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martes, 15 de octubre de 2024

La clase de griego, de Han Kang

Si "La vegetariana" parte de la pregunta ¿qué pasa si una mujer decide dejar de comer? "La clase de griego" parece ser la respuesta a ¿qué pasa si una mujer decide dejar de hablar?. Al igual que en "La vegetariana", en "La clase de griego" la premio Nobel Han Kang habla de sueños, pesadillas, de mujer divorciadas en la conservadora sociedad contemporánea de Corea, en donde el machismo se observa desde la aniquilación de la voz femenina hasta escenas de mujeres que reciben bofetadas. Hay también en los dos libros manchas marrón de sangre seca en la ropa, numerosos personajes sin nombre y 
árboles que se mueven como si fueran humanos o animales. Hay un lenguaje poético y reflexión sobre las honduras de la condición humana. Hay muchos elementos comunes y sin embargo la experiencia lectora es tan distinta que por momentos parecen libros escritos por dos autores diferentes. 

Mientras "La vegetariana" tiene un ritmo trepidante, de vértigo, en La clase de griego se privilegia la lentitud. La autora presenta a un profesor de griego que está a punto de perder la vista y a una estudiante de esta lengua muerta que, por segunda vez en su vida, ha dejado de hablar. El encuentro entre un hombre que pronto verá en sueños y una mujer a la que él no puede oír y tampoco podrá ver provoca una necesidad de aguzar otros sentidos. 

En esta novela Han Kang habla menciona el racismo que sufren los coreanos en Alemania, pero no se trata de una novela de denuncia. Hay dos cuerpos que transitan por Seúl en profunda soledad y la desconexión sensorial es la metáfora de sociedades en las que hay poco contacto. La obra también es una oda a la literatura, desde Borges hasta Platón: una reflexión sobre el sistema de pensamiento que se pierde cuando se muere una lengua, sobre las distintas dimesiones de significado que tienen las palabras a través de los siglos y sobre los lenguajes no convencionales, como la lengua de señas, el braille y otros sitemas. 

"La clase de griego" es una obra para paladear, para detenerse con lentitud en cada página, en los párrafos que son poemas, en las frases que evidencian por qué este premio Nobel estuvo bien asignado.


Algunos subrayados

sentía vergüenza de las oraciones que se desprendían de su lengua y de sus dedos como blancos hilos de telaraña (p. 15).

El lenguaje, que la aprisionaba y la hería como una prenda hecha con miles de alfileres, desapareció de un día para otro. Podía oirlo, pero su silencio como una gruesa y compacta capa de aire se interponía entre el caracol de sus oídos y el cerebro (p. 15). 

Una vez que alcanza su cota máxima, la lengua cambia hacia formas más sencillas, descendiendo en una curva suave y gradual. En cierto modo se trata de un deterioro, de su decadencia, pero desde otro punto de vista, supone un avance. Las lenguas europeas de hoy en día son el resultado de un largo proceso de evolución que las hizo menos estrictas, menos elaboradas y menos complicadas (p. 29). 

La gente cree que cuando dejas de ver bien empiezas a oír mejor, pero eso no es cierto. Lo que percibes, sobre todo, es el paso del tiempo (p. 38). 

Aunque cada tanto ocurra algo que valga la pena recordar, se borra sin dejar rastro alguno, sepultado bajo la mole gigantesca y opaca del tiempo (p. 39). 

descubrí que estar enamorado era como estar poseído (p. 44).

yo no habría necesitado tu voz tras quedarme ciego, pues, al mismo tiempo que el mundo visible se alejase de mí como la bajamar, nuestro silencio se había ido perfeccionando a la par (p. 47).

Simplemente no le gustaba acaparar espacio. Todo el mundo ocupa un espacio físico proporcional al volumen de su cuerpo, pero la voz se propaga a una distancia aún mayor. Y ella no deseaba amplificar de ese modo su persona (p. 50).

Para ella no existía una forma de relacionarse más inmediata y directa que la mirada, pues era la única forma de establecer contacto sin tocarse (p. 54). 

A veces no se siente como una persona, sino más bien como una sustancia, una materia sólida o líquida en movimiento. Cuando come arroz caliente, se siente arroz; cuando se lava la cara con agua fría, se siente agua (p. 58).

últimamente todo lo que escribo se convierte enseguida en algo apagado y sin vida (p. 72).

A veces me quedo pensando
en lo extraño que es formar parte de una familia,
en lo extrañamente triste que es eso (p. 78).

Cuando algún día escriba un libro, me gustaría que también tuviera una edición en braille, para que alguien lo leyera pasando sus dedos por cada letra y cada línea hasta el final. Eso sería como... una auténtica conexión, como tocar de verdad a esa persona (p. 107).

Que cuando le devolvamos al mundo material la vida, lo más frágil, blando y triste que poseemos, no recibiremos ninguna compensación. Que cuando llegue ese día, no podré recordar todas las experiencias que habré acumulado hasta entonces en términos de belleza (p. 117).

Tomé conciencia de que el cuerpo humano es triste, de que está lleno de zonas cóncavas, suaves y vulnerables, como brazos, axilas, pecho y entrepierna; de que es un cuerpo nacido para abrazar y desear el abrazo de alguien (p. 120).

Con el tiempo... sólo veré en sueños (p. 148).

Me aterra no poder enmendar las palabras una vez pronunciadas, que esas palabras sepan mucho más de lo que yo sé (p. 155).



La clase de griego
Han Kang
Traducción de Sunme Yoon
Penguin Random House
Bogotá
Septiembre de 2023 (publicado originalmente en coreano en 2011)
176 páginas

lunes, 19 de agosto de 2024

Vivencias, de Dorian Hoyos Parra


Los poemas de Dorian Hoyos Parra son pequeñas observaciones sobre aspectos íntimos, mínimos. Ofrecen una lupa para mirar en aumento las minúsculas vivencias de la vida cotidiana: el pájaro que cae de un árbol, la maestra de primerito, la pluma del pavo real, la casa dispuesta para el regreso del amado. Y así, a partir de pequños objetos, Dorian Hoyos presenta su visión sobre el amor y el desamor, la maternidad, la familia y la muerte en 33 poemas cortos, algunos de muy pocas líneas.

Dos poemas de este poemario me tocaron de manera especial: "Adolescencia", que comienza diciendo "mi nieto tiene doce años" y justo es la edad que hoy tiene mi hija; y "Tu ausencia", en el que le dice a un suicida "te queremos en el espacio, el tiempo y las incógnitas".

