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lunes, 20 de noviembre de 2023

La librería en la colina, de Alba Donati

En diciembre de 2019 una poeta italiana decide abrir una librería en Lucignana, un pueblo ubicado a dos horas y media al norte de Florencia.

Hasta ahí la historia no tiene mayor novedad, salvo por un dato: Lucignana tiene 180 habitantes. 180 personas que se conocen íntimamente, que saben quién es hijo de quién, sus pasados y sus familias. El 70% del pueblo simpatiza con la librería y el 30% no.

En febrero de 2020, es decir con la librería recién abierta, empieza la pandemia por Covid y es en medio de ese contexto de confinamiento y zozobra en donde la librería aparece como un oasis de esperanza y encuentro. Como un lugar sanador.

Alba Donati construye este libro como un diario que comienza en enero de 2020 y termina en junio del mismo año. Cada entrada tiene una fecha específica en la que la autora narra su cotidianidad en la librería, escribe sobre su madre centenaria, su hija, sus vecinos, y también sobre las maromas para sostener la librería, los cambios en el clima, el jardín florecido y las lecturas que hace. Al final de cada entrada está el listado de libros que le encargaron durante la jornada. 

La traducción de Ana Ciurans Ferrándiz es limpia, sin términos españoletes y permite disfrutar una lectura que en algunos pasajes me llevo a evocar a 84 Charing Cross Road: aunque se trata de un tono y una historia distinta, guardan en común ser libros sobre libros, que resultan entrañables para los lectores que aman los libros. 

Algunas frases
¿Que cómo se me ocurrió? Las cosas no se nos ocurren, las cosas se incuban, fermentan, ocupan nuestras fantasías mientras dormimos. Las cosas avanzan por su cuenta, recorren un camino paralelo en algún lugar de nuestro interior del que no tenemos ni el más remoto conocimiento y, en un momento determinado, llaman a la puerta: aquí estamos, somos tus ideas y queremos que nos escuches (p. 13).

Lo desconocido, como diría un filósofo, es el lugar donde nunca has estado (p. 15). 

En la ciudad, si estás en la cama, has de levantarte a descorrer las cortinas para saber qué tiempo hace. Aquí, por el contrario, lo sabes con el cuerpo (p. 19). 

La infrancia es una trampa, contiene lo bueno y lo malo, y hay que encontrar la varita mágica para transformar lo uno en lo otro (p. 28). 

Me sorprendo cuando alguien que trabaja en una librería no conoce el nombre de un clásico, ni siquiera de oídas. Es como trabajar en una pastelería y no saber qué es una tarta Sacher (p. 33).

Debajo de la librería, sustentándola, no había solo varas de hierro, sino todo un pueblo (p. 39). 

Al final al miedo siempre nos enfrentamos solos (p. 45).

la función que desempeñan las casas en la vida de la gente que escribe (p. 80). 

Me gustan los libros que invitan a leer otros. Es una cadena que nunca deberíamos interrumpir. La única forma de eternidad que podemos experimentar aquí, en la Tierra (p. 86).

he tenido que tragarme todas esas frases, desde "Así asustas a los hombres" hasta "Era solo un cumplido". Pero, bien pensado, estoy segura de que encontraría muchas más, como "Qué anticuada eres", pronunciada por un hombre casado a una mujer que lo rechaza, o la cantinela psicoanalítica: "Estás tensa, no sabes dejarte llevar, no vives la parte más libre de ti" (p. 96).

Decía Robert Frost: "Un poema comienza como un nudo en la garganta, un sentimiento de nostalgia o una pena de amor" (p. 97).

Una cosa que he advertido siendo librera es que el culto a los autores no está muy extendido. No son muchas las personas que esperan el último libro de Paul Auster o de Zadie Smith; sí, en cambio, las que han leído libros inolvidables cuyos autores no recuerdan. Buscan historias y no les importa quién las ha escrito (p. 100).

Cuando me preguntan de qué va un libro, me echo a temblar. Jamás en mi vida me he acordado de una trama, ni siquiera de Blanca nieves y los siete enanitos. De un libro me quedo con otras cosas y creo que eso es la literatura. El escritor pubna contra la trama a fin de que en el corazón del lector quede grabado lo esencial (p. 100).

preguntándome qué hay que hacer para montar una librería como la nuestra y cuánto cuesta. Aunque nunca sé qué responderles exactamente, sí sé una cosa: para empezar, se necesitan unos treinta mil euros en libros (...) también hay que mantenerse informado sobre las ayudas regionales, que pueden cambiar mucho la situación (p. 106).

La manera en que concebimos el tiempo en la infancia es la prueba de que el tiempo es un concepto relativo (p. 111).

El camino habia la protección del medioambiente y la conservación de la belleza es un camino continuamente interrumpido (p. 112).

Quizá superé mi infancia porque en realidad tenía un hogar (p. 117).

Es increíble lo bien que funcionan las redes sociales para activar a los lectores. Si guardas silencio, ellos también suelen guardarlo; si muestras la foto de una caja de regalo, llueven los pedidos. Las redes sociales se han convertido en el equivalente de las reuniones de la redacción, en las que cada mañana se programa la jornada (p. 121). 

pintar sillas, plantar flores y cambiar libros de sitio es un ejercicio de meditación (p. 129). 

