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sábado, 9 de marzo de 2024

En agosto nos vemos, de Gabriel García Márquez

Un libro debe ser autosuficiente. Defenderse por sí mismo y ser leído sin tener en cuenta la biografía o circunstancias del autor. Al fin y al cabo la literatura tiene pretensión de inmortalidad y lo escrito permanece mucho más allá de la vida del escritor. 

No obstante es imposible leer "En agosto nos vemos" sin pensar en el alzheimer que afectó a Gabriel García Márquez en sus últimos años y en la decisión que tomaron sus dos hijos varones (porque por supuesto Indira Cato, la hija no reconocida, no es tenida en cuenta para estas determinaciones) de publicar esta novela aunque su padre de manera expresa hubiera pedido que no lo hicieran. Ellos se justifican diciendo que su padre también dijo que después de muerto ellos podían hacer lo que quisieran y que quizá la enfermedad de los últimos años le había afectado el criterio que tuvo antes para juzgar su propia obra con rigor. 

En el prólogo los dos hijos, Rodrigo y Gonzalo García Barcha, se autoexculpan así: "si ellos (los lectores) lo celebran (el libro), es posible que Gabo nos perdone. En eso confiamos". Como leer a García Márquez suele ser un deleite entonces van sobre seguro. Como escribió Juan Esteban Constaín: hasta la novela más mala de un genio como García Márquez es mejor que los mejores libros de muchos escritores. Y claro que es mejor que muchas de las novelas que se publican cada año, en una avalancha de títulos para el olvido.

Y sin embargo... 

Desde que se anunció que "En agosto nos vemos" saldría el 6 de marzo de 2024 en simultánea en más de 30 países encargué el mío. He leído la obra completa de García Márquez y no iba a dejar de leer esta última publicación. No haber acudido a esta última cita habría sido una traición de lectora, aunque haberlo hecho también se siente como traición, porque es estar hurgando líneas que el autor no quería ver impresas para un público masivo.

Claro que "En agosto nos vemos" produce el placer de releer a Gabo. Aparece el Caribe, están esos sustantivos suyos tan deslumbrantes que obligan a consultar el diccionario, hace mucho calor y hay escenas sexuales llenas de sudor. El libro se puede leer en clave musical y como la protagonista siempre está leyendo, los títulos de esos libros son también guiños de García Márquez. Trae, además, la novedad de tener por primera vez en el conjunto de su obra a una mujer como protagonista íntegra y solitaria de una novela: Ana Magdalena Bach es una mujer que al comienzo del libro tiene 46 años y al final 50, y cada 16 de agosto viaja a una isla para dejar gladiolos en la tumba de su madre. Esos viajes, además, son un escape conyugal en el que encuentra cada año un amante distinto con el que pasa una noche que le sacia sus deseos.

Se ha dicho que esta mujer empoderada (porque claro que se ha usado ese término de moda para hablar de la libertad y autonomía de Ana Magdalena) es un justo cierre para la obra de Gabriel García Márquez, quien construyó personajes femeninos poderosos pero al final, en Memoria de mis putas tristes, dejó un sinsabor con una novela menor en la que el universo femenino se circunscribe a una prostituta de débil contundencia. En ese sentido, Ana Magdalena una reivindicación femenina y es, además y como si fuera poco, su mujer más contemporánea: la novela no precisa la época en la que ocurre ni el espacio, aunque quizás la isla podría ser quizás Aruba (que tiene un lago como el que se menciona en el libro), y la ciudad en la que habita Ana Magdalena sería Caracas, que tiene (por la alusión a la estatua de Bolívar y por la distancia de 4 horas entre la ciudad y la isla). En todo caso el libro sí ocurre en un tiempo contemporáneo al de la escritura, es decir a comienzos del siglo XXI, o si acaso a finales del siglo XX y por eso su protagonista es la mujer más moderna de todas las que construyó García Márquez.

