Mostrando entradas con la etiqueta Mario Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de febrero de 2020

Tiempos recios, de Mario Vargas Llosa




Tiempos recios puede ser el mejor libro escrito por Vargas Llosa después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura en 2010. Luego de novelas menores como El héroe discreto y Cinco esquinas, en Tiempos recios reaparece el escritor interesado en novelar la historia política de América Latina en los años 50 y 60. Ya lo había hecho con La fiesta del chivo, una obra memorable sobre Rafael Leonidas Trujillo, el dictador de República Dominicana, y acá vuelve a hacerlo para contar la historia de Guatemala, y particularmente el papel de Estados Unidos, la CIA y la United Fruit Company en el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz, la llegada del dictador Carlos Castillo Armas y el posterior asesinato de éste. 

Se trata de una novela contada a dos tiempos, con capítulos intercalados que al principio no se conectan pero a medida que avanza el libro empiezan a entretejerse. Abundan los diálogos, que Vargas Llosa escribe tan bien, y despliega en este libro una característica de su estilo que es sostener dos diálogos simultáneos o introducir un tema dentro de otro, sin que se pierda el hilo del relato.

En su juventud Vargas Llosa simpatizó con la izquierda pero con los años se derechizó. Aunque él se define como un liberal, numerosas voces lo califican de neoliberal. En ese contexto este libro resulta llamativo (y valioso) porque es una lectura crítica sobre la política exterior intervencionista norteamericana y porque propone una hipótesis fascinante: lo que en el interior de Estados Unidos sus ciudadanos califican como democracia, por fuera de sus fronteras se lee como comunismo. El presidente Jacobo Árbenz quería que en su país hubiesen sindicatos, servicios básicos para los más pobres, propiedad privada de la tierra para los campesinos, tributación para las multinacionales, y todo esto, que en Estados Unidos existía y se entendían como derechos ciudadanos en un marco democrático, fue calificado como prueba evidente de que Árbenz quería convertir a Guatemala en un satélite de la URSS, en plena Guerra Fría.

La novela trae múltiples personajes que hacen parte de la historia de Guatemala, y que Vargas Llosa logra modelar con humanidad y suspenso. Se destacan las figuras de Johnny Abbes y de Miss Guatemala, Marta Borrero. En cuanto a los espacios, se trata de una novela de puertas para adentro: si bien ocurre en Guatemala, San Salvador y Santo Domingo, las ciudades no aparecen de manera nítida. En cambio si se crean imágenes potentes de escenas claves como los asesinatos de los protagonistas, o las huidas. 

Por último, el título invita a una pregunta: ¿cuáles son los tiempos recios? El tiempo recio de la novela son los convulsionados años 50 y 60 en Guatemala, con presidentes derrocados y asesinados. En todos los casos el libro evidencia la influencia de Estados Unidos y surge la inquietud sobre cuál habría sido el destino de Guatemala (y de la Cuba de Fidel) si Jacobo Árbenz hubiera podido hacer su Reforma Agraria. La CIA y la United Fruit no dejaron. 70 años después los métodos y formas de los gringos pueden haber cambiado (quizás no mucho) pero la política intervencionista sigue intacta. Los tiempos recios no han terminado aún.

Algunas frases:
Su amor desmedido por la democracia representa una seria amenaza para la United Fruit. Esto, caballeros, es bueno saberlo, no decirlo (pag 22).

Aunque sus esfuerzos para hacer de su país una democracia moderna me parecen inútiles, todo avance que haga en ese campo, no nos engañemos, sería muy perjudicial para nosotros (pág 23)..

una ley del trabajo que permite constituir sindicatos en las empresas y haciendas, y autoriza a los trabajadores y campesinos a afiliarse a ellos. Y ha dictado una ley antimonopólica, calcada de la que existe en los Estados Unidos (pag 23).

El peligro, señores, es el mal ejemplo (pag 24). 

Organizando las cosas de manera que la opinión pública, decisiva en una democracia, presione sobre el gobierno para que actúe, a fin de frenar una seria amenaza (pag 25). 

¿Cómo convencer a la opinión pública de que Guatemala está convirtiéndose en un país en el que el comunismo es ya una realidad viva? Mediante la prensa, la radio y la televisión, la prinicipal fuente que informa y orienta a los ciudadanos tanto en un país libre como en un país esclavo (pag 25).

