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viernes, 13 de marzo de 2026

No es por aguar la fiesta..., de Antonio Caballero

Aunque murió el 10 de septiembre de 2021, Antonio Caballero está muy vivo, y para constatarlo basta con leerlo. 

Es usual que los columnistas publiquen libros con compilaciones de columnas. Yo he pensado hacerlo con las mías, y me lo han propuesto, pero me disuade de la idea leer otros libros de columnas: suelen ser malos por una razón simple: la columna es fruto de la coyuntura, de la actualidad, de la urgencia, y se escribe al calor del momento para un público que sabe cuál fue el titular de este martes o la noticia del jueves, y entonces no han necesidad de explicar quién es fulano y por qué lo destituyeron. Pero pasados unos años, todos esos contextos se evaporan, y por eso las columnas envejecen mal. Las que mejor lo hacen son las que no están atadas a la coyuntura, sino a la intimidad, al tono confesional, pero esas, al menos en mi caso, son las más escasas.

No sé si Antonio Caballero escribió alguna columna de esas íntimas o confesionales. No recuerdo haberla leído. Todas sus columnas eran fruto de la actualidad, la política y la guerra, que en Colombia suelen ser la misma cosa. Todas era lecturas del instante, que, no obstante, envejecen bien, o mejor dicho no envejecen: rejuvenecen, porque leer en 2026 lo que Caballero publicó en 1996 evidencia que este país avanza en círculos y que eso ya lo había dicho él, como todo. Cualquier idea sobre la actualidad política, Caballero la dijo primero.

"No es por aguar la fiesta..." es un libro publicado en 1999 que reúne 79 columnas de Caballero organizadas en varios bloques: "guerra y paz", que corresponden a la mitad del libro, y "droga", "política y país", "política exterior" y "mundo". Leerlo hoy es una delicia porque ese lenguaje suyo tan musical, tan lleno de humor, con las palabras precisas, sirve para constatar que él hablaba siempre de los mismos temas, como dijo varias veces, que llevaba años escribiendo la misma columna, porque en Colombia siempre se habla de los mismos temas: hoy y hace 30 años. De los mismos temas (la paz, la guerra, las drogas, la guerrilla, los partidos, los militares, la inexistente reforma agraria) y de la misma gente: Galán, Gaviria, Pastrana, Uribe. 

En la columna "Las causas de la guerra", del 20 de julio de 1998, Caballero escribe que "a la paz solo se llegará cuando hayan desaparecido las causas de la guerra" (p. 59) y esas causas, según él, son la lucha por la tierra, el desempleo, la "aberrante distribución de la riqueza y del ingreso" la inexistencia de la justicia y la represión política. En mayor o menor medida todas sus columnas tocan alguna de estas aristas. Machaca la idea de que el descarado intervencionismo gringo empuja a Colombia a una guerra que es ajena; que la impunidad y la corrupción alimentan la guerra; que a los militares les conviene el negocio de la guerra y que la guerrilla no puede defender ninguna idea política si usa como armas el secuestro y otras barbaridades que desdibujan su origen rural y campesino.

Las ideas de Caballero son claras y siguen vigentes, pero lo que lo hace un maestro es el virtuosismo con el lenguaje: su capacidad para hacer reír, para usar el sarcasmo, para afilar la ironía y encontrar la imagen precisa que desnuda al poderoso. Ese humor, sustentado en un profundo conocimiento de la historia universal y colombiana, hacen de Caballero el mejor columnista de prensa en Colombia. Qué le hace que esté muerto.



Algunos subrayados
De la columna "Ojo, comandante Bochica": "nada hay más cobarde que un secuestro, y nada que envilezca más un proyecto político" (p. 16).

De la columna "El salto militar": "cualquier país, por pobre que sea, encuentra siempre dinero para financiar la guerra, y la financiación de la guerra genera en todas partes, como es lógico, más guerra" (p. 20).

De la columna "La guerra: costo y beneficio": "Si en vez de sofocar la guerra mediante métodos políticos se escoge ganarla mediante métodos militares, resulta inevitable darles a los militares el poder político (p. 26).

