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viernes, 2 de enero de 2026

Puñalada trapera (cuentistas colombianos)

Me volví lectora de cuentos leyendo antologías. Recuerdo con particular cariño las de Luz Mary Giraldo, así como las antologías de cuento latinoamericano de distintos autores. Las antologías tienen la ventaja de ofrecer una visión panorámica que permite conocer registros diversos autores y, a veces, sorprenderse con escritores de los que uno no tenía noticia.

Desde hace algunos años la editorial Rey Naranjo emprendió la tarea de publicar antologías de cuentistas colombianos contemporáneos, bajo el título Puñalada trapera, que ya va en su segundo volumen. 

Lo único que tienen en común los cuentos del primer tomo es que los cuentistas son colombianos y están vivos. Salvo esas dos circunstancias, los cuentos ofrecen diversidad de temáticas y tonos: hay relatos que incluyen humor, cuentos fantásticos, historias urbanas, rurales, sobre relaciones de pareja, los hijos, la muerte y todo el amplio espectro que pueden abarcar las propuestas de 22 escritores colombianos, bajo el trabajo editorial de Juan F. Hincapié.

Los cuentos de este primer volumen son: 
"Jabalíes", de Antonio García Ángel
"Calderas", de Mónica Gil Restrepo
"Educación sentimental", de Luis Noriega
"La rumba, son, palo muerdo", de Pilar Quintana
"La mata, la matica", de Andrés Mauricio Muñoz
"Resaca" de Carolina Cuervo
"Año nuevo", de Gilmer Mesa
"Fausto", de Patricia Engel
"Baila en el bosque", de Andrés Felipe Solano
"Mi novio albino", de Mariana Jaramillo Fonseca
"La lumbre en mi vientre" de Orlando Echeverri Benedetti
"La huésped", de Gloria Susana Esquvel
"Casa de los gatos que les pegan a los perros", de Daniel Ferreira
"Historia general de tu vida", de Margarita García Robayo
"Criatura", de Juan Cárdenas
"Cuello", de Daisy Hernández
"Un ringlete", de Humberto Ballesteros
"Círculos de colores", de Juliana Restrepo
"Un negocito propio", de César Mackenzie
"La niña", de Daniel Villabón
"Especulaciones editoriales", de Natalia Maya Ochoa
"El obsipo de Duitama", de Matías Godoy

Algunos autores han publicado novelas. Al leer estos cuentos y cruzarlas con las novelas de su autoría se advierten continuidades o intereses cruzados. Por ejemplo, Noche negra, de Pilar Quintana, tiene como protagonistas a los mismos personajes de "La rumba, son, palo muerdo", el cuento que aparece en este volumen. En otros casos las continuidades no son de personajes sino de intereses literarios: Antonio García Ángel escribe una historia urbana contemporánea llena de humor, como lo es también su novela Que pase lo peor. El cuento de Margarita García Robayo parece un capítulo de algunas de sus novelas sobre crisis de pareja y tensas relaciones familiares y lo mismo pasa con Fausto, el buen cuento que publica en este libro Patricia Engel, y que hace parte de su universo de historias de colombianos migrantes en Miami. 

Entre tantos autores tan diversos es difícil elegir frases, pero acá van algunos subrayados:

Educación sentimental
Luis Noriega
El maestro habla a la ventana porque para él hablar es una forma de pensar y lo que le interesa es el curso de su pensamiento, no la correcta transcripción de sus palabras (p. 34).

Como a todos los libros en los que por primera vez leyó una obra maestra, le tiene cierto cariño, pero no apego (p. 35). 

para perder el tiempo leyendo decenas de páginas que solo servirán para confirmarle que la docencia es un trabajo estéril.
los buenos alumnos no necesitan sus clases.
Los malos nunca aprenden (p. 44). 

Resaca
Carolina Cuervo
me había arreglado para ella. Los hombres no saben que siempre nos arreglamos para el ojo cínico, canalla y despiadado que poseemos las mujeres (p. 78).

