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martes, 13 de diciembre de 2022

Soñar lo imposible: desafiando las miradas desiguales, de Paula Moreno

Este libro tiene cinco capítulos claramente definidos, el primero es un breve texto, a manera de introducción, en el que la autora, la exministra Paula Moreno, escribe desde Brasil. Narra un encuentro casual con una persona que, en medio de un diálogo cálido e inesperado, le da el impulso para sentarse a escribir este libro. Los tres capítulos siguientes son la esencia del libro: tres perfiles de líderes sociales que desde su quehacer engrandecen su entorno y transforman su comunidad.

El primer perfil es el de María Roa, oriunda de Apartadó y primera presidente del sindicato de empleadas domésticas afrocolombianas. Ese origen al lado del mar hace que la autora presente a María como un personaje de agua, que fluye y deja correr lo que le llega. María llegó a Medellín siendo aún muy joven, vivió la tragedia de Villatina y luego tuvo que devolverse para Apartadó, de donde había salido huyendo de la violencia que asesinó a su hermana mayor. Luego regresa a Medellín y allí, como empleada del servicio, empieza a indignarse por la inequidad y el maltrato, hasta formar el sindicato de empleadas domésticas, que hoy tiene más de 770 afiliadas.

El segundo perfil es la inspiradora historia de Rafael Palacios, quien creció en Copacabana, aunque siempre tuvo que oír la pregunta "¿de dónde vienes?" porque un niño negro no se presume oriundo de Antioquia. Rafael empezó a interesarse por la danza en las clases que su papá les daba en el colegio, pero antes de terminar el bachillerato decidió asumir la danza como profesión, cuando se ganó un cupo en el Ballet de Sonia Osorio. Allí se sintió incómodo con la folclorización del maltrato a indígenas y negros y decidió seguir explorando. Logró llegar a París, en donde se formó al lado de grandes maestras, y después de mucho recorrer decidió regresar a su raíz, a su tierra, y desde hace 25 años dirigie Sankofa, y grupo de danza afro en Medellin. 

El mar de María y la Tierra de Rafael se complementan con el fuego del padre Jhon Reina Ramírez, un hombre mestizo, con rasgos indígenas, que desde Buenaventura ha resistido todos los fuegos cruzados. Lideró el paro de 2017 y ha sido un bastión de resistencia y dignidad para su comunidad. 


El último capítulo es un texto breve, sobre el aire que representa el lector, en el que la autora invita a cuestionar qué es imposible y desde dónde cada cuál puede sumarse a la inclusión transformadora.

Algunas frases
una sociedad “paisa” con múltiples vestigios de épocas coloniales que hacía que, a sus hijos, a pesar de haber nacido allí, se les considerara —aún hoy— eternos migrantes y con ciudadanía parcial o relativa, que solo cuentan en época de elecciones. Después vuelven a ser extranjeros en su ciudad, aquella en la que nacieron y crecieron. Ese imaginario de una ciudad blanca-mestiza los pone afuera casi siempre, en la tercera ciudad afro del país. Los censos, bastante cuestionados, hablan de que uno de cada diez habitantes en esta ciudad es negro, y la mitad son mujeres (p. 54).

¿por qué sus jefes o “patrones” merecían criar a sus hijos y ella no? ¿Por qué, si sus jefes eran personas que habían ido a la universidad, no le pagaban lo justo? ¿Por qué, si eran tan inteligentes, la desigualdad no les incomodaba? Si yo cocino tus alimentos, ¿por qué no puedo comer de lo que cocino para ti, sino otra cosa? ¿Por qué debo usar otros platos y cubiertos, si yo misma los lavo y los mantengo limpios para ti? ¿Por qué me asignan el rincón más oscuro de la casa, y muchas veces ni siquiera una cama, sino el piso, o me obligan a compartir el espacio con las mascotas? ¿Por qué marcar estas diferencias si soy yo quien cuido de tus hijos y de ti? Cuando los empleadores presentaban a María, decían: “Le presento a María, trabaja para mí”. Ella se cuestionaba en su interior: ¿trabaja para mí o conmigo? ¿Era ella una posesión? (p. 56).

