Mostrando entradas con la etiqueta Historia de Manizales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia de Manizales. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de septiembre de 2024

Aricaturas, primeros plumazos, de Fabio Arias Gómez "Ari"

En la última página de "Aricaturas" se indica que Fabio Arias Gómez, conocido como Ari, nació en Pácora, Caldas, el 20 de junio de 1946 y que sus inicios como caricaturista tuvieron soporte revolucionario: empezó publicando en panfletos durante el Movimiento Universitario contra el Plan Básico de Rudolf Atcon a comienzos de los años 70. Aunque estudió agronomía y esos inicios como dibujante fueron informales, su identidad como caricaturista se consolidó a partir de 1974, cuando se vinculó al diario La Patria, en el cual trabajó hasta 2002. Su retiro se produjo poco después del asesinato del subdirector de ese periódico, Orlando Sierra Hernández. Posteriormente fue el caricaturista de El Tiempo-Café, entre 2002 y 2006 y en abril de 2008 fundó el periódico El Andino, que aún circula. En abril de 2022 regresó a la edición dominical de La Patria, en donde suele publicar tres caricaturas semanales.

"Aricaturas" permite conocer parte de la maestría, quien según cuenta Albeiro Valencia Llano en el prólogo del libro, publicó más de 44.000 caricaturas en La Patria entre 1973 y 2002. El libro recoge un mostrario de 740 caricaturas, con imágenes que se presentan en orden cronológico desde 1980 hasta 2002, año de su retiro del periódico.

En Ari se combinan dos talentos: es un gran fisonomista, que logra que el lector identifique fácilmente los personajes que caricaturiza, y, al mismo tiempo, tiene una aguda formación política que le permite ser crítico de los poderes locales, nacionales e incluso internacionales. El libro recoge varias caricaturas sobre el conflicto entre palestinos e israelíes y sobre el intervencionismo Yankee, que alternan con preocupaciones por la violencia en Colombia (Las Farc, el ELN, los paramilitares y otros grupos armados. Todo esto se mezcla con referencias recurrentes a políticos locales, como Omar Yepes, Victor Renán Barco, Rodrigo Marín Bernal, Fortunato Gaviria, Germán Cardona Gutiérrez y otros, que protagonizaron la escena política caldense de las últimas dos décadas del siglo XX.

Leer y ver Aricaturas es hacer un recorrido rápido y profundo por la historia regional de finales del siglo en Caldas, una época en la que la crisis cafetera coincidió con el deterioro del orden público y en la que las denuncias de corrupción fueron frecuentes. 

El libro, como todos los que edita la Secretaría de Cultura, tiene fallas de edición tanto en los textos como en algunas imágenes que se repiten. Un descuido indigno de un artista local de talla nacional, que por fortuna sigue publicando y fustigando en una región en la que el contrapoder escasea.
 
Aricaturas, primeros plumazos
Fabio Arias Gómez "Ari"
Secretaría de Cultura-Gobernación de Caldas
Manizales
Octubre de 2021
196 páginas

lunes, 19 de agosto de 2024

Café y ciudad, de Dorian Hoyos Parra

El subtítulo de "Café y ciudad" dice "o la cotidianidad en la población cafetera de Manizales", y ese texto es una buena síntesis de la pretensión de Dorian Hoyos Parra con este libro: con ocasión de los 150 años de fundación de Manizales la autora escribe una historia de la ciudad, pero no desde los nombres y fechas de los colonizadores, los políticos o los "hombres ilustres" sino desde la cotidianidad de sus habitantes. Esa mirada convierte a este texto en una pieza singular, porque se trata de una historia escrita por una no-historiadora que narra con enfoque femenino, en donde lo que ocurre al interior de las casas tiene relevancia.

El libro no está dividido por capítulos. Se trata de un texto que pretende ser una conversación de un abuelo con su nieto Simón, que llega a pasar vacaciones en Manizales. Es curioso que la autora elija como narrador a una voz masculina, porque en lo que escribe se percibe un alter ego suyo. De hecho, salvo el artificio del diálogo abuelo-niño, el libro no tiene ficción y, al contrario, al comienzo la autora explica que su novela (la define así) es el fruto de un trabajo de 12 años de investigación en la Biblioteca Nacional de Colombia.

No se trata de una historia narrada cronológicamente sino de un "cuento" que un abuelo le cuenta a un nieto. Así, la historia brinca en décadas, va del campo a la ciudad y salta entre episodios, pero esta posible falta de rigor historicista permite que el relato sea breve y ameno y la autora lo enriquece con detalles de interés que no es fácil encontrar en otros libros. Por ejemplo menciona a los Colonizadores, la Esponsión de 1876 con Mosquera, los incendios de la década de los 20, el comienzo del Cable Aéreo y luego, en 1927, el arranque del ferrocarril de Occidente que iba hasta Buenaventura. Pero todo esto lo mezcla con su propia memoria, observación y vivencias. La autora nació en 1933 y entonces conoció de primera mano aspectos como la moda de hombres y mujeres en la ciudad en la primera mitad del siglo XX, cómo lavaban y planchaban la ropa, cómo conservaban la carne antes del uso de las neveras, cuál era la dieta tradicional, cómo era la vida en los colegios, los medios de transporte, los juegos infantiles, los noviazgos, la vida de las casadas y las viudas y otra cantidad de detalles que hacen de este libro una mezcla entre la historia de la ciudad y las memorias de la autora, aunque ela se abstenga de dar datos autobiográficos.

En algunos pasajes hay un tono moralizante en el que se culpa a la mujer, por su salida del hogar, de la decadencia de la familia contemporánea. No obstante, Dorian Hoyos Parra es una hija de su tiempo pero una hija crítica: el texto cuestiona la desigual distribución de la riqueza, la vida ostentosa de algunos obispos, el servicio militar, el servilismo de la educación, los cafetos que requieren químicos, promovidos desde la Federación de Cafeteros, y las ganancias que se llevan las multinacionales por el petróleo colombiano. Dorian Hoyos militó en el Partido Conservador, pero varias de las afirmaciones que hace en este libro lucen progresistas incluso hoy, a 25 años de su publicación.

Algunos subrayados
Esa joven ciudad de limpias costumbres, muy católica, fue habitada por soldados sin recato, sin Dios y sin ley. Manizales conoció el saqueo, el asesinato, las casas de lenocinio y las enfermedades venéreas. Las escuelas fueron cuarteles y hospitales (p. 14).

¡somos ricos en hidrocarburos! pero siempre la tecnología extranjera viene con su equipo humano y así seguimos en la periferia (p. 16).

¡dirigentes! nuestra educación y formación es servil (p. 16). 

antes de 1920 Manizales contaba con once bancos, muchas casas extranjeras tenían oficinas en la ciudad, la mercancía que se traía por el río Magdalena llegaba a Barranquilla desde Euroa, no sólo se quedaba en Manizales agluna parte, también seguía para el Cauca, los bueyes y las mulas se iban con cargas de café, las cuales se despachaban desde Honda por el mismo río hasta Barranquilla (p. 25).

Ya para los años cincuenta cambia, la mujer va a las oficinas, a las escuelas de comercio, a la universidad, reciben visitas del novio en las casas, ellos van a buscarlas a los lugares de trabajo o estudio y acompañarlas de regreso a sus casas (p. 27).

(a finales del siglo XIX) algunas mujeres trabajaban como escogedoras de café en las trilladoras del grano que había cogido impulso y el cual sería para las próximas cuatro décadas del siglo XX el eje de la economía, no sólo de Manizales sino del país (p. 33).

las coperas o las niñas de propiedad horizontal momentánea le escuchaban sus cuitas (p 34).

en sus laboratorios creó otras variedades y vendió la idea de utilizar insumos químicos que encarecieron la producción del grano; este último paso se iniciaba por los años cincuenta de este siglo (p. 36).

