde hace tiempos, por los caminos detrás de los matorrales y hasta en la propia casa (p. 34).

(sobre viajar en carro) si alguien se mareaba, lo atribuían a una especie de alergia a la gasolina u otra enfermedad cualquiera. No se conocía el mareo (p. 57). 

esos pueblos nada ofrecían fuera de su aburridora monotonía. Todo permanecía en ellos igual y la vida era igual que las calles y las casas quietas sin el menor cambio. Uno se levantaba sabiendo a cuáles personas encontraría en cada sitio, en cada puerta, en cada esquina (p. 71). 

Cuando concebí a mi primer hijo, me parecía pequeño el mundo para que pudiera caber allí tanta dicha (p. 72). 

Mi esposo era liberal y en aquellos pueblos lo sabían, jamás fue activista, ni desempeñó cargo alguno en el gobierno, ni hizo parte de directorios o comités políticos. Pero en los pueblos se conoce de cualquier manera la identidad de todos. A Belén no pudo volver, y yo misma le pedí que se abstuviera de hacerlo (p. 79)

El boleteo y el secuestro son modalidades que vienen desde aquella infortunada época, porque en ellas encontró la guerrilla su mejor manera de financiarse, y de vivir en forma espléndida sin trabajar. Cualquier sitio que se toman queda devastado, pero no siembran un grano de maiz (p. 87).

ese estado de viudez para una mujer joven, que en razón de sus circunstancias económicas tiene que trabajar, la hacen a veces objetivo para rodearse de amigos espontáneos que con falsas intenciones buscan de manera especial una forma de acercarse a ella, declararle su admiración y hasta sus deseos de ayudarle, cuando en el fondo sus sentimientos son otros (p. 92).


Mi vida en estaciones
Helena Benítez de Zapata
Editorial Lealón
Medellín
Noviembre de 1990
178 páginas


domingo, 4 de abril de 2021

Los abismos, de Pilar Quintana

Soy mamá de una niña de ocho años y con frecuencia percibo disonancia entre el tono con el que algunas personas le hablan a mi hija, como si aún fuera una bebé, y la forma en la que yo converso con ella, cada vez sobre asuntos más variados y densos. Es aún una niña, pero se da cuenta de todo. Ve, comprende, intuye, percibe. A veces le faltan las palabras o no ata todos los cabos, pero sin duda es una persona compleja y consciente de su entorno.

"Los abismos", la novela con la que Pilar Quintana ganó merecidamente el Premio Alfaguara de este año, está narrada por una adulta que cuenta la historia desde la voz que tenía cuando era una niña de la edad de mi hija. La de "Los abismos" se llama Claudia, como su mamá, y es la hija única de un matrimonio en el que el papá vive sumido en silencios y la mamá, mucho menor que él, padece depresión. Se trata de una niña que no dice "mi mamá tiene un amante", pero se da cuenta, o que no dice "mi mamá se va a suicidar" pero lo presiente. La voz de esta niña es quizás uno de los mayores aciertos de esta novela.

No son tantas las obras narrativas contadas desde el punto de vista de las niñas. Al menos no en Colombia, pero quizás ocurra igual en otros países, como coletazo de la escasa circulación de obras escritas por mujeres, en contraste con las escritas por hombres, al menos hasta hace algunos años. En el caso colombiano recuerdo niñas narradoras en "Sabor a mí", de Silvia Galvis; "Memoria por correspondencia", de Emma Reyes; "Cuando aprendí a pensar", de Pilarica Alvear Sanín; "Los dos tiempos", de Elisa Mújica, "Estaba la pájara pinta sentada en su verde limón", de Albalucía Ángel, y algunos cuentos de Monserrat Ordoñez, como"Una niña mala". Poco más. 

