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sábado, 22 de febrero de 2025

La grieta, de Juan Camilo Gallego Castro

Este libro es la historia de dos vecinos en una zona rural de Puerto Triunfo, Antioquia, en los años 70 del siglo XX. A un lado de la montaña viven los colonos Ramón y su primo Antonio, y del otro lado, separados por el río, están los hermanos Manuel y Horacio. Los vecinos se reunen con frecuencia en parrandas que incluyen aguardiente, y canciones con guitarra a cargo de Ramón. Todo es armonía y paz, hasta que deja de serlo. 

Las causas de la ruptura dependen de quién las narre: para Ramón, su vecino Manuel y los hijos de éste son muy cercanos al cura de la vereda Santa Rita, Bernardo López Arroyave, y ese cura tiene fama de guerrillero. Para Manuel, la razón es concreta: el 17 de septiembre de 1982 llegaron a su casa hombres armados preguntando por él. Como no estaba ordenaron que los hombres salieran de la vivienda. Mataron a sus hijos Carlos y Alirio Buitrago, a su cuñado Gildardo Ramírez, a su sobrino Fabián Buitrago y a Marcos Marín, un trabajador de la finca. En la masacre estuvo presente, dando las órdenes, su vecino Ramón Isaza, que ya para entonces era paramilitar. 

La grieta cuenta cómo, en cualquier lugar, puede estallar una guerra. La rivalidad entre las familias Isaza y Buitrago desencadenó una oleada de terror que dejó numerosos muertos en distintos municipios del Magdalena Medio: las víctimas de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, comandadas por Ramón Isaza, y las del frente Carlos Alirio Buitrago, del ELN, denominado así en memoria de los dos hermanos asesinados, y del que hicieron parte su padre Manuel y los hermanos que sobrevivieron a la masacre y luego también murieron víctimas del conflicto.

La grieta es un libro útil para entender el origen del conflicto armado en el Magdalena Medio, aunque puede dar una idea sobresimplificada al reducir el conflicto a la disputa entre dos familias. El libro cuenta que Ramón Isaza prestó servicio militar y como soldado combatió a la guerrilla en el sur del Tolima. Luego regresó a su tierra, trabajó en su finca y, por su pasado militar fue invitado a formar un ejército de autodefensa. El 22 de febrero de 1978, con apenas ocho escopetas se enfrentaron a las Farc. Desde ahí su grupo se llamó "Los Escopeteros". Recibió ayuda y armas del Ejército y quedó bajo órdenes del paramilitar Henry Pérez. En algún momento Pablo Escobar le propuso a Henry Pérez unirse en su causa de combatir al Estado, pero Isaza se opuso porque le pesaba su pasado como soldado. Así se fracturó la relación entre Isaza y Henry Pérez, e Isaza ya no sólo combatió a la guerrilla de la zona sino también a Pablo Escobar, quien se supone estuvo detrás del atentado que cobró la vida de John Kennedy, uno de sus hijos. Luego de la muerte de Escobar en 1993 su poder creció: llegó a comandar más de mil hombres y controló Puerto Triunfo, Puerto Nare, parte de Sonsón, el oriente de Caldas, el occidente de Cundinamarca y el norte del Tolima. En 1997 viajó a Córdoba para el nacimiento de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), con Carlos Castaño a la cabeza, y poco después otro de sus hijos, Omar, murió cuando el carro en el que transportaba 100 granadas explotó. En 2004 Ramón Isaza se acogió junto con su hijo Oliverio, alias "Terror" al proceso de desmovilización. Pagó 8 años de cárcel y hoy vive en Casa Azul, en Doradal, y según el libro es un hombre enfermo de hipertensión, diabetes, párkinson y escoliosis. Su otro hijo, Ovidio, alias Roque, no se desmovilizó, fue capturado en 2012 y espera un proceso de extradición, mientras que su esposa ya fue extraditada.

