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viernes, 13 de marzo de 2026

No es por aguar la fiesta..., de Antonio Caballero

Aunque murió el 10 de septiembre de 2021, Antonio Caballero está muy vivo, y para constatarlo basta con leerlo. 

Es usual que los columnistas publiquen libros con compilaciones de columnas. Yo he pensado hacerlo con las mías, y me lo han propuesto, pero me disuade de la idea leer otros libros de columnas: suelen ser malos por una razón simple: la columna es fruto de la coyuntura, de la actualidad, de la urgencia, y se escribe al calor del momento para un público que sabe cuál fue el titular de este martes o la noticia del jueves, y entonces no han necesidad de explicar quién es fulano y por qué lo destituyeron. Pero pasados unos años, todos esos contextos se evaporan, y por eso las columnas envejecen mal. Las que mejor lo hacen son las que no están atadas a la coyuntura, sino a la intimidad, al tono confesional, pero esas, al menos en mi caso, son las más escasas.

No sé si Antonio Caballero escribió alguna columna de esas íntimas o confesionales. No recuerdo haberla leído. Todas sus columnas eran fruto de la actualidad, la política y la guerra, que en Colombia suelen ser la misma cosa. Todas era lecturas del instante, que, no obstante, envejecen bien, o mejor dicho no envejecen: rejuvenecen, porque leer en 2026 lo que Caballero publicó en 1996 evidencia que este país avanza en círculos y que eso ya lo había dicho él, como todo. Cualquier idea sobre la actualidad política, Caballero la dijo primero.

"No es por aguar la fiesta..." es un libro publicado en 1999 que reúne 79 columnas de Caballero organizadas en varios bloques: "guerra y paz", que corresponden a la mitad del libro, y "droga", "política y país", "política exterior" y "mundo". Leerlo hoy es una delicia porque ese lenguaje suyo tan musical, tan lleno de humor, con las palabras precisas, sirve para constatar que él hablaba siempre de los mismos temas, como dijo varias veces, que llevaba años escribiendo la misma columna, porque en Colombia siempre se habla de los mismos temas: hoy y hace 30 años. De los mismos temas (la paz, la guerra, las drogas, la guerrilla, los partidos, los militares, la inexistente reforma agraria) y de la misma gente: Galán, Gaviria, Pastrana, Uribe. 

En la columna "Las causas de la guerra", del 20 de julio de 1998, Caballero escribe que "a la paz solo se llegará cuando hayan desaparecido las causas de la guerra" (p. 59) y esas causas, según él, son la lucha por la tierra, el desempleo, la "aberrante distribución de la riqueza y del ingreso" la inexistencia de la justicia y la represión política. En mayor o menor medida todas sus columnas tocan alguna de estas aristas. Machaca la idea de que el descarado intervencionismo gringo empuja a Colombia a una guerra que es ajena; que la impunidad y la corrupción alimentan la guerra; que a los militares les conviene el negocio de la guerra y que la guerrilla no puede defender ninguna idea política si usa como armas el secuestro y otras barbaridades que desdibujan su origen rural y campesino.

Las ideas de Caballero son claras y siguen vigentes, pero lo que lo hace un maestro es el virtuosismo con el lenguaje: su capacidad para hacer reír, para usar el sarcasmo, para afilar la ironía y encontrar la imagen precisa que desnuda al poderoso. Ese humor, sustentado en un profundo conocimiento de la historia universal y colombiana, hacen de Caballero el mejor columnista de prensa en Colombia. Qué le hace que esté muerto.



Algunos subrayados
De la columna "Ojo, comandante Bochica": "nada hay más cobarde que un secuestro, y nada que envilezca más un proyecto político" (p. 16).

De la columna "El salto militar": "cualquier país, por pobre que sea, encuentra siempre dinero para financiar la guerra, y la financiación de la guerra genera en todas partes, como es lógico, más guerra" (p. 20).

De la columna "La guerra: costo y beneficio": "Si en vez de sofocar la guerra mediante métodos políticos se escoge ganarla mediante métodos militares, resulta inevitable darles a los militares el poder político (p. 26).

De la columna "Historia y geografía": "para hacer la paz, como lo enseña la historia, se necesitan solamente dos cosas que poco tienen que ver con las virtudes cívicas, o con las teologales, o con las cardinales: decisión política y autoridad sobre los militares (p. 41).

De la columna "La tierra y la guerra": "En la historia de Colombia los ganaderos han sido, desde hace cinco siglos, los principales promotores de la guerra y sus más directos beneficiarios" (p. 43).

De la columna "Conversaciones en Maguncia": "No es que no tenga opinión, sino que la tengo propia. Y tengo además la suerte de que —en razón de mi oficio de "periodista de opinión"— mi opinión se publica en los periódicos. Lo cual no significa, sin embargo, ni mucho menos, que represente la opinión de esos periódicos; y ni siquiera la opinión de mis lectores, que a veces la comparten y a veces no, pero a quienes espero que les pueda servir de uno, entre varios, puntos de referencia. Y creo en consecuencia que mi función es ésa: la de opinar en público, y no la de participar en coloquios a puerta cerrada, por ancha que sea esa puerta" (p. 55).

De la columna "Las cuentas del campo": "La violencia actual, que tuvo sus primeros brotes en los años treinta, y después se politizó (se partidizó) en los cuarenta y cincuenta, y se volvió "subversiva" en los sesenta y setenta (y hasta hoy), hunde sus raíces en el conflicto por la propiedad agraria" (p. 90).

De la columna "Vana y torpe": "si estamos como estamos [en este país], es porque siempre se ha pretendido callar las opiniones discrepantes por la fuerza (p. 98).

De la columna "La intervención": "si algo nos enseña la historia, y en particular la historia de Estados Unidos, es que la estupidez acaba siempre por triunfar" (p. 114).

De la columna "La ley del Talión": "El miedo genera odio hacia quien nos inspira miedo, y el odio, miedo a quien nos odia y por odio puede matarnos. En la Colombia de hoy nos odiamos todos "(p. 118).

De la columna "Las risotadas de Frechette": "En esas listas de enemigos del gobierno de Estados Unidos no figura ningún narco, ni ha figurado nunca. y no figuran por la sencilla razón de que no son enemigos. ¿Cómo van a ser enemigos unos señores que manejan el negocio más rentable —más que el de las armas y que el del petróleo, dice la ONU— que han tenido jamás los bancos norteamericanos? Son amigos. Por eso les dan visa. (p. 138).

De la columna "Actos de fe": "Ninguna versión de las autoridades colombianas sobre casos con muerto ha sido nunca verosimil, tanto si el muerto es "malo", como Santacruz, como si es "bueno", como Galán, o incluso si no está muerto, como en cualquiera de las cien veces que han anunciado la muerte de Tirofijo" (p. 139).