Otro poema vívido es "Visión de hogar en el año mil novecientos sesenta", en el que la poeta describe, como si fuera una crónica, "la larga mesa, el sofá mullido, la tibia alcoba" y todo lo que ha dispuesto para recibir a su pareja que llega de viaje (¡y se enoja!). Mucha cotidianidad y verdad en unos cuantos versos que construyen una imagen real de una pareja que no es perfecta.


Vivencias
Dorian Hoyos Parra
La nueva editorial
Manizales
Mayo de 2013
90 páginas

martes, 11 de junio de 2024

Bitácora de vuelo, de Ana María Robledo Jaramillo

"Bitácora de vuelo" es un poemario que reune 22 poemas de Ana María Robledo Jaramillo, autora nacida en Manizales en 1953 y quien, según se lee en el mismo volumen, ha publicado otros libros de poemas, así como un cuento infantil.

Los poemas de este libro giran en torno al amor, al encuentro amoroso con el amado que está ausente, y al viaje. El poema "Camino a ti" trae referentes concretos de Manizales, como la Carrera 23 y el Banco de la República, pero es una excepción en la poética de la autora, que prefiere ubicar sus creaciones en espacios etéreos o lejanos. El viaje como motivo poético es uno de los ejes de este volumen.

Es una lástima que una colección editada por la Secretaría de CUltura de la Gobernación de Caldas tenga tanto descuido en la edición de los textos: gazapos, errores de mayúsculas y otro tipo de descuidos que podrían solucionarse con un trabajo riguroso de edición y corrección.


Bitácora de vuelo
Ana María Robledo Jaramillo
Gobernación de Caldas, Secretaría de Cultura. Colección Libros al aire.
Manizales
Noviembre de 2023
48 páginas

viernes, 15 de marzo de 2024

Haz que no me pierdan sus palabras, de Elvira Alejandra Quintero

En "Haz que no me pierdan tus palabras" la poeta Elvira Alejandra Quintero compila poemas escritos en distintas épocas, según se indica en el prólogo, con una unidad temática clara: el amor, el desamor, las relaciones afectivas y el sexo.

Guillermo Eduardo Pilía, profesor de la Universidad de La Plata, escribe en el prólogo: "la voz poética de Elvira Alejandra Quintero es personal e inconfundible. Es fácil reconocerla por esa singularidad entre cientos y cientos de voces con las que habla la poesía hispanoamericana de hoy. Profunda, lenta, grave, oblicua por momentos y con frecuencia llana, con sutiles pinceladas de desparpajo, de dulzura, de femineidad, de erotismo. Toda ella se desenvuelve en una atmósfera de atemporalidad, casi siempre en geografías de ensueño, que intensifican su carácter universal".

Este poemario editado en España incluye 75 poemas en los que la autora transita por las distintas etapas del amor: desde el deslumbramiento de los primeros días y el anhelo por la próxima cita hasta el abandono y el desengaño.

En "Ritos", el poema que abre el libro, la autora escribe: "otra Elvira recorre el mundo con los dedos". ¿Son los versos de este libro pasajes de la Elvira Alejandra que firma? ¿o corresponden a esa "otra Elvira" ficcional que se plantea desde el comienzo? El juego de espejos que se plantea desde el inicio se desdobla en el yo y el otro, el amante y el amado. La palabra escrita aparece como el tercer elemento de la relación entre dos: en estos poemas es la palabra la que permite nombrar el milagro, o sanar el dolor. 

Algunos subrayados

De "El libro"
En alguna de las pesadillas soy una poetisa encerrada en su alta torre, dedicada a escribir un libro de poemas de amor.
 
De "Ventana del amor perdido"
Recuerdo que hubo otros poemas en que intentaba lo sórdido, lo oscuro

De "Devenir de la ausencia"
Ya vendrá el tiempo de los poemas felices ceñidos a los cuerpos de las muchachas callearriba cuidando el abrazo del amor.

De "Desdicha"
El amor es una turbia experiencia donde otra vez al fuego se ponen a arder los recuerdos

De "Insomnio"
Sólo espero que esta escritura alivie mi corazón.

De "Ahora"
Mucho he retado a Dios 
diciendo que no existirá más para mí
si no cumple el favor 
de hacer que regreses.


De "Del camino"
Vengo de un país donde no brilla más el sol 
sino el cuchillo que aniquiló los cuerpos 
y los volvió carne sin nombre bajo otros miles de cuerpos.




Haz que no me pierdan sus palabras
Elvira Alejandra Quintero
Pigmalión Edypro
Enero de 2022
Madrid, España
114 páginas

sábado, 9 de marzo de 2024

En agosto nos vemos, de Gabriel García Márquez

Un libro debe ser autosuficiente. Defenderse por sí mismo y ser leído sin tener en cuenta la biografía o circunstancias del autor. Al fin y al cabo la literatura tiene pretensión de inmortalidad y lo escrito permanece mucho más allá de la vida del escritor. 

No obstante es imposible leer "En agosto nos vemos" sin pensar en el alzheimer que afectó a Gabriel García Márquez en sus últimos años y en la decisión que tomaron sus dos hijos varones (porque por supuesto Indira Cato, la hija no reconocida, no es tenida en cuenta para estas determinaciones) de publicar esta novela aunque su padre de manera expresa hubiera pedido que no lo hicieran. Ellos se justifican diciendo que su padre también dijo que después de muerto ellos podían hacer lo que quisieran y que quizá la enfermedad de los últimos años le había afectado el criterio que tuvo antes para juzgar su propia obra con rigor. 

En el prólogo los dos hijos, Rodrigo y Gonzalo García Barcha, se autoexculpan así: "si ellos (los lectores) lo celebran (el libro), es posible que Gabo nos perdone. En eso confiamos". Como leer a García Márquez suele ser un deleite entonces van sobre seguro. Como escribió Juan Esteban Constaín: hasta la novela más mala de un genio como García Márquez es mejor que los mejores libros de muchos escritores. Y claro que es mejor que muchas de las novelas que se publican cada año, en una avalancha de títulos para el olvido.

Y sin embargo... 

Desde que se anunció que "En agosto nos vemos" saldría el 6 de marzo de 2024 en simultánea en más de 30 países encargué el mío. He leído la obra completa de García Márquez y no iba a dejar de leer esta última publicación. No haber acudido a esta última cita habría sido una traición de lectora, aunque haberlo hecho también se siente como traición, porque es estar hurgando líneas que el autor no quería ver impresas para un público masivo.

