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martes, 31 de marzo de 2026

Misiá señora, de Albalucía Ángel

Aunque la novela más conocida de Albalucía Ángel Marulanda es Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975), la escritora considera que su obra más lograda es Misiá señora (1982), un libro se publicó en España y tardó varias décadas para llegar a Colombia. Por eso, según Albalucía, nadie lo leyó.

Misiá señora tiene muchos puntos comunes con Estaba la pájara pinta: el lenguaje oral, la sexualidad femenina (el despertar sexual, la violación), la violencia política y una escritura fragmentada, no lineal, le le exige al lector construir la historia a partir de los fragmentos. Esta característica hace que para muchos lectores Albalucía sea una escritora "difícil": son libros que exigen una lectura atenta y que invitan a una participación activa del lector.

Misiá señora está dividida en tres partes que corresponden a tres generaciones. En la primera aparece Mariana, la hija menor de una familia aristocrática del Eje Cafetero. La segunda corresponde a Mariana, la mamá de Mariana, y la tercera parte tiene como protagonista a la abuela Mariana de Ontaneda y Álvarez del Pino, y ocurre en Quimbaya, Quindío, en los años 30.

En la escritura de Albalucía Ángel hay un manejo magistral de los diálogos, cargados de humor y de oralidad, de chispa e ingenio. Hay también un interés por narrar el mundo de las niñas, la violencia que padecen las niñas en mundos en los que los padres y hermanos ejercen control sobre sus cuerpos, y también el deseo sexual, que la Iglesia reprime y el cuerpo reclama. 

Misiá señora, como otros libros de Albalucía Ángel, es una novela que envejece muy bien, porque al momento de su publicación abordó asuntos adelantados para su momento, pero que hoy hacen parte de la agenda cultural contemporánea: el aborto, las relaciones lésbicas, el alcohol, la marihuana, las brechas de género y la violencia machista. Todo eso ella lo narra con un lenguaje deliberadamente literario, en el que la intención no es informativa sino artística. Es un lenguaje provocador, que mezcla referencias a Cuco Sánchez y Chavela Vargas con Vivaldi y el Nocturno de José Asunción Silva, y que se burla de la omnipresencia de la iglesia con frases que en su momento pudieron ser vistas como provocadoras blasfemias.

Algunos subrayados
Los hombres buscan siempre ese no sé qué que una mujer hermosa oculta en su sonrisa, y usar Pepsodent, claro, como locas (p. 37).

A mí un hombre en calzoncillos me da más bien vergüenza ajena (p. 46).

Cuando insinuó que haría bachillerato y a lo mejor seguía carrera, le armaron bochinche. ¿Vas a ser secretaria? (p. 47). 

misiá señora Piraquive que reparte consejo y mejorana pues es mejor la prevención que andar por ahí curando desgracias (p. 49). 

¿Te tocas por las noches cuando estás sola?, le preguntó en la confesión, tocarme dónde, se le ocurrió decirle (p. 51).

Le regalaron un equipo de gimnasia y se la pasa todo el día con las barras, a mí nunca me dejan porque eso es feo en las mujeres, se le ponen las piernas muy boludas y la espalda de nadadora, qué pereza, es el consejo de mi mamá, ¿a ti te gusta el tenis...?, pone bonita la figura, o el golf también, es un deporte suave y elegante, ¿de dónde sacas tantas maricadas?, yo juego fútbol y hago barras, y en realidad más bella no se puede, piernas torneadas, espalda redondita, senos de anón (p. 55).

Yasmina ya es mujer, eso se nota al rompe. no por trozuda, exuberante, sino por lo que piensa, cómo hará (p. 55). 

mieeeeércoles... llegó la menstruación, la oye de pronto y no se atreve a nada, como un tomate, le parece, nunca jamás hizo mención de esa palabra, estoy enferma, o mala, se decía, o me llegó la margarita, como inventó Disnarda, que se ponía como un tití cuando eso le venía, por lo poquito que me sirve ni que me va a servir, no pienso tener niños, con colico, además, maldita sea (p. 56). 

y te encontraste el hombre que se arrimó muy confianzudo y comenzó a decirte que qué muñeca tan bonita mientras te manoseaba y tú dejándolo bajarte los calzones, envarillada, tartajosa, contestando que sí, que tu primo Alciguel era ese niño con los bucles dorados que parecía una niña, o un ángel del pesebre (p. 64)

