Mostrando entradas con la etiqueta Editorial Lumen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Editorial Lumen. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de noviembre de 2023

La librería en la colina, de Alba Donati

En diciembre de 2019 una poeta italiana decide abrir una librería en Lucignana, un pueblo ubicado a dos horas y media al norte de Florencia.

Hasta ahí la historia no tiene mayor novedad, salvo por un dato: Lucignana tiene 180 habitantes. 180 personas que se conocen íntimamente, que saben quién es hijo de quién, sus pasados y sus familias. El 70% del pueblo simpatiza con la librería y el 30% no.

En febrero de 2020, es decir con la librería recién abierta, empieza la pandemia por Covid y es en medio de ese contexto de confinamiento y zozobra en donde la librería aparece como un oasis de esperanza y encuentro. Como un lugar sanador.

Alba Donati construye este libro como un diario que comienza en enero de 2020 y termina en junio del mismo año. Cada entrada tiene una fecha específica en la que la autora narra su cotidianidad en la librería, escribe sobre su madre centenaria, su hija, sus vecinos, y también sobre las maromas para sostener la librería, los cambios en el clima, el jardín florecido y las lecturas que hace. Al final de cada entrada está el listado de libros que le encargaron durante la jornada. 

La traducción de Ana Ciurans Ferrándiz es limpia, sin términos españoletes y permite disfrutar una lectura que en algunos pasajes me llevo a evocar a 84 Charing Cross Road: aunque se trata de un tono y una historia distinta, guardan en común ser libros sobre libros, que resultan entrañables para los lectores que aman los libros. 

Algunas frases
¿Que cómo se me ocurrió? Las cosas no se nos ocurren, las cosas se incuban, fermentan, ocupan nuestras fantasías mientras dormimos. Las cosas avanzan por su cuenta, recorren un camino paralelo en algún lugar de nuestro interior del que no tenemos ni el más remoto conocimiento y, en un momento determinado, llaman a la puerta: aquí estamos, somos tus ideas y queremos que nos escuches (p. 13).

Lo desconocido, como diría un filósofo, es el lugar donde nunca has estado (p. 15). 

En la ciudad, si estás en la cama, has de levantarte a descorrer las cortinas para saber qué tiempo hace. Aquí, por el contrario, lo sabes con el cuerpo (p. 19). 

La infrancia es una trampa, contiene lo bueno y lo malo, y hay que encontrar la varita mágica para transformar lo uno en lo otro (p. 28). 

Me sorprendo cuando alguien que trabaja en una librería no conoce el nombre de un clásico, ni siquiera de oídas. Es como trabajar en una pastelería y no saber qué es una tarta Sacher (p. 33).

Debajo de la librería, sustentándola, no había solo varas de hierro, sino todo un pueblo (p. 39). 

Al final al miedo siempre nos enfrentamos solos (p. 45).

la función que desempeñan las casas en la vida de la gente que escribe (p. 80). 

Me gustan los libros que invitan a leer otros. Es una cadena que nunca deberíamos interrumpir. La única forma de eternidad que podemos experimentar aquí, en la Tierra (p. 86).

he tenido que tragarme todas esas frases, desde "Así asustas a los hombres" hasta "Era solo un cumplido". Pero, bien pensado, estoy segura de que encontraría muchas más, como "Qué anticuada eres", pronunciada por un hombre casado a una mujer que lo rechaza, o la cantinela psicoanalítica: "Estás tensa, no sabes dejarte llevar, no vives la parte más libre de ti" (p. 96).

Decía Robert Frost: "Un poema comienza como un nudo en la garganta, un sentimiento de nostalgia o una pena de amor" (p. 97).

Una cosa que he advertido siendo librera es que el culto a los autores no está muy extendido. No son muchas las personas que esperan el último libro de Paul Auster o de Zadie Smith; sí, en cambio, las que han leído libros inolvidables cuyos autores no recuerdan. Buscan historias y no les importa quién las ha escrito (p. 100).

Cuando me preguntan de qué va un libro, me echo a temblar. Jamás en mi vida me he acordado de una trama, ni siquiera de Blanca nieves y los siete enanitos. De un libro me quedo con otras cosas y creo que eso es la literatura. El escritor pubna contra la trama a fin de que en el corazón del lector quede grabado lo esencial (p. 100).

preguntándome qué hay que hacer para montar una librería como la nuestra y cuánto cuesta. Aunque nunca sé qué responderles exactamente, sí sé una cosa: para empezar, se necesitan unos treinta mil euros en libros (...) también hay que mantenerse informado sobre las ayudas regionales, que pueden cambiar mucho la situación (p. 106).