Hablamos de inclusión, como un parapeto para mantener los círculos bien cerrados e intacto el statu quo, sin querer asumir ningún riesgo y con muy poca voluntad para mejorar el punto de partida (p. 62).

Cuando me avisaron miré las noticias en redes sociales y me puse a llorar, con esa impotencia que se siente al saber que un solo disparo puede silenciar todas las palabras, borrar el registro de las miradas, suspender de forma definitiva los pasos y marcar un “hasta aquí” fulminante. (p. 129).

Buenaventura se convierte en ese espacio del que no puede escapar, porque sin él no existe para el mundo, pero su gente le estorba. Por esto, se quieren resolver los problemas creando consejerías en Bogotá, en almuerzos de empresarios de Cali o lanzando alianzas para el Pacífico en el Caribe (Cartagena), porque no se quiere —o les da pena— mostrar la capital natural de ese Pacífico que es Buenaventura. Nunca se le ha mirado a los ojos para ver su belleza, que no está en edificios lujosos ni pretenciosos, sino en un encanto más humilde, genuino y distinto (p. 150).

Como diría Sueli Carneiro, esa gran líder afrobrasileña, cuando le preguntaron sobre política: “Entre izquierda y derecha, yo sigo siendo negra (p. 151).

A quien mucho exige, mucho se le exige (p. 172)

A veces, cuando asisto a eventos de nuestras élites tradicionales, solo pienso: ¡qué falta de sofisticación y de sintonía con los tiempos actuales! Resuena en mi cabeza la palabra vanguardia: necesitamos liderazgos de vanguardia, que enciendan la imaginación, que actualicen los lentes, que usen otras lupas para ver mejor y anticiparse (p. 184).



Soñar lo imposible
Paula Marcela Moreno Zapata
Penguin Random House
Septiembre de 2022
200 páginas

martes, 23 de agosto de 2022

Cada oscura tumba, de Octavio Escobar Giraldo


En 1995 Octavio Escobar publicó Saide, una novela policiaca que ocurre en Aguas Blancas, un municipio que se parece mucho a La Dorada (Caldas). En 2010 salió Destinos Intermedios, otra novela policiaca que es una precuela de Saide, y que se complementa con Cada oscura tumba, publicada en 2022 y en donde reaparecen no solo Aguas Blancas sino personajes como Paula Cristina, Melva Lucy o El Suave, de los que volvemos a tener noticias años después. 

Al igual que Destinos Intermedios, Cada oscura tumba está dividida en tres partes, con capítulos que avanzan de manera independiente hasta que en algún momento se conectan. El hecho que detona la acción de Cada oscura tumba son los mal llamados falsos positivos: en la primera página el narrador cuenta la muerte de Anderson, un joven de Buenaventura con una discapacidad mental, y lo que ocurre en las más de 200 páginas siguientes es la historia de su hermana Melva Lucy, su duelo y su búsqueda de reparación, y la historia de Gabriel Álvarez Cuadrado, un abogado defensor de derechos humanos.

Aunque el trasfondo del libro es la vergonzosa masacre a cuentagotas de las ejecuciones extrajudiciales cometidas por el Ejército, la narración está llena de humor y de personajes entrañables que a partir de sus vidas sencillas, ordinarias, se crecen para mostrar la complejidad humana cuando los hechos obligan a tomar decisiones impensadas, o cuando las circunstancias externas o políticas se inmiscuyen en las vidas privadas. 

Cada oscura tumba es una memoria de un momento doloroso de la historia colombiana, con el proceso de paz con las Farc como telón de fondo, que registra con vértigo y virtuosismo un capítulo triste que merecemos no olvidar. 

Algunas frases

"muy próspero, gracias a su falta de ética" (pag 15).

"Joven: No olvide que está bien pago quien queda satisfecho consigo mismo" (pag 16).

