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martes, 31 de diciembre de 2024

Los nombres de Feliza, de Juan Gabriel Vásquez

De manera similar a la forma en la que reconstruyó la vida de Sergio Cabrera en " Volver la vista atrás ", Juan Gabriel Vásquez recrea la vida y la muerte de la escultora Feliza Bursztyn en "Los nombres de Feliza", un libro que parece un gran reportaje que viaja entre Bogotá, Nueva York y París, y que reconstruye una época de grave violencia estatal en Colombia, olvidada o sepultada por las Múltiples violencias posteriores, como fue el Estatuto de Seguridad de la Presidencia del dizque liberal Julio César Turbay (1978-1982).

Feliza cambió su nombre de pila Felicia por el de Feliza porque quería que desde allí se honrara un rasgo omnipresente de su personalidad: se consideraba una mujer feliz. Vásquez presenta la visión que construyó a partir del diálogo con el exmarido de ella y otras fuentes, y muestra a una joven que crece en una familia judía en Bogotá, se gradúa del colegio en NY ya los 23 años es una mujer divorciada, madre de tres hijas que quedan al cuidado de su exmarido gringo. La vida de Feliza es de libertad radical y de búsqueda estética. Vive un amor intenso con el poeta Jorge Gaitán Durán, quien fallece en un accidente aéreo, y luego se casa con Pablo Leyva, un ingeniero ambientalista bogotano que llega a darle paz y algo de orden al caos vital de Feliza. 

Pablo es el hilo conductor de la novela de Vásquez. Es a través de su visión y su memoria, de sus recuerdos, que asistimos a esa vida intensa y feliz que se rompe en julio de 1981 cuando un allanamiento militar irrumpe en la vivienda de la pareja y se lleva a Feliza detenida por un tiempo corto (¿un día? ¿dos días?) pero suficiente para romper la vida conocida en pedazos. A los pocos días sale exiliada para México, vive en la casa de Gabriel García Márquez ya finales del año se reúne con Pablo en París para iniciar una nueva vida. En esas estaban cuando súbitamente Feliza "se murió de tristeza", como escribió García Márquez en una crónica poco después de que falleciera ante él.

Juan Gabriel Vásquez ha dicho varias veces que le interesa la forma en la que la política o los asuntos públicos alteran las vidas privadas de la gente. Si eso era visible en la vida de Sergio Cabrera lo es aún más en la vida trunca de Feliza. Este libro ofrece un fresco no sólo de esa artista sino también de los años 70 y comienzos de los 80 en Colombia: desde el rol de Marta Traba hasta el surgimiento del M-19, pasando por el impacto de la Revolución Cubana en los movimientos guerrilleros colombianos. De todo esto se habla en tono periodístico en "Los nombres de Feliza", desde la perspectiva de una mujer que nunca quiso ser ama de casa, aunque su figura en este libro aparece distante y brumosa, porque está mediada por el lente de dos hombres que la narran: Pablo Leyva y Juan Gabriel Vásquez.

Algunos subrayados
Pero los recuerdos, sobre todo los que son dolorosos, no acuden de manera automática cuando los invocamos, sino que es necesario cortarlos, porque son como animales reticentes que no se atreven a acercarse, ya veces tenemos que ponerles una carnada para que salgan de su escondite (p. 16).

nunca he podido liberarme de una superstición de periodista que quiere corroborarlo todo, hasta los detalles sin importancia aparente, como si faltarles al respeto a las pequeñas verdades del mundo de los sentidos fuera de condenar toda una vida humana al infierno de la mentira (p. 20).

Toda persona, en un momento o en otro, imagina la posibilidad de ser otra en otra parte: en otro cuerpo, en otro tiempo, en otro país (p. 43). 

Lo malo de querer tanto a una persona es creer que la conocemos: la ilusión de saber lo que piensa y lo que siente a cada instante, el espejismo de entender sus demonios y sus pesadillas igual que entendemos los nuestros (p. 47). 

Le recomendaban discreción: hacerse notar no era cosa de señoritas (p. 63).