De la columna "Historia y geografía": "para hacer la paz, como lo enseña la historia, se necesitan solamente dos cosas que poco tienen que ver con las virtudes cívicas, o con las teologales, o con las cardinales: decisión política y autoridad sobre los militares (p. 41).

De la columna "La tierra y la guerra": "En la historia de Colombia los ganaderos han sido, desde hace cinco siglos, los principales promotores de la guerra y sus más directos beneficiarios" (p. 43).

De la columna "Conversaciones en Maguncia": "No es que no tenga opinión, sino que la tengo propia. Y tengo además la suerte de que —en razón de mi oficio de "periodista de opinión"— mi opinión se publica en los periódicos. Lo cual no significa, sin embargo, ni mucho menos, que represente la opinión de esos periódicos; y ni siquiera la opinión de mis lectores, que a veces la comparten y a veces no, pero a quienes espero que les pueda servir de uno, entre varios, puntos de referencia. Y creo en consecuencia que mi función es ésa: la de opinar en público, y no la de participar en coloquios a puerta cerrada, por ancha que sea esa puerta" (p. 55).

De la columna "Las cuentas del campo": "La violencia actual, que tuvo sus primeros brotes en los años treinta, y después se politizó (se partidizó) en los cuarenta y cincuenta, y se volvió "subversiva" en los sesenta y setenta (y hasta hoy), hunde sus raíces en el conflicto por la propiedad agraria" (p. 90).

De la columna "Vana y torpe": "si estamos como estamos [en este país], es porque siempre se ha pretendido callar las opiniones discrepantes por la fuerza (p. 98).

De la columna "La intervención": "si algo nos enseña la historia, y en particular la historia de Estados Unidos, es que la estupidez acaba siempre por triunfar" (p. 114).

De la columna "La ley del Talión": "El miedo genera odio hacia quien nos inspira miedo, y el odio, miedo a quien nos odia y por odio puede matarnos. En la Colombia de hoy nos odiamos todos "(p. 118).

De la columna "Las risotadas de Frechette": "En esas listas de enemigos del gobierno de Estados Unidos no figura ningún narco, ni ha figurado nunca. y no figuran por la sencilla razón de que no son enemigos. ¿Cómo van a ser enemigos unos señores que manejan el negocio más rentable —más que el de las armas y que el del petróleo, dice la ONU— que han tenido jamás los bancos norteamericanos? Son amigos. Por eso les dan visa. (p. 138).

De la columna "Actos de fe": "Ninguna versión de las autoridades colombianas sobre casos con muerto ha sido nunca verosimil, tanto si el muerto es "malo", como Santacruz, como si es "bueno", como Galán, o incluso si no está muerto, como en cualquiera de las cien veces que han anunciado la muerte de Tirofijo" (p. 139).

De la columna "La ley hipócrita": la mitad de la economía y la mitad de la política del país reposan sobre dineros de origen turbio: no sólo del narcotráfico, sino del peculado, del secuestro, del contrabando, de la compraventa de votos, del atraco en carretera, o hasta del parricidio cometido por un hijo impaciente para lograr su herencia (p. 144).

De la columna "El eslabón más débil": "nunca cae preso ningún narco norteamericano: ni siquiera en el cine" (p. 146).
"Sólo a los imbéciles se les puede ocurrir que la mejor manera de perseguir un negocio que sólo vive de la prohibición consiste en mantener la prohibición, sin la cual el negocio no existiría. Pero además de imbecilidad hay codicia: de las colosales ganancias del negocio, el 95% se queda en Estados Unidos; y esas ganancias solo existen porque el negocio está prohibido (147).

De la columna "Sobre la extradición": "la extradición es el reconocimiento de la impotencia del Estado colombiano para impartir justicia; como, del mismo modo, la invención de las Convivir (otra monstruosidad) es el reconocimiento de su impotencia para mantener el orden" (p. 156).

De la columna "Insisto: es una guerra ajena": "De esa guerra, curiosamente, solo están excluidos el propio Estados Unidos, único país a quien nadie "descertifica" ni fumiga ni castiga a pesar de que es el primer consumidor de todo tipo de drogas en el mundo, el primer productor de marihuana y de "drogas de diseño" (éxtasis, etc.) del mundo, y el principal receptor y "lavador" del dinero negro de las drogas del mundo" (p. 164).

