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martes, 31 de marzo de 2026

Misiá señora, de Albalucía Ángel

Aunque la novela más conocida de Albalucía Ángel Marulanda es Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975), la escritora considera que su obra más lograda es Misiá señora (1982), un libro se publicó en España y tardó varias décadas para llegar a Colombia. Por eso, según Albalucía, nadie lo leyó.

Misiá señora tiene muchos puntos comunes con Estaba la pájara pinta: el lenguaje oral, la sexualidad femenina (el despertar sexual, la violación), la violencia política y una escritura fragmentada, no lineal, le le exige al lector construir la historia a partir de los fragmentos. Esta característica hace que para muchos lectores Albalucía sea una escritora "difícil": son libros que exigen una lectura atenta y que invitan a una participación activa del lector.

Misiá señora está dividida en tres partes que corresponden a tres generaciones. En la primera aparece Mariana, la hija menor de una familia aristocrática del Eje Cafetero. La segunda corresponde a Mariana, la mamá de Mariana, y la tercera parte tiene como protagonista a la abuela Mariana de Ontaneda y Álvarez del Pino, y ocurre en Quimbaya, Quindío, en los años 30.

En la escritura de Albalucía Ángel hay un manejo magistral de los diálogos, cargados de humor y de oralidad, de chispa e ingenio. Hay también un interés por narrar el mundo de las niñas, la violencia que padecen las niñas en mundos en los que los padres y hermanos ejercen control sobre sus cuerpos, y también el deseo sexual, que la Iglesia reprime y el cuerpo reclama. 

Misiá señora, como otros libros de Albalucía Ángel, es una novela que envejece muy bien, porque al momento de su publicación abordó asuntos adelantados para su momento, pero que hoy hacen parte de la agenda cultural contemporánea: el aborto, las relaciones lésbicas, el alcohol, la marihuana, las brechas de género y la violencia machista. Todo eso ella lo narra con un lenguaje deliberadamente literario, en el que la intención no es informativa sino artística. Es un lenguaje provocador, que mezcla referencias a Cuco Sánchez y Chavela Vargas con Vivaldi y el Nocturno de José Asunción Silva, y que se burla de la omnipresencia de la iglesia con frases que en su momento pudieron ser vistas como provocadoras blasfemias.

Algunos subrayados
Los hombres buscan siempre ese no sé qué que una mujer hermosa oculta en su sonrisa, y usar Pepsodent, claro, como locas (p. 37).

A mí un hombre en calzoncillos me da más bien vergüenza ajena (p. 46).

Cuando insinuó que haría bachillerato y a lo mejor seguía carrera, le armaron bochinche. ¿Vas a ser secretaria? (p. 47). 

misiá señora Piraquive que reparte consejo y mejorana pues es mejor la prevención que andar por ahí curando desgracias (p. 49). 

¿Te tocas por las noches cuando estás sola?, le preguntó en la confesión, tocarme dónde, se le ocurrió decirle (p. 51).

Le regalaron un equipo de gimnasia y se la pasa todo el día con las barras, a mí nunca me dejan porque eso es feo en las mujeres, se le ponen las piernas muy boludas y la espalda de nadadora, qué pereza, es el consejo de mi mamá, ¿a ti te gusta el tenis...?, pone bonita la figura, o el golf también, es un deporte suave y elegante, ¿de dónde sacas tantas maricadas?, yo juego fútbol y hago barras, y en realidad más bella no se puede, piernas torneadas, espalda redondita, senos de anón (p. 55).

Yasmina ya es mujer, eso se nota al rompe. no por trozuda, exuberante, sino por lo que piensa, cómo hará (p. 55). 

mieeeeércoles... llegó la menstruación, la oye de pronto y no se atreve a nada, como un tomate, le parece, nunca jamás hizo mención de esa palabra, estoy enferma, o mala, se decía, o me llegó la margarita, como inventó Disnarda, que se ponía como un tití cuando eso le venía, por lo poquito que me sirve ni que me va a servir, no pienso tener niños, con colico, además, maldita sea (p. 56). 

y te encontraste el hombre que se arrimó muy confianzudo y comenzó a decirte que qué muñeca tan bonita mientras te manoseaba y tú dejándolo bajarte los calzones, envarillada, tartajosa, contestando que sí, que tu primo Alciguel era ese niño con los bucles dorados que parecía una niña, o un ángel del pesebre (p. 64)