La manera en que concebimos el tiempo en la infancia es la prueba de que el tiempo es un concepto relativo (p. 111).

El camino habia la protección del medioambiente y la conservación de la belleza es un camino continuamente interrumpido (p. 112).

Quizá superé mi infancia porque en realidad tenía un hogar (p. 117).

Es increíble lo bien que funcionan las redes sociales para activar a los lectores. Si guardas silencio, ellos también suelen guardarlo; si muestras la foto de una caja de regalo, llueven los pedidos. Las redes sociales se han convertido en el equivalente de las reuniones de la redacción, en las que cada mañana se programa la jornada (p. 121). 

pintar sillas, plantar flores y cambiar libros de sitio es un ejercicio de meditación (p. 129). 

Lo expresa con claridad Emanuele Trevi en Dos vidas: "vivimos dos vidas, ambas destinadas a acabar: la primera es la vida física, hecha de sangre y carne; la segunda, la que se desarrolla en la mente de quienes nos han querido. Cuando muere la última persona que nos conoció de cerca, desaparecemos realmente" (p. 130). 

En los pueblos todo está conectado (p. 145)

¿cometer actos impuros? Esto último solía decirlo rápidamente, pero lo mencionaba porque era como un paquete que contenía muchas cosas que no deseaba especificar. Con esa fórmula una se quitaba de encima el deber de confesar los movimientos telúricos y sensoriales de la edad (p. 147). 

uno lee para uqe lo consuelen y llora porque la consolación se ha puesto en marca (p. 153). 

son las mujeres las que mantienen vivo el sector editorial y también que esas madres han sabido transimitr a sus hijos la pasión por la lectura (p. 166).

No necesitamos entenderlo todo de la vida, pero sí tener la experiencia de la ternura (p. 167). 

A veces se tarda una vida entera en aclarar un malentendido; a veces hay que olvidarse de él, distraerse, llorar por otras cosas (p. 176). 

había un par de cosas que podían salvarle a uno: una infancia en una familia unida o ser de orígenes campesinos (p. 182). 

Solo logro concebir la literatura como no ficción, una historia inventada no me apasiona, o mejor dicho, no me enriquece (p. 193). 

Las causas por las que alguien o algo sufre son infinitas, es muy difícil saberlo (p. 201). 

Moraleja: si te tumbas cómodamente en el sofá y piensas lo correcto, lo equivocado se endereza (p. 203). 

Fuera puede ser dentro, y lejos, a la vuelta de la esquina. Es una cuestión de paisaje con grano de arena (p. 208). 

Las listas salvan vidas, mantienen encendida la llama de nuestra memoria (p. 209).


La librería en la colina
Alba Donati
Traducción: Ana Ciurans Ferrándiz
Editorial Lumen
Bogotá, 2023 (primera edición 2022)
222 páginas

miércoles, 6 de octubre de 2021

Donde cantan las ballenas, de Sara Jaramillo Klinkert


La segunda novela de Sara Jaramillo Klinkert es muy distinta a la primera, Cómo maté a mi padre, y sin embargo guarda varios elementos en común: hay una niña narradora, un padre ausente, una finca como espacio principal de la acción y una narración que acompaña al personaje central en la transformación que implica el crecimiento y que se evidencia en la voz que cambia de registro.

Pero mientras Cómo maté a mi padre es una novela testimonial autobiográfica, Donde cantan las ballenas es una novela en la que la ficción está exacerbada: hay una vegetación exuberante, animales de todo tipo, personajes excéntricos, exagerados e inverosímiles y un conjunto de situaciones simbólicas que pertenecen al mundo de la fantasía y que se narran sin mayor justificación, tal y como Juan Gabriel Vásquez explica el concepto de realismo mágico en "El arte de la distorsión": como la narración de hechos extraordinarios sin el más mínimo asombro y, de otro lado, el enrarecimiento narrativo del relato de hechos ordinarios. 