Por su parte, el cura Bernardo López Arroyave si bien nunca hizo parte del ejército militar del ELN sí facilitó que miembros de la vereda Santa Rita se enrolaran en esa guerrilla, entre ellos los hijos de Manuel Buitrago, y eso originó  la masacre de 1982 en la casa de Manuel Buitrago. Al cura lo mataron el 25 de mayo de 1987 en Sincé, Sucre y finalizando ese mismo año se registró la primera acción del Frente Carlos Alirio Buitrago: un retén en la vereda La Josefina, en la autopista Medellín-Bogotá. El frente tenía 30 personas y entre ellas estaban Manuel Buitrago, el papá de Carlos y Alirio, su esposa Herlinda Ramírez y sus hijos Rigoberto, Gonzalo, Gustavo y Gabriel. León fue el único que no se enroló y que sobrevivió a ese conflicto.

La grieta es un reportaje que narra en paralelo la historia de dos familias violentas. El autor humaniza a los personajes, pero esa humanización tiene el riesgo de construir una falsa equivalencia, porque al mostrar a los perpetradores como víctimas, se desdibujan los miles de víctimas desarmadas que cayeron en en medio de este fuego cruzado y que nunca emprendieron el camino de la guerra y la venganza. No obstante, el libro sobre las víctimas podría ser otro libro: éste es sobre Manuel Buitrago y Ramón Isaza y sin duda aporta datos interesantes para entender mejor el conflicto que asoló durante años al Magdalena Medio.


Algunos subrayados

Del prólogo de Francisco de Roux:
(La guerra) afecta sobre todo a los que no quieren la guerra (p. 13)

Recuerdo cuando subí a Medellín por el camino de Cisneros para ver a Álvaro Uribe, gobernador de Antioquia, y decirle que parara a las Convivir porque Ramón isaza era un paramilitar. Me respondió que estaba equivocado y seguiría apoyándolos (p. 14).

Del libro:
A veces el pasado es una ficción, un relato amasado cientos de veces, alimentado por imágenes opacas, sueños y pesadillas, nuevos testimonios, y más detalles, así no hayan sucedido (p. 67).

Aquí no hay una historia de buenos ni de malos, de limpios ni de sucios, porque lo que se mataron y murieron fueron vecinos y amigos, desconocidos y enemigos, que creyeron en unas causas, justas o no, y que por delante se llevaron tantas vidas, por la rabia o la venganza o la revolución o la defensa del Estado (p. 74).

Las Mercedes, donde vivió Ramón cuando era campesino y guitarrero, a donde llegó cuando bajó de las montañas de Argelia, en donde creció su familia, fue y sigue siendo un territorio de los Isaza (p. 75). 

En décadas, esa región pasó de ser colonizada por agricultores como los Buitrago, los Mazo, los Daza, los Castaño, los Ramírez y los Isaza, a terminar en manos de petroleras, grandes ganaderos y comerciantes (p. 78).

el dolor que causó el exterminio del Movimiento Cívico del Oriente, el que se opuso a las hidroeléctricas que para siempre cambiarían la vocación de la región (p. 83). 

Siempre ha habido un lema en la guerra y es que el problema es de los hombres y no de las mujeres (p. 103). 

Mientras los Isaza querían vengar en Pablo Escobar la muerte de John Kennedy, los Buitrago querían vengar en Ramón la masacre de Santa Rita (p. 105). 

La guerra es una masacre de jóvenes que no se conocen y se matan de cuenta de quienes sí se conocen, pero no se matan (p. 118).

Los campesinos en Colombia lo saben: si hay un grupo, se acomodan a él; si hay dos grupos, juegan al equilibrista (p. 119).

¿Qué nos deja la guerra? lo primero que pienso es que nos deja una grieta. En esa grieta caben el odio y la venganza, las despedidas que aumentan y las ausencias que estarán por siempre (p. 136). 

entre 2003 y 2006 el presidente Álvaro Uribe Vélez acordó con los paramilitares la desmovilización de 35.317 combatientes. Entre ellos estaban su abuelo Ramón y su tío Oliverio. Pero Roque, su tío preferido, decidió seguir armado, seguir siendo el Señor, seguir controlando el Magdalena Medio (p. 141). 

El Viejo le da varios besos y sonríe. Además de los siete hijos de su matrimonio, tiene veintidós nietos y once bisnietos (p. 157).

La grieta
Juan Camilo Gallego Castro
Editorial Sílaba
Medellín
agosto de 2024
184 páginas

lunes, 3 de julio de 2023

Magdalena, Historias de Colombia, de Wade Davis

"Magdalena" es un libro de 480 páginas, tan caudaloso y denso como el río que le da origen. Wade Davis, un antropólogo, etnobotánico, fotógrafo y escritor enamorado de Colombia, emprende el ejercicio de recorrer toda la cuenca del Río Magdalena, desde el Páramo de las Papas hasta Bocas de Ceniza y sus alrededores. 

