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domingo, 1 de febrero de 2026

Balas por encargo, de Juan Miguel Álvarez

No me gusta hablar de los libros con la frase manida de "es lectura obligada", no sólo porque se trata de una frase hecha sino, principalmente, porque la lectura no es una obligación: es un placer, un gusto, una curiosidad, pero nunca una tarea.

Sin embargo, a quienes usan esa frase con frecuencia, les valdría poner como ejemplo el libro Balas por encargo. vida y muerte de los sicarios en Colombia, de Juan Miguel Álvarez, cuya lectura resulta reveladora para el colombiano común, que piensa que el Eje Cafetero es un supuesto "remanso de paz" y no una zona de violento conflicto urbano, y en particular resulta reveladora para los habitantes de esta región, que muchas veces tenemos vidas tranquilas, al margen de las tragedias que ocurren a pocas cuadras de distancia.

Balas por encargo es una lección de periodismo. El cronista Juan Miguel Álvarez realiza un minucioso y paciente trabajo de reportería que lo lleva a hablar con múltiples fuentes, a leer cientos de documentos y a visitar distintos barrios de Pereira y algunos municipios del Eje Cafetero, para entender por qué tantos pelaítos, como escribió Alonso Salazar sobre algunas comunas de Medellín, no nacieron pa´semilla.

Aunque el subtítulo del libro es "vida y muerte de los sicarios en Colombia", el trabajo se refiere a Pereira y su área metropolitana, una zona que, como bien lo dice el autor, de manera inexplicable no se hizo famosa con el nombre de "Cartel de Pereira", que sí tuvieron Medellín y Cali, y la única explicación que encuentra para esto es que la DEA empezó a usar el nombre "cartel" en 1982 y el auge del narcotráfico en Pereira había comenzado al menos una década antes.

Balas por encargo cuenta esa historia del narcotráfico en Pereira: de cómo el contrabando allanó no solo las rutas, sino también la legitimación social, para que los narcotraficantes empezaran a sacar coca a comienzos de los años 70. Explica quiénes fueron esos primeros capos, cómo se llenaron de sicarios y guardaespaldas, cuáles fueron sus relaciones con los grupos paramilitares y cómo, tras la desmovilización de los paramilitares en 2005, surgieron en la ciudad poderosas estructuras que cooptaron no solo el microtráfico sino todo el portafolio delincuencial, como la banda Cordillera.

El libro está dividido en capítulos y cuenta con abundantes fuentes. La escritura es amena, rica en testimonios y en imágenes, y el autor lleva al lector por distintos barrios de Pereira, así como por fincas de la región (qué bueno sería una reedición que actualice la información desde 2013 e incorpore un mapa). Al final del texto quizás la intensidad decae un poco, cuando se centra en la coyuntura de actualidad de los años 2008-2010, con entrevistas a funcionarios públicos y debates en el Concejo. No obstante, todo ese contexto es relevante para comprender cómo es que una región aparentemente pacífica ha sido cuna de tantos crímenes y cómo la economía regional subsiste en buena medida por el lavado de activos. 

Algunos subrayados 

antes de 1973 Pereira ya tenía varios capos respetados. Mire la fecha: ¡1973! Y piense que por ese entonces Pablo Escobar apenas era un jalador de carros y los Rodríguez Orejuela se rebuscaban asaltando camiones en las carreteras (p. 40).
Mientras duró, esta oficina [de Olmedo Ocampo] tuvo entre cuatrocientos y quinientos pistoleros (p. 85).

Mientras tronaban balaceras en las calles, el brazo político de Macaco acaparaba los cargos de elección popular que siempre fueron ocupados por caciques históricos. Nombres sin ninguna tradición electoral y con cuantiosos capitales invertidos en las campañas ganaron escaños en los concejos de Dosquebradas y Pereira, en la Asamblea de Risaralda y en el Congreso de la República (p. 103).

Muy a pesar de que Pereira fue la ciudad con la más alta tasa de homicidios en América Latina [2005], nada de esta guerra tuvo eco nacional (p. 106). 

el Batallón San Mateo dice que en Pereira cada mes se venden 30.000 proyectiles, una cosa extravagante (p. 115).

En Pereira se estaba consumiendo droga por valor de 300 millones de pesos diarios; estamos hablando de 10.000 millones de pesos mensuales (p. 115).

el dato más revelador, sin embargo, lo publicó una agencia de inteligencia de resorte directo de la Presidencia de la República llamada Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF): de 42.937 "operaciones sospechosas" registradas entre enero de 2006 y enero de 2011 en todos los sectores de la economía nacional, en las que participaron más de 160.000 personas y más de 14.000 empresas, 25,57% fue urdido en Pereira, Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal (p. 229).