Lo expresa con claridad Emanuele Trevi en Dos vidas: "vivimos dos vidas, ambas destinadas a acabar: la primera es la vida física, hecha de sangre y carne; la segunda, la que se desarrolla en la mente de quienes nos han querido. Cuando muere la última persona que nos conoció de cerca, desaparecemos realmente" (p. 130). 

En los pueblos todo está conectado (p. 145)

¿cometer actos impuros? Esto último solía decirlo rápidamente, pero lo mencionaba porque era como un paquete que contenía muchas cosas que no deseaba especificar. Con esa fórmula una se quitaba de encima el deber de confesar los movimientos telúricos y sensoriales de la edad (p. 147). 

uno lee para uqe lo consuelen y llora porque la consolación se ha puesto en marca (p. 153). 

son las mujeres las que mantienen vivo el sector editorial y también que esas madres han sabido transimitr a sus hijos la pasión por la lectura (p. 166).

No necesitamos entenderlo todo de la vida, pero sí tener la experiencia de la ternura (p. 167). 

A veces se tarda una vida entera en aclarar un malentendido; a veces hay que olvidarse de él, distraerse, llorar por otras cosas (p. 176). 

había un par de cosas que podían salvarle a uno: una infancia en una familia unida o ser de orígenes campesinos (p. 182). 

Solo logro concebir la literatura como no ficción, una historia inventada no me apasiona, o mejor dicho, no me enriquece (p. 193). 

Las causas por las que alguien o algo sufre son infinitas, es muy difícil saberlo (p. 201). 

Moraleja: si te tumbas cómodamente en el sofá y piensas lo correcto, lo equivocado se endereza (p. 203). 

Fuera puede ser dentro, y lejos, a la vuelta de la esquina. Es una cuestión de paisaje con grano de arena (p. 208). 

Las listas salvan vidas, mantienen encendida la llama de nuestra memoria (p. 209).


La librería en la colina
Alba Donati
Traducción: Ana Ciurans Ferrándiz
Editorial Lumen
Bogotá, 2023 (primera edición 2022)
222 páginas

lunes, 10 de octubre de 2022

Cartas abiertas, de Juan Esteban Constaín


Marcelino Quijano y Quadra es un payanés que desde niño tuvo gustos de viejo: su pijama infantil fue una bata de seda que mandó confeccionar por muestra de una que vio en una revista; coleccionaba recortes de periódicos viejos, era muy lector, jugaba ajedrez y cartas, en vez de deportes de contacto, y en general prefería la vida que leía en vez de la vida de las calles.

Juan Esteban Constaín explica que el nombre de este protagonista nació de otro Marcelino: un cartero de una provincia argentina al que le allanaron la casa buscando drogas y la policía encontró miles de cartgas abiertas para leerle a su suegra ciega, aficionada a las novelas. Un amigo le envió a Juan Esteban el recorte de prensa con esta noticia insólita, y aunque él escribió una columna en El Tiempo sobre el tema, sintió que en esa historia había quizás una novela, que años después se convirtió en Cartas abiertas, una obra en la que Marcelino es "un ladrón de cartas que, así descubría los destinos ajenos, para desviarlos con su mano providencial y hacerlos mejores y más felices, a veces, solo cuando se podía, en eso consiste el destino".

La novela está dividida en 12 capítulos. Los primeros son una especie de sucesión de aventuras, en la que los capítulos podrían titularse "Marcelino y el cura perverso", "Marcelino y los nazis" o "Marcelino en la posada solitaria", y así, uno por cada carta abierta, que lo embarca en un proyecto distinto. La segunda parte se concentra en una empresa de más largo aliento: el armisticio entre el Reino de Bélgica y el Estado Soberano de Boyacá, luego de una guerra declarada en el siglo XIX y que duró más de 120 años.

La novela ofrece un juego entre ficción y realidad, entre lo que es invención y los hechos históricos. "La literatura suele ser mejor que la historia, porque en ella todo es verdad, basta contarlo" y para ello el texto refuerza su verosimilitud con recursos como recortes de prensa y fotos, que buscan darle fuerza histórica y documental al disparatado relato. 

Constaín utiliza un narrador muy invisible, que solo aparece un poco al final, y quien cuenta sin proponerse ser chistoso, hechos divertidos y risibles porque rayan con el ridículo. Ese tono contrasta con la atmósfera anacrónica, solemne, erudita y ceremoniosa, en la que el autor rinde homenaje a personajes como Alvaro Mutis, Nicolás Gómez Dávila, José Fernando Calle, Santiago Mutis Durán, Juan Gustavo Cobo Borda y otros señores viejos o fallecidos, por los que el autor siente particular fascinación y cariño. La presencia femenina, en contraste, es espectral: la única mujer con algo de protagonismo en el relato es Karina Garabundo, una argentina rica que se convierte en mentora de Marcelino Quijano y Quadra y muere poco tiempo después. Una mujer ciega. 