Y sin embargo, después de leer los seis capítulos (algunos funcionan como cuentos) y de gozar el placer de visitar otra vez fulgores de la genialidad de García Márquez, no dejo de pensar en el dilema ético de la publicación de este libro, que es una traición expresa a la voluntad del autor. Por lo que escribe el editor Cristóbal Pera al final del libro, la versión publicada es una construcción a partir de armar el rompecabezas de distintas versiones que dejó García Márquez. Es decir: no hubo un único manuscrito sino múltiples versiones, con enmendaduras, comentarios y variaciones, y el editor tomó un poquito de aquí y otro de allá para entregar un texto definitivo, en el que incluso suprime frases para evitar contradicciones, como un personaje que en el manuscrito aparece con bigote al principio, pero el editor se lo quita porque de lo contrario sería incoherente con una parte que aparece al final del libro.

Estas correcciones del editor, sin embargo, no alcanzan para evitar que el texto tenga frases o expresiones cursis y repita varias fórmulas, un error de principiante que un genio como García Márquez sospecho que no perdonaría. Así, la novela repite líneas como "maestría de los dedos", "esta es mi noche de suerte", "mago de feria", "los brazos en cruz" e incluso en una misma página habla de "noche de perros" y "noche de lobos". ¿Así lo quiso el Nobel? difícil saberlo. Intuyo que lo que él quería fue lo que dijo claramente: pidió que no publicaran el libro porque no estaba terminado. En ese sentido veo en "En agosto nos vemos" el esbozo de una historia a la que aún le falta complejidad, con un personaje que actúa desde el deseo femenino pero se ve plano o predecible. Es una obra en borrador, que apenas insinúa sin desarrollar el hilo más interesante de la obra, que es el de la relaciones madre-hija: de Ana Magdalena con Micaela mamá y con Micaela hija. 

Los seguidores de García Márquez nos acercamos con ojos de vouyeur: con curiosidad morbosa y a la vez culposa, por estar leyendo lo que el autor quiso mantener en privado, y al mismo tiempo lo leemos con la indulgencia y la gratitud que nacen de otros libros de García Márquez que precedieron a éste, y en los que la genialidad de la escritura, la complejidad narrativa y el universo creado se ubica a una distancia enorme frente a esta novela menor. Leer a García Márquez con condescendencia es una afrenta que no merece.

Que los hijos publiquen esta novela con el argumento de la vejez y la demencia senil de su padre no deja de ser una paradoja: fue precisamente García Márquez quien en su literatura, con obras enormes como "El amor en los tiempos del cólera", "Cien años de soledad", "El coronel no tiene quien le escriba" y "El general en su laberinto" construyó un andamiaje poético potente para reflexionar sobre la dignidad y la validez de las decisiones que un ser humano toma al final de sus días.


Algunos subrayados
No le dejó ninguna iniciativa. Se acaballó sobre él hasta el alma y lo devoró para ella sola y sin pensar en él, hasta que ambos quedaron perplejos y exhaustos en una sopa de sudor (p. 28). 

Ella lo sometió al método mortal de no tomarlo en serio (p. 71).

le había abierto los ojos a la realidad de su matrimonio, sostenido hasta entonces por una felicidad convencional que esquivaba las discrepancias para no tropezar con ellas, como se esconde la basura debajo de la alfombra. Nunca habían sido más felices que enconces (p. 78).

-Infiel, nunca -dijo él-. Pero si lo que quieres es saber si me he acostado con alguien, hace años me advertiste que no lo quieres saber (p. 83). 

parecía hablar no tanto para decir como para ocultar (p. 97).

por no suscitarle alguna duda de hombre, que son las menos fáciles pero las más certeras (p. 107). 

-A mi edad -le dijo- todas las mujeres estamos solas (p. 118).

 llorando de rabia contra ella misma por la desgracia de ser mujer en un mundo de hombres (p. 120). 


