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domingo, 10 de septiembre de 2023

La Costa Nostra, de Laura Ardila Arrieta

La Costa Nostra es una investigación periodística que pudo salir a la luz gracias a la persistencia de su autora y a la presión ciudadana. El libro estaba listo para ser publicado por Editorial Planeta, pero a último minuto la editorial decidió abstenerse de imprimirlo porque, según dijo, había un alto riesgo de litigio. La periodista Laura Ardila denunció este acto de censura, la indignación ciudadana fue alta, la editorial Rey Naranjo decidió correr el riesgo y en menos de tres semanas el libro agotó su primera edición de 10.000 ejemplares.

Aunque la investigación se ocupa de un clan político de Barranquilla, el de Fuad Char y sus hijos, en realidad el libro presenta una radiografía sobre cómo funciona el poder político regional en Colombia, en el que los políticos nacionales posan en Bogotá de ser adalides de la lucha contra la corrupción, pero en las regiones se alían con el que les garantice votos, sin mayores miramientos de tipo ético y sin mayor interés del periodismo nacional. Sucede en Barranquilla, como lo cuenta Laura Ardila, pero también en el resto del país. 

La obra es una investigación periodística de largo aliento, dividida en seis capítulos, que comienza con la crónica sobre la llegada de los inmigrantes sirolibaneses al Caribe a comienzos del siglo XX, para contar la historia de los antepasados de Fuad Char en Lorica. Luego, poco a poco, la trama deja el tono histórico, se traslada a Barranquilla y se adentra en vericuetos de la reportería de investigación: nombres, contratos, fechas y datos precisos que revelan las claves de un entramado de corrupción electoral y política, en el que los mismos contratos públicos terminan financiando la compra de votos que garantiza la permanencia en los cargos. El telón de fondo son relaciones no muy claras con personas vinculadas al narcotráfico, el lavado de activos y el paramilitarismo.

Son muchos nombres que a veces pueden confundirse para quien no está familiarizado con la letra menuda de la política barranquillera, pero ese nivel de detalle es precisamente lo que le da valor al libro: es evidente que Laura Ardila investigó con suficiencia y conoce de lo que habla. La otra gran virtud es el lenguaje: la autora cita políticos pero también a Marbel Moreno y a Alfonso Fuenmayor. Se le nota que ha leído, que domina el oficio de escribir y que lo hace con seguridad desde su lenguaje Caribe. Sus expresiones costeñas refuerzan la verosimilitud del texto porque hacen notar que la autora no es una advenediza en el entorno que narra. Al contrario, lo cuenta desde las entrañas y con el mismo acento en el que ocurren los hechos.

Laura Ardila revela algunas de las características de la fórmula Char: cerrada endogamia; eficiencia corporativa que les garantiza éxito político; interés por monopolizar los mensajes y, en consecuencia, altos gastos en publicidad para periodistas locales y nacionales; alianzas con políticos de relevancia nacional y financiación bajo cuerda de políticos de otros partidos, lo cual les garantiza control absoluto del poder regional.

No sé si el libro ameritaba el intento de censura, porque buena parte de lo que cuenta (no todo) ya había sido publicado previamente por la autora en La Silla Vacía. No creo que el libro deteriore la imagen de los Char, que no es buena en el resto del país, y en Barranquilla controlan con o sin libro. Lo que sí creo es que esta publicación desnuda algunas claves sobre cómo funciona la política local en concreto, y valdría la pena rastrear cómo se observan esas tácticas en otras zonas del país, con menos visibilidad, pero con iguales niveles de corrupción. El mérito de este texto es que muestra cómo hacer ese tipo de rastreo periodístico. Sin duda este camino que abre Laura Ardila será inspirador para los reporteros que empiezan su carrera o están aún en las aulas y ven a partir de este ejemplo que los poderes intocables sí se pueden tocar.


Algunos subrayados

Del prólogo de Juanita León: "es una ventana a cómo se suele hacer política en Colombia: los discursos de estadista en la capital, mientras en las regiones esos mismos políticos entregan por debajo de la mesa bolsas de dinero a cambio de los votos que su verbo no logra movilizar" (p. 18).