De la columna "La ley hipócrita": la mitad de la economía y la mitad de la política del país reposan sobre dineros de origen turbio: no sólo del narcotráfico, sino del peculado, del secuestro, del contrabando, de la compraventa de votos, del atraco en carretera, o hasta del parricidio cometido por un hijo impaciente para lograr su herencia (p. 144).

De la columna "El eslabón más débil": "nunca cae preso ningún narco norteamericano: ni siquiera en el cine" (p. 146).
"Sólo a los imbéciles se les puede ocurrir que la mejor manera de perseguir un negocio que sólo vive de la prohibición consiste en mantener la prohibición, sin la cual el negocio no existiría. Pero además de imbecilidad hay codicia: de las colosales ganancias del negocio, el 95% se queda en Estados Unidos; y esas ganancias solo existen porque el negocio está prohibido (147).

De la columna "Sobre la extradición": "la extradición es el reconocimiento de la impotencia del Estado colombiano para impartir justicia; como, del mismo modo, la invención de las Convivir (otra monstruosidad) es el reconocimiento de su impotencia para mantener el orden" (p. 156).

De la columna "Insisto: es una guerra ajena": "De esa guerra, curiosamente, solo están excluidos el propio Estados Unidos, único país a quien nadie "descertifica" ni fumiga ni castiga a pesar de que es el primer consumidor de todo tipo de drogas en el mundo, el primer productor de marihuana y de "drogas de diseño" (éxtasis, etc.) del mundo, y el principal receptor y "lavador" del dinero negro de las drogas del mundo" (p. 164).

De la columna "Los inmortales": "el expresidente Barco, de quien durante todo su período presidencial se creyó que estaba muerto, acaba de resucitar para recibir un premio por los servicios prestados a su partido cuando ocupó la presidencia" (p. 206).

De la columna "Plata y plomo electorales": "el funcionamiento del sistema electoral hace que, naturalmente, los políticos que ganan elecciones sean los más corruptos. Y ése es el vicio original de lo que llamamos democracia en Colombia" (p. 209).

De la columna "No es por aguar la fiesta...": "En cuanto al Partido Liberal, no es un azar que sea el heredero directo de aquel que en el siglo pasado formó Florentino González, bajo el prometedor nombre de "partido de los partidarios del gobierno". Nunca, salvo cuando a la fuerza ha sido expulsado del festín burocrático, ha querido el Partido liberal hacer oposición: prefiere pedir puestos. (Lo mismo que el Partido Conservador, por otra parte: no en balde son idénticos)" (p 227).


No es por aguar la fiesta...
Antonio Caballero Holguín
Editorial Planeta
Bogotá
1999
280 páginas

domingo, 8 de septiembre de 2024

Manu, de Octavio Escobar Giraldo

No tengo claro a partir de cuántos libros publicados se puede empezar a decir que un autor es un escritor prolífico pero creo que Octavio Escobar Giraldo ya lo es. En este espacio he comentado más de 10 títulos suyos, entre novelas, poemarios y libros de cuentos. 

"Manu", su último libro, es el cuarto que dedica al público infantil y juvenil, después de Las láminas más difíciles del álbum, El mapa de Sara y El viaje del príncipe, aunque también al menos la mitad de los cuentos de El color del agua podría caber en esa categoría de "literatura infantil y juvenil", que siempre resulta tan problemática. ¿Qué es un libro infantil? Tener como protagonista a un niño o adolescente no necesariamente lo define, porque dudo que alguien considere El diario de Ana Frank como un libro infantil. ¿Es el tema? ¿Es el tono? La categoría de "literatura infantil" apela a un lector de nicho, limitado a un rango de edad, pero yo misma publiqué el año pasado "Sakas", un libro que se supone que también va para ese público, y en las dedicatorias que firmé escribí algunas veces que el libro es para el niño interior que habita en cada lector, independiente de la edad biológica que revele la cédula.

Mi niña interior viajó con "Manu" a través de los túneles que conectan a todas las ciudades del mundo y que salen de las piscinas de pelotas que hay en los centros comerciales. Comprendió perfectamente la explicación según la cual los cordones de los zapatos se desamarran porque en realidad son lombrices juguetonas, y admiró los atardeceres anaranjados que se disfrutan desde Manizales, con el Cerro Tatamá como límite visual.

"Manu" tiene todas las características que se esperan de un buen libro infantil: es alegre, juguetón, se lee con agilidad, su protagonista despierta simpatía y además el libro se complementa con ilustraciones hermosas, de Elizabeth Builes, que le ponen cuerpo a lo que Octavio Escobar narra.

Pero además de mi niña interior, me acerqué a la lectura de "Manu" como la adulta que soy y sabiendo que Octavio Escobar Giraldo es un escritor al que le gusta el juego y la experimentación en sus textos. Lo que encontré fue una primera capa de lectura que presenta a un personaje juguetón y fantasioso, pero, en otra capa, encontré un libro acerca de lo que no se narra. Es decir: normalmente a los escritores les preguntan "de qué se trata tu libro", o "de qué va tu novela". En este caso pareciera que Octavio Escobar se preguntó eso pero, al mismo tiempo, se preguntó también de qué no va a hablar. De identificar cuáles son los elementos claves que no se mencionan, que se le esconden al lector y que es éste el que debe aceptar sumergirse en la lectura, sin datos esenciales. 

¿Manu es Manuel o Manuela? ¿Cuántos años tiene? ¿Cómo llegó a la familia en la que vive? ¿Cuáles son los detalles de lo que ocurrió con sus padres? Las respuestas, que son claves para adentrarse en este texto, están escondidas en un túnel que sale de una piscina de pelotas de color lapislázuli.


Algunos subrayados 
Manu me explica que algunas piscinas de pelotas se comunican por túneles que recorren el mundo, y que por eso conoce Ciudad de México y Lima (p. 9).

Cuando Manu me pide que le amarre los zapatos, me insiste en que lo haga con mucho cuidado, con suavidad, porque los cordones son gusanitos que a veces hacen fiesta y se desamarran de la emoción (p. 61).

--¿Y qué es un omnívoro?
--Que come de todo --respondió mamá--. Como papá (p. 89).

las nubes se estaban coloreando de rojo y anaranjado y al fondo se veía el relieve del cerro Tatamá, que es una reserva natural que mamá y papá visitaron muchas veces y a donde llevan a los turistas. Me alegro cuando lo veo desde la ventana de nuestra habitación (p. 100).

Creo que Manu piensa lo mismo que mamá, que los libros nunca terminan (p. 110).




