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miércoles, 1 de abril de 2026

Dos veces Alicia, de Albalucía Ángel

Como todas las novelas de Albalucía Ángel, Dos veces Alicia es una obra exigente para el lector, llena de intertextualidad y con una narración no lineal: la historia es una especie de misterio que el lector debe ir descifrando a medida que avanza.

La señora Alice Wilson vive en Londres y tiene un inquilinato por el que desfilan sus hijos, hijas, yernos, arrendatarios y amantes ocasionales. Una de esas es la narradora, quien con agudeza observa la cantidad de prejuicios que conviven en esa casa: el clasismo, el racismo, las apariencias sociales, la guerra, la difícil convivencia familiar, los secretos, la homosexualidad y, como si todo esto fuera poco, falta la nuez de la historia: hay un crimen, que al principio no se sabe no solo quién lo comente, sino además, quien es el/la víctima, y al final dudamos si en realidad hubo un crimen.

Dos veces Alicia juega con el doble, con los espejos, con la escritura dentro de la escritura y con las posibilidades que ofrece la hipertextualidad. A partir de Alicia en el país de las maravillas, su fantasía y sus personajes, Albalucía Ángel construye una fantasía situada en Londres en la segunda mitad del siglo XX.


Algunos subrayados

Del prólogo de Alejandra Jaramillo Morales e Ivonne Alonso-Mondragón:
No hablamos de una literatura testimonial —de hechos—, sino de una literatura testigo —de experiencias— (p. 13).

el género policial y detectivesco, así como la fantasía y la ciencia ficción, fueron considerados géneros literarios trabajados exclusivamente por hombres durante siglos. Por lo tanto, allí aparece una apuesta de apropiación de la literatura y la escritura (p. 19).

para Albalucía Ángel escribir es una suerte de testimonio (p. 20). 

De la novela:
También leí que, a lo mejor, te conviertes en un meteorito o en un planetoide. ¡Un meteorito...!, ¡qué hijos de la gran...!, eso sí que sería la aventura del siglo, convertirse en meteorito, oye, entonces quiere decir que uno no se muere nunca, o sea, que jamás te pueden comprobar si de veras estás muerto, ¿te imaginas eso?, piensa un poco en lo que dirán los doctores de la Iglesia: ¿están muertos o no?, ¿en el infierno o en el cielo?, ¿ah?, y entonces se armará el despelote, cada uno diciendo que sí, que sí está muerto, y los otros que no, que está dando vueltas per secula seculorum, que son tumbas errantes, lo que más me gusta es lo del nombre, ¿a ti no? A mi también. ¿Te gustaría ser astronauta? No sé, además, hay muy pocas mujeres astronautas, ¿no? ¿Y qué...? (p 53).

¿no te das cuenta de que llegará el día en que nadie se va a morir...? ¿Ah, no?, mira qué bien, ¿y eso también está escrito? No, pero lo van a escribir muy pronto, ya verás, y cuando el hombre rompa la barrera del tiempo será dueño y señor de la vida y la muerte, se morirá cuando le dé la pinche gana, eso está claro. ¡Pero entonces sería terrible! ¿El qué? Que nadie se muera. ¡Cretina¡, se muere el que le da la gana. Pero nadie va a querer morirse, ¿tú crees que sí? ¿Que nadie va a querer?, bueno, contigo es perder el tiempo, hablemos de otra cosa (p. 54). 

el mínimo rumor se escucha en los cuatro pisos con una nitidez que envidiaría el teatro griego (p. 63). 

Los árboles son el mejor invento de la naturaleza (p. 103).

algo de que comprendía las palabras pero no su significado, o mejor, su significado era obvio pero las palabras no existían, o mejor, lo que significaban las palabras no estaba de acuerdo con el texto, o mejor... no sabía cómo explicarlo (p. 131). 

jamás la he visto consultarlos, pues sufro de pereza mental apenas abro un libro, dice (p. 135).

la Elefanta, atragantada de mazapanes, me contó que lo habían mutilado a sangre fría con una cuchilla de afeitar para que confesara el escondite de otros judíos amigos suyos (p. 152)

porque yo creo que es amor
porque yo siento que es amor
porque yo quiero que sea amor
sé amor
dame amor
bebe amor
sueña amor (p. 154). 

hay que creer por lo menos en seis cosas imposibles antes del desayuno, insistió la reina Blanca (p. 157).

