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lunes, 17 de noviembre de 2025

Noche negra, de Pilar Quintana

Los lectores habituales de Pilar Quintana ya sabíamos de Rosa y Gene. Rosa, la protagonista de Noche negra es la esposa de Gene, el protagonista de "La rumba, son, palo muerdo", un cuento que Pilar publicó en 2017 en el primer volumen de Puñalada trapera, la antología de cuento colombiano contemporáneo de Rey Naranjo Editores. 

El cuento ocurre muchos años después de Noche negra y entonces la novela funciona como una especie de precuela. Rosa es una mujer de clase media-alta, publicista, vive en una gran ciudad y trabaja en una agencia, hasta que conoce a Gene y decide abandonar todo para irse a vivir a una casa en el Océano Pacífico, lejos de todo. Esa biografía inicial se parece a la de la autora, y el entorno de esa casa se parece al escenario de La Perra, su primera novela. 

Rosa vive con Gene en una casa a medio construir. Él debe viajar unos días a un trámite de su pasaporte y Rosa queda sola en la casa, por donde a veces pasan a saludarla-visitarla-cuidarla-coquetearle-intimidarla algunos vecinos.

En "La casa tomada", de Cortázar, el narrador muestra un espacio que va siendo ocupado por algo desconocido que obliga a clausurar espacios, hasta que al final los hermanos deben abandonar la casa. Esta casa de Rosa se parece a la casa tomada de Cortázar: hay un murciélago, una tarántula, una gallina que desaparece... hay misterio, suspenso y una amenaza. Pero no sabemos si la casa tomada es la construcción de madera que está a orillas de un acantilado en el Pacífico, o si es la mente de Rosa, tomada por temores, celos, intuiciones e inseguridades. ¿Qué tan infundados son sus temores? ¿Qué tan peligrosa puede ser la imaginación? Hay peligros reales pero quizás el mayor peligro puede ser perder la razón y sucumbir ante el miedo y la zozobra.


Algunos subrayados
Su seguridad es el punto herido. Ahora lo sabe y por el agujero abierto se le irriga, líquida y ponzoñosa, la negra idea de que ella ha comenzado a molestarle a su marido (p. 21).

la aterraba ese destino, el prospecto de terminar como ellas, convertida en una carga para los otros, tonta y sin memoria, vacía de recuerdos (p. 53).

Siempre en movimiento, el mar. Adentro y afuera, como si estuviera respirando. Es una cosa viva, piensa, una cosa extraña como el órgano de un cuerpo que sin el todo no podemos comprender, una parte de algo tan grande que nosotros, insignificantes, no tenemos la capacidad de vislumbrar (p. 94). 

La asombra su violencia. Su capacidad para llevarla a cabo sin vacilar (p. 141). 

Preferible muerto que desaparecido (p. 186). 

había salido con suficientes hombres para saber que muchos justificaban su irresponsabilidad y falta de compromiso con la idea del amor libre (p. 193).

El rencor era un parásito que le crecía por dentro mientras alimentaba su cerebro (p. 211). 

No es que la fuerza pública no sea capaz de hacer lo que ellos dicen que hicieron. Lo habrán hecho mil veces en este país de mierda. Matar indígenas, quemar casas, desplazar poblaciones, desaparecer gente (p. 226). 

No podía seguir viviendo con sus principios como bandera. No podía y no quería, admitió para sí misma, porque era muy difícil (p. 241). 

Al contemplar a la araña muerta en el suelo se pregunta si la mató para sentirse como se está sintiendo. Poderosa y violenta (p. 251). 



Noche negra
Pilar Quintana
Editorial Alfaguara
Bogotá
Agosto de 2025
268 páginas

martes, 31 de diciembre de 2024

No es un río, de Selva Almada

Enero Rey, El Negro y Eusebio son amigos desde la infancia. Crecieron en el mismo barrio y ahora que están adultos salen a pescar en río que no sabemos cuál es pero es un río grande y profundo porque tiene islas y porque allí pescan rayas. Eusebio es el papá de Tilo, pero está separado de Diana Maciel, la mamá. Está separado al momento de su muerte, porque Eusebio murió y Tilo ya no es un niño sino un joven que va a pescar con Enero y El Negro, los amigos de su papá. 

