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martes, 3 de septiembre de 2024

Aricaturas, primeros plumazos, de Fabio Arias Gómez "Ari"

En la última página de "Aricaturas" se indica que Fabio Arias Gómez, conocido como Ari, nació en Pácora, Caldas, el 20 de junio de 1946 y que sus inicios como caricaturista tuvieron soporte revolucionario: empezó publicando en panfletos durante el Movimiento Universitario contra el Plan Básico de Rudolf Atcon a comienzos de los años 70. Aunque estudió agronomía y esos inicios como dibujante fueron informales, su identidad como caricaturista se consolidó a partir de 1974, cuando se vinculó al diario La Patria, en el cual trabajó hasta 2002. Su retiro se produjo poco después del asesinato del subdirector de ese periódico, Orlando Sierra Hernández. Posteriormente fue el caricaturista de El Tiempo-Café, entre 2002 y 2006 y en abril de 2008 fundó el periódico El Andino, que aún circula. En abril de 2022 regresó a la edición dominical de La Patria, en donde suele publicar tres caricaturas semanales.

"Aricaturas" permite conocer parte de la maestría, quien según cuenta Albeiro Valencia Llano en el prólogo del libro, publicó más de 44.000 caricaturas en La Patria entre 1973 y 2002. El libro recoge un mostrario de 740 caricaturas, con imágenes que se presentan en orden cronológico desde 1980 hasta 2002, año de su retiro del periódico.

En Ari se combinan dos talentos: es un gran fisonomista, que logra que el lector identifique fácilmente los personajes que caricaturiza, y, al mismo tiempo, tiene una aguda formación política que le permite ser crítico de los poderes locales, nacionales e incluso internacionales. El libro recoge varias caricaturas sobre el conflicto entre palestinos e israelíes y sobre el intervencionismo Yankee, que alternan con preocupaciones por la violencia en Colombia (Las Farc, el ELN, los paramilitares y otros grupos armados. Todo esto se mezcla con referencias recurrentes a políticos locales, como Omar Yepes, Victor Renán Barco, Rodrigo Marín Bernal, Fortunato Gaviria, Germán Cardona Gutiérrez y otros, que protagonizaron la escena política caldense de las últimas dos décadas del siglo XX.

Leer y ver Aricaturas es hacer un recorrido rápido y profundo por la historia regional de finales del siglo en Caldas, una época en la que la crisis cafetera coincidió con el deterioro del orden público y en la que las denuncias de corrupción fueron frecuentes. 

El libro, como todos los que edita la Secretaría de Cultura, tiene fallas de edición tanto en los textos como en algunas imágenes que se repiten. Un descuido indigno de un artista local de talla nacional, que por fortuna sigue publicando y fustigando en una región en la que el contrapoder escasea.
 
Aricaturas, primeros plumazos
Fabio Arias Gómez "Ari"
Secretaría de Cultura-Gobernación de Caldas
Manizales
Octubre de 2021
196 páginas

viernes, 5 de agosto de 2022

Cogito, ergo ¡Pum! Un homenaje a Orlando Sierra Hernández, de Fernando Alonso Ramírez

Hay varias maneras de leer Cogito, ergo ¡Pum!, el homenaje con el que el periodista Fernando Alonso Ramírez honra la memoria de quien fuera su mentor en el diario La Patria, el subdirector Orlando Sierra Hernández, asesinado en 2002 por orden del político liberal Ferney Tapasco González.

En primer lugar este libro puede entenderse como un gran reportaje que busca abordar la historia del crimen de Orlando Sierra desde distintas aristas: quién fue Orlando, quién fue su asesino, cómo se vivió su muerte en La Patria, cuál fue el camino para evitar que el crimen quedara en la impunidad y cómo hoy, 20 años después, se mantiene viva la memoria del columnista más importante que ha tenido La Patria en sus 100 años de historia. Desde este enfoque resulta muy valioso el prólogo escrito por Pedro Vaca Villarreal, relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quien explica la importancia de este caso emblemático dentro de la acostumbrada impunidad de crímenes contra periodistas, y agrega que "el mejor periodismo en Colombia está pasando ahóra, y una parte considerable de quienes lo hacen son de Manizales" y esa es una de las derrotas a los victimarios de Orlando.