"Si las Farc tienen, por decir algo, nueve mil combatientes, divisámoslos en tres partes. Un tercio de ellos cree en sus ideales y sus sueños. Después del acuerdo se dedicará a hacer política. Otro tercio son campesinos, muchachos del montón, que se fueron para la guerrilla porque era su mejor opción laboral. Esos volverán al campo o, en el peor de los casos, buscarán trabajo en las ciudades. El último tercio son desadaptados, criminales, personas sin Dios ni Ley, bandoleros que, como están en la guerrilla, podrían estar en cualquier otra organización criminal. Esos seguirán en lo suyo: matando, secuestrando, robando"
-Si seis mil combatientes dejan de disparar y empiezan a participar en nuestra democracia y se integran a la sociedad, el proceso de paz vale la pena ¿no les parece? -concluyó". (pag 19).

"El sistema es muy hijueputa. Pasan y pasan los años y el hijueputa sistema no nos hace justicia" (pag 26).

"En cine odiaba a parlanchinas y comelonas" (pag 35).

"El dolor es lo más respetable del mundo y a veces la única forma de que se sepa que lo sientes es repetir y repetir que sientes ese dolor" (pag 37).

"Todos los autores creen que escriben como los dioses. Como Minerva. Nadie que piensa que merece que otros lo lean tiene un ego pequeño. Lo bueno es que la mayoría de los que nosotros publicamos ya están muertos" (pag 40).

"Hay gente que cree que está bien lo que pasó, que le cree ciegamente al ejército (pag 48).

"Lo habitual era que un reclutador comenzara a ir a un barrio popular, identificara a las posibles víctimas, ganara su confianza, les ofreciera un trabajo que pudiera llamarles la atención, sencillo y con buena paga, y cuando tenían todo listo, los subían a un transporte y se los llevaban a otra zona del país, donde nadie los conociera. Entonces los detenían en un retén, fingían un enfrentamiento o los asesinaban directamente. utilizaron muchos métodos, algunos tan poco sutiles que es vergonzoso que ninguna autoridad hiciera nada" (pag 61).

"Una insatisfacción, que se sumó a una mejor comprensión de la capital, a la certeza de que ofrece oportunidades pero con la misma velocidad las derrumba, y que en sus calles puede ser devastadora la sensación de caída" (pag 98).

"Si las autoridades no se ajustan a las leyes, se desautorizan a sí mismas" (pag 100).

"Era nuestro trabajo. Alguien tiene que lavar la ropa sucia. Siempre hay ropa sucia" (pag 110).

"Los conejos abortan habitualmente, como algo natural" (pag 115).

"-¿Mató a muchos?
-Uno es muchos"" (pag 116).

-"Alguna excompañera de colegio a la que la belleza se le multiplicaba en los quirófanos" (pag 123).

-"estar sola me gusta, siempre están los libros, pero quiero saber que alguien, alguien específico, va a contestar el celular cuando yo lo necesite, y va a salir corriendo cuando me queje, cuando me abrume el dolor. No me quiero sentir botada en una sala de urgencia" (pag 127). 

"¿Te das cuenta de que estás violando mi derecho a la coexistencia humana con la persona que más quiero?" (pag 156).

"Si ese hijueputa desde chiquito llega a las fincas en helicóptero" (pag166).

"La gente que siempre va de afán es un peligro" (pag 186).

"La guerra es buen negocio para muy poquitos" (pag 189).

"-¿Le puedo ofrecer algo?
-Un café estaría muy bien. -Revisó el estado de su corbata.
-Tengo instantáneo, pero del bueno.
-Marca Oxímoron, supongo. Le agradezco. Definición colombiana de oxímoron: candidato liberal independiente". (pag 193).

"Era un ejemplar de la rara especie de los hombres justos, de esos que piensan que las normas establecidas se cumplen o el mundo se acaba, de aquellos que consideran que no basta con proteger al inocente o condenar al culpable, sino que también hay que preservar los acuerdos universales de conovivencia y, en últimas, resguardar la civilización que los hombres han forjado una generación tras otra" (pag 213).