"No es un río" relata en tres tiempos entremezclados el pasado de Enero, El Negro y Eusebio, el viaje de los dos amigos con Tilo a la isla, en donde conocen a Lucy y Mariela y lo que ocurre con ellas después. Pero la estructura del libro no está dividida en capítulos ni está armada de manera cronológica, de manera que el lector tiene la tarea de ir armando los fragmentos que la escritora tiene claros desde el comienzo y que para quien entra en este río son visibles apenas por trozos. 

Selva Almada construye una historia muy masculina, con frases cortas y diálogos escasos y breves. La descripción también es exigua. Los personajes se delinean a partir de sus acciones y sus silencios. La pesca exige paciencia, silencio y tiempo y así mismo la autora exige que el lector tenga paciencia, tiempo y concentración para que emerjan no solo la historia de violencia que narra (de varias violencias) sino también el perfil de cada personaje. 

La acción ocurre en un río y una isla sin nombre. El único referente espacial es la ciudad de Santa Fe y también al comienzo menciona Paraná. No hay tampoco referentes temporales o históricos precisos. Sólo el uso de palabras como bikini y la presencia de carros o de botes con motor de gasolina permiten ubicar la historia en un contexto contemporáneo. Si no fuera por esos anclajes, la acción podría ubicarse en tiempos más remotos. 

En el libro hace mucho calor. Hay un clima ardiente y hay además fuego en varias escenas. Este sopor que enrarece el aire se acentúa además con un enrarecimiento del lenguaje. Si la literatura es una afectación de la lengua en esta novela hay múltiples ejemplos de ello. Se trata de un libro en español, pero en un español de una zona específica ubicada al norte de Argentina, con la influencia guaraní paraguaya, y por eso el lector se encuentra con palabras como tanzas, gurises, yuyos, pilchas, chircas, chota, bambula, viyela, chúcara, porrón, picuí, aguaribay, sucucho, abichado, acaroína y muchas otras. En casi todas las páginas hay palabras que exigen ir al diccionario o deducir su sentido a partir del contexto. Esa afectación, sumada a las frases cortas, le da al texto una musicalidad singular, que hace de este libro una pieza única.

Algunos subrayados
Este hombre no es de este monte y el monte lo sabe. Pero lo deja. Que se meta, que se quede el tiempo que le lleve juntar la leña. Después, el propio monte va a escupirlo, los brazos llenos de ramas, otra vez hacia la orilla (p. 21).

Las hermanas eran evangélicas y para ellas todo lo que no era cosa de Dios era cosa del diablo (p. 30). 

A veces los sueños son ecos del futuro (p. 34). 

La casa está en silencio, de no ser por los pequeños quejidos que hacen las casas en verano. La chapa de cinc dilatándose por el calor. El ir y venir de los ararás que taladran las vigas de madera. El piso de cemento que cruje en alguna parte, el comienzo de una grieta nueva. La respiración pausada de su humanidad recién despierta (p. 86). 

¿Será que piensa tanto en la madre porque hijos no tuvo? ¿Será que la gente con familia propia ya no piensa tanto para atrás sino para adelante? (p. 87).

Una cosa es divertirse un rato y otra armar familia (p. 89). 

Algo le molestaba de su presente en ese lugar de mala muerte y algo de su pasado, como si fuera dos personas distintas que solamente se parecen en la incomodidad (p. 112). 

Mejor no hablar para no embarullarse (p. 120). 

Está contento como perro con dos colas (p. 122). 


No es un río
Selva Almada
Penguin Random House
Buenos Aires
2020
138 páginas

lunes, 20 de noviembre de 2023

La librería en la colina, de Alba Donati

En diciembre de 2019 una poeta italiana decide abrir una librería en Lucignana, un pueblo ubicado a dos horas y media al norte de Florencia.

Hasta ahí la historia no tiene mayor novedad, salvo por un dato: Lucignana tiene 180 habitantes. 180 personas que se conocen íntimamente, que saben quién es hijo de quién, sus pasados y sus familias. El 70% del pueblo simpatiza con la librería y el 30% no.

