martes, 22 de noviembre de 2022

Maruja Vieira. Creación y creencia, de José Luis Díaz Granados


Maruja Vieira es una de las grandes poetas colombianas.  Nació en Manizales en 1922 y al cumplir 90 años, en 2012, el Ministerio de Cultura le otorgó el premio Vida y Obra por su trayectoria literaria. Como parte del premio, el Ministerio le encargó al escritor José Luis Díaz Granados la escritura de este libro, que consiste en una biografía que repasa varios aspectos de la vida de Maruja Vieira: el origen de su familia, sus primeros años en Bogotá, su estancia en Venezuela, su matrimonio y la súbita muerte de su esposo, el poeta José María Vivas Balcázar, los premios recibidos y los libros publicados, entre otros datos.

El texto está acompañado de numerosas fotos personales y familiares, y al final trae una entrevista entrañable que le hace a Maruja Vieira el editor cultural de El Tiempo, Carlos Restrepo. Se trata entonces de un documento útil para acercarse a la vida y obra de esta poeta, escrito con un lenguaje claro y una intención informativa. 


El libro se encuentra disponible para descarga gratuita en el enlace: https://issuu.com/susanacarrie/docs/maruja_interno_web_peque/1  


Maruja Vieira. Creación y creencia

José Luis Díaz Granados

Ministerio de Cultura

Bogotá, 2014

107 páginas

lunes, 21 de noviembre de 2022

La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz



Óscar de León es un nerd negro, obeso, virgen, de familia dominicana que migró a Paterson, New Jersey, al frente de Nueba Yol. Lo dice así, lo escribe así y se siente así: al frente, al margen, viendo la vida pasar pero sin poder insertarse.

Óscar es el hermano menor de Lola. Los dos son hijos de Hypatía Beli Cabral y un padre ausente, que estuvo con su mamá menos de dos años. Beli es huérfana desde que estaba bebé: su papá, el médico Abelard Luis Cabral, fue detenido por Trujillo y murió en prisión, y su mamá Socorro Hernández Batista, murió arrollada por un carro. A sus dos hermanas mayores las asesinaron y entonces Beli fue vendida pero luego rescatada por La Inca, una prima de su papá. 


Esta constelación familiar determina los distintos narradores y períodos históricos que usa Junot Díaz para narrar La maravillosa vida breve de Óscar Wao. El autor utiliza pies de página, intertextualidad, referencias al cine, cómic, televisión (los Simpson, El planeta de los simios) a los libros de ciencia ficción (El señor de los anillos) y a una enorme cantidad de íconos de la cultura popular para acercar al lector al entorno de Óscar y de sus antepasados, con un lenguaje que muta según el narrador: desde la voz experimentada de La Inca, narrando desde República Dominicana los horrores de Trujillo, hasta la voz trabada de Yunior, el novio de Lola, que solo piensa en rapar (sexo) y que se burla de Óscar con una incorrección política que difícilmente puede pasar el filtro de la policía de la moral. 

El lenguaje carnavalesco, con un barroco tropical propio del Caribe, desarrolla con humor, abundancia e ingenio una vida trágica, marginal, ordinaria y con poco afecto, que sin embargo el título del libro presenta como "maravillosa". Que sea maravillosa o decadente es cuestión de ángulo: las vidas horribles también pueden contarse de forma maravillosa.

Algunas frases

Caminaba como si tuviera una campana por culo (p. 24). 

No hay nadie más opresor que el que ha sido oprimido (p. 33).

Era uno de esos nerds que usaban la biblioteca como escondite (p. 34). 

coño, ¿qué familia latina no se cree maldita? (p. 42).

Nunca son los cambios que queremos los que cambian todo (p. 59).

Los senos de tu mamá son inmensidades. Una de las maravillas del mundo. Los únicos que has visto más grandes se ven en las revistas pornográficas (p. 59). 

Temes las conversaciones con tu mamá. Siempre son regaños unilaterales (p 60). 

