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jueves, 26 de septiembre de 2024

El vacío en el que flotas, de Jorge Franco

El vacío en el que flotas
es el título de la segunda novela de Ánderson Posada, quien tuvo un éxito temprano e inesperado con su primera novela Aquel monstruo indomable, con la cual ganó un premio internacional en 2002. Esto, lo del premio, lo sabe el lector en la primera página de esta obra de Jorge Franco. 

Hay en este libro de Jorge Franco muchos vacíos: en el hogar de Sergio y Celmira hay un vacío enorme porque Richi, su niño de cinco años, desapareció tras la explosión de una bomba en un centro comercial. Está también el vacío de Uriel o Kike Boreal, que no tiene una familia a la que pueda aferrarse y tiene, además, múltiples vacíos económicos. Ánderson, por su parte, tiene una primera infancia que es un gran vacío en su memoria: Uriel le dice que sus padres murieron en un accidente, pero la historia tiene tantos huecos que Ánderson duda de su veracidad. Está, por supuesto, el vacío físico que deja la explosión de una bomba, que es el hecho que detona toda la historia, y hay, a través de todas las páginas, la presencia/ausencia del dolor de un desaparecido. 

Entre tanto vacío es posible caer, hundirse, pero Jorge Franco tiene otra apuesta: en medio del vacío sus personajes pueden flotar, que es una manera de sobrevivir. 

El vacío en el que flotas ocurre en una ciudad colombiana que parece Medellín pero no se nombra dentro del libro. Es una historia urbana que se narra de manera fragmentada y asincrónica, a partir del punto de vista de distintos personajes. La estructura del libro es un artefacto sólido que evidencia el trabajo del autor: Sergio escribe un libro que por momentos parece ser la historia entre Anderson y Uriel. Sergio y Anderson son escritores y, en consecuencia, reflexionan sobre el proceso de escribir. En la armazón de esta novela Franco le propone al lector el juego de adivinar si Anderson existe o es una creación literaria, y ese salón de espejos devuelve múltiples imágenes con distintas respuestas factibles.

Uriel o Kike Boreal o Api es el personaje más atractivo de esta novela. Un travesti pobre, solitario y marginal que comete el delito de raptar a Richi y sin embargo logra despertar ternura y humor. Tiene tantos matices que resulta imposible leerlo como "el villano". Su oralidad, sus diálogos con la Virgen o las matas y sus costumbres muestran una ética personal difícil de encasillar.

Jorge Franco tiene un estilo vertiginoso, rápido y ameno, que mantiene el ritmo y engancha al lector. En esta novela un personaje dice que está "hasta el cogote de las novelitas burguesas y almibaradas de Jorge Franco". Ésta puede ser otra novelita burguesa y almibarada, quizás. No todo tiene que ser Proust. Yo difruté la lectura. 



Algunos subrayados 
Ya había cruzado el umbral de otra realidad inimaginable que le imponía buscar a su hijo en el mundo de los muertos (p. 20).

Sobre el escritorio estaban las páginas arrumadas, bocaabajo y perfectamente alineadas, de lo que él mismo llamaba "el embeleco de un periodista con ínfulas de escritor". Lo más probable era que nunca fuera a escribir un libro (p. 28).

―También me mandan libros de autoayuda ―continuó Celmira―. Sobre la pérdida de un ser querido, sobre el duelo, de cómo establecer comunicación con los ángeles, con los muertos, con los espíritus, hasta con los extraterrestres.
―En situaciones desesperadas, la gente se pega de lo que sea. Y algunos logran cierta paz (p. 34).

―¿O sea que recordar es limpiar? (p. 35). 

como artista no estoy en la obligación de decir más de lo que mi arte dice. Ni siquiera tendría que estar asistiendo a este evento ni dando esta entrevista. Mi libro ―continuas―, que tampoco estoy seguro de que sea arte, dice lo que tiene que decir de mí como escritor (p. 39). 

en la mitad de las entrevistas que he dado en mi vida, el entrevistador no se ha leído mi único libro (p. 41). 

Sabía de la desazón de los escritores al volver sobre lo escrito (p. 65). 

estaba hasta el cogote de las novelitas burguesas y almibaradas de Jorge Franco (p. 107).

Leer a McCarthy ameritaba también un trago de cualquier cosa (p. 107). 

Culpa porque en algún momento iba a aflojar y dejaría de pensar en su hijo. Porque cualquier mañana se iba a despertar con menos agonía que el día anterior. Porque cuando menos lo imaginara, iba a retomar la inercia de su vida antes de aquel día (p. 130). 

abres algunos portales de los periódicos colombianos. Treinta segundos para confirmar que todo sigue igual. Seguimos odiándonos (p. 135). 

quedó frente a ella, indeciso y perturbado, como queda cualquiera frente a una mujer que llora (p. 149). 

―¿No eres creyente? ―le preguntó ella.
―No sé ―respondió Sergio. Se quedó pensativo y luego dijo―: Me da trabajo asimilar ese lado mágico de la religión. Ante los misterios, me he refugiado siempre en los libros. 
―¿Y ahí está la respuesta? ―Preguntó la fiscal.
―Claro. Y siempre es la misma: todo lo del hombre es, únicamente, del hombre. Punto (p. 152). 

Va mal porque es mi primer libro, porque el aprendizaje es duro, porque nunca llegaré a escribir como los autores que admiro, porque el protagonista de mi libro es un escritor exitoso y yo no lo soy, porque las ideas no se acoplan con las palabras y las palabras se me escapan. Eso suena bonito, dijo Clarisa. ¿Qué? Eso que acaba de decir; debería escribirlo. Le apuesto a que si lo escribo, dijo Sergio, ya no va a sonar igual. Así de caprichosa es la escritura (p. 153).

―"Interesante" es una expresión interesante ―le comentas―. No descalifica, pero tampoco elogia. No compromete a quien la dice. Abre la puerta a la discusión. Los pensamientos opuestos pueden coincidir en algo o en alguien "interesante". (p. 163). 

―Lo importante es que quieran tus libros. Nosotros nos vamos a morir (p. 167). 

―¿A quién decepcionas si no cumples con tu rol de madre dolorida? ¿A ti misma, a tu familia, a la sociedad? (p. 248). 

Lo que ignoran los demás es que detrás de un autor hay un ser humano, despreciable en la mayoría de los casos, vanidoso y sobrevalorado, porque el mercado de la cultura es tan vil como cualquier otro mercado (p. 302). 

―¿Usted va a misa, Carolina? ―le preguntó Celmira.
―Por supuesto ―respondió―, si allá están los que me buscan por las noches (p. 315). 

Te angustia soltar tu libro al mundo. Pronto llegarán las galeradas y será tu última oportunidad para intervenir, después tu trabajo caerá en manos de lectores y críticos, y lo peor, de las redes sociales, inundadas de sabiondos y reseñistas de último minuto. Hasta los que no leen opinarán de tu libro. Lo elogiarán o despedazarán dependiendo de si les caes bien o mal (p. 321). 