Es también un libro de memoria testimonial: una obra que recoge voces de quienes recuerdan a Orlando, de lo que él escribió en La Patria, de lo que otros escribieron sobre él, y así la escritura se vuelve polifónica aunque el autor sea uno solo.

Por momentos, cuando se ocupa del crimen, el expediente y los sicarios, el libro toma un caracter policial, en el que el conocimiento jurídico del autor resulta útil para desenmarañar la cantidad de crímenes alrededor de la muerte del periodista asesinado.

Sin embargo la lectura que más me conmueve es la de abordar este libro como un ejercicio de duelo: como la tarea que emprende un pupilo tras el asesinato de su jefe y mentor. No existe palabra para denominar la orfandad en la que queda alguien que pierde la protección tutelar de su padrino, y al parecer tampoco hay palabras que le hagan justicia a ese dolor y ese duelo posterior. Quizás por eso el narrador de la historia es un periodista que se parapeta en los datos y en describir el sentimiento de los otros, ante la dificultad de nombrar aquello que resulta inaprensible y que le atraviesa el alma. Así, su forma de narrar este crimen tan cercano es tomando distancia: nos cuenta lo que él ve en los demás (en sus compañeros de redacción, en los expedientes, en las declaraciones de los otros periodistas) y es a partir de esas múltiples descripciones y voces que el lector intuye la dificulad que implica, tantos años después, desnudar el sentimiento personal. 

Así describe Fernando Alonso Ramírez cómo se vivió el crimen en la redacción: "Tardé unos segundos en caer en la cuenta de lo que sucedía. No era un atentado más en el centro de la ciudad, acababan de dispararle a Orlando Sierra Hernández, el hombre que todos los días dirigía nuestros consejos de Redacción, el poeta que me animaba a leer nuevos autores, el titulador creativo y el más importante columnista de la región (...) mientras las emociones nos agolpaban, lágrimas, madrazos, golpes sobre mesas y gritos mostraban nuestra impotencia y nuestra rabia. Era el momento de sacar adelante un periódico por Orlando y en honor a él". 

Y así, en el vértigo de tener que sacar adelante un periódico todos los días, todos los meses, todos los años, el tiempo para el duelo se evapora entre los consejos de redacción, las entrevistas, las noticias de última hora y la consulta de fuentes. 20 años más tarde este libro es ese duelo decantado en memoria para las nuevas generaciones de periodistas, que se perdieron la oportunidad de conocer a un hombre agudo y valiente, de carcajadas sonoras, pero que aún tienen la posibilidad de leerlo en los textos que se conservan en el archivo del periódico desde el que enfrentó al poder político-sicarial de Caldas.

Algunas frases
con el tiempo se supo que Partido Liberal y el paramilitarismo en Caldas llegaron a ser harina del mismo costal (p. 19). 

Las lágrimas de los periodistas mientras seguían haciendo su trabajo permanecen como una imagen imborrable en mi cabeza. (p. 19).

El Consejo de Redacción de La Patria es algo especial. Es un lugar sagrado en el que participan todos los integrantes de la Redacción en igualdad de condiciones. El Consejo era -es- una tertulia de aprendizaje, pues además del periódico se hablaba de otros temas (p. 27).

Sus lecciones se repiten cada día en el Consejo de Redacción por quienes alcanzamos a aprender de él y por quienes han escuchado sus relatos de boca de quienes lo vivimos, algunos de ellos tomados de grandes maestros: "Donde hay un adjetivo falta un dato", "un lid no puede arrancar con una negación", "si fueron hasta el lugar no pueden contar la noticia como si la hubieran reporteado por teléfono", "son mejores las fotografías que cuentan con elemento humano", "prefieran los primeros planos que los planos generales", "los datos son fríos, los nombres son cálidos", "vayan hasta el lugar de los hechos" y muchas más. (p. 28). 

Así surgió Punto de Encuentro, la tribuna desde donde Orlando, con un sentido del humor implacable, siempre fustigó a la clase dirigente. Esta columna se convirtió en la más influyente de la región. Sigue siendo para muchos el más importante columnista que ha tenido La Patria en toda su historia (p. 45). 