Cuando me sucedió lo que me sucedió a los ocho años y por fin le conté lo que él me había hecho, me dijo que me callara y dejara de llorar, y así lo hice (p. 63).

Era como todos los muchachos: hermoso e inexperto y, como un insecto, incapaz de estar tranquilo (p. 68).

La felicidad, cuando viene, es más fuerte que todas las muchachas insoportables de Santo Domingo juntas (p. 78). 

un malestar muy particular de Nueva Jersey: el deseo inextinguible de estar siempre en otro lugar (p. 81).

siempre dando vueltas, alérgica a la tranquilidad (p. 83). 

como ocurre muchas veces en estas situaciones, los muchachos de clase alta que ella tanto deseaba ni se enteraron de su existencia (p. 91). 

La sensación que la adolescencia reparte gratis y a toneladas: Vergüenza. 

al éxito le encanta tener testigos, pero el fracaso no puede existir sin ellos (p. 134). 

por mucho que viaje una mula, nunca se puede volver caballo (p. 157).

Me dio cuatro páginas de comentarios sobre un cuento de ocho (p. 164). 

Fría como Saturno (p. 171).

nunca se puede escapar. Jamás. La única salida está por dentro (p. 196).

algunas cosas (como la supremacióa blanca y el odio de la gente de color a sí misma) nunca cambian (p. 246).

Cuando uno tiene dieciéis años un cuerpo como este es gratis, pero cuando tiene cuarenta -¡pffft!- es un trabajo de tiempo completo (p. 265). 

uno de esos hombres muy malos que ni siquiera el postmodernismo puede explicar (p. 272).

lo que realmente lo sorprendió no fue el bam-bam-bam del sexo, sino las pequeñas intimidades que nunca en su vida había anticipado, como peinarle el pelo o bajar su ropa interior de la tendedera o verla caminar desnuda al baño o la manera en que se sentaba de repente en su regazo y ponía la cara en su cuello. Intimidades como escucharla hablar de su niñez y que él le dijera que había sido virgen toda su vida (p. 306). 

La maravillosa vida breve de Óscar Wao
Junot Díaz
Literatura Mondadori
2008
Barcelona
309 páginas

La buena letra, de Rafael Chirbes


En apenas 136 páginas, con letra grande y capítulos cortos que dejan en el libro muchos espacios en blanco, el español Rafael Chirbes construye en "La buena letra" una obra maestra, llena de melancolía y belleza, en la que lo que se insinúa es mucho más potente que lo que se muestra: Chirbes escribe una novela a partir de los silencios.

Al igual que Aura, de Carlos Fuentes, La buena letra es una novela narrada en esa forma extraña de la segunda persona del singular. Ana reconstruye su vida, o mejor, la vida al lado de su marido Tomás y la vida de la familia de éste, y hace el ejercicio de narrarla para contársela a su hijo, aunque en algún a parte dice que en realidad se la cuenta a sí misma. 

Ana habla poco de su familia, pero mucho de la de Tomás y, sobre todo, de Antonio, su cuñado, hermano de Tomás, quien estuvo preso durante la Guerra Civil y al recuperar la libertad llega a vivir con ellos, en una casa habitada por el miedo de ser rojos en medio de falangistas. En un ambiente de miseria, precariedad e incertidumbre, lentamente la familia recupera lentamente el ritmo vital e incluso Antonio vuelve a salir, a relacionarse, y se casa con Isabel. La relación entre las cuñadas Ana e Isabel marca el conflicto de La buena letra. 


Las diferencias de clases sociales, el arribismo, la fractura social que implica ser analfabeta, el matrimonio que se resquebraja y la vejez acompañada únicamente por la soledad de los recuerdos son algunos de los temas que atraviesan esta novela breve, escrita con un lenguaje claro y a la vez cargado de simbolismo, que obliga al lector a pensar en todo lo que el relato está dejando por fuera. 

Algunas frases
No es misión del tiempo corregir injusticias, sino más bien hacerlas más profundas (p. 10). 