Los alrededores son importantes. El libro no se limita a las orillas del río, sino que se adentra en sus cuencas para contar "Historias de Colombia", que a veces suenan más vinculadas al río y a veces se alejan de su cauce. Así, aparecen la historia de la coca, la Conquista Española, los conflictos entre Bolívar y Santander, la época dura de Pablo Escobar en Medellín, la tragedia de Armero, el paramilitarismo que convirtió al Magdalena en un cementerio de desaparecidos, la cumbia y las músicas que se escuchan en el Bajo Magdalena, y otra cantidad de relatos que avanzan a medida que el autor recorre el Yuma, con curiosidad y asombro. 

El libro está dividido en tres partes, que corresponden a la división geográfica del río: Alto Magdalena, entre el Páramo de las Papas y Honda, Medio Magdalena, entre Honda y La Gloria, y Bajo Magdalena, desde La Gloria hasta la desembocadura. Cada parte, a su vez, está compuesta por distintos capítulos que, desde un punto determinado de la geografía de la cuenca del Magdalena, le sirven al autor para contar variadas "Historias de Colombia", como lo señala el subtítulo de la obra.

"Magdalena" es una obra difícil de encasillar: puede leerse como un libro de viajes, como un libro de historia de Colombia, como una compilación de crónicas de espacios y personajes, como una documentada guía turística o como una carta de amor hacia la naturaleza colombiana. Es un libro que tiene como hilo conductor el Río Magdalena, pero que salta de tema en tema porque al autor le interesan múltiples cosas: las comunidades indígenas, la botánica, la fauna, la historia política de Colombia, el transporte, la música y por ello el libro recoge una amplia lista de voces, que van desde pescadores hasta expresidentes.

Si bien en algunos pasajes suena condescendiente o benigno frente a personajes como Álvaro Uribe, también resulta interesante esa mirada extranjera que le da valor y esperanza a lo que ve en Colombia. Los pasajes que dedica a Humboldt y su expedición por la Gran Colombia, el asombro de Humbold y su aporte al espíritu de la independencia, conectan bien con ese esfuerzo que hace Wade Davis por investigar, documentar y mostrar riquezas que están aquí pero parecen ocultas, ignoradas o despreciadas para el grueso de la población.


Algunos subrayados

No hay un lugar en Colombia que esté a más de un día de todos los hábitats naturales que hay en el mundo (p. 24).

En la cuenca dlMagdalena viven cuatro de cada cinco colombianos. Es la fuente del ochenta por ciento de la riqueza económica del país (p. 26).

Si toda el agua del mundo se vertiera en un recipiente equivalente a un galón, lo que podríamos beber apenas llenaría una cucharita (p. 38). 

Ya existían, por supuesto, otros nombres para el río: Yuma, Guaca-Hayo, Karakalí, Kariguaña (p. 41). 

Quizás porque el país alberga más de la mitad de todos los páramos del mundo, muchos colombianos no saben apreciar la rareza de estos exóticos y misteriosos ecosistemas y su fundamental importancia en el ciclo hidrológico (p. 49). 

...a diferencia de los científicos y académicos de hoy, condenados a saber cada vez más y más sobre menos y menos (p. 51).

La coca no es cocaína, así como la papa no es vodka (p. 58). 

es muy poco probable que Colombia pueda llegar a eliminar el cultivo de coca (p. 61).

Si se comerciara como té, o como suplemento nutritivo, la coca podría volverse el mejor regalo de Colombia para el mundo, atenunado el éxito comercial de su café. No es que el café tenga nada de malo, claro está, pero es que su origen está en la lejana Abisinia. La coca, en cambio, nació en Colombia (p. 62). 

Los extranjeros que viajaron por estas estrechas carreteras se sorprendían de que una nación tan moderna pudiera tener un sistema de transporte tan precario (p. 63). 

Todo se movía gracias a la fuerza, habilidad y resiliencia de los arrieros y sus animales. Era una cultura de vivir al aire libre, de niños y hombres cuyo único arraigo era la tierra que pisaban, y cuyas pasiones y sentimientos los diferenciaban por completo del vaquero tradicional (p. 64).