En agosto nos vemos
Gabriel García Márquez
Penguin Random House
Bogotá
Marzo de 2024
144 páginas

domingo, 10 de septiembre de 2023

La Costa Nostra, de Laura Ardila Arrieta

La Costa Nostra es una investigación periodística que pudo salir a la luz gracias a la persistencia de su autora y a la presión ciudadana. El libro estaba listo para ser publicado por Editorial Planeta, pero a último minuto la editorial decidió abstenerse de imprimirlo porque, según dijo, había un alto riesgo de litigio. La periodista Laura Ardila denunció este acto de censura, la indignación ciudadana fue alta, la editorial Rey Naranjo decidió correr el riesgo y en menos de tres semanas el libro agotó su primera edición de 10.000 ejemplares.

Aunque la investigación se ocupa de un clan político de Barranquilla, el de Fuad Char y sus hijos, en realidad el libro presenta una radiografía sobre cómo funciona el poder político regional en Colombia, en el que los políticos nacionales posan en Bogotá de ser adalides de la lucha contra la corrupción, pero en las regiones se alían con el que les garantice votos, sin mayores miramientos de tipo ético y sin mayor interés del periodismo nacional. Sucede en Barranquilla, como lo cuenta Laura Ardila, pero también en el resto del país. 

La obra es una investigación periodística de largo aliento, dividida en seis capítulos, que comienza con la crónica sobre la llegada de los inmigrantes sirolibaneses al Caribe a comienzos del siglo XX, para contar la historia de los antepasados de Fuad Char en Lorica. Luego, poco a poco, la trama deja el tono histórico, se traslada a Barranquilla y se adentra en vericuetos de la reportería de investigación: nombres, contratos, fechas y datos precisos que revelan las claves de un entramado de corrupción electoral y política, en el que los mismos contratos públicos terminan financiando la compra de votos que garantiza la permanencia en los cargos. El telón de fondo son relaciones no muy claras con personas vinculadas al narcotráfico, el lavado de activos y el paramilitarismo.

Son muchos nombres que a veces pueden confundirse para quien no está familiarizado con la letra menuda de la política barranquillera, pero ese nivel de detalle es precisamente lo que le da valor al libro: es evidente que Laura Ardila investigó con suficiencia y conoce de lo que habla. La otra gran virtud es el lenguaje: la autora cita políticos pero también a Marbel Moreno y a Alfonso Fuenmayor. Se le nota que ha leído, que domina el oficio de escribir y que lo hace con seguridad desde su lenguaje Caribe. Sus expresiones costeñas refuerzan la verosimilitud del texto porque hacen notar que la autora no es una advenediza en el entorno que narra. Al contrario, lo cuenta desde las entrañas y con el mismo acento en el que ocurren los hechos.

Laura Ardila revela algunas de las características de la fórmula Char: cerrada endogamia; eficiencia corporativa que les garantiza éxito político; interés por monopolizar los mensajes y, en consecuencia, altos gastos en publicidad para periodistas locales y nacionales; alianzas con políticos de relevancia nacional y financiación bajo cuerda de políticos de otros partidos, lo cual les garantiza control absoluto del poder regional.

No sé si el libro ameritaba el intento de censura, porque buena parte de lo que cuenta (no todo) ya había sido publicado previamente por la autora en La Silla Vacía. No creo que el libro deteriore la imagen de los Char, que no es buena en el resto del país, y en Barranquilla controlan con o sin libro. Lo que sí creo es que esta publicación desnuda algunas claves sobre cómo funciona la política local en concreto, y valdría la pena rastrear cómo se observan esas tácticas en otras zonas del país, con menos visibilidad, pero con iguales niveles de corrupción. El mérito de este texto es que muestra cómo hacer ese tipo de rastreo periodístico. Sin duda este camino que abre Laura Ardila será inspirador para los reporteros que empiezan su carrera o están aún en las aulas y ven a partir de este ejemplo que los poderes intocables sí se pueden tocar.