Había que masajear con cariño el ego de los periodistas, pues solían tenerlo crecido (pag 25).

el siglo XX sería el del advenimiento de la publicidad como la herramienta primordial del poder y de la manipulación de la opinión pública en las sociedades tanto democráticas como autoritarias (pag 25).

la propaganda había impuesto una afable ficción sobre la realidad y era sobre ella que los impreparados periodistas norteamericanos escribían sus crónicas, la gran mayoría de ellos sin advertir que eran los muñecos de un titiritero genial (pag 28).

su "socialismo espiritual" (¿qué querría decir eso?) traería a Guatemala catástrofes, los indios levantarían la cabeza y comenzarían a matar a las personas decentes, los comunistas a apoderarse de las tierras de los hacendados y a mandar a los niños de las buenas familias a Rusia para ser vendidos como esclavos (pag 31).

Lo que sí había funcionado muy bien era la campaña en las radios y la prensa acusando al gobierno de Árbenz de haber convertido a Guatemala en una cabecera de playa de la Unión Soviética y de planear apoderarse del Canal de Panamá (pag 66). 

Los supuestos peritos y técnicos querían desnaturalizar la ley entibiándola con excepciones, exclusiones y compromisos que habrían dejado la propiedad de la tierra tal como existía en Guatemala hacía siglos (pag 92).

la Reforma Agraria cambiaría de raíz la situación económica y social de Guatemala (pag 92). 

sólo un puñado de sus compatriotas disfrutaba los privilegios de la civilización, y en entender que era preciso ir a la raíz del problema social para que aquella situación cambiara y los privilegios de la minoría se extendieran a todos los guatemaltecos. La llave era la Reforma Agraria (pag 93). 

Habría que cambiar la estructura feudal que reinaba en el campo, donde la inmensa mayoría de guatemaltecos, los campesinos, carecían de tierras y trabajaban sólo para los hacendados ladinos y blancos, por sueldos miserables (pag 95). 

El anticomunismo que se había apoderado del país se parecía a una de esas plagas que enloquecían de pavor a las ciudades europeas de la Edad Media (pag 124). 

la historia retrocedía a toda carrera hacia la tribu y el ridículo. "¿Se reestablecerá pronto la esclavitud?". (pag 125). 

ya ni siquiera sabía si creía o no creía en algo (pag 126). 

las damas católicas no mencionaron el asunto. Venían a transmitirle la preocupación de la "Guatemala católica", la inmensa mayoría del país, por la penetración sistemática de sectas protestantes, de supuestos "misioneros" que, cargados de dólares, venían a construir iglesias, a adoctrinar a los indígenas, a levantar templos, que más parecían circos de iglesias, donde montar esos espectáculos de cantos y bailes grotescos de negros africanos con que pretendían seducir al pueblo ignorante, para luego hacer propaganda a favor del divorcio y mil prácticas anticatólicas, incluso hasta el aborto. Si el gobierno no ponía fin a esta agresión contra la Iglesia católica, que era la religión del noventa y nueve por ciento de la población, Guatemala sería pronto un país protestante. (pag 201).

defendiendo la virginidad de su culo a mordiscos y patadas cuando los viciosos, aprovechando la promiscuidad y el hacinamiento en esas pocilgas llenas de bichos que era los calabozos colectivos, trataron de arrebatársela (pag 206). 

-Los Estados Unidos nos han mandado de embajador a un chimpancé.
-¿Por qué no? -repuso ella-. ¿No somos para los gringos una especie de zoológico? (pag 232).

era un hombre inmunizado contra razones y argumentos. Ni siquiera las oía. Se limitaba a repetir, como el muñeco de un ventrílocuo (pag 235).

Tendría que buscarse una mujer allá. Había estado demasiado solo todo este tiempo, dedicado a la difícil tarea de vivir. 

Pareciera que en el fondo de todos nosotros hubiese un monstruo. Que sólo espera el momento propicio para salir a la luz y causar estragos (pag 283).

Cuando nos dejan libres, lo hacemos todavía peor. Lo menos malo parecería ser que sigamos siendo esclavos (pag 284).

