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lunes, 11 de septiembre de 2023

Mi vida en estaciones, Helena Benítez de Zapata

Mi vida en estaciones es un libro que recoge las memorias de Helena Benítez de Zapata, una mujer que nació en Riosucio el 26 de junio de 1915 y murió en Cali el 5 de junio de 2009, después de haber dedicado su vida a la docencia y el periodismo, aunque también se reconoce como la primera mujer colombiana en haber ocupado la alcaldía de un municipio: fue alcaldesa de Riosucio entre 1956 y 1957, durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla.

Helena, de filiación conservadora, escribió este libro en 1987, en Cali, cuando tenía 72 años. "Mi vida en estaciones" es una canción que compuso cuando murió su madre y es también el título de este volumen, en el que estructura el relato de su propia vida en cuatro partes, una para cada estación: en la primavera rememora la niñez, en el verano la juventud, en el otoño los años más fructíferos de su vida laboral y el invierno corresponde a su vida en Cali y sus trabajos en periodismo y relaciones públicas en esa ciudad, aunque su actividad periodística comenzó en Manizales, tanto en La Patria como en Radio Manizales. El periodismo le venía de herencia porque su padre, Manuel Benítez, fue fundador y director del semanario "El Deber", en Riosucio.

El libro no tiene mayores pretensiones literarias y sin embargo está lleno de datos y frases valiosas. Por un lado, es útil para entender el contexto de la mujer escritora, periodista, docente, música y política entre los años 40 y 70 en Colombia. Helena Benítez escribe para sus allegados, en un tono casi confidencial, y eso la lleva a contar anécdotas personales y familiares que permiten adentrarse en la cotidianidad de las mujeres de su tiempo. Pero, de otro lado, se trata de una escritora hábil con el lenguaje, a quien se le notan los muchos años que ejerció el periodismo, y por eso su texto está lleno de frases conmovedoras y de descripciones vívidas. 

El prólogo, escrito por su primo Otto Morales Benítez, ayuda a ubicar la época y el contexto del legado de Helena Benítez de Zapata.

Algunos subrayados

era la calle del Mochilón, para mí el centro de donde partían todos los caminos del mundo (p. 28).

se vivía sin miedo. Ese miedo que acecha, desde hace tiempos, por los caminos detrás de los matorrales y hasta en la propia casa (p. 34).

(sobre viajar en carro) si alguien se mareaba, lo atribuían a una especie de alergia a la gasolina u otra enfermedad cualquiera. No se conocía el mareo (p. 57). 

esos pueblos nada ofrecían fuera de su aburridora monotonía. Todo permanecía en ellos igual y la vida era igual que las calles y las casas quietas sin el menor cambio. Uno se levantaba sabiendo a cuáles personas encontraría en cada sitio, en cada puerta, en cada esquina (p. 71). 

Cuando concebí a mi primer hijo, me parecía pequeño el mundo para que pudiera caber allí tanta dicha (p. 72). 

Mi esposo era liberal y en aquellos pueblos lo sabían, jamás fue activista, ni desempeñó cargo alguno en el gobierno, ni hizo parte de directorios o comités políticos. Pero en los pueblos se conoce de cualquier manera la identidad de todos. A Belén no pudo volver, y yo misma le pedí que se abstuviera de hacerlo (p. 79)

El boleteo y el secuestro son modalidades que vienen desde aquella infortunada época, porque en ellas encontró la guerrilla su mejor manera de financiarse, y de vivir en forma espléndida sin trabajar. Cualquier sitio que se toman queda devastado, pero no siembran un grano de maiz (p. 87).

ese estado de viudez para una mujer joven, que en razón de sus circunstancias económicas tiene que trabajar, la hacen a veces objetivo para rodearse de amigos espontáneos que con falsas intenciones buscan de manera especial una forma de acercarse a ella, declararle su admiración y hasta sus deseos de ayudarle, cuando en el fondo sus sentimientos son otros (p. 92).


Mi vida en estaciones
Helena Benítez de Zapata
Editorial Lealón
Medellín
Noviembre de 1990
178 páginas


domingo, 10 de septiembre de 2023

La Costa Nostra, de Laura Ardila Arrieta

La Costa Nostra es una investigación periodística que pudo salir a la luz gracias a la persistencia de su autora y a la presión ciudadana. El libro estaba listo para ser publicado por Editorial Planeta, pero a último minuto la editorial decidió abstenerse de imprimirlo porque, según dijo, había un alto riesgo de litigio. La periodista Laura Ardila denunció este acto de censura, la indignación ciudadana fue alta, la editorial Rey Naranjo decidió correr el riesgo y en menos de tres semanas el libro agotó su primera edición de 10.000 ejemplares.

Aunque la investigación se ocupa de un clan político de Barranquilla, el de Fuad Char y sus hijos, en realidad el libro presenta una radiografía sobre cómo funciona el poder político regional en Colombia, en el que los políticos nacionales posan en Bogotá de ser adalides de la lucha contra la corrupción, pero en las regiones se alían con el que les garantice votos, sin mayores miramientos de tipo ético y sin mayor interés del periodismo nacional. Sucede en Barranquilla, como lo cuenta Laura Ardila, pero también en el resto del país. 

