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domingo, 6 de octubre de 2024

La cuadra, de Gilmer Mesa

El narrador de La cuadra vive en el barrio Aranjuez de Medellín. Su papá maneja un camión desvencijado, su mamá trabaja, su hermano menor estudia y el mayor también, pero además hace trabajitos para los pillos de la esquina. 

En la cuadra pasa todo. La vida ocurre en la calle: la de los chicos que quieren ser más grandes, y la de los grandes que conversan afuera. Hay solidaridad y rebusque, pero también hay miedo porque el combo de Los Riscos impone su ley. 

La cuadra es la primera novela de Gilmer Mesa. La obra está dividida en nueve capítulos y en cada uno desarrolla la historia de algún personaje de la cuadra, aunque desde el comienzo se entreteje que la historia avanza hacia el despeñadero: hacia la muerte que quiebra en dos a una familia, aunque la cuadra siga siendo la misma.

Resulta interesante observar el rol de las mujeres en una obra tan masculina y cargada de tanta violencia: hay mujeres víctimas de homicidio y de violencia sexual, hay prostitutas y hay madres que sufren por sus hijos. Se describe en detalle "El revolión", una violación masiva de hombres armados a mujeres adolescentes, una práctica que similar a la que ocurre en El Salvador con las maras, y que ha descrito el medio El Faro. Pero La Cuadra presenta tamb a mujeres vengadoras, mujeres que salen adelante sin el apoyo de familiares o de parejas y esta multiplicidad permite vislumbrar los matices complejos de una sociedad en la que ellos, los hombres, cargan con la obligación de disparar, porque demostrar que son muy machos es una imposición social. 


Algunos subrayados
Para quienes nacimos en un barrio popular de una ciudad como esta, el respeto es más necesario para sobrevivir que el aire (p. 14).

cuando uno nace, crece y se reproduce viendo a sus similares morir todos jóvenes, sus expectativas de vida no superan los veinte años, y entonces cuando la única vida posible y vivible es la adolescencia, ahí es donde se tiene que ser alguien, no hay tiempo de espera (p. 15).

Al ingresar la pareja, el hombre, con alguna excusa, se devolvía y entreabría la puerta para que pasados treinta segundos entraran los compinches armados y obligaran a la mujer a tener sexo con todos y cada uno, a veces por turnos, pero la mayor parte del tiempo al unísono y por los diferentes orificios de su cuerpo (p. 40).

Las mujeres sometidas a estas vejaciones tenían que guardar silencio (p. 40).

Esa rabia impúdica y resentida que los feos suelen sentir frente a la belleza (p. 42). 

era tan solo miedo, el mismo que cargábamos todos para enfrentarnos a lo desconocido que era el mundo femenino: no dejan de ser paradójicas las formas que tiene el miedo de instalarse en los hombres, nunca apareció para detetener la mano del matón de policías pero emergía imponente y total a la hora de encarar a una mujer (p. 44). 

Los seres humanos no somos uno solamente, inmutable y parejo, somos antes que nada plurales, con una pluralidad dicotómica y contradictoria que nos hace levantarnos angélicos virtuosos y acostarnos demoniacos porque en ambos estados mantenemos la misma mueva (p. 62).

nuestros ídolos de niñez nunca fueron superhéroes de historietas ni futbolistas famosos, nosotros queríamos ser bandidos como los que veíamos a diario en la esquina (p. 98). 

En esos barrios pobres la calle es el sitio en donde se pasa la mayor parte de tiempo en la infancia, a falta de guarderías y jardines infantiles, la calle suplía con ardor la sed de aprendizaje (p. 115). 

El delito ha sido siempre patrocinado más por las gentes que se dicen de bien que por los mismos delincuentes, quienes solo son la cara visible del crimen, pero bajo la superficie se mueven los verdaderos favorecedores de todas las fechorías, los que compran lo robado, los que mandan a matar, los que consumen lo ilegal, ahí está la verdadera cara de la sociedad que inculpa y sataniza al criminal pero lo tolera, disculpa e incluso ampara la infracción (p. 122). 

Lo menos difícil de llegar al poder es acceder a él, lo verdaderamente importante es mantenerlo y la forma más fácil de lograrlo es mantener el bienestar de los súbditos y de los trabajadores (p. 125). 

Las personas suelen creer que el poder y el dinero cambian a la gente, pero eso es falso, lo que hacen el poder y el dinero es que nos desenmascaran, nos ponen en evidencia con nosotros mismos, con nuestras propias miserias (p. 133). 

Más que trabarse lo que uno buscaba con la mariguana en los enrevesados años de adolescencia era aceptación (p. 172). 

La tristeza es un sentimiento que se padece en soledad, que necesita del aislamiento (p. 179). 

Después del entierro la esquina siguió siendo la esquina, con sus crímenes, su agite y sus muertos, pero mi familia y yo ya nunca volvimos a ser los mismos (p. 188). 


La cuadra
Gilmer Mesa
Penguin Random House
Bogotá, 2016
194 páginas

domingo, 29 de septiembre de 2024

Aranjuez, de Gilmer Mesa

Manizales tiene un barrio popular que se llama Aranjuez, en el que hay venta de empanadas, niños que juegan en la calle y pequeños negocios abiertos hasta la noche, atendidos por sus propietarios, los vecinos que viven y trabajan allí. Todo esto ocurre en el barrio Aranjuez de Medellín, y sin embargo no se pueden comparar: el Aranjuez que Gilmer Mesa describe en su libro es un barrio en el que los muchachos, casi niños, empiezan a hacer trabajos para "Los pillos" que mandan desde una esquina. "Los sanos" juegan fútbol, hacen mandados y se mueven con cuidado para no levantar sospechas y poder sobrevivir. 

