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domingo, 26 de noviembre de 2023

Cassiani, de Octavio Escobar Giraldo

La portada de Cassiani muestra a una mujer negra con el pelo afro muy alborotado. La imagen aparece pixelada, con puntos como los que usaba el artista estadounidense Roy Lichenstein, icono del arte pop del siglo XX y pintor a gran escala de cómic. 

La referencia a Lichentein en la portada no es gratuita: Cassiani es una novela que se lee como un cómic. Es un texto visual, lleno de acción y aventuras, en el que los personajes huyen todo el tiempo, escapan por catacumbas y túneles, sobreviven a ataques violentos y enfrentan desafíos, algunos más mundanos que otros.

La historia ocurre en una Bogotá dividida. "Estábamos en el cuarto año de la Esponsión. Después de las sucesivas oleadas del Virus, así, con mayúscula" (p. 13), se advierte al comienzo de la novela. La Esponsión es un referente histórico sobre una paz pactada en Manizales en la segunda mitad del siglo XIX entre las tropas liberales de Mosquera, y los ejércitos conservadores de Antioquia. Orlando Sierra, el subdirector de La Patria asesinado en 2002, decía que el gobierno debía pactar una Esponsión con las Farc y Octavio Escobar, quien dedica el libro a Sierra y a otros dos letraheridos caldenses, retoma esa idea de la Esponsión en un ambiente distópico.

Cassiani presenta una Bogotá fracturada en dos a partir de la Calle 72. Al norte están los Conciliares, con sede en el Seminario Mayor de la calle 94 con Séptima, y al sur mandan los Bibliotequeros, con sede en la Biblioteca Nacional. Cassiani y Kike comienzan su odisea luego del asesinato de su amigo Rosero. Cassiani, una mujer exhuberante, fuerte, decidida, arrastra al pusilánime Kike hacia un pasadizo secreto al que se accede desde el túnel que cruza la Séptima para llegar a la Universidad Javeriana, en la calle 42. Este acto de hundirse en el interior de la ciudad es a la vez una escena de acción y una metáfora política: Octavio Escobar presenta una ciudad destruida en la que facciones con ideas contrarias combaten a diario y a muerte para conquistar unos pocos metros.

La novela ocurre además en el marco de una pandemia y el hecho no es casual. El texto no menciona la palabra Cóvid pero aparecen vacunas, contagios y muerte. De hecho Octavio Escobar la escribió durante el confinamiento mundial decretado a partir de marzo de 2020, por la pandemia de Covid-19, y aunque durante ese año y 2021 surgieron numerosos textos al estilo de diarios del encierro, memorias y testimonios, esta novela es fruto de la pandemia desde un lugar distinto: no es el tema sino la estética narrativa la que permite sentir el ahogo, el encierro y la necesidad de huir, y por eso Cassiani es quizás una de las primeras novelas verdaderamente pandémicas, resultado del confinamiento. 

Cassiani puede desconcertar a los lectores habituales de Octavio Escobar Giraldo porque se trata de una novela que a primera vista luce muy distante de las anteriores: es una distopía que ocurre en un futuro indeterminado. Es ciencia ficción con una narración cercana al cómic y con personajes imposibles, como las niñas sepia, que se camuflan en las paredes. No obstante, después de la sorpresa inicial, una lectura más reposada permite encontrar en Cassiani elementos comunes a otras obras de Escobar Giraldo: la descripción tan visual, el manejo de los diálogos, las referencias literarias (en este caso a Lovecraft, Proust, León Felipe y Jaime Jaramillo Escobar), la protagonista femenina fuerte, la muerte como motor de la historia y la construcción de la narración al estilo de una "road movie", que en este caso no alcanza a salir de Bogotá, pero se trata de una ciudad tan enorme y tan fascinantemente descrita, que al final de leer uno siente haber realizado un viaje a una ciudad desconocida.

Cassiani
Octavio Escobar Giraldo
Seix Barral
Bogotá, octubre de 2023
192 páginas

sábado, 29 de agosto de 2020

La hora gris, de Eduardo Otálora Marulanda


Aunque normalmente leo a buen ritmo, necesité 10 días para poder terminar las 112 páginas de La hora gris, la obra con la que Eduardo Otálora Marulanda ganó en 2019 el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá.


