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viernes, 26 de junio de 2026

El sujeto sufragista, feminismo y feminidad en Colombia 1930-1957, de Lola G. Luna

Este libro, editado por primera vez en 2004 y reeditado en 2025, consiste en un trabajo de interpretación sociológica y discursiva de los procesos sufragistas en Colombia, a partir de tres períodos que delimita la autora: 1930 a 1943, 1944 a 1948 y 1949 a 1947. El derecho al voto se aprueba el 25 de agosto de 1954 en la Asamblea Nacional Constituyente y se refrenda en el plebiscito del 10 de diciembre de 1957, fecha en la que por primera vez votan las mujeres en Colombia.

Se trata de un trabajo riguroso y completo en el que la autora Lola G. Luna explica dos vertientes del sufragismo colombiano: la feminista, más asociada a movimientos liberales y socialistas, y la femenina, de tradición conservadora y católica. De acuerdo con la profesora Luna, la particularidad del proceso colombiano radica en el rol que cumplió el movimiento conservador dentro del sufragismo y cómo esa visión que intenta conciliar los nuevos derechos políticos para las mujeres con el modelo mariano de ángel del hogar pervive en la cultura colombiana.

El libro es rico en nombres, referencias y fuentes bibliográficas. La periodización propuesta permite observar la evolución de la discusión y evidencia que si bien el debate comenzó en la República Liberal, fueron los liberales quienes inicialmente se opusieron al voto femenino, mientras que los conservadores se mostraron favorables por considerar que las mujeres votarían azul por la influencia que sobre ellas ejercía el clero. En ese orden de ideas es significativo que la aprobación del sufragio femenino se haya dado en la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, de raigambre conservadora.

Algunos subrayados
Otros de los reclamos que han jalonado las demandas feministas han sido el derecho a una vida libre de violencias, movilizaciones por la paz y contra la guerra, y la libre opción de la maternidad (p. 16).


En la Asamblea Nacional Constituyente, las mujeres tuvieron una participación del 5,7% con cuatro mujeres: María Mercedes Carranza (Alianza AD-M19), María Teresa Garcés (Alianza AD-M19), Aída Abella Esquivel (Unión Patriótica) y Helena Herrán de Montoya (Partido Liberal) (p. 22). 

de la mayoría de las mujeres que participaron en el movimiento sufragista se conocen algunos nombres y datos de origen geográfico y de profesión porque ocuparon cargos en las organizaciones, pero están pendientes de ser rescatadas del olvido en que están sumidas y estudiarlas en profundidad en los casos que sea posible (p. 31).

El sufragismo colombiano albergó, por un lado, la tendencia feminista de la época, que reivindicaba que las mujeres junto a ser el centro del hogar podían participar políticamente más allá del voto, y por otro, una corriente sufragista conservadora que daba mayor importancia al hecho de que las mujeres fueran madres de la patria y de sus hijos, y por ello merecedoras del voto (p. 33).

Las feministas actúan junto a una sujeta sufragista construida en el discurso católico conservador que a su vez participa del discurso moderno en lo que se refiere a educar a las mujeres y reconocerles el derecho a votar, pero con la finalidad de que sigan siendo las "reinas del hogar", unas reinas ahora "ilustradas" (p. 38).

La particularidad que encierra el caso colombiano consiste en que en la construcción del sujeto sufragista concurrió el conservatismo con el legado colonial discursivo, la modernización liberal, y el proyecto de sociedad igualitaria socialista (p. 39).

El período de 1930-1943, es el subperíodo en el que las sujetas sufragistas se diferencian en su identidad y se produce el debate entre feminismo y feminidad, en un contexto liberal (p. 39).

Entre 1944-48 hubo un cierto avance en la ampliación de los derechos de las mujeres. Se logró el reconocimiento formal de la ciudadanía en 1945, pero, aunque se sucedieron los proyectos de ley del sufragio no se logró su aprobación(...) Fue el momento de aglutinamiento en organizaciones y congresos, de consolidación de órganos de expresión como las revistas Agitación Femenina y Mireya (p. 40).

El género encuentra su lugar como "objeto" y el feminismo como "sujeto", ambos construidos significativamente a través del lenguaje (p. 48).

El género es el discurso de la diferencia entre los sexos (p 56).

Esa "mujer" estaba rodeada de virtudes consideradas naturales, representando un "modelo normativo de heterosexualidad reproductora. La modernidad alentada por la Ilustración hizo que esa mujer, "ángel del hogar" y buena madre, se consolidara e institucionalizara, imponiéndose en las metrópolis europeas y en sus colonias (p 60).

"las condiciones de desigualdad de derechos en las que vivían las mujeres no causaron la acción colectiva de la sujeta sufragista hasta el momento histórico en que un discurso, el moderno liberal, actuó como mediación significativa de esas condiciones y la posición en que las mujeres vivían en ellas" (p. 66).

Las maestras fueron agentes de feminización, transmitiendo los dereberes domésticos que configuraban la identidad de las discípulas. Pero muchas veces esas maestras no eran madres y en realidad no respondían a la "madre burguesa" de los manuales, porque habían encontrado en el magisterio un espacio de libertad para desarrollarse como escritoras e intelectuales, lo que les permitía transgredir la frontera y participar en un nuevo modelo de mujer que se estaba gestando también en otros campos (p 72).

es útil hacer la distinción entre estos dos grupos de sufragistas, feministas y conservadoras. La especificidad colombiana reside en la existencia de un discurso conservador, católico, marianista, patriarcal, que sobrevive en el discurso moderno (p.80).

Se señala como materias apropiadas para las mujeres el arte, la historia, la medicina y las "industrias domésticas", y por encima de todo estaba la "misión de madres" (p. 88).

valga como conclusión que sus significados de género constituían no solamente un sujeto de mujer pasivo, sino que aspiraban a ser un modelo único para las diferentes clases de mujeres existentes en la realidad (p. 91).

Las mujeres de las élites urbanas, desde el siglo XIX ejercían de reinas del hogar, y se buscaba su identificación con las virtudes de María virgen (p. 92). 

hasta las reformas legales de la década del treinta, cuarenta y cincuenta, la ciudadanía era un privilegio de los varones mayores de 21 años, que sabían leer y escribir, gozaban de un empleo no servil y tenían una renta mínima (p. 97).

Una vez que fue conseguido el primer derecho: administrar los propios bienes, la educación se volvió una cuestión prioritaria (p. 99).

