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sábado, 31 de enero de 2026

Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

La Editorial Destiempo, de Pereira, un proyecto cultural que se ubica en las antípodas del interés comercial y la viralidad de redes sociales, acaba de publicar el tercer número de su colección, 
para alegría de sus lectores y de la historia bibliográfica regional.
 
Luego de editar En el país de la magia y otras traducciones, de Eduardo López Jaramillo, y las Crónicas recuperadas de Ricardo Sánchez Arenas, el trabajo de investigación hemerográfica que adelanta el periodista Mauricio Ramírez Gómez, director de Destiempo, se refleja en un volumen que en 84 páginas presenta una selección de textos de Eduardo Martínez Villegas, un autor que apenas ahora llega al formato de libro, porque su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. 

En la presentación del libro Mauricio Ramírez Gómez cuenta que Eduardo Martínez Villegas murió repentinamente el 10 de mayo de 1929, a los 38 años de edad. Vivía en Pereira, publicaba en periódicos de la ciudad y mantenía una relación fluida con intelectuales de Bogotá como Luis Eduardo Nieto Caballero, entre otros. 

El libro recoge un variopinto mostrario de los textos de Martínez Villegas: reseñas críticas sobre autores colombianos, sobre autores pereiranos como Eduardo Correa Uribe (Luis Campos), Carlos Echeverri U, Julio Cano y Benjamín Tejada Córdoba y cartas enviadas a la escritora y editora Blanca Isaza de Jaramillo Meza y a su esposo, el poeta Juan Bautista Jaramillo Meza. Al final el libro recoge textos que sobre Eduardo Martínez publicaron autores como Luis Eduardo Nieto Caballero, Rafael Cano Montoya (Tiz Luna) y Lisímaco Salazar.

Sobre Martínez Villegas escribe Nieto Caballero: "No hizo ningún poema extraordinario. Pero, en todos los que quiso que volaran al viento puso esencia del alma. Era un hombre sincero" (p. 70).

La prosa de Martínez tiene un lenguaje que hoy luce anticuado. En algunos pasajes es pesada y con loas que suenan exageradas o, al menos, desbordadas. No obstante, o quizás por eso mismo, el libro tiene valor como ejercicio de recuperación: permite no solo conocer a un autor inédito hasta ahora en formato de libro, sino que además ofrece un contraste en la forma en la que ha variado el lenguaje de la crítica y la reseña literaria en el curso del último siglo. 


Eso en cuanto a la forma. Con relación al fondo, el contenido que desarrolla Martínez Villegas es útil para el diálogo sobre la historia de la cultura letrada regional. Sus textos ofrecen un panorama sobre qué autores se leían en Pereira en los años 20 y qué autores locales o regionales eran, a juicio del autor, dignos de ser reseñados. 

Este librito (pocas páginas y de formato pequeño) permite conocer a aquellos autores cuyo rastro se perdió en el tiempo.

Algunos subrayados

"Yo le tacharía a Nieto Caballero la costumbre de comentar todo libro que le llega a las manos, pero en ningún caso le apunto como defecto de escritor su excesiva bonhomía; esto, hasta cierto punto, es una excelente cualidad, porque así se salvan del olvido muchos libros que por más mediocres que sean, algo, naturalmente, deben tener que los haga merecedores de un cariñoso recuerdo" (p. 38).

"¿Le diré, señora, que yo la conocía? No; sus cuentos publicados en periódicos y revistas no producen la emoción de los que llenan las páginas de un libro que todos los días se abre para tomar en él el licor sedante de una nueva impresión emotiva; los periódicos y las revistas son de vida efímera, y el libro está llamado a perdurar; por eso puedo asegurarle que no la conocía" (p. 62).


Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

Editor: Mauricio Ramírez Gómez

Editorial Destiempo

Pereira

Diciembre de 2025

80 páginas


sábado, 15 de marzo de 2025

Estación cárcel, de Carolina Calle Vallejo

Luego
Cartas de puño y reja y El viaje del hincha, Carolina Calle Vallejo publica con su Editorial remitentes "Estación cárcel. Pasaporte de crónicas", un volumen que reúne nueve crónicas que giran alrededor de la población detenida y de sus familias, y que fueron publicadas previamente en El Colombiano, Universo Centro o en su blog. 

El libro tiene un formato similar en color y tamaño al pasaporte colombiano. Ese pasaporte que sirve para entrar y salir del país es una metáfora del oficio de Carolina, quien lleva años entrando y saliendo de las cárceles de Medellín para contarle al mundo de afuera la vida de quienes pasan meses o años entre rejas. 
Las historias de la cárcel suelen ser conmovedoras, no porque todos los detenidos sean inocentes de los delitos de los que son acusados. Varios protagonistas de los relatos de Carolina se declaran culpables y aún así flota una sensación de injusticia, porque aunque las vidas y circunstancias son distintas, sí hay factores comunes que atraviesan todos estos dramas: familias pobres, con poca educación, pocas oportunidades e infancias marcadas por la violencia o la exclusión. 