La decisión fue unánime y desde ahí lo que fue un secreto a voces, quién había dado la orden de matar a Orlando, dejó de ser una presunción para convertirse en una certeza: al subdirector de La Patria José Orlando Sierra Hernández lo mandó matar el expresidente del Partido Liberal de Caldas, Ferney Tapasco González (p. 89). 


Cogito, ergo ¡Pum! Pienso, luego ¡Pum! Un homenaje a Orlando Sierra Hernández
Fernando Alonso Ramírez Ramírez
Editorial La Patria
Manizales
Agosto de 2022
112 páginas



sábado, 22 de julio de 2017

Lo que sobra del silencio, entrevistas de Orlando Sierra Hernández

En alguno de sus textos el periodista Orlando Sierra Hernández escribió "la palabra es lo que sobra del silencio", frase que no solo le da título a este libro póstumo sino que además dice mucho sobre el oficio de editar, al que dedicó buena parte de su vida.

A Orlando Sierra, subdirector de La Patria, diario de Manizales, le dispararon el 30 de enero de 2002 frente al periódico, cuando regresaba de almorzar. Murió dos días después y en 2015 la justicia condenó como autor intelectual del crimen al diputado liberal Ferney Tapasco González, al cual Orlando fustigaba a través de su columna de opinión "Punto de encuentro", que le dio enorme visibilidad en la región. 

Orlando era buen opinador porque mezclaba bien dos características: era buen escritor y además era buen periodista. Escribió poesía, cuento, ensayo, novela, y también diversidad de textos periodísticos, siendo la crónica y la entrevista los géneros en los que más brillo. Fue entrevistador para prensa y también para televisión. Su programa Al aire, en Telecafé, no sólo fue premiado sino que se convirtió en vitrina -o paredón- de muchos personajes locales.

"Lo que sobra del silencio" es un breve libro editado por La Patria y la Universidad de Caldas en 2009, que reúne 15 textos, en su mayoría entrevistas al "pregunta-respuesta", publicados en el diario La Patria entre 1986, año en el que empezó a trabajar en el periódico y 1997. Además de entrevistas, el libro incluye un reportaje con tono moralizante sobre la prostitución infantil y un obituario.

En el prólogo, Carlos Augusto Jaramillo Parra explica que Orlando tenía una técnica para entrevistar que consistía en hacer preguntas sencillas, simples, aunque conociera la respuesta y luego, cuando la conversación fluía, empezaba a dialogar con largas intervenciones que buscaban picarle la lengua al personaje. "Esa era la primera etapa. La segunda era la escritura. No sé cómo lo hacía en todas pero sí puedo decir como lo hizo muchas veces. Tomaba un puñado de frases que le parecían importantes, contundentes, interesantes o simplemente con color y las ponía a un lado. Eso lo usaba para las respuestas. Lo demás lo aprovechaba para describir la personalidad de su entrevistado, para crear largas digresiones y contextualizar. Además era un observador de los gestos". 

Editar un libro con textos periodísticos no es fácil. El periodismo bebe de la actualidad, que pierde vigencia con el paso del tiempo. El periódico de ayer es viejo y las entrevistas publicadas en los diarios pierden gracia al pasar al formato de libro porque las revelaciones o datos que en su momento pudieron ser claves ahora resultan irrelevantes. 

En ese sentido, leer "Lo que sobra del silencio" 30 años después de haberse publicado estos textos periodísticos por primera vez, no le hace justicia a su autor, que fue un periodista agudo, inteligente, valiente y riguroso. En el libro el lector de hoy encuentra ingenuidades, moralinas, graves metidas de pata (como la que le ocurrió a Orlando cuando entrevistó a un ciclista herido en un accidente de tránsito y le reveló que sus compañeros de ruta fallecieron, pese a que el psicólogo había sugerido evitar revelarle ese dato para prevenir un shock) y un número significativo de errores de ortografía, así como preguntas sobre personas y hechos que en su momento fueron claves pero hoy son intrascendentes o aburridos.

El libro incluye diálogos con varios políticos locales. La política era uno de los temas que más atención despertaba en Orlando y acercarse hoy a esos textos resulta una curiosidad para quienes se interesen en la historia de Caldas, pues algunos de los nombres siguen vigentes hoy. No obstante, los textos políticos son los que peor envejecen: hoy como ayer existen triquiñuelas, marrullas y componendas, pero la intimidad de los odios, que en su momento pudo ser interesante, o se lee irrelevante. Un llamado de atención sobre todo el tiempo que se le dedica a la minucia política, que pronto se vuelve olvido. 