De la columna "Los inmortales": "el expresidente Barco, de quien durante todo su período presidencial se creyó que estaba muerto, acaba de resucitar para recibir un premio por los servicios prestados a su partido cuando ocupó la presidencia" (p. 206).

De la columna "Plata y plomo electorales": "el funcionamiento del sistema electoral hace que, naturalmente, los políticos que ganan elecciones sean los más corruptos. Y ése es el vicio original de lo que llamamos democracia en Colombia" (p. 209).

De la columna "No es por aguar la fiesta...": "En cuanto al Partido Liberal, no es un azar que sea el heredero directo de aquel que en el siglo pasado formó Florentino González, bajo el prometedor nombre de "partido de los partidarios del gobierno". Nunca, salvo cuando a la fuerza ha sido expulsado del festín burocrático, ha querido el Partido liberal hacer oposición: prefiere pedir puestos. (Lo mismo que el Partido Conservador, por otra parte: no en balde son idénticos)" (p 227).


No es por aguar la fiesta...
Antonio Caballero Holguín
Editorial Planeta
Bogotá
1999
280 páginas

domingo, 6 de octubre de 2024

La cuadra, de Gilmer Mesa

El narrador de La cuadra vive en el barrio Aranjuez de Medellín. Su papá maneja un camión desvencijado, su mamá trabaja, su hermano menor estudia y el mayor también, pero además hace trabajitos para los pillos de la esquina. 

En la cuadra pasa todo. La vida ocurre en la calle: la de los chicos que quieren ser más grandes, y la de los grandes que conversan afuera. Hay solidaridad y rebusque, pero también hay miedo porque el combo de Los Riscos impone su ley. 

La cuadra es la primera novela de Gilmer Mesa. La obra está dividida en nueve capítulos y en cada uno desarrolla la historia de algún personaje de la cuadra, aunque desde el comienzo se entreteje que la historia avanza hacia el despeñadero: hacia la muerte que quiebra en dos a una familia, aunque la cuadra siga siendo la misma.

Resulta interesante observar el rol de las mujeres en una obra tan masculina y cargada de tanta violencia: hay mujeres víctimas de homicidio y de violencia sexual, hay prostitutas y hay madres que sufren por sus hijos. Se describe en detalle "El revolión", una violación masiva de hombres armados a mujeres adolescentes, una práctica que similar a la que ocurre en El Salvador con las maras, y que ha descrito el medio El Faro. Pero La Cuadra presenta tamb a mujeres vengadoras, mujeres que salen adelante sin el apoyo de familiares o de parejas y esta multiplicidad permite vislumbrar los matices complejos de una sociedad en la que ellos, los hombres, cargan con la obligación de disparar, porque demostrar que son muy machos es una imposición social. 


Algunos subrayados
Para quienes nacimos en un barrio popular de una ciudad como esta, el respeto es más necesario para sobrevivir que el aire (p. 14).

cuando uno nace, crece y se reproduce viendo a sus similares morir todos jóvenes, sus expectativas de vida no superan los veinte años, y entonces cuando la única vida posible y vivible es la adolescencia, ahí es donde se tiene que ser alguien, no hay tiempo de espera (p. 15).

Al ingresar la pareja, el hombre, con alguna excusa, se devolvía y entreabría la puerta para que pasados treinta segundos entraran los compinches armados y obligaran a la mujer a tener sexo con todos y cada uno, a veces por turnos, pero la mayor parte del tiempo al unísono y por los diferentes orificios de su cuerpo (p. 40).

Las mujeres sometidas a estas vejaciones tenían que guardar silencio (p. 40).

Esa rabia impúdica y resentida que los feos suelen sentir frente a la belleza (p. 42). 

era tan solo miedo, el mismo que cargábamos todos para enfrentarnos a lo desconocido que era el mundo femenino: no dejan de ser paradójicas las formas que tiene el miedo de instalarse en los hombres, nunca apareció para detetener la mano del matón de policías pero emergía imponente y total a la hora de encarar a una mujer (p. 44). 