El escritor Adalberto Agudelo Duque dice que: "la modernización de la mujer se dio en gran medida porque se inventó la máquina de escribir que hizo que ella saliera de casa a trabajar, la toalla higiénica porque le dio más seguridad, los anticonceptivos porque le dieron más libertad sexual". Estas cosas revolucionaron el mundo. (p. 44). 

Contaba mi abuela que en 1860 una lluvia de ceniza opacó el cielo y cayeron muertos los pájaros por los caminos, en los solares y los bosques vecinos (p. 52)

todas las piezas para armar el cable aéreo habían sido traídas a lomo de buey y de mula desde el puerto de Honda, o por Buenaventura (p. 54). 

Eran también medio franceses los manizaleños de otra época, primero fueron Grecolatinos, así los bautizó la República de las letras (p. 58). 

Las mujeres son mal miradas y mal comentadas por trabajar fuera del hogar, en oficinas; algunos hombres se toman la libertad de decir que sólo las coperas trabajan fuera de la casa (p. 63). 

(luego de los incendios) Manizales tiene hospitales, casa de beneficencia, biblioteca pública, colegios, iglesias, bancos, de nuevo el comercio y la industria que contaba con veintisiete fábricas en 1927 (p. 79).

Colombia es un estado cantinero y en Manizales en cada casa o local del centro que desocupan ponen una sala de juego (p. 104).


Café y ciudad o la cotidianidad en la población cafetera de Manizales
Dorian Hoyos Parra
Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de Caldas
Manizales
Mayo de 1999
112 páginas

martes, 2 de mayo de 2023

Por aquí pasamos, de Hernando Grillo Londoño

"Por aquí pasamos: relatos personales y familiares 1920-2000" es un libro de memorias y anécdotas familiares escrito por Hernando Grillo Londoño en el año 2000, con edición del autor y su familia. Aunque en PDF son 44 páginas, si tuviera una edición de libro convencional alcanzaría las 100, aproximadamente.

El libro recrea las vivencias del autor, quien en su niñez estudió en el colegio Juvenal Tejada (el papá de Luis Tejada) en Pereira, en su juventud estudió en Manizales, se casó en Santa Rosa de Cabal, vivió en Pereira y administró la enorme hacienda Bella Cruz, en el Magdalena Medio, con su sobrino Alberto Marulanda Grillo, antes de que fuera trístemente célebre por las historias de desplazamiento forzado y masacres. Una vida tan extensa e intensa interesa al lector ajeno a su familia por el contexto que ofrece sobre Pereira y Manizales en los años 30, así como el Magdalena Medio de mediados de siglo.

El autor fue sobrino nieto del escritor Max Grillo, quien aparece en alguna página y se presenta como un liberal convencido, que contradice a su hermano (abuelo del autor) por ser un conservador que solo lee el periódico El Tiempo.
También se narra una excursión al Nevado del Ruiz en 1937, así como conflictos de linderos que ayudan a entender a la luz de hoy los problemas agrarios que se incubaron en el siglo XX.

Es un libro que sin pretensiones de literatura o de historiografía, aporta datos y contexto a quienes se interesen por la primera mitad del siglo XX en el Eje Cafetero.


Por aquí pasamos: relatos personales y familiares 1920-2000
Hernando Grillo Londoño
Barranquilla, año 2000
Edición familiar
44 páginas

viernes, 14 de abril de 2023

Manizales de mi niñez 1907-1925, de Gilberto Jaramillo Montoya

El cable aéreo, el incendio de 1925, los primeros carros, juegos como el trompo y bombón, entre otros muchos tópicos hacen parte de este breve libro de relatos cortos en los que Gilberto Jaramillo Montoya (Relatos de Gil) rememora sus primeros años en Manizales, que coinciden con los primeros años del siglo XX.

Aunque tiene algunos datos útiles para historiadores, "Manizales de mi niñez 1907-1925" no es un libro escrito por un historiador ni tiene pretensiones de tipo académico. El libro compila una serie de textos cortos, como si fueran columnas de opinión, en los que el autor rememora con un lenguaje ameno algunas experiencias de la vida cotidiana de Manizales de comienzos de siglo: el menú de los almuerzos, las misas a las 5:00 am, la llegada del primer avión, las carreras de caballos y una buena cantidad de experiencias que hoy están desaparecidas y cuya consignación en formato de libro resulta hoy útil a manera de curiosidad. 


Algunos subrayados

Sobre Alejandro Gutiérrez, el primer gobernador de Caldas: "era un hombre de las tres C: católico, caballero y capitalista, y tuvo como primer Obispo a Monseñor Nacianceno Hoyos, cuando clero y gobierno actuaban de común acuerdo (p. 29). 

"A la primera misa (5 am) asistieron cumplidamente por muchos años las tres señoritas Cárdenas a las que inmortalizó en uno de sus cuadros el artista Alberto Arango Uribe (p. 36). 

En 1914-1915 el cemento era una novedad en Manizales, importado a precios altísimos (p. 45). 

Para 1922-1923 había más de 12 vehículos estacionados en la Plaza de Bolívar. La liberación femenina se presentó anticipadamente en la ciudad al ver la decisión de la bella joven Aura Escobar de tomar el volante en sus manos y conducir automóviles como todo un caballero por aquellas empinadas faldas (p. 77). 

En Manizales cuando se filmaba la novela Madre, de Samuel Velásquez, necesitó un galán, alto, moreno, bien parecido, que fuera un fiel representante de la raza antioqueña y lo encontraron justo en la ciudad: el escogido fue gabriel Gómez Pinzón, quien llenaba todos los requisitos (p. 81). 



Manizales de mi niñez 1907-1925
Gilberto Jaramillo Montoya (Relatos de Gil)
Alcaldía de Manizales-Instituto Caldense de Cultura
Manizales, 1999
130 páginas

jueves, 23 de marzo de 2023

Una mujer, de Natalia Ocampo de Sánchez


"Una mujer" fue la primera novela publicada en formato de libro por una mujer escritora de Caldas. La terminó de imprimir la Editorial Zapata "por cuenta de su autora" el 15 de junio de 1936 y a diferencia de otros libros publicados por esa editoria y escritos por hombres, éste no motivó comentarios en la prensa de la época.

En la primera página un sacerdote advierte, bajo el título de "testimonio" que "el libro no sólo no contiene cosa alguna contra la moral católica, antes bien, respira sus principios en cada frase y en todas las palabras. Vive en él el sentimiento de Nuestra Santa Iglesia, de la primera hasta la última página, de modo que es inconfundible y bien marcada la recta intención de la autora al escribir el libro en cuestión" (p. V).


El libro está dedicado al arzobispo de Bogotá y administrador de la diósesis de Manizales, Juan Manuel González, y al final de ella la autora escribe: "si algún día, sus múltiples ocupaciones, le permiten fijar sus ojos en mi oferta y si ella merece su bendición y aplauso, sería el más suntuoso epígrafe a mi pobre obrita" (p. VI).

Antes del primer capítulo la autora presenta un preámbulo en el que expone el temor que le da salir al público, dado que los críticos a veces son duros con las obras de ilustres escritores: "Qué haremos pues, los que no tenemos ningún mérito para alcanzar a tánto, ni aún mucho menos, y que sin embargo sentimos la comezón de pluma, que es como el prurito de rascar, y más aún, si por doquiera se encuentran temas de interés y hasta de necesidad? Pues hacer lo que se pueda sin aspirar a más; y sin atender a la forma ir al forndo, que en este caso viene a ser lo importante" (p. VII).