La obra es una investigación periodística de largo aliento, dividida en seis capítulos, que comienza con la crónica sobre la llegada de los inmigrantes sirolibaneses al Caribe a comienzos del siglo XX, para contar la historia de los antepasados de Fuad Char en Lorica. Luego, poco a poco, la trama deja el tono histórico, se traslada a Barranquilla y se adentra en vericuetos de la reportería de investigación: nombres, contratos, fechas y datos precisos que revelan las claves de un entramado de corrupción electoral y política, en el que los mismos contratos públicos terminan financiando la compra de votos que garantiza la permanencia en los cargos. El telón de fondo son relaciones no muy claras con personas vinculadas al narcotráfico, el lavado de activos y el paramilitarismo.

Son muchos nombres que a veces pueden confundirse para quien no está familiarizado con la letra menuda de la política barranquillera, pero ese nivel de detalle es precisamente lo que le da valor al libro: es evidente que Laura Ardila investigó con suficiencia y conoce de lo que habla. La otra gran virtud es el lenguaje: la autora cita políticos pero también a Marbel Moreno y a Alfonso Fuenmayor. Se le nota que ha leído, que domina el oficio de escribir y que lo hace con seguridad desde su lenguaje Caribe. Sus expresiones costeñas refuerzan la verosimilitud del texto porque hacen notar que la autora no es una advenediza en el entorno que narra. Al contrario, lo cuenta desde las entrañas y con el mismo acento en el que ocurren los hechos.

Laura Ardila revela algunas de las características de la fórmula Char: cerrada endogamia; eficiencia corporativa que les garantiza éxito político; interés por monopolizar los mensajes y, en consecuencia, altos gastos en publicidad para periodistas locales y nacionales; alianzas con políticos de relevancia nacional y financiación bajo cuerda de políticos de otros partidos, lo cual les garantiza control absoluto del poder regional.

No sé si el libro ameritaba el intento de censura, porque buena parte de lo que cuenta (no todo) ya había sido publicado previamente por la autora en La Silla Vacía. No creo que el libro deteriore la imagen de los Char, que no es buena en el resto del país, y en Barranquilla controlan con o sin libro. Lo que sí creo es que esta publicación desnuda algunas claves sobre cómo funciona la política local en concreto, y valdría la pena rastrear cómo se observan esas tácticas en otras zonas del país, con menos visibilidad, pero con iguales niveles de corrupción. El mérito de este texto es que muestra cómo hacer ese tipo de rastreo periodístico. Sin duda este camino que abre Laura Ardila será inspirador para los reporteros que empiezan su carrera o están aún en las aulas y ven a partir de este ejemplo que los poderes intocables sí se pueden tocar.


Algunos subrayados

Del prólogo de Juanita León: "es una ventana a cómo se suele hacer política en Colombia: los discursos de estadista en la capital, mientras en las regiones esos mismos políticos entregan por debajo de la mesa bolsas de dinero a cambio de los votos que su verbo no logra movilizar" (p. 18).

Del texto de Laura Ardila: 

unas élites del poder nacional en Bogotá toleran y se asocian con fuerzas regionales, muchas veces cuestionadas, para servirse de sus votos y ganar elecciones. Luego, cuando el cuestionado regional cae en desgracia ante la ley o ya no es útil electoralmente, esos poderosos del centro toman conveniente distancia y desconocen a sus otrora aliados (p. 23).

mientras los periodistas políticos a veces nos concentramos solo en las declaraciones que ofrecen los poderosos en Bogotá, en las regiones se están dando movidas extraoficiales que definen tanto o más lo que pasa en el país (p.26).

maletas que cargaban más ilusiones que ropa (p. 29). 

Los taxistas suelen ser la primera memoria de un lugar (p. 41).

creyente entusiasta de las encuestas internas, que por tres décadas ha usado para tomar sus decisiones de política electoral (p. 48).

tiene al día su departamento de lealtades (p. 49). 

otro de tantos grupos que conformaban la colcha de retazos, cada uno con patrón propio, que era en ese entonces el Partido Liberal (p. 50).

controlar entes públicos era sinónimo de poderío, de capacidad para conseguir votos. Añadía brillo a la dignidad que significaba hacer política (p. 51). 

Una convivencia con el narcotráfico que no era nueva en una ciudad compleja, que llevaba -y lleva- décadas contando entre los miembros de su alta sociedad a personajes que hicieron riqueza traqueteando o lavando plata, sin que nadie dijera nada. Por miedo o por tolerancia (p. 91). 

Uno de los factores clave para entender esa imagen que tienen son las excelentes relaciones que han forjado con periodistas locales y nacionales, que son objeto de su dadivosidad (p. 97).

