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jueves, 19 de febrero de 2026

Lo que sabe la señorita Kim, de Cho Nam-Joo

Después de leer a Han Kang, los 8 cuentos que Cho Nam-Joo publica bajo el título "Lo que sabe la señorita Kim", el nombre de uno de los relatos, ayudan a reafirmar esa imagen de la Corea contemporánea como una sociedad profundamente patriarcal, incluso más que la latinoamericana, lo cual ya es mucho decir.

Los ocho cuentos de este volumen son relativamente extensos. No hay cuentos de 1 ó 2 ó 3 páginas. Son cuentos que ocurren en Corea, en el presente, y en donde las mujeres son protagonistas y narradoras.

La vejez, la maternidad, las relaciones de pareja, la amistad, la familia y todos esos lazos íntimos en entornos próximos son los que la autora privilegia en sus relatos: una mujer que rompe con el novio que le propone matrimonio (Para Hyeonnam); una jubilada que viaja con su suegra de 80 años a ver la aurora boreal (Noche de aurora boreal), una estudiante de bachillerato que denuncia una situación de acoso escolar y le confía los detalles a su abuela antes que a su madre (Y la niña creció), la tensa relación con una profesora (Lo que sabe la señorita Kim), y una pareja de colegiales separada por el Covid (Primer amor, 2020) son algunos de los cuentos en los que la autora reflexiona y complejiza las relaciones cercanas.

El libro presenta una perspectiva feminista. Es decir: son relatos con mujeres como protagonistas pero, además, son relatos que muestran brechas de género en una sociedad como la coreana, en donde la figura del padre, el hermano mayor o el esposo tienen enorme incidencia en las decisiones familiares. 


Algunos subrayados

Bajo el ciruelo
¿O acaso el envejecimiento es una enfermedad? (p. 11).

Lo único que puedo hacer es mirar por la ventana y plantearme preguntas sobre el tiempo que me queda y sobre si algún día no me arrepentiré de haber dejado que transcurrieran tantas horas sin hacer nada (p. 14).

A estas alturas me parece que la vida era mejor cuando podía arriesgarme, intentar lo que fuera para sobrevivir (p. 20).

Intransigencia
Por primera vez tomé prestado un episodio de mi vida como material narrativo, traicionando lo que me había prometido empezar a escribir: no incluir experiencias personales y de no usar la escritura como medio para desahogar mis emociones (p. 52).

Lo que sabe la señorita Kim
—Convivimos bien como familia. ¿No es suficiente con eso? ¿También te tengo que amar? (p. 89)

Para Hyeonnam (estimado ex)
Por eso te pregunté si estabas enfadado, eso sí, con discreción, como si fuera la culpable de tu disgusto. No tardaste en gritarme que no, que no estabas enfadado (p. 117).

Tenía veinticinco años y me sentía una vieja, en parte por ti, que por entonces bromeabas diciendo que a los veinticinco se acababan los mejores años en la vida de una mujer (p. 123).

Mis comentarios sobre nuestros potenciales hijos me los reservé al oírte hablar de la paternidad como algo natural en la vida. Preguntabas cuántos prefería tener, en vez de qué pensaba sobre ser madre. no querías saber si estaba dispuesta a hacerme cargo del cuidado de los niños, sino durante cuánto tiempo estaría en casa dedicada a ellos (p. 128).

la mayoría del tiempo parecíamos una pareja mayor cuyos días transcurrían sin grandes eventos, entre comidas ordinarias, paseos al cine, copas de cerveza, sexo y nada más (p. 129).

Creí que podría verme con amigas que no te caían bien sin avisarte. Traté de ignorar tus desplantes y pensé que lo mejor era no entrar en conflicto contigo, a pesar de que siempre te salías con la tuya, incluso a la hora de pedir en los restaurantes. Sin embargo, poco a poco empecé a dudar de que mantuviéramos una relación sana (p. 130).

Noche de aurora boreal
Probabilidad no es igual a promesa, aunque nos permite aventurarnos (p. 132).

Mi percepción del extranjero era como una pintura abstracta, nada realista e incluso absurda, donde se mezclaban escenas de películas estadounidenses dobladas y anécdotas de una de mis tías que inmigró a otro país (p. 134).

Hay palabras que son como una navaja que jamás pierde el filo (p. 138).

en las ciudades actuales no había muchos espacios con tantos árboles y flores como las urbanizaciones con jardines artificiales (p. 141).

cuanto más vieja, más tienes que esforzarte por imitar a los jóvenes (p. 142).

a menudo los recuerdos que una se guarda para sí misma se evaporan sin poder seguir el ritmo de la vida, igual que las comas para el pelo que se meten en el cajón del pupitre o que se pierden debajo de la cama (p. 149).

Haz lo que te dé la gana mientras seas joven. Porque, con la edad, lo único que ganarás será cobardía y arrepentimientos (p. 159).

Desde que me casé, dos constantes en mi vida fueron la presión de que tenía que velar no solo por mi vida, sino por las vidas de otras dos personas, y la fatiga que me producía la carga que me había impuesto (p. 163).

Quiero vivir por muchos años más. Que me pongan respiradores artificiales y lo necesario para mantenerme con vida. ¿Qué diablos ganaré viéndome guapa al morir? No quiero ser guapa. Lo que deseo es tener una vida larga, respirar el aire de este mundo maravilloso todo lo que se pueda (p. 172).

Existen situaciones que escapan al alcance de los seres humanos. Y ante esta verdad irrefutable solo podemos esperar, prepararnos para el futuro, no caer en la desesperación y aceptar humildemente todas las oportunidades, dando gracias a la vida sin soberbia (p. 173).

Si por momentos me costaba creer que la hija que creció dentro de mí y que di a luz era tan distinta a mí, siempre me resignaba tratando de convencerme de que nuestras diferencias eran obvias, ya que después de vivir en mi vientre nueve meses, la niña había crecido fuera durante décadas hasta convertirse en mujer (p. 176).

