martes, 25 de abril de 2017

El fin del "Homo sovieticus", de Svetlana Aleksiévich


Se cumple este año un siglo de la Revolución Rusa de octubre de 1917, de la muerte del zar Nicolás II y su familia, y de la llegada de Lenin al poder.

Hace un siglo el comunismo se volvió una política de estado en Rusia, y pocos años más tarde se extendería por el territorio que durante décadas se conoció como la URSS. Un imperio que ganó la II Guerra Mundial, que retó a Estados Unidos y que diseminó la semilla del comunismo en los países de la Cortina de Hierro, pero también en Latinoamérica, África y Asia. El fin del "Homo sovieticus", de la premio Nobel de Literatura bielorrusa Svetlana Aleksiévich se ocupa del fin de esa historia: de la sustitución del comunismo por el capitalismo a partir de la Perestroika de Gorbachov, a finales de los 80 y comienzos de los 90.

Desde occidente el fin de la URSS se recibió con alborozo: acabó la Guerra Fría, terminó la amenaza latente de una tercera guerra mundial y para muchos ciudadanos de "el resto del mundo", el desmonte del régimen comunista significó una especie de liberación de ciudadanos que sufrieron todo tipo de violaciones a los derechos humanos, desde las purgas estalinistas anteriores a la II Guerra Mundial hasta las detenciones masivas y los trabajos forzados en los gulags en Siberia, narrados por Aleksandr Solzhenitsyn, así como restricciones a derechos fundamentales como la movilidad y la expresión, denunciados por los premios Nobel  Boris Pasternak (literatura) y Andréi Sájarov (Paz). 

Sin embargo esa es apenas una versión de los hechos, real pero incompleta. Svetlana Aleksiévich usa la entrevista periodística como recurso para recoger las voces de centenares de personas, a lo largo y ancho de la geografía de la URSS, para narrar desde sus propias vidas lo que significó para cada cual el fin del comunismo en su país. Y la conclusión es que hay tantas lecturas posibles como ciudadanos soviéticos.

El método y la estructura son muy similares a Voces de Chernóbil, el libro coral en el que múltiples voces cuentan lo que significó el accidente nuclear ocurrido en 1996. El interés de Alexsiévich por las voces de gente del común queda explícito desde las primeras páginas: "Siempre me ha atraído ese espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo... Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo". Y agrega: "Nunca deja de sorprenderme lo apasionante que puede ser una vida humana cualquiera. O la infinidad de verdades que esgrimen los hombres, cada uno la suya. A la historia sólo parecen preocuparle los hechos, las emociones quedan siempre marginadas, no se les suele dar cabida en la historia. Pero yo observo el mundo con ojos de escritora, no de historiadora. Y siento una gran fascinación por el ser humano...".

Durante más de 70 años los soviéticos aprendieron a despreciar el dinero y el libre mercado. Sufrían restricciones y escasez pero al mismo tiempo tenían acceso a educación superior de calidad y a pensiones. El libro narra el drama de personas que confiaron en el comunismo, esperaban si acaso un comunismo con "rostro humano", con menos violencia y sangre, pero la transición al capitalismo los dejó en la miseria, con un desempleo rampante y el surgimiento de una nueva clase hábil para los negocios y el dinero fácil. 

Aleksiévich narra paradojas como las de las ex repúblicas soviéticas, que siempre vieron a Moscú como su capital y ahora la ven como su enemigo porque sus países están en guerra con los rusos; la añoranza que las generaciones más jóvenes tienen hoy de Stalin, a quien ven como el héroe de un imperio que le ganó a los nazis, y no como un dictador opresor; la lealtad a toda prueba hacia el comunismo de varias generaciones de rusos que salían de la cárcel para seguir sirviéndole a Stalin o al Partido Comunista con convicción; la enorme distancia que hay entre Moscú y las comunidades rurales de Rusia; la nostalgia que les produce haber dejado de ser un imperio militar; la delincuencia que se tomó las calles rusas luego del fin del hipercontrol estatal soviético y la cantidad de suicidios ocurridos en los años de la transición al capitalismo.

El fin del "Homo" Sovieticus es un libro duro, magistralmente escrito, útil para repasar la historia rusa del Siglo XX y para constatar que la realidad tiene mucho más que dos caras. La historia está llena de matices.


Algunas frases
"Muchos vieron en la verdad a un enemigo. Lo mismo que hicieron después con la libertad".

"Para nosotros, el descubrimiento del dinero fue como la deflagración de una bomba atómica".

"la gente de a pie no vive preocupada por la historia. Sus vidas son mucho más elementales: enamorarse, casarse, ver crecer a sus hijos... Levantar una casa".

"Ahora los poetas han cedido su sitio en las tribunas a los magos y los videntes".

"Dar libertad a los rusos es como proporcionar anteojos a una comadreja. Nadie sabe qué hacer con ella..."

"Nos hemos convertido en un país del tercer mundo. ¿Dónde están ahora los que animaban a Yeltsin? Creían que vivirían como los estadounidenses y los alemanes, pero ahora vivimos como los colombianos. Somos los perdedores... Hemos perdido el país".

"Dicen los libros que la Rusia zarista se desvaneció en tres días. otro tanto le sucedió a la Rusia comunista. Dos días bastaron..."

"Yo soy atea, pero si no lo fuera tendría muchas preguntas que hacerle a Dios..."

"hace mal en confiar tanto en el hombre, en la verdad que pueda comunicarle un hombre... La historia recoge la vida de las ideas. Y no son los hombres quienes la escriben, sino el tiempo. Las verdades que manejan los hombres son como esos clavos en los que cualquiera puede colgar un sombrero".

"¿Sabe qué anhelábamos realmente? Un socialismo light, un socialismo con rostro humano... ¿Y qué es lo que tenemos ahora? El capitalismo salvaje".

"El comunismo es como la ley seca: una buena idea que no funciona".

"Uno puede vivir de la limosna de los recuerdos".

"En las guerras no hay héroes... Nadie que empuñe un arma puede comportarse con nobleza. Jamás. Es imposible".

"Las palabras guerra y cárcel son las piedras angulares de la lengua rusa. ¡Ay, Rusia! Ninguna mujer rusa ha podido vivir jamás junto a un hombre normal".

"El amor es un trabajo pesado. Sí, yo concibo el amor, sobre todo, como un trabajo".

"Porque en mi infancia estuve rodeado de mucho amor", decía. Eso es lo que nos salva, la cantidad de amor recibido, ésa es la reserva que nos hace resistentes".

"Y descubrí que una mujer puede ir por el mundo contando las humillaciones que ha padecido, pero un hombre jamás se puede permitir tal cosa".