Parruca es una finca en las montañas. El narrador no entrega una ubicación precisa. Allí viven Candelaria, una niña de 12 años, su madre Teresa, y su hermanastro Tobías, mayor que ella. El padre los abandonó hace pocas semanas y a la casa empiezan a llegar inquilinos, cada uno más raro que el anterior: Gabi una mujer experta en venenos, que tiene una serpiente como mascota y que se intuye que es una asesina; Santoro un hombre temeroso que se entierra en huecos que él mismo cava para calmarse; Borja, un moribundo; Facundo, un hombre que busca cierto tipo de guacamaya... y así en una sucesión de personajes que le dan a la novela un toque de artificio con reglas internas propias. 

Es una novela extraña, distinta por su temática y por la atmósfera que construye. Resulta de interés para quienes exploran el giro animal y el giro vegetal, porque la naturaleza "no humana" es protagonista importante del relato. También se enmarca dentro de las 
 
Algunas frases

Crecer no es otra cosa que tomar decisiones (p. 15).

Tomar decisiones es lo que nos hace adultos, pero arrepentirse de ellas es lo que nos hace humanos (p. 15).

Los hombres a esa edad suelen ser tontos. Y la mayoría empeora con los años, lo cual es una suerte para mujeres como nosotras (p. 16). 

Sonreía porque al fin había comprendido que cada cual es responsable de componer la banda sonora de su vida y que había vivido con un hombre que le impidió iniciar su propia composición (p. 29). 

Gruesos goterones caían sobre las láminas de aluminio que él había instalado en el techo para darle voz a la lluvia (p. 31).

A su padre le gustaba andar liviano, porque ya estaba en esa edad en que las cosas imprescindibles de la vida no son cosas (p. 32).

Aún no sabía que a veces basta tan solo un instante para separar lo inseparable (p. 32). 

Aún no sabía que a los 12 años se desean muchas cosas y casi ninguna se vuelve realidad (p. 34).

La verdadera derrota es rendirse sin siquiera hacer el intento (p. 39).

El problema de su madre era que no le ocurrían tragedias al ritmo que hubiera deseado, y por eso hacía todo un mundo hasta de las cosas más insignificantes que le pasaban (p. 45). 

Todo era posible de desintoxicar, excepto los pensamientos (p. 55). 


Nunca experimentó miedo a su lado, porque los hermanos mayores saben hacer frente a todos los peligros, de otra forma no habrían osado nacer primero (p. 62). 

No supo si era la belleza la que le otorgaba seguridad o si era la seguridad la que la hacía ver bonita (p. 69). 

Entendió las razones por las cuales los muertos tienen que ser enterrados o incinerados en un intento por ocultar sus despojos de la vista de los que quedan vivos. Para evitar que el recuerdo de la corrupción de la carne se aloje de forma definitiva en las pupilas y el hedor en algún lugar de la nariz (p. 73). 

Uno puede vivir bajo el mismo techo o dormir en la misma cama con alguien y, aun así, sentirlo a kilómetros de distancia (p. 78). 

Se preguntó si los que no cocinan son conscientes de todo el trabajo y el tiempo que hay detrás de un plato de comida. Ese día aprendió que las cosas que uno hace con sus propias manos tienen más valor (p. 83).

Uno puede huir de todo excepto de sí mismo (p. 86). 

Ella nunca había visto ninguna serpiente ni ningún animal obeso, lo que la llevó a concluir que lo anterior era un problema fundamentalmente humano (p. 95).

desprovista de esa pulsión básica que invita a interesarse por nuevas cosas o a tratar de cambiar aquellas con las que no se está de acuerdo. La inercia la obligaba a desempeñar las funciones más básicas por pura resignación, porque hacía mucho tiempo había dejado de explorar en su interior esa chispa que lo hace a uno ponerse en movimiento. (P. 98).

Llevaba tanto tiempo sin hablar con nadie de las cosas que bullían en su interior que había llegado a convencerse de que no era tan necesario hacerlo, que se podía vivir sin tener que compartir los propios pensamientos. Parecía que todo el mundo andaba muy ocupado lidiando con su propia vida y con sus propias cosas. Tal vez era hora de que ella hiciera lo mismo (p. 101). 

Una persona a la que le enseñan a sentirse culpable aceptaría cualquier fórmula con tal de dejar de sentirse así (p. 114).

Una mujer como ella podía llegar a hacer cualquier cosa por temeraria que fuera siempre y cuando no le arruinara el peinado (p. 120). 