(Sobre la Conquista) Los hombres, desesperados por la falta de sal, peleaban entre ellos por la carne de aquellos que ya habían perecido (p. 73). 

Los muiscas de las montañas llamaban al río Magdalena el río Yuma, es decir, el Río del País Amigo (p. 74). 

Los muiscas eran una comunidad de más de un millón de habitantes (p. 77). 

La cultura muisca se fue desvaneciendo, hasta que incluso su lengua desapareció a comienzos del siglo dieciocho (p. 80). 

la gente solo sobrevive si cultiva el gusto por el silencio (p. 83). 

Y por más riqueza que hubiera salido del Perú, fue Colombia la que más oro puso en las arcas de la Corona Española, además de costales llenos de esmeraldas y pierdas preciosas (p. 84). 

La Ciudad Perdida, la antigua metrópoli de los taironas en la Sierra Nevada de Santa Marta, fue descubierta por los guaqueros apenas en 1972. Los arqueólogos solo comenzaron su labor de investigación allí en 1976. Construida seiscientos cincuenta años antes que Macchu Picchu, Teyuna, como la conocen los koguis y los arahuacos, es un monumento igual o más imponente que cualquier otro que se pueda encontrar en América. Aún más asombroso que las maravillas de la Ciudad Perdida, tanto en tamaño como en importancia, es San Agustiín, el sitio arqueológico más amplio y misterioso de toda Colombia (p. 86)... más que quinientas figuras esparcidas por sus linderos (p. 87). 

San Agustín no estaba en absoluto aislado, más bien era el epicentro de una red extensa y compleja de rutas que conectaban comercialmente distintas partes del sur de Colombia (p. 90). 

En muchos casos, las figuras tienen cachetes abultados que sugieren mandíbulas mascando hojas de hayo. Estas son las representaciones más antiguas del ritual de la coca y las primeras evidencias de que la lanta gozaba de veneración en las antiguas civilizaciones de los Andes (p. 93).

El elemento central en todos los monumentos megalíticos de San Agustín es la transformación (p. 95)

Cuando comenzó el período colonial y el sistema de encomienda redujo a todos los nativos a la servidumbre, el destino de las comunidades indígenas que quedaban fue sobrellevar una vida de sufrimiento: varicela, masacres, flagelaciones, peonaje por deudas o la cárcel, todo aprobado por la bondad y la gracia de la Iglesia Católica (p. 105). 

En la medida en que todavía hoy se siguen descubriendo nuevas especies de peces -van ocho tan solo desde el 2013-, nadie sabe con certeza cuántas alcanzaron a coexistir en el río, pero la cifra oscila entre doscientos veinte y doscientos noventa. Más de la mitad son especies endémicas, es decir, que no existen en ningún otro entorno natural (p. 111). 

el champán era todo un logro, pues redujo el trayecto de Cartagena a Honda de dos meses en una piragua a apenas treinta y cinco días (p. 121). 

En Colombia, por el contrario, algunos cálculos sugieren que hasta el noventa por ciento de la tierra cultivable -aparte de la que es propiedad del Estado- está en manos de apenas el cinco por ciento de la población (p. 127). 

La Tatacoa produce una sensación de estar fuera del planeta Tierra. Es como si Dios, habiendo decidido darle a Colombia un poco de todo, hubiera seguido su capricho hasta el final, colocando a la sombra pluviométrica de la cordillera Central un terreno sacado directamente de la superficie de Marte (p. 128). 

La guerra (de los Mil Días) estalló cuando los cafeteros, apegados al compromiso liberal con el mercado libre y el comercio internacional, se rebelaron contra un gobierno conservador que asfixiaba el crecimiento con tarifas punitivas y aranceles de exportación que hacían que los cafeteros operaran a pérdida (p. 131). 

(en 1915) el deslizador hizo su viaje inaugural en los últimos meses del año, y fue de Barranquilla a Girardot en apenas cuatro días. Cuatro años después, tras varias modificaciones y mejoras que dieron luz a un deslizador de segunda generación, el Luz I logró hacer el trayecto de Honda a Barranquilla en tan solo veinticuatro horas (p. 132). 

El 19 de octubre de 1920 el (avión) Colombia despegó de Barranquilla camino a Girardot (133). 