¿Ya está comiendo mocos otra vez...?
Sí, y qué. Y vuelvo mierda el overol, y qué. Y no soy niña juiciosa ni mucho menos un encanto qué maravilla qué belleza jamás seré como esas lamenalgas que apenas ven la ceja levantada vuelan a hacer mandados a la esquina a recoger juguetes a limpiarse los dientes no me jodan que doble esa camisa que no se ensucie los zapatos que ande derecha se va a volver como Elisenda gorobeta póngase así camine asá no hable tan duro no se suba a los árboles porque eso no es de niñas no juegue trompo con su hermano porque eso no es de niñas no silbe en el recreo porque eso no es de niñas no brinque así porque eso no es de niñas no diga groserías porque eso no es de niñas saque las manos del bolsillo porque eso no es de niñas no haga carrizo porque eso es cosa de hombres así se ven vulgares mujeres que tienen siempre que decir a dónde van con quién salieron a qué horas llegan y a quién vieron jampas tomar la iniciativa dejar que el hombre escoja. Que el hombre sea el que mande flores. Coquetee. Silbe en la calle. Dé la acera. Diga piropos. Manosee. Susurre obscenidades cuando te vea pasar. Se arreche. Se masturbe. Sea manirroto y se emborrache. lleve las serenatas. Te pegue las palizas. Busque una moza. Se acueste con las putas. Trabaje y dé la plata del mercado. Te vapulee en su casa porque eres la mujer y el que posee el mango, según San Pablo, es él, y tú sumisa, al sartén, a tener hijos para el cielo, mientras él, el supremo, se cree el ombligo del mundo pues le dijeron que su vergajo es oro en paño y que él es el rey midas, la imagen de mi Dios, el Amo, el Redentor, el que posee la vara y se le entiesa, para el goce absoluto de once mil o más vírgenes que se mueren por él (p. 71)

Yasmina nunca cambia. Ya va en segundo de medicina, contradiciendo a su mamá que reviró inmediatamente que más bonito es enfermera, más femenino, mejor dicho más lucido (p. 88). 

Es peor el hospital, cuando hacen los raspados. Son casi siempre jóvenes los médicos, y oyó contar mil veces que te espatarran como a vaca, te dan, si acaso, un analgésico, y empiezan: que ya vas a aprender a dárselo a los ingasueltas, ¿te lo gozaste chévere esa vez... no?, ¿cuántos más te comieron?, hurgándolas con saña, haciéndolas tasajo, la próxima convidas, ya debes ser muy buena en movimientos y en recalentamientos, yo prefieron morirme, hijos de puta (p. 107). 

¿Fumas ahora...? ¿Desde cuándo?
Desde que resolví que qué carajo, que el cáncer a la mierda (p. 112).

No sé, Pienso en Idaly, en que un aborto es espantoso, se puede uno morir... ¿verdad?
Si no lo haces como es. Un aborto es muy simple,  pero hay que hacerlo en una clínica, o con el Karman, no hay peligro, como sacar un diente. Pero me da coraje que las mujeres tengan que hacerlo así, ¡maldita sea...!, como si fuera un crimen. La ley de este país con las mujeres no sirve ni para tacos de escopeta, no ayuda ni un carajo, es una mierda... (p. 117).

O sea, las vomitonas, las maluqueras más horribles, el miedo, y esos sudores fríos, consumiéndote. Yo tenía horror de estar posesa. No lo entendí jamás, pero cuando sentía las pataditas me imaginaba un monstruo, a veces, y otras soñaba con mi madre, pariendo ella a la niña, que había nacido casi muerta (p.  163).

más amarrado que una casa de bahareque (p. 178)

¿Después de ese trabajo que fue lograr que un pereirano dijera al fin que sí, que la aceptara así: ¿de Manizales?
¿Se acuerdan de lo que fue el noviazgo de Lorencita...?
Como Montesco y Capuleto, yo me acuerdo... (p. 179).

Las guerras son angurria, también. Las necesitan. El poderoso para mostrar que es fuerte, el inseguro para ganar terreno hacia la izquierda o terreno a la derecha, el de al lado aprovecha para venderles armas, y hay uno que es el que siempre ayuda y manda tropas, para ganar honores y repartir después medallas a las viudas, fuera de que ganan amigos y prestigios en la ONU (p. 183).

