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miércoles, 21 de enero de 2026

De noche alumbran los huesos, de Julián Bernal Ospina

Cada libro tiene su momento. Empecé a leer De noche alumbran los huesos en 2024 y rápidamente lo abandoné. Suelo leer con disciplina y terminar todo lo que empiezo, sobre todo si son libros de autores caldenses, pero con éste no pasé de las primeras páginas y lo dejé sin mayor remordimiento. 

Lo retomé año y medio después, en un día de vacaciones, sin prisas, y enganché desde el comienzo. El primer cuento me llevó al segundo y entré en el juego que propone el autor: registros distintos y circunstancias diferentes para cuentos que tienen como personaje secundario o mero referente a quien más adelante, o más atrás, es protagonista. 

De noche alumbran los huesos está dividido en dos partes, cada una con seis cuentos. Hay varios textos de ultratumba, con cadáveres y cementerios, y otros del "más acá", con duelo o pérdida. Si tocara elegir uno solo, me quedo con "El coronazón", un cuento que me hizo recordar La hora gris, de Eduardo Otálora Marulanda.

Mención especial merece "Crónica de un doble espejo", un cuento que no sé qué tal envejezca o cómo se pueda leer en contextos ajenos a Manizales, pero que los lectores locales contemporáneos podemos disfrutar. Se trata de una sátira en la que los nombres apenas enmascaran, sin mucho disimulo, a la clase política local reciente: el exalcalde Carlos Mario Marín, su primo Santiago Osorio, el examigo Arturo Espejo, el exalcalde Octavio Cardona... Ninguno queda bien parado.

Algunos subrayados:

De "Monólogo de una estatua"
"¿A dónde van, acaso, los muertos?", les preguntamos. Nos responden: "¿Los muertos? ¡Ja! Los muertos ahora están mojados y no llevano nombre, se quedan pa la eternidad buscando tumba (p. 18). 

De "De noche alumbran los huesos"
Se encontraron de frente con el mármol de carrara resqubrajado, ornamentos de divinidades con telarañas, rejas oxidadas y cristales partidos. Se miraron.
—Pa eso sirve el poder —dijo Fabio.
—Sí, pa terminar pudriéndose, pero pudriéndose con elegancia —respondió Enrique. (p. 56).  

De "El coronazón"
De pequeña soñaba que me protegía una burbuja que hacía mi mamá. Como un campo electromagnético que nos apartaba de todos los monstruos que pasaban alrededor (p. 112). 

De noche alumbran los muertos
Julián Bernal Ospina
Escarabajo Editores
Bogotá
Julio de 2023
142 páginas

viernes, 21 de noviembre de 2025

Diccionario de emociones, de Bernardo Arias Trujillo

En enero de 1938 Bernardo Arias Trujillo tenía 34 años, estaba sano, vivía en Manizales y aunque planeaba posesionarse como personero, su verdadero plan era trabajar apenas unos pocos meses para radicarse en Buenos Aires, en donde ya había vivido como consul y en donde había conocido a Federico García Lorca, entre otros intelectuales.

Nada permitía prever que moriría dos meses después.

Fue en ese enero cuando publicó "Diccionario de emociones. Estampas móviles de hombres, sitios y ciudades", un libro que se divide en tres partes: la primera consta de ensayos sobre personajes como García Lorca, Lope de Vega o Erasmo de Rotterdam, o sobre ciudades como Manizales, entre otros temas. La segunda consiste en una serie de "retablos" sobre Bolívar, al que odió y luego amó, y que ubican al Libertador en distintos espacios y estados anímicos: primavera, estío, otoño e invierno, desde Europa, pasando por Lima, hasta Bogotá y su muerte en Santa Marta. La tercera parte es una traducción del poema de Oscar Wilde "Balada de la cárcel de Reading", antecedido por un ensayo en el que Arias Trujillo habla sobre Wilde, el poema, las traducciones anteriores (se burla con saña de la hecha por Guillermo Valencia) y explica las decisiones técnicas que tomó para hacer la suya.

En el prólogo de la edición de Bedout, de 1963, José Camacho Carreño escribe que Bernardo Arias Trujillo tuvo "La mejor prosa de panfletario aquí escrita". Según él, en la época de Arias Trujillo en el mundo literario "todo era condescendencia, loa mutua, ternura panegírica", y Arias irrumpió con "azufrado lenguaje, para Dios y sus ministros, con sañudo antibolivarianismo, con espumante fobia a los godos". 

De este libro quizás lo más notorio es encontrar de manera explícitas las influencias que Arias Trujillo buscó: Erasmo, Oscar Wilde y García Lorca. Así mismo, sus explicaciones sobre la traducción de poesía resultan de interés, aún 9 décadas después.

Algunos subrayados

Remembranza de Federico García Lorca
De las mujeres no amaba sino a su madre, de quien hablaba a cada momento con los mejores adjetivos de sus romances. Era socialista y quería a los trabajadores del mundo con una pasión arrebatada y misionera. Murió fusilado contra una pared por haberse enternecido en demasía con el dolor del pueblo (p. 30).

Pequeña diatriba y elogio mínimo de nuestro padre Erasmo
en el presente, en que las masas se polarizan en derechas e izquierdas, bajo el comando de un Hitler o de un Stalin. De la zona templada fue Erasmo, hombre de su siglo (p. 44).

Palabras leales a Cartagena de Colombia 
treinta manzanas reconstruidas en dos lustros, las mismas que el incendio escanció en un solo brindis de pavor. Mirándolas más parece estar uno en la Calle Esmeralda de Buenos Aires o en un tramo largo de la Avenida Beira Mar de Río de Janeiro, que en un rincón de los Andes tropicales (p. 54). 

Variaciones sobre Fernando Crommelinck y una de sus obras
antes que ser impura prefirió morir. No podía aspirar ese ambiente prostituido y perverso de las sociedades modernas en donde los extravíos sexuales y las pasiones tienen calorías y complejos diabólicos (p. 73).

Elegía a Jorge Salazar
mantenía los cinco sentidos en perpetua erección, como antenas listas a atrapar cuantas sensibilidades la vida le procurara (p. 74). 

Movietone Multicolor de Manizales y sus hombres
El turista que a estos riñones cordilleranos se atreve, y abre para su embeleso el diafragma de su retina cosmopolita, sorpréndese de hallar sobre el pescuezo de los Andes, escabroso como un saurio y niquelado por esmaltes de nieves perpetuas, un centro urbano de cien mil habitantes de raza blanca, apenas sí con leves pigmentos americanos, cuyas calles retorcidas de epilepsia rematan siempre en paisajes de prócer hermosura (p. 83).

Ciudades como Río de Janeiro, Bahía, Valparaíso, Génova, Manizales y otras pocas, producen la sensación de lo inesperado, pues la regla general de todas las urbes es ser planas. El hecho de exhibir tales urbes una localidad voluntariosa y salida de lo común, les da ya una personería arisca, independiente y variada, un encanto que no tendrán nunca las ciudades planas, monótonas por el solo hecho de ser tales (p. 85).

Manizales la Barcelona de Colombia (p. 86).