Aranjuez es un libro que Gilmer Mesa escribió para honrar la memoria de su padre, que murió luego de que su mente, su memoria y sus recuerdos lo hubieran abandonado. Pero el libro, aunque habla de ese padre ausente, retrata estampas de personajes de un barrio en el que morir joven y violentamente es un sino que cargan muchos hogares, incluido el del narrador. 

La obra está compuesta por 15 capítulos, cada uno con unidad en sí mismo. Es decir: cada capítulo eventualmente podría funcionar como un relato independiente, aunque el personaje que se menciona en uno se desarrolla a profundidad en otro. El barrio es una suma de personajes y el libro pasea por cada uno de ellos. Cada capítulo corresponde a los 15 minutos de fama de algún habitante de Aranjuez.

El autor tiene una posición política clara: no le interesa hacer una división maniquea entre buenos y malos, entre pillos y sanos. Critica a quienes llegan al barrio a hacer etnografía con la profundidad de un turista y descree de los poderes mesiánicos. Explica que en la pobreza también hay clases sociales y que aunque la exclusión es norma general en el barrio, hay algunos más excluidos que otros. No sataniza, no juzga, no señala, pero sí se duele de la muerte, de la impotencia y de la fatalidad que rodea a varios vecinos.

La prosa de Gilmer Mesa es vertiginosa: párrafos muy largos con frases separadas por comas, por puntos y comas, en donde los puntos seguidos se demoran. El texto se lee con el frenesí de una historia que se siente honesta, urgente y digna. Una visión en la que la periferia es el centro. Como dice en alguna parte del libro, "la ciudad era un Aranjuez grandote".

Algunos subrayados

Era una casa de apariencia pobre y fea aunque con una belleza íntima como el dibujo de un niño al que le falta destreza pero tiene talento porque a las casas como a las gentes nos definen los interiores (p. 17). 

un padre maltratador pero padre al fin que toma la figura de un caudillo cualquiera que ejerce el poder a la manera de un mal padre, imponiendo el maltrato como único trato: en un país de malos padres y malos tratos el maltratador es rey (p. 22). 

Escribo estos textos para mejorarlos a todos en el recuerdo, para mejorarme yo de esta angustia presente de ya no tenerlos (p. 25).

Ojeaba el periódico más amarillista de la ciudad al cual estaba suscrito y que todos los días traía historias crudas e inverosímiles para cualquier parte del mundo, menos para esta en donde lo imposible es cotidiano (p. 28). 

no quería trastocar su rutina que, si bien no le complacía, al menos no lo atormentaba (p. 29). 

si algo hicieron bien los bandidos en nuestra ciudad fue que nos endilgaron su modo de vida y su desparpajo como aspiración hasta hacerlo cultura (p. 46). 

las penas nunca pasan, solo se estancan en una quietud lóbrega cebada en silencio porque ellas son en sí mismas estridencia ensordecedora, grito total y acuciante que no debe contaminarse con otras voces (p. 52). 

apoyados en los hijos que fue lo único que alcanzaron a hacer y que en este país cicatero son la única recompensa de los padres y su jubilación (p. 55). 

no trastocaba la rutina diaria de tantos años, que es lo único que garantiza una convivencia armónica entre un matrimonio viejo (p. 56). 

era un raro, que es como la sociedad llana y procaz llama despectivamente a lo que no entiende (p. 70). 

en los barrios populares contemplar el paso del tiempo es casi un oficio (p. 73). 

nuestros padres fueron castrados en su expresividad por la misma sociedad machista y altanera que castiga con burlas y rechazos cualquier síntoma de debilidad (p. 76). 

la música lo va a salvar, no de sufrir, de eso nada nos salva, pero sí le va a dar la fuerza para resistir la vida, para aguantar los malos trances sin volverse un resentido ni una mala persona, ya tiene en qué descargar sus dolores sin hacerle daño a nadie, y eso es más de lo que muchos pueden tener y lo único que yo como padre puedo desear para él (p. 78). 

en la edad en que estaba había entendido que las cuentas del alma no se acaban nunca de pagar (p. 91). 

Terminamos borrachos cantando tangos y llorando sin pudor y sin freno como se deben llorar las tristezas cuando son reales (p. 103).

hasta la pobreza tiene gradaciones: están los menos pobres que logran tener las tres comidas diarias, una de las cuales tiene carne en el menú; están los que a duras penas llegan a fin de mes y tienen que hacer piruetas con el esmirriado sueldo para poner arroz con huevo y aguapanlea todos los días en el plato; están los pobres vergonzantes, que son la mayoría, los que sin tener un centavo aparentan plétoras y se endeudan por mantener una posición en la que solo ellos creen, puesto que todo el mundo sabe que están vaciados, que mantienen reventadas las diversas libretas del fiado en las tiendas cercanas, les cortan la luz y el agua cada tanto y tienen que invetar cada día una nueva excusa para salvaguardar su marginalidad evidente —en esta categoría estábamos casi todos en el barrio—; y salidos de la pirámide social de pobreza que constituyen nuestros barrios populares están los pobres extremos que rayan en la indigencia, aquellos para quienes no alcanzó ni siquiera una sucia esquina de la cobija zarrapastroza con la que cubrimos nuestras miserias, los que pasan hambre pura y dura, frío y mal sueño día a día, los que hasta nuestras escaseces envidian porque las ven como opulencia (p. 142). 

somos cuando más una sociedad lavada pero nunca limpia (p. 144). 

ofreciéndolo como cultivo popular perfeccionado, con esa extraña pirueta de vender lo barrial como moda para las élites que gustan de las expresiones y maneras de los pobres pero sin pobres (p. 187).