Hay gente para la cual no importa y ni siquiera existen los cuentos de los otros, gente que vive sin contar lo que vive (p. 64).

dejando que los hechos comprobados se confundieran con imágenes que mi cabeza construyó, recuerdos esos imaginarios que son con frecuencia la única manera que tenemos de visitar el pasado (p. 93).

esto debía de ser la felicidad: que alguien nos mire como si nos tuviera que hacer de barro (p. 105).

ciertos libros cambian después de que uno ha pasado por ciertas cosas (p. 118).

Había algo en el exilio forzoso que convertía cada objeto en el fantasma de una memoria, despertándola o pidiendo evocarla (p. 133).

Aquí no hay ideas, no hay debate: hay violencia, violencia pura, violencia en todas partes (p. 142). 

el peor enemigo de la izquierda radical no era la extrema derecha, sino la izquierda moderada, y la bestia negra para un marxista-leninista era un maoísta o un trotskista, y la bestia negra para un trotskista era un guevarista o un marxista-leninista, y mientras tanto el continente entero se hundía bajo las dictaduras militares y se iba a seguir hundiendo (p. 153). 

había comprendido sobre todo que los enemigos son muchos más de los que uno cree, y los amigos, en cambio, son muchos menos (p. 163). 

buscando peleas donde no las había para que nadie fuera a confundir silencio con conformismo (p. 175)


 
Los nombres de Feliza
Juan Gabriel Vásquez
Editorial Penguin Random House
Bogotá, 2024
280 páginas

viernes, 22 de diciembre de 2023

Diemer vs. Trommsdorf, de Mauricio Montenegro

En 2020, en el año de la pandemia, fui uno de los tres jurados que elegimos de manera unánime y sin dudas la obra "Diemer vs. Trommsdorf" como ganadora del Premio Nacional de Novela Inédita del Ministerio de Cultura. En ese entonces leí la novela en pdf, en una pantalla de computador y ahora, tres años después, la leí como debe ser: en papel, en formato de libro, editada por Seix Barral, y otra vez volvió a gustarme mucho.

Es una obra escrita por un colombiano pero ese es un dato que no trasciende a las páginas: la historia, basada en un personaje real, está contada en dos planos narrativos, desde un presente en París en el que Diemer compite en una partida de ajedrez contra Trommsdorf, y unos flashback que lo llevan a la Segunda Guerra Mundial, en donde él, sin ser una figura determinante dentro del Partido Nazi, sí quedó marcado por las decisiones que tomó durante ese período. 

La novela está atravesada por el ajedrez, pero el juego es una metáfora para una reflexión más profunda: ¿existe el azar? ¿todas las posibles jugadas del destino están previamente determinadas? En ajedrez gana el jugador que sea capaz de adelantarse más pasos a su oponente y adivinar todas las posibles derivaciones de las variables de cada movimiento. Así es la vida, según la visión de algunos, pero en esa visión cuadriculada como un tablero queda poco espacio para la magia. Por eso no es gratuita la aparición del fotograma de la película "F for fake", de 1975, antes de la primera línea de la novela, y una alusión a la grabación de esa escena, en la que aparece un mago sobre un lienzo blanco, al final de la obra. 

El azar, la previsión del futuro, el lastre del pasado y la imposibilidad de cambiar las decisiones tomadas, como tampoco se pueden cambiar las malas jugadas, son los hilos con los que se teje esta gran novela.

Algunos subrayados 

Viste con una sobriedad que es más producto de la indolencia que de la vanidad (p. 10).

tan tranquilo como si conociera el futuro (p. 14).

Americanos, ahora había americanos por todo Europa, desde el final de la guerra, paseando por las ciudades y exhibiendo un insoportable orgullo (p. 24).

un jugador inteligente sabe cuándo es inevitable, y lo inevitable no tiene ya ninguna belleza. No hay arte en la acción, que es apenas un trámite, el arte, el genio, está en la disposición de las posibilidades, en la proyección de las alternativas. El ajedrez es esta permanente condensación del pasado y del futuro en un solo momento. Cada partida es una cápsula de tiempo (p. 27).