En Carnavales se ha vuelto común ver a directores o editores de grandes medios de Bogotá bailando en la carroza de los Daes o como invitados VIP en conciertos financiados por empresarios (p. 98).

La estrategia política que han tenido con el equipo ha consistido en hacer las compras de jugadores de fútbol más costosas en la historia de Colombia para llevar al Junior a su mejor década deportiva, al tiempo que gobiernan (p. 114). 

El mandatario empezó una estrategia de comunicaciones que desde entonces le ha apostado, más que a la difusión de mensajes, al control del mensaje, de un único mensaje, sostenido principalmente en la gestión de obras civiles (p. 121). 

Algunos asesores lo llaman "efecto espejo" y consiste en salir a buscar un validador afuera, si en tu propia casa no creen en tu mensaje (p. 123). 

Los Char sumaron una millonaria chequera en pauta oficial para los medios locales, adjudicada casi toda a dedo y ejecutada a través de intermediarios, agencias de publicidad o fundaciones que subcontratan, lo que hace difícil poder establecer la totalidad de beneficiarios (p. 124).

informalmente se conoce como content marketing, que consiste en publicar contenido institucional sin advertirlo; es decir, haciéndolo pasar como contenido periodístico del medio (p. 125). 

La gasolina con la que anda una maquinaria política, aparte de la plata, son los puestos. El acceso a lo público, a los recursos, al timón de mando (p. 151). 

La muy usual dinámica del poder en Colombia, que consiste en que unas élites de la capital patrocinan y se juntan con fuerzas regionales muchas veces cuestionadas para servirse de sus votos y ganar elecciones. Pero, a la hora de los líos judiciales o de imagen, les dan la espalda y no se despeinan, como si no fueran dos caras de la misma moneda (p. 157). 

Esta manera de conseguir votos usando lo público en beneficio propio es otra de las prácticas comunes de las maquinarias de los políticos tradicionales (p. 159). 

financiar políticos propios o de otras maquinarias. Esta decisión les garantizó contar con cabildantes que no hacían grandes exigencias burocráticas y tener total control sobre las secretarías y demás altos cargos del distrito (p. 177). 

Las maquinarias siempre están en elecciones o preparándose para unas (p. 185).


La Costa Nostra
Laura Ardila Arrieta
Rey Naranjo Editores
Bogotá
Agosto de 2023
224 páginas


viernes, 30 de marzo de 2018

El orden de la libertad, Mauricio García Villegas

 El escudo de Colombia dice "libertad y orden". El abogado Mauricio García Villegas explica en este ensayo ameno, escrito en un lenguaje al alcance de todo el mundo, que esa "y" ha sido una falacia: los conservadores han optado por el orden, la izquierda por la libertad y ha sido hasta ahora imposible un sistema político que le dé a Colombia ambas cosas: libertad y orden.

El ensayo parte de una premisa y es que en Colombia mucha gente desobedece muchas normas con facilidad. Con base en esta hipótesis la pregunta que se hace el autor es "¿por qué?". Se refiere a normas que van desde el respeto por las señales de tránsito hasta el pago de impuestos y que generan un clima general de "desorden" ante la norma.

Las razones que el autor da son varias: la tradición cristiana del pecado y la confesión, tan arraigada en nuestra cultura, lleva a pensar que el que peca y reza empata. Hay también una ineficacia del Estado para hacer cumplir las normas, y poco interés de algunos individuos en cumplirlas, cuando saben que los demás no lo hacen.

El autor señala que la Constitución de 1991 es la mejor que ha tenido Colombia pero cuestiona instituciones como la tutela o la elección popular de alcaldes, pues se han convertido en instrumentos de concentración de poder por parte de criminales en zonas donde el Estado es débil, es decir en muchas regiones del país. También cuestiona a los programas de derecho (llenos de profesores que son litigantes y enseñan desde esa óptica del negocio) y considera que el Estado es el primer "incumplidor" de normas en Colombia.

Sin embargo la crítica más severa es para la izquierda, que ha dejado de lado la reflexión relacionada con el orden y con la moral, por considerar que son discursos de derecha, y ese vacío ha permitido que se afiance no solo la derecha sino particularmente el discurso de iglesias cristianas en tantas regiones del país, con una mezcla de religión y política bastante explosiva.

Un libro pertinente, claro, completo, ameno y provocador, útil en medio de las coyunturas electorales que vive Colombia, y que se repiten cada año.


Algunas frases
"Una sociedad como la nuestra (como las de América Latina) en donde se toleran altos niveles de incumplimiento y desorden, está abocada a padecer calamidades colectivas (...) cuando un porcentaje importante de individuos no está dispuesto a ceder parte de la libertad que tiene para cumplir o no con reglas básicas de comportamiento, se produce un déficit social de coordinación y de regulación (un desorden) que afecta a la sociedad en general y por esa vía a esos mismos individuos incumplidores".

"La misma elección popular de alcaldes ha alimentado un populismo sin Estado que ha sido causa, en muchas regiones periféricas de Colombia, de la cooptación de instituciones locales por parte de organizaciones criminales".