Retablo de un cocinero ilustre
Nos falta el filtro de los años, ese despacioso destilar que refina a los hombres como si fueran vinos, y que les da espiritualidad y sutileza. Carecemos de paganía y de hedonismo, no tenemos ese sentido helénico de la vida (p. 91). 

La risa y la buena comida es lo único que nos diferencia realmente de los animales (p. 91).

Evocación fugaz de Marcel Proust
Oscar Wilde calculaba en veinticinco años la amnesia de los hombres para la obra literaria del intelectual recientemente fallecido. Pasados los cinco lustros, otra generación, más curiosa, más desprevenida, con más autoridad para pesar y avaluar a un escritor, le hace justicia, vuelve a ponerlo de moda, y como consecuencia, queda en lo que habrá de quedar, para las posteridades olvidadas (p. 101). 

Es curiosa la afinidad que se advierte entre el ser físico de Proust y su estilo característico. Delgado, tímido, melancólico, enfermizo, alma jaspeada de notorios complejos feminoides, delicado, febril, etéreo, saturado de drogas y de emociones artificiales, así es también su prosa: delgada, tímida, melancólica, nocturna, enferma, febril, etérea, saturada de drogas y  de emociones artificiosas, escrita de media noche en adelante (p. 103). 

fue una criatura desgraciada que vivió en la punta de los pies, para no ser advertido (p. 106). 

Retablos de don Simón Bolívar
yo —¡perdón, oh Padre de mi América! soy uno de los últimos convertidos a don Simón Bolívar. Yo renegué de él en mi primera juventud, yo le vilipendié "sañudamente" cuando en esa edad impávida era un santanderista fanático que hubiera entrado, puñal en mano, a la alcoba de San Carlos, de haber sido amigo y compañero de Luis Vargas Tejada (p. 116).

Por ventura mía, cuando fui infiel a Bolívar lo hice también sinceramente, con vehemencia (p. 118).

Sonata de estío
Este sol jovencito que cae ahora sobre Lima, es un sol apenas decorativo, con un mínimo de calorías, un sol de sanatorio para uso de convalecientes o de orquídeas de invernadero (p. 127)


Diccionario de emociones. Estampas móviles de hombres, sitios y ciudades.
Bernardo Arias Trujillo
Editorial Bedout
Medellín
Agosto de 1963 (primera edición 1938)
228 páginas

lunes, 29 de septiembre de 2025

Adentro, de Juan Guillermo Correa G.

"Adentro" es una novela publicada en marzo de 2022 en la que se sienten las consecuencias del encierro por la pandemia de Covid-19, el gran confinamiento mundial que en Colombia comenzó en marzo de 2020 y se extendió durante varios meses.

No obstante, "Adentro" no alude al Covid ni a la pandemia ni a la enfermedad. Alude al encierro. El protagonista, de nombre Lubeftian, vive en su apartamento en Manizales y trabaja en la Universidad de Caldas. Una vida en apariencia normal hasta que decide no salir a la calle. No salir ni siquiera a la portería de su edificio. Permanece en casa y su mamá cada ocho días le lleva el mercado, que él sube con una canasta que cuelga desde la ventana. Lubeftian no sale ni abre la puerta, hasta que aparece Guaca, una mujer que se mete adentro del apartamento y de su vida y que trastoca las rutinas de este hombre extraño.

El autor estructura la novela en tres partes compuestas de capítulos breves. La narración no es lineal. De hecho el juego con el tiempo invita al lector a armar el rompecabezas de la trama, hasta llegar a un desenlace abierto. 

Más allá de la historia que narra, con economía de personajes y de acciones, "Adentro" es una novela sobre Manizales. Menciona barrios como Milán, Palermo, Estambul, Sinaí, Versalles, la Avenida Santander y otros referentes que construyen dentro del texto un paisaje urbano contemporáneo que resulta claro para el lector local, aunque quizás no tanto para un lector de otra ciudad. 


Algunos subrayados
cuando una conversación entre nosotros dejaba en alguno la sensación de haber ganado, perdíamos los dos (p. 17). 

En la mayoría de los casos, uno no es responsable de la llegada de las personas a su vida, pero casi siempre lo es de su partida (p. 26).

El encierro es distinto cuando uno está acompañado; a veces, incluso, el encierro es la consecuencia de estar acompañado (p. 33). 

Ella y yo nunca habíammos estado juntos en la calle (p. 37). 

Con los años uno deja de ir a la iglesia, pero esa renuncia no le quita a uno de encima todo eso que le han dicho y que se pega como ciertos adhesivos que solo pueden removerse con mucha insistencia y calor (p. 42).

A mí me cuesta mucho entender cómo transcurren las vidas de aquellas personas que siempre están en presencia de alguien, salvo cuando acuden al baño. Basta saber lo que ocurre cuando aparecen los trastornos del sueño para dar cuenta de lo que pasa cuando uno está acompañado en todo momento (p. 45). 

Nadie detenido en un cuerpo entiende nunca cómo se lo quiere desde otro (p. 73).

he pensado quedarme un tiempo en el apartamento hasta encontrar una salida. Si no encuentro nada no podré salir. Es una obviedad. No se puede salir si no se conoce la salida y hasta ahora todosl os encuentros han suritod el mismo efecto de esas interminables faldas de Manizales que no lo dejan subir ni  bajar a uno a ningún lado. Siempre quedamos otra vez en Manizales, Lulú, sin importar cuánto subamos o bajemos (p. 88).

Bien puede ubicarse al ciudadano contemporáneo en esta condición: pago deudas ergo sum (p. 91).

Recordé cuando me dijiste que no podías saber cómo se sentía una mujer en esos tiempos en los que su vida por completo dependía de encontrar marido, pero que intuías que tenía que ser muy parecido a esta vida de todos en la que dependemos de trabajar para conseguir dinero y sobrevivir. Supongo que me querías decir que el trabajo es el nuevo marido de la especie (p. 106).


Adentro
Juan Guillermo Correa G.
Común Presencia Editores. Colección Los Conjurados
Bogotá
Marzo de 2022
110 páginas


lunes, 19 de agosto de 2024

Café y ciudad, de Dorian Hoyos Parra

El subtítulo de "Café y ciudad" dice "o la cotidianidad en la población cafetera de Manizales", y ese texto es una buena síntesis de la pretensión de Dorian Hoyos Parra con este libro: con ocasión de los 150 años de fundación de Manizales la autora escribe una historia de la ciudad, pero no desde los nombres y fechas de los colonizadores, los políticos o los "hombres ilustres" sino desde la cotidianidad de sus habitantes. Esa mirada convierte a este texto en una pieza singular, porque se trata de una historia escrita por una no-historiadora que narra con enfoque femenino, en donde lo que ocurre al interior de las casas tiene relevancia.

El libro no está dividido por capítulos. Se trata de un texto que pretende ser una conversación de un abuelo con su nieto Simón, que llega a pasar vacaciones en Manizales. Es curioso que la autora elija como narrador a una voz masculina, porque en lo que escribe se percibe un alter ego suyo. De hecho, salvo el artificio del diálogo abuelo-niño, el libro no tiene ficción y, al contrario, al comienzo la autora explica que su novela (la define así) es el fruto de un trabajo de 12 años de investigación en la Biblioteca Nacional de Colombia.