"igualdad" y "democracia" eran categorías del discurso socialista, mientras "igualdad jurídica", "diferencia", "justicia" y "dignidad procedían en otros momentos del discurso liberal y conservador (p. 102). 

A mediados de la década de los cuarenta se debatió reformar la Constitución en su artículo 13 para reconocer que las mujeres eran ciudadanas y podían ser elegidas para cargos públicos (de hecho podían hacerlo desde la reforma de 1936) pero se especificaba que no tenían derecho a elegir, es decir a votar (p. 106).

Josefina Canal de Reyes, Camila Uribe y Rosa María Aguilera representaban a un sujeto sufragista conservador con intereses representados por los valores tradicionales de género femenino, en los que se aceptaba una cierta modernización en la educación y en los derechos civiles y políticos, con el fin de mejor cumplir "su misión" de madre y esposa (p. 111).

La ley 28 de 1932 en que se reconoció a las mujeres el derecho de administrar sus bienes (p. 112).

Gladys Jimeno ha señalado la existencia de algunas mujeres que reclamaban derechos y cuya vida fue un testimonio feminista, como es el caso de María Rojas Tejada, en la Antioquia del primer cuarto de siglo (p. 117).

Se comenzaron a dibujar dos posturas: la primera postulaba la emancipación de la mujer de su "condición de esclava", y hacía un llamamiento a todas las mujeres a tomar conciencia de que el Proyecto de Capitulaciones Matrimoniales -uno de los más importantes que se presentaban- significaba la libertad (p. 123).  La nueva categoría discursiva que aparece en estos primeros momentos es "feminismo" y su significado se expresa en términos de igualdad (p124). La segunda postura, partiendo de una exaltación de los valores atribuidos al rol femenino como la "prudencia" y "modestia", y la confesión expresa de catolicidad, reivindicaba la feminidad como el argumento definitivo para que la mujer fuera "siempre tenida como compañera" y se cumplieran las palabras de San Pablo (p. 125).

Una tendencia conservadora, y otra liberal y feminista, cercana a las ideas liberales y populistas de la "revolución en marcha" y del gaitanismo. Más tarde aparecerían en escena las mujeres socialistas (p. 126).

Se trataba de dar a las mujeres la administración de sus propios bienes, y por tanto venía a resolver una situación que afectaba a las que procedían de familias acomodadas y burguesas (p. 127). 

1934-38: el voto; los liberales mantuvieron una posición contraria, mientras los conservadores eran más proclives, creyendo el argumento de que el voto femenino era conservador por estar las mujeres influidas por el clero (p. 128).

centrando la atención en la educación como un requisito para la obtención del voto (p. 128).

Las feministas no cuentan en estos años con canales de expresión escrita ni han llegado a organizarse de forma estructurada. Comienzan a abrirse espacios a través de conferencias y programas de radio (129).

Se abría un pequeño espacio en el que algunas mujeres educadoras eran llamadas a participar, y de hecho lo hicieron mostrando sus ideas sobre la educación femenina a través de las revistas y la prensa (p. 131). 

El derecho al voto era planteado en la prensa femenina que estamos examinando, como un reconocimiento a la feminidad de las mujeres y a los valores que de ella se derivaban, y no como un derecho de ciudadanía y participación política en igualdad con los hombres (p. 137). 

un feminismo femenino, conservador desde nuestro punto de vista, porque aunque reivindicaban el derecho al voto, estaban lejos de la idea de igualdad. Por su parte las feministas pugnaban por hacerse oír (...) en la conservadora Tunja, desde 1938 hasta 1942 existió el programa de radio La Hora feminista (140). 

La II Conferencia de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas fue celebrada en Lima (1924), en conmemoración de la batalla de Ayacucho. En esta Conferencia participó la colombiana Claudina Múnera, representando a Georgina Fletcher, que a su vez fue nombrada representante de la Liga en Colombia (...) El III Congreso Internacional Femenino se celebró en Buenos Aires (1927), al que asistieron las colombianas Claudina Múnera, Etelvina López y López y otra educadora de Armenia (p. 145). 

Entre 1944 y 1948 hubo un cierto avance en la ampliación de los derechos de las mujeres. Se logró el reconocimiento formal de la ciudadanía en 1945(p. 151).

Hasta once proyectos de ley a favor del sufragio femenino se pueden contabilizar en Colombia entre 1933 y 1954 (p. 161). 

(Radio) Tenemos noticia de los siguientes: La Hora Feminista, en la emisora de Tunja; Tribuna Liberal Femenina; Avanzada Femenina en Radio Pacífico, que se emitía los sábados y era la voz de la Alianza Femenina y Hora de Variedades, dentro del programa de Stella, en la Emisora Suramericana, Agitación Femenina num. 14, 1946, p. 1 (p. 161).

un liberal, por cierto, mantenía la idea de que el voto destruía los hogares y conducía al ateísmo, estableciendo una analogía entre política, barbarie e infierno (significados masculinos), de la que había que salvar a la mujer de naturaleza buena y santa (significados femeninos). (p. 163).

Las conexiones políticas de la mujer con el mundo público a través de la construcción: madre/nación (p. 163).

De esta forma se presentaban como verdades incuestionables que la educación de los hijos y el cuidado del hogar eran tareas exclusivamente femeninas y de "más valor" que la participación en la vida pública y en la política (p. 165). 

En Gaitán estaba unida la idea de liberación de la mujer a significados maternalistas (169). 

Lucila Rubio de Laverde puntualizaba que los postulados del feminismo eran cuatro: educación, derecho a administrar los propios bienes, igualdad en el salario y derechos políticos, afín de rebatir el tópico de que el feminismo preconizaba que los hombres realizaran las faenas del hogar" (p. 171).

Desde la antigüedad clásica pervivía la idea de una identidad femenina por naturaleza esencialmente buena, y el hogar y la maternidad como única función social, se contraponía a la política. En la modernidad se extendió el ámbito de las mujeres hasta el espacio público y político reconociéndose su capacidad racional, y la colaboración y complementariedad con el hombre fue un discurso armonizador del dilema de la diferencia (p. 177). 

Se puede afirmar que en Colombia sectores del conservadurismo habían tomado la bandera del sufragio femenino desde décadas atrás y aunque las sufragistas liberales y socialistas tuvieron una posición feminista de acuerdo con la corriente internacional, fueron finalmente las conservadoras las que a la hora de la obtención jugaron el papel político más visible junto a Rojas Pinilla (p. 191). 