¿Ya está comiendo mocos otra vez...?
Sí, y qué. Y vuelvo mierda el overol, y qué. Y no soy niña juiciosa ni mucho menos un encanto qué maravilla qué belleza jamás seré como esas lamenalgas que apenas ven la ceja levantada vuelan a hacer mandados a la esquina a recoger juguetes a limpiarse los dientes no me jodan que doble esa camisa que no se ensucie los zapatos que ande derecha se va a volver como Elisenda gorobeta póngase así camine asá no hable tan duro no se suba a los árboles porque eso no es de niñas no juegue trompo con su hermano porque eso no es de niñas no silbe en el recreo porque eso no es de niñas no brinque así porque eso no es de niñas no diga groserías porque eso no es de niñas saque las manos del bolsillo porque eso no es de niñas no haga carrizo porque eso es cosa de hombres así se ven vulgares mujeres que tienen siempre que decir a dónde van con quién salieron a qué horas llegan y a quién vieron jampas tomar la iniciativa dejar que el hombre escoja. Que el hombre sea el que mande flores. Coquetee. Silbe en la calle. Dé la acera. Diga piropos. Manosee. Susurre obscenidades cuando te vea pasar. Se arreche. Se masturbe. Sea manirroto y se emborrache. lleve las serenatas. Te pegue las palizas. Busque una moza. Se acueste con las putas. Trabaje y dé la plata del mercado. Te vapulee en su casa porque eres la mujer y el que posee el mango, según San Pablo, es él, y tú sumisa, al sartén, a tener hijos para el cielo, mientras él, el supremo, se cree el ombligo del mundo pues le dijeron que su vergajo es oro en paño y que él es el rey midas, la imagen de mi Dios, el Amo, el Redentor, el que posee la vara y se le entiesa, para el goce absoluto de once mil o más vírgenes que se mueren por él (p. 71)

Yasmina nunca cambia. Ya va en segundo de medicina, contradiciendo a su mamá que reviró inmediatamente que más bonito es enfermera, más femenino, mejor dicho más lucido (p. 88). 

Es peor el hospital, cuando hacen los raspados. Son casi siempre jóvenes los médicos, y oyó contar mil veces que te espatarran como a vaca, te dan, si acaso, un analgésico, y empiezan: que ya vas a aprender a dárselo a los ingasueltas, ¿te lo gozaste chévere esa vez... no?, ¿cuántos más te comieron?, hurgándolas con saña, haciéndolas tasajo, la próxima convidas, ya debes ser muy buena en movimientos y en recalentamientos, yo prefieron morirme, hijos de puta (p. 107). 

¿Fumas ahora...? ¿Desde cuándo?
Desde que resolví que qué carajo, que el cáncer a la mierda (p. 112).

No sé, Pienso en Idaly, en que un aborto es espantoso, se puede uno morir... ¿verdad?
Si no lo haces como es. Un aborto es muy simple,  pero hay que hacerlo en una clínica, o con el Karman, no hay peligro, como sacar un diente. Pero me da coraje que las mujeres tengan que hacerlo así, ¡maldita sea...!, como si fuera un crimen. La ley de este país con las mujeres no sirve ni para tacos de escopeta, no ayuda ni un carajo, es una mierda... (p. 117).

O sea, las vomitonas, las maluqueras más horribles, el miedo, y esos sudores fríos, consumiéndote. Yo tenía horror de estar posesa. No lo entendí jamás, pero cuando sentía las pataditas me imaginaba un monstruo, a veces, y otras soñaba con mi madre, pariendo ella a la niña, que había nacido casi muerta (p.  163).

más amarrado que una casa de bahareque (p. 178)

¿Después de ese trabajo que fue lograr que un pereirano dijera al fin que sí, que la aceptara así: ¿de Manizales?
¿Se acuerdan de lo que fue el noviazgo de Lorencita...?
Como Montesco y Capuleto, yo me acuerdo... (p. 179).

Las guerras son angurria, también. Las necesitan. El poderoso para mostrar que es fuerte, el inseguro para ganar terreno hacia la izquierda o terreno a la derecha, el de al lado aprovecha para venderles armas, y hay uno que es el que siempre ayuda y manda tropas, para ganar honores y repartir después medallas a las viudas, fuera de que ganan amigos y prestigios en la ONU (p. 183).