Lo malo de vivir tanto tiempo escondido es que fácilmente la trinchera se vuelve morada (p. 188). 

Esa precisamente es una de las primeras cosas en las que interviene la religión para conseguir adepots: insulfa un sentimiento de superioridad moral en sus miembros que los hace juzgar a los demás como inferiores por no compartir sus más primarios temores, expresados en bisutería ideológica contra el cuerpo y las libertades civiles (p. 194).

nada une más a dos personas que haber sufrido juntas (p. 199).

tenía belleza pero carecía de encanto, que es de alguna manera la revancha de los feos y lo único que equilibra un poco el universo seductor de la adolescencia; un feo encantador incrementa las posibilidades y en ocasiones arrasa contra un bonito lerdo (p. 224).

en el fondo la aventura está en la conquista, no en lo conquistado, el vértigo lo da la búsqueda, es el camino lo que aporta, no su llegada (p. 229).

Uno debe estar donde perdió lo querido y donde quiso lo perdido, y aquí están mis muertos, que son lo que más quise y perdí, de manera que debo quedarme donde mis muertos sepan donde hallarme, irme sería cambiar de geografía pero mantener la mente y el corazón en estas esquinas a las que extrañaría a diario (p. 249).

estoy seguro de que solo el amor y la amistad trascienden la insignificancia de la vida (p. 251). 

las motos parecían gritar lo que ellos no podían, que existían, que eran importantes, y de ahí que entre más roncas y potentes, mejor el grito, más significativo (p. 273).

la muerte del padre cuando se lo ha tenido tan cerca tanto tiempo precisa el principio de la propia extinción (p. 284). 

La pérdida ha sido y es el tema, y toda la literatura que me interesa está compuesta de pérdidas y de muerte (p. 287).

Aranjuez
Gilmer Mesa
Penguin Random House
Bogotá, Septiembre de 2023
296 páginas

domingo, 26 de noviembre de 2023

Cassiani, de Octavio Escobar Giraldo

La portada de Cassiani muestra a una mujer negra con el pelo afro muy alborotado. La imagen aparece pixelada, con puntos como los que usaba el artista estadounidense Roy Lichenstein, icono del arte pop del siglo XX y pintor a gran escala de cómic. 

La referencia a Lichentein en la portada no es gratuita: Cassiani es una novela que se lee como un cómic. Es un texto visual, lleno de acción y aventuras, en el que los personajes huyen todo el tiempo, escapan por catacumbas y túneles, sobreviven a ataques violentos y enfrentan desafíos, algunos más mundanos que otros.

La historia ocurre en una Bogotá dividida. "Estábamos en el cuarto año de la Esponsión. Después de las sucesivas oleadas del Virus, así, con mayúscula" (p. 13), se advierte al comienzo de la novela. La Esponsión es un referente histórico sobre una paz pactada en Manizales en la segunda mitad del siglo XIX entre las tropas liberales de Mosquera, y los ejércitos conservadores de Antioquia. Orlando Sierra, el subdirector de La Patria asesinado en 2002, decía que el gobierno debía pactar una Esponsión con las Farc y Octavio Escobar, quien dedica el libro a Sierra y a otros dos letraheridos caldenses, retoma esa idea de la Esponsión en un ambiente distópico.

Cassiani presenta una Bogotá fracturada en dos a partir de la Calle 72. Al norte están los Conciliares, con sede en el Seminario Mayor de la calle 94 con Séptima, y al sur mandan los Bibliotequeros, con sede en la Biblioteca Nacional. Cassiani y Kike comienzan su odisea luego del asesinato de su amigo Rosero. Cassiani, una mujer exhuberante, fuerte, decidida, arrastra al pusilánime Kike hacia un pasadizo secreto al que se accede desde el túnel que cruza la Séptima para llegar a la Universidad Javeriana, en la calle 42. Este acto de hundirse en el interior de la ciudad es a la vez una escena de acción y una metáfora política: Octavio Escobar presenta una ciudad destruida en la que facciones con ideas contrarias combaten a diario y a muerte para conquistar unos pocos metros.

La novela ocurre además en el marco de una pandemia y el hecho no es casual. El texto no menciona la palabra Cóvid pero aparecen vacunas, contagios y muerte. De hecho Octavio Escobar la escribió durante el confinamiento mundial decretado a partir de marzo de 2020, por la pandemia de Covid-19, y aunque durante ese año y 2021 surgieron numerosos textos al estilo de diarios del encierro, memorias y testimonios, esta novela es fruto de la pandemia desde un lugar distinto: no es el tema sino la estética narrativa la que permite sentir el ahogo, el encierro y la necesidad de huir, y por eso Cassiani es quizás una de las primeras novelas verdaderamente pandémicas, resultado del confinamiento. 

Cassiani puede desconcertar a los lectores habituales de Octavio Escobar Giraldo porque se trata de una novela que a primera vista luce muy distante de las anteriores: es una distopía que ocurre en un futuro indeterminado. Es ciencia ficción con una narración cercana al cómic y con personajes imposibles, como las niñas sepia, que se camuflan en las paredes. No obstante, después de la sorpresa inicial, una lectura más reposada permite encontrar en Cassiani elementos comunes a otras obras de Escobar Giraldo: la descripción tan visual, el manejo de los diálogos, las referencias literarias (en este caso a Lovecraft, Proust, León Felipe y Jaime Jaramillo Escobar), la protagonista femenina fuerte, la muerte como motor de la historia y la construcción de la narración al estilo de una "road movie", que en este caso no alcanza a salir de Bogotá, pero se trata de una ciudad tan enorme y tan fascinantemente descrita, que al final de leer uno siente haber realizado un viaje a una ciudad desconocida.