Los árboles sirven para que las hojas tengan de dónde aferrarse. Exacto, dijo la reina Blanca. Los árboles sirven para que la gente sepa dónde están los bosques. Exacto, corroboró la reina Roja. No soportaba ese par de sabiondas. Los árboles sirven para que la niebla se enrede en ellos y uno a su vez se enrede en la niebla neblina neblinosa (p. 158). 

todos los caminos conducen a donde uno quiere y uno camina por donde le da la gana y llega si quiere y si no quiere no (p. 172).

¿has sido bueno...?, preguntaban, ¿le has obedecido a mamá?, qué aburrimiento, la cantinela de siempre, y que tal si uno contesta, ¡no he sido bueno para nada y me importa un carajo...!, menuda cara la de papá Noel, y eso es lo que deberíamos de hacer, sí señor, desde pequeño, decir a la cara de papá Noel, y de quien sea, lo que pensamos, ¿por qué no? Porque no. Porque nos enseñaron a decir: sí he sido bueno, sí le he obedecido a mamá (p. 183).



Dos veces Alicia
Albalucía Ángel Marulanda
Ministerio de Cultura, Biblioteca de Escritoras Colombianas
2021 (primera edición Barral 1971.
Bogotá
192 páginas




viernes, 9 de diciembre de 2022

Perros de paja, de Rigoberto Gil Montoya

Dice Wikipedia que Perros de paja es una película de 1971, dirigida Sam Pickinpah. En ella Dustin Hoffman intepreta el papel de David Sumner (no confundircon David Summers), un profesor estadounidense que se traslada con su esposa a una villa rural en Inglaterra, buscando huir de la violencia. No obstante, los vecinos en apariencia pacíficos comienzan a tener "comportamientos extremadamente violentos hacia ellos, desatando una impresionante venganza por parte de Sumner". Agrega Wikipedia que Perros de paja es una de las películas más representativas de esta época del cine en la que se empieza a hablar de la violencia gratuita en pantalla.

En Perros de paja, la novela corta de Rigoberto Gil Montoya, hay una voz que está contando esa película y por eso en distintas partes del texto aparecen menciones a David Sumner y Sam Pickinpah. Esa violencia de la película y ese relato cinematográfico se intercalan con otro plano narrativo, también violento y visual, que se ubica en el bario San Judas de Pereira, en donde un grupo de sicarios-traquetos-ladrones-malevos-compinches conversan, juegan billar, toman cerveza, roban y ven películas y cómics antes de caer muertos a tiros.

La novela reivindica la cultura popular y ofrece una cartografía precisa de una zona excluida de Pereira: aparecen el Río Otún, las calles y carreras que conectan al Otún con el centro de la ciudad, el barrio San Judas y algunos cines que existieron antes del auge de las salas de centro comercial. 

Ese mapa es el escenario en el que se mueven unos cuerpos también excluídos: jóvenes que sólo aparecen en las páginas rojas de los periódicos (nunca vimos por nuestras calles reporteros o periodistas, escribe el autor) y que viven con un vértigo de No futuro, que recuerda a "No nacimos pa semilla" de Alonso Salazar, o "El pelaíto que no duró nada", de Víctor Gaviria. El elemento diferencial que le imprime Rigoberto Gil es su mirada desde el humor, en tono de novela negra, en la que se construyen imágenes cinematográficas con un lenguaje muy cercano a la oralidad, que contrasta con los textos falsamente estilizados que aparecen firmados por el "Corresponsal" o en las cartas a "El diario". Esos diferentes registros le permiten a Rigoberto Gil construir en pocas páginas una aguda crítica al periodismo local y también a la sociedad que se niega a ver a los habitantes de estos barrios marginales. En ese sentido resulta revelador que sea precisamente Amelia, una mujer de clase alta que decide ir a fotografiar (a registrar, a documentar) lo que allí pasa, quien termine siendo la primera asesinada.


Algunas frases


La luna pareciera motivar la angustia de quien aún no junta las palabras para echar todos sus diez años de matrimonio a la mierda (p. 34).

A mí me late que Kalimán y Solín son cacorritos, se penetran el uno al otro, decía Coringa y no podíamos sostenernos de la risa (p.52).

De acuerdo con estadísticas oficiales, San Judas era el sitio del país donde más mulas se cargaban (p. 58).