En febrero de 2020, es decir con la librería recién abierta, empieza la pandemia por Covid y es en medio de ese contexto de confinamiento y zozobra en donde la librería aparece como un oasis de esperanza y encuentro. Como un lugar sanador.

Alba Donati construye este libro como un diario que comienza en enero de 2020 y termina en junio del mismo año. Cada entrada tiene una fecha específica en la que la autora narra su cotidianidad en la librería, escribe sobre su madre centenaria, su hija, sus vecinos, y también sobre las maromas para sostener la librería, los cambios en el clima, el jardín florecido y las lecturas que hace. Al final de cada entrada está el listado de libros que le encargaron durante la jornada. 

La traducción de Ana Ciurans Ferrándiz es limpia, sin términos españoletes y permite disfrutar una lectura que en algunos pasajes me llevo a evocar a 84 Charing Cross Road: aunque se trata de un tono y una historia distinta, guardan en común ser libros sobre libros, que resultan entrañables para los lectores que aman los libros. 

Algunas frases
¿Que cómo se me ocurrió? Las cosas no se nos ocurren, las cosas se incuban, fermentan, ocupan nuestras fantasías mientras dormimos. Las cosas avanzan por su cuenta, recorren un camino paralelo en algún lugar de nuestro interior del que no tenemos ni el más remoto conocimiento y, en un momento determinado, llaman a la puerta: aquí estamos, somos tus ideas y queremos que nos escuches (p. 13).

Lo desconocido, como diría un filósofo, es el lugar donde nunca has estado (p. 15). 

En la ciudad, si estás en la cama, has de levantarte a descorrer las cortinas para saber qué tiempo hace. Aquí, por el contrario, lo sabes con el cuerpo (p. 19). 

La infrancia es una trampa, contiene lo bueno y lo malo, y hay que encontrar la varita mágica para transformar lo uno en lo otro (p. 28). 

Me sorprendo cuando alguien que trabaja en una librería no conoce el nombre de un clásico, ni siquiera de oídas. Es como trabajar en una pastelería y no saber qué es una tarta Sacher (p. 33).

Debajo de la librería, sustentándola, no había solo varas de hierro, sino todo un pueblo (p. 39). 

Al final al miedo siempre nos enfrentamos solos (p. 45).

la función que desempeñan las casas en la vida de la gente que escribe (p. 80). 

Me gustan los libros que invitan a leer otros. Es una cadena que nunca deberíamos interrumpir. La única forma de eternidad que podemos experimentar aquí, en la Tierra (p. 86).

he tenido que tragarme todas esas frases, desde "Así asustas a los hombres" hasta "Era solo un cumplido". Pero, bien pensado, estoy segura de que encontraría muchas más, como "Qué anticuada eres", pronunciada por un hombre casado a una mujer que lo rechaza, o la cantinela psicoanalítica: "Estás tensa, no sabes dejarte llevar, no vives la parte más libre de ti" (p. 96).

Decía Robert Frost: "Un poema comienza como un nudo en la garganta, un sentimiento de nostalgia o una pena de amor" (p. 97).

Una cosa que he advertido siendo librera es que el culto a los autores no está muy extendido. No son muchas las personas que esperan el último libro de Paul Auster o de Zadie Smith; sí, en cambio, las que han leído libros inolvidables cuyos autores no recuerdan. Buscan historias y no les importa quién las ha escrito (p. 100).

Cuando me preguntan de qué va un libro, me echo a temblar. Jamás en mi vida me he acordado de una trama, ni siquiera de Blanca nieves y los siete enanitos. De un libro me quedo con otras cosas y creo que eso es la literatura. El escritor pubna contra la trama a fin de que en el corazón del lector quede grabado lo esencial (p. 100).

preguntándome qué hay que hacer para montar una librería como la nuestra y cuánto cuesta. Aunque nunca sé qué responderles exactamente, sí sé una cosa: para empezar, se necesitan unos treinta mil euros en libros (...) también hay que mantenerse informado sobre las ayudas regionales, que pueden cambiar mucho la situación (p. 106).