No se trata de una historia narrada cronológicamente sino de un "cuento" que un abuelo le cuenta a un nieto. Así, la historia brinca en décadas, va del campo a la ciudad y salta entre episodios, pero esta posible falta de rigor historicista permite que el relato sea breve y ameno y la autora lo enriquece con detalles de interés que no es fácil encontrar en otros libros. Por ejemplo menciona a los Colonizadores, la Esponsión de 1876 con Mosquera, los incendios de la década de los 20, el comienzo del Cable Aéreo y luego, en 1927, el arranque del ferrocarril de Occidente que iba hasta Buenaventura. Pero todo esto lo mezcla con su propia memoria, observación y vivencias. La autora nació en 1933 y entonces conoció de primera mano aspectos como la moda de hombres y mujeres en la ciudad en la primera mitad del siglo XX, cómo lavaban y planchaban la ropa, cómo conservaban la carne antes del uso de las neveras, cuál era la dieta tradicional, cómo era la vida en los colegios, los medios de transporte, los juegos infantiles, los noviazgos, la vida de las casadas y las viudas y otra cantidad de detalles que hacen de este libro una mezcla entre la historia de la ciudad y las memorias de la autora, aunque ela se abstenga de dar datos autobiográficos.

En algunos pasajes hay un tono moralizante en el que se culpa a la mujer, por su salida del hogar, de la decadencia de la familia contemporánea. No obstante, Dorian Hoyos Parra es una hija de su tiempo pero una hija crítica: el texto cuestiona la desigual distribución de la riqueza, la vida ostentosa de algunos obispos, el servicio militar, el servilismo de la educación, los cafetos que requieren químicos, promovidos desde la Federación de Cafeteros, y las ganancias que se llevan las multinacionales por el petróleo colombiano. Dorian Hoyos militó en el Partido Conservador, pero varias de las afirmaciones que hace en este libro lucen progresistas incluso hoy, a 25 años de su publicación.

Algunos subrayados
Esa joven ciudad de limpias costumbres, muy católica, fue habitada por soldados sin recato, sin Dios y sin ley. Manizales conoció el saqueo, el asesinato, las casas de lenocinio y las enfermedades venéreas. Las escuelas fueron cuarteles y hospitales (p. 14).

¡somos ricos en hidrocarburos! pero siempre la tecnología extranjera viene con su equipo humano y así seguimos en la periferia (p. 16).

¡dirigentes! nuestra educación y formación es servil (p. 16). 

antes de 1920 Manizales contaba con once bancos, muchas casas extranjeras tenían oficinas en la ciudad, la mercancía que se traía por el río Magdalena llegaba a Barranquilla desde Euroa, no sólo se quedaba en Manizales agluna parte, también seguía para el Cauca, los bueyes y las mulas se iban con cargas de café, las cuales se despachaban desde Honda por el mismo río hasta Barranquilla (p. 25).

Ya para los años cincuenta cambia, la mujer va a las oficinas, a las escuelas de comercio, a la universidad, reciben visitas del novio en las casas, ellos van a buscarlas a los lugares de trabajo o estudio y acompañarlas de regreso a sus casas (p. 27).

(a finales del siglo XIX) algunas mujeres trabajaban como escogedoras de café en las trilladoras del grano que había cogido impulso y el cual sería para las próximas cuatro décadas del siglo XX el eje de la economía, no sólo de Manizales sino del país (p. 33).

las coperas o las niñas de propiedad horizontal momentánea le escuchaban sus cuitas (p 34).

en sus laboratorios creó otras variedades y vendió la idea de utilizar insumos químicos que encarecieron la producción del grano; este último paso se iniciaba por los años cincuenta de este siglo (p. 36).

El escritor Adalberto Agudelo Duque dice que: "la modernización de la mujer se dio en gran medida porque se inventó la máquina de escribir que hizo que ella saliera de casa a trabajar, la toalla higiénica porque le dio más seguridad, los anticonceptivos porque le dieron más libertad sexual". Estas cosas revolucionaron el mundo. (p. 44). 

Contaba mi abuela que en 1860 una lluvia de ceniza opacó el cielo y cayeron muertos los pájaros por los caminos, en los solares y los bosques vecinos (p. 52)

todas las piezas para armar el cable aéreo habían sido traídas a lomo de buey y de mula desde el puerto de Honda, o por Buenaventura (p. 54). 

Eran también medio franceses los manizaleños de otra época, primero fueron Grecolatinos, así los bautizó la República de las letras (p. 58). 

Las mujeres son mal miradas y mal comentadas por trabajar fuera del hogar, en oficinas; algunos hombres se toman la libertad de decir que sólo las coperas trabajan fuera de la casa (p. 63). 

(luego de los incendios) Manizales tiene hospitales, casa de beneficencia, biblioteca pública, colegios, iglesias, bancos, de nuevo el comercio y la industria que contaba con veintisiete fábricas en 1927 (p. 79).

Colombia es un estado cantinero y en Manizales en cada casa o local del centro que desocupan ponen una sala de juego (p. 104).


Café y ciudad o la cotidianidad en la población cafetera de Manizales
Dorian Hoyos Parra
Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de Caldas
Manizales
Mayo de 1999
112 páginas

domingo, 19 de mayo de 2024

Niñapájaroglaciar, de Mariana Matija

Niñapájaroglaciar es el relato escrito en primera persona por Mariana Matija, diseñadora visual nacida en Manizales que se dedica a trabajar en proyectos de activismo ambientalista que buscan cambiar la relación con la tierra.

Este libro está escrito con un lenguaje singular, cercano al tono de la oralidad, que seguramente otras mujeres que crecimos a finales del siglo XX en Manizales podemos sentir tan cercano que el texto nos convierte a nosotras, las lectoras, en otras niñaspájaroglaciar, en la medida en que abre los sentidos para ver, oír y apreciar la riqueza del entorno cercano. 

Mariana Matija visita Islandia y descubre que en islandés muchas palabras se forman de unir dos sustantivos: el volcán que explotó allá se llama Eyjafjallajokull que significa algo así como Islamontañaglaciar, y así hay otras palabras que le permiten construir a la autora, desde el lenguaje, conceptos singulares que van desde tucuerpomicuerpo, para explicar la simbiosis con una gata, hasta Niñapájaroglaciar, el título del libro, que refleja bien el tipo de ser que ella es. Con ese lenguaje ella comunica y saca al exterior su paisaje interno, poblado de un amor expandido a múltiples formas de vida y a distintos lenguajes distintos al habla de los humanos.

Niñapájaroglaciar es un texto autobiográfico que trasciende en mucho la mera anécdota. Hay humor, hay una crítica al colegio, hay recuerdos de la infancia y la adolescencia, hay una lectura sobre lo que significa ser niña en una sociedad machista y hay, sobre todo, un duelo que no se enuncia como tal: el duelo por los animales que se extinguen, los glaciares que se derriten y el paisaje que cambia. Las montañas que se pueblan de árboles de aguacate, en fila y uniformados como si estuvieran en un colegio. Un duelo que duele, por sentir que el paisaje amado muere y que los humanos siguen siendo incapaces de entender que son un animal más. El animal más destructor.