Claudia llega a sumarse a este grupo de niñas narradoras. Su voz le aporta a "Los abismos" el desparpajo necesario para contar lo que ve sin filtros ni valoraciones. Es una voz descriptiva, que no hace juicios o digresiones. La narración avanza a partir de las acciones y los diálogos. Pilar Quintana estructura una historia dividida en cuatro partes, en las que son importantes las descripciones de los espacios que habitan sus personajes, y en donde la fuerza narrativa se concentra en datos que se arrojan como pinceladas y que llenan de complejidad la vida aparentemente simple o normal de una familia de clase media en los años 80 en Cali. Una familia normal significa una familia disfuncional, como lo son todas, cada una a su manera.

Además del padre, la madre y la niña, se pasean por esta novela una galería de personajes que, como las fotos que analiza la niña, sirven para retratar un contexto en el que el patriarcado asfixia no solo a las mujeres sino también a los hombres. A ellas les niega la posibilidad de una vida distinta al matrimonio, la maternidad y el hogar (cuando la mamá dice que quiere trabajar el esposo responde que no entiende para qué). A ellos los reduce al rol de proveedores económicos, con nulas posibilidades para la expresión de afectos y miedos. 

"Los abismos" es también una novela sobre Cali, sus calles, su clima, su río, sus barrios y su lenguaje. Los diálogos se leen con acento valluno y el paseo del padre y la hija por el zoológico lleno de grandes animales enjaulados, como lo son la madre y el padre, es una caminata en la que el lector siente el calor y la brisa, además de la tensión. Estas fieras encarceladas se complementan con la selva que crece en el apartamento de la familia: una vegetación verde, espesa y enmarañada, como la mente de Claudia. 

Los abismos puede leerse como el lado B de La Perra: mientras La Perra cuenta la historia de una mujer que quiere ser madre y no puede, Los abismos se ocupa de mujeres que son madres pero hubieran preferido no serlo. Depresión, soledad, violencia simbólica, suicidio, deseo femenino, códigos sociales y enfermedad mental son algunos de los tópicos que aparecen en esta obra, que en algunos pasajes tiene visos de suspenso y tensión que evocan las obras recientes Samanta Schweblin o Mariana Enríquez. La posibilidad de la muerte súbita aparece en cada página de la novela. Para morir sólo hace falta caer por un abismo. Lanzarse es una opción. 


Algunas frases
"Una no puede ir por la vida buscándoles peros a todos los hombres que encuentra porque luego se queda sola" (p. 27)

"Poco a poco el apartamento se fue llenando de plantas hasta convertirse en la selva. Siempre pensé que la selva eran los muertos de mi mamá. Sus muertos renacidos (p. 29).

"Los muertos de mi papá, empecé a pensar, vivían en sus silencios, como ahogados en un mar en calma" (p. 79).

"como si el silencio le chupara el alma y a mi lado no caminara un hombre sino su cáscara" (p. 83).

"Pero adentro de él, junto al huérfano, en el mar de silencio, yo lo sabía, vivía un monstruo" (p. 86).

"él le preguntó si quería tener hijos.
Mi mamá se interrumpió.
–¿Y vos qué le dijiste? –pregunté.
Ella, con vergüenza, desvió los ojos.
–Que no". (p. 138).

"Lo odió. Odió a la nueva esposa. A las personas que encontraban el amor y se casaban, y quiso convertirse en una mujer que no necesitaba de nadie, una abogada implacable, pero mi abuelo no la dejó ir a la universidad" (p. 141).

"Todos mis muertos, pensé. Si los de mi papá estaban en sus silencios y los de mi mamá eran las plantas de la selva, los míos eran las hojas a punto de caerse. Mi abuela niña, mi abuelo amargado, la tía Mona, mi abuelo oso, mi abuela lombriz y cobra, las mujeres de las revistas" (p. 206).

"–¿Será que van a morirse?
–¿Quiénes?
–Los guayacanes.
–No, tocaya –dijo mi mamá–. Ellos siempre reverdecen" (p. 207).

"–Los abismos dan mucho miedo.
–Son espeluznantes" (p. 211).