Lo que sobra del silencio, Entrevistas de Orlando Sierra Hernández
Edición y compilación: Carlos Augusto Jaramillo
Editorial Universidad de Caldas
Manizales
2009
133 páginas



domingo, 15 de enero de 2017

Punto de encuentro (selección de columnas), de Orlando Sierra Hernández



Una de las grandes diferencias entre periodismo y literatura, además del tema de la ficción y la verdad, está en la vocación perecedera del primero. El periodismo se escribe a la velocidad del cierre de edición, se mueve al vértigo de la información, se alimenta de la actualidad y no puede darse el lujo de esperar años para publicar un texto pulido, como sí lo pueden hacer los novelistas. Ya lo dijo el cronista Héctor Lavoe: para qué leer un periódico de ayer.

Por eso brillan las piezas periodísticas que resisten bien el paso del tiempo. Dado que su objetivo inicial fue la de informar o comentar sobre hechos recientes o inmediatos, es maravilloso cuando pasada la coyuntura que suscitó un texto éste sigue siendo atractivo para los lectores: bien sea porque quien lo escribió tuvo la lucidez para identificar, describir o nombrar fenómenos de largo aliento, o porque la calidad en el manejo del lenguaje permite el deleite de la lectura amena sin la presión de la fecha de vencimiento.

Ambas características tienen las 140 columnas de Orlando Sierra Hernández reunidas en Punto de encuentro, selección de columnas, el libro que publicó el diario La Patria de Manizales en 2002, apenas unos meses después de que su autor, que ocupaba la subdirección del periódico, fuera asesinado por orden del político del Partido Liberal, Ferney Tapasco González, quien fue condenado en 2015 por este atroz crimen.

Las columnas de Punto de Encuentro siguen siendo vigentes por varias razones. Hablan de la "Demosincracia", como la llamaba Orlando, es decir la falta de democracia que hace que la cosa pública se limite a una repartija de prebendas entre unos cuantos caciques interesados en perpetuarse en el poder. También hablan de la corrupción, la necesidad de que Caldas se conecte con el país y el declive del departamento. Todos estos temas vigentes.

Pero además hay un segundo grupo de columnas que son divertimentos del autor: textos sobre el chicharrón, el amigo secreto, las cartas y poemas de amor, la muerte de la mascota, los toros, el periodismo y la literatura. Columnas atemporales, escritas con humor y sapiencia, pues Orlando era un excelente lector y gestor cultural, que con frecuencia citaba en sus textos a escritores, pintores y músicos, sin que jamás sonara pedante. Lo suyo era la sencillez.

Ojalá este libro editado en 2002 se reeditara, porque hoy es prácticamente imposible de conseguir. Ojalá también se editaran selecciones de otros géneros periodísticos en los que Orlando fue brillante, como la entrevista y la crónica, en los que también mezclaba lo cotidiano y el humor con la agudeza de su capacidad analítica e incluso su intuición casi profética, que lo llevó a escribir textos como éste, un mes antes de su muerte, que se parecen tanto al bíblico Padre, aparta de mi este cáliz: "No me lo ha dicho una pitonisa, no me he hecho leer las cartas, no he consultado aún la línea astrológica de Mauricio Puerta, no me ha pintado un panorama negro ningún adivino con su bola futurista. Es simple intuición, es algo tenso en mis músculos, la saliva espesa que me rellena la boca, como si fuera una golosina de sal (...) La verdad, si pudiera saltármelo en garrocha, pasaba por encima del 2002 y aterrizaba en el 2003. Pero como no puedo, cumpliré con el ritual".

Por lo pronto, algunas de las frases de Punto de Encuentro, que evidencian la vigencia de este escritor, de quien hay que decir hoy lo mismo que gritábamos el día de su sepelio: Orlando Sierra está vivo. 


