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jueves, 2 de mayo de 2024

Los sexualizadores, de Carlos Mario Vallejo

"Los sexualizadores", la primera novela del manizaleño Carlos Mario Vallejo, es una obra que desde las primeras páginas plantea lo que va a ocurrir: un narrador en segunda persona (te) cuenta que todos los seres humanos nacen bisexuales y que la homosexualidad y la heterosexualidad son conductas aprendidas que se pueden desaprender. El héroe fracasado de esta novela se propone entonces una campaña cívica sexualizadora de desaprendizaje drástico: raptar a una rectora, un sacerdote y un profesor para obligarlos a aprenderse un decálago antietiquetas y a tener sexo con alguien opuesto al de su conducta aprendida para que aprendan que las homofobias y heterofobias hacen daño.

Esa es, en resumen, la historia que se anuncia desde el comienzo. La novedad está en cómo se desarrolla esta historia inverosímil y para ello el autor acude a varios recursos: narrar en segunda persona, que es una forma escasa dentro de la literatura no epistolar (el referente manido siempre es "Aura" de Carlos Fuentes); ubicar la trama en Manizales en distintas épocas, que abarcan desde los 90 hasta la segunda década del siglo XXI; incluir numerosas referencias de marcas, programas de televisión, videojuegos, canciones y otros sellos icónicos de la cultura popular, y estructurar la novela en 33 capítulos cortos, escritos cada uno con un título y una extensión como de crónica periodística. En estos capítulos-crónicas se notan las huellas del oficio periodístico del autor, quien trabajó en Q´Hubo y La Patria, y de hecho algunos estos textos podrían leerse de manera autónoma, con sentido completo.

El escritor pereirano Rigoberto Gil Montoya dice que Manizales es una ciudad muy narrada en la literatura y "Los sexualizadores" viene a sumarse a esa tradición: la historia se ubica en Villa Carmenza, un barrio de estrato tres, como lo remarca el narrador, pero aparecen también referentes inconfundibles de la ciudad: El Cable, la bolera del Multicentro Estrella, el Estadio Palogrande y el Once Caldas, La Galería, el Banco de la República, Palermo, ek Bosque Popular el Prado y el Parque de La Estrella, entre otros.

Esta obra, ganadora del Primer Concurso Nacional de Novela "Jaime Echeverri", también rinde entre líneas un homenaje a Orlando Sierra Hernández y a Bernardo Arias Trujillo, dos escritores que fallecieron muy tempranamente en Manizales, pero estos homenajes literarios están lejos del tono de la erudición. Al contrario: la novela está narrada en un lenguaje juvenil y popular, de jóvenes que consumen drogas de manera cotidiana y así, además de la campaña de sexualización, el texto parece proponer también una campaña de normalización del consumo recreativo.

Aunque le pregunté al autor si es lector de cómic o si el cómic influyó en su obra y me dijo que no, la novela sí me dejó una sensación de haber recorrido un cómic: es una historia oscura, aunque contada con liviandad, con personajes bidimensionales y planos y con escenas fragmentadas y breves en las que prima la acción. Ya que Carlos Mario no lee cómic sería interesante que algún ilustrador leyera "Los sexualizadores": acá puede haber una novela gráfica.


Algunos subrayados 

la consumación del proyecto: sexualizar a tres discrimina- dores que dejaron ruina moral a su paso, con o sin culpa, sutil o duramente (p. 11)

La tesis: el homosexualismo y el heterosexualismo no exis- ten, son ficciones de la cultura impuesta. No existe eso de la orientación sexual. Todo depende del encuentro con la persona indicada (p. 12).

A ti te parecía bonito Julián, pero te habían dicho que tal palabra no se podía decir de otro niño. Nunca congeniaste con esta ley pero la acataste para armoni- zar con la vida corriente. La verdad era que, de los tres, solo lo imaginabas a él bajo el chorro de la ducha (p. 17).

Tío Evaristo se había desempeñado allí como  indigente, luego pasó a comerciante de zapatos, con lo que juntó algunos billetes, y luego le salió la opción de venta de libros, hasta desembocar en el emprendimien- to narco. (p. 26)

Manizales era una ciudad intermedia que alguna vez estuvo entre las más prósperas del país a base de men- jurjes bursátiles (producción y tráfico de café), pero se había convertido en una urbe mediana y de un elitismo apacible que daba risa y rabia, dependiendo del clima (p. 28)

creías que te gustaría escribir, aunque lo que te llamaba la atención era ver tu nombre impreso bajo un título, o leer cosas ajenas y atribuirte la autoría (p. 31).

hoy discriminan palabras por rebuscadas, mañana van a seguir con las ideas y terminarán segregando personas (p. 39)

Opinabas que las personas mayores obraban mal por dos cosas: les pegaban a los hijos y rechazaban propuestas placenteras (p. 50)

Te gustaba la poética de Orlando Sierra, el pe- riodista asesinado, según la cual a Manizales le crece en las noches de invierno una luna lánguida, torpe y cabeceante como un celador viejo (p. 51)

el que es feo también es un suertudo porque ya sabe que si le agrada a alguien es por otra cosa, no solo lo físico (p. 66). 

a las historias de la gente de Manizales les faltaban cosas duras que les sobraban a las de Medellín.(P. 79 )

cultura impuesta, cuna de violencias y calabozos morales. No más instancias a salir del clóset, una de las nuevas violencias: no hay que salir de nada, hay que invitar a pasar. En los tiempos que corren debemos poder andar de tumbo en tumbo en tantos closets como nos sea posible, cuidándonos, eso sí, del atrincheramiento.(p. 84)

—Eso de la homosexualidad o la heterosexualidad no existe, padre. Usted mismo no puede decir que es ho- mosexual. Nadie puede decir que es nada. Todo depende de encontrar la persona indicada. No existe algo como la orientación sexual (p. 126)

El amor posesivo es lo único que sirve. Los celos tuestan, pero amor demuestran (p. 148)

Los sexualizadores
Carlos Mario Vallejo Trujillo
Editorial Escarabajo
Bogotá
abril de 2024
152 páginas

lunes, 5 de octubre de 2020

Lo que fue presente, de Héctor Abad Faciolince

"Eugenia: este cuaderno no es tuyo. No lo leas. No contiene secretos; no contiene traiciones reales ni imaginarias. No lo leas. No seas metida, no lo leas. Quita los ojos de aquí. Deja de leerlo en esta misma página". Eso escribe Héctor Abad Faciolince en su diario el 18 de octubre de 2001. Y yo, que ya llevo 510 páginas leídas, desde la primera entrada del 30 de diciembre de 1985, sigo leyendo porque no me llamo Eugenia.