Hombres tan faltos de confianza en sí mismos que optan por cargar una pistola y se regocijan exhibiéndola, incluso frente a las nubes, por la sencilla razón de que no tienen nada más valioso que exhibir (p. 123). 

Así como alguien llevó alguna vez el hielo a lugares incluso más remotos (p. 126). 

–¿La culpa existe?
–!Mira a quién se lo preguntas! La culpa es un sentimiento que los demás nos inoculan para hacernos sentir mal.
–Entonces sí existe.
–Existe si se lo permitimos, cariño (p. 141).

Huir no es un verbo sino un estado de la mente (p. 142). 

Hay una gran libertad en no sentirse importante para nadie, salvo para sí mismo (p. 143). 

No hay institución más siniestra que la familia (p. 143).

En las familias se ejerce un tipo de violencia callada que casi nadie logra detectar (p. 143).

Dentro de las familias hay violencia, incluso en las palabras no dichas o en el hecho de que nos asignen un rol sin cuestionar si nos viene bien o no (p. 143). 

A veces la gente más cercana es justo la que menos conocemos (p. 208).

No podía creer que tanta vida terminara reducida a semejante espacio tan diminuto (p. 229).

¿Sabes qué es lo mejor de la adolescencia? Que se acaba (p. 230). 

Pocos temas generan tanta solidaridad entre las mujeres como el de una mancha roja en el lugar equivocado (p. 259). 

Las madres se supone que son viejas, que sacrifican su belleza y su cuerpo por los hijos. Que son absorbidas y consumidas por ellos y que pierden su individualidad al punto de que nadie termina por saber dónde empieza el hijo y dónde acaba la madre (p. 263).

El mar era eso que su padre intentó describirle tantas veces, como si alguien pudiera cometer semejante empresa y no quedarse corto en el intento. Ahora lo veía con sus propios ojos: infinito, incansable, inmenso (p. 313). 

Donde cantan las ballenas
Sara Jaramillo Klinkert
Editorial Lumen
Bogotá, 2021
333 páginas

lunes, 21 de noviembre de 2016

Número cero, de Umberto Eco

De todas las novelas que he leído de Umberto Eco, quizás Número cero sea la más floja. Tiene personajes apenas esbozados, largas páginas con nombres, fechas y datos que tienen poco interés para quienes no estamos familiarizados con las minucias de la política de Milán o de Italia, y un intento de relato policíaco que se construye apenas al pasar de la mitad del libro y que no alcanza a cuajar.

Sin embargo el autor es Umberto Eco, un filósofo brillante que siempre tiene cosas importantes para plantear y esta novela no es la excepción. Si bien como texto literario Eco publicó obras superiores, como texto a secas Número cero ofrece una mirada necesaria sobre el cinismo con el que se trabaja en algunas salas de redacción, que atienden al interés particular del dueño por encima del interés general de la ciudadanía, vulnerando su derecho a recibir información de calidad.

Así como El nombre de la Rosa eran varias novelas en una sola (una novela policíaca, una novela sobre la edad media, una novela sobre los libros, etc.) leer Número cero también implica escarbar en las distintas capas de una cebolla: es una novela sobre el periodismo y las salas de redacción; una novela sobre la muerte de Mussolini y/o lo ocurrido en Italia después de la II Guerra Mundial, una novela sobre el romance entre un hombre casi viejo y una mujer aún joven, o una novela sobre Milán.


Entre las lecturas que ofrece la que me resulta interesante es la de los medios de comunicación. Eco escribe un libro que parece pensado para desvirtuar la frase célebre de Ryszard Kapuscinski "Los cínicos no sirven para este oficio. Eco en Número cero muestra lo contrario: este oficio está hecho de cínicos y la información es una mercancía que se ajusta a los intereses particulares de quien paga por producirla. 

La trama es simple: un magnate del que apenas leemos entre líneas contrata a un director para que monte un diario. El director contrata al narrador de la novela, quien oficia como jefe de redacción de un grupo integrado por otros 4 periodistas. La particularidad consiste en que aunque se trata de un diario, durante el primer año los periodistas se dedicarán a montar cada mes una edición cero, que no circule y que muestre como será el periódico cuando salga a la calle. Lo que los periodistas no saben, pero el director y el jefe de redacción sí, es que en realidad el periódico jamás circulará: las ediciones cero deben servirle al magnate para mostrarle a gente clave que él puede tener mucho poder y que a cambio de no circular le permitan acceder a otros beneficios en el mundo empresarial en el que se mueve.

