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viernes, 2 de enero de 2026

Puñalada trapera (cuentistas colombianos)

Me volví lectora de cuentos leyendo antologías. Recuerdo con particular cariño las de Luz Mary Giraldo, así como las antologías de cuento latinoamericano de distintos autores. Las antologías tienen la ventaja de ofrecer una visión panorámica que permite conocer registros diversos autores y, a veces, sorprenderse con escritores de los que uno no tenía noticia.

Desde hace algunos años la editorial Rey Naranjo emprendió la tarea de publicar antologías de cuentistas colombianos contemporáneos, bajo el título Puñalada trapera, que ya va en su segundo volumen. 

Lo único que tienen en común los cuentos del primer tomo es que los cuentistas son colombianos y están vivos. Salvo esas dos circunstancias, los cuentos ofrecen diversidad de temáticas y tonos: hay relatos que incluyen humor, cuentos fantásticos, historias urbanas, rurales, sobre relaciones de pareja, los hijos, la muerte y todo el amplio espectro que pueden abarcar las propuestas de 22 escritores colombianos, bajo el trabajo editorial de Juan F. Hincapié.

Los cuentos de este primer volumen son: 
"Jabalíes", de Antonio García Ángel
"Calderas", de Mónica Gil Restrepo
"Educación sentimental", de Luis Noriega
"La rumba, son, palo muerdo", de Pilar Quintana
"La mata, la matica", de Andrés Mauricio Muñoz
"Resaca" de Carolina Cuervo
"Año nuevo", de Gilmer Mesa
"Fausto", de Patricia Engel
"Baila en el bosque", de Andrés Felipe Solano
"Mi novio albino", de Mariana Jaramillo Fonseca
"La lumbre en mi vientre" de Orlando Echeverri Benedetti
"La huésped", de Gloria Susana Esquvel
"Casa de los gatos que les pegan a los perros", de Daniel Ferreira
"Historia general de tu vida", de Margarita García Robayo
"Criatura", de Juan Cárdenas
"Cuello", de Daisy Hernández
"Un ringlete", de Humberto Ballesteros
"Círculos de colores", de Juliana Restrepo
"Un negocito propio", de César Mackenzie
"La niña", de Daniel Villabón
"Especulaciones editoriales", de Natalia Maya Ochoa
"El obsipo de Duitama", de Matías Godoy

Algunos autores han publicado novelas. Al leer estos cuentos y cruzarlas con las novelas de su autoría se advierten continuidades o intereses cruzados. Por ejemplo, Noche negra, de Pilar Quintana, tiene como protagonistas a los mismos personajes de "La rumba, son, palo muerdo", el cuento que aparece en este volumen. En otros casos las continuidades no son de personajes sino de intereses literarios: Antonio García Ángel escribe una historia urbana contemporánea llena de humor, como lo es también su novela Que pase lo peor. El cuento de Margarita García Robayo parece un capítulo de algunas de sus novelas sobre crisis de pareja y tensas relaciones familiares y lo mismo pasa con Fausto, el buen cuento que publica en este libro Patricia Engel, y que hace parte de su universo de historias de colombianos migrantes en Miami. 

Entre tantos autores tan diversos es difícil elegir frases, pero acá van algunos subrayados:

Educación sentimental
Luis Noriega
El maestro habla a la ventana porque para él hablar es una forma de pensar y lo que le interesa es el curso de su pensamiento, no la correcta transcripción de sus palabras (p. 34).

Como a todos los libros en los que por primera vez leyó una obra maestra, le tiene cierto cariño, pero no apego (p. 35). 

para perder el tiempo leyendo decenas de páginas que solo servirán para confirmarle que la docencia es un trabajo estéril.
los buenos alumnos no necesitan sus clases.
Los malos nunca aprenden (p. 44). 

Resaca
Carolina Cuervo
me había arreglado para ella. Los hombres no saben que siempre nos arreglamos para el ojo cínico, canalla y despiadado que poseemos las mujeres (p. 78).

Fausto
Patricia Engel
me preguntaba qué clase de conversación tiene que tener consigo misma una chica cada vez que se quita la ropa por dinero (p. 107).