Y la niña creció
¿De veras crees que una mujer puede vivir la vida que desea teniendo marido e hijos? (p. 186).

Lo que sabe la señorita Kim
Cho Nam-Joo
Traducción de Joo Hasun
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2024 (primera edición coreana 2021).
228 páginas

miércoles, 21 de enero de 2026

De noche alumbran los huesos, de Julián Bernal Ospina

Cada libro tiene su momento. Empecé a leer De noche alumbran los huesos en 2024 y rápidamente lo abandoné. Suelo leer con disciplina y terminar todo lo que empiezo, sobre todo si son libros de autores caldenses, pero con éste no pasé de las primeras páginas y lo dejé sin mayor remordimiento. 

Lo retomé año y medio después, en un día de vacaciones, sin prisas, y enganché desde el comienzo. El primer cuento me llevó al segundo y entré en el juego que propone el autor: registros distintos y circunstancias diferentes para cuentos que tienen como personaje secundario o mero referente a quien más adelante, o más atrás, es protagonista. 

De noche alumbran los huesos está dividido en dos partes, cada una con seis cuentos. Hay varios textos de ultratumba, con cadáveres y cementerios, y otros del "más acá", con duelo o pérdida. Si tocara elegir uno solo, me quedo con "El coronazón", un cuento que me hizo recordar La hora gris, de Eduardo Otálora Marulanda.

Mención especial merece "Crónica de un doble espejo", un cuento que no sé qué tal envejezca o cómo se pueda leer en contextos ajenos a Manizales, pero que los lectores locales contemporáneos podemos disfrutar. Se trata de una sátira en la que los nombres apenas enmascaran, sin mucho disimulo, a la clase política local reciente: el exalcalde Carlos Mario Marín, su primo Santiago Osorio, el examigo Arturo Espejo, el exalcalde Octavio Cardona... Ninguno queda bien parado.

Algunos subrayados:

De "Monólogo de una estatua"
"¿A dónde van, acaso, los muertos?", les preguntamos. Nos responden: "¿Los muertos? ¡Ja! Los muertos ahora están mojados y no llevano nombre, se quedan pa la eternidad buscando tumba (p. 18). 

De "De noche alumbran los huesos"
Se encontraron de frente con el mármol de carrara resqubrajado, ornamentos de divinidades con telarañas, rejas oxidadas y cristales partidos. Se miraron.
—Pa eso sirve el poder —dijo Fabio.
—Sí, pa terminar pudriéndose, pero pudriéndose con elegancia —respondió Enrique. (p. 56).  

De "El coronazón"
De pequeña soñaba que me protegía una burbuja que hacía mi mamá. Como un campo electromagnético que nos apartaba de todos los monstruos que pasaban alrededor (p. 112). 

De noche alumbran los muertos
Julián Bernal Ospina
Escarabajo Editores
Bogotá
Julio de 2023
142 páginas

viernes, 6 de octubre de 2023

Álbum de familia, de Rosario Castellanos

Luego de haber comentado el cuento "Los convidados de agosto", de Rosario Castellanos, la autora mexicana regresa a este espacio con "Álbum de familia", un libro que reune tres relatos de extensión media y otro de 90 páginas, protagonizados por mujeres que plantean reflexiones en torno al patriarcado, la familia, el matrimonio y la sociedad que habitan.

Aunque no en todos los textos es explícito, se entiende que esa sociedad es México de los años 60 (el libro se publicó en 1971) y por ello, teniendo en cuenta la fecha de escritura y publicación de la obra, es que Rosario Castellanos resulta una escritora  adelantada a su tiempo. Sus relatos se leen hoy como si hubiesen sido escritos ayer, con estructuras creativas, con voces potentes y con preguntas en torno al feminismo en una época en la que esa conversación en América Latina aún no era tan fuerte. 


El primer cuento, "Lección de cocina", presenta a una recién casada que no sabe cocinar y mientras prepara el almuerzo reflexiona en torno al matrimonio. La estructura mezcla párrafos sobre culinaria con otros sobre la vida conyugal, que a veces también se quema y sabe mal. 

El segundo cuento, "Domingo", narra una reunión social en la que convergen distintos personajes y se presentan todo tipo de relaciones y entrecruzamientos, con crítica mordaz a la sociedad, ironía y, al mismo tiempo, cierta frivolidad.

"Cabecita blanca" adopta el punto de vista de una madre tremendamente ingenua, que no ve, o se niega a ver, el mundo en el que habitan sus hijos adultos.

El último y más extenso es "Álbum de familia", una obra literaria sobre el mundo de las mujeres escritoras. Una autora premiada invita a exalumnas escritoras a un encuentro. Las críticas, los celos entre ellas, las envidias, la hipocresía, los chismes y el malestar que crece al estar juntas son las herramientas que tejen este relato en el que la autora se burla de la superficialidad que rodea al ambiente literario. 

Rosario Castellanos (1925-1974) es una autora que en los últimos años viene siendo leída con creciente interés, y lo merece. Sus libros envejecen bien porque no envejecen. Se sienten frescos, vigentes y actuales, con debates que sobre el rol esperado para las mujeres en la sociedad, la sexualidad, la maternidad, el feminismo y la brechas de género. Su lenguaje directo, atrevido y lleno de diálogos contribuye a una lectura ágil y a la vez profunda, en la que vale la pena sumergirse.

Algunos subrayados

De "lección de cocina"
Así que permanezco inmóvil, respirando rítmicamente para imitar el sociego, puliendo mi insomnio, la única joya de soltera que he conservado y que estoy dispuesta a conservar hasta la muerte (p. 11). 

Yo carezco de la soltura del que rema, del que juega al tenis, del que se desliza bailando. No practico ningún deporte. Cumplo un rito y el ademán de entrega se me petrifica en un gesto estatuario (p. 13).

Cuando dejas caer tu cuerpo sobre el mío siento que me cubre una lápida (p. 14). 