"Las víctimas son las que cuentan sus historias, las que quedan aquí para hablar, pero los verdugos... Los verdugos callan. Escurren el bulto, se meten en un agujero... Los verdugos carecen de nombre propio y apellidos, de voz. Los verdugos no dejan huellas. No sabemos nada de ellos".

"La soledad es la libertad... Cada día me felicito de la libertad de la que disfruto".

"Mi madre me dio un consejo muy útil hace tiempo: "ningún hombre ha superado jamás la edad de catorce años".


El fin del "Homo sovieticus"
Svetlana Aleksiévich
Traducción de Jorge Ferrer
Editorial Acantilado
Edición original 2013
643 páginas

sábado, 8 de abril de 2017

¿De dónde flores, si no hay jardín?, de Alonso Sánchez Baute

Tres monólogos conforman el tercer libro publicado en 2015 por el vallenato Alonso Sánchez Baute bajo el título ¿De dónde flores, si no hay jardín?

El primer relato es el de Jackson, un jíbaro de Cali (Kali en la obra) que vive en Bogotá. Una voz machista, misógina y violenta, que se vanagloria de su poder, dinero y "astucia", sin consideraciones de tipo ético o social. Jackson se cree exitoso porque tiene plata. Oírlo es irritante porque suena demasiado conocido: se sabe que los personajes así no habitan solo en las páginas de los libros sino también, con demasiada frecuencia, en los noticieros de televisión y en las redes sociales. 

La segunda historia es la de Gema Almendrales, una prostituta fea y culta, que sabe de música, pintura y cine, y que se dedica a la prostitución por razones que aunque se verbalizan no resultan muy claras. Puede ser el relato más literario de los tres por ser el personaje más imposible; el más cercano a la ficción.

El último relato es el más breve. Un chico sin nombre, de buena familia, se dedica al ciclismo y su vida transcurre normal hasta que lo violan. A partir de ese quiebre se hunde en la droga y en un espiral de decadencia sin salida. 

Las tres historias no tienen conexión directa, aunque se relacionan por la mención que los tres personajes hacen de Salvador Huerga, un muerto del que poco a poco vamos conociendo detalles.

Al igual que en Al diablo la maldita primavera, los textos de ¿De dónde flores, si no hay jardín? están llenos de referencias musicales y de la cultura popular, así como de dichos, argots y espacios marginales. Las acciones de este libro también ocurren en Bogotá y en especial en la noche, ámbito que Alonso Sánchez Baute ha trabajado bien. Se trata de voces de antihéroes, de personas que no son ni exitosas ni ejemplares en los términos usualmente aceptados, pero que a partir de sus vidas difíciles invitan a la ternura y el afecto. No obstante, quienes disfrutaron Al diablo la maldita primavera echarán de menos en estos relatos una de las características más potentes de esa primera novela de Alonso Sánchez Baute: el humor de Edwin Rodríguez Buelvas no aparece en estas páginas. 


Algunas frases:
¿Por qué me temen? Lo tengo claro: no soportan la idea de ver al mismo nivel a alguien que viene de bien abajo.

La gracia de la vida consiste en no dejarse atrapar: de los tombos, de las enfermedades, del amor. 

La palabra es como un grifo de agua que cuando se abre ya no hay manera de recuperar la que ya ha corrido.

La familia no se quiere por compartir sangre, sino por tener que soportarse mutuamente durante tantos años.

He estado tan juicioso esta semana que ya hasta sudo agua bendita.

Por desgracia, con la muerte muere también la posibilidad de defendernos y nuestro nombre pasa a ser pasto del ultraje. 

Todos ellos gente de poder. Es decir, gente débil. Hay debilidad detrás del poder porque quien lo detenta siempre quiere más: sabe que sin poder no es nadie.

El problema con los matrimonios no es con quién uno se casa sino de quién se separa.

Dios sólo se aparece por allí de vez en cuando en forma de iglesia, repartiendo culpas para poder despojar miserias.

Yo, en cambio, por moral sólo conozco el buen gusto.

Bogotá de noche no asusta. Es triste, insípida -ni siquiera melancólica-, aburrida. Puede que la recorran vidas, pero carece de vida. Es una ciudad apagada y más gris que cuando de día la mortifica el chischís eterno de la llovizna. Es cierto que a veces se escuchan el sonido de un avión que vuela bajo, los gritos destemplados en una fiesta de apartamentos y hasta el ruido de los camiones que recogen la basura. Pero no más: de resto, es mortecina, apabullada. Pueblerina.

Los bogotanos sólo visten de negro y gris por cuenta del luto congénito con el que penan por su propia vida.

¿De dónde flores, si no hay jardín?
Alonso Sánchez Baute
Editorial Alfaguara
Bogotá
2015
264 páginas

miércoles, 22 de marzo de 2017

Un importante capítulo de la historia del libro en Colombia: Arturo Zapata, de Pedro Felipe Hoyos Körbel

Resultado de imagen para un importante capítulo de la historia del libro en colombia: arturo zapataEn 109 páginas de papel satinado de alto gramaje y a full color Pedro Felipe Hoyos Körbel presenta la obra de Arturo Zapata Tirado, impresor y editor antioqueño, quien se radicó en Manizales hacia los años 20 del siglo pasado y que se dedicó a imprimir todo tipo piezas publicitarias, volantes y lo que solicitaran sus clientes, alternando dicha labor comercial con otras ligadas a la cultura y el periodismo: Fundó con Eudoro Galarza Ossa La Voz de Caldas, el diario que circuló en Manizales entre 1926 y 1939; dirigió la revista cultural Cervantes, que circuló en Manizales y Bogotá en los años 30, y alcanzó a editar casi 100 libros, de autores como Rafael Arango Villegas, Fernando González, Luis Donoso, Bernardo Arias Trujillo, Aquilino Villegas, Adel López Gómez, Silvio Villegas, José Vélez Sáenz, Maruja Vieira y Baldomero Sanín Cano.

Las primeras 30 páginas del libro incluyen imágenes y textos relacionados con la historia de Manizales a comienzos del Siglo XX. Luego se presenta la figura de Arturo Zapata como un hombre importante en la historia del libro en el país, tal y como reza el título del libro, y las últimas 40 páginas de la obra muestran las portadas de las obras literarias y filosóficas publicadas por Editorial Cervantes entre 1929 y 1966. 

Los textos en general son breves porque se trata ante todo de un libro gráfico, que muestra al lector las portadas de los libros editados por Zapata, así como correspondencia del editor. Particularmente bella es una carta que le dirige Germán Arciniegas, director de El Tiempo en 1934, invitándolo a enviar al periódico los primeros capítulos de los libros que edita para lograr mayor difusión, ya que a juicio de Germán Arciniegas, Zapata trabaja "magníficos libros, atinada presentación, distribución excelente".