Cassiani
Octavio Escobar Giraldo
Seix Barral
Bogotá, octubre de 2023
192 páginas

viernes, 9 de diciembre de 2022

Perros de paja, de Rigoberto Gil Montoya

Dice Wikipedia que Perros de paja es una película de 1971, dirigida Sam Pickinpah. En ella Dustin Hoffman intepreta el papel de David Sumner (no confundircon David Summers), un profesor estadounidense que se traslada con su esposa a una villa rural en Inglaterra, buscando huir de la violencia. No obstante, los vecinos en apariencia pacíficos comienzan a tener "comportamientos extremadamente violentos hacia ellos, desatando una impresionante venganza por parte de Sumner". Agrega Wikipedia que Perros de paja es una de las películas más representativas de esta época del cine en la que se empieza a hablar de la violencia gratuita en pantalla.

En Perros de paja, la novela corta de Rigoberto Gil Montoya, hay una voz que está contando esa película y por eso en distintas partes del texto aparecen menciones a David Sumner y Sam Pickinpah. Esa violencia de la película y ese relato cinematográfico se intercalan con otro plano narrativo, también violento y visual, que se ubica en el bario San Judas de Pereira, en donde un grupo de sicarios-traquetos-ladrones-malevos-compinches conversan, juegan billar, toman cerveza, roban y ven películas y cómics antes de caer muertos a tiros.

La novela reivindica la cultura popular y ofrece una cartografía precisa de una zona excluida de Pereira: aparecen el Río Otún, las calles y carreras que conectan al Otún con el centro de la ciudad, el barrio San Judas y algunos cines que existieron antes del auge de las salas de centro comercial. 

Ese mapa es el escenario en el que se mueven unos cuerpos también excluídos: jóvenes que sólo aparecen en las páginas rojas de los periódicos (nunca vimos por nuestras calles reporteros o periodistas, escribe el autor) y que viven con un vértigo de No futuro, que recuerda a "No nacimos pa semilla" de Alonso Salazar, o "El pelaíto que no duró nada", de Víctor Gaviria. El elemento diferencial que le imprime Rigoberto Gil es su mirada desde el humor, en tono de novela negra, en la que se construyen imágenes cinematográficas con un lenguaje muy cercano a la oralidad, que contrasta con los textos falsamente estilizados que aparecen firmados por el "Corresponsal" o en las cartas a "El diario". Esos diferentes registros le permiten a Rigoberto Gil construir en pocas páginas una aguda crítica al periodismo local y también a la sociedad que se niega a ver a los habitantes de estos barrios marginales. En ese sentido resulta revelador que sea precisamente Amelia, una mujer de clase alta que decide ir a fotografiar (a registrar, a documentar) lo que allí pasa, quien termine siendo la primera asesinada.


Algunas frases


La luna pareciera motivar la angustia de quien aún no junta las palabras para echar todos sus diez años de matrimonio a la mierda (p. 34).

A mí me late que Kalimán y Solín son cacorritos, se penetran el uno al otro, decía Coringa y no podíamos sostenernos de la risa (p.52).

De acuerdo con estadísticas oficiales, San Judas era el sitio del país donde más mulas se cargaban (p. 58).

Nunca vimos por nuestras calles a reporteros o periodistas que quisieran hablar con las familias afectadas. En las crónicas de las páginas judiciales se dejaba claro que a estos sectores era imposible entrar sin arriesgar la integridad física, pues si las autoridades no podían hacerlo, ¿cómo diablos lo iban a hacer ellos, cazadores de verdad, meros aficionados a los Superamigos del Salón de la Justicia? (p. 59).

Se trata de responder a una carta que la benemérita Madre Dorotea de todos los Santos, superiora de la Congregación Siervas del Santísimo, hiciera llegar al director de este medio informativo, preocupada como está, y, desde luego como lo estamos todos, de la grave ola de inmoralidad que ha estado atosigándonos, luego de que el anterior alcalde, señor Vergara, expidiera las respectivas licencias para que circulara sin ton ni son toda clase de literatura que, bajo el ropaje de los cómics o las aventuras, trae incitaciones a la violencia y, en particular, a las prácticas sexuales sin medida (p. 65).

Allí permiten que los chicos, aún sin cumplir la mayoría de edad, observen cintas tan censurables como Hazme rico; Encerrados en la habitación; El lechero amoroso; Revelaciones de un maniático sexual a la policía; Las aventuras eróticas del Zorro, y una serie de títulos bastante dicientes como para prohibir su exhibición en esta ciudad.

Perros de paja
Rigoberto Gil Montoya
Hoyos Editores
Manizales, 2007 (primera edición: Cine Club Borges, 2000).
78 páginas

lunes, 5 de noviembre de 2018

Plata quemada, de Ricardo Piglia

Huir es más divertido si se hace en compañía. Eso es lo que el cine enseña en películas como Bonny and Clyde,  Thelma y Louise o Butch Cassidy and the Sundance Kid. Parejas fugitivas que mientras huyen caen, pero también ríen. Cuando no hay mucho futuro hay que vivir con intensidad el presente.

De ese río parece beber Plata quemada, la novela que el argentino Ricardo Piglia escribió durante años y finalmente publicó en 1997, el mismo año del estreno en Argentina de Trainspotting, la película del inglés Danny Boyle con protagonistas que permanecen tan drogados y tan ávidos de dinero que perfectamente habrían podido cometer el mismo hurto que El Nene y Dorda llevaron a cabo en el Parque San Fernando, un suburbio del Gran Buenos Aires, según la reconstrucción de Piglia.