Claro que "En agosto nos vemos" produce el placer de releer a Gabo. Aparece el Caribe, están esos sustantivos suyos tan deslumbrantes que obligan a consultar el diccionario, hace mucho calor y hay escenas sexuales llenas de sudor. El libro se puede leer en clave musical y como la protagonista siempre está leyendo, los títulos de esos libros son también guiños de García Márquez. Trae, además, la novedad de tener por primera vez en el conjunto de su obra a una mujer como protagonista íntegra y solitaria de una novela: Ana Magdalena Bach es una mujer que al comienzo del libro tiene 46 años y al final 50, y cada 16 de agosto viaja a una isla para dejar gladiolos en la tumba de su madre. Esos viajes, además, son un escape conyugal en el que encuentra cada año un amante distinto con el que pasa una noche que le sacia sus deseos.

Se ha dicho que esta mujer empoderada (porque claro que se ha usado ese término de moda para hablar de la libertad y autonomía de Ana Magdalena) es un justo cierre para la obra de Gabriel García Márquez, quien construyó personajes femeninos poderosos pero al final, en Memoria de mis putas tristes, dejó un sinsabor con una novela menor en la que el universo femenino se circunscribe a una prostituta de débil contundencia. En ese sentido, Ana Magdalena una reivindicación femenina y es, además y como si fuera poco, su mujer más contemporánea: la novela no precisa la época en la que ocurre ni el espacio, aunque quizás la isla podría ser quizás Aruba (que tiene un lago como el que se menciona en el libro), y la ciudad en la que habita Ana Magdalena sería Caracas, que tiene (por la alusión a la estatua de Bolívar y por la distancia de 4 horas entre la ciudad y la isla). En todo caso el libro sí ocurre en un tiempo contemporáneo al de la escritura, es decir a comienzos del siglo XXI, o si acaso a finales del siglo XX y por eso su protagonista es la mujer más moderna de todas las que construyó García Márquez.

Y sin embargo, después de leer los seis capítulos (algunos funcionan como cuentos) y de gozar el placer de visitar otra vez fulgores de la genialidad de García Márquez, no dejo de pensar en el dilema ético de la publicación de este libro, que es una traición expresa a la voluntad del autor. Por lo que escribe el editor Cristóbal Pera al final del libro, la versión publicada es una construcción a partir de armar el rompecabezas de distintas versiones que dejó García Márquez. Es decir: no hubo un único manuscrito sino múltiples versiones, con enmendaduras, comentarios y variaciones, y el editor tomó un poquito de aquí y otro de allá para entregar un texto definitivo, en el que incluso suprime frases para evitar contradicciones, como un personaje que en el manuscrito aparece con bigote al principio, pero el editor se lo quita porque de lo contrario sería incoherente con una parte que aparece al final del libro.

Estas correcciones del editor, sin embargo, no alcanzan para evitar que el texto tenga frases o expresiones cursis y repita varias fórmulas, un error de principiante que un genio como García Márquez sospecho que no perdonaría. Así, la novela repite líneas como "maestría de los dedos", "esta es mi noche de suerte", "mago de feria", "los brazos en cruz" e incluso en una misma página habla de "noche de perros" y "noche de lobos". ¿Así lo quiso el Nobel? difícil saberlo. Intuyo que lo que él quería fue lo que dijo claramente: pidió que no publicaran el libro porque no estaba terminado. En ese sentido veo en "En agosto nos vemos" el esbozo de una historia a la que aún le falta complejidad, con un personaje que actúa desde el deseo femenino pero se ve plano o predecible. Es una obra en borrador, que apenas insinúa sin desarrollar el hilo más interesante de la obra, que es el de la relaciones madre-hija: de Ana Magdalena con Micaela mamá y con Micaela hija. 

Los seguidores de García Márquez nos acercamos con ojos de vouyeur: con curiosidad morbosa y a la vez culposa, por estar leyendo lo que el autor quiso mantener en privado, y al mismo tiempo lo leemos con la indulgencia y la gratitud que nacen de otros libros de García Márquez que precedieron a éste, y en los que la genialidad de la escritura, la complejidad narrativa y el universo creado se ubica a una distancia enorme frente a esta novela menor. Leer a García Márquez con condescendencia es una afrenta que no merece.

Que los hijos publiquen esta novela con el argumento de la vejez y la demencia senil de su padre no deja de ser una paradoja: fue precisamente García Márquez quien en su literatura, con obras enormes como "El amor en los tiempos del cólera", "Cien años de soledad", "El coronel no tiene quien le escriba" y "El general en su laberinto" construyó un andamiaje poético potente para reflexionar sobre la dignidad y la validez de las decisiones que un ser humano toma al final de sus días.


Algunos subrayados
No le dejó ninguna iniciativa. Se acaballó sobre él hasta el alma y lo devoró para ella sola y sin pensar en él, hasta que ambos quedaron perplejos y exhaustos en una sopa de sudor (p. 28). 

Ella lo sometió al método mortal de no tomarlo en serio (p. 71).

le había abierto los ojos a la realidad de su matrimonio, sostenido hasta entonces por una felicidad convencional que esquivaba las discrepancias para no tropezar con ellas, como se esconde la basura debajo de la alfombra. Nunca habían sido más felices que enconces (p. 78).

-Infiel, nunca -dijo él-. Pero si lo que quieres es saber si me he acostado con alguien, hace años me advertiste que no lo quieres saber (p. 83). 

parecía hablar no tanto para decir como para ocultar (p. 97).

por no suscitarle alguna duda de hombre, que son las menos fáciles pero las más certeras (p. 107). 

-A mi edad -le dijo- todas las mujeres estamos solas (p. 118).

 llorando de rabia contra ella misma por la desgracia de ser mujer en un mundo de hombres (p. 120). 


En agosto nos vemos
Gabriel García Márquez
Penguin Random House
Bogotá
Marzo de 2024
144 páginas

miércoles, 10 de enero de 2024

La era de la ansiedad, de Roberto Palacio

Al comienzo de "La era de la ansiedad" su autor, el filósofo bogotano Roberto Palacio, advierte que el libro "está escrito de tal manera que cualquiera lo pueda entender. El que quiera pensar los tiempos en que vivimos quizá pueda encontrar algo de valor acá. Será una decepción, eso sí, para quien en él busque filosofía académica. O citas apa" (p. 19). La anotación se justifica por la bien ganada fama de los libros sobre filosofía: ladrillos pesados e inintelegibles que ahuyentan al lector no iniciado. 