El sujeto sufragista, feminismo y feminidad en Colombia 1930-1957
Lola G Luna
Editorial Gente Nueva
Barcelona
2025
246 páginas


jueves, 20 de noviembre de 2025

El Universal. Sus editoriales. Bernardo Arias Trujillo

La compilación de los editoriales publicados por Bernardo Arias Trujillo en el diario liberal "El Universal", de Manizales entre el 3 de julio y el 30 de septiembre de 1930 podría leerse como una novela con final trágico. 

Se trata de textos virulentos publicados casi a diario, en los que el autor pasa del entusiasmo a la desilusión que provoca la traición: el entusiasmo obedece al triunfo de Enrique Olaya Herrera, quien asumirá su cargo como presidente de la República el 7 de agosto de 1930, dando fin a 44 años de Hegemonía Conservadora. Bernardo Arias Trujillo abraza ese nuevo país liberal que ya llega y se ilusiona con los cambios que vendrán. No obstante, los hechos empiezan a contradecir sus expectativas: Olaya nombra como gobernador del Caldas al coronel Emilio Latorre, bastante cercano a los conservadores, y éste a su vez nombra como secretario de gobierno al periodista conservador Gonzalo Restrepo. Otro periodista conservador, Tomás Calderón, cultivado en el diario conservador La Patria, pasa a ocupar  la jefatura de archivos departamentales.

Arias Trujillo intenta argumentar. Intenta explicarle a sus lectores por qué el anhelado cambio hacia una república liberal se hace en Caldas con políticos con "sentido amarillo, vacilante y hermafrodita" (p. 36), que es su manera de referirse a los tibios, que distan de los radicales como él. No obstante, con el paso de los días las decisiones políticas se vuelven injustificables y al final Arias Trujillo es fustigado no solo por "los tres diarios visigodos" (p. 222) de Manizales, sino también por la prensa liberal de Bogotá, en cabeza de El Tiempo y El Espectador, hasta que al final deja su cargo el 30 de septiembre de 1930.


El Universal inició con 8 páginas y terminó en su número 76 con 4, se informa en las páginas finales de este libro editado por la Asociación de Periodistas de Manizales (PAM), que reproduce 59 editoriales publicados por Arias Trujillo en un lapso de escasos 3 meses. 

Aunque los hechos y personahes hiperlocales a los que alude Arias Trujillo están refundidos en la historia patria, luego de casi un siglo, vale la pena leerlo por la virulencia de su pluma y por lo cíclica que parece la historia. Sobre lo primero, en las notas finales se define a Arias Trujillo como un "escritor violento". Usa calificativos que hoy pueden parecer xenófobos como "gitanería húngara", o homofóbicos, como partidos de "sexo híbrido, andrógino, hermafrodita, republicano" (él que era homosexual), pero en general se nota una profunda agudeza en la sátira, escrita sin temor a ofender y, al contrario, con la intención clara de hacerlo: no manda indirectas y cita con nombre y apellidos a los destinatarios de sus diatribas.

En cuanto a lo segundo, en política es común el debate entre gobernar con los más radicales o fieles al partido, o buscar alianzas con otros sectores para lograr mayor legitimidad y gobernabilidad. El momento histórico narrado por Arias Trujillo fue un parteaguas en la historia política del siglo XX en Colombia: los liberales conquistaron el poder en 1930, luego de 44 años de hegemonía conservadora. La expectativa de los liberales locales era, por fin, acceder a cargos en el gobierno y expulsar a los conservadores. Las decisiones tomadas desde Bogotá se sintieron en Manizales como una traición. Ha pasado casi un siglo, pero casos así se siguen viendo en el presente. 


Algunos subrayados
Editorial "El Gobierno Nacional de Olaya Herrera", del 15 de julio de 1930
"Este diario es un balcón abierto hacia las multitudes para la libre agitación de las ideas liberales. Deseamos que en él se expresen todas las opiniones y los conceptos todos, con amplia, ancha y asoleada libertad para discutirlos lentamente (p. 35.).

"Las ideas republicanas pertenecen a lo que el nuevo testamento llama "aguas tibias" que no serán presentadas delante de los ojos de Dios (p. 36).

"todo el liberalismo del país que es el noventa y nueve y medio por ciento de los que saben leer y tienen relaciones personales con el agua" (p. 37).

Editorial "Contra la barbarie comunista", del 19 de julio de 1930
"Cuatro apaches analfabetos, cuatreros y salteadores de caminos" (p. 48).

"Nuestra libertad termina en donde empieza la del vecino. Y que no vengan a hablar los conservadores de libertad de palabra en un país que ellos amordazaron" (p. 50).

Editorial "Contra la barbarie comunista", del 22 de julio de 1930
Es bueno atrevernos a estudiar ese complicado problema antes que la violencia social se haga sentir en una forma que no está prevista en la constitución ni en la contextura temperamental de los colombianos. El concepto de propiedad en la vida moderna no es el mismo concepto feudalista, individualista, feroz y exclusivista de las eras antiguas (p. 57).

Es increíble que Colombia, país endeudado y pobre, sea la primera nación importadora de automóviles de lujo no usados en Europa ni siquiera por los soberanos (p. 57).

Editorial "La carrera administrativa", del 23 de julio de 1930
Hoy se acoge al funcionario por motivos de consideración personal, por recomendación del político, por parentesco, rara vez por su valer y su competencia. Qué de extraño, pues, que todo ande mal? Y qué estímulo puede tener un empleado si no abriga la seguridad de permanecer en su puesto y de ascender, de acuerdo con el tiempo y la amarga verdad de que todo cambio de ministro o de gobierno le trae al sucesor" (p. 60).

Os habeis dado cuenta de la zozobra de un moderno funcionario con las alternativas de la burocracia? Y al lado de él, la dolorosa tragedia? No adivináis la del país que carece de colaboradores honrados y capaces porque están supeditados por los contratos que no tienen ninguna devoción por los intereses colectivos que custodian y que logran sostenerse solo por la adulación, el compadrazgo, la influencia? (p. 62).

Editorial "La Colombianidad", del 26 de julio de 1930
sonreíamos piadosamente de quienes creen que somos un país libre. Nuestra cantaleteada emancipación política de España no se complementa sino con liberación económica (p. 72).

un pueblo no es libre porque no tiene industrias propias y su economía está sometida al vasallaje de una nación fuerte (p. 72).

Editorial "La carrera administrativa", del 29 de julio de 1930
Hasta hoy la administración pública de Colombia está formada por militares retirados, ancianos achacosos y jovencitos fracasados en los colegios. Para formar parte de la burocracia sólo se necesita conocer el protocolo de la adulación, un hosco conservatismo y un alarde sincero de odio al "enemigo común" (p. 81).