Se trata de un libro curioso para reconstruir la historia cultural de Manizales en la primera mitad del Siglo XX, aunque por su elevado costo ($65.000) es posible que tenga una circulación restringida entre el público. 

Un importante capítulo de la historia del libro en Colombia: Arturo Zapata
Pedro Felipe Hoyos Körbel
Hoyos Editores
Manizales 2016
109 páginas

domingo, 12 de febrero de 2017

Historias clínicas, de Octavio Escobar Giraldo


Octavio Escobar Giraldo es conocido por sus novelas y cuentos. Tiene una amplia obra narrativa, versátil y diversa, que salta de la novela negra a los textos adolescentes, o del Siglo XIX al XXI con aparente facilidad.

La poesía no ha sido su terreno habitual. En 1997 se publicaron siete poemas suyos en "La manzana Oxidada", un libro en el que compartió páginas con Alberto Verón y Flobert Zapata. Eso fue todo... ni un solo poema adicional en periódicos, revistas o libros durante años de trabajo literario. Por eso sorprendió en 2016 el fallo del jurado de la Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez, que cada dos años elige a un poeta colombiano para otorgarle un premio y publicar su obra inédita. El elegido para 2016 fue el poeta Octavio Escobar Giraldo con "Historias Clínicas", 37 poemas que sintetizan dos elementos esenciales de la vida de Octavio: es narrador y es médico.

Para discutir si la poesía es introspección contemplativa o también puede ser narrativa vale la pena leer estos poemas de Octavio, que en verso libre y en pocas líneas cuentan dramas personales. Narran. En la ciencia médica la historia clínica es un breve texto en el que se dan los datos claves que permiten identificar qué padecen los pacientes: nombre, edad, peso, síntomas, tratamiento. Las 37 historias clínicas que presenta Octavio en forma de poema son exactamente eso. Los títulos informan sobre el nombre y la edad del personaje central del poema, que algunas veces es el paciente pero en otras es el médico o la enfermera: Orlando, 42; Felipe, 36; Victoria, 33. El cuerpo del poema, que usualmente no supera la media página, salvo en unas pocas excepciones, narra con una economía de palabras que evidencia un ejercicio de edición riguroso lo que implica la enfermedad para ese hijo, esa mamá, esa familia. 

El cuerpo falla por vejez, pero también por accidente, por tumores tempranos, por balas. El libro de Octavio habla de todo eso. Lo hace con un lenguaje claro y con una emocionalidad contenida. Acá no hay llantos histéricos ni gritos eufóricos. Pero hay muerte, dolor, incertidumbre y algunas alegrías. Todo se cuenta con asepsia médica. El libro emociona no por los adjetivos sino precisamente por la ausencia de ellos: porque logra que el lector camine por los pasillos de un hospital, entre a la cafetería, a la sala de cirugías y a las habitaciones, y se enfrente al quiebre que representa cada palabra escrita en la historia clínica para la vida de su titular.

Los seres humanos nacemos, crecemos y todo transcurre con normalidad hasta que nos morimos o nos enfermamos. De eso se ocupa Historias clínicas. De recordarnos que todos, en algún momento, tendremos nuestra propia y escueta historia clínica, con hora de defunción y descripción sobre la causa de la muerte. Una más entre las muchas que se escribirán en ese día señalado.


Historias clínicas
Octavio Escobar Giraldo
Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez (impreso por Grupo Zárate Publicidad)
Bogotá
2016
74 páginas

domingo, 15 de enero de 2017

La ciudad ausente, de Ricardo Piglia

Murió Ricardo Piglia el pasado 6 de enero y, como a veces hago cuando muere un escritor, busqué en la biblioteca para ver si tenía algún libro suyo que hubiera comprado en el pasado para leer "un día de estos". La muerte de los escritores me apura siempre a leerlos, antes de que me coja la mía sin que haya llegado "el día de estos". Es mi forma de homenajear su memoria.

Por eso desempolvé La ciudad ausente, aúpada además por la cantidad de reseñas elogiosas que se publicaron después de la muerte de Piglia, de su personaje Emilio Renzi que se menciona al comienzo de La ciudad ausente, y de sus grandes aportes a las estructuras narrativas. Pero como es mejor leer directamente a los autores, antes que a los reseñistas, me adentré en las páginas de La ciudad ausente. Y cuando iba por la mitad del libro tuve que buscar a los reseñistas como tabla de salvación, para tratar de entender lo que estaba leyendo.

Piglia no es fácil. La ciudad ausente es densa. Exige un conocimiento de la historia argentina, la política argentina y las letras argentinas que no tengo. Por eso creo que apenas pude entender la mitad de lo que leí, pero por una fuerza que provenía de las mismas páginas, me forcé a terminar. No entendí mucho, pero sí entendí que este libro plantea un juego lingüístico profundo y arriesgado, lleno de referencias que van desde Macedonio Fernández hasta Joyce y que confronta la forma en la que la lengua evoluciona. Es una especie de ensayo  sobre el lenguaje, los textos y la lingüística en clave de novela.

La historia limita con la ciencia ficción: hay una máquina, una especie de autómata, que produce textos. Los traduce pero no en un sentido literal sino que los adapta a otra lengua, y así mismo produce textos. La novela mezcla la historia de Junior, el periodista que busca la máquina, con los textos que la máquina produce, y que van desde reflexiones sobre la lengua hasta fragmentos de cuentos, mezclados con referencias en clave a la dictadura de Videla, la guerra de las Malvinas, las torturas y Perón.

Los personajes apenas se dibujan, así como la ciudad. Buenos Aires aparece como una ciudad ausente. La historia ocurre en espacios cerrados, hoteles, cuartos, museos, estancias rurales, pero a puerta cerrada. Los personajes están solos. Junior los busca uno por uno... no hay encuentros entre más de tres personas. Creo que esa puede ser una de las claves de La ciudad ausente: es una metáfora sobre lo que falta, lo que no aparece en esta novela, que se ubica en una época política en la que decir, nombrar, era peligroso, y por eso era necesario entender a partir de los silencios.

Algunas frases:
"Consiguió un puesto y aterrizó una tarde en el diario, con su cara de alucinado, y Emilio Renzi lo llevó a recorrer la redacción para que conociera a los otros prisioneros".

"Al principio pensaron que trabajaba para la policía, porque publicaba las notas antes de que los hechos se hubieran producido".

"Sería mejor que el relato saliera directo, el narrador debe estar siempre presente. Claro que también me gusta la idea de esas historias que están como fuera del tiempo y que empiezan cada vez que uno quiere".

"Nunca se sabe si una persona es inteligente o si es un imbécil que finge ser inteligente".