Palacio se define a sí mismo como un "divulgador filosófico, ensayista y escritor" y en "La era de la ansiedad" desarrolla bien esos roles. Se trata de un ensayo de divulgación que aborda distintos conceptos que se sienten cercanos a la vida contemporánea y explica sus aristas a partir de las ideas de distintos autores que Palacio ha leído previamente y desglosa para el lector. 

El libro está compuesto por una introducción y 9 capítulos que, desde los títulos, dan cuenta del contenido de la obra: Identidad, El amor, La virtualidad, Cultura Woke, Argumentación, El conocimiento, La educación, La felicidad y Filosofía. Al final de cada capítulo Palacio presenta la bibliografía sugerida para ampliar el tema, con un comentario sobre cada obra (4 ó 5 libros por capítulo) lo cual hace que cada capítulo/ensayo se lea como una provocación para seguir ahondando en las elucubraciones que despierta. Los autores citados van desde Sartre y Camus hasta Martha Nussbaum, Bertrand Russell y Byung Chul Han, pasando por Montaigne, Socrates y Pascal, entre otros.

Palacio se muestra bastante crítico de la cultura woke, llama la atención sobre la vacuidad contemporánea que, desprovista de utopías, vacía la vida real para trasladarla al plano virtual, en donde tiene igual peso el que domina un libro de Dostoievsky y el que come 100 perros calientes en media hora. Señala que hay una confusión entre información y conocimiento y que en los tiempos actuales cotizan a la baja actividades como argumentar y pensar, lo cual se relaciona con una educación diseñada por competencias que buscan enseñar un oficio pero no enseñan a vivir/sentir ni a resolver situaciones complejas. En cambio, atiborran de actividades todos los espacios de la vida, para evitar el aburrimiento, con lo necesarios que son esos tiempos de ocio para poder pensar y crear.

Me hizo falta como lectora un capítulo de conclusiones o de cierre, una bibliografía unificada y quizás algún ensayo que abordara asuntos de filosofía política. La falta de debate de ideas políticas en el mundo contemporáneo se aborda en algunos capítulos y de hecho hay varias alusiones a Donald Trump, pero quizás faltó un ensayo dedicado de manera exclusiva a este tema. O quizás, como escribe el autor, esta carencia que encuentro revela un deseo personal: busco que el autor se interese en lo que me interesa a mí. 


Algunos subrayados

Dice el filósofo francés Michel Onfray que todos nacemos filósofos, pero solo unos tienen la suerte de seguirlo siendo cuando adultos (p. 14).

justamente esto es la ansiedad, el continuo palpitar del mundo dentro de nosotros cuando ya el vértigo y el peligro han cesado. Es la condición sin causa (p. 15).

la noción de “indignación” es central a la cultura contemporánea. (p. 18).

lo que más quisiéramos es ser alguien que no somos (p. 23).

detrás de los deseos de dejarse atrás por completo, se asomaba el odio difundido y masivo que está en todas partes: en las redes, en el trabajo, silencioso en las relaciones más cercanas. Odiamos lo que fuimos y no podemos modificar (p. 28)

Nuestra vida comienza a asemejarse a un programa de televisión que no tiene mucho sentido si no sale al aire (p. 30). 

No se trata ya de quién eres, sino de quién pareces ser. Ese eres realmente (p. 34).

¿Por qué nos parece prepotente la voz propia? El ejercicio de la voz, el ser deliberante, outspoken, se sienten como atrevimientos que pueden revelar nuestro secreto narcisismo y, en últimas, nuestras vulnerabilidades (p. 37).

Lo que más quiero del otro, entonces, es que me narre quién soy, cómo me ve; ¿cómo me veo en ti; cómo me ves?, ¿quién diablos soy yo para ti? La respuesta a esta pregunta es una que nunca me podrá dar el amante (p. 49).

Este es un conflicto característico del amor, volvámoslo a enunciar: quiero al otro capturado, al tiempo lo quiero libre. Lo que menos quiero es el compromiso jurado; nadie quiere oír decir al amante, recuerda Sartre, algo así como: ¡te amo porque me he comprometido a ello y no quiero desdecirme en mi palabra! (p. 52). 

El amor es tiempo: necesitamos tiempo para llegar a amar al otro, y, en otro sentido, si no se ama, no se dedica tiempo al otro (p. 55).

Hoy tenemos mascotas para vivir a través de ellas lo que quisiéramos ser pero no podemos: criaturas con tiempo infinito (p. 56)

No nos extrañará que muchas cosas en el mundo en el que vivimos no sean lo que parecen: la pornografía no es sexo, la política no es debate sobre las formas de gobierno. Ambas cosas, como diría Byung-Chul Han, son “representación”. Yo las llamo “coreografía”. La pornografía es coreografía, un cuidadoso y meticuloso estudio del ángulo que capta el acto sexual de una forma única; es interrupción constante y corrección exasperante, algo como la fotografía profesional de comida. La política también lo es. ¿No se pasa Kim Jong-un gran parte del día intentando pararse en el lugar preciso para que las ceremonias políticas se vean intachables? ¿No hay ejércitos de personas arreglando fotos para que no se vea en ellas nada inadecuado —tumultos pequeños, gente parada en lugares equivocados, los que no lloran en el funeral del líder? Es por ello que Slavoj Žižek dice que pornografía y política son dos caras de la misma moneda. Somos una realidad puesta en escena (p. 76).

Mientras el espacio público se vuelve íntimo, a quién ha de extrañar que el espacio institucional se vuelva uno de emociones. El periodista Niall Ferguson alguna vez afirmó que vivimos en una “emocracia”. Considérese el rol de las instituciones públicas; las sostiene en su lugar el deseo (P. 98).

El hablar de “narrativas” implica una independencia peligrosa de los hechos y de cualquier realidad objetiva (p. 104).

En el siglo xix teníamos la urbanidad de Carreño; hoy tenemos la corrección política (p. 107).