Después de todos estos preludios, viene la novela: se trata de la historia de Leticia Arango, una mujer de Manizales que se casa al escondido con Enrique. Tienen tres hijos, una niña y dos varones, y el hogar vive feliz aunque con limitaciones económicas. Para celebrar el cumpleaños de Enrique Leticia planea un paseo a La Linda, y en ese domingo Enrique se reencuentra con Lucía, un viejo amor. Ahí empieza la desgracia: Enrique se encapricha con Lucía, empieza a beber, a descuidar el trabajo, golpea a sus hijos y a su esposa y empieza un ciclo de desgracias hasta que se va de la casa, aunque la mala racha no para ahí: el hijo mayor se va de la casa, el menor muere en un accidente del cable aéreo y al final Enrique regresa a morir en la casa de Leticia y ella contrae tisis y muere en brazos de su hijo pródigo.

La novela tiene un fuerte trasfondo religioso que parte de una hipótesis: el mal marido es una opción que tiene la esposa para santificarse e ir al cielo. Leticia es entonces una mujer abnegada y sumisa, que ofrece todos sus sufrimientos a Dios.

La autora habla de política y presenta sus opiniones. Como el personaje de Enrique encarna todos los defectos entonces es, además, liberal. A uno de los personajes que va al paseo inicial a La Linda lo presenta como "Paquito Vélez (el afeminado)" y el texto está lleno de expresiones logales como "Champurriado", "charra", "ya está quedada", "no más rochela", "hijue pucha", "Usted tomó mis primicias" (por indicar que fue el primer novio), "Ijue los guapos", "eran gente de pró" (por decir gente de alcurnia),entre otros.  

Es una novela útil para comprender el ambiente que vivían (padecían) las mujeres de Manizales en los años 20 y 30: hombres omnipotentes, mujeres con escaso acceso a la educación, violencia intrafamiliar, dificultad para acceder al dinero y una influencia muy fuerte del sacerdote, en un rol que excede al de consejero espiritual y se acerca al psicólogo o terapeuta.

La novela recrea además hechos históricos de Manizales como los accidentes del cable aéreo y el incendio de 1925, que por necesidades de la historia la autora traslada para una fecha posterior. Se trata de una novela que merece leerse: si bien carece de edición y tiene personajes esquemáticos (hay incluso un capítulo, sobre una inundación, que parece como si fuera añadido), más allá de su valor como obra literaria es importante como singular testimonio de una época en la que solamente los hombres tenían voz.


Algunos subrayados

"Aquí se trata de una mujer heróica en el sufrimiento, anexo a la humanidad; mártir además por un matrimonio desacertado, sin que esto quiera decir el que no haya también hombres desgraciados a causa de una mala esposa; de todo hay, pero lo común es que la mujer sea la víctima" (p. VIII).

Pero no se trata aquí de una obra dogmática; más bien vamos en pos de enseñar a las mujeres que no han sido felices en su matrimonio, la manera de que le saquen bien a tándo mal (p. VIII).

Multitud de veces la mujer discreta y buena enmienda a un marido perverso; mas si ésto no lo consigue, no se acongoje en demasía: cámbielo por el esposo divino que es Dios y por Él y por la vida eterna soporte su cruz resignadamente; rece, medite, ore (p. IX).  

Como el cinematógrafo acabó con la inocencia, nadie se extrañará de encontrar aquí algunas escenas reales (p. X). 

es mejor poco estudio y mucha diversión. Eh, qué pereza estudiar. Ya estoy harta. Ojalá no me entraran al colegio el año próximo.
Querida: siempre es bueno sacar el grado; puede llegar el día de necesitarse (p. 30). 

En el sufrir hay doble mérito (p. 37)

(Enrique a su esposa) —¡Apártate tú, si no quieres que también te casque! (p. 39). 

—Por qué no comiste ayer en casa? Por qué no viniste anoche?
—Eso es: sigue la censura. Como si los hombres no fuésemos libres de ir y venir a donde y cuando nos plazca (p. 40). 

el inalámbrico, el radio, la prensa dan noticias del momento y casi todas ellas son catástrofes espeluznantes. Por ejemplo, las muertes repentinas, por lo regular trágicas. ¡Pobres almas, que de un sopetón están en presencia de Dios!...
—Pues no será poca sorpresa esa entrada a la eternidad así... sobre todo los suicidas (p. 53). 

La Rusia soviética, asesorada por el poder del Infierno (p. 55) 

Manizales, situada en la cima de un cerro de la cordillera Andina, cercano a los que forman la base del Páramo del Ruiz, ha tenido enormes costas y dificultades para comunicarse con todo el resto del país y con el extranjero. Sin embargo, hoy cuenta con una vía ferroviaria que por el Sur se conecta al ferrocarril del Pacífico y conduce por ende hasta el Puerto de Buenaventura. Y para ligarse con los otros puntos, por el Norte, Oriente y Occidente dispone de cables aéreos y carreteras. Y no de otra suerte podrá ser menos de esfuerzos más que gigantes, porque la posición de esta ciudad en tan elevada altura la hace casi inasequible (P. 64). 

Añadiremos que su topografía fue una aglomeración de altiplanos, como palotes informes, de suerte que para edificar o se ha llenado una hondonada o se ha derribado un barranco (p. 66). 

—¡Qué va! Es que son solapados, pero ya los conocemos como revoltosos. Entre los godos hay animalillos terribles, que rugen y obran con valor. Ahí están los Leopardos y hay águilas o AQUILINOS y hasta aguiluchos o AGUILARES..." (p. 68). 

las jóvenes pierden con la virginidad el honor y por ende la posibilidad de un matrimonio feliz (p. 83). 

Aquí mando yo y no quiero que frecuenten tánto la iglesia, lo oyen? ¡Es una desgracia vivir en corral, en donde canta la gallina! Pero les probaré que tengo espuela! (p. 85)

Todos los trances difíciles asustan antes de pasarlos (p. 97). 

lo más amado: los recuerdos gratísimos que en insignificantes objetos se guardan con amor: las flores marchitas, la esquela, el pañuelo de seda perfumado, que hacen recordar la hora y el lugar de un momento feliz; cartas y memorias del pariente, del amigo ya idos..., objetos mil de infinito valor moral (p. 101) 

A trece leguas de distancia percibieron el fatídico resplandor (...) Treinta y dos manzanas eran escombros convertidas en brasas y llamas (p.104). 

El incendio se contuvo por sí solo demarcando hasta cierto punto, como si un dedo Providente hubiera dicho: "Hasta aquí". Fué a las cuatro de la tarde (p. 105). 

Se hacía necesario zurcir sin cesar, hacer nuevo de viejo (p. 109).

Como pobres debiera de educarse la juventud porque si llegan a menos, no les sea tan sensible (p. 109).

Por mucho que tenga y sepa una mujer, le es imprescindible el saber los deberes del hogar. Auncuando, según el modernismo, trabaje en un empleo y gane mucho dinero, tiene que saber, ante todo, cómo debe organizarse una casa, porque esta es su principal misión (p 109).

Y si vienen hijos se dejan al cuidado de manos mercenarias sin que experimenten las enseñanzas, los cuidados, los consejos de una madre (p. 130).

La mujer es el confort del hogar; es el centro en torno al cual giran el esposo y los hijos; ellos la buscan cuantas veces entran a casa: ella es la que adorna, la que dirige, la que vigila, la que enseña; es en casa columna y baluarte, centro y dirección, oráculo y ejemplo (p. 131). 

nada tan conveniente como la instrucción a la mujer, pero si sube mucho, puede perder por ello su necesaria afición al hogar (p. 132). 

¡Ah, cuántos sucesos guarda la vida y cuán distintas son sus épocas! (p. 172).

las esposas cristianas que saben conllevar la vida matrimonial en cualquiera forma que se les presente, y cumplir fielmente con su difícil misión, tienen en las dificultades de la vida un venero precioso de donde pueden tomar el oro con que se compra el cielo (p. 180).