"En este país los que no están presos trabajan para la policía. Incluidos los ladrones".

"La primera obra, había dicho Macedonio, anticipa todas las que siguen".

"(Forma parte de la serie de los Aquenó, dijo Macedonio. Los Aquenó: ¿Qué son? Son aquellos aparatos a cuyo funcionamiento precede siempre una expectativa incrédula".

"Me acuerdo que ella era seria y apasionada y que nunca sonreía, quizá porque conocía el futuro".

"El tratamiento consistía en convertir a los psicóticos en adictos. Las drogas se administraban cada tres horas. La única manera de normalizar un delirio era construirle una dependencia extrema".

"—El que tiene poder, si tiene poder, quiere que lo miren.
Porque la política es un espejo dijo el otro. Caras y caras que aparecen y se miran y se pierden y son sustituidas por otras que aparecen y se miran y se pierden".

"Narra lo que conoce, nunca anticipa".

"La verdad es un artefacto microscópico que sirve para medir con precisión milimétrica el orden del mundo".

"Siempre tenía calor y todos le tenían lástima, porque un hombre que no coincide con el clima parece loco".

"A veces erraba. Pero si erraba pensaba que errar había sido una decisión".

"Vino a hacer un Museo en este pueblo perdido, en medio de la indiferencia general. A nadie le interesa el pasado aquí, todos vivimos en el presente. Si todo sigue igual desde siempre, para qué guardar los restos de lo que no ha cambiado".

"Era conmovedor escucharla hablar, porque parecía amar a una sombra, a un hombre que había cruzado por su vida un instante y la había dejado en el recuerdo".

"La lengua es como es, porque acumula los residuos del pasado en cada generación y renueva el recuerdo de todas las lenguas muertas y de todas las lenguas perdidas y el que recibe esa herencia ya no puede olvidar el sentido que esas palabras tuvieron en los días de los antepasados. la explicación es simple pero no resuelve los problemas que plantea la realidad".

"Todas las obras maestras duran lo que dura la lengua en la que fueron escritas. Sólo el silencio persiste,  claro como el agua, siempre igual a sí mismo".

"Los que persisten en la elaboración del diccionario lo consideran ya un manual de adivinación".

"Un médico es siempre un fracasado, sólo es cuestión de darle tiempo. Jamás salvaron a nadie de la muerte".

"El que ha perdido a la mujer amada queda como el hombre al que le estalla una bomba en el cuerpo y no muere".


La ciudad ausente
Ricardo Piglia
Editorial Sudamericana
Buenos Aires
1992
178 páginas

Punto de encuentro (selección de columnas), de Orlando Sierra Hernández



Una de las grandes diferencias entre periodismo y literatura, además del tema de la ficción y la verdad, está en la vocación perecedera del primero. El periodismo se escribe a la velocidad del cierre de edición, se mueve al vértigo de la información, se alimenta de la actualidad y no puede darse el lujo de esperar años para publicar un texto pulido, como sí lo pueden hacer los novelistas. Ya lo dijo el cronista Héctor Lavoe: para qué leer un periódico de ayer.

Por eso brillan las piezas periodísticas que resisten bien el paso del tiempo. Dado que su objetivo inicial fue la de informar o comentar sobre hechos recientes o inmediatos, es maravilloso cuando pasada la coyuntura que suscitó un texto éste sigue siendo atractivo para los lectores: bien sea porque quien lo escribió tuvo la lucidez para identificar, describir o nombrar fenómenos de largo aliento, o porque la calidad en el manejo del lenguaje permite el deleite de la lectura amena sin la presión de la fecha de vencimiento.

Ambas características tienen las 140 columnas de Orlando Sierra Hernández reunidas en Punto de encuentro, selección de columnas, el libro que publicó el diario La Patria de Manizales en 2002, apenas unos meses después de que su autor, que ocupaba la subdirección del periódico, fuera asesinado por orden del político del Partido Liberal, Ferney Tapasco González, quien fue condenado en 2015 por este atroz crimen.

Las columnas de Punto de Encuentro siguen siendo vigentes por varias razones. Hablan de la "Demosincracia", como la llamaba Orlando, es decir la falta de democracia que hace que la cosa pública se limite a una repartija de prebendas entre unos cuantos caciques interesados en perpetuarse en el poder. También hablan de la corrupción, la necesidad de que Caldas se conecte con el país y el declive del departamento. Todos estos temas vigentes.

Pero además hay un segundo grupo de columnas que son divertimentos del autor: textos sobre el chicharrón, el amigo secreto, las cartas y poemas de amor, la muerte de la mascota, los toros, el periodismo y la literatura. Columnas atemporales, escritas con humor y sapiencia, pues Orlando era un excelente lector y gestor cultural, que con frecuencia citaba en sus textos a escritores, pintores y músicos, sin que jamás sonara pedante. Lo suyo era la sencillez.

Ojalá este libro editado en 2002 se reeditara, porque hoy es prácticamente imposible de conseguir. Ojalá también se editaran selecciones de otros géneros periodísticos en los que Orlando fue brillante, como la entrevista y la crónica, en los que también mezclaba lo cotidiano y el humor con la agudeza de su capacidad analítica e incluso su intuición casi profética, que lo llevó a escribir textos como éste, un mes antes de su muerte, que se parecen tanto al bíblico Padre, aparta de mi este cáliz: "No me lo ha dicho una pitonisa, no me he hecho leer las cartas, no he consultado aún la línea astrológica de Mauricio Puerta, no me ha pintado un panorama negro ningún adivino con su bola futurista. Es simple intuición, es algo tenso en mis músculos, la saliva espesa que me rellena la boca, como si fuera una golosina de sal (...) La verdad, si pudiera saltármelo en garrocha, pasaba por encima del 2002 y aterrizaba en el 2003. Pero como no puedo, cumpliré con el ritual".

Por lo pronto, algunas de las frases de Punto de Encuentro, que evidencian la vigencia de este escritor, de quien hay que decir hoy lo mismo que gritábamos el día de su sepelio: Orlando Sierra está vivo. 


Sobre política, democracia y Caldas
¿Y ahora que viene?, marzo 20 de 1994: “Quieren ahora las aceitadas maquinarias de siempre, echar a perder los nuevos motores de la política en Caldas. Y para ello la estrategia será cerrarle los espacios de poder a los nuevos a fin de dejarlos dependiendo del voto de opinión, que como se sabe es veleidoso”

Urge un buen candidato a alcalde,abril 3 de 1994: “sería muy importante que los dirigentes nuestros pensaran con cerebro de manizaleños y no con calculadora electoral. Cierto que su triunfo no está precisamente para quedarse en sonrisas: pero sí han de imponerle a la ciudad un alcalde, que por lo menos no sea alguien con un cerebro con cinco hemisferios: los dos naturales y los que interpretan los pensamientos y deseos de los senadores Yepes, Giraldo y Barco”.