Si ha dedicado su vida al ajedrez es precisamente porque le brinda esa sensación de seguridad que implica tener el control sobre las piezas, sobre su posición y sus posibilidades. El control sobre lo que pasa, pero también sobre lo que puede pasar. De algún modo, el ajedrez hace suponer que uno puede preverlo todo, planearlo, controlarlo todo, y es así como niega no solo el azar, sino también la emoción y la duda. Es el imperio de la razón y del cálculo. Aunque, en el fondo, de un modo mucho más sutil, es también el imperio de la superstición (p. 43).

A veces pienso que la supervivencia no significa nada, también sobreviven las vacas marinas (p. 72).

Se trata de estar siempre un par de jugadas por delante del rival, de adelantarse y de usar esa ventaja para ganar, como un viajero del tiempo que mira con condescendencia a los habitantes del pasado, ignorantes de su destino (p. 79).

ser joven es sobre todo estar preocupado por una clasificación constante de sí mismo y de los otros. Los significacods de las cosas no importan más que por su probable clasificación. Clasificar, ordenar y ubicarse en esos conjuntos arbitrarios constituye la principal preocupación de la juventud. Ser adulto es abandonar esa pretensión (p. 98).

Siempre ha considerado una victoria secreta que los demás propongan lo que él efectivamente espera (p. 101).

Tal vez todos los juegos estén diseñados para enseñarnos a enfrentar la derrota (p. 102). 

para ti, el mundo era como un lienzo en blanco, mientras yo he querido siempre que sea como un tablero (p. 106).

su búsqueda de un código secreto no era más que la negación desesperada del azar (p. 116).

Jugar ajedrez es controlar, por un momento, el caos que está en su núcleo (p. 117). 


Diemer vs. Trommsdorf
Mauricio Montenegro
Editorial Planeta
Bogotá, 2021
118 páginas


jueves, 19 de enero de 2023

Los peces miran a Dios, de Jorge Eduardo Vélez Arango

El pasado 7 de enero de 2023 falleció en Manizales Jorge Eduardo Vélez Arango (1943), autor de al menos 5 novelas, 3 libros de cuento, otros 3 de ensayo, 3 de poesía y otros cinco libros que él catalogaba como "otros", y que corresponden a fábulas, testimonios y aforismos.

Jorge Eduardo Vélez Arango era nieto del escritor Rafael Arango Villegas y se casó con  Isabelita Jaramillo Pineda, pintora, librera y promotora de la Feria del Libro de Manizales, que en los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI se celebraba en Expoferias. Del matrimonio nacieron dos hijas, Alejandra y Mariana. Alejandra, la mayor, falleció de leucemia siendo aún adolescente.

Todos estos datos biográficos, así como su experiencia como tallerista literario en la Clínica Siquiátrica San Juan de Dios de Manizales, son relevantes para leer "Los peces miran a Dios", un breve libro que incluye 9 cuentos cortos en los que se mezclan vivencias reales del autor (su alcoholismo, la enfermedad de su hija, su vida en Francia) con ficciones que recrea en espacios que van desde la Catedral de Manizales y la Plaza de Bolívar hasta Miami, El Escorial, en España, París y Roma.

"Normandía", uno de los relatos incluidos en este volumen, plantea una ucronía interesante: Hitler no se suicidó y tampoco fue culpable: fue obligado a matar judíos y sobrevive escondido en el sótano de la Catedral de Manizales. 

El libro trae al comienzo una especie de ensayo o testimonio en donde el autor explica el origen de cada cuento y el por qué los escribió.

Se trata de cuentos desiguales, irregulares, en los que hay bastante de catarsis y elaboración del duelo, pero también se fija una imagen de Manizales que es interesante para el lector contemporáneo, y la incursión en la ciencia ficción con "Normandía", resulta novedosa.

Los cuentos incluidos en este volumen son:
Tristeza en El Escorial
La isla de la muerte
Flores para ti
El parricida
Envidia de amor
Normandía
La soledad de Dios
El vendedor de Biblias
Cita en Roma

Algunas frases

De la introducción: 
Imaginar es vencer la muerte diaria.