"El Ejército no es un lugar normal, si es que existen los lugares normales" (pag 220).

"Bien pagado queda el que queda satisfecho. Mi ánimo no ha sido nunca mercenario" (pag 222).

"No tengo mucho en qué gastar, ni con quién. Pero el dinero es el dinero. Da gusto tenerlo. (pag 232).

Cada oscura tumba
Octavio Escobar Giraldo
Seix Barral
Bogotá, 2022
257 páginas

lunes, 2 de noviembre de 2020

Cartas a Antonia, de Alfredo Molano Bravo


Alfredo Molano Bravo murió el 31 de octubre de 2019 y dejó huérfanos no sólo a sus cuatro hijos sino también a sus seis nietos. No existe una palabra precisa para describir la orfandad que dejan los abuelos. Técnicamente huérfano es solo el hijo que pierde al padre o a la madre pero para el nieto sin abuelo no hay vocablo. Lo normal (e incluso lo deseable) es que la muerte llegue primero a los abuelos que a los nietos, y por lo tanto ser un nieto desabuelado es una condición natural y frecuente, aunque no por ello menos triste.

El sociólogo, investigador y columnista Alfredo Molano Bravo fue consciente del dolor que su muerte le causaría a su nieta Antonia. Tuvo una conexión especial con ella, desde que nació en 2005, y desde esa época empezó a escribirle cartas en la que con palabras de abuelo, y con voz de las que se usan para contar cuentos antes de dormir, este sabio explica cosas sencillas y útiles: por qué la belleza puede conducir a la vanidad; por qué importan los ríos; por qué la minería a gran escala contamina; por qué nacieron las Farc. En cierta edad los niños preguntan con frecuencia "¿por qué?" para cada cosa que descubren. Estas cartas son respuestas a algunos de esos ¿por qué? Respuestas construidas desde su singular visión del mundo, una visión que como él mismo lo cuenta, le costó caro: "he pagado un alto precio por apartarme de la mirada oficial, la que llaman "políticamente correcta": falsamente objetiva, parcial, aséptica".

Las cartas no tienen fecha (y es una lástima) pero están organizadas por temas: el lector conoce la infancia de Molano, su vida en el colegio, su rebeldía infantil, su conexión con el campo y sus rutinas familiares; luego salta a unas cartas-crónicas en las que títulos como "Simití", "Buenaventura" o "La Guajira" sirven para explicar la historia y la geografía del conflicto en Colombia; y también hay otras desde "Cuba", "Barcelona" o "Ecuador", que ofrecen una perspectiva cosmopolita; después aparecen algunas cartas dedicadas al mundo de los toros y, en el último tercio del libro, cuando la narración viajaba entre ríos, ciénagas y Llanos, súbitamente aparece una tos que se complica, que se convierte en un ahogo y un dolor. Irrumpe el cáncer, que es como decir que irrumpen la vejez o la muerte de manera intempestiva, y entonces ya no es posible soñar el futuro. Como lo describe hermosamente Molano: "los sueños eran proyectos; ahora los proyectos están cortados por una cortina negra". 

Buena parte de los libros de Antonio Molano son la compilación de voces de campesinos, indígenas, negros, deportados, migrantes, víctimas: su técnica, como lo dice en el libro, consistía en escuchar: "Escuchar —perdónenme el tono— es ante todo una actitud humilde que permite poner al otro por delante de mí, o mejor, reconocer que estoy frente al otro. Escuchar es limpiar lo que me distancia del vecino o del afuerano, que es lo mismo que me distancia de mí. El camino, pues, da la vuelta. Escuchar es casi escribir". La novedad que ofrecen las Cartas a Antonia consiste en que en este libro Molano no transcribe las voces de otros: es su propia voz la que hilvana los relatos y por lo tanto es su pensamiento desnudo y humano el que aparece en cada página. 