Plata quemada es una novela histórica. Parte de un hecho de la vida real: de un crimen de esos que acaparan la atención de la crónica roja y luego se hunden en el olvido. En el epílogo de Plata quemada, que podría ser también el prólogo, el narrador informa que el 27 de septiembre de 1965 se cometió un hurto en Buenos Aires y los ladrones emprendieron una huida frenética que los llevó hasta Montevideo. La fuga terminó el 6 de noviembre del mismo año.
 
El material informativo que da origen a la novela es ese. En su momento la prensa registró la noticia con fruición pero con los días las noticias nuevas sepultaron a las viejas, como suele ocurrir. La maestría de Piglia consiste en tomar esa información y convertirla años después en literatura. Piglia toma una noticia criminal vieja (como hace Gabo en Crónica de una muerte anunciada) y amasa los datos para cocinar algo nuevo. Los ingredientes, es decir los datos y el contexto de la época, estaban en los periódicos que se empolvan en los archivos de las bibliotecas.

Plata quemada es una novela histórica porque se basa en un hecho real ocurrido en el pasado, pero no es una novela histórica convencional. En Piglia la historia está para transgredirla, para dessacralizarla, para violarla. La historia particular del crimen pero también, en términos más amplios, la historia de Argentina. El autor tiene claro el rol de los héroes: El Gaucho Dorda, uno de los dos protagonistas, (el otro es El Nene) es un asesino ex convicto que pasa todo el día drogado, oye voces, es homosexual y habla poco. Su único interés, además de la droga, es la lectura de la revista Mecánica Popular. Pues bien, sobre Dorda escribe Piglia:
Parado y tirando con las dos manos, sereno, bum, bum, con una elegancia y los canas cagados de miedo. Cuando ven a un tipo así, decidido, que no le importa un belín, le tienen respeto. Si hubiera una guerra, supongamos que hubiera nacido en la época del general San Martín, el Gaucho, decía El Nene, bueno, tendría un monumento. Sería, no sé, qué se yo, un héroe, pero nació fuera de época (P. 56).

Las transgresiones en Plata quemada son varias. Para empezar, el concepto mismo de la plata, del dinero, que interesa por su valor de cambio. El título habla del acto de quemar billetes, que puede ser el mayor gesto de desapego al sistema capitalista: tener dinero para dilapidarlo: no para regalarlo como gesto populista, sino para destruirlo, para hacer visible lo obvio: que el dinero es papel. Se lee en la obra: “… quedó una pila de ceniza, una pila funeraria de los valores de la sociedad”. Esa postura política de la novela está clara desde el epígrafe, una frase de Bertolt Brecht: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?”.

Los elementos con los que se construye la historia son también transgresores. Plata quemada es una novela de antihéroes. Los policías son corruptos personajes que se dedican a la picana mientras esperan la jubilación, y los protagonistas, Dorda, El Nene y su entorno, son ex presidiarios sin interés en redimirse. Los mueve, si acaso, el afán de conseguir plata para irse de Argentina e instalarse en Nueva York, en una forma de evidenciar que el sueño americano es una constante latina que permea todas las capas sociales y todos los imaginarios, desde hace décadas.

Mientras preparan el robo y la fuga, Dorda, El Nene, Malito y Mereles meten cocaína, se empepan, fuman marihuana, ven televisión, hablan banalidades (como los diálogos de los criminales de Tarantino) y tienen sexo en distintas variedades. “Cuando la carne escaseaba, se acostaban juntos, El Nene y el Gaucho Rubio” (p. 54). Las mujeres de la novela, sin excepción, cumplen uno de estos dos roles: son sus madres o son objetos sexuales: “A veces pensaba en una mujer y la sentaba en la ventana de la celda y le empezaba a chupar el clítoris, podía ser cualquier mina, mi hermana podía ser” (p. 68).

Plata quemada es una transgresora novela histórica que además propone una cartografía distinta de Buenos Aires. La capital argentina de estas páginas está muy lejos de la París suramericana que sueñan sus habitantes. Aparecen el subte, la Plaza de San Fernando, Rivadavia, Florida, el cine del Rex y el Tigre. Pero también Adrogué, la provincia en donde nació Piglia y en algún momento de la novela se dice de un personaje que prefiere la periferia. El autor nos habla de los límites en su sentido sociológico pero también geográfico, y de las relaciones entre ambas marginalidades. La estética bizarra del lenguaje concuerda con los espacios elegidos: en vez de narrar calles bonitas y edificios de mármol, Piglia prefiere describir otras arquitecturas. En este sentido Plata quemada es una obra que en sus páginas incluye personajes borde, pero también barrios y calles que distan de la postal turística, el lujo y el glamour. De hecho, buena parte de la novela ocurre de puertas para adentro, en cuartos a puerta cerrada, que corresponden a esta descripción: “las paredes vacías dan al ambiente el tono de precariedad que tienen los lugares así” (p.99).

Es también interesante el rol que le da Piglia a los medios de comunicación. No sólo le dan la oportunidad de incluir también en estas páginas a su querido personaje Emilio Renzi, sino que además muestran la relación ambigua entre los medios y sus receptores: por un lado, el lenguaje impostado y aséptico que usan  algunos periodistas para describir la acción en caliente, reproduciendo versiones oficiales, pero por otro lado los medios aparecen como validadores de la realidad. En medio de la balacera final el narrador cuenta que los protagonistas “habían  puesto el televisor en el piso para que no lo reventaran las balas y a ratos, cuando había una pausa, miraban lo que pasaba en la calle. También escuchaban el relato de los hechos transmitidos por Radio Carve, la voz de alterada de los locutores que se turnaban para contar los tremendos momentos vividos en la ciudad de Montevideo” (p. 108). Sobre Malito, el único de los cuatro sobrevivientes que no participa en la balacera final, se ha dicho setenta páginas antes: “Malito era entonces, como todos los pistoleros profesionales, un ávido lector de la página policial de los diarios, y ésa era una de sus debilidades” (p. 40).