Sobre política, democracia y Caldas
¿Y ahora que viene?, marzo 20 de 1994: “Quieren ahora las aceitadas maquinarias de siempre, echar a perder los nuevos motores de la política en Caldas. Y para ello la estrategia será cerrarle los espacios de poder a los nuevos a fin de dejarlos dependiendo del voto de opinión, que como se sabe es veleidoso”

Urge un buen candidato a alcalde,abril 3 de 1994: “sería muy importante que los dirigentes nuestros pensaran con cerebro de manizaleños y no con calculadora electoral. Cierto que su triunfo no está precisamente para quedarse en sonrisas: pero sí han de imponerle a la ciudad un alcalde, que por lo menos no sea alguien con un cerebro con cinco hemisferios: los dos naturales y los que interpretan los pensamientos y deseos de los senadores Yepes, Giraldo y Barco”.

Sobre cómo escogí por quién votar, junio 19 de 1994: “No me dicen nada los partidos, entre otras cosas porque para mí son entelequias. No existen, sencillamente. Ellos son grupos de caciques adinerados aquí y allá, agrupados según intereses y dispuestos a ganar elecciones. Montoneras de lado y lado. Lejos estamos de tener organizaciones serias, estructuradas, de programas, de idearios”.

Lazos familiares, julio 16 de 1995. “Si son los Yepes tan brillantes, tan solventes profesionalmente, tan calificados, ¿por qué diablos no se realizan en el sector privado en vez de devengar a la sombra del erario? No soy antiyepista como podría aparecer. Soy “antinepotista”.

Oposición conservadora: mamola, agosto 20 de 1995: “Hace rato que en Colombia no existe oposición política. Desde el inicio del Frente Nacional. Claro que tampoco existe mucha política pues las diferencias ideológicas desaparecieron entre los partidos y quedó para la escogencia de pertenencia el gusto cormático: azul o rojo. Eso es todo. Hace rato que al país lo divide el consenso. Acrítico de pupitrazo de emociones, para rodear, para sostener, para defender un consenso del estamento. Aquí la crítica es sinónimo de conspiracipon, de conjura, mejor la sonrisa condescendiente de la aceptación y participar de las dádivas del poder”.

A propósito del presidente de la Asamblea, marzo 17 de 1996: “Resultaría muy cómodo echar toda la responsabilidad de cuanto sucede a la clase política. La doble moral no sólo está en servidores públicos, también abarcan amplios sectores de la sociedad (…) Es facilista y pusilánime una “indignación” que no pasa de una llamada telefónica a la dirección de un periódico. Por ese camino, tendremos siempre a los congresistas respaldando a este u otros Tapascos”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Cuando se trata de festinar recursos, nadie es tan maniancho como el sector oficial. Y la explicación es simple: no le duelen. Tal es el caso del Concejo de Manizales. Acaba de nombrar un grupo de asesores y supernumerarios que es monumento a la desfachatez. En él, lastimosamente, tocan trompetas algunos periodistas”.

Apuntalemos la democracia, marzo 8 de 1998: “mucho dinero se ha movido para estos comicios. Dinero sobre todo. A montones, a raudales y en muchos casos gastado de maneras non sanctas. (…) Para comprender este hecho (el del dinero) he construido un axioma simple que permite entender buena parte del discurrir político actual: poder + dinero = elección. En el caso de Caldas, no cabe duda que por esta vía por lo menos cuatro senadores son fijos. Tienen dinero, burocracia, clientela, fondos de cofinanciación, alcaldes que les respaldan. Esa es la estantería en que sustentan sus curules”.

La gallina de los huevos de oro, nov 29 de 1998: “Me preocupa que lo que la Licorera produzca, sea lo que se gasta, porque ese es el detalle. Nuestros políticos son voraces pirañas. De modo que ya veo venir, por cortesía de esos dividendos, crecimientos de planta de personal, sueldos de jeque para algunos, nóminas paralelas en ciertas dependencias”

La corrupción “justa”, febrero 29 de 1999: “Hace poco un grupo de ingenieros contratistas se quejaba de lo que acontece en Manizales. Según ellos los están ahorcando con lo que denominan el “peaje” o “vacuna” que deben pagar a sus fichas en la administración. Del 8% ó 10% de coima que debían pagar tradicionalmente, ahora les están disparando por el 20%”.