Quien vive en el mundo de la escritura no puede irse nunca y estará condenado a habitarlo ya sea en un tugurio, en la suite de un hotel, en una mansión o en la sucia calle. Morirás dándole vueltas a alguna historia en tu cabeza, es irremediable (p. 324). 

no es sino mirar para darse cuenta de que casi todos los escritores están muertos, y él está muy joven para morirse, que mejor se dedique a eso cuando esté viejo, o muerto, como esos otros (p. 326). 

Los escombros siguen pegados a los esqueletos, y sobre los que cayeron no se visulmbran restauraciones ni construcciones nuevas (p. 333). 



El vacío en el que flotas
Jorge Franco
Editorial Alfaguara

Agosto de 2023
Bogotá
336 páginas

jueves, 2 de mayo de 2024

Los sexualizadores, de Carlos Mario Vallejo

"Los sexualizadores", la primera novela del manizaleño Carlos Mario Vallejo, es una obra que desde las primeras páginas plantea lo que va a ocurrir: un narrador en segunda persona (te) cuenta que todos los seres humanos nacen bisexuales y que la homosexualidad y la heterosexualidad son conductas aprendidas que se pueden desaprender. El héroe fracasado de esta novela se propone entonces una campaña cívica sexualizadora de desaprendizaje drástico: raptar a una rectora, un sacerdote y un profesor para obligarlos a aprenderse un decálago antietiquetas y a tener sexo con alguien opuesto al de su conducta aprendida para que aprendan que las homofobias y heterofobias hacen daño.

Esa es, en resumen, la historia que se anuncia desde el comienzo. La novedad está en cómo se desarrolla esta historia inverosímil y para ello el autor acude a varios recursos: narrar en segunda persona, que es una forma escasa dentro de la literatura no epistolar (el referente manido siempre es "Aura" de Carlos Fuentes); ubicar la trama en Manizales en distintas épocas, que abarcan desde los 90 hasta la segunda década del siglo XXI; incluir numerosas referencias de marcas, programas de televisión, videojuegos, canciones y otros sellos icónicos de la cultura popular, y estructurar la novela en 33 capítulos cortos, escritos cada uno con un título y una extensión como de crónica periodística. En estos capítulos-crónicas se notan las huellas del oficio periodístico del autor, quien trabajó en Q´Hubo y La Patria, y de hecho algunos estos textos podrían leerse de manera autónoma, con sentido completo.

El escritor pereirano Rigoberto Gil Montoya dice que Manizales es una ciudad muy narrada en la literatura y "Los sexualizadores" viene a sumarse a esa tradición: la historia se ubica en Villa Carmenza, un barrio de estrato tres, como lo remarca el narrador, pero aparecen también referentes inconfundibles de la ciudad: El Cable, la bolera del Multicentro Estrella, el Estadio Palogrande y el Once Caldas, La Galería, el Banco de la República, Palermo, ek Bosque Popular el Prado y el Parque de La Estrella, entre otros.

Esta obra, ganadora del Primer Concurso Nacional de Novela "Jaime Echeverri", también rinde entre líneas un homenaje a Orlando Sierra Hernández y a Bernardo Arias Trujillo, dos escritores que fallecieron muy tempranamente en Manizales, pero estos homenajes literarios están lejos del tono de la erudición. Al contrario: la novela está narrada en un lenguaje juvenil y popular, de jóvenes que consumen drogas de manera cotidiana y así, además de la campaña de sexualización, el texto parece proponer también una campaña de normalización del consumo recreativo.

Aunque le pregunté al autor si es lector de cómic o si el cómic influyó en su obra y me dijo que no, la novela sí me dejó una sensación de haber recorrido un cómic: es una historia oscura, aunque contada con liviandad, con personajes bidimensionales y planos y con escenas fragmentadas y breves en las que prima la acción. Ya que Carlos Mario no lee cómic sería interesante que algún ilustrador leyera "Los sexualizadores": acá puede haber una novela gráfica.


Algunos subrayados 

la consumación del proyecto: sexualizar a tres discrimina- dores que dejaron ruina moral a su paso, con o sin culpa, sutil o duramente (p. 11)

La tesis: el homosexualismo y el heterosexualismo no exis- ten, son ficciones de la cultura impuesta. No existe eso de la orientación sexual. Todo depende del encuentro con la persona indicada (p. 12).

A ti te parecía bonito Julián, pero te habían dicho que tal palabra no se podía decir de otro niño. Nunca congeniaste con esta ley pero la acataste para armoni- zar con la vida corriente. La verdad era que, de los tres, solo lo imaginabas a él bajo el chorro de la ducha (p. 17).

Tío Evaristo se había desempeñado allí como  indigente, luego pasó a comerciante de zapatos, con lo que juntó algunos billetes, y luego le salió la opción de venta de libros, hasta desembocar en el emprendimien- to narco. (p. 26)

Manizales era una ciudad intermedia que alguna vez estuvo entre las más prósperas del país a base de men- jurjes bursátiles (producción y tráfico de café), pero se había convertido en una urbe mediana y de un elitismo apacible que daba risa y rabia, dependiendo del clima (p. 28)

creías que te gustaría escribir, aunque lo que te llamaba la atención era ver tu nombre impreso bajo un título, o leer cosas ajenas y atribuirte la autoría (p. 31).

hoy discriminan palabras por rebuscadas, mañana van a seguir con las ideas y terminarán segregando personas (p. 39)

Opinabas que las personas mayores obraban mal por dos cosas: les pegaban a los hijos y rechazaban propuestas placenteras (p. 50)

Te gustaba la poética de Orlando Sierra, el pe- riodista asesinado, según la cual a Manizales le crece en las noches de invierno una luna lánguida, torpe y cabeceante como un celador viejo (p. 51)

el que es feo también es un suertudo porque ya sabe que si le agrada a alguien es por otra cosa, no solo lo físico (p. 66). 

a las historias de la gente de Manizales les faltaban cosas duras que les sobraban a las de Medellín.(P. 79 )

cultura impuesta, cuna de violencias y calabozos morales. No más instancias a salir del clóset, una de las nuevas violencias: no hay que salir de nada, hay que invitar a pasar. En los tiempos que corren debemos poder andar de tumbo en tumbo en tantos closets como nos sea posible, cuidándonos, eso sí, del atrincheramiento.(p. 84)

—Eso de la homosexualidad o la heterosexualidad no existe, padre. Usted mismo no puede decir que es ho- mosexual. Nadie puede decir que es nada. Todo depende de encontrar la persona indicada. No existe algo como la orientación sexual (p. 126)

El amor posesivo es lo único que sirve. Los celos tuestan, pero amor demuestran (p. 148)

Los sexualizadores
Carlos Mario Vallejo Trujillo
Editorial Escarabajo
Bogotá
abril de 2024
152 páginas

lunes, 13 de febrero de 2023

Casas vacías, de Brenda Navarro

Casas vacías es una novela corta, potente y desgarradora, escrita con precisión. El lector escucha los monólogos intercalados de dos mujeres que tienen un niño en común: a la primera le raptaron a Daniel en el parque y la segunda es la que lo raptó y lo llamó Leonel.

