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lunes, 29 de junio de 2026

Que pase lo peor, de Antonio García Ángel

¿Cómo hacer humor a partir de la reflexión literaria? ¿Se pueden releer los clásicos como Ana Karenina, de Tolstoi; La Metamorfosis, de Kafka, o El Aleph, de Borges, desde Choachí o desde Ciudad Montes, en Bogotá?

Que pase lo peor, de Antonio García Ángel, puede ser leído como una mamadera de gallo de 318 páginas o como una genialidad psicodélica, a medio camino entre lo erudito y lo popular. O como ambas cosas. O también como una novela distópica que incluye la destrucción de Bogotá (pensé en Cassiani, de Octavio Escobar Giraldo), o como una reflexión descarnada sobre lo difícil que es sobrevivir desde la literatura, con trabajos mal remunerados y la preocupación constante por reunir la plata para poder pagar el alquiler. Es también una crónica sobre Bogotá, sobre el Park Way y el sur poco literario de la zona de Ciudad Montes, y es un homenaje a los años 80 y 90 punketos, con lugares y bandas que hoy ya nadie recuerda. 

Podría escribir en qué consiste el argumento de Que pase lo peor, pero es tan disparatado que tiene poco sentido resumirlo en tres líneas. El personaje principal, Nelson Camargo Acevedo, es un escritor fracasado al que acaban de despedir de su trabajo como profesor. Conoce a Reynaldo Mestizo, un vendedor de telas que desea lanzarse como concejal, a quien le sobra en plata lo que le falta en conocimiento. Mestizo contrata a Nelson para que le redacte un perfil y sus propuestas políticas y ahí comienza una cadena de sucesos hilarantes, que incluyen al segundo mejor lugar del mundo para comer chuleta y a Kafka; a los termales de Choachí y a los cachos de Ana Karenina; a las chocolatinas jet, el chocorramo y el periodismo cutre de Vicky Dávila, que en la novela se llama Chiqui Ávila.

Más allá de la risa, de la mucha risa que hay en estas páginas, Nelson Camargo es un personaje honesto: verosímil (a pesar de las situaciones absurdas que vive) y fracasado, que al final de la novela se asoma a rincones oscuros que lo habitan y que ni él sospechaba que existían. 

Que pase lo peor es una novela llena de intertextualidad, de referencias que van desde la alta literatura hasta la música de plancha, y que se burla de todo, empezando por el propio escritor y su círculo de amigos, con humor desenfadado.

Algunos subrayados

Hay dos formas sin éxito y con cierta vergüenza, y la rimbaudiana, la que se reserva la pluma apenas para asuntos prácticos como firmar o hacer una lista del supermercado (p. 19).

—Así que usted es el escritor —dijo—. ¿Y uno qué estudia para volverse escritor?
—Literatura. O nada: escribe y ya.
—Ah.  (p. 22).


—Uy, yo soy malísimo para cobrar.
—Y yo soy buenísimo para pagar poquito (p. 25).

recordé las pintorescas flores de ignorancia y corrupción que han retoñado en el fango de la política nacional (p. 27). 

"Deja en paz a la literatura, ella no te ha hecho nada malo, no merece tus parrafitos de mierda" (p. 31).

La ortografía le daba al texto un aire de español medieval: "La ciudad nesesita soluciones" (p. 74).

he sido incapaz de bañarme con agua fría en el calor ígneo de Honda, en el amazónico clima de Leticia y en Cereté, donde hay dos estaciones: verano e infierno (p. 131). 

No sabía hasta qué punto podían considerarse amistades esas relaciones cordiales, tibias, carentes de intimidad y casi nunca presenciales (p. 148).

Tampoco extrañaba las redes sociales, esa vitrina de las miserias humanas, mundillo de celebridades de gama baja, melting pot del odio, la pose y la superioridad , cloaca de la opinión, sumidero de la inteligencia, venero de venenos, camposanto de la verdad, cilicio con el que se victimizan los victimarios y hoguera en que los savanarolas del teclado hacen sus purgas morales (p. 158). 

mis conocimientos en jardinería consistían en haber bailado "El jardinero", de Wilfrido Vargas, en fiestas del siglo XX (p. 186).