Molano fue ante todo un cronista y esa condición está presente en buena parte de las cartas-crónicas que aparecen en este volumen. Pero fue también un historiador del conflicto y, en ese sentido, éste es también un libro sobre historia de Colombia. Por sus páginas desfilan Bolívar, Olaya Herrera, Laureano Gómez, Rojas Pinilla y Uribe, entre otros. Se trata entonces de un libro de historia y de crónicas escritas desde el amor y con el talento de un muy buen narrador. El último tercio del libro es el testimonio en primera persona de un hombre lúcido que asiste al derrumbe de su propio cuerpo. En la última entrada, escrita cinco días antes de morir, Molano confía en que se va a recuperar: en que está sometido a un tratamiento curativo y no paliativo. Esa confianza, y a la vez esa impotencia, son una hermosa metáfora de lo que fue su vida: un humanista que soñó siempre con un país más equitativo, a pesar de las evidencias. 

Algunas frases
"Un cuento es un cuento, tiene valor, pero no vida. Una historia es más real" (p. 23).

"Yo soñaba, botaba mis sueños a volar: No me los fabricaban como los fabrica ahora la televisión o la internet, las aplicaciones y los juegos de maquinitas" (p. 33).

"Las frutas maduran poco a poco hasta que cuando el sol las ha hecho dulces, caen al suelo. Si las coges antes y las maduras biches, pierden sus sabores. No vivas más allá de lo que eres" (p. 65).
"La felicidad es un engaño para dominarnos. Pero existen momentos cortos en los que podemos saborear la alegría, la serenidad, la esperanza" (p. 67). 
"Debes saber que eres bella, pero tienes que emprender una lucha tenaz contra la vanidad porque ella te esclaviza, sería tu maldición" (p. 68).

"muchos cubanos se fueron a buscarlos prendidos de un neumático o montados en un par de troncos, y encontraron la libertad de trabajar lavando platos" (p. 70).

"¿reguetón será? y que más que música es un ruido desacompasado, hecho para no sentir" (p. 75).

"(Estados Unidos) es rico también porque han hecho y ganado muchas guerras, que son también buenos negocios, como el que hacen con la guerra en Colombia: nos venden las armas con que nos matamos" (p. 82).

"Hemos sido un país muy rico en oro. ¿Sabes de dónde viene el oro? Según dicen algunos científicos, viene del espacio. Hace millones de millones de años, muy lejos, muy lejos, estalló una estrella en pedazos. Se hizo añicos y esos pedacitos se fueron volviendo polvo y flotando en el espacio como un cardumen de sardinas en el mar. Hasta que nuestro sistema solar atrajo esa nube viajera y la estrelló contra la tierra donde se estaban formando las cordilleras y los mares. Ahí quedó escondido ese polvo vagabundo que tanto codiciamos los seres humanos" (p. 83). 

"Sin tierra un campesino es un desempleado, un vago o un jornalero" (p. 99).

"embrujándolos con la marihuana, que es como fumarse un sueño con pesadilla" (p. 106).

"Muertes de compañeros de cafetería, conocidos que murieron para que nosotros no muriéramos. Pero muchos lo hicieron con el morral al hombro y el fusil en las manos. Muchachos tan generosos como los que después me encontré en las costas del Guayabero, que no les temían ni a la noche oscura ni a los ríos crecidos. Fue cuando comencé a escribir sobre ellos y sobre su gente. Escribí deslumbrado, alucinado. No paraba de escribir sobre un país que no se conocía, y de conocerlo, por supuesto". (p. 115).

"el "checkin", un término en inglés al que debes acostumbrarte porque las invasiones siempre comienzan por los idiomas, y el castellano, el más rico del mundo, está siendo avasallado —como tantas otras cosas— por los "ingleses" de Norteamérica". (p. 118).

"A veces desde el avión, y si hay luna, las noches son bellas. Se siente el silencio del universo" (p. 118).

"Las guerras, lo sabrás algún día, se pierden por el honor de los militares" (p. 119).

"Una de las cosas más bellas del Páramo es el silencio" (p. 125).