Una mujer
Natalia Ocampo de Sánchez
Editorial Zapata, 15 de junio de 1936
Manizales
200 páginas 


jueves, 26 de enero de 2023

Historia de la ciudad de Manizales, del padre Fabo, tomos 1 y 2

El Padre Fabo fue un religioso español que vivió en Colombia varios años y a finales de 1920 llegó a Manizales. Aunque su actividad principal era la religiosa, desde antes de instalarse en Manizales ya había publicado más de una decena de libros y en esta ciudad continuó escribiendo. Con ocasión de los 75 años de fundación de Manizales el Concejo convocó a un concurso para escribir la historia de la ciudad y el Padre Fabo obtuvo el primer puesto, con esta obra rica en detalles y en fuentes documentales.

La obra se divide en dos tomos. El primer tomo incluye datos de lo que él denomina "la prehistoria" de Manizales, es decir el poblamiento indígena del territorio, que según explica estuvo habitado por Quimbayas y Pacuras en regiones cercanas, aunque donde hoy se erige Manizales no hubo asentamientos indígenas. Luego narra la expedición de los veinte, que partió de Neira con 20 personas que llegaron a tumbar monte y hacer las primeras construcciones, en La Enea, luego en Minitas y después en donde hoy está la Plaza de Bolívar.

El libro incluye datos sobre el Nevado del Ruiz y el volcán, el comienzo de la educación en la ciudad, la construcción del primer hospital, el inicio de la caficultura y la organización de la vida político administrativa, así como breves biografías de los fundadores de la ciudad, los primeros gobernadores de Caldas y otras personas destacadas de la ciudad.

Si bien el texto deja ver el clasismo, el racismo y la consideración de lo blanco y lo español como superior a lo indígena y lo mestizo, esta obra no puede juzgarse desde el presentismo. Es un documento valioso, completo y rico en detalles y datos precisos, que permite acercarse al origen del poblamiento de Manizales, las costumbres de la ciudad y los códigos culturales que tuvieron vigencia durante la segunda mitad del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX.

La obra trae curiosos datos estadísticos: informa que en 1880 Manizales tenía "14.000 habitantes; la ciudad tenía 13 carreras y 18 calles, con 180 manzanas. Había un coche ya en este año de 1880 donde cabían cuatro personas cómodamente y se pagaban 20 centavos por hora" (p. 181). Para 1924 la población de la ciudad ya era de 52.000 habitantes. 4.216 niños estaban matriculados en colegios públicos y privados, urbanos y rurales (p. 131), en contraste, para el mismo año había 3.710 niñas matriculadas.

Aunque el tomo 2 se dedica a la literatura, en el tomo 1 se encuentran algunos datos de interés. Por ejemplo, fue Uva Jaramillo Gaitán quien le informó al Padre Fabo que el nombre indígena del Nevado del Ruiz era Cumanday o Camunday (p. 52).

Así mismo informa que Felipe Marquez fue el primer encargado de la oficina de Registro, que se abrió en 1863, y el segundo fue Miguel M. del Valle, "esposo de la famosa poeta Agripina" (p. 115). En 1870 el esposo de Agripina Montes del Valle también hizo parte de la junta que se encargó de recoger recursos para abrir el primer hospital en Manizales (p. 133).

En 1874 Sara Jaramillo de Velásquez y su esposo Fernando abrieron en Manizales un colegio "muy acreditado" para señoritas, en el que "quedan gloriosamente registrados los nombres de doña Dolores Macías de Escobar, Virginia villegas de V, Narcisa Bustamante de Sarabia y Agripina Montes del Valle (p. 128). De Agripina Montes se reproducen unos versos escritos cuando ya vivía en Bogotá, con ocasión del derrumbe de la catedral en construcción, que se vino al suelo por un terremoto ocurrido el 5 de noviembre de 1884 (p. 177).

Sobre Alejandro Restrepo R, director de El Ruiz, el primer periódico de Manizales, el padre Fabo indica que fue el primer telegrafista de la ciudad. "La oficina telegráfica, sistema circuito cerrado, se comenzó a establecer aquí por cuenta del Estado Soberano de Antioquia a principios de 1871 y fue el primer telegrafista Alejandro Restrepo. (...) Cosa de un año tardó en darse al servicio público y luego se tendieron los alambres telegráficos hasta Cartago (...) pero aconteció que los de Cartago se abstuvieron de emplear los servicios del aparato y se clausuró la oficina en aquella ciudad y el Gobierno de Antioquia recogió y guardó los alambres. Cosa análoga sucedió con los manizalitas, pero el Gobierno no quiso retirar aquel avance del progreso y esperó a que se fuesen acostumbrando a él, como se verificó con el auge del comercio y el refinamiento de las costumbres (p. 147). 

Más adelante, en la p. 189, se menciona un Alejandro Restrepo R. como secretario del primer Juzgado superior que operó en Manizales, a partir del 4 de abril de 1897. 

La historia del periódico El Ruiz se narra en diversos apartes (pg 149), aunque el padre Fabo indica que él solo tuvo acceso al número 7 de El Ruiz, del 1 de enero de 1975, y no conoció la colección completa (149).

Se indican los nombres de los primeros colonizadores que atravesaron la Cordillera Central a la altura del Nevado del Ruiz, el origen del nombre del nevado y detalles sobre excursiones más recientes, como una del ingeniero Bernardo Escobar (p. 175), quien cuenta que fue al Nevado y se quemó tanto la cara que no podía ni siquiera tocarla con los dedos, y que tuvieron que avanzar casi gateando y con los ojos cerrados por el resplandor del sol, y esto pese a que habían ahumado las gafas para protegerse los ojos. 

El Tomo 1 trae curiosidades como la lista de los primeros impuestos que se cobraron el la ciudad, un censo de profesiones y concluye con capítulos dedicados a la vida y obra de los primeros gobernadores de Caldas, desde 1905 hasta 1924.

El tomo 2 continua con la paginación del primero, así que va desde la página 415 a la página 699. Este tomo trae dos partes: una primera, dedicada a la historia literaria y artística de Manizales, y la segunda dedicada a la vida eclesiástica. En la primera parte el Padre Fabo incluye un inventario de 137 periódicos y revistas que circularon en Manizales entre 1874 y 1924, así como nombres y datos de escritores e intelectuales. Este inventario tiene su origen en el trabajo previo "sobre la estadística de los periódicos" elaborado por Manuel Isauro Echeverri, aunque el Padre Fabo indica que él mismo aportó nuevos impresos. 

Entre los datos de interés, señala que "Desde 1877 hasta 1880 editáronse sucesivamente (en Manizales) cuatro periódicos" (p. 422) y a finales del año 1916 existían en Manizales ocho imprentas, a saber: Imprenta Departamental, El Renacimiento, La Idea, Tipografía Comercial, Tipografía Rivas, Tipografía Manizales, Imprenta de San Agustín e Imprenta de la Diócesis" (p. 453).

En la larga lista de nombres de colaboradores de estos periódicos el registro de mujeres es excepcional. Agripina Montes del Valle figura como colaboradora de El Ruiz (fundado en 1874), la "señorita María Macía", aparece como colaboradora de Renacimiento, fundado en 1914 por Justiniano Macía (p. 453), y la "señorita María Rojas Tejada" aparece como colaboradora de El Eco, fundado y dirigido en 1915 por Pedro Luis Rivas. Adicionalmente, María Macía aparece como ganadora en 1917 de un concurso literario: "En 1917, con motivo del centenario de Policarpa Salavarrieta, hubo otra lid floral, en la que vencieron don Roberto Londoño Villegas con un canto "A la sangre", doña María Macía con un cuento intitulado "Resignación" y don Francisco Botero (premio extraordinario de cien pesos) con su canto "Al Ruiz" (p. 467).