Del texto de Laura Ardila: 

unas élites del poder nacional en Bogotá toleran y se asocian con fuerzas regionales, muchas veces cuestionadas, para servirse de sus votos y ganar elecciones. Luego, cuando el cuestionado regional cae en desgracia ante la ley o ya no es útil electoralmente, esos poderosos del centro toman conveniente distancia y desconocen a sus otrora aliados (p. 23).

mientras los periodistas políticos a veces nos concentramos solo en las declaraciones que ofrecen los poderosos en Bogotá, en las regiones se están dando movidas extraoficiales que definen tanto o más lo que pasa en el país (p.26).

maletas que cargaban más ilusiones que ropa (p. 29). 

Los taxistas suelen ser la primera memoria de un lugar (p. 41).

creyente entusiasta de las encuestas internas, que por tres décadas ha usado para tomar sus decisiones de política electoral (p. 48).

tiene al día su departamento de lealtades (p. 49). 

otro de tantos grupos que conformaban la colcha de retazos, cada uno con patrón propio, que era en ese entonces el Partido Liberal (p. 50).

controlar entes públicos era sinónimo de poderío, de capacidad para conseguir votos. Añadía brillo a la dignidad que significaba hacer política (p. 51). 

Una convivencia con el narcotráfico que no era nueva en una ciudad compleja, que llevaba -y lleva- décadas contando entre los miembros de su alta sociedad a personajes que hicieron riqueza traqueteando o lavando plata, sin que nadie dijera nada. Por miedo o por tolerancia (p. 91). 

Uno de los factores clave para entender esa imagen que tienen son las excelentes relaciones que han forjado con periodistas locales y nacionales, que son objeto de su dadivosidad (p. 97).

En Carnavales se ha vuelto común ver a directores o editores de grandes medios de Bogotá bailando en la carroza de los Daes o como invitados VIP en conciertos financiados por empresarios (p. 98).

La estrategia política que han tenido con el equipo ha consistido en hacer las compras de jugadores de fútbol más costosas en la historia de Colombia para llevar al Junior a su mejor década deportiva, al tiempo que gobiernan (p. 114). 

El mandatario empezó una estrategia de comunicaciones que desde entonces le ha apostado, más que a la difusión de mensajes, al control del mensaje, de un único mensaje, sostenido principalmente en la gestión de obras civiles (p. 121). 

Algunos asesores lo llaman "efecto espejo" y consiste en salir a buscar un validador afuera, si en tu propia casa no creen en tu mensaje (p. 123). 

Los Char sumaron una millonaria chequera en pauta oficial para los medios locales, adjudicada casi toda a dedo y ejecutada a través de intermediarios, agencias de publicidad o fundaciones que subcontratan, lo que hace difícil poder establecer la totalidad de beneficiarios (p. 124).

informalmente se conoce como content marketing, que consiste en publicar contenido institucional sin advertirlo; es decir, haciéndolo pasar como contenido periodístico del medio (p. 125). 

La gasolina con la que anda una maquinaria política, aparte de la plata, son los puestos. El acceso a lo público, a los recursos, al timón de mando (p. 151). 

La muy usual dinámica del poder en Colombia, que consiste en que unas élites de la capital patrocinan y se juntan con fuerzas regionales muchas veces cuestionadas para servirse de sus votos y ganar elecciones. Pero, a la hora de los líos judiciales o de imagen, les dan la espalda y no se despeinan, como si no fueran dos caras de la misma moneda (p. 157). 

Esta manera de conseguir votos usando lo público en beneficio propio es otra de las prácticas comunes de las maquinarias de los políticos tradicionales (p. 159). 

financiar políticos propios o de otras maquinarias. Esta decisión les garantizó contar con cabildantes que no hacían grandes exigencias burocráticas y tener total control sobre las secretarías y demás altos cargos del distrito (p. 177). 

Las maquinarias siempre están en elecciones o preparándose para unas (p. 185).


La Costa Nostra
Laura Ardila Arrieta
Rey Naranjo Editores
Bogotá
Agosto de 2023
224 páginas


domingo, 19 de marzo de 2023

Recuerdos de un viaje, de María Botero Robledo

Sobre María Botero Robledoo no se sabe prácticamente nada. En el libro "Recuerdos de un viaje" narra una travesía desde Manizales hasta Barranquilla y Cartagena en 1916, pero ni el texto ni el libro en sus anexos trae algún dato que permita ubicar su contexto personal o familiar. Sólo dice que es de Manizales y estudió con religiosas, que este viaje lo hace con su familia (no se sabe quiénes la conforman), y con una paisana, y cuando está en Barranquilla informa que su abuela la visitará. Al final el libro incluye una foto de su casa en Manizales.