Algunos subrayados 

Mi corazón se convirtió fugazmente en pájaro y se reconoció en otro pájaro y no quiero que esa sensación se me olvide (p. 10).

Llegaron a mi vida inesperadamente y, como todas las cosas bellas, trajeron un nuevo vacío, el que me quedaba en el corazón y en el estómago cuando íbamos a la cabaña (p. 12).

Cuando volví a Manizales y oí un afrechero me sentí en casa. Mi casa es la sensación que me aparece en el cuerpo al oír el canto de los afrecheros (p. 16). 

no recuerdo cómo eran los nevados cuando estaba chiquita, aunque recuerdo haberlos mirado mucho. Pero sí sé cómo son ahora y puedo compararlos con fotos tomadas antes de que yo naciera y darme cuenta de cuánto han cambiado sus glaciares. Tampoco recuerdo cómo eran los cerros que rodean a los nevados, pero me imagino que estaban menos pelados que ahora. Me gustaría recordar. Me gustaría tener fotos. Me gustaría haber tenido la lucidez para hacer un registro de los nevados y los cerros que los rodean, para poder saber cómo se han transformado (p. 18).

Están en el mismo lugar pero no siguen siendo los mismos y no todo está bien. Los glaciares están subiendo, buscando pisos térmicos más fríos que no existen. Están deshaciéndose, chorreándose en riachuelos que son tragados por la vegetación esponjosa y las lagunas del páramo. El páramo, por lo tanto, tampoco es el mismo: está tragándose a los glaciares porque no le queda más remedio, y después los deja seguir chorreando hacia abajo ya convertidos en agua que no volverá a ser hielo, o por lo menos no de ese glaciar. Tal vez llegará a una bocatoma y pasará por un tubo y llegará a un grifo de un lavaplatos en una casa en la que se convertirá en hielo de cubeta para echarle a una cocacola que será bebida por alguien que no sabe que su hielo está hecho con agua de un glaciar en extinción (p. 19). 

La memoria siempre es creativa, pero unas veces más que otras. Recuerda, sí, pero también inventa y hace collages mezclando cosas que sí pasaron y que se vivieron en primera persona, cosas que sí pasaron y que llegaron a través de la experiencia de otra persona, y cosas que no pasaron pero hacen que la historia sea más interesante o más digerible o más tolerable. Y la memoria, claro, también olvida (p. 23).

no hay malestares o bienestares, sino solo estares que a veces se sienten bien y a veces no tanto (p. 36).

No sabía que ser niña implicaba tener un límite, un borde (p. 45). 

Descubrí que unas palabras mal escogidas podían matar lo que amo (p. 50).

Yo no quería correr para darle vueltas a la misma cancha ni jugar los mismos partidos obligados de baloncesto ni darme golpes en los antebrazos con los balones de voleibol que parecían de piedra ni nada de lo que nos ponían a hacer para castigarnos por el pecado horrible de ser cuerpos, de ser niñas y cuerpos en un mundo que no nos veía como animales sino como máquinas que transportan mente (p. 53). 

El colegio era el lugar en el que me tenía que vestir y comportar igual que todo el mundo, en el que tenía que pensar en cómo sentarme porque tenía falda todo el tiempo y entonces se me veían los calzones, en el que no me podía subir a los árboles ni rodar por la manga ni correr con las perras. Era el lugar en el que si me reía mucho me ganaba un regaño. Si hablaba mucho me ganaba un regaño. Si dibujaba mucho me ganaba un regaño. Era la feria del regaño (p. 56). 

en esa temporada en la que el foco de mi atención se hizo más y más pequeño, hasta que parecía que solo cabían mis propios inflamados dramas, cuando pensaba que iba a descubrir quién era yo metida en un salón de espejos, mirándome a mí misma y a otros que se me parecieran, mirándome el ombligo sin verlo (p. 64). 

Hay gente que piensa que llorar por la muerte de un perro amado es una exageración, pero es porque nunca han amado a un perro, así que en sus vidas no cabe el vacío de esa ausencia. Para que haya espacio para ese vacío la vida se les tendría que haber expandido antes lo suficiente para contener todo ese amor (p. 66). 

Y cuando se acababan las vacaciones -o al menos la parte de las vacaciones que pasaba en la cabaña 4- y volvíamos por esa misma carretera hacia Manizales, me quedaba mirando los bordes negros de esos árboles en contraluz en un fondo de atardecer de muchos colores, y sentía esa mezcla entre tristeza y alegría que suele aparecer en el paisaje interno cuando uno se despide de un paseo y vuelve a la casa (p. 133). 

Hasta llegar a Bogotá que también está arriba y por eso también es fría, aunque es un frío que siempre sentí muy diferente al de Manizales, más seco, con menos nubes, sin miradas directas de glaciar (p. 138).

no recuerdo haberme sentido orgullosa de haber nacido en Manizales. Tampoco me avergonzaba, sencillamente no pensaba que haber nacido en una ciudad particular pudiera decir algo importante sobre mí o pudiera tener algo que ver con quién soy (p. 140). 

Manizales va a cambiar un montón cuando se termine de morir el glaciar del Poleka Kasué. Va a cambiar mucho más de lo que podemos percibir, más de lo que muchos humanos están dispuestos a reconocer. El cambio no va a ser simplemente que se deje de ver la cubierta blanca de una montaña, porque cuando se extingue un glaciar no solo se extingue ese glaciar, sino que con él se extinguen todas sus relaciones: aparecen dolores de ausencia en los paisajes internos de todos los seres que lo han amado y se extingue su propio paisaje interno. Se extinguen las conversaciones que surgen entre su brillo blanco y el de las nubes que le pasan por encima, las cartas subterráneas que le escriben sus aguas derretidas a las raíces de las plantas paramunas, se extinguen familias de rocas que se mantienen juntas bajo su peso, se extinguen las caricias específicas que el viento tiene para las formas de ese hielo, se extinguen los caminitos que ha aprendido a horadar el agua, se extinguen las canciones que canta con aire frío y que escuchamos con la piel los animales que vivimos bajo su mirada (p. 143). 

Me encerré para protegerme de la tristeza y no me di cuenta de que me metí en una jaula (p. 151).

El volcán está activo. Echa fumarolas, echa cenizas, tiembla. Tiene hielo arriba y fuego adentro. Es un borde. Un fin del mundo. Estoy suficientemente lejos para que parezca que lo único que pasa es lo grande, pero cada vez que miro procuro recordar que allá siempre está pasando también lo pequeño. Aunque yo no los alcance a ver desde aquí, allá hay conejos de páramo corriendo y escondiéndose entre los matorrales, hay pájaros haciendo nidos en las ramas de los arbustos, hay bichos escarbando la tierra y abriendo madrigueras para poner huevos, hay lluvia cayendo y rodando por los pelos de las orejas de los frailejones y por los pelos de las orejas de las vacas, hay plantas pequeñísimas haciendo hojas nuevas, hay conversaciones entre todos los animales, entre la fumarola y el aire, entre la ceniza y el hielo. Afilo los oídos para escuchar esas conversaciones pequeñas. Me dicen que la Tierra habla por arriba, por abajo, por la mitad. Habla en voces de hace millones de años. Algunas desaparecieron y ya no se oyen. Otras han cambiado tanto que parece que ya no son ellas pero todavía no se han ido (p. 189).