Las asambleas y su inutilidad, mayo 2 de 1999: “La Asamblea de Caldas sin ir muy lejos es un reducto de inutilidad, un nido de democracia, una trinchera de politiquería. De modo que sobra. Como sobran todas, pues desde que entró en vigencia la Constitución de 1991 su papel es simbólico, aunque no así los ingresos de quienes la integran”.

Por los viejos concejos, mayo 23 de 1999: “Antes la política tenía una condición lamentable. Era el ejercicio de las tres E: empobrecía, ennegrecía y embrutecía. Lo primero por razones de honestidad, lo segundo por aquello de estar más en la chicha que en el whisky y, lo tercero, por las dos anteriores. Ahora es al contrario: enriquece, blanquea e ilumina”.

La corrupción en tiempos de crisis, agosto 1 de 1999:“Si la corrupción en Caldas se pudiera medir en la escala de Richter el registro sería idéntico al de un terremoto de no menos de 6,5 grados con epicentro en los pies de la mayoría de los políticos y con réplicas en funcionarios públicos venales y compinches del sector privado, ídem.

Los candidatos cívicos, julio 2 de 2000: “Los caciques políticos de la comarca, en su celo, no permitieron nunca que acá surgiera una nueva dirigencia. No hubo una generación de relevo; sí una generación de lacayos. Hombres y mujeres que con tal de alcanzar un cargo, igual hacían el decreto que les ordenaban”.

La pregunta por la paciencia, mayo 20 de 2001: “No nos engañemos. Lo que más preocupa a los congresistas es su reelección. Su afán no es buscar mejorar el país, sino seguir yendo al Senado o la Cámara, mantener la clientela y continuar con los privilegios y la corrupción. De modo que en rigor no son muchos los que buscan una curul para servir al país, como los que lo hacen para servirse de él”.

Sobre periodismo y medios
¿Por qué voto por Andrés?, 30 de octubre de 1994: “Soy del criterio de que los columnistas, que no los medios en sí que se deben a la objetividad, no podemos ir con medias tintas a la hora de las definiciones. Nuestros lectores tienen derecho a saber cuáles son nuestras preferencias, en temas de interés público. Lo decía ese gran escritor y ensayista que es Carlos Fuentes: “es preferible equivocarse en público en cosas que atañen a todos, que acertar en privado”. Por eso en este día de elecciones, doy a conocer el que será mi proceder de votante. Aclaro que no busco influenciar a nadie; tan solo dejar mi testimonio”.

La iglesia va al grano, 2 de abril de 1995: “si en algún lado se manejan las relaciones verticales de poder, esa es la Iglesia. Por todo esto, discrepo del Director de este Diario”.

La función crítica, nov 17 de 1996: “Me anima la idea expuesta por Ortega y Gasset como función del intelectual: pensar en contra. Y no por el prurito de llevar la contraria, sino como un acto de alerta y porque es modo de mantener la inteligencia no dependiente o por lo menos no sumergida en la comodidad que da el pensar y ver las cosas como la mayoría (…) Escribir en un medio masivo es tener una especie de liderazgo y por tanto no puede ser un ejercicio pasivo o contemplativo. Tiene que darse con independencia de carácter y de modo directo (…) Por eso este espacio, con sus más y sus menos, quiere la mayor parte del tiempo (a veces nos damos el ancho de ser juguetones y regalar unas líneas que aspiramos sirvan de esparcimiento) contrariar las convicciones simples y los estados de quietud que permiten que se mantenga el statu quo. No es este un “punto de encuentro” con la transigencia y aunque dudo que lo sea con la grandeza, si sé que no lo es por lo menos con la mediocridad o la imbecilidad”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Unos contratos de mediocre pago a unos periodistas y una “vacuna” publicitaria a otros, son un estupendo mecanismo de conseguir algunos objetivos propagandísticos electorales a costa del erario. Ingenioso el asunto. Nuestra profesión es para el servicio de la comunidad, no para que los poderosos se entronicen aún más. ¿Por qué aceptan algunos periodistas participar de lo que generalmente critican: la contratación indiscriminada y abusiva de funcionarios en la administración? (…) No he sabido de nadie que pagado por la fuente, pueda emitir mensajes confiables sobre ésta”.