Editorial "Hacia la Policultura", del 21 de julio de 1930
Hace cien años que tenemos independencia política y todavía no hemos logrado la libertad económica, base de todas las soberanías (p. 89).

Editorial "El nuevo gobierno departamental", del 5 de agosto de 1930
La Patria en una de sus pasadas ediciones sostiene con frescura de primavera que "El Departamento de Caldas, con mayoría conservadora, tiene derecho a esperar que en la cabeza de sus destinos se coloque la primera capacidad conservadora, que sería la primera capacidad caldense". Esta frase podría colocarse con absoluta certeza de éxito en nuestra página humorística, para reír en la tarde (p. 100).

Editorial "El nuevo gobierno", del 9 de agosto de 1930
Que el presidente empieza a gobernar en un país intoxicado de conservatismo achacoso, con constitución conservadora, leyes conservadoras y corporaciones administrativas conservadoras (p. 114).

Editorial "Una agresión aldeana", del 11 de agosto de 1930
En la sección más seria de La Patria se incrustan coplas de cabaret, frases provincianas de pésimo gusto que exhibe al periodismo conservador como una hoja aldeana de circulación municipal (p. 117).

Deploramos que La Patria haya ingresado a la cofradía del periodismo de tierra caliente (p. 118).

Editorial "El problema agrario", del 19 de agosto de 1930
el problema agrario solamente existe para el gobierno. La distribución equitativa de las tierras apenas puede ser emprendida por el Estado, que es el que cuenta con los elementos definitivos para realizarla. Colombia está excepcionalmente preparada para resolver el problema agrario mediante la nacionalización de sus tierras (p. 134).

tendremos que empezar la expropiación de los extensos latifundios que en los departamentos interiores de la república son causa de fermentos revolucionarios y de descontentos sociales, expropiación que habrá de hacerse mediante indemnizaciones pecuniarias (p. 135).

Editorial "La oposición se esboza", del 28 de agosto de 1930
La dirección liberal de Caldas está a una altura hasta donde no llegarán las saetas envenenadas del diario primaveral y matutino que dirige desde Bogotá el Dr. [Silvio] Villegas, tan desafortunado político como pésimo negociante (p. 161).

Comprendemos que los jóvenes del diario mañanero tienen los más sanos deseos de que el Directorio Liberal se entregue a las labores domésticas o a gerenciar un almacén de escapularios (p. 161).

Editorial "Los usufructuarios de la victoria", del 3 de septiembre de 1930
para que el gobierno abandone su sexo híbrido, andrógino, hermafrodita, republicano -todos estos son sinónimos- y se integre definitivamente el personal con elementos conservadores (p. 182).

Editorial "La supresión del voto del ejército", del 8 de septiembre de 1930
En los cuarenta y cinco años de conservatismo el ejército fue siempre una recua de acémilas uniformadas, puestas al servicio de los apetitos electorales de un gobierno exclusivista. Las tropas colombianas no representaron nunca la majestad de la República (p. 189).

Editorial "Una decorosa solución a la crisis del gobierno", del 9 de septiembre de 1930
nosotros, que ejercemos un periodismo independiente y honrado (p.194)
El periodista honorable sabe rectificar a tiempo y dar a cada uno lo suyo, según sus actos (p. 194).

Editorial "La hora actual", del 23 de septiembre de 1930
La manera infantil como los tres diarios conservadores de la ciudad han comentado los sucesos confirma la impopularidad trágica del gobierno y la pobreza solemne de razones para combatirnos (p. 220).

Es una literatura de escuela pública, innoble, enana y floja. Por ninguna parte aparece la razón armada de argumentos, la prueba precisa y honrada de que estamos errados (p. 221).


El Universal. Sus Editoriales. Bernardo Arias Trujillo
Compilación de columnas: Juan Antonio Díaz
Biblioteca de escritores caldenses-Asociación de Periodistas de Manizales (PAM)
Manizales
Febrero de 1991
Imprenta Departamental de Caldas
254 páginas

domingo, 15 de diciembre de 2024

Crónicas recuperadas, de Ricardo Sánchez Arenas

Luego de hurgar en periódicos antiguos, el periodista pereirano Mauricio Ramírez Gómez se dio a la tarea de seleccionar, editar y publicar una colección de crónicas firmadas por Ricardo Sánchez Arenas entre los años 30 y 40 en El Diario, de Pereira, periódico dirigido por Emilio Correa Uribe. 

El resultado de este esfuerzo es "Crónicas recuperadas", un volumen de 86 páginas en formato de bolsillo, que recoge 12 crónicas escritas por Ricardo Sánchez: cuatro sobre la historia de Pereira, otras cuatro sobre el tiempo que el autor pasó por  el leprocomio de Agua de Dios, recluido por causa del bacilo de Hansen, y las otras cuatro sobre temas diversos como el cine, la moda, el apellido de Bolívar y la memoria del caricaturista Ricardo Rendón.

Escribe Mauricio Ramírez sobre el cronista en la presentación del libro: "Ricardo Sánchez Arenas nació en Pereira el 7 de enero de 1888. Era hijo de Clotario Sánchez, dueño de la primera biblioteca que tuvo Pereira, aspecto que debió influir en su formación. Durante las primeras décadas del siglo XX, se destacó como comerciante. Su local estaba ubicado en la esquina sur oriental del cruce de la carrera séptima con la calle 23. Laboró en Manizales como agente viajero de Droguerías Unidas y del Almacén Americano. Fue corresponsal de El Tiempo y La Patria; publicó muchas notas en periódicos y revistas nacionales con el seudónimo ‘Fierabrás’. En su columna “Reportajes Informales”, publicada en revistas, divulgó numerosas entrevistas a personajes de la vida regional. Dichas entrevistas no han sido recogidas en libro. Fue también cofundador y secretario de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, en 1925, con Manuel Mejía Robledo. Falleció en esta misma ciudad el 20 de junio de 1946".

Las crónicas de Sánchez tienen algunos elementos comunes con las que publicó Tomás Calderón Ramírez, conocido como "Mauricio", en La Patria desde finales de los años 20 y hasta su muerte en 1955: interés por la historia de la fundación de las ciudades, descripción de la vida cotidiana y de personajes pintorescos, en particular por los ancianos, uso del humor costumbrista y referencias a elementos folclóricos. 