Leer diarios tiene algo culposo. Es un ejercicio voyerista aunque se haga con la anuencia del autor, como en este caso. Escribirlos y publicarlos puede ser un acto de vanidad: pensar que la vida ordinaria en realidad tiene momentos extraordinarios con algún tipo de interés para otros. Pero no es vanidad mostrarse con cicatrices y miserias: un ser humano inseguro, pobre, infiel, mentiroso, paranoico, insensible, machista, impotente, silencioso, aburrido, con incapacidades para escribir, para el sexo y para la alegría.

Es un acierto que estos diarios terminen cuando el editor le dice al autor que publicará El olvido que seremos, porque esa novela lo lanzó a la fama, y supone uno, significó también el fin de las angustias económicas que tanto pesan en tantas páginas de este diario. Como el lector completa la obra del autor, estos diarios publicados se completan entonces con la imagen que el lector tiene del autor desde su vida pública, que es más pública después de la novela sobre el papá asesinado. Ese contraste entre un escritor famoso, exitoso, muy vendido, contrasta fuerte con la de un ser humano que no tiene cómo pagar sus cuentas, que corrige textos de la Andi y que, además, sufre de impotencia sexual con la mujer que desea.

No es un tono lastimero o de víctima. Es un tono sincero: el de la escritura como lugar para narrarse sin máscaras y en descarnada desnudez. En el diario no es "el hijo de" o "el autor de". Es un ser humano con inseguridades que recurre a sus cuadernos cuando las cosas no están bien. La vida que fluye feliz no aparece con tanta intensidad porque cuando está contento el autor se ocupa de vivir, no de escribir. 

Toda lectura es un pretexto, uno en el libro se lee a sí mismo, se refleja", escribe Héctor Abad y yo encuentro en estos diarios varios reflejos que son espejo: el del que quiere escribir pero tiene dudas (y deudas y falta de tiempo); el del amor desmedido por los hijos pero, al mismo tiempo, la culposa sensación de pensar que los hijos quitan tiempo o silencio, y las reflexiones sobre lo doloroso que es el divorcio pero, al mismo tiempo, lo difícil que resulta vivir en pareja después del tiempo del enamoramiento. Y también lo extraña que es la compañía de la familia, y lo sabroso que es caminar y perderse por ciudades nuevas, y la necesidad de soledad para poder pensar, pero, al mismo tiempo, la necesidad de tener alguien para compartir lo que se piensa. 

En fin, son 21 años de diarios y más de 600 páginas. Seguro que ustedes encuentran otro tipo de reflejos en esta lectura desigual, como la vida. 

Algunas frases:

"Para escribir necesito estar solo. "Escribir es hablar sin que a uno lo interrumpan", leí en alguna parte. Y basta una mirada para interrumpir el pensamiento y empezar a pensar en la mirada" (p. 20).

"El pensamiento es un caballo salvaje, loco, cerrero; la escritura es una forma de domarlo" (p. 23).

"Tener un hijo envejece" (p. 31).

"La religión dominical. Buena definición para el catolicismo. De lunes a sábado capitalismo, comunismo, sensualismo, armamentismo, mafia, cualquier otra cosa. La religión del viernes, islam; la religión del sábado, judaísmo. La religión del lunes, capitalismo" (p. 33).

"Dios es la más pura imaginación del hombre: lo más grande y lo más perfecto que no existe o existe solo en la fantasía nuestra, que es una manera privilegiada y muy real de existir" (p. 34).

"Quiero leer y leer y leer. Toda la vida, todo el tiempo, y lo que me dé la gana (¡todo!) solamente lo que me dé la gana. Retirarme, jubilarme, tener una casa sin polvo y ordenada a lo mejor en el campo. Y que las visitas vengan solo de vez en cuando, que no molesten tanto las visitas. Para poder leer y leer y no hacer otra cosa que leer" (p. 43.)

"Gente que no te llama, sino que te autoriza para que la llames: si estás mal, si necesitas algo..." (p. 68).

"Cuando estoy feliz, no escribo" (p. 79).

"Las palabras dichas repelen, excluyen a las palabras escritas. Las gastan. Mi lenguaje tiene fuerza solamente para una vez" (p. 84).

"Pero peor estaba Cervantes en los baños de Argel. Y escribió el Quijote después de los cincuenta, con una mano inútil" (p. 85).

"Leo, releo, logro adaptarme a libros prestados (¿ves?, algo aprendes), yo, que siempre quise comprar los libros que leía para poder rayarlos, guardarlos, releerlos. He descubierto a Simenon, vuelvo a Rulfo (p. 86).

"Pienso en la posición de mis manos dentro del ataúd" (p. 90).

"Creo que no quiero ser doctor. Si me vuelvo doctor, la academia será mi destino. Leo lo que quiero y no lo que debo" (p. 94).

"Yo no escribo para celebrar mis orgasmos, sino para conjurar mis impotencias. No me gusta el exhibicionismo de la danza de la victoria, sino el tímido rito propiciatorio que precede a la batalla. El dolor expiatorio que sigue a la derrota. Los rituales de purificación" (p. 97).

"Mi forma de amar es la añoranza, el deseo. La presencia, el otro, me importan menos, me alejan" (p. 98).

"A los hijos, si los queremos buenos, tenemos que hacerlos felices. La felicidad educa a la bondad" (p. 102).

"Este es el único sentido que le he encontrado al sufrimiento, a las tragedias: te da la dimensión exacta de los contratiempos. No hay que temer ningún contratiempo; solo hay que temer tragedias. Vivir con serenidad, casi con alegría, todo contratiempo, porque son parte de la vida feliz" (p. 114).

"Tener hijos es la condición que más cambia por dentro el carácter de una persona; más que ateos o religiosos, progresistas o reaccionarios, la gente se divide entre aquellos que tienen la experiencia de haber tenido hijos y los que no" (p. 129).

"Lo horrible no es el "yo no tengo quien me quiera". Peor es "yo no tengo a quien querer". La soledad fundamental, la más tremenda" (p. 174).

"¿Los hijos son una interferencia en la vida de un escritor? No, los hijos le hacen entender al escritor cómo es la vida verdadera" (p. 175).

"Si tuviera que definir la actitud de Irene ante lo que hago (que casi siempre es «lo que escribo»), tendría que decir: enfriadora, desestimulante.
Al terminar mi novela dice: «Me quedé empezada, a medias». Y eso es todo lo que dice, después de doscientas cincuenta páginas. Si oyera lo que me dijo Margaret, lo que me dijo Mario Jursich, lo que me dijo Consuelo. Lee un artículo que escribí para una revista: no dice que no le gusta, no lo critica, dice: «No sé esto para una revista...». «¿Y entonces para dónde?» «No sé».
Tener siempre al lado a una persona así, francotiradora de mi oficio, es desastroso, deprimente. Parecemos hechos de sustancias distintas" (Pág 197).

