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lunes, 18 de diciembre de 2023

El terror de Sexto B, de Yolanda Reyes

Tengo una hija de 11 años que en un mes empieza bachillerato y entrará a Sexto B. Es una casualidad muy afortunada que esta convivencia familiar con una niña de Sexto B haya coincidido con la lectura de este libro de cuentos, porque mi experiencia cotidiana de mamá, más que la de lectora, me permite entender por qué "El terror de Sexto B" es un libro que sigue reeditándose para ser leído por chicos y chicas de la edad de mi hija, aunque fue publicado originalmente hace casi 30 años: es un libro que aborda los temas que les inquietan a los preadolescentes como ella, y lo hace con humor, desparpajo y claridad.

"El terror de Sexto B" es uno de los siete cuentos que conforman este volumen. Cuentos que ocurren en el colegio, en la casa, entre los amigos o en relaciones familiares, que son los entornos habituales de niños que ya no son tan niños, pero tampoco son lo suficientemente grandes como para salir de rumba con los amigos. Esa lapso de vida entre los 9 y los 13 años es la edad que aborda este libro: el intermedio que lleva a sentir que no pertenecen a un lugar específico, o que son demasiado grandes o demasiado chicos para estar cómodos en la mayoría de los espacios. Por eso la dicha inigualable que sienten al compartir con los compañeros de colegio que tienen su misma edad. 

Los deportes, el colegio, los recreos, las bromas de los compañeros, los profesores, el primer amor, las cosas prohibidas y las tareas son algunos de los elementos que aparecen en estos cuentos, que no pierden vigencia porque quizás no están anclados a un lugar geográfico específico y porque aunque fueron escritos antes de la invasión de las pantallas, captan bien esa necesidad propia de esta edad, de empezar a buscar espacios de privacidad. Sin embargo, lo más valioso de esta obra es quizás la capacidad que tiene Yolanda Reyes para hablar en un lenguaje sencillo y a la vez cuidado, en el que las voces narradoras son cómplices de los ojos juveniles que las leen y en donde se le da importancia y valor a los problemas, preocupaciones y angustas de chicos que muchas veces sienten que por ser pequeños no encuentran adultos que sepan dimensionar el tamaño de sus miedos.


El terror de Sexto B
Yolanda Reyes
Editorial Santillana
2023 (primera edición 1995)
Bogotá
88 páginas

miércoles, 28 de marzo de 2018

La muerte en la calle, de José Félix Fuenmayor

Dicen que en La Cueva, el lugar de reunión del Grupo de Barranquilla, Alvaro Cepeda Samudio se encargaba cada tanto de recordarle a sus contertulios (Gabriel García Márquez, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Alejandro Obregón) una verdad que todos daban por sentada: "todos venimos del viejo Fuenmayor."

El viejo Fuenmayor era José Félix, el papá de Alfonso, quien nació en Barranquilla en 1885 y murió en 1966, antes de que su volumen de cuentos "La muerte en la calle" viera la luz. Otra novela suya, Cosme, publicada en 1927, es para algunos la primera novela urbana en Colombia.

Los cuentos de La muerte en la calle son una especie de curiosidad: hoy se leen como los textos que escribía un maestro de maestros. Han pasado más de 50 años desde que  el viejo José Félix escribió estos cuentos, y hoy el género se ha enriquecido de la narración cinematográfica, de técnicas y de oficio. Por eso, quizás, resulta difícil juzgar estos cuentos desde la mirada contemporánea.

No obstante, en estos 13 cuentos hay elementos recurrentes que permiten intuir un interés poético del autor: protagonistas que son seres anónimos, desposeídos y humildes, escenarios que aluden a casas y calles de pueblos del Caribe, y no al entorno rural que era común en la cuentística que precedió a Fuenmayor, un interés marcado por resaltar el habla local y por mezclar lo religioso con lo mítico popular, y una presencia fuerte de la muerte como posibilidad narrativa.

Algunas frases:
-Y qué es mejor, Temístocles: la aritmética o la gramática.
-La gramática, porque lo tiene todo. La gramática es primero que todo. La palabra con que Dios creó el mundo, es gramática.

Yo no he conocido muchacho bueno ni perro malo.

En comer y comer a poquitos y a cada rato en todo el día golosinas y pedacitos de cualquier cosa había encontrado su vejez la felicidad.