Niñapajaroglaciar
Mariana Matija
Editorial Rey Naranjo
Bogotá
2023
192 páginas

jueves, 2 de mayo de 2024

Los sexualizadores, de Carlos Mario Vallejo

"Los sexualizadores", la primera novela del manizaleño Carlos Mario Vallejo, es una obra que desde las primeras páginas plantea lo que va a ocurrir: un narrador en segunda persona (te) cuenta que todos los seres humanos nacen bisexuales y que la homosexualidad y la heterosexualidad son conductas aprendidas que se pueden desaprender. El héroe fracasado de esta novela se propone entonces una campaña cívica sexualizadora de desaprendizaje drástico: raptar a una rectora, un sacerdote y un profesor para obligarlos a aprenderse un decálago antietiquetas y a tener sexo con alguien opuesto al de su conducta aprendida para que aprendan que las homofobias y heterofobias hacen daño.

Esa es, en resumen, la historia que se anuncia desde el comienzo. La novedad está en cómo se desarrolla esta historia inverosímil y para ello el autor acude a varios recursos: narrar en segunda persona, que es una forma escasa dentro de la literatura no epistolar (el referente manido siempre es "Aura" de Carlos Fuentes); ubicar la trama en Manizales en distintas épocas, que abarcan desde los 90 hasta la segunda década del siglo XXI; incluir numerosas referencias de marcas, programas de televisión, videojuegos, canciones y otros sellos icónicos de la cultura popular, y estructurar la novela en 33 capítulos cortos, escritos cada uno con un título y una extensión como de crónica periodística. En estos capítulos-crónicas se notan las huellas del oficio periodístico del autor, quien trabajó en Q´Hubo y La Patria, y de hecho algunos estos textos podrían leerse de manera autónoma, con sentido completo.

El escritor pereirano Rigoberto Gil Montoya dice que Manizales es una ciudad muy narrada en la literatura y "Los sexualizadores" viene a sumarse a esa tradición: la historia se ubica en Villa Carmenza, un barrio de estrato tres, como lo remarca el narrador, pero aparecen también referentes inconfundibles de la ciudad: El Cable, la bolera del Multicentro Estrella, el Estadio Palogrande y el Once Caldas, La Galería, el Banco de la República, Palermo, ek Bosque Popular el Prado y el Parque de La Estrella, entre otros.

Esta obra, ganadora del Primer Concurso Nacional de Novela "Jaime Echeverri", también rinde entre líneas un homenaje a Orlando Sierra Hernández y a Bernardo Arias Trujillo, dos escritores que fallecieron muy tempranamente en Manizales, pero estos homenajes literarios están lejos del tono de la erudición. Al contrario: la novela está narrada en un lenguaje juvenil y popular, de jóvenes que consumen drogas de manera cotidiana y así, además de la campaña de sexualización, el texto parece proponer también una campaña de normalización del consumo recreativo.

Aunque le pregunté al autor si es lector de cómic o si el cómic influyó en su obra y me dijo que no, la novela sí me dejó una sensación de haber recorrido un cómic: es una historia oscura, aunque contada con liviandad, con personajes bidimensionales y planos y con escenas fragmentadas y breves en las que prima la acción. Ya que Carlos Mario no lee cómic sería interesante que algún ilustrador leyera "Los sexualizadores": acá puede haber una novela gráfica.


Algunos subrayados 

la consumación del proyecto: sexualizar a tres discrimina- dores que dejaron ruina moral a su paso, con o sin culpa, sutil o duramente (p. 11)

La tesis: el homosexualismo y el heterosexualismo no exis- ten, son ficciones de la cultura impuesta. No existe eso de la orientación sexual. Todo depende del encuentro con la persona indicada (p. 12).

A ti te parecía bonito Julián, pero te habían dicho que tal palabra no se podía decir de otro niño. Nunca congeniaste con esta ley pero la acataste para armoni- zar con la vida corriente. La verdad era que, de los tres, solo lo imaginabas a él bajo el chorro de la ducha (p. 17).

Tío Evaristo se había desempeñado allí como  indigente, luego pasó a comerciante de zapatos, con lo que juntó algunos billetes, y luego le salió la opción de venta de libros, hasta desembocar en el emprendimien- to narco. (p. 26)

Manizales era una ciudad intermedia que alguna vez estuvo entre las más prósperas del país a base de men- jurjes bursátiles (producción y tráfico de café), pero se había convertido en una urbe mediana y de un elitismo apacible que daba risa y rabia, dependiendo del clima (p. 28)

creías que te gustaría escribir, aunque lo que te llamaba la atención era ver tu nombre impreso bajo un título, o leer cosas ajenas y atribuirte la autoría (p. 31).

hoy discriminan palabras por rebuscadas, mañana van a seguir con las ideas y terminarán segregando personas (p. 39)

Opinabas que las personas mayores obraban mal por dos cosas: les pegaban a los hijos y rechazaban propuestas placenteras (p. 50)

Te gustaba la poética de Orlando Sierra, el pe- riodista asesinado, según la cual a Manizales le crece en las noches de invierno una luna lánguida, torpe y cabeceante como un celador viejo (p. 51)

el que es feo también es un suertudo porque ya sabe que si le agrada a alguien es por otra cosa, no solo lo físico (p. 66). 

a las historias de la gente de Manizales les faltaban cosas duras que les sobraban a las de Medellín.(P. 79 )

cultura impuesta, cuna de violencias y calabozos morales. No más instancias a salir del clóset, una de las nuevas violencias: no hay que salir de nada, hay que invitar a pasar. En los tiempos que corren debemos poder andar de tumbo en tumbo en tantos closets como nos sea posible, cuidándonos, eso sí, del atrincheramiento.(p. 84)

—Eso de la homosexualidad o la heterosexualidad no existe, padre. Usted mismo no puede decir que es ho- mosexual. Nadie puede decir que es nada. Todo depende de encontrar la persona indicada. No existe algo como la orientación sexual (p. 126)

El amor posesivo es lo único que sirve. Los celos tuestan, pero amor demuestran (p. 148)

Los sexualizadores
Carlos Mario Vallejo Trujillo
Editorial Escarabajo
Bogotá
abril de 2024
152 páginas

viernes, 4 de agosto de 2023

Gente como nosotros, de Martín Franco Vélez

En 2020 Martín Franco presentó La sombra de mi padre, un libro de no ficción en el que narra los problemas que el alcoholismo trajo a su familia. En este segundo libro, "Gente como nosotros", Martín construye un relato que, a diferencia del primero, es ficción, aunque parece tener más de un pie en la realidad.

Gente como nosotros es una novela realista ambientada en Manizales de los años 90 y comienzos de los 2000. El protagonista es un periodista radicado en Bogotá (como Martín), que desde la adultez rememora la adolescencia, la época del colegio en Manizales, los amigos, el licor, la torpeza del despertar sexual y el cambio de vida que significa irse a vivir a Bogotá.

