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sábado, 31 de enero de 2026

Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

La Editorial Destiempo, de Pereira, un proyecto cultural que se ubica en las antípodas del interés comercial y la viralidad de redes sociales, acaba de publicar el tercer número de su colección, 
para alegría de sus lectores y de la historia bibliográfica regional.
 
Luego de editar En el país de la magia y otras traducciones, de Eduardo López Jaramillo, y las Crónicas recuperadas de Ricardo Sánchez Arenas, el trabajo de investigación hemerográfica que adelanta el periodista Mauricio Ramírez Gómez, director de Destiempo, se refleja en un volumen que en 84 páginas presenta una selección de textos de Eduardo Martínez Villegas, un autor que apenas ahora llega al formato de libro, porque su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. 

En la presentación del libro Mauricio Ramírez Gómez cuenta que Eduardo Martínez Villegas murió repentinamente el 10 de mayo de 1929, a los 38 años de edad. Vivía en Pereira, publicaba en periódicos de la ciudad y mantenía una relación fluida con intelectuales de Bogotá como Luis Eduardo Nieto Caballero, entre otros. 

El libro recoge un variopinto mostrario de los textos de Martínez Villegas: reseñas críticas sobre autores colombianos, sobre autores pereiranos como Eduardo Correa Uribe (Luis Campos), Carlos Echeverri U, Julio Cano y Benjamín Tejada Córdoba y cartas enviadas a la escritora y editora Blanca Isaza de Jaramillo Meza y a su esposo, el poeta Juan Bautista Jaramillo Meza. Al final el libro recoge textos que sobre Eduardo Martínez publicaron autores como Luis Eduardo Nieto Caballero, Rafael Cano Montoya (Tiz Luna) y Lisímaco Salazar.

Sobre Martínez Villegas escribe Nieto Caballero: "No hizo ningún poema extraordinario. Pero, en todos los que quiso que volaran al viento puso esencia del alma. Era un hombre sincero" (p. 70).

La prosa de Martínez tiene un lenguaje que hoy luce anticuado. En algunos pasajes es pesada y con loas que suenan exageradas o, al menos, desbordadas. No obstante, o quizás por eso mismo, el libro tiene valor como ejercicio de recuperación: permite no solo conocer a un autor inédito hasta ahora en formato de libro, sino que además ofrece un contraste en la forma en la que ha variado el lenguaje de la crítica y la reseña literaria en el curso del último siglo. 


Eso en cuanto a la forma. Con relación al fondo, el contenido que desarrolla Martínez Villegas es útil para el diálogo sobre la historia de la cultura letrada regional. Sus textos ofrecen un panorama sobre qué autores se leían en Pereira en los años 20 y qué autores locales o regionales eran, a juicio del autor, dignos de ser reseñados. 

Este librito (pocas páginas y de formato pequeño) permite conocer a aquellos autores cuyo rastro se perdió en el tiempo.

Algunos subrayados

"Yo le tacharía a Nieto Caballero la costumbre de comentar todo libro que le llega a las manos, pero en ningún caso le apunto como defecto de escritor su excesiva bonhomía; esto, hasta cierto punto, es una excelente cualidad, porque así se salvan del olvido muchos libros que por más mediocres que sean, algo, naturalmente, deben tener que los haga merecedores de un cariñoso recuerdo" (p. 38).

"¿Le diré, señora, que yo la conocía? No; sus cuentos publicados en periódicos y revistas no producen la emoción de los que llenan las páginas de un libro que todos los días se abre para tomar en él el licor sedante de una nueva impresión emotiva; los periódicos y las revistas son de vida efímera, y el libro está llamado a perdurar; por eso puedo asegurarle que no la conocía" (p. 62).


Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

Editor: Mauricio Ramírez Gómez

Editorial Destiempo

Pereira

Diciembre de 2025

80 páginas


lunes, 17 de noviembre de 2025

Risaralda, de Bernardo Arias Trujillo

Diversos libros de la historia de la literatura caldense se refieren a Risaralda, de Bernardo Arias Trujillo, como la gran novela del siglo XX en Caldas, o al menos de la primera mitad del siglo XX.