Manu
Octavio Escobar Giraldo
Ilustraciones de Elizabeth Builes
Editorial Planeta
Agosto de 2024
Bogotá
128 páginas

viernes, 10 de mayo de 2024

Nido, de Laura Guarisco

Con unos dibujos precisos, sencillos y hermosos, Laura Guarisco cuenta una historia de ficción basada en testimonios reales sacados de su propia experiencia como migrante venezolana en Medellín y de muchos amigos y conocidos que salieron huyendo de la situación política en Venezuela y entraron a Colombia por Cúcuta, para continuar a pie por carreteras colombianas hasta llegar a su destino.

Ángel, un joven arquitecto caraqueño, es el protagonista de esta historia que empieza por el final y se cuenta con saltos en el tiempo muy bien resueltos a partir de recursos gráficos, de forma que el lector ubica rápidamente el momento en el que está dentro del relato. 

Ángel viaja de Caracas a Medellín, llega a donde una amiga de la familia y se emplea en oficios varios hasta lograr los papeles que le permiten aspirar a un trabajo como arquitecto. El libro nos muestra todo ese periplo de Ángel, pero además su pasado inmediato, antes de salir de Caracas, y lo que ocurre con él en Medellín hasta que lleva año y medio en la ciudad.

Sin señalamientos, sin juicios ni moralinas, Nido logra evidenciar la solidaridad de algunos y la xenofobia de otros. Muestra las dificultades humanas de migrantes que padecieron una pobreza súbita y la mirada indolente de colombianos que desdeñan a los venezolanos a partir de un mero prejuicio. Así mismo, el libro conecta la migración venezolana en Colombia con el desplazamiento interno que vivieron a comienzos de siglo muchos colombianos a raíz del conflicto armado. 

Nido es una novela gráfica que logra comunicar emociones: hay ternura, hay dolor, hay impotencia y hay también ilusión. Es una obra que muestra postales de Medellín, pero también calles anónimas en las que transcurre un drama humano que se narra desde la perspectiva de las víctimas. La autora presenta una clara posición política pero sin resentimiento ni odio. Al contrario: está escrito y dibujado con nostalgia, pero sobre todo con amor. 


Nido
Laura Guarisco
Editorial Planeta
Bogotá
Septiembre de 2023
200 páginas

miércoles, 10 de enero de 2024

La era de la ansiedad, de Roberto Palacio

Al comienzo de "La era de la ansiedad" su autor, el filósofo bogotano Roberto Palacio, advierte que el libro "está escrito de tal manera que cualquiera lo pueda entender. El que quiera pensar los tiempos en que vivimos quizá pueda encontrar algo de valor acá. Será una decepción, eso sí, para quien en él busque filosofía académica. O citas apa" (p. 19). La anotación se justifica por la bien ganada fama de los libros sobre filosofía: ladrillos pesados e inintelegibles que ahuyentan al lector no iniciado. 

Palacio se define a sí mismo como un "divulgador filosófico, ensayista y escritor" y en "La era de la ansiedad" desarrolla bien esos roles. Se trata de un ensayo de divulgación que aborda distintos conceptos que se sienten cercanos a la vida contemporánea y explica sus aristas a partir de las ideas de distintos autores que Palacio ha leído previamente y desglosa para el lector. 

El libro está compuesto por una introducción y 9 capítulos que, desde los títulos, dan cuenta del contenido de la obra: Identidad, El amor, La virtualidad, Cultura Woke, Argumentación, El conocimiento, La educación, La felicidad y Filosofía. Al final de cada capítulo Palacio presenta la bibliografía sugerida para ampliar el tema, con un comentario sobre cada obra (4 ó 5 libros por capítulo) lo cual hace que cada capítulo/ensayo se lea como una provocación para seguir ahondando en las elucubraciones que despierta. Los autores citados van desde Sartre y Camus hasta Martha Nussbaum, Bertrand Russell y Byung Chul Han, pasando por Montaigne, Socrates y Pascal, entre otros.

Palacio se muestra bastante crítico de la cultura woke, llama la atención sobre la vacuidad contemporánea que, desprovista de utopías, vacía la vida real para trasladarla al plano virtual, en donde tiene igual peso el que domina un libro de Dostoievsky y el que come 100 perros calientes en media hora. Señala que hay una confusión entre información y conocimiento y que en los tiempos actuales cotizan a la baja actividades como argumentar y pensar, lo cual se relaciona con una educación diseñada por competencias que buscan enseñar un oficio pero no enseñan a vivir/sentir ni a resolver situaciones complejas. En cambio, atiborran de actividades todos los espacios de la vida, para evitar el aburrimiento, con lo necesarios que son esos tiempos de ocio para poder pensar y crear.

Me hizo falta como lectora un capítulo de conclusiones o de cierre, una bibliografía unificada y quizás algún ensayo que abordara asuntos de filosofía política. La falta de debate de ideas políticas en el mundo contemporáneo se aborda en algunos capítulos y de hecho hay varias alusiones a Donald Trump, pero quizás faltó un ensayo dedicado de manera exclusiva a este tema. O quizás, como escribe el autor, esta carencia que encuentro revela un deseo personal: busco que el autor se interese en lo que me interesa a mí. 


Algunos subrayados

Dice el filósofo francés Michel Onfray que todos nacemos filósofos, pero solo unos tienen la suerte de seguirlo siendo cuando adultos (p. 14).

justamente esto es la ansiedad, el continuo palpitar del mundo dentro de nosotros cuando ya el vértigo y el peligro han cesado. Es la condición sin causa (p. 15).

la noción de “indignación” es central a la cultura contemporánea. (p. 18).

lo que más quisiéramos es ser alguien que no somos (p. 23).

detrás de los deseos de dejarse atrás por completo, se asomaba el odio difundido y masivo que está en todas partes: en las redes, en el trabajo, silencioso en las relaciones más cercanas. Odiamos lo que fuimos y no podemos modificar (p. 28)

Nuestra vida comienza a asemejarse a un programa de televisión que no tiene mucho sentido si no sale al aire (p. 30). 

No se trata ya de quién eres, sino de quién pareces ser. Ese eres realmente (p. 34).

¿Por qué nos parece prepotente la voz propia? El ejercicio de la voz, el ser deliberante, outspoken, se sienten como atrevimientos que pueden revelar nuestro secreto narcisismo y, en últimas, nuestras vulnerabilidades (p. 37).

Lo que más quiero del otro, entonces, es que me narre quién soy, cómo me ve; ¿cómo me veo en ti; cómo me ves?, ¿quién diablos soy yo para ti? La respuesta a esta pregunta es una que nunca me podrá dar el amante (p. 49).