Los abismos
Pilar Quintana
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2021
256 páginas

jueves, 24 de diciembre de 2020

Caperucita se come al lobo, de Pilar Quintana

Empecé la primera página de este libro en la sala de espera del aeropuerto. Seguí leyendo durante el vuelo y terminé al aterrizar. Quiso el azar que leyera "El estigma de Yosef" la víspera de Navidad y "Hasta el infinito", que trata sobre un accidente aéreo, a muchos pies de altura. 

Caperucita se come al lobo reúne ocho cuentos breves. Seis ya habían sido publicados en 2012 y los dos últimos se sumaron para esta edición. Son cuentos sobre sexo y violencia física o simbólica en dosis más o menos similares, aunque en las críticas sobre este libro prime la lectura erótica, quizás por lo normalizada que está la violencia en general, y la violencia del patriarcado en particular. 

La mayoría de los cuentos, como "Olor", "El hueco", "Caperucita se come al lobo", "Amiguísimos", "Una segunda oportunidad" y "Hasta el infinito", abordan desde distintos ángulos el deseo femenino: la necesidad biológica y mental de las mujeres para relacionarse sexualmente con otros, sin culpas ni encadenamientos, aunque esa forma de atracción haya sido tradicionalmente asignada a los hombres. La autora, desde la ficción, reivindica este ámbito erótico para las mujeres casadas o solteras, jóvenes o maduras.

"El hueco" es un cuento con una tremenda violencia física, que remite sin mencionarlo a las épocas duras del narcotráfico. "Violación" es otro cuento sobre violencia, en este caso sexual, en el que el punto de vista desde el que se narra es el del violador y por eso es el título el que pone la acción en un justo contexto.

La mayoría de los cuentos de este volumen son anteriores a La Perra, una novela que al igual que este libro utiliza un lenguaje centrado en la acción, con pocos adjetivos y casi ninguna digresión. La autora edita y depura hasta conseguir textos narrativos breves que en pocas palabras concentran la fuerza de personajes corrientes de clase media colombiana, que podrían habitar en cualquier ciudad. 


Caperucita se come al lobo

Editorial Random House

Bogotá, 2020 (primera edición 2012).

99 páginas.


domingo, 11 de febrero de 2018

La furia, de Humberto Jarrín Ballesteros


Escribe Humberto Jarrín B. en un aparte de La furia que “En últimas una novela muchas veces no es sino un pretexto para una tesis”. Eso se nota en esta obra. La furia es la Feria de Cali narrada en clave policiaca. Durante los festejos aparecen una serie de crímenes macabros, simbólicos. El protagonista, denominado “el Profeta” (profe+poeta) es invitado por un policía a participar en la investigación criminal. A partir de ahí el lector observa cómo la semiótica puede ayudar a resolver, o mejor a comprender, un homicidio, pero no sólo eso: los muertos son una excusa para entender mejor a la sociedad caleña.

Hace algunos años, en “La carroza de Bolívar” Evelio Rosero reconstruyó el Carnaval de Pasto como escenario narrativo para hablar sobre la historia de la capital nariñense. La Furia de Humberto Jarrín, puede ofrecer una lectura cruzada con la obra de Rosero. Jarrín retoma otra fiesta popular como telón para presentar la historia de esa ciudad y a partir de su pasado reflexionar sobre su presente.

Lo novedoso de la obra de Jarrín está en el género seleccionado: en alguna parte de la novela el autor refiere que en la narrativa caleña la literatura policíaca ha sido un género esquivo. Jarrín construye una trama policíaca que parece una parodia, porque su protagonista es un investigador imposible: un poeta que prefiere no salir de su casa y dedicar sus horas de asueto a releer “El Quijote”.
 
La Biblia, Kavafis, Eco, Jakobson, Borges, Cervantes, Cioran son algunos de los referentes que se mencionan en esta novela caleñísima en su geografía, que por fortuna tiene la claridad necesaria para que pueda ser comprendida por lectores ajenos a los sitios emblemáticos de esa ciudad, y a sus direcciones.