Algunos subrayados

Del prólogo de Juanita León: "es una ventana a cómo se suele hacer política en Colombia: los discursos de estadista en la capital, mientras en las regiones esos mismos políticos entregan por debajo de la mesa bolsas de dinero a cambio de los votos que su verbo no logra movilizar" (p. 18).

Del texto de Laura Ardila: 

unas élites del poder nacional en Bogotá toleran y se asocian con fuerzas regionales, muchas veces cuestionadas, para servirse de sus votos y ganar elecciones. Luego, cuando el cuestionado regional cae en desgracia ante la ley o ya no es útil electoralmente, esos poderosos del centro toman conveniente distancia y desconocen a sus otrora aliados (p. 23).

mientras los periodistas políticos a veces nos concentramos solo en las declaraciones que ofrecen los poderosos en Bogotá, en las regiones se están dando movidas extraoficiales que definen tanto o más lo que pasa en el país (p.26).

maletas que cargaban más ilusiones que ropa (p. 29). 

Los taxistas suelen ser la primera memoria de un lugar (p. 41).

creyente entusiasta de las encuestas internas, que por tres décadas ha usado para tomar sus decisiones de política electoral (p. 48).

tiene al día su departamento de lealtades (p. 49). 

otro de tantos grupos que conformaban la colcha de retazos, cada uno con patrón propio, que era en ese entonces el Partido Liberal (p. 50).

controlar entes públicos era sinónimo de poderío, de capacidad para conseguir votos. Añadía brillo a la dignidad que significaba hacer política (p. 51). 

Una convivencia con el narcotráfico que no era nueva en una ciudad compleja, que llevaba -y lleva- décadas contando entre los miembros de su alta sociedad a personajes que hicieron riqueza traqueteando o lavando plata, sin que nadie dijera nada. Por miedo o por tolerancia (p. 91). 

Uno de los factores clave para entender esa imagen que tienen son las excelentes relaciones que han forjado con periodistas locales y nacionales, que son objeto de su dadivosidad (p. 97).

En Carnavales se ha vuelto común ver a directores o editores de grandes medios de Bogotá bailando en la carroza de los Daes o como invitados VIP en conciertos financiados por empresarios (p. 98).

La estrategia política que han tenido con el equipo ha consistido en hacer las compras de jugadores de fútbol más costosas en la historia de Colombia para llevar al Junior a su mejor década deportiva, al tiempo que gobiernan (p. 114). 

El mandatario empezó una estrategia de comunicaciones que desde entonces le ha apostado, más que a la difusión de mensajes, al control del mensaje, de un único mensaje, sostenido principalmente en la gestión de obras civiles (p. 121). 

Algunos asesores lo llaman "efecto espejo" y consiste en salir a buscar un validador afuera, si en tu propia casa no creen en tu mensaje (p. 123). 

Los Char sumaron una millonaria chequera en pauta oficial para los medios locales, adjudicada casi toda a dedo y ejecutada a través de intermediarios, agencias de publicidad o fundaciones que subcontratan, lo que hace difícil poder establecer la totalidad de beneficiarios (p. 124).

informalmente se conoce como content marketing, que consiste en publicar contenido institucional sin advertirlo; es decir, haciéndolo pasar como contenido periodístico del medio (p. 125). 

La gasolina con la que anda una maquinaria política, aparte de la plata, son los puestos. El acceso a lo público, a los recursos, al timón de mando (p. 151). 

La muy usual dinámica del poder en Colombia, que consiste en que unas élites de la capital patrocinan y se juntan con fuerzas regionales muchas veces cuestionadas para servirse de sus votos y ganar elecciones. Pero, a la hora de los líos judiciales o de imagen, les dan la espalda y no se despeinan, como si no fueran dos caras de la misma moneda (p. 157). 

Esta manera de conseguir votos usando lo público en beneficio propio es otra de las prácticas comunes de las maquinarias de los políticos tradicionales (p. 159). 

financiar políticos propios o de otras maquinarias. Esta decisión les garantizó contar con cabildantes que no hacían grandes exigencias burocráticas y tener total control sobre las secretarías y demás altos cargos del distrito (p. 177). 