El acto de creación artística es un acto de soledad comunicada 

el escritor escribe en un momento dado, contra el no-ser para vencer el olvido, la muerte y la historia misma.

el artista tiene el privilegio de hacer estallar en su obra todas sus pasiones destructoras. La ficción es más verdadera que la historia porque aquella expresa lo que pudiese haber sido, lo cual es más amplio que lo que es. 

De "La isla de la muerte"
él lo que quiso imaginar fue que estaba muerto; eso lo deseó sentir para ver cómo era aquel estado de su muerte. Cuando lo imaginó, al instante se detuvo su corazón, su cuerpo quedó sin vida y él comenzó a ser milagrosamente feliz al mirar allá abajo, en la ciudad del mundo, sin tener ahora ya sufrimiento alguno (p. 17).

De "Normandía"
Hitler había sido obligado, bajo amenaza de muerte, a firmar las órdenes de ejecución de millones de judíos en los campos de concentración, tristemente célebres. Ellos, los clérigos, aseguraban que Hitler era inocente y tenían pruebas visibles de ello (p. 52).

De "Cita en Roma"
se sentía humillado por esas gentes a las que envidiaba y que hacían el amor con tanta facilidad por tener ellas más belleza física o más dinero (p. 75).

Los peces miran a Dios
Jorge Eduardo Vélez Arango
Talleres litográficos de Gráficas JES
Manizales, 1995
98 páginas

martes, 3 de enero de 2023

El acontecimiento, de Annie Ernaux

En 1999 Annie Ernaux escribe sobre algo que le ocurrió en octubre de 1963, cuando era estudiante universitaria en Ruen: quedó embarazada y aunque quería abortar el aborto no estaba permitido en su país, así que debía hacerse de manera clandestina.

En esta novela corta, escrita sin sentimentalismo ni digresión, ateniéndose a las pruebas, como ella las denomina, es decir a su diario y a la memoria de datos, fechas, nombres y lugares, Ernaux reconstruye con precisión lo que vivió entre el momento en el que confirma que está embarazada, y mediados de enero, cuando finalmente se practica el aborto. Pero lo más interesante no es la descripción fría del hecho sino la constancia política de para qué lo cuenta tanto tiempo después: para convertir su cuerpo en escritura y que ese acontecimiento se disuelva en la cabeza del lector. 


Algunas frases
El hecho de que la forma en la que yo viví la experiencia del aborto, la clandestinidad, forme parte del pasado no me parece un motivo válido para que se siga ocultando (p. 24). 

Sor Sonrisa forma parte de esas mujeres a las que nunca conocí y con las que, vivas o muertas, reales o ficticias, y a pesar de todas las diferencias, siento que tengo algo en común (p. 41).

Como la mayoría de los padres, los míos se imaginaban que podían detectar de forma infalible a primera vista la más mínima señal de descarrío. Para tranquilizarlos, bastaba con ir a verlos regularmente (con una sonrisa en los labios y la cara lavada), llevarles la ropa sucia e irse de allí cargada de provisiones (p. 53).

si no cuento esta experiencia hasta el final, contriburé a oscurecer la realidad de las mujeres y me pondré del lado de la dominación masculina del mundo (p. 55). 

Ver con la imaginación o volver a ver por medio de la memoria es el patrimonio de la escritura (p. 59).

Hacíamos poco el amor y con prisas, sin sacar partido de la ventaja que nos procuraba mi estado el mal ya estaba hecho, de la misma manera que el parado no aprovecha el tiempo y la libertad que le proporciona el hecho de no tener trabajo; o el enfermo desahuciado no aprovecha el permiso para comer y beber de todo (p. 67). 

Siempre que escribo me planteo la cuestión de las pruebas (...) La única y auténtica memoria es material (p. 69).

Todavía no sé qué palabras utilizaré para escribir sobre aquello. No sé qué me deparará la escritura. Me gustaría retrasar ese momento, permanecer todavía a la espera. Quizá tenga miedo de que la escritura disuelva las imágenes (p. 71).

Me aliviaba el hecho de decir que tenía miedo (p. 75).