El niño es autista, tiene 3 años y no habla. Esta incomunicación se extiende también a las mujeres, que están aisladas en su entorno familiar y social, luego del rapto. La desaparición de Daniel es un detonante que le permite a la autora hablar sobre los desaparecidos, sobre las relaciones de pareja, sobre la idealización de la maternidad, la migración, la violencia doméstica, el patriarcado y una cantidad enorme de problemas sociales contemporáneos, que se presentan con una sorprendente capacidad de síntesis y claridad.

La maestría de la escritura se evidencia de distintas maneras: la perfecta diferenciación de las dos voces narradoras, que utilizan un lenguaje propio y verosimil claramente demarcado; la construcción de una constelación familiar para cada una de ellas, con parejas, padres, suegros, y demás personajes, que pueden ser numerosos pero no se sienten como figurantes, sino que tienen una presencia propia: cada "personaje secundario", por llamarlo de algún modo, también carga con sus propios anhelos y dramas que se cuentan en la novela sin que eso la vuelva pesada o atiborrada. Al contrario, sus vidas suman en densidad narrativa. 

Entre los grandes aciertos de la autora está la reflexión en torno a la maternidad, lejos de los estereotipos patriarcales. La novela presenta una madre asesinada, una madre que pierde a su hijo, una madre que se inventa un hijo, una madre que aborta, una madre que tiene a su hijo en otro país, una madre que tiene un hijo muerto... hay distintas variaciones de la relación madre-hijo, que se exploran con belleza y dolor en apenas unas cuantas páginas.
 
Algunas frases:
Te imaginas todo menos que un día vas a despertar con la pesadez de un desaparecido. ¿Qué es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia (p. 17).

No parir, porque después de que nacen, la maternidad es para siempre (p. 22).

tan poco que sé de él y él de mí. ¿Cómo nos atrevimos a ser padres? ¿por qué? (p. 23).

El que desaparece se lleva algo de ti que no vuelve; se llama cordura (p. 25).

Nunca quise ser madre, ser madre es el peor capricho que una mujer puede tener (p. 30).

Todos queremos el futuro porque es una promesa de que en algún momento se te va a quitar la estupidez (p. 31).

Como un pacto intrínseco, sabíamos de antemano que el deseo le está prohibido a los padres que pierden y no encuentran a sus hijos (p. 35).

le dije que yo no sabía de dónde le salía la idea de que teníamos que ser normales. Yo creo que esto es normal, nada más que no nos enteramos. Me miró feo. Tú crees que no pienso, pero sí pienso, sólo que no pienso lo que tú quieres que piense (p. 42) 

me doy cuenta que en otros lugares a una la ven mal: si no trae una ropita de marca, no es nadie; si no trae carro, no es nadie; si trae carro pero no es del año, mal. Por un lado te dicen que le eches ganas, que mejores la raza, que no te quedes pobre, pero si le buscas te dicen arribista, pinche arribista que te avergüenzas de los tuyos (p. 50). 

a lo mejor eso es lo que se supone que significa hacer todo por los hijos, dejar de destruirse mutuamente (p. 56). 

Una cree que hay demasiada libertad en el aire y no se percata de que es fácil crearse una prisión propia (p. 68).

Una misma va gritando: ¡Méteme a la jaula, vamos, que me metas a la jaula! (p. 68).

Todo embarazo es de alto riesgo: riesgo de matarte porque no puedes más (p. 73).

La lactancia es el reflejo de las madres que quieren ahogar a los hijos ante la imposibilidad de no pdoer comerlos (p. 80).

La amaba como se aman las cosas que te traen recuerdos (p. 99).

No importa lo que se diga al respecto: muerto es mejor que desaparecido. Los desaparecidos son fosas comunes que se nos abren por dentro y quienes las sufrimos lo único que ansiamos es poder enterrarlos ya (p. 118).

¿cómo es que Fran y yo nos atreveremos a llegar al descanso eterno si es que nuestro hijo no ha vuelto? ¿Cómo descansar siquiera? ¿Quién lo buscará si nosotros hemos perdido la batalla? ¿Quién lo enterrará? No quiero abdicar para ser la veladora eterna, ni quiero seguir resistiendo... Pido un día más de vida y a la vez imploro uno menos. Sólo quien sabe de desapariciones entiende lo desgarrador que puede ser esto (p. 138).


Casas vacías
Brenda Navarro
Editorial Sexto Piso
Enero de 2020, Madrid
162 páginas

martes, 10 de enero de 2023

Los hechos casuales, de Juan Carlos Botero

Los hechos casuales es una novela de 550 páginas publicada en 2022. Ese dato, el de su extensión, sumado a la fecha de su publicación, da cuenta de un hecho notorio: en la actualidad es poco usual que se publiquen novelas largas (una de 300 páginas ya parece larga en el mercado editorial contemporáneo) y por eso esta novela aparece a primera vista como fuera de tiempo.

Se trata de una obra con varios giros narrativos tan fundamentales que parece como tres novelas en una: la del inicio, en la que nos presentan a Sebastián Sarmiento, un magnate colombiano, multimillonario, huérfano, viudo y solo; la segunda, en la que conoce a Mara Ordóñez, la mujer que lo saca del pozo de soledad, y la tercera en la que la violencia urbana incursiona en la vida de Sebastián, como un hecho no tan casual. 

No solo por su extensión Los hechos casuales parece una novela del siglo XX, aunque se haya publicado ya entrado el XXI. Si bien buena parte de los hechos que describe ocurren en Bogotá en los años 80 y 90, no es la temporalidad cronológica del relato lo que hace que se ubique en el pasado, sino su lenguaje: el enfoque sobre los personajes y temas. Por ejemplo, los personajes femeninos se presentan y se construyen desde su aspecto físico (su piel bronceada, labios carnosos, pelo sedoso y el color de los ojos), o, en algunos casos, su ternura, su sensualidad, su prudencia. Son mujeres-esposas o mujeres-madres en el sentido idealizado del rol, con una visión eurocéntrica y esquemática del concepto de belleza, sin agencia propia y con papeles estereotipados, desde la mirada de los varones que narran (todos los narradores son masculinos). En el caso de los hombres, hay una insistencia curiosa en la pulcritud y la limpieza como rasgos inherentes a la belleza.

Otra visión que se siente "pasada de moda" es la relacionada con la filantropía, vista como un ejercicio de caridad. Una cosa es que el protagonista sea un millonario discreto que se dedique a labores filantrópicas y otra que esa actividad se presente desde una mirada idealizada, tipo Robin Hood. Se siente tan fuerte el sesgo oligarca que la novela se resuelve con el protagonista donando la mitad de su empresa, y haciendo "rico" a su mejor amigo: repartir plata desde una posición de privilegio es la forma en la que el personaje logra relacionarse con los demás. 