La manera en que concebimos el tiempo en la infancia es la prueba de que el tiempo es un concepto relativo (p. 111).

El camino habia la protección del medioambiente y la conservación de la belleza es un camino continuamente interrumpido (p. 112).

Quizá superé mi infancia porque en realidad tenía un hogar (p. 117).

Es increíble lo bien que funcionan las redes sociales para activar a los lectores. Si guardas silencio, ellos también suelen guardarlo; si muestras la foto de una caja de regalo, llueven los pedidos. Las redes sociales se han convertido en el equivalente de las reuniones de la redacción, en las que cada mañana se programa la jornada (p. 121). 

pintar sillas, plantar flores y cambiar libros de sitio es un ejercicio de meditación (p. 129). 

Lo expresa con claridad Emanuele Trevi en Dos vidas: "vivimos dos vidas, ambas destinadas a acabar: la primera es la vida física, hecha de sangre y carne; la segunda, la que se desarrolla en la mente de quienes nos han querido. Cuando muere la última persona que nos conoció de cerca, desaparecemos realmente" (p. 130). 

En los pueblos todo está conectado (p. 145)

¿cometer actos impuros? Esto último solía decirlo rápidamente, pero lo mencionaba porque era como un paquete que contenía muchas cosas que no deseaba especificar. Con esa fórmula una se quitaba de encima el deber de confesar los movimientos telúricos y sensoriales de la edad (p. 147). 

uno lee para uqe lo consuelen y llora porque la consolación se ha puesto en marca (p. 153). 

son las mujeres las que mantienen vivo el sector editorial y también que esas madres han sabido transimitr a sus hijos la pasión por la lectura (p. 166).

No necesitamos entenderlo todo de la vida, pero sí tener la experiencia de la ternura (p. 167). 

A veces se tarda una vida entera en aclarar un malentendido; a veces hay que olvidarse de él, distraerse, llorar por otras cosas (p. 176). 

había un par de cosas que podían salvarle a uno: una infancia en una familia unida o ser de orígenes campesinos (p. 182). 

Solo logro concebir la literatura como no ficción, una historia inventada no me apasiona, o mejor dicho, no me enriquece (p. 193). 

Las causas por las que alguien o algo sufre son infinitas, es muy difícil saberlo (p. 201). 

Moraleja: si te tumbas cómodamente en el sofá y piensas lo correcto, lo equivocado se endereza (p. 203). 

Fuera puede ser dentro, y lejos, a la vuelta de la esquina. Es una cuestión de paisaje con grano de arena (p. 208). 

Las listas salvan vidas, mantienen encendida la llama de nuestra memoria (p. 209).


La librería en la colina
Alba Donati
Traducción: Ana Ciurans Ferrándiz
Editorial Lumen
Bogotá, 2023 (primera edición 2022)
222 páginas

martes, 21 de marzo de 2023

Cuentos reales, de Rosario Grillo de Salgado

Rosario Grillo de Salgado es una de las primeras narradoras del Gran Caldas. Nació en Sonsón en 1855 y migró con su familia a Marmato, donde nació su hermano Max Grillo, y luego a Manizales donde nacieron otros hermanos. Se casó con Cupertino Salgado, fundador y director del periódico La Idea, en 1882, y vivió con él un tiempo en Manizales antes de radicarse en Bogotá, en donde vivió varias décadas y murió en 1947.

Aunque se sabe que escribió desde joven algunos versos que alcanzó a publicar en periódicos, "Cuentos reales" fue publicado cuando ya tenía 91 años de vida y es su único libro. Se trata de un volumen de 136 páginas que reune 16 cuentos que tienen distintos registros: algunos están ligados a la guerra civil de 1876 o la Guerra de los Mil Días, otros son historias de amor frustrado y hay incluso un cuento de terror. 


Si bien se trata de relatos con temas distintos, hay algunos aspectos recurrentes y el primero es la infancia: de los 16 cuentos 10 tienen como personajes a niños y en varios relatos ellos son los protagonistas. Desde la muerte infantil, pasando por la orfandad o la pobreza hasta la crueldad de los niños y también su ternura y afecto son algunos de los aspectos que aborda la autora.