Ante la falta de información sobre la autora, conviene centrarse en el libro: Recuerdos de un viaje fue publicado en 1929 en Pamplona (España) y el pretencioso prólogo escrito por el Padre Fabo deja claro que fue él quien se encargó de la publicación. Se trata de un libro precioso, de formato pequeño, que incluye una foto de la autora a color, así como ornamentación en color azul en la parte superior e inferior de todas las páginas. La impresión es en papel satinado y el texto se acompaña de pequeñas fotos de los lugares que menciona la autora, aunque pareciera que son fotos proporcionadas por el Padre Fabo o el editor, y no de autoría de la escritora, pues ella misma en el texto dice que quisiera que sus ojos fueran una cámara fotográfica que pudiera guardar lo que ve. 

El viaje parte a finales de 1916, posiblemente octubre, desde Manizales. El grupo avanza cuatro días a caballo hasta Mariquita. La primera noche duermen en Chupaderos, la segunda en Mesones, la tercera en Fresno y al cuarto día llegan a Mariquita. Descansan una jornada y luego toman un tren a La Dorada, con escala de dos horas en Honda. En la Dorada abordan el vapor Medellín por el Río Magdalena y las páginas que siguen a continuación son quizás las más valiosas del libro, porque está lleno de detalles descriptivos sobre una forma de transporte que desapareció.

La autora informa los nombres de todos los vapores con los que se cruzan, los pueblos y caseríos que hay a orillas del río, y describe algunos en los que evidentemente se baja del barco y tiene la oportunidad de recorrer. 

El vapor parte un lunes de La Dorada y llega el sábado a Barranquilla, en donde la autora permanece más o menos dos o tres semanas, aunque no es claro el tiempo de la estadía. En Barranquilla describe los barrios, los sitios que conoce de la ciudad y costumbres locales que ella ve con el asombro de una visitante. La descripción minuciosa de la Barranquilla de comienzos de siglo es sin duda otro elemento que hace que esta lectura cobre interés. 

Luego toma un vapor hasta Calamar y allí abordan el "tren correo" a Cartagena, ciudad en la que visita sitios que todavía hoy se pueden identificar. Para el regreso toman el mismo tren a Calamar y allí abordan el vapor Córdoba hasta La Dorada, luego el tren a Mariquita y por último el viaje a caballo o a pie hasta volver a Manizales. 

Este libro es sin duda una curiosidad: el nombre de María Botero Robledo no aparece en las historias de la literatura caldense y se trata de uno de los primeros libros de narrativa publicados por mujeres en esta región, anterior a la novela Una mujer, de Natalia Ocampo de Sánchez, publicada por Editorial Zapata en junio de 1936. Recuerdos de un viaje es un texto descriptivo de lugares, geografías y costumbres, en el que la autora muy ocasionalmente incluye reflexiones sobre la mujer, los sacerdotes o la educación. Se trata de una prosa clara que permite viajar con la autora y recuperar a través de este libro paisajes que hoy ya no existen.

Algunas frases
Del prólogo del Padre Fabo: "La Srta. Botero no filósofa, ni alardea de erudita, ni plantea problemas de compleja psicología, ni mete sus tijeritas de oro entre las labores políticas de sus coterráneos, sino que echa al aire sus impresiones casi infantiles y canta la canción de la vida" p. 8. 

"No he pretendido jamás figurar en el bello campo de la literatura, tanto más tenido cuánto es más deleznable, y en el que basta una plumada para caer en el rango del ridículo  Suplico, por eso, a los que leyeron, anticipen su indulgencia y disimulen los errores que encuentren" p 13. 

No goza tanto una prometida con sus atavíos de boda, como yo arreglando baúles o maletas para emprender un viaje. p 15.

Se me pareció este arriesgado lance a la lucha tenaz del periodismo: los grandes barcos como los escritores con ideas amplias y fijas, afianzados en su casco, enarbolando la bandera de la verdad y dirigidos por hábiles pilotos, permanecen firmes, desafiando serenos el empuje de las olas. Al contrario, los pequeños botes, remadod con zozobra, fluctuando entre la duda, luchando con las encontradas aguas de la contradicción, en más de una ocasión y a no ser por la ayuda de sus mayores, hubieran desaparecido en el agitado mar de la sociedad p. 32.