El conflicto que plantea la novela es una pregunta generacional: ¿qué pasaría si hoy, tantos años después, me doy cuenta de que el papá de uno de mis amigos del colegio apoyó a los paramilitares? Esa pregunta es perfectamente factible entre "Gente como nosotros": personas que nacieron en Manizales entre los 70 y los 90, que asistieron a colegios privados de la ciudad, que se movían en barrios de estrato 5 y 6, que asistían a discotecas en El Cable y paseaban en carros entre Chipre y Coca Cola mientras en muchas zonas del país, e incluso del departamento, avanzaba sin tregua la matazón.

Gente como nosotros es una novela dividida en dos partes, con capítulos cortos que abordan distintas épocas y que se presentan como un rompecabezas que va del presente al pasado y se devuelve, hasta que el lector arma el entramado completo de una historia de ficción, aunque parece tan cercana que se lee como si fuera real con nombres cambiados. Ese es quizás su principal mérito.




Algunos subrayados

Ya no recordaba a cuántos habían echado, pero sí la zozobra que precedía a las noticias: días antes, el rumor de un nuevo recorte empezaba a expandirse por la redacción y todos lo deformábamos, agrandando el pánico (p. 13). 

Las mujeres eran un mundo inconcebible, algo que estaba más allá de mi alcance. Me parecía inverosímil que alguna se fijara en mí (p. 49).

Salimos a la Avenida Paralela, subimos por la falda de Carpán a buscar el sector de El Cable y luego de pasar la Zona Rosa bajamos otra vez hacia el barrio La Estrella (p. 55).

Héctor explicó que, en su reciente visita al batallón, el comandante se había comprometido a ayudarlos. Ese día le dijo que debían ser muy discretos y evitar las reuniones cara a cara, explicándole que su gran problema era -recalcó con desdén- "el hijueputa temita ese de los derechos humanos" (p. 60).

pasaría mucho tiempo -décadas, quizás- antes de que algún poderoso ganadero respondiera ante la justicia, cualquiera que esta fuera, como uno de los tantos reponsables de hechos atroces como el que allí se narraba (p. 66).

escoger la violencia es un acto deliberado (p. 67).

es tan asesino el que aprieta el gatillo como el que da la orden y voltea la mirada (p. 85).

el pasado es un puente que no conduce a ningún lado (p. 102)

el pánico de los que se creen buenos es muy fácil de detectar (p. 103).

Terminamos igualándonos a esos hijueputas y en algún momento se borraron los límites: fuimos ellos y ellos fueron nosotros: los mismos matones (p. 104). 

Terminé instalándome en esa plácida comodidad de la academia, desde donde sentía a veces culpa por enseñarle a unos jóvenes esa cantidad de teorías anacrónicas sobre el periodismo que quizás jamás iban a ajustarse a la realidad que pronto les tocaría vivir (p. 133).

Habíamos logrado establecer una rutina que nos anclaba (p. 137). 

no dejábamos de ser unos privilegiados para quienes la sangre y el dolor y el sonido de las armas estaban lejos, en otro lugar distinto a ese en el que vivíamos. Un lugar que veíamos en la noche en los noticieros, y que nos horrorizaba tanto que preferíamos cambiar el canal (p. 150). 

Con el tiempo dejé de aprovechar cada minuto libre para viajar a Manizales, la ciudad que hasta ese día creía la única posible (p. 159). 

La universidad era una prolongación de la vida del colegio, pero con mayores libertades, lo que la hacía mucho más interesante (p. 160).

Toda la seguridad que había sentido hasta ese día se esfumó cuando empecé de nuevo en aquella ciudad, donde me sorprendió comprobar que mis costumbres provincianas me hacían sentir verguenza (p. 161). 

la discusión se zanjó cuando entendí que la vida en pareja implica, sobre todo, dejar de pensar en uno mismo (p. 179).

Porque a la larga éramos como cualquier otra pareja y nada nos hacía especiales ni distintos: los miedos, los celos y el deseo por otros cuerpos iban a estar siempre ahí y eso era algo a lo que tendríamos que acostumbrarons. Nos gustara o no. (p. 183).

Cada día me convencía más de que este país no quería saber la verdad. Resultaba evidente que jamás iba a revelarse lo que había sucedido durante tantos años de odios, muertes y venganzas, por la sencilla razón de que a mucha gente con poder no le convenía (p. 185).

el tiempo no cura las heridas, como suele creerse, pero al menos logra calmar las aguas tempestuosas (p. 185). 

con los años fuimos aprendiendo algunas cosas: que cada uno hace lo mejor que puede, que hay que luchar a diario contra los propios fantasmas, y que siempre estamos al borde dle abismo (p. 186). 

Gente como nosotros
Martín Franco Vélez
Editorial Seix Barral
Bogotá, 2023
203 páginas

martes, 23 de mayo de 2023

La inverosímil muerte de Hércules Pretorius, de Humberto de la Calle Lombana

La inverosímil muerte de Hércules Pretorius es una novela dividida en dos partes, cada una con varios capítulos organizados de manera no cronológica, que cuentan fragmentos de la vida y muerte de Hércules, un joven manizaleño, estudiante de derecho en la U. de Caldas, que se enrola en el M-19 y muere en la fallida Operación Calarcá, que desembarcó a un grupo de guerrilleros en el Chocó con el fin de atravesar ese departamento hasta el sur y crear un foco guerrillero entre Antioquia y Risaralda.

La operación fue real y fracasó, como lo narró Darío Villamizar en "Crónica de una guerrilla perdida". Con ese trasfondo histórico Humberto de La Calle Lombana teje una novela que transita por las calles de Manizales de los años 70, con el Teatro Olympia, el Cumanday, la 23, la Universidad de Caldas, la Avenida Paralela, y Bellas Artes de Chipre. Esa geografía la salpimienta con tangos y música popular, para presentar a Hércules Pretorius, a su familia, sus dudas por la lucha armada y todo el discurso ideologizado y mamerto de las universidades públicas de su tiempo.


El comienzo de la novela se parece un poco al de Crónica de una muerte anunciada: en la primera página el autor exhibe al muerto y el libro consiste en contar qué lo llevó a llegar hasta ahí. En el caso de Humberto de la Calle, si bien Hércules a veces aparece brumoso, como un personaje incorpóreo, quizás porque tiene poca voz en el relato, el resultado final es el de una novela que documenta de paso una época de Manizales y también de la guerrilla, y por eso, aunque sea ficción, resultan valiosos los apartes en los que se refiere a Bernardo Jaramillo Ossa y a Iván Roberto Duque, alias Ernesto Baez.


Algunos subrayados
Aquí, como en Marmato o en Aranzazu, los genes de los europeos que vinieron sedientos de oro dejaron su huella genética. Rubias, ojos verdes o azules, tez blanca casi transparente, nalgas planas y una figura envuelta en una cierta aura como la que ostentaban las pinturas de la Virgen María delineadas por pintores flamencos (p. 27).