El acuerdo prometía tres cosas que se incumplirían a cabalidad (pag 314).



sábado, 11 de enero de 2014

El héroe discreto, de Mario Vargas Llosa

El héroe discreto es un libro discreto. Dentro de la prolífica obra de Mario Vargas Llosa, su última novela es una obra que empieza fuerte, porque tiene un protagonista definido, metido en un embrollo que parece complejo, pero al avanzar las páginas la historia se difumina en medio de diálogos, descripciones e historias que quizás pudieron editarse, para dejar una historia central más corta y contundente.

El libro está construido a partir de dos historias paralelas que sólo se unen al final: Por un lado, las amenazas y extorsiones a Felícito Yanaqué, un hombre humilde, propietario de una empresa de transportes en Piura, y por otro lado las vicisitudes de Don Rigoberto, su esposa Lucrecia y su hijo Fonchito (los mismos de Los Cuadernos de don Rigoberto), que ven como se complica su vida cuando Ismael Carrera, jefe de don Rigoberto, decide casarse con su empleada del servicio.

En el manejo del lenguaje me parece novedoso el uso de diálogos mezclados: dos personas conversan sobre lo que otras dos conversaron, o evocan otro diálogo, y ambas conversaciones se entremezclan sin confundir al lector y sin necesidad de atribuir permanentemente la voz a cada personaje.

Aparecen acá además de Don Rigoberto, el policía Lituma, de Lituma en los Andes, y se menciona la Casa Verde. "Homenajes" o nostalgias del autor por sus personajes idos.


Algunas citas:
Felícito recordó las palabras de su padre antes de morir: "Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener".

- Tú y yo somos buenos amigos, ¿sí o no? -le soltó su jefe de pronto, como despertando.
- Supongo que sí, Ismael -repuso Rigoberto-. Si es que entre un patrón y su empleado puede haber de veras amistad. Existe la lucha de clases, ya sabes. 

Aprendieron inglés pero hablaban un español de analfabetos mechado con toda esa horrible jerga y apócopes de la juventud.

A él le parecía que Gertrudis se había convertido con los años en una especie de mueble, que había dejado de ser una persona viviente.

Oyendo la voz de esa muchacha le pareció comprender cabalmente por primera vez, muchas palabras de los valses criollos que antes le parecían misteriosas e incomprensibles como arpegios, celajes, arrobo, cadencia, anhelo, celestía.

Sólo se debe llevar una pistola cuando uno está dispuesto a usarla y usted no me parece una persona capaz de matar a nadie.

Tendrías que leer un poco la Biblia, hijito. Como cultura general. El Nuevo Testamento siquiera. El mundo en que vivimos está repleto de referencias bíblicas y si no las entiendes vivirás en la confusión y la ignorancia total. Por ejemplo, no entenderás nada del arte clásico, de la historia antigua.

Se supone que el diablo no existe. Yo creía en él cuando te conocí, Rigoberto. En Dios y en el diablo, como cree toda familia católica normal. Tú me convenciste de que eran supersticiones, tonterías de la gente ignorante.

Un psicólogo puede ser más peligroso que el mismísimo diablo, lo supe desde que leí a Freud.

Pero el potito, te habrás fijado, deja bastante que desear. No es muy tocable. No acabó de desarrollarse, no floreció, en algún momento se quedó atrofiado. En mi sistema de clasificación, el suyo es un culito tímido, ya me entiendes.

En las biblioteas, a veces uno se aisla demasiado del mundo de todos los días, de la gente común. Yo no creo en tus espacios de civilización, que te apartan de los demás y te convierten en un anacoreta.

Es verdad que es imposbile conocer a fondo a las personas, todas son insondables.

La función del periodismo en este tiempo, o por lo menos, en esta sociedad, no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia. Otra prueba de que los pequeños espacios de civilización nunca prevalecerían sobre la incomnensurable barbarie.

Pero un día perdí la fe y nunca más la he recobrado. Creo que la perdí apenas empecé a pensar. Para ser creyente no conviene pensar mucho.