Este es un conflicto característico del amor, volvámoslo a enunciar: quiero al otro capturado, al tiempo lo quiero libre. Lo que menos quiero es el compromiso jurado; nadie quiere oír decir al amante, recuerda Sartre, algo así como: ¡te amo porque me he comprometido a ello y no quiero desdecirme en mi palabra! (p. 52). 

El amor es tiempo: necesitamos tiempo para llegar a amar al otro, y, en otro sentido, si no se ama, no se dedica tiempo al otro (p. 55).

Hoy tenemos mascotas para vivir a través de ellas lo que quisiéramos ser pero no podemos: criaturas con tiempo infinito (p. 56)

No nos extrañará que muchas cosas en el mundo en el que vivimos no sean lo que parecen: la pornografía no es sexo, la política no es debate sobre las formas de gobierno. Ambas cosas, como diría Byung-Chul Han, son “representación”. Yo las llamo “coreografía”. La pornografía es coreografía, un cuidadoso y meticuloso estudio del ángulo que capta el acto sexual de una forma única; es interrupción constante y corrección exasperante, algo como la fotografía profesional de comida. La política también lo es. ¿No se pasa Kim Jong-un gran parte del día intentando pararse en el lugar preciso para que las ceremonias políticas se vean intachables? ¿No hay ejércitos de personas arreglando fotos para que no se vea en ellas nada inadecuado —tumultos pequeños, gente parada en lugares equivocados, los que no lloran en el funeral del líder? Es por ello que Slavoj Žižek dice que pornografía y política son dos caras de la misma moneda. Somos una realidad puesta en escena (p. 76).

Mientras el espacio público se vuelve íntimo, a quién ha de extrañar que el espacio institucional se vuelva uno de emociones. El periodista Niall Ferguson alguna vez afirmó que vivimos en una “emocracia”. Considérese el rol de las instituciones públicas; las sostiene en su lugar el deseo (P. 98).

El hablar de “narrativas” implica una independencia peligrosa de los hechos y de cualquier realidad objetiva (p. 104).

En el siglo xix teníamos la urbanidad de Carreño; hoy tenemos la corrección política (p. 107).

En mi país, la mermelada emocional se presenta como buenas maneras; no importa el abuso, si se despide a alguien o si se le insulta, siempre y cuando las palabras empleadas sean lo suficientemente floridas. Incluso, cuando se escuchan las grabaciones de los secuestradores que llaman a los familiares de los plagiados no es raro que el criminal, luego de la sarta de amenazas, termine diciendo algo como … y disculpe. Colombia es un país en el que puede ser más grave pasar sin saludar que disparar. Es común que cuando alguien es atracado, otros pregunten si el atracador fue amable. Es por ello que, al decir de Bertrand Russell, las buenas maneras son las formas de relación de los pueblos más barbáricos (p. 111).

La voz del que disiente se ha convertido en una especie de canto irresistible de las sirenas que toca silenciar, ¡porque es posible que cambie mi punto de vista! Se trata de un precepto personal (no concuerdo con una serie de ideas) convertido en obligación colectiva (nadie las debe escuchar) (p. 118).

El liberalismo contemporáneo es simplemente la libertad de poder ser más conservador que los conservadores, sin el estigma que ello implica (p. 121).

Argumentar no elimina la terquedad, no nos expone a ambientes más tolerantes. Tiene la capacidad contraria de sacar a relucir los dogmatismos. Pero mírese como se mire, en toda su imperfección, y hasta que una mejor estrategia sea inventada, la argumentación seguirá siendo una herramienta para evitar el dolor prevenible. ¿Por qué digo que la argumentación evita el dolor prevenible? De nuevo, fueron los antiguos griegos quienes dieron la clave acá: si no es por medio de argumentos, preguntaron, ¿cómo más persuadimos a otro a seguir un curso de acción? Con el cuchillo en el cuello, claro. Argumentar, por lo tanto, es una forma de evitar la violencia, la amenaza o al menos la furia enardecida de la indignación (p. 138).

Dos de los lenguajes principales del argumentar y del pensamiento crítico vienen contenidos en estas sencillas expresiones que usamos a diario: … supongamos que… … esto es como… Quien pueda incorporar una o las dos está en el camino de construir su propio pensar. De hecho, en mis seminarios sé que un estudiante ha aprendido a argumentar cuando usa en su lenguaje habitual con naturalidad estas expresiones (p. 146). 

un lugar común de nuestra forma de vida es que hemos externalizado casi todo… llevamos a cabo gran parte de nuestra vida fuera de nosotros: construimos la identidad en un espacio público aunque virtual de las redes sociales; hemos puesto en los escenarios públicos lo que amamos (p. 154).

mientras que en los mundos del conocimiento y la tecnología se intenta que las máquinas piensen como humanos, en los mundos “en desarrollo”, estamos en la tarea contraria de intentar que las personas piensen y actúen como máquinas a través de un algoritmo ciego (p. 158).

(Sobre la educación):  Mostramos nuestra admiración por otros o por lo que nos rodea, y a menudo los demás convierten esta mirada en propia, y la extienden como una parte de sus obsesiones e intereses (p. 175).

Educar tiene por objetivo convertirnos en seres abstractos, dice Rousseau, un ser que se puede exponer a cualquier accidente de la vida (p. 180)

Es muy común que los estudiantes, que bien pueden llevar diecinueve o veinte años sentados en un pupitre hacia el final de su proceso educativo, se hayan convertido en lo que llamo “estudiantes profesionales”. Son capaces de repetir una historia en una materia, la contraria en otra y ciertamente son expertos, como me consta, en generar el tipo de discurso que creen que su maestro quiere escuchar (p. 190).

Educar es mover a otro a ver sentido en donde no lo veía antes (p. 243).

 
La era de la ansiedad. Sobre el pensamiento y la emocionalidad en un mundo sin utopías
Roberto Palacio
Ariel, Editorial Planeta
Bogotá, 2023
264 páginas

viernes, 6 de octubre de 2023

Álbum de familia, de Rosario Castellanos

Luego de haber comentado el cuento "Los convidados de agosto", de Rosario Castellanos, la autora mexicana regresa a este espacio con "Álbum de familia", un libro que reune tres relatos de extensión media y otro de 90 páginas, protagonizados por mujeres que plantean reflexiones en torno al patriarcado, la familia, el matrimonio y la sociedad que habitan.

Aunque no en todos los textos es explícito, se entiende que esa sociedad es México de los años 60 (el libro se publicó en 1971) y por ello, teniendo en cuenta la fecha de escritura y publicación de la obra, es que Rosario Castellanos resulta una escritora  adelantada a su tiempo. Sus relatos se leen hoy como si hubiesen sido escritos ayer, con estructuras creativas, con voces potentes y con preguntas en torno al feminismo en una época en la que esa conversación en América Latina aún no era tan fuerte. 