¿Y es que usted se piensa casar con esa negrita? (p. 29).

"La ley inderogable de la antropología es que las gallinas de arriba se cagan siempre en las de abajo" (p. 29).

Los apellidos de pro, la alcurnia, habían sido repartidos al igual que las tierras en la ciudad recién fundada. Todos eran arrieros antioqueños. Todos vestían las mismas alpargatas, los driles sucios en la bota, el machete al cinto y el zurriago para conducir el ganado. Pero los que recibieron tierra, sobre todo en los alrededores del proyectado pueblo, eran precisamente los Jaramillo, los Arango, los Gutiérrez; los privilegiados, los socios del club, losn ovios en matrimonios endogámicos que se transmitían no solo sus bienes, mediante cuantiosas herencias, sino también, y era el mayor tesoro, la imborrable alcurina. Imborrable porque, aunque las generaciones futuras cayeran en la desgracia económica, su nobleza estaría eternamente a salvo (p. 31)

Justicia social, vaya y venga, pero esos cabrones comunistas ni siquerda dejan que uno piense (p. 34). 

La mayoría está alienada. Lo que quieren es sacar su cartón y trabajar en una transnacional. No hay conciencia, ni siquiera entre los proletarios. Nosotros somos la avanzada, hermano. Nosotros tenemos que pensar por ellos. Las universidades son agencias de empleo, fábricas que producen patentes de corso para explotar y vender supuestos conocimientos. Pero son conocimientos a destajo, una mascarada al servicio de quienes se adueñaron de los medios de producción (p. 51). 

"Las ideas duran hasta el año entrante" (p. 70)

¿No te parece raro que los de la marina sean casi todos del interior? ni un costeño. Mejor, eso sí (p. 73).

¿no te das cuenta de que todo lo que dijo sobre la alienación se aplica al automatismo del partido? ¿No ves que la peor de toda las alienaciones es la dictadura del proletariado, como nos la han enseñado en Moscú? (p. 84). 

Decime una cosa, compañero. ¿Esa guerrilla que combate en el sur contra la oligarquía busca llenar los pulmones de aire nuevo, o solo quiere cambiar una tiranía por otra? (p. 85) 

en la soledad de las viejas silletas de la galería superior del Teatro Olympia, habitadas solo por dos o tres parejas con ansias de novillerps en la función de la una de la tarde (p. 85). 

La injusticia es un lago. Tiene entrada y salida. Cada litro de injusticia que sacás por un lado, se ve reemplazado por diez litros que ingresan por el otro. La represa siempre se está llenando. Hay que dinamitar el nacimiento del río de la injusticia (p. 89). 

Iván Roberto Duque, con la inaudita capacidad de prolongar sus discursos por tiempo indefinido (p. 99). (...) Duque se regodeaba en el panegírico de la violencia (p. 99). Sólo Iván Roberto moriría agradeciendo la clemencia del infarto del miocardio (p. 100). 

...paradoja desconcertante, más adelante acudiera al nombre de Ernesto Guevara de la Serna, para adaptarlo como nombre de guerra en su batalla anticomunista. Ernesto Báez de la Serna. Del mismo modo que, nacido en una población de mayoría conservadora, Aguadas, creyera que su primer grito de rebeldía era ingresar al Partido Liberal, en cuyo nombre desempeñó cargos públicos y desarrolló actividad política. Partido Liberal como hogar ideológico de su ferocidad contra la izquierda (p. 102).

Doble cero dijo que las masacres eran necesarias porque la guerra se gana en el cerebro de la gente. En esa zona del cerebro donde se anida el miedo (p. 110).

La revista Alternativa, unos riquitos del nortede Bogotá, a quienes les dio la ventolera por hacerle propaganda a la izquierda (p. 148). 

El primero producto de exportación de Cuba es la diplomacia (p. 149).

Santander, que le venía ganando a Bolívar en la opinión pública de la primera mitad del siglo XX, había caído en desgracia porque la izquierda terminó detestando la legalidad burguesa (p. 150). 

Como siempre en Colombia, todo es grave, pero nada es serio (p. 167).

Los votos blancos estarán cada vez más confinados en las montañas andinas (p. 178). 

prohibida la felicidad. La felicidad era una traición al muerto, o a sí mismo, cuando él era la víctima (p. 204). 



La inverosímil muerte de Hércules Pretorius
Humberto de la Calle Lombana
Penguin Random House, ediciones B
Bogotá,
abril de 2023
215 páginas

jueves, 23 de marzo de 2023

Una mujer, de Natalia Ocampo de Sánchez


"Una mujer" fue la primera novela publicada en formato de libro por una mujer escritora de Caldas. La terminó de imprimir la Editorial Zapata "por cuenta de su autora" el 15 de junio de 1936 y a diferencia de otros libros publicados por esa editoria y escritos por hombres, éste no motivó comentarios en la prensa de la época.

En la primera página un sacerdote advierte, bajo el título de "testimonio" que "el libro no sólo no contiene cosa alguna contra la moral católica, antes bien, respira sus principios en cada frase y en todas las palabras. Vive en él el sentimiento de Nuestra Santa Iglesia, de la primera hasta la última página, de modo que es inconfundible y bien marcada la recta intención de la autora al escribir el libro en cuestión" (p. V).


El libro está dedicado al arzobispo de Bogotá y administrador de la diósesis de Manizales, Juan Manuel González, y al final de ella la autora escribe: "si algún día, sus múltiples ocupaciones, le permiten fijar sus ojos en mi oferta y si ella merece su bendición y aplauso, sería el más suntuoso epígrafe a mi pobre obrita" (p. VI).

Antes del primer capítulo la autora presenta un preámbulo en el que expone el temor que le da salir al público, dado que los críticos a veces son duros con las obras de ilustres escritores: "Qué haremos pues, los que no tenemos ningún mérito para alcanzar a tánto, ni aún mucho menos, y que sin embargo sentimos la comezón de pluma, que es como el prurito de rascar, y más aún, si por doquiera se encuentran temas de interés y hasta de necesidad? Pues hacer lo que se pueda sin aspirar a más; y sin atender a la forma ir al forndo, que en este caso viene a ser lo importante" (p. VII).

Después de todos estos preludios, viene la novela: se trata de la historia de Leticia Arango, una mujer de Manizales que se casa al escondido con Enrique. Tienen tres hijos, una niña y dos varones, y el hogar vive feliz aunque con limitaciones económicas. Para celebrar el cumpleaños de Enrique Leticia planea un paseo a La Linda, y en ese domingo Enrique se reencuentra con Lucía, un viejo amor. Ahí empieza la desgracia: Enrique se encapricha con Lucía, empieza a beber, a descuidar el trabajo, golpea a sus hijos y a su esposa y empieza un ciclo de desgracias hasta que se va de la casa, aunque la mala racha no para ahí: el hijo mayor se va de la casa, el menor muere en un accidente del cable aéreo y al final Enrique regresa a morir en la casa de Leticia y ella contrae tisis y muere en brazos de su hijo pródigo.

La novela tiene un fuerte trasfondo religioso que parte de una hipótesis: el mal marido es una opción que tiene la esposa para santificarse e ir al cielo. Leticia es entonces una mujer abnegada y sumisa, que ofrece todos sus sufrimientos a Dios.

