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viernes, 6 de febrero de 2026

Camilo Torres. El cura guerrillero, de Walter J. Broderick

Hay casualidades increíbles. Hace años, en una librería de usados, compré Camilo Torres, el cura guerrillero, en la edición de pasta dura de El círculo de lectores. Como tantos libros que compro, lo guardé para un día de estos... y ese día fueron meses y años. Hace poco lo empecé a leer y había avanzado un poco más de la mitad cuando una noticia inesperada irrumpió en todos los medios de comunicación: después de 60 años la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas encontró los restos del cura Camilo Torres. 

Y así, de pronto, la historia que estaba leyendo en la soledad de la casa saltó a cientos de pantallas. 

Walter Joe Broderick es un escritor australiano, afincado en Colombia, que comparte con Camilo su pasado como sacerdote. El libro sobre Camilo es una impresionante investigación que lo llevó a consultar múltiples fuentes, desde documentos del ejército, archivos de prensa y libros de historia, hasta testimonios de militares, guerrilleros, parientes y amigos de Camilo.

El resultado es una biografía extensa que, a través de la vida de Camilo, cuenta la historia de Colombia, con especial énfasis en los años del Frente Nacional. Se trata de una biografía documentada, con un narrador omnisciente y con entrecomillados que permiten identificar la voz del protagonista, pero es también una biografía en la que el autor deja claro su punto de vista: en Colombia los partidos tradicionales han representado a las oligarquías y el pueblo raso, sin posibilidad de acceso al poder político para transformar su vida precaria, se ve forzado a buscar vías violentas. Así, la decisión de Camilo se presenta como fatídica pero justificada, en una época en la que la Teología de la Liberación generó curas rojos en diversos países de América Latina. 


El libro cuenta la vida del cura desde su origen en una familia de clase alta de Bogotá, la relación con sus padres y hermanos, el divorcio de sus papás y las murmuraciones que eso suscitó y su decisión de dedicarse al sacerdocio en un hogar anticlerical. Al ordenarse viaja a Lovaina, en donde estudia sociología, y al regreso se vincula a la UNal como profesor, al lado de Orlando Fals Borda, y también como auxiliar en la capellanía universitaria. El trabajo social en barrios como Tunjuelito empieza a motivarlo para una acción más eficaz y así, en pocos años, el religioso Camilo se convierte en un hombre de compromiso político, que casa peleas fuertes con el cardenal Luis Concha y algunos obispos. La iglesia lo obliga a salir de la UNal y encuentra asiento en la Esap, en donde tiene fuertes encontrones con Alvaro Gómez Hurtado, miembro de la junta directiva. Luego es también forzado a salir de allí, pero ya la figura de Camilo ha crecido hasta ser un personaje reconocido a nivel nacional. En 1965 renuncia al sacerdocio y realiza una serie de giras por distintas ciudades de Colombia. Se enrola en el ELN "en comisión" en trabajo urbano, y allí recibe los nombres de Alfredo y Argemiro. En octubre Fabio Vásquez Castaño lo llama al monte. Está cuatro meses en un campamento guerrillero y en el primer combate con el ejército cae muerto, junto con otros compañeros guerrilleros.

La vida de Camilo Torres es fascinante, pero ha sido contada múltiples veces, en el teatro, el cine y la literatura. El valor de este libro imprescindible está en el rigor de los datos, la exhaustiva investigación y la vocación de totalidad: no se centra en un aspecto específico de la vida de Camilo, sino que abarca desde su nacimiento, en febrero de 1929, hasta su muerte, 37 años después.


Algunos subrayados
sembraron cafetales allí donde nadie creía posible un cultivo. Fundaron el departamento de Antioquia y sus nietos se convirtieron en los industriales y banqueros del siglo XX. Eran los únicos hombres poderosos en Colombia que, como grupo, tuvieron ciertamente algo del espíritu capitalista-burgués. Los otros, simples terratenientes, eran conservadores en el fondo, aun cuando algunos presumieran de liberales y se afiliaran al Partido Liberal (p. 19).

Tú no la conociste sino a través de los defectos que te eran molestos (p. 27).

El sindicalismo se desarrolló especialmente en el corazón del trópico colombiano, a orillas del gran río arteria, el Magdalena, donde estaba concentrado el grueso del transporte entre la costa atlántica y el interior —los ferrocarriles y las vías marítimas—, además de los pozos petroleros y los grandes cultivos de banano (p. 30).