Resulta particularmente interesante su texto sobre el terremoto del 31 de enero de 1906, uno de los más fuertes que ha sufrido Colombia, así como su crónica sobre Pereira, Manizales y Armenia. Narra que un viaje de Pereira a Manizales le tomó casi tres días, y un viaje de Pereira a Armenia duró una semana completa. También cuenta que hacia 1915 en Pereira "teníamos planta eléctrica, buen acueducto" (p. 38).

Para los musicólogos puede ser de mucho interés la conversación que sostiene Sánchez con el maestro Luis Antonio Calvo, recluido con él en el leprocomio de Agua de Dios. El maestro Calvo dice: "llegué al lazareto el 12 de mayo de 1916". Su deceso se produjo en el mismo lugar en 1945.

Sobre el suicidio del caricaturista Ricardo Rendón dice que el origen de su depresión estuvo en el fin de la Hegemonía Conservadora: "Yo no puedo vivir sino dentro de la sistemática oposición al Gobierno. El triunfo de Olaya me partió por el eje y yo no puedo volverme godo" (p. 74), escribe Sánchez que le dijo Rendón meses antes de su muerte.

Llama la atención una nota sobre la publicación del libro: "Destiempo es una iniciativa autogestionada que tiene como propósito la circulación de textos literarios y periodísticos, recuperados o inéditos, para motivar la investigación y encontrar nuevas relaciones con el presente". Sin duda la recuperación de voces periodísticas y literarias del pasado que quedaron olvidadas es un esfuerzo necesario para construir una mejor historia sobre la escritura regional y para encontrar nuevos datos y registros sobre el pasado de este territorio.

Algunos subrayados
Fuimos a Europa sin estar preparados (p. 22).

Cuando con porciones de territorio de Antioquia y el Cauca, el general Reyes, hace hoy 40 años, fundó el departamento de Caldas, la ciudad escogida para su capital, Manizales, era un modesto poblado poco más o menos de lo que hoy es Pácora (p. 32). 

sólo nos faltaba conocer a los notables del pueblo, para lo cual solo nos bastó pararnos en la esquina de la Catedral una hora. Por allí desfilaba toda la ciudadanía (p. 34). 

(Pereira) es hoy la quinta ciudad de Colombia y será la cuarta cuando el aeródromo de Matecaña esté terminado (p. 39).

Crónicas recuperadas
Ricardo Sánchez Arenas
Mauricio Ramírez Gómez (Compilador)
Destiempo, Colección Literaria
Pereira
2024. 

domingo, 7 de abril de 2024

Dimensión de la angustia, de Fabiola Aguirre Suárez

En enero de 1952 Fabiola Aguirre Suárez (firmó en una época como "de Regueros" y luego "de Jaramillo) publicó en Bogotá "Dimensión de la angustia", una novela que desde la primera página se anuncia como "un ensayo sobre filosofía desde el punto de vista femenino".

Ara Elicechea Uribe es una niña huérfana de madre, hermana de Ruth y de Leandro. Su padre muere cuando ella aún es pequeña y por lo tanto los tres huérfanos quedan al cuidado de su abuela materna, Evelia de Uribe, quien aparece en la novela como una mujer dura y arribista.

La novela está escrita en clave autobiográfica y cuenta la vida de Ara desde su primera infancia en Manizales, su llegada a Bogotá, su paso por internados de monjas, su vida de infierno en casa de la abuela, su matrimonio temprano con Reynaldo Moore, el nacimiento de su hijo Lucio, el ingreso de Ara a la Universidad a estudiar sociología (Fabiola Aguirre estudió derecho) y lo difícil que resulta para una mujer casada acceder a la educación superior y ganarse el respeto de los compañeros. Luego Ara enviuda, se gradúa de la Universidad, trabaja en labores sociales y políticas, escribe poesía, asiste a mítines políticos y conoce a un segundo amor.

Esta segunda pareja es Juan Londoño, con quien dialoga a lo largo del libro. La estructura de la obra consta en 25 capítulos precedidos de una introducción que es una carta de Fabiola Aguirre a Ara. El capítulo 1 muestra a Ara subiendo al Nevado del Ruiz, que es el recuerdo que ella tiene de su infancia en Manizales, porque el Nevado se veía desde su casa. Mientras asciende al Nevado conversa con Juan y le va contando su vida y así avanzan los capítulos. A veces narra a manera de monólogo (Juan interviene muy poco) ya veces son digresiones: flujos de conciencia sobre asuntos que Ara piensa o recuerda pero no le cuenta a su acompañante.

Esta novela, la segunda publicada por una mujer caldense en formato de libro después de "Una Mujer", de Natalia Ocampo de Sánchez , es un libro adelantado a su tiempo, que permite hacerse una idea fiel de la situación de las mujeres en Colombia en la primera mitad del siglo XX, y en donde la autora narra con gran nivel de detalle porque le interesa dejar constancia de las inequidades que denuncia. Si bien Simone de Beauvoir publicó en 1949 El segundo sexo, en Colombia la literatura aún no registraba reivindicaciones femeninas de una manera tan clara como lo hace Fabiola Aguirre en esta novela, en la que habla todo el tiempo de las brechas entre sexos, de la violencia en el matrimonio, la necesidad de educación para las mujeres, defiende el divorcio y reflexiona sobre el suicidio. El final de la obra resulta cinematográfico: se ubica en el Nevado del Ruiz, con Ara perdida y envuelta por la niebla. Un suicidio que no parece suicidio, tal y como ella, mujer libre, lo deseó.

La novela es narrativa, sobre todo en la parte de la infancia y juventud de la protagonista, pero a medida que crece el texto se convierte también en un espacio de reflexión intelectual, un "ensayo sobre filosofía desde el punto de vista de la mujer". La autora, por ejemplo, propone el concepto de " matria-potestad" (p. 341) para reclamar que la sociedad dé más relevancia a la relación madre-hijo como eje de la construcción social. 

Ara, la protagonista, lee autores como  Lord Byron, Whitman, Ortega y Gasset, "Vida de Madame Curie", "La Mujer", de Severo Catalina, "El alma de la mujer", de Gina Lombroso, "La mujer nueva y la moral sexual", de Alejandra Kolontay, Marx, Husserl, Hartmann, Houston, Stewart, Chamberlain. Para su formación sobre teorías sobre el Estado menciona a Jelinek, Duguit, Lasky, Larenz, Marx, Hegel y Maquiavelo. Este bagaje, extraño para una mujer de su época, corresponde al de Fabiola Aguirre, una de las primeras abogadas en graduarse de la Universidad Externado de Colombia, y militante en el movimiento de Jorge Eliécer Gaitán y luego junto a Esmeralda Arboleda, hasta que partió para Estados Unidos hacia 1954, durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Fabiola Aguirre murió en Estados Unidos en 1997.