No es, ni mucho menos, una novela lenta de esas que aburre y por eso se abandona. Tampoco es una novela de lenguaje difícil o farragoso, que exija demasiada concentración, o suspender la lectura para consultar el diccionario. La narración es vertiginosa, el lenguaje es claro y, sin embargo, creo que es imposible hacer inmersión profunda en el texto, leer con concentración y agotarlo en una sola sentada. Es una obra apocalíptica que perturba, entristece, aterra e incomoda. Hay que suspender la lectura para poder tomar aire. Hay que detenerse para evitar la náusea.

La novela está dividida en tres partes y en cada una de ellas el narrador es un niño. Cada capítulo funciona también como un cuento independiente y en ese orden de ideas eventualmente podría leerse en cualquier orden, aunque la secuencia cronológica es la que trae el libro. El primer capítulo se titula Figus y cuenta la historia de Ever y su familia, que huyen de su finca en la montaña por una enfermedad que se origina en la contaminación del agua. El segundo capítulo es Erián, una niña que vive confinada en una torre, en donde los sobrevivientes se protegen del mundo exterior. El último es Tata, que cuenta su historia como confinado en una cueva, en compañía de un anciano.

Solo el primer capítulo ofrece una geografía y un contexto que podría parecerse a la Colombia actual. Los otros dos relatos se ubican en tiempos y espacios apocalípticos y enrarecidos, en los que la condición límite a la que llega la raza humana obliga a replantear no sólo las relaciones y los ritos, sino también la corporeidad.

La degradación que narra La hora gris es una enorme metáfora que ofrece múltiples lecturas sobre la enfermedad, la ciencia, el concepto de progreso, la alienación, la incomunicación y el miedo al otro. Las narración avanza en caída libre: el color y la luz de las primeras páginas se esfuman con el amor. La necesidad de hacer parte del engranaje de la "gran máquina" (¿la sociedad? ¿el mercado? ¿la familia?) hace que los seres vivos se deshumanicen y renuncien a partes esenciales de su ser para poder encajar. El respeto por las normas, los rituales y los roles surge como una constante que da sentido a la comunidad, incluso en las situaciones más extremas. La sexualidad, despojada de cualquier posibilidad de ternura o afecto y ligada solo a la necesidad fisiológica o reproductiva, se revela con trastornadora violencia.

Hacer 350 años escribió Spinoza en su Ética demostrada según el orden geométrico que "nadie hasta ahora ha determinado lo que puede un cuerpo". El propósito de Eduardo Otálora con esta novela parece ser el de intentar ahondar en ese interrogante: ¿De qué es capaz un cuerpo? ¿Como se deshumaniza un cuerpo? ¿Cuáles son los límites del cuerpo? La corporeidad humana aparece en esta novela con todos sus detalles: el inventario de componentes corporales se ofrece de manera desagregada, como si cada uno de ellos tuviera que justificar su propia presencia. La piel, los brazos, las piernas, los ojos, las axilas, la sangre, los órganos, los fluidos, los olores, el sudor, el hambre, la sed, el cansancio, la sangre y los huesos tienen participación específica y autónoma en la narración.


En el último capítulo, cuando se cuenta que es costumbre cortarle la lengua a los que empiezan a gatear para evitar que hablen, recordé otra novela corta de Otálora, Dónde habitan las palabras, en la que se cuenta una historia completamente distinta en tono, tema y personajes, pero que también presenta una reflexión sobre el silencio y la incomunicación humanas.

Es frecuente relacionar la voz de los niños con alegría, risas, juego, ternura, y también con la ilusión que ofrecen sobre el futuro. El título de la novela se explica desde su epígrafe, con una cita de Tomas Whithhen: "se conoce como hora gris a ese período del día en que los recién nacidos manifiestan una incomodidad injustificada". Las voces de los tres niños, Ever, Erián y Tata, narran con miedo, tristeza e ingenuidad un mundo despojado de juegos, alegría e ilusión. Un mundo duro, en el que la hora gris parece prolongarse de manera indefinida, y uno como lector, al cerrar las páginas del libro, descubre también una incomodidad injustificada al mirar sus manos, sus pies, y recordar que todavía sale agua de la llave y hay comida en la nevera.


Algunas frases

Me provocaba tener el poder de quedarme muerto con solo cerrar los ojos, así que los cerré. Pero no me morí, solo me quedé dormido otra vez (p. 26).


Ese día caminamos hasta que se hizo de noche sin encontrarnos con nadie, ni siquiera con los muertos. (p. 37).


Si no nos seleccionan y terminamos convertidas en harina tenemos que sentirnos honradas, porque así hacemos de la torre un lugar mejor (p. 48).