(sobre Bogotá) la ciudad se construyó de tal manera que la clase adinerada no tenía contacto con los desposeídos (p. 32). 

"La inquietud periodística —dijo el joven Camilo— es la expresión lógica de la inquietud intelectual" (p. 39).

En Caldas, por entonces, aparecieron las primeras pandillas de los que más tarde se denominarían "pájaros", matones a sueldo organizados y entrenados por un respetabilísimo político conservador (p. 55).

En una palabra, el documento proponía la unión de los dos partidos. O sea, los mismos jefes que, hasta entonces, habían exhortado a sus partidarios a matar o morir por su partido, se encaramaban ahora encima de los cadáveres de casi medio millón de campesinos masacrados, y publicaban, desvergonzadamente, la noticia de su cordialísima reconciliación en un lejano balneario de España. Al sentir amenazados sus bolsillos, la oligarquía, tanto liberal como conservadora, había llegado al más perfecto acuerdo (p. 105).

en Colombia lo único que estaba en vías de desarrollo era el subdesarrollo mismo y a pasos alarmantes. La mayoría de los colombianos trabajaban como esclavos. Esto permitía a los norteamericanos y a clases altas de Colombia vivir como príncipes (p. 145).

Para un obispo colombiano, la neutralidad en materia política es mera ficción (p. 162).

al pintar como hampones a los agricultores que se defendían de la violencia y la opresión, los periódicos tergiversaban deliberadamente la verdad (p. 177).

"la función de las instituciones militares consistía en mantener el orden establecido". El ejército era "el instrumento de los grupos dominantes" (p. 182).

"El ejército tiene como función primordial mantener el orden interno, lo que, traducido al campo político, significa mantener las estructuras vigentes. El ejército guerrillero tiene por objeto precisamente lo contrario: transformar esas estructuras". (p. 188).

Lo que distinguía a Camilo era precisamente ese afán de acercarse a los trabajadores. Como intelectual, no era nada erudito; incompletos quedaban sus análisis, sus artículos y pronunciamientos casi siempre torpes, a veces hasta inexactos en algún detalle. Pero, eso sí, duros y desafiantes (p. 212). 

(Marquetalia) la operación representaba un "compromiso trascendental de liberar a las Repúblicas Independientes". Costaría unos treinta millones de dólares y movilizaría a dieciséis mil soldados del ejército (p. 219)...emplearía las más modernas técnicas norteamericanas: el napalm yla guerra bacteriológica (p. 219).

Camilo vio unas estadísticas que reflejaban el saldo total de la Operación Marquetalia. Con treinta millones de dólares, el gobierno colombiano y sus consejeros norteamericanos habían obtenido lo siguiente: cien fincas destruidas y sus cien ranchos incendiados; las tierras comunales de Marquetalia ocupadas; cien mil aves consumidas y aproximadamente el mismo número de reses; dos mil campesinos encarcelados, de los cuales doscientos fueron asesinados y quién sabe cuántos torturados. El daño causado en la zona se estimaba en dos millones de dólares y por parte de la gente de Marquetalia, la cifra total de los caídos en combate sumaba diecisiete: un guerrillero, una mujer y los quince niños que se refugiaron en la cueva (p. 223).

(propuesta de Camilo) una renuncia a la exclusividad de educación confesional y la aceptación del pluralismo; la eliminación de los factores sociales y psicológicos que impiden una adhesión consciente y personal a la Iglesia, tales como el poder económico de la Iglesia, y el poder político de la Iglesia: formal, mediante leyes y concordatos; informal, por medio de la intromisión del clero, con ánimo de dominio, en el terreno temporal (p. 261).

Los que fueron los más aguerridos revolucionarios durante los estudios, en muchas ocasiones comienzan a hacerse perdonar de las oligarquías sus devaneos juveniles. Por eso, frecuentemente los estudiantes más revoltosos se convierten en los profesionales que defienden con más ahínco los privilegios, los símbolos de prestigio y aun las formas exteriores de vida de las clases dirigentes (p. 272). 

"Mientras no seamos capaces de abandonar nuestro sistema de vida burgués, no podremos ser revolucionarios. El inconformismo cuesta, y cuesta caro. Cuesta descenso en el nivel de vida, cuesta destituciones de los empleos, cambiar y descender de ocupación, cambiar de barrio y de vestido. Puede ser que implique el paso a una actividad puramente manual..." (p. 273).