Algunas veces pienso que Papi nació siendo una persona de la tercera edad (p. 107).

La teoría de Papi consistía en que el dinero fácil es dinero sucio, y la manera más fácil en que una chica puede conseguir dinero es con su cuerpo, pero eso es porque la mayoría de la gente piensa que el tráfico de drogas es cosa de hombres (p. 107).

Si el amor es ciego, la esperanza y la fe son sus primos sordos y mudos (p. 108). 

Una de las historias favoritas de mi Papi es la del usurero de su pueblo a quien se le apareció la Virgen en un aguardiente, se arrepindió y le donó su máquina de billetes falsos a la iglesia. Cuando las cosas se ponían difíciles, el cura local imprimía algunos billetes para su rebaño (p. 115).

Historia general de tu vida
Margarita García Robayo
hay un punto en el que alguien obstinado en una causa idiota, pasa de ser un iluso a un terrorista.

Siempre viviste en ciudades que te parecían feas. Hasta que descubriste que todas las ciudades son irremediable feas, salvo algunas en las que no vivirías (p. 182).

Te hace bien saber que la fealdad no tiene solución; que todo intento por paliarla es inútil. (p. 183).

Hay cierto lujo en la caridad (p. 186).

a la confianza de saberte del otro lado de los que dan y no de los que reciben (p. 186). 

La primera vez que fuiste a una reunión de académicos aprendiste que nunca hay que decir "No sé". Se debe decir "no estoy seguro" (p. 187).

Cuello
Daisy Hernández
Qué raros eran los hombres. Tenían bultos entre sus piernas y en sus cuellos. Eran protuberancias andantes. Por esto quería volver a salir con ellos. Extrañaba sentirse ofendida (p. 202).

Un ringlete
Humberto Ballesteros
Al parecer morirse era eso: todo hecho un borrón de acuarela mojada y uno que dejaba poco a poco de estar en su centro, que también perdía el color propio, que se esparcía como si al abrir los brazos escapara con torpe renuencia de sí mismo y se abalanzara hacia la libertad y el olvido al msimo tiempo (p. 221).

El obispo de Duitama
Matías Godoy
jamás terminando una frase en palabra aguda para no romper la sucesión rítimica de las ideas sino hasta el final (p. 287).

leer novelas con gusto y admiración era cabalmente lo mismo que leer las Escrituras, que al fin y al cabo la Fe no era otra cosa que la suspensión de la incredulidad extendida por los siglos de los siglos, Amén (p. 287).

También la verdad se inventa (p. 290). 

La razón por la cual creemos es porque está escrito en la Biblia. Nosotros no creemos en Dios en cuanto autor de un libro, sino en cuanto personaje (p. 295).

Si había una razón verdadera por la cual había escogido ese oficio, era porque la posición le permitía conocer las historias de la gente, que es como mejor se conoce el mundo (p. 298).

Puñalada trapera
Varios autores. Edición de Juan Fernando Hincapié.
Rey Naranjo Editores
Bogotá
2017
318 páginas. 


lunes, 17 de noviembre de 2025

Noche negra, de Pilar Quintana

Los lectores habituales de Pilar Quintana ya sabíamos de Rosa y Gene. Rosa, la protagonista de Noche negra es la esposa de Gene, el protagonista de "La rumba, son, palo muerdo", un cuento que Pilar publicó en 2017 en el primer volumen de Puñalada trapera, la antología de cuento colombiano contemporáneo de Rey Naranjo Editores. 

El cuento ocurre muchos años después de Noche negra y entonces la novela funciona como una especie de precuela. Rosa es una mujer de clase media-alta, publicista, vive en una gran ciudad y trabaja en una agencia, hasta que conoce a Gene y decide abandonar todo para irse a vivir a una casa en el Océano Pacífico, lejos de todo. Esa biografía inicial se parece a la de la autora, y el entorno de esa casa se parece al escenario de La Perra, su primera novela. 

Rosa vive con Gene en una casa a medio construir. Él debe viajar unos días a un trámite de su pasaporte y Rosa queda sola en la casa, por donde a veces pasan a saludarla-visitarla-cuidarla-coquetearle-intimidarla algunos vecinos.