En mi país, la mermelada emocional se presenta como buenas maneras; no importa el abuso, si se despide a alguien o si se le insulta, siempre y cuando las palabras empleadas sean lo suficientemente floridas. Incluso, cuando se escuchan las grabaciones de los secuestradores que llaman a los familiares de los plagiados no es raro que el criminal, luego de la sarta de amenazas, termine diciendo algo como … y disculpe. Colombia es un país en el que puede ser más grave pasar sin saludar que disparar. Es común que cuando alguien es atracado, otros pregunten si el atracador fue amable. Es por ello que, al decir de Bertrand Russell, las buenas maneras son las formas de relación de los pueblos más barbáricos (p. 111).

La voz del que disiente se ha convertido en una especie de canto irresistible de las sirenas que toca silenciar, ¡porque es posible que cambie mi punto de vista! Se trata de un precepto personal (no concuerdo con una serie de ideas) convertido en obligación colectiva (nadie las debe escuchar) (p. 118).

El liberalismo contemporáneo es simplemente la libertad de poder ser más conservador que los conservadores, sin el estigma que ello implica (p. 121).

Argumentar no elimina la terquedad, no nos expone a ambientes más tolerantes. Tiene la capacidad contraria de sacar a relucir los dogmatismos. Pero mírese como se mire, en toda su imperfección, y hasta que una mejor estrategia sea inventada, la argumentación seguirá siendo una herramienta para evitar el dolor prevenible. ¿Por qué digo que la argumentación evita el dolor prevenible? De nuevo, fueron los antiguos griegos quienes dieron la clave acá: si no es por medio de argumentos, preguntaron, ¿cómo más persuadimos a otro a seguir un curso de acción? Con el cuchillo en el cuello, claro. Argumentar, por lo tanto, es una forma de evitar la violencia, la amenaza o al menos la furia enardecida de la indignación (p. 138).

Dos de los lenguajes principales del argumentar y del pensamiento crítico vienen contenidos en estas sencillas expresiones que usamos a diario: … supongamos que… … esto es como… Quien pueda incorporar una o las dos está en el camino de construir su propio pensar. De hecho, en mis seminarios sé que un estudiante ha aprendido a argumentar cuando usa en su lenguaje habitual con naturalidad estas expresiones (p. 146). 

un lugar común de nuestra forma de vida es que hemos externalizado casi todo… llevamos a cabo gran parte de nuestra vida fuera de nosotros: construimos la identidad en un espacio público aunque virtual de las redes sociales; hemos puesto en los escenarios públicos lo que amamos (p. 154).

mientras que en los mundos del conocimiento y la tecnología se intenta que las máquinas piensen como humanos, en los mundos “en desarrollo”, estamos en la tarea contraria de intentar que las personas piensen y actúen como máquinas a través de un algoritmo ciego (p. 158).

(Sobre la educación):  Mostramos nuestra admiración por otros o por lo que nos rodea, y a menudo los demás convierten esta mirada en propia, y la extienden como una parte de sus obsesiones e intereses (p. 175).

Educar tiene por objetivo convertirnos en seres abstractos, dice Rousseau, un ser que se puede exponer a cualquier accidente de la vida (p. 180)

Es muy común que los estudiantes, que bien pueden llevar diecinueve o veinte años sentados en un pupitre hacia el final de su proceso educativo, se hayan convertido en lo que llamo “estudiantes profesionales”. Son capaces de repetir una historia en una materia, la contraria en otra y ciertamente son expertos, como me consta, en generar el tipo de discurso que creen que su maestro quiere escuchar (p. 190).

Educar es mover a otro a ver sentido en donde no lo veía antes (p. 243).

 
La era de la ansiedad. Sobre el pensamiento y la emocionalidad en un mundo sin utopías
Roberto Palacio
Ariel, Editorial Planeta
Bogotá, 2023
264 páginas

jueves, 29 de diciembre de 2022

Los convidados de agosto, de Rosario Castellanos

Rosario Castellanos es una de las narradoras más importantes del siglo XX en México. El cuento Los convidados de agosto, reeditado en la colección Vientos del pueblo, del Fondo de Cultura Económica, permite acercarse al tono de su obra y a sus preocupaciones literarias. 

Emelina es una mujer soltera, con una hermana mayor, Ester que le recuerda su estado civil de manera constante, y con un hermano, Mateo, que se comporta como "el hombre de la casa".

Emelina siente verguenza de ser soltera. La soltería es una especie de carencia, de defecto social en su pueblo, Comitán de las Flores. Por eso, las fiestas anuales, con corrida de toros y tablado improvisado, son la oportunidad que identifica Emelina para conseguir, por fin, un hombre a quien querer. Y lo logra, aunque con un desenlace que ella no hubiese deseado.


Algunas frases

¿Cómo va a dejar huellas el tiempo si no nos ha tocado? Porque esperar (y ella no había hecho en su vida más que esperar) es permanecer al margen (p. 17).

Ella también llegaría a la vejez, pero sin haber estrechado entre sus brazoz más que fantasmas, sin haber llevado en sus entrañas más que deseos y sobre su pecho la pesadumbre, no de un cuerpo amado, sino de un ansia insatisfecha (p. 25).

Una mujer sola no es capaz de nada. Como yo, antes de que vinieras (p. 40). 

Los convidados de agosto
Rosario Castellanos (ilustraciones de Ricardo Peláez)
Fondo de Cultura Económica (colección Vientos del pueblo).
México, 2019
44 páginas

sábado, 17 de julio de 2021

Rendición, de Ray Loriga

Un hombre y una mujer viven en una comarca en un sitio indefinido y en una época también indefinida. Sus dos hijos, Pablo y Augusto, partieron para la guerra y no se sabe nada de ellos. A la casa llega un niño de cerca de 9 años. El niño no habla y la pareja empieza a tratarlo como un hijo al que llaman Julio. Los tres son obligados a dejar la comarca, quemar la casa y partir hacia la Ciudad Transparente, en donde les hacen un proceso de cristalización luego del cual él, el narrador, empieza a notar que vive permanentemente tranquilo, contento, incapaz de sentir rabia o incomodidad.

Rendición es una distopía con la que el español Ray Loriga ganó el Premio Alfaguara 2017. Mientras lo leí pensé en La Carretera, de Cormac McCarthy, y en La hora gris, de Eduardo Otálora. Se trata de una metáfora potente sobre la transparencia, la visibilidad, la pérdida de vida privada y la presión para amoldarse, adaptarse y no rebelarse. Es también una reflexión sobre la paternidad, sobre las relaciones padre-hijo y lo transformador que puede ser ese amor.