Desde que el mundo es mundo los hombres descubrieron que el gran placer del matrimonio es acostarse con las otras (p. 189).

a echar pestes de una señora inglesa que habían canonizado pero que según él un bodrio inmarcesible, el escritor fue marido, un señor Woolf, que se pasó la vida publicando las cursiladas de esa vieja, y tragaba y hablaba al mismo tiempo, parecía más bien la Enciclopedia Espasa, atiborrado, de ron y arroz con coco. Marimachos, dedujo. Que había una prima de él que le había dado por creerse Balzac, como si eso de escribir fuera como soplar botellas, par boliones y listo (p. 226).

Cuando vuelva a nacer me gustaría ser hombre (p. 271)

Elisenda contaba que él era liberal pero iba a misa (p. 280). 


Misiá señora
Albalucía Ángel Marulanda
Primera edición: Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1982.

Edición más reciente: 
Bogotá
2021
312 páginas

lunes, 2 de junio de 2025

¿De qué escriben las escritoras en Colombia? Nota editorial, de Pilar Quintana

En marzo de 2022 el Ministerio de Cultura de Colombia presentó la Biblioteca de Escritoras Colombianas, una colección de 18 libros de igual número de autoras descatalogadas o con escasa circulación en el mercado del libro. La idea de la Biblioteca consistía en presentarle al lector una variedad de géneros y temáticas: obras de escritoras colombianas de distintas épocas y lugares, que fueron invisibilizadas en un mundo literario profundamente patriarcal.

Esa primera colección consistió en el rescate literario de 18 libros. No obstante, la realidad de muchas mujeres escritoras es que ni siquiera llegaron a publicar un libro y su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. Entendiendo esa realidad, la segunda etapa de la Biblioteca de Escritoras Colombianas presentada en marzo de 2025 reúne 10 antologías con obras de 97 autoras, agrupadas a partir de géneros como cuento, novela corta, poesía, teatro, literatura infantil, ensayo, o temáticas como "literatura rebelde",  entre otras.

Las dos etapas de este esfuerzo editorial fueron lideradas por la escritora Pilar Quintana, autora de novelas como La Perra, Los abismos y el libro de cuentos Caperucita se come al lobo, entre otros. Las discusiones, los hallazgos y reflexiones que le deja este ejercicio editorial se plasman en el ensayo ¿De qué escriben las escritoras en Colombia? una nota editorial que sirve como complemento a los 10 volúmenes y que dialoga con la nota editorial que la autora escribió para la primera entrega de la Biblioteca.

Pilar Quintana cuenta que cuando empezó el proceso de difusión de la Biblioteca de Escritoras Colombianas le preguntaban ¿de qué escriben las escritoras? esperando que ella respondiera "de pajaritos y florecitas". No obstante, su conclusión es que las mujeres escriben (escribimos) de todo y la pregunta más interesante no es entonces "de qué" escriben sino "cómo" escriben: cómo hacen para escribir, porque en un mundo en el que casi nadie vive de la escritura (ni hombres ni mujeres) a las escritoras les toca sumar la carga laboral con la carga del cuidado de la casa y buscar entre ambos mundos un requicio de tiempo para poder escribir.

El ensayo destaca entonces la falta de tiempo para la escritura, pero además un entorno hostil hacia las mujeres escritoras, que tiende a minusvalorar las obras firmadas por mujeres, como si lo que lleva firma femenina fuera de interés exclusivo del mundo femenino. 

Otro rasgo interesante consiste en el valor de las críticas: salvo escasas excepciones, la historia de la literatura escrita por mujeres ha sido investigada, documentada y narrada por otras mujeres, y de eso también da cuenta la Biblioteca.

En su ensayo, Pilar Quintana destaca el aporte de cada una de las 97 autoras y cómo dialogan entre sí. Resalta, por encima de todas, a Soledad Acosta de Samper, verdadera pionera de la literatura colombiana escrita por mujeres, y llama la atención sobre la intención de la biblioteca por incluir voces de distintos territorios y de distintas minorías étnicas.

Dos afirmaciones del ensayo me generan dudas: por un lado, se afirma que un cuento firmado por María Castello en 1935 es el segundo de ciencia ficción escrito por una mujer en Colombia (el primero fue de Soledad Acosta de Samper). No obstante, Rosario Grilllo de Salgado incluye en Cuentos Reales (1947) el cuento Vivisección, que debió ser escrito hacia 1918 o 1920, y en ese orden de ideas sería anterior al de Castello. La segunda afirmación es la presentación de Liliana Cadavid como la primera escritora en abordar el tema lésbico en Colombia. Es posible que Carmelina Soto sea menos explícita que Cadavid, porque nació casi 40 años antes, pero Carmelina fue una autora homosexual y esa condición puede rastrearse en algunos de sus poemas.