Un signo unívoco de mi soledad era que había empezado a narrarme las cosas en voz alta: "bueno, llegó la hora de dormir", "voy a comerme esta piña", "va a llover" (p. 190). 

Ya no tengo sueños. Y no me refiero a los de cada noche. Sueños de futuro, proyectos. Mi sueño quizá es estar tranquilo.  No es lo mismo que ser feliz pero me conformo con eso (p. 198).

Para mí, los cincuenta eran el umbral de la vejez, el momento de cosechar lo sembrado, pero mi cultivo vital era un triste rastrojo que me auguraba pobreza y soledad (p. 207).



Que pase lo peor
Antonio García Ángel
Editorial Random House
Bogotá
Julio de 2025
318 páginas

viernes, 2 de enero de 2026

Puñalada trapera (cuentistas colombianos)

Me volví lectora de cuentos leyendo antologías. Recuerdo con particular cariño las de Luz Mary Giraldo, así como las antologías de cuento latinoamericano de distintos autores. Las antologías tienen la ventaja de ofrecer una visión panorámica que permite conocer registros diversos autores y, a veces, sorprenderse con escritores de los que uno no tenía noticia.

Desde hace algunos años la editorial Rey Naranjo emprendió la tarea de publicar antologías de cuentistas colombianos contemporáneos, bajo el título Puñalada trapera, que ya va en su segundo volumen. 

Lo único que tienen en común los cuentos del primer tomo es que los cuentistas son colombianos y están vivos. Salvo esas dos circunstancias, los cuentos ofrecen diversidad de temáticas y tonos: hay relatos que incluyen humor, cuentos fantásticos, historias urbanas, rurales, sobre relaciones de pareja, los hijos, la muerte y todo el amplio espectro que pueden abarcar las propuestas de 22 escritores colombianos, bajo el trabajo editorial de Juan F. Hincapié.

Los cuentos de este primer volumen son: 
"Jabalíes", de Antonio García Ángel
"Calderas", de Mónica Gil Restrepo
"Educación sentimental", de Luis Noriega
"La rumba, son, palo muerdo", de Pilar Quintana
"La mata, la matica", de Andrés Mauricio Muñoz
"Resaca" de Carolina Cuervo
"Año nuevo", de Gilmer Mesa
"Fausto", de Patricia Engel
"Baila en el bosque", de Andrés Felipe Solano
"Mi novio albino", de Mariana Jaramillo Fonseca
"La lumbre en mi vientre" de Orlando Echeverri Benedetti
"La huésped", de Gloria Susana Esquvel
"Casa de los gatos que les pegan a los perros", de Daniel Ferreira
"Historia general de tu vida", de Margarita García Robayo
"Criatura", de Juan Cárdenas
"Cuello", de Daisy Hernández
"Un ringlete", de Humberto Ballesteros
"Círculos de colores", de Juliana Restrepo
"Un negocito propio", de César Mackenzie
"La niña", de Daniel Villabón
"Especulaciones editoriales", de Natalia Maya Ochoa
"El obsipo de Duitama", de Matías Godoy

Algunos autores han publicado novelas. Al leer estos cuentos y cruzarlas con las novelas de su autoría se advierten continuidades o intereses cruzados. Por ejemplo, Noche negra, de Pilar Quintana, tiene como protagonistas a los mismos personajes de "La rumba, son, palo muerdo", el cuento que aparece en este volumen. En otros casos las continuidades no son de personajes sino de intereses literarios: Antonio García Ángel escribe una historia urbana contemporánea llena de humor, como lo es también su novela Que pase lo peor. El cuento de Margarita García Robayo parece un capítulo de algunas de sus novelas sobre crisis de pareja y tensas relaciones familiares y lo mismo pasa con Fausto, el buen cuento que publica en este libro Patricia Engel, y que hace parte de su universo de historias de colombianos migrantes en Miami. 