El héroe discreto
Mario Vargas Llosa
Editorial Alfaguara
2013
383 páginas

lunes, 17 de octubre de 2011

El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa

El sueño del celta fue publicado algunas semanas después de que Mario Vargas Llosa recibió el Premio Nobel de Literatura y aunque tuvo un amplísimo despliegue mediático, la crítica fue dura con el libro: que una sucesión interminable de nombres, fechas y lugares, que al libro le sobraban 200 páginas, que no era lo mejor del autor.

Es posible que sí, que tenga muchos datos que eventualmente se pueden confundir, que el libro sea muy largo y a veces reiterativo en ciertas ideas y que Vargas Llosa tenga mejores novelas que ésta. Pero no por eso es un libro malo. Al contrario, me pareció una novela sobrecogedora, sobre todo sabiendo que el protagonista Roger Casement sí existió, sí vivió gran parte de lo que el libro narra y que aunque como en todos estos casos hay un margen para la ficción, la investigación histórica fue rigurosa.

Este libro es sobre todo una reivindicación al personaje, que denunció los abusos de Leopoldo II de Bélgica en el Congo, que luego viajó a Amazonas a documentar los abusos de la Casa Arana en el Putumayo (los mismos de La Vorágine) y que en la cumbre de su fama y gloria decide irse contra su empleador de siempre, el Imperio Británico, para luchar por la libertad de Irlanda, su tierra natal y morir sólo, empobrecido, enfermo y en medio del escarnio público. La tesis que se repite a lo largo del libro es que hay pueblos con colonizadores y colonizados como el Congo o el Amazonas, y aunque en Irlanda no se vean las crueldades físicas de tortura y muerte que azotan África o Suramérica, Europa tiene métodos de dominación más refinados para aplicar en su propio territorio.

Los temas del libro son los que se evidencian en las frases: la religión, el poder, la dominación, la política. Sin embargo hay dos temas que no se abordan con discurso sino con los hechos mismos: la homofobia y lo irracional de la pena de muerte. En el libro no hay frases en contra de lo uno o de lo otro pero el libro en sí mismo es un valioso testimonio contra ambos males que incluso hoy, un siglo después de que ocurran los hechos que se narran, siguen siendo de total actualidad.

Acá van las frases:
"Cuando las cosas no tenían marcha atrás, no valía la pena perder el tiempo preguntándose si hubiera sido preferible que no ocurrieran. mejor tratar de enrumbarlas por el buen camino. Siempre era posible enderezar lo que andaba torcido".

"No era un ateo, ni un agnóstico, sino algo más incierto, un indiferente que no negaba la existencia de Dios -el "principio primero"- pero incapaz de sentirse cómodo en el seno de una iglesia, solidario y hermanado con otros fieles, parte de un denominador común".

"Se puede ser un gran escritor y un timorato en asuntos políticos".

"A él el Congo lo había humanizado, si ser humano significaba conocer los extremos que podían alcanzar la codicia, la avaricia, los prejuicios, la crueldad. La corrupción moral era eso, sí: algo que no existía entre los animales, una exclusividad de los humanos".

"Volví a rezar. Cuando creí que iba a perder la razón ante tanto sufrimiento. Así descubrí que un ser humano no puede vivir sin creer".

"Basta un poco de sensibilidad para que nos sintamos a veces impotentes y atemorizados".

"¿Sería así toda la Historia? ¿La que se aprendía en el colegio? ¿La escrita por los historiadores? Una fabricación más o menos idílica, racional y coherente de lo que en la realidad cruda y dura había sido una caótica y arbitraria mezcla de planes, azares, intrigas, hechos fortuitos, coincidencias, intereses múltiples, que habían ido provocando cambios, trastornos, avances y retrocesos, siempre inesperados y sorprendentes respecto a lo que fue anticipado o vivido por los protagonistas".

"No tengo gran admiración por los mártires, señor Casement. Ni por los héroes. Esas gentes que se inmolan por la verdad o la justicia a menudo hacen más daño del que quieren remediar".

"La incredulidad. Así se defendía el ser humano contra todo aquello que mostraba las indescriptibles crueldades a las que podía llegar azuzado por la codicia y sus malos instintos en un mundo sin ley".

"La razón no convence ni a los místicos ni a los mártires".

"Lo principal no es la tumba sino la memoria".

"Eso era la historia, una rama de la fabulación que pretendía ser ciencia".