Yo rumiaré, en silencio, mi rencor. Se me atribuyen las responsabilidades y las tareas de una criada para todo. He de mantener la casa impecable, la ropa lista, el ritmo de la alimentación infalible. pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana, no puedo cambiar de amo (p. 15). 

Y un día tú y yo seremos una pareja de amantes perfectos y entonces, en la mitad de un abrazo, nos desvaneceremos y aparecerá en la pantalla la palabra "fin" (p. 17).


De "Domingo"
Los domingos, como hoy, tenía que renunciar a sí misma en aras de la vida familiar (p. 25). 

Nada nuevo es acogedor. Presenta resistencias, exige esfuerzos de acomodamiento (p. 30). 

¡Qué falta de imaginación tienen las mujeres, Dios santo! No saben hacer otra cosa que preñarse (p. 37).

¿Sabes por qué los hijos de los ricos poseen un vocabulario tan variado? porque nuestros padres pudieron darse el lujo de abandonar nuestra educación a los criados (p. 38).

Realmente tratas a tu marido como si fuera indispensable.
Lo es. En un matrimonio un marido siempre lo es (p. 45).


De "Cabecita blanca"
Un marido en la casa es como un colchón en el suelo. No lo puedes pisar porque no es propio; ni saltar porque es ancho. No te queda más que ponerlo en su sitio. Y el sitio de un hombre es su trabajo, la cantina o la casa chica (p. 50). 

De "Álbum de familia"
Sí, Hispanoamérica ha sido muy favorecida por la naturaleza y muy poco por la cultura (p. 69). 

Dosifique usted los adjetivos de manera que las señoras no se alarmen ni los señores protesten. Pero de manera también que las jóvenes sientan que es lícito admirar este ejemplo y que es posible imitarlo (p. 77). 

―...un periodista, se me olvidaba, no es un escritor en potencia sino alguien que ha renunciado a ser escritor, que ha perdido el respeto al lenguaje, que no lo trata como objeto sagrado...
Porque no lo es.
...sino como un instrumento (p.. 79).

Un premio siempre es, en cierta manera, póstumo. Se otorga cuando ya no sirve ni para matar el hambre ni para afirmar la vocación ni para alcanzar la gloria. Es la primera corona fúnebre que se coloca sobre la tumba (p. 90).

¡Nadie muerte de no escribir versos, Matilde!
No he dicho versos; he dicho poesía.
¿Y cómo se manifiesta ese destino?
Se abre, dentro de nosotros, una especie de vacío, una ausencia que no se colma con nada, un abismo que nos obliga a asomarnos constantemente a él, a interrogarlo, aun a sabiendas de que, desde sus profundidades, no ascenderá jamás ninguna respuesta sino sólo el eco, amplificado, deformado, irreconocible ya, de nuestra pregunta (p. 107). 

El único que ha creído que el matrimonio es una asociación de ideas o una larga conversación (y esa creencia habrá que achacársela a sus peculiaridades psicofisiológicas) fue Oscar Wilde. Y no. El matrimonio es el ayundamiento de dos bestias carnívoras de especie diferente que de pronto se hallan encerradas en la misma jaula. Se rasguñan, se mordisquean, se devoran, por conquistar un milímetro más de la mitad de la cama que les corresponde (p. 134). 

―¡Pero las reconciliaciones son tan sabrosas!
No tanto cuando tienes buena memoria (p. 135). 

¿Tú crees que vale la pena escribir un libro?
Susana interrumpió la concienzuda operación de exprimirse una espinilla ante el espejo para contestar categóricamente.
Creo que no. Ya hay muchos (p. 157).



Álbum de familia
Rosario Castellanos
Editorial Planeta Mexicana
México 
2020 (primera edición 1971)
160 páginas

sábado, 8 de abril de 2023

Blanca, antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza


"Blanca, antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza" es una hermosa edición con fotos, detalles tipográficos a color y un prólogo lleno de emoción en el que se compilan algunos cuentos, poemas y crónicas escritos por Blanca Isaza de Jaramillo Meza.

La obra fue publicada en 2017 por la Universidad de Caldas, fruto de un trabajo de investigación que realizó Nicolás Duque Buitrago, autor del prólogo, en el archivo bibliográfico de Blanca Isaza, que quedó al cuidado de su hija menor, Aída, cuando murió la poeta en 1967 y la siguió su esposo, el también poeta Juan Bautista Jaramillo Meza, en 1978. 

El libro comienza con un prólogo en el que Nicolás Duque ubica el contexto en el que se produjo la obra de Blanca Isaza, su labor como editora de la Revista Manizales, desde 1940, y el destino de la casa familiar, en donde él mismo pudo desarrollar su investigación, y que al momento de la publicación del libro ya se adivinaba su demolición, como efectivamente ocurrió poco tiempo después.
A continuación el libro trae tres partes, impresas en papeles distintos: una de crónicas, la segunda de cuentos y la tercera de poemas, que dan cuenta del calificativo que Nicolás Duque le da a Blanca Isaza, como una "mujer múltiple". 


Los textos no incluyen ni la fecha ni el lugar original de publicación, y esta falla impide ubicar su contexto y la evolución de la autora, teniendo en cuenta que se mantuvo vigente durante 50 años, entre 1917 y 1967. No obstante esta carencia, el libro sí permite ver los distintos registros de la escritora, interesada por el mundo de lo pequeño, desde las chicharras hasta las flores, emparentada con San Francisco de Asís en ese interés por el múndo de lo mínimo. Y ese interés por el detalle preciso es lo que hace que de los tres géneros incluidos en el libro, sean las crónicas las que quizás mejor envejecen: pese a que la crónica está atada a la actualidad y es un género periodístico, en el caso de Blanca Isaza son crónicas que logran detener un instante de tiempo y traerlo vivo al tiempo presente.