Arias Trujillo nació en 1903 en Manzanares y se suicidó en Manizales en 1938. Cuando cumplió 32 años publicó Risaralda, que desde la primera página interior se anuncia como "película de negredumbre y de vaquería, filmada en dos rollos y en lengua castellana".

La novela se divide en dos rollos, que equivale a decir en dos partes. La primera se ocupa de describir el origen de Sopinga, que más tarde se llamaría La Virginia, desde mediados del siglo XIX hasta alrededor de 1915. En el relato Sopinga es un paraíso, un edén entre los valles del Río Risaralda y el Río Cauca, habitado por negros que llegaron de distintas partes del país y que se gobiernan bajo sus propias normas y costumbres, sin admitir autoridad ajena. 

Caracterizado el escenario, el segundo rollo se ocupa de desarrollar el drama de la historia: un amor contrariado entre La Canchelo, negra bellísima, hija de Pacha Durán, y Juan Manuel Vallejo, un vaquero rubio, de 26 años, hijo de buena familia, que llega a Sopinga después de haber vivido y enviudado en la costa Caribe. 

La violencia, el racismo, el baile, el tiple, la música, el licor, el machete y las riñas hacen parte de esta novela que transcurre principalmente de noche y que, desde la mirada de un autor blanco pero marginal por su condición homosexual, describe otra marginalidad que a sus ojos luce salvaje y libre: la de los pueblos negros que viven al margen de las normas de los blancos. 

El lenguaje de Risaralda busca resaltar la oralidad del habla de Sopinga. Hay referentes a pasajes bíblicos, desde el Génesis hasta el Diluvio, y hay también un embelesamiento con el paisaje verde del valle de Risaralda. No creo que esta novela sea superior a Una mujer, publicada en Manizales por Natalia Ocampo de Sánchez, seis meses después de Risaralda, pero sí es una novela que ofrece una mirada distinta y alternativa frente al relato oficial de la colonización. El Río Cauca, el hombre negro y la noche son los ejes que articulan la narración de Risaralda, una novela útil para recordar que el Eje Cafetero es mucho más que café.

Algunos subrayados
En el principio era la selva. Era en el principio la selva inmensa, silenciosa, poblada de misterio y de osadía. Los siglos rodaban sobre el lomo del río al vaivén de las aguas, y los robustos árboles tutelares, coronados de orquídeas, como dioses, presenciaban taciturnos el desfile infinito de las centurias (p. 19). 

un hombre hacíase despreciable si alguna vez había sido derrotado o no había cometido siquiera un homicidio (p. 23). 

el negro agarraba por las mechas a su hembra, ceñíala, contra sí, doblábala como un junco del monte, y mientras le alzaba las vistosas enaguas con una mano, con la otra le daba en las nalgas, hasta una docena de "planazos" descargados con la hoja fulgurante del machete (p. 27).

Los negros risaraldenses tenían un concepto árabe de la propiedad de la mujer, la cual era para ellos solamente una "cosa" (p. 27).
19
Deje que mi marido me pegue todo lo que le dé la gana que pa eso soy su mujé (p. 28). 

un baile de ley, para serlo de veras, necesita por lo menos dos "dijuntos" (p. 35). 

Su padre le enseñó las cuarenta y siete maneras de manejar la peinilla, lo adoctrinó en los "quites", "vueltas", "recumbambeos" y cuantas filigranas debe saber un machetero de pundonor (p. 52).

Y como la criatura persistiese en estar con él y seguirlo, la agarró del cabello y despacio, exquisitamente, con una finura florentina —refinamiento increíble en un negro malo— la fue haciendo tajaditas tan delgadas como hostias y las iba tirando una por una, con lentitud, a los pescados del río. Todo esto con indolencia pasmosa, sordo a los alaridos de la víctima, divertido de su obra de mulata crueldad (p. 56). 

Rita lo hace con más sensualidad aún, como si estuviera gozando la sensación del orgasmo (p. 61). 

Así como el bambuco es baile casto que sugiere idilio, el currulao es danza sensual que quiere decir posesión y entrega (p. 63).