Algunos subrayados
realmente imposible era el que en el actual desarrollo de nuestro medio alguien tomara en serio a "una mujer filósofa", así fuese original su pensamiento (p. 5).

¿Por qué quiero escribir un ensayo sobre filosofía desde el punto de vista femenino? (pág. 5). 

la fuerza de tus experiencias interiores y el clímax de tus intuiciones siempre fueron superiores al lenguaje en que yo pudiese describirlos (p. 7).

El instito le indicó que quien vive camina, porque el primer paso es el impulso fatal del segundo; que un paso engendra otro paso, y que para no andar es necesario no nacer (p. 9).

entre pensar y recordar hay una gran diferencia: el recuerdo es emocional y el pensamiento racional.

se recordó pequeña en su ciudad natal empinada en el filo de una cordillera colombiana; Manizales, la misma ciudad serena que hace poco tiempo tuviera que atravesar para poder venir en busca del Nevado del Ruiz (p. 11).

Los hechos de su primera infancia eran borrosos; solamente recordaba que desde su cuarto limpio y claro, situado en un segundo piso, casi todas las mañanas divisaba el Nevado (p. 11). 

a instancias de miles y miles de fantasías donde figuraban castillos y grutas; sílfides, brujas, ogros, gigantes, almas de muertos, enormes mariposas y los demás protagonistas de los cuentos que Yaya e contaba, este Nevado del Ruiz se me fue volviendo el lugar encantado en donde todos esos fantásticos seres se escondían de día y se agitan libres de noche (p. 13). 

Tengo presente el solar de mi casa con sus inmensos eucaliptus; la finca de "El Arenillo" con sus guamos y su bella avenida de naranjales; vagamente recuerdo una quebrada cristalina; todo lo demás, cosas y personas, se esfumaron de mi memoria (p. 14).

Las discusiones me llenaban de vergüenza, no tanto por lo que en ellas se decían sino porque con una inconsciente estética de clase aquello me parecía vulgar, plebeyo, en gentes de nuestra posición social (p. 24). 

De uno de ellos oí la descripción de sobre cómo se les enseñaba a ser "machos". El método variaba según las circunstancias, pero siempre conducía a que el muchacho debía portarse a la altura de los mayores más valentones y fornidos (p. 25). 

...por toda la raza antioqueña en general, pues en la mayoría de sus hogares siempre se registra la fuga de sus hombres aún adolescentes. El afán de independencia pronto se predica de esa rigidez, de ese concepto patriarcal, feudal, que en Caldas y en Antioquia se tiene del hogar (p. 27).  

En estos pueblos, el hijo más que hijo es un súbdito feudal al que de antemano se enseña a cultivar la parcela que le ha de corresponder, o a gerenciar la fábrica en caso de incapacidad paterna (p. 27) 

me dolía de que no hubiera tantas heroínas y mujeres grandes como hombres había en la historia (p. 31). 

Las monjas dicen que las cosas mundanas son malas y que en el mundo hay muchas que es natural que los hombres hagan, pero que es mal visto que hagan las mujeres. ¿Será que es cosa mundana hacer versos y esto es feo en las niñas? ¿Se burlaron de mí porque hice cosas de hombre, o únicamente porque no me quieren? ¡Qué triste entonces es ser mujer y vivir en este colegio! (pág. 36). 

mi abuela dijo a tía Hortencia -un día que sirvió más postre a tío Clemente- que a los hombres había que preferirlos, porque eran superiores a las mujeres y trabajaban más (p. 36). 

Volví a hacer versos; algo superior a mis promesas me obligaba a escribirlos, así fuese llena de temor y con el espanto del ridículo acechándome siempre (p. 47). 

usted no sabe las horas tan amargas que se pasan en el colegio cuando un niño no tiene un cesto de frutas o dulces, y por eso los otros lo tratan de pobre (p. 59). 

Yo no sé, es algo vago. Es un malestar que no sé, a ciencia cierta, si es en el alma o en el cuerpo; es cansancio, es vergüenza, es miedo de ser mujer, es incertidumbre... No, no es esto, es aburrimiento de ser mujer. No, pero tampoco; es más bien como una angustia de mi cuerpo, es como una soledad, como un terror que me pesa (p. 61). 

Mi abuela sentía un enorme fastidio por mi manera de ser y me llamaba la escribana (p. 67).

vergüenza debía darte estar perdiendo el tiempo en libros en vez de estar bordando o remendando la ropa (p. 67). 

Fue leyendo estos libros cuando por primera vez supe que había mujeres que protestaban públicamente de su condición de inferioridad y que el feminismo tenía que agitarse como bandera de lucha (p. 66). 

El estudio superior no es cosa para mujeres (p. 69). 

-Oiga, niño, no me diga más "niña" (p. 70).

Aprende a ser mujer con el corazón como lo eres con la cabeza (p. 73).

Si con lo que sabe tiene de sobra. ¡Ni más faltaba una bachiller en mi casa! (pág. 74).

Entienda de una vez para siempre, carajo, que quien lleva revólver y pantalones no pertenece a un pueblo de maricos y que en mi casa hablo como me da la gana, carajo, porque aquí soy yo el macho! (pág. 81).

La poesía no tenía para mí atracción alguna (p. 82) 

"Eh Ave María, querida; una mujer sin máquina de coser no es mujer. Decile a tu marido que te la compre (p. 83).

comprendía perfectamente el significado de esa unión para toda la vida; y porque era perpetua e irreparable tenía que forzarme a estar enamorada; esto es en último lo que llaman debe de esposa (p. 87).

En política y en derecho internacional, el que triunfa no es el que más piensa, sino el que más habla (p. 90). 

confundía mi temor con el respeto y no se daba cuenta que a quien se teme no se respeta ni menos se ama (p. 90). 

la sociedad no veía bien la separación conyugal en una mujer (p. 97). 

Entendía como ahora, que la mujer es más mística, más humanitaria y por ende, en este sentido, millones de veces más sincera que el hombre (p. 99). 

Yo estaba de acuerdo (¡y tenía por qué estarlo!) en que era aberrante e injusto el que un cónyuge desgraciado tuviera que soportar eternamente su tragedia sin que se le diera libertad para remediarlo (p. 100).