Algunos párrafos:

De la crónica "Toda una vida"
"Aquel poemita (El río) fue publicado por primera vez en El Surco, un periódico semanal fundado y dirigido por Benjamín Tejada Córdoba, el padre de Luis, el inolvidable cronista que abrió rumbos nuevos a la literatura nacional, que tenía desplantes geniales y jugaba con las metáforas como un malabarista. Más tarde fue publicado en Renacimiento, el primer diario que tuvo Manizales fundado por don Justiniano Macías. En torno a la niña poetisa se hizo un poco de popularidad; el inicial elogio lírico de esos versos que ahora releo con suave nostalgia se lo debo a Aurelio Martínez Mutis, aquel glorioso cantor de la patria; y el fino comentario en prosa fue escrito por Luis Tablanca, amigo del corazón y quien aún vive en su lida tierra de El Carmen, en el Norte de Santander: Yo quiero mucho el río que cruza por la aldea / que canta a todas horas, que ríe sin cesar / el río que se incendia bajo la luz febea / y que se torna plata bajo la luz lunar..." (p. 40).

Recuerdo la emoción con que mi padre, que era el Juez de Santa Rosa, leyó mis versos; que esa muchachita ingenua que se vestía de olanes baratos, que se peinaba de capul, que se enredaba un jazmín anacrónico en los cabellos, que había tenido poco estudio, que se entregaba por entero a las simples labores hogareñas, le hubiera resultado escribiendo versos, le dio la más estupenda y dulce sorpresa de su vida; me parece verlo; cuando me interrogó varias veces si aquello era mío, si lo había escrito yo, pensé que iba a reprenderme y le dije con esa feliz ingenuidad que aún recuerdo: -Sí, papá, pero yo no tuve la culpa (p. 41). 

De la crónica "La muerte de las cosas"
Existen extrañas similitudes entre la muerte de las personas y la muerte de algunas cosas y de algunos sitios; a veces es una muerte súbita, impresionante, fatal; otras, es la desintegración lenta, progresiva, inexorable; la agonía despaciosa e ignorada que acaba ya por no conmover a nadie (p. 55). 

De la crónica "Una hermosa labor"
Es algo tan finamente bondadoso como ese oficio de las bellas cosas inútiles que no sirven sino para eso; para no ser prácticas ni técnicas, sino simplemente hermosas (p. 61).

ha de sentir lo mismo que elpoeta cuando entre esta profusa literatura de fútbol, de deportes, de ciclismo, de competencias olímpicas, de boxeo, de toros y de carreras de caballos, se encuentra por casualidad una estrofa perfecta, un poema que le llega al corazón, una frase que aún tenga algo de belleza y de dulzura (p. 61). 

De la crónica "El turpial inválido"
(sobre la mamá) La que cifró mis ternuras y fue razón y norte de este noble ejercicio de escribir (p. 73).

De la crónica "Las mujeres que trabajan"
Las mujeres que trabajan en las oficinas son tan dignas como las que trabajan en el recinto amable del hogar, y sin más merecedoras del respeto y del cariño de todos, que las que se pasan las dos terceras partes de su vida en los salones de belleza, en las casas de modas y en los costureros donde con lamentable frecuencia se pespuntan por parejo telas y reputaciones (p. 82). 

De la crónica "El desolado rostro de la violencia"
Nuestra ciudad ha sido como una privilegiada isla de paz entre este oleaje de pavor (p. 87). 

De la crónica "La gloria de Barba Jacob"
Siempre será tardío el homenaje; siempre se esperará a que el artista no haga sombra para reconocerle sus méritos; no importa que en su vida se le haya perseguido, ignorado, desconocido; después, su memoria servirá para hacer fiestas y gastar pródigamente los dineros del Estado (p. 144). 

De la crónica "La ilusión de viajar"
El dolor nos hace apreciar mejor aquellas mínimas satisfacciones que cuando estamos sanos nos pasan desapercibidas y no sabemos agradecer (p. 155). 

A través del anhelo que no se realiza las cosas se ven más bellas y más altas por la misma razón de ser inalcanzables (p. 157)

Del cuento "Paso de zarzuela"
se tuvo a buen cuidado de no invitar a los pocos liberales sobrevivientes que se habían quedado en Florilandia, ya silenciosos y camuflados de azul (p. 185).

Del poema "La canción romántica
Sabes lo que me alegra
en la dura jornada (...)
No haber escrito versos
que no puedas leer

Del poema "Viñeta de otoño"
Siempre encontré la fuente de Castalia
en la paz de la casa solariega,
en esa primordial filosofía
de acompasar el canto a la faena.


He tenido ese culto apasionado
de las cosas pequeñas 
y como Maeterlinck paso las horas
absorta ante el país de las abejas.

Se canta porque sí, porque es preciso
fraguar la vida en moldes de belleza


Blanca
Antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza
Prólogo de Nicolás Duque Buitrago
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2017
274 páginas

domingo, 2 de abril de 2023

El conejo viajero, de María Eastman

"El conejo viajero", de María Eastman de Molina, es una obra póstuma publicada dos años después de la muerte de la autora. El libro apareció en 1949 y se convirtió en el primer libro ilustrado de gran formato en Colombia, y en pionero de la literatura infantil.

María Eastman recoge en estos cuentos historias infantiles que le dan voz a animales del bosque y a objetos como un fósforo, unas pepitas de oro o una bombilla, entre otros. Se trata de relatos cortos, con muchos diálogos, en los que la autora suele darle voz a los débiles y los oprimidos, y al mismo tiempo censurar la vanidad, el orgullo y otros defectos. No obstante, no se trata de cuentos con "final feliz": en varios de los relatos la historia termina en frustración o fatalidad, y en otros hay escenas que algunos calificarán como perturbadoras. 


"El conejo viajero", el cuento que le da título al libro, ha sido reeditado en varias ocasiones, pero por ejemplo la publicación hecha por la Editorial Tiempo de Leer, dentro de la colección Tiempo de Soñar (2014) modifica la versión original y elimina un aparte en el que el conejo es descubierto por un mastín que le hinca el diente y dice: "qué lindo conejo. Lo llevaré a mi amo y mañana será un buen plato en el almuerzo". La versión edulcorada del siglo XXI no incluye esta momento, que es el punto crítico del cuento. 