Colombia también fue pionero en el envío de cartas y paquetes por avión (p. 134). 

el Magdalena ha servido como cementerio de la nación, al llevarse sus muertos anónimos (p. 141). 

(Sobre la tragedia del Ruiz en 1985) La avalancha que se abrió paso por el valle de Chinchiná destruyó más de cuatrocientos hogares y enterró vivas a mil ochocientas personas en la ciudad de Chinchiná (...) Fue el peor desastre natural en la historia de Suramérica (160). 

Un amigo colombiano describió alguna vez el Medio Magdalena, esa franja larga del río que se extiende entre honda y El Banco, como el patio trasero del país (171).

Desde la perspectiva de las capitales departamentales, esos pueblos eran puestos de comercio lejanos y aislados, en los que la gente se gobernaba a sí misma y las autoridades nacionales eran, en el mejor de los casos, una presencia muda (p. 172). 

En la década de 1880, un viaje en barco de vapor entre Barranquilla y Honda tomaba noventa horas, y el regreso a la costa, apenas cuarenta y ocho, lo que implicaba un consumo aproximado de cuatrocientos "burros de leña" para un solo viaje de ida y vuelta (...) Para comienzos del nuevo siglo, los vapores del Magdalena ya habían quemado alrededor de treinta millones de metros cúbicos de invaluables maderas como el caimito, el comino, el cedro, el sangretoro, el abarco y el suán (p. 176). 

Estoy de acuerdo con que no olvidar es importante. Pero olvidar también es importante. No para negar lo sucedido, sino para poder avanzar (p. 226). 

(Pablo) Escobar les dio todo su apoyo a los paramilitares, financiando sus operativos y aconsejándoles que se metieran en el negocio de la cocaína. Incluso contrató a mercenarios israelís y británicos para que los entrenaran (p. 242). 

Puerto Boyacá estaba bajo el mando de Ramón Isaza Arango, el padrino, según Juan, de toda la causa paramilitar (p. 244). 

Pocos en la izquierda confiaban en Uribe, un prominente terrateniente que había sido de los primeros en promover y brindar apoyo al movimiento paramilitar (p. 247).

En los ocho años entre el 2002 y 2010, las Farc perdieron a la mitad de sus miembros. Para el 2010, momento en que Santos asumió la Presidencia, sus filas habían quedado reducidas a apenas ocho mil combatientes (p. 248). 

Por ejemplo, un kilo de panela -los bloques de azúcar morena que extraían con mucho trabajo de la capa- se vendía en seiscientos o, en el mejor de los casos, ochocientos pesos, aproximadamente veintisiete centavos de dólar. Ese mismo peso en hojas de coca les dejaba a los campesinos cuatrocientos mil pesos y, si la procesaban para que quedara en pasta, la primera etapa de la producción de la cocaina, esa cifra ascendía a ochocientos mil pesos (p. 263). 

Puerto Berrío, una ciudad pequeña, cuya mejor descripción es la de un lugar en el que sucedieron cosas importantes, pero hace mucho tiempo (p. 274). 

la pérdida en 1961 del David Arango (...). Para 1969, el número total de pasajeros había disminuido a 22.688 y la era del transporte fluvial era cosa del pasado (276).

el manatí es el único mamífero marino que vive debajo del agua y puede permanecer sumergido hasta quince minutos entre una respiración y otra (302). 

Cuando los españoles se abrieron paso por la inmensa planicie de la Costa Caribe, documentaron no menos de cincuenta lenguas indígenas diferentes (p. 317). 

De las mil cuatrocientas lenguas habladas en Suramérica antes de la llegada de Colón, más de mil terminarían desapareciendo, muchas apenas décadas después de entrar en contacto con los europeos (p. 318). 

Transcurridos apenas 150 años desde la llegada de Colón, la población nativa de América pasó de 70 a 3,5 millones (p. 320). 

Quinientos años después de la Conquista, Colombia sigue siendo el hogar de más de ochenta naciones indígenas diversas y vibrantes (...) estos pueblos suman casi dos millones de personas, más o menos el mismo número de habitantes que se cree que vivían en Colombia a la llegada de los europeos (321). 

Hoy día hay más de setecientos resguardos o zonas indígenas autónomas, que ocupan casi el treinta por ciento del territorio colombiano, una cifra que no se compara con lo que ocurre en ningún otro país (p. 324). 