Desde que el mundo es mundo los hombres descubrieron que el gran placer del matrimonio es acostarse con las otras (p. 189).

a echar pestes de una señora inglesa que habían canonizado pero que según él un bodrio inmarcesible, el escritor fue marido, un señor Woolf, que se pasó la vida publicando las cursiladas de esa vieja, y tragaba y hablaba al mismo tiempo, parecía más bien la Enciclopedia Espasa, atiborrado, de ron y arroz con coco. Marimachos, dedujo. Que había una prima de él que le había dado por creerse Balzac, como si eso de escribir fuera como soplar botellas, par boliones y listo (p. 226).

Cuando vuelva a nacer me gustaría ser hombre (p. 271)

Elisenda contaba que él era liberal pero iba a misa (p. 280). 


Misiá señora
Albalucía Ángel Marulanda
Primera edición: Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1982.

Edición más reciente: 
Bogotá
2021
312 páginas

miércoles, 1 de octubre de 2025

Quieto, de Eduardo Otálora Marulanda

En la página web de Editorial Planeta dice que Eduardo Otálora Marulanda es hijo único. Ser hijo único consiste en no tener hermanos. Suena obvio pero quizás no lo es: ¿es hijo único el que tuvo hermanos y ya no los tiene? ¿si alguien llega hasta la adolescencia siendo hijo único y luego le nace un hermano, se considera que tiene personalidad de hijo único? 

Quieto es una novela basada en la vida personal de Eduardo Otálora Marulanda, hijo único hasta los 14 años, cuando nació Santiago, un niño inesperado pero bienvenido. El bebé nació con un problema en las piernas. Nada grave. Sin embargo poco tiempo después de cumplir un año falleció. 

A los 15 años Eduardo Otálora volvió a ser hijo único, pero las circunstancias de su familia habían cambiado de manera radical y definitiva.

No es común encontrar libros sobre la muerte temprana de niños y en eso Quieto ya resulta una obra novedosa. Sin embargo su mayor valor está en la voz narradora que construye el autor: la novela está narrada por Santiago, el bebé muerto, quien desde la primera línea anuncia: "Morí una semana después de cumplir un año".


La voz de un bebé no es igual a la de un adulto. Este niño pequeño narra desde el asombro, la ternura y la falta de prejuicios. Describe lo que ve, cuenta lo que observa, lo que siente, pero no juzga. Es el lector el que arma el rompecabezas de esta historia dolorosa, conmovedora y honesta, que retrata con maestría a una familia de clase media en Bogotá en los años 80 y 90.

Algunos subrayados
Esa tarde mamá tenía el pelo recogido en una trenza que le bajaba por la espalda. Todavía lo usaba largo. Cuando me le morí, se lo cortó bien bajito y nunca más lo dejó crecer (p. 22).

Todo ese tiempo intentaron mantener amarrada la famailia, aunque por dentro estuvieran rotos y desmadejados. Lo único que lograron fue envenenarse el uno al otro y, de paso, a mi hermano (p. 29).

Quizás por eso le gustan tanto las ventanas a mi hermano. Son como una pantalla gigante que transmite lo que está pasando en el mundo de afuera y le permiten olvidarse de lo que le duele en el mundo de adentro (p. 33).

Entonces mamá dijo ya estoy muy vieja para ponerme con abortos; toca tenerlo (p. 48).

El miedo es más fuerte que el amor. Eso fue lo que me alcanzó a enseñar mi familia mientras les duré vivo (p. 53).

Mamá nunca decía nada, para que no se avivara la pelea. Se quedaba quieta. Quizás por eso en la panza de ella yo me quedé quieto. 
El cuerpo aprende del cuerpo (p. 55). 

Un hombre de verdad se reconoce por cómo recibe los golpes (p. 65). 

Entendí algo: lo único que tenemos los muertos es pasado (p. 75).

Cuando mis abuelos se vieron sin hijos de quienes hacerse cargo, se dieron cuenta de que no les quedaba amor y mucho menos ganas de aguantarse chocheras de viejos (p. 79).

En la mirada notó que le hacía falta un papá que la cogiera de la mano y le dijera vení, dame un abrazo y tranquila, mi niña, que todo va a estar bien (p. 82).

Papá siempre teme quedarse sin nada y piensa que todos está contra él.
Papá y su miedo horrible, que convierte en un egoismo colmilludo que termina desgarrándolo todo (p. 85).