Entendió que tanto el Partido Liberal como el Conservador defendían los intereses de la oligarquía (p. 310).

"El aparato electoral —gritó desde la ducha— está en manos de la oligarquía y por eso el que escruta elige, el que cuenta los votos determina la victoria. Las elecciones se hacen más en las oficinas del gobierno oligárquico que en las mesas de votación (p. 320).

Cualquiera que participara en elecciones se estaba comprometiendo con el statu quo (p. 333).

...los casos de Marquetalia, Pato, Guayabero y Río Chiquito. Conocemos la similitud del desembarco de los marines en Santo Domingo con los desembarcos del ejército colombiano, dirigidos por la misión militar norteamericana en las "repúblicas independientes" (p. 345).

Eran capaces de soportan las raciones escasas, los entrenamientos constantes, el calor, los mosquitos, cualquier cosa menos la inercia (p. 362).

De pronto surgió un bulto. Un soldado. Que le apuntaba con su arma. E hizo fuego. Una terrible quemadura le abrasó el cuerpo. Cayó. Oyó gritos, tiros. Intentó levantarse pero no pudo. El calor estaba invadiendo su mente. Quería moverse, pero sus músculos no eran capaces. no respondían (p. 380).

Camilo Torres. El cura guerrillero
Walter J. Broderick
Círculo de lectores
Bogotá
1975
432 páginas

lunes, 31 de julio de 2023

Aún llueve en Torcoroma, de Olga Echavarría

La portada de la edición de "Aún llueve en Torcoroma", impresa por Editorial Nomos, muestra la foto borrosa de una mujer, tras un cristal al que le caen gotas de agua. Así como esa imagen, brumosa, difusa, es la figura que Olga Echavarría construye en esta novela biográfica sobre la poeta Dolly Mejía, quien nació en Jericó en 1920 y murió en Bogotá en 1975. 

La novela está construida a partir de capítulos cortos e intercalados en los que aparecen tres narradores que construyen el rompecabezas de la vida de Dolly Mejía desde tres puntos de vista: el de Ingacio, un hombre joven enamorado de ella, el de Malena, una investigadora (alter ego de la autora) que compila información sobre la poeta. y el de la propia Dolly, que no aparece hablando en primera persona, sino desde la distancia de un narrador omnisciente que describe sus acciones. La voz de Dolly aparece solo en algunos de los poemas que se incluyen en el libro.


Dolly Mejía fue poeta y periodista en un tiempo en el que a las mujeres escritoras en Colombia se las trataba de manera despectiva como "bachilleras". Estudió en Jericó, luego fue novicia en el convento de las Salesianas, en Quito, se casó muy joven, empezó a escribir poemas, a leer, y se radicó en Bogotá en donde fue redactora de planta en El Tiempo, dirigió el suplemento literario de La República, y además publicó colaboraciones en El Colombiano y Cromos. Se casó tres veces, vivió en España, soñó con tener hijos, pero era estéril como Yerma; fue amiga de los piedracielistas, de Eduardo Carranza, de León de Greiff, del fotógrafo Sady González, del escritor antioqueño José Restrepo Jaramillo, y pasó varias temporadas en Torcoroma, la finca de unos primos de la poeta, que le da título al libro. 

Una biografía novelada mezcla muchos datos ciertos con elementos de ficción. En esta obra la autora Olga Echavarría aclara qué personajes o datos son ficticios y cuáles son fruto de una profunda investigación alrededor de una autora que, como le pasó a tantas de su generación, fue ignorada por el canon literario. El valor del libro es entonces doble: por un lado rescata la memoria de una escritora valiosa y digna, pero adicionalmente ofrece un relato con frases cuidadas, con escenas bien construidas y con una atmósfera de bruma, que encaja bien con la neblina que suele posarse sobre Jericó, y también con la difusa imagen que tantos años después ha quedado de esta escritora que merecemos leer. 
 
Algunos subrayados
La poeta había sido barrida bajo el tapete, como decimos en Colombia. Era ignorada (p. 6).