Se trata, en su mayoría, de nombres que a ti nada te dicen y que sólo de vez en cuando has tenido ocasión de escuchar. Fueron mi vida. Gente a la que quise. Cada una de sus ausencias me ha llenado de sufrimiento y me ha quitado ganas de vivir (p. 21). 

Ni la muerte ni el miedo son limpios (p. 24). 

más que maldad, lo que tenía, lo que tuvo siempre, fue soledad (p. 39).

Los pobres seguimos siendo pobres aunque nos hagamos con dinero (p. 42). 

Empujábamos, ciegos y mudos, buscando sobrevivir, y a pesar de que nos dábamos todo unos a otros, era como si sólo el egoismo nos moviese. Ese egoismo se llamaba miseria. La necesidad no dejaba ningún resquicio para los sentimientos. Lo veíamos a nuestro alrededor (p. 49). 

recordaba las viejas canciones, no con desesperación, sino con una tristeza suave, la del tiempo ido; y los recuerdos no me mordían, sino que me calentaban y me humedecían los ojos con dulzura (p. 53).

Hay palabras que son de un vidrio tan delicado que si uno las usa una sola vez, se rompen y vierten su contenido y manchan (p. 68).  

Yo sólo sabía que no puede nombrarse lo que no existe. Y nada existía: sólo una certeza resbaladiza como un caracol, un aceite que se escapaba entre los dedos y dejaba manchas (p. 79). 

A tu hermana y a mí nos salvaba el cine de los domingos. Llorábamos con lo que les pasaba a los artistas del cine, y así ya no teníamos que llorar en casa (p. 82). 

Yo me decía que ahora no nos faltaba nada, pero ya había aprendido a desconfiar de la felicidad, que siempre se nos acababa escapando, y pensaba con frecuencia en qué iba a ser lo que viniera a romper el equilibrio de nuestras vidas, y sentía una enorme tristeza (p. 85). 

Por la tarde se sentaba a escribir cartas, y también unos cuadernos en los que anotaba -según ella misma me contó- canto le ocurría a lo largo del día. "Pero si, por suerte, no nos pasa nada", le decía yo, "¿de dónde puedes sacar tema para pasarte tanto tiempo escribiendo?" Nos reíamos las dos. (p. 89).

En cuanto las cosas se quedaban atrás, dejaban de ser verdad o mentira y se convertían sólo en confusos restos a merced de la memoria. No había nada que salvar. El tiempo lo deshacía todo, lo convertía en polvo, y luego soplaba el viento y se llevaba ese polvo (p. 103). 

Ahora no era suficiente la compasión, la entrega. La vida nos exigía algo más: otra cosa que no habíamos imaginado que iba a hacernos falta y que intuíamos que tenía que estar en algún lugar de nosotros mismos, pero que no sabíamos cuál era. Nos faltaba el plano que nos llevase hasta ese lugar secreto. Y vagábamos perdidos, sin encotnrarlo (p. 105). 

La buena letra es el disfraz de las mentiras (p. 133).

esta casa llena de goteras, con habitaciones que nada más abor para limpiar, y poblada de recuerdos que me persiguen (según vosotros), aunque yo sepa que también me identifican (p. 134). 

La buena letra
Rafael Chirbes
Editorial Anagrama, 2013 (primera edición 1992)
Barcelona
136 páginas


jueves, 17 de noviembre de 2022

Galería de muertes modernas, de Mario Armando Valencia


Galería de muertes modernas es un poemario en el que la palabra se potencia para construir imágenes que comuniquen reflexiones, estados emocionales y vivencias personales que trascienden la anécdota. La muerte, el amor, el lenguaje, la violencia son grandes temas literarios que atraviesan estas páginas, en las que aparecen como ráfagas los raptos líricos del autor:

Al lado de la sombra
está el otro lado, 
al otro lado
siempre está la luz.