La estructura narrativa no es lineal. Buena parte del texto conserva una sucesión temporal pero algunos capítulos saltan en el tiempo, dentro del juego detectivesco que se le propone al lector. En cuanto al lenguaje, buena parte del libro está conformado por diálogos o conversaciones entre Humberto Jarrín V., el Profeta, y el Teniente Octavio Yépez, un policía no del todo verosímil porque dialoga sobre semiótica, literatura y filosofía en términos cercanos a los del Profeta. Sin embargo, como bien se dice en la novela, puede tratarse de un prejuicio frente a quienes conforman las fuerzas armadas.

La furia es una novela intelectual. Rica en digresiones que van desde los esfuerzos que hacen los catedráticos universitarios para sobrevivir todo el semestre con salarios de 4 meses, hasta reflexiones sobre los medios de comunicación, pasando por el suicidio, Marx y la soledad. Todo eso en un texto que es también una crónica sobre Cali, con una trama que, como obligan los textos policíacos, mantiene el suspenso hasta el final.

El libro fue publicado por la Alcaldía de Santiago de Cali por haber resultado ganador en el Premio Estímulos Cali 2017.

Algunas frases:
¡Yo los conocía!, ¿de dónde?, ¡claro!, habían sido alumnos míos. Sentí un escalofrío, porque con desazón me pregunté: “¿Esto era entonces lo que yo les había enseñado?”, si era así, ¡qué horror!, ¡mea culpa! Si no era así, más preocupante, ¿dónde estaban los muchachos pilos, los aventajados, los que en el campus, la cafetería, las oficinas de los profesores, seguían interesados en las cuestiones iniciadas en clase? ¿Por qué éstos no estaban allí, y en su lugar aparecían precisamente los más flojos e insulsos, los que aspiraban a ser figuritas de farándula o reinitas o modelos?

¿Puede alguien negarse a la Policía en un país como el nuestro, donde los que mandan son las fuerzas armadas sin importar de qué rama?

Alguna vez le escuché decir a alguien que el escritor en realidad sólo tiene dos patrias: su ciudad, ésa que Kavafis nos advierte que siempre nos perseguirá; y la otra, la lengua. (…) una tercera patria del hombre es la soledad.

Para mí la física era una extensión de la literatura, con sus mundos fantásticos y posibles.

Leyendo en estado de alerta se aprende a escribir.

El trabajo para los que nacimos sin herencia significa poner empeño en una carrera profesional sobre la cual organizar la vida personal y la supervivencia.

Las cifras son oficiales, se las pasamos nosotros, los periódicos no son sino nuestra correa de transmisión.

Para que la burla cause su efecto sancionatorio y cómico normalmente se hace en compañía de otros, que nuestra risa es siempre la risa de un grupo, pues ésta necesita de un eco.

Usted más que yo sabe que la ficción del periodista puede pasarse por verdadera y ser vendida de inmediato, porque en la calle hay un gran público a la espera de ella, a diferencia de las historias de ustedes los novelistas y poetas que, aunque digan la verdad para el gran público, sólo será imaginación del escritor, cuando no desvarío.

…cuerpo de mujer, nos persigue de continuo por el mundo a fin de que no logremos realizar una de nuestras más queridas hazañas, la de convivir en paz y sosiego con nuestra anhelada soledad.

El corazón tiene cuatro cavidades para albergar en ellas amores distintos, el amor erótico, el amor por uno, el amor por el arte en mi caso, y así. Y en la parte de mi corazón que te corresponde eres lo más importante. No me pidas todo el corazón y todo el tiempo y todos sus pulsos y todas sus mareas y ahogos sólo para ti…

Citar a autores de ahora y que están de moda, aunque sean malos, da prestigio, dice de quien los nombra ser un lector ávido y avezado y sobre todo actualizado.

¡Ay, los artistas, los escritores no tienen remedio! Tienen un ego de aquí hasta la luna, son unos incorregibles vanidosos, no es sino que les digan algo bueno de sus obras y allí mismo atienden con todas las orejas al que les habla.

Ante la urgencia de los fans no queda otro remedio que cantarlas ahí como puedan (después de todo el fan es un creyente, los oye de fe, siempre con el mismo oído).