—Todos esos hombres de Macaco que han capturado —me dijo Charlie, el antiguo pistolero de los Henao Montoya— son puros sicarios. Leo, Niño Fabián, Nico; hasta los Comba y Diego Rastrojo son sicarios, matones de pistola y fusil. Donde comiencen a perseguir a los reales narcotraficantes de Pereira, a los que han estado aquí desde siempre, la ciudad se acaba: ¡la ciudad se acaba! —exclamó, henchido de autoridad—. Le voy a decir algo Juan Miguel: ¿de dónde sale tanta hijueputa plata para construir aquí tantos centros comerciales y edificios y condominios? ¿De dónde sale? ¡Dígame! ¿Qué empresa hay aquí en Pereira, qué empresarios hay aquí en Pereira que produzcan tanta plata como para que gasten millones y millones en construcción? (p. 244)

Balas por encargo. Vida y muerte de los sicarios en Colombia
Juan Miguel Álvarez
Editorial Rey Naranjo
Bogotá
2013
300 páginas

sábado, 31 de enero de 2026

Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

La Editorial Destiempo, de Pereira, un proyecto cultural que se ubica en las antípodas del interés comercial y la viralidad de redes sociales, acaba de publicar el tercer número de su colección, 
para alegría de sus lectores y de la historia bibliográfica regional.
 
Luego de editar En el país de la magia y otras traducciones, de Eduardo López Jaramillo, y las Crónicas recuperadas de Ricardo Sánchez Arenas, el trabajo de investigación hemerográfica que adelanta el periodista Mauricio Ramírez Gómez, director de Destiempo, se refleja en un volumen que en 84 páginas presenta una selección de textos de Eduardo Martínez Villegas, un autor que apenas ahora llega al formato de libro, porque su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. 

En la presentación del libro Mauricio Ramírez Gómez cuenta que Eduardo Martínez Villegas murió repentinamente el 10 de mayo de 1929, a los 38 años de edad. Vivía en Pereira, publicaba en periódicos de la ciudad y mantenía una relación fluida con intelectuales de Bogotá como Luis Eduardo Nieto Caballero, entre otros. 

El libro recoge un variopinto mostrario de los textos de Martínez Villegas: reseñas críticas sobre autores colombianos, sobre autores pereiranos como Eduardo Correa Uribe (Luis Campos), Carlos Echeverri U, Julio Cano y Benjamín Tejada Córdoba y cartas enviadas a la escritora y editora Blanca Isaza de Jaramillo Meza y a su esposo, el poeta Juan Bautista Jaramillo Meza. Al final el libro recoge textos que sobre Eduardo Martínez publicaron autores como Luis Eduardo Nieto Caballero, Rafael Cano Montoya (Tiz Luna) y Lisímaco Salazar.

Sobre Martínez Villegas escribe Nieto Caballero: "No hizo ningún poema extraordinario. Pero, en todos los que quiso que volaran al viento puso esencia del alma. Era un hombre sincero" (p. 70).

La prosa de Martínez tiene un lenguaje que hoy luce anticuado. En algunos pasajes es pesada y con loas que suenan exageradas o, al menos, desbordadas. No obstante, o quizás por eso mismo, el libro tiene valor como ejercicio de recuperación: permite no solo conocer a un autor inédito hasta ahora en formato de libro, sino que además ofrece un contraste en la forma en la que ha variado el lenguaje de la crítica y la reseña literaria en el curso del último siglo. 


Eso en cuanto a la forma. Con relación al fondo, el contenido que desarrolla Martínez Villegas es útil para el diálogo sobre la historia de la cultura letrada regional. Sus textos ofrecen un panorama sobre qué autores se leían en Pereira en los años 20 y qué autores locales o regionales eran, a juicio del autor, dignos de ser reseñados. 

Este librito (pocas páginas y de formato pequeño) permite conocer a aquellos autores cuyo rastro se perdió en el tiempo.

Algunos subrayados

"Yo le tacharía a Nieto Caballero la costumbre de comentar todo libro que le llega a las manos, pero en ningún caso le apunto como defecto de escritor su excesiva bonhomía; esto, hasta cierto punto, es una excelente cualidad, porque así se salvan del olvido muchos libros que por más mediocres que sean, algo, naturalmente, deben tener que los haga merecedores de un cariñoso recuerdo" (p. 38).