El comunismo que sacrificaba el individuo a la felicidad de la especie con sus propias doctrinas, acabaría por aniquilarla y dejarla seca como una retama (p. 101). 

Para que no me llamaran con nombres tan cursis como "poetisa" o "diva" hace mucho tiempo que renuncié a hacer versos oa cantar (p. 107). 

―C on tal que tu marido te tenga todo lo necesario aun cuando de puertas para afuera haga lo que se le de la gana.
Este consejo o precepto, en una u otra forma, ya antes lo había oído y lo sigo oyendo en labios de nuestras mujeres. Casi puede decirse que así piensan la generalidad de las casadas del país (p. 110). 

¿Cuál es el valor de la vida de una mujer? ¿A la mujer se le deja vivir o simplemente se le permite vegetar? (pág. 114). 

Dar a luz no es lo que a la mujer engrandece (la perra, la foca o la hiena son también madres). (pág.116)

Por aquel tiempo provocó la sensación del decreto presidencial por el cual se le otorgaba a la mujer el derecho de entrar a la Universidad; derecho hasta entonces vedad para ella (p. 129).

-Es la primera mujer casada que llega a la Universidad (p. 136).

-En toda la Universidad sólo hay tres mujeres que van a romper estos prejuicios (p. 139).

se comentaba desfavorablemente mi entrada a la Universidad (...) la virtud de una mujer casada sólo se conservaba pura, resguardada por las paredes del hogar (p. 141). 

Se me fue definiendo una estructura mental para aprehender los fenómenos existenciales ya no con el criterio de simple mujer instruída sino con la entidad de la angustia, del por qué y el para qué de las cosas y valores (p. 142). 

Me parecía, como ahora me parece, atroz y bárbara esta fúnebre diversión de las visitas de pésame (p. 148). 

toda nuestra ética familiar, política y social gira alrededor del sexo... (p. 159). 

pero sé más cariñoso conmigo y más benevolente cuando en mí notas fatiga. No sólo quiero que ames a la mujer fuerte; Necesito ante todo que comprendas y protejas a la mujer débil que hay en mí (p. 162). 

su realidad es muy distinta a lo que imaginamos antes de estar en contacto con ella. Uno supone que en la Universidad debe vivirse en función del espíritu científico, que allí vamos a estar muchísimo más cerca de las instituciones patrias, de su cultura y de sus problemas (p. 167). 

Como no llevaban la firma de un hombre muy pronto fueron olvidados y cosa curiosa: muchas, pero muchísimas veces más tarde aparecían esas mismas ideas suscritas por un señor y entonces hay que ver cómo se le comentaba y aplaudía. (pág. 168). 

Todo en este país tiene el sello de la política; aún las mismas instituciones culturales o los mismos estímulos que crean para el objeto de demostrar a la opinión que se es más generoso que el adversario (p. 170).

La política de ocasión, la política de odio y de resentimientos personales, que es la nuestra, es como un vaho que ha entrado en todos los poros y los resquicios de nuestra vida (p. 170).

No tengo ningún dolor; simplemente estoy cansada de jugar, toda la vida, a ser una mujer fuerte (p. 181). 

El amor solo tiene significación cuando ha enriquecido nuestra vida o cuando ha embellecido su curso; lo demás son caricias, suspiros y palabras que no dejan huella, ni valen la pena recordarse (p. 188). 

el escritor que sacrifica los valores espirituales a las conveniencias del momento, monetarioas, electoreras o sociales, no es un intelectual; es un burgués o un proletario intelectualizado, según su clase (p. 196). 

estudia, sí, pero para pulir tu temperamento intiuitivo, no para ahogarlo (p. 203). 

no pienso entregarlos con mi nombre; yo sé que tengo el "Inri" de ser mujer, y que mientras sea yo la autora, la obra no valdrá nada; Será deslustrada por el solo hecho de no suscribirla un hombre. (pág. 204). 

mira, la poesía para mí es como una onda que capta, muy débilmente sin embargo, ciertas vivencias, ciertas intuiciones y estados de beatitud o de contemplación interior cósmica. El lenguaje simbólico de la poesía, a falta de palabras idiomáticas que expliquen muchos fenómenos interiores, es hasta el presente el medio más adecuado para expresar sentimientos y sensaciones metafísicas (p. 220).

yo no estudio para aprender sino para saber y no quiero saber para repetir sino para pensar (p. 221).

Todo "lagarto" es canalla cuando se le presenta la ocasión (p. 235).

es una cobardía estar sentada, como mero juez cerebral ante la angustia del mundo, ante el desmoronamiento de la patria, pudiendo unirnos a los que quieren reformar este estado insoportable y doloroso (p. 251).

¿No ves que la única ventaja que tiene una mujer aquí, es precisamente que por no tener importancia puede hacer y deshacer sin que nadie se ocupe de si causa daño o no? El peligro no es que me lleven a la cárcel sino que me decreten manicomio (p. 252).

revela una capacidad vigorosa, un estilo ya formado y una resolución masculina de no ocultar, de no disfrazar siquiera, el propio pensamiento (p. 258). 

-Usted misma, Ara, no tardaría en sentirse fastidiada cuando sus alumnos comenzarán a faltar a la disciplina y se manejarán más como hombres curiosos que como estudiantes (p. 262). 

-¿Con decir a los ricos que odiamos a los oligarcas estamos amando al pueblo más que ellos? ¿No sería mejor predicar menos el odio al poderoso y querer más eficazmente el bienestar colectivo? (pág. 267).

-Todos los seres, absolutamente todos, tienen su aspecto comparable; lo que pasa es que hay que descubrirlo (p. 272)

Pensaba para mis adentros: el que siempre obra con criterio de compra, con el mismo criterio se vende; dos aspectos de una misma moral (p. 272).

Nunca he podido soportar impasible ni alteraciones ni personas extrañas en mi vida ordinaria. Le tengo terror a cualquier modificación, por beneficio que sea (p. 273).

No hay nada tan grotesco en el mundo como la elegancia de un nuevo rico (p. 280).

Yo no puedo graduar ni contener la vida, porque mi vida soy yo, porque mi vida, dondequiera va conmigo y tengo que vivirla, así como tengo que respirar el aire que me circunda por más fétido o envenenado que éste me parece. Fatalmente tengo que vivir, así sea para angustiarme todos los días y para agonizar continuamente (p. 286).