El poemario está conformado por 38 poemas, que en su gran mayoría son versos libres de extensión variable, aunque en la penúltima sección hay algunos poemas en prosa. La obra está organizada en seis secciones: “Migraciones”, “Plegarias”, “Marinas”, “Parajes”, “Lengua de pájaros” y “Galería de fantasmas”. Los seis apartados que componen el libro proponen un viaje o tránsito por muertes que parecen despedidas, decadencias, viajes, abandonos, desamor, hasta la muerte final del niño, o la muerte y resurrección de un orgasmo. El dolor y el humor, la solemnidad y el sarcasmo concurren en este poemario que nombra calles, barrios y playas y, al mismo tiempo, se lee universal. Algunos poemas están acompañados, o mejor complementados, con fotografías tomadas por el mismo autor, que proponen una imagen visual que aterriza a un paisaje concreto la imagen poética construida.

Se trata de un poemario corto, bien diseñado, en el que la fotografía dinamiza visualmente la propuesta escrita. Popayán, Brasil, Cuba, las montañas y Manizales con sus lugares (Chipre, la Plaza de Bolívar, la Catedral, el Barrio Estrella y Villamaría desfilan en el poema “El último Concierto) aparecen en sus páginas, de manera a veces concreta y a veces ambigua: no es necesario haber estado en esos lugares para conmoverse ante las palabras escritas por Mario Valencia.

La luz de la playa, la luz del mar, y también la oscuridad de la noche, hacen parte de este misal pagano en el que Mario Valencia , en su poema “A todos los santos poetas” le reza a San Julio Cortázar, San Rafael Chaparro Madiedo, San Andrés Caicedo, San Reinaldo Arenas, San Raúl Gómez Jattin, San Roberto Arlt, Santa María Luisa Bombal, San Roque Dalton y San Roberto Bolaño, a quien de manera expresa le implora:
¡Sálvame de los escritores como Octavio Paz!

El humor, la ironía, la desacralización del gesto poético, son sin duda uno de los rasgos más entrañables de este libro, que ojalá encuentre sin afán a sus agradecidos lectores.


Algunos versos

Del poema: Canto de las velas número dos

Al lado de la sombra
está el otro lado,
al otro lado
siempre está la luz.



Del poema “Un jugador en la quince de Noviembre”

quizás me quede el camino de un perro
que se detiene a orinar
en una de las dos columnas jónicas
de la academia de letras


Del poema “El sol en la ventana del morro de las piedras”

debilidad es solo la palabra que se dice
para nombrar la forma triste de la fuerza.


Del poema “Ciudad jardín de las hortensias”

Felicidad
e infelicidad,
solo son estaciones.



Del poema “El otro”

Al lado de un amor
siempre vive otro amor



Galería de muertes modernas
Mario Armando Valencia Cardona
Editorial Ojo con la gota de TiNta
Popayán, 2018
97 páginas

domingo, 6 de noviembre de 2022

A puerta cerrada, de Mario Hernán López Becerra

Después de la mitad del libro escribe su autor esta explicación: "Para escapar de las nostalgias de la noche y de las pesadumbres del confinamiento, por sugerencia de mi hijo Juan Camilo escribí notas diarias (escolios, los llama Carlos Vélez; poemas, los rotula PabloVommaro; crónicas, William Hernández; columnas, Alicia Jaramillo; escritos, Dolman Rubio; Reflexiones, Alfredo Sarmiento), elaboradas a manera de pequeños registros indoloros del confinamiento. Han sido textos hechos para evocar los sonidos y ruidos de las cantinas mientras pasa el mal tiempo".

El mal tiempo al que se refiere es la pandemia por covid-19 y el confinamiento generalizado que declararon las autoridades en distintos países y que en Colombia comenzó en marzo de 2020. La multiplicidad de vocablos para explicar el ejercicio narrativo dan cuenta de la dificultad de asir en una sola palabra los textos que escribe Mario Hernán, en los que con brevedad y sensibilidad identifica emociones, imágenes y situaciones que emergen a raíz de la anomalía cotidiana provocada por el virus. Yo los llamaría "postales", aunque también podría denominarlos "colcha de retazos": son fragmentos tejidos de manera artesanal, con distintos colores y matices; algunas páginas reciclan textos publicados y otras corresponden a escritos fruto de la pandemia, pero todos tienen el elemento común de arropar al autor y también al lector, en medio de la crisis sanitaria. 