“No hace falta que me abraces, porque todos estamos en el abrazo universal”.


La gran máquina huele horrible (p. 80).


Les cortaban las lenguas recién los cazaban para que no hablaran entre ellos, no nos gritaran a los como-nosotros y además nos cogieran miedo (p. 86).


Se dieron cuenta de que estar vivos era el verdadero castigo (p. 91).


Los como-nosotros estamos envenenados y por eso no nos morimos sino que nos vamos pudriendo poco a poco (p. 92).


Entendió que el hambre también era un regalo de los dioses, porque le daba la fuerza no sólo para buscar sino también para cazar (p. 92).


Las tradiciones eran muy importantes para los como-nosotros porque hacían que todo funcionara en la isla (p. 99).


Debes respetar las normas porque sin normas no hay vida (p. 100).



La hora gris

Eduardo Otálora Marulanda

Fondo de Cultura Económica

Bogotá, 2020

112 páginas


viernes, 31 de mayo de 2019

La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares


La carta de presentación más famosa de La invención de Morel, novela escrita en 1940 por Adolfo Bioy Casares, corresponde a la afirmación que hizo Jorge Luis Borges en el prólogo del libro: no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.

La invención de Morel es una novela de literatura fantástica. Ocurre en una isla, a la que arriba un venezolano que ha sido condenado por un crimen y huye de la justicia. La isla parece deshabitada (se supone que quienes viven allí empiezan a padecer una enfermedad mortal) pero el fugitivo empieza a ver turistas que recorren el museo y la parte alta de la colina. Entre esos personajes está Faustine, una mujer de la que el fugitivo se enamora aunque ella parece no verlo. Faustine conversa en francés con Morel, quien anuncia que inventó una máquina que graba y reproduce lo que los habitantes de la isla hacen durante una semana. Así, la máquina les da inmortalidad en las imágenes proyectadas, pero mata a los grabados. El fugitivo entonces comprende que lo que ve de Faustine es una proyección y no una mujer real.

La novela plantea, desde el terreno de lo fantástico, preguntas sobre la inmortalidad y sobre el flujo del tiempo: los personajes proyectados viven siempre en una misma semana. Así mismo interroga sobre la realidad y la fantasía, o el sueño y la alucinación, en un ambiente fantasmagórico y espectral.

Se trata de una lectura enigmática, hermética, que para develar los secretos construidos en el texto exige, o al menos provoca, una segunda lectura, que se facilita por la brevedad del texto, que funciona como un artefacto perfecto.

Los misterios de la invención de Morel ocurren en una isla. Leer este texto me hizo pensar en la serie de televisión Lost, en la que también ocurren cosas extraordinarias, en donde la ciencia y la tecnología crean pesadillas.

Algunas frases
Esta gente desaparecerá; tal vez he tenido alucinaciones.

Como si hubieran aparecido nada más que en mi vista o imaginación.

Fue como si los oídos que tenía no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver.

Como si hubiera estado en peligro de tocar un fantasma.

Este es un proyecto ridículo... pero las cursilerías, cuando son humildes, tienen todo el gobierno del corazón.

No tienen esa monstruosa urgencia en morirse.

Mi muerte en esta isla has desvelado.

Me alegraba ser un muerto insomne

La afición a presentarme como un ex muerto; el descubrimiento literario o cursi de que la muerte era imposible al lado de esa mujer.

Ya no estoy muerto: estoy enamorado.

La insalubridad extraordinaria de la parte sur de esta isla ha de haberme vuelto invisible.

-Esta no es hora para cuentos de fantasmas.

Lo que sucede no tiene explicación. La colina está deshabitada.

Hay dos hechos -un hecho y un recuerdo- que ahora veo juntos, proponiendo una explicación.

Seguían hablando con voz tranquila, como si no hubieran oído mis pasos, como si yo no estuviese.

Las conversaciones eran lánguidas. Morel propuso el tema de la inmortalidad. 

Hubiera llamado la atención un haz apagándose en un cuarto vacío.

me parecían rígidas y pesadas como las cortinas de piedra que hay en algunas tumbas.

Pienso, aunque parezca absurdo, que tal vez no me hayan visto en el museo.

Quinta hipótesis: los intrusos serían un grupo de muertos amigos: yo, un viajero, como Dante o Swedenborg, o si no otro muerto, de casta, en un momento diferente de su metamorfosis.

Pero yo estoy muerto, yo estoy fuera de alcance.

Acumulé pruebas que mostraban mi relación con los intrusos como una relación entre seres de distintos planos.

