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viernes, 23 de diciembre de 2022

Blanca Isaza: escritora y editora (1898-1967), de Jorge Mario Ochoa Marín

Blanca Isaza de Jaramillo Meza fue una escritora nacida en Abejorral en 1898, y radicada en Manizales desde muy joven. Aunque siempre se dedicó a la actividad literaria, como autora de poemas, cuentos y como fundadora, directora y editora de la Revista Manizales, en donde publicó numerosos editoriales, crónicas y textos de diverso tipo, durante varias décadas fue conocida como la esposa de Juan Bautista Jaramillo Meza, como si el mérito mayor fuera ser la "esposa de".

Este libro del profesor Jorge Mario Ochoa es una versión de su tesis doctoral, accesible para el público no iniciado. En esta obra el profesor presenta el contexto de las mujeres escritoras en Colombia a comienzos del siglo XX, el papel de la prensa como espacio para las mujeres autoras, y luego se ocupa de la obra de Blanca Isaza, con particular énfasis en su narrativa: los cuentos y lo que publicó en "Itinerario Breve" la sección fija que tuvo en la revista Manizales. 


Como lo señala Ochoa, Blanca Isaza fue una escritora de prensa y eso moldeó su lenguaje, la extensión de sus textos y su tono. Así mismo fue una escritora conservadora, cercana a los parnasianos y el estilo de Guillermo Valencia, y renuente a nuevas formas literarias como las que surgieron con Piedra y Cielo. Su conservadurismo se amoldó bien al espíritu de la ciudad y también a los intereses de los comerciantes que con sus anuncios sostenían la revista. En ese sentido Blanca Isaza encarna un tipo de escritora que se presenta como "el angel del hogar": una autora que se amolda a lo esperado en su tiempo para las mujeres, como hijas, madres y esposas. 

Se trata de un libro valioso para el estudio de las escritoras colombianas y en particular de las escritoras del Gran Caldas, que hasta ahora han sido muy poco abordadas desde el ensayo académico. Contrasta el profundo trabajo investigativo y analítico que presenta el autor con el descuido en una edición universitaria que trae numerosas erratas, que delatan la falta de un buen proceso de edición y corrección de artes finales. 

Algunas citas

Su escritura se desenvuelve en medio de la actividad cotidiana (p. 12).

Jana Marie Dejong sitúa a Blanca Isaza, junto a Laura Victoria, Juanita Sánchez Lafaurie y Paz Flórez, entre otras, en la generación que marcó el tránsito entre las escritoras románticas del siglo XIX -Josefa Acevedo de Gómez, Soledad Acosta y Agripina Montes- y una nueva generación que empezó a publicar durante la década del 40, ya aclimatada a las nuevas corrientes estéticas del siglo XX (p. 15).

la generación de escritoras colombianas nacidas en el umbral de los siglos XIX y XX, que empezó a publicar en periódicos y revistas entre las décadas de 1910 y 1930. Su iniciación en la literatura representó -para las mujeres en general- el salto de la lectura a la escritura (p. 22).

El ritmo de la escritura se adapta al ritmo de la vida doméstica, los temas relacionados con las labores se incorporan a los poemas, moldean su voz, su vocabulario y las representaciones de su yo (p. 23). 

Los textos de Blanca Isaza fluyen entre la revista y el libro: en la mayoría de los casos, su fuente es la producción del poema, la crónica o el cuento para la revista y el final del ciclo es la recopilación del texto en un libro, unos años después (p. 24). 

Al finalizar el siglo, en medio de un índice de analfabetismo que alcanzaba el 80%, el 34% de la población alfabetizada era femenina. La educación fue su primera oportunidad de profesionalización: un 37% de los institutores eran mujeres (p. 31).

Las mujeres latinoamericanas debían compaginar el modelo cristian de la madre abnegada y devota, con el modelo de la madre educadora que requería la nación y de cuya instrucción dependía la virtud moral de la sociedad (p. 33).

la poesía fue un importante vehículo para la transmisión de los valores patrióticos, el culto de los héroes y la preservación de los monumentos (...) El prestigio del poeta en el siglo XIX tiene mucho que ver con una educación que tenía como tarea la preservación de la memoria histórica. La formación moral de las futuras madres debía pasar necesariamente por la literatura; la base de su formación ciudadana era la lectura de los poetas más respetados (p. 33). 

Para mantener su nombre a salvo de la publicidad, la mayoría prefería firmar sus escritos con seudónimo. Fueron autodidactas, al igual que muchos escritores de la época, pero todavía estaban marginadas de los cafés y espacios públicos donde los hombres discutían o se enteraban sobre autores y publicaciones recientes, donde podían tratar con los escritores y conocer nuevas propuestas estéticas. Existía también el viejo tempor de las mujeres de letras a ser tildadas de "bachilleras" (p. 37).

asumían una actitud dubitativa frente a la propia obra que podía pasar por falsa modestia, pero no era así. Reconocían que hacían versos, pero como si estuvieran pidiendo disculpas por ello (p. 38).