Las obras completas de Esquilo, Sófocles, Shakespeare y Dostoievski, para mostrar que era culto y conocía a los clásicos. Únicamente había leído lo que obligaban en el colegio y no se lograba aprender ni los nombres de los personajes ni nada. Nunca entendió por qué todo el mundo decía que eran los libros más importantes de la humanidad (p. 88). 

se acomodó a lo que ella le dijo porque así es papá, buscando siempre la manera de ahorrarse las decisiones difíciles de la vida (p. 99). 

paciente como una nube (p. 120)

un par de hijos que eran, pensaba a veces, dos tiernas sanguijuelas que le drenaban la vida (p. 121).

Nadie está preparado para ver la muerte en la cara de un bebé (p. 141).

Quieto
Eduardo Otálora Marulanda
Seix Barral
Bogotá
junio de 2025
142 páginas 

lunes, 28 de abril de 2025

El prestigio de la belleza, de Piedad Bonnett

Fue casual que leyera "El prestigio de la belleza", de Piedad Bonnett, publicado en 2010, luego de haber leído "La mujer incierta", publicado por la misma autora en 2024. Se trata de dos libros cercanos en su tono y objeto de reflexión: historias escritas en primera persona en las que la autora reflexiona sobre su propia vida, su cuerpo y su lugar en el mundo.

"El prestigio de la belleza", la precuela de "La mujer incierta", para ponerlo en términos cinematográficos, narra los primeros años de Piedad Bonnett, desde su nacimiento en Amalfi (pueblo que describe pero no nombra), el traslado de su familia a Bogotá, cuando ella tenía 10 años, y su reclusión en un interado regentado por monjas, en Bucaramanga, en la adolescencia. El libro se divide en tres partes y cada una de ellas corresponde a cada uno de esos lugares en los que vivió.

La narradora parte de una premisa: es fea, o al menos más fea que su hermana y más fea que lo que su madre esperaría de una hija suya. Ser fea significa ser menos. Sentirse insegura, menos querida, menos digna. Las reflexiones sobre el cuerpo, sobre los cambios durante la adolescencia, y la importancia que las mujeres le damos a la apariencia física están muy presentes en este libro que aborda además la educación sentimental femenina en los años 50-70 del siglo XX: la omnipresencia de la religión en la vida cotidiana y la concepción del cuerpo como un territorio de pecado.

El libro es claro, ameno, ágil. Piedad Bonnett narra con gracia, con humor y precisión. Pero más que anécdotas juveniles y episodios familiares, que es lo que se percibe en una capa superficial de lectura, el libro ofrece un retrato crítico sobre los cánones impuestos a las mujeres en una sociedad patriarcal y religiosa, en la que los mandatos sobre el cuerpo y el comportamiento vienen definidos desde antes de nacer.


Algunos subrayados
ya que en su familia la belleza era la constante, tanta fealdad debía venir de la familia de mi padre (p. 12).

la belleza, bien se sabe, es ganzúa que hace ceder todas las cerraduras (p. 13). 

Mucho tiempo después iba a enterarme de que el amor se manifiesta a veces con desesperación, egoísmo, tretas, trampas. Que el amor jamás es inocente (p. 13). 

Nunca necesitamos tanto de otro como cuando oscurece (p. 17). 

empecé a disfrutar los placeres de la tristeza (p. 24). 

el meconio en un recién nacido es señal inequívoca de que alcanzó a sufrir porque su vida estuvo en peligro (p. 38). 

creo que sabemos que hemos conquistado la adultez o, más bien, que la adultez ha terminado por dominarnos cuando aprendemos a manejar el ocio. (p. 42). 

no hay belleza completa en una mujer si no tiene una cabellera de rizos sueltos, de alegres bucles ondeando al viento (p. 50).

Comprendí en aquel momento que la belleza es enteramente inútil (p. 54).

Se es bello o se es feo o se es anodino, que es casi peor (p. 72). 

en eso los niños proceden como los amantes de la poesía: gustan de regresar una y otra vez a lo mismo, porque más que descubrir quieren volver a sentir lo que ya sintieron (p. 77). 

La dicha y el tormento de todos los amores tienen como alimento preferido las fantasías y las conjeturas (p. 86). 

Yo aguanté las lágrimas con la dignidad que casi siempre da la rabia (p. 87). 

No hay método para hacerse culto. Ni hay qué leer en ningún orden. Lo que hay que hacer es apasionarse por algo (p. 91). 