A la salida del templo presenciamos una curiosa entrevista de un viejecito como de 70 años; se encontraron en el atrio y, al reconocerse, fué tal el entusiasmo, que el anciano, estrechando la mano de su amiga, le dio el saludo acostumbrado en esta tierra: un beso. p. 43

Estudiar el corazón de la mujer es analizar un enigma, sólo comprendido por el Supremo Artista que lo formó. p. 47.

cuando a él se acerca uno con la cautela del minero, extrae de su rica mina el precioso metal que correo por sus venas; pero el que con mano brusca levanta la pica y rompe la roca, un torrente de agua despiadada de desoriente, y al caer en tierra levanta el polvo y se convierte en modo, salpica sus vestidos y oscurece sus atrevidos ojos...... p. 48

¡Honor y gloria al médico que, convencido de su nombre misión sobre la tierra, al alejarse de la presencia del doliente, deja un vivo recuerdo semejante a la estela luminosa que deja el vapor, cruzando en noche oscura el mar borrascosas de la enferma humanidad! p. 50.

"felices las niñas que pueden desde temprana edad gustar la educación religiosa, como el dulce néctar que puede acompañar a la mujer en los días de peregrinación sobre la tierra" p. 52. 

En Barranquilla no se ve a nadie descalzo, ni se ven ruanas ni pañoloness, a no ser forasteros. p. 58

Yo deseaba que mis ojos fuesen como cámara fotográfica para poder grabar en ellos los bellísimos paisajes que en ese día logré contemplar. P. 65

A diario se oyen disparos a bordo, persiguiendo los enormes caimanes que con aterradora malicia engañando los inocentes animales con su mirada astuta los ahuyentan de las orillas p. 89.


Recuerdos de un viaje
María Botero Robledo
Editorial Aramburu
Pamplona, España
1929
100 páginas

martes, 3 de abril de 2018

Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez

Cuando Silvia Gálvis publicó "Los García Márquez", su compilación de entrevistas a los hermanos de Gabriel García Márquez, dijo que en el habla común de la familia y en las historias que contaban con naturalidad estaban las claves del realismo mágico de Macondo y Cien años de Soledad.

Vivir para contarla es la autobiografía de Gabriel García Márquez (anunció varios volumenes y finalmente sólo publicó éste) que confirma esa afirmación de Silvia Gálvis: la vida cotidiana de García Márquez, su infancia, su mamá, las historias de sus abuelos maternos, la pobreza y tantos detalles particulares de sus primeros años configuraron un universo propio que se refleja en su obra posterior.

El complemento para esa vida fueron sus lecturas y en Vivir para contarla el Nobel de literatura hace un reconocimiento a sus maestros de sus primeros años: Estando en el colegio leyó la poesía del Siglo de Oro español, La isla del Tesoro, El conde de Montecristo, las mil y una noches, Nostradamus, El hombre de la máscara de hierro y La Montaña Mágica, de Thomas Mann, entre muchas otras. En sus primeros años en Bogotá se acercó a Jorge Luis Borges, D.H. Lawrence, "Contrapunto", de Aldous Huxley, "La señora Dalloway", de Virginia Woolf, (a quien le robó el nombre de su seudónimo Séptimus) Graham Greene, Chesterton, William Irish y Katherine Mansfield. Dedica un buen espacio para explicar la turbación que le produjo La Metamorfosis de Kafka, y en distintos apartes del libro menciona a William Faulkner, con Luz de Agosto, El sonido y la Furia y Palmeras Salvajes. También cuenta que leía a León de Greiff y lo escuchaba en un café en Bogotá; que el "Ulises", de James Joyce es la otra Biblia; que Bola de Sebo, de Maupassant es un gran cuento, y La pata de mono, de W.W. Jacob es el cuento perfecto.


La autobiografía está escrita en ocho capítulos de extensión similar y cada uno con un tema definido. No se trata de una narracción lineal ya que empieza con García Márquez trabajando como periodista en Barranquilla, pero ese rol lo desarrolla muchas páginas después. La primera parte se dedica a un viaje de regreso con su mamá a Aracataca, que sirve para entrar en el mundo de su infancia, su familia y a partir de ahí en su universo literario posterior.