Bienvenidas las discusiones. Eso es lo que generan proyectos editoriales como éste que presenta el Ministerio de Cultura. El ensayo de Pilar Quintana, escrito en un tono pedagógico y claro, contribuye a construir una historiografía de la literatura escrita por mujeres en Colombia y sin duda será un texto canónico para futuras generaciones, de la misma manera en que Elisa Mújica y Monserrat Ordóñez lo fueron para las precedentes. 

Algunos subrayados
“El único destino posible para una mujer privilegiada que no se iba de monja era casarse, tener hijos y llevar un hogar” (p. 38)

Soledad Acosta de Samper fue, sin duda, la escritora colombiana más notable y productiva de su tiempo y la primera en vivir de su pluma (p. 43). 

Para las mujeres de antes de las conquistas del feminismo encontrar el amor era una cuestión de superviviencia. Al no ser ciudadanas ni tener capacidades legales, estaban supeditadas a los varones. sus padres, hermanos o maridos y expuestas a su violencia. ¿Cómo no iban a soñar con encontrar un hombre bueno que las amara de verdad? La idea del amor romántico representaba para ellas la posibilidad de una buena vida (p. 56).

Antes de las conquistas del feminismo las mujeres no tenían muchas alternativas. O se casaban con un hombre de carne y hueso o se casaban con uno inmaterial (p. 57).

En el campo literario han iperado una estética y unos valores patrarcales, con su misoginia intrínseca, que impedían apreciar las obras de las mujeres (p. 61).

(en 2020) De los libros de ficción para adultos publicados por las editoriales colombianas, tanto las de los grandes grupos como de las independientes, sólo el 25% correspondían a autoras (p. 79).

¿De qué escriben las escritoras en Colombia? Nota editorial
Pilar Quintana
Biblioteca de Escritoras Colombianas. Segunda entrega.
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes - Biblioteca Nacional de Colombia
Bogotá
Marzo de 2025
94 páginas

lunes, 4 de noviembre de 2024

Qué hacer con estos pedazos, de Piedad Bonnett

Emilia tiene 64 años, escribe crónicas para una revista a la que solo va al consejo de redacción cada 15 días, y en donde todos los periodistas y jefes son mucho más jóvenes que ella. Vive con su marido de toda la vida, que toma decisiones por ella sin que eso le parezca anómalo, y sobreviven en una tensa convivencia que se alimenta de rutinas y silencios. Emilia tiene un hermano, Luciano, que vive viajando, y una hermana, Angélica, que es quien está pendiente de la cada vez más deteriorada salud de su papá. La hija de Emilia, Pilar, tiene 30 años, está casada y vive en otro país con su marido y su hija Sara. Emilia resiente el desapego de su hija, y no habla con nadie de Pablo, su hijo que murió súbitamente cuando tenía once meses de nacido. La persona con la que a veces conversa infidencias es Mima, la empleada de la casa, madre de Betsy, quien a su vez es madre de un niño de 3 años.

Esta es la cartografía de afectos y desafectos en la que se teje Qué hacer con estos pedazos, una novela en la que Piedad Bonnett utiliza la metáfora de la remodelación de una cocina para mostrar cómo pequeños cambios pueden sacar a flote grandes grietas en la convivencia cotidiana. En principio Emilia es una mujer normal, con una vida normal y una familia normal, sin grandes problemas, pero a medida que avanza el relato se entiende que Emilia es una equilibrista que ha hecho del silencio, el aguante y la sumisión su forma de vida, todo para no romper la frágil armonía familiar.

Feminicidio, clasismo, apariencias, envejecimiento, machismo y silencios familiares son los hilos que tensan esta novela en la que se presta voz a una mujer madura para preguntarse, luego de toda una vida de entrega y amor, si realmente todo eso valió la pena. Leer esta novela en paralelo con La mujer incierta puede ser un ejercicio de leer desde la ficción y la no ficción la lectura que hace Piedad Bonnett sobre lo difíciles que son las relaciones familiares y cómo los micromachismos alimentan el día a día de la convivencia en pareja.

