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miércoles, 11 de enero de 2017

El mapa de Sara, de Octavio Escobar Giraldo

Alfredo es un adolescente de Manizales que vive por Villapilar, estudia en el Instituto Universitario, tiene una hermana que se llama Jimena, su papá se llama Alfredo y su abuelo también. Su vida transcurre entre el colegio, el fútbol y el entorno familiar, que gravita en torno al Tío Pipo, como le dice cariñosamente a Esteban, el único hermano de su papá, quien repara televisores y sufre un trastorno mental.

Esa es la síntesis de esta novela de Octavio Escobar Giraldo, narrada por un jovencito posiblemente para lectores de su misma edad. Y es que aunque el rótulo de "infantil" o "juvenil" para hablar de literatura implica una discusión, ya que todo texto en principio debe tener una calidad digna de cualquier público y por lo tanto lectores de cualquier edad deberían poder acercarse a cualquier texto sin prevención, el lenguaje de esta novela, además de la historia, hace que resulte atractiva para los jóvenes que apenas empiezan a descubrir el gusto de la lectura. 

La novela está construida a partir de 22 textos breves, cada uno centrado en una anécdota o relato puntual, lo que facilita que el lector joven lea un capítulo cada día hasta culminar el libro. El lenguaje es claro, lleno de referentes que puede identificar cualquier manizaleño, como las cometas de Chipre, las competencias de carritos de balineras, los almuerzos con fríjoles, arepas, aguacate y hogao y en general la vida sencilla que, por fortuna, no ocurre solo en apartamentos frente a pantallas, sino también en las calles del barrio, con amigos.

En varias entrevistas Octavio Escobar ha dicho que le gusta reinventarse, innovar con el lenguaje y explorar posibilidades. Los lectores de otras obras suyas como Saide o Destinos Intermedios no encontrarán en El mapa de Sara nada del vértigo de novela negra de esas páginas; los lectores de Después y antes de dios encontrarán acá una visión amable de Manizales y no la ciudad de doble moral que retrató en la otra novela. Los lectores de De música ligera extrañarán en esta nueva obra los juegos postmodernos con el lenguaje. En cambio, quienes ya han leído Las láminas más difíciles del álbum quizás encuentren un hilo común con El mapa de Sara: la ingenuidad, la vida simple de la infancia y la adolescencia, la curiosidad, la vergüenza y el humor hacen parte de los cuentos publicados en 1995 y reaparecen ahora, 21 años después.

Algunas frases:
"Debe ser terrible tener que desconfiar de uno mismo, de su mente, como yo creo que, a veces, deberíamos desconfiar todos".

"vivo en una ciudad de la región cafetera colombiana, en el centro del país. Se llama Manizales y está a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar. Sus atardeceres son hermosos, sus calles empinadas y sus mañanas frías. Llueve mucho y en sus cocinas son frecuentes los olores del café, el chocolate y la arepa, torta de maíz que a algunos turistas no les sabe a nada. Rodeada por todos los verdes a veces una montaña parece la sombra de la otra, a treinta kilómetros de distancia queda el Parque Nacional Natural de los Nevados".

"no lleves cámara fotográfica. A tu tío le molesta que la gente no vea los paisajes por estar buscando la forma de tomar una fotografía. Tiene su lógica".

"Este es un sitio donde lo bonito es que la belleza es como triste".

"Hay que mirar a nuestro alrededor, ver las maravillas que nos rodean dijo Humberto. Nosotros vivimos en medio de los bosques andinos, que son tan ricos y tan diversos como el Amazonas. ¡Y no los vemos!".

"Cuando el viento para, oyes algo que rara vez se oye en las ciudades.
¿Qué?
El silencio". 

"Lo que yo siento es que mi sombra cada día pesa más, y lo peor es que también los oscurece a todos ustedes".

"Empezaba a entender que hay momentos en los que a uno lo deben proteger de sí mismo".

"las enfermedades nos superan con frecuencia, porque los seres humanos no tenemos las capacidades ni los medios suficientes para mejorarlas. Los médicos son todo, menos dioses".

"entre la normalidad y la locura hay un solo paso, uno que no es difícil que demos".


El mapa de Sara
Octavio Escobar Giraldo
Editorial Panamericana
Bogotá
2016
128 páginas

jueves, 25 de abril de 2013

Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett


“Lo que no tiene nombre” salió a la venta el 8 de marzo y ya lleva más de 7.000 ejemplares vendidos. En un país en el que vender 1.000 libros es ya un éxito, lo que ha ocurrido con este texto puede decirse que es un fenómeno.