En "La casa tomada", de Cortázar, el narrador muestra un espacio que va siendo ocupado por algo desconocido que obliga a clausurar espacios, hasta que al final los hermanos deben abandonar la casa. Esta casa de Rosa se parece a la casa tomada de Cortázar: hay un murciélago, una tarántula, una gallina que desaparece... hay misterio, suspenso y una amenaza. Pero no sabemos si la casa tomada es la construcción de madera que está a orillas de un acantilado en el Pacífico, o si es la mente de Rosa, tomada por temores, celos, intuiciones e inseguridades. ¿Qué tan infundados son sus temores? ¿Qué tan peligrosa puede ser la imaginación? Hay peligros reales pero quizás el mayor peligro puede ser perder la razón y sucumbir ante el miedo y la zozobra.


Algunos subrayados
Su seguridad es el punto herido. Ahora lo sabe y por el agujero abierto se le irriga, líquida y ponzoñosa, la negra idea de que ella ha comenzado a molestarle a su marido (p. 21).

la aterraba ese destino, el prospecto de terminar como ellas, convertida en una carga para los otros, tonta y sin memoria, vacía de recuerdos (p. 53).

Siempre en movimiento, el mar. Adentro y afuera, como si estuviera respirando. Es una cosa viva, piensa, una cosa extraña como el órgano de un cuerpo que sin el todo no podemos comprender, una parte de algo tan grande que nosotros, insignificantes, no tenemos la capacidad de vislumbrar (p. 94). 

La asombra su violencia. Su capacidad para llevarla a cabo sin vacilar (p. 141). 

Preferible muerto que desaparecido (p. 186). 

había salido con suficientes hombres para saber que muchos justificaban su irresponsabilidad y falta de compromiso con la idea del amor libre (p. 193).

El rencor era un parásito que le crecía por dentro mientras alimentaba su cerebro (p. 211). 

No es que la fuerza pública no sea capaz de hacer lo que ellos dicen que hicieron. Lo habrán hecho mil veces en este país de mierda. Matar indígenas, quemar casas, desplazar poblaciones, desaparecer gente (p. 226). 

No podía seguir viviendo con sus principios como bandera. No podía y no quería, admitió para sí misma, porque era muy difícil (p. 241). 

Al contemplar a la araña muerta en el suelo se pregunta si la mató para sentirse como se está sintiendo. Poderosa y violenta (p. 251). 



Noche negra
Pilar Quintana
Editorial Alfaguara
Bogotá
Agosto de 2025
268 páginas

lunes, 2 de junio de 2025

¿De qué escriben las escritoras en Colombia? Nota editorial, de Pilar Quintana

En marzo de 2022 el Ministerio de Cultura de Colombia presentó la Biblioteca de Escritoras Colombianas, una colección de 18 libros de igual número de autoras descatalogadas o con escasa circulación en el mercado del libro. La idea de la Biblioteca consistía en presentarle al lector una variedad de géneros y temáticas: obras de escritoras colombianas de distintas épocas y lugares, que fueron invisibilizadas en un mundo literario profundamente patriarcal.

Esa primera colección consistió en el rescate literario de 18 libros. No obstante, la realidad de muchas mujeres escritoras es que ni siquiera llegaron a publicar un libro y su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. Entendiendo esa realidad, la segunda etapa de la Biblioteca de Escritoras Colombianas presentada en marzo de 2025 reúne 10 antologías con obras de 97 autoras, agrupadas a partir de géneros como cuento, novela corta, poesía, teatro, literatura infantil, ensayo, o temáticas como "literatura rebelde",  entre otras.

Las dos etapas de este esfuerzo editorial fueron lideradas por la escritora Pilar Quintana, autora de novelas como La Perra, Los abismos y el libro de cuentos Caperucita se come al lobo, entre otros. Las discusiones, los hallazgos y reflexiones que le deja este ejercicio editorial se plasman en el ensayo ¿De qué escriben las escritoras en Colombia? una nota editorial que sirve como complemento a los 10 volúmenes y que dialoga con la nota editorial que la autora escribió para la primera entrega de la Biblioteca.