Estación cárcel es un libro profundamente político, sin declaraciones panfletarias. Que en pleno siglo XXI el Estado siga aplicando castigos sobre el cuerpo de los ciudadanos, privándoles del sol y el movimiento, seguramente será visto en algunas décadas como una aberración.

Las crónicas de este libro fueron publicadas previamente en prensa. Todas envejecen bien, porque no responden a asuntos de coyuntura, pero quizás el tránsito del periódico al libro exige un poco más de reelaboración de la escritura. En estos textos prima la historia a narrar sobre el cuidado por el detalle de la forma narrativa. 

El libro incluye el texto de "El viaje del hincha", publicado previamente en formato de novela gráfica, la crónica "Sí acepto", con la que la autora ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 2019 y "Una carta de puño y reja", incluida en el volumen del mismo título. 

Estación cárcel. Pasaporte de crónicas
Carolina Calle Vallejo
Editorial remitentes
Medellín
2024
156 páginas

domingo, 15 de diciembre de 2024

Crónicas recuperadas, de Ricardo Sánchez Arenas

Luego de hurgar en periódicos antiguos, el periodista pereirano Mauricio Ramírez Gómez se dio a la tarea de seleccionar, editar y publicar una colección de crónicas firmadas por Ricardo Sánchez Arenas entre los años 30 y 40 en El Diario, de Pereira, periódico dirigido por Emilio Correa Uribe. 

El resultado de este esfuerzo es "Crónicas recuperadas", un volumen de 86 páginas en formato de bolsillo, que recoge 12 crónicas escritas por Ricardo Sánchez: cuatro sobre la historia de Pereira, otras cuatro sobre el tiempo que el autor pasó por  el leprocomio de Agua de Dios, recluido por causa del bacilo de Hansen, y las otras cuatro sobre temas diversos como el cine, la moda, el apellido de Bolívar y la memoria del caricaturista Ricardo Rendón.

Escribe Mauricio Ramírez sobre el cronista en la presentación del libro: "Ricardo Sánchez Arenas nació en Pereira el 7 de enero de 1888. Era hijo de Clotario Sánchez, dueño de la primera biblioteca que tuvo Pereira, aspecto que debió influir en su formación. Durante las primeras décadas del siglo XX, se destacó como comerciante. Su local estaba ubicado en la esquina sur oriental del cruce de la carrera séptima con la calle 23. Laboró en Manizales como agente viajero de Droguerías Unidas y del Almacén Americano. Fue corresponsal de El Tiempo y La Patria; publicó muchas notas en periódicos y revistas nacionales con el seudónimo ‘Fierabrás’. En su columna “Reportajes Informales”, publicada en revistas, divulgó numerosas entrevistas a personajes de la vida regional. Dichas entrevistas no han sido recogidas en libro. Fue también cofundador y secretario de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, en 1925, con Manuel Mejía Robledo. Falleció en esta misma ciudad el 20 de junio de 1946".

Las crónicas de Sánchez tienen algunos elementos comunes con las que publicó Tomás Calderón Ramírez, conocido como "Mauricio", en La Patria desde finales de los años 20 y hasta su muerte en 1955: interés por la historia de la fundación de las ciudades, descripción de la vida cotidiana y de personajes pintorescos, en particular por los ancianos, uso del humor costumbrista y referencias a elementos folclóricos. 

Resulta particularmente interesante su texto sobre el terremoto del 31 de enero de 1906, uno de los más fuertes que ha sufrido Colombia, así como su crónica sobre Pereira, Manizales y Armenia. Narra que un viaje de Pereira a Manizales le tomó casi tres días, y un viaje de Pereira a Armenia duró una semana completa. También cuenta que hacia 1915 en Pereira "teníamos planta eléctrica, buen acueducto" (p. 38).

Para los musicólogos puede ser de mucho interés la conversación que sostiene Sánchez con el maestro Luis Antonio Calvo, recluido con él en el leprocomio de Agua de Dios. El maestro Calvo dice: "llegué al lazareto el 12 de mayo de 1916". Su deceso se produjo en el mismo lugar en 1945.

Sobre el suicidio del caricaturista Ricardo Rendón dice que el origen de su depresión estuvo en el fin de la Hegemonía Conservadora: "Yo no puedo vivir sino dentro de la sistemática oposición al Gobierno. El triunfo de Olaya me partió por el eje y yo no puedo volverme godo" (p. 74), escribe Sánchez que le dijo Rendón meses antes de su muerte.