La novela está dividida en tres partes que a su vez se subdividen en capítulos cortos. Sólo se mencionan tres nombres propios (los tres hijos) y sólo hay un diálogo, al final. El resto del libro está narrado en primera persona del singular desde la voz de Él y es notorio el trabajo del autor al construir un narrador potente, con visos de humor, con ingenuidad y humildad, que se siente inferior a su esposa que describe acciones y reflexiona sobre ellas y que se transforma con enorme maestría a lo largo del relato. La construcción de ese narrador es motivo suficiente para haberle concedido a Loriga el Premio Alfaguara. Pero además el libro tiene potentes imágenes que develan la experiencia cinematográfica de un autor que busca perturbar.

Algunas frases 
La guerra no cambia nada por sí misma, sólo nos recuerda, con su ruido, que todo cambia (p. 14).

Si algo he aprendido viendo morir nuestro jardín es que ni lo bueno ni lo malo se detiene a revisar nuestros cálculos, ni aprecia nuestros esfuerzos, simplemente sucede (p. 16).

Desde que empezó la guerra, las sospechas han hecho más daño que las balas (p. 18). 

Ella, como todas las mujeres, es más fuerte que los hombres, pero a veces se rompe y la abrazo (p. 28).

La gente que sabe contar historias siempre tiene compañía (p. 32). 


Según me lo ha explicado ella, o según yo lo he entendido, se obedece porque conviene y se duda porque se piensa. Y si una cosa salva la vida, la otra al parecer salva el alma (p. 42).

Aunque ya teníamos permiso para hablar, no se me ocurrió nada que decir (p. 49). 

saqué la conclusión de que no hay cosas muy distintas en ningún lugar del mundo y que por eso la gente se viste de colores diferentes y canta canciones distintas para soñar por un segundo que algo distinto son (p. 55). 

con imaginación todo se lleva mejor y no se condena uno tanto a las cosas que tiene delante (p. 78).

Sorprende darse cuenta de cómo el amor alimenta y calma aun en las peores condiciones y con más razón en las peores condiciones (p. 82).

a veces, sin saber por qué, a falta de gloria va uno y se la inventa (p. 84).

hasta que no te quedas sin olor no sabes lo extraño que te sientes cuando te lo arrebatan (p. 94).

sin afectos el trabajo se podía hacer monótono, aburrido y eterno (p. 105)

si algo sé es que no hay más gente que la gente y ésa es toda parecida en todas partes (p. 116).

Es curioso lo que une una comarca cuando se encuentran dos paisanos en un lugar extraño (p. 120).

Supongo que el miedo se quita más despacio que el olor, o nunca (p. 128).

El pasado y el futuro empezaron a apartar de mí la sombra siniestra de las nostalgias y las ambiciones, que son como manos capaces de ahogar a un hombre (p. 139).

sin miedo alguno se duerme bien pero se levanta uno extraño (p. 146).

Cómo es que un hombre pierde su propia naturaleza y con ella lo que da sentido a su pequeña inteligencia no sabría decirlo (p. 150).

Una vez que se admite que Dios no lo ha elegido a uno para nada extraordinario, se empieza a vivir de veras como se tiene que vivir, con los pies y las manos dentro de un círculo marcado en la arena, sin pisar más allá de lo que te toca ni querer coger lo que no es tuyo (p 160).

Dicen que se puede sacar a un hombre de su comarca fácilmente, pero que es mucho más difícil sacar la comarca del interior de un hombre (p. 168).

¿Es suficiente con que te pongan la comida en el plato para soportarlo todo? (p. 185).

Un hombre debería poder viajar de un lugar a otro sin perder su alma (p. 187).


Rendición
Ray Loriga
Editorial Alfaguara
Barcelona
2017
210 páginas

jueves, 27 de mayo de 2021

Mediocristán es un país tranquilo, de Luis Noriega


Un bumangués que estudia en Bogotá y luego se radica en Barcelona es el narrador de esta novela, en la que a partir de capítulos cortos se cuentan sus coqueteos con el fracaso: su inestabilidad económica, su desinterés por el "éxito" o la estabilidad, su negativa rotunda a tener hijos y formar una familia y su comodidad en una relación de pareja sin compromisos, viendo tele y metiendo droga. Los altibajos más fuertes en su cotidianidad son los que proporciona el desempeño de su equipo de fútbol favorito. 

Mediocristán es su país pero también su vida: una medianía en la que es mejor vivir en un eterno presente. Garantizar el placer inmediato es la apuesta más segura para evitar hacerse preguntas sobre el futuro. 

A partir de anécdotas mínimas que suenan a experiencia autobiográfica, Noriega construye con humor ácido y sarcasmo un personaje que evidencia que desea prolongar la libertad de su adolescencia y se resiste a los estereotipos que se esperan de la adultez y ese protagonista es un buen álter ego de su país de origen: Mediocristán, un país en el que es un derecho fundamental tener a quién echarle la culpa.

El humor es un poderoso recurso para desnudar las fisuras del poder. Es a partir de allí, de la sátira y la ironía, que Noriega habla de la camisa de fuerza que representan la familia, el matrimonio y la paternidad, y las carencias normalizadas en un país violento y mediocre como Colombia, en el que una de las buenas alternativas que se le ofrecen a los jóvenes consiste en migrar. 


Algunas frases
"Tener a quién echarle la culpa es casi un derecho fundamental" (p.11)

"Las generaciones pasan.
La tierra permanece.
La memoria es frágil (p. 12).

"En ocasiones, tener un culpable es la mejor excusa" (p. 13).

"una generación que para tener a quién echarle la culpa ha tenido que abandonar la comodidad del ámbito familiar y tomar un curso rápido de política de cafetería sobre la falta de oportunidades y las mentiras del Estado del bienestar" (p. 13).

"El nombre impronunciable del abismo que existe entre nuestras aspiraciones y nuestros logros es "fracaso"" (p. 14).

"Las palabras son una medida de la vanidad" (p. 14). 

"Tal vez lo que te hace especial no sea ser lo que mal que bien has podido ser, léase nada, sino ser el padre de alguien cuya historia será completamente diferente de la tuya. Una historia esta-vez-sí" (P. 20).

"En Mediocristán procuramos no meternos en problemas: es la mejor forma de no perder inútilmente el tiempo intentando hallarles solución. Preferimos los crucigramas, los acertijos verbales, las novelas de intriga, los videojuegos" (p. 23).