Entre tantos autores tan diversos es difícil elegir frases, pero acá van algunos subrayados:

Educación sentimental
Luis Noriega
El maestro habla a la ventana porque para él hablar es una forma de pensar y lo que le interesa es el curso de su pensamiento, no la correcta transcripción de sus palabras (p. 34).

Como a todos los libros en los que por primera vez leyó una obra maestra, le tiene cierto cariño, pero no apego (p. 35). 

para perder el tiempo leyendo decenas de páginas que solo servirán para confirmarle que la docencia es un trabajo estéril.
los buenos alumnos no necesitan sus clases.
Los malos nunca aprenden (p. 44). 

Resaca
Carolina Cuervo
me había arreglado para ella. Los hombres no saben que siempre nos arreglamos para el ojo cínico, canalla y despiadado que poseemos las mujeres (p. 78).

Fausto
Patricia Engel
me preguntaba qué clase de conversación tiene que tener consigo misma una chica cada vez que se quita la ropa por dinero (p. 107).

Algunas veces pienso que Papi nació siendo una persona de la tercera edad (p. 107).

La teoría de Papi consistía en que el dinero fácil es dinero sucio, y la manera más fácil en que una chica puede conseguir dinero es con su cuerpo, pero eso es porque la mayoría de la gente piensa que el tráfico de drogas es cosa de hombres (p. 107).

Si el amor es ciego, la esperanza y la fe son sus primos sordos y mudos (p. 108). 

Una de las historias favoritas de mi Papi es la del usurero de su pueblo a quien se le apareció la Virgen en un aguardiente, se arrepindió y le donó su máquina de billetes falsos a la iglesia. Cuando las cosas se ponían difíciles, el cura local imprimía algunos billetes para su rebaño (p. 115).

Historia general de tu vida
Margarita García Robayo
hay un punto en el que alguien obstinado en una causa idiota, pasa de ser un iluso a un terrorista.

Siempre viviste en ciudades que te parecían feas. Hasta que descubriste que todas las ciudades son irremediable feas, salvo algunas en las que no vivirías (p. 182).

Te hace bien saber que la fealdad no tiene solución; que todo intento por paliarla es inútil. (p. 183).

Hay cierto lujo en la caridad (p. 186).

a la confianza de saberte del otro lado de los que dan y no de los que reciben (p. 186). 

La primera vez que fuiste a una reunión de académicos aprendiste que nunca hay que decir "No sé". Se debe decir "no estoy seguro" (p. 187).

Cuello
Daisy Hernández
Qué raros eran los hombres. Tenían bultos entre sus piernas y en sus cuellos. Eran protuberancias andantes. Por esto quería volver a salir con ellos. Extrañaba sentirse ofendida (p. 202).

Un ringlete
Humberto Ballesteros
Al parecer morirse era eso: todo hecho un borrón de acuarela mojada y uno que dejaba poco a poco de estar en su centro, que también perdía el color propio, que se esparcía como si al abrir los brazos escapara con torpe renuencia de sí mismo y se abalanzara hacia la libertad y el olvido al msimo tiempo (p. 221).

El obispo de Duitama
Matías Godoy
jamás terminando una frase en palabra aguda para no romper la sucesión rítimica de las ideas sino hasta el final (p. 287).

leer novelas con gusto y admiración era cabalmente lo mismo que leer las Escrituras, que al fin y al cabo la Fe no era otra cosa que la suspensión de la incredulidad extendida por los siglos de los siglos, Amén (p. 287).

También la verdad se inventa (p. 290). 

La razón por la cual creemos es porque está escrito en la Biblia. Nosotros no creemos en Dios en cuanto autor de un libro, sino en cuanto personaje (p. 295).

Si había una razón verdadera por la cual había escogido ese oficio, era porque la posición le permitía conocer las historias de la gente, que es como mejor se conoce el mundo (p. 298).