En general son cuentos que tienen como trasfondo las migraciones del campo a la ciudad, las faenas campesinas de agricultura y minería y la ilusión por salir del entorno más próximo para ir a explorar el mundo. Pese a haber sido escritos en la primera mitad del siglo XX, carecen de alusiones religiosas y aunque son recurrentes las situaciones fantásticas, como los animales y objetos que hablan, se ubican en un territorio concreto que no necesita nombrarse de manera especifica: son cuentos que ocurren en las montañas antioqueñas. 

María Eastman fue profesora y se dedicó a estudiar pedagogía. Estos cuentos evidencian un doble interés por los niños: enseñarles valores a través de relatos y, al mismo tiempo, denunciar los  castigos físicos y los maltratos que padecen los niños de su tiempo. 

Los cuentos incluidos en este libro son: "El ratón erudito", "El conejo viajero", "Fósforo vanidoso", "El tesoro", "El muñequero amotinado", "La bombilla", "El retrato terrible", "Injusticia", "Los caballos que no querían amo", "Pleito de abejas y hormigas", "Mi adorada hermana", "La comadreja y la familia armadillo", "El muñeco feo", "La huerta feliz", "El niño inútil", "Minero", "Inocencia" y "Las cuatro pepitas de oro". 


El conejo viajero
María Eastman
Bogotá, 1949
Universidad Nacional
71 páginas


jueves, 19 de enero de 2023

Los peces miran a Dios, de Jorge Eduardo Vélez Arango

El pasado 7 de enero de 2023 falleció en Manizales Jorge Eduardo Vélez Arango (1943), autor de al menos 5 novelas, 3 libros de cuento, otros 3 de ensayo, 3 de poesía y otros cinco libros que él catalogaba como "otros", y que corresponden a fábulas, testimonios y aforismos.

Jorge Eduardo Vélez Arango era nieto del escritor Rafael Arango Villegas y se casó con  Isabelita Jaramillo Pineda, pintora, librera y promotora de la Feria del Libro de Manizales, que en los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI se celebraba en Expoferias. Del matrimonio nacieron dos hijas, Alejandra y Mariana. Alejandra, la mayor, falleció de leucemia siendo aún adolescente.

Todos estos datos biográficos, así como su experiencia como tallerista literario en la Clínica Siquiátrica San Juan de Dios de Manizales, son relevantes para leer "Los peces miran a Dios", un breve libro que incluye 9 cuentos cortos en los que se mezclan vivencias reales del autor (su alcoholismo, la enfermedad de su hija, su vida en Francia) con ficciones que recrea en espacios que van desde la Catedral de Manizales y la Plaza de Bolívar hasta Miami, El Escorial, en España, París y Roma.

"Normandía", uno de los relatos incluidos en este volumen, plantea una ucronía interesante: Hitler no se suicidó y tampoco fue culpable: fue obligado a matar judíos y sobrevive escondido en el sótano de la Catedral de Manizales. 

El libro trae al comienzo una especie de ensayo o testimonio en donde el autor explica el origen de cada cuento y el por qué los escribió.

Se trata de cuentos desiguales, irregulares, en los que hay bastante de catarsis y elaboración del duelo, pero también se fija una imagen de Manizales que es interesante para el lector contemporáneo, y la incursión en la ciencia ficción con "Normandía", resulta novedosa.

Los cuentos incluidos en este volumen son:
Tristeza en El Escorial
La isla de la muerte
Flores para ti
El parricida
Envidia de amor
Normandía
La soledad de Dios
El vendedor de Biblias
Cita en Roma

Algunas frases

De la introducción: 
Imaginar es vencer la muerte diaria.

El acto de creación artística es un acto de soledad comunicada 

el escritor escribe en un momento dado, contra el no-ser para vencer el olvido, la muerte y la historia misma.

el artista tiene el privilegio de hacer estallar en su obra todas sus pasiones destructoras. La ficción es más verdadera que la historia porque aquella expresa lo que pudiese haber sido, lo cual es más amplio que lo que es. 

De "La isla de la muerte"
él lo que quiso imaginar fue que estaba muerto; eso lo deseó sentir para ver cómo era aquel estado de su muerte. Cuando lo imaginó, al instante se detuvo su corazón, su cuerpo quedó sin vida y él comenzó a ser milagrosamente feliz al mirar allá abajo, en la ciudad del mundo, sin tener ahora ya sufrimiento alguno (p. 17).

De "Normandía"
Hitler había sido obligado, bajo amenaza de muerte, a firmar las órdenes de ejecución de millones de judíos en los campos de concentración, tristemente célebres. Ellos, los clérigos, aseguraban que Hitler era inocente y tenían pruebas visibles de ello (p. 52).

De "Cita en Roma"
se sentía humillado por esas gentes a las que envidiaba y que hacían el amor con tanta facilidad por tener ellas más belleza física o más dinero (p. 75).

Los peces miran a Dios
Jorge Eduardo Vélez Arango
Talleres litográficos de Gráficas JES
Manizales, 1995
98 páginas

miércoles, 11 de enero de 2023

Varias cuentistas colombianas, de Daniel Samper Ortega


En la colección de 100 títulos de Literatura Colombiana, compilada y publicada por Daniel Samper Ortega entre 1926 y 1937, el volumen 11 consiste en una selección de "varias cuentistas colombianas". Este volumen se complementa con el 89, titulado "las mejores poetisas colombianas". Los restantes 98 títulos de la colección se dedican a la literatura escrita por hombres.

El libro que reune a las cuentistas consiste en la selección de 17 cuentos de 15 escritoras (hay dos de Josefa Acevedo de Gómez y dos de María Cárdenas Roa, quien firmaba como Luz Stella). Según Samper "en el presente volumen hemos querido reunir lo que a nuestro juicio representa mejor la mentalidad femenina colombiana expresada en prosa" y explica que el criterio de selección tuvo en cuenta que hubiese escritoras de distintas zonas del país.