"Todas las gestiones, promesas, informaciones, se descomponían y disolvían sin que los hechos correspondieran jamás a las palabras. Lo que se hacía y lo que se decía eran mundos aparte. Las palabras negaban los hechos y los hechos desmentían a las palabras y todo funcionaba en la engañifa generalizada, en un divorcio crónico entre el decir y el hacer que practicaba todo el mundo".

"la idea de Dios no cabía en el limitado recinto de la razón humana. Había que meterla allí con calzador porque nunca encajaba del todo".

"Éste era uno de los muy escasos políticos que conocía a los que la política no los había privado del humor y a que su acción cívica era totalmente principista y desinteresada: le importaban las ideas y despreciaba el poder".

"la política, como todo lo que se vincula al poder, saca a veces a la luz lo mejor del ser humano -el idealismo, el heroísmo, el sacrificio, la generosidad-, pero, también, lo peor, la crueldad, la envidia, el resentimiento, la soberbia".

"comenzaba a presentir que la realidad no se iba a plegar a sus planes, que, más bien, se empeñaría en hacerlos fracasar".

"La impopularidad no es siempre un buen indicio para decidir la justicia de una causa".

Mario Vargas Llosa
El sueño del celta
Editorial Alfaguara
Bogotá
2010
454 páginas

viernes, 22 de octubre de 2010

Los Cuadernos de don Rigoberto, de Mario Vargas Llosa

Casualmente el anuncio del Nobel a Vargas Llosa me cogió leyendo Los Cuadernos de Don Rigoberto.

Para describir este libro pienso en 2 "antecedentes" o "referentes: El Decamerón de Bocaccio, o Fragmentos de Amor Furtivo de Héctor Abad.

Se trata de las historias que Don Rigoberto escribe sobre su esposa Lucrecia, todas relacionadas con temas eróticos: Lucrecia le pone los cachos a Rigoberto, Lucrecia se acuesta con la empleada del servicio, Lucrecia se va de luna de miel a Europa con un ex novio, Lucrecia participa en un trío, en un cuarteto, Lucrecia tiene una relación con el hijo de Rigoberto, que tiene 10 ó 11 años, etc.

Más que frases, hay párrafos. Muchísimos. Acá les mando una amplia muestra:


Sé que ofendo sus más caras creencias, pues no ignoro que usted y los suyos —¡otra conspiración colectivista!— están convencidos, o van camino de estarlo, de que los animales tienen derechos y acaso alma, todos, sin excluir al anofeles palúdico, la hiena carroñera, la sibilante cobra y la piraña voraz. Yo confieso paladinamente que para mí los animales tienen un interés comestible, decorativo y acaso deportivo (aunque le precisaré que el amor a los caballos me produce tanto desagrado como el vegetarianismo y que tengo a los caballistas de testículos enanizados por la fricción de la montura por un tipo particularmente lúgubre del castrado humano). Aunque respeto, a la distancia, a quienes les asignan funcionalidad erótica, a mí, personalmente, no me seduce (más bien, me hace olfatear malos olores y presumir variadas incomodidades físicas) la idea de copular con una gallina, una pata, una mona, una yegua o cualquier variante animal con orificios, y albergo la enervante sospecha de que quienes se gratifican con esas gimnasias son, en el tuétano —no lo tome usted como algo personal— ecologistas en estado salvaje, conservacionistas que se ignoran, muy capaces, en el futuro, de ir a apandillarse con Brigitte Bardot (a la que también amé de joven, por lo demás) para obrar por la supervivencia de las focas. Aunque, alguna vez, he tenido fantasías desasosegadoras con la imagen de una hermosa mujer desnuda retozando en un lecho espolvoreado de micifuces, saber que en los Estados Unidos hay sesenta y tres millones de gatos y cincuenta y cuatro millones de perros domésticos me alarma más que el enjambre de armas atómicas almacenadas en media docena de países de la ex-Unión Soviética.

La Naturaleza no pasada por el arte o la literatura, la Naturaleza al natural, llena de moscas, zancudos, barro, ratas y cucarachas, es incompatible con placeres refinados, como la higiene corporal y la elegancia indumentaria.