Hoy en día se persigue a los traficantes de personas y se deplora su existencia de la misma forma que hace treinta años se deploraba a las personas que practicaban abortos. Pero no se cuestionan las leyes ni el orden mundial que provocan este fenómeno. Y seguramente entre los traficantes de inmigrantes, como antes entre las aborteras, debe de haber algunos más serios que otros (p. 85).

Me he quitado de encima la única culpablidad que he sentido en mi vida a propósito de este acontecimiento; el haberlo vivido y no haber hecho nada con él. Como si hubiera recibido un don y lo hubiera dilapidado. Porque por encima de todas las razones sociales y psicológicas que pueda encontrar a lo que viví, hay una de la cual estoy totalmente segura: esas cosas me ocurrieron para que diera cuenta de ellas. Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir, en algo inteligible y general, y que mi existencia pase a disolverse completamente en la cabeza y la vida de los otros (p. 115).


El acontecimiento
Annie Ernaux
Editorial Tusquets
Bogotá 2022 (primera edición 2001)
119 páginas


lunes, 23 de julio de 2018

La corriente, de Juliana Restrepo


En este primer libro de la física Juliana Restrepo, la autora escribe sobre Juliana, Elvira, Camila y otras mujeres que se parecen mucho a ella. Mujeres de Medellín, de clase alta, que viven la adolescencia en la época en la que el narcotráfico tenía azotada la ciudad y eso aparece como tras escena en algunos de sus cuentos. Otros relatos se ubican en Francia, en donde la autora cursó su doctorado. 

La cartografía de los cuentos, así como su banda sonora, hablan de los personajes, pero también de la autora. Sin ser biográficos sí hay unas claras apuestas estéticas desde el universo personal de la autora y eso es quizás lo que le da a estos cuentos una voz tan singular.

Juliana, la autora, nació en 1982. Pero sus textos no aluden solo al pasado y al presente de las julianas de la ficción. También escribe sobre julianas mamás, viejas, ancianas. Muchas posibilidades del universo femenino aparecen en estos relatos que aunque funcionan de manera autónoma dialogan entre sí, con nombres que viajan de una página a otra y con guiños que se repiten para ayudar a identificar inquietudes comunes.

Se trata, a mi modo de ver, de un libro honesto. La autora escribe desde su lenguaje y desde su clase social. Revela los cuestionamientos que le genera ser de una clase privilegiada, con una voz desparpajada, natural, sencilla, que fluye sin artificios y que permite construir imágenes verosímiles sobre espacios cotidianos como la finca, la casa, la rumba, el parque. 

Quizás para algunos suenen un poco artificiosas las frases en inglés y francés que atraviesan algunos textos. Creo que esta característica también revela el carácter de una narradora que vive entre dos mundos y ha naturalizado su existencia en distintos idiomas. 

Es curioso que el libro se llame La corriente, como uno de los cuentos. Curioso porque el vocablo corriente tiene dos sentidos: por un lado "la corriente" puede ser "la normal" o "la ordinaria" o "la sencilla". Por otro lado la corriente es el agua que fluye, o la fuerza del agua que corre. Siendo así, es un título certero: este volumen de 12 cuentos habla sobre mujeres corrientes de una clase y una época. No hay grandes sucesos extraordinarios. Los cuentos se centran en escribir la cotidianidad. Pero por otro lado la autora logra escribir con una fuerza que escapa a la primera vista: no es efectista, no usa artificios, es la corriente interna, invisible, la que sostiene los relatos. 

La corriente
Juliana Restrepo
Editorial Angosta
2016
Medellín
126 páginas

viernes, 27 de febrero de 2015

Invisible, de Paul Auster

Esta novela es una y varias. ¿De qué trata el libro? puede ser del amor, o del adulterio, o del incesto, o de un escritor que se muere, o de un homicidio, o de todas las anteriores. Es un libro rico, denso, que sorprende con cada cambio de capítulo.

La obra está dividida en cuatro partes claramente definidas, pensadas, planeadas. La primera parte presenta a Adam Parker, Margot y Born, que podrían ser "los protagonistas". Pero tan pronto comienza la segunda parte nos enteramos que lo que acabamos de leer es un capítulo de un libro... Así, con una estructura intertextual crece esta novela, en la que el punto de vista cambia en cada capítulo, así como el foco y centro de atención. Los giros inesperados en la trama se vuelven entonces parte fundamental de un texto que sorprende al lector hasta la última página, con un final insospechado.