"Mi única queja contra la sociedad de consumo, el imperio de lo efímero y demás, siempre ha sido que haya tanto con que enajenarse y tan poco tiempo" (p. 23)

"En otra época fui crédulo. Otros dirían "joven". Otros dirían "guevón".
Otros corregirán "todavía"" (p. 25).

"El razonamiento que puso fin a mi vocación política fue que yo no era nadie para luchar contra las venerables tradiciones nacionales del peculado, la repartición del pastel y la puñalada por la espalda" (p. 26).

"Entre Mediocristán y Fracaso hay estaciones bastante peores para los políticos de cafetería. La cárcel. El cementerio. El Congreso. Y eso solo por la C" (p. 26).

"La política, dice el poeta, es una afición reservada a los miembros mejor vestidos de las clases criminales" (p. 27).

"Cuando me canso del realismo, cambio de canal" (p. 28).

"Dentro y fuera de Mediocristán la ley de la vida es el autoengaño" (p. 31). 

"la familia, el monopolio de una Iglesia cuyo deporte preferido es organizar marchas por el derecho a la vida de todo puñado de células que pueda convertirse, de acuerdo con la voluntad de Dios y las leyes de la naturaleza, en carnecita de cura pedófilo" (p. 32).

"La felicidad es comer, beber y follar. La felicidad es comer, beber y meter. La felicidad es comer, beber y ver la tele. La felicidad es comer, beber, follar y meter mientras ves la tele. Etcétera" (p. 40).

"Los bancos no necesitan muchos argumentos para convencernos de que el crédito es una buena religión" (p. 40).

"El nacionalista mamerto es un vástago de la aristocracia local, cuyos privilegios ha rechazad para combatir el sistema atiborrándose de porros y resúmenes de Marx en un humilde piso de doscientos metros cuadrados mientras cobra el paro" (p. 66). 

"No hay sitio, por más maravilloso que sea, que puedas visitar sin cargar contigo mismo. Y en mi caso, aun cuando consigo viajar con la mejor versión de mí mismo, la resaca suele ser atroz" (p. 77).

"El lugar común acerca de las reuniones de ex alumnos es que se planean como grandes ocasiones para el recuerdo y terminan siendo reuniones de borrachos más o menos decepcionantes que nadie quiere repetir en mucho tiempo" (p. 139). 

"En Mediocristán me resulta doloroso reconocer, abundan los idiotas convencidos de que viven en otro país, cuando no en otro planeta" (p. 140).

"El Pasado es el país del que nunca te has dio, el país en el que siempre estás de vuelta" (p. 146). 

"Para ser un buen budista a veces solo se necesita dar con la combinación de drogas adecuada" (p. 164). 

Mediocristán es un país tranquilo
Luis Noriega
Editorial Random House
2014
Bogotá
168 páginas.

lunes, 18 de enero de 2021

Stoner, de John Williams

 
Llegué a Stoner por referencias del tipo "es magistral", "es una obra maestra", "es extraordinaria" y otras por el estilo.

Lo es: es una novela de personaje, en la que todas las acciones giran en torno a la vida (simple, elemental, llana) del profesor William Stoner, un maestro de literatura de la Universidad de Misuri, lugar al que ingresa como estudiante en 1910, cuando tiene 19 años, y del que se retira en 1956, luego de una vida dedicada a la docencia y cuando ya está invadido de cáncer. 

Si se afirma que en la novela pasa poco, resulta cierto. La narración guarda un estricto orden cronológico que solo se rompe en los dos primeros párrafos, a partir de los cuales el narrador asume un orden lineal inquebrantable. Se trata de contar la vida de un hombre que, como dicen en los libros escolares, nace, crece, se reproduce y muere, y todo esto ocurre sin grandes sobresaltos: no va a la guerra, no sufre desgracias y tampoco la fortuna lo sorprende con golpes de suerte. 

Y sin embargo en la novela pasa todo: pasa una vida completa. La vida ordinaria de un hombre común, honesto, trabajador, digno, que se casa y se aburre en su matrimonio, que tiene una hija a la que adora, que asume trabajo extra para cubrir la hipoteca, consigue amante y que ve su vida pasar del trabajo a la casa y de la casa al trabajo, día tras día, año tras año. 

La novela está narrada con belleza y sensibilidad. Hay reflexiones sobre la literatura, la amistad y el amor que revelan un análisis profundo del autor sobre las relaciones humanas. Es también una novela sobre la soledad, el fracaso, la dignidad, el mundo académico y las pequeñas envidias laborales que pueden durar décadas. Es una historia sobre los detalles, lo nimio, lo intrascendente, y como lo pequeño resulta siendo importante. 

Desde el punto de vista narrativo se trata de una novela clásica. Está dividida en 17 capítulos, tiene descripciones de los personajes, el paisaje, algunos diálogos y un narrador omnisciente que hace avanzar el relato en casi todas las páginas. La propuesta del autor no pasa por juegos con el lenguaje, la estructura o la dislocación de tiempos. La obra ofrece simpleza en la estructura narrativa, e incluso cierta posibilidad de anticipación por parte del lector. No hay sorpresas y eso se compensa con hondura en las reflexiones y, sobre todo, en la construcción de un hombre entrañable. 

Algunas frases

Su madre contemplaba su vida con paciencia, como si fuera un momento largo que tuviera que aguantar (p. 10). 

No tenía amigos, y por primera vez en su vida era consciente de su soledad (p. 20). 

Se había percatado de que sus padres y él habían comenzado a sentirse como extraños y se dio cuenta de que su amor por ellos se intensificaba con la pérdida (p. 28).

A veces, inmerso en sus libros, le venía a la cabeza la conciencia de todo lo que no sabía, de todo lo que no había leído y la serenidad con la que trabajaba se hacía trizas cuando caía en la cuenta del poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber (p. 29).

Sentía la lógica de la gramática y pensaba que percibía cómo le salía de adentro, calando el lenguaje y respaldando el pensamiento humano (p. 29).

A veces, cuando les hablaba, era como si estuviera fuera de sí mismo y observase a un extraño hablar a un grupo reunido contra su voluntad, escuchaba su propia voz desmotivada recitando los materiales que había preparado y nada de su entusiasmo aparecía durante la charla (p. 30).

Es un sanatorio o ¿cómo lo llaman ahora?, una casa de reposo, para los enfermos, los ancianos, los infelices y los incompetentes en general. Mirad, nosotros tres... somos la universidad. (p. 32). 