El libro está dividido en cuatro partes: "Cuando un virus llama a la puerta"; "Crónicas en pandemia: primera temporada", "Toque de queda: segunda temporada" e "Historias con cotros", que recoge textos escritos antes de la pandemia y publicados en Quehacer Cultural, Aleph y otras revistas. En general se trata de escritos en los que las reflexiones del autor sobre la pandemia, la geopolítica y la economía se mezclan con asuntos cotidianos como el gato, el vecino tendero o los teatreros, sin que resulte forzada la mezcla. El ejercicio que propone Mario Hernán consiste en últimas en aterrizar sus reflexiones académicas en el mundo que observa a través de su ventana, con odas a la amistad y a la música y los libros que le permiten sobrevivir al encierro. 

Algunas frases
El libro que el lector tiene ahora en sus manos recrea escenas que emergieron antes y durante el tiempo del confinamiento, atravesadas por las emociones de la vida (p. 17).

Dicen que un gato es todos los gatos (p. 35).

El pensamiento conspirativo —de peculiar aceptación académica y política— ahorra interpretaciones, moviliza voluntades y es abono efectivo para sembrar el odio como estrategia para alimentar y mantener poderes autoritarios (p. 38).

El país es raro y bipolar: mientras en la pandemia un sector de la sociedad busca fórmulas individuales o comunitarias para hacer menos dura la vida de los otros, algunos muy acomodados aprovechan la ocasión para sacar a pasear una elegante y bien vestida aporofobia (p. 40). 

al envejecer, el tiempo parece transcurrir más rápido: hay menos emociones intensas para fijar en la memoria (p. 47).

El tango ha sido expresión cultural igualadora en una sociedad clasista. Resulta curioso que la música porteña haya tenido tanta acogida en una ciudad pudorosa, encaramada en la zona central andina colombiana (p. 50).

El mejor homenaje que se le puede hacer a un amigo muerto es convertirlo en fantasma (p. 60). 

Mientras los científicos de sesenta laboratorios en el mundo corren para producir vacunas y tratamientos eficaces contra la pandemia, los vecinos del barrio organizan procesiones y rezan rosarios a todo volumen, combinando las formas de lucha para contener el virus (p. 68).

Al lado de zapatos cómodos
—reza un manual de góndola
la conversación es una de las cinco fórmulas probadas
en la alquimia de la felicidad (p. 75).

En los tiempos que corren en Colombia, el arte y la creación pueden contribuir a anunciar otras maneras de vivir (p. 97).

La fórmula más efectiva para mantenerse en el poder es sembrar desconfianza, administrar los conflictos y ver a los otros como extensiones del Yo. Asumir la vida en común como simple extensión del mercado provoca banalización, depresión y cansanció: la amistad es un antídoto (p.98). 

A puerta cerrada
Mario Hernán López Becerra (Fotografías de Carlos Pineda Nuñez)
Imageprinting
Manizales
abril de 2022
108 páginas




Salvo mi corazón, todo está bien, de Héctor Abad Faciolince


En Medellín hubo un cura que se llamó Luis Alberto Álvarez Córdoba, que escribía crítica de cine en El Colombiano, fundó la revista Kinetoscopio y murió a los 51 años durante una cirugía al corazón. Este personaje, querido por muchos, es la base que le sirve a Héctor Abad Faciolince (Héctor Joaquín es su nombre completo) para escribir Salvo mi corazón, todo está bien, una novela sobre Luis Córdoba narrada por Lelo, su compañero de sacerdocio durante más de 20 años, quien se pone en la tarea de apuntar memorias y recuerdos sobre Luis o El Gordo, estimulado por Joaquín, un amigo escritor que está enfermo del corazón y quiere escribir algo sobre el cura muerto. 