Las maquinarias siempre están en elecciones o preparándose para unas (p. 185).


La Costa Nostra
Laura Ardila Arrieta
Rey Naranjo Editores
Bogotá
Agosto de 2023
224 páginas


jueves, 20 de mayo de 2021

La mata, de Eliana Hernández y María Isabel Rueda


Del 16 al 21 de febrero de 2000 los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia mataron a 105 personas en El Salado y las veredas aledañas, en el departamento de Bolívar. Luego de la masacre hubo un masivo desplazamiento forzado y quienes años después regresaron al pueblo narraron que las casas, cancha y en general las construcciones estaban cubiertas de vegetación.

La antropóloga Eliana Hernández leyó el informe que sobre esta masacre publicó en 2009 el Centro de Memoria Histórica. Con base en esa información y con la imagen de la vegetación cubriendo el espacio que habitó la muerte construyó el poema "La mata", en el que las voces de dos campesinos, Pablo y Ester, se unen a otras voces, como los investigadores y los testigos para contar desde múltiples ángulos y detalles el horror que allí se vivió. 

El resultado es un libro hermoso y doloroso: un largo poema con ecos de coro griego en donde la vida cotidiana empieza a abrirse lentamente para darle paso a la tragedia. El mundo particular de Pablo y Ester se enrarece con un helicóptero del que caen volantes que dicen "Cómanse las gallinas y los carneros y gocen todo lo que puedan este año porque no van a disfrutar más". Pablo Rodríguez, líder de la junta de acción comunal, sale de su casa para enterrar una caja con escrituras que prueban que es el dueño del terreno. Otras voces dicen "salgan, partida de guerrilleros, que todo el mundo se muere hoy" y así, narrando en diagonal, sin describir los vejámenes sino sus ecos, el poema acerca a una de las peores masacres cometidas en la historia de Colombia. 

Además del poema, el libro es hermoso como artefacto. Los dibujos de María Isabel Rueda funcionan como esos cuadernos artefacto de colegio en los que el paso rápido de las páginas permite crear la ilusión de movimiento a partir de múltiples imágenes con variaciones. La mata que dibuja María Isabel Rueda empieza como algo pequeño, unas cuantas hojas sobre lo que parece una casa, y a medida que avanza el poema la mata crece y crece hasta abarcar toda la página. Una simbiosis perfecta entre el poema y la imagen, en donde al final, se ofrece algo de esperanza: "para quienes volvieron: un manojo de flores de totumo", dice la autora al inicio de los últimos versos, en donde la fuerza de la naturaleza se ofrece como una posibilidad de vida después de la muerte. 

Algunas frases
El miedo se acomoda
como un gato en la garganta,
mejor hacer con ellos una bola,
tirarla al monte enfurecido (p. 19).

Me lo hicieron con un cuchillo, dice la mujer 
y señala una marca en el brazo. 
También me hicieron cosas peores
que no puedo decir (p. 29). 

Mejor no pensar. Mejor
enumerar las cosas que le gusta hacer:
echarle maíz a los pollos
podar el jardín
meter las manos
en la leche
fresca para el queso (p. 33). 

Cuando caen los cuerpos en la cancha,
elegidos al azar
quedan en las casas los patios,
las cocinas, las sábanas extendidas
recibiendo aún
la tibieza del sol (p. 49).

En sus huesos, 
en sus últimas formas palpables,
se condensan hasta extinguirse 
lo que alguna vez fueron:
lunares, masas,
luego humus, tierra, simple tejido
que con el peso de los días
se vuelve poco a poco
una capa de tierra transparente (p. 57).