Nunca vimos por nuestras calles a reporteros o periodistas que quisieran hablar con las familias afectadas. En las crónicas de las páginas judiciales se dejaba claro que a estos sectores era imposible entrar sin arriesgar la integridad física, pues si las autoridades no podían hacerlo, ¿cómo diablos lo iban a hacer ellos, cazadores de verdad, meros aficionados a los Superamigos del Salón de la Justicia? (p. 59).

Se trata de responder a una carta que la benemérita Madre Dorotea de todos los Santos, superiora de la Congregación Siervas del Santísimo, hiciera llegar al director de este medio informativo, preocupada como está, y, desde luego como lo estamos todos, de la grave ola de inmoralidad que ha estado atosigándonos, luego de que el anterior alcalde, señor Vergara, expidiera las respectivas licencias para que circulara sin ton ni son toda clase de literatura que, bajo el ropaje de los cómics o las aventuras, trae incitaciones a la violencia y, en particular, a las prácticas sexuales sin medida (p. 65).

Allí permiten que los chicos, aún sin cumplir la mayoría de edad, observen cintas tan censurables como Hazme rico; Encerrados en la habitación; El lechero amoroso; Revelaciones de un maniático sexual a la policía; Las aventuras eróticas del Zorro, y una serie de títulos bastante dicientes como para prohibir su exhibición en esta ciudad.

Perros de paja
Rigoberto Gil Montoya
Hoyos Editores
Manizales, 2007 (primera edición: Cine Club Borges, 2000).
78 páginas

lunes, 5 de noviembre de 2018

Luna caliente, de Mempo Giardinelli


Mempo Giardinelli nació en Resistencia, una ciudad muy al norte de Argentina, en El Chaco, cerca de la frontera con Paraguay. 

En ese espacio caliente, muy caliente, y alejado de la gran ciudad, transcurre Luna caliente, una novela corta, vertiginosa, que navega entre el la realidad y el sueño, o mejor la pesadilla.

Ramiro Bernárdez es un joven abogado que acaba de regresar al Chaco luego de culminar su especialización en derecho administrativo en París (y la aparición de París no es casual porque remite al Hombre Lobo en París). Conoce a Araceli, una chica de 13 años. Lo que viene a continuación es una mezcla de triller y novela erótica, en donde la tensión entre eros y tanatos está está presente en cada página. 

La obra se publica en plena dictadura argentina y aunque el tema de la dictadura no sea el foco de atención de la novela, se respira en la atmósfera sofocante que el escritor construye, en la que hay presencia de policías y el temor a la posibilidad de la tortura, que siempre es una variable que debe contemplar cualquier civil de la época. 

Luna caliente remite a Lolita y a Las edades de lulú. Pero también remite al Doctor Jeckyl y Mr Hyde, y a las novelas de folletín con personajes monstruosos como el Hombre Lobo. 

Se trata de una novela sobre el bien, el mal y la culpa (el protagonista menciona a Dostoievski), que reflexiona sobre el machismo, pero también es una novela que describe una época y una región de Argentina que no es tan frecuente en la prolífica literatura de ese país.

Algunas frases:

Jamás había imaginado que un hombre, convertido involuntariamente en asesino, pudiera, de repente, vencer tantos prejuicios y tornarse! frío, inescrupuloso.

Quizá eso era el machismo, ese segundo de espanto que sentimos cuando enfrentamos a la mujer.

La condición humana también era esa maravillosa capacidad de afrontar cualquier situación. De modificarlo todo. 

No sabe nada de nada pero ella opina, siempre son los ignorantes los que!opinan.

La condición humana era la imbecilidad de la gente.


Luna caliente
Mempo Giardinelli
Seix Barral
Buenos Aires, 1999 (primera edición 1983).
114 páginas

Plata quemada, de Ricardo Piglia

Huir es más divertido si se hace en compañía. Eso es lo que el cine enseña en películas como Bonny and Clyde,  Thelma y Louise o Butch Cassidy and the Sundance Kid. Parejas fugitivas que mientras huyen caen, pero también ríen. Cuando no hay mucho futuro hay que vivir con intensidad el presente.

De ese río parece beber Plata quemada, la novela que el argentino Ricardo Piglia escribió durante años y finalmente publicó en 1997, el mismo año del estreno en Argentina de Trainspotting, la película del inglés Danny Boyle con protagonistas que permanecen tan drogados y tan ávidos de dinero que perfectamente habrían podido cometer el mismo hurto que El Nene y Dorda llevaron a cabo en el Parque San Fernando, un suburbio del Gran Buenos Aires, según la reconstrucción de Piglia.