"¿Le diré, señora, que yo la conocía? No; sus cuentos publicados en periódicos y revistas no producen la emoción de los que llenan las páginas de un libro que todos los días se abre para tomar en él el licor sedante de una nueva impresión emotiva; los periódicos y las revistas son de vida efímera, y el libro está llamado a perdurar; por eso puedo asegurarle que no la conocía" (p. 62).


Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

Editor: Mauricio Ramírez Gómez

Editorial Destiempo

Pereira

Diciembre de 2025

80 páginas


domingo, 15 de diciembre de 2024

Crónicas recuperadas, de Ricardo Sánchez Arenas

Luego de hurgar en periódicos antiguos, el periodista pereirano Mauricio Ramírez Gómez se dio a la tarea de seleccionar, editar y publicar una colección de crónicas firmadas por Ricardo Sánchez Arenas entre los años 30 y 40 en El Diario, de Pereira, periódico dirigido por Emilio Correa Uribe. 

El resultado de este esfuerzo es "Crónicas recuperadas", un volumen de 86 páginas en formato de bolsillo, que recoge 12 crónicas escritas por Ricardo Sánchez: cuatro sobre la historia de Pereira, otras cuatro sobre el tiempo que el autor pasó por  el leprocomio de Agua de Dios, recluido por causa del bacilo de Hansen, y las otras cuatro sobre temas diversos como el cine, la moda, el apellido de Bolívar y la memoria del caricaturista Ricardo Rendón.

Escribe Mauricio Ramírez sobre el cronista en la presentación del libro: "Ricardo Sánchez Arenas nació en Pereira el 7 de enero de 1888. Era hijo de Clotario Sánchez, dueño de la primera biblioteca que tuvo Pereira, aspecto que debió influir en su formación. Durante las primeras décadas del siglo XX, se destacó como comerciante. Su local estaba ubicado en la esquina sur oriental del cruce de la carrera séptima con la calle 23. Laboró en Manizales como agente viajero de Droguerías Unidas y del Almacén Americano. Fue corresponsal de El Tiempo y La Patria; publicó muchas notas en periódicos y revistas nacionales con el seudónimo ‘Fierabrás’. En su columna “Reportajes Informales”, publicada en revistas, divulgó numerosas entrevistas a personajes de la vida regional. Dichas entrevistas no han sido recogidas en libro. Fue también cofundador y secretario de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, en 1925, con Manuel Mejía Robledo. Falleció en esta misma ciudad el 20 de junio de 1946".

Las crónicas de Sánchez tienen algunos elementos comunes con las que publicó Tomás Calderón Ramírez, conocido como "Mauricio", en La Patria desde finales de los años 20 y hasta su muerte en 1955: interés por la historia de la fundación de las ciudades, descripción de la vida cotidiana y de personajes pintorescos, en particular por los ancianos, uso del humor costumbrista y referencias a elementos folclóricos. 

Resulta particularmente interesante su texto sobre el terremoto del 31 de enero de 1906, uno de los más fuertes que ha sufrido Colombia, así como su crónica sobre Pereira, Manizales y Armenia. Narra que un viaje de Pereira a Manizales le tomó casi tres días, y un viaje de Pereira a Armenia duró una semana completa. También cuenta que hacia 1915 en Pereira "teníamos planta eléctrica, buen acueducto" (p. 38).

Para los musicólogos puede ser de mucho interés la conversación que sostiene Sánchez con el maestro Luis Antonio Calvo, recluido con él en el leprocomio de Agua de Dios. El maestro Calvo dice: "llegué al lazareto el 12 de mayo de 1916". Su deceso se produjo en el mismo lugar en 1945.

Sobre el suicidio del caricaturista Ricardo Rendón dice que el origen de su depresión estuvo en el fin de la Hegemonía Conservadora: "Yo no puedo vivir sino dentro de la sistemática oposición al Gobierno. El triunfo de Olaya me partió por el eje y yo no puedo volverme godo" (p. 74), escribe Sánchez que le dijo Rendón meses antes de su muerte.

Llama la atención una nota sobre la publicación del libro: "Destiempo es una iniciativa autogestionada que tiene como propósito la circulación de textos literarios y periodísticos, recuperados o inéditos, para motivar la investigación y encontrar nuevas relaciones con el presente". Sin duda la recuperación de voces periodísticas y literarias del pasado que quedaron olvidadas es un esfuerzo necesario para construir una mejor historia sobre la escritura regional y para encontrar nuevos datos y registros sobre el pasado de este territorio.

Algunos subrayados
Fuimos a Europa sin estar preparados (p. 22).