Llama la atención una nota sobre la publicación del libro: "Destiempo es una iniciativa autogestionada que tiene como propósito la circulación de textos literarios y periodísticos, recuperados o inéditos, para motivar la investigación y encontrar nuevas relaciones con el presente". Sin duda la recuperación de voces periodísticas y literarias del pasado que quedaron olvidadas es un esfuerzo necesario para construir una mejor historia sobre la escritura regional y para encontrar nuevos datos y registros sobre el pasado de este territorio.

Algunos subrayados
Fuimos a Europa sin estar preparados (p. 22).

Cuando con porciones de territorio de Antioquia y el Cauca, el general Reyes, hace hoy 40 años, fundó el departamento de Caldas, la ciudad escogida para su capital, Manizales, era un modesto poblado poco más o menos de lo que hoy es Pácora (p. 32). 

sólo nos faltaba conocer a los notables del pueblo, para lo cual solo nos bastó pararnos en la esquina de la Catedral una hora. Por allí desfilaba toda la ciudadanía (p. 34). 

(Pereira) es hoy la quinta ciudad de Colombia y será la cuarta cuando el aeródromo de Matecaña esté terminado (p. 39).

Crónicas recuperadas
Ricardo Sánchez Arenas
Mauricio Ramírez Gómez (Compilador)
Destiempo, Colección Literaria
Pereira
2024. 

domingo, 7 de julio de 2024

El velo que cubre la piedra, de Ignacio Piedrahíta Arroyave

"Las narrativas contemplativas de Piedrahíta" es como denomina Daniel Jiménez Quiroz a ese estilo del geólogo-escritor Ignacio Piedrahíta Arroyave en la segunda edición de El velo que cubre la piedra, un libro que reune 28 textos cortos a medio camino entre el relato, la crónica y la columna, en los que el autor camina, observa y reflexiona sobre lo que ve.

Este volumen recoge textos escritos en distintas épocas y de extensión variable: hay una caminata a un cerro de Medellín, una toma de Yagé, un viaje de cinco días en un barco de la Armada colombiana, una historia sobre la Patagonia argentina, otra sobre la conquista del Polo Sur, varias sobre Nueva York, una de un documental sobre un esquimal del Polo Norte... Todos los temas pueden caber en la curiosidad del autor. Todos los sitios pueden convertirse en motivo de escritura. Es su mirada, aguda y reposada, lejana a la coyuntura, lo que le da a estos textos una especie de solidéz geológica, de imperturbable vigencia, lejana a la actualidad.

El libro viene acompañado de un conjunto de ilustraciones, a manera de cómic sin texto, que acompañan y complementan algunas de las historias del libro. La autora de las imágenes a color es Yapi, nacida en Itaguí.

Algunos subrayados
es una de esas personas que aprendió a hacer de la humildad la mejor de las armas para sobrevivir (p. 27).

En la vida todo es mezcla y combinación, quen busca la pureza se decepciona (p. 27).

Antes de que las culturas pudieran ponerse de acuerdo a través del teléfono roto de la globalización, todas consideraban al oro como una de sus posesiones más valiosas (p. 50).

El oro, como muchas cosas bellas, se obtiene a través de un proceso sucio (p. 51).

Pero hay uno en especial que hace cambiar la manera cómo percibimos el cielo, el SO2, dióxido de azufre, que al mezclarse con vapor de agua va a formar diminutas gotas de ácido sulfúrico. De ahí que los amaneceres y los atardeceres se vean empañados y amarillos (p. 58). 

Lo mejor de navegar es que, una vez se zarpa, los problemas de la vida corriente quedan en tierra firme (p. 72). 

En un bargo, hasta el capitán se puede marear, pero nunca el cocinero (p. 77). 

(Pitágoras citado por Ovidio:) La tierra es un ser vivo y tiene pulmones que por mil respiraderos exhalan fuego (p. 80).

La mayoría de los que se dedican a la pluma se desahogan escribiendo en las redes sociales y columnas de opinión, desde donde se atrincheran y disparan con incuria (p. 125).

Nombrar el paisaje es uno de los mayores placeres de un paseo por el campo. Decir ahí va un azulejo o, están florecidos los samanes, o, ya más selvático que campestre, se escucha a lo lejos el cascabel de la serpiente; qué bello y qué agradable y, a medida que pasa el tiempo, qué nostálgico (p. 145). 

La roca es afuera y adentro y en todas direcciones, en cualquiera de sus infinitas caras se halla uno un ambiente, una atmósfera del pasado remoto (p. 147). 

Resnick era un escéptico del éxito del artista. Concebía el proceso creativo como un movimiento oscilatorio de altos y bajos. Cuando el artista estaba en su mejor momento, era dado a pensar que cualquier cosa que hiciera estaba bien. Entonces empezaría a caer, y solo si era honesto se daría cuenta de ello y reuniría fuerzas para escalar de nuevo. Ese, según él, era el momento de verdadero crecimiento. Para seguir creciendo a lo largo de toda una carrera había que estar dispuesto a volver a hundirse. En el momento en el que un artista aprendía alguna técnica personal para evitar esa caída, habría cesado su progreso, se habría estancado (p. 188).