El Cauca era el cementerio de Sopinga (p. 73). 

—¡Ay, compadre Salvadó! ¡Qué vaina sé un tan macho!....
—¿Po qué, compadre?
—Poque si yo no juera tan macho, me emperraría a llorá como una hembra. ¡Ay que ve!... (p. 88).

En este faenar humilde, la hembra sumisa envejecía, dócil a su macho, sin remilgarse nunca, contenta de quererle, agradecida de que le diera hospedaje (p. 90).

La mujer, los hijos y su canoa son el triángulo que sostiene la tolda de su ensueño (p. 92).

se acordaron en casi todas las cláusulas, menos en aquella de enlazarse con rejos matrimoniales, que ellos se amaban a su manera, sin ritualidades algunas, teníanse felices con el amor libre y espontáneo, el mejor aglutinante para ayuntar de veras dos almas, en lo cual resultaban más sabios y experimentados que los blancos (p. 105).

existía siempre, naturalmente, un invisible cordón sanitario de jerarquía entre las dos castas (p. 110).

Los expedicionarios iban derribando selva, lentamente. Cuando ante ellos se enfrentaba un árbol gigantesco de varias brazas de abarcadura, lo rodeaban con denuedo y repartidos a equidistancia, empezaban a abrirle zanjas a golpes de machete o de hacha (p. 124). 

Intacta de cuerpo, tenía, sin embargo, pelusillas de pecado venial entre los rinconzuelos de su alma, vagas ensoñaciones de goce, y vanidad de saberse deseada, de sentirse tentadora y apetecida. Era una mujer (p. 139).

Tenía alma de vaquero que es tener alma de extensión (p. 145). 

El retorno le dió un alma nueva y comprendió que regresar era como nacer otra vez. Más tarde descubriría con pena que el regreso tan sólo transforma pasajeramente, y que pasados los días de las primeras impresiones, se vuelve al viejo sopor, y la vida torna a ser tan igual y monótona como antes de movilizar el alma hacia otros panoramas (p. 150). 

El día vivido ayer sería exactamente igual al de hoy, al de mañana, al que transcurrirá dentro de diez años (p. 153). 

El tufo sexual de la tierra caliente, húmeda de savias y de fertilidades (p. 175). 

Más que por bonita amábala Juan Manuel por arisca y desdeñosa, porque así le gustaban las hembras, como buen vaquero: difíciles de coger, duras de domar, tercas y resabiadas, de mala rienda, pajareras y espantadizas, para tener el gusto de volverlas modositas y aterciopeladas como bestia madrina (p. 195).

Pacha quería morir dejando a su Canchelo casada con hombre blanco y de buenas maneras, no con un negro vulgar del puerto, ordinario y despreciable (p. 197). 

El aguardiente ha sido el mejor combustible para movilizar la vida nacional: él es el motor que impulsa nuestro mecanismo y bajo su influencia se ha realizado nuestra historia: revoluciones, guerras largas, victorias, descalabros, todas las peripecias colombianas tienen aroma de anís y están bautizadas con gotas claras de aguardiente. Por eso, es un benemérito de la patria (p. 212). 


Risaralda
Bernardo Arias Trujillo
Editorial Zapata
Manizales
Noviembre de 1935
268 páginas.


domingo, 15 de diciembre de 2024

Crónicas recuperadas, de Ricardo Sánchez Arenas

Luego de hurgar en periódicos antiguos, el periodista pereirano Mauricio Ramírez Gómez se dio a la tarea de seleccionar, editar y publicar una colección de crónicas firmadas por Ricardo Sánchez Arenas entre los años 30 y 40 en El Diario, de Pereira, periódico dirigido por Emilio Correa Uribe. 

El resultado de este esfuerzo es "Crónicas recuperadas", un volumen de 86 páginas en formato de bolsillo, que recoge 12 crónicas escritas por Ricardo Sánchez: cuatro sobre la historia de Pereira, otras cuatro sobre el tiempo que el autor pasó por  el leprocomio de Agua de Dios, recluido por causa del bacilo de Hansen, y las otras cuatro sobre temas diversos como el cine, la moda, el apellido de Bolívar y la memoria del caricaturista Ricardo Rendón.