Cuando con porciones de territorio de Antioquia y el Cauca, el general Reyes, hace hoy 40 años, fundó el departamento de Caldas, la ciudad escogida para su capital, Manizales, era un modesto poblado poco más o menos de lo que hoy es Pácora (p. 32). 

sólo nos faltaba conocer a los notables del pueblo, para lo cual solo nos bastó pararnos en la esquina de la Catedral una hora. Por allí desfilaba toda la ciudadanía (p. 34). 

(Pereira) es hoy la quinta ciudad de Colombia y será la cuarta cuando el aeródromo de Matecaña esté terminado (p. 39).

Crónicas recuperadas
Ricardo Sánchez Arenas
Mauricio Ramírez Gómez (Compilador)
Destiempo, Colección Literaria
Pereira
2024. 

lunes, 10 de junio de 2024

Rosas de Francia, de Alfonso Mejía Robledo. Edición crítica de Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla

"Rosas de Francia" fue la primera novela escrita por un escritor de Risaralda, aunque su autor, 
Alfonso Mejía Robledo, realmente nació en Villamaría, Caldas, el 10 de enero de 1897.

Mejía Robledo se radicó en Pereira desde muy joven, en donde alternó labores periodísticas y literarias con trabajos cívicos y comerciales. Se casó con la panameña Rita Andrión Jaén, autora de "Mis recuerdos de colegio" (1938), conformando una pareja intelectual que en algo recuerda a la que constituyeron en Manizales Blanca Isaza y Juan Bautista Jaramillo Meza. 

La novela "Rosas de Francia" fue editada inicialmente en París en 1926, poco después de que su autor dirigiera "Nido de cóndores" la primera película rodada en Pereira. La novela fue reeditada por el autor en 1937, en su imprenta "Panoramas", y en esta segunda versión el autor hizo significativos cambios a la obra, e incluso le cambió el final.

El volumen pubicado por Alma Mater consiste en un libro de 500 páginas: las primeras 300 corresponden al estudio crítico de la obra, realizado por los profesores Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla, y las 200 páginas restantes presentan la última edición de la novela.

El estudio crítico de los profesores Gil y Montoya sirve como referente para este tipo de trabajos. Los autores explican quién fue Alfonso Mejía Robledo, cuál fue el contexto en el que se produjo la obra, los cambios que vivió Pereira a comienzos de siglo (en 1914 se instaló la primera planta eléctrica en Pereira, por ejemplo) y cómo estos "adelantos" de la energía, el teléfono y los automóviles llegan hasta la obra de Alfonso Mejía. Así mismo el estudio crítico se refiere a otras figuras intelectuales, contemporáneas al autor, como Euclides Jaramillo Arango, Emilio Correa Uribe y María Rojas Tejada, entre otros.

La novela cuenta la historia de Ricardo, un joven que llega a Manzanares un pueblo que parece ubicado en Panamá. Allí conoce a Lucila Pinar y queda perdidamente enamorado de ella. La pareja inicia una relación epistolar, de poco contacto, y finalmente viajan a la capital porque deciden contraer matrimonio. En la segunda parte los padres de Ricardo le dicen que no lo autorizan a casarse antes de que cumpla la mayoría de edad y así él decide irse a pasar esos meses en La Habana, Cuba, en donde tiene un trabajo. El desenlace de la historia guarda mucha similitud con María, de Jorge Isaacs: Lucila no soporta la ausencia de su amado y cae enferma.

Se trata de una novela "decimonónica" aunque haya sido escrita en 1926. La visión de la mujer es la que corresponde al cuerpo mariano y el protagonista es un dandy dedicado a la escritura y las artes. El amor es cándido y puro y las acciones previsibles. No obstante, se trata de una novela interesante en la medida en que revela aspectos de la cultura de hace un siglo en la región: la visión que el autor presenta sobre el país, sobre su clase social y los posibles conflictos entre los distintos personajes permiten comprender las preocupaciones de estas provincias de montaña hace un siglo.

Algunos subrayados
Del estudio crítico, a cargo de Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla

(Luis Carlos González sobre los periodistas de Pereira) "Los comunes y corrientes fueron para él Benjamín Tejada Córdoba, Carlos Echeverri Uribe, Arcesio Mejía Arango, Jesús Antonio Cardona, Obdulio Gómez, Sixto Mejía, Eduardo y Emilio Correa Uribe" (p. 32)

"1905 marcó un momento especial para Pereira, porque es el momento en que un comerciante, Don Emiliano Botero, publicó en su imprenta el periódico El Esfuerzo de Pereira" (p. 63).

"La instalación del taller de la Imprenta Nariño, el primer centro de publicaciones con que contó la ciudad (Pereir), a partir de febrero de 1909" (p. 68).