Girando vanidosamente sobre sí misma, la Tierra se va bronceando por partes a lo largo del año (p. 205). 

el arte de escribir está plagado de espíritus vagabundos, de mentes erráticas incapaces de efectuar la más mínima tarea ajena a la confección de su obra (p. 215).

El empleo, para quien es obsesivo por su obra, no es más que una circunstancia cruel. No solo le quita sus horas más fructuosas sino que le priva de fisgonear la vida a la hora que le venga en gana. Y, lo peor, le autoriza falsas expectativas sobre la vida, diciéndole, con su cheque mensual, que es alguien en el mundo (p. 217).

Maestro en el arte de pedir dinero fue Miller, quien aconsejaba el matrimonio a quien deseara tener con qué respaldar la solicitud de un crédito (p. 217). 

El artista es el único empleado que gana más viendo trabajar que trabajando (p. 218). 

 
El velo que cubre la piedra
Ignacio Piedrahíta Arroyave
Yaneth Pineda (Yapi): ilustraciones
Comfama y Metro de Medellín, colección Palabras Rodantes
Medellín
Octubre de 2023
230 páginas


sábado, 8 de abril de 2023

Blanca, antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza


"Blanca, antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza" es una hermosa edición con fotos, detalles tipográficos a color y un prólogo lleno de emoción en el que se compilan algunos cuentos, poemas y crónicas escritos por Blanca Isaza de Jaramillo Meza.

La obra fue publicada en 2017 por la Universidad de Caldas, fruto de un trabajo de investigación que realizó Nicolás Duque Buitrago, autor del prólogo, en el archivo bibliográfico de Blanca Isaza, que quedó al cuidado de su hija menor, Aída, cuando murió la poeta en 1967 y la siguió su esposo, el también poeta Juan Bautista Jaramillo Meza, en 1978. 

El libro comienza con un prólogo en el que Nicolás Duque ubica el contexto en el que se produjo la obra de Blanca Isaza, su labor como editora de la Revista Manizales, desde 1940, y el destino de la casa familiar, en donde él mismo pudo desarrollar su investigación, y que al momento de la publicación del libro ya se adivinaba su demolición, como efectivamente ocurrió poco tiempo después.
A continuación el libro trae tres partes, impresas en papeles distintos: una de crónicas, la segunda de cuentos y la tercera de poemas, que dan cuenta del calificativo que Nicolás Duque le da a Blanca Isaza, como una "mujer múltiple". 


Los textos no incluyen ni la fecha ni el lugar original de publicación, y esta falla impide ubicar su contexto y la evolución de la autora, teniendo en cuenta que se mantuvo vigente durante 50 años, entre 1917 y 1967. No obstante esta carencia, el libro sí permite ver los distintos registros de la escritora, interesada por el mundo de lo pequeño, desde las chicharras hasta las flores, emparentada con San Francisco de Asís en ese interés por el múndo de lo mínimo. Y ese interés por el detalle preciso es lo que hace que de los tres géneros incluidos en el libro, sean las crónicas las que quizás mejor envejecen: pese a que la crónica está atada a la actualidad y es un género periodístico, en el caso de Blanca Isaza son crónicas que logran detener un instante de tiempo y traerlo vivo al tiempo presente.

Algunos párrafos:

De la crónica "Toda una vida"
"Aquel poemita (El río) fue publicado por primera vez en El Surco, un periódico semanal fundado y dirigido por Benjamín Tejada Córdoba, el padre de Luis, el inolvidable cronista que abrió rumbos nuevos a la literatura nacional, que tenía desplantes geniales y jugaba con las metáforas como un malabarista. Más tarde fue publicado en Renacimiento, el primer diario que tuvo Manizales fundado por don Justiniano Macías. En torno a la niña poetisa se hizo un poco de popularidad; el inicial elogio lírico de esos versos que ahora releo con suave nostalgia se lo debo a Aurelio Martínez Mutis, aquel glorioso cantor de la patria; y el fino comentario en prosa fue escrito por Luis Tablanca, amigo del corazón y quien aún vive en su lida tierra de El Carmen, en el Norte de Santander: Yo quiero mucho el río que cruza por la aldea / que canta a todas horas, que ríe sin cesar / el río que se incendia bajo la luz febea / y que se torna plata bajo la luz lunar..." (p. 40).

Recuerdo la emoción con que mi padre, que era el Juez de Santa Rosa, leyó mis versos; que esa muchachita ingenua que se vestía de olanes baratos, que se peinaba de capul, que se enredaba un jazmín anacrónico en los cabellos, que había tenido poco estudio, que se entregaba por entero a las simples labores hogareñas, le hubiera resultado escribiendo versos, le dio la más estupenda y dulce sorpresa de su vida; me parece verlo; cuando me interrogó varias veces si aquello era mío, si lo había escrito yo, pensé que iba a reprenderme y le dije con esa feliz ingenuidad que aún recuerdo: -Sí, papá, pero yo no tuve la culpa (p. 41). 