"La tierra, mi adorada Antonia, siempre es la causa de las guerras, inclusive —es triste— entre hermanos y entre padres e hijos" (p. 156).

"Manizales es así, Antonia. Hace frío porque queda cerca de un nevado, pero hay niebla porque hay café; las lomas están sembradas de café, hay guadua en las cañadas, y en algunos cerros, todavía manchas de lo que fue selva" (p. 158). 

"El café les deja platica para gastar, pero —lo que es mucho más importante— los hace ser iguales y por eso todos participan en la fiesta" (p. 159).

"El viaje que habíamos fijado para el 13 de febrero comenzó mucho antes, con los sueños" (p. 166). 

"Cada día es más patético el hecho de que la cabeza de los viejos funciona sin darse cuenta de la edad del cuerpo. O se da cuenta cuando el cuerpo se lo recuerda de manera bastante brusca, por lo demás" (p. 185).

"Cuando la gente se deja mamar gallo, y a su vez, mama gallo, todo está hecho" (p. 186).

"La incertidumbre es la condición del purgatorio" (p. 215).

"De día, aunque los miedos rondan, la rutina y la luz, la compañía reduce los miedos, los hace ver menos inminentes. Pero la noche es de los fantasmas" (p. 216).

"Una enfermedad como esta, de pronóstico tan esquivo, cierra el horizonte. Todo queda congelado en la indefinición, en la incertidumbre, en la oscilación. No puedo pensar más allá. Quizá pueda soñar, pero antes los sueños eran proyectos; ahora los proyectos están cortados por una cortina negra". (p. 217).

"Volví a pensar en los libros que me falta leer" (p. 225).

"pero frente al abanico de riesgos, necesito entregarme al destino sin resistir; es decir, sin llantos ni lamentos. No es fácil, porque uno busca despertar piedad a ver si por ahí se le encuentra el vado al río. Entregarse es no buscar protección" (p. 228).

"¿Cuántos viajes he dejado de hacer? ¿cuántas tierras desconocidas quedarán enterradas conmigo? ¿Cuántos libros en los que han formado mi tiempo he dejado de leer? (p. 229).

"El tiempo de la anestesia es un tiempo que queda faltando, que alguna conciencia echa de menos" (p 233).

"El miedo. El miedo a la muerte, claro está. No hay otro miedo" (p. 245).

"Al miedo, le decía yo a Antonia, hay que mirarle la cara" (p. 245).

"Para conocer, señor, hay que andar" (p. 301).

"Oír las voces de las gentes no fue suficiente. Para no usurparlas, había que escribirlas en el mismo tono y el mismo lenguaje en que habían sido escuchadas". (p. 301).

"Escuchar —perdónenme el tono— es ante todo una actitud humilde que permite poner al otro por delante de mí, o mejor, reconocer que estoy frente al otro. Escuchar es limpiar lo que me distancia del vecino o del afuerano, que es lo mismo que me distancia de mí. El camino, pues, da la vuelta. Escuchar es casi escribir" (p. 302).

"Se tiene miedo de escribir porque se tiene miedo de escuchar; porque se tiene miedo de vivir" (p. 302).

"Escuchar y escribir son actos gemelos que conducen a la creación" (p. 303).

"Crear es, al fin y al cabo, un acto ético" (p. 303).

"La dificultad comienza cuando el que trata de escribir no oye porque está aturdido de juicios y prejuicios, que son justamente la materia que debe ser borrada para llegar al hueso. Mi oficio de escribir se reduce a editar voces que han sido distorsionadas, falsificadas, ignoradas" (p. 307).

"He pagado un alto precio por apartarme de la mirada oficial, la que llaman "políticamente correcta": falsamente objetiva, parcial, aséptica" (p. 307).