Algunos subrayados

Porque a los veinte, una biblioteca es una ilusión, a los cuarenta un lugar de pleinitud y a los sesenta un recordatorio permanente de que la vida no te va a alcanzar para leerlos todos (p. 12).

Se antoja de alguno, lo empieza a leer de manera urgente, para luego dejarlo muchas veces por la mitad. Por aburrición. Por avidez de leer otro. Porque un viaje. Porque en realidad quisiera leerlos todos al mismo tiempo (p. 13). 

cuando se es pobre da miedo comprar libros (p. 13).

una narración cualquier narración es algo que siempre derrota el vacío, que crea un vínculo o sostiene el que todavía existe (p. 22).

preguntar es como tirar anzuelos a una laguna llena de peces: algo cae (p. 27).

viajar era para él abrir una puerta a la incertidumbre, a la ansiedad, al malestar (p. 33).

La rivalidad, la envidia y el odio a menudo crean vínculos más fuertes que el amor (p. 34).

a veces puede durar ocho, diez horas, frente al computador. Es para que las ideas no se me escapen. Es que ya cogí el ritmo. Es para mantener el tono. En realidad, aunque Emilia no lo sabe, lo que esas horas le dan es aire y fuego. Oxígeno para que haya compustión en su vida marchita (p. 36).

En la incondicionalidad perenne de su madre, en su incapacidad de rebeldía, Emilia creía reconocer un mandato transmitido de abuela en abuela. También su madre las instaba a ella y a su hermana a la sumisión (p. 38). 

esa extraña capacidad que tienen tantos hombres de erigirse como patrones o patriarcas mientras se comportan, sin aparente contradicción, como hijos incapaces (p. 39). 

Envejecer es reununciar. Dejar atrás. Desinteresarse (p. 57).

La amistad con ella es como recorrer desde la ventanilla de un tren un país desconocido, de paisajes siempre distintos y atrayentes (p. 60).

Sólo el tiempo es capaz de señalar la rotundidad del fracaso (p. 80).

El dulce placer de procastinar (p. 81).

Como siempre que está por salir de esos paréntesis que son sus viajes, una nostalgia prematura se mezcla con el deseo de volver (p. 116).


Qué hacer con estos pedazos
Piedad Bonnett
Editorial Alfaguara
Bogotá
Noviembre de 2001
168 páginas

lunes, 13 de febrero de 2023

Casas vacías, de Brenda Navarro

Casas vacías es una novela corta, potente y desgarradora, escrita con precisión. El lector escucha los monólogos intercalados de dos mujeres que tienen un niño en común: a la primera le raptaron a Daniel en el parque y la segunda es la que lo raptó y lo llamó Leonel.

El niño es autista, tiene 3 años y no habla. Esta incomunicación se extiende también a las mujeres, que están aisladas en su entorno familiar y social, luego del rapto. La desaparición de Daniel es un detonante que le permite a la autora hablar sobre los desaparecidos, sobre las relaciones de pareja, sobre la idealización de la maternidad, la migración, la violencia doméstica, el patriarcado y una cantidad enorme de problemas sociales contemporáneos, que se presentan con una sorprendente capacidad de síntesis y claridad.

La maestría de la escritura se evidencia de distintas maneras: la perfecta diferenciación de las dos voces narradoras, que utilizan un lenguaje propio y verosimil claramente demarcado; la construcción de una constelación familiar para cada una de ellas, con parejas, padres, suegros, y demás personajes, que pueden ser numerosos pero no se sienten como figurantes, sino que tienen una presencia propia: cada "personaje secundario", por llamarlo de algún modo, también carga con sus propios anhelos y dramas que se cuentan en la novela sin que eso la vuelva pesada o atiborrada. Al contrario, sus vidas suman en densidad narrativa. 

Entre los grandes aciertos de la autora está la reflexión en torno a la maternidad, lejos de los estereotipos patriarcales. La novela presenta una madre asesinada, una madre que pierde a su hijo, una madre que se inventa un hijo, una madre que aborta, una madre que tiene a su hijo en otro país, una madre que tiene un hijo muerto... hay distintas variaciones de la relación madre-hijo, que se exploran con belleza y dolor en apenas unas cuantas páginas.
 
Algunas frases:
Te imaginas todo menos que un día vas a despertar con la pesadez de un desaparecido. ¿Qué es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia (p. 17).