De la crónica "La muerte de las cosas"
Existen extrañas similitudes entre la muerte de las personas y la muerte de algunas cosas y de algunos sitios; a veces es una muerte súbita, impresionante, fatal; otras, es la desintegración lenta, progresiva, inexorable; la agonía despaciosa e ignorada que acaba ya por no conmover a nadie (p. 55). 

De la crónica "Una hermosa labor"
Es algo tan finamente bondadoso como ese oficio de las bellas cosas inútiles que no sirven sino para eso; para no ser prácticas ni técnicas, sino simplemente hermosas (p. 61).

ha de sentir lo mismo que elpoeta cuando entre esta profusa literatura de fútbol, de deportes, de ciclismo, de competencias olímpicas, de boxeo, de toros y de carreras de caballos, se encuentra por casualidad una estrofa perfecta, un poema que le llega al corazón, una frase que aún tenga algo de belleza y de dulzura (p. 61). 

De la crónica "El turpial inválido"
(sobre la mamá) La que cifró mis ternuras y fue razón y norte de este noble ejercicio de escribir (p. 73).

De la crónica "Las mujeres que trabajan"
Las mujeres que trabajan en las oficinas son tan dignas como las que trabajan en el recinto amable del hogar, y sin más merecedoras del respeto y del cariño de todos, que las que se pasan las dos terceras partes de su vida en los salones de belleza, en las casas de modas y en los costureros donde con lamentable frecuencia se pespuntan por parejo telas y reputaciones (p. 82). 

De la crónica "El desolado rostro de la violencia"
Nuestra ciudad ha sido como una privilegiada isla de paz entre este oleaje de pavor (p. 87). 

De la crónica "La gloria de Barba Jacob"
Siempre será tardío el homenaje; siempre se esperará a que el artista no haga sombra para reconocerle sus méritos; no importa que en su vida se le haya perseguido, ignorado, desconocido; después, su memoria servirá para hacer fiestas y gastar pródigamente los dineros del Estado (p. 144). 

De la crónica "La ilusión de viajar"
El dolor nos hace apreciar mejor aquellas mínimas satisfacciones que cuando estamos sanos nos pasan desapercibidas y no sabemos agradecer (p. 155). 

A través del anhelo que no se realiza las cosas se ven más bellas y más altas por la misma razón de ser inalcanzables (p. 157)

Del cuento "Paso de zarzuela"
se tuvo a buen cuidado de no invitar a los pocos liberales sobrevivientes que se habían quedado en Florilandia, ya silenciosos y camuflados de azul (p. 185).

Del poema "La canción romántica
Sabes lo que me alegra
en la dura jornada (...)
No haber escrito versos
que no puedas leer

Del poema "Viñeta de otoño"
Siempre encontré la fuente de Castalia
en la paz de la casa solariega,
en esa primordial filosofía
de acompasar el canto a la faena.


He tenido ese culto apasionado
de las cosas pequeñas 
y como Maeterlinck paso las horas
absorta ante el país de las abejas.

Se canta porque sí, porque es preciso
fraguar la vida en moldes de belleza


Blanca
Antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza
Prólogo de Nicolás Duque Buitrago
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2017
274 páginas

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Gaitán vive bajo los puentes, de Cristian Valencia

Dentro de la serie "Vientos del pueblo" (libros cortos en ediciones económicas e ilustradas, editados por el Fondo de Cultura Económica) fue publicada la crónica de Cristian Valencia "Gaitán vive bajo los puentes", un texto que viaja entre el presente y el pasado: el pasado del 9 de abril de 1948 cuando fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, y el presente de Colombia, en donde la figura de Gaitán sigue vigente porque las exclusiones que denunciaba todavía persisten.

El autor describe el barrio Las Cruces, de Bogotá, en donde nació Gaitán; el Museo de Gaitán, en donde a juicio del autor no solo está muerto el caudillo sino todo lo que allí se exhibe, los barrios que se llaman "Gaitán" en distintas zonas del país, e intercala esto con fragmentos de discursos de Gaitán, que gracias a una cuidada selección se leen hoy con absoluta actualidad.


Gaitán vive bajo los puentes
Cristian Valencia (ilustraciones de Daniel Silva Páramo)
Fondo de Cultura Económica, colección Vientos del pueblo
México, 2021
32 páginas
 

martes, 1 de mayo de 2018

No soy tu cholo, de Marco Avilés

El cholo es un término que usan los peruanos pero que puede tener sinónimos o equivalentes en Colombia. Cholo es un insulto: sirve para rotular al que no es blanco, al que no es rico, al que se ve, por su raza, más aindiado, más mestizo, más moreno, y, por ese motivo, se sospecha entonces menos educado, menos capaz, menos digno.