Los seres humanos no somos uno solamente, inmutable y parejo, somos antes que nada plurales, con una pluralidad dicotómica y contradictoria que nos hace levantarnos angélicos virtuosos y acostarnos demoniacos porque en ambos estados mantenemos la misma mueva (p. 62).

nuestros ídolos de niñez nunca fueron superhéroes de historietas ni futbolistas famosos, nosotros queríamos ser bandidos como los que veíamos a diario en la esquina (p. 98). 

En esos barrios pobres la calle es el sitio en donde se pasa la mayor parte de tiempo en la infancia, a falta de guarderías y jardines infantiles, la calle suplía con ardor la sed de aprendizaje (p. 115). 

El delito ha sido siempre patrocinado más por las gentes que se dicen de bien que por los mismos delincuentes, quienes solo son la cara visible del crimen, pero bajo la superficie se mueven los verdaderos favorecedores de todas las fechorías, los que compran lo robado, los que mandan a matar, los que consumen lo ilegal, ahí está la verdadera cara de la sociedad que inculpa y sataniza al criminal pero lo tolera, disculpa e incluso ampara la infracción (p. 122). 

Lo menos difícil de llegar al poder es acceder a él, lo verdaderamente importante es mantenerlo y la forma más fácil de lograrlo es mantener el bienestar de los súbditos y de los trabajadores (p. 125). 

Las personas suelen creer que el poder y el dinero cambian a la gente, pero eso es falso, lo que hacen el poder y el dinero es que nos desenmascaran, nos ponen en evidencia con nosotros mismos, con nuestras propias miserias (p. 133). 

Más que trabarse lo que uno buscaba con la mariguana en los enrevesados años de adolescencia era aceptación (p. 172). 

La tristeza es un sentimiento que se padece en soledad, que necesita del aislamiento (p. 179). 

Después del entierro la esquina siguió siendo la esquina, con sus crímenes, su agite y sus muertos, pero mi familia y yo ya nunca volvimos a ser los mismos (p. 188). 


La cuadra
Gilmer Mesa
Penguin Random House
Bogotá, 2016
194 páginas

jueves, 2 de mayo de 2024

Los sexualizadores, de Carlos Mario Vallejo

"Los sexualizadores", la primera novela del manizaleño Carlos Mario Vallejo, es una obra que desde las primeras páginas plantea lo que va a ocurrir: un narrador en segunda persona (te) cuenta que todos los seres humanos nacen bisexuales y que la homosexualidad y la heterosexualidad son conductas aprendidas que se pueden desaprender. El héroe fracasado de esta novela se propone entonces una campaña cívica sexualizadora de desaprendizaje drástico: raptar a una rectora, un sacerdote y un profesor para obligarlos a aprenderse un decálago antietiquetas y a tener sexo con alguien opuesto al de su conducta aprendida para que aprendan que las homofobias y heterofobias hacen daño.

Esa es, en resumen, la historia que se anuncia desde el comienzo. La novedad está en cómo se desarrolla esta historia inverosímil y para ello el autor acude a varios recursos: narrar en segunda persona, que es una forma escasa dentro de la literatura no epistolar (el referente manido siempre es "Aura" de Carlos Fuentes); ubicar la trama en Manizales en distintas épocas, que abarcan desde los 90 hasta la segunda década del siglo XXI; incluir numerosas referencias de marcas, programas de televisión, videojuegos, canciones y otros sellos icónicos de la cultura popular, y estructurar la novela en 33 capítulos cortos, escritos cada uno con un título y una extensión como de crónica periodística. En estos capítulos-crónicas se notan las huellas del oficio periodístico del autor, quien trabajó en Q´Hubo y La Patria, y de hecho algunos estos textos podrían leerse de manera autónoma, con sentido completo.

El escritor pereirano Rigoberto Gil Montoya dice que Manizales es una ciudad muy narrada en la literatura y "Los sexualizadores" viene a sumarse a esa tradición: la historia se ubica en Villa Carmenza, un barrio de estrato tres, como lo remarca el narrador, pero aparecen también referentes inconfundibles de la ciudad: El Cable, la bolera del Multicentro Estrella, el Estadio Palogrande y el Once Caldas, La Galería, el Banco de la República, Palermo, ek Bosque Popular el Prado y el Parque de La Estrella, entre otros.