"Es posible hacer una defensa del orden que no caiga en la visión autoritaria que invocan los conservadores (...) Durante siglos hemos estado empeñados en espantar el fantasma del tirano, pero en esa lucha hemos minimizado los efectos terribles de la falta de instituciones eficaces que proporciones orden, seguridad, paz y tranquilidad a la gente".

"Si pecar es algo que le puede pasar a cualquiera ¿cómo no habría de ser el juez condescendiente con el delincuente? La anuencia con el pecado se traducía en actitudes magnánimas, tanto de las autoridades como de las víctimas con respecto a los violadores de normas. Mientras el católico valoraba la misericordia y el perdón, el protestante era frío e inclemente ante la infracción (...) mi hipótesis es que la confesión, implantada en el corazón de la vida social hasta mediados del siglo XX, banalizó el pecado, flexibilizó el sistema normativo y relativizó la autoridad de los confesores.

"Desde el punto de vista comunicacional (la norma crea imágenes de justicia, igualdad, libertad, paz, etc) la eficacia del derecho es muy grande. El derecho es ante todo lenguaje. Dado que los textos jurídicos, como todo lenguaje, producen imágenes den las personas a las cuales van dirigidos, los efectos políticos de esas imágenes sobre la justicia, la paz, etc, son tan importantes como los otros efectos, los consagrados en las normas".

"Mientras más incapaz es el Estado de proveer orden social a partir de instituciones operantes y eficaces, más apremiante es la necesidad de orden y seguridad y más dispuestos están los ciudadanos a acoger cualquier propuesta política que ofrezca esos bienes. La incapacidad del Estado es la gran incubadora de las propuestas autoritarias de orden y seguridad que, de manera recurrente, se ofrecen en el continente y que vienen de todas las posiciones del espectro político, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por el centro y por todo lo demás".

"El patriotismo es el parroquialismo del Siglo XX".

"la facilidad del perdón católico fomentó el incumplimiento de reglas y el deterioro de la autoridad, lo cual, a su turno, creó un ambiente de desconfianza entre los individuos. Así las cosas, tenemos sociedades en donde, paradójicamente, se perdona tanto como se desconfía".

"Nuestra historia transcurre entre un liberalismo que menosprecia el orden estatal y un conservatismo que desdeña la libertad social".

"Creo que hay que recuperar para la democracia (para la izquierda y para los liberales progresistas) los temas del orden, de la moral, de la estética, de la cultura, de la planeación y de la seguridad. 


El orden de la libertad
Mauricio García Villegas
Fondo de cultura económica
Bogotá, 2017
254 páginas


domingo, 15 de enero de 2017

Punto de encuentro (selección de columnas), de Orlando Sierra Hernández



Una de las grandes diferencias entre periodismo y literatura, además del tema de la ficción y la verdad, está en la vocación perecedera del primero. El periodismo se escribe a la velocidad del cierre de edición, se mueve al vértigo de la información, se alimenta de la actualidad y no puede darse el lujo de esperar años para publicar un texto pulido, como sí lo pueden hacer los novelistas. Ya lo dijo el cronista Héctor Lavoe: para qué leer un periódico de ayer.

Por eso brillan las piezas periodísticas que resisten bien el paso del tiempo. Dado que su objetivo inicial fue la de informar o comentar sobre hechos recientes o inmediatos, es maravilloso cuando pasada la coyuntura que suscitó un texto éste sigue siendo atractivo para los lectores: bien sea porque quien lo escribió tuvo la lucidez para identificar, describir o nombrar fenómenos de largo aliento, o porque la calidad en el manejo del lenguaje permite el deleite de la lectura amena sin la presión de la fecha de vencimiento.

Ambas características tienen las 140 columnas de Orlando Sierra Hernández reunidas en Punto de encuentro, selección de columnas, el libro que publicó el diario La Patria de Manizales en 2002, apenas unos meses después de que su autor, que ocupaba la subdirección del periódico, fuera asesinado por orden del político del Partido Liberal, Ferney Tapasco González, quien fue condenado en 2015 por este atroz crimen.

Las columnas de Punto de Encuentro siguen siendo vigentes por varias razones. Hablan de la "Demosincracia", como la llamaba Orlando, es decir la falta de democracia que hace que la cosa pública se limite a una repartija de prebendas entre unos cuantos caciques interesados en perpetuarse en el poder. También hablan de la corrupción, la necesidad de que Caldas se conecte con el país y el declive del departamento. Todos estos temas vigentes.

Pero además hay un segundo grupo de columnas que son divertimentos del autor: textos sobre el chicharrón, el amigo secreto, las cartas y poemas de amor, la muerte de la mascota, los toros, el periodismo y la literatura. Columnas atemporales, escritas con humor y sapiencia, pues Orlando era un excelente lector y gestor cultural, que con frecuencia citaba en sus textos a escritores, pintores y músicos, sin que jamás sonara pedante. Lo suyo era la sencillez.