Otro tópico común es la frivolidad, que da título a uno de los relatos pero aparece en varios, como una preocupación ante la vida superficial y banal de los personajes, especialmente de las mujeres. 

También aparece de manera reiterada la preocupación por "los temidos 30 años", que se menciona en los cuentos "Una vocación" e "Historia sencilla", y se refiere a mujeres que llegan a los 30 estando solteras y por lo tanto, según se consideraba en la época, se quedaron "solteronas" indicando en ese estado civil una forma de fracaso. También es recurrente la presencia del maíz y la mazorca, y del campo y las casas campesinas. En contraste, pese a ser cuentos escritos por una mujer nacida a mediados del siglo XIX, son relatos poco religiosos: se menciona a Dios, pero más como un habla coloquial que como una figura sobrenatural, y aunque se habla de un personaje que visita la iglesia y otra que reza el rosario, en general no son cuentos de corte místico y al contrario el primero muestra la contrariedad de una madre por una hija que se va de monja. También aparece en varios cuentos el contexto de la guerra civil del 76 y la guerra de los Mil Días, en el marco de un discurso antibelicista, bastante crítico de los intereses militaristas.

Los 16 cuentos que conforman el volumen son los siguientes:

Una vocación: relata la historia de Blanca, una mujer que cumplidos los 30 años decide hacer votos e irse de Monja, y de su madre Mercedes, quien siente pena por la decisión de su hija y la achaca no a una verdadera vocación religiosa sino al dolor por no haber contraído matrimonio. 

Pena de niño (episodio histórico): El contexto del relato es la Guerra de los Mil Días, y cuenta la historia de una familia desplazada por la guerra y de un niño que muere por la tristeza. La autora deja ver su posición política al intercalar comentarios críticos al ambiente bélico, como el siguiente: 
"Y su humilde choza, su pequeña sementera, el único caballo reclutado también como ellos... Todo, todo sacrificado por cosas que no entendían ni les importaban" p. 23

Zapatos de Navidad: relato de dos niños pobres de Bogotá que se quedan esperando su regalo de Navidad. Los niños emplean un lenguaje bogotano con expresiones como "su mercé". 

Una semejanza: cuento narrado desde dos puntos de vista, en el que se narra la historia de dos novios que dejan de verse y décadas después se escriben y deciden casarse, pero el plan se frustra y cada uno de ellos da su versión de lo ocurrido.

Fatalidad: En alta mar un hombre narra la tragedia que vivió en un barco, cuando alzó a un niño y cayó al mar. 

Vivisección: es un cuento raro en el conjunto del libro. Se trata de un relato de terror. La historia se ubica en Alemania y cuenta la historia de un científico que hace vivisecciones de animales y sueña con que un orangután le practica una a su hijo.

Frivolidades: cuento lleno de sarcasmo en el que se narra la historia de un matrimonio que se frustró por una frivolidad. La narración ocurre en una tarde de té entre un grupo de amigas llenas de frivolidades.

Favorito: historia de un león, Anarkos, que se fuga de un circo y muere abaleado a la salida de una iglesia.

Por tierra caliente: narra un viaje a El Guamo y Chicoral y las historias que oye en esos lugares, sobre una jovencita que muere por mordeduras de murciélago y niños que perecen ahogados. 

Historia sencilla: Historia de las hermanas Mercedes y Lucila. Lucila es frívola, muere y su viudo se casa con Mercedes, quien ha quedado al cuidado de sus hijitas- sobrinas. Este cuento repite una idea mencionada en otro relato, y relativa a dejarle a otro el cuidado de los niños: 
"a poco regresar nació una niña que Lucila entregó a manos mercenarias apra no desmejorar con su crianza" p.84.

El espíritu de Ñor Vicente (histórico): Cuento que recrea la colonización antioqurña, la vida campesina de los arrieros en las fincas y en la segunda parte narra cómo un gamonal se apropia de manera fraudulenta de la tierra de Ñor Vicente.