Sobre cómo escogí por quién votar, junio 19 de 1994: “No me dicen nada los partidos, entre otras cosas porque para mí son entelequias. No existen, sencillamente. Ellos son grupos de caciques adinerados aquí y allá, agrupados según intereses y dispuestos a ganar elecciones. Montoneras de lado y lado. Lejos estamos de tener organizaciones serias, estructuradas, de programas, de idearios”.

Lazos familiares, julio 16 de 1995. “Si son los Yepes tan brillantes, tan solventes profesionalmente, tan calificados, ¿por qué diablos no se realizan en el sector privado en vez de devengar a la sombra del erario? No soy antiyepista como podría aparecer. Soy “antinepotista”.

Oposición conservadora: mamola, agosto 20 de 1995: “Hace rato que en Colombia no existe oposición política. Desde el inicio del Frente Nacional. Claro que tampoco existe mucha política pues las diferencias ideológicas desaparecieron entre los partidos y quedó para la escogencia de pertenencia el gusto cormático: azul o rojo. Eso es todo. Hace rato que al país lo divide el consenso. Acrítico de pupitrazo de emociones, para rodear, para sostener, para defender un consenso del estamento. Aquí la crítica es sinónimo de conspiracipon, de conjura, mejor la sonrisa condescendiente de la aceptación y participar de las dádivas del poder”.

A propósito del presidente de la Asamblea, marzo 17 de 1996: “Resultaría muy cómodo echar toda la responsabilidad de cuanto sucede a la clase política. La doble moral no sólo está en servidores públicos, también abarcan amplios sectores de la sociedad (…) Es facilista y pusilánime una “indignación” que no pasa de una llamada telefónica a la dirección de un periódico. Por ese camino, tendremos siempre a los congresistas respaldando a este u otros Tapascos”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Cuando se trata de festinar recursos, nadie es tan maniancho como el sector oficial. Y la explicación es simple: no le duelen. Tal es el caso del Concejo de Manizales. Acaba de nombrar un grupo de asesores y supernumerarios que es monumento a la desfachatez. En él, lastimosamente, tocan trompetas algunos periodistas”.

Apuntalemos la democracia, marzo 8 de 1998: “mucho dinero se ha movido para estos comicios. Dinero sobre todo. A montones, a raudales y en muchos casos gastado de maneras non sanctas. (…) Para comprender este hecho (el del dinero) he construido un axioma simple que permite entender buena parte del discurrir político actual: poder + dinero = elección. En el caso de Caldas, no cabe duda que por esta vía por lo menos cuatro senadores son fijos. Tienen dinero, burocracia, clientela, fondos de cofinanciación, alcaldes que les respaldan. Esa es la estantería en que sustentan sus curules”.

La gallina de los huevos de oro, nov 29 de 1998: “Me preocupa que lo que la Licorera produzca, sea lo que se gasta, porque ese es el detalle. Nuestros políticos son voraces pirañas. De modo que ya veo venir, por cortesía de esos dividendos, crecimientos de planta de personal, sueldos de jeque para algunos, nóminas paralelas en ciertas dependencias”

La corrupción “justa”, febrero 29 de 1999: “Hace poco un grupo de ingenieros contratistas se quejaba de lo que acontece en Manizales. Según ellos los están ahorcando con lo que denominan el “peaje” o “vacuna” que deben pagar a sus fichas en la administración. Del 8% ó 10% de coima que debían pagar tradicionalmente, ahora les están disparando por el 20%”.

Las asambleas y su inutilidad, mayo 2 de 1999: “La Asamblea de Caldas sin ir muy lejos es un reducto de inutilidad, un nido de democracia, una trinchera de politiquería. De modo que sobra. Como sobran todas, pues desde que entró en vigencia la Constitución de 1991 su papel es simbólico, aunque no así los ingresos de quienes la integran”.

Por los viejos concejos, mayo 23 de 1999: “Antes la política tenía una condición lamentable. Era el ejercicio de las tres E: empobrecía, ennegrecía y embrutecía. Lo primero por razones de honestidad, lo segundo por aquello de estar más en la chicha que en el whisky y, lo tercero, por las dos anteriores. Ahora es al contrario: enriquece, blanquea e ilumina”.

La corrupción en tiempos de crisis, agosto 1 de 1999:“Si la corrupción en Caldas se pudiera medir en la escala de Richter el registro sería idéntico al de un terremoto de no menos de 6,5 grados con epicentro en los pies de la mayoría de los políticos y con réplicas en funcionarios públicos venales y compinches del sector privado, ídem.

Los candidatos cívicos, julio 2 de 2000: “Los caciques políticos de la comarca, en su celo, no permitieron nunca que acá surgiera una nueva dirigencia. No hubo una generación de relevo; sí una generación de lacayos. Hombres y mujeres que con tal de alcanzar un cargo, igual hacían el decreto que les ordenaban”.

La pregunta por la paciencia, mayo 20 de 2001: “No nos engañemos. Lo que más preocupa a los congresistas es su reelección. Su afán no es buscar mejorar el país, sino seguir yendo al Senado o la Cámara, mantener la clientela y continuar con los privilegios y la corrupción. De modo que en rigor no son muchos los que buscan una curul para servir al país, como los que lo hacen para servirse de él”.

Sobre periodismo y medios
¿Por qué voto por Andrés?, 30 de octubre de 1994: “Soy del criterio de que los columnistas, que no los medios en sí que se deben a la objetividad, no podemos ir con medias tintas a la hora de las definiciones. Nuestros lectores tienen derecho a saber cuáles son nuestras preferencias, en temas de interés público. Lo decía ese gran escritor y ensayista que es Carlos Fuentes: “es preferible equivocarse en público en cosas que atañen a todos, que acertar en privado”. Por eso en este día de elecciones, doy a conocer el que será mi proceder de votante. Aclaro que no busco influenciar a nadie; tan solo dejar mi testimonio”.

La iglesia va al grano, 2 de abril de 1995: “si en algún lado se manejan las relaciones verticales de poder, esa es la Iglesia. Por todo esto, discrepo del Director de este Diario”.