Un abotargado sesentón e iba por la vida armado de una libretita y unos prismáticos con los que, en sus andanzas por el centro y en la luz roja de los semáforos cuando conducía su anticuado Cadillac color concho de vino, veía y anotaba, además de la estadística general (feas o bonitas), una más especializada: las respingadas nalgas, los encabritados pechos, las piernas mejor torneadas, los cuellos más cisnes, las bocas más sensuales y los ojos más brujos que le deparaba el tráfico. Su investigación, rigurosa y arbitraria a más no poder, dedicaba a veces un día, y hasta una semana, a una parte de las anatomías femeninas transeúntes, de manera no muy diferente a la que don Rigoberto configuraba para el aseo de sus órganos: lunes, culos; martes, pechos; miércoles, piernas; jueves, brazos; viernes, cuellos; sábados, bocas y domingos, ojos. Las calificaciones, de cero a veinte, las promediaba cada fin de mes

Fue el único trabajo agradable de mi vida (…) Poner tiesos, en el momento de salir a escena, los pezones de las coristas. Para lo que, en su agujero de las bambalinas, disponía de un balde de hielo. Las muchachas, engalanadas con penachos de plumas, adornos de flores, exóticos peinados, largas pestañas, uñas postizas, mallas invisibles y colas de pavorreal, nalgas y pechos al aire, se inclinaban ante Fito Cebolla, quien frotaba cada pezón y la corola circundante con un cubito de hielo. Ellas, entonces, dando un gritito, saltaban a escena, los pechos como espadas.

Tengo a la práctica de los deportes en general, y al culto de la práctica de los deportes en particular, por formas extremas de la imbecilidad que acercan al ser humano al carnero, las ocas y la hormiga, tres instancias agravadas del gregarismo animal. Calme usted sus ansias cachascanistas de triturarme, y escuche, ya hablaremos de los griegos y del hipócrita mens sana in corpore sano dentro de un momento. Antes, debo decirle que los únicos deportes a los que exonero de la picota son los de mesa (excluido el ping-pong) y de cama (incluida, por supuesto, la masturbación). A los otros, la cultura contemporánea los ha convertido en obstáculos para el desenvolvimiento del espíritu, la sensibilidad y la imaginación (y, por tanto, del placer). Pero, sobre todo, de la conciencia y la libertad individual. Nada ha contribuido tanto en este tiempo, más aún que las ideologías y religiones, a promover el despreciable hombre-masa, el robot de condicionados reflejos, a la resurrección de la cultura del primate de tatuaje y taparrabos emboscados detrás de la fachada de la modernidad, como la divinización de los ejercicios y juegos físicos operada por la sociedad de nuestros días.

No objeto nada de lo que hacen los gays. Celebro que la pasen bien y los apuntalo en sus campañas contra las leyes que los discriminan. No puedo acompañarlos más allá, por una cuestión práctica. Nada relativo al quevedesco «ojo del culo» me divierte.

No conozco mentira más abyecta que la expresión con que se alecciona a los niños: «Mente sana en cuerpo sano». ¿Quién ha dicho que una mente sana es un ideal deseable? «Sana» quiere decir, en este caso, tonta, convencional, sin imaginación y sin malicia, adocenada por los estereotipos de la moral establecida y la religión oficial. ¿Mente «sana», eso? Mente conformista, de beata, de notario, de asegurador, de monaguillo, de virgen y de boyscout. Eso no es salud, es tara. Una vida mental rica y propia exige curiosidad, malicia, fantasía y deseos insatisfechos, es decir, una mente «sucia», malos pensamientos, floración de imágenes prohibidas, apetitos que induzcan a explorar lo desconocido y a renovar lo conocido, desacatos sistemáticos a las ideas heredadas, los conocimientos manoseados y los valores en boga.


¿Era Narciso un mero imbécil? ¿Uno más de ese protoplasma limeño autodenominado gente decente?


Aseguró que en el sur de Italia cada varón consumía una tonelada de albahaca en el curso de su vida pues la tradición asegura que de aquella hierba aromática depende, además del buen sabor de los tallarines, el tamaño del pene, y que, en la India, se vendía en los mercados un ungüento —él lo regalaba a sus amigos que cumplían cincuenta años— a base de ajo y légañas de mono que, frotado donde correspondía, provocaba erecciones en serie, como estornudos de alérgico


Temo que ser rotario, igual que león, kiwani, masón, boyscout, opus, sea (perdóname) una acobardada apuesta a favor de la estupidez.