Una guerra no solo mata a unos cuantos miles o a unos cuantos cientos de miles de jóvenes. Mata algo en la gente que no puede recuperarse nunca (p. 37). 

Era la típica chica de su época y circunstancias. Había sido educada bajo la premisa de ser protegida de los graves incidentes que la vida pudiera poner en su camino, así como la de que no tenía otra misión que ser elegante y cómplice consumada de dicha protección, dado que pertenecía a una clase social y económica para la cual la protección constituía una obligación sagrada. Fue a colegios privados para chicas en los que aprendió a leer, escribir y aritmética simple. En su tiempo libre se le incitaba a bordar, a tocar el piano, a pintar con acuarelas y a debatir sobre las obras más tiernas de la literatura. También había sido instruida respecto a indumentaria, carruajes, dicción para damas y moralidad (p. 52). 

Muy pronto Stoner se dio cuenta de que la fuerza que atraía sus cuerpos tenía poco que ver con el amor (p. 79). 

Nada había cambiado. Sus vidas se habían consumido en un trabajo triste, rotas sus voluntades, sus inteligencias embotadas. Ahora yacían en la tierra a la que habían entregado sus vidas y, paulatinamente, año tras año, la tierra les acogería. Lentamente la humedad y la descomposición infestarían las cajas de pino que contenían sus cuerpos y, gradualmente, tocaría sus carnes hasta acabar consumiendo los últimos vestigios de sus sustancias. Y se convertirían en parte irrelevante de aquella obcecada tierra a la que en el pasado entregaron sus vidas (p. 99). 

Habían llegado a ese punto en su vida en común en el cual casi no hablaban entre ellos de sí mismos, no fuese que el delicado equilibrio que les permitía vivir juntos se rompiera (p. 108).

En su año cuarenta y tres de vida Willam Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra (p. 170).

(el amor) lo veía como un acto humano de conversión, una condición inventada y modificada, minuto a minuto y día a día, por la voluntad y la inteligencia del corazón (p. 172).

Como todos los amantes hablaban mucho de sí mismos, como si por ello pudieran comprender el mundo que los hacía posibles (p. 173). 

Sintió renovada la vieja pasión por el estudio y el aprendizaje y, con el vigor curioso e incorpóreo del universitario cuya condición no es ni joven ni anciana, retornó a la única vida que no le había traicionado (p. 193). 

Estaba muy pálida y usaba grandes cantidades de polvos y maquillaje de manera que parecía que cada día dibujase sus propios rasgos sobre una máscara blanca (p. 203). 

Con una pena que era casi impersonal observó el triste ritual del matrimonio y se conmovió extrañamente ante la belleza pasiva e indiferente del semblante de su hija y la indolente desesperación del rostro del muchacho (p. 212).


Stoner

John Williams

Ediciones de Baile del Sol

Islas Canarias, España.

2017 (primera edición 1965)

Traducción de Antonio Díez Fernández

240 páginas

lunes, 5 de enero de 2015

Comedia romántica, de Ricardo Silva Romero

-¿Le digo qué quiero yo, Benjamín, le digo de frente qué quiero?: una conversación que dure toda la vida.

Con esa frase de Martina empieza "Comedia romántica", una novela que se parece a "Antes del amanecer", la película de Richard Linklater en la que una pareja habla y habla y habla mientras recorre Viena. Comedia romántica es un diálogo continuo de 266 páginas en el que Martina y Benjamín hablan todo el tiempo sobre su relación. El diálogo comienza cuando ella tiene 30 años (se conocieron cuando ella tenía 19) y termina cuando ella tiene 67. Es un diálogo continuo, sin interrupciones ni capítulos ni cortes, aunque a medida que la conversación avanza ellos envejecen.

Se trata de una novela (muy) ligera, light, superficial. Martina habla a los 30 años y a los 67 en el mismo tono de niña consentida del estrato 6 bogotano. Y Benjamín, que nunca ha salido de Bogotá, habla en un tono que se parece al de una mujer. Los hombres de carne y hueso generalmente no verbalizan tanto.

La novela tiene algunos pasajes futuristas al final, porque la novela termina hacia los años 30 del Siglo XXI. Se trata de la contracara de El Espantapájaros, novela sobre la violencia colombiana que Ricardo Silva publicó en una edición doble bajo el título "Erase una vez en Colombia".

Algunas frases:
me ha dado la impresión de que usted es una esposa de esas de verdad. De pronto un poco narcisa, treinta por ciento egoísta, treinta por ciento dramática y cuarenta por ciento sensible, pero, como perro que ladra no muerde, a la larga no es nada del otro mundo. O por lo menos nada que no se pueda domesticar con un buen embarazo. 

Yo creo que estoy listo a comprarle un anillo de compromiso lleno de diamantes: uno barato.

Va a ver: el mundo entero se va a dividir en taxistas y pasajeros.

confesarle a usted que quería quedarme a vivir en su casa con sus papás (porque digámonos la verdad: lo mejor que usted tiene, su estrategia para levantar, son sus papás).

esta Bogotá tan arribista en la que los tipos lo hacen sentir a uno con fecha de vencimiento y la gente tarde o temprano da su brazo a torcer, es la vida de verdad.

este país era una pirámide que se le había plegado a tres banqueros.

no cantar en público es la única dignidad que me queda.

Yo me niego a que se me convierta la vida en un taller de reparación de mí misma como a esas amigas que un día lo llaman a uno a decirle "mi psiquiatra me dijo que te dijera que te perdono por todo lo que me hiciste en la primaria".

yo, que soy una sobreviviente del matrimonio, le puedo decir que uno tiene que casarse con una persona con la que pueda pasarse toda una tarde en un centro comercial o, por lo menos, en el peor de los casos, con alguien que quiera hacer mercado con uno.

La pasión del matrimonio, Dios mío, imagínese usted el tamaño de la estupidez: ni que no hubieran tenido papás.

una flor no puede cuidar de otra flor: todas las relaciones de pareja necesitan que alguno de los dos sea un jardinero.

así como es imposible que un gringo viva la vida igual que la vive un japonés, no es posible que un hombre entienda del todo a una mujer, hay muchas cosas que se pierden en la traducción.

dejar de tocarse es como olvidar la mitad del alfabeto.

yo le hago daño a veces porque no tengo a nadie más para dañar.

La gente es bruta: solo hay que entrar a los baños públicos para darse cuenta.


Comedia romántica
Ricardo Silva Romero
Editorial Alfaguara
Bogotá
2012
266 páginas