El autor, Juan Carlos Botero, es un excelente columnista. Parte de ese ejercicio de opinión periodística llega hasta las páginas de esta novela: el autor presenta su lectura sobre la violencia política y el conflicto armado colombiano, con digresiones que en algunos casos se leen más cercanas a una columna de opinión que a una novela de ficción. Lo mismo ocurre con la insistencia, a lo largo de distintas páginas, en explicar que la vida se determina a partir de hechos casuales o que el azar define los destinos. Si bien esta hipótesis, que le da título a la novela, queda suficientemente explicada, y el autor usa ejemplos "de la vida real" para dar sustento a su argumentación, tanta reiteración explícita delata un interés más pedagógico o explicativo, cercano al periodismo, que un interés linguístico cercano a la insinuación, la sugerencia o la metáfora, tan placenteras en el ámbito literario.

Escribir una novela de 550 páginas exige un enorme esfuerzo para un escritor y a la vez permite mostrar distintas facetas del autor. En Los hechos casuales hay sugestivas páginas eróticas, muy bien logradas, hay páginas de acción con balas, peleas y suspenso; hay digresiones sobre la soledad, el azar y el poder, y hermosas descripciones de Bogotá, que aparece retratada desde la Plaza de Bolívar hasta la carrera 7 con 76 y la zona del Centro Andino. Para muchos lectores será, sin duda, una lectura muy entretenida y completa. Para mí, aunque disfruté la lectura de largo aliento, faltó verosimilitud. 


Algunos apartes:

Preferimos creer que ejercemos cierto control sobre nuestro destino, y nos rodeamos de inventos cada vez más confiables y seguros a fin de reducir el peligro y eliminar el riesgo de la vida cotidiana. Pero es una ilusión, pues a pesar de los cuidados y las precauciones un hecho mínimo, fruto del azar, puede desencadenar el cataclismo (p. 13).

Los hechos insignificantes no existen (p. 14). 

esa clase de personas que les dedican excesiva importancia a las relaciones públicas, las que están con uno pero a la vez dan la sensación de que en realidad están pendientes de los demás, otra gente quizá más interesante o relevante, y siempre hay alguien afuera del círculo de presentes que puede ser más importante o valioso (p. 33). 

desconocen lo que son las exasperantes colas para pagar los servicios públicos, las largas filas en clase turista para subirse a un vuelo comercial, las incomodidades y agresiones del transporte citadino, y la avalancha de angustias que viene con la pérdida del empleo o la zozobra económica. Son señores que viven que viven lo que otros sólo vemos en el cine o en las revistas, y son los mismos que con apenas una mirada, un dedo levantado en alto o un movimiento discreto de la cabeza obtienen la atención que requieren en cafés, restaurantes y cenas de esplendor, y sus deseos son inmediatamente atendidos (p. 36). 

En realidad, nunca se supo qué fue peor: la insania suprema de la guerrilla al promover un atentado tan violento en pleno centro de la capital, la incompetencia del Gobierno civil que careció de la autoridad para impedir o atajar la tragedia, o la ferocidad de las fuerzas armadas que retomaron el palacio a sangre y fuego (p. 54). 

Esta esquina de la carrera Séptima con la calle Once es nada menos que el epicentro de la violencia nacional (p. 58). 

La pérdida de un hijo. La pérdida de la salud. La pérdida de la fortuna. La pérdida de los afectos. La pérdida de la honra. Una parte de esa ausencia se aposenta en la mirada luego de padecer una vivencia de esa magnitud, como el cráter que yace tras el impacto de un meteorito en la superficie de la Luna (p. 59).

pienso que las oportunidades que se nos presentan en la vida son frágiles y fugaces, fruto del azar, el resultado de una serie de hechos casuales que pueden cambiar en un instante y por eso hay que aprovecharlas cuando éstas se dan (p. 97). 

La culpa compartida por toda la sociedad, por ser testigo de tantas desgracias que dejan preguntas que escuecen, inmensas e insoslayables, que arden sin falta en la mente. ¿Yo habría podido hacer algo para impedir ese crimen? ¿Para atajarlo o prevenirlo? ¿Para denunciarlo? ¿Para anticiparme a la violación, a la matanza, al asesinato o el atropello? Porque eso es lo grave de vivir en un país como el nuestro (p. 108).

cuando ocurre una barbarie de esa escala monumental, como la violencia actual en Colombia y todas las otras que te acabo de enumerar, aquéllas no sólo las producen unos cuantos fulanos sanguinarios, sino que se requieren también grandes sectores de la población -mediante diferentes grados de pasividad y colaboración- para permitirlas. Para que existan. Para que sean posibles. Por acción u omisión (p. 109).

Ver es saber, y saber es participar. Y de ahí la culpa (p. 110).

la literatura fue nada menos que un refugio espiritual para Sebastián, lleno de temas, personajes, historias y enseñanzas que le brindaban un alimento tan vital para su existencia como la comida diaria (p. 119).

Es una gran cualidad, pensó el ejecutivo, encontrar personas que saben escuchar, en vez de aquellas que apenas fingen hacerlo mientras sólo esperan su turno para hablar (p. 135). 

Y aunque es verdad que hoy tengo otros amigos con los que me veo más, y colegas profesionales con los que comparto una afinidad de intereses, todas esas personas llegaron a mi vida después y son relaciones distintas, que jamás tendrán la hondura ni la misma coraza de solidez que tienen las que se forjaron en el colegio. Las amistades que uno hizo en esos años juveniles tienen una envoltura casi sagrada, pues son inmunes a la distancia o a la erosión del tiempo, y, aunque pasen los meses, tan pronto uno se junta con esos amigos del alma se retoman los hilos del afecto y de la confianza sin esfuerzo, como si nos hubiéramos despedido con un fuerte abrazo la tarde anterior (p. 151). 

para que suceda un acontecimiento que en retrospectiva luce de capital importancia en nuestra vida, se requiere un número incalculable y abrumador de hechos y circunstancias, de casualidades y decisiones grandes y pequeñas. Y basta que uno solo de esos hechos o de esas decisiones no se dé -que se rompa un solo eslabón de esa larga cadena de sucesos fortuitos-, o se dé con una mínima variante, para que nuestra existencia, tal como la conocemos, sea otra, radicalmente diferente, ya sea para bien o para mal (p. 195). 