Algunas frases
Dos mujeres que tomaban vino al lado me sonrieron, yo las saludé a ellas; eran tan feas que temí por mi vida, la suya ya no tenía salvación. (p. 19).

Me decía que estaba cansada de viajar, que uno ve solo lo que quiere ver y para eso no se necesita salir de la casa... Le respondí que uno viaja es para eso, para no salir jamás de su casa; para extrañarla y querer volver cada día más, agotado del mundo. (p. 22). 

La nostalgia es que nos dé tristeza acordarnos de una alegría (p. 22).

La verdad, nacie es culpable de ser lo que es. (p. 35).

Todos cargamos en nuestra espalda, me dijo, con recuerdos que nos habría gustado no tener, no haberlos engendrado nunca. (p. 35).

En silencio, esas son las conversaciones más importantes de un matrimonio feliz. (p. 37).

El olor del tiempo: nada huele más que el tiempo (p. 65).

La fe es un acto de fe en la fe (p. 85).

Eso pasa un día cuando crecen nuestros hijos, que se vuelven nuestros contemporáneos (p. 86).

(Sobre Francia:) Esa antipatía que en ese país es un talento (p. 103).

Es la mejor forma de conocer el alma de la gente: ver los libros que cada cual tiene y ver también cómo trata cada quien a los humildes, ahí está dicho todo (p. 106).

De una u otra forma todos en algún momento de nuestra vida pertenecemos a una minoría, eso somos (p. 113).

Uno puede sobrevivirlo todo, pero nadie sobrevive al ridículo (p. 115).

A veces pasa así: que basta una mirada, basta una palabra, basta un gesto y ya sabemos cómo es y será esa persona a la que tenemos delante, sin conocerla siquiera, pero un instante nos revela su alma, nos une con ella para toda la vida (p. 122).

Había ganado, aunque nadie gana en la guerra (p. 135).

No hay nunca un plan descabellado ni absurdo ni malo ni nada, todo puede suceder si uno se lo propone. Pero hay que mantener la calma: que no se vean jamás las costuras de lo que urdimos, porque entonces se muere la magia, quedamos al descubierto (p. 146).

Las tragedias de la gente no se pueden comparar ni jerarquizar ni matizar porque para cada quien su tragedia es única y tiene un valor absoluto; eso es lo que las vuelve una tragedia, justo eso, su condición aplastante, devastadora, para el que la lleva a cuestas (p. 149).

Eso era lo otro: que en este mundo la gente se junta, que uno no puede hacer nunca nada bueno con gente normal. Esa era su premisa, trabajar y vivir solo con gente distinta (p. 158).

Nada podía ser normal; nada lo es, por eso lo mejor es estar cerca solo de quien tiene eso clarísimo (p. 158). 

La literatura suele ser mejor que la historia, porque en ella todo es verdad, basta contarlo (p. 177).

La historia, si uno prescinde de sus aspiraciones científicas, suele parecer un milagro (p. 236).

Creer hace posible que aquello en lo que creemos ocurra, la fe es un acto de fe en la fe (p. 243).

No había mejor mapa para visitar los sitios que los libros antiguos que hablaban de ellos; "nos libran de la plaga del turismo" (p. 251).

La mayor parte de la gente pasa por la vida resignada a sus rutinas, sus miserias, plegada a eso tan mezquino que se suele llamar la realidad (p. 273).

Ninguna muerte es prematura: la muerte ocurre cuando tiene que ocurrir, no antes ni después (p. 277).

Una cosa es la izquierda y otra el Gulag (p. 279).

Nunca se dio lujos ni aires, no presumía, no alardeaba, no humillaba. Y tenía clarísimo que esa era la clave de su éxito, ser anacrónico y discreto (p. 279).

La ficción es la forma más bella y tangible de la realidad (p. 280).

Como buen humorista, era un hombre muy serio (p. 282).


Cartas abiertas
Juan Esteban Constaín
Literatura Random House
Bogotá
Marzo de 2022
288 páginas

lunes, 5 de octubre de 2020

Lo que fue presente, de Héctor Abad Faciolince

"Eugenia: este cuaderno no es tuyo. No lo leas. No contiene secretos; no contiene traiciones reales ni imaginarias. No lo leas. No seas metida, no lo leas. Quita los ojos de aquí. Deja de leerlo en esta misma página". Eso escribe Héctor Abad Faciolince en su diario el 18 de octubre de 2001. Y yo, que ya llevo 510 páginas leídas, desde la primera entrada del 30 de diciembre de 1985, sigo leyendo porque no me llamo Eugenia.

Leer diarios tiene algo culposo. Es un ejercicio voyerista aunque se haga con la anuencia del autor, como en este caso. Escribirlos y publicarlos puede ser un acto de vanidad: pensar que la vida ordinaria en realidad tiene momentos extraordinarios con algún tipo de interés para otros. Pero no es vanidad mostrarse con cicatrices y miserias: un ser humano inseguro, pobre, infiel, mentiroso, paranoico, insensible, machista, impotente, silencioso, aburrido, con incapacidades para escribir, para el sexo y para la alegría.