Era un hombre joven, seguro de sí mismo, confiado en su belleza y juventud, sabedor de que ninguna mujer puede resistir el deseo de un hombre que está dispuesto a conseguir aquello que lo obsesiona (p. 20).

es patético el rito del matrimonio visto desde la distancia de la separación (p. 48).

le habían descubierto una afición que, en aquella época, se consideraba inapropiada en una mujer: la de viajar (p. 66).

¿Cómo habrían sido sus hijos si hubiera logrado ser madre? ¿Lo lograría ella misma? ¿O tal vez alcanzaría a parir solo unos cuantos libros mediocres? ¿Tendría que contentarse con llamar hijos a esos arrumes inútiles de papel? ¿a esos pedazos de nada que no besan ni abrazan, que no aman, sino que permanecen, llenos de polvo, en una estantería? (p. 72). 

Todos parecían celebrar sus escritos como se celebran los trazos torpes de un niño sobre una hoja de papel. Entonces pensaba que al hacerse mayor esta situación mejoraría, pero no fue así, todos pasaron de celebrar sus gracias infantiles a alabar que una muchacha cultivara un pasatiempo, aunque fuera uno mucho menos trascendente que el bordado o la preparación de postres (p. 79). 

Solo frecuentan antros, pues alegan que son lugares lo suficientemente bajos como para alcanzar la altura de sus aspiraciones mundanas (p. 102).

Que una mujer de cierta edad y extracción social trabajara era visto como una excentricidad o un libertinaje inaudito. Solo acudían al trabajo las mujeres de clases bajas, aventadas a las cocinas y pisos ajenos por la necesidad y el hambre de sus hijos (p. 105). 

Es curioso cómo en mi mente algunos recuerdos aparecen brillantes, nítidos, intactos, mientras que otros van como neblinas, dejando ver solo sombras que toca adivinar a tientas entre la bruma de las horas, las muchas horas que se nos han acumulado (p. 109).

Por alguna razón, una mujer que trabajaba era, para los galanes del medio periodístico, una mujer fácil (p. 112). 
 
"No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa, no hay que ser intelectual" (p. 124). 


Aún llueve en Torcoroma. Biografía novelada de la poeta Dolly Mejía
Olga Echavarría
Editorial Nomos
2022
160 páginas.


miércoles, 22 de febrero de 2023

Narradoras del Gran Caldas, Colombia, de Zahyra Camargo Martínez y Graciela Uribe Álvarez

Narradoras y escritoras del Gran Caldas es un ejercicio académico valioso publicado en 1998 por las profesoras Zahyra Camargo Martínez y Graciela Uribe Álvarez, de la Universidad del Quindío, con prólogo de la investigadora Betty Osorio.

Este esfuerzo intelectual, sin antecedentes en el trabajo académico sobre literatura escrita por mujeres en la región, presenta estudios críticos sobre la obra escrita por algunas narradoras de Caldas, Quindío y Risaralda. Desde la presentación se advierte que el trabajo excluye a las poetas y se centra en los cuentos y novelas de escritoras regionales, aunque no pretende ser totalizante, toda vez que es muy difícil encontrar las obras escritas por mujeres, que tienen tirajes pequeños y baja o nula circulación.


El libro analiza obras narrativas de Natalia Ocampo de Sánchez, Blanca Isaza de Jaramillo Meza, María Eastman, Fabiola Aguirre de Jaramillo, Helena Benítez de Zapata, Fanny González, Amanda Escobar Correa (Soraya Juncal), María Lola Cardona Clavijo, Dora Inés Uchima Morales, Agripina Restrepo de Norris, Gloria Chávez Vásquez, Gloria Cecilia Díaz, Susana Henao Montoya, Albalucía Ángel Marulanda, Ofelia Ramírez, Gómez, Dora Cecilia Ramírez y Ana María Jaramillo.

Algunas frases
Del prólogo escrito por Betty Osorio: "La cultura de origen antioqueño de corte patriarcal le concede muy poco espacio público a la mujer, y restringe su actividad al espacio doméstico, alejándola de las negociaciones por el poder político y económico. A pesar del peso de este presupuesto, las mujeres han logrado subvertir la vigilancia del canon masculino y han utilizado diversas estrategias para hacerse escuchar (p. XV).


Del prólogo escrito por Betty Osorio: "Las mujeres que escribieron en la primera mitad del siglo se debaten entre un reconocimiento de su escritura como un acto que desafía los preceptos del mundo patriarcal y una aceptación de las normas del padre (p. XV). 