Esta obra, ganadora del Primer Concurso Nacional de Novela "Jaime Echeverri", también rinde entre líneas un homenaje a Orlando Sierra Hernández y a Bernardo Arias Trujillo, dos escritores que fallecieron muy tempranamente en Manizales, pero estos homenajes literarios están lejos del tono de la erudición. Al contrario: la novela está narrada en un lenguaje juvenil y popular, de jóvenes que consumen drogas de manera cotidiana y así, además de la campaña de sexualización, el texto parece proponer también una campaña de normalización del consumo recreativo.

Aunque le pregunté al autor si es lector de cómic o si el cómic influyó en su obra y me dijo que no, la novela sí me dejó una sensación de haber recorrido un cómic: es una historia oscura, aunque contada con liviandad, con personajes bidimensionales y planos y con escenas fragmentadas y breves en las que prima la acción. Ya que Carlos Mario no lee cómic sería interesante que algún ilustrador leyera "Los sexualizadores": acá puede haber una novela gráfica.


Algunos subrayados 

la consumación del proyecto: sexualizar a tres discrimina- dores que dejaron ruina moral a su paso, con o sin culpa, sutil o duramente (p. 11)

La tesis: el homosexualismo y el heterosexualismo no exis- ten, son ficciones de la cultura impuesta. No existe eso de la orientación sexual. Todo depende del encuentro con la persona indicada (p. 12).

A ti te parecía bonito Julián, pero te habían dicho que tal palabra no se podía decir de otro niño. Nunca congeniaste con esta ley pero la acataste para armoni- zar con la vida corriente. La verdad era que, de los tres, solo lo imaginabas a él bajo el chorro de la ducha (p. 17).

Tío Evaristo se había desempeñado allí como  indigente, luego pasó a comerciante de zapatos, con lo que juntó algunos billetes, y luego le salió la opción de venta de libros, hasta desembocar en el emprendimien- to narco. (p. 26)

Manizales era una ciudad intermedia que alguna vez estuvo entre las más prósperas del país a base de men- jurjes bursátiles (producción y tráfico de café), pero se había convertido en una urbe mediana y de un elitismo apacible que daba risa y rabia, dependiendo del clima (p. 28)

creías que te gustaría escribir, aunque lo que te llamaba la atención era ver tu nombre impreso bajo un título, o leer cosas ajenas y atribuirte la autoría (p. 31).

hoy discriminan palabras por rebuscadas, mañana van a seguir con las ideas y terminarán segregando personas (p. 39)

Opinabas que las personas mayores obraban mal por dos cosas: les pegaban a los hijos y rechazaban propuestas placenteras (p. 50)

Te gustaba la poética de Orlando Sierra, el pe- riodista asesinado, según la cual a Manizales le crece en las noches de invierno una luna lánguida, torpe y cabeceante como un celador viejo (p. 51)

el que es feo también es un suertudo porque ya sabe que si le agrada a alguien es por otra cosa, no solo lo físico (p. 66). 

a las historias de la gente de Manizales les faltaban cosas duras que les sobraban a las de Medellín.(P. 79 )

cultura impuesta, cuna de violencias y calabozos morales. No más instancias a salir del clóset, una de las nuevas violencias: no hay que salir de nada, hay que invitar a pasar. En los tiempos que corren debemos poder andar de tumbo en tumbo en tantos closets como nos sea posible, cuidándonos, eso sí, del atrincheramiento.(p. 84)

—Eso de la homosexualidad o la heterosexualidad no existe, padre. Usted mismo no puede decir que es ho- mosexual. Nadie puede decir que es nada. Todo depende de encontrar la persona indicada. No existe algo como la orientación sexual (p. 126)

El amor posesivo es lo único que sirve. Los celos tuestan, pero amor demuestran (p. 148)

Los sexualizadores
Carlos Mario Vallejo Trujillo
Editorial Escarabajo
Bogotá
abril de 2024
152 páginas

miércoles, 15 de junio de 2022

El cielo a tiros, de Jorge Franco

En El cielo a tiros todo es decadente. Larry es el hijo menor de Fernanda y Libardo: ella es exseñorita Medellín y él un mafioso al servicio de Pablo Escobar. Larry y su hermano Julio viven en una casa llena de lujos, guardaespaldas y miedo, en donde el ambiente enrarecido es su vida cotidiana. Claro que esa es la vida de antes; la presente es Larry devolviéndose de Londres en un avión, para recibir los restos de su papá desaparecido 12 años antes.