La producción literaria de las autoras de esta época estuvo limitada a publicaciones breves en la prensa (poemas y cuentos, principalmente) y concursos literarios para mujeres; muy pocas tuvieron la oportunidad de publicar libros (de escasa circulación, además).(p. 39). 

la mujer altiva, combativa y a veces jactanciosa que hablaba en su primer libro, se transformó luego en la sumisa, sencilla, casi infantil y dada a pasar por desapercibida, con la cual terminó por identificarse en la mayor parte de su obra (p. 71).

(Escribe el padre Fabo): se editaban cada vez más novelas "y lo que es peor, escritas por mujeres. ¡La novelista hembra! He aquí el mayor contrasentido del arte inmoral cultivado por quienes, debiendo ser ángeles de luz, se truecan en arpías coronadas de serpientes (p. 77).

en sus escritos aparecían con frecuencia palabras como castidad, pulcritud, recato, decoro, virtud, ternura y devoción. Los lectores, en su mayoría varones, veían en ella el reflejo de las mujeres de sus propios hogares (p. 87). 

Blanca resaltaba el hecho de que fue escritora de cuentos desde el primer momento; la razón era que con ellos podía explorar su "sentido trágico de la vida" y el de sus personajes. Esta explicación revela, en primer lugar, una tensión que la autora advirtió desde temprano y la llevó a alternar entre los dos géneros como formas de expresión del estado del ensueño y de la mirada cruda de la vigilia (p. 92). 

al no encontrar más opciones, como el ensayo o el artículo de opinión, las escritoras colombianas de esta época debieron recurrir a la poesía y el cuento para poder publicar en las revistas culturales. La poesía fue el género más popular entre ellas porque era el que daba prestigio, pero el cuento resultó ser el camino idóneo para hablar de una realidad inmediata no idealizada (p. 93). 

Las revistas literarias de la época debían servir de bisagra entre un público letrado que consideraba la literatura un signo de prestigio social y otro sector que había llegado a la cultura por otras vías alternas a los libros: el cine, la radio, los espectáculos teatrales, los periódicos y las revistas" (p. 95). 

tanto la estructura misma del cuento como su propia condición femenina forzaban a la autora a abordar los hechos desde el conflicto trágico de las mujeres, atrapadas en los valores de una sociedad dominada por los hombres (p. 103). 

Es también explícita la simpatía de la autora por el personaje masculino (...) el excesivo celo por enfocar los hechos desde una mirada masculina le impide a la autora ver el conflicto desde la perspectiva de la muer (p. 107). 

la literatura aún no tenía ojos ni voz para ella. La autora no aborda la perspectiva de la mujer; el lector ignora la dimensión de su soledad: solo puede imaginarla debajo de sus palabras (p. 108).

Las revistas literarias, sobre todo en la provincia, cumplieron la doble función de popularizar la cultura letrada y de impedir la entrada de nuevas corrientes estéticas y literarias (p. 115). 

Como es usual en los cuentos de Blanca, a pesar de que los personajes femeninos ocupan el centro de las historias, los hombres son quienes juzgan, aceptan o reprueban el comportamiento de las mujeres (p. 118). 

Blanca se constituyó en una de las primeras autoras colombianas de esta generación en abordar delante de los lectores su propia condición de escritora, a pesar y en medio de las relaciones de sometimiento en que se encontraba la mujer. no es contestataria ni marginal; en lugar de ello prefiere adaptarse e integrarse a esa situación (p. 119). 

Gabriela Mistral llamaba "oficio lateral" a aquellas labores manuales sobre el tejido, la madera o la tierra que muchos escritores habían convertido en afición permanente para distraerse de la actividad intelectual y mantener el ánimo jovial (p. 145). 

(Angela) Robledo llama "retórica del autodesprecio", caracterizada por el uso de expresiones como "modestia", "humildad", "ingenuidad", que disminuyen el yo de la mujer dentro del discurso (p. 155).

El caso de la revista Manizales es especial en el país, en cuanto se trata de una publicación dirigida por una mujer, pero orientada hacia un público letrado, en su mayoría masculino (p. 160). 