El libro se ocupa de la infancia errante, el bachillerato en Zipaquirá, el estudio de Derecho en la Universidad Nacional en Bogotá, el Bogotazo, su inicio como periodista en El Universal de Cartagena, su traslado a Barranquilla y su trabajo posterior en El Espectador de Bogotá. El libro termina cuando El Espectador lo envía a Europa por dos semanas, en un viaje que se prolonga por varios años.

Se trata de un libro muy colombiano, lleno de nombres propios de lugares y personas, con comentarios de la historia política colombiana, y por eso puede resultar difícil para un lector extranjero. Pero para un colombiano se trata de una lectura que permite entender otras facetas del Nobel, desde detalles anecdóticos sobre cómo sobrellevaba la pobreza o su pánico a montar en avión hasta su pasión por el periodismo y su concepto de la amistad.

Algunas frases:
Las setenta bacinillas que compraron mis abuelos cuando mi madre invitó a sus compañeras de curso a pasar vacaciones en la casa.

Todo novio era un intruso.

En una época tuve una cierta tentación por sus costumbres de cazador furtivo, pero la vida me enseñó que es la forma más árida de la soledad.

Nada se comía en casa que no estuviera sazonado en el caldo de las añoranzas.

Le quedaban tan ceñidos al cuerpo que parecía más desnuda que sin ropa.

También de allí puede venir mi convicción de que son ellas las que sostienen el mundo, mientras los hombres lo desordenamos con nuestra brutalidad histórica.

Era un matrimonio ejemplar del machismo en una sociedad matriarcal, en la que el hombre es rey absoluto de su casa, pero la que gobierna es su mujer.

Nuestra fortuna mayor fue que aun en los apuros más extremos podíamos perder la paciencia pero nunca el sentido del humor.

Más que una entrevista clásica de preguntas y respuestas -que tantas dudas me dejaban y siguen dejándome- (...) me puso a pensar por primera vez en las posibilidades del reportaje, no como medio estelar de información, sino mucho más: como género literario. novela y reportaje son hijos de una misma madre. 

La cumbre de la poesía universal son las coplas de don Jorge Manrique a la muerte de su padre. 

El terror de escribir puede ser tan insoportable como el de no escribir. 

Sobre todo de poesía, aún de la mala, pues en los peores ánimos estuve convencido de que la mala poesía conduce tarde o temprano a la buena.

Aún no existía la televisión en Colombia, pero Gloria Valencia inventó el prodigio metafísico de hacer por radio un programa de desfiles de modas. 

Hasta descubrir el milagro de que todo lo que suena es música, incluidos los platos y los cubiertos en el lavadero, siempre que cumplan la ilusión de indicarnos por dónde va la vida. 


Vivir para contarla
Gabriel García Márquez
Editorial Norma
Bogotá, 2002
584 páginas

jueves, 22 de febrero de 2018

Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla, de Alfonso Fuenmayor


Haciendo gala de una prosa deliciosa, exquisita, con dosis de humor y muchas anécdotas, Alfonso Fuenmayor presenta en este libro una compilación de 13 textos que orbitan alrededor del Grupo de Barranquilla, que conformaron Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez, Germán Vargas Cantillo y el autor, entre otros.

Las crónicas de Alfonso Fuenmayor se construyen por lo general en torno a un personaje: El pintor Alejandro Obregón, el poeta León Felipe, el pintor Orlando Mejía "Figurita, Julio Mario Santodomingo, Alvaro Cepeda Samudio...

No se trata de un texto analítico que ofrezca crítica literaria o artística. Tampoco es una reconstrucción histórica. Se trata más bien de un anecdotario rico en detalles, y escrito con un lenguaje cuidado, elaborado, que obliga cada tanto a consultar el diccionario sin que por ello el texto resulte pedante.

Una pequeña joya que da pistas para entender por qué desde un pequeño lugar en Barranquilla un grupo, unido por la amistad, logró remover los cimientos más profundos de la literatura y la pintura en Colombia.


Algunas frases
El grupo empezó a formarse allá en mil novecientos cuarenta y tantos. Latente y subrepticio, el grupo "funcionaba" teniendo como cabezas cimeras a Ramón Vinyes y a José Félix Fuenmayor.

Alvaro Cepeda Samudio lo declaró sin tapujo y sin ambages: "Todos provenimos del viejo Fuenmayor".

Eran, entre otros autores, Cortázar -que para el grupo se inició con Los Reyes-, Felisberto Hernández, Borges, Kafka, Joyce, Virginia Woolf, Neruda, Sartre, Camus, Hemingway, Saroyan, Caldwell.

aquella frase del doctor Johnson, según la cual "nada mejor ha inventado el hombre para su felicidad que una buena taberna".