Era una pena tan grande e inconsolable que sentí que me iba a destruir; pero con el tiempo descubrí una verdad atroz, Roberto, una de las más terribles de la condición humana, y es que todo sufrimiento, por profundo y abrumador que sea, precisamente no nos mata. Aunque nos parezca insoportable y así pensemos que el duelo nos va a aniquilar; pues la vida con semejante carga es invivible, y aunque la existencia carezca de sentido a raíz de esa aflicción y de esa ausencia inconmensurable, la triste realidad es que somos lo suficientemente duros y egoístas para seguir viviendo. Porque en la contienda que se produce entre la persona desaparecida y nuestro apetito por la vida triunfa lo segundo, y lo sobrellevamos como la mayor traición hacia la persona fallecida. Seguir viviendo es nada menos que una afrenta y un acto de deslealtad, como si el ser amado nos llamara desde la otra orilla de la muerte para preguntarnos, cuestionarnos; ¿Cómo es posible que puedas sobrevivir sini mí? ¿Que puedas continuar? ¿Que puedas, efectivamente, existir sin mi presencia? Porque vivir significa hacer, tarde o temprano, lo mismo que hacíamos con esa persona... pero con alguien distinto (p. 205). 

al carecer de ilusiones nada nos jalona hacia adelante. no contamos con una meta hacia dónde enfocar nuestros actos; un día se vuelve igual al anterior y un año no se diferencia del siguiente, y da lo mismo si llueve o si hace sol porque todo, al fin y al cabo, nos es indiferente (p. 215). 

A esta edad, caviló, todos arrastramos un bagaje considerable. Hemos sido lastimados de una forma u otra, y nos acercamos al otro asustados, con recelos y suspicacias, procurando conservar cierta distancia emocional para protegernos en caso necesario (p. 226). 

a fin de sobresalir en un proyecto o ser el mejor en un empeño, más que habilidad o talento a veces eran definitivas otras cosas más básicas, como la dedicación y la disciplina, o la simple disponibilidad de tiempo (p. 322). 

La nuestra es una democracia representativa, qué duda cabe, pero no nos engañemos: aquí unos intereses están bastante mejor representados que otros (p. 358). 

confirmé dos cosas importantes que siempre he pensado. La primera es que existen muchas personas buenas en este país que desean ayudarle al prójimo, pero no lo hacen porque carecen de los recursos o desconocen la forma de hacerlo. Y la segunda es el efecto multiplicador que puede tener una ayuda menor; cómo una pequeña suma de dinero puede generar un beneficio comunitario; una cifra que, invertida de cualquier otra manera, jamás tendría una resonancia tan positiva (p. 366). 

la calidad de una persona no se mide en lo que puede producir para sí, sino en la felicidad y en la plenitud que puede producir para los demás. Hay muchas cosas en la vida que tienen doble filo, como el amor, la ambición, el dinero, y mil cosas similares. Pero la generosidad es de las pocas socas que tienen doble bondad: el bien que produce en el que recibe, y el bien que produce en el que da (p. 367). 

era nefasto para la democracia colombiana la cercanía de la prensa con las esferas de poder -no era extraño que los directores de los principales medios almorzaran una vez a la semana en el palacio presidencial, lo cual se prestaba para manipular la información que después se transmitía a la opinión pública-, y que la independencia periodística tenía que ser un valor sagrado para fiscalizar al Gobierno que fuera, como sucedía en los países más avanzados del mundo (p. 417). 

En Colombia ninguno de esos bandos tiene una motivación ideológica, y se lo digo yo que los conocí bien por dentro. La guerrilla invoca los textos de la izquierda para justificar sus actos de barbarie, y los paramilitares invocan los de la derecha por lo mismo. Y sí, a lo mejor algún jefe o cabecilla de un frente se cree esos rolos, pero son la escepción, se lo garantizo, y no es por eso que están alzados en armas. Quizás en otros lugares sí fue así, y tal vez aquí hubo cierta intención romántica o idealista al comienzo, inspirada en la Revolución cubana y en la figura legendaria del Che. Pero hoy en día, en este país, lo de ambos es un puro y simple negocio. Disfrazan sus crímenes con discursos políticos, pero en realidad sólo les interesan el poder y el billete. Es una lucha por la tierra, por el dominio de unas mafias sobre otras, una pelea a muerte por el tráfico de drogas y otras fuentes de riqueza como son el oro, el petróleo, la extorsión, el boleteo, el contrabando y la trata de personas. Es un negocio y nada más. Y creer que hay una motivación política o ideológica detrás de esa guerra sucia y sangrienta es de una candidez ridícula (p. 447).

Lo espantó la fragilidad de las vivencias, comprender que el pasado no era un trayecto estático y congelado en el tiempo, inmune al peligro y a salvo en la memoria, como él siempre había creído, sino que era un recorrido precario, maleable y, sobre todo, vulnerable. Una simple frase, vislumbró, puede abolir un pasado entero (p. 480). 

cualquier suceso es trivial únicamente en apariencia, pues los hechos insignificantes no existen. Y si así lo parecen es sólo porque no hemos escuchado el último de sus ecos, o no hemos percibido la última de sus ondulaciones (p. 483). 

me moldeé a tu figura ideal. Fui la mujer que querías que yo fuera, y o hay nada que enamore más a un hombre que eso. Todos ustedes son predecibles (p. 488). 

el valor de una biblioteca no es por la cantidad de libros que se tiene sino por lo bien leídos que éstos sean (p. 525). 

la bondad es discreta y modesta, casi invisible, adversa a la fama y a la figuración, y los titulares de la prensa se los llevan los malos que producen la noticia, de la misma manera que los periódicos registran los pocos aviones que se caen o accidentan y no los miles que cada día realizan la asombrosa hazaña de despegar y aterrizar con éxito. El público confunde la realidad con lo que aparece en los diarios, y por eso los corruptos y los violentos parecen más. Pero no es verdad (p. 531).

El pesimismo es un lujo que sólo se dan aquellas personas que no son conscientes, realmente conscientes, de que son mortales (p. 537). 


Los hechos casuales
Juan Carlos Botero
Editorial Penguin Random House
Bogotá
Septiembre de 2022
556 páginas

jueves, 20 de octubre de 2022

Subasta, de María Fernanda Ampuero


La subasta que nos presenta María Fernanda Ampuero es una subasta contemporánea, de personas que son secuestradas en la ciudad para ser vendidas al ladrón que presente una mejor oferta, para que haga negocio con ella: le desocupe su vivienda, sus cuentas bancarias, sus tarjetas de crédito, o haga uso de su cuerpo si así lo desea. Una subasta urbana que evoca las subastas de esclavos de la época colonial.

La narradora tiene un pasado difícil, en un ambiente de galleras y violencias, y esa experiencia previa le permite aprovechar su propio cuerpo, con sus fluidos y olores, para contrarrestar la amenaza que sobre ella se cierne. La chica a la que su papá descalificaba como "mujercita" es una mujer que conoce bien los puntos débiles del supuesto sexo fuerte.

Este cuento corto de María Fernanda Ampuero es perturbador. La historia que narra no se ubica en una ciudad específica y por ello se adapta a cualquier ciudad latinoamericana. El horror que describe en realidad puede ocurrir en cualquier parte y por eso la fuerza de la descripción en un espacio asfixiante resuena mucho rato después de haber terminado la lectura. 