Es un acierto que estos diarios terminen cuando el editor le dice al autor que publicará El olvido que seremos, porque esa novela lo lanzó a la fama, y supone uno, significó también el fin de las angustias económicas que tanto pesan en tantas páginas de este diario. Como el lector completa la obra del autor, estos diarios publicados se completan entonces con la imagen que el lector tiene del autor desde su vida pública, que es más pública después de la novela sobre el papá asesinado. Ese contraste entre un escritor famoso, exitoso, muy vendido, contrasta fuerte con la de un ser humano que no tiene cómo pagar sus cuentas, que corrige textos de la Andi y que, además, sufre de impotencia sexual con la mujer que desea.

No es un tono lastimero o de víctima. Es un tono sincero: el de la escritura como lugar para narrarse sin máscaras y en descarnada desnudez. En el diario no es "el hijo de" o "el autor de". Es un ser humano con inseguridades que recurre a sus cuadernos cuando las cosas no están bien. La vida que fluye feliz no aparece con tanta intensidad porque cuando está contento el autor se ocupa de vivir, no de escribir. 

Toda lectura es un pretexto, uno en el libro se lee a sí mismo, se refleja", escribe Héctor Abad y yo encuentro en estos diarios varios reflejos que son espejo: el del que quiere escribir pero tiene dudas (y deudas y falta de tiempo); el del amor desmedido por los hijos pero, al mismo tiempo, la culposa sensación de pensar que los hijos quitan tiempo o silencio, y las reflexiones sobre lo doloroso que es el divorcio pero, al mismo tiempo, lo difícil que resulta vivir en pareja después del tiempo del enamoramiento. Y también lo extraña que es la compañía de la familia, y lo sabroso que es caminar y perderse por ciudades nuevas, y la necesidad de soledad para poder pensar, pero, al mismo tiempo, la necesidad de tener alguien para compartir lo que se piensa. 

En fin, son 21 años de diarios y más de 600 páginas. Seguro que ustedes encuentran otro tipo de reflejos en esta lectura desigual, como la vida. 

Algunas frases:

"Para escribir necesito estar solo. "Escribir es hablar sin que a uno lo interrumpan", leí en alguna parte. Y basta una mirada para interrumpir el pensamiento y empezar a pensar en la mirada" (p. 20).

"El pensamiento es un caballo salvaje, loco, cerrero; la escritura es una forma de domarlo" (p. 23).

"Tener un hijo envejece" (p. 31).

"La religión dominical. Buena definición para el catolicismo. De lunes a sábado capitalismo, comunismo, sensualismo, armamentismo, mafia, cualquier otra cosa. La religión del viernes, islam; la religión del sábado, judaísmo. La religión del lunes, capitalismo" (p. 33).

"Dios es la más pura imaginación del hombre: lo más grande y lo más perfecto que no existe o existe solo en la fantasía nuestra, que es una manera privilegiada y muy real de existir" (p. 34).

"Quiero leer y leer y leer. Toda la vida, todo el tiempo, y lo que me dé la gana (¡todo!) solamente lo que me dé la gana. Retirarme, jubilarme, tener una casa sin polvo y ordenada a lo mejor en el campo. Y que las visitas vengan solo de vez en cuando, que no molesten tanto las visitas. Para poder leer y leer y no hacer otra cosa que leer" (p. 43.)

"Gente que no te llama, sino que te autoriza para que la llames: si estás mal, si necesitas algo..." (p. 68).

"Cuando estoy feliz, no escribo" (p. 79).

"Las palabras dichas repelen, excluyen a las palabras escritas. Las gastan. Mi lenguaje tiene fuerza solamente para una vez" (p. 84).

"Pero peor estaba Cervantes en los baños de Argel. Y escribió el Quijote después de los cincuenta, con una mano inútil" (p. 85).

"Leo, releo, logro adaptarme a libros prestados (¿ves?, algo aprendes), yo, que siempre quise comprar los libros que leía para poder rayarlos, guardarlos, releerlos. He descubierto a Simenon, vuelvo a Rulfo (p. 86).

"Pienso en la posición de mis manos dentro del ataúd" (p. 90).

"Creo que no quiero ser doctor. Si me vuelvo doctor, la academia será mi destino. Leo lo que quiero y no lo que debo" (p. 94).

"Yo no escribo para celebrar mis orgasmos, sino para conjurar mis impotencias. No me gusta el exhibicionismo de la danza de la victoria, sino el tímido rito propiciatorio que precede a la batalla. El dolor expiatorio que sigue a la derrota. Los rituales de purificación" (p. 97).

"Mi forma de amar es la añoranza, el deseo. La presencia, el otro, me importan menos, me alejan" (p. 98).

"A los hijos, si los queremos buenos, tenemos que hacerlos felices. La felicidad educa a la bondad" (p. 102).

"Este es el único sentido que le he encontrado al sufrimiento, a las tragedias: te da la dimensión exacta de los contratiempos. No hay que temer ningún contratiempo; solo hay que temer tragedias. Vivir con serenidad, casi con alegría, todo contratiempo, porque son parte de la vida feliz" (p. 114).