"Estos primeros escritores, poetas y educadores asumían responsabilidades de liderazgo frente a la ciudad que deseaban transformar con fines políticos, económicos y sociales" (p. 83). 

"las lecturas eran orientadas por sus madres: "Nos tocaba remendar medias y calcetines cen bombillos, mientras mamá nos leía novelitas románticas saltando hábilmente sobre párrafos y frases que ella apreciaba "inconvenientes" para nuestra edad" (p. 117). 

"Emilio Correa Uribe estaba más cerca del humor irónico y festivo de Carrasquilla y de la economía en el uso de adjetivos que fue la impronta en las breves crónicas de Luis Tejada" (p. 159)

(dice Euclides Jaramillo Arango) "el autor era considerado tanto más bueno cuanto más hiciera llorar al lector" (p. 172).

"En Rosas de Francia nada hay de misterioso: Lucila siente un amor profundo por el poeta y ahora que se ha ido de su lado le parece difícil sobrevivir a su ausencia" (p. 176).

"describe a su amada como los poetas de su tiempo, los que, de acuerdo con María Mercedes Carranza en sus observaciones sobre el tipo de mujer que a los poetas colombianos les interesaban con un fin estético, insistían en construir la imagen de una musa esclerótica, pálida y casi enferma, es decir, "el tipo de mujer del romanticismo", realzada en su decorado de "alabastros", "mármoles" y "el rojo carmín y los nácares" (p. 180).

"En agosto de 1916 su directora, María Rojas Tejada, empezó a publicar "Femeninas", el órgano oficial de la institución, que ofrecía educación desde el kindergarten hasta quinto de primaria" (p. 195). "Es claro para la directora del "Centro" el propósito sustancial de la educación femenina: la mujer era educada para la vida real" (p. 199).

(dice Euclides Jaramillo Arango) "las gentes adquirían toda clase de libros, malos y buenos, menos libros pereiranos" (p. 233).

"Ya entrada la década del treinta, Mejía Robledo opta por fundar su propia editorial, una empresa nada fácil de sostener" (p. 234). 


De "Rosas de Francia", de Alfonso Mejía Robledo
"En estos tiempos del positivismo y de los rieles, de los rascacielos y de los automóviles, revela un grado cultural, un sentimiento tan elevado en nuestras mujeres que no habíamos llegado a soñar y que hace contrapeso al egoísmo y al cálculo burgués de nuestra época" (p. 334).

"este defecto es muy común el Colombia. Por lo que sé de su geografía, puedo asegurar que es uno de los países en los cuales se ha tratado de extirpar hasta el último resto de grandeza indiana, en lo que se refiere a la designación sustantiva de los lugares" (p. 338).

"Soy católico por dogma y por estética, y no oculto mis ideas; al contrario: las pregono" (p. 343).

"-Yo quisiera saber lo que pasa en su corazón. Es tan adorable y... tan esquiva....
-Y, por lo esquiva, tan adorable. Esto lo comprendemos las mujeres. Es la táctica del amor elevado (p. 359).

"El destino es así: imprevisto y misterioso. Trae a las almas la ventura o la desolación en un momento cualquiera, y un detalle pequeño, una interrupción inesperada, pueden variar el rumbo de una vida, cambiar la felicidad en desdicha perenne o trocar la desgracia en suprema ventura (p. 372).

"Lucila Pinar era una mujer superior, de talento excepcional y de un espíritu creado para las grandes concepciones de arte y de nobleza, que no tenía un átomo de la común vulgaridad femenina (p. 387).

"Las calles de  la ciudad, zigzagueantes y estrechas estaban profusamente iluminadas con grandes farolas eléctricas. Millares de automóviles y de livianas victorias se cruzaban por las principales arterias de la capital, donde la vida nocturna tenía más agitación y movimiento, más ajetreo que en las doce horas del día. Las bocas de los teatros, cubiertas con pinturas de mal gusto, eran un hervidero de muchedumbres" (p. 414). 

"Tú sabes, madrecita mía, que no es la cuantía de los años lo que forma el estado de vejez o de juventud de los hombres. Es el alcance de reflexión, de juicio y de talento que posea el individuo" (p. 417).

"Quiero estar solo con mi tristeza y hablar con mi desgracia frente a frente, para irme acostumbrando a su fatal compañía" (p. 436). 



Rosas de Francia, edición crítica
Alfonso Mejía Robledo. Edición crítica de Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla
Sello editorial Red Alma Mater en coedición con la Universidad Tecnológica de Pereira
Junio de 2013 (primera edición de Rosas de Francia: 1926)
Pereira
504 páginas