Manizales se presentaba, así, como un eslabón en la historia de la prensa y de la cultura letrada que había empezado en el XIX con El Ruíz. Periódico científico, literario e industrial, publicación semanal fundada en 1874 por Alejandro Restrepo, primer telegrafista e impresor de la ciudad. Después de l Ruiz hubo alrededor de veinte publicaciones periódicas bastante fugaces en el XIX que desaparecieron, ya por fracasos económicos o por estar supeditadas a temporales intereses partidistas. no obstante, entre 1877 y 1880 se editaron sucesivamente cuatro periódicos. El padre Fabo en su Historia de Manizales (1926) afirma que, en 1880, cuando la ciudad contaba con 14.000 habitantes, había 283 suscriptores de periódicos que sumaban en total 925 pesos por pago de suscripciones (p. 164). 

Ya en 1916 la ciudad contaba con las tipografías Manizales, Renacimiento, Rivas, Comercial, La Idea, así como las imprentas Departamental de Caldas, de San Agustín y de la Diócesis (p. 166).

Entre 1914 y 1924, Justiniano Macía fundó y dirigió Renacimiento, el primer diario departamental de información alejada de la política bipartidista (p. 168). 

esa intensa relación epistolar en la cual Jaramillo Meza era experto, era la dinámica propia de un mercado de papeles impresos que comenzaba con la publicación de textos cortos para periódicos y revistas, seguía con el cultivo de contactos a través de esos medios y concluía con la recopilación en libro de estas producciones luego de los años. El canje de revistas literarias sirvió de vitrina para muchos escritores de todo el continente; por medio de este intercambio se tejió una red de escritores, lectores, editores y vendedores que funcionaba como vehículo de propaganda para la circulación de libros (p. 171). 

La preocupación de fondo en el editorial de Aquilino Villegas fue también la de la pareja Jaramillo Isaza, tanto en Azul como en Manizales: alcanzar una relación recíproca y armoniosa entre los poetas y los dueños de la riqueza y la mercancía (p. 176). 

el canon de la revista fue fundamentalmente nacionalista, masculino y centenarista en su concepción de la poesía; aparte de Blanca Isaza, quien figuró casi siempre como autora de los cuentos que recogería más tarde en Los cuentos de la montaña y La antigua canción, solo hubo cabida para los hombres (p. 178). 

Manizales se financiaba con los anuncios de comerciantes de Caldas o empresas nacionales con intereses en la región; para ello era importante la amistad con escritores y con personas cercanas al mundo de los negocios: bibliotecarios, diplomáticos, empresarios, académicos, ministros, editores, libreros, etc., de esas relaciones dependían los anuncios publicitarios que permitían sostener la Revista (p. 192). 

Para estos autores la prensa fue su entrada a las letras y en algunos casos su forma de ganarse la vida. La prensa del país y, especialmente, la regional, sujeta a las luchas continuas por el poder entre los dos partidos hegemónicos, era también la escuela de los jóvenes políticos para el dominio de la oratoria y el contacto con el público, antes de lanzarse a la plaza pública y a las tribunas del parlamento (p. 197). 

El placer arqueológico de desenterrar lo no publicado, era una de las caras de esa sensibilidad conservadora que desconfiaba de las manifestaciones estéticas modernas y se aferraba al pasado mediante el rescate de la joya rara y oculta (p. 199). 

Las dos Manizales -revista y ciudad- rendían culto a España mas que como un lugar de la geografía, como patria espiritual, ya que era la cuna de la lengua y de don Quijote, caballero del ideal. El epíteto "cervantino", frecuente en el vocabulario de la directora, remitía también a ese doble origen de la lengua y de la hidalguía hispana. (p. 218). 

Blanca Isaza fue, esencialmente, escritora de prensa; sus libros hacían parte del engranaje de Manizales, no solo porque derivaban de lo que publicaba allí, sino, además, porque la revista en general funcionaba como plataforma de publicación, promoción y distribución de los libros (p. 233). 

fatalmente, la obra de Blanca Isaza hizo parte de esa literatura impermeable o adversa a la crítica de verdad y se resignó al elogio efímero de los lectores de prensa (p. 235). 

Esa relación recíproca y de afecto que se renovaba en cada número de Manizales creó entre su público la imagen de Blanca Isaza como madre y abuela en las letras de la región; pero la magia que producía el artículo en el marco de la prensa perduró hasta la muerte de la autora; hoy, al sustraer la obra del diálogo con su tiempo, esa magia pareciera haberse extinguido (p. 236). 

(Luis) Tejada le imprimió a la crónica lo que García Usta ha llamado "autonomía imaginaria", es decir, trabajó un género de prensa con los mismos recursos creativos "y la misma aspiración de intemporalidad de los escritores de ensayo y de ficción (p. 242) 

hay dos categorías irrenunciables que subyacen a todos los "itinerarios": su condición de mujer y su personalidad de poetisa (p. 247). 

El "Itinerario breve" trasladaba al papel una concepción tradicional de lo femenino que compaginaba palabra y hogar (p. 252). 

Blanca fue poetisa en sus crónicas, no sólo por ese trato ornamental con la palabra que acostumbraban los modernistas, sino principalmente porque usó la prosa con imaginación poética (p. 254). 