Ojalá este libro editado en 2002 se reeditara, porque hoy es prácticamente imposible de conseguir. Ojalá también se editaran selecciones de otros géneros periodísticos en los que Orlando fue brillante, como la entrevista y la crónica, en los que también mezclaba lo cotidiano y el humor con la agudeza de su capacidad analítica e incluso su intuición casi profética, que lo llevó a escribir textos como éste, un mes antes de su muerte, que se parecen tanto al bíblico Padre, aparta de mi este cáliz: "No me lo ha dicho una pitonisa, no me he hecho leer las cartas, no he consultado aún la línea astrológica de Mauricio Puerta, no me ha pintado un panorama negro ningún adivino con su bola futurista. Es simple intuición, es algo tenso en mis músculos, la saliva espesa que me rellena la boca, como si fuera una golosina de sal (...) La verdad, si pudiera saltármelo en garrocha, pasaba por encima del 2002 y aterrizaba en el 2003. Pero como no puedo, cumpliré con el ritual".

Por lo pronto, algunas de las frases de Punto de Encuentro, que evidencian la vigencia de este escritor, de quien hay que decir hoy lo mismo que gritábamos el día de su sepelio: Orlando Sierra está vivo. 


Sobre política, democracia y Caldas
¿Y ahora que viene?, marzo 20 de 1994: “Quieren ahora las aceitadas maquinarias de siempre, echar a perder los nuevos motores de la política en Caldas. Y para ello la estrategia será cerrarle los espacios de poder a los nuevos a fin de dejarlos dependiendo del voto de opinión, que como se sabe es veleidoso”

Urge un buen candidato a alcalde,abril 3 de 1994: “sería muy importante que los dirigentes nuestros pensaran con cerebro de manizaleños y no con calculadora electoral. Cierto que su triunfo no está precisamente para quedarse en sonrisas: pero sí han de imponerle a la ciudad un alcalde, que por lo menos no sea alguien con un cerebro con cinco hemisferios: los dos naturales y los que interpretan los pensamientos y deseos de los senadores Yepes, Giraldo y Barco”.

Sobre cómo escogí por quién votar, junio 19 de 1994: “No me dicen nada los partidos, entre otras cosas porque para mí son entelequias. No existen, sencillamente. Ellos son grupos de caciques adinerados aquí y allá, agrupados según intereses y dispuestos a ganar elecciones. Montoneras de lado y lado. Lejos estamos de tener organizaciones serias, estructuradas, de programas, de idearios”.

Lazos familiares, julio 16 de 1995. “Si son los Yepes tan brillantes, tan solventes profesionalmente, tan calificados, ¿por qué diablos no se realizan en el sector privado en vez de devengar a la sombra del erario? No soy antiyepista como podría aparecer. Soy “antinepotista”.

Oposición conservadora: mamola, agosto 20 de 1995: “Hace rato que en Colombia no existe oposición política. Desde el inicio del Frente Nacional. Claro que tampoco existe mucha política pues las diferencias ideológicas desaparecieron entre los partidos y quedó para la escogencia de pertenencia el gusto cormático: azul o rojo. Eso es todo. Hace rato que al país lo divide el consenso. Acrítico de pupitrazo de emociones, para rodear, para sostener, para defender un consenso del estamento. Aquí la crítica es sinónimo de conspiracipon, de conjura, mejor la sonrisa condescendiente de la aceptación y participar de las dádivas del poder”.

A propósito del presidente de la Asamblea, marzo 17 de 1996: “Resultaría muy cómodo echar toda la responsabilidad de cuanto sucede a la clase política. La doble moral no sólo está en servidores públicos, también abarcan amplios sectores de la sociedad (…) Es facilista y pusilánime una “indignación” que no pasa de una llamada telefónica a la dirección de un periódico. Por ese camino, tendremos siempre a los congresistas respaldando a este u otros Tapascos”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Cuando se trata de festinar recursos, nadie es tan maniancho como el sector oficial. Y la explicación es simple: no le duelen. Tal es el caso del Concejo de Manizales. Acaba de nombrar un grupo de asesores y supernumerarios que es monumento a la desfachatez. En él, lastimosamente, tocan trompetas algunos periodistas”.

Apuntalemos la democracia, marzo 8 de 1998: “mucho dinero se ha movido para estos comicios. Dinero sobre todo. A montones, a raudales y en muchos casos gastado de maneras non sanctas. (…) Para comprender este hecho (el del dinero) he construido un axioma simple que permite entender buena parte del discurrir político actual: poder + dinero = elección. En el caso de Caldas, no cabe duda que por esta vía por lo menos cuatro senadores son fijos. Tienen dinero, burocracia, clientela, fondos de cofinanciación, alcaldes que les respaldan. Esa es la estantería en que sustentan sus curules”.