"Talento tiene cualquier imbécil. Lo difícil es encontrar a alguien con la suficiente voluntad como para hacer algo con él" (p. 201).

"pues es cierto que aspiro a esta curiosa obscenidad: durar después de la muerte mediante las huellas de mis letras: que este surco que trazo sobre las hojas sea alguna vez descifrado por ojos curiosos" (p. 223).

"la altiva Manizales, que tantas cosas se cree y no es ninguna de ellas" (p.228).

"No me gustan los poetas. Tienen ese aire, esa altivez de creer que su palabra es la salvación del mundo" (p.243).

"¿Por qué a veces queremos tan poco a las mujeres perfectas? (p. 269).

"Sufro dos idealizaciones de la cultura en la que me levanté: idealizo el arte (la literatura en mi caso) y el amor. Tal vez debería dedicarme a despojar de ese halo ideal a las dos cosas. Pero el entusiasmo se alimenta de un ideal irracional. Si no creo en esas mentiras, en esas dos ilusiones absolutas, la literatura y el amor, pierdo el entusiasmo. Y sin entusiasmo todo es deprimente. Hay que vivir en la ficción del entusiasmo" (p. 344).

"¿No te gustó mi novela? La leíste con sueño" (p. 361).

"pero a veces es inevitable que la franqueza nos suene brusca cuando nos duele un poco" (p. 364).

"un optimismo firme, radical, solo pueden tenerlo quienes hayan conocido a fondo la tristeza y, a pesar de ella, no hayan perdido la confianza". (p. 369).

"los malos libros son indispensables en cualquier biblioteca. Los malos escritores te enseñan a reconocer lo que no debes hacer nunca" (p. 401).

"A mí se me considera superficial porque soy fácil de comprender. Es cierto que muchas ideas profundas son difíciles de comprender. Pero profundidad no es sinónimo de dificultad" (p. 443).

"si uno no se acostumbra a esas molestias (y comete la ingenuidad de separarse) acaba por no aguantarse ni a sí mismo" (p. 468).

"La escritura exige una especie de monogamia absoluta: conmigo y nada más" (p. 488).

"Toda lectura es un pretexto, uno en el libro se lee a sí mismo, se refleja" (p. 494).


Lo que fue presente (Diarios 1985-2006)

Héctor Abad Faciolince

Editorial Alfaguara

2019, Bogotá

610 páginas

domingo, 28 de junio de 2020

Río muerto, de Ricardo Silva Romero

Al comienzo de Río Muerto hay un prólogo en el que el narrador explica que esta historia (esta novela) se la contó una persona en un trancón entrando a Bogotá y que la historia ocurrió tal y como se escribe en el libro.

Ese recurso le aumenta la verosimilitud a un relato desgarrador: el de la familia Palacios Arenas, que se destruye el día en que el comandante paramilitar Triple XXX, al comienzo del libro, asesina a Salomón Palacios, el mudo, el hombre humilde que hacía trasteos en Belén del Chamí, el esposo de Hipólita, el papá de Maximiliano, de 14 años, y de Segundo, de 8.

Ricardo Silva ha publicado varias novelas sobre la familia, o mejor aún, el amor de la familia. De hecho su más reciente publicación, Historia oficial del amor, tiene ese eje narrativo. Con relación a la violencia colombiana tiene dos antecedentes: Autogol, sobre la muerte de Andrés Escobar, y Espantapájaros, de 2012, novela con la que Río Muerto guarda varias relaciones.

Espantapájaros narra una masacre paramilitar en el nordeste de Colombia. El personaje principal, El Cigarra, es un matón temido que impone su ley; un bandolero aliado con los soldados, que ejerce su poder con total impunidad y que lee la mano de sus víctimas para revisarles la línea de la vida y confirmar que él, al matarlos, no les torció el destino que estaba escrito.

Río muerto narra el drama que se desata con el asesinato de un padre de familia, en Belén de Chamí, un pueblo que no aparece en el mapa. (Al igual que en Espantapájaros, la descripción geográfica hace difícil o ambiguo ubicar el sitio: en esa novela la historia se ubica al noreste de Colombia, pero el tiempo del viaje en bus desde Bogotá no coincide con el entorno que describe. En Río Muerto el pueblo está en el suroeste de Colombia. Suroeste serían Cauca o Nariño, pero el lugar del relato se parece al norte del Valle o el Chocó). El comandante paramilitar Triple XXX trabaja en asocio con Sarria, el comandante de la policía del pueblo, y también puede ejercer el terror a su antojo. Y como curiosidad, el hijo de Hipólita le causa a Triple XXX una herida en la mano que le corta la línea de la vida, y en consecuencia le altera el destino.

Río muerto es una novela corta en donde los primeros capítulos abarcan el mes largo que transcurre entre el homicidio de Salomón y el duelo de Hipólita, que se hunde en una tristeza que le impide levantarse de su cama. Pero cuando la mujer reacciona y decide lo que va a hacer, el tiempo cronológico de la narración se ralentiza para contar cada uno de los detalles de lo que ocurre el 29 de febrero de 1992, día del año bisiesto en el que la protagonista decide desafiar la muerte y enfrentar a sus vecinos, al pastor de la iglesia y los comandantes legales e ilegales.

En Dos o tres cosas sobre "la novela de la violencia", Gabriel García Márquez escribió que las novelas publicadas sobre la violencia política en Colombia hasta ese momento (1959) eran malas y, citando el ejemplo de La Peste, de Camus, enseñaba cómo debe ser una buena novela sobre el conflicto: un relato que ese enfoque en los vivos, los sobrevivientes, y no en los cuerpos mutilados de los muertos.

Río muerto cuenta el drama de la violencia desde los vivos, desde tres sobrevivientes. Pero el recurso narrativo de convertir a Salomón Palacios en un espectro, un fantasma que siempre está con la familia, es una forma poética y eficaz de mostrar la fuerza del amor más allá de la muerte y, al mismo tiempo, la sombra de la muerte violenta como una herida que marca la vida de los vivos, por el resto de sus días.

A ese recurso fantasmagórico se suma que Salomón es mudo. No habla y solo se comunica por escrito: Haga caso y otras frases cortas y simples lo revisten de sencillez y ternura, al tiempo que le hacen un homenaje al poder de la palabra escrita.

Particular valor tiene el papel que el autor le da a la Iglesia evangélica dentro del relato: en las novelas colombianas ha sido omnipresente el papel de los curas y el clero católico pero el poder enorme de las iglesias evangélicas no ha sido suficientemente narrado. Y es una lástima porque ese poder creciente explica en buena parte la fortaleza de tantas ideas neoconservadoras y de ultraderecha en tantas zonas del país.