Este juego de ficción y realidad, de narradores y personajes vivos y muertos es el andamiaje a partir del cual Héctor Abad Faciolince escribe una novela que se lee también como una oportunidad personal para saldar asuntos pendientes: por un lado, ratificar su ateísmo y su desprecio por algunos jerarcas de la iglesia pero, al mismo tiempo, exaltar la figura de un cura bueno y a través de él la de los católicos creyentes e inteligentes, como su devota mamá, quien falleció recientemente. La novela es también la oportunidad de plasmar reflexiones y conocimientos alrededor del corazón, la falla cardiaca, los transplantes y sus riesgos, ya que no solo el protagonista de la obra sufre del corazón: el mismo autor escribe esta novela en vísperas de una cirugía de corazón abierto. Por otro lado, después de la publicación de Lo que fue presente, los descarnados diarios en los que Héctor Abad Faciolince desnuda sus infidelidades y su vida conyugal con la esposa que decide abandonar, esta novela se lee como una reivindicación de esa esposa abandonada, que acá se llama Teresa y que se presenta como una mujer culta, amorosa e injustamente tratada por su exmarido. 

Más allá de las necesidades personales del autor por reivindicar, aclarar o ajustar cuentas, la novela es el regreso del autor al campo de la narrativa de ficción, con Medellín como escenario de la trama y con la muerte como horizonte permanente. Sospecho que para lectores extranjeros la novela puede resultar en algunos apartes pesada, por la cantidad de referencias a la Iglesia Católica local, y porque algunas disertaciones sobre la religión están más cerca de la columna de opinión que de la literatura. En este sentido es un texto irregular, con algunos capítulos mejor logrados que otros. Dudo, eso sí, que a la Iglesia le guste esta novela, aunque se trate de un cura bueno: que el cura se enamore y tome la decisión de dejar el sacerdocio y vivir plenamente su sexualidad es también una declaración de principios porque da a entender que no es posible congeniear la vida religiosa y la bondad espiritual con el celibato. 


Hay un elemento de la novela que resulta notable y al mismo tiempo estremecedor: la irrupción de la muerte. La manera en la que se presenta un personaje enfermo pero vital, lúcido, con buen apetito, buen humor y en plena capacidad mental, que se entrega confiadamente a la anestesia y la ciencia médica. El terror del quirófano aparece en este libro detallado con precisión quirúrjica. No se le llama homicidio, pero es increible la mansedumbre con la que tantas personas acuden a la cita con su verdugo. 

Algunas frases
Hay que tener en cuenta que cualquier relato, cualquier película o cualquier novela, si se alarga lo suficiente, terminaría siempre de la misma manera, con la muerte de sus protagonistas e incluso de su mismo narrador (p. 20).

el final malogrado de una vida consiste en que esta se termine antes de tiempo (p. 20). 

Envejecer es duro, y mucho más para las actrices, casi ninguna envejece bien (p. 25).

el juicio estético es siempre precario e irremediablemente dudoso, inseguro, nunca definitivo y totalitario como la sentencia final de un juez supremo o de un Papa infalible (p. 55).

Luis me preguntaba si no serían los suicidas por completo inocentes al cometer su último acto, dictado por alguna extraña conexión neuronal o por un exceso o una carencia de neurotransmisores (p. 67).

A veces en la religión que profeso les pedimos mucho, quizás más de lo que pueden dar, a estos dos conceptos: el libre albedrío y la voluntad (p. 68). 

El arte, la belleza son una guerra declarada a la brutalidad y al desamor (p. 85).

Lo verdaderamente misterioso no es la enfermedad ni el mal, sino la salud, la bondad y la belleza (p. 85).

Lo único bueno de envejecer es que desaparece ese angustioso y terco e insaciable apetito sexual (p. 87).

Los agustinos recoletos tenían, quizá tengan aún, su seminario cerca de Manizales, en la vereda La Linda (p. 89).

La dictadura del amor uno la acepta con mucho gusto (p. 122).

En este país lo que más falta son padres (p. 127).

El mejor negocio que puede hacer un hombre es casarse con una mujer. Solo nosotras somos capaces de un sacrificio casi místico por amor (p. 130). 