La gallina de los huevos de oro, nov 29 de 1998: “Me preocupa que lo que la Licorera produzca, sea lo que se gasta, porque ese es el detalle. Nuestros políticos son voraces pirañas. De modo que ya veo venir, por cortesía de esos dividendos, crecimientos de planta de personal, sueldos de jeque para algunos, nóminas paralelas en ciertas dependencias”

La corrupción “justa”, febrero 29 de 1999: “Hace poco un grupo de ingenieros contratistas se quejaba de lo que acontece en Manizales. Según ellos los están ahorcando con lo que denominan el “peaje” o “vacuna” que deben pagar a sus fichas en la administración. Del 8% ó 10% de coima que debían pagar tradicionalmente, ahora les están disparando por el 20%”.

Las asambleas y su inutilidad, mayo 2 de 1999: “La Asamblea de Caldas sin ir muy lejos es un reducto de inutilidad, un nido de democracia, una trinchera de politiquería. De modo que sobra. Como sobran todas, pues desde que entró en vigencia la Constitución de 1991 su papel es simbólico, aunque no así los ingresos de quienes la integran”.

Por los viejos concejos, mayo 23 de 1999: “Antes la política tenía una condición lamentable. Era el ejercicio de las tres E: empobrecía, ennegrecía y embrutecía. Lo primero por razones de honestidad, lo segundo por aquello de estar más en la chicha que en el whisky y, lo tercero, por las dos anteriores. Ahora es al contrario: enriquece, blanquea e ilumina”.

La corrupción en tiempos de crisis, agosto 1 de 1999:“Si la corrupción en Caldas se pudiera medir en la escala de Richter el registro sería idéntico al de un terremoto de no menos de 6,5 grados con epicentro en los pies de la mayoría de los políticos y con réplicas en funcionarios públicos venales y compinches del sector privado, ídem.

Los candidatos cívicos, julio 2 de 2000: “Los caciques políticos de la comarca, en su celo, no permitieron nunca que acá surgiera una nueva dirigencia. No hubo una generación de relevo; sí una generación de lacayos. Hombres y mujeres que con tal de alcanzar un cargo, igual hacían el decreto que les ordenaban”.

La pregunta por la paciencia, mayo 20 de 2001: “No nos engañemos. Lo que más preocupa a los congresistas es su reelección. Su afán no es buscar mejorar el país, sino seguir yendo al Senado o la Cámara, mantener la clientela y continuar con los privilegios y la corrupción. De modo que en rigor no son muchos los que buscan una curul para servir al país, como los que lo hacen para servirse de él”.

Sobre periodismo y medios
¿Por qué voto por Andrés?, 30 de octubre de 1994: “Soy del criterio de que los columnistas, que no los medios en sí que se deben a la objetividad, no podemos ir con medias tintas a la hora de las definiciones. Nuestros lectores tienen derecho a saber cuáles son nuestras preferencias, en temas de interés público. Lo decía ese gran escritor y ensayista que es Carlos Fuentes: “es preferible equivocarse en público en cosas que atañen a todos, que acertar en privado”. Por eso en este día de elecciones, doy a conocer el que será mi proceder de votante. Aclaro que no busco influenciar a nadie; tan solo dejar mi testimonio”.

La iglesia va al grano, 2 de abril de 1995: “si en algún lado se manejan las relaciones verticales de poder, esa es la Iglesia. Por todo esto, discrepo del Director de este Diario”.

La función crítica, nov 17 de 1996: “Me anima la idea expuesta por Ortega y Gasset como función del intelectual: pensar en contra. Y no por el prurito de llevar la contraria, sino como un acto de alerta y porque es modo de mantener la inteligencia no dependiente o por lo menos no sumergida en la comodidad que da el pensar y ver las cosas como la mayoría (…) Escribir en un medio masivo es tener una especie de liderazgo y por tanto no puede ser un ejercicio pasivo o contemplativo. Tiene que darse con independencia de carácter y de modo directo (…) Por eso este espacio, con sus más y sus menos, quiere la mayor parte del tiempo (a veces nos damos el ancho de ser juguetones y regalar unas líneas que aspiramos sirvan de esparcimiento) contrariar las convicciones simples y los estados de quietud que permiten que se mantenga el statu quo. No es este un “punto de encuentro” con la transigencia y aunque dudo que lo sea con la grandeza, si sé que no lo es por lo menos con la mediocridad o la imbecilidad”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Unos contratos de mediocre pago a unos periodistas y una “vacuna” publicitaria a otros, son un estupendo mecanismo de conseguir algunos objetivos propagandísticos electorales a costa del erario. Ingenioso el asunto. Nuestra profesión es para el servicio de la comunidad, no para que los poderosos se entronicen aún más. ¿Por qué aceptan algunos periodistas participar de lo que generalmente critican: la contratación indiscriminada y abusiva de funcionarios en la administración? (…) No he sabido de nadie que pagado por la fuente, pueda emitir mensajes confiables sobre ésta”.