Cartas a Antonia
Alfredo Molano Bravo
Editorial Aguilar
Bogotá
Agosto de 2020
312 páginas


lunes, 13 de noviembre de 2017

La perra, de Pilar Quintana


En La perra ninguna palabra sobra. 108 páginas le bastan a Pilar Quintana para recrear un universo sobrecogedor, en el que el paisaje tiene directa relación con la historia: la selva y el Océano Pacífico se ven hermosos pero son traicioneros. En las playas se bañan turistas pero en sus aguas se ahoga la gente y las tormentas torrenciales, que se ven bonitas en la lejanía, se cuelan entre los techos de las casas y causan inundaciones. Así es La perra: cualquier armonía se puede romper. 

La novela se ubica en Juanchaco, a una hora en lancha de Buenaventura. Damaris vive con su esposo Rogelio en un humilde rancho. La gente ya dejó de preguntar "para cuándo los bebés". Damaris quería ponerle Chirli a su hija, pero como no se pudo bautiza así a una cachorra que le regalan. Damaris trabaja haciendo oficio y Rogelio es pescador. A veces se va la luz, a veces no tienen cómo pagarle al tendero lo que les ha fiado. Hay múltiples violencias que han sido naturalizadas y hacen parte de la vida cotidiana. La escasez en la que viven contrasta con la exuberante naturaleza que los rodea: selva, mar, toneladas de pescado, animales de todo tipo.

Dice Hemingway en su teoría del iceberg, que todo relato refleja sólo una parte muy pequeña de la historia. Lo que soporta el texto está sumergido y le corresponde al lector encontrarlo, interpretarlo. La perra no es una historia críptica o confusa. Al contrario, es clara, directa y fuerte, pero todo el tiempo invita al lector a entender lo que no se cuenta o apenas se esboza y eso le da a la novela un aura de misterio y tensión creciente. El texto es sobrecogedor.

En La perra los personajes se transforman. No hay buenos ni malos. Hay gente corriente con la que el lector empatiza en unas páginas y más adelante ya no, o viceversa. Que la escritora logre esto con tan pocos diálogos y digresiones me parece un trabajo maestro: son las acciones cotidianas de los personajes las que revelan los rasgos ambiguos y densos de sus personalidades. 

Buena parte de la literatura contemporánea refleja la urbanización de la población. Hoy casi el 80% de la gente vive en ciudades y muchos cuentos y novelas que se publican en la actualidad narran historias que se ubican en centros urbanos. La perra es un relato contemporáneo (sus personajes usan celular, ven televisión), que ocurre en una región muy poco contada por la literatura colombiana: la selva del Pacífico. Ese entorno selvático es distinto al paisaje que hace un siglo narró José Eustasio Rivera en La vorágine, pero así como a Arturo Cova y Alicia se los tragó la selva, en La perra la naturaleza no es mero decorado. Puede ser, como lo dice la autora, el lugar más terrible.


Algunas frases:
"Él quería comprarse un nuevo trasmallo y un equipo de sonido grande con cuatro parlantes, pero Damaris llevaba un tiempo pensando cómo decirle que ella no había dejado de desear un hijo".

"Quiso huir, perderse, no decirle nada a nadie y que la selva se la tragara. Empezó a correr, se tropezó, cayó, se levantó y volvió a correr".

"No había viento. Las hojas de los árboles se habían quedado quietas y lo único que se oía era el mar. A Damaris le pareció que el tiempo se estiraba y que ella estaría ahí hasta hacerse adulta y luego vieja".

"La única ciudad que conocía era Buenaventura, que quedaba a una hora en lancha y no tenía grandes edificios. Tampoco conocía el frío de las montañas, pero por lo que veía en televisión y decía la gente, se figuraba que Bogotá debía ser como la oficina de Telecom luego de una semana de lluvia: un lugar oscuro, con ecos y que olía a humedad como las cuevas".

"Damaris pensó que seguro querrían mucho a la cachorra, pues ellos tampoco tenían hijos, y se preguntó si sería eso lo que los mantenía unidos".

"Así que eso era matar. Damaris pensó que no era difícil ni tomaba demasiado tiempo".


La perra
Pilar Quintana
Random House Mondadori
Bogotá, 2017
108 páginas