No se trata, en todo caso, de un triller más. Plata quemada tiene un trabajo minucioso del lenguaje y un elemento que la potencia como obra: el humor. El narrador parece pensar que no hay nada sagrado en la Argentina: ni los militares, ni los policías, ni la religión, ni el sistema financiero ni Perón, ni Evita, ni la belleza de la ciudad. Todo puede ser objeto de burla y nada más eficaz que el humor para desnudar tiranías y autoritarismos.

Como todos los libros, Plata quemada tiene varias capas de lectura. El robo es una anécdota que permite mostrar un contexto de corrupción, capitalismo, exclusión y decadencia, sin discursos moralizantes. Sin embargo, quizás no es necesario que el lector haga todos estos análisis para disfrutar un libro como éste, que es un enorme divertimento. Ya lo decía la revista Selecciones del Reader´s Digest: la risa, remedio infalible.  


Plata quemada
Ricardo Piglia
Penguin Random House
Buenos Aires, 2013 (primera edición 1997)
172 páginas

miércoles, 15 de agosto de 2018

Mi unicornio azul, de Rigoberto Gil

En una ocasión le escuché decir a Alonso Sánchez Baute que cuando Jorge Alí Triana adaptó al teatro su novela "La maldita primavera", identificó más de 300 referencias musicales en el texto original en canciones de todo tipo, empezando por la música de plancha que le dio título.

"Mi unicornio azul", la novela de Rigoberto Gil Montoya que en 2014 ganó el Premio Nacional de Cultura de la Universidad de Antioquia y que acaba de reeditar la UTP, también tiene nombre de canción y numerosas referencias en sus páginas: desde las canciones-protesta de Puebla y El cóndor pasa hasta, por supuesto, el famoso unicornio azul que ayer se me perdió. 

Menciono las referencias porque "Mi unicornio azul" es un texto construido a partir de su uso: además de las musicales está lleno de alusiones literarias y cinematográficas. No hay una de sus 239 páginas que carezca de alguna referencia. Algunas son explícitas con nombre propio (se necesita atrevimiento para juntar en un mismo texto a Paul Auster, Bukowski, Eduardo Galeano, Fitzgerald, Carver, Walter Riso, Efraim Medina Reyes, Benedetti, Cercas, Marías, Coetzee y Juventud en éxtasis) y otras implícitas en juegos de palabras que aluden al Ensayo sobre la ceguera, El nombre de la rosa, Aura y otro sin fin de novelas y películas. Detectarlas puede ser un ejercicio entretenido.


La anécdota de la novela es sencilla: Juanmi, un chico que trabaja en el departamento de Sistemas de una universidad pública, se ve involucrado en una jornada de protesta estudiantil que incluye arengas, papas bombas, marihuana, golpizas y deseo erótico. Todo ocurre en un único espacio, la universidad, y en un único día. Aunque no se menciona la ciudad en la que ocurre la novela (podría ser en la Universidad Tecnológica de Pereira o en la Universidad Nacional, o cualquier universidad pública), la época de los hechos sí es clara: el gobierno de la seguridad democrática de Alvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010. "-Señor presidente: ¡desmovilícese!" le dicen varias veces a lo largo del texto, en una de las distintas frases que se repiten como mantra a través de los ocho capítulos.

En 2009 Miguel Angel Manrique publicó "Disturbio", una novela que tiene a la Universidad Nacional como protagonista. "Mi unicornio azul" utiliza el mismo escenario pero es muy distinta en el tratamiento del lenguaje: Rigoberto Gil le apuesta al humor. Su novela es un divertimento construido no tanto a partir de situaciones cómicas (si acaso son tragicómicas) sino más bien a partir de las palabras que el autor elige para cada una de sus frases. Gil toma el lenguaje mamerto de los estudiantes revoltosos y lo exprime hasta evidenciar sus propias ridiculeces. En ese sentido, se trata de una novela que no es políticamente correcta y se aleja de la reflexión intelectual academicista. Es más bien una burla llena de guiños íntimos a los códigos y prejuicios que circulan en las universidades.

No creo que se trate de una novela para todo tipo de público, y eso no es, ni mucho menos, una desventaja. Es un texto que deleitarán mejor quienes han pasado por un ambiente universitario y, sobre todo,  quienes pueden identificar los libros, autores, personajes y películas a los que alude el autor. Pero incluso es posible que quienes no reúnan estas dos características puedan disfrutar el libro, siempre y cuando tengan buena disposición para la risa. Este libro es un artefacto de inteligente burla.

Algunas frases:
"Ella miró de soslayo mi perfil, mi real Facebook".

"Diversas corrientes de extrema izquierda y extrema derecha, e incluso exóticos grupos ambidiestros".

"Muchachitas de Industrial que leían a Riso y a Coelho en ediciones resumidas".

"a decirle cosas bonitas, cosas de la era sensible, de esas que se le ocurren a uno mientras observa con deleite una escena porno en casa de su mejor amiga".

"les parecía muy difícil discernir mis discursos propios de aquellos que citaba sin comillas y lo peor: cada vez que hablaba, ellos tenían la impresión de que eso, o bien ya lo había dicho, o bien ellos lo habían leído en otra parte".

"¿No aclaraba esta disputa que los problemas del mundo son, en efecto, un problema de lenguaje?"

"debes entenderlo un poco, al Che. Tuvo cinco hijos y eso para ningún hombre es sano, le hace perder un poco el contacto con la realidad".