Supe que el amor, ese sentimiento perturbador y efímero, existe básicamente para ser desahogado en cartas ardientes y sin remedio cursis, pero no hay carta de amor que no lo sea. Pero también, a veces, lo ridículo puede ser bello (p. 94). 

El cuerpo era, en mi caso, un estorbo con el que debía cargar (p. 99).

un baño es un lugar que brinda las mejores condiciones para el retiro, la reflexión, la paz del espíritu (p. 106).

Como todos los seres que se creen feos o ignoran que son poseedores de cierta belleza, sucumbí al primer halago (p. 116).

los hombres se enamoran de las mujeres, y las mujeres nos enamoramos del deseo que por nosotras siente un hombre (p. 117).

no hay nada que corra más rápido que el tiempo cuando estamos en dulce compañía (p. 121).

No fui explícita, por lo menos al comienzo, sobre mi gusto por la lectura: los intelectuales inhiben, eso es lo que la vida me ha demostrado (p. 132).

La enfermedad, como la muerte, la guerra, la ruina, tiene el poder de devolver al ser humano el sentido de las proporciones. Con ella volvemos a contemplarnos como lo que en el fondo somos: un tumultuoso montón de vísceras y músculos y huesos (p. 137).

La humillación, lo supe en ese momento, se siente en todo el cuerpo (p. 141).

Era obvio que yo, que escondía con verdadera vergüenza mis poemas, no escribía como los poetas a los que se refiere Kundera, para que mi rostro fuera amado y endiosado. Lo que quería era otra cosa: amarme a mí misma mientras los escribía. Quería que mi tristeza fuera bella (p. 158). 

Un suicida era para mí la quintaescencia de la belleza trágica. Aunque prefería la imagen de un cadáver desmadejado, con el rostro transparente y una ligera sonrisa, como había visto en ciertas pinturas, y no la de una chica ebria, con los ojos saltados y la pequera llena de vómito, su acción me parecía heroica, poética, misteriosa (p. 175).

Nadie se enamora de otro por lo que sabe, y ni siquiera por sus talentos (p. 185).

Comprendí que toda su rebeldía, su deseo de libertad, su infinito sentido crítico y, por consiguiente, su desacuerdo con el mundo, nacían de su contacto con los libros (p. 196).




El prestigio de la belleza
Piedad Bonnett
Penguin Random House. De bolsillo
2018 (primera edición 2010)
Bogotá
204 páginas

miércoles, 26 de junio de 2024

Mis recuerdos de colegio, de Rita Andrión de Mejía

Lo poco que se encuentra en Internet sobre Rita Andrión es que fue la esposa de Alfonso Mejía Robledo, el autor de Rosas de Francia. En unos cuantos textos académicos aparecen breves referencias a su libro "Mis recuerdos de colegio", pero siempre como una glosa al margen del análisis sobre la obra de su marido.

Mis recuerdos de colegio es un libro publicado en 1938 en Pereira en la Editorial Panoramas que fundó Alfonso Mejía. La introducción escrita por él informa que el libro corresponde a la compilación de textos publicados por ella en la Revista Panoramas, en los que fue recordando historias alrededor del colegio. Este dato es importante porque el libro está construido a partir de 25 relatos de anécdotas o episodios que al irse sumando dan estructura a un relato en el que la autora rememora aventuras y travesuras de sus años como interna en un colegio de monjas en Bélgica.

El libro no trae fechas así que no es fácil ubicar la época en la que ocurre el relato, pero sí es posible intuirlo. Rita Andrión nació en Panamá en 1893. Al comienzo del libro ella dice que llegó a Bélgica luego de estudiar un año en Estados Unidos y tres años en Curazao, o sea que sumaba al menos 4 años de formación fuera de su hogar. Al final del libro la autora indica que poco después de regresar de Europa empezó la "Gran guerra europea", que inicia en julio de 1914, y también regresa poco antes de la muerte de su padre. El registro de defunción de Benigno Andrión Tejada daría un dato más preciso, aunque es claro que el libro ocurre en una época que se ubica a comienzos de la segunda década del siglo XX o finales de la primera. Es decir que Rita Andrión escribe su obra al menos 25 años después de ocurridos los hechos que rememora, y quizás pueden ser más.