El mismo viejo truco de poner nervioso al inferior, haciéndolo esperar (p. 141).

El problema de ustedes los paisas, don Luis, empieza por una cosa muy simple: por el miedo al cuerpo. Les da pena estar desnudos (p. 155). 

un sueño como aquel que solo experimentamos cuando estábamos muertos todavía, antes de nacer (p. 157).

tenía una belleza más discreta, menos llamativa, que no se le notaba tanto cuando estaba vestida (p. 159). 

No es verdad que el amor entre por los ojos; el amor entra por la boca (p. 161).

La tragedia de los malos cuando nos hacen una maldad es que esa maldad se convierte, tarde o temprano, en nuestra misma redención (p. 169). 

no le gustaba la pornografía porque para él ver gente teniendo sexo sin amor era como ver parejas bailando, pero sin música. El baile sin música y el sexo sin amor le resultaban toscos, ridículos (p. 183). 

lo que tiene es pereza, o miedo a no ser capaz de escribir un buen libro con este tema tan incorrecto para nuestra época: un cura bueno (p. 184).

Al volverlo a ver el amor real era mucho menos interesante que el amor que había idealizado (p. 190). 

Si todos fuéramos perfectos, nadie necesitaría a nadie. Cada carencia implica que alguien suple esa carencia y la mejora y la hace menos honda (p. 213). 

La vida es bella porque es siempre un borrador (p. 214). 

es el sexo el que todo lo baraja y lo complica. El sexo, por ejemplo, es un gran generador de celos (p. 217). 

El paraíso, insistía, tan solo puede ser temporal, intermitente, porque si no se vuelve como un postre perpetuo o un eterno domingo (p. 218). 

Hay sin duda dulzura y suavidad cuando se entra a formar parte de una familia; salir de ella, en cambio, es siempre una experiencia desgarradora, sobre todo cuando hay niños (...) Hace falta entusiasmopara entrar, pero tiene que sobrar valentía  -a veces maquillada de indolencia y cinismo- para irse (p. 223). 

Le gustaba también, y mucho, la forma en que educaba a sus hijos, más concentrada en estimular lo que estaba bien que en censurar lo que no le gustaba (p. 226). 

con los honores no hay nada que hacer. Uno queda mal si los recibe, y queda mucho peor si no los recibe. Y yo prefiero parecer bobo que arrogante (p. 238). 

Tengo miedo de lo que el presente, cuando sea pasado, me hará en el futuro (p. 268).

Anulé en mí la inteligencia, el análisis, y me dediqué a ser ingenioso (p. 274).

La verdadera dicha es una familia, vivir en familia (p. 286).

Últimamente los curas, y hasta el Papa, no hacen otra cosa que pedir perdón con humildad por todos los errores de la Iglesia en la historia, y cuanto más perdón piden, más los atacan y desprecian (p. 313). 

oigo lo que dicen esos cristianos evangélicos y siento una gran añoranza por los curas católicos (p. 314). 

La anestesia produce un sueño muchísimo más profundo que el sueño profundo, del cual, a los que sobreviven, no les queda ni percepción del tiempo transcurrido ni recuerdo alguno. Es la nada total, la nada de la muerte (p. 331). 

La muerte no le ocurre a quien se muere, que ni cuenta se da, sino a quienes quedamos vivos. La muerte es un asunto de los vivos y no de los muertos porque solo los vivos la sentimos y padecemos (p. 339). 

La muerte es todo aquello que se trunca y no podrá ser (p. 340). 

Quisiera tener el consuelo de creer en la resurrección, pero, aquí entre nos, no siempre creo en ella. Hay días en que sí y noches en que no (p. 341).

Paraeso nos juntamos; por eso somos seres sociales, no para sufrir, sino para disminuir el sufrimiento y, si se puede, aumentar la felicidad (p. 347).

Salvo mi corazón, todo está bien.
Héctor Abad Faciolince
Editorial Alfaguara
Bogotá
Octubre de 2022
360 páginass