"No puedes entregarle el país a un hombre cuyo padre ha sido asesinado, ni la redacción de su carta programática al galimático pariente de Pablo, el gran filósofo del crimen organizado".

"Gorbachov se convirtió en un ejecutivo y costoso conferencista del pensamiento neoliberal, tipo Clinton -una rama sólida de la reingeniería capitalista, deduje- y el muro de Berlín se vendió en pedazos como souvenir".

"La autonomía universitaria del lado de los estudiantes opera así: una gran minoría decide sobre la mayoría".

"una mujer no es más que el tránsito hacia otra mujer".


Mi unicornio azul
Rigoberto Gil Montoya
Editorial UTP (primera edición UdeA, 2014)
Pereira
2018
251 páginas



lunes, 7 de agosto de 2017

Tácticas contra el tedio, de Mauricio Bernal

Santiago Buscáceres tiene 49 años, una esposa, dos hijos grandes, una hija recién nacida, un trabajo como profesor de colegio y una vida terriblemente tediosa: "la más sofisticada de sus expectativas tiene que ver con la elección de un lugar para pasar las siguientes vacaciones en familia".

Sin embargo, un golpe de suerte le da la oportunidad de cambiar esa monotonía. La forma en la que Santiago decide romper con su rutina es la nuez de esta segunda novela del periodista Mauricio Bernal Rodríguez, bogotano radicado desde hace más de una década en Barcelona.

La historia ocurre en un pequeño pueblo de más de 10.000 habitantes en un país que puede ser España o Colombia. No se precisa ni hace falta porque el tedio de la vida urbana contemporánea de una familia de clase media puede ser parecido en muchas ciudades. La maestría de Mauricio consiste, a mi modo de ver, en hacer una disección del tedio, del aburrimiento, sin aburrir al lector. Al contrario: la historia tiene giros inesperados y un humor negro, sarcástico, que hace de esta lectura una sorpresa agradable al tiempo que perturbadora. 

Levantarse, asearse, comer, trabajar, hablar, dormir. Actos repetidos día tras día durante todos los días. En eso consiste la vida de muchos. Vidas libres que parecen a una cárcel. Sobre eso reflexiona Mauricio Bernal en una novela que merecería más lectores y comentarios. 


Algunas frases:

recuerda que es domingo, el peor del día para descansar: nadie trabaja, nadie va al colegio, todos entran y salen y saludan y se despiden y consideran obligatorio entablar conversación, decirse lo que no tienen tiempo de decirse durante el resto de la semana.

una tregua que ha dado como resultado una convivencia en la que ambos hacen de morderse la lengua una práctica cotidiana. En su caso no ha supuesto un esfuerzo considerable; deja que el tiempo pase, que la rutina se agote, permite que los días se vayan acumulando y delega en el tiempo la responsabilidad de que algo venga a cambiarlo todo.

la más sofisticada de sus expectativas tiene que ver con la elección de un lugar para pasar las siguientes vacaciones en familia, y que sus pequeños destinos son un espejo en el que puede reflejarse el universo. Se da cuenta, por supuesto, de que su conciencia del mañana es ser conscientes de que el mañana no les depara nada distinto del presente. 

Un hijo, dos hijos, tres hijos: el tercero no cambia nada. Un padre de familia es un padre de familia, tenga los hijos que tenga.

por supuesto que estaba a favor del aborto, del derecho al aborto, del derecho a decidir, pero una cosa era formularlo y otra muy distinta ponerlo en práctica... con su hija. ¿Cuántos padres viven y mueren en la felicidad de la ignorancia, sin saber ni intuir que sus hijas pasaron alguna vez por una clínica de abortos?

En realidad no tuvo nunca ninguna idea, en realidad lo único que hizo fue obedecer el impulso simple de huir pensando que en la huida estaba la respuesta. Pero ahora tiene claro que se ha equivocado.

ahora no sólo sabe que escapar no es simplemente tomarse unas vacaciones sino que la más provechosa de las huidas es la transformación.

¿Anhelaba una vida distinta? La va a tener, su vida distinta, pero la va a tener aquí, en un mundo cerrado, sin posibilidades, sin ilusiones, en un mundo donde no hay que anhelar nada porque todo está escrito, pensado de antemano, donde lo único que se precisa es sumisión, incorporación a la rueda; dejarse llevar.

El ridículo sólo es posible cuando la mirada de censura del otro logra que nos sintamos incómodos.


Tácticas contra el tedio
Mauricio Bernal Rodríguez
Villegas Editores
Bogotá, 2008
287 páginas

lunes, 11 de mayo de 2015

Disturbio, de Miguel Angel Manrique

Los amantes de la lectura, de los libros y del placer por la literatura, que han padecido conferencias o ensayos sobre el postestructuralismo, la deconstrucción del texto o los análisis de obras con ínfulas de ciencia, se sentirán reivindicados cuando conozcan a Manuel Martínez, el protagonista de Disturbio.

Manuel es un estudiante de literatura de la Universidad Nacional (la Nacho es la verdadera protagonista de esta historia), que sufre el rechazo de sus compañeros por ser pobre, feo y por no ser intelectual: lee Stephen King en vez de los formalistas rusos, le gusta el comic y se viste de sudadera gris y no con el disfraz de bufanda, boina o sombrero que usan los intelectuales para verse como tales.

A Manuel le ocurren cosas: se rapa, descubre que su papá no murió sino que lo abandonó, se enamora de la niña rica del curso, consigue amigos, presencia un homicidio. Y en medio de toda esta cotidianidad de estudiante universitario, se entretejen las historias de sus profesores, sus compañeros de clases y su mamá, que lentamente se van enredando unas con otras hasta explotar como coctel molotov en un disturbio de esos tan característicos de la Nacional, como el Jardín de Freud, la biblioteca o las cafeterías.