"Tener hijos es la condición que más cambia por dentro el carácter de una persona; más que ateos o religiosos, progresistas o reaccionarios, la gente se divide entre aquellos que tienen la experiencia de haber tenido hijos y los que no" (p. 129).

"Lo horrible no es el "yo no tengo quien me quiera". Peor es "yo no tengo a quien querer". La soledad fundamental, la más tremenda" (p. 174).

"¿Los hijos son una interferencia en la vida de un escritor? No, los hijos le hacen entender al escritor cómo es la vida verdadera" (p. 175).

"Si tuviera que definir la actitud de Irene ante lo que hago (que casi siempre es «lo que escribo»), tendría que decir: enfriadora, desestimulante.
Al terminar mi novela dice: «Me quedé empezada, a medias». Y eso es todo lo que dice, después de doscientas cincuenta páginas. Si oyera lo que me dijo Margaret, lo que me dijo Mario Jursich, lo que me dijo Consuelo. Lee un artículo que escribí para una revista: no dice que no le gusta, no lo critica, dice: «No sé esto para una revista...». «¿Y entonces para dónde?» «No sé».
Tener siempre al lado a una persona así, francotiradora de mi oficio, es desastroso, deprimente. Parecemos hechos de sustancias distintas" (Pág 197).

"Talento tiene cualquier imbécil. Lo difícil es encontrar a alguien con la suficiente voluntad como para hacer algo con él" (p. 201).

"pues es cierto que aspiro a esta curiosa obscenidad: durar después de la muerte mediante las huellas de mis letras: que este surco que trazo sobre las hojas sea alguna vez descifrado por ojos curiosos" (p. 223).

"la altiva Manizales, que tantas cosas se cree y no es ninguna de ellas" (p.228).

"No me gustan los poetas. Tienen ese aire, esa altivez de creer que su palabra es la salvación del mundo" (p.243).

"¿Por qué a veces queremos tan poco a las mujeres perfectas? (p. 269).

"Sufro dos idealizaciones de la cultura en la que me levanté: idealizo el arte (la literatura en mi caso) y el amor. Tal vez debería dedicarme a despojar de ese halo ideal a las dos cosas. Pero el entusiasmo se alimenta de un ideal irracional. Si no creo en esas mentiras, en esas dos ilusiones absolutas, la literatura y el amor, pierdo el entusiasmo. Y sin entusiasmo todo es deprimente. Hay que vivir en la ficción del entusiasmo" (p. 344).

"¿No te gustó mi novela? La leíste con sueño" (p. 361).

"pero a veces es inevitable que la franqueza nos suene brusca cuando nos duele un poco" (p. 364).

"un optimismo firme, radical, solo pueden tenerlo quienes hayan conocido a fondo la tristeza y, a pesar de ella, no hayan perdido la confianza". (p. 369).

"los malos libros son indispensables en cualquier biblioteca. Los malos escritores te enseñan a reconocer lo que no debes hacer nunca" (p. 401).

"A mí se me considera superficial porque soy fácil de comprender. Es cierto que muchas ideas profundas son difíciles de comprender. Pero profundidad no es sinónimo de dificultad" (p. 443).

"si uno no se acostumbra a esas molestias (y comete la ingenuidad de separarse) acaba por no aguantarse ni a sí mismo" (p. 468).

"La escritura exige una especie de monogamia absoluta: conmigo y nada más" (p. 488).

"Toda lectura es un pretexto, uno en el libro se lee a sí mismo, se refleja" (p. 494).


Lo que fue presente (Diarios 1985-2006)

Héctor Abad Faciolince

Editorial Alfaguara

2019, Bogotá

610 páginas

martes, 18 de agosto de 2020

El desterrado, de Leonardo Valencia

Leonardo Valencia es un escritor ecuatoriano consagrado, con varios libros de novela y ensayo publicados, además de un volumen de cuentos, "La luna nómada", que aunque fue su primera obra publicada sigue en construcción. El autor además fue profesor de escritura creativa durante varios años en Barcelona, y ahora ejerce la misma labor docente en Quito.

El desterrado fue su primera novela. Publicada en el año 2000, esta ópera prima de Leonardo Valencia ya muestra la maestría del autor en el cuidado del lenguaje y en la construcción de una estructura narrativa elíptica, con una buena cantidad de personajes y un manejo temporal en el que el narrador va y viene entre el pasado y el futuro.

La destreza narradora se siente desde la primera oración de la novela: "El Viejo Elefante cumplía cada semana con el mismo ritual. Llegaba el jueves a media tarde y se anunciaba desde las escaleras con las tres notas de su paso: el taconeo de los zapatos y la tilde del bastón".

Nebbiolo Bentornato es "El Viejo Elefante" un personaje amigo de la familia Dalbono. Es él el hilo conductor a partir del cual se narra la historia del padre Domiziano, su esposa Sabina, sus hijos Orlando y Carlo y las esposas e hijos de estos. Se trata de una novela sobre una saga familiar, con Orlando como protagonista, aunque se trata de un protagonista que durante toda la novela sólo pronuncia una palabra ("sí") y que toma fuerza cuando ya ha transcurrido al menos un tercio de la novela, porque la primera parte se centra sobre todo en los padres de Orlando.