Los cuentos incluidos en el volumen son: 
Josefa Acevedo de Gómez: "Mis recuerdos de Tibacuy" y "El amor conyugal".
Mercedes Párraga de Quijano: "Aurora".
Waldina Dávila de Ponce: "Mis próceres".
Soledad Acosta de Samper: "Luz y sombra".
Eufemia Cabrera de Borda: "Un caballero español".
Priscila Herrera de Núñez: "Un asilo en la Goajira.
Herminia Gómez Jaime de Abadía: "Bajo la bandera".
Concepción Jiménez de Araújo: "Tres deseos".
Ester Flórez Alvarez de Sánchez Ramírez: "Confidencias".
Julia Jimeno de Pertuz: "Fe infantil".
Sofía Ospina de Navarro: "Oyendo a un paisa".
Blanca Isaza de Jaramillo Meza: "Emociones infantiles".
María Cárdenas Roa (Luz Stella): "F.C. Tolima-Huila" y "De la vida".
María Castello: "La tragedia del hombre que oía pensar".
Cleonice Nannetti (Ecco Nelly): "Garoso".

El prólogo consiste en un breve comentario biográfico de cada una de las autoras incluidas en la selección y al final trae una lista de 150 nombres de escritoras colombianas "tomada del estudio que publicó D. Jorge Wills Pradilla en el número 7127 de El Espectador". 

Los textos más antiguos son los de Josefa Acevedo de Gómez. Se trata de relatos que parecen crónicas y textos de "no ficción", al igual que Mis próceres, de Waldina Dávila de Ponce. En contraste, Aurora, de Mercedes Párraga de Quijano, Luz y sombra, de Soledad Acosta de Samper y Confidencias, de Ester Flórez Álvarez de Sánchez, se ocupan de historias románticas en las que el amor frustrado es protagonista. Es interesante el relato Un asilo en la Goajira, de Priscila Herrera, con un contexto histórico claro, y más interesante aún el fuerte anti-peruanismo que se respira en Bajo la bandera, de Herminia Gómez Jaime de Abadía. Los textos Fe infantil, Emociones infantiles y Garoso, tienen como protagonistas a niños (el de Blanca Isaza está más cerca de la crónica o la memoria que de la ficción), y tanto en el texto de Blanca Isaza como en el de Sofía Ospina de Navarro hay una consciencia de lenguaje y de poner por escrito el habla oral paisa. La joya del libro puede ser "La tragedia del hombre que oía pensar", de la bogotana María Castello, relato precursor de la ciencia ficción en Colombia.

Algunos apartes:
Los sectores literarios que nuestras mujeres han cultivado no son abundantes: aparte del místico, en que solamente descuella la madre Castillo (y en el cual se ensayó después doña Silveria Espinosa de Rendón), y del histórico, donde son notables las señoras Gaibrois de Ballesteros y Acosta de Samper, apenas si han cultivado el cuento y la poesía y, en menor escala, el periodismo; con excepción de doña Manuela Sanz de Santamaría de Manrique, que cultivó las ciencias naturales, y doña Josefa Acevedo de Gómez, que también espigó en el campo de la historia y en el costumbrismo (p. 5).

De las modernas, son sin duda las antioqueñas las más interesantes; y aunque no todas quepan en la presente selección, y hayamos de limitarnos a doña Sofía Ospina de Navarro y doña Blanca Isaza de Jaramillo Meza, como a dos de las más caracterizadas, no por ello podemos olvidar que en la privilegiada región en donde vio la luz Tomás Carrasquilla, alentaron y alientan otras buenas cultivadoras de las letras, como Uva Jaramillo Gaitán, Ester Arango, Lorenza de Cock y Amelia Uribe (p. 6). 

temían, además, el calificativo de bachilleras, pues el ambiente de la colonia se prolongó en muchos de sus aspectos hasta bien mediado el siglo, y era muy colonial la idea de que a la mujer le bastaba con saber coser y cocer para su recorrido en este "valle de lágrimas" (p. 12).




Varias cuentistas colombianas
Daniel Samper Ortega (selección y prólogo)
Editorial Minerva
Bogotá, 1936
242 páginas

jueves, 29 de diciembre de 2022

Los convidados de agosto, de Rosario Castellanos

Rosario Castellanos es una de las narradoras más importantes del siglo XX en México. El cuento Los convidados de agosto, reeditado en la colección Vientos del pueblo, del Fondo de Cultura Económica, permite acercarse al tono de su obra y a sus preocupaciones literarias. 

Emelina es una mujer soltera, con una hermana mayor, Ester que le recuerda su estado civil de manera constante, y con un hermano, Mateo, que se comporta como "el hombre de la casa".

Emelina siente verguenza de ser soltera. La soltería es una especie de carencia, de defecto social en su pueblo, Comitán de las Flores. Por eso, las fiestas anuales, con corrida de toros y tablado improvisado, son la oportunidad que identifica Emelina para conseguir, por fin, un hombre a quien querer. Y lo logra, aunque con un desenlace que ella no hubiese deseado.


Algunas frases

¿Cómo va a dejar huellas el tiempo si no nos ha tocado? Porque esperar (y ella no había hecho en su vida más que esperar) es permanecer al margen (p. 17).

Ella también llegaría a la vejez, pero sin haber estrechado entre sus brazoz más que fantasmas, sin haber llevado en sus entrañas más que deseos y sobre su pecho la pesadumbre, no de un cuerpo amado, sino de un ansia insatisfecha (p. 25).

Una mujer sola no es capaz de nada. Como yo, antes de que vinieras (p. 40). 