Aunque el libro describe la vida en un internado de monjas, las historias de Rita Andrión no son religiosas o místicas. Su texto se regodea en describir travesuras juveniles, escapadas, risas y acciones realizadas a escondidas. Hay también el relato del amor filial que ella siente por una docente religiosa, con la que intercambia notas y furtivos espacios. No hay insinuación de un amor lésbico juvenil aunque en un ambiente tan prohibitivo como el de aquellos años quizás el libro admita una lectura con ese enfoque. 

Otro ángulo de análisis es la literatura de viajes: aunque el libro transcurre en buena parte en el colegio, la autora narra el viaje desde su Panamá natal hasta Francia, el viaje de regreso en un trasatlántico y los viajes en tren de Francia a Bélgica. Así mismo recrea un viaje largo en compañía de compañeras de colegio a Londres.

La edición del libro se parece a la de "Memorias de un viaje", de María Botero Robledo: es un libro pequeño, ilustrado con fotografías de los lugares que se van narrando. Así mismo comparte con Uva Jaramillo Gaitán la narración similar de un suceso impactante: la muerte de un viajero dentro del trasatlántico y la imagen del cadáver que se arroja al mar. Aunque la descripción que aparece en Diario fugaz es mucho más detallada, hay similitud frente a lo que describe Rita Andrión.


Algunos subrayados
Muchas veces pensé que en el suntuoso colegio de Wavre Notre Dame no iba a ser feliz (p. 17)

Su belleza era virginal y sus modales de una distinción exquisita. Correspondía él nucstro cariño y se propuso ser una madre,cita angelical para cada una de nosotras (p. 20)

Estábamos en diciembre, el mes más bello del invierno. Ya habían caído varias nevadas y los árboles estaban cubiertos de nieve; el cielo bajo y gris. Otras veces, al mirarlo, me parecía que el hielo se me iba corazón adentro (p. 26).

pedimos a Madre Matilde que nos prestara unos hábitos para vestirnos de monjas, a lo que ella accedió gozosa. Mucho gozamos poniéndonos esos, para nosotras, molestosos ropajes y recuerdo yo que al verme en el pequeño espejo de mi tocador me pareció que aquello de mi apariencia monjil era una realidad y exclamé angustiada: -Nó, nó, núnca seré monja!. ..(p. 30).

en los países civilizados, de vieja cultura donde las gentes están acostumbradas e ver y a comprender el arte desde su niñez, nadie se extraña ni se altera ante un desnudo que representa una obra de arte (p. 32).

Traducíamos del inglés al francés los poetas y escritores ingleses; entre los difícles recuerdo el canto guerrero de Walter Scott, -The Lay of the last Minstre,.; -Harnlet- ,- «Julius Ceaser-, « Othelo » ; «The Comedy of Errors- de Shakespeare, y muchos otros de Dickens, .Wordwooth, Longfellow, etc (p. 43).

Rita es de un caracter alegre y franco y magnifica arruga; es muy buena o muy mala alumna, depende de la maestra. Si usted logra interesarla realmente, tendrá en ella la mejor alumna y una armga adicta» (p. 46).

la Reverenda Madre, María Josefa quiso que yo recitara en español y me enseñó, una bellísirna composición de Zorrilla (p. 47).

En cuanto a paisajes, el. belga tiene muy poco atractivo, porque es siempre igual; su suelo es llano, cultivado integralmente; tierras bajas, donde no se. puede admirar ni una pequeña montaña, ni siquiera una colina que valga la pena (p. 48).

Sin ofender la modestia, creo que puedo decir que las latino-americanas éramos siempre las más desprendidas y que las monjas, a la vez que se extrañaban sentían gozo marcado con nuestras dádivas (p. 67)

Otra vez ya me había contestado en forma semejante al contarle que me había robado unas manzanas del jardín: 
-Cuántas? 
-Tres, padre. 
-Mañana róbate seis! (p. 76).