La novela se publicó en 2015 pero ocurre años atrás y por eso no incluye en su trama reflexiones sobre redes sociales. Apenas menciona los teléfonos celulares, para decir que serán una moda pasajera. Tiene en cambio numerosas consideraciones sobre la forma en la que los periódicos deciden qué noticias cubrir y cómo hacerlo, como se puede ver en la selección de frases que incluyo a continuación y que muestran hasta qué punto Eco desconfía de la "verdad" de los medios. No creo que esta visión catastrófica corresponda con la realidad cotidiana de numerosas salas de redacción, pero la crítica que muestra sí invita a pensar con qué criterio se escogen los temas, los enfoques, las fuentes y los titulares. 

"los espectadores de sus cadenas de televisión tienen una edad media (digo edad mental) de doce años".

"A estas alturas, el destino de un diario es parecerse a un semanario".

"Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad".

"Fíjense en los grandes periódicos anglosajones. Si hablan, qué se yo, de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir, evidentemente, qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión. Con todo, se podría suponer que el periodista ha dado voz solo a quien piensa como él. Por lo tanto, las declaraciones serán dos, en contraste entre ellas, para demostrar que está claro que existen opiniones distintas sobre un mismo tema: el periódico da cuenta de este hecho incontestable. La astucia está en entrecomillar primero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente".

"No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia".

"un periódico se mide también por la capacidad de hacer frente a los desmentidos, sobre todo si es un periódico que demuestra no tener miedo de meter las manos en la podredumbre".

"recuerden bien los tres elementos fundamentales para el desmentido del desmentido: las declaraciones recogidas, los apuntes en el bloc de notas, y perplejidades varias sobre la credibilidad del desmentidor".

"La entrevista con un autor sosiega, porque ningún autor habla mal de su libro; de ese modo, nuestro lector no se ve expuesto a críticas feroces y amargadas, y demasiado sesudas".

"¿quién se lee los libros que reseñan los periódicos? No suele hacerlo ni quien hace la reseña; y demos gracias a Dios si el autor se ha leído su libro porque, la verdad, ante ciertos libros se diría que no lo ha hecho".

"A nuestros lectores hay que tranquilizarlos, no alarmarlos".

"Señores, estamos haciendo periodismo, no literatura".

"—Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.
—Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?
—Ambas cosas. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene".

"Tengan en cuenta que hoy en día, para rebatir una acusación, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador".

"la solución más prudente suele ser decantarse por lo sentimental, ir a entrevistar a los parientes"

"La indignación hay que dejársela a los periódicos de izquierdas, que están especializados en eso".

"La llamada a la honradez siempre vende muy bien".

"El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Sucede el hecho X, no puedes obviarlo, pero, como pone en apuros a demasiada gente, en ese mismo número te marcas unos titulones que le ponen a uno los pelos de punta: madre degüella a sus cuatro hijos, quizá nuestros ahorros acaben en cenizas, se descubre una carta de insultos de Garibaldi a Nino Bixio y, hala, tu noticia se ahoga en el gran mar de la información".


"Había perdido todas las certezas, salvo la seguridad de que siempre hay alguien a nuestras espaldas que nos está engañando".

"Si era tan graciosa debía de ser también guapa. Y a su manera lo era ¿Por qué a su manera? A la manera no le había pillado el punto, pero había despertado mi curiosidad".

"un jovenzuelo de veintiséis años, todo ideales y nada de ideas".

"En la universidad (entonces, pero creo que también hoy en día) las cosas funcionan de manera contraria al mundo normal: no son los hijos los que odian a los padres sino los padres los que odian a los hijos".

"Y cuando vives cultivando esperanzas imposibles, ya eres un perdedor. Y cuando te das cuenta, te hundes".

"Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en sabértelas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas".

"Leer manuscritos que jamás serán publicados puede llegar a ser un oficio".

"El miedo a morir infunde aliento a los recuerdos".

"Estamos hablando de finanzas, no de comercio. Primero compras, y ya verás que el dinero para pagar te llega".

Número cero
Umberto Eco
Editorial Lumen
Milán, 2015
2018 páginas