Río muerto
Ricardo Silva Romero
Editorial Alfaguara
Mayo de 2020
156 páginas

martes, 25 de abril de 2017

El fin del "Homo sovieticus", de Svetlana Aleksiévich


Se cumple este año un siglo de la Revolución Rusa de octubre de 1917, de la muerte del zar Nicolás II y su familia, y de la llegada de Lenin al poder.

Hace un siglo el comunismo se volvió una política de estado en Rusia, y pocos años más tarde se extendería por el territorio que durante décadas se conoció como la URSS. Un imperio que ganó la II Guerra Mundial, que retó a Estados Unidos y que diseminó la semilla del comunismo en los países de la Cortina de Hierro, pero también en Latinoamérica, África y Asia. El fin del "Homo sovieticus", de la premio Nobel de Literatura bielorrusa Svetlana Aleksiévich se ocupa del fin de esa historia: de la sustitución del comunismo por el capitalismo a partir de la Perestroika de Gorbachov, a finales de los 80 y comienzos de los 90.

Desde occidente el fin de la URSS se recibió con alborozo: acabó la Guerra Fría, terminó la amenaza latente de una tercera guerra mundial y para muchos ciudadanos de "el resto del mundo", el desmonte del régimen comunista significó una especie de liberación de ciudadanos que sufrieron todo tipo de violaciones a los derechos humanos, desde las purgas estalinistas anteriores a la II Guerra Mundial hasta las detenciones masivas y los trabajos forzados en los gulags en Siberia, narrados por Aleksandr Solzhenitsyn, así como restricciones a derechos fundamentales como la movilidad y la expresión, denunciados por los premios Nobel  Boris Pasternak (literatura) y Andréi Sájarov (Paz). 

Sin embargo esa es apenas una versión de los hechos, real pero incompleta. Svetlana Aleksiévich usa la entrevista periodística como recurso para recoger las voces de centenares de personas, a lo largo y ancho de la geografía de la URSS, para narrar desde sus propias vidas lo que significó para cada cual el fin del comunismo en su país. Y la conclusión es que hay tantas lecturas posibles como ciudadanos soviéticos.

El método y la estructura son muy similares a Voces de Chernóbil, el libro coral en el que múltiples voces cuentan lo que significó el accidente nuclear ocurrido en 1996. El interés de Alexsiévich por las voces de gente del común queda explícito desde las primeras páginas: "Siempre me ha atraído ese espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo... Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo". Y agrega: "Nunca deja de sorprenderme lo apasionante que puede ser una vida humana cualquiera. O la infinidad de verdades que esgrimen los hombres, cada uno la suya. A la historia sólo parecen preocuparle los hechos, las emociones quedan siempre marginadas, no se les suele dar cabida en la historia. Pero yo observo el mundo con ojos de escritora, no de historiadora. Y siento una gran fascinación por el ser humano...".

Durante más de 70 años los soviéticos aprendieron a despreciar el dinero y el libre mercado. Sufrían restricciones y escasez pero al mismo tiempo tenían acceso a educación superior de calidad y a pensiones. El libro narra el drama de personas que confiaron en el comunismo, esperaban si acaso un comunismo con "rostro humano", con menos violencia y sangre, pero la transición al capitalismo los dejó en la miseria, con un desempleo rampante y el surgimiento de una nueva clase hábil para los negocios y el dinero fácil. 

Aleksiévich narra paradojas como las de las ex repúblicas soviéticas, que siempre vieron a Moscú como su capital y ahora la ven como su enemigo porque sus países están en guerra con los rusos; la añoranza que las generaciones más jóvenes tienen hoy de Stalin, a quien ven como el héroe de un imperio que le ganó a los nazis, y no como un dictador opresor; la lealtad a toda prueba hacia el comunismo de varias generaciones de rusos que salían de la cárcel para seguir sirviéndole a Stalin o al Partido Comunista con convicción; la enorme distancia que hay entre Moscú y las comunidades rurales de Rusia; la nostalgia que les produce haber dejado de ser un imperio militar; la delincuencia que se tomó las calles rusas luego del fin del hipercontrol estatal soviético y la cantidad de suicidios ocurridos en los años de la transición al capitalismo.

El fin del "Homo" Sovieticus es un libro duro, magistralmente escrito, útil para repasar la historia rusa del Siglo XX y para constatar que la realidad tiene mucho más que dos caras. La historia está llena de matices.


Algunas frases
"Muchos vieron en la verdad a un enemigo. Lo mismo que hicieron después con la libertad".

"Para nosotros, el descubrimiento del dinero fue como la deflagración de una bomba atómica".

"la gente de a pie no vive preocupada por la historia. Sus vidas son mucho más elementales: enamorarse, casarse, ver crecer a sus hijos... Levantar una casa".

"Ahora los poetas han cedido su sitio en las tribunas a los magos y los videntes".

"Dar libertad a los rusos es como proporcionar anteojos a una comadreja. Nadie sabe qué hacer con ella..."

"Nos hemos convertido en un país del tercer mundo. ¿Dónde están ahora los que animaban a Yeltsin? Creían que vivirían como los estadounidenses y los alemanes, pero ahora vivimos como los colombianos. Somos los perdedores... Hemos perdido el país".

"Dicen los libros que la Rusia zarista se desvaneció en tres días. otro tanto le sucedió a la Rusia comunista. Dos días bastaron..."

"Yo soy atea, pero si no lo fuera tendría muchas preguntas que hacerle a Dios..."

"hace mal en confiar tanto en el hombre, en la verdad que pueda comunicarle un hombre... La historia recoge la vida de las ideas. Y no son los hombres quienes la escriben, sino el tiempo. Las verdades que manejan los hombres son como esos clavos en los que cualquiera puede colgar un sombrero".

"¿Sabe qué anhelábamos realmente? Un socialismo light, un socialismo con rostro humano... ¿Y qué es lo que tenemos ahora? El capitalismo salvaje".

"El comunismo es como la ley seca: una buena idea que no funciona".

"Uno puede vivir de la limosna de los recuerdos".

"En las guerras no hay héroes... Nadie que empuñe un arma puede comportarse con nobleza. Jamás. Es imposible".

"Las palabras guerra y cárcel son las piedras angulares de la lengua rusa. ¡Ay, Rusia! Ninguna mujer rusa ha podido vivir jamás junto a un hombre normal".

"El amor es un trabajo pesado. Sí, yo concibo el amor, sobre todo, como un trabajo".

"Porque en mi infancia estuve rodeado de mucho amor", decía. Eso es lo que nos salva, la cantidad de amor recibido, ésa es la reserva que nos hace resistentes".