La cuna de la especie humana es África, y en consecuencia todos somos afrodescendientes.


La furia
Humberto Jarrín B.
Alcaldía Santiago de Cali
Cali
2017

239 páginas

sábado, 8 de abril de 2017

¿De dónde flores, si no hay jardín?, de Alonso Sánchez Baute

Tres monólogos conforman el tercer libro publicado en 2015 por el vallenato Alonso Sánchez Baute bajo el título ¿De dónde flores, si no hay jardín?

El primer relato es el de Jackson, un jíbaro de Cali (Kali en la obra) que vive en Bogotá. Una voz machista, misógina y violenta, que se vanagloria de su poder, dinero y "astucia", sin consideraciones de tipo ético o social. Jackson se cree exitoso porque tiene plata. Oírlo es irritante porque suena demasiado conocido: se sabe que los personajes así no habitan solo en las páginas de los libros sino también, con demasiada frecuencia, en los noticieros de televisión y en las redes sociales. 

La segunda historia es la de Gema Almendrales, una prostituta fea y culta, que sabe de música, pintura y cine, y que se dedica a la prostitución por razones que aunque se verbalizan no resultan muy claras. Puede ser el relato más literario de los tres por ser el personaje más imposible; el más cercano a la ficción.

El último relato es el más breve. Un chico sin nombre, de buena familia, se dedica al ciclismo y su vida transcurre normal hasta que lo violan. A partir de ese quiebre se hunde en la droga y en un espiral de decadencia sin salida. 

Las tres historias no tienen conexión directa, aunque se relacionan por la mención que los tres personajes hacen de Salvador Huerga, un muerto del que poco a poco vamos conociendo detalles.

Al igual que en Al diablo la maldita primavera, los textos de ¿De dónde flores, si no hay jardín? están llenos de referencias musicales y de la cultura popular, así como de dichos, argots y espacios marginales. Las acciones de este libro también ocurren en Bogotá y en especial en la noche, ámbito que Alonso Sánchez Baute ha trabajado bien. Se trata de voces de antihéroes, de personas que no son ni exitosas ni ejemplares en los términos usualmente aceptados, pero que a partir de sus vidas difíciles invitan a la ternura y el afecto. No obstante, quienes disfrutaron Al diablo la maldita primavera echarán de menos en estos relatos una de las características más potentes de esa primera novela de Alonso Sánchez Baute: el humor de Edwin Rodríguez Buelvas no aparece en estas páginas. 


Algunas frases:
¿Por qué me temen? Lo tengo claro: no soportan la idea de ver al mismo nivel a alguien que viene de bien abajo.

La gracia de la vida consiste en no dejarse atrapar: de los tombos, de las enfermedades, del amor. 

La palabra es como un grifo de agua que cuando se abre ya no hay manera de recuperar la que ya ha corrido.

La familia no se quiere por compartir sangre, sino por tener que soportarse mutuamente durante tantos años.

He estado tan juicioso esta semana que ya hasta sudo agua bendita.

Por desgracia, con la muerte muere también la posibilidad de defendernos y nuestro nombre pasa a ser pasto del ultraje. 

Todos ellos gente de poder. Es decir, gente débil. Hay debilidad detrás del poder porque quien lo detenta siempre quiere más: sabe que sin poder no es nadie.

El problema con los matrimonios no es con quién uno se casa sino de quién se separa.

Dios sólo se aparece por allí de vez en cuando en forma de iglesia, repartiendo culpas para poder despojar miserias.

Yo, en cambio, por moral sólo conozco el buen gusto.

Bogotá de noche no asusta. Es triste, insípida -ni siquiera melancólica-, aburrida. Puede que la recorran vidas, pero carece de vida. Es una ciudad apagada y más gris que cuando de día la mortifica el chischís eterno de la llovizna. Es cierto que a veces se escuchan el sonido de un avión que vuela bajo, los gritos destemplados en una fiesta de apartamentos y hasta el ruido de los camiones que recogen la basura. Pero no más: de resto, es mortecina, apabullada. Pueblerina.