El primer cuento, "Lección de cocina", presenta a una recién casada que no sabe cocinar y mientras prepara el almuerzo reflexiona en torno al matrimonio. La estructura mezcla párrafos sobre culinaria con otros sobre la vida conyugal, que a veces también se quema y sabe mal. 

El segundo cuento, "Domingo", narra una reunión social en la que convergen distintos personajes y se presentan todo tipo de relaciones y entrecruzamientos, con crítica mordaz a la sociedad, ironía y, al mismo tiempo, cierta frivolidad.

"Cabecita blanca" adopta el punto de vista de una madre tremendamente ingenua, que no ve, o se niega a ver, el mundo en el que habitan sus hijos adultos.

El último y más extenso es "Álbum de familia", una obra literaria sobre el mundo de las mujeres escritoras. Una autora premiada invita a exalumnas escritoras a un encuentro. Las críticas, los celos entre ellas, las envidias, la hipocresía, los chismes y el malestar que crece al estar juntas son las herramientas que tejen este relato en el que la autora se burla de la superficialidad que rodea al ambiente literario. 

Rosario Castellanos (1925-1974) es una autora que en los últimos años viene siendo leída con creciente interés, y lo merece. Sus libros envejecen bien porque no envejecen. Se sienten frescos, vigentes y actuales, con debates que sobre el rol esperado para las mujeres en la sociedad, la sexualidad, la maternidad, el feminismo y la brechas de género. Su lenguaje directo, atrevido y lleno de diálogos contribuye a una lectura ágil y a la vez profunda, en la que vale la pena sumergirse.

Algunos subrayados

De "lección de cocina"
Así que permanezco inmóvil, respirando rítmicamente para imitar el sociego, puliendo mi insomnio, la única joya de soltera que he conservado y que estoy dispuesta a conservar hasta la muerte (p. 11). 

Yo carezco de la soltura del que rema, del que juega al tenis, del que se desliza bailando. No practico ningún deporte. Cumplo un rito y el ademán de entrega se me petrifica en un gesto estatuario (p. 13).

Cuando dejas caer tu cuerpo sobre el mío siento que me cubre una lápida (p. 14). 

Yo rumiaré, en silencio, mi rencor. Se me atribuyen las responsabilidades y las tareas de una criada para todo. He de mantener la casa impecable, la ropa lista, el ritmo de la alimentación infalible. pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana, no puedo cambiar de amo (p. 15). 

Y un día tú y yo seremos una pareja de amantes perfectos y entonces, en la mitad de un abrazo, nos desvaneceremos y aparecerá en la pantalla la palabra "fin" (p. 17).


De "Domingo"
Los domingos, como hoy, tenía que renunciar a sí misma en aras de la vida familiar (p. 25). 

Nada nuevo es acogedor. Presenta resistencias, exige esfuerzos de acomodamiento (p. 30). 

¡Qué falta de imaginación tienen las mujeres, Dios santo! No saben hacer otra cosa que preñarse (p. 37).

¿Sabes por qué los hijos de los ricos poseen un vocabulario tan variado? porque nuestros padres pudieron darse el lujo de abandonar nuestra educación a los criados (p. 38).

Realmente tratas a tu marido como si fuera indispensable.
Lo es. En un matrimonio un marido siempre lo es (p. 45).


De "Cabecita blanca"
Un marido en la casa es como un colchón en el suelo. No lo puedes pisar porque no es propio; ni saltar porque es ancho. No te queda más que ponerlo en su sitio. Y el sitio de un hombre es su trabajo, la cantina o la casa chica (p. 50). 

De "Álbum de familia"
Sí, Hispanoamérica ha sido muy favorecida por la naturaleza y muy poco por la cultura (p. 69). 

Dosifique usted los adjetivos de manera que las señoras no se alarmen ni los señores protesten. Pero de manera también que las jóvenes sientan que es lícito admirar este ejemplo y que es posible imitarlo (p. 77). 

―...un periodista, se me olvidaba, no es un escritor en potencia sino alguien que ha renunciado a ser escritor, que ha perdido el respeto al lenguaje, que no lo trata como objeto sagrado...
Porque no lo es.
...sino como un instrumento (p.. 79).

Un premio siempre es, en cierta manera, póstumo. Se otorga cuando ya no sirve ni para matar el hambre ni para afirmar la vocación ni para alcanzar la gloria. Es la primera corona fúnebre que se coloca sobre la tumba (p. 90).

¡Nadie muerte de no escribir versos, Matilde!
No he dicho versos; he dicho poesía.
¿Y cómo se manifiesta ese destino?
Se abre, dentro de nosotros, una especie de vacío, una ausencia que no se colma con nada, un abismo que nos obliga a asomarnos constantemente a él, a interrogarlo, aun a sabiendas de que, desde sus profundidades, no ascenderá jamás ninguna respuesta sino sólo el eco, amplificado, deformado, irreconocible ya, de nuestra pregunta (p. 107). 

El único que ha creído que el matrimonio es una asociación de ideas o una larga conversación (y esa creencia habrá que achacársela a sus peculiaridades psicofisiológicas) fue Oscar Wilde. Y no. El matrimonio es el ayundamiento de dos bestias carnívoras de especie diferente que de pronto se hallan encerradas en la misma jaula. Se rasguñan, se mordisquean, se devoran, por conquistar un milímetro más de la mitad de la cama que les corresponde (p. 134). 

―¡Pero las reconciliaciones son tan sabrosas!
No tanto cuando tienes buena memoria (p. 135). 

¿Tú crees que vale la pena escribir un libro?
Susana interrumpió la concienzuda operación de exprimirse una espinilla ante el espejo para contestar categóricamente.
Creo que no. Ya hay muchos (p. 157).



Álbum de familia
Rosario Castellanos
Editorial Planeta Mexicana
México 
2020 (primera edición 1971)
160 páginas

lunes, 3 de julio de 2023

Magdalena, Historias de Colombia, de Wade Davis

"Magdalena" es un libro de 480 páginas, tan caudaloso y denso como el río que le da origen. Wade Davis, un antropólogo, etnobotánico, fotógrafo y escritor enamorado de Colombia, emprende el ejercicio de recorrer toda la cuenca del Río Magdalena, desde el Páramo de las Papas hasta Bocas de Ceniza y sus alrededores. 