Para entonces la vulgaridad del plástico no había invadido este rincón del planeta.

¿te das cuenta de que esto de la felicidad es un cuento chino y que si existe dura poco?

Lo que seguirá sucediendo, si es que no se legisla a nivel universal como lo ha pedido Gabito, en el sentido de que se prohiban las metáforas y se castigue su uso hasta con la pena de muerte. "Una sanción más bien leve, comentaba el padre del Patriarca, para un delito tan atroz".

Los párrafos eran reiterativos, tautológicos. En fin, la materia prima con que están hechos los boleros. 

(Sobre Plinio Apuleyo Mendoza): Las orejas mostraban una cierta tendencia a separarse del sitio que ocupaban y parecían, como dijo un observador, que quisieran captar todos los sonidos del universo y hasta la pitagórica música de las esferas.

Los cartageneros se distinguen de la demás gente porque parecen desplazarse con un halo.


Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla
Alfonso Fuenmayor
Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura
Bogotá, 1981
210 páginas

martes, 20 de febrero de 2018

Sobre literatura colombiana, de Germán Vargas Cantillo


Aunque el título de esta compilación de textos (columnas, prólogos, reseñas, breves ensayos literarios) se llama "Sobre literatura colombiana", en realidad la mayoría de las páginas son sobre el Grupo de Barranquilla, bautizado así en El Tiempo por Próspero Morales Padilla, y del que hicieron parte el autor, Germán Vargas Cantillo, así como otros nombres destacados, encabezados por Gabriel García Márquez, y seguido por Alfonso Fuenmayor y Álvaro Cepeda Samudio.

En algún aprte del libro el autor aclara que ellos cuatro fueron los miembros permanentes del grupo, y que a su alrededor en distintas épocas estuvieron otros como el pintor Alejandro Obregón, el fotógrafo Enrique Scopell y otra serie de nombres.

Este libro, publicado en 1985, recoge distintos textos sobre literatura colombiana escritos por Germán Vargas Cantillo entre 1949 y 1983. Leerlo es hacer un viaje ameno por la historia de la literatura colombiana, en la que el autor destaca a Tomás Carrasquilla, Efe Gómez y José Estasio Rivera, entre los muy pocos nombres a resaltar antes de la irrupción de García Márquez y Cepeda Samudio, que le deben buena parte de su oficio narrador al escritor José Félix Fuenmayor.

El libro está dividido en tres partes y en total incluye 30 textos relativamente cortos sobre autores, libros, revistas literarias. Es muy llamativa la descripción que hace de un escritor desconocido, un tal Fermando Vallejo, "un autor de quien no se tienen mayores noticias, fuera de la que es un escritor antioqueño que vive en México y que investigó en forma exhaustiva, completísima, la vida y obra de Barba Jacob". Así mismo son memorables sus textos sobre el momento en el que García Márquez recibe la noticia del Nobel en México, y la posterior ceremonia de entrega en Estocolmo. Esos dos textos justifican plenamente el esfuerzo de conseguir este libro, que hace años dejó de circular.

Algunas frases
El país ha vivido, hasta ahora, si se apartan las obras de Efe Gómez, de lo que equivocadamente se califica como cuento "terrígeno", cuyo centro de producción se ha emplazado en la feraz comparca caldense. Los cuentistas de Manizales y de Riosucio, de Salamina y de Calarcá, se han entregado a una especie singularísima de cuento "nacionalista" que resulta tremendamente falso por el uso y el abuso de la retórica empalagosa y que, al fin y al cabo, viene a ser la negación de lo auténticamente nacional.

La obra de José Eustasio Rivera es una de las mejores novelas que se han escrito en Colombia, lo cual no es mucho decir. 

Toda la literatura colombiana de la violencia, escrita y publicada en los primeros años, cuando aún se vivía en forma permanente esa tremenda etapa, se leyó y pasó, sin que hoy merezca ser considerada literariamente como nada distinto de documentos de consulta.

Cepeda Samudio es, como podrá apreciarlo quien lea estos cuentos, un poeta, que es una de las mejores maneras de ser algo: un cuentista, un novelista, por ejemplo. Y es también -condición básica para quien escribe literatura y ficción- un periodista.