La verdad es que Mompox es uno de los tesoros más valiosos de América Latina (p. 365). 

(sobre el origen de USA) Las Trece Colonias fueron ocupadas por quienes buscaban libertad de culto,pero a su vez, y quizás hasta en cantidades aún mayores, por aquellos en busca de un lugar donde practicar su propia forma de intolerancia religiosa (p. 379).

solo una nación de tontos elegiría a los rangos más altos de su ejército por voto popular. Pero para que un país no fuera gobernado por generales y clérigos, sino por leyes, el gobierno republicano implicaba y exigía la participación activa del pueblo, argumentaba Santander (p. 413). 


 
Magdalena, Historias de Colombia
Wade Davis
Editorial Planeta
Bogotá
2021
480 páginas

martes, 9 de septiembre de 2014

Destinos intermedios, de Octavio Escobar Giraldo

Destinos intermedios es una novela negra publicada en 2010, que antecede en el tiempo narrativo a Saide, la primera novela que publicó Octavio Escobar Giraldo, en 1995. 

Las tres partes en que está dividida la novela se leen rápido, al mismo ritmo vertiginoso en el que ocurre la acción. O mejor, las acciones, porque empieza contando varias historias distintas y paralelas que se van entrelazando a manera de un rompecabezas, que sólo queda completo en la última escena.

Escribo escena y no capítulo, porque el libro se ve: se ven los carros, la carretera destapada, las mesas del restaurante de paso en la vía, la cama de la casa de citas, el hospital, el tiroteo, el centro comercial en el que hay una maratón de chistes. Todos los espacios y personajes se ven nítidamente, en medio del calor pegajoso del Magdalena Medio tolimense, lugar en el que ocurre la historia, que podría resumirse como el relato de lo que le pasó a Paula Cristina y a su amiga Erika, dos adolescentes que se volaron de Ibagué para encontrarse con dos amigos en Honda. Las cosas no salen como estaban planeadas y de pronto empiezan a empeorar a medida que avanzan las páginas, entre el miedo y la zozobra.

Llaman también la atención los personajes, por múltiples, disímiles y claros. No hay una única voz o un protagonista en torno al cual gire la narración. Hay varios personajes que se van relacionando de manera fortuita y fatal. Destinos intermedios son esos puntos del mapa que recorre un bus Bolivariano de una capital a otra, pero también son esas vidas que quedan a la mitad, por haber estado en un cruce de caminos en el momento equivocado, en una zona muy caliente, y no solo por el clima.

Dice Octavio Escobar que el espacio está inspirado en su experiencia, ya que prestó su servicio rural como médico en La Dorada, en una época en la que el narcotráfico ya financiaba buena parte de la economía local. Además, el locutor de la obra está inspirado en Pacheco y la cantante Jimena Sombras en Claudia de Colombia. Sin embargo se trata de guiños muy sutiles, que le sirven a él para crear un personaje definido, pero que pasan imperceptibles para el lector que no tenga dichos referentes.

Destinos Intermedios es una novela muy entretenida, que en la última página invita a dos acciones: primero, a volverla a leer, para re-armar el rompecabezas conociendo ya todas las fichas, y segundo, a leer a Saide, la otra novela en la que también aparecen algunos de los personajes que se incluyen en ésta.


Algunas frases:
Su busto lo más a la altura de las circunstancias que le era posible. 

¡detrás de todo hombre que triunfa hay una mujer muy sorprendida!

Una mujer de unos cuarenta años, redonda por todas partes y con una frente tan amplia que de inmediato inspiraba uno o dos apodos

Como siempre: buscando el futuro a través de un marido. Es la historia de este pueblo. 

Todo era como un sueño con problemas en la banda sonora

mangostinos, una fruta redonda, de cáscara violeta y durísima, que alberga unas pocas semillas rodeadas por una masa algodonosa de un sabor muy sutil, exquisita.

Sus profesores en Manizales no lo habían preparado para situaciones de ese tipo, ni para muchas otras; le hablaron demasiado de enfermedades que son más comunes en los libros de medicina que en las comunidades en las que se presentan, no de la violencia.

Las hijas controlan más que las esposas.



Destinos Intermedios
Octavio Escobar Giraldo
Editorial Periférica
Cáceres, España
2010
194 páginas