¡Que yo estuviera muerto! Cuánto me entusiasmó esta ocurrencia (vanidosamente, literariamente).

No estuve muerto hasta que aparecieron los intrusos; en la soledad es imposible estar muerto.

El hombre y la cópula no soportan largas intensidades.

Ahora parece que la verdadera situación no es la descrita en las páginas anteriores, que la situación que vivo no es la que yo creo vivir.

Mi abuso consiste en haberlos fotografiado sin autorización. Es claro que no es una fotografía como todas; es mi último invento. Nosotros viviremos en esa fotografía, siempre.

Esta es la primera parte de la máquina; la segunda graba; la tercera proyecta. No necesita pantallas ni papeles; sus proyecciones son bien acogidas por todo el espacio y no importa que sea día o noche.

“Tuve una sorpresa: después de mucho trabajo, al congregar esos datos armónicamente, me encontré con personas reconstituidas, que desaparecían si yo desconectaba el aparato proyector, sólo vivían los momentos pasados cuando se tomó la escena y al acabarlos volvían a repetirlos, como si fueran partes de un disco o de una película que al terminarse volviera a empezar, pero que, para nadie, podían distinguirse de las personas vivas (se ven como circulando en otro mundo, fortuitamente abordado por el nuestro). Si acordamos la conciencia, y todo lo que nos distingue de los objetos, a las personas que nos rodean, no podremos negárselos a las creadas por mis aparatos, con ningún argumento válido y exclusivo".

(pero es posible que no lo hubiera dicho, por primera vez, horas antes, sino algunos años atrás; lo repetía porque estaba en la semana, en el disco eterno).

Aquí estaremos eternamente —aunque mañana nos vayamos—repitiendo consecutivamente los momentos de la semana y sin poder salir nunca de la conciencia que tuvimos en cada uno de ellos, porque así nos tomaron los aparatos; esto nos permitirá sentirnos en una vida siempre nueva, porque no habrá otros recuerdos en cada momento de la proyección que los habidos en el correspondiente de la grabación, y porque el futuro, muchas veces dejado atrás, mantendrá siempre sus atributos.

La inmortalidad podrá germinar en todas las almas, en las descompuestas y en las actuales.

Puede pensarse que nuestra vida es como una semana de estas imágenes y que vuelve a repetirse en mundos contiguos.

Estas paredes —como Faustine, Morel, los peces del acuario, uno de los soles y una de las lunas, el tratado de Belidor—, son proyecciones de las máquinas. Coinciden con las paredes hechas por los albañiles (son las mismas paredes tomadas por las máquinas y después reflejadas sobre sí mismas). En donde yo he roto o suprimido la pared primera, queda la reflejada. Como es una proyección, ningún poder es capaz de cruzarla o suprimirla (mientras funcionen los motores).

La creencia de que al formarse la imagen de una persona el alma pasa a la imagen y la persona muere.

Significa que Faustine ha muerto; que no hay más Faustine que esta imagen, para la que no existo.

Entré en ese mundo; ya no puede suprimirse la imagen de Faustine sin que la mía desaparezca.



La invención de Morel
Adolfo Bioy Casares
1940
Editorial Losada
Buenos Aires
169 páginas


domingo, 20 de agosto de 2017

¿Sueñan los androides con alpacas eléctricas?, antología de ciencia ficción contemporánea latinoamericana

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una novela corta que Philip K.Dick publicó en 1968 y se hizo mundialmente famosa por su adaptación al cine que hizo en 1982 Ridley Scott con el nombre de Blade Runner.

Antonio García Ángel, el editor de esta compilación, cambia ovejas por alpacas para situar los relatos en una geografía concreta: Latinoamérica. En apenas 101 páginas se reúnen 6 cuentos que permiten vislumbrar en qué está la literatura de ciencia ficción en América Latina en este comienzo de siglo.

Los autores seleccionados son Jorge Aristizábal Gáfaro, de Bogotá, con "La delación", un hilarante cuento que se debate entre los extraterrestres y la mamadera de gallo. En segundo lugar aparece el cubano Jorge Enrique Lage, con "Straigth", un cuento que trastoca lo excepcional para volverlo regla. El mexicano Bernardo Fernández presenta "Las últimas horas de los últimos días", una narración apocalíptica ubicada en el DF. El venezolano José Urriola participa con "La droga", un relato que mezcla el amor con la química, de manera literal. Pedro Mairal, de Argentina, plantea en "Recuerdo de 2030" una nueva versión del gran hermano. Por último el peruano Carlos Yushimito presenta en "Oz" a un autómata humanoide.