Los alrededores son importantes. El libro no se limita a las orillas del río, sino que se adentra en sus cuencas para contar "Historias de Colombia", que a veces suenan más vinculadas al río y a veces se alejan de su cauce. Así, aparecen la historia de la coca, la Conquista Española, los conflictos entre Bolívar y Santander, la época dura de Pablo Escobar en Medellín, la tragedia de Armero, el paramilitarismo que convirtió al Magdalena en un cementerio de desaparecidos, la cumbia y las músicas que se escuchan en el Bajo Magdalena, y otra cantidad de relatos que avanzan a medida que el autor recorre el Yuma, con curiosidad y asombro. 

El libro está dividido en tres partes, que corresponden a la división geográfica del río: Alto Magdalena, entre el Páramo de las Papas y Honda, Medio Magdalena, entre Honda y La Gloria, y Bajo Magdalena, desde La Gloria hasta la desembocadura. Cada parte, a su vez, está compuesta por distintos capítulos que, desde un punto determinado de la geografía de la cuenca del Magdalena, le sirven al autor para contar variadas "Historias de Colombia", como lo señala el subtítulo de la obra.

"Magdalena" es una obra difícil de encasillar: puede leerse como un libro de viajes, como un libro de historia de Colombia, como una compilación de crónicas de espacios y personajes, como una documentada guía turística o como una carta de amor hacia la naturaleza colombiana. Es un libro que tiene como hilo conductor el Río Magdalena, pero que salta de tema en tema porque al autor le interesan múltiples cosas: las comunidades indígenas, la botánica, la fauna, la historia política de Colombia, el transporte, la música y por ello el libro recoge una amplia lista de voces, que van desde pescadores hasta expresidentes.

Si bien en algunos pasajes suena condescendiente o benigno frente a personajes como Álvaro Uribe, también resulta interesante esa mirada extranjera que le da valor y esperanza a lo que ve en Colombia. Los pasajes que dedica a Humboldt y su expedición por la Gran Colombia, el asombro de Humbold y su aporte al espíritu de la independencia, conectan bien con ese esfuerzo que hace Wade Davis por investigar, documentar y mostrar riquezas que están aquí pero parecen ocultas, ignoradas o despreciadas para el grueso de la población.


Algunos subrayados

No hay un lugar en Colombia que esté a más de un día de todos los hábitats naturales que hay en el mundo (p. 24).

En la cuenca dlMagdalena viven cuatro de cada cinco colombianos. Es la fuente del ochenta por ciento de la riqueza económica del país (p. 26).

Si toda el agua del mundo se vertiera en un recipiente equivalente a un galón, lo que podríamos beber apenas llenaría una cucharita (p. 38). 

Ya existían, por supuesto, otros nombres para el río: Yuma, Guaca-Hayo, Karakalí, Kariguaña (p. 41). 

Quizás porque el país alberga más de la mitad de todos los páramos del mundo, muchos colombianos no saben apreciar la rareza de estos exóticos y misteriosos ecosistemas y su fundamental importancia en el ciclo hidrológico (p. 49). 

...a diferencia de los científicos y académicos de hoy, condenados a saber cada vez más y más sobre menos y menos (p. 51).

La coca no es cocaína, así como la papa no es vodka (p. 58). 

es muy poco probable que Colombia pueda llegar a eliminar el cultivo de coca (p. 61).

Si se comerciara como té, o como suplemento nutritivo, la coca podría volverse el mejor regalo de Colombia para el mundo, atenunado el éxito comercial de su café. No es que el café tenga nada de malo, claro está, pero es que su origen está en la lejana Abisinia. La coca, en cambio, nació en Colombia (p. 62). 

Los extranjeros que viajaron por estas estrechas carreteras se sorprendían de que una nación tan moderna pudiera tener un sistema de transporte tan precario (p. 63). 

Todo se movía gracias a la fuerza, habilidad y resiliencia de los arrieros y sus animales. Era una cultura de vivir al aire libre, de niños y hombres cuyo único arraigo era la tierra que pisaban, y cuyas pasiones y sentimientos los diferenciaban por completo del vaquero tradicional (p. 64).

(Sobre la Conquista) Los hombres, desesperados por la falta de sal, peleaban entre ellos por la carne de aquellos que ya habían perecido (p. 73). 

Los muiscas de las montañas llamaban al río Magdalena el río Yuma, es decir, el Río del País Amigo (p. 74). 

Los muiscas eran una comunidad de más de un millón de habitantes (p. 77). 

La cultura muisca se fue desvaneciendo, hasta que incluso su lengua desapareció a comienzos del siglo dieciocho (p. 80). 

la gente solo sobrevive si cultiva el gusto por el silencio (p. 83). 

Y por más riqueza que hubiera salido del Perú, fue Colombia la que más oro puso en las arcas de la Corona Española, además de costales llenos de esmeraldas y pierdas preciosas (p. 84). 

La Ciudad Perdida, la antigua metrópoli de los taironas en la Sierra Nevada de Santa Marta, fue descubierta por los guaqueros apenas en 1972. Los arqueólogos solo comenzaron su labor de investigación allí en 1976. Construida seiscientos cincuenta años antes que Macchu Picchu, Teyuna, como la conocen los koguis y los arahuacos, es un monumento igual o más imponente que cualquier otro que se pueda encontrar en América. Aún más asombroso que las maravillas de la Ciudad Perdida, tanto en tamaño como en importancia, es San Agustiín, el sitio arqueológico más amplio y misterioso de toda Colombia (p. 86)... más que quinientas figuras esparcidas por sus linderos (p. 87). 

San Agustín no estaba en absoluto aislado, más bien era el epicentro de una red extensa y compleja de rutas que conectaban comercialmente distintas partes del sur de Colombia (p. 90). 

En muchos casos, las figuras tienen cachetes abultados que sugieren mandíbulas mascando hojas de hayo. Estas son las representaciones más antiguas del ritual de la coca y las primeras evidencias de que la lanta gozaba de veneración en las antiguas civilizaciones de los Andes (p. 93).

El elemento central en todos los monumentos megalíticos de San Agustín es la transformación (p. 95)

Cuando comenzó el período colonial y el sistema de encomienda redujo a todos los nativos a la servidumbre, el destino de las comunidades indígenas que quedaban fue sobrellevar una vida de sufrimiento: varicela, masacres, flagelaciones, peonaje por deudas o la cárcel, todo aprobado por la bondad y la gracia de la Iglesia Católica (p. 105). 

En la medida en que todavía hoy se siguen descubriendo nuevas especies de peces -van ocho tan solo desde el 2013-, nadie sabe con certeza cuántas alcanzaron a coexistir en el río, pero la cifra oscila entre doscientos veinte y doscientos noventa. Más de la mitad son especies endémicas, es decir, que no existen en ningún otro entorno natural (p. 111). 

el champán era todo un logro, pues redujo el trayecto de Cartagena a Honda de dos meses en una piragua a apenas treinta y cinco días (p. 121). 