No soy tu cholo plantea a partir de situaciones totalmente cotidianas, como las entrevistas en radio, el ingreso a las discotecas o las playas privadas, la exclusión de nuestras sociedades por razón de la raza, aunque no es sólo el color de la piel: si eres cholo pero tienes plata entonces no eres tan cholo. Ser cholo es ser pobre, es no tener el dinero suficiente para comprar un apartamento o un estatus social que te quite la condición de cholo.

Marco Avilés no echa cantaleta, no hace un ensayo retórico sobre los problemas del racismo en el Siglo XXI o las injusticias que implica suponer que hay razas o clases superiores y otras excluidas. Su función no es la del sociólogo que teoriza sino la del cronista que muestra: Avilés hace evidente y visible lo que está a los ojos de todos pero a fuerza de cotidianidad ha dejado de indignar. Su técnica narrativa es el testimonio y con ello gana en fuerza e intensidad.

Cuando Avilés describe que Lima ha construido un muro para privatizar las playas resulta imposible no pensar en Cartagena o en Santa Marta, en la zona de Pozos Colorados, Gaira y El Rodadero. Cuando Avilés señala que los conjuntos cerrados se edifican en zonas que eran parques públicos inmediatamente se piensa en los megaproyectos urbanos que se han construido a costa de desplazamiento interno de antiguos habitantes de barrios tradicionales que súbitamente se vuelven de interés para los constructores. Cuando Avilés habla de Perú resulta imposible no pensar en Colombia. Y ese es quizás el principal mérito de este breve libro: constatar que en pleno Siglo XXI, nuestros países, profundamente mestizos, siguen soñando con el blanqueamiento del que se hablaba hace ya cien años.

Algunas frases:
Las palabras son seres más duraderos. Se heredan. Pasan de generación en generación y le dan forma a lo que somos.

Cumplir el sabio consejo del maestro Ray Bradbury: escribe al menos mil palabras cada día.

Por definición, los racistas son incapaces de advertir su propia suciedad.

La lucha contra el machismo no es una batalla de las mujeres contra una sociedad que las maltrata. Es una batalla de todos contra esa misma sociedad taimada, cortesana y calzonuda que así como las oprime a ellas también lo hace con los cholos, con los campesinos, con los homosexuales. El monstruo al que nos enfrentamos es el mismo.

Los limeños somos invasores de nuestro propio espacio común. Forasteros permanentes.

Lima es una ciudad de posguerra.

El muro de Lima es una obra digna de estudio psicológico (...) el muro de Lima tiene un aspecto útil. Es la arquitectura del innegable racismo que divide el país.

Asisten a una universidad privada, de esas que tienen espíritu de centro comercial: los baños tienen aromatizador, pero las bibliotecas carecen de libros. En ese modelo educativo, los estudiantes reciben trato de clientes.

Es la eterna disyuntiva de los cholos. Si no vienen a Lima, no existen.

O sea, los cholos jamás podremos soñar con ser cholos.

Es el efecto de la piel blanca. Te otorga el privilegio de la neutralidad.

La pobreza, la de ellos y la mía, es un idioma común.

El cholo cholea no porque no se siente cholo, sino porque intenta jugar como blanco.

La raza no solo se "mejora" teniendo hijos con alguien de piel más clara, sino acumulando más dinero, pasando por una universidad costosa, mudándote a otro barrio, podando las ramas de tu árbol genealógico, cortando tus raíces, olvidándote de dónde vienes.

El racismo es un demonio familiar. Vive con nosotros, se sienta en nuestra mesa, se echa en nuestra cama, nos susurra al oído.

Todo periodista es un turista que cree conocer las miserias del mundo porque las ha visto o caminando entre ellas. Esta profesión te vende esa ilusión. Pero hay un nivel de la pobreza que solo se conoce siendo pobre.

Según esa mentalidad rancia, el pobre no tiene derecho a hablar de su pobreza ni a protestar para que lo escuchen.

inmigrante... esa palabra se usa en un solo sentido: para señalar a los que nos movemos desde el sur hacia el norte. Es decir, para etiquetar a los latinos, a los africanos, a los asiáticos y a todos los que venimos a vivir y a trabajar a los llamados países desarrollados. 

El limeño es bien acogedor con el inmigrante. Con el inmigrante extranjero, quiero decir. Con los que venimos de provincias la historia es más jodida.

Cuando eres pobre la carrera que eliges no siempre es una expresión directa de tu talento o de lo que quieres ser en el futuro, sino la ruta que emprendes para salir de la pobreza.

¿Es tan difícil notar el privilegio cuando tú eres el privilegiado?