Del prólogo escrito por Betty Osorio: "La mayoría de ellas son casadas, blancas y con numerosos hijos, de modo que para ellas el ejercicio de la escritura se logra en los intesticios de una vida doméstica llena de deberes y preocupaciones" (p. XVI).

De la introducción escrita por Zahyra Camargo y Graciela Uribe: "Obtener sus obras fue toda una aventura. La gran mayoría de estos textos literarios no se comercializan" (p. xxviii).

"En el trabajo con docentes de preescolar, básica primara y secundaria que ingresan al posgrado en Enseñanza de la Literatura, nos hemos percatado de que no existe memoria de las escritoras de esta región. Porque somos conscientes de que nada las condena a un rango inferior y sin embargo asistimos a su clara ausencia o minusvaloración en los programas oficiales de enseñanza" (p. xxix).

Sobre "Una mujer" de Natalia Ocampo de Sánchez: "su discurso está legitimado por la autoridad masculina y así cubre la verdadera intención del escrito: cuestionar algunos planteamientos de la época a través de intertextos como las conferencias que se hacían por la radio para alertar a la mujer sobre los nuevos cambios" (p. 9).

Sobre Blanca Isaza: "Los dos arquetipos fundamentales en la imaginación de hombres y mujeres han sido la madona o madre, que evoca la belleza pura y casta de la virgen, y las mujeres tentadoras que rememoran la peligrosidad y la seducción" (p. 14).

"Son, en últimas, imágenes de mujeres dulces, tristes y desengañadas, puestas en los espacios de la casa o de la habitación como símbolo de la figura materna. Alegorizan el encarcelamiento interior y exterior de la mujer, el marco cerrado de sus vidas insípidas" (p. 16).

Sobre "Dimensión de la angustia", de Fabiola Aguirre de Jaramillo: "Recuerdo que mi abuela dijo a Tía Horencia -un día que sirvió más postre a Tío Clemente- que a los hombres había que preferirlos, porque eran superiores a las mujeres y trabajaban más (36) (citado en la p 30).

"Pero no pienso entregarlos con mi nombre; yo sé que tengo el "inri" de ser mujer, y que mientras yo sea la autora, la obra no valdrá nada" (204) (citado en la p. 31)

Sobre Helena Benítez Trejos de Zapata: "El doctor José Restrepo Restrepo me abrió espacio para que escribiera en su diario La Patria y fue ese mi aliento de entrada al periodismo" (82) (citado en p. 36)".

"Fue la primera mujer nombrada alcaldesa de un municipio del país en 1955 (p. 37). 

"Se vincula a la radio caleña, inicialmente a la Voz del Valle, luego a R.C.O, más tarde va a la voz de Cali, a la voz del Río Cauca, de Caracol, a Radio libertador y allí inaugura un radio periódico femenino con colaboradores permanentes como Clarita Zawadski, María Cristina Mora, Aura Lucía Mera, Beatriz López. Ingresa como redactora de planta al diario El País. Fue también varias veces redactora del periódico Occidente, donde aún mantiene sus columnas "Facetas" y "Entre telones". Trabajó, además, en el diario El Pueblo, dirigiendo sus páginas social y femenina hasta el día de la liquidación definitiva del periódico..." (p. 38)

Sobre "El despertar de la conciencia" de Soraya Juncal: "No, no debí haber abusado de ella, es tan inocente todavía... Bueno, pero si yo no lo hubiera hecho, más tarde otro menos tonto se me habría adelantado" (p12) (citado en p. 54)

"Aquí, el despertar se da en una niña-adolescente triplemente marginada desde su posición de mujer, de campesina y de negra (p. 55). 

Sobre Gloria Cecilia Díaz: "Díaz es una de las figuras de la literatura infantil latinoamericana" (p. 82). 

Sobre Dora Cecilia Ramírez: "La literatura fantástica se presenta como provocación de la destrucción de un orden viejo que debe cambiar urgentemente". Los relatos fantásticos de Ramírez pueden, en fin, asimilarse como la expresión de lo más profundo de la realidad social asumida desde el mundo de la ficción (p. 141).

Sobre Ana María Jaramillo: "el cine ha ejercido enorme influencia sobre la creación literaria de Ana María Jaramillo" (p. 153). 