Pilar Quintana cuenta que cuando empezó el proceso de difusión de la Biblioteca de Escritoras Colombianas le preguntaban ¿de qué escriben las escritoras? esperando que ella respondiera "de pajaritos y florecitas". No obstante, su conclusión es que las mujeres escriben (escribimos) de todo y la pregunta más interesante no es entonces "de qué" escriben sino "cómo" escriben: cómo hacen para escribir, porque en un mundo en el que casi nadie vive de la escritura (ni hombres ni mujeres) a las escritoras les toca sumar la carga laboral con la carga del cuidado de la casa y buscar entre ambos mundos un requicio de tiempo para poder escribir.

El ensayo destaca entonces la falta de tiempo para la escritura, pero además un entorno hostil hacia las mujeres escritoras, que tiende a minusvalorar las obras firmadas por mujeres, como si lo que lleva firma femenina fuera de interés exclusivo del mundo femenino. 

Otro rasgo interesante consiste en el valor de las críticas: salvo escasas excepciones, la historia de la literatura escrita por mujeres ha sido investigada, documentada y narrada por otras mujeres, y de eso también da cuenta la Biblioteca.

En su ensayo, Pilar Quintana destaca el aporte de cada una de las 97 autoras y cómo dialogan entre sí. Resalta, por encima de todas, a Soledad Acosta de Samper, verdadera pionera de la literatura colombiana escrita por mujeres, y llama la atención sobre la intención de la biblioteca por incluir voces de distintos territorios y de distintas minorías étnicas.

Dos afirmaciones del ensayo me generan dudas: por un lado, se afirma que un cuento firmado por María Castello en 1935 es el segundo de ciencia ficción escrito por una mujer en Colombia (el primero fue de Soledad Acosta de Samper). No obstante, Rosario Grilllo de Salgado incluye en Cuentos Reales (1947) el cuento Vivisección, que debió ser escrito hacia 1918 o 1920, y en ese orden de ideas sería anterior al de Castello. La segunda afirmación es la presentación de Liliana Cadavid como la primera escritora en abordar el tema lésbico en Colombia. Es posible que Carmelina Soto sea menos explícita que Cadavid, porque nació casi 40 años antes, pero Carmelina fue una autora homosexual y esa condición puede rastrearse en algunos de sus poemas.

Bienvenidas las discusiones. Eso es lo que generan proyectos editoriales como éste que presenta el Ministerio de Cultura. El ensayo de Pilar Quintana, escrito en un tono pedagógico y claro, contribuye a construir una historiografía de la literatura escrita por mujeres en Colombia y sin duda será un texto canónico para futuras generaciones, de la misma manera en que Elisa Mújica y Monserrat Ordóñez lo fueron para las precedentes. 

Algunos subrayados
“El único destino posible para una mujer privilegiada que no se iba de monja era casarse, tener hijos y llevar un hogar” (p. 38)

Soledad Acosta de Samper fue, sin duda, la escritora colombiana más notable y productiva de su tiempo y la primera en vivir de su pluma (p. 43). 

Para las mujeres de antes de las conquistas del feminismo encontrar el amor era una cuestión de superviviencia. Al no ser ciudadanas ni tener capacidades legales, estaban supeditadas a los varones. sus padres, hermanos o maridos y expuestas a su violencia. ¿Cómo no iban a soñar con encontrar un hombre bueno que las amara de verdad? La idea del amor romántico representaba para ellas la posibilidad de una buena vida (p. 56).

Antes de las conquistas del feminismo las mujeres no tenían muchas alternativas. O se casaban con un hombre de carne y hueso o se casaban con uno inmaterial (p. 57).

En el campo literario han iperado una estética y unos valores patrarcales, con su misoginia intrínseca, que impedían apreciar las obras de las mujeres (p. 61).

(en 2020) De los libros de ficción para adultos publicados por las editoriales colombianas, tanto las de los grandes grupos como de las independientes, sólo el 25% correspondían a autoras (p. 79).