No soy tu cholo
Marco Avilés
Editorial Debate
Perú
Agosto de 2017
59 páginas

domingo, 14 de septiembre de 2014

Tiempo transcurrido, de Juan Villoro

Este librito corto comienza en 1968, año de la masacre de Tlatelolco, y culmina en 1985, año del terremoto en Ciudad de México, hecho que no se menciona en el texto. El autor escribe 18 "crónicas imaginarias", una por cada año, que funcionan como banda sonora del momento histórico a narrar. Los relatos se ubican en México, pero podrían ocurrir en cualquier país latinoamericano.

Acá los protagonistas no son la política, las protestas, la nacionalización de la banca o las crisis sociales. Esos son los telones de fondo que a veces se dejan entrever y otras no tanto, en relatos protagonizados por gente común y corriente que se aficiona al punk, o el rock, o la música disco en una época anterior al CD y a Internet. La música circula en cassetes mal grabados que llegan del norte, o que alguien que viajó grabó en alguna emisora, y así, como fragmentos, se va armando un imaginario sobre lo que suena en otros lados, en una época en la que, como dice el texto: "No entendía las canciones en inglés pero se las imaginaba".

Por estas páginas desfilan desde The Beattles, Mick Jagger, The Dors y Frank Zappa hasta The Police. Crónicas breves, desiguales, que definen personalidades complejas en una o dos líneas a partir de imágenes verbales que son pequeñas joyas, con mucha nostalgia en cada página. 

Particularmente recomendada, la crónica de 1971.

Algunas frases:
Desconfío de los que en momentos de peligro tienen más opiniones que miedo.

Tenía cuatro años cuando sus papás lo dejaron sin otra herencia que las facciones de su cara.

A Gus le fascinó el desdén con que administraba sus sentimientos.

Se siente obligado a pensar en las cosas que sucedieron exclusivamente para que alguien se acordara de ellas.

Tanto planeaba su viaje que a veces le parecía que ya había regresado.

Por primera vez en años permitió que alguien le cortara el pelo como fuera, empezó a dejar la mariguana, entró a estudiar administración y se volvió fanático del fútbol.

Ya no se preocupó por adelgazar porque eso era un "sentimiento pequeñoburgués".

Se volvió fanática de los nuevos cantantes cubanos, sin importarle que cantaran como si tuvieran la nariz devastada por la sinusitis.

El día en que la reprobaron en teoría sociológica I, descubrió que la educación estaba organizada de acuerdo con los intereses de la clase dominante. 

El Gato ha ido en busca del escape individual. Tres formas de aislamiento: la playa solitaria, los audífonos para oír rock progresivo, el cubículo donde ahora trabaja.

Despreciaban los anuarios del colegio donde los alumnos aplicados salían con caras muy plácidas, como si les hubieran dado a comer sus calificaciones.

No entendía las canciones en inglés pero se las imaginaba.

En plena juventud había conseguido algo que sólo parecía atributo de los mayores: aburrirse como una ostra. Su vida era una tranquila siesta después del almuerzo.

Tenía una de esas barbas superpobladas donde las migajas se pueden perder durante seis meses.

Le gustaban las películas donde los héroes se las arreglaban solos, sin tener que sesionar en comité.

En materia de música reconocía dos rubros: clásico (Julio Iglesias) y moderno (Mocedades).



Tiempo transcurrido (crónicas imaginarias)
Juan Villoro
Fondo de Cultura Económica
México DF
1986
125 páginas

lunes, 3 de junio de 2013

Dignidad campesina, de Alfredo Molano



Les comparto una escueta reseña que publiqué el domingo 2 de junio del 2013 sobre este libro de Alfredo Molano.
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El hervor del acuerdo agrario entre el Gobierno y las Farc parece una excusa para leer Dignidad campesina, el libro más reciente del sociólogo y periodista Alfredo Molano Bravo, quien, a propósito, intervino recientemente en un foro sobre el proceso de paz que organizó la Universidad de Caldas en Manizales. Se trata de un compendio de siete crónicas publicadas en El Espectador en las que prevalece la idea de que “el origen del problema -siempre tapado a bala- es la tierra”, como escribía en una columna de mayo del 2010.


Cada caso (el Macizo colombiano, Marmato, Caramanta, El Catatumbo, Simití, El Garzal y Rubiales) con sus particularidades, es la evidencia de un conjunto de situaciones: primero, de los conflictos que generan los macroproyectos que involucran el uso de recursos naturales y territorios tradicionalmente poblados por trabajadores de la tierra. Segundo, que el modelo de desarrollo que han adoptado invariablemente nuestros gobiernos, con lo que ello implica (leyes y formas de entender el territorio), es el terreno más cómodo para que se muevan las empresas que ejecutan dichos macroproyectos. Tercero, que tristemente, aunque no en todos los casos, las sangrientas incursiones de los grupos armados ilegales, particularmente de los paramilitares, han precedido la instalación expedita de aquellas empresas.