En Colombia, por el contrario, algunos cálculos sugieren que hasta el noventa por ciento de la tierra cultivable -aparte de la que es propiedad del Estado- está en manos de apenas el cinco por ciento de la población (p. 127). 

La Tatacoa produce una sensación de estar fuera del planeta Tierra. Es como si Dios, habiendo decidido darle a Colombia un poco de todo, hubiera seguido su capricho hasta el final, colocando a la sombra pluviométrica de la cordillera Central un terreno sacado directamente de la superficie de Marte (p. 128). 

La guerra (de los Mil Días) estalló cuando los cafeteros, apegados al compromiso liberal con el mercado libre y el comercio internacional, se rebelaron contra un gobierno conservador que asfixiaba el crecimiento con tarifas punitivas y aranceles de exportación que hacían que los cafeteros operaran a pérdida (p. 131). 

(en 1915) el deslizador hizo su viaje inaugural en los últimos meses del año, y fue de Barranquilla a Girardot en apenas cuatro días. Cuatro años después, tras varias modificaciones y mejoras que dieron luz a un deslizador de segunda generación, el Luz I logró hacer el trayecto de Honda a Barranquilla en tan solo veinticuatro horas (p. 132). 

El 19 de octubre de 1920 el (avión) Colombia despegó de Barranquilla camino a Girardot (133). 

Colombia también fue pionero en el envío de cartas y paquetes por avión (p. 134). 

el Magdalena ha servido como cementerio de la nación, al llevarse sus muertos anónimos (p. 141). 

(Sobre la tragedia del Ruiz en 1985) La avalancha que se abrió paso por el valle de Chinchiná destruyó más de cuatrocientos hogares y enterró vivas a mil ochocientas personas en la ciudad de Chinchiná (...) Fue el peor desastre natural en la historia de Suramérica (160). 

Un amigo colombiano describió alguna vez el Medio Magdalena, esa franja larga del río que se extiende entre honda y El Banco, como el patio trasero del país (171).

Desde la perspectiva de las capitales departamentales, esos pueblos eran puestos de comercio lejanos y aislados, en los que la gente se gobernaba a sí misma y las autoridades nacionales eran, en el mejor de los casos, una presencia muda (p. 172). 

En la década de 1880, un viaje en barco de vapor entre Barranquilla y Honda tomaba noventa horas, y el regreso a la costa, apenas cuarenta y ocho, lo que implicaba un consumo aproximado de cuatrocientos "burros de leña" para un solo viaje de ida y vuelta (...) Para comienzos del nuevo siglo, los vapores del Magdalena ya habían quemado alrededor de treinta millones de metros cúbicos de invaluables maderas como el caimito, el comino, el cedro, el sangretoro, el abarco y el suán (p. 176). 

Estoy de acuerdo con que no olvidar es importante. Pero olvidar también es importante. No para negar lo sucedido, sino para poder avanzar (p. 226). 

(Pablo) Escobar les dio todo su apoyo a los paramilitares, financiando sus operativos y aconsejándoles que se metieran en el negocio de la cocaína. Incluso contrató a mercenarios israelís y británicos para que los entrenaran (p. 242). 

Puerto Boyacá estaba bajo el mando de Ramón Isaza Arango, el padrino, según Juan, de toda la causa paramilitar (p. 244). 

Pocos en la izquierda confiaban en Uribe, un prominente terrateniente que había sido de los primeros en promover y brindar apoyo al movimiento paramilitar (p. 247).

En los ocho años entre el 2002 y 2010, las Farc perdieron a la mitad de sus miembros. Para el 2010, momento en que Santos asumió la Presidencia, sus filas habían quedado reducidas a apenas ocho mil combatientes (p. 248). 

Por ejemplo, un kilo de panela -los bloques de azúcar morena que extraían con mucho trabajo de la capa- se vendía en seiscientos o, en el mejor de los casos, ochocientos pesos, aproximadamente veintisiete centavos de dólar. Ese mismo peso en hojas de coca les dejaba a los campesinos cuatrocientos mil pesos y, si la procesaban para que quedara en pasta, la primera etapa de la producción de la cocaina, esa cifra ascendía a ochocientos mil pesos (p. 263). 

Puerto Berrío, una ciudad pequeña, cuya mejor descripción es la de un lugar en el que sucedieron cosas importantes, pero hace mucho tiempo (p. 274). 

la pérdida en 1961 del David Arango (...). Para 1969, el número total de pasajeros había disminuido a 22.688 y la era del transporte fluvial era cosa del pasado (276).

el manatí es el único mamífero marino que vive debajo del agua y puede permanecer sumergido hasta quince minutos entre una respiración y otra (302). 

Cuando los españoles se abrieron paso por la inmensa planicie de la Costa Caribe, documentaron no menos de cincuenta lenguas indígenas diferentes (p. 317). 

De las mil cuatrocientas lenguas habladas en Suramérica antes de la llegada de Colón, más de mil terminarían desapareciendo, muchas apenas décadas después de entrar en contacto con los europeos (p. 318). 

Transcurridos apenas 150 años desde la llegada de Colón, la población nativa de América pasó de 70 a 3,5 millones (p. 320). 

Quinientos años después de la Conquista, Colombia sigue siendo el hogar de más de ochenta naciones indígenas diversas y vibrantes (...) estos pueblos suman casi dos millones de personas, más o menos el mismo número de habitantes que se cree que vivían en Colombia a la llegada de los europeos (321). 

Hoy día hay más de setecientos resguardos o zonas indígenas autónomas, que ocupan casi el treinta por ciento del territorio colombiano, una cifra que no se compara con lo que ocurre en ningún otro país (p. 324). 

La verdad es que Mompox es uno de los tesoros más valiosos de América Latina (p. 365). 

(sobre el origen de USA) Las Trece Colonias fueron ocupadas por quienes buscaban libertad de culto,pero a su vez, y quizás hasta en cantidades aún mayores, por aquellos en busca de un lugar donde practicar su propia forma de intolerancia religiosa (p. 379).

solo una nación de tontos elegiría a los rangos más altos de su ejército por voto popular. Pero para que un país no fuera gobernado por generales y clérigos, sino por leyes, el gobierno republicano implicaba y exigía la participación activa del pueblo, argumentaba Santander (p. 413). 