Plata quemada es una novela histórica. Parte de un hecho de la vida real: de un crimen de esos que acaparan la atención de la crónica roja y luego se hunden en el olvido. En el epílogo de Plata quemada, que podría ser también el prólogo, el narrador informa que el 27 de septiembre de 1965 se cometió un hurto en Buenos Aires y los ladrones emprendieron una huida frenética que los llevó hasta Montevideo. La fuga terminó el 6 de noviembre del mismo año.
 
El material informativo que da origen a la novela es ese. En su momento la prensa registró la noticia con fruición pero con los días las noticias nuevas sepultaron a las viejas, como suele ocurrir. La maestría de Piglia consiste en tomar esa información y convertirla años después en literatura. Piglia toma una noticia criminal vieja (como hace Gabo en Crónica de una muerte anunciada) y amasa los datos para cocinar algo nuevo. Los ingredientes, es decir los datos y el contexto de la época, estaban en los periódicos que se empolvan en los archivos de las bibliotecas.

Plata quemada es una novela histórica porque se basa en un hecho real ocurrido en el pasado, pero no es una novela histórica convencional. En Piglia la historia está para transgredirla, para dessacralizarla, para violarla. La historia particular del crimen pero también, en términos más amplios, la historia de Argentina. El autor tiene claro el rol de los héroes: El Gaucho Dorda, uno de los dos protagonistas, (el otro es El Nene) es un asesino ex convicto que pasa todo el día drogado, oye voces, es homosexual y habla poco. Su único interés, además de la droga, es la lectura de la revista Mecánica Popular. Pues bien, sobre Dorda escribe Piglia:
Parado y tirando con las dos manos, sereno, bum, bum, con una elegancia y los canas cagados de miedo. Cuando ven a un tipo así, decidido, que no le importa un belín, le tienen respeto. Si hubiera una guerra, supongamos que hubiera nacido en la época del general San Martín, el Gaucho, decía El Nene, bueno, tendría un monumento. Sería, no sé, qué se yo, un héroe, pero nació fuera de época (P. 56).

Las transgresiones en Plata quemada son varias. Para empezar, el concepto mismo de la plata, del dinero, que interesa por su valor de cambio. El título habla del acto de quemar billetes, que puede ser el mayor gesto de desapego al sistema capitalista: tener dinero para dilapidarlo: no para regalarlo como gesto populista, sino para destruirlo, para hacer visible lo obvio: que el dinero es papel. Se lee en la obra: “… quedó una pila de ceniza, una pila funeraria de los valores de la sociedad”. Esa postura política de la novela está clara desde el epígrafe, una frase de Bertolt Brecht: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?”.

Los elementos con los que se construye la historia son también transgresores. Plata quemada es una novela de antihéroes. Los policías son corruptos personajes que se dedican a la picana mientras esperan la jubilación, y los protagonistas, Dorda, El Nene y su entorno, son ex presidiarios sin interés en redimirse. Los mueve, si acaso, el afán de conseguir plata para irse de Argentina e instalarse en Nueva York, en una forma de evidenciar que el sueño americano es una constante latina que permea todas las capas sociales y todos los imaginarios, desde hace décadas.

Mientras preparan el robo y la fuga, Dorda, El Nene, Malito y Mereles meten cocaína, se empepan, fuman marihuana, ven televisión, hablan banalidades (como los diálogos de los criminales de Tarantino) y tienen sexo en distintas variedades. “Cuando la carne escaseaba, se acostaban juntos, El Nene y el Gaucho Rubio” (p. 54). Las mujeres de la novela, sin excepción, cumplen uno de estos dos roles: son sus madres o son objetos sexuales: “A veces pensaba en una mujer y la sentaba en la ventana de la celda y le empezaba a chupar el clítoris, podía ser cualquier mina, mi hermana podía ser” (p. 68).