La mata
Eliana Hernández (poema) y María Isabel Rueda (Ilustraciones)
Laguna Libros
Bogotá, septiembre de 2020
96 páginas

domingo, 14 de abril de 2019

La guaracha del macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez


La guaracha del macho Camacho es una novela escrita en 1976 por el puertoriqueño Luis Rafael Sánchez. Se trata de una narración fragmentada, caleidoscópica, construida a partir de anáforas, con palabras muy boricuas que se repiten una y otra vez como ocurre en las canciones. El texto no es fácil pero es gozoso. Tiene humor y está lleno de referencias a la cultura popular, desde Iris Chachón y la telenovela Simplemente María, hasta Marilyn Monroe. También menciona boleros y canciones caribes, así como referencias a obras clásicas de la literatura latinoamericana, incluyendo Cien años de soledad.

La historia puede resumirse así: hay varios personajes varados en un trancón, embotellamiento o atasco. En Manizales decimos taco y en Puerto Rico le dicen tapón. Los personajes están en un tapón en San Juan de Puerto Rico un miércoles a las 5:00 pm. El trancón es la consecuencia de una bomba que explotó en la Universidad de Puerto Rico. Esa situación conecta a los personajes, que empiezan a construirse lentamente, a figurarse solo con el paso de las páginas, porque la historia avanza al ritmo del trancón: acelera y frena y acelera y frena, como una guaracha.

Las historias de los personajes se entrelazan, aunque sus puntos de contacto no se presentan de manera diáfana porque la narración no es cronológica. El Senador Vicente Reinosa (El Viejo) "Vicente es decente y no ha tenido un accidente", está casado con Graciela Alcántara y López de Montefrío, una mujer de 45 años que se encuentra esperando a su psiquiatra Severo Severino. El senador y Graciela son los padres de Benny, un chico que solo piensa en su ferrari, pone una bomba en la Universidad para librarse de exámenes, agrede a una prostituta y al final atropella al Nene, un chico con discapacidad que estaba al cuidado de Doña Chon porque su mamá, "La Madre" China Hereje, sale a encontrarse con su amante Vicente. Los tres primeros son de la clase alta y los otros tres de la clase baja. 

El mapa de relaciones entre los personajes, presentado en el párrafo anterior, solo se construye a medida que avanza la novela, si es que avanza. De hecho hay capítulos que reescriben párrafos o diálogos que el lector ya había leído, y a los que se le añaden después otras cuantas líneas. La novela es un rompecabezas que hay que armar.

El personaje principal de la novela es el lenguaje. Un lenguaje usado con una intención musical, no por el título guaracha o porque haya una guaracha que sea un éxito en las emisoras y suene todo el tiempo, sino porque se trata de un libro que puede ser leído en voz alta, y en el que la relación entre una palabra y la que sigue está pensada de manera deliberada. El mismo Luis Rafael Sánchez escribe en su novela: "yo sé lo que quiero decir pero no sé cómo empatarlo". En la forma de empatar una palabra con otra, un párrafo con otro, está la singularidad de esta novela.

El texto resulta interesante para algunos análisis con perspectiva de género y de etnia: aparecen hombres y mujeres, blancos y negros y una sexualidad deshinibida. Hay lecturas sobre lo que se espera del rol de los caballeros, de la castidad y también de la forma en la que los viejos tabúes se vienen abajo.

Luis Rafael Sánchez escribió La guaracha del macho Camacho en 1976. No sé si Andrés Caicedo haya alcanzado a leer este libro antes de escribir ¡Qué viva la música!, su novela publicada en 1977. No lo creo posible y sin embargo encuentro numerosos puntos en común entre ambos textos: la guaracha es para Sánchez lo que la salsa para Caicedo: un leitmotiv que permite hablar de temas como la ciudad, la juventud y la sexualidad,  a partir de un lenguaje fragmentado que rompe la estructura lineal. 

Y no sé si Alonso Sánchez Baute leyó La guaracha antes de escribir su maravillosa novela Al diablo la maldita primavera, pero encuentro también lazos entre estos dos libros, que logran hablar de la cultura popular, de la música, la radio y los personajes del cine con maestría y cariño. Es posible que sí lo haya hecho porque después de publicada La guaracha del macho Camacho se convirtió rápidamente en un clásico de la literatura del Caribe. 