El sapo: En un paseo un médico relata una historia de su infancia, cuando él y sus amigos decidieron molestar lanzándole epítetos y arrojándole piedras, a un hombre retrasado al que le decían El sapo y que a los pocos días murió. El relato reflexiona sobre la crueldad de los niños cuando actúan en grupo.

Expiación: Narra la historia de una anciana, postrada en una silla de ruedas, que vive en la casa de su hijo y su nuera pero no es bien querida por ellos. Su única alegría son su nieto y los recuerdos de una infancia feliz, aunque le remuerde haber sido también una odiosa nuera con su suegra enferma.

Consecuencias de un error: La tragedia de una mujer que es falsamente acusada de tener un alambique ilegal. Permanece 3 meses detenida y durante ese tiempo su hijo de 8 años queda al cuidado de su hermanita menor, que perece ahogada.

La Dolorosa:  Un hombre se va a luchar en la guerra civil de 1876 y deja sus dos hijos huérfanos de madre al cuidado de la abuela (su mamá). Ella es quien narra la historia, cuando en 1879 un hombre llega a su rancho pidiéndo posada. Allí la abuela observa que lleva una medalla de La Dolorosa, igual a la que ella le puso a su hijo y resulta que el forastero la recibió de sus manos antes de morir, con la promesa de entregársela a su mamá. 

Enigma de las palabras: cuento que describe la distracción de jugar a buscar palabras antiguas o raras, similar a lo que puede ser un crucigrama.


Cuentos reales
Rosario Grillo de Salgado
Editorial San Juan Eudes-Usaquén
Bogotá, 1947
136 páginas


lunes, 13 de marzo de 2023

La cosecha, de Felipe Martínez Cuéllar

En un accidente de tránsito que ocurre antes de que empiece la novela fallece Elisa y sobreviven su esposo Enrique y su hija María, una adolescente que queda con grandes cicatrices en su rostro. El padre y la hija, en medio del duelo, abandona la ciudad, la casa, el colegio, y deciden empezar una nueva vida en una finca lejana, que está habitada únicamente por Anatolio, el casero, y por un bosque que crece y crece hasta ocupar todo el espacio. Como la tristeza.

La cosecha es la historia breve de esta familia rota en la nueva finca. Las rutinas lentas, la incertidumbre por los cultivos, el clima, la violencia rural que se acerca y amenaza con entrar, y la adolescencia de María, que pasa sus días encerrada en su cuarto, sin valor ni ganas de mirar su nueva cara en el espejo.

Esta novela corta, fruto del taller que dirige Miguel Angel Manrique en el Fondo de Cultura Económica, logra construir con pocos personajes y un único espacio una armósfera que es al mismo tiempo hermosa y opresiva, a partir de muy pocos diálogos y casi ninguna digresión. El narrador simplemente (simplemente es un decir) describe cosas: un narrador omnisciente que habla de las acciones de Enrique, y un narrador en primera persona que permite escuchar la voz de María. Y entre los dos los enormes silencios de los que se construye la cotidianidad de estos dos seres tan desolados después del accidente, con la dificultad que entraña encontrar energía para cultivarse a sí mismos a ver si pueden dar una nueva cosecha. 


Algunos subrayados
Nunca dejes que los demás te vean distinto a como te ves a tú misma (p. 26). 

A veces me siento como si me estuviera transformando en la mamá de mi papá (p. 41).

como un árbol de muchos brazos y hondas raíces, empezaba a crecer el miedo (p. 46). 

lo escuchaba como quien se detiene en la orilla a contemplar el mar, sabiendo que se está ante un fenómeno de extraña belleza (p. 48). 

Quisiera vivir dentro de una telenovela. Quisiera ser una de esas mujeres enamoradas que, aunque son pobres, se ven felices (p. 61). 


él era eso, una vía de tren abandonada, al aire, sin nada que pasara sobre ella (p. 116). 

Cuando me muera, me gustaría que me enterraran (p. 120).


La cosecha
Felipe Martínez Cuéllar
Taller de edición Rocca
Bogotá, 2015
158 páginas

martes, 18 de mayo de 2021

Sofoco, de Laura Ortiz Gómez

Nueve cuentos alrededor del conflicto armado colombiano componen "Sofoco", el hermoso libro con el que la autora bogotana Laura Ortiz Gómez ganó el premio de narrativa Elisa Mújica en 2020. 