Plata quemada es una transgresora novela histórica que además propone una cartografía distinta de Buenos Aires. La capital argentina de estas páginas está muy lejos de la París suramericana que sueñan sus habitantes. Aparecen el subte, la Plaza de San Fernando, Rivadavia, Florida, el cine del Rex y el Tigre. Pero también Adrogué, la provincia en donde nació Piglia y en algún momento de la novela se dice de un personaje que prefiere la periferia. El autor nos habla de los límites en su sentido sociológico pero también geográfico, y de las relaciones entre ambas marginalidades. La estética bizarra del lenguaje concuerda con los espacios elegidos: en vez de narrar calles bonitas y edificios de mármol, Piglia prefiere describir otras arquitecturas. En este sentido Plata quemada es una obra que en sus páginas incluye personajes borde, pero también barrios y calles que distan de la postal turística, el lujo y el glamour. De hecho, buena parte de la novela ocurre de puertas para adentro, en cuartos a puerta cerrada, que corresponden a esta descripción: “las paredes vacías dan al ambiente el tono de precariedad que tienen los lugares así” (p.99).

Es también interesante el rol que le da Piglia a los medios de comunicación. No sólo le dan la oportunidad de incluir también en estas páginas a su querido personaje Emilio Renzi, sino que además muestran la relación ambigua entre los medios y sus receptores: por un lado, el lenguaje impostado y aséptico que usan  algunos periodistas para describir la acción en caliente, reproduciendo versiones oficiales, pero por otro lado los medios aparecen como validadores de la realidad. En medio de la balacera final el narrador cuenta que los protagonistas “habían  puesto el televisor en el piso para que no lo reventaran las balas y a ratos, cuando había una pausa, miraban lo que pasaba en la calle. También escuchaban el relato de los hechos transmitidos por Radio Carve, la voz de alterada de los locutores que se turnaban para contar los tremendos momentos vividos en la ciudad de Montevideo” (p. 108). Sobre Malito, el único de los cuatro sobrevivientes que no participa en la balacera final, se ha dicho setenta páginas antes: “Malito era entonces, como todos los pistoleros profesionales, un ávido lector de la página policial de los diarios, y ésa era una de sus debilidades” (p. 40).

No se trata, en todo caso, de un triller más. Plata quemada tiene un trabajo minucioso del lenguaje y un elemento que la potencia como obra: el humor. El narrador parece pensar que no hay nada sagrado en la Argentina: ni los militares, ni los policías, ni la religión, ni el sistema financiero ni Perón, ni Evita, ni la belleza de la ciudad. Todo puede ser objeto de burla y nada más eficaz que el humor para desnudar tiranías y autoritarismos.

Como todos los libros, Plata quemada tiene varias capas de lectura. El robo es una anécdota que permite mostrar un contexto de corrupción, capitalismo, exclusión y decadencia, sin discursos moralizantes. Sin embargo, quizás no es necesario que el lector haga todos estos análisis para disfrutar un libro como éste, que es un enorme divertimento. Ya lo decía la revista Selecciones del Reader´s Digest: la risa, remedio infalible.  


Plata quemada
Ricardo Piglia
Penguin Random House
Buenos Aires, 2013 (primera edición 1997)
172 páginas

domingo, 11 de febrero de 2018

La furia, de Humberto Jarrín Ballesteros


Escribe Humberto Jarrín B. en un aparte de La furia que “En últimas una novela muchas veces no es sino un pretexto para una tesis”. Eso se nota en esta obra. La furia es la Feria de Cali narrada en clave policiaca. Durante los festejos aparecen una serie de crímenes macabros, simbólicos. El protagonista, denominado “el Profeta” (profe+poeta) es invitado por un policía a participar en la investigación criminal. A partir de ahí el lector observa cómo la semiótica puede ayudar a resolver, o mejor a comprender, un homicidio, pero no sólo eso: los muertos son una excusa para entender mejor a la sociedad caleña.

Hace algunos años, en “La carroza de Bolívar” Evelio Rosero reconstruyó el Carnaval de Pasto como escenario narrativo para hablar sobre la historia de la capital nariñense. La Furia de Humberto Jarrín, puede ofrecer una lectura cruzada con la obra de Rosero. Jarrín retoma otra fiesta popular como telón para presentar la historia de esa ciudad y a partir de su pasado reflexionar sobre su presente.

Lo novedoso de la obra de Jarrín está en el género seleccionado: en alguna parte de la novela el autor refiere que en la narrativa caleña la literatura policíaca ha sido un género esquivo. Jarrín construye una trama policíaca que parece una parodia, porque su protagonista es un investigador imposible: un poeta que prefiere no salir de su casa y dedicar sus horas de asueto a releer “El Quijote”.
 