Por supuesto, la calidad de un libro no se mide por las ventas, pero ayer oí decir a su autora, en una presentación en la Librería Prólogo, que ella siempre ha tenido lectores en la academia, entre los escritores -porque la poesía en este país circula en ámbitos muy restringidos- pero que se siente satisfecha de haber logrado llegar a un público diferente, más amplio y diverso, con este libro.



Creo que lo logra porque la historia es hermosa, el libro está bellamente escrito y habla de un tema tabú: el suicidio, y de otro tema tabú: la esquizofrenia y la enfermedad mental. Ambos más comunes de lo que se cree. Por eso uno de los epígrafes del libro, de Paul Auster es tan acertado: “Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”.



Pese al dolor de mamá que representa el suicido del hijo, en cada párrafo se nota la rienda que le pone freno a su emoción, para dar cuenta de un hecho con las palabras precisas, duras, escuetas, que enseña a usar la poesía. En una presentación en la Feria del Libro de Bogotá de 2004, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski contó que su primer acercamiento con la escritura no fue el periodismo sino la poesía y que a la poesía le debía el rigor de imponerse encontrar la palabra exacta para cada cosa. Ese oficio de poeta, que le permitió ser excelente cronista, es el que se siente en cada página de “Lo que no tiene nombre”, un texto de no ficción que tiene todo el valor de la literatura: en las palabras que usa, en la estructura elegida, en la construcción del hijo-personaje, que murió como miembro de familia pero nació como personaje de la literatura colombiana, con una voz propia.



Al leer este libro recordé “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince, y “La luz difícil”, de Tomás González. Los tres pueden configurar la trilogía del duelo en la literatura colombiana contemporánea, o al menos la trilogía del duelo por el hijo perdido (para mí, los momentos más tristes de El olvido que seremos no vienen por la anunciada muerte del padre, sino por la inesperada muerte de la hija-hermana). En esta trilogía “Lo que no tiene nombre” tiene la fuerza que implica el pacto con el lector de saber desde el comienzo que lo que se está leyendo ocurrió realmente y no hay ficción en el relato, situación que comparte con El olvido que seremos, y a su vez tiene la fuerza que imprime la muerte por voluntad propia, como también se da en la ficción planteada en La luz difícil.



Solo alguien que tiene una formación literaria (poética) muy sólida, puede escribir un libro de esta calidad, sin sentimentalismo ni melodrama, en medio de un duelo tan profundo. Porque hay que recordar que lo escribió “en caliente”, durante el año siguiente a la muerte del hijo, y no años o décadas después, como han hecho otros autores para narrar sus propios dramas en clave literaria.



Al final del libro Piedad Bonnett cita a Juan José Millás: “la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas”. Para mí, esta lectura ha sido al mismo tiempo hurgar y sanar una vieja cicatriz.





Los que quieran conocer más de la obra de Piedad Bonnett, su página web es: www.piedadbonnett.co

...y como es habitual, acá van las frases:



“Pero la verdadera vida es física, y lo que la muerte se lleva es un cuerpo y un rostro irrepetibles: el alma que es el cuerpo”.



“Durante horas, sentado cada uno en un lugar distinto de la sala de la casa, ensimismados en los computadores y en los teléfonos, por momentos parecemos representar una obra del absurdo”.



“La noticia de que se trató de un suicidio hace que muchos bajen la voz, como si estuvieran oyendo hablar de un delito o de un pecado”.



“Muchos de los intelectuales que conozco se abochornan ante la muerte, no saben abrazar, se paralizan al verme”.



“Ya no creemos en las fórmulas, pero no hemos creado un lenguaje que las remplace. Los hechos, como siempre, acorralan las palabras”.



“La vida nos escamotea el espectáculo de nuestro funeral”.



“estamos ante un momento de incomprensión histórica, ante una simplificación amplificada por la estupidez de la provincia”.



“en el corazón del suicidio, aun en los casos en que se deja una carta aclaratoria, hay siempre un misterio, un agujero negro de incertidumbre alrededor del cual, como mariposas enloquecidas, revolotean las preguntas”.



“Uno de los autores que leo recuerda, no obstante, que a veces no se puede escoger cómo morir. Que el soldado usará su arma, y el médico el bisturí, y el farmaceuta una dosis de barbitúricos”.



“¿De qué tamaño es el dolor del que se despide de sí mismo?”



“Todo suicidio encierra un mensaje para los que se dejan atrás”.



“ningún amor es útil para aquel que ha decidido matarse. En el momento definitivo, el suicida sólo debe pensar en sí mismo para no perder la fuerza”.





Lo que no tiene nombre

Piedad Bonnett

131 páginas

Alfaguara

2013