Los bogotanos sólo visten de negro y gris por cuenta del luto congénito con el que penan por su propia vida.

¿De dónde flores, si no hay jardín?
Alonso Sánchez Baute
Editorial Alfaguara
Bogotá
2015
264 páginas

domingo, 13 de marzo de 2016

Mi padre y otros accidentes, de Paola Guevara

Mi padre y otros accidentes fue presentada recientemente como una "novela de no ficción", categoría en la que caben desde A Sangre fría de Truman Capote, hasta El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince o Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett.

Y escojo esos dos últimos títulos colombianos a propósito, porque me llama la atención la necesidad de narrar sin ficción y con apego a la realidad los hechos más íntimos y dolorosos que ocurren al interior de las familias. Es posible imaginar e inventar lo que ocurre dentro de los hogares ajenos, pero hacer ficción con la materia prima de nuestra vida y la relación con los parientes más cercanos resulta difícil. O innecesario: Ya lo dijo Tolstoi en la primera línea de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada".

La desgracia que narra Paola Guevara, es común a miles de personas: Creció sin saber quién era su papá. Sus abuelos maternos la acogieron como hija, se hicieron cargo de ella, le dieron su apellido, y su mamá la trataba como una hermana menor. Sin embargo en su vida siempre estuvo el anhelo de construir una relación con su papá. La madre, el personaje más interesante del libro, le dice que su papá es un señor que se fue a España y jamás volvió, hasta que un día, cuando Paola ya tiene 30 años, está casada y tiene un hijo, recibe en su trabajo un mensaje de texto en el que su mamá le anuncia que la va a llamar Fernando Lince, su verdadero papá. La relación que nace y crece entre los dos constituye el resto del libro.

Alma, la mamá de Paola, es un personaje apenas marginal. Sin embargo digo me parece interesante porque en una sociedad que ha idealizado la maternidad, encontrar una madre arpía es un bombón literario, aunque como ser humano pueda ser una pesadilla. Una mamá que no quiere que le digan así, que no quiere besar a sus hijos ni ejercer como tal tiene que tener motivaciones que pueden ir desde el embarazo juvenil hasta el desequilibrio mental, o ambas. Sin embargo, esta veta poco se explora en el libro, por razones que quizás pueden ser extraliterarias: La hija no quiere a su mamá y por lo tanto no quiere escribir sobre ella.


El relato es un drama que se cuenta sin humor. Es una tragedia cotidiana, íntima, clara, que se lee de una sola sentada porque la prosa obliga a avanzar. Una historia frenética que se centra entonces en Paola y Fernando: Las carencias de ella y las aventuras de él, un piloto sobreviviente de un accidente aéreo. Se trata no sólo de un elogio al padre sino además de una reivindicación de la figura paterna. El libro es sobre todo un grito para señalar que no es cierto que los hijos puedan crecer tranquilos cuando los papás no están cerca. 

El texto ocurre en Cali aunque dudo que los lectores que estamos poco familiarizados con la ciudad logremos construir una imagen mental del espacio literario. Varios de los personajes, como el esposo, las tías y otros, aparecen también tan fantasmagóricos como la ciudad. El énfasis está en lo que Paola piensa, dice, hace, teme. Si se trata de ponerle apellidos, sería no sólo una novela de no ficción sino además una novela psicológica: su mente es el principal espacio en el que ocurre la historia, que termina siendo predecible y con final feliz, algo sin duda muy grato para la vida personal de la autora.

Se agradece en todo caso que no lo hayan rotulado como "literatura femenina". No sé bien en qué consiste esa etiqueta pero este libro no lo es. Que lo haya escrito una mujer puede ser un accidente, como el que le da título. El verdadero héroe de la historia es el padre, al que en la puerta de su vejez le cae del cielo una hija insospechada. Y la acoge.