"Y descubrí que una mujer puede ir por el mundo contando las humillaciones que ha padecido, pero un hombre jamás se puede permitir tal cosa".

"Las víctimas son las que cuentan sus historias, las que quedan aquí para hablar, pero los verdugos... Los verdugos callan. Escurren el bulto, se meten en un agujero... Los verdugos carecen de nombre propio y apellidos, de voz. Los verdugos no dejan huellas. No sabemos nada de ellos".

"La soledad es la libertad... Cada día me felicito de la libertad de la que disfruto".

"Mi madre me dio un consejo muy útil hace tiempo: "ningún hombre ha superado jamás la edad de catorce años".


El fin del "Homo sovieticus"
Svetlana Aleksiévich
Traducción de Jorge Ferrer
Editorial Acantilado
Edición original 2013
643 páginas

domingo, 15 de enero de 2017

Punto de encuentro (selección de columnas), de Orlando Sierra Hernández



Una de las grandes diferencias entre periodismo y literatura, además del tema de la ficción y la verdad, está en la vocación perecedera del primero. El periodismo se escribe a la velocidad del cierre de edición, se mueve al vértigo de la información, se alimenta de la actualidad y no puede darse el lujo de esperar años para publicar un texto pulido, como sí lo pueden hacer los novelistas. Ya lo dijo el cronista Héctor Lavoe: para qué leer un periódico de ayer.

Por eso brillan las piezas periodísticas que resisten bien el paso del tiempo. Dado que su objetivo inicial fue la de informar o comentar sobre hechos recientes o inmediatos, es maravilloso cuando pasada la coyuntura que suscitó un texto éste sigue siendo atractivo para los lectores: bien sea porque quien lo escribió tuvo la lucidez para identificar, describir o nombrar fenómenos de largo aliento, o porque la calidad en el manejo del lenguaje permite el deleite de la lectura amena sin la presión de la fecha de vencimiento.

Ambas características tienen las 140 columnas de Orlando Sierra Hernández reunidas en Punto de encuentro, selección de columnas, el libro que publicó el diario La Patria de Manizales en 2002, apenas unos meses después de que su autor, que ocupaba la subdirección del periódico, fuera asesinado por orden del político del Partido Liberal, Ferney Tapasco González, quien fue condenado en 2015 por este atroz crimen.

Las columnas de Punto de Encuentro siguen siendo vigentes por varias razones. Hablan de la "Demosincracia", como la llamaba Orlando, es decir la falta de democracia que hace que la cosa pública se limite a una repartija de prebendas entre unos cuantos caciques interesados en perpetuarse en el poder. También hablan de la corrupción, la necesidad de que Caldas se conecte con el país y el declive del departamento. Todos estos temas vigentes.

Pero además hay un segundo grupo de columnas que son divertimentos del autor: textos sobre el chicharrón, el amigo secreto, las cartas y poemas de amor, la muerte de la mascota, los toros, el periodismo y la literatura. Columnas atemporales, escritas con humor y sapiencia, pues Orlando era un excelente lector y gestor cultural, que con frecuencia citaba en sus textos a escritores, pintores y músicos, sin que jamás sonara pedante. Lo suyo era la sencillez.

Ojalá este libro editado en 2002 se reeditara, porque hoy es prácticamente imposible de conseguir. Ojalá también se editaran selecciones de otros géneros periodísticos en los que Orlando fue brillante, como la entrevista y la crónica, en los que también mezclaba lo cotidiano y el humor con la agudeza de su capacidad analítica e incluso su intuición casi profética, que lo llevó a escribir textos como éste, un mes antes de su muerte, que se parecen tanto al bíblico Padre, aparta de mi este cáliz: "No me lo ha dicho una pitonisa, no me he hecho leer las cartas, no he consultado aún la línea astrológica de Mauricio Puerta, no me ha pintado un panorama negro ningún adivino con su bola futurista. Es simple intuición, es algo tenso en mis músculos, la saliva espesa que me rellena la boca, como si fuera una golosina de sal (...) La verdad, si pudiera saltármelo en garrocha, pasaba por encima del 2002 y aterrizaba en el 2003. Pero como no puedo, cumpliré con el ritual".

Por lo pronto, algunas de las frases de Punto de Encuentro, que evidencian la vigencia de este escritor, de quien hay que decir hoy lo mismo que gritábamos el día de su sepelio: Orlando Sierra está vivo. 


Sobre política, democracia y Caldas
¿Y ahora que viene?, marzo 20 de 1994: “Quieren ahora las aceitadas maquinarias de siempre, echar a perder los nuevos motores de la política en Caldas. Y para ello la estrategia será cerrarle los espacios de poder a los nuevos a fin de dejarlos dependiendo del voto de opinión, que como se sabe es veleidoso”

Urge un buen candidato a alcalde,abril 3 de 1994: “sería muy importante que los dirigentes nuestros pensaran con cerebro de manizaleños y no con calculadora electoral. Cierto que su triunfo no está precisamente para quedarse en sonrisas: pero sí han de imponerle a la ciudad un alcalde, que por lo menos no sea alguien con un cerebro con cinco hemisferios: los dos naturales y los que interpretan los pensamientos y deseos de los senadores Yepes, Giraldo y Barco”.

Sobre cómo escogí por quién votar, junio 19 de 1994: “No me dicen nada los partidos, entre otras cosas porque para mí son entelequias. No existen, sencillamente. Ellos son grupos de caciques adinerados aquí y allá, agrupados según intereses y dispuestos a ganar elecciones. Montoneras de lado y lado. Lejos estamos de tener organizaciones serias, estructuradas, de programas, de idearios”.

Lazos familiares, julio 16 de 1995. “Si son los Yepes tan brillantes, tan solventes profesionalmente, tan calificados, ¿por qué diablos no se realizan en el sector privado en vez de devengar a la sombra del erario? No soy antiyepista como podría aparecer. Soy “antinepotista”.

Oposición conservadora: mamola, agosto 20 de 1995: “Hace rato que en Colombia no existe oposición política. Desde el inicio del Frente Nacional. Claro que tampoco existe mucha política pues las diferencias ideológicas desaparecieron entre los partidos y quedó para la escogencia de pertenencia el gusto cormático: azul o rojo. Eso es todo. Hace rato que al país lo divide el consenso. Acrítico de pupitrazo de emociones, para rodear, para sostener, para defender un consenso del estamento. Aquí la crítica es sinónimo de conspiracipon, de conjura, mejor la sonrisa condescendiente de la aceptación y participar de las dádivas del poder”.