La novela está dividida en 78 capítulos cortos que ocurren en tres momentos distintos: la infancia y juventud de Larry, el presente de Larry en Medellín, el día de la Alborada, cuando llega a recoger los restos de su papá, y un pasado cercano, de hace unas pocas horas, que narra el viaje en avión de Londres a Medellín. Entre esos tres planos el autor teje una historia que da cuenta del drama de ser hijo de un narcotraficante: la soledad, la exclusión y la angustia de vivir una vida que no eligió y que lo marca desde el origen.

La vida que se narra en El cielo a tiros no es la de la opulencia del narcotráfico sino la de la resaca. Un ambiente sórdido en lo estético y lo emocional, con vacíos que evidencian lo que le falta a una familia que solo se tiene dinero: reguetón de fondo, pólvora, mucho ruido, mucho aguardiente, droga y un frenesí que no se detiene dan cuenta también de un vértigo vital en el que el silencio, la pausa y la belleza no tienen cabida. Los ambientes llenos de humo y saturación auditiva son metáfora de vidas intoxicadas, sin tiempo para el sosiego.  


Algunas frases

Por qué darle tanta importancia al cadáver si lo que duele es la ausencia (p. 83). 

Todo está justificado aquí. La pólvora, la violencia, las balas, los muertos... todos nuestros males tienen una excusa. Y del pretexto pasamos a la resignación, y de ahí a aceptarlo todo, como si fuera normal (p. 111).

Me molestaba que trataran de solucionarlo todo con un abrazo. Paños de agua tibia. Ningún abrazo ha salvado a nadie de una enfermedad mortal (p. 135). 

La muerte de alguien junta o separa, la soledad une y tal vez también el miedo, aunque creo que la incertidumbre a veces separa (p. 152). 

Cara periodista se inventa una historia para ganarse aplausos. Mariquitas que creen que porque tienen una máquina de escribir son los dueños del mundo, pero se van a tragar sus putas máquinas, sus cámaras y sus mentiras esos malparidos que andan pavoneándose los muy gonorreas (p. 159).

Él siempre creyó que la gente hermosa no sufría de soledad (p. 168).


El cielo a tiros

Editorial Alfaguara

Septiembre de 2018

Bogotá

382 páginas

jueves, 27 de mayo de 2021

Mediocristán es un país tranquilo, de Luis Noriega


Un bumangués que estudia en Bogotá y luego se radica en Barcelona es el narrador de esta novela, en la que a partir de capítulos cortos se cuentan sus coqueteos con el fracaso: su inestabilidad económica, su desinterés por el "éxito" o la estabilidad, su negativa rotunda a tener hijos y formar una familia y su comodidad en una relación de pareja sin compromisos, viendo tele y metiendo droga. Los altibajos más fuertes en su cotidianidad son los que proporciona el desempeño de su equipo de fútbol favorito. 

Mediocristán es su país pero también su vida: una medianía en la que es mejor vivir en un eterno presente. Garantizar el placer inmediato es la apuesta más segura para evitar hacerse preguntas sobre el futuro. 

A partir de anécdotas mínimas que suenan a experiencia autobiográfica, Noriega construye con humor ácido y sarcasmo un personaje que evidencia que desea prolongar la libertad de su adolescencia y se resiste a los estereotipos que se esperan de la adultez y ese protagonista es un buen álter ego de su país de origen: Mediocristán, un país en el que es un derecho fundamental tener a quién echarle la culpa.