Es entonces una novela sobre una constelación familiar, pero es mucho más que eso: es un retrato sobre cómo se vivió en Italia el nacimiento del fascismo y el fortalecimiento de las camisas negras, y sobre cómo estos hechos políticos afectaron las vidas cotidianas de personas que no tenían militancia política. Es entonces una novela sobre el miedo, sobre el enrarecimiento de la vida, contada a partir de sutiles detalles de la vida de barrio.

Para quien no la haya leído y vaya a acercarse a este libro, recomiendo un ejercicio similar al que vale la pena hacer cuando se lee Cien años de soledad: escribir los nombres y construir el árbol genealógico correspondiente. En El desterrado no hay tantos nombres como en la novela de Gabo, pero a veces por la forma de la narración el hilo puede confundirse.

El autor ha sido pintor y Audry, uno de los personajes de la novela, también pinta. En algún momento ella mancha un cuadro. Lo pinta en exceso y lo daña. Quizás algo así pasa también con El desterrado: una gran novela que pudo terminar unas páginas antes, o que tiene un final que a mi modo de ver no le hace justicia a la tensión que se vive en buena parte del libro.

Algunas frases:
"Nuestro lenguaje es un desorden encubierto por una serie de convenciones" (p. 27).

"El sol simplemente no se mueve alrededor de nosotros. Nuestro lenguaje no ha asimilado esa revelación. El caos está en nuestro lenguaje" (p. 30).

"Que aprendan riendo, doctor Milvio. ¿Cuál es el problema? Si de paso ríen y disfrutan aprendiendo, ¿qué tiene de malo que nos ríamos todos...?" (p. 37).

"Si les da usted la libertad de reírse a cada momento, van a relativizar la importancia de lo que les está enseñando" (p. 37)-

"Está escrito: las reinas no pueden elegir lo que les manda su corazón. Y el corazón les manda rendirse ante quienes las tratan como tales" (p. 44).

"Cuando vio el primer elefante de su vida, sopesó las proporciones y dijo que era un toro rechoncho de cuernos caídos" (p. 50).

"Nunca te detengas mucho donde te fulminó la suerte" (p. 83).

"Esa organización perfecta lo fascinaba. La clandestinidad era su encargo. Si él estaba así, cuántos más no andarían por las calles de la misma manera. Al descubrir esa posibilidad se sorprendió mirando a un costado y a otro. A él también podrían estarlo vigilando otros desconocidos, aunque no tuvieran ningún distintivo" (p. 108).

"Las proporciones de lo que aparece en una obra no son reales, aunque el conjunto sea impactante y creíble. En una fotografía, en cambio, aparecen las proporciones reales. La distorsión que puedes lograr es mínima. Y sólo tienen el blanco y el negro. No saben nada de color" (p. 128).

"Los compradores eran amigos de su familia, familiares de sus amigos, conocidos de los académicos, y muchos de los pintores terminaban también siendo galeristas. Un laberinto en el que se sentía encerrada. Lo peor era ser considerada tan poco, al menos hasta que se casara con alguno de los grandes compradores de pintura" (p. 136).

"Es como si el mundo fuera un gran colegio. Debes seguir la corriente, si no, te expulsan" (p. 190).

"Como si supiera que el amor tiene apenas una oportunidad para desatar su epicentro" (p. 240).

"Los hombres deben dar vueltas durante toda su vida, detenerse muy poco en el descanso de una alegría ocasional y luego retomar camino para concluir en su propia desgracia" (p. 267).

"Como todo burócrata, vestían impecables. Sin una sola arruga, pero sin imaginación" (p. 284).

"Las mujeres saben morir con más dignidad" (p. 307).

"Era el simple ciclo interior que se perfila en cada ser humano en un momento de su vida y le pide a gritos el ritmo de otra tierra, de un paisaje diferente, de grupos inusitados de seres humanos que le permitan creer en otras posibilidades, para las que no ha sido diseñada ninguna habitación en la casa que lo ha visto nacer, y en la que siempre se ha sentido a solas" (p. 362).


El desterrado
Leonardo Valencia
Penguin Random House-Punto de lectura
2013
Bogotá
377 páginas

lunes, 26 de junio de 2017

El hombre que no fue jueves, de Juan Esteban Constaín


De Chesterton, el escritor inglés de comienzos del Siglo XX, creador de El Padre Brown, es famoso su sentido del humor. Hay numerosas anécdotas que resaltan su repentismo, su capacidad para responder de manera inesperada y jocosa, así como sus habilidades como gran conversador.

El hombre que no fue jueves es una novela sobre Chesterton, específicamente sobre el proceso para canonizar a Chesterton, pero busca además hacerle un homenaje al escritor inglés, autor de El hombre que fue jueves, desde la forma narrativa. Es como si Constaín hubiese pensado: acá no sólo vamos a hablar de Chesterton sino que vamos a hacerlo de una manera "chestertoniana": con humor y con mucha digresión, es decir, saliéndose con frecuencia del tema, como ocurre en cualquier conversación en la que la gente habla de manera animada. Y vamos a ubicar la historia en Italia porque sí. Porque Italia me encanta.