Como curiosidades, indica que el periódico El Artesano se publicó en 1904 y "se suspendió a causa de censura eclesiástica por haber dedicado el último número al enaltecimiento de un suicidio"; en El Arlequín, fundado en 1911, "salieron varias caricaturas", y más adelante se menciona como primer caricaturista de la ciudad a don Arturo Patiño Callejas, de quien además se incluye su foto y se indica que escribió un sentido obituario sobre su amiga Agripina Montes del Valle. Patiño ejerció también como historiador empírico, en la medida en que conoció a varios fundadores o descendientes directos de fundadores de Manizales.

En cuanto a la vida literaria, señala que "en 1885 floreció en esta ciudad un centro de jóvenes con el nombre de Sociedad Literaria(...) Fue quizás la primera fundación de esta índole que hubo en Manizales, allí se iniciaron en las disciplinas literarias algunos de nuestros escritores (...) La Sociedad Literaria comenzó a funcionar en la casa de don Luis Mejía Gutiérrez (...) después funcionó en casa de don Pablo Jaramillo (...) (las sesiones) se celebraban en las primeras horas de la noche con asistencia puntual de los socios y guardando orden y compostura rigurosos; quien faltaba a las sesiones se le grababa con multas y quien alteraba el orden o cometía alguna falta se le procesaba como en un juzgado (p. 423). La Sociedad Literaria fundo al fin un periódico que le servía de órgano, llamado La Primavera (p. 426). 

El Padre Fabo muestra que desde el comienzo la ciudad tuvo dos docentes que tuvieron interés y amor por el periodismo: José María Restrepo Maya y Jesús María Guingue Carvhalo. El segundo fue coordinador del colegio de Restrepo Maya, el Santo Tomás de Aquino, y "amaron el periodismo, leían toda la prensa de la República, conocían el movimiento intelectual del Extranjero, escribieron libros y redactaron periódicos con la perfección con que podía redactarlos cualquier población colombiana" (p. 428). Estos dos hombres fueron los encargados de formar a los jóvenes intelectuales de Manizales durante las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX. Sobre José María Restrepo Maya el Padre Fabo agrega que "dejó inédita una novela en francés, que no ha llegado a mis manos. Sería curioso precisar en qué año la escribió, pues acaso pasaría como el protonovelista". 

El Padre Fabo dedica capítulos para estudiar por separado cada uno de los géneros literarios. En novela analiza las obras Al pie del Ruiz y Madre, de Samuel Velásquez, Montañera y Rosalba, de Arturo Suárez Denis, Luchas Sociales, de Jesús Arenas, y "Elena" e "Inés", obras sobre las que no incluye el autor.  De acuerdo con Fabo "la novela antioqueño-caldense resulta ultrarregional y más fomenta la ley de la procreación dialectal que la unidad y fijeza de las leyes por las que debe regirse el castellano" (p. 465). Critica por ejemplo la obra de Samuel Velásquez, quien en Madre escribe sobre la mazamorra y los arrieros,en el lenguaje que usan ellos, modificando las palabras para acercarlas a la oralidad: "si el cuento y la novela manizalitas han hecho sus escarceos por este género de literatura, cayeron muy luego en el vicio de inspirarse en el naturalismo del hampa y de las aberraciones sociales, y por eso vemos que florecen, pero con las caedizas flores del mal, con los hongos venenosos del crimen, con acciones que no retratan el estado moral del alma colectiva sino las morbosas claudicaciones de individuos que forman excepción" (p. 466)

Agrega: "¿Por qué los relatos novelescos han de ser casi siempre casos morbosos de suicidios, de neurosis aguda, de tragedias inauditas, cuando esta sociedad es tranquila, ecuánime, sin problemas insolubles para eso que llaman los modernistas imperativo categórico de la existencia y yo llamaría limpio y honrado pan de cada día?" (p.468). Páginas más adelante llega más lejos y en su comentario sobre la novela Al pie del Ruiz indica "Decididamente esa Hermana Basilia aparece antimanizaleña y debe ser exclaustrada en la edición segunda del libro". 

A las novelas las critica por hiperlocales o inmorales y los poemas por abundantes (hay más poetas que bueyes) y por insistir en el soneto como única forma posible: "no me explico la causa de emplear el soneto como módulo de inspiración y recipiente escogidísimo de rimas ¿Será porque, como se ha dicho que forma el género literario más difícil, todos quieren hacer pinitos de triunfadores? (...) "el soneto malo se parece al erupto de los pletóricos, a la carcajada del payaso, al quejido del cobarde, a una dosificación quintaesenciada de la ineptitud, es decir, catorce rengloncitos de palabras sin ideas (...) Sonetear es asesinar la poesía. Se ha dicho que Colombia es el país de los sonetos, pues el que quiera sonetos malos, y con estrambote, que venga a Manizales" (p. 469).  

Entre los cronistas de su momento, Fabo menciona a "Julio Vives Guerra, Jeromín, Petronio. Recuerdo a éste en el delicioso relato de su primer vuelo en aeroplano a Manizales" (491). También incluye a Rafael Arango Villegas, a "Eduardo Londoño Villegas es el de las proasas mágicas y majas. También me cautiva Leonidas López" y por último incluye a Tomás Calderón y Horacio Isaza. 

Dedica un capítulo a los artistas plásticos, entre los que incluye al escritor Samuel Velásquez así como a algunas mujeres; otro capítulo se dedica a las mujeres manizaleñas, a quienes presenta dedicadas a la caridad y como abnegadas esposas, y en otro capítulo, titulado "Las tres gracias", se refiere a Agripina Montes del Valle, Uva Jaramillo Gaitán y Blanca Isaza de Jaramillo Meza, de quienes escribe algunas frases amables, aunque al mismo tiempo critica la calidad de sus textos o les llama la atención por no ser lo suficientemente místicas. Sobre Uva Jaramillo Gaitán concluye: "saludo a la princesita de las páginas azules y proclamo que puede codearse ufanamente con Tita Uribe, María Cano, Luz Stella, Sofía de Navarro y María Eastman" (p 521): es decir, por un lado es Fabo quien autoriza que se codee con otras escritoras, y por otro lado es claro que su rol es entre mujeres y no entre los escritores hombres. Que los capítulos de dicados a los distintos géneros literarios no mencionen mujeres resulta elocuente.

Las últimas 150 páginas del segundo tomo se dedican a la tercera y última parte de la obra, que consiste en la historia eclesiástica de Manizales, que incluye biografías de algunos sacerdotes, la historia de la diócesis y de la construcción de la Catedral, la parroquial (la Inmaculada), la Iglesia de San José y la de los Agustinos.  

Algunos apartes del tomo 1
Resulta verdad que el tipo manizaleño es netamente español sin influencias aborígenes, y sin mestizarse con judíos ni con latinos (p. 15).

Decir manizaleña es decir doncella pudorosa, esposa fidelísima y reina del hogar (p. 17).

Es preferible ver a los niños salvajes, que educados sin Dios (...) por una especie de sarcasmo del progreso, resulta que cuanto más instruídos los pueblos, son tanto más delincuentes, porque las letras sin moralidad facilitan los medios de la depravación (p. 132). 

Manizales es un guadual urbanizado (p. 179)

Manizales duerme, alegre y confiada, al pie de un volcán que ha explotado 18 veces (p. 252).

Algunos apartes del tomo 2
"La capital caldense carece de la riqueza bibliográfica de la Atenas suramericana, pero ¿cuántos Bogotás hay en Colombia? Y si es verdad que Manizales en el último cuarto de siglo dio más escritores en número y más valiosos que en toda su vida anterior; sin embargo de ello, ni todos los contemporáneos son buenos ni todos los antepasados fueron malos, y comparativamente hablando, el movimiento literario del siglo XIX aventajó en algunos aspectos al del XX" (p. 445). 