Periodismo y poder, sept 10 de 2000: “tengo a veces la vaga sensación de que mucho de cuanto oímos, vemos y leemos, no es del todo verdad. Que en lo que se dice por el micrófono, se ve en la televisión o se lee en la prensa, se cuela a veces algo que no corresponde con los hechos y por la que le untan la mano al comunicador falsario. Las mentiras que hermosean lo feo, limpian lo impuro, acallan lo perverso, hay que pagarlas al fin y al cabo. Yo no sé quién esté en las listas, aunque sospecho. Pero de todas maneras el periodismo que se pliega al poder, deja de serlo. Uno se puede equivocar, y de hecho se equivoca a veces, pero por lo menos intenta mantener un alma digna. Cuando se equivoca adrede porque va por lo bajo la canonjía, la prebenda, el sobre, entonces se es un mercachifle. Nada más”. 

Sobre literatura
Amigos secretos, sept 11 de 1994: “Este año pido, exijo, reclamo, que me regalen una novela. Ni muy larga, ni muy corta. De buen puntaje de letra (es decir de letrica grande), que no sea tan descriptiva como algunas novelas inglesas, ni tan embrolladas como las del francés George Simenon. Menos aún una novela de costumbres. Tampoco una novela de ciencia ficción. Las que cuentan historias de gente metiendo droga no me gustan. Una novela negra pudiera ser. En todo caso que no sea de Chandler. Son buenísimas pero ya las tengo. Agatha Christie no me gusta. Tampoco Irving Wallace y Morris West. Pero quiero una novela.
“Me niego rotundamente a recibir otra cosa de mi amigo secreto. Que me endulce cuanto quiera. En todo caso que mire muy bien el libro para adquirir. Pudiera ser de un autor español. Vásquez Montalbán está bien, o Muñoz Molina. Pero no la más voluminosa de este último y tampoco la que ganó el Planeta de 1982, del primero. El librero le podrá decir de cuáles hablo. Que no sea un autor latinoamericano, por favor. Me gustan, pero tengo casi todo y no quiero poseer libros repetidos. Un gringo no me chocaría. Pero no clásico, sino nuevo. Los hay realmente importantes, aunque sé que circulan poco. Por una novela, por eso juego amigo secreto”.

A Dios lo que es de Dios, nov 9 de 1997: “La semana pasada Octavio Escobar Giraldo, médico de 35 años, obtuvo el Premio Nacional de Cuento de Colcultura. Es uno de los premios más importantes en la literatura colombiana. Participaron 147 libros en el género. Ganó él. Los jurados eran de relumbrón: Mempo Gardinelli, escritor argentino de primera línea y los colombianos Piedad Bonett y Eduardo Guisado.
“Pero no es sólo por él que se puede hablar de una nueva generación. Los escritores caldenses están cosechando éxitos que nos tienen que hace volver los ojos hacia sus obras (…) a modo de una guía rápida cito algunos títulos. En poesía: El territorio y la máscara, de Rodrigo Acevedo (qepd); Despues del colegio, de Flobert Zapata; Al borde de la vía, de Uriel Giraldo; Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos; Esa muchacha es el verano, de Edgar González; Canteras al viento, de Antonio Leyva. En cuento: Variaciones, de Adalberto Agudelo; Señales de desahucio, de Óscar Jurado; Urbes luminosas; de Eduardo García Aguilar. En novela: El último diario de Tony Flowers, Octavio Escobar; La bruja de Lanta, de Néstor Gustavo Díaz, y por supuesto la obra de García Aguilar. La anterior, una pequeña muestra. Hay muchas ausencias, sin embargo estos nombres resultan ilustrativos. Leámoslos”.

Para el amor, la poesía,  sept 17 de 2000: “Me encanta la poesía de amor. Me sensibiliza de la cabeza a los pies. Doy un ejemplo: Cuando deseo encontrarla, prefiero casi no encontrarla / para no tener que dejarla después, dice Fernando Pessoa. Es hermoso. También lo es ese poema juguetón de Ernesto Cardenal que dice: Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido / pero de los dos, tú pierdes más que yo / porque yo podré amar a otra como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo”.


Punto de encuentro, selección de columnas
Orlando Sierra Hernández
Editorial La Patria
Octubre de 2002
Manizales
319 páginas

lunes, 26 de enero de 2015

Nuestra pandilla, de Philip Roth

Richard Nixon pasó a la historia por ser el único presidente de Estados Unidos, hasta ahora, en dimitir a su cargo como consecuencia del escándalo de Watergate. Las numerosas películas sobre el tema lo muestran como un personaje oscuro, enredador, con muchos secretos para esconder y un rabo de paja inmenso.

Lo que Philip Roth hace en estos 6 textos satíricos que fueron publicados parcialmente en The New York of Review en 1971 es revelar la clase de político que es Nixon, antes de que ocurriera el Watergate.

Si el periodismo es el ejercicio de tratar de anticiparse, de adelantarse o prever lo que puede ocurrir en una sociedad, Philip Roth en este libro logra su cometido: alerta a la sociedad sobre el riesgo que representa un poder presidencial omnipotente encabezado por una persona de "confusas" o "cuestionables" por decir lo menos, ideas políticas.