A propósito del presidente de la Asamblea, marzo 17 de 1996: “Resultaría muy cómodo echar toda la responsabilidad de cuanto sucede a la clase política. La doble moral no sólo está en servidores públicos, también abarcan amplios sectores de la sociedad (…) Es facilista y pusilánime una “indignación” que no pasa de una llamada telefónica a la dirección de un periódico. Por ese camino, tendremos siempre a los congresistas respaldando a este u otros Tapascos”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Cuando se trata de festinar recursos, nadie es tan maniancho como el sector oficial. Y la explicación es simple: no le duelen. Tal es el caso del Concejo de Manizales. Acaba de nombrar un grupo de asesores y supernumerarios que es monumento a la desfachatez. En él, lastimosamente, tocan trompetas algunos periodistas”.

Apuntalemos la democracia, marzo 8 de 1998: “mucho dinero se ha movido para estos comicios. Dinero sobre todo. A montones, a raudales y en muchos casos gastado de maneras non sanctas. (…) Para comprender este hecho (el del dinero) he construido un axioma simple que permite entender buena parte del discurrir político actual: poder + dinero = elección. En el caso de Caldas, no cabe duda que por esta vía por lo menos cuatro senadores son fijos. Tienen dinero, burocracia, clientela, fondos de cofinanciación, alcaldes que les respaldan. Esa es la estantería en que sustentan sus curules”.

La gallina de los huevos de oro, nov 29 de 1998: “Me preocupa que lo que la Licorera produzca, sea lo que se gasta, porque ese es el detalle. Nuestros políticos son voraces pirañas. De modo que ya veo venir, por cortesía de esos dividendos, crecimientos de planta de personal, sueldos de jeque para algunos, nóminas paralelas en ciertas dependencias”

La corrupción “justa”, febrero 29 de 1999: “Hace poco un grupo de ingenieros contratistas se quejaba de lo que acontece en Manizales. Según ellos los están ahorcando con lo que denominan el “peaje” o “vacuna” que deben pagar a sus fichas en la administración. Del 8% ó 10% de coima que debían pagar tradicionalmente, ahora les están disparando por el 20%”.

Las asambleas y su inutilidad, mayo 2 de 1999: “La Asamblea de Caldas sin ir muy lejos es un reducto de inutilidad, un nido de democracia, una trinchera de politiquería. De modo que sobra. Como sobran todas, pues desde que entró en vigencia la Constitución de 1991 su papel es simbólico, aunque no así los ingresos de quienes la integran”.

Por los viejos concejos, mayo 23 de 1999: “Antes la política tenía una condición lamentable. Era el ejercicio de las tres E: empobrecía, ennegrecía y embrutecía. Lo primero por razones de honestidad, lo segundo por aquello de estar más en la chicha que en el whisky y, lo tercero, por las dos anteriores. Ahora es al contrario: enriquece, blanquea e ilumina”.

La corrupción en tiempos de crisis, agosto 1 de 1999:“Si la corrupción en Caldas se pudiera medir en la escala de Richter el registro sería idéntico al de un terremoto de no menos de 6,5 grados con epicentro en los pies de la mayoría de los políticos y con réplicas en funcionarios públicos venales y compinches del sector privado, ídem.

Los candidatos cívicos, julio 2 de 2000: “Los caciques políticos de la comarca, en su celo, no permitieron nunca que acá surgiera una nueva dirigencia. No hubo una generación de relevo; sí una generación de lacayos. Hombres y mujeres que con tal de alcanzar un cargo, igual hacían el decreto que les ordenaban”.

La pregunta por la paciencia, mayo 20 de 2001: “No nos engañemos. Lo que más preocupa a los congresistas es su reelección. Su afán no es buscar mejorar el país, sino seguir yendo al Senado o la Cámara, mantener la clientela y continuar con los privilegios y la corrupción. De modo que en rigor no son muchos los que buscan una curul para servir al país, como los que lo hacen para servirse de él”.

Sobre periodismo y medios
¿Por qué voto por Andrés?, 30 de octubre de 1994: “Soy del criterio de que los columnistas, que no los medios en sí que se deben a la objetividad, no podemos ir con medias tintas a la hora de las definiciones. Nuestros lectores tienen derecho a saber cuáles son nuestras preferencias, en temas de interés público. Lo decía ese gran escritor y ensayista que es Carlos Fuentes: “es preferible equivocarse en público en cosas que atañen a todos, que acertar en privado”. Por eso en este día de elecciones, doy a conocer el que será mi proceder de votante. Aclaro que no busco influenciar a nadie; tan solo dejar mi testimonio”.

La iglesia va al grano, 2 de abril de 1995: “si en algún lado se manejan las relaciones verticales de poder, esa es la Iglesia. Por todo esto, discrepo del Director de este Diario”.

La función crítica, nov 17 de 1996: “Me anima la idea expuesta por Ortega y Gasset como función del intelectual: pensar en contra. Y no por el prurito de llevar la contraria, sino como un acto de alerta y porque es modo de mantener la inteligencia no dependiente o por lo menos no sumergida en la comodidad que da el pensar y ver las cosas como la mayoría (…) Escribir en un medio masivo es tener una especie de liderazgo y por tanto no puede ser un ejercicio pasivo o contemplativo. Tiene que darse con independencia de carácter y de modo directo (…) Por eso este espacio, con sus más y sus menos, quiere la mayor parte del tiempo (a veces nos damos el ancho de ser juguetones y regalar unas líneas que aspiramos sirvan de esparcimiento) contrariar las convicciones simples y los estados de quietud que permiten que se mantenga el statu quo. No es este un “punto de encuentro” con la transigencia y aunque dudo que lo sea con la grandeza, si sé que no lo es por lo menos con la mediocridad o la imbecilidad”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Unos contratos de mediocre pago a unos periodistas y una “vacuna” publicitaria a otros, son un estupendo mecanismo de conseguir algunos objetivos propagandísticos electorales a costa del erario. Ingenioso el asunto. Nuestra profesión es para el servicio de la comunidad, no para que los poderosos se entronicen aún más. ¿Por qué aceptan algunos periodistas participar de lo que generalmente critican: la contratación indiscriminada y abusiva de funcionarios en la administración? (…) No he sabido de nadie que pagado por la fuente, pueda emitir mensajes confiables sobre ésta”.

Periodismo y poder, sept 10 de 2000: “tengo a veces la vaga sensación de que mucho de cuanto oímos, vemos y leemos, no es del todo verdad. Que en lo que se dice por el micrófono, se ve en la televisión o se lee en la prensa, se cuela a veces algo que no corresponde con los hechos y por la que le untan la mano al comunicador falsario. Las mentiras que hermosean lo feo, limpian lo impuro, acallan lo perverso, hay que pagarlas al fin y al cabo. Yo no sé quién esté en las listas, aunque sospecho. Pero de todas maneras el periodismo que se pliega al poder, deja de serlo. Uno se puede equivocar, y de hecho se equivoca a veces, pero por lo menos intenta mantener un alma digna. Cuando se equivoca adrede porque va por lo bajo la canonjía, la prebenda, el sobre, entonces se es un mercachifle. Nada más”. 