Puñalada trapera
Varios autores. Edición de Juan Fernando Hincapié.
Rey Naranjo Editores
Bogotá
2017
318 páginas. 


domingo, 20 de agosto de 2017

¿Sueñan los androides con alpacas eléctricas?, antología de ciencia ficción contemporánea latinoamericana

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una novela corta que Philip K.Dick publicó en 1968 y se hizo mundialmente famosa por su adaptación al cine que hizo en 1982 Ridley Scott con el nombre de Blade Runner.

Antonio García Ángel, el editor de esta compilación, cambia ovejas por alpacas para situar los relatos en una geografía concreta: Latinoamérica. En apenas 101 páginas se reúnen 6 cuentos que permiten vislumbrar en qué está la literatura de ciencia ficción en América Latina en este comienzo de siglo.

Los autores seleccionados son Jorge Aristizábal Gáfaro, de Bogotá, con "La delación", un hilarante cuento que se debate entre los extraterrestres y la mamadera de gallo. En segundo lugar aparece el cubano Jorge Enrique Lage, con "Straigth", un cuento que trastoca lo excepcional para volverlo regla. El mexicano Bernardo Fernández presenta "Las últimas horas de los últimos días", una narración apocalíptica ubicada en el DF. El venezolano José Urriola participa con "La droga", un relato que mezcla el amor con la química, de manera literal. Pedro Mairal, de Argentina, plantea en "Recuerdo de 2030" una nueva versión del gran hermano. Por último el peruano Carlos Yushimito presenta en "Oz" a un autómata humanoide.

El prólogo de Antonio García Ángel presenta un breve resumen del estado actual de la ciencia ficción en América Latina, a manera de introducción, que bien vale la pena para los interesados en el tema.

El libro circuló gratuitamente en Bogotá, dentro de la iniciativa de "Libro al viento" que promueve la Alcaldía Mayor. La primera vez que oí de él fue por recomendación del escritor Miguel Ángel Manrique. Me costó conseguir un ejemplar: entre las muchas ediciones de Libro al Viento esta se volvió de culto por la buena calidad de la mayoría de sus relatos. Si lo ven por ahí, en una librería, biblioteca o biblioparque, no lo dejen ir. También se puede descargar gratuitamente en el siguiente enlace: http://www.idartes.gov.co/publicaciones/libro-al-viento/suenan-los-androides-con-alpacas-electricas

Algunas frases:
Straight, de Jorge Enrique Lage
"Adán y Eva están solos. Solos y desnudos. Se gustan, no lo pueden evitar. Olvídate de la manzana. En el mundo nunca habrá una fruta cuyo sabor sea capaz de competir con el sabor de las miradas que se cruzaron bajo los árboles del Paraíso".

"No voy a entrar en detalles; me los ahorro no porque me moleste la cara de asco que ustedes van a poner, sino porque los quiero conservar intactos (los detalles) y de sobra sé que la escritura puede partir en pedazos la memoria a golpes de teclado ansioso".

Las últimas horas de los últimos días, de Bernardo Fernández

"La vida no es tan cruel como dice Wok. No puede serlo. Tampoco es como lo que venden los gurús de la superación personal. No es cebolla cruda ni pastel de cerezas. Es agridulce como el amor. Dulce como el querer, agria como el dolor".

La droga, de José Urriola
Dejemos las hipocresías aparte. Para qué mierdas buscar estar bien si en el fondo somos autodestructivos y lo que nos gusta es estar mal. Somos unos saboteadores miserables que nos engañamos y nos tendemos trampas. Supuestamente buscamos estar mejor y bajo esa mentira nos lanzamos a vivir una vida que no nos gusta ni merecemos".

Oz, de Carlos Yushimito

"Hay una vaga jactancia en el ser humano que le hace imposible aceptar la derrota frente a cualquier artefacto. Perder contra un objeto es perder contra uno mismo y esa es, si se piensa, la derrota más difícil de asimilar para las personas".



¿Sueñan los androides con alpacas eléctricas?
Jorge Aristizábal Gáfaro, Jorge Enrique Lage, Bernardo Fernández, José Urriola, Pedro Mairal y Carlos Yushimito. Editor: Antonio García Ángel.
Instituto Distrital de las Artes, Idartes.
Bogotá
2012
101 páginas.