Les dejo algunas frases del libro: 
"Los de la familia eran secretos matrioska, unos contenidos dentro de otros más grandes, ad infinitum. Es posible que este fuera el único entretenimiento de seres cuya existencia transcurría de puertas para adentro y sin grandes sobresaltos".

"un abrazo que sentí sincero, por esa tara mamífera que nos conduce a interpretar cada acercamiento físico de la madre como afecto, incluso si ella es una depredadora natural".

"elegante hasta para bajar mangas verdes de los árboles".

"parsimoniosas como notas blancas extraviadas en un mundo de corcheas".

"Algunas felicidades llegan tan tarde que se parecen demasiado a la tristeza".

"en un pueblo donde las únicas ambiciones posibles eran ser policía, profesor, cura o guerrillero".

"El matoneo no nació ayer".

"ese tipo de hombres severos que provienen de un entorno machista que los llenó de privilegios y al mismo tiempo los privó de demostraciones de afecto; esos cuya forma inconsciente de exigir amor es inspirar terror".

"no le bastaba con dejar a un hombre, había que desmantelarlo también".

"Jamás subestimes la inteligencia de un mentiroso. Para mentir, y para lograr que otros crean la mentira, es necesario desplegar todo tipo de recursos interesantísimos".

"¿Qué es la ficción sino el refugio de aquellos a quienes no les basta con la realidad y deben inventar nuevos mundos?"

"Quien dijo que el amor es una palabra, no comprendió el poder liberador de ciertos silencios".

"cuando uno cree que ha encontrado la veta petrificada de su propio carácter, cuando uno ha decidido liberar una erupción de ira incandescente que lo destruya todo a su paso, viene el amor y nos arrebata el guión de las manos".

"Yo soy el muro que va detrás de ti. En la vida, tú vas al frente y yo voy detrás. Si tienes miedo o sientes que te derrumbas, solo tienes que extender tu mano y ese muro firme que encuentras allí, ese soy yo".

"Se cree que el olvido es un defecto a remediar, una enfermedad a vencer, una deficiencia química o neurológica que necesita ser corregida, cuando en realidad el olvido es una estrategia adaptativa bastante sofisticada que permite seguir viviendo con cierta solvencia espiritual, a pesar de todo. En cambio la buena memoria, la excesiva memoria, ser quien recuerda lo que otros se alegran de haber olvidado; ser quien lleva el terco registro de las atmósferas, de los aromas, de los reflejos, de la textura y la luz sobre los objetos; ser quien guarda el récord de los encuentros, de las palabras y las intenciones tras esas palabras; de las miradas con su carga de significados y aún de las reacciones primarias que no alcanzan a convertirse en lenguaje, más que un don es un lastre. Porque hay mucha soledad en la memoria que solo reposa en nosotros y que en los demás es olvido. Ser el único que recuerda es ser, también, el único que ha tendido un lazo".


Paola Guevara
Mi padre y otros accidentes
Editorial Planeta
Bogotá
2016
180 páginas

miércoles, 15 de abril de 2015

El rey de Honka-Monka, de Tomás González

Antes de hablar de El rey de Honka-Monka contaré sobre su búsqueda. Después de haber leído todas las demás novelas y cuentos de Tomás González, quedaba la deuda con este libro, imposible de conseguir. Agoté las librerías que frecuento en Bogotá (Lerner, Madriguera del Conejo, Prólogo, Fondo de Cultura Económica, Nacional...) y como el libro sólo tuvo una edición por allá en 1987 y estaba descontinuado, el rastreo se orientó entonces hacia las librerías de usados (Babel, San Librario, Merlín... Palinuro en Medellín)... Nada, nadie lo tenía. Pregunté por él en Facebook y me recomendaron usar Amazon, DeRemate y otros sitios de venta y subastas por Internet. Nada... si lo quería leer debía hacerlo en una biblioteca pública, (prohibido subrayar) y devolverlo en ocho días.