La iniciación de Blanca como escritora ocurre entre el proceso de formación de élites letradas durante la colonización antioqueña, y la experiencia incidiosa de la modernidad que puso en crisis las tradiciones (p. 282).

La continuidad entre un discurso fundacional y otro apocalíptico es un rasgo común de las escritoras colombianas que nacieron y se formaron entre la guerra de los Mil días y las celebraciones del primer centenario de la Independencia, entre el ocaso del romanticismo y el auge del modernismo; y aunque coinciden en muchos aspectos con los escritores de la Generación del Centenario, sus nombres aparecen muy poco en los libros de historia. La literatura fue para ellas un camino hacia la emancipación de las labores domésticas (p. 282). 

el trabajo periodístico, a la vez que le sirvió de profesión, moldeó por completo la obra en cuanto a extensión, tiempo de elaboración, temas, técnicas, lenguaje y comunicación con los lectores (p. 284).

El periódico fue también, de manera general, el espacio de formación del escritor colombiano durante el siglo XX. La colaboración permanente para estas publicaciones le dio disciplina y regularidad a su quehacer; pero, al mismo tiempo, condicionó su obra al inmediatismo y a las circunstancias de la comunicación que regían a la prensa escrita. En muy pocos casos el texto hecho para los lectores de prensa sobrevivió al tiempo para el cual se escribió (p. 285). 

Blanca vio en la literatura una oportunidad de ascenso social de la mujer sin quebrantar de golpe el viejo orden dominado por los hombres, con la idea de que su influyente posición de escritora, periodista y editora, le permitiría minar esa vieja estructura desde el interior de la ciudad letrada. Asímismo, desde la reveista defendió el derecho de las mujeres al trabajo remunerado, festejó la llegada de las primeras mujeres a la universidad, tomó partido por el sufragio femenino y combatió a quienes se oponían a sus derechos. En un tiempo de tránsito a la modenridad, la sociedad tradicional no impidió de manera explícita que las mujeres se dedicaran a la literatura, siempre y cuando pudieran hacerlo sin dejar de cumplir su misión fundamental como madres y esposas; no lo porhibía, pero la carga hacía casi imposible que pudieran pensar en ser escritoras; efectivamente, pocas mujeres de su generación pudieron lograrlo (p. 286). 

Blanca Isaza: escritora y editora (1898-1967)
Jorge Mario Ochoa Marín
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2022
325 páginas

sábado, 22 de julio de 2017

Lo que sobra del silencio, entrevistas de Orlando Sierra Hernández

En alguno de sus textos el periodista Orlando Sierra Hernández escribió "la palabra es lo que sobra del silencio", frase que no solo le da título a este libro póstumo sino que además dice mucho sobre el oficio de editar, al que dedicó buena parte de su vida.

A Orlando Sierra, subdirector de La Patria, diario de Manizales, le dispararon el 30 de enero de 2002 frente al periódico, cuando regresaba de almorzar. Murió dos días después y en 2015 la justicia condenó como autor intelectual del crimen al diputado liberal Ferney Tapasco González, al cual Orlando fustigaba a través de su columna de opinión "Punto de encuentro", que le dio enorme visibilidad en la región. 

Orlando era buen opinador porque mezclaba bien dos características: era buen escritor y además era buen periodista. Escribió poesía, cuento, ensayo, novela, y también diversidad de textos periodísticos, siendo la crónica y la entrevista los géneros en los que más brillo. Fue entrevistador para prensa y también para televisión. Su programa Al aire, en Telecafé, no sólo fue premiado sino que se convirtió en vitrina -o paredón- de muchos personajes locales.

"Lo que sobra del silencio" es un breve libro editado por La Patria y la Universidad de Caldas en 2009, que reúne 15 textos, en su mayoría entrevistas al "pregunta-respuesta", publicados en el diario La Patria entre 1986, año en el que empezó a trabajar en el periódico y 1997. Además de entrevistas, el libro incluye un reportaje con tono moralizante sobre la prostitución infantil y un obituario.

En el prólogo, Carlos Augusto Jaramillo Parra explica que Orlando tenía una técnica para entrevistar que consistía en hacer preguntas sencillas, simples, aunque conociera la respuesta y luego, cuando la conversación fluía, empezaba a dialogar con largas intervenciones que buscaban picarle la lengua al personaje. "Esa era la primera etapa. La segunda era la escritura. No sé cómo lo hacía en todas pero sí puedo decir como lo hizo muchas veces. Tomaba un puñado de frases que le parecían importantes, contundentes, interesantes o simplemente con color y las ponía a un lado. Eso lo usaba para las respuestas. Lo demás lo aprovechaba para describir la personalidad de su entrevistado, para crear largas digresiones y contextualizar. Además era un observador de los gestos". 