Se trata de una novela en la que el autor exhibe su dominio de la técnica narrativa. La anécdota del libro puede ser simple, la riqueza de la obra está en el uso de varios narradores, varios puntos de vista y giros dramáticos. 

Se dice que en una novela cada personaje tiene un rol. Que en un buen texto no hay personajes "figurantes" y si se incluye un nombre es porque cumplirá un papel. Parece que de esa premisa fuera muy consciente Paul Auster: nombres que se mencionan de pasada en el primer capítulo, cobran fuerza protagónica en el segundo... nombres que aparecen en el segundo protagonizan el tercero o cuarto... El libro es un caleidoscopio en el que con cada giro la figura se recompone. Y todo esto, logrado con simpleza narrativa: la historia es clara y entretenida para cualquier lector. Además ocurre entre Nueva York y París, y ¿quién no quiere viajar, al menos por algunas horas de lectura, a estas dos ciudades?

Algunas frases:
permanecía quieta sin mover un músculo, mirando al vacío, como si la misión principal de su vida fuera la de parecer aburrida.

No hay que subestimar la importancia de la guerra. Es la expresión más pura y vívida del espíritu humano.

el fuego de mi vanidad: esa invisible marmita de engreimiento y ambición que hierve a fuego lento en cada uno de nosotros.

El poder era la única constante, y la ley de la vida era matar o morir, dominar o caer víctima del salvajismo de los monstruos.

El chico ya no era una persona. Era aquella pistola y nada más, el revólver de pesadilla que vivía en la imaginación de neoyorkino, el alma inhumana, sin corazón, destinada a encontrarte una noche a solas en una calle oscura y enviarte tempranamente a la tumba.

No hay nada como una enfermedad mortal para galvanizar el pensamiento, para hacer las cuentas, para establecer el balance final.

el temor es lo que nos impulsa a correr riesgos y a sobrepasar nuestros límites normales, y es difícil que todo escritor que crea pisar terreno firme produzca algo de auténtico valor.

ahora que poco a poco te vas desmoronando en tu trabajo en el Castillo de los Bostezos.

Está demasiado triste. Con esa melancolía ninguna persona puede ser atractiva. 

Y sin embargo, cada año, no podéis evitar la sensación de que se ha perdido algo más de él, de que a pesar de vuestros esfuerzos, cada vez rememoráis menos cosas de él, que no podéis hacer nada para que no vaya apagándose del todo.

El verdadero amor, afirma, es cuando sientes tanto placer al darlo como al recibirlo.

Ese hombre es un maníaco, ¿sabes?
Cierto. Pero ¿qué ley te prohíbe querer a un loco?

Se pregunta si las palabras no serán un elemento esencial de la sexualidad, si hablar no es en definitiva una forma más sutil de acariciar, y si las imágenes que bailan en nuestra cabeza no son igual de importantes que los cuerpos que abrazamos.

¿Por qué no lo tiramos, simplemente?
Muy desagradable. A los libros hay que tratarlos con respeto, incluso a aquellos que nos ponen enfermos.

Invisible
Paul Auster
Editorial Anagrama
Barcelona 
2009
282 páginas 




martes, 17 de julio de 2007

Varios: "Ficciones Urbanas"

Leí un librito flojito que se llama "Ficciones Urbanas" y recoge 11 crónicas escritas por 11 periodistas colombianos sobre 11 ciudades del mundo. Las crónicas fueron publicadas inicialmente en Cambio y luego las volvieron libro y ese es el primer error... a lo mejor estaban bien para una revista, pero no "aguantan" para libro, entre otras cosas porque la calidad es muy irregular, los enfoques también y no hay "unidad" en los textos. No obstante saqué algunas frasecitas, como para que se den una idea del libro:

Mauricio Vargas (Prólogo sobre París):
"Y es que las ciudades no son nada si sólo son plazas, calles, museos y monumentos. Las ciudades son eso, claro está, pero son por fortuna mucho más: Las ciudades son lo que uno era cuando vivió en ellas, lo que ellas hicieron de uno en aquel entonces y para toda la vida".