No parir, porque después de que nacen, la maternidad es para siempre (p. 22).

tan poco que sé de él y él de mí. ¿Cómo nos atrevimos a ser padres? ¿por qué? (p. 23).

El que desaparece se lleva algo de ti que no vuelve; se llama cordura (p. 25).

Nunca quise ser madre, ser madre es el peor capricho que una mujer puede tener (p. 30).

Todos queremos el futuro porque es una promesa de que en algún momento se te va a quitar la estupidez (p. 31).

Como un pacto intrínseco, sabíamos de antemano que el deseo le está prohibido a los padres que pierden y no encuentran a sus hijos (p. 35).

le dije que yo no sabía de dónde le salía la idea de que teníamos que ser normales. Yo creo que esto es normal, nada más que no nos enteramos. Me miró feo. Tú crees que no pienso, pero sí pienso, sólo que no pienso lo que tú quieres que piense (p. 42) 

me doy cuenta que en otros lugares a una la ven mal: si no trae una ropita de marca, no es nadie; si no trae carro, no es nadie; si trae carro pero no es del año, mal. Por un lado te dicen que le eches ganas, que mejores la raza, que no te quedes pobre, pero si le buscas te dicen arribista, pinche arribista que te avergüenzas de los tuyos (p. 50). 

a lo mejor eso es lo que se supone que significa hacer todo por los hijos, dejar de destruirse mutuamente (p. 56). 

Una cree que hay demasiada libertad en el aire y no se percata de que es fácil crearse una prisión propia (p. 68).

Una misma va gritando: ¡Méteme a la jaula, vamos, que me metas a la jaula! (p. 68).

Todo embarazo es de alto riesgo: riesgo de matarte porque no puedes más (p. 73).

La lactancia es el reflejo de las madres que quieren ahogar a los hijos ante la imposibilidad de no pdoer comerlos (p. 80).

La amaba como se aman las cosas que te traen recuerdos (p. 99).

No importa lo que se diga al respecto: muerto es mejor que desaparecido. Los desaparecidos son fosas comunes que se nos abren por dentro y quienes las sufrimos lo único que ansiamos es poder enterrarlos ya (p. 118).

¿cómo es que Fran y yo nos atreveremos a llegar al descanso eterno si es que nuestro hijo no ha vuelto? ¿Cómo descansar siquiera? ¿Quién lo buscará si nosotros hemos perdido la batalla? ¿Quién lo enterrará? No quiero abdicar para ser la veladora eterna, ni quiero seguir resistiendo... Pido un día más de vida y a la vez imploro uno menos. Sólo quien sabe de desapariciones entiende lo desgarrador que puede ser esto (p. 138).


Casas vacías
Brenda Navarro
Editorial Sexto Piso
Enero de 2020, Madrid
162 páginas

jueves, 2 de septiembre de 2021

Tomar tu mano, de Claudia Hernández

Si se pasan rápido las páginas de este libro, a primera vista luce como un volumen de poesía, o el texto de una obra teatral llena de diálogos. La autora escribe frases cortas, oraciones de una línea o menos, y así, casi sin párrafos y a partir de una larga sucesión de sentencias, preguntas y respuestas, afirmaciones o enumeraciones breves, avanzan los 55 capítulos cortos de este relato en el que los personajes no tienen nombre porque pueden ser cualquiera: cualquier mujer campesina que se va joven y enamorada a vivir con su novio; cualquier hombre que se cansa pronto de su pareja y decide buscar otra y otra y otra; cualquier pariente que combina su trabajo campesino con encargos paramilitares nocturnos; cualquier joven o vieja que recibe golpes físicos y de los otros y debe vivir sometida a su pareja.

"Tomar tu mano" es un libro difícil de clasificar. Es un hondo grito de auxilio de mujeres que no quieren tener tantos hijos, que desean trabajar o estudiar, pero no pueden, y que viven sometidas a la violencia cotidiana que implica habitar una casa con una pareja que a la vez es su enemigo. Ante tanta violencia, la de las pandillas urbanas y los paramilitares en el campo se siente apenas como un eco que replica lo que ocurre de puertas para adentro.

La autora es salvadoreña y aunque en el libro se perciben las violencias de las guerras centroamericanas y las pandillas, no hay un referente geográfico ni temporal específico y por ello la historia puede trasladarse perfectamente a la geografía colombiana, en donde también hay  mujeres que sufren estas violencias y en donde las autoridades que imponen el orden en las calles no siempre son las estatales. 