Editar un libro con textos periodísticos no es fácil. El periodismo bebe de la actualidad, que pierde vigencia con el paso del tiempo. El periódico de ayer es viejo y las entrevistas publicadas en los diarios pierden gracia al pasar al formato de libro porque las revelaciones o datos que en su momento pudieron ser claves ahora resultan irrelevantes. 

En ese sentido, leer "Lo que sobra del silencio" 30 años después de haberse publicado estos textos periodísticos por primera vez, no le hace justicia a su autor, que fue un periodista agudo, inteligente, valiente y riguroso. En el libro el lector de hoy encuentra ingenuidades, moralinas, graves metidas de pata (como la que le ocurrió a Orlando cuando entrevistó a un ciclista herido en un accidente de tránsito y le reveló que sus compañeros de ruta fallecieron, pese a que el psicólogo había sugerido evitar revelarle ese dato para prevenir un shock) y un número significativo de errores de ortografía, así como preguntas sobre personas y hechos que en su momento fueron claves pero hoy son intrascendentes o aburridos.

El libro incluye diálogos con varios políticos locales. La política era uno de los temas que más atención despertaba en Orlando y acercarse hoy a esos textos resulta una curiosidad para quienes se interesen en la historia de Caldas, pues algunos de los nombres siguen vigentes hoy. No obstante, los textos políticos son los que peor envejecen: hoy como ayer existen triquiñuelas, marrullas y componendas, pero la intimidad de los odios, que en su momento pudo ser interesante, o se lee irrelevante. Un llamado de atención sobre todo el tiempo que se le dedica a la minucia política, que pronto se vuelve olvido. 

Lo que sobra del silencio, Entrevistas de Orlando Sierra Hernández
Edición y compilación: Carlos Augusto Jaramillo
Editorial Universidad de Caldas
Manizales
2009
133 páginas



martes, 7 de junio de 2016

La medicina arcaica, de Orlando Mejía Rivera

En alguna entrevista a Héctor Abad Faciolince leí que él mantiene tres libros en su mesa de noche: uno de ficción (novela o cuento), uno de poesía y otro de ensayo, y los va leyendo alternadamente, porque de esas tres formas bebe la lengua escrita.

Orlando Mejía Rivera ha cultivado el ensayo, la poesía, la novela y el cuento, además del ejercicio médico y la cátedra universitaria. En 2007 publicó la novela El enfermo de Abisina, en la que en clave de ficción propuso una nueva hipótesis para explicar con fundamento científico la causa de la muerte de Arthur Rimbaud. Luego mantuvo durante un buen tiempo una columna en la revista Bienestar, de la empresa Sánitas, en la que trimestralmente abordaba las circunstancias de la muerte de algún personaje histórico, como Darwin o Mozart, para explicar con lenguaje ameno y lleno de anécdotas las causas de la muerte de famosos artistas, científicos o políticos, y ahora entrega a los lectores un texto de 446 páginas (40 son bibliografía) titulado La medicina arcaica, que consiste en una reescritura de su obra "De la prehistoria a la medicina egipcia. Introducción crítica a la historia de la medicina", publicada en 1999.

En las primeras páginas el autor advierte que este libro está dirigido a sus estudiantes de la cátedra de Historia de la medicina de la Universidad de Caldas. Se trata pues de un ensayo académico con pretensiones científicas. Quienes busquen en estas páginas el mundo de ficción de Recordando a Bosé, El asunto García, La Casa Rosada, u otros textos narrativos del autor se equivocan de obra: En La medicina arcaica habla el profesor Mejía, experto en tanatología. 

Sin embargo el interés del libro trasciende el mundo de la medicina. Como el mismo autor explica "la historia de la medicina siempre es una historia antropológica y social". Por eso la obra de Mejía Rivera huye de la especialización y al contrario busca hacer una historia integral, con cifras, nombres, lugares y datos de interés para lectores curiosos, sin formación médica, como que la momia de la reina Nefertiti, en Egipto, reveló signos de osteoporosis; que los egipcios usaban eficaces métodos anticonceptivos, que en el alto Perú las culturas indígenas precolombinas lograron realizar con mucho éxito trepanaciones craneanas, o que las enfermedades más comunes en la actualidad, como la arteriosclerosis y la enfermedad coronaria, eran muy escasas antes del Siglo XVIII, ya que a diferencia de nosotros ellos no tenían alto consumo de lácteos ni de alimentos preparados mediante la separación de la fécula y la fibra.