Esta obra ganó el Premio Nacional de Novela 2008 por su humor, su sarcasmo, su crítica a la pose de ciertos literatos, que tienen más contacto con el análisis del análisis del análisis, que con las obras literarias. 

Podría decirse que algunos personajes se transforman demasiado rápido, o sin una causa aparente, aunque también puede pensarse que la juventud es así, de cambio vertiginoso y sin motivo. Sin embargo, más allá de Manuel, Omar, Iris, Sara, Victoria y los demás personajes, el gran retrato que construye Disturbio es el del campus de la U. Nacional en la Avenida el Dorado: Aparecen sus entradas por la 26, la 45 y la 50; sus salones, sus baños, la biblioteca, el pasto, las oficinas. Así como Orlando Mejía Rivera logra una construcción literaria de la Universidad de Caldas en Recordando a Bosé, Miguel Angel Manrique hace lo propio con la Nacional en Disturbio y este sólo hecho es suficiente motivo para animarse a leerla.

Algunas frases:
Consideraba las historietas, el arte por excelencia de las clases medias.

tienes la mentalidad del funcionario. Cobarde y sumisa. El funcionario siempre tiene miedo de que lo echen a la calle como a un trasto viejo. Sabe que está ahí, porque sus superiores lo han decidido. 

Ya sabes, la vida es una excepción de la muerte.

Nadie quiere morir con las uñas sucias y las medias rotas.

De rutinas neuróticas, de círculos viciosos está hecha la vida.

concluyó que hablar de sexo en cualquier expresión de la cultura era un problema menor.

Sara intentó imaginar el futuro al lado de Manuel. Trató de construir un mundo más allá del presente que vivía, pero no pudo. Entonces se consoló con el pasado.


Disturbio
Miguel Angel Manrique
Editorial Seix Barral
Primera edición: mayo de 2009
Bogotá
195 páginas

domingo, 1 de diciembre de 2013

Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute

El lenguaje desbocado, desaforado del personaje es el imán que agarra al lector desde la primera página de esta novela. Un protagonista entrañable del mundo gay de Bogotá, aunque lleno de defectos: mentiroso, vividor, conchudo, mantenido, superficial, holgazán, interesado, etc... que sin embargo cautiva con su conocimiento general sobre temas vacuos, su facilidad de labia y su desparpajo.

Se trata de una novela sobre el mundo gay de Bogotá, pero también de una novela sobre el habla, sobre la oralidad. Está escrita a la velocidad en la que conversa el narrador, Edwin Rodríguez Buelvas, y en la forma que habla, que es saltando de un tema a otro, y luego a un tercero, para regresar al primero, mezclando en la conversación canciones populares, actores de cine, citas de la revista Vanidades y chismes de farándula. Una novela muy entretenida, muy bien escrita, que cuenta con humor el drama de la soledad y la incomprensión del mundo gay. Un mundo que incluye discotecas, bares, gimnasios, el Carulla de la 64, Apolos, saunas, jacuzzis, turcos, fiestas, el Parque Nacional, los baños de Granahorrar, el Terraza Pasteur, y toda una geografía de los puntos de encuentro gay de Bogotá. 

Algunas frases (el libro tiene numerosas frases dignas de subrayarse):

No pienso detenerme un minuto a contar cosas sobre mi niñez o adolescencia, ya que hará marras que aprendí que la sensibilidad no es más que vulnerabilidad aprovechable.

desde que era un pelaíto yo entendí que mi rollo era con los hombres y, por lo tanto, sería la oveja rosada de la familia. Y supe además para entonces que la vida es dura y la gente es mala.

Quien me conocía no podía dejar de hablar de mí, generalmente mal, lo cual es muy bueno porque eso demuestra que uno va un paso más adelante en esta vida.

La soledad es una constante homosexual.

Y yo me pregunto: ¿para qué diablos sirve una tragedia si no puede ser contada?

y sobre mi familia que ha comido en bandeja de plata por más de tres generaciones.

al tiempo que veía una larga fila india de hormiguitas que se metían en un hueco en la tierra, y jugué un rato esparciendo la arena sobre la entrada al nido, viendo salir aterradas a las hormiguitas. Pensé entonces, medio divertido, que definitivamente los gays somos como las hormgas: si nos tapan el huequito nos enloquecemos.

para poder sobrevivir a la soledad de la vejez, que es la peor de todas las soledades.

siempre es bueno que hablen de uno, y si es mal, mejor, porque eso significa que uno está haciendo bien las cosas y está ascendiendo e imponiéndose sobre todo el mundo.

después de la tempestad viene la calma, pero hay que ver lo rica que es la tempestad.

muchos de estos prejuicios provienen es de las religiones, que son el instrumento perfecto de la creación humana para joderse la vida.

Por eso, macho yo, que soy tan pasiva, pero al menos tengo el coraje de acostarme con quien me dé la gana y llevar a cabo cualquier fantasía que se me cruce por mi bello cerebrito sin necesidad de vivir temeroso ante el qué dirán.

un culo lo más de espectacular con los tres itos: redondito, paradito y durito.

Bogotá, donde uno podría fácilmente ser feliz si no fuera por la envidia de la gente.

!Primero tuerta que con lentes!
!Primero calva que con trenzas!

del amor que aprendí a sentir por mí mismo, que es el único que nos permite amar a los demás.

preocuparse no es más que anticiparse a un problema que muy posiblemente no llegue a existir jamás.


Al diablo la maldita primavera
Alonso Sánchez Baute
Editorial Punto de Lectura
2003
276 páginas