"Si en los primeros periódicos de Manizales predominaba el artículo doctrinal, ex-cátedra, después se mezcló con él el de polémica, enérgico, combativo, satírico, derribador de rutinas perniciosas y de abusos en los gobernantes; y a este aspecto se viene uniendo hace años la importancia del reportero o revistero, lince noticioso, entrometido, sensacional y comentarista"(p. 448).

"Confieso que he visto en las colecciones de esta prensa gracia e ingenio para los títulos y subtítulos de la información, refundiciones de doctrina bien hechas, arte para combinar el aviso con la gacetilla y con el fragmento doctrinal o anecdótico, llamativos encabezados, con caracteres de adorno y adecuada presentación gráfica, y además sumarios de los artículos de fondo que permiten enterarse del contenido del texto en dos minutos" (p. 448).

"El periódico y la revista fueron y son principal órgano de nuestra literatura, Olimpo de los poetas, Academos de los oradores y sabios, hogar de los historiadores, teatro de noveladores y cuentistas, y escuela y a la vez joyero de las letras patrias" (p. 448). 

"aún las coplas campesinas coinciden así en Casanare como en Caldas, como en la Costa Atlántica y otras zonas" (p. 463). 

"En la severa Inglaterra, donde se editan de nuevo dos mil novelas anualmente, aumentan, sí, y lo que es peor escritas por mujeres. ¡La novelista-hembra! He aquí el mayor contrasentido del arte inmoral cultivado por quienes, debiendo ser ángeles de luz, se truecan en harpías coronadas de serpientes", (p. 467).

"En Manizales hay más poetas que bueyes. Y eso que en las estadísticas de la arriería, antes de existir el cable aéreo, había diecisiete mil". (P. 469)

"Sonetear es asesinar la poesía. Se ha dicho que Colombia es el país de los sonetos, pues el que quiera sonetos malos, y con estrambote, que venga a Manizales" (p. 470). 

"El que más se presta a revelar las ignorancias del crítico, porque criticar es muchas veces oficiar de bobo" (p. 484).

"Los libros no nos resultan lo que son sino lo que somos" (p. 484).

"¡La maternidad! Tal es la primera función social de la mujer" (p. 537).

"Una madre con ideas irreligiosas supera en horro a la Medusa coronada de vívoras" (p. 538). 

"Muchas veces los hogares son pobres en todo menos en hijos". 


Historia de la ciudad de Manizales Tomo 1
Fray Pedro Fabo de María
Tipografía Blanco y Negro
Manizales, 1926
438 páginas

Historia de la ciudad de Manizales Tomo 2
Fray Pedro Fabo de María
Reeditado por Editores Ltda, diciembre de 1979, a partir de la edición de Tipografía Blanco y Negro, Manizales, 1926
294 páginas

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Estampas de Manizales, de Juan Bautista Jaramillo Meza

Juan Bautista Jaramillo Meza fue un poeta, periodista y gestor cultural nacido en Jericó (Antioquia) en 1892, que se radicó en Manizales desde 1916, año en el que se casó con la escritora Blanca Isaza de Jaramillo Meza. 

Estampas de Manizales es un libro publicado en 1951 en el que el autor presenta en 25 capítulos algunos de los personajes claves en Manizales en los años 20 y 30 (Aquilino Villegas, Mario Arana, Justiniano Macía, Alfonso Villegas, Jesús María Guingue), así como su memoria sobre los incendios de 1925 y 1926, el origen del periodismo en Manizales, las tertulias literarias y algunas pugnas políticas.

El estilo de Jaramillo es elogioso y se centra en resaltar y magnificar las virtudes de los protagonistas de las crónicas. En medio de esa ampulosidad, resultan muy interesantes los datos y detalles sobre esos primeros años de la vida en Manizales, luego de que se erigiera el departamento de Caldas, en 1905: años de conservatismo ideológico y de prosperidad económica, gracias a la bonanza del café. 


Algunas frases

la literatura caldense empezó en forma con los escritores de "Revista Nueva". Hacia atrás sólo hay nombres de un valor relativo que se conservan únicamente por haber sido los iniciadores (p. 30). 

No había vehículos en la ciudad. Apenas sí un solo automóvil de alquiler, un poco desvencijado (p. 66).

Los dos últimos incendios han dejado en cenizas treinta y cuatro manzanas y la Catedral, en el centro de la ciudad generosa, en nueve meses nada más, y no obstante estas catástrofes sin precedentes en la historia de las ciudades colombianas, Manizales está en pie, más firme que antes, con una riqueza mayor (p. 84).

(Sobre Aquilino Villegas) que no le faltara durante el viaje, en barcos del Magdalena y por caminos de herradura, la leche caliente que rigurosamente necesitaba su organismo. Y no le faltó, porque el Capitán dio el permiso correspondiente para transportar una vaca en el mismo barco (p. 96). 

(Sobre Mario Arana) fue revolucionario en la tribuna, en la prensa y en el parlamento. Al lado de Fidel Cano libró más de una batalla y recibió impasible censuras eclesiásticas (p. 120).

solía meditar en el absurdo de que todas las cosas pudieran convertirse en polvo, en nada, sin que una huella, siquiera leve, dijera al mundo, al declinar de la vida, del paso del hombre sobre la tierra (p. 124). 

los hombres son, no como afirmen unos cuantos, sino como nacieron y vivieron, y obraron y padecieron (p. 176). 

Ciudad sin periódico es ciudad muerta, al margen de la civilización (p. 201). 

(escrito por JB Jaramillo en un editorial de Renacimiento en 1932) entendemos el deber del periodista como un apostolado, ya que su labor es el termómetro que marca el grado de culptura de los pueblos. El concepo del periodista, en estas latitudes, pesa de un modo sorprendente en la opinión pública, siempre inquieta y ansiosa. Por eso se le exige independencia, honradez y carácter (p. 210). 

en esta ciudad y en este departamento, por muchísimos años fue inmensa la mayor+ia conservadora. Era lo natural en tierras nuevas que colonizaron viejos patriarcas antioqueños, y que poblaron luego gentes de fuerte raigambre religiosa (p. 221). 

Esto, mil veces repetido, constituye la tragedia moral de un director de periódico. No hay tiempo para leer, no hay tiempo para pensar, no hay, casi, tiempo para escribir. El editorial, el artículo de fondo, los comentarios imprescindibles, todo, tiene que ser a la ligera porque los operarios impacientes piden originales y las máquinas esperan para poder cumplir su cometido (p. 239). 

Estampas de Manizales
Juan Bautista Jaramillo Meza
Imprenta Departamental de Caldas
Manizales, 1951
246 páginas

viernes, 23 de diciembre de 2022

Blanca Isaza: escritora y editora (1898-1967), de Jorge Mario Ochoa Marín

Blanca Isaza de Jaramillo Meza fue una escritora nacida en Abejorral en 1898, y radicada en Manizales desde muy joven. Aunque siempre se dedicó a la actividad literaria, como autora de poemas, cuentos y como fundadora, directora y editora de la Revista Manizales, en donde publicó numerosos editoriales, crónicas y textos de diverso tipo, durante varias décadas fue conocida como la esposa de Juan Bautista Jaramillo Meza, como si el mérito mayor fuera ser la "esposa de".

Este libro del profesor Jorge Mario Ochoa es una versión de su tesis doctoral, accesible para el público no iniciado. En esta obra el profesor presenta el contexto de las mujeres escritoras en Colombia a comienzos del siglo XX, el papel de la prensa como espacio para las mujeres autoras, y luego se ocupa de la obra de Blanca Isaza, con particular énfasis en su narrativa: los cuentos y lo que publicó en "Itinerario Breve" la sección fija que tuvo en la revista Manizales. 