Algunas frases
Después que hacemos lo que hacemos, laboris fornicatio, él se trepa en su carrazo y lo más tranquilo que se va en su carrazo: el superlativo hace referencia a un Mercedes Benz con todos los hierros y novelerías de turno, destacado el aditamento que inclina el asiento delantero hasta nivelarlo con el asiento trasero: cama de urgencia para coitos de urgencia: alguna fregoncita irresistida a mi naturaleza galana (pag 16)

esperar transpirada: porque se fue la luz, porque la luz se va todas las tardes, porque la tarde no fundona, porque el aire acondicionado no funciona, porque el país no funciona (pag 21)

con la Biblia hemos topado. Cosas hay que no llegan a saberse, el misterio del mundo es un mundo de misterio: cita citable. (pag 24)

Visto con crasa objetividad, el hombre no se ve mal pero tampoco se ve bien. Como que no se ve ni mal ni bien, que es una manera de verse como otra cualquiera. (pag 27)

la tardanza impondrá la precipitación del fornicio. Y el fornicio precipitado es un procedimiento aficionado por mi parte nunca recurrido. (pag 28)

muchachitas que hacían pininos en el deporte de la caza del hombre (pag 45)

los monaguillos, unos prospectos sensacionales de hijos de puta (pag 51)

El Nene era lindo como una libra de jamón (pag 60)

Miraron el vómito: archipiélago de miserias, islas sanguinolentas, collares de vómito, vómito como caldo de sopa china, espesos cristales, sopa china de huevo, convención de todos los amarillos en el vómito, amarillos tatuados por jugos de china, amarillos soliviantados por Intransparencia sucia de la baba, cristales espesos por granos de arroz: un vómito como Dios manda. (pag 62)

la multitud autosa, la multitud carrosa, la multitud encochetada, frena, guarachea, avanza, frena, guarachea, avanza, frena, guarachea, avanza (pag 68).

pregunto yo si a mis espaldas se ha fraguado el estado huelgario contra el desodorante y las navajas de afeitar (pag 71)

Saluda, Benny, sonríe, Benny. Sé sociable, Benny. Enderézate, Benny. Los caballeros aguardan a que las damas tiendan la mano, Benny. Ponte de pie cuando te hable una señorita, Benny. Ponte de pie cuando te hable la Mamá de una señorita, Benny. Ser galante es una diligencia que no permite reposo, Benny (pag 71).

yo sé lo que quiero decir pero no sé cómo empatarlo (pag 74)

ufano declaro que a los diez años descalabré a una sirvientita. Con el acto dicho avergoncé a la autora de mis días quien necesitó asistencia espiritual de un Padre Tomasino. Con el acto dicho honré al autor de mis días quien, cercado por los aromas rasos de un habano traído de La Habana, sentenció: hijo de gato caza ratón y en reconocimiento a tan precoz criatura desvirgadora me invitó a helado y bizcocho en La Mallorquina. (pag 86).

El milagro consiste en que el siquiatra rasgue la venda que tapa la jodida culpa, roture el himen de la culpa. (pag 108)

Porque los obreros quieren ser los ricos y los ricos no pueden ser los obreros porque los ricos son los ricos. O sea que los ricos son los wilson wilson que quiere decir que los ricos son los' que son. O sea que las tantas huelgas hacen daño y dan pena (pag 126)

destacaba los libros en la trinchera del sobaco y confiaba en que el conocimiento le llegara por el fenómeno de ósmosis (pag 129)

yo pienso que si uno piensa se le acaba el pienso y después cómo piensa lo que le falta por pensar (pag 130)