Fausto
Patricia Engel
me preguntaba qué clase de conversación tiene que tener consigo misma una chica cada vez que se quita la ropa por dinero (p. 107).

Algunas veces pienso que Papi nació siendo una persona de la tercera edad (p. 107).

La teoría de Papi consistía en que el dinero fácil es dinero sucio, y la manera más fácil en que una chica puede conseguir dinero es con su cuerpo, pero eso es porque la mayoría de la gente piensa que el tráfico de drogas es cosa de hombres (p. 107).

Si el amor es ciego, la esperanza y la fe son sus primos sordos y mudos (p. 108). 

Una de las historias favoritas de mi Papi es la del usurero de su pueblo a quien se le apareció la Virgen en un aguardiente, se arrepindió y le donó su máquina de billetes falsos a la iglesia. Cuando las cosas se ponían difíciles, el cura local imprimía algunos billetes para su rebaño (p. 115).

Historia general de tu vida
Margarita García Robayo
hay un punto en el que alguien obstinado en una causa idiota, pasa de ser un iluso a un terrorista.

Siempre viviste en ciudades que te parecían feas. Hasta que descubriste que todas las ciudades son irremediable feas, salvo algunas en las que no vivirías (p. 182).

Te hace bien saber que la fealdad no tiene solución; que todo intento por paliarla es inútil. (p. 183).

Hay cierto lujo en la caridad (p. 186).

a la confianza de saberte del otro lado de los que dan y no de los que reciben (p. 186). 

La primera vez que fuiste a una reunión de académicos aprendiste que nunca hay que decir "No sé". Se debe decir "no estoy seguro" (p. 187).

Cuello
Daisy Hernández
Qué raros eran los hombres. Tenían bultos entre sus piernas y en sus cuellos. Eran protuberancias andantes. Por esto quería volver a salir con ellos. Extrañaba sentirse ofendida (p. 202).

Un ringlete
Humberto Ballesteros
Al parecer morirse era eso: todo hecho un borrón de acuarela mojada y uno que dejaba poco a poco de estar en su centro, que también perdía el color propio, que se esparcía como si al abrir los brazos escapara con torpe renuencia de sí mismo y se abalanzara hacia la libertad y el olvido al msimo tiempo (p. 221).

El obispo de Duitama
Matías Godoy
jamás terminando una frase en palabra aguda para no romper la sucesión rítimica de las ideas sino hasta el final (p. 287).

leer novelas con gusto y admiración era cabalmente lo mismo que leer las Escrituras, que al fin y al cabo la Fe no era otra cosa que la suspensión de la incredulidad extendida por los siglos de los siglos, Amén (p. 287).

También la verdad se inventa (p. 290). 

La razón por la cual creemos es porque está escrito en la Biblia. Nosotros no creemos en Dios en cuanto autor de un libro, sino en cuanto personaje (p. 295).

Si había una razón verdadera por la cual había escogido ese oficio, era porque la posición le permitía conocer las historias de la gente, que es como mejor se conoce el mundo (p. 298).

Puñalada trapera
Varios autores. Edición de Juan Fernando Hincapié.
Rey Naranjo Editores
Bogotá
2017
318 páginas. 


domingo, 6 de octubre de 2024

La cuadra, de Gilmer Mesa

El narrador de La cuadra vive en el barrio Aranjuez de Medellín. Su papá maneja un camión desvencijado, su mamá trabaja, su hermano menor estudia y el mayor también, pero además hace trabajitos para los pillos de la esquina. 

En la cuadra pasa todo. La vida ocurre en la calle: la de los chicos que quieren ser más grandes, y la de los grandes que conversan afuera. Hay solidaridad y rebusque, pero también hay miedo porque el combo de Los Riscos impone su ley. 

La cuadra es la primera novela de Gilmer Mesa. La obra está dividida en nueve capítulos y en cada uno desarrolla la historia de algún personaje de la cuadra, aunque desde el comienzo se entreteje que la historia avanza hacia el despeñadero: hacia la muerte que quiebra en dos a una familia, aunque la cuadra siga siendo la misma.