Los celos, la falta de independencia económica, la violencia física, las armas y las redes de apoyo entre mujeres son algunos de los temas que atraviesan este libro coral en el que la autora demuestra gran dominio de las técnicas narrativas en los cambios de voces y narradores y en la construcción de personajes que se identifican sin necesidad de utilizar nombres. 

"Tomar tu mano" propone una mirada femenina a las violencias domésticas de las mujeres pobres del campo y de la ciudad. Es un libro áspero, rudo, que se construye desde los silencios y contrasta con el título que, además, cierra la historia. Es un libro que busca tomar la mano de mujeres que merecen y necesitan ternura, afecto y protección.

Algunas frases
Hay cosas que no deben ser sabidas (p. 11).

A veces es más valioso ser invisible, dice la madre (p. 12).

Las mujeres no entienden lo que quieren ni saben lo que dicen (p. 43). 

¿Cómo era estar embarazada?
Se sentía como si tuviera un gatito dentro (p. 55)

¿Para qué quería ella otro hombre?, preguntó.
¿Para qué quería ella alguno?, pensaba (p. 148).

Cualquiera estaría feliz de estar contigo.
Ella estaría más feliz si no tuviera que estar con ninguno (p. 149).

El tiempo total nunca se sabe (p. 181) 

Mientras, puede ayudar con cosas de la casa, dice la madre.
De ninguna manera, dice el padre.
Su hijo no va a hacer trabajo de mujer.
Necesitan la ayuda ahora que ella trabaja más horas.
Que le ayude su niña. (p. 192). 

La madre no quiere decirle que, a la edad que tiene y por el cuerpo que ya tiene, cualquier hombre en ese pueblo puede reclamarla como suya y llevársela, quiera ella o no.

Podía ser que, con tragos de más, alguno de los hombres ahí pensara que la niña y su habitación estaban también a disposición. (p. 225).

Las mujeres que dejan a sus maridos no regresan, le dice la madre. (p. 231).

La mujer que tenía lo ha dejado.
¿Por otro?
Por ella misma.
Prefiere estar sola. (P. 268).

La vida es lo que ya fue (p. 277). 


Tomar tu mano
Claudia Hernández
Laguna Libros
Bogotá, Junio de 2021
300 páginas

domingo, 18 de octubre de 2020

La sombra de mi padre, de Martín Franco Vélez

Es difícil juzgar un libro que transcurre en la ciudad que uno habita y en la misma época que uno ha vivido. Hay demasiados referentes personales que complementan la lectura, pero entonces uno como lector carece de la distancia necesaria para comprender cómo puede ser recibida la obra en lectores que no tienen el mismo contexto. El escritor dice "Palermo" y yo entiendo a qué se refiere, porque es el barrio en el que vivo, pero quizás un lector de otra ciudad necesita más pistas para ubicar el estrato y la arquitectura.

Pienso en esto a propósito de "La sombra de mi padre", de Marín Franco Vélez, un autor al que conozco y aprecio, y por esa relación supe de algunos pasajes de su vida, que aparecen en este libro,  pero llegué a ellos por su voz antes que por su escritura.

La sombra de mi padre es un testimonio personal, de no ficción, con referentes de actualidad, escrito desde una primerísima primera persona y también desde el dolor, la rabia, la frustración y el amor. Está dividido en tres partes, cada una con varios capítulos: en la primera Martín aborda la relación difícil que tiene con su papá, Jorge; en la segunda la relación de admiración y cariño que tiene con su abuelo Emilio, y en la tercera el cambio de vida que significa la llegada de su hijo, que también se llama Emilio.

En estos tres bloques la primera sombra que se advierte no es la del padre, el abuelo o el hijo. Es la sombra de la mamá, la abuela, la esposa, las tías, que aparecen como espectros. Es una historia sobre hombres, narrada por un hombre, desde la perspectiva masculina.

La sombra de mi padre es, sobre todo, una larga carta de amor: es un texto en el que Martín explora las huellas del amor que le tuvo a su padre en la infancia, la forma en la que ese amor se transformó durante la juventud, el distanciamiento, las peleas, los conflictos familiares, y la forma en la que ya en la madurez del padre, y con el autor convertido en papá, ese amor se decanta para fortalecerse desde el respeto por la mutua aceptación de las diferencias que los separan. 