Con José Félix Fuenmayor irrumpe en la literatura colombiana la novela urbana, la ciudad de cuerpo entero. Un joven crítico colombiano, Juan Gustavo Cobo Borda ya dijo, con su habitual agudeza que Cosme es la primera novela urbana en Colombia.


Sobre literatura colombiana
Germán Vargas Cantillo
Fundación Simón y Lola Guberek
Editorial Lealón
Medellín 1985
251 páginas

miércoles, 18 de abril de 2012

Maracas en la ópera, de Ramón Illán Bacca



Al final de esta novela se cuenta que Zaira, uno de los muchos personajes que aparecen, planea escribir una historia sobre la vida nocturna de Barranquilla, cuyo título sería "Entre lo barroco y lo chévere". Ese título sirve también para describir en qué consiste Maracas en la ópera. 

Así como lo barroco y lo chévere parecen "opuestos", así también lo son unas maracas en una ópera. La novela puede ser descrita de muchas maneras: como una novela muy caribe, muy macondiana, muy atiborrada de cosas, o como una novela de una saga familiar que cuenta en desorden la historia de un Oreste Segundo Antonelli-Colonna Palacio, su papá Domingo y su abuelo Amadeo (y sus esposas, amigos, socios, amantes, enemigos, vecinos, etc.), o como una novela histórica que en escasas páginas habla de la Guerra de los Mil Días, la Batalla de Palonegro, la Masacre de las Bananeras, Gaitán, Jaime Bateman y otros hechos. 

No sé cuántos personajes aparecen. Muchos. Hay un ambiente carnavalesco en el que pasan muchas cosas todo el tiempo. En Italia, en Panamá, en La Guajira, en Barranquilla, en Cartagena. Como un circo de tres pistas. La historia de la última generación ocurre en torno a Villa Bratislava, una casa decadente de Barranquilla (como la familia) que pasó de restaurante a burdel y de burdel a inquilinato, o algo así. El abuelo era un inmigrante italiano, tenor, y ese talento lo heredan su hijo y su nieto, quienes cantan ópera en el baño o en sitios non sanctos, pero tienen sensibilidad para la música. Por eso todo el libro está lleno de referencias musicales, así como algunas sobre cine. Todo esto mezclado con humor, con apuntes divertidos que llegan en forma de avalancha. Es una novela densa y divertida, con la que el samario Ramón Illán Bacca ganó el Tercer Concurso Literario Cámara de Comercio de Medellín en 1996. Sin duda vale la pena leerla.

Las frases:
"En esos instantes sabía que estaba disfrutando de los catorce momentos de felicidad que, ni uno más, según el califa Abderramán, nos da la vida".

"fue perfecto, como dedo de fraile en culo de monja".

"Esa noche hicieron el amor tan maravillosamente que Bratislava le confesó que "por un momento me provocó levantarme y ponerme a aplaudir"".
"su patria era el hombre que amaba".

"De nuestro padre sólo heredamos el apellido y la prepotencia que, además, cultivamos".

"El obispo dijo en el sermón dominical que no había mayor refutación al comunismo que una madre".

"y yo le contesté lo mismo que Eugenia de Montijo a Napoleón Tercero: "El camino a mi alcoba pasa por la iglesia"".

"aquí en la costa tenemos hermanos legítimos, medios, de crianza y de leche, y todos son de la gran familia".

"La clientela mermó mucho y ni siquiera los bailes de Férica Constelación, que a semejanza de los de Londres, consistían en que cada una de las parejas llevaba sus audífonos así que cada cual bailaba un ritmo distinto, logró revivir el esplendor de Villa Brasitlava".

"El resultado fue que en ella se desató un inmenso amor por él, como sólo saben hacerlo las mujeres solitarias e inválidas".

"-Si bien el pescado ayuda al cerebro, usted necesitaría una ballena diaria".

"y sintió de nuevo esa felicidad rosadita como de andar sobre nubes, como de escuchar a Mozart, como de volver de nuevo al primer jardín de la infancia".

"se dio cuenta de lo que sintió Eva cuando supo que hacer sexo era el único deleite que no se había quedado en el paraíso".

"la vieja fórmula leguleya de los tres tiempos: lento, más lento y parado".

"las declaraciones son como los cheques, su credibilidad depende de quién los emita".



Ramón Illán Bacca
Maracas en la ópera
Espasa Narrativa, Editorial Planeta
Bogotá
1999
172 páginas