Conclusiones: "estas autoras han centrado su trabajo en la exploración de aspectos de la cultura como la recuperación de la memoria ancestral a través de la búsqueda de raíces indígenas y populares: Chávez Henao; la relación hombre-naturaleza o medio ambiente: Díaz, Uchima; creación de textos simbólicos y alegóricos: Ángel, Chávez, D. Ramírez; autobiografía social: Benítez de Zapata; referencias a la realidad histórico-social colombiana, desgarrada por la miseria y la violencia desde siempre; Ángel, Isaza, González, Escobar, Jaramillo; los procesos de concienciación del ser mujer que se encuentran en casi todas, en especial en Ángel y Aguirre; la denuncia de las desigualdades genérico-sexuales desde espacios marginales cerrados denunciados por la gran mayoría, en particular por Ocampo de Sánchez y María Lola Cardona" (p. 161).



Narradoras del Gran Caldas, Colombia
Zahyra Camargo Martínez y Graciela Uribe Álvarez
Universidad del Quindío
Armenia, 1998
210 páginas

martes, 22 de noviembre de 2022

Maruja Vieira. Creación y creencia, de José Luis Díaz Granados


Maruja Vieira es una de las grandes poetas colombianas.  Nació en Manizales en 1922 y al cumplir 90 años, en 2012, el Ministerio de Cultura le otorgó el premio Vida y Obra por su trayectoria literaria. Como parte del premio, el Ministerio le encargó al escritor José Luis Díaz Granados la escritura de este libro, que consiste en una biografía que repasa varios aspectos de la vida de Maruja Vieira: el origen de su familia, sus primeros años en Bogotá, su estancia en Venezuela, su matrimonio y la súbita muerte de su esposo, el poeta José María Vivas Balcázar, los premios recibidos y los libros publicados, entre otros datos.

El texto está acompañado de numerosas fotos personales y familiares, y al final trae una entrevista entrañable que le hace a Maruja Vieira el editor cultural de El Tiempo, Carlos Restrepo. Se trata entonces de un documento útil para acercarse a la vida y obra de esta poeta, escrito con un lenguaje claro y una intención informativa. 


El libro se encuentra disponible para descarga gratuita en el enlace: https://issuu.com/susanacarrie/docs/maruja_interno_web_peque/1  


Maruja Vieira. Creación y creencia

José Luis Díaz Granados

Ministerio de Cultura

Bogotá, 2014

107 páginas

domingo, 29 de noviembre de 2020

El hereje: Carlos Gaviria, de Ana Cristina Restrepo Jiménez

El hereje es un perfil periodístico sobre Carlos Gaviria Díaz, ex magistrado de la primera Corte Constitucional surgida después de la Constitución de 1991, ex senador y candidato presidencial en 2006.

Describir este libro como un perfil periodístico es darle precisión frente a lo que no pretende ser: no es una "biografía autorizada" y ni siquiera es una biografía, porque hay datos y detalles que se escapan en una narración que no es del todo cronológica, y en todo caso tampoco es un panegírico ni una oda sobre uno de los juristas más importantes de las últimas décadas en Colombia.

Es un perfil, es decir, el fruto de una reportería extensa en número de fuentes y en el tiempo de investigación, que le permitió a la autora recoger muchas voces, aproximaciones y anécdotas sobre este personaje. El libro presenta entonces un caleidoscopio vital en el que aparecen sus luces y también sus sombras. Gaviria fue un hombre digno, ético, incorruptible, riguroso en su ejercicio académico y en su labor como jurista, libertario y comprometido con la solución pacífica de los conflictos, en una época marcada por la violencia. Pero también fue un hombre fruto de la cultura patriarcal, que aunque tenía claros los conceptos sobre la igualdad y la equidad de género, esperaba que alguien le sirviera el desayuno y se encargara del cuidado de los niños. La autora lo presenta como un hombre vanidoso, un profesor temido y un marido no del todo ejemplar.