Soba que te soba, un jugueteo por las bolas, como el que no quiere la cosa se plancha los muslos. Lista la erección, Benny coloca en la orilla de la cama un ejemplar del Mundo de ayer. Dale que te dale que te dale que te dale: ayyyyyyyyyy. (pag 133)

ruega por nosotros los gordinflones ahora y en la hora de las dietas adelgazantes de los Weight Watchers. Lo mío es comer y vacilar (pag 179)

La vida es un lío de ropa sucia (pag 180)

interrumpiéndola: cuándo me vas a decir tú, tutéame, tuteémonos, el tuteo es el atrecho, el ustedeo no va con el carneo, pideo y exigeo el tuteo que para eso pagueo, ¿bieneo? (pag 200)

Perdones, mil perdones, cinco mil perdones no pagarán el precio tamaño de otra interrupción pero interrumpimos para comunicar que, según la opinión opinionísima de observadores imparciales' imparcializados, la bomba de alto poder destructivo que estalló en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico no fue colocada por los estudiantes políticos, agitadores, extremistas de siempre dado que la bomba de alto poder destructivo estalló en las oficinas de los profesores políticos, agitadores, extremistas de siempre (pag 213)

Amigas y amigos, por tratarse de una bomba que si patatín que si patatán, la investigación de la bomba no tomará un año, la investigación de la bomba tomará muchos años (pag 214)


La comadrona Doña Particular García exigía que el marido de la parturienta estuviera presente en el trajín del parto para que aprendiera bien aprendido que no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir (pag 239)


La guaracha del macho Camacho
Luis Rafael Sánchez
Ediciones La Flor
Argentina, 1976
256 páginas

miércoles, 28 de marzo de 2018

La muerte en la calle, de José Félix Fuenmayor

Dicen que en La Cueva, el lugar de reunión del Grupo de Barranquilla, Alvaro Cepeda Samudio se encargaba cada tanto de recordarle a sus contertulios (Gabriel García Márquez, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Alejandro Obregón) una verdad que todos daban por sentada: "todos venimos del viejo Fuenmayor."

El viejo Fuenmayor era José Félix, el papá de Alfonso, quien nació en Barranquilla en 1885 y murió en 1966, antes de que su volumen de cuentos "La muerte en la calle" viera la luz. Otra novela suya, Cosme, publicada en 1927, es para algunos la primera novela urbana en Colombia.

Los cuentos de La muerte en la calle son una especie de curiosidad: hoy se leen como los textos que escribía un maestro de maestros. Han pasado más de 50 años desde que  el viejo José Félix escribió estos cuentos, y hoy el género se ha enriquecido de la narración cinematográfica, de técnicas y de oficio. Por eso, quizás, resulta difícil juzgar estos cuentos desde la mirada contemporánea.

No obstante, en estos 13 cuentos hay elementos recurrentes que permiten intuir un interés poético del autor: protagonistas que son seres anónimos, desposeídos y humildes, escenarios que aluden a casas y calles de pueblos del Caribe, y no al entorno rural que era común en la cuentística que precedió a Fuenmayor, un interés marcado por resaltar el habla local y por mezclar lo religioso con lo mítico popular, y una presencia fuerte de la muerte como posibilidad narrativa.

Algunas frases:
-Y qué es mejor, Temístocles: la aritmética o la gramática.
-La gramática, porque lo tiene todo. La gramática es primero que todo. La palabra con que Dios creó el mundo, es gramática.

Yo no he conocido muchacho bueno ni perro malo.

En comer y comer a poquitos y a cada rato en todo el día golosinas y pedacitos de cualquier cosa había encontrado su vejez la felicidad.

El tiempo hay que llenarlo: es una ley de la que nadie escapa; y observarán ustedes que mientras a las personas con ocupaciones les es fácil cumplirla, para los desocupados resulta muy ardua la empresa- y realizarla es meritorio, debemos reconocerlo. Matar el tiempo es otro modo de expresar aquella ley.

Nada existe más veloz que el pensamiento.


La muerte en la calle
José Félix Fuenmayor
Editorial Santillana, 1994
Primera edición: 1967
Bogotá
180 páginas