El prólogo de Antonio García Ángel presenta un breve resumen del estado actual de la ciencia ficción en América Latina, a manera de introducción, que bien vale la pena para los interesados en el tema.

El libro circuló gratuitamente en Bogotá, dentro de la iniciativa de "Libro al viento" que promueve la Alcaldía Mayor. La primera vez que oí de él fue por recomendación del escritor Miguel Ángel Manrique. Me costó conseguir un ejemplar: entre las muchas ediciones de Libro al Viento esta se volvió de culto por la buena calidad de la mayoría de sus relatos. Si lo ven por ahí, en una librería, biblioteca o biblioparque, no lo dejen ir. También se puede descargar gratuitamente en el siguiente enlace: http://www.idartes.gov.co/publicaciones/libro-al-viento/suenan-los-androides-con-alpacas-electricas

Algunas frases:
Straight, de Jorge Enrique Lage
"Adán y Eva están solos. Solos y desnudos. Se gustan, no lo pueden evitar. Olvídate de la manzana. En el mundo nunca habrá una fruta cuyo sabor sea capaz de competir con el sabor de las miradas que se cruzaron bajo los árboles del Paraíso".

"No voy a entrar en detalles; me los ahorro no porque me moleste la cara de asco que ustedes van a poner, sino porque los quiero conservar intactos (los detalles) y de sobra sé que la escritura puede partir en pedazos la memoria a golpes de teclado ansioso".

Las últimas horas de los últimos días, de Bernardo Fernández

"La vida no es tan cruel como dice Wok. No puede serlo. Tampoco es como lo que venden los gurús de la superación personal. No es cebolla cruda ni pastel de cerezas. Es agridulce como el amor. Dulce como el querer, agria como el dolor".

La droga, de José Urriola
Dejemos las hipocresías aparte. Para qué mierdas buscar estar bien si en el fondo somos autodestructivos y lo que nos gusta es estar mal. Somos unos saboteadores miserables que nos engañamos y nos tendemos trampas. Supuestamente buscamos estar mejor y bajo esa mentira nos lanzamos a vivir una vida que no nos gusta ni merecemos".

Oz, de Carlos Yushimito

"Hay una vaga jactancia en el ser humano que le hace imposible aceptar la derrota frente a cualquier artefacto. Perder contra un objeto es perder contra uno mismo y esa es, si se piensa, la derrota más difícil de asimilar para las personas".



¿Sueñan los androides con alpacas eléctricas?
Jorge Aristizábal Gáfaro, Jorge Enrique Lage, Bernardo Fernández, José Urriola, Pedro Mairal y Carlos Yushimito. Editor: Antonio García Ángel.
Instituto Distrital de las Artes, Idartes.
Bogotá
2012
101 páginas.

lunes, 5 de enero de 2015

Comedia romántica, de Ricardo Silva Romero

-¿Le digo qué quiero yo, Benjamín, le digo de frente qué quiero?: una conversación que dure toda la vida.

Con esa frase de Martina empieza "Comedia romántica", una novela que se parece a "Antes del amanecer", la película de Richard Linklater en la que una pareja habla y habla y habla mientras recorre Viena. Comedia romántica es un diálogo continuo de 266 páginas en el que Martina y Benjamín hablan todo el tiempo sobre su relación. El diálogo comienza cuando ella tiene 30 años (se conocieron cuando ella tenía 19) y termina cuando ella tiene 67. Es un diálogo continuo, sin interrupciones ni capítulos ni cortes, aunque a medida que la conversación avanza ellos envejecen.

Se trata de una novela (muy) ligera, light, superficial. Martina habla a los 30 años y a los 67 en el mismo tono de niña consentida del estrato 6 bogotano. Y Benjamín, que nunca ha salido de Bogotá, habla en un tono que se parece al de una mujer. Los hombres de carne y hueso generalmente no verbalizan tanto.

La novela tiene algunos pasajes futuristas al final, porque la novela termina hacia los años 30 del Siglo XXI. Se trata de la contracara de El Espantapájaros, novela sobre la violencia colombiana que Ricardo Silva publicó en una edición doble bajo el título "Erase una vez en Colombia".

Algunas frases:
me ha dado la impresión de que usted es una esposa de esas de verdad. De pronto un poco narcisa, treinta por ciento egoísta, treinta por ciento dramática y cuarenta por ciento sensible, pero, como perro que ladra no muerde, a la larga no es nada del otro mundo. O por lo menos nada que no se pueda domesticar con un buen embarazo. 