¿De qué escriben las escritoras en Colombia? Nota editorial
Pilar Quintana
Biblioteca de Escritoras Colombianas. Segunda entrega.
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes - Biblioteca Nacional de Colombia
Bogotá
Marzo de 2025
94 páginas

domingo, 4 de abril de 2021

Los abismos, de Pilar Quintana

Soy mamá de una niña de ocho años y con frecuencia percibo disonancia entre el tono con el que algunas personas le hablan a mi hija, como si aún fuera una bebé, y la forma en la que yo converso con ella, cada vez sobre asuntos más variados y densos. Es aún una niña, pero se da cuenta de todo. Ve, comprende, intuye, percibe. A veces le faltan las palabras o no ata todos los cabos, pero sin duda es una persona compleja y consciente de su entorno.

"Los abismos", la novela con la que Pilar Quintana ganó merecidamente el Premio Alfaguara de este año, está narrada por una adulta que cuenta la historia desde la voz que tenía cuando era una niña de la edad de mi hija. La de "Los abismos" se llama Claudia, como su mamá, y es la hija única de un matrimonio en el que el papá vive sumido en silencios y la mamá, mucho menor que él, padece depresión. Se trata de una niña que no dice "mi mamá tiene un amante", pero se da cuenta, o que no dice "mi mamá se va a suicidar" pero lo presiente. La voz de esta niña es quizás uno de los mayores aciertos de esta novela.

No son tantas las obras narrativas contadas desde el punto de vista de las niñas. Al menos no en Colombia, pero quizás ocurra igual en otros países, como coletazo de la escasa circulación de obras escritas por mujeres, en contraste con las escritas por hombres, al menos hasta hace algunos años. En el caso colombiano recuerdo niñas narradoras en "Sabor a mí", de Silvia Galvis; "Memoria por correspondencia", de Emma Reyes; "Cuando aprendí a pensar", de Pilarica Alvear Sanín; "Los dos tiempos", de Elisa Mújica, "Estaba la pájara pinta sentada en su verde limón", de Albalucía Ángel, y algunos cuentos de Monserrat Ordoñez, como"Una niña mala". Poco más. 

Claudia llega a sumarse a este grupo de niñas narradoras. Su voz le aporta a "Los abismos" el desparpajo necesario para contar lo que ve sin filtros ni valoraciones. Es una voz descriptiva, que no hace juicios o digresiones. La narración avanza a partir de las acciones y los diálogos. Pilar Quintana estructura una historia dividida en cuatro partes, en las que son importantes las descripciones de los espacios que habitan sus personajes, y en donde la fuerza narrativa se concentra en datos que se arrojan como pinceladas y que llenan de complejidad la vida aparentemente simple o normal de una familia de clase media en los años 80 en Cali. Una familia normal significa una familia disfuncional, como lo son todas, cada una a su manera.

Además del padre, la madre y la niña, se pasean por esta novela una galería de personajes que, como las fotos que analiza la niña, sirven para retratar un contexto en el que el patriarcado asfixia no solo a las mujeres sino también a los hombres. A ellas les niega la posibilidad de una vida distinta al matrimonio, la maternidad y el hogar (cuando la mamá dice que quiere trabajar el esposo responde que no entiende para qué). A ellos los reduce al rol de proveedores económicos, con nulas posibilidades para la expresión de afectos y miedos. 

"Los abismos" es también una novela sobre Cali, sus calles, su clima, su río, sus barrios y su lenguaje. Los diálogos se leen con acento valluno y el paseo del padre y la hija por el zoológico lleno de grandes animales enjaulados, como lo son la madre y el padre, es una caminata en la que el lector siente el calor y la brisa, además de la tensión. Estas fieras encarceladas se complementan con la selva que crece en el apartamento de la familia: una vegetación verde, espesa y enmarañada, como la mente de Claudia. 

Los abismos puede leerse como el lado B de La Perra: mientras La Perra cuenta la historia de una mujer que quiere ser madre y no puede, Los abismos se ocupa de mujeres que son madres pero hubieran preferido no serlo. Depresión, soledad, violencia simbólica, suicidio, deseo femenino, códigos sociales y enfermedad mental son algunos de los tópicos que aparecen en esta obra, que en algunos pasajes tiene visos de suspenso y tensión que evocan las obras recientes Samanta Schweblin o Mariana Enríquez. La posibilidad de la muerte súbita aparece en cada página de la novela. Para morir sólo hace falta caer por un abismo. Lanzarse es una opción. 