Subasta
María Fernanda Ampuero (ilustraciones de Jessica Ocampo)
Fondo de Cultura Económica, colección Vientos del pueblo
México, 2019
21 páginas


martes, 6 de noviembre de 2018

De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte, de Gustavo López Ramírez

Estos 10 cuentos del médico anestesiólogo Gustavo López Ramírez, dispares en temas y personajes, tienen sin embargo varios elementos comunes, que van desde la recreación de atmósferas que lucen envejecidas, hasta el interés en varios de los relatos por narrar el crimen o el mundo marginal.

Diversos lugares de Manizales aparecen en estos cuentos: la Facultad de Arquitectura del Cable, el antiguo terminal, Morrogacho, la Catedral, Santágueda, San Carlos y el centro de la ciudad. Sin embargo no todos los relatos se ubican en Manizales: "Los huesos de la Paloma" recrea la historia de una guerrillera del M-19 en las horas previas a la toma del Palacio de Justicia, y "La Kenworth" transcurre entre Caucasia y Aguachica.

Pero más allá del mapa cartográfico de Manizales, los cuentos ofrecen un mapa sociológico sobre la ciudad: "No hay nada más parecido a un pobre que un rico de Manizales", dice uno de los relatos, haciendo evidente un tema de interés para el autor: la estratificación, la segregación en clases sociales y la exclusión.

El otro elemento común en varios de los relatos es la violencia colombiana. No sólo la ya mencionada toma del Palacio de Justicia, sino también el secuestro, el hurto a residencias, el homicidio, la homofobia y el fraude: el delito en todas sus formas es uno de los ejes transversales de este libro desesperanzado, en donde como declara otro personaje: "La corrupción es lo que mantiene unido a este país. El día que se acabe la corrupción este país se disolverá en su sinsentido".

El lenguaje de López suena a veces a prosa de otra época, lo cual no es un defecto: produce en el lector una sensación de extrañamiento, de distancia temporal frente al texto, que invita a sumergirse a través de la lectura en una atmósfera enrarecida. 

Esa solemnidad del lenguaje, sobre todo de ciertos términos y frases, contrasta con el humor, especialmente en cuentos como "La vida que nos merecemos" y "La Kenworth", en donde el tono tragicómico mezcla toques de gracia con escenas que rayan en el pavor.

En "De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte" el autor hace un sentido homenaje al periodista Orlando Sierra Hernández, asesinado en Manizales. En "La Kenworth" el tema del travestismo se trata con gracia e ingenuidad. "La vida que nos merecemos", cuento que fue publicado en la Revista El Malpensante, logra crear una situación absurda e hilarante entre dos ladrones indigentes y una señora de la alta sociedad manizaleña. "Carta de amor final con anacronismos" es una sentida carta de un amor despechado de un hombre a su examante gay. "Los efectos anestésicos del whisky" es la historia de una demanda a un anestesiólogo al que en plena cirugía se le despierta el paciente. "La rodilla esquizofrénica" es otra historia médica sobre un médico víctima de un paciente. "Compañía de teléfonos" describe bien el tedio del matrimonio y el sexo telefónico como distractor. "Amores de pantano: Paul Carroña y Virginia Pus" es, como su título lo indica, una historia de vómito, pus y carroña. "Los huesos de Paloma", como ya se mencionó, es un homenaje a los guerrilleros desaparecidos del Palacio, y ¿Por qué me abandonaste Isabel Sarli? es la historia de un secuestro de un par de viejos en Santágueda.

Más allá de las anécdotas de estos cuentos, la versatilidad del autor para denunciar un contexto político y social a través de distintos espacios y personajes fue uno de los elementos que tuvo en cuenta el jurado del X Concurso Nacional de Novela y Cuento de la Cámara de Comercio de Medellín, que en 2011 declaró a este volumen como ganador en la modalidad de cuento.

Algunas frases:
La corrupción es lo que mantiene unido a este país. El día que se acabe la corrupción este país se disolverá en su sinsentido.

Te voy a dar un consejo y te lo voy a dar gratis porque eres mi hermana. Primero eres, después te llamas. Personalidad ante todo, niña. Yo no sé por qué la gente deja que le pongan un nombre y ya. Una debería tener un nombre para cada día o par cada estado de ánimo.

¿Desechable yo que vivo bajo un puente que costó más que esta casa, que fue inaugurado por el presidente y bendecido por el señor obispo? Dígame Señora: ¿esta casa la inauguró el presidente?

La investigación, claro, fue exhaustiva pero nunca llegó a nada. Esta sociedad piensa que es mejor perder la plata que arriesgar el linaje y todos tan tranquilos que así se arreglan las cosas entre la gente bien.

No hay nada más parecido a un pobre que un rico de Manizales.

¿Te acuerdas lo que decíamos de los domingos? El no día, el gran flato, el eructo de dios.


De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte
Gustavo López Ramírez
Cámara de Comercio de Medellín
Medellín, 2011
152 páginas

martes, 29 de mayo de 2018

Mar de leva, de Octavio Escobar Giraldo

Hasta ahora la novela más leída de Octavio Escobar Giraldo es Después y antes de dios, que ganó en España el Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro en el 2014 y el Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura en 2016. 

Quienes se acerquen a Mar de leva buscando el universo narrativo de suspenso y crimen de Después y antes de dios están ante el libro equivocado. Como el autor ha dicho en distintos escenarios, para él la literatura es juego, la oportunidad de inventar nuevas cosas, y repetir el mismo juego resulta aburrido. A él lo que le gusta es explorar, reinventarse, y por eso ha logrado construir una obra que incluye novela, cuento y poesía, con historias de los siglos XIX, XX y XXI, con personajes que son niños, jóvenes, adultos y ancianos y con tramas que bien pueden ocurrir en el campo o en la ciudad. Lo suyo es la variedad, que para el lector se traduce en una permanente sorpresa.

Y sin embargo, Mar de leva es también un libro que tiene lazos que lo conectan con otras obras del autor. Es un homenaje literario a Nostromo, de Joseph Conrad, así como hace algunos años La posada del almirante Benbow fue un homenaje de Octavio Escobar a La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Mariana, una de las protagonistas es cirujana como el autor, como algunos de los personajes que aparecen en su libro de poemas Historias clínicas y como el médico de Destinos intermedios. Elena, antigua compañera de estudios de Mariana, es lesbiana como la doctorcita de Después y antes de dios, y Javier, el hijo de Mariana y tercer protagonista de la historia es un adolescente de 15 años, un personaje un poco mayor que el entrañable Alfredo de El mapa de Sara.


Aunque si esta novela guarda relación con alguna obra anterior de Octavio Escobar es con Cielo parcialmente nublado: ambas usan la narración lineal y la inclusión de largos diálogos hiperrealistas entre los personajes para contar una historia en la que aparentemente "no pasa nada" en la medida en que no hay grandes sobresaltos. Sin embargo, el eco lejano del conflicto armado (los diálogos del Caguán en Cielo parcialmente nublado y el secuestro en Mar de leva) terminan por afectar la cotidianidad de los personajes. Además, ambas novelas usan el viaje como punto de partida para el relato.