Sobre literatura
Amigos secretos, sept 11 de 1994: “Este año pido, exijo, reclamo, que me regalen una novela. Ni muy larga, ni muy corta. De buen puntaje de letra (es decir de letrica grande), que no sea tan descriptiva como algunas novelas inglesas, ni tan embrolladas como las del francés George Simenon. Menos aún una novela de costumbres. Tampoco una novela de ciencia ficción. Las que cuentan historias de gente metiendo droga no me gustan. Una novela negra pudiera ser. En todo caso que no sea de Chandler. Son buenísimas pero ya las tengo. Agatha Christie no me gusta. Tampoco Irving Wallace y Morris West. Pero quiero una novela.
“Me niego rotundamente a recibir otra cosa de mi amigo secreto. Que me endulce cuanto quiera. En todo caso que mire muy bien el libro para adquirir. Pudiera ser de un autor español. Vásquez Montalbán está bien, o Muñoz Molina. Pero no la más voluminosa de este último y tampoco la que ganó el Planeta de 1982, del primero. El librero le podrá decir de cuáles hablo. Que no sea un autor latinoamericano, por favor. Me gustan, pero tengo casi todo y no quiero poseer libros repetidos. Un gringo no me chocaría. Pero no clásico, sino nuevo. Los hay realmente importantes, aunque sé que circulan poco. Por una novela, por eso juego amigo secreto”.

A Dios lo que es de Dios, nov 9 de 1997: “La semana pasada Octavio Escobar Giraldo, médico de 35 años, obtuvo el Premio Nacional de Cuento de Colcultura. Es uno de los premios más importantes en la literatura colombiana. Participaron 147 libros en el género. Ganó él. Los jurados eran de relumbrón: Mempo Gardinelli, escritor argentino de primera línea y los colombianos Piedad Bonett y Eduardo Guisado.
“Pero no es sólo por él que se puede hablar de una nueva generación. Los escritores caldenses están cosechando éxitos que nos tienen que hace volver los ojos hacia sus obras (…) a modo de una guía rápida cito algunos títulos. En poesía: El territorio y la máscara, de Rodrigo Acevedo (qepd); Despues del colegio, de Flobert Zapata; Al borde de la vía, de Uriel Giraldo; Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos; Esa muchacha es el verano, de Edgar González; Canteras al viento, de Antonio Leyva. En cuento: Variaciones, de Adalberto Agudelo; Señales de desahucio, de Óscar Jurado; Urbes luminosas; de Eduardo García Aguilar. En novela: El último diario de Tony Flowers, Octavio Escobar; La bruja de Lanta, de Néstor Gustavo Díaz, y por supuesto la obra de García Aguilar. La anterior, una pequeña muestra. Hay muchas ausencias, sin embargo estos nombres resultan ilustrativos. Leámoslos”.

Para el amor, la poesía,  sept 17 de 2000: “Me encanta la poesía de amor. Me sensibiliza de la cabeza a los pies. Doy un ejemplo: Cuando deseo encontrarla, prefiero casi no encontrarla / para no tener que dejarla después, dice Fernando Pessoa. Es hermoso. También lo es ese poema juguetón de Ernesto Cardenal que dice: Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido / pero de los dos, tú pierdes más que yo / porque yo podré amar a otra como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo”.


Punto de encuentro, selección de columnas
Orlando Sierra Hernández
Editorial La Patria
Octubre de 2002
Manizales
319 páginas

lunes, 11 de mayo de 2015

Disturbio, de Miguel Angel Manrique

Los amantes de la lectura, de los libros y del placer por la literatura, que han padecido conferencias o ensayos sobre el postestructuralismo, la deconstrucción del texto o los análisis de obras con ínfulas de ciencia, se sentirán reivindicados cuando conozcan a Manuel Martínez, el protagonista de Disturbio.

Manuel es un estudiante de literatura de la Universidad Nacional (la Nacho es la verdadera protagonista de esta historia), que sufre el rechazo de sus compañeros por ser pobre, feo y por no ser intelectual: lee Stephen King en vez de los formalistas rusos, le gusta el comic y se viste de sudadera gris y no con el disfraz de bufanda, boina o sombrero que usan los intelectuales para verse como tales.

A Manuel le ocurren cosas: se rapa, descubre que su papá no murió sino que lo abandonó, se enamora de la niña rica del curso, consigue amigos, presencia un homicidio. Y en medio de toda esta cotidianidad de estudiante universitario, se entretejen las historias de sus profesores, sus compañeros de clases y su mamá, que lentamente se van enredando unas con otras hasta explotar como coctel molotov en un disturbio de esos tan característicos de la Nacional, como el Jardín de Freud, la biblioteca o las cafeterías.

Esta obra ganó el Premio Nacional de Novela 2008 por su humor, su sarcasmo, su crítica a la pose de ciertos literatos, que tienen más contacto con el análisis del análisis del análisis, que con las obras literarias. 

Podría decirse que algunos personajes se transforman demasiado rápido, o sin una causa aparente, aunque también puede pensarse que la juventud es así, de cambio vertiginoso y sin motivo. Sin embargo, más allá de Manuel, Omar, Iris, Sara, Victoria y los demás personajes, el gran retrato que construye Disturbio es el del campus de la U. Nacional en la Avenida el Dorado: Aparecen sus entradas por la 26, la 45 y la 50; sus salones, sus baños, la biblioteca, el pasto, las oficinas. Así como Orlando Mejía Rivera logra una construcción literaria de la Universidad de Caldas en Recordando a Bosé, Miguel Angel Manrique hace lo propio con la Nacional en Disturbio y este sólo hecho es suficiente motivo para animarse a leerla.

Algunas frases:
Consideraba las historietas, el arte por excelencia de las clases medias.

tienes la mentalidad del funcionario. Cobarde y sumisa. El funcionario siempre tiene miedo de que lo echen a la calle como a un trasto viejo. Sabe que está ahí, porque sus superiores lo han decidido. 

Ya sabes, la vida es una excepción de la muerte.

Nadie quiere morir con las uñas sucias y las medias rotas.

De rutinas neuróticas, de círculos viciosos está hecha la vida.

concluyó que hablar de sexo en cualquier expresión de la cultura era un problema menor.

Sara intentó imaginar el futuro al lado de Manuel. Trató de construir un mundo más allá del presente que vivía, pero no pudo. Entonces se consoló con el pasado.