Algunas frases
"Una no puede ir por la vida buscándoles peros a todos los hombres que encuentra porque luego se queda sola" (p. 27)

"Poco a poco el apartamento se fue llenando de plantas hasta convertirse en la selva. Siempre pensé que la selva eran los muertos de mi mamá. Sus muertos renacidos (p. 29).

"Los muertos de mi papá, empecé a pensar, vivían en sus silencios, como ahogados en un mar en calma" (p. 79).

"como si el silencio le chupara el alma y a mi lado no caminara un hombre sino su cáscara" (p. 83).

"Pero adentro de él, junto al huérfano, en el mar de silencio, yo lo sabía, vivía un monstruo" (p. 86).

"él le preguntó si quería tener hijos.
Mi mamá se interrumpió.
–¿Y vos qué le dijiste? –pregunté.
Ella, con vergüenza, desvió los ojos.
–Que no". (p. 138).

"Lo odió. Odió a la nueva esposa. A las personas que encontraban el amor y se casaban, y quiso convertirse en una mujer que no necesitaba de nadie, una abogada implacable, pero mi abuelo no la dejó ir a la universidad" (p. 141).

"Todos mis muertos, pensé. Si los de mi papá estaban en sus silencios y los de mi mamá eran las plantas de la selva, los míos eran las hojas a punto de caerse. Mi abuela niña, mi abuelo amargado, la tía Mona, mi abuelo oso, mi abuela lombriz y cobra, las mujeres de las revistas" (p. 206).

"–¿Será que van a morirse?
–¿Quiénes?
–Los guayacanes.
–No, tocaya –dijo mi mamá–. Ellos siempre reverdecen" (p. 207).

"–Los abismos dan mucho miedo.
–Son espeluznantes" (p. 211).


Los abismos
Pilar Quintana
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2021
256 páginas

jueves, 24 de diciembre de 2020

Caperucita se come al lobo, de Pilar Quintana

Empecé la primera página de este libro en la sala de espera del aeropuerto. Seguí leyendo durante el vuelo y terminé al aterrizar. Quiso el azar que leyera "El estigma de Yosef" la víspera de Navidad y "Hasta el infinito", que trata sobre un accidente aéreo, a muchos pies de altura. 

Caperucita se come al lobo reúne ocho cuentos breves. Seis ya habían sido publicados en 2012 y los dos últimos se sumaron para esta edición. Son cuentos sobre sexo y violencia física o simbólica en dosis más o menos similares, aunque en las críticas sobre este libro prime la lectura erótica, quizás por lo normalizada que está la violencia en general, y la violencia del patriarcado en particular. 

La mayoría de los cuentos, como "Olor", "El hueco", "Caperucita se come al lobo", "Amiguísimos", "Una segunda oportunidad" y "Hasta el infinito", abordan desde distintos ángulos el deseo femenino: la necesidad biológica y mental de las mujeres para relacionarse sexualmente con otros, sin culpas ni encadenamientos, aunque esa forma de atracción haya sido tradicionalmente asignada a los hombres. La autora, desde la ficción, reivindica este ámbito erótico para las mujeres casadas o solteras, jóvenes o maduras.

"El hueco" es un cuento con una tremenda violencia física, que remite sin mencionarlo a las épocas duras del narcotráfico. "Violación" es otro cuento sobre violencia, en este caso sexual, en el que el punto de vista desde el que se narra es el del violador y por eso es el título el que pone la acción en un justo contexto.

La mayoría de los cuentos de este volumen son anteriores a La Perra, una novela que al igual que este libro utiliza un lenguaje centrado en la acción, con pocos adjetivos y casi ninguna digresión. La autora edita y depura hasta conseguir textos narrativos breves que en pocas palabras concentran la fuerza de personajes corrientes de clase media colombiana, que podrían habitar en cualquier ciudad. 


Caperucita se come al lobo

Editorial Random House

Bogotá, 2020 (primera edición 2012).