La anécdota central de la novela podría contarse en breves páginas: Chesterton es un escritor que primero fue agnóstico, luego anglicano y luego fervoroso católico. En 1929 recibe una misión especial del papa Pío XI y por esa razón el escritor se instala tres meses en Roma. Luego, tras su muerte, Juan XXIII inicia un proceso de canonización que se adormece durante décadas y se reactiva en la época de Benedicto XVI. 

La anécdota podría ser narrada en un cuento breve, con la corrupción del Vaticano como telón de fondo, pero lo que importa en la novela no es la anécdota sino la apuesta narrativa del escritor, que en este caso es una estructura casi anárquica, en la que se salta de un tema a otro con total facilidad: de Casanova a Paul McCartney, del Padre Brown a Las Cruzadas, de Fernando Vallejo a Jorge Luis Borges, de Mussolini a Nicolás Gómez Dávila. Todo cabe. Habrá quien considere que tanta digresión distrae o denota falta de edición, pero creo que esa es precisamente la apuesta de este libro: un ejercicio de erudición del escritor, construido en clave de humor. El resultado, a mi modo de ver, es un divertimento. Un divertimento para el escritor, y posiblemente también para algunos lectores. 


Pero creo que la literatura se trata de eso: de ejercicios libres de escritura que satisfacen a los autores porque responden a intereses y gustos particulares. El escritor no tiene por qué justificarse o explicarse, más allá de lo que lo hacen sus libros. Si esos ejercicios artísticos encuentran lectores, siempre será un milagro. Eso explica por qué Chesterton debería ser canonizado.

Algunas frases:
La humanidad no conoce, de veras, en lo más profundo, más partidos ni más facciones: o Lennon o McCartney, o el Correcaminos o el Coyote.

Lo primero que hice fue oler el papel. Siempre lo hago, siempre: con los libros antiguos que conservan intacto el sabor de la madera, su recuerdo, los árboles que fueron; y los libros nuevos que algún día serán viejos.

los mejores lectores son también catadores que antes de leer huelen con fruición y morosidad cada ejemplar, cierran los ojos, reconocen el pegante y la naturaleza del papel, el cuero, el tiempo; la madera y el licor. La cepa del mejor vino. 

nada revela mejor la condición humana que el ridículo.

Chesterton sabía que el ser humano, todo ser humano, es un abismo, un universo contradictorio y complejo, y que la única manera de entender algo en este mundo desquiciado partía de la aceptación de lo que cada quien es. Sin exigirle nada a nadie, sin esperar nada de nadie. 

Supo Chesterton que la ficción es más peligrosa que la realidad, muchísimo más, porque la gente le profesa más fe; porque la necesita mucho más para vivir. 

los recuerdos son más esquivos que el propio pasado.

Nada hay peor, como decía alguien, que el dogmatismo del acólito; nada más peligroso para las cosas magníficas del mundo que la admiración que por ellas sienten los imbéciles.

Solo quien dialoga puede conquistar una idea; solo quien escucha puede dialogar.

un hombre es lo que es y punto. Una criatura confundida, temerosa, equivocada. Siempre. 

la Iglesia de Inglaterra es igual a la nuestra, la católica, solo que sin papa: sin autoridad pontifica, quizás lo diga mejor. Y como a mí me gusta la autoridad, por eso me hice católico. 

toda puerta que se cierra es un misterio, siempre, una luz que se apaga. Un misterio para los que entran, también para los que se quedan afuera. El silencio es el mundo que se va delante o detrás de las puertas. 


El hombre que no fue jueves
Juan Esteban Constaín
Editorial Random House Mondadori
Bogotá, 2014
182 páginas

lunes, 21 de noviembre de 2016

Número cero, de Umberto Eco

De todas las novelas que he leído de Umberto Eco, quizás Número cero sea la más floja. Tiene personajes apenas esbozados, largas páginas con nombres, fechas y datos que tienen poco interés para quienes no estamos familiarizados con las minucias de la política de Milán o de Italia, y un intento de relato policíaco que se construye apenas al pasar de la mitad del libro y que no alcanza a cuajar.

Sin embargo el autor es Umberto Eco, un filósofo brillante que siempre tiene cosas importantes para plantear y esta novela no es la excepción. Si bien como texto literario Eco publicó obras superiores, como texto a secas Número cero ofrece una mirada necesaria sobre el cinismo con el que se trabaja en algunas salas de redacción, que atienden al interés particular del dueño por encima del interés general de la ciudadanía, vulnerando su derecho a recibir información de calidad.

Así como El nombre de la Rosa eran varias novelas en una sola (una novela policíaca, una novela sobre la edad media, una novela sobre los libros, etc.) leer Número cero también implica escarbar en las distintas capas de una cebolla: es una novela sobre el periodismo y las salas de redacción; una novela sobre la muerte de Mussolini y/o lo ocurrido en Italia después de la II Guerra Mundial, una novela sobre el romance entre un hombre casi viejo y una mujer aún joven, o una novela sobre Milán.