El libro tiene una larga introducción que da cuenta del estado del arte en materia de historia de la medicina, y luego se divide en cuatro capítulos: Medicina prehistórica y paleopatología, que aborda la evolución del hombre a partir del estudio de restos óseos encontrados en distintas partes del planeta y de vestigios artísticos como las pinturas en las cuevas de Altamira y Lascaux. Luego trae un breve capítulo sobre magia y chamanismo; el tercer capítulo aborda la medicina en la Babilonia de los sumerios y asirios, y el cuarto, que ocupa casi la mitad del libro, se concentra en la medicina egipcia.

Mejía Rivera cita al profesor español Pedro Laín Entralgo para afirmar que no es completa la formación de un profesional mientras éste no sea capaz de dar razón histórica de sus saberes. Pero más allá de los detalles históricos relevantes para un médico, Mejía propone una postura ética frente al conocimiento científico. Afirma que éste no avanza de manera lineal y que existen distintos saberes científicos que pueden coexistir con otros míticos o religiosos. Así mismo destaca la capacidad de observación y análisis de los médicos arcaicos y la comprobación científica de la eficacia de muchos de sus tratamientos. El papiro traducido por Mejía muestra que recetar miel era tan frecuente como hoy el Ibuprofeno, y con el tiempo se demostró su alto poder antibacterial.


La medicina ha avanzado, nuestra expectativa de vida es mayor que la de los egipcios, que en un 90% lograban llegar a los 50 años gracias al conocimiento de sus médicos. Pero si algo queda claro después de leer el libro es que la fe que el paciente le pone al médico es tan importante hoy como hace 5.000 años. Esa confianza es clave para que haya curación.

Un libro muy cuidado en la investigación, que merecería más cuidado en la edición. La portada es hermosa, el papel es de calidad y la fuente tipográfica permite una lectura descansada. Pero el libro tiene varios errores que van desde tildes y "h" mal ubicadas hasta al menos una fecha que no corresponde. Un escritor de la trayectoria de Orlando Mejía Rivera merece sin duda una edición más atenta.


Algunas frases:
"La necesidad de creer en algo y la necesidad de sentirse saludable, o ser aliviado del dolor, son sentimientos muy profundos y persistentes en los seres humanos, independiente de las épocas y de las civilizaciones. No puede haber una historia de las religiiones, ni una historia de la medicina, entendidas como disciplinas especializadas y aisladas de todo el vasto universo antropológico".

"Para algunos pensadores como Iván Ilich y Michel Foucault, la medicina científica representa el brazo ideológico de la tecnocracia y de allí su poder cultural; el cual ha medicalizado la vida social cotidiana mediante sus normas de higiene, salud y enfermedad que son, en el fondo, instrumentos de represión política contra todos aquellos que tratan de combatir el orden del sistema". 

"En estos tiempos de crisis somos capaces de construir cualquier cosa, pero no sabemos para qué".

"Cuando un hecho no pertenece al paradigma aceptado por los científicos de la ciencia "oficial", es negado bajo el pretexto de ser un hecho falso, anecdótico o irracional".

"La materia es energía condensada y la energía es materia potencial".

"lleva a relaciones de integralidad, donde lo mental y lo material son una unidad y el pensamiento no sólo influye en el cerebro sino en todas las partes de los sistemas corporales".

"La gran elaboración ritual de la muerte por parte del hombre de Neandertal implica aceptar que desde esos tiempos se desarrolló una conciencia mental del transcurrir del tiempo, pues sólo cuando aparece la percepción de un pasado, un presente y un futuro es cuando la conciencia de la muerte se establece en la profundidad de la psique humana. Sin la angustia del tiempo que pasa no hay angustia de la presencia de la muerte".

"La población que hace 10.000 años era de unos dos millones de habitantes, a los 5.000 años alcanzó los cinco millones".

"en el período dinástico (en Egipto) el 10% de los individuos morían a los 34 años, pero el 90% llegaban a los 50 años".

"La medicina científica nació en Egipto y traspasó las fuentes de su conocimiento a los griegos, los cuales, por supuesto, fueron brillantes alumnos y continuadores lúcidos del saber médico".


La medicina arcaica
Orlando Mejía Rivera
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2016
446 páginas

domingo, 10 de enero de 2016

Las vueltas del baile, de Jaime Echeverri

Las vueltas del baile es un cuento publicado originalmente en 1992, que fue reeditado en 2014 por la Universidad de Caldas dentro de la colección Estados de la Lujuria.

El cuento narra una anécdota simple: Isadora y María se conocen a orillas del mar, se aman, su amor prohibido se difunde y María sufre una violación múltiple. Para que aprenda. Fin.

La riqueza está en un lenguaje cercano a la poesía, en el que lo que se sugiere es mucho más de lo que se dice. Frases eróticas construyen un relato que no se aferra a una geografía ni una época específica y le permite permanecer vigente en el tiempo.