99 páginas.


lunes, 13 de noviembre de 2017

La perra, de Pilar Quintana


En La perra ninguna palabra sobra. 108 páginas le bastan a Pilar Quintana para recrear un universo sobrecogedor, en el que el paisaje tiene directa relación con la historia: la selva y el Océano Pacífico se ven hermosos pero son traicioneros. En las playas se bañan turistas pero en sus aguas se ahoga la gente y las tormentas torrenciales, que se ven bonitas en la lejanía, se cuelan entre los techos de las casas y causan inundaciones. Así es La perra: cualquier armonía se puede romper. 

La novela se ubica en Juanchaco, a una hora en lancha de Buenaventura. Damaris vive con su esposo Rogelio en un humilde rancho. La gente ya dejó de preguntar "para cuándo los bebés". Damaris quería ponerle Chirli a su hija, pero como no se pudo bautiza así a una cachorra que le regalan. Damaris trabaja haciendo oficio y Rogelio es pescador. A veces se va la luz, a veces no tienen cómo pagarle al tendero lo que les ha fiado. Hay múltiples violencias que han sido naturalizadas y hacen parte de la vida cotidiana. La escasez en la que viven contrasta con la exuberante naturaleza que los rodea: selva, mar, toneladas de pescado, animales de todo tipo.

Dice Hemingway en su teoría del iceberg, que todo relato refleja sólo una parte muy pequeña de la historia. Lo que soporta el texto está sumergido y le corresponde al lector encontrarlo, interpretarlo. La perra no es una historia críptica o confusa. Al contrario, es clara, directa y fuerte, pero todo el tiempo invita al lector a entender lo que no se cuenta o apenas se esboza y eso le da a la novela un aura de misterio y tensión creciente. El texto es sobrecogedor.

En La perra los personajes se transforman. No hay buenos ni malos. Hay gente corriente con la que el lector empatiza en unas páginas y más adelante ya no, o viceversa. Que la escritora logre esto con tan pocos diálogos y digresiones me parece un trabajo maestro: son las acciones cotidianas de los personajes las que revelan los rasgos ambiguos y densos de sus personalidades. 

Buena parte de la literatura contemporánea refleja la urbanización de la población. Hoy casi el 80% de la gente vive en ciudades y muchos cuentos y novelas que se publican en la actualidad narran historias que se ubican en centros urbanos. La perra es un relato contemporáneo (sus personajes usan celular, ven televisión), que ocurre en una región muy poco contada por la literatura colombiana: la selva del Pacífico. Ese entorno selvático es distinto al paisaje que hace un siglo narró José Eustasio Rivera en La vorágine, pero así como a Arturo Cova y Alicia se los tragó la selva, en La perra la naturaleza no es mero decorado. Puede ser, como lo dice la autora, el lugar más terrible.


Algunas frases:
"Él quería comprarse un nuevo trasmallo y un equipo de sonido grande con cuatro parlantes, pero Damaris llevaba un tiempo pensando cómo decirle que ella no había dejado de desear un hijo".

"Quiso huir, perderse, no decirle nada a nadie y que la selva se la tragara. Empezó a correr, se tropezó, cayó, se levantó y volvió a correr".

"No había viento. Las hojas de los árboles se habían quedado quietas y lo único que se oía era el mar. A Damaris le pareció que el tiempo se estiraba y que ella estaría ahí hasta hacerse adulta y luego vieja".

"La única ciudad que conocía era Buenaventura, que quedaba a una hora en lancha y no tenía grandes edificios. Tampoco conocía el frío de las montañas, pero por lo que veía en televisión y decía la gente, se figuraba que Bogotá debía ser como la oficina de Telecom luego de una semana de lluvia: un lugar oscuro, con ecos y que olía a humedad como las cuevas".

"Damaris pensó que seguro querrían mucho a la cachorra, pues ellos tampoco tenían hijos, y se preguntó si sería eso lo que los mantenía unidos".

"Así que eso era matar. Damaris pensó que no era difícil ni tomaba demasiado tiempo".


La perra
Pilar Quintana
Random House Mondadori
Bogotá, 2017
108 páginas