Resulta interesante observar el rol de las mujeres en una obra tan masculina y cargada de tanta violencia: hay mujeres víctimas de homicidio y de violencia sexual, hay prostitutas y hay madres que sufren por sus hijos. Se describe en detalle "El revolión", una violación masiva de hombres armados a mujeres adolescentes, una práctica que similar a la que ocurre en El Salvador con las maras, y que ha descrito el medio El Faro. Pero La Cuadra presenta tamb a mujeres vengadoras, mujeres que salen adelante sin el apoyo de familiares o de parejas y esta multiplicidad permite vislumbrar los matices complejos de una sociedad en la que ellos, los hombres, cargan con la obligación de disparar, porque demostrar que son muy machos es una imposición social. 


Algunos subrayados
Para quienes nacimos en un barrio popular de una ciudad como esta, el respeto es más necesario para sobrevivir que el aire (p. 14).

cuando uno nace, crece y se reproduce viendo a sus similares morir todos jóvenes, sus expectativas de vida no superan los veinte años, y entonces cuando la única vida posible y vivible es la adolescencia, ahí es donde se tiene que ser alguien, no hay tiempo de espera (p. 15).

Al ingresar la pareja, el hombre, con alguna excusa, se devolvía y entreabría la puerta para que pasados treinta segundos entraran los compinches armados y obligaran a la mujer a tener sexo con todos y cada uno, a veces por turnos, pero la mayor parte del tiempo al unísono y por los diferentes orificios de su cuerpo (p. 40).

Las mujeres sometidas a estas vejaciones tenían que guardar silencio (p. 40).

Esa rabia impúdica y resentida que los feos suelen sentir frente a la belleza (p. 42). 

era tan solo miedo, el mismo que cargábamos todos para enfrentarnos a lo desconocido que era el mundo femenino: no dejan de ser paradójicas las formas que tiene el miedo de instalarse en los hombres, nunca apareció para detetener la mano del matón de policías pero emergía imponente y total a la hora de encarar a una mujer (p. 44). 

Los seres humanos no somos uno solamente, inmutable y parejo, somos antes que nada plurales, con una pluralidad dicotómica y contradictoria que nos hace levantarnos angélicos virtuosos y acostarnos demoniacos porque en ambos estados mantenemos la misma mueva (p. 62).

nuestros ídolos de niñez nunca fueron superhéroes de historietas ni futbolistas famosos, nosotros queríamos ser bandidos como los que veíamos a diario en la esquina (p. 98). 

En esos barrios pobres la calle es el sitio en donde se pasa la mayor parte de tiempo en la infancia, a falta de guarderías y jardines infantiles, la calle suplía con ardor la sed de aprendizaje (p. 115). 

El delito ha sido siempre patrocinado más por las gentes que se dicen de bien que por los mismos delincuentes, quienes solo son la cara visible del crimen, pero bajo la superficie se mueven los verdaderos favorecedores de todas las fechorías, los que compran lo robado, los que mandan a matar, los que consumen lo ilegal, ahí está la verdadera cara de la sociedad que inculpa y sataniza al criminal pero lo tolera, disculpa e incluso ampara la infracción (p. 122). 

Lo menos difícil de llegar al poder es acceder a él, lo verdaderamente importante es mantenerlo y la forma más fácil de lograrlo es mantener el bienestar de los súbditos y de los trabajadores (p. 125). 

Las personas suelen creer que el poder y el dinero cambian a la gente, pero eso es falso, lo que hacen el poder y el dinero es que nos desenmascaran, nos ponen en evidencia con nosotros mismos, con nuestras propias miserias (p. 133). 

Más que trabarse lo que uno buscaba con la mariguana en los enrevesados años de adolescencia era aceptación (p. 172). 

La tristeza es un sentimiento que se padece en soledad, que necesita del aislamiento (p. 179). 

Después del entierro la esquina siguió siendo la esquina, con sus crímenes, su agite y sus muertos, pero mi familia y yo ya nunca volvimos a ser los mismos (p. 188). 


La cuadra
Gilmer Mesa
Penguin Random House
Bogotá, 2016
194 páginas