¡Debo cargar con mi vida porque no tengo ni siquiera el derecho a la muerte!
Pero aunque no es mía la libertad de morir, porque mi vida es un apéndice de la de Lucio, no por esto deja de ser tan fácil la muerte; ¡tan fácil! ¡tan fácil!  (pág. 286).

aún insonscientemente llegué a buscar la muerte (p. 290).

Precipitar mi muerte no es pues, faltar al deber y en cierto modo, es así como lo cumplo mejor, ya que dejo de ejercer una influencia perniciosa en la vida de mi hijo (p. 291). 

Los días pasaban deliberando conmigo misma sobre la forma más conveniente de matarme sin dejar sospechas de suicidio (p. 291). 

no tengo ni siquiera la libertad de la locura; ¡Debo ser heroicamente cuerda!
Casi no pude contener la desesperación cuando acabé aceptando definitivamente, que de ninguna manera podía liberarme de la vida (p. 292).

Luchar es precisamente lo que he decidido no volver a hacer jamás, porque quien lucha, se cree con el derecho de exigir a la vida y precisamente en esto consiste la desilusión y el fracaso. En cambio, a quien no lucha ni ambiciona le queda por lo menos, el orgullo muy trivial pero muy consolador, de saber que los éxitos no le llegaron porque no los buscó, porque no los quiso. Por esto no volveré a ambicionar nada mejor que el presente (p. 293).

Toda persona que siente sinceramente la suerte humana y que se preocupa por su pueblo y de su patria jamás podrá deslindarse de la política (p. 321). 

-La libertad de pensamiento, de palabra, de acción y de vocación se te van a cercenar con el casamiento. ¿Has pensado en esto? (p. 333).

ningún prestigio es firme si no está respaldado con el dinero (p. 338). 

-Qué triste es ser mujer sin haber sido una niña! (p. 346).

La mujer lleva en su vientre el futuro del mundo, pero hasta ahora hemos sido apenas, las hacedoras, las paridoras de individuos, no las creadoras responsables de personas (p. 351).

más por desconcertante paradoja es precisamente el cristianismo la religión que tiene un más recio y afirmativo simbolismo materno; toda ella se alza sobre la veneración Madre-Hijo (p. 352).

-¿Por qué habría de nacer yo bajo el signo de este siglo? (p. 356).

-Yo soy angustia; por eso es que mi espíritu quiere a veces saltar como este corazón. Y con tanta frecuencia es tan hondo ese desear, este anhelar, este temblar por la verdad y la belleza que quisiera deflaglarme en mil átomos ideales, en mil cuantas esenciales y desparramarme por todo el universo y disgregarme en todos los ámbitos (p. 358). 


Dimensión de la angustia
Fabiola Aguirre Suárez 
Talleres Gráficos de Antares
Bogotá, enero de 1952
362 páginas

miércoles, 28 de marzo de 2018

Una y muchas guerras, de Alonso Aristizábal

Risaralda, la obra publicada en 1935 por Bernardo Arias Trujillo fue considerada "La novela del Gran Caldas" en el Siglo XX, hasta que en 1985 Editorial Planeta publicó Una y muchas guerras, de Alonso Aristizábal.

Los rankings o escalafones sobre las mejores novelas de la década, o de la literatura caldense, o de la literatura de la violencia resultan odiosos por las exclusiones que hacen, pero en todos ellos figura con sobrados méritos la primera novela de Alonso Aristizábal, que leída más de 30 años después de haber sido publicada resiste muy bien el paso del tiempo, quizás porque, por tratarse de una novela histórica, el autor fue consciente del reto que tenía para construir un texto verosímil sobre una época pretérita, y esa reconstrucción del pasado quedó tan bien armada que sigue sólida aunque pasen décadas.

El relato se ocupa de Rubelio Aristizábal, su esposa Sola, sus hijos, sus padres y su vida en Pensilvania a mediados de los años 30. Un primer valor de esta novela es recordarle al lector que antes de La Violencia desatada en 1948 con El Bogotazo ya había violencia, y mucha, entre liberales y conservadores. Pero el autor no se ocupa de los muertos sino del miedo en el que viven los vivos: zozobra porque los pueden matar y angustia por la precariedad económica que implica vivir en un pueblo en el que el gran empleador es el Estado y la Alcaldía puede cambiar de bando en cualquier momento.

En la obra de Aristizábal hay zaguanes, aguapanela, chuchas que corren sobre los zarzos, mujeres que rezan el rosario e hijos que sueñan con ser monaguillos. Hay una vida anterior a la radio, la televisión y el teléfono, en la que la prensa escrita es la que conecta la cotidianidad con el mundo que hay más allá de las montañas. Hay mulas, cafés, aguardiente, billares, gallos y peleas. Hay discursos, tedio y miedo. Mucho miedo de puertas para adentro en una época en que la filiación política y la religión marcan el destino familiar.

Hay también un contraste narrativo entre la vida en Pensilvania y la vida posterior en Bogotá, una urbe que aparece antes y después del Bogotazo. Bogotá se presenta como una ciudad hostil, dura para el inmigrante, con un clima frío y una vida más costosa y limitada que la que se tiene en los pueblos.

La prosa de Alonso Airstizábal es cuidada. En su relato aparecen sombras y espectros que evocan a Rulfo, pero también hay homenajes a otros autores clásicos, empezando por Virgilio, alter ego del autor, que evoca a Dante.

Algunas frases
¡Muévanse eternidades!

Este es un pueblo miserable donde la gente no está pensando sino en matarse los unos a los otros.

Tenían el rostro amargo del que hace una guerra

Interminable como un mareo.

(cuando casó a la hija) con certeza comprendía que aquél era el primer día de su vejez.

Concluyó que cada cosa tiene su historia y que cada lugar u objeto guarda un pasado.

La sucesión infinita de instantes iguales a cajones vacíos.

Él se negaba a terminar el libro en el cual leía uno de esos pasajes deslumbrantes por los que se puede cambiar el mundo.

Por ello prefería no compararse en fotografías porque no se encontraba consigo mismo, sino con todos los hombres que había sido.

Los hijos nacen con dolor, no hacen más que dolerle a uno cuando crecen y le duelen y lo matan cuando se van de la casa.

Penas como silencios discurriendo por sus venas. 

Y hablaba solo para decir que aún no entendía por qué la gente tenía que abandonar los pueblos.

Insistía en mostrar un rostro amargo y casi bohemio de los que no toman trago sino que se emborrachan a costa de sentimientos.

Escribir es revivir a sus papás en el fondo de los años.


Una y muchas guerras
Alonso Aristizábal Escobar
Editorial Planeta
Bogotá, 1985
233 páginas