Siempre había recordado la costumbre de mi abuelita materna que recibía en su casa todos los sábados a los pobres de los campos y les ayudaba a Curar de sus dolencias; ella misma les vendaba las heridas, les lavaba las úlceras, cte. y yo me recreaba pensando en el gozo de mi abuela cuando una de sus nietas pudiera ayudarla en sus uootcs tareas humanitarias (p. 97).

envidiaba a los hombres que podían ser médicos para curar a tanto desgraciado, para aliviar las infinitas dolencias corporales de las gentes, porque, aun cuando yo sabía ya que había algunas doctoras en medicina, nunca me pareció propia de la mujer esta noble profesión por considerar que la que a ella se dedica no puede cumplir a cabalidad con sus deberes profesionales o descuida la más importante y hermosa tarea que Dios le ha encomendado: la maternidad (p. 102)

yo decía que las medallas eran una responsabilidad que le daba a la vida de colegio una monotonía desesperante-, yo no quería tenerlas sin merecimientos y los merecimientos eran muy cansones, pues querían decir silencio a todas horas; jamás una escapada; abdicar de las amigas normalistas, seriedad y compostura! (p. 104) 

Quién me iba a decir también que pocos días después la gran guerra europea iba a azotar el país que yo dejaba y que mi hermoso colegio, convertido en Hospital de Sangre, iba a contemplar días de terrible fiereza y de terror sin medida! (p. 110).

Si nos ponemos a mirar hacia atrás en nuestra vida, encontramos que muchas veces se repiten en ellas algunos hechos como viajes y encuentros; entonces sino fuera porque nos duele una herida mal cicatrizada o viva aún, que lastima aquello mismo que volvemos a ver. creeríamos que el tiempo no había pasado y que jamás nos habíamos alejado de aquel s~- tío, o dejado de ver aquella persona. Y al sentir nuevamente la emoción lejana, nos parece que una daga misteriosa apuñalara nuestro corazón hasta hacerlo sangrar (p. 119). 

Amo el mar! Siento un íntimo deleite cuando voy descalza sobre la arena en busca de sus aguas tibias y acariciadoras; aspiro entonces el aire salobre que brinda alegria y ofrece salud; beben mis ojos el supremo paisaje de la infinita lejania; me tiendo gozosa sobre el lomo de la ola y siento que bulle en mí el sano deleite de vivir la vida intensamente (123) 
 


Mis recuerdos de colegio
Rita Andrión de Mejía
Pereira
Editorial Panoramas
1938
126 páginas

martes, 21 de marzo de 2023

Cuentos reales, de Rosario Grillo de Salgado

Rosario Grillo de Salgado es una de las primeras narradoras del Gran Caldas. Nació en Sonsón en 1855 y migró con su familia a Marmato, donde nació su hermano Max Grillo, y luego a Manizales donde nacieron otros hermanos. Se casó con Cupertino Salgado, fundador y director del periódico La Idea, en 1882, y vivió con él un tiempo en Manizales antes de radicarse en Bogotá, en donde vivió varias décadas y murió en 1947.

Aunque se sabe que escribió desde joven algunos versos que alcanzó a publicar en periódicos, "Cuentos reales" fue publicado cuando ya tenía 91 años de vida y es su único libro. Se trata de un volumen de 136 páginas que reune 16 cuentos que tienen distintos registros: algunos están ligados a la guerra civil de 1876 o la Guerra de los Mil Días, otros son historias de amor frustrado y hay incluso un cuento de terror. 


Si bien se trata de relatos con temas distintos, hay algunos aspectos recurrentes y el primero es la infancia: de los 16 cuentos 10 tienen como personajes a niños y en varios relatos ellos son los protagonistas. Desde la muerte infantil, pasando por la orfandad o la pobreza hasta la crueldad de los niños y también su ternura y afecto son algunos de los aspectos que aborda la autora.

Otro tópico común es la frivolidad, que da título a uno de los relatos pero aparece en varios, como una preocupación ante la vida superficial y banal de los personajes, especialmente de las mujeres. 

También aparece de manera reiterada la preocupación por "los temidos 30 años", que se menciona en los cuentos "Una vocación" e "Historia sencilla", y se refiere a mujeres que llegan a los 30 estando solteras y por lo tanto, según se consideraba en la época, se quedaron "solteronas" indicando en ese estado civil una forma de fracaso. También es recurrente la presencia del maíz y la mazorca, y del campo y las casas campesinas. En contraste, pese a ser cuentos escritos por una mujer nacida a mediados del siglo XIX, son relatos poco religiosos: se menciona a Dios, pero más como un habla coloquial que como una figura sobrenatural, y aunque se habla de un personaje que visita la iglesia y otra que reza el rosario, en general no son cuentos de corte místico y al contrario el primero muestra la contrariedad de una madre por una hija que se va de monja. También aparece en varios cuentos el contexto de la guerra civil del 76 y la guerra de los Mil Días, en el marco de un discurso antibelicista, bastante crítico de los intereses militaristas.