Son cuentos que dialogan entre sí, pero no a partir de personajes o situaciones comunes sino desde la sensación de sofoco que los atraviesa. Los cuentos de Laura Ortiz ocurren en este "paisito de narcos", en el que los soldados cantan "sube sube guerrillero, que en la cima yo te espero con granadas y morteros" y que ella relata desde los márgenes. No aparecen en sus páginas las grandes ciudades ni los poderosos, sino los ríos, los pueblos, los animales y la gente que vive el ahogo del conflicto, la violencia y la pobreza: desplazamiento forzado, tortura, guerrilla, paramilitares, violencia sexual y racismo son algunos de los hechos victimizantes que reconstruye la autora, a partir de un ejercicio literario que mezcla datos y aguda observación con un manejo de voces y tiempos que le permiten construir atmósferas opresivas, asfixiantes. 

La muerte ronda por casi todas las páginas del libro. La muerte física de la guerra, pero también la muerte de los sueños, de la infancia y de la alegría. Los personajes de Sofoco son tristes pero no resignados: casi todos los cuentos traen un punto de giro en el que el personaje intenta darle una vuelta a su destino para liberarse del terror o el tedio. 

Los textos de Laura Ortiz están construidos a partir de frases cortas, como sentencias, y de imágenes precisas del entorno en el que transcurren las historias. La ubicación geográfica no ofrece nombres propios de ciudades, pueblos o veredas que se ubiquen en el mapa, pero la descripción del territorio permite identificar con claridad los espacios en los que ocurren los relatos: espacios muy colombianos, marcados por la ruralidad y el miedo. 

Los nueve cuentos incluidos en el libro son "Aíta la muerte", "Tigre americano, panthera onca", "Mingus el ardiente", "Esperar el alud", "El corazón del señorito", "La cajita de Avon", "El último Pibe Valderrama", "Un toro bien bonito" y "Parto de vaca". En varios de ellos la autora trabaja el giro animal como una forma de potenciar la atmósfera brutal, salvaje o enrarecida que describen sus historias

Sofoco aporta en la construcción de una memoria literaria del conflicto armado colombiano y lo hace sobre todo desde sus personajes femeninos que presentan puntos de vista diversos alrededor del impacto de la violencia (incluyendo la sexual) en sus vidas y sus familias. Es, sin duda, un libro valioso. 


Algunas frases

Aíta la muerte
Una diría que la guerra es como las películas de acción. Pero no. Es quieta. Más que quieta es monótona. A la gente la matan y la matan y la matan, pero la guerra sigue (p. 9).

La guerra no se trata de nada. Es un agujero que escupe muertos (p. 9).

El ruido es enemigo del recuerdo (p. 10).

El noviazgo de pueblo se consuma en cualquier rinconcito oscuro (p. 12).

La muerte es la única cosa respetable que nos queda (p. 12).

Cuando una mujer pasa de los cuarenta, los hombres ya ni se esfuerzan en ocultar que se sienten superiores (p. 14). 

Tigre Americano, Panthera Onca
Me pongo muy triste cuando pienso en todo lo bueno y bonito que era el mundo antes de que yo naciera (p. 24). 

Doña Cleo le toma la mano y le dice: A Luisa también. Y a la Mónica. No les vaya a decir que yo le conté, a ellas les da mucha vergüenza. Pero solo le cuento esto para que vea que usted no está sola. Que les ha pasado a muchas. Ellos no tienen alma y no se merecen nada. (p. 27). 

Mingus el ardiente
Los palenqueros ya estaban hartos de recoger yanquis, darles comida, aparecer en sus documentales independientes y nunca más saber de ellos (p. 38). 

Esperar el alud
El socialismo es un verso que alcanza solo para el sexo; el piso de tierra no, nunca, será amor (p. 55).

Solías decir: Estoy curado de espanto. No era cierto. De los espantos no se cura nadie. (p. 59). 

Entre tanto advenedizo quién es Dios (p. 60). 