La función crítica, nov 17 de 1996: “Me anima la idea expuesta por Ortega y Gasset como función del intelectual: pensar en contra. Y no por el prurito de llevar la contraria, sino como un acto de alerta y porque es modo de mantener la inteligencia no dependiente o por lo menos no sumergida en la comodidad que da el pensar y ver las cosas como la mayoría (…) Escribir en un medio masivo es tener una especie de liderazgo y por tanto no puede ser un ejercicio pasivo o contemplativo. Tiene que darse con independencia de carácter y de modo directo (…) Por eso este espacio, con sus más y sus menos, quiere la mayor parte del tiempo (a veces nos damos el ancho de ser juguetones y regalar unas líneas que aspiramos sirvan de esparcimiento) contrariar las convicciones simples y los estados de quietud que permiten que se mantenga el statu quo. No es este un “punto de encuentro” con la transigencia y aunque dudo que lo sea con la grandeza, si sé que no lo es por lo menos con la mediocridad o la imbecilidad”.

Esas cosas del Concejo, febrero 15 de 1998: “Unos contratos de mediocre pago a unos periodistas y una “vacuna” publicitaria a otros, son un estupendo mecanismo de conseguir algunos objetivos propagandísticos electorales a costa del erario. Ingenioso el asunto. Nuestra profesión es para el servicio de la comunidad, no para que los poderosos se entronicen aún más. ¿Por qué aceptan algunos periodistas participar de lo que generalmente critican: la contratación indiscriminada y abusiva de funcionarios en la administración? (…) No he sabido de nadie que pagado por la fuente, pueda emitir mensajes confiables sobre ésta”.

Periodismo y poder, sept 10 de 2000: “tengo a veces la vaga sensación de que mucho de cuanto oímos, vemos y leemos, no es del todo verdad. Que en lo que se dice por el micrófono, se ve en la televisión o se lee en la prensa, se cuela a veces algo que no corresponde con los hechos y por la que le untan la mano al comunicador falsario. Las mentiras que hermosean lo feo, limpian lo impuro, acallan lo perverso, hay que pagarlas al fin y al cabo. Yo no sé quién esté en las listas, aunque sospecho. Pero de todas maneras el periodismo que se pliega al poder, deja de serlo. Uno se puede equivocar, y de hecho se equivoca a veces, pero por lo menos intenta mantener un alma digna. Cuando se equivoca adrede porque va por lo bajo la canonjía, la prebenda, el sobre, entonces se es un mercachifle. Nada más”. 

Sobre literatura
Amigos secretos, sept 11 de 1994: “Este año pido, exijo, reclamo, que me regalen una novela. Ni muy larga, ni muy corta. De buen puntaje de letra (es decir de letrica grande), que no sea tan descriptiva como algunas novelas inglesas, ni tan embrolladas como las del francés George Simenon. Menos aún una novela de costumbres. Tampoco una novela de ciencia ficción. Las que cuentan historias de gente metiendo droga no me gustan. Una novela negra pudiera ser. En todo caso que no sea de Chandler. Son buenísimas pero ya las tengo. Agatha Christie no me gusta. Tampoco Irving Wallace y Morris West. Pero quiero una novela.
“Me niego rotundamente a recibir otra cosa de mi amigo secreto. Que me endulce cuanto quiera. En todo caso que mire muy bien el libro para adquirir. Pudiera ser de un autor español. Vásquez Montalbán está bien, o Muñoz Molina. Pero no la más voluminosa de este último y tampoco la que ganó el Planeta de 1982, del primero. El librero le podrá decir de cuáles hablo. Que no sea un autor latinoamericano, por favor. Me gustan, pero tengo casi todo y no quiero poseer libros repetidos. Un gringo no me chocaría. Pero no clásico, sino nuevo. Los hay realmente importantes, aunque sé que circulan poco. Por una novela, por eso juego amigo secreto”.

A Dios lo que es de Dios, nov 9 de 1997: “La semana pasada Octavio Escobar Giraldo, médico de 35 años, obtuvo el Premio Nacional de Cuento de Colcultura. Es uno de los premios más importantes en la literatura colombiana. Participaron 147 libros en el género. Ganó él. Los jurados eran de relumbrón: Mempo Gardinelli, escritor argentino de primera línea y los colombianos Piedad Bonett y Eduardo Guisado.
“Pero no es sólo por él que se puede hablar de una nueva generación. Los escritores caldenses están cosechando éxitos que nos tienen que hace volver los ojos hacia sus obras (…) a modo de una guía rápida cito algunos títulos. En poesía: El territorio y la máscara, de Rodrigo Acevedo (qepd); Despues del colegio, de Flobert Zapata; Al borde de la vía, de Uriel Giraldo; Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos; Esa muchacha es el verano, de Edgar González; Canteras al viento, de Antonio Leyva. En cuento: Variaciones, de Adalberto Agudelo; Señales de desahucio, de Óscar Jurado; Urbes luminosas; de Eduardo García Aguilar. En novela: El último diario de Tony Flowers, Octavio Escobar; La bruja de Lanta, de Néstor Gustavo Díaz, y por supuesto la obra de García Aguilar. La anterior, una pequeña muestra. Hay muchas ausencias, sin embargo estos nombres resultan ilustrativos. Leámoslos”.

Para el amor, la poesía,  sept 17 de 2000: “Me encanta la poesía de amor. Me sensibiliza de la cabeza a los pies. Doy un ejemplo: Cuando deseo encontrarla, prefiero casi no encontrarla / para no tener que dejarla después, dice Fernando Pessoa. Es hermoso. También lo es ese poema juguetón de Ernesto Cardenal que dice: Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido / pero de los dos, tú pierdes más que yo / porque yo podré amar a otra como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo”.


Punto de encuentro, selección de columnas
Orlando Sierra Hernández
Editorial La Patria
Octubre de 2002
Manizales
319 páginas

miércoles, 11 de enero de 2017

El mapa de Sara, de Octavio Escobar Giraldo

Alfredo es un adolescente de Manizales que vive por Villapilar, estudia en el Instituto Universitario, tiene una hermana que se llama Jimena, su papá se llama Alfredo y su abuelo también. Su vida transcurre entre el colegio, el fútbol y el entorno familiar, que gravita en torno al Tío Pipo, como le dice cariñosamente a Esteban, el único hermano de su papá, quien repara televisores y sufre un trastorno mental.

Esa es la síntesis de esta novela de Octavio Escobar Giraldo, narrada por un jovencito posiblemente para lectores de su misma edad. Y es que aunque el rótulo de "infantil" o "juvenil" para hablar de literatura implica una discusión, ya que todo texto en principio debe tener una calidad digna de cualquier público y por lo tanto lectores de cualquier edad deberían poder acercarse a cualquier texto sin prevención, el lenguaje de esta novela, además de la historia, hace que resulte atractiva para los jóvenes que apenas empiezan a descubrir el gusto de la lectura. 