La Biblia, Kavafis, Eco, Jakobson, Borges, Cervantes, Cioran son algunos de los referentes que se mencionan en esta novela caleñísima en su geografía, que por fortuna tiene la claridad necesaria para que pueda ser comprendida por lectores ajenos a los sitios emblemáticos de esa ciudad, y a sus direcciones.

La estructura narrativa no es lineal. Buena parte del texto conserva una sucesión temporal pero algunos capítulos saltan en el tiempo, dentro del juego detectivesco que se le propone al lector. En cuanto al lenguaje, buena parte del libro está conformado por diálogos o conversaciones entre Humberto Jarrín V., el Profeta, y el Teniente Octavio Yépez, un policía no del todo verosímil porque dialoga sobre semiótica, literatura y filosofía en términos cercanos a los del Profeta. Sin embargo, como bien se dice en la novela, puede tratarse de un prejuicio frente a quienes conforman las fuerzas armadas.

La furia es una novela intelectual. Rica en digresiones que van desde los esfuerzos que hacen los catedráticos universitarios para sobrevivir todo el semestre con salarios de 4 meses, hasta reflexiones sobre los medios de comunicación, pasando por el suicidio, Marx y la soledad. Todo eso en un texto que es también una crónica sobre Cali, con una trama que, como obligan los textos policíacos, mantiene el suspenso hasta el final.

El libro fue publicado por la Alcaldía de Santiago de Cali por haber resultado ganador en el Premio Estímulos Cali 2017.

Algunas frases:
¡Yo los conocía!, ¿de dónde?, ¡claro!, habían sido alumnos míos. Sentí un escalofrío, porque con desazón me pregunté: “¿Esto era entonces lo que yo les había enseñado?”, si era así, ¡qué horror!, ¡mea culpa! Si no era así, más preocupante, ¿dónde estaban los muchachos pilos, los aventajados, los que en el campus, la cafetería, las oficinas de los profesores, seguían interesados en las cuestiones iniciadas en clase? ¿Por qué éstos no estaban allí, y en su lugar aparecían precisamente los más flojos e insulsos, los que aspiraban a ser figuritas de farándula o reinitas o modelos?

¿Puede alguien negarse a la Policía en un país como el nuestro, donde los que mandan son las fuerzas armadas sin importar de qué rama?

Alguna vez le escuché decir a alguien que el escritor en realidad sólo tiene dos patrias: su ciudad, ésa que Kavafis nos advierte que siempre nos perseguirá; y la otra, la lengua. (…) una tercera patria del hombre es la soledad.

Para mí la física era una extensión de la literatura, con sus mundos fantásticos y posibles.

Leyendo en estado de alerta se aprende a escribir.

El trabajo para los que nacimos sin herencia significa poner empeño en una carrera profesional sobre la cual organizar la vida personal y la supervivencia.

Las cifras son oficiales, se las pasamos nosotros, los periódicos no son sino nuestra correa de transmisión.

Para que la burla cause su efecto sancionatorio y cómico normalmente se hace en compañía de otros, que nuestra risa es siempre la risa de un grupo, pues ésta necesita de un eco.

Usted más que yo sabe que la ficción del periodista puede pasarse por verdadera y ser vendida de inmediato, porque en la calle hay un gran público a la espera de ella, a diferencia de las historias de ustedes los novelistas y poetas que, aunque digan la verdad para el gran público, sólo será imaginación del escritor, cuando no desvarío.

…cuerpo de mujer, nos persigue de continuo por el mundo a fin de que no logremos realizar una de nuestras más queridas hazañas, la de convivir en paz y sosiego con nuestra anhelada soledad.

El corazón tiene cuatro cavidades para albergar en ellas amores distintos, el amor erótico, el amor por uno, el amor por el arte en mi caso, y así. Y en la parte de mi corazón que te corresponde eres lo más importante. No me pidas todo el corazón y todo el tiempo y todos sus pulsos y todas sus mareas y ahogos sólo para ti…

Citar a autores de ahora y que están de moda, aunque sean malos, da prestigio, dice de quien los nombra ser un lector ávido y avezado y sobre todo actualizado.

¡Ay, los artistas, los escritores no tienen remedio! Tienen un ego de aquí hasta la luna, son unos incorregibles vanidosos, no es sino que les digan algo bueno de sus obras y allí mismo atienden con todas las orejas al que les habla.

Ante la urgencia de los fans no queda otro remedio que cantarlas ahí como puedan (después de todo el fan es un creyente, los oye de fe, siempre con el mismo oído).