El tiempo hay que llenarlo: es una ley de la que nadie escapa; y observarán ustedes que mientras a las personas con ocupaciones les es fácil cumplirla, para los desocupados resulta muy ardua la empresa- y realizarla es meritorio, debemos reconocerlo. Matar el tiempo es otro modo de expresar aquella ley.

Nada existe más veloz que el pensamiento.


La muerte en la calle
José Félix Fuenmayor
Editorial Santillana, 1994
Primera edición: 1967
Bogotá
180 páginas

jueves, 11 de noviembre de 2010

Delirio, de Laura Restrepo

En estos días y noches de larga espera en el hospital, esperando que naciera Violeta, mi primera sobrina, estuve leyendo Delirio, de Laura Restrepo. Lo terminé anoche, minutos antes de que naciera la bebé.

El éxito de la novela, a mi modo de ver, son las muchas voces narradoras, el manejo del narrador, que cambia cada 3 ó 4 líneas, de manera sutil, sin que uno como lector se pierda. El otro éxito son los personajes "secundarios", como dirían en el colegio, con sus pequeños dramas e historias, bien construidas.

La novela transcurre en Bogotá en los años 80s, al comienzo del apogeo de Pablo Escobar. Narra la historia de Agustina Londoño y su marido Aguilar. Él sale 4 días para Ibagué y al regresar encuentra a su esposa loca. La novela es la pesquisa para saber qué pasó en ese tiempo.

Las frases:

"La mujer que amo se ha perdido dentro de su propia cabeza"

"toda historia es como un gran pastel, cada quien da cuenta de la tajada que se come y el único que da cuenta de todo es el pastelero".

"el cerebro le estalló en pedazos y para ayudarla a recomponerlo sólo puedo guiarme por la brújula de mi ampor por ella, mi inmenso amor por ella, pero esa brújula hoy por hoy es incierta porque me cuesta quererla".

"Porque en este remedo de país a todos los platudos que se enferman se les da por peregrinar a Houston Texas convencidos de que en inglés sí los van a resucitar, de que el milagrito funciona si se paga en dólares, como si aquello fuera Fátima o Lourdes o Tierra Santa".

"Que ya saben que cuando invito yo, les hago servir caviar pero en plato hondo, con cuchara sopera y al por mayor".

"Me amas, dulce Blanca mía?, le pregunta Portulinus y ella le asegura que sí, Ya te dije que sí, que te amo hasta el sufrimiento, se lo asegura muchas veces sin entender que lo que a él le inquieta es otra duda. Él quisiera, él necesita, pedirle que se aleje un poco: apártate, mujer, déjame que sueñe solo".

"es que en ciertos momentos excepcionales, a veces en medio de las peores crisis, la normalidad parece apiadarse de nosotros y no hace breves visitas".

"Ahora tiene un gesto permanente como de pelo en el plato, un rictus que es al mismo tiempo de sorporesa y de asco; el reverso de una sonrisa, el aleteo de un desengaño".

"tú sabes que del norte al sur de Bogotá hay más distancia que de aquí a Miami".

"cierto, papá, que uno es loco por dentro?"

"yo mientras tanto pensaba en tí, que es lo que hago cuando no quiero pensar en nada"

"a la precocidad de mi inteligencia le debo el haber comprendido desde temprana edad que con los dientes amarillos, torcidos o picados no se llega a ninguna parte, y que en cambio una sonrisa perfecta como la de los niños Londoño y como la que yo mismo conseguí más tarde, era tan útil o más que una carrera universitaria".

"Se hace la pregunta en términos más amplios, cuando especula si los momentos decisivos lo son desde el instante en que acontecen, o si por el contrario sólo se vuelven decisivos a la luz de lo que ocurre después de ellos y a raíz de ellos".

"el silencio está plagado de ruidos que se esconden en él, como el gorgojo en la viga, y lo van carcomiendo por dentro, basta con no ser sordo para percatarse de los runrunes y los zumbidos".

"bien raro que alguien de este lado de la ciudad repare en ese pasquín escandaloso y popularachero, simplemente porque no es el perfil; por lo general mi clientela cree que no hay que perder el tiempo con malas noticias y menos si son sobre gente que uno no conoce, y si acaso se animan a leer, pues leen El Tiempo, que les cuenta el paseo como a ellos les gusta oírlo".

"Detente, bonita, caos en mi paraíso particular es más de lo que puedo tolerar".

Delirio
Laura Restrepo
Editorial Santillana, 2004
303 páginas