La novela está construida a partir de 22 textos breves, cada uno centrado en una anécdota o relato puntual, lo que facilita que el lector joven lea un capítulo cada día hasta culminar el libro. El lenguaje es claro, lleno de referentes que puede identificar cualquier manizaleño, como las cometas de Chipre, las competencias de carritos de balineras, los almuerzos con fríjoles, arepas, aguacate y hogao y en general la vida sencilla que, por fortuna, no ocurre solo en apartamentos frente a pantallas, sino también en las calles del barrio, con amigos.

En varias entrevistas Octavio Escobar ha dicho que le gusta reinventarse, innovar con el lenguaje y explorar posibilidades. Los lectores de otras obras suyas como Saide o Destinos Intermedios no encontrarán en El mapa de Sara nada del vértigo de novela negra de esas páginas; los lectores de Después y antes de dios encontrarán acá una visión amable de Manizales y no la ciudad de doble moral que retrató en la otra novela. Los lectores de De música ligera extrañarán en esta nueva obra los juegos postmodernos con el lenguaje. En cambio, quienes ya han leído Las láminas más difíciles del álbum quizás encuentren un hilo común con El mapa de Sara: la ingenuidad, la vida simple de la infancia y la adolescencia, la curiosidad, la vergüenza y el humor hacen parte de los cuentos publicados en 1995 y reaparecen ahora, 21 años después.

Algunas frases:
"Debe ser terrible tener que desconfiar de uno mismo, de su mente, como yo creo que, a veces, deberíamos desconfiar todos".

"vivo en una ciudad de la región cafetera colombiana, en el centro del país. Se llama Manizales y está a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar. Sus atardeceres son hermosos, sus calles empinadas y sus mañanas frías. Llueve mucho y en sus cocinas son frecuentes los olores del café, el chocolate y la arepa, torta de maíz que a algunos turistas no les sabe a nada. Rodeada por todos los verdes a veces una montaña parece la sombra de la otra, a treinta kilómetros de distancia queda el Parque Nacional Natural de los Nevados".

"no lleves cámara fotográfica. A tu tío le molesta que la gente no vea los paisajes por estar buscando la forma de tomar una fotografía. Tiene su lógica".

"Este es un sitio donde lo bonito es que la belleza es como triste".

"Hay que mirar a nuestro alrededor, ver las maravillas que nos rodean dijo Humberto. Nosotros vivimos en medio de los bosques andinos, que son tan ricos y tan diversos como el Amazonas. ¡Y no los vemos!".

"Cuando el viento para, oyes algo que rara vez se oye en las ciudades.
¿Qué?
El silencio". 

"Lo que yo siento es que mi sombra cada día pesa más, y lo peor es que también los oscurece a todos ustedes".

"Empezaba a entender que hay momentos en los que a uno lo deben proteger de sí mismo".

"las enfermedades nos superan con frecuencia, porque los seres humanos no tenemos las capacidades ni los medios suficientes para mejorarlas. Los médicos son todo, menos dioses".

"entre la normalidad y la locura hay un solo paso, uno que no es difícil que demos".


El mapa de Sara
Octavio Escobar Giraldo
Editorial Panamericana
Bogotá
2016
128 páginas

lunes, 21 de noviembre de 2016

Número cero, de Umberto Eco

De todas las novelas que he leído de Umberto Eco, quizás Número cero sea la más floja. Tiene personajes apenas esbozados, largas páginas con nombres, fechas y datos que tienen poco interés para quienes no estamos familiarizados con las minucias de la política de Milán o de Italia, y un intento de relato policíaco que se construye apenas al pasar de la mitad del libro y que no alcanza a cuajar.

Sin embargo el autor es Umberto Eco, un filósofo brillante que siempre tiene cosas importantes para plantear y esta novela no es la excepción. Si bien como texto literario Eco publicó obras superiores, como texto a secas Número cero ofrece una mirada necesaria sobre el cinismo con el que se trabaja en algunas salas de redacción, que atienden al interés particular del dueño por encima del interés general de la ciudadanía, vulnerando su derecho a recibir información de calidad.

Así como El nombre de la Rosa eran varias novelas en una sola (una novela policíaca, una novela sobre la edad media, una novela sobre los libros, etc.) leer Número cero también implica escarbar en las distintas capas de una cebolla: es una novela sobre el periodismo y las salas de redacción; una novela sobre la muerte de Mussolini y/o lo ocurrido en Italia después de la II Guerra Mundial, una novela sobre el romance entre un hombre casi viejo y una mujer aún joven, o una novela sobre Milán.


Entre las lecturas que ofrece la que me resulta interesante es la de los medios de comunicación. Eco escribe un libro que parece pensado para desvirtuar la frase célebre de Ryszard Kapuscinski "Los cínicos no sirven para este oficio. Eco en Número cero muestra lo contrario: este oficio está hecho de cínicos y la información es una mercancía que se ajusta a los intereses particulares de quien paga por producirla. 

La trama es simple: un magnate del que apenas leemos entre líneas contrata a un director para que monte un diario. El director contrata al narrador de la novela, quien oficia como jefe de redacción de un grupo integrado por otros 4 periodistas. La particularidad consiste en que aunque se trata de un diario, durante el primer año los periodistas se dedicarán a montar cada mes una edición cero, que no circule y que muestre como será el periódico cuando salga a la calle. Lo que los periodistas no saben, pero el director y el jefe de redacción sí, es que en realidad el periódico jamás circulará: las ediciones cero deben servirle al magnate para mostrarle a gente clave que él puede tener mucho poder y que a cambio de no circular le permitan acceder a otros beneficios en el mundo empresarial en el que se mueve.

La novela se publicó en 2015 pero ocurre años atrás y por eso no incluye en su trama reflexiones sobre redes sociales. Apenas menciona los teléfonos celulares, para decir que serán una moda pasajera. Tiene en cambio numerosas consideraciones sobre la forma en la que los periódicos deciden qué noticias cubrir y cómo hacerlo, como se puede ver en la selección de frases que incluyo a continuación y que muestran hasta qué punto Eco desconfía de la "verdad" de los medios. No creo que esta visión catastrófica corresponda con la realidad cotidiana de numerosas salas de redacción, pero la crítica que muestra sí invita a pensar con qué criterio se escogen los temas, los enfoques, las fuentes y los titulares. 

"los espectadores de sus cadenas de televisión tienen una edad media (digo edad mental) de doce años".

"A estas alturas, el destino de un diario es parecerse a un semanario".

"Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad".

"Fíjense en los grandes periódicos anglosajones. Si hablan, qué se yo, de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir, evidentemente, qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión. Con todo, se podría suponer que el periodista ha dado voz solo a quien piensa como él. Por lo tanto, las declaraciones serán dos, en contraste entre ellas, para demostrar que está claro que existen opiniones distintas sobre un mismo tema: el periódico da cuenta de este hecho incontestable. La astucia está en entrecomillar primero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente".

"No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia".