El humor es un poderoso recurso para desnudar las fisuras del poder. Es a partir de allí, de la sátira y la ironía, que Noriega habla de la camisa de fuerza que representan la familia, el matrimonio y la paternidad, y las carencias normalizadas en un país violento y mediocre como Colombia, en el que una de las buenas alternativas que se le ofrecen a los jóvenes consiste en migrar. 


Algunas frases
"Tener a quién echarle la culpa es casi un derecho fundamental" (p.11)

"Las generaciones pasan.
La tierra permanece.
La memoria es frágil (p. 12).

"En ocasiones, tener un culpable es la mejor excusa" (p. 13).

"una generación que para tener a quién echarle la culpa ha tenido que abandonar la comodidad del ámbito familiar y tomar un curso rápido de política de cafetería sobre la falta de oportunidades y las mentiras del Estado del bienestar" (p. 13).

"El nombre impronunciable del abismo que existe entre nuestras aspiraciones y nuestros logros es "fracaso"" (p. 14).

"Las palabras son una medida de la vanidad" (p. 14). 

"Tal vez lo que te hace especial no sea ser lo que mal que bien has podido ser, léase nada, sino ser el padre de alguien cuya historia será completamente diferente de la tuya. Una historia esta-vez-sí" (P. 20).

"En Mediocristán procuramos no meternos en problemas: es la mejor forma de no perder inútilmente el tiempo intentando hallarles solución. Preferimos los crucigramas, los acertijos verbales, las novelas de intriga, los videojuegos" (p. 23).

"Mi única queja contra la sociedad de consumo, el imperio de lo efímero y demás, siempre ha sido que haya tanto con que enajenarse y tan poco tiempo" (p. 23)

"En otra época fui crédulo. Otros dirían "joven". Otros dirían "guevón".
Otros corregirán "todavía"" (p. 25).

"El razonamiento que puso fin a mi vocación política fue que yo no era nadie para luchar contra las venerables tradiciones nacionales del peculado, la repartición del pastel y la puñalada por la espalda" (p. 26).

"Entre Mediocristán y Fracaso hay estaciones bastante peores para los políticos de cafetería. La cárcel. El cementerio. El Congreso. Y eso solo por la C" (p. 26).

"La política, dice el poeta, es una afición reservada a los miembros mejor vestidos de las clases criminales" (p. 27).

"Cuando me canso del realismo, cambio de canal" (p. 28).

"Dentro y fuera de Mediocristán la ley de la vida es el autoengaño" (p. 31). 

"la familia, el monopolio de una Iglesia cuyo deporte preferido es organizar marchas por el derecho a la vida de todo puñado de células que pueda convertirse, de acuerdo con la voluntad de Dios y las leyes de la naturaleza, en carnecita de cura pedófilo" (p. 32).

"La felicidad es comer, beber y follar. La felicidad es comer, beber y meter. La felicidad es comer, beber y ver la tele. La felicidad es comer, beber, follar y meter mientras ves la tele. Etcétera" (p. 40).

"Los bancos no necesitan muchos argumentos para convencernos de que el crédito es una buena religión" (p. 40).

"El nacionalista mamerto es un vástago de la aristocracia local, cuyos privilegios ha rechazad para combatir el sistema atiborrándose de porros y resúmenes de Marx en un humilde piso de doscientos metros cuadrados mientras cobra el paro" (p. 66). 

"No hay sitio, por más maravilloso que sea, que puedas visitar sin cargar contigo mismo. Y en mi caso, aun cuando consigo viajar con la mejor versión de mí mismo, la resaca suele ser atroz" (p. 77).

"El lugar común acerca de las reuniones de ex alumnos es que se planean como grandes ocasiones para el recuerdo y terminan siendo reuniones de borrachos más o menos decepcionantes que nadie quiere repetir en mucho tiempo" (p. 139). 

"En Mediocristán me resulta doloroso reconocer, abundan los idiotas convencidos de que viven en otro país, cuando no en otro planeta" (p. 140).

"El Pasado es el país del que nunca te has dio, el país en el que siempre estás de vuelta" (p. 146). 

"Para ser un buen budista a veces solo se necesita dar con la combinación de drogas adecuada" (p. 164). 