Entre las lecturas que ofrece la que me resulta interesante es la de los medios de comunicación. Eco escribe un libro que parece pensado para desvirtuar la frase célebre de Ryszard Kapuscinski "Los cínicos no sirven para este oficio. Eco en Número cero muestra lo contrario: este oficio está hecho de cínicos y la información es una mercancía que se ajusta a los intereses particulares de quien paga por producirla. 

La trama es simple: un magnate del que apenas leemos entre líneas contrata a un director para que monte un diario. El director contrata al narrador de la novela, quien oficia como jefe de redacción de un grupo integrado por otros 4 periodistas. La particularidad consiste en que aunque se trata de un diario, durante el primer año los periodistas se dedicarán a montar cada mes una edición cero, que no circule y que muestre como será el periódico cuando salga a la calle. Lo que los periodistas no saben, pero el director y el jefe de redacción sí, es que en realidad el periódico jamás circulará: las ediciones cero deben servirle al magnate para mostrarle a gente clave que él puede tener mucho poder y que a cambio de no circular le permitan acceder a otros beneficios en el mundo empresarial en el que se mueve.

La novela se publicó en 2015 pero ocurre años atrás y por eso no incluye en su trama reflexiones sobre redes sociales. Apenas menciona los teléfonos celulares, para decir que serán una moda pasajera. Tiene en cambio numerosas consideraciones sobre la forma en la que los periódicos deciden qué noticias cubrir y cómo hacerlo, como se puede ver en la selección de frases que incluyo a continuación y que muestran hasta qué punto Eco desconfía de la "verdad" de los medios. No creo que esta visión catastrófica corresponda con la realidad cotidiana de numerosas salas de redacción, pero la crítica que muestra sí invita a pensar con qué criterio se escogen los temas, los enfoques, las fuentes y los titulares. 

"los espectadores de sus cadenas de televisión tienen una edad media (digo edad mental) de doce años".

"A estas alturas, el destino de un diario es parecerse a un semanario".

"Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad".

"Fíjense en los grandes periódicos anglosajones. Si hablan, qué se yo, de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir, evidentemente, qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión. Con todo, se podría suponer que el periodista ha dado voz solo a quien piensa como él. Por lo tanto, las declaraciones serán dos, en contraste entre ellas, para demostrar que está claro que existen opiniones distintas sobre un mismo tema: el periódico da cuenta de este hecho incontestable. La astucia está en entrecomillar primero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente".

"No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia".

"un periódico se mide también por la capacidad de hacer frente a los desmentidos, sobre todo si es un periódico que demuestra no tener miedo de meter las manos en la podredumbre".

"recuerden bien los tres elementos fundamentales para el desmentido del desmentido: las declaraciones recogidas, los apuntes en el bloc de notas, y perplejidades varias sobre la credibilidad del desmentidor".

"La entrevista con un autor sosiega, porque ningún autor habla mal de su libro; de ese modo, nuestro lector no se ve expuesto a críticas feroces y amargadas, y demasiado sesudas".

"¿quién se lee los libros que reseñan los periódicos? No suele hacerlo ni quien hace la reseña; y demos gracias a Dios si el autor se ha leído su libro porque, la verdad, ante ciertos libros se diría que no lo ha hecho".

"A nuestros lectores hay que tranquilizarlos, no alarmarlos".

"Señores, estamos haciendo periodismo, no literatura".

"—Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.
—Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?
—Ambas cosas. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene".

"Tengan en cuenta que hoy en día, para rebatir una acusación, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador".

"la solución más prudente suele ser decantarse por lo sentimental, ir a entrevistar a los parientes"

"La indignación hay que dejársela a los periódicos de izquierdas, que están especializados en eso".

"La llamada a la honradez siempre vende muy bien".

"El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Sucede el hecho X, no puedes obviarlo, pero, como pone en apuros a demasiada gente, en ese mismo número te marcas unos titulones que le ponen a uno los pelos de punta: madre degüella a sus cuatro hijos, quizá nuestros ahorros acaben en cenizas, se descubre una carta de insultos de Garibaldi a Nino Bixio y, hala, tu noticia se ahoga en el gran mar de la información".


"Había perdido todas las certezas, salvo la seguridad de que siempre hay alguien a nuestras espaldas que nos está engañando".

"Si era tan graciosa debía de ser también guapa. Y a su manera lo era ¿Por qué a su manera? A la manera no le había pillado el punto, pero había despertado mi curiosidad".

"un jovenzuelo de veintiséis años, todo ideales y nada de ideas".

"En la universidad (entonces, pero creo que también hoy en día) las cosas funcionan de manera contraria al mundo normal: no son los hijos los que odian a los padres sino los padres los que odian a los hijos".

"Y cuando vives cultivando esperanzas imposibles, ya eres un perdedor. Y cuando te das cuenta, te hundes".

"Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en sabértelas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas".

"Leer manuscritos que jamás serán publicados puede llegar a ser un oficio".

"El miedo a morir infunde aliento a los recuerdos".

"Estamos hablando de finanzas, no de comercio. Primero compras, y ya verás que el dinero para pagar te llega".

Número cero
Umberto Eco
Editorial Lumen
Milán, 2015
2018 páginas