La autora habla de política y presenta sus opiniones. Como el personaje de Enrique encarna todos los defectos entonces es, además, liberal. A uno de los personajes que va al paseo inicial a La Linda lo presenta como "Paquito Vélez (el afeminado)" y el texto está lleno de expresiones logales como "Champurriado", "charra", "ya está quedada", "no más rochela", "hijue pucha", "Usted tomó mis primicias" (por indicar que fue el primer novio), "Ijue los guapos", "eran gente de pró" (por decir gente de alcurnia),entre otros.  

Es una novela útil para comprender el ambiente que vivían (padecían) las mujeres de Manizales en los años 20 y 30: hombres omnipotentes, mujeres con escaso acceso a la educación, violencia intrafamiliar, dificultad para acceder al dinero y una influencia muy fuerte del sacerdote, en un rol que excede al de consejero espiritual y se acerca al psicólogo o terapeuta.

La novela recrea además hechos históricos de Manizales como los accidentes del cable aéreo y el incendio de 1925, que por necesidades de la historia la autora traslada para una fecha posterior. Se trata de una novela que merece leerse: si bien carece de edición y tiene personajes esquemáticos (hay incluso un capítulo, sobre una inundación, que parece como si fuera añadido), más allá de su valor como obra literaria es importante como singular testimonio de una época en la que solamente los hombres tenían voz.


Algunos subrayados

"Aquí se trata de una mujer heróica en el sufrimiento, anexo a la humanidad; mártir además por un matrimonio desacertado, sin que esto quiera decir el que no haya también hombres desgraciados a causa de una mala esposa; de todo hay, pero lo común es que la mujer sea la víctima" (p. VIII).

Pero no se trata aquí de una obra dogmática; más bien vamos en pos de enseñar a las mujeres que no han sido felices en su matrimonio, la manera de que le saquen bien a tándo mal (p. VIII).

Multitud de veces la mujer discreta y buena enmienda a un marido perverso; mas si ésto no lo consigue, no se acongoje en demasía: cámbielo por el esposo divino que es Dios y por Él y por la vida eterna soporte su cruz resignadamente; rece, medite, ore (p. IX).  

Como el cinematógrafo acabó con la inocencia, nadie se extrañará de encontrar aquí algunas escenas reales (p. X). 

es mejor poco estudio y mucha diversión. Eh, qué pereza estudiar. Ya estoy harta. Ojalá no me entraran al colegio el año próximo.
Querida: siempre es bueno sacar el grado; puede llegar el día de necesitarse (p. 30). 

En el sufrir hay doble mérito (p. 37)

(Enrique a su esposa) —¡Apártate tú, si no quieres que también te casque! (p. 39). 

—Por qué no comiste ayer en casa? Por qué no viniste anoche?
—Eso es: sigue la censura. Como si los hombres no fuésemos libres de ir y venir a donde y cuando nos plazca (p. 40). 

el inalámbrico, el radio, la prensa dan noticias del momento y casi todas ellas son catástrofes espeluznantes. Por ejemplo, las muertes repentinas, por lo regular trágicas. ¡Pobres almas, que de un sopetón están en presencia de Dios!...
—Pues no será poca sorpresa esa entrada a la eternidad así... sobre todo los suicidas (p. 53). 

La Rusia soviética, asesorada por el poder del Infierno (p. 55) 

Manizales, situada en la cima de un cerro de la cordillera Andina, cercano a los que forman la base del Páramo del Ruiz, ha tenido enormes costas y dificultades para comunicarse con todo el resto del país y con el extranjero. Sin embargo, hoy cuenta con una vía ferroviaria que por el Sur se conecta al ferrocarril del Pacífico y conduce por ende hasta el Puerto de Buenaventura. Y para ligarse con los otros puntos, por el Norte, Oriente y Occidente dispone de cables aéreos y carreteras. Y no de otra suerte podrá ser menos de esfuerzos más que gigantes, porque la posición de esta ciudad en tan elevada altura la hace casi inasequible (P. 64). 

Añadiremos que su topografía fue una aglomeración de altiplanos, como palotes informes, de suerte que para edificar o se ha llenado una hondonada o se ha derribado un barranco (p. 66). 

—¡Qué va! Es que son solapados, pero ya los conocemos como revoltosos. Entre los godos hay animalillos terribles, que rugen y obran con valor. Ahí están los Leopardos y hay águilas o AQUILINOS y hasta aguiluchos o AGUILARES..." (p. 68). 

las jóvenes pierden con la virginidad el honor y por ende la posibilidad de un matrimonio feliz (p. 83). 

Aquí mando yo y no quiero que frecuenten tánto la iglesia, lo oyen? ¡Es una desgracia vivir en corral, en donde canta la gallina! Pero les probaré que tengo espuela! (p. 85)

Todos los trances difíciles asustan antes de pasarlos (p. 97). 

lo más amado: los recuerdos gratísimos que en insignificantes objetos se guardan con amor: las flores marchitas, la esquela, el pañuelo de seda perfumado, que hacen recordar la hora y el lugar de un momento feliz; cartas y memorias del pariente, del amigo ya idos..., objetos mil de infinito valor moral (p. 101) 

A trece leguas de distancia percibieron el fatídico resplandor (...) Treinta y dos manzanas eran escombros convertidas en brasas y llamas (p.104). 

El incendio se contuvo por sí solo demarcando hasta cierto punto, como si un dedo Providente hubiera dicho: "Hasta aquí". Fué a las cuatro de la tarde (p. 105). 

Se hacía necesario zurcir sin cesar, hacer nuevo de viejo (p. 109).

Como pobres debiera de educarse la juventud porque si llegan a menos, no les sea tan sensible (p. 109).

Por mucho que tenga y sepa una mujer, le es imprescindible el saber los deberes del hogar. Auncuando, según el modernismo, trabaje en un empleo y gane mucho dinero, tiene que saber, ante todo, cómo debe organizarse una casa, porque esta es su principal misión (p 109).

Y si vienen hijos se dejan al cuidado de manos mercenarias sin que experimenten las enseñanzas, los cuidados, los consejos de una madre (p. 130).

La mujer es el confort del hogar; es el centro en torno al cual giran el esposo y los hijos; ellos la buscan cuantas veces entran a casa: ella es la que adorna, la que dirige, la que vigila, la que enseña; es en casa columna y baluarte, centro y dirección, oráculo y ejemplo (p. 131). 

nada tan conveniente como la instrucción a la mujer, pero si sube mucho, puede perder por ello su necesaria afición al hogar (p. 132). 

¡Ah, cuántos sucesos guarda la vida y cuán distintas son sus épocas! (p. 172).

las esposas cristianas que saben conllevar la vida matrimonial en cualquiera forma que se les presente, y cumplir fielmente con su difícil misión, tienen en las dificultades de la vida un venero precioso de donde pueden tomar el oro con que se compra el cielo (p. 180).



Una mujer
Natalia Ocampo de Sánchez
Editorial Zapata, 15 de junio de 1936
Manizales
200 páginas