Mediocristán es un país tranquilo
Luis Noriega
Editorial Random House
2014
Bogotá
168 páginas.

sábado, 8 de abril de 2017

¿De dónde flores, si no hay jardín?, de Alonso Sánchez Baute

Tres monólogos conforman el tercer libro publicado en 2015 por el vallenato Alonso Sánchez Baute bajo el título ¿De dónde flores, si no hay jardín?

El primer relato es el de Jackson, un jíbaro de Cali (Kali en la obra) que vive en Bogotá. Una voz machista, misógina y violenta, que se vanagloria de su poder, dinero y "astucia", sin consideraciones de tipo ético o social. Jackson se cree exitoso porque tiene plata. Oírlo es irritante porque suena demasiado conocido: se sabe que los personajes así no habitan solo en las páginas de los libros sino también, con demasiada frecuencia, en los noticieros de televisión y en las redes sociales. 

La segunda historia es la de Gema Almendrales, una prostituta fea y culta, que sabe de música, pintura y cine, y que se dedica a la prostitución por razones que aunque se verbalizan no resultan muy claras. Puede ser el relato más literario de los tres por ser el personaje más imposible; el más cercano a la ficción.

El último relato es el más breve. Un chico sin nombre, de buena familia, se dedica al ciclismo y su vida transcurre normal hasta que lo violan. A partir de ese quiebre se hunde en la droga y en un espiral de decadencia sin salida. 

Las tres historias no tienen conexión directa, aunque se relacionan por la mención que los tres personajes hacen de Salvador Huerga, un muerto del que poco a poco vamos conociendo detalles.

Al igual que en Al diablo la maldita primavera, los textos de ¿De dónde flores, si no hay jardín? están llenos de referencias musicales y de la cultura popular, así como de dichos, argots y espacios marginales. Las acciones de este libro también ocurren en Bogotá y en especial en la noche, ámbito que Alonso Sánchez Baute ha trabajado bien. Se trata de voces de antihéroes, de personas que no son ni exitosas ni ejemplares en los términos usualmente aceptados, pero que a partir de sus vidas difíciles invitan a la ternura y el afecto. No obstante, quienes disfrutaron Al diablo la maldita primavera echarán de menos en estos relatos una de las características más potentes de esa primera novela de Alonso Sánchez Baute: el humor de Edwin Rodríguez Buelvas no aparece en estas páginas. 


Algunas frases:
¿Por qué me temen? Lo tengo claro: no soportan la idea de ver al mismo nivel a alguien que viene de bien abajo.

La gracia de la vida consiste en no dejarse atrapar: de los tombos, de las enfermedades, del amor. 

La palabra es como un grifo de agua que cuando se abre ya no hay manera de recuperar la que ya ha corrido.

La familia no se quiere por compartir sangre, sino por tener que soportarse mutuamente durante tantos años.

He estado tan juicioso esta semana que ya hasta sudo agua bendita.

Por desgracia, con la muerte muere también la posibilidad de defendernos y nuestro nombre pasa a ser pasto del ultraje. 

Todos ellos gente de poder. Es decir, gente débil. Hay debilidad detrás del poder porque quien lo detenta siempre quiere más: sabe que sin poder no es nadie.

El problema con los matrimonios no es con quién uno se casa sino de quién se separa.

Dios sólo se aparece por allí de vez en cuando en forma de iglesia, repartiendo culpas para poder despojar miserias.

Yo, en cambio, por moral sólo conozco el buen gusto.

Bogotá de noche no asusta. Es triste, insípida -ni siquiera melancólica-, aburrida. Puede que la recorran vidas, pero carece de vida. Es una ciudad apagada y más gris que cuando de día la mortifica el chischís eterno de la llovizna. Es cierto que a veces se escuchan el sonido de un avión que vuela bajo, los gritos destemplados en una fiesta de apartamentos y hasta el ruido de los camiones que recogen la basura. Pero no más: de resto, es mortecina, apabullada. Pueblerina.

Los bogotanos sólo visten de negro y gris por cuenta del luto congénito con el que penan por su propia vida.

¿De dónde flores, si no hay jardín?
Alonso Sánchez Baute
Editorial Alfaguara
Bogotá
2015
264 páginas