Los convidados de agosto
Rosario Castellanos (ilustraciones de Ricardo Peláez)
Fondo de Cultura Económica (colección Vientos del pueblo).
México, 2019
44 páginas

jueves, 20 de octubre de 2022

Nueve noches con Violeta del Río, de Leonardo Padura



En las pocas páginas de este libro Leonardo Padura logra mostrar el desgarro vital que implica en las vidas privadas la Revolución Cubana: el narrador, un joven de pueblo que acaba de llegar a La Habana para estudiar, escucha en un bar a Violeta del Río, una cantante de boleros con la que se obsesiona. La mujer parece inaccesible, pero contra todo pronóstico él logra abordarla y vivir nueve noches con ella. El desenlace es el de tantos romances y familias en el marco de la Revolución.

La anécdota del cuento parece sencilla, pero la maestría de Padura es magistral: logra trasladar al lector a La Habana, el calor, el ambiente político y la imposibilidad del reencuentro. El desenlace resulta particularmente poético: el recuerdo emocionado contrasta con la realidad y el  inevitable paso del tiempo,que se siente como un enorme peso. 

El cuento tiene un elemento muy valioso: incorpora pasajes de los boleros que canta Victoria del Río: "Me recordarás, de Frank Domínguez; "Vete de mí", de Virgilio y Homero Expósito, y "La vida es un sueño", de Arsenio Rodríguez.

Nueve noches con Violeta del Río
Leonardo Padura (ilustraciones de Edu Molina)
Fondo de Cultura Económica, colección Vientos del pueblo
México, 2022
31 páginas


Subasta, de María Fernanda Ampuero


La subasta que nos presenta María Fernanda Ampuero es una subasta contemporánea, de personas que son secuestradas en la ciudad para ser vendidas al ladrón que presente una mejor oferta, para que haga negocio con ella: le desocupe su vivienda, sus cuentas bancarias, sus tarjetas de crédito, o haga uso de su cuerpo si así lo desea. Una subasta urbana que evoca las subastas de esclavos de la época colonial.

La narradora tiene un pasado difícil, en un ambiente de galleras y violencias, y esa experiencia previa le permite aprovechar su propio cuerpo, con sus fluidos y olores, para contrarrestar la amenaza que sobre ella se cierne. La chica a la que su papá descalificaba como "mujercita" es una mujer que conoce bien los puntos débiles del supuesto sexo fuerte.

Este cuento corto de María Fernanda Ampuero es perturbador. La historia que narra no se ubica en una ciudad específica y por ello se adapta a cualquier ciudad latinoamericana. El horror que describe en realidad puede ocurrir en cualquier parte y por eso la fuerza de la descripción en un espacio asfixiante resuena mucho rato después de haber terminado la lectura. 

Subasta
María Fernanda Ampuero (ilustraciones de Jessica Ocampo)
Fondo de Cultura Económica, colección Vientos del pueblo
México, 2019
21 páginas


viernes, 14 de octubre de 2022

Yo soy Fontanarrosa, de Juan Villoro

Vientos del pueblo es una colección popular del Fondo de Culura Económica, que reproduce textos breves en un formato de cartilla o fanzine, con papel periódico y edición económica, aunque ilustrada, de escritores reconocidos. Este volumen de Yo soy Fontanarrosa, escrito por Juan Villoro, me costó $3.000, es decir aproximadamente 6 centavos de dólar.

Yo soy Fontanarrosa es un cuento en el que Villoro narra un improbable partido de fútbol de un equipo conformado por policías, en el que cada uno lleva en la camiseta el nombre de algún autor reconocido, dentro de un programa de fomento de la lectura. Así, en la cancha están Kafka, Chéjov, Cortázar, Tolstoi, Kawabata, Hemingway y otros, y el narrador, detenido por orinar una estatua, entra a cubrir el hueco que falta con la camiseta de Fontanarrosa.

Se trata de un cuento corto, divertido, con mucho humor a partir de los referentes literarios y también de la vida urbana en Ciudad de México de la clase media trabajadora. Las ilustraciones de Ricardo Peláez le añaden comicidad a la experiencia lectora: sus trazos e intención guardan relación con la caricatura.

Yo soy Fontanarrosa
Juan Villoro (ilustración de Ricardo Peláez)
Fondo de Cultura Económica, colección Vientos del pueblo
México, 2019
29 páginas

martes, 18 de mayo de 2021

Sofoco, de Laura Ortiz Gómez

Nueve cuentos alrededor del conflicto armado colombiano componen "Sofoco", el hermoso libro con el que la autora bogotana Laura Ortiz Gómez ganó el premio de narrativa Elisa Mújica en 2020. 

Son cuentos que dialogan entre sí, pero no a partir de personajes o situaciones comunes sino desde la sensación de sofoco que los atraviesa. Los cuentos de Laura Ortiz ocurren en este "paisito de narcos", en el que los soldados cantan "sube sube guerrillero, que en la cima yo te espero con granadas y morteros" y que ella relata desde los márgenes. No aparecen en sus páginas las grandes ciudades ni los poderosos, sino los ríos, los pueblos, los animales y la gente que vive el ahogo del conflicto, la violencia y la pobreza: desplazamiento forzado, tortura, guerrilla, paramilitares, violencia sexual y racismo son algunos de los hechos victimizantes que reconstruye la autora, a partir de un ejercicio literario que mezcla datos y aguda observación con un manejo de voces y tiempos que le permiten construir atmósferas opresivas, asfixiantes. 

La muerte ronda por casi todas las páginas del libro. La muerte física de la guerra, pero también la muerte de los sueños, de la infancia y de la alegría. Los personajes de Sofoco son tristes pero no resignados: casi todos los cuentos traen un punto de giro en el que el personaje intenta darle una vuelta a su destino para liberarse del terror o el tedio. 

Los textos de Laura Ortiz están construidos a partir de frases cortas, como sentencias, y de imágenes precisas del entorno en el que transcurren las historias. La ubicación geográfica no ofrece nombres propios de ciudades, pueblos o veredas que se ubiquen en el mapa, pero la descripción del territorio permite identificar con claridad los espacios en los que ocurren los relatos: espacios muy colombianos, marcados por la ruralidad y el miedo. 