Los suicidios no suelen tener testigos. Voy a cerrar los ojos por pudor (p. 61). 
 
El corazón del señorito
Todos quieren amor, pero nadie quiere lavar los platos (p. 66).

¿Cómo se dice cuando puedes ver la belleza de lo que ya estás perdiendo? ¿Cómo se dice, Ricardito, cuando hay nostalgia de algo que sucede en presente? (p. 76). 

El último Pibe Valderrama
Tampoco le gustaban los niños. Solía decir: Los hijos son pedos, solo se los aguanta el dueño (p. 91).

En mi casa éramos así, apilábamos secretos, unos sobre otros, minuciosamente, haciendo un exoesqueleto familiar. (p. 98).

Como de gente que quería la aprobación del padre mundial, para existir por fuera de la cara de Pablo Escobar (p. 99). 

Un toro bien bonito
Escribir sirve para conjurar fantasmas. Traer vida a lo que se ama y lo que se odia. (p. 105). 

Parto de vaca
Lo más cercano a parir es cagar (p. 111)

El paisaje es un lujo pa´los ricos que se sientan a ver (p. 111).

Ya estoy caminando, esquivando las miradas de los vecinos, que a su vez esquivan mis miradas. Aquí en Alto Bonito nos presentimos en diagonal (p. 112).


Sofoco
Laura Ortiz Gómez
Laguna Libros
Bogotá
Abril de 2021
121 páginas

viernes, 18 de mayo de 2018

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

La distancia de rescate es el espacio que hay entre la madre y el hijo. Ambos están unidos por un hilo invisible que sale del estómago de la madre. A veces el hilo se alarga, permisiva y tranquilamente, cuando no hay peligros aparentes en el entorno, y se acorta hasta que la madre va de la mano del hijo, cuando es necesario que no se separen para poder cuidarlo.

Esa distancia de rescate que conocen (conocemos) todas las mamás es el punto de partida para esta novela corta (¿es una novela corta? parece más bien un cuento largo) en la que cuatro personajes construyen una atmósfera tensa, por momentos aterradora, por momentos fantástica y siempre perturbadora.

Hay dos mamás, Carla y Amanda, con sus dos hijos, David y Nina. Carla le alquila una finca a Amanda. Amanda viaja al campo argentino a pasar unas vacaciones con su hija Nina. Usa bikini, hay piscina, toman limonada. Carla vive cerca, con David, su esposo Omar y los caballos que él cría. Carla advierte a Amanda que no consuma el agua pues parece estar contaminada. Luego le cuenta algo que pasó con su hijo David, sobre una intoxicación, pero Amanda no ata cabos, no se concentra en lo importante.


El relato se construye a partir del diálogo entre Amanda y David. Amanda es la adulta, David es el niño, pero él es el que entiende lo que está ocurriendo y el que obliga a Amanda a mirar los detalles y concentrarse en lo importante. El diálogo ocurre en un espacio físico y temporal ambiguo. Pero a medida que avanza la conversación se descubren nuevos elementos para entender por qué David, Nina y Amanda se intoxican. En la mitad del libro Amanda lo describe: hay unos bidones, son muchos bidones, están a la vista de todos: químicos con fungicidas o glifosato para la soya, que todos ven y manipulan pero nadie conecta con las enfermedades que azotan a los habitantes de la región.

Más allá de la denuncia ecológica cifrada, el valor del relato está en la forma en la que el diálogo entre Amanda y David logra crear una siniestra tensión que obliga a avanzar en la lectura. Se trata de una narración rural, visual, cinematográfica y perturbadora.


Algunas frases
El punto exacto está en un detalle, hay que ser observador.

-Es que a veces no alcanzan todos los ojos, Amanda. No sé cómo no lo vi.

Lo llamo "distancia de rescate", así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería.

El hilo invisible que nos une se estiraba otra vez, presente pero permisivo, dándonos a ratos cierta independencia.

"Tarde o temprano algo malo va a suceder", decía mi madre, "y cuando pase quiero tenerte cerca".


Distancia de rescate
Samanta Schweblin
Editorial Random House
2015
Barcelona
124 páginas