El libro tiene un prólogo de Cecilia Orozco y un epílogo de Santiago Pardo. El epílogo se presenta como un espacio dedicado al registro de la huella de Gaviria en las jurisprudencias de la Corte Constitucional, pero en realidad se centra particularmente en sus tensiones con el magistrado Eduardo Cifuentes. Estos detalles, así como otros incluidos por Ana Cristina en los cinco capítulos que componen el libro, plantea a mi modo de ver una pregunta interesante sobre el sentido de incluir detalles íntimos personales sobre una persona fallecida (que en consecuencia ya no puede defenderse) y presentarlos para el conocimiento público. Algunos dirán que se trata de datos ciertos que humanizan al personaje y denotan una detallada investigación. Otros dirán que se trata de asuntos menores, más cercanos al chisme, que distraen frente a lo que es realmente relevante en el legado sociojurídico y política de este personaje. 

El libro tiene el tono y el estilo que Ana Cristina ya ha construido en sus columnas de opinión, con saltos de temas entre un párrafo y otro y con un registro polifónico de sus temas. Acá, además, el texto se enriquece con una banda sonora que intercala estrofas de canciones populares, principalmente los tangos que tanto le gustaban a Gaviria, y que revelan una faceta más fiestera y menos estudiosa que la que lo hizo famoso en la U.de Antioquia y en la Corte Constitucional.

El volumen se cierra con un anexo de 32 páginas con fotografías personales y familiares a full color. Se echa de menos un árbol genealógico que ayude a desenredar la maraña de nombres de hijos, nietos, yernos, nueras, hermanas, abuelos y una extensa red familiar de afectos y miradas alrededor de la figura de Gaviria.

Algunas frases

Lamentaba que en Antioquia el buen comportamiento esté vinculado a preceptos religiosos y no a la observancia de las normas de mayor trascendencia (p. 35).

No tengo pruebas de la existencia ni de la inexistencia de Dios. Soy agnóstico. Lo que me queda claro es que Dios o la creencia en un ser trascendental no puede ser el fundamento de las reglas de comportamiento. (p. 36).

El idilio campesino materializado en la finca del paisa es una impronta cultural (p. 51).

Es imposible tener una vida intelectual en medio del ruido. Cuando tú tienes cuatro hijos y un perro, la cantidad de ruido que se genera es increíble. (p. 51).

El amor, como la ética, no se predica, se aplica. (p. 55).

(sobre Socrates y Wittgenstein) "por una parte la claridad, yo he buscado siempre la claridad (...) la otra consiste en que la persona debe decir, pensar y hablar de una misma manera" (p. 74).

(sobre Wittgenstein) "solamente se pueden responder preguntas pertinentes, que tengan sentido (...) la ética no se enseña, la ética se muestra" (p. 109).

"Encuentro que los planteamientos positivistas son muy rigurosos, y los iusnaturalistas no" (p. 120).

"Me obsesiona la conducta moral: qué es bueno y qué es malo, de ahí mi amor por Wittgenstein, ese es un problema que a uno no se lo puede resolver nadie. Los problemas de la física y de la matemática te los resuelve alguien, pero el ético ¿qué sentido le doy yo a mi vida? !eso lo resuelve uno solo! (p. 120).

"Las cosas inútiles son muy importantes en la vida" (p. 121).

"Lo peor del Congreso es que las cosas ya están negociadas antes, y los horarios tan terribles" (p. 168).

"Como senador se mantenía cansado, frustrado por verse rodeados de personajes diametralmente distintos a él" (p. 171).

"Uno nunca jamás es responsable de las cosas que hagan los demás con lo que uno dice en clase" (p. 172).

"A los colombianos se nos educa en una filosofía de la obediencia, según la cual es reprochable desviarse de la ortodoxia, del pensamiento oficial" (p. 174).

"desde el poder se han criminalizado las formas de pensamiento que no encajan en el espectro ideológico de la derecha" (p. 197).

(su hijo Juan Carlos): "Los libros más queridos para él eran los que fueron emblemáticos por alguna razón en su vida, por ejemplo, los libros de Borges, el Tractatus de Wittgenstein; en materia jurídica, el libro de Hart; la decadencia de Occidente, de Spengler..." (p. 237).

La autoridad paterna no se puede construir a partir del miedo al castigo porque ese tipo de modelos solo perpetúan y profundizan la violencia que ha vivido el país (p. 262).

"el suicidio de su padre influyó bastante en ese episodio, ya que é consideraba que todo acto frente a la vida propia era un acto de libertad" (p. 266).


El hereje: Carlos Gaviria

Ana Cristina Restrepo Jiménez

Editorial Ariel

Bogotá

Septiembre de 2020

288 páginas (más 32 de fotografías).