Mientras Cielo parcialmente nublado ocurre en Manizales, Mar de leva transcurre en Sulaco, cuyo nombre no se incluye en el libro, aunque sí se habla de las minas de Santo Tomé. Sulaco es el puerto que construyó Joseph Conrad en Nostromo (1904): una ciudad que se independizó de Costaguana. Sulaco es una ciudad literaria ubicada en el Caribe, que Octavio Escobar reconstruye para actualizarla al Siglo XXI. El ejercicio cartográfico evidencia una lectura minuciosa de Conrad y así mismo la adición de detalles para hacer de la ciudad un espacio contemporáneo: centros comerciales, autopistas y otros elementos, que para el lector significan un viaje imaginario en el que a veces se siente en Cartagena, en Santa Marta, en Panamá, en Río de Janeiro, en Lima o en Barranquilla. De la suma de todas está hecha Sulaco.

La historia de Mar de leva es muy simple, y en lo superficial se lee hasta frívola: la médica Mariana viaja con su hijo Javier a pasar el fin de semana con Elena, su excompañera de universidad, para celebrar los 15 años del chico. Beben cerveza, comen, pasean, Elena propone contratar un show erótico para el quinceañero y al otro día sufren la resaca. Aparentemente eso es todo, pero en las aguas profundas del mar de leva están los conflictos: Alejandro, el esposo de Mariana y papá de Javier, lleva 4 años secuestrado y no hay noticias de él; la relación de Mariana con la familia de su esposo es tensa; la insinuación del incesto pasea por algunas páginas, al igual que una posible relación antigua entre Elena y Mariana. Y todo esto ocurre en el entorno de un adolescente que se masturba cada vez que puede y el tiempo que no piensa en sexo lo dedica a jugar zombies vs plantas en su teléfono. 

Migas de pan, de Azriel Biblowicz; Abraham entre bandidos, de Tomás González; El mundo de afuera, de Jorge Franco; Pensamientos de Guerra, de Orlando Mejía Rivera, y El héroe discreto, de Mario Vargas Llosa son algunas obras que desde la ficción han abordado el tema del secuestro. Mar de leva lo hace desde un ángulo distinto: el secuestrado es una sombra, un espectro cada vez más lejano y difuso, cuya ausencia, sin embargo, es el lastre que define la vida de sus familiares. Hay una tragedia en la tras escena, pero en el primer plano aparecen gafas oscuras, música, sexo, licor, risas y complicidad. La vida contemporánea de las redes sociales, en las que las personas crean relatos positivos de sí mismas, se siente en estas páginas con vigorosa fuerza. 


Algunas frases:
La devoción de los narcos es comparable a la de las beatas.

Ya me acostumbré a tener gato. Se llama Valentino y es un angora blanquísimo, ojiazul, puro pedigrí, la reina de Inglaterra no es de tan buena familia.

La historia de este país es como la de cualquier otra banana republic: tragedia y folclor, ricos muy ricos y pobres muy pobres.

Eres médica. Sabes que el sexo es una actividad natural desde que el feto está en el vientre materno. Es la moral de los curas la que complica las cosas.


Mar de leva
Octavio Escobar Giraldo
Literatura Random House
Bogotá
2018
184 páginas


jueves, 26 de abril de 2018

El mundo de afuera, de Jorge Franco

Don Diego, su esposa Dita y su hija Isolda son una familia más que feliz: son una familia rica, de Medellín, que habita un castillo construido al gusto del padre de familia, con jardines y lujos. Dita es alemana y llegó a Medellín de la mano de su esposo, quien pertenece a la familia dueña de Coltejer. La niña no asiste al colegio, porque recibe instrucción personalizada en su castillo, la cual incluye clases de piano, bordado e idiomas. Todo parece un cuento de hadas.

Pero afuera, el mundo de afuera, es distinto: tiene pobres, tiene caos. Hay vecinos que se trepan a los árboles a observar a Isolda; hay un delincuente en ciernes que se enamora de ella. Hay tragedias que se cocinan lento y de pronto se desencadenan como una tempestad.

El mundo de afuera es una novela basada en hechos reales: el secuestro de Diego Echavarria ocurrido en 1971. A partir de ese hecho el autor empieza a tejer un relato con capítulos cortos, construidos con una estructura muy cuidada que le permite dar saltos en el tiempo, hasta los años de la posguerra en alemania, o la infancia de Isolda, o el tiempo presente de los días largos del secuestro.


El logro principal de la novela es la estructura y quizás por ello recibió el Premio de Novela Alfaguara en 2014. Tiene múltiples personajes que a veces lucen etéreos, así como algunas situaciones que resultan inverosímiles o forzadas, pero en general se trata de un libro cuidado, bien escrito, que se lee con el frenetismo de una novela policiaca: desde la primera página se crea la necesidad de saber qué va a pasar con Don Diego y su familia, y cada capítulo revela detalles que enredan aún más la historia, hasta la última página.

Algunas frases: 
Los sueños se van desechando y los que quedan se dejan para después.

Yo les pregunto por qué tenemos que preocuparnos por una guerra que no es nuestra, y mi papá me dice que todas las guerras del mundo son nuestras.

La gente dice que su rareza no es más que soledad.

Pero hasta París cansa.

Un avión no te da tiempo de saborear la nostalgia, te lleva muy rápido y cuando llegas tienes que ocuparte de tu nueva vida. En cambio el barco... Tienes todo el tiempo del día para los recuerdos, para extrañar.

Ninguna ropa de verano es adecuada -renegó don Diego-. Es deslucida, no viste bien.

Estoy harta del tiempo, dijo, lo que trae se lo lleva sin misericordia. Trae el amor, lo gasta y se lo lleva. Se lleva la memoria, los recuerdos, se va con tus fuerzas. También trae el dolor y, si se aguanta, queda una herida con la que toca vivir hasta que el maldito tiempo decida llevárselo a uno. y no por las buenas, sino que nos deja alguna enfermedad para que conozcamos la eternidad antes de irnos.

El tiempo es el infierno.

El mundo de afuera
Jorge Franco Ramos
2015
Bogotá
303 páginas

sábado, 11 de enero de 2014

El héroe discreto, de Mario Vargas Llosa

El héroe discreto es un libro discreto. Dentro de la prolífica obra de Mario Vargas Llosa, su última novela es una obra que empieza fuerte, porque tiene un protagonista definido, metido en un embrollo que parece complejo, pero al avanzar las páginas la historia se difumina en medio de diálogos, descripciones e historias que quizás pudieron editarse, para dejar una historia central más corta y contundente.

El libro está construido a partir de dos historias paralelas que sólo se unen al final: Por un lado, las amenazas y extorsiones a Felícito Yanaqué, un hombre humilde, propietario de una empresa de transportes en Piura, y por otro lado las vicisitudes de Don Rigoberto, su esposa Lucrecia y su hijo Fonchito (los mismos de Los Cuadernos de don Rigoberto), que ven como se complica su vida cuando Ismael Carrera, jefe de don Rigoberto, decide casarse con su empleada del servicio.