El libro, de apenas 32 páginas, trae unas bellas ilustraciones de Edward Muñoz y Camilo Marín López, que le agregan al volumen un valor superior al propio texto. La impresión en papel satinado, con letra grande e imágenes a doble página y full color contribuyen al deleite estético de la lectura, incluso por encima de la calidad original que pueda tener el texto del caldense Jaime Echeverri.

Las vueltas del baile
Jaime Echeverri
Editorial Universidad de Caldas
Manizales
2014
32 páginas

domingo, 23 de agosto de 2009

Recordando a Bosé, de Orlando Mejía Rivera

Los asiduos de este Club Secreto saben que Orlando Mejía Rivera está en los primeros lugares de mis afectos literarios (me acuerdo de Clu que se llevó "mi" Casa Rosada a Rock al Parque y todas las hojas de "La Casa" se inundaron con un aguacero descomunal). Bueno, pues en esta Feria del Libro Orlando Mejía presentó "Recordando a Bosé" y digamos que mis afectos se consolidan.

No tengo ni la menor idea de cómo pueden recibir esta novela quienes no han vivido en Manizales. Supongo que pasa lo mismo para los que no hemos vivido en París y leemos Rayuela: que nos perdemos la mitad del libro... Para un manizaleño es muy difícil hacer una lectura "objetiva" de Recordando a Bosé porque en todas las páginas están las imágenes de la ciudad, y además de la ciudad de la infancia (por lo menos la mía) porque el libro ocurre en los 80, cuando el protagonista, Ricardo Valenzuela (el autor?) entra a su primer año de medicina en la de Caldas. Entonces aparecen con nombre propio la U. de Caldas, Palogrande, la librería de Leo (Atalaya) San Carlos, Chipre, la Avenida Paralela, la 23, el Cable, el Parque de los Novios, San Jorge, La Leonora, la Suiza con todo y su acuario, el bar Kien, Timbalero, La Bohemia, la parva de La Victoria, Arizona, el Teatro Fundadores, el Cid, el Cumanday y el Teatro Manizales, la Pichinga, la Castellana, la falda de Palermo para subir al Cable y hasta el viaje Manizales-Armenia. Además, la banda sonora está armada a partir de las canciones de Miguel Bosé, de Camilo Sesto, de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, de Serrat... todas en casetes o a través de Ondas del Nevado.

En fin, puede que a un bogotano o costeño la novela le parezca apenas una "novelita" de 400 páginas, porque es una historia sencilla sin grandes pretensiones, narrada en primera persona, sin juegos de tiempo ni grandes saltos. El protagonista es una adolescente con pretensiones poéticas y la atmósfera también lo es. Sin embargo, para mi resultó "deslumbrante" descubrir que de los espacios requte-conocidos y recorridos también se puede armar una novela.

Lo malo: la edición. El libro lo editó la U. de Caldas y tiene errores increíbles de tildes, mayúsculas, etc. además de algunos gazapos, que distraen la lectura feliz.

Ahora sí, las frases, pero antes de las frases, una propuesta para el Director Supremo y los demás miembros del Club Secreto... Qué les parece si hacemos un blog? es decir, si en vez de mandarnos las citas por correo las colgamos en un blog que sólo podamos alimentar nosotros? Lo propongo básicamente porque en un blog quedarían ahí "archivadas" todas nuestras citas, para cuando uno quiera releer... porque no sé ustedes pero por lo menos yo no guardo los mails... Ahí les dejo la propuesta.

Las frases:
"Todo hombre de menos de uno sesenta de estatura necesita darle a entender al mundo que es un gigante en la cama"

"Para mi es claro que en cierta forma todos somos un pedazo de carne pudriéndose poco a poco, que la juventud que ahora tenemos tu y yo, en un abrir y cerrar de ojos será un sueño o un recuerdo remoto del pasado".

"Manizales nos mostraba en silencio su rostro adolescente, su belleza montañosa, sus aromas a eucalipto y vientos del nevado, y en ese momento, frente a la torre de madera del Cable iluminada por bombillas de cristal, miré la cara joven e ingenua de Rosana y sentí que era feliz y que ese sentimiento acompañaría mis recuerdos futuros de hombre".

"Tu problema no es que estés acá conmigo, sino que tu cabeza, tan inteligente para decir palabras bonitas y citar libros, no te ha servido para liberarte de esos complejos de culpa religiosos, que siempre están tratando de cobrarle a las personas sus raticos de felicidad y placer..."

"La educación no forma personas honestas, se puede ser un genio y a la vez un bellaco"

"El mundo convertido en un gigantesco campo de concentración, un matadero planetario que se disfraza en el día de civilización desarrollada, de bastión de la democracia, de campo de la justicia y la razón".