Carolina Sanín, Cádiz:
"Luego contó cómo Cristobal Colón había salido de ese puerto con Juan de la Cosa y la Santa María. Junto a la plaza estaba el edificio de donde había salido el Almirante "la mañana del descubrimiento de América". Así lo contaba, como si Colón hubiera salido de una casa de piedra por la mañana del 12 de octubre, en una carabela, y al caer la tarde hubiera llegado a las Antillas".

Ricardo Silva Romero, Barcelona
"Doblamos dos recodos, en dirección a la rambla de los juegos mecánicos, sin reparar en las evásticas sobre las paredes. Ninguno de los dos sospecha que el grupito de hinchas que grita !viva el Barca! en el bar de enfrente, de domingo en domingo, lincha sudamericanos desprevenidos en sus ratos libres".

"Y juntos hemos descubierto, en dos o tres charlas hasta las dos de la mañana, que cuando éramos niños todos pensábamos que el mundo era una pecera. Si uno se hundía en el océano, más allá de las algas, de las rocas, de los peces, podía hallar la pared de vidrio del planeta. El verdadero misterio, sin lugar a dudas, era a quién veríamos o con qué tropezaríamos del otro lado".

Efraín Medina Reyes, Roma
"El paso siguiente fue el Coliseo, que a pesar de las latas vacías de gaseosas y el estar eternamente en reparaciones, lucía majestuoso. Me estremeció pensar que por donde caminan ahora pequeños japoneses y obesos gringos estuvieron multitudes que en tardes de infamia veían cómo fieros leones destrozaban a frágiles cristianos para complacer la sed de sangre de Nerón y otros por el estilo".

"Pertenezco a una generación capaz de recorrer con ansiedad las ruinas de Pompeya pensando en qué parte se grabó el famoso concierto de Pink Floyd y dejando que el Vesubio sea sólo la vaga frase de algún profesor de secundaria".

Fernando Quiroz, Buenos Aires
"El verano había logrado que Buenos Aires amaneceira más temprano, aunque los porteños siguieran durmiendo hasta tarde, fieles a su vocación noctámbula que les permite ir a cine en la madrugada, comprar flores a las horas más absurdas o quejarse de su pequeño gran universo en torno a una botella de vino en cualquier boliche d elos que cierran cuando el cielo comienza a desteñir el negro de la noche".

Daniel Samper Ospina, La Habana
"Es muy difícil dar con un cubano que no sea especialmente amable, y más difícil aún dar con uno que no sea especialmente digno: Cualquiera de ellos está blindado por una educación prodigiiosa y habla con criterio sobre cualquier tema. Saben lo que valen y sobre todo valen por lo que saben. Es raro estar en una ciudad con gente tan preparada. Todos se expresan bien. Como Magally, que habla de Lezama Lima con propiedad, así a la media hora tenga que estar con las piernas abiertas para recibir la desgonzada y sucia perinola de cualquier noruego viejo".

Alonso Sánchez Baute, Valledupar
"Bueno, y la verdad es que podría alargarles esta historia contándoles tantas cosas que pasaron aquella mañana, tantas preguntas sin respuestas, tanto llanto, tanto dolor, tantos amigos que me acompañaron, tanta solidaridad de mi pueblo, que quizás no terminaría nunca. Por eso, para resumir, les cuento que ya pasadas las nueve de la mañana, con la casa tan llena de gente que no le cabía ni un tinto, con el señor obispo ya programado para la misa, con el velorio en pleno, con el cementerio listo para enterrar el cadáver de mi marido, justo en ese momento, mi marido apareció. Llegó como si nada, igual a como partió, pero con una juma que desde el patio se le sentía el tufo. Llegó descalzo, empijamado y bañado en maizena, preguntando que quién se había muerto, cuando el muerto era él; y llevaba la pea tan despierta, tan vivita, que se puso fue a cantar, que "llegó tu marido negra, llegó tu mariiiiiido".