Como lo señala Ochoa, Blanca Isaza fue una escritora de prensa y eso moldeó su lenguaje, la extensión de sus textos y su tono. Así mismo fue una escritora conservadora, cercana a los parnasianos y el estilo de Guillermo Valencia, y renuente a nuevas formas literarias como las que surgieron con Piedra y Cielo. Su conservadurismo se amoldó bien al espíritu de la ciudad y también a los intereses de los comerciantes que con sus anuncios sostenían la revista. En ese sentido Blanca Isaza encarna un tipo de escritora que se presenta como "el angel del hogar": una autora que se amolda a lo esperado en su tiempo para las mujeres, como hijas, madres y esposas. 

Se trata de un libro valioso para el estudio de las escritoras colombianas y en particular de las escritoras del Gran Caldas, que hasta ahora han sido muy poco abordadas desde el ensayo académico. Contrasta el profundo trabajo investigativo y analítico que presenta el autor con el descuido en una edición universitaria que trae numerosas erratas, que delatan la falta de un buen proceso de edición y corrección de artes finales. 

Algunas citas

Su escritura se desenvuelve en medio de la actividad cotidiana (p. 12).

Jana Marie Dejong sitúa a Blanca Isaza, junto a Laura Victoria, Juanita Sánchez Lafaurie y Paz Flórez, entre otras, en la generación que marcó el tránsito entre las escritoras románticas del siglo XIX -Josefa Acevedo de Gómez, Soledad Acosta y Agripina Montes- y una nueva generación que empezó a publicar durante la década del 40, ya aclimatada a las nuevas corrientes estéticas del siglo XX (p. 15).

la generación de escritoras colombianas nacidas en el umbral de los siglos XIX y XX, que empezó a publicar en periódicos y revistas entre las décadas de 1910 y 1930. Su iniciación en la literatura representó -para las mujeres en general- el salto de la lectura a la escritura (p. 22).

El ritmo de la escritura se adapta al ritmo de la vida doméstica, los temas relacionados con las labores se incorporan a los poemas, moldean su voz, su vocabulario y las representaciones de su yo (p. 23). 

Los textos de Blanca Isaza fluyen entre la revista y el libro: en la mayoría de los casos, su fuente es la producción del poema, la crónica o el cuento para la revista y el final del ciclo es la recopilación del texto en un libro, unos años después (p. 24). 

Al finalizar el siglo, en medio de un índice de analfabetismo que alcanzaba el 80%, el 34% de la población alfabetizada era femenina. La educación fue su primera oportunidad de profesionalización: un 37% de los institutores eran mujeres (p. 31).

Las mujeres latinoamericanas debían compaginar el modelo cristian de la madre abnegada y devota, con el modelo de la madre educadora que requería la nación y de cuya instrucción dependía la virtud moral de la sociedad (p. 33).

la poesía fue un importante vehículo para la transmisión de los valores patrióticos, el culto de los héroes y la preservación de los monumentos (...) El prestigio del poeta en el siglo XIX tiene mucho que ver con una educación que tenía como tarea la preservación de la memoria histórica. La formación moral de las futuras madres debía pasar necesariamente por la literatura; la base de su formación ciudadana era la lectura de los poetas más respetados (p. 33). 

Para mantener su nombre a salvo de la publicidad, la mayoría prefería firmar sus escritos con seudónimo. Fueron autodidactas, al igual que muchos escritores de la época, pero todavía estaban marginadas de los cafés y espacios públicos donde los hombres discutían o se enteraban sobre autores y publicaciones recientes, donde podían tratar con los escritores y conocer nuevas propuestas estéticas. Existía también el viejo tempor de las mujeres de letras a ser tildadas de "bachilleras" (p. 37).

asumían una actitud dubitativa frente a la propia obra que podía pasar por falsa modestia, pero no era así. Reconocían que hacían versos, pero como si estuvieran pidiendo disculpas por ello (p. 38).

La producción literaria de las autoras de esta época estuvo limitada a publicaciones breves en la prensa (poemas y cuentos, principalmente) y concursos literarios para mujeres; muy pocas tuvieron la oportunidad de publicar libros (de escasa circulación, además).(p. 39). 

la mujer altiva, combativa y a veces jactanciosa que hablaba en su primer libro, se transformó luego en la sumisa, sencilla, casi infantil y dada a pasar por desapercibida, con la cual terminó por identificarse en la mayor parte de su obra (p. 71).

(Escribe el padre Fabo): se editaban cada vez más novelas "y lo que es peor, escritas por mujeres. ¡La novelista hembra! He aquí el mayor contrasentido del arte inmoral cultivado por quienes, debiendo ser ángeles de luz, se truecan en arpías coronadas de serpientes (p. 77).

en sus escritos aparecían con frecuencia palabras como castidad, pulcritud, recato, decoro, virtud, ternura y devoción. Los lectores, en su mayoría varones, veían en ella el reflejo de las mujeres de sus propios hogares (p. 87). 

Blanca resaltaba el hecho de que fue escritora de cuentos desde el primer momento; la razón era que con ellos podía explorar su "sentido trágico de la vida" y el de sus personajes. Esta explicación revela, en primer lugar, una tensión que la autora advirtió desde temprano y la llevó a alternar entre los dos géneros como formas de expresión del estado del ensueño y de la mirada cruda de la vigilia (p. 92). 

al no encontrar más opciones, como el ensayo o el artículo de opinión, las escritoras colombianas de esta época debieron recurrir a la poesía y el cuento para poder publicar en las revistas culturales. La poesía fue el género más popular entre ellas porque era el que daba prestigio, pero el cuento resultó ser el camino idóneo para hablar de una realidad inmediata no idealizada (p. 93). 

Las revistas literarias de la época debían servir de bisagra entre un público letrado que consideraba la literatura un signo de prestigio social y otro sector que había llegado a la cultura por otras vías alternas a los libros: el cine, la radio, los espectáculos teatrales, los periódicos y las revistas" (p. 95). 

tanto la estructura misma del cuento como su propia condición femenina forzaban a la autora a abordar los hechos desde el conflicto trágico de las mujeres, atrapadas en los valores de una sociedad dominada por los hombres (p. 103). 

Es también explícita la simpatía de la autora por el personaje masculino (...) el excesivo celo por enfocar los hechos desde una mirada masculina le impide a la autora ver el conflicto desde la perspectiva de la muer (p. 107). 

la literatura aún no tenía ojos ni voz para ella. La autora no aborda la perspectiva de la mujer; el lector ignora la dimensión de su soledad: solo puede imaginarla debajo de sus palabras (p. 108).

Las revistas literarias, sobre todo en la provincia, cumplieron la doble función de popularizar la cultura letrada y de impedir la entrada de nuevas corrientes estéticas y literarias (p. 115). 

Como es usual en los cuentos de Blanca, a pesar de que los personajes femeninos ocupan el centro de las historias, los hombres son quienes juzgan, aceptan o reprueban el comportamiento de las mujeres (p. 118). 

Blanca se constituyó en una de las primeras autoras colombianas de esta generación en abordar delante de los lectores su propia condición de escritora, a pesar y en medio de las relaciones de sometimiento en que se encontraba la mujer. no es contestataria ni marginal; en lugar de ello prefiere adaptarse e integrarse a esa situación (p. 119). 

Gabriela Mistral llamaba "oficio lateral" a aquellas labores manuales sobre el tejido, la madera o la tierra que muchos escritores habían convertido en afición permanente para distraerse de la actividad intelectual y mantener el ánimo jovial (p. 145). 

(Angela) Robledo llama "retórica del autodesprecio", caracterizada por el uso de expresiones como "modestia", "humildad", "ingenuidad", que disminuyen el yo de la mujer dentro del discurso (p. 155).