Escribe Mauricio Ramírez sobre el cronista en la presentación del libro: "Ricardo Sánchez Arenas nació en Pereira el 7 de enero de 1888. Era hijo de Clotario Sánchez, dueño de la primera biblioteca que tuvo Pereira, aspecto que debió influir en su formación. Durante las primeras décadas del siglo XX, se destacó como comerciante. Su local estaba ubicado en la esquina sur oriental del cruce de la carrera séptima con la calle 23. Laboró en Manizales como agente viajero de Droguerías Unidas y del Almacén Americano. Fue corresponsal de El Tiempo y La Patria; publicó muchas notas en periódicos y revistas nacionales con el seudónimo ‘Fierabrás’. En su columna “Reportajes Informales”, publicada en revistas, divulgó numerosas entrevistas a personajes de la vida regional. Dichas entrevistas no han sido recogidas en libro. Fue también cofundador y secretario de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, en 1925, con Manuel Mejía Robledo. Falleció en esta misma ciudad el 20 de junio de 1946".

Las crónicas de Sánchez tienen algunos elementos comunes con las que publicó Tomás Calderón Ramírez, conocido como "Mauricio", en La Patria desde finales de los años 20 y hasta su muerte en 1955: interés por la historia de la fundación de las ciudades, descripción de la vida cotidiana y de personajes pintorescos, en particular por los ancianos, uso del humor costumbrista y referencias a elementos folclóricos. 

Resulta particularmente interesante su texto sobre el terremoto del 31 de enero de 1906, uno de los más fuertes que ha sufrido Colombia, así como su crónica sobre Pereira, Manizales y Armenia. Narra que un viaje de Pereira a Manizales le tomó casi tres días, y un viaje de Pereira a Armenia duró una semana completa. También cuenta que hacia 1915 en Pereira "teníamos planta eléctrica, buen acueducto" (p. 38).

Para los musicólogos puede ser de mucho interés la conversación que sostiene Sánchez con el maestro Luis Antonio Calvo, recluido con él en el leprocomio de Agua de Dios. El maestro Calvo dice: "llegué al lazareto el 12 de mayo de 1916". Su deceso se produjo en el mismo lugar en 1945.

Sobre el suicidio del caricaturista Ricardo Rendón dice que el origen de su depresión estuvo en el fin de la Hegemonía Conservadora: "Yo no puedo vivir sino dentro de la sistemática oposición al Gobierno. El triunfo de Olaya me partió por el eje y yo no puedo volverme godo" (p. 74), escribe Sánchez que le dijo Rendón meses antes de su muerte.

Llama la atención una nota sobre la publicación del libro: "Destiempo es una iniciativa autogestionada que tiene como propósito la circulación de textos literarios y periodísticos, recuperados o inéditos, para motivar la investigación y encontrar nuevas relaciones con el presente". Sin duda la recuperación de voces periodísticas y literarias del pasado que quedaron olvidadas es un esfuerzo necesario para construir una mejor historia sobre la escritura regional y para encontrar nuevos datos y registros sobre el pasado de este territorio.

Algunos subrayados
Fuimos a Europa sin estar preparados (p. 22).

Cuando con porciones de territorio de Antioquia y el Cauca, el general Reyes, hace hoy 40 años, fundó el departamento de Caldas, la ciudad escogida para su capital, Manizales, era un modesto poblado poco más o menos de lo que hoy es Pácora (p. 32). 

sólo nos faltaba conocer a los notables del pueblo, para lo cual solo nos bastó pararnos en la esquina de la Catedral una hora. Por allí desfilaba toda la ciudadanía (p. 34). 

(Pereira) es hoy la quinta ciudad de Colombia y será la cuarta cuando el aeródromo de Matecaña esté terminado (p. 39).

Crónicas recuperadas
Ricardo Sánchez Arenas
Mauricio Ramírez Gómez (Compilador)
Destiempo, Colección Literaria
Pereira
2024.