Disturbio
Miguel Angel Manrique
Editorial Seix Barral
Primera edición: mayo de 2009
Bogotá
195 páginas

martes, 9 de septiembre de 2014

Destinos intermedios, de Octavio Escobar Giraldo

Destinos intermedios es una novela negra publicada en 2010, que antecede en el tiempo narrativo a Saide, la primera novela que publicó Octavio Escobar Giraldo, en 1995. 

Las tres partes en que está dividida la novela se leen rápido, al mismo ritmo vertiginoso en el que ocurre la acción. O mejor, las acciones, porque empieza contando varias historias distintas y paralelas que se van entrelazando a manera de un rompecabezas, que sólo queda completo en la última escena.

Escribo escena y no capítulo, porque el libro se ve: se ven los carros, la carretera destapada, las mesas del restaurante de paso en la vía, la cama de la casa de citas, el hospital, el tiroteo, el centro comercial en el que hay una maratón de chistes. Todos los espacios y personajes se ven nítidamente, en medio del calor pegajoso del Magdalena Medio tolimense, lugar en el que ocurre la historia, que podría resumirse como el relato de lo que le pasó a Paula Cristina y a su amiga Erika, dos adolescentes que se volaron de Ibagué para encontrarse con dos amigos en Honda. Las cosas no salen como estaban planeadas y de pronto empiezan a empeorar a medida que avanzan las páginas, entre el miedo y la zozobra.

Llaman también la atención los personajes, por múltiples, disímiles y claros. No hay una única voz o un protagonista en torno al cual gire la narración. Hay varios personajes que se van relacionando de manera fortuita y fatal. Destinos intermedios son esos puntos del mapa que recorre un bus Bolivariano de una capital a otra, pero también son esas vidas que quedan a la mitad, por haber estado en un cruce de caminos en el momento equivocado, en una zona muy caliente, y no solo por el clima.

Dice Octavio Escobar que el espacio está inspirado en su experiencia, ya que prestó su servicio rural como médico en La Dorada, en una época en la que el narcotráfico ya financiaba buena parte de la economía local. Además, el locutor de la obra está inspirado en Pacheco y la cantante Jimena Sombras en Claudia de Colombia. Sin embargo se trata de guiños muy sutiles, que le sirven a él para crear un personaje definido, pero que pasan imperceptibles para el lector que no tenga dichos referentes.

Destinos Intermedios es una novela muy entretenida, que en la última página invita a dos acciones: primero, a volverla a leer, para re-armar el rompecabezas conociendo ya todas las fichas, y segundo, a leer a Saide, la otra novela en la que también aparecen algunos de los personajes que se incluyen en ésta.


Algunas frases:
Su busto lo más a la altura de las circunstancias que le era posible. 

¡detrás de todo hombre que triunfa hay una mujer muy sorprendida!

Una mujer de unos cuarenta años, redonda por todas partes y con una frente tan amplia que de inmediato inspiraba uno o dos apodos

Como siempre: buscando el futuro a través de un marido. Es la historia de este pueblo. 

Todo era como un sueño con problemas en la banda sonora

mangostinos, una fruta redonda, de cáscara violeta y durísima, que alberga unas pocas semillas rodeadas por una masa algodonosa de un sabor muy sutil, exquisita.

Sus profesores en Manizales no lo habían preparado para situaciones de ese tipo, ni para muchas otras; le hablaron demasiado de enfermedades que son más comunes en los libros de medicina que en las comunidades en las que se presentan, no de la violencia.

Las hijas controlan más que las esposas.



Destinos Intermedios
Octavio Escobar Giraldo
Editorial Periférica
Cáceres, España
2010
194 páginas


lunes, 23 de septiembre de 2013

Cielo parcialmente nublado, de Octavio Escobar Giraldo

Se ha vuelto hasta cliché asociar la escritura de Octavio Escobar Giraldo con "postmodernidad" y es usual que en las entrevistas le pregunten por su prosa postmoderna y sus juegos con las estructuras narrativas. 

Quien busque ese tipo de propuesta en "Cielo parcialmente nublado", se equivocó de libro. Esta es una historia sencilla (¿demasiado sencilla?) contada de manera lineal. Andrés es manizaleño, lleva 13 años en España, vino hace 5 años a Cartagena pero no visita su ciudad desde que se fue. En las noticias se habla de los diálogos de paz de Andrés Pastrana, el despeje del Caguán, y al papá de Andrés le da tanta angustia que anuncia que va a vender la casa y empieza a empacar todo en un baúl. La mamá sospecha que el papá se enloqueció, llama a Andrés a pedirle ayuda y entonces Andrés arma viaje para estar la primera semana del año en Manizales (la semana de Ferias), con sus papás y su hermana Mafe, que vive en Pereira.

Todo eso es lo que se nos anuncia en el primer capítulo. Los otros seis son la llegada de Andrés a Bogotá, luego a Manizales, luego a su casa, los diálogos con su familia, visita al Teatro Fundadores, a San Carlos, a Chipre, y así hasta que se devuelve. 

Grandes trozos de la novela son diálogos: de Andrés con su esposa en España, con sus papás, con su hermana, con una ex amante, con su amigo de toda la vida... Los diálogos soportan la historia. Leí que el objetivo de Octavio Escobar con esta novela era mostrar gente común y corriente, con sus angustias normales por los procesos de paz. Si ese era el propósito, el de contar una historia "hiper-realista" por lo cotidiana, entonces creo que lo logra.

Los fragmentos:
Mucha gente prefiere mirar a Bogotá desde Chapinero Alto, cemento y más cemento; y el alumbrado público les parece divino. A mí me gusta al troncario, contemplar los cerros, aunque los urbanizadores no paren de mutilar los bosques.

Lévi-Strauss se consagra si hace una investigación sobre el incesto en Manizales.

Todo con ella es muy difícil y la vida no tiene por qué ser una dificultad.

Con una sonrisa suficiente corroboró que La Patria seguía siendo una empresa familiar; todos sus directivos tenían el apellido Restrepo en primer o segundo lugar, excepto el jefe de redacción. A Orlando Sierra Hernández lo había oído leer poemas años atrás, en la Universidad de Caldas. Se alegraba de que hubiera encontrado como ejercer su vocación literaria de una manera rentable. 

Una combinación específica de olores -frutas tropicales, panela, fríjoles, carne molida, los limpiadores preferidos de su madre, cera para pisos-, lo devolvió a un estado, una familiaridad. 

Cuando llamas a una ex, abres la caja de Pandora.

En cualquier área del conocimiento hay disparidad de criterios.

Octavio Escobar Giraldo
Cielo parcialmente nublado
2013
Editorial Intermedio
203 páginas