El caso de la revista Manizales es especial en el país, en cuanto se trata de una publicación dirigida por una mujer, pero orientada hacia un público letrado, en su mayoría masculino (p. 160). 

Manizales se presentaba, así, como un eslabón en la historia de la prensa y de la cultura letrada que había empezado en el XIX con El Ruíz. Periódico científico, literario e industrial, publicación semanal fundada en 1874 por Alejandro Restrepo, primer telegrafista e impresor de la ciudad. Después de l Ruiz hubo alrededor de veinte publicaciones periódicas bastante fugaces en el XIX que desaparecieron, ya por fracasos económicos o por estar supeditadas a temporales intereses partidistas. no obstante, entre 1877 y 1880 se editaron sucesivamente cuatro periódicos. El padre Fabo en su Historia de Manizales (1926) afirma que, en 1880, cuando la ciudad contaba con 14.000 habitantes, había 283 suscriptores de periódicos que sumaban en total 925 pesos por pago de suscripciones (p. 164). 

Ya en 1916 la ciudad contaba con las tipografías Manizales, Renacimiento, Rivas, Comercial, La Idea, así como las imprentas Departamental de Caldas, de San Agustín y de la Diócesis (p. 166).

Entre 1914 y 1924, Justiniano Macía fundó y dirigió Renacimiento, el primer diario departamental de información alejada de la política bipartidista (p. 168). 

esa intensa relación epistolar en la cual Jaramillo Meza era experto, era la dinámica propia de un mercado de papeles impresos que comenzaba con la publicación de textos cortos para periódicos y revistas, seguía con el cultivo de contactos a través de esos medios y concluía con la recopilación en libro de estas producciones luego de los años. El canje de revistas literarias sirvió de vitrina para muchos escritores de todo el continente; por medio de este intercambio se tejió una red de escritores, lectores, editores y vendedores que funcionaba como vehículo de propaganda para la circulación de libros (p. 171). 

La preocupación de fondo en el editorial de Aquilino Villegas fue también la de la pareja Jaramillo Isaza, tanto en Azul como en Manizales: alcanzar una relación recíproca y armoniosa entre los poetas y los dueños de la riqueza y la mercancía (p. 176). 

el canon de la revista fue fundamentalmente nacionalista, masculino y centenarista en su concepción de la poesía; aparte de Blanca Isaza, quien figuró casi siempre como autora de los cuentos que recogería más tarde en Los cuentos de la montaña y La antigua canción, solo hubo cabida para los hombres (p. 178). 

Manizales se financiaba con los anuncios de comerciantes de Caldas o empresas nacionales con intereses en la región; para ello era importante la amistad con escritores y con personas cercanas al mundo de los negocios: bibliotecarios, diplomáticos, empresarios, académicos, ministros, editores, libreros, etc., de esas relaciones dependían los anuncios publicitarios que permitían sostener la Revista (p. 192). 

Para estos autores la prensa fue su entrada a las letras y en algunos casos su forma de ganarse la vida. La prensa del país y, especialmente, la regional, sujeta a las luchas continuas por el poder entre los dos partidos hegemónicos, era también la escuela de los jóvenes políticos para el dominio de la oratoria y el contacto con el público, antes de lanzarse a la plaza pública y a las tribunas del parlamento (p. 197). 

El placer arqueológico de desenterrar lo no publicado, era una de las caras de esa sensibilidad conservadora que desconfiaba de las manifestaciones estéticas modernas y se aferraba al pasado mediante el rescate de la joya rara y oculta (p. 199). 

Las dos Manizales -revista y ciudad- rendían culto a España mas que como un lugar de la geografía, como patria espiritual, ya que era la cuna de la lengua y de don Quijote, caballero del ideal. El epíteto "cervantino", frecuente en el vocabulario de la directora, remitía también a ese doble origen de la lengua y de la hidalguía hispana. (p. 218). 

Blanca Isaza fue, esencialmente, escritora de prensa; sus libros hacían parte del engranaje de Manizales, no solo porque derivaban de lo que publicaba allí, sino, además, porque la revista en general funcionaba como plataforma de publicación, promoción y distribución de los libros (p. 233). 

fatalmente, la obra de Blanca Isaza hizo parte de esa literatura impermeable o adversa a la crítica de verdad y se resignó al elogio efímero de los lectores de prensa (p. 235). 

Esa relación recíproca y de afecto que se renovaba en cada número de Manizales creó entre su público la imagen de Blanca Isaza como madre y abuela en las letras de la región; pero la magia que producía el artículo en el marco de la prensa perduró hasta la muerte de la autora; hoy, al sustraer la obra del diálogo con su tiempo, esa magia pareciera haberse extinguido (p. 236). 

(Luis) Tejada le imprimió a la crónica lo que García Usta ha llamado "autonomía imaginaria", es decir, trabajó un género de prensa con los mismos recursos creativos "y la misma aspiración de intemporalidad de los escritores de ensayo y de ficción (p. 242) 

hay dos categorías irrenunciables que subyacen a todos los "itinerarios": su condición de mujer y su personalidad de poetisa (p. 247). 

El "Itinerario breve" trasladaba al papel una concepción tradicional de lo femenino que compaginaba palabra y hogar (p. 252). 

Blanca fue poetisa en sus crónicas, no sólo por ese trato ornamental con la palabra que acostumbraban los modernistas, sino principalmente porque usó la prosa con imaginación poética (p. 254). 

La iniciación de Blanca como escritora ocurre entre el proceso de formación de élites letradas durante la colonización antioqueña, y la experiencia incidiosa de la modernidad que puso en crisis las tradiciones (p. 282).

La continuidad entre un discurso fundacional y otro apocalíptico es un rasgo común de las escritoras colombianas que nacieron y se formaron entre la guerra de los Mil días y las celebraciones del primer centenario de la Independencia, entre el ocaso del romanticismo y el auge del modernismo; y aunque coinciden en muchos aspectos con los escritores de la Generación del Centenario, sus nombres aparecen muy poco en los libros de historia. La literatura fue para ellas un camino hacia la emancipación de las labores domésticas (p. 282). 

el trabajo periodístico, a la vez que le sirvió de profesión, moldeó por completo la obra en cuanto a extensión, tiempo de elaboración, temas, técnicas, lenguaje y comunicación con los lectores (p. 284).

El periódico fue también, de manera general, el espacio de formación del escritor colombiano durante el siglo XX. La colaboración permanente para estas publicaciones le dio disciplina y regularidad a su quehacer; pero, al mismo tiempo, condicionó su obra al inmediatismo y a las circunstancias de la comunicación que regían a la prensa escrita. En muy pocos casos el texto hecho para los lectores de prensa sobrevivió al tiempo para el cual se escribió (p. 285). 

Blanca vio en la literatura una oportunidad de ascenso social de la mujer sin quebrantar de golpe el viejo orden dominado por los hombres, con la idea de que su influyente posición de escritora, periodista y editora, le permitiría minar esa vieja estructura desde el interior de la ciudad letrada. Asímismo, desde la reveista defendió el derecho de las mujeres al trabajo remunerado, festejó la llegada de las primeras mujeres a la universidad, tomó partido por el sufragio femenino y combatió a quienes se oponían a sus derechos. En un tiempo de tránsito a la modenridad, la sociedad tradicional no impidió de manera explícita que las mujeres se dedicaran a la literatura, siempre y cuando pudieran hacerlo sin dejar de cumplir su misión fundamental como madres y esposas; no lo porhibía, pero la carga hacía casi imposible que pudieran pensar en ser escritoras; efectivamente, pocas mujeres de su generación pudieron lograrlo (p. 286). 

Blanca Isaza: escritora y editora (1898-1967)
Jorge Mario Ochoa Marín
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2022
325 páginas