Periodismo y poder, sept 10 de 2000: “tengo a veces la vaga sensación de que mucho de cuanto oímos, vemos y leemos, no es del todo verdad. Que en lo que se dice por el micrófono, se ve en la televisión o se lee en la prensa, se cuela a veces algo que no corresponde con los hechos y por la que le untan la mano al comunicador falsario. Las mentiras que hermosean lo feo, limpian lo impuro, acallan lo perverso, hay que pagarlas al fin y al cabo. Yo no sé quién esté en las listas, aunque sospecho. Pero de todas maneras el periodismo que se pliega al poder, deja de serlo. Uno se puede equivocar, y de hecho se equivoca a veces, pero por lo menos intenta mantener un alma digna. Cuando se equivoca adrede porque va por lo bajo la canonjía, la prebenda, el sobre, entonces se es un mercachifle. Nada más”. 

Sobre literatura
Amigos secretos, sept 11 de 1994: “Este año pido, exijo, reclamo, que me regalen una novela. Ni muy larga, ni muy corta. De buen puntaje de letra (es decir de letrica grande), que no sea tan descriptiva como algunas novelas inglesas, ni tan embrolladas como las del francés George Simenon. Menos aún una novela de costumbres. Tampoco una novela de ciencia ficción. Las que cuentan historias de gente metiendo droga no me gustan. Una novela negra pudiera ser. En todo caso que no sea de Chandler. Son buenísimas pero ya las tengo. Agatha Christie no me gusta. Tampoco Irving Wallace y Morris West. Pero quiero una novela.
“Me niego rotundamente a recibir otra cosa de mi amigo secreto. Que me endulce cuanto quiera. En todo caso que mire muy bien el libro para adquirir. Pudiera ser de un autor español. Vásquez Montalbán está bien, o Muñoz Molina. Pero no la más voluminosa de este último y tampoco la que ganó el Planeta de 1982, del primero. El librero le podrá decir de cuáles hablo. Que no sea un autor latinoamericano, por favor. Me gustan, pero tengo casi todo y no quiero poseer libros repetidos. Un gringo no me chocaría. Pero no clásico, sino nuevo. Los hay realmente importantes, aunque sé que circulan poco. Por una novela, por eso juego amigo secreto”.

A Dios lo que es de Dios, nov 9 de 1997: “La semana pasada Octavio Escobar Giraldo, médico de 35 años, obtuvo el Premio Nacional de Cuento de Colcultura. Es uno de los premios más importantes en la literatura colombiana. Participaron 147 libros en el género. Ganó él. Los jurados eran de relumbrón: Mempo Gardinelli, escritor argentino de primera línea y los colombianos Piedad Bonett y Eduardo Guisado.
“Pero no es sólo por él que se puede hablar de una nueva generación. Los escritores caldenses están cosechando éxitos que nos tienen que hace volver los ojos hacia sus obras (…) a modo de una guía rápida cito algunos títulos. En poesía: El territorio y la máscara, de Rodrigo Acevedo (qepd); Despues del colegio, de Flobert Zapata; Al borde de la vía, de Uriel Giraldo; Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos; Esa muchacha es el verano, de Edgar González; Canteras al viento, de Antonio Leyva. En cuento: Variaciones, de Adalberto Agudelo; Señales de desahucio, de Óscar Jurado; Urbes luminosas; de Eduardo García Aguilar. En novela: El último diario de Tony Flowers, Octavio Escobar; La bruja de Lanta, de Néstor Gustavo Díaz, y por supuesto la obra de García Aguilar. La anterior, una pequeña muestra. Hay muchas ausencias, sin embargo estos nombres resultan ilustrativos. Leámoslos”.

Para el amor, la poesía,  sept 17 de 2000: “Me encanta la poesía de amor. Me sensibiliza de la cabeza a los pies. Doy un ejemplo: Cuando deseo encontrarla, prefiero casi no encontrarla / para no tener que dejarla después, dice Fernando Pessoa. Es hermoso. También lo es ese poema juguetón de Ernesto Cardenal que dice: Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido / pero de los dos, tú pierdes más que yo / porque yo podré amar a otra como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo”.


Punto de encuentro, selección de columnas
Orlando Sierra Hernández
Editorial La Patria
Octubre de 2002
Manizales
319 páginas