 
Magdalena, Historias de Colombia
Wade Davis
Editorial Planeta
Bogotá
2021
480 páginas

miércoles, 21 de abril de 2021

El país de las emociones tristes, de Mauricio García Villegas

En este ensayo Mauricio García Villegas desarrolla una hipótesis: Colombia es un país inclinado hacia las emociones tristes, como la venganza, la vergüenza, la culpa, el remordimiento, y eso lo hace un país propenso a la violencia y al escalamiento de las pasiones, en vez de la mesura necesaria para comprender al otro.

El ensayo retoma algunas ideas expuestas por el autor en ensayos anteriores, como "El orden de la libertad", en donde explicó el apego de los colombianos a la formalidad de la ley más que a su cumplimiento. En este nuevo texto el autor también propone un análisis social de "los colombianos" para entender por qué la cultura política aplaude el autoritarismo, se basa en el miedo y todo ello tiene raíces en la formación católica que permea tantos ámbitos de la vida cotidiana. 

El libro puede ser leído en clave de historia sociopolítica colombiana desde la visión del centro político, es decir: desde ese difícil punto que la izquierda califica de facho y la derecha de mamerto. Ahí se ubica el autor para explicar por qué las emociones importan y por qué es necesario cuidar la educación sentimental.


Algunas frases:
"Cuando yo era niño la religión estaba en todas partes. En la familia, en el colegio, en las vacaciones, en la política, en las reuniones sociales y, por supuesto, en las oraciones y en las misas" (p. 13). 

"La retención del enfado no es solo un fingimiento, también es un aprendizaje" (p. 19).

"Spinoza criticó las religiones y venganza, la vergüenza y el remordimiento. De esos sentimientos malsanos, dice Spinoza, vienen las emociones tristes" (p. 21).

"Mi hipótesis es que nuestro balance, sobre todo en el ámbito de la cultura política, ha estado demasiado inclinado hacia los sentimientos tristes y, como consecuencia de ello, hemos tenido demasiados conflictos que se habrían podido resolver pero que terminaron en una guerra; demasiados proyectos necesarios que se habrían podido llevar a cabo pero que acabaron extraviados en las disputas entre facciones; demasiados consensos que se rompieron por nimiedades; demasiadas buenas leyes que se enredaron en el proceso de implementación; demasiados líderes sensatos que se embrollaron en sus mezquindades; demasiados propósitos nobles que se malograron en las inquinas; en síntesis, demasiadas buenas ideas estropeadas por malas emociones" (p. 22).

"Durante mucho tiempo se pensó que el debate público era un asunto de ideas, de argumentos y razones. Algo de eso hay, claro, pero las ciencias de la mente han mostrado que lo esencial no está allí, sino en las emociones y que su estudio ayuda, quizás más que los crudos hechos históricos, a dilucidar el destino que corren las sociedades" (p. 24). 

"La teoría de la evolución nos aleja irremediablemente de los dioses y nos pone en el lugar de los animales" (p. 40). 

"esa facilidad aterradora con la que, a veces, el mal y la ingenuidad se juntan".

"La civilización está sólidamente anclada en los afectos" (p. 46).

"Más que animales racionales somos animales emocionales" (p. 46). 

"No es extraño que el cristianismo promueva el ideal femenino de la castidad y la inocencia, el cual convierte a las mujeres reales e inevitablemente alejadas de ese ideal en seres impuros y pecadores, cuyo abuso y maltrato por parte de los hombres sería disculpable, o peor aún, merecido" (p. 47). 

"ninguna ficción ha sido tan poderosa como la religión" (p. 53). 

"si antes el desfogue pasional tenía lugar entre países enemigos, hoy se hace entre nacionales del mismo país" (p. 74). 

Como decía Stephen Hawking, "el gran enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión de conocimiento" (p. 76). 

"En Iberoamérica, a diferencia de otras latitudes, nos regimos por una moral de las intenciones, no de los actos" (p. 132).

"Mi hipótesis es que aquí los sentimientos que alimentan a cada agrupación política han estado plagados de emociones tristes, sobre todo de miedos, odios, venganzas, no-reconocimientos, envidias, etc." (p. 161). 

"Lo que Jaime Jaramillo Uribe llamaba "el país del término medio", nuestra aurea mediocritas. El pasado colonial, el mestizaje, la media de la economía, la geografía montañosa, todo eso, dice Jaramillo, contribuyó a que Colombia fuese un país de mesura y mediocridad en casi todas las expresiones de la vida social; tal cosa explicaría, por ejemplo, la ausencia de una tradición caudillista, como ocurrió en otros países de América Latina. Quizás la medianía colombiana y su conservadurismo montañero ayuden a explicar las resistencias que despertaron los intentos por modernizar" (p.181).

"El abuso de la anormalidad constitucional trajo consigo la desvalorización de la democracia" (p. 195). 

(sobre los narcos) "lanzan su furia contra las élites tradicionales (sus antiguos patrones), pero no para cambiar la sociedad sino para reproducirla, con las mismas jerarquías y los mismos pobres de siempre, pero eso sí, con ellos al mando. Son rebeldes sin cambio social" (p. 199). 

"En las emociones tristes el miedo es el motor de casi todo. Por miedo sobrevaloramos el mal del enemigo, y la venganza, afianzada en la sobredosis de maldad que le atribuimos al otro, es una manera de aplacar ese miedo" (p. 208).

"No basta con que el mal exista, también hay que reconocerlo. Durante casi toda la historia de la humanidad las mujeres fueron apabulladas por los hombres sin que tal cosa fuese vista como un atropello" (p. 209). 

"Los seres humanos nos empeñamos menos en buscar la verdad que no conocemos, que en respaldar las verdades que ya adoptamos" (p. 211). 

"Los seres humanos podemos ser muchas cosas y lo que somos hoy es tan solo una de esas posibilidades" (p. 212). 

"El problema de la venganza es el círculo de la violencia: cada sujeto, atormentado por la maldad del otro, castiga para aniquilarlo y de esta manera encadena su violencia a la del otro, y así sucesivamente. Usar el mal para luchar contra el mal es como apagar fuego con aceite" (p. 217).

"Las controversias ideológicas son altercados de imágenes, más que de ideas. Los contrincantes no pelean entre ellos, sino que ponen a pelear la representación que cada uno se hace del ideario del otro" (p. 244).

"tal vez hay que encontrar maneras de escribir, estilos, que sean menos asertivos, menos perentorios, más receptivos de la complejidad, de la temporalidad, de la circunstancialidad" (p. 270). 

"los colombianos, cuando discutimos asuntos políticos y sociales solemos poner un empeño excesivo en entender descalificar al otro y un descuido, también excesivo, en entender lo que dicen y por qué lo dicen" (p. 286). 

El país de las emociones tristes
Mauricio García Villegas
Editorial Planeta
Bogotá, 2020
326 páginas