La cuna de la especie humana es África, y en consecuencia todos somos afrodescendientes.


La furia
Humberto Jarrín B.
Alcaldía Santiago de Cali
Cali
2017

239 páginas

domingo, 26 de julio de 2015

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

Durante unos meses del 2013 y 2014 la imagen de la portada de La verdad sobre el caso Harry Quebert inundó vitrinas de librerías y supermercados. El omnipresente libro editado por Alfaguara estuvo acompañado de reseñas, entrevistas a su joven autor suizo, comparaciones con Stieg Larsson, el autor de la trilogía Millenium y toda una muy bien montada parafernalia comercial, digna de la promoción de un best seller que en menos de 2 años fue traducido a 33 idiomas. 

Los libros así dan desconfianza. Para ir sobre seguro mejor leer los libros escritos hace años o siglos, libres del ruido del mercado y depurados por el paso del tiempo y el voz a voz de los buenos lectores o las reseñas informadas. 

Pero como en la variedad está el placer, no sólo de clásicos vive el hambre de la lectura, así que de vez en cuando se cometen pecados en forma de best seller. Y estas 660 páginas son un típico best seller, con suspenso en dosis similares (¿quizás menos intenso?) que los ya citados de Millenium. 

En 2008 el joven exitoso escritor Marcus Goldman (alter ego de Dicker), visita a su profesor de literatura Harry Quebert en Aurora, un pueblito de New Hampshire, en la costa este de Estados Unidos. Las primeras páginas presentan el bucólico pueblo, sus playas, las gaviotas, los habitantes del lugar. Al comienzo no pasa nada, pero pronto pasará: Se descubre el cuerpo de Nola Kellergan, quien desapareció hace 33 años, cuando ella tenía 15. El principal sospechoso es Harry Quebert. El escritor Marcus, convertido en detective, trata de demostrar su inocencia y para lograrlo se vale de todos los trucos literarios del género: desde pistas falsas hasta verdades a medias.

Si la buena literatura es la que trasciende en el tiempo y aguanta bien el paso de los años, no sé si ésta lo logre. Pero no estamos en el 2070 ni en el 3050. Este libro se publicó hace menos de tres años, las referencias que usa son claras para la mayoría de los lectores (hay celulares, correos electrónicos, se menciona a Obama...) y la intriga que propone invita a avanzar entre las numerosas páginas para tratar de entender qué pasó la noche que Nola Kellergan se esfumó, a partir de una estructura narrativa en la que cada pieza funciona con precisión de relojero. Las horas que gasté (si las invertí o las perdí no es una discusión que me importe) tratando de descubrir quién mató a Nola Kellerman me parecieron entretenidas. Y el placer me parece una recompensa justa cuando me dedico a leer.

Además, como los dos protagonistas son escritores, la novela incluye apuntes sobre la literatura, la escritura y el mundo del libro. De ahí salen algunas de las siguientes frases, que pueden leerse además como una "declaración de principios" de lo que el autor cree sobre su oficio:

"Los libros se han convertido en un producto intercambiable: la gente quiere un libro que les guste, les relaje, les divierta. Y si no se lo das tú, se lo dará el vecino, y tú acabarás en la basura".

"No se preocupe de la inspiración, conténtese con alinear palabras una tras otra. El genio viene de forma natural".

"Los hombres tienen demonios. Todo el mundo tiene demonios. La cuestión es simplemente saber hasta qué punto esos demonios son tolerables".

"Nadie sabe que es escritor. Son los demás los que se lo dicen".

"Un texto no es nunca perfecto -me decía-. Simplemente hay un momento en el que es menos malo que antes".

"Nunca se está seguro de nada, señor Kellergan. Por eso la existencia se vuelve muy complicada a veces". 

"Lamentó que los judíos pudiesen tener la piel blanca porque eso los hacía invisibles. Al menos, los negros tenían la honestidad de ser negros, para que se los pudiese identificar claramente. Pero los judíos eran unos hipócritas". 

"Poco importa lo que digan los periódicos, lo importante es salir en ellos. La gente recuerda haber visto tu foto en el New York Times, nunca recuerda lo que decías". 


La verdad sobre el caso Harry Quebert
Joël Dicker
Editorial Alfaguara
2012 (traducción de Juan Carlos Durán Romero 2013)
Bogotá

660 páginas