En el manejo del lenguaje me parece novedoso el uso de diálogos mezclados: dos personas conversan sobre lo que otras dos conversaron, o evocan otro diálogo, y ambas conversaciones se entremezclan sin confundir al lector y sin necesidad de atribuir permanentemente la voz a cada personaje.

Aparecen acá además de Don Rigoberto, el policía Lituma, de Lituma en los Andes, y se menciona la Casa Verde. "Homenajes" o nostalgias del autor por sus personajes idos.


Algunas citas:
Felícito recordó las palabras de su padre antes de morir: "Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener".

- Tú y yo somos buenos amigos, ¿sí o no? -le soltó su jefe de pronto, como despertando.
- Supongo que sí, Ismael -repuso Rigoberto-. Si es que entre un patrón y su empleado puede haber de veras amistad. Existe la lucha de clases, ya sabes. 

Aprendieron inglés pero hablaban un español de analfabetos mechado con toda esa horrible jerga y apócopes de la juventud.

A él le parecía que Gertrudis se había convertido con los años en una especie de mueble, que había dejado de ser una persona viviente.

Oyendo la voz de esa muchacha le pareció comprender cabalmente por primera vez, muchas palabras de los valses criollos que antes le parecían misteriosas e incomprensibles como arpegios, celajes, arrobo, cadencia, anhelo, celestía.

Sólo se debe llevar una pistola cuando uno está dispuesto a usarla y usted no me parece una persona capaz de matar a nadie.

Tendrías que leer un poco la Biblia, hijito. Como cultura general. El Nuevo Testamento siquiera. El mundo en que vivimos está repleto de referencias bíblicas y si no las entiendes vivirás en la confusión y la ignorancia total. Por ejemplo, no entenderás nada del arte clásico, de la historia antigua.

Se supone que el diablo no existe. Yo creía en él cuando te conocí, Rigoberto. En Dios y en el diablo, como cree toda familia católica normal. Tú me convenciste de que eran supersticiones, tonterías de la gente ignorante.

Un psicólogo puede ser más peligroso que el mismísimo diablo, lo supe desde que leí a Freud.

Pero el potito, te habrás fijado, deja bastante que desear. No es muy tocable. No acabó de desarrollarse, no floreció, en algún momento se quedó atrofiado. En mi sistema de clasificación, el suyo es un culito tímido, ya me entiendes.

En las biblioteas, a veces uno se aisla demasiado del mundo de todos los días, de la gente común. Yo no creo en tus espacios de civilización, que te apartan de los demás y te convierten en un anacoreta.

Es verdad que es imposbile conocer a fondo a las personas, todas son insondables.

La función del periodismo en este tiempo, o por lo menos, en esta sociedad, no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia. Otra prueba de que los pequeños espacios de civilización nunca prevalecerían sobre la incomnensurable barbarie.

Pero un día perdí la fe y nunca más la he recobrado. Creo que la perdí apenas empecé a pensar. Para ser creyente no conviene pensar mucho.



El héroe discreto
Mario Vargas Llosa
Editorial Alfaguara
2013
383 páginas

sábado, 9 de febrero de 2013

Abraham entre bandidos, de Tomás González


Hace ya más de un año Carlos Julián había reseñado en este blog "Abraham entre bandidos" y había empezado diciendo que "hay algo de bello en toda esta sencillez". Creo que "sencillez" es la palabra que mejor describe la literatura de Tomás González, una escritura limpia, depurada, sin malabares ni trampas ni pretensiones rocambolescas, que habla siempre de gente común, de historias cotidianas, en medio de una naturaleza muy bien descrita y unas voces personales muy bien definidas.

Leí que esta historia tiene dos orígenes: por un lado, el secuestro de Abraham se parece al del suegro de Tomás González, que en la época de la violencia fue "raptado" durante cinco días por el bandolero Chispas para conversar y tomar aguardiente, porque era una persona muy agradable. Por otro lado, González leyó una historia en el Miami Herald sobre una señora octogenaria y su hijo, 20 años menor, con síndrome de down, y de ahí surgen los personajes de Susana, la esposa de Abraham, y Vicente, su hijo.

La historia está contada en dos tiempos, en capítulos intercalados: Por un lado está el secuestro de Abraham y su amigo Saúl, y las penurias que padecen en medio de la incertidumbre, largas caminatas, hambre y frío. Por otro lado está el relato de Susana, 40 años después, recordando no sólo los días del secuestro sino la vida familiar con sus 9 hijos, sus nietos, su vecina y un entorno muy paisa, muy clase media colombiana, muy "común y corriente".

Es una novela sobre una familia. También sobre La Violencia y las otras violencias porque en este libro, más que en otros, el autor suelta algunas frases políticas. Pero me parece que además de todo eso, es una novela sobre la amistad de Abraham y Saúl, una historia que se cuenta como se construyen las amistades duraderas entre los hombres: con muy escasas palabras y mucho tiempo en común.

No es claro en que ciudad vive Susana ni en que zona ocurre el secuestro, pero el recorrido de Abraham y Saúl puede ser por Santuario, Risaralda, donde quedaba la finca de los abuelos del autor, o por Sevilla Valle, donde vivía la familia de su esposa. Los secuestrados en todo caso recorren cafetales, zonas templadas y bosques de niebla, en una geografía similar a la del Eje Cafetero.

En éste como en otros libros de González, aparecen sus temas recurrentes: la familia, la finca, la clase media urbana colombiana, el paisaje, el lenguaje coloquial y, sobre todo, el sentido del humor, que acá se agradece porque en una historia dura y con tanta sangre el lector se sorprende con risas que parecen fuera de lugar.

Por último, un guiño para los lectores de toda la obra de González: algunos de los personajes que aparecen acá en un segundo o tercer plano, como Cesar el médico forense, reaparecen en algunos de los cuentos de El lejano amor de los extraños.

Las frases: 
"como si se acabaran de tomar la finca y se dispusieran tal vez a asesinarlos o algo peor"

"debía pasar el día en una oficina desabrida (sin matas, donde según ella, la secretaria dejaba herbir el café y los empleados salpicaban la taza del inodoro).

"nadie camina con tanta maña a esa hora a no ser que se lo proponga; y nadie se propone caminar a la perfección a las tres de la mañana a no ser que esté borracho".

"A ella nunca le han gustado las mujeres demasiado sufridas y abnegadas, porque la verdad es que muchas se esclavizan solas".

"para enfrentarse con el horror, que nos deja indefensos como niños recién nacidos".

"A ríos más o menos grandes había ido, dijo, pero nunca al mar".

"la gente volvía a hacerse ilusiones y a pensar que ahora sí llegaría la paz. Uno se engaña. Algún día se acabarán, claro, porque nadie se acostumbra a que anden matando así a la gente (ni siquiera los que matan), pero vea usted en lo que estamos todavía...".

"A todos de vez en cuando nos llegan melancolías grandes, porque vivir es difícil".


Abraham entre bandidos
Tomás González
212 páginas
Alfaguara
2010