"un periódico se mide también por la capacidad de hacer frente a los desmentidos, sobre todo si es un periódico que demuestra no tener miedo de meter las manos en la podredumbre".

"recuerden bien los tres elementos fundamentales para el desmentido del desmentido: las declaraciones recogidas, los apuntes en el bloc de notas, y perplejidades varias sobre la credibilidad del desmentidor".

"La entrevista con un autor sosiega, porque ningún autor habla mal de su libro; de ese modo, nuestro lector no se ve expuesto a críticas feroces y amargadas, y demasiado sesudas".

"¿quién se lee los libros que reseñan los periódicos? No suele hacerlo ni quien hace la reseña; y demos gracias a Dios si el autor se ha leído su libro porque, la verdad, ante ciertos libros se diría que no lo ha hecho".

"A nuestros lectores hay que tranquilizarlos, no alarmarlos".

"Señores, estamos haciendo periodismo, no literatura".

"—Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.
—Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?
—Ambas cosas. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene".

"Tengan en cuenta que hoy en día, para rebatir una acusación, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador".

"la solución más prudente suele ser decantarse por lo sentimental, ir a entrevistar a los parientes"

"La indignación hay que dejársela a los periódicos de izquierdas, que están especializados en eso".

"La llamada a la honradez siempre vende muy bien".

"El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Sucede el hecho X, no puedes obviarlo, pero, como pone en apuros a demasiada gente, en ese mismo número te marcas unos titulones que le ponen a uno los pelos de punta: madre degüella a sus cuatro hijos, quizá nuestros ahorros acaben en cenizas, se descubre una carta de insultos de Garibaldi a Nino Bixio y, hala, tu noticia se ahoga en el gran mar de la información".


"Había perdido todas las certezas, salvo la seguridad de que siempre hay alguien a nuestras espaldas que nos está engañando".

"Si era tan graciosa debía de ser también guapa. Y a su manera lo era ¿Por qué a su manera? A la manera no le había pillado el punto, pero había despertado mi curiosidad".

"un jovenzuelo de veintiséis años, todo ideales y nada de ideas".

"En la universidad (entonces, pero creo que también hoy en día) las cosas funcionan de manera contraria al mundo normal: no son los hijos los que odian a los padres sino los padres los que odian a los hijos".

"Y cuando vives cultivando esperanzas imposibles, ya eres un perdedor. Y cuando te das cuenta, te hundes".

"Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en sabértelas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas".

"Leer manuscritos que jamás serán publicados puede llegar a ser un oficio".

"El miedo a morir infunde aliento a los recuerdos".

"Estamos hablando de finanzas, no de comercio. Primero compras, y ya verás que el dinero para pagar te llega".

Número cero
Umberto Eco
Editorial Lumen
Milán, 2015
2018 páginas

domingo, 30 de octubre de 2016

Qué raro que me llame Federico, de Yolanda Reyes


 Que raro que me llame Federico narra una historia sencilla, repetida hasta la saciedad, que por alguna razón había estado ausente de nuestra literatura más reciente: una española viene a Colombia para adoptar un niño, se lo lleva y el niño crece allá. Luego el niño, convertido en joven adulto, quiere regresar a su país de origen para buscar las raíces perdidas de su infancia.

Eso es todo. Pero en esa síntesis hay mucho dolor y también mucho amor: el de Belén, la editora que intenta quedar embarazada y luego decide adoptar, y el de Federico, llamado así por su nueva madre, pues el nombre de Freddy que tuvo hasta los cinco años a ella no le gustó y se lo cambia por Federico, inspirada en el verso "Qué raro que me llame Federico", de García Lorca. 

Es entonces una novela sobre la maternidad y la familia, pero también sobre la adaptación a otros mundos: el de acá y el de allá, el de vivir sola y vivir con un hijo, el de convivir en el presente con un pasado brumoso, el de comunicarse a partir de lenguajes distintos. 

Yolanda Reyes aborda la historia con una prosa limpia, sin artificios, en una narración a dos voces. La novela esta dividida en tres partes y cada una está compuesta por capítulos breves que tienen dos componentes: la vida de Belén, contada en tercera persona y en orden cronológico, desde su pasado profesional hasta hoy, y la de Federico, contada por él mismo a partir del momento presente.  


El libro plantea inquietudes sobre el lenguaje (el español de Colombia no es el de España), sobre los nuevos modelos de familia y sobre la forma en la que acogemos a los que nos son diferentes. Pero por encima de eso, es una novela sobre los desgarramientos y sus huellas: el del parto, el de un niño que es separado de su madre biológica y el de un joven fotógrafo que decide separarse de lo que es, para intentar unirse a lo que alguna vez fue. Sin duda, un libro hermoso.

 Algunas frases: 
"leía otro manuscrito para primerísimos lectores basado en las mismas fórmulas del disparate: qué pasaría si la cama fuera un barco, ¿acaso no había ya nada nuevo que escribir?

"Se podría hacer un doctorado en rejas bogotanas: historia de las rejas, arquitectura de las rejas, semiótica de las rejas, las rejas en el tiempo, de la Colonia a nuestros días".

"que un hijo no es un trofeo ni una mercancía, que no resuelve problemas de pareja ni llena los vacíos de otras pérdidas".

"En esta casa no hay padre; hay familias de familias y algunas están formadas por una madre y un niño, nada más, como la nuestra".

"No más, basta de esfuerzos: se sintió tranquila con su frase, no puedo más. Punto final. Una opción es tener hijos y otra opción es no tenerlos y ya está. Pero la máquina de su cabeza no paraba y las ideas y los latidos seguían peleando, bullendo, resistiendo".

"las mamás necesitan creer siempre, pase lo que pase, ese es un punto que se repite en las historias: la necesidad de las mamás de creer, incluso cuando saben que es mentira".

"El niño, ella y el libro, en triángulo amoroso".

"Yo quería encontrar mi casa. Significaba mucho menos que un país, pero significaba mucho más: mi casa". 

"—Nunca me había imaginado así a Bogotá.
—¿Así cómo?
—No sé. Tan parecida a todas las ciudades".

"—¿Cómo le voy a quitar su nombre?, ¿cómo voy a decidir por él?
—Eso es lo que hacemos: decidir por ellos todo el tiempo".

"¿Los bebés adoptados toman leche?
Claro que toman leche. Todos los bebés toman leche.
¿De dónde sacan la leche los bebés adoptados?
Del tarro de la leche.

"Dos corazones rotos: el de mi madre, por no haberme tenido entre sus tripas. Y el mío, por no haber nacido de las suyas. Dos dolores que se encuentran. Será dolor lo que nos une".


Qué raro que me llame Federico
Yolanda Reyes
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2016
199 páginas