Los nueve cuentos incluidos en el libro son "Aíta la muerte", "Tigre americano, panthera onca", "Mingus el ardiente", "Esperar el alud", "El corazón del señorito", "La cajita de Avon", "El último Pibe Valderrama", "Un toro bien bonito" y "Parto de vaca". En varios de ellos la autora trabaja el giro animal como una forma de potenciar la atmósfera brutal, salvaje o enrarecida que describen sus historias

Sofoco aporta en la construcción de una memoria literaria del conflicto armado colombiano y lo hace sobre todo desde sus personajes femeninos que presentan puntos de vista diversos alrededor del impacto de la violencia (incluyendo la sexual) en sus vidas y sus familias. Es, sin duda, un libro valioso. 


Algunas frases

Aíta la muerte
Una diría que la guerra es como las películas de acción. Pero no. Es quieta. Más que quieta es monótona. A la gente la matan y la matan y la matan, pero la guerra sigue (p. 9).

La guerra no se trata de nada. Es un agujero que escupe muertos (p. 9).

El ruido es enemigo del recuerdo (p. 10).

El noviazgo de pueblo se consuma en cualquier rinconcito oscuro (p. 12).

La muerte es la única cosa respetable que nos queda (p. 12).

Cuando una mujer pasa de los cuarenta, los hombres ya ni se esfuerzan en ocultar que se sienten superiores (p. 14). 

Tigre Americano, Panthera Onca
Me pongo muy triste cuando pienso en todo lo bueno y bonito que era el mundo antes de que yo naciera (p. 24). 

Doña Cleo le toma la mano y le dice: A Luisa también. Y a la Mónica. No les vaya a decir que yo le conté, a ellas les da mucha vergüenza. Pero solo le cuento esto para que vea que usted no está sola. Que les ha pasado a muchas. Ellos no tienen alma y no se merecen nada. (p. 27). 

Mingus el ardiente
Los palenqueros ya estaban hartos de recoger yanquis, darles comida, aparecer en sus documentales independientes y nunca más saber de ellos (p. 38). 

Esperar el alud
El socialismo es un verso que alcanza solo para el sexo; el piso de tierra no, nunca, será amor (p. 55).

Solías decir: Estoy curado de espanto. No era cierto. De los espantos no se cura nadie. (p. 59). 

Entre tanto advenedizo quién es Dios (p. 60). 

Los suicidios no suelen tener testigos. Voy a cerrar los ojos por pudor (p. 61). 
 
El corazón del señorito
Todos quieren amor, pero nadie quiere lavar los platos (p. 66).

¿Cómo se dice cuando puedes ver la belleza de lo que ya estás perdiendo? ¿Cómo se dice, Ricardito, cuando hay nostalgia de algo que sucede en presente? (p. 76). 

El último Pibe Valderrama
Tampoco le gustaban los niños. Solía decir: Los hijos son pedos, solo se los aguanta el dueño (p. 91).

En mi casa éramos así, apilábamos secretos, unos sobre otros, minuciosamente, haciendo un exoesqueleto familiar. (p. 98).

Como de gente que quería la aprobación del padre mundial, para existir por fuera de la cara de Pablo Escobar (p. 99). 

Un toro bien bonito
Escribir sirve para conjurar fantasmas. Traer vida a lo que se ama y lo que se odia. (p. 105). 

Parto de vaca
Lo más cercano a parir es cagar (p. 111)

El paisaje es un lujo pa´los ricos que se sientan a ver (p. 111).

Ya estoy caminando, esquivando las miradas de los vecinos, que a su vez esquivan mis miradas. Aquí en Alto Bonito nos presentimos en diagonal (p. 112).


Sofoco
Laura Ortiz Gómez
Laguna Libros
Bogotá
Abril de 2021
121 páginas

jueves, 24 de diciembre de 2020

Caperucita se come al lobo, de Pilar Quintana

Empecé la primera página de este libro en la sala de espera del aeropuerto. Seguí leyendo durante el vuelo y terminé al aterrizar. Quiso el azar que leyera "El estigma de Yosef" la víspera de Navidad y "Hasta el infinito", que trata sobre un accidente aéreo, a muchos pies de altura. 

Caperucita se come al lobo reúne ocho cuentos breves. Seis ya habían sido publicados en 2012 y los dos últimos se sumaron para esta edición. Son cuentos sobre sexo y violencia física o simbólica en dosis más o menos similares, aunque en las críticas sobre este libro prime la lectura erótica, quizás por lo normalizada que está la violencia en general, y la violencia del patriarcado en particular. 

La mayoría de los cuentos, como "Olor", "El hueco", "Caperucita se come al lobo", "Amiguísimos", "Una segunda oportunidad" y "Hasta el infinito", abordan desde distintos ángulos el deseo femenino: la necesidad biológica y mental de las mujeres para relacionarse sexualmente con otros, sin culpas ni encadenamientos, aunque esa forma de atracción haya sido tradicionalmente asignada a los hombres. La autora, desde la ficción, reivindica este ámbito erótico para las mujeres casadas o solteras, jóvenes o maduras.

"El hueco" es un cuento con una tremenda violencia física, que remite sin mencionarlo a las épocas duras del narcotráfico. "Violación" es otro cuento sobre violencia, en este caso sexual, en el que el punto de vista desde el que se narra es el del violador y por eso es el título el que pone la acción en un justo contexto.

La mayoría de los cuentos de este volumen son anteriores a La Perra, una novela que al igual que este libro utiliza un lenguaje centrado en la acción, con pocos adjetivos y casi ninguna digresión. La autora edita y depura hasta conseguir textos narrativos breves que en pocas palabras concentran la fuerza de personajes corrientes de clase media colombiana, que podrían habitar en cualquier ciudad. 


Caperucita se come al lobo

Editorial Random House

Bogotá, 2020 (primera edición 2012).

99 páginas.