La búsqueda duró más de tres años y por eso quedé paralizada, como si hubiera visto un fantasma, cuando de repente lo vi empacado y nuevo en un estante de Panamericana en Manizales (¡Panamericana!) a donde entré por casualidad y me dirigí como autómata a los estantes de literatura colombiana a rastrear el título perseguido y siempre ausente.

Punto de Lectura lo reeditó en enero de este año. En un mercado editorial en el que sale tanta basura de autoayuda, libros de coyuntura y recetas de cocina o para ser feliz, es una dicha que una editorial vuelva a publicar estos 5 cuentos en edición "revisada por el autor".

La búsqueda valió la pena. No entraré en la discusión inútil entre cuento, nouvelle y novela corta, pero hay cuentos tan largos y completos que uno termina de leerlos y siente haber conocido a una nueva persona y a su entorno. 

"Verdor", "aguaceros de mayo", "Viaje infinito de Carola Dickson", "Víctor viene de regreso" e "Historia del rey del Honka-Monka" (el cuento dice "del", pero el título del libro dice "de"...) son 5 cuentos sin mayores conexiones entre sí, salvo porque se trata de historias de cinco personas "venidas a menos". Gente que tuvo mejores momentos en su vida que el presente desde el que se arma el relato. 

Los escenarios también son distintos. En Verdor vemos la decadencia hasta el fondo de un pintor al que llaman Boris, en Nueva Orelans. Aguaceros de mayo nos presenta a don Eduardo, un profesor que debe salir de su pueblo montañoso y se reinventa una vida simple en un caserío a orillas del mar Caribe colombiano. Viaje infinito de Carola Dickson es la narración con tono de enigma y suspenso de una señora mayor que emprende un viaje fallido desde Nueva York por el Atlántico. Víctor viene de regreso, la historia más breve, (y a mi juicio menos intensa) también ocurre en Nueva York y cuenta de manera fragmentada y a dos tiempos la decisión de Víctor sobre si regresa o no a su país. Por último, la Historia del rey del Honka-Monka es el magistral relato (quisiera uno verlo en cine) de William, próspero y serio ejecutivo de saco y corbata que tiene una doble vida; la segunda más pobre y feliz: es bailarín de salsa con camisas brillantes de satín y boleros en un barrio popular.

A diferencia de otras obras de Tomás González, en estos relatos la familia no tiene en principio el enorme protagonismo de otras novelas. En cambio sí es constante la presencia de la naturaleza (mar, río, montaña, viento, frío, calor, trópico), como elemento muy condicionante de la acción y de los personajes.

Así como en Abraham entre bandidos en donde los personajes que aparecen en segundo reaparecen en algunos de los cuentos de El lejano amor de los extraños, así mismo algunos nombres o escenas que aparecen apenas mencionados en un cuento, cobran relevancia en otro. 

Unas pocas frases, no muchas. Para acercarse a estos maravillosos cuentos hay que leerlos completos.

Como pasa a veces con la gente silenciosa, él parecía certero cuando hablaba.

En lugares extraños sorprende a la gente la alegría.

Con el convencimiento de que los detalles eran valiosos y la paciencia, la mayor virtud en este mundo. 

una cama matrimonial grande, donde se vivió el tedio que durante mucho tiempo mantuvo a don Eduardo a salvo de calumnias y habladurías.

Don Eduardo reconoció por fin que el amor, como una enredadera, se le había regado adentro, feraz, por todas partes. 

Se plantó en su nueva tierra con el entusiasmo de los que regresan de la muerte.

Es como querer volver sin saber muy bien a dónde; algo en la periferia del ojo, que desaparece cuando uno trata de enfocarlo.

La idea era convertirlo en un sitio de moda. El sobrino de la esposa del socio acababa de terminar arquitectura y se dejó llevar tanto por la novedad del asunto que el primer proyecto casi tuvo plataforma de helicópteros. Hubo que bajarle los humos y ponerlo a diseñar exuberancias realizables, cosa que empezó a hacer sintiendo que su imaginación estaba siendo mutilada.

El rey de Honka-Monka
Tomás González
2014 (segunda edición revisada por el autor)
Bogotá
194 páginas