Molano logra esto al esculcar en la historia, recurso necesario sin el cual los campesinos que andan en plan de resistencia quedarían como meros facinerosos que se oponen al progreso, y no como los herederos de una tradición laboral y cultural que se exponen al desarraigo sin mayores garantías.


Como periodista, por otra parte, mantiene el método que privilegia la voz de aquellos con quienes se topa en sus caminatas, los mismos que sufren las arremetidas de los violentos, las arbitrariedades de las autoridades y los sinsentidos de la ley. Eso también lo lleva a abordar el paisaje –usando el término de una forma amplia– con una mirada particular que le da vida a su característico tono. Esto escribe sobre Marmato:

“Por el centro del pueblo corre un fluido de barro espeso y gris, producto de la cianuración del material aurífero que, envenenado, desemboca en el río Cauca. A la salida hacia Marmato está ubicada la sede de la compañía Medoro Resources: planta de beneficio, presa de colas, depósito de estériles, laguna de almacenamiento de aguas, depósito de suelos, talleres, piscinas deportivas, edificaciones administrativas, casinos, campamentos de obreros y residencias de técnicos. Un clásico enclave cercado, enmallado y protegido por guardias armados y perros embozalados”.


Dignidad campesina, volviendo al comienzo, es un libro interesante para entender por qué la relevancia de haber llegado a un acuerdo agrario, pero también es la muestra de que los cambios que se vienen, si son serios y se implementan con rigor, enfrentarán una fuerte resistencia, ya no de los campesinos, sino de quienes a punta de bala e injusticias se han abierto espacio en territorios que no les pertenecen.



Alfredo Molano Bravo
Dignidad campesina. Entre la realidad y la esperanza.
Editorial Ícono
104 páginas
2013

jueves, 4 de agosto de 2011

Extraños escenarios de la noche, Crónicas culturales, de Orlando Mejía Rivera

Hace una semana, en un outlet de libros organizado por El Malpensante, encontré "Extraños escenarios de la noche", un curioso librito que me costó $3.000. Curioso no sólo por el precio sino por el título, porque es pequeñito, de una editorial desconocida, y porque al menos yo nunca lo había oído mencionar, aunque he leído varias obras de Orlando Mejía Rivera.

El prólogo es de Héctor Abad Faciolince y desde ahí advierte que el autor, cuando le cede la palabra a otras personas, cae en la trampa de la propaganda y la nostalgia, y en otra parte dice que Orlando Mejía a veces escribe acá de manera ingenua. Con esas advertencias entré a leer el libro curioso de un autor que me gusta mucho y debo confesar que Héctor Abad se queda corto... que su crítica es muy suave y benevolente frente a la calidad del libro. Esta obra es como cuando uno le descubre un defecto maluco al novio... uno quisiera que nadie se enterara pero ahí está y no se puede ocultar. A mí Orlando Mejía me encanta como escritor de ficción e incluso como ensayista (de hecho ya lo he reseñado varias veces acá con muchas flores) pero en este intento de periodismo mezclado con reflexión personal no sale bien librado. Los diálogos suenan falsos, las denuncias suenan ingenuas... Orlando tiene un "discurso" apocalíptico sobre la sociedad que suena forzado en medio de las descripciones que hace...

Son 4 crónicas escritas en Barcelona: una sobre los inmigrantes latinos, otra que parte de una conversación larga con un palestino, una más sobre las catedrales no sólo de Barcelona sino también de algunas ciudades italianas, y la última, que le da título al libro, sobre la noche de sexo y strepteasse en Barcelona, que quizás es la más "visual" de todas.

Pensé mucho en Laverde leyendo este libro. Me gustaría que lo leyera. Sé que con lo que él ha viajado y con su talento y experiencia podría regalarnos unos textos mucho más logrados que los de este libro. Ojalá se animara.

Algunas frases:

"contrarrestar la tristeza de tantas soledades que podemos albergar en un único cuerpo".

"todos influimos en todos, y no existe ni una sola lágrima, ni una sonrisa, ni un pensamiento, que no esté acercándonos o alejándonos del abismo humano o de la utopía colectiva".

"nunca antes tantos individuos podían viajar y ver sitios lejanos, pero también nunca antes los viajeros estaban tan poco preparados para mirar lo extraño y descodificarlo mediante percepciones mentales auténticas y personales".

"La morada es el espacio donde nuestro ser más profundo crea tejidos humanos de símbolos y sueños".

"Ahora parecen espectros, nada es tan grotesco como los travestidos viejos, parados en las calles, esperando la muerte, aunque persisten en la ilusión de ser todavía deseables".


Orlando Mejía Rivera
Extraños Escenarios de la Noche. Crónicas culturales.
Hoyos Editores
Manizales
2005
132 páginas