Toda actividad humana que no contribuya, aun de la manera más indirecta, a la ebullición testicular y ovárica, al encuentro de espermatozoides y óvulos, es despreciable.

Orina también para mí.
—Primero, tengo que comprobar que, cerrando puertas y ventanas, el baño queda totalmente a oscuras —dijo doña Lucrecia, con pragmatismo de albacea—. Cuando sea el momento, te llamaré. Entrarás sin ruido, para no cortarme. Te sentarás en el rincón. No te moverás ni dirás palabra. Para entonces, los cuatro vasos de agua empezarán a hacer su efecto. Ni una exclamación, ni un suspiro, ni el menor movimiento, Manuel. Caso contrario, me iré y no pisaré más esta casa. Puedes quedarte en tu rincón mientras me seco y arreglo el vestido. En el momento de salir, acércate, arrastrándote, y, en agradecimiento, bésame los pies.

¿Me aceptas como tu cocinerita? Soy limpiecita, pues por lo menos dos veces al día me doy un bañito. No masco chiclecitos, ni fumo cigarritos, ni tengo vellitos en las axilas y mis manitas y patitas son tan perfectas como mis tetitas y mi pompis. Trabajaré todas las horas que haga falta para tener bien contentitos a tu paladar y a tu pancita. Si hace falta, también te vestiré, desvestiré, jabonaré, afeitaré, cortaré las uñitas y limpiaré cuando hagas el dos. En las noches, te abrigaré con mi cuerpito para que en la camita no tengas friecito. Además de hacer tus comiditas, seré tu valecito, tu estufita, tu maquinita de afeitar, tu tijerita y tu papelito higiénico.
¿Me aceptas, señorcito?

No hay manía o fobia que carezca de grandeza, ya que ellas constituyen la originalidad de un ser humano, la mejor expresión de su soberanía

El cordón umbilical que los enlaza a través de las centurias se llama pavor a lo desconocido, odio a lo distinto, rechazo a la aventura, pánico a la libertad y a la responsabilidad de inventarse cada día, vocación de servidumbre a la rutina, a lo gregario, rechazo a descolectivizarse para no tener que afrontar el desafío cotidiano que es la soberanía individual.

La única patria que reverencio es la cama que holla mi esposa

Todo lo que brilla es feo.

Toda persona que escribe «nuclearse», «planteo», «concientizar», «visualizar», «societal» y sobre todo «telúrico» es un hijo (una hija) de puta. También lo son quienes usan escarbadientes en público, infligiendo al prójimo ese repelente espectáculo que afea los paisajes. Y, lo mismo, esos asquerosos que sacan la miga del pan, la amasan y la dejan hecha bolitas sobre la mesa

La obligación de una película y de un libro es entretenerme. Si viéndola o leyéndolo me distraigo, cabeceo o me quedo dormido, han faltado a su deber y son un mal libro, una mala película. Ejemplos conspicuos: El hombre sin cualidades, de Musil, y todas las películas de esos embauques llamados Oliver Stone o Quentin Tarantino.

¿Podía ser lo mismo que un hombre adulto violase a una niña impúber de diez años, crimen punible, que una señora de veinticuatro descubriese la dicha corporal y los milagros del sexo a un jovencito de diez, capaz ya de tímidos endurecimientos y escuetas transpiraciones seminales? Si en el primer caso la presunción de violencia del victimario contra la víctima era de rigor (aun si la niña tuviera suficiente uso de razón para dar su consentimiento, sería víctima de una agresión física contra su himen), en el segundo era simplemente inconcebible, pues si había habido cópula, sólo pudo haberla, de parte del niño, con aquiescencia y entusiasmo, sin los cuales el acto carnal no se habría consumado. Don Rigoberto cogió la pluma y escribió, enfebrecido de rabia: «Aunque odio las utopías y las sé cataclísmicas para la vida humana, acaricio, ahora, ésta: que todos los niños de la ciudad sean desvirgados al cumplir diez años por señoras casadas treintañeras, de preferencia tías, maestras y madrinas»

El derecho es una técnica amoral que sirve al cínico que mejor la domina