"Colombiano inocente: dícese del individuo que todavía no ha sido capturado por los organismos secretos de inteligencia militar y por eso no ha confesado su culpabilidad en el potro y no ha cantado estimulado por las cosquillas de la picana"´

"Yo leí alguna vez en un libro de Desmond Morris que el acto de chismosear equivalía en la especie humana a la despiojada entre los gorilas".

"Pienso que nadie tiene libre albedrío, que todo lo que vivimos, incluso lo más pequeño o en apariencia sin importancia, ya está escrito en alguna parte, en el libro de los destinos humanos".

"Los mejores, quizá los más humanos, terminaban en los manicomios, o muertos por su propia mano, o refugiados en los paraísos artificiales del alcohol y de las drogas alucinógenas".

"Me gusta la ironía de Oscar Wilde cuando dice que prefiere el cielo por el clima, pero el infierno por su sociedad".

"Pues como dice mi amiga Susana todo beso debe ser mágico, es decir, un beso que se transforme en polvo".

"Democracia colombiana: dícese de un sistema político dominado por una minoría de corruptos que convencen a la mayoría con los argumentos de los gases lacrimógenos, los bolillos y las dentelladas de los perros pastores alemanes".

"Esta vida es una trama, este mundo, me lo dijo el mismo Cristo, es el verdadero infierno, no hay otro infierno fuera de éste".

"Me gusta esta ciudad, sus olores, sus paisajes. Manizales tiene su magia, cada calle, las plazas, las casas, los árboles, son parte del mundo afectivo de la gente. No existen, simbólicamente, zonas muertas o sitios extraños; esto se refleja en la actitud cotidiana de la mayoría, acá se tiene sentido de pertenencia por los espacios públicos, se camina sin prisa por las avenidas, se percibe una ciudad con alma femenina: protectora, tierna, misteriosa. Lástima que esté en manos de estos políticos actuales, maestros del chanchullo, campeones del descaro, mafiosos del tráfico de influencias. Pablo Ocampo dice que Manizales sería el paraíso terrenal si no tuviera los bandidos que la gobiernan. Si la ciudad tiene alma de mujer, es claro que los políticos que la dirigen son sus violadores".

"No seas tan desconfiado, es cierto que toda persona mayor de treinta años es sospechosa, pero hay excepciones"

"Como si la guerra, cualquier guerra, terminara enloqueciendo a sus combatientes, dejando a un lado los razonamientos y las causas políticas o históricas que la originaron, para aparecer el verdadero motivo de la perpetuación del conflicto: la trasgresión de las leyes humanas de la convivencia, la liberación del monstruoso asesino que todo corazón guarda adentro".

"Toda la civilización occidental está cimentada y construida sobre el asesinato erigido como sistema político y social. Occidente ha nacido y crece vigoroso a partir de los cadáveres de sus enemigos, que son todos aquellos que no representan los valores occidentales. Por eso nuestros discursos hieden a muerte y a tortura, somos el monstruo ciego que mata a los otros mientras canturrea canciones de amor y solidaridad e inventa lo ético y lo moral a la altura de sus propias necesidades de destrucción".

"Estos celos no son voluntarios, se me salen como los pedos".

"Siempre me ha gustado la historia, quizá porque pienso que es otra rama de la literatura, donde los hechos del pasado son acomodados por los historiadores, y los lectores, para justificar su propio presente. creo que todo lo que leemos y escribimos los seres humanos busca, en el fondo, la justificación de sí mismos, de un país, de una cultura, de una sociedad, de una raza".

"Me acuerdo del filósofo Aristóteles y su cuento de que el hombre es un animal triste luego de la cópula. Yo no estoy triste, supongo que a Aristóteles no le fue muy bien en estos menesteres y por eso mantenía triste, pero él, como fue un gran filósofo se encargó, quizá para justificarse, de convertir sus problemas personales en categorías universales de la especie humana".

"Imagínese que fuésemos más bien hijos de una probeta de cristal, con marca registrada y todo, y que nuestro amado hogar de la infancia fuera un laboratorio de biología molecular. Yo creo que usted y yo estaríamos mucho mejor sin mamás, o mejor, con esa mamá común de electrodos y cristal".

"La mamá es fundamental en los primeros cinco años de vida, después no. Es decir, después no si uno no la tuvo al principio, pues si alguien la disfrutó desde el nacimiento nunca dejará de ser, así tenga cien años, un bebé en los brazos de su madre eterna".

"Permanecer borracho en esta vida no es un vicio, ni una enfermedad, sino el único acto de dignidad que está al alcance de nuestra lucidez".

"La trama de tiempos infinitos bifurcándose, de manera simultánea, es lo que permite que en cada instante que vivimos seamos lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, pues en cada segundo converge toda la trama de los tiempos".

Orlando Mejía Rivera
Recordando a Bosé
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2009
414 páginas