Los 16 cuentos que conforman el volumen son los siguientes:

Una vocación: relata la historia de Blanca, una mujer que cumplidos los 30 años decide hacer votos e irse de Monja, y de su madre Mercedes, quien siente pena por la decisión de su hija y la achaca no a una verdadera vocación religiosa sino al dolor por no haber contraído matrimonio. 

Pena de niño (episodio histórico): El contexto del relato es la Guerra de los Mil Días, y cuenta la historia de una familia desplazada por la guerra y de un niño que muere por la tristeza. La autora deja ver su posición política al intercalar comentarios críticos al ambiente bélico, como el siguiente: 
"Y su humilde choza, su pequeña sementera, el único caballo reclutado también como ellos... Todo, todo sacrificado por cosas que no entendían ni les importaban" p. 23

Zapatos de Navidad: relato de dos niños pobres de Bogotá que se quedan esperando su regalo de Navidad. Los niños emplean un lenguaje bogotano con expresiones como "su mercé". 

Una semejanza: cuento narrado desde dos puntos de vista, en el que se narra la historia de dos novios que dejan de verse y décadas después se escriben y deciden casarse, pero el plan se frustra y cada uno de ellos da su versión de lo ocurrido.

Fatalidad: En alta mar un hombre narra la tragedia que vivió en un barco, cuando alzó a un niño y cayó al mar. 

Vivisección: es un cuento raro en el conjunto del libro. Se trata de un relato de terror. La historia se ubica en Alemania y cuenta la historia de un científico que hace vivisecciones de animales y sueña con que un orangután le practica una a su hijo.

Frivolidades: cuento lleno de sarcasmo en el que se narra la historia de un matrimonio que se frustró por una frivolidad. La narración ocurre en una tarde de té entre un grupo de amigas llenas de frivolidades.

Favorito: historia de un león, Anarkos, que se fuga de un circo y muere abaleado a la salida de una iglesia.

Por tierra caliente: narra un viaje a El Guamo y Chicoral y las historias que oye en esos lugares, sobre una jovencita que muere por mordeduras de murciélago y niños que perecen ahogados. 

Historia sencilla: Historia de las hermanas Mercedes y Lucila. Lucila es frívola, muere y su viudo se casa con Mercedes, quien ha quedado al cuidado de sus hijitas- sobrinas. Este cuento repite una idea mencionada en otro relato, y relativa a dejarle a otro el cuidado de los niños: 
"a poco regresar nació una niña que Lucila entregó a manos mercenarias apra no desmejorar con su crianza" p.84.

El espíritu de Ñor Vicente (histórico): Cuento que recrea la colonización antioqurña, la vida campesina de los arrieros en las fincas y en la segunda parte narra cómo un gamonal se apropia de manera fraudulenta de la tierra de Ñor Vicente.

El sapo: En un paseo un médico relata una historia de su infancia, cuando él y sus amigos decidieron molestar lanzándole epítetos y arrojándole piedras, a un hombre retrasado al que le decían El sapo y que a los pocos días murió. El relato reflexiona sobre la crueldad de los niños cuando actúan en grupo.

Expiación: Narra la historia de una anciana, postrada en una silla de ruedas, que vive en la casa de su hijo y su nuera pero no es bien querida por ellos. Su única alegría son su nieto y los recuerdos de una infancia feliz, aunque le remuerde haber sido también una odiosa nuera con su suegra enferma.

Consecuencias de un error: La tragedia de una mujer que es falsamente acusada de tener un alambique ilegal. Permanece 3 meses detenida y durante ese tiempo su hijo de 8 años queda al cuidado de su hermanita menor, que perece ahogada.

La Dolorosa:  Un hombre se va a luchar en la guerra civil de 1876 y deja sus dos hijos huérfanos de madre al cuidado de la abuela (su mamá). Ella es quien narra la historia, cuando en 1879 un hombre llega a su rancho pidiéndo posada. Allí la abuela observa que lleva una medalla de La Dolorosa, igual a la que ella le puso a su hijo y resulta que el forastero la recibió de sus manos antes de morir, con la promesa de entregársela a su mamá. 

Enigma de las palabras: cuento que describe la distracción de jugar a buscar palabras antiguas o raras, similar a lo que puede ser un crucigrama.


Cuentos reales
Rosario Grillo de Salgado
Editorial San Juan Eudes-Usaquén
Bogotá, 1947
136 páginas