Pero el valor del libro hoy por hoy no está en anticipar algo que todos sabemos cómo terminó. El valor está en el uso de la sátira y el humor como contundentes armas políticas para desenmascarar poderes a partir del uso de la palabra. La burla, la mofa que hace el autor de los argumentos del Presidente, hasta llevarlos al extremo del absurdo, son válidos ayer y hoy, aunque el lector de hoy desconozca el contexto específico en el que ocurrieron los hechos: La defensa que hace Nixon del derecho del nonato, para oponerse al aborto, se convierte en una hilarante entrevista en la que Nixon dice cosas como que se siente feto aún... 

Es decir, más allá de la política local norteamericana (que nunca es local) el lector encuentra en estos textos satíricos argumentos para defender ideas antimilitaristas, pro aborto e antiimperialistas, a partir de situaciones absurdas que llegan a límites insospechados, como el supuesto asesinato de Nixon que es negado por el portavoz de la Casa Blanca, quien exhibe en una rueda de prensa una radiografía de la cadera del presidente, para demostrar que está muy bien.

Este libro puede ser interesante para quienes ejercen el periodismo de opinión con sátira y humor. El lector puede reemplazar el nombre de Nixon por el del personaje político actual que prefiera, y muchas de las argumentaciones delirantes del presidente encajarán hoy como anillo al dedo. 

Algunas pocas frases:
en este gobierno los fetos y los embriones de Estados Unidos por fin tienen una voz que los represente.

mi desempeño del cargo contribuya algún día a crear un mundo en el que todos, sin consideración de su raza, credo o color, sean nonatos. 

Aquí me tienen, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y líder del Mundo Libre, trabajando como un esclavo con todas y cada una de las fibras de mi ser, entregado noche y día, trescientos sesenta y cinco días al año, al único propósito de salir reelegido...

(los medios) No, nunca hablan de lo que no hemos hecho, siempre se quedan con lo quehemos hecho. Eso, por desgracia, es lo que esa gente considera noticia. 

Nuestra pandilla
Philip Roth
Literatura Mondadori
1971 (edición de 2008)
Barcelona
173 páginas

lunes, 11 de julio de 2011

La nación soñada, de Eduardo Posada Carbó

Quiero decir, en primer lugar, que me arrogo el derecho de reseñar un libro sobre política colombiana teniendo en cuenta que la diversidad de los textos que abordamos puede ser la misma que la de los miembros que integramos este club, que como bien afirma Ángel ya no es secreto y, al parecer para bien, se ha ampliado bastante.
El autor es el catedrático y columnista de El Tiempo Eduardo Posada Carbó. Dado que a él lo identifican como intelectual de derecha (valga decir que no tiende a la mano negra), quiero aclarar que yo me considero de izquierda, con todas las complejidades que hoy traen estas clasificaciones. Voto por Robledo, no me cae bien Uribe, no le creo mucho a Santos y no me parece que Mockus plantee una salida sensata a nuestros problemas. Para mí, el país está mal.
Pero bueno, esta introducción la hago para comentarles que la experiencia me gustó. Fue una confrontación constante en la que traté de dejar a un lado las aprensiones y permitirle al autor me argumentara detenidamente su tesis, que parte de que "en las últimas décadas, la democracia colombiana, en abstracto y en concreto, se fue quedando sin defensores intelectuales".
Así que él hace una apología de nuestra democracia, aceptando algunas imperfecciones. Terminé, cerré el libro y pensé inmediatamente que interpretar nuestra historia política a partir de lo que han dicho los políticos que la han escrito, precisamente para tratar de defenderla, es tratar de defender lo indefendible. El pecado de Posada Carbó es que cree en nuestros dirigentes, y hombre, yo, que suelo cubrir política y políticos, confío más bien poco en ellos.
Sutilmente minimiza los efectos excluyentes del Frente Nacional, por ejemplo, y al compararnos con otros países intenta desvirtuar aquello de que nuestra historia ha estado signada por la guerra.

Les dejo dos fragmentos que me gustaron, quizá un punto de partida para estar de acuerdo con el autor:

"El consenso básico para la estabilidad de las sociedades pluralistas modernas se da (...) no alrededor de creencias sustantivas sino de los procedimientos para resolver disputas".

"...tampoco es cierto que sea toda la sociedad la que esté masacrando a sus miembros. Ni que a todos los miembros de la sociedad les corresponda el mismo grado de responsabilidad por la violencia. Al borrarse la distinción entre los criminales y sus víctimas, y culpabilizar a todos por igual de todos los horrores, se está negando la posibilidad misma de la justicia".

Esta es una cita de Susan Sontag en su libro Ante el dolor de los demás: "Sontag cree en el poder ético de esas imágenes atroces, que deben seguir en libertad para perseguirnos por el papel vital que representan: esas imágenes nos muestran 'lo que los seres humanos son capaces de hacer -pueden estar en disposición de hacer-, con entusiasmo y convicción'. Esas imágenes dicen: 'No olvidemos'".