Yo creo que estoy listo a comprarle un anillo de compromiso lleno de diamantes: uno barato.

Va a ver: el mundo entero se va a dividir en taxistas y pasajeros.

confesarle a usted que quería quedarme a vivir en su casa con sus papás (porque digámonos la verdad: lo mejor que usted tiene, su estrategia para levantar, son sus papás).

esta Bogotá tan arribista en la que los tipos lo hacen sentir a uno con fecha de vencimiento y la gente tarde o temprano da su brazo a torcer, es la vida de verdad.

este país era una pirámide que se le había plegado a tres banqueros.

no cantar en público es la única dignidad que me queda.

Yo me niego a que se me convierta la vida en un taller de reparación de mí misma como a esas amigas que un día lo llaman a uno a decirle "mi psiquiatra me dijo que te dijera que te perdono por todo lo que me hiciste en la primaria".

yo, que soy una sobreviviente del matrimonio, le puedo decir que uno tiene que casarse con una persona con la que pueda pasarse toda una tarde en un centro comercial o, por lo menos, en el peor de los casos, con alguien que quiera hacer mercado con uno.

La pasión del matrimonio, Dios mío, imagínese usted el tamaño de la estupidez: ni que no hubieran tenido papás.

una flor no puede cuidar de otra flor: todas las relaciones de pareja necesitan que alguno de los dos sea un jardinero.

así como es imposible que un gringo viva la vida igual que la vive un japonés, no es posible que un hombre entienda del todo a una mujer, hay muchas cosas que se pierden en la traducción.

dejar de tocarse es como olvidar la mitad del alfabeto.

yo le hago daño a veces porque no tengo a nadie más para dañar.

La gente es bruta: solo hay que entrar a los baños públicos para darse cuenta.


Comedia romántica
Ricardo Silva Romero
Editorial Alfaguara
Bogotá
2012
266 páginas

lunes, 23 de septiembre de 2013

Ellas se están comiendo el gato, de Miguel Ángel Manrique

La carretera es una novela de Cormac McCarthy que fue llevada al cine y protagonizada por Viggo Mortensen. Es la historia de un padre y su hijo que avanzan por una carretera, huyendo de un cataclismo y se esconden porque hay caníbales que los amenazan.

Pensé en La carretera leyendo este libro de Miguel Angel Manrique, Ellas están comiendo el gato, porque también es una atmósfera apocalíptica, en la que Bogotá se ve desolada porque el virus Z se expandió rápidamente y la ciudad se llenó de Zombies, muertos vivientes que atacan a los humanos para comerse su cerebro. La ciudad está sin agua, sin alimentos, y la opción es esconderse y resistir o huir al sur, hacia la Patagonia.

El libro está dividido en 11 capítulos que pueden leerse como relatos semi-independientes. Cada uno tiene título y una historia acabada, pero el conjunto configura la novela.

Las frases:
Soportaba todo esto, menos que no hubiera música. Así que leía poesía.

Cuando sobrevienen las grandes catástrofes, nunca estamos preparados para afrontarlas. En el pasado, vimos personas saltando del último piso de un edificio en llamas, personas esperando pacientes a que una gran ola las arrastrara al fondo del mar, personas resignadas a morir sepultadas bajo un alud de tierra. Hay quienes sobreviven, aunque no se reponen de la pérdida de los demás. 

Si resulta que soy el único ser humano sobre la Tierra y muero, el universo no me va a extrañar, nadie me va a extrañar. 

-Eso lo hace cualquiera. Mejor aprenda a cosechar o a componer música. Es inútil todo lo demás. Todos queremos una buena comida y que nos alegren el oído. Nada más. 

En este país fuimos tan autorreferenciales, no sé si ya dejamos de serlo, que me parecía aburrido escribir sobre lo mismo: los próceres, la guerra, los sicarios, la mafia, el secuestro.


Siempre quise explorar el lado oscuro de la imaginación humana, el lugar donde habitan nuestras pesadillas. 

El hombre busca la inmortalidad y emular a Dios. Teme a la muerte, desea ser eternamente joven, rechaza la obsolescencia del cuerpo y cree en la resurrección de los muertos. De esos deseos y miedos surgen los monstruos.


Miguel Ángel Manrique
Ellas se están comiendo al gato
2013
Taller de Edición Rocca
116 páginas