El libro es un testimonio sobre una familia de clase media-alta de Manizales. Habla de suicidio, alcoholismo, homofobia, depresión, desempleo, arribismo, machismo y patriarcado. "Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera", dice León Tolstoi al comienzo de Ana Karenina. Las familias guardan secretos infelices que normalmente permanecen en la sombra y esos secretos construyen singularidades. Poner luz sobre esas sombras a veces resulta revelador: las familias infelices también pueden parecerse y, a veces, lo que se juzga con severidad y se cataloga como infelicidad, varía cuando se mira desde otra perspectiva.



Algunas frases
"...esa ciudad parroquial de cuestas empinadas y días muertos no era la maravilla que había creído. Que la sociedad en que crecí resultaba de una pacatería irremediable, y que al final la gente vivía más preocupada por lo que dijeran de ellos que por ocuparse de sus propios asuntos" (p. 16).

"...acabé yéndome de Manizales hace casi dos décadas: porque hacía parte de esa sociedad de apariencias y charlas de pasillo que no me permitía ver lo que había al otro lado, la realidad que se cocinaba en esos barrios que iban más allá de Palermo" (p. 22).

"Pocas cosas son tan implacables como el juicio de un hijo" (p. 24).

"... las palabras (esas mismas que estoy escribiendo ahora) nos hacen prisioneros. No podemos escapar de ellas; una vez puestas en el papel, no queda lugar donde escondernos" (p. 27).

"... él siempre ha estado convencido de que aprender a tomar es uno de los ritos más importantes para volverse hombre" (p. 27).

"El trago estaba presente, siempre, en todas las reuniones familiares; en la finca, los fines de semana, se nos volvió una costumbre ineludible destapar una botella antes del almuerzo y por eso a las dos o dos y media de la tarde mi madre nunca dejó servir más tarde, estábamos casi siempre borrachos" (p. 28).

"siempre quedará algo de nosotros en los sitios donde ha transcurrido parte de nuestra vida" (p. 31).

"Tener un hijo ahora lo entiendo es poner a prueba la paciencia de manera constante. Tener un hijo es pasar del amor más grande a la rabia intensa en cuestión de segundos (p. 41).

"Tendrían que pasar varios años para que regresara a consulta y entendiera que a veces no podemos solos; que las batallas diarias nos van agotando y que en ocasiones el río interior de nuestros problemas se crece y nos desborda" (p. 43).

"Me gustaba tomar mucho, y lo hacía cada que podía porque en Manizales eso nunca estuvo mal visto; al contrario: el que más bebía era un berraco y se ganaba la admiración del resto. Y nosotros bebíamos siempre: en las fincas, en la calle, en las casas, en los bares" (p. 45).

"Eso hacen los libros, después de todo: hablarnos como si no hubiera nadie más en el mundo para decirnos que no estamos solos, que a muchos también les ha pasado lo mismo alguna vez" (p.63).

"hace lo que hacemos todos: adornamos las historias vividas con detalles y matices que no existieron, o sucedieron de un modo más anodino, para que se tornen interesantes, únicas, dignas de ser contadas" (p. 78).

"escribir la propia vida era algo valiente, aunque no entendía muy bien para qué hacerlo. Hoy lo sé, o al menos en el caso de Emilio: para que la existencia no se nos vaya entre las manos y quede algo, cualquier cosa, para los demás. Vivimos mientras estamos en la mente de los que nos amaron; luego nos vamos del todo" (p. 89).

"Las relaciones entre padres e hijos solo requieren de tiempo para enfriarse" (p. 89).

"lo despreciable que me resulta ahora esa clase alta en la que crecí, en su profunda falta de empatía y en lo mucho que se esmera por preservar a cualquier precio esos privilegios que ha tenido durante años, o siglos, sin preocuparse nada más que en seguir alimentando su codicia" (p. 106).

"Todos pasamos por el tribunal de los hijos, quienes rara vez nos absuelven. Somos implacables como hijos y esperamos benevolencia como padres" (p. 117).

"Una de las cosas más duras de la muerte, además de despedir a un ser querido, es que nos da una bofetada de realidad: eso seremos todos, en algún momento" (p. 128).

La sombra de mi padre
Martín Franco Vélez
Editorial Planeta,
Bogotá, septiembre de 2020
135 páginas