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lunes, 10 de abril de 2023

Selva florida, de Blanca Isaza de Jaramillo Meza


Selva florida fue el primer libro publicado por Blanca Isaza de Jaramillo Meza. Salió en 1917, es decir 50 años antes de su muerte y cuando ella era una joven de escasos 20 años que vivía en Manizales y estaba recién casada con el también poeta Juan Bautista Jaramillo Meza.

No fue la primera de esta región en publicar un libro, porque ya lo había hecho Agripina Montes del Valle cuando en 1883 publicó sus poesías en Bogotá con la Imprenta de Vapor de Zalamea, pero sí fue la primera mujer en publicar un libro literario en la capital de Caldas.
Selva Florida reúne 50 poemas. Algunos son sonetos con su clásica estructura y otros se permiten una versificación más libre, aunque en todos los casos se busca la rima. 

Hay poemas al papá, a la mamá, al gato, a las amigas, y también algunos a la raza antioqueña, el río, las montañas y el jardín. Aunque la autora es católica practicante, la presencia de Dios no es tan fuerte como en otras escritoras de su tiempo.

El poema "Adelante", homenajea a los periodistas y escritores. En una estrofa dice:
La prensa es juventud, es fuerza y vida;
es una copa en que el saber de escancia;
ella enciende la luz desconocida
que penetra serena y atrevida
en la negra mansión de la ignorancia.

Estos versos del poema "Voces altivas" dejan ver su posición crítica frente a la sociedad en la que vive:
Ver los carruajes que al rodar ufanos
insultan con su lujo la pobreza


Selva florida
Blanca Isaza de Jaramillo Meza
Editorial Renacimiento
Manizales, 1917
72 páginas


sábado, 8 de abril de 2023

Blanca, antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza


"Blanca, antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza" es una hermosa edición con fotos, detalles tipográficos a color y un prólogo lleno de emoción en el que se compilan algunos cuentos, poemas y crónicas escritos por Blanca Isaza de Jaramillo Meza.

La obra fue publicada en 2017 por la Universidad de Caldas, fruto de un trabajo de investigación que realizó Nicolás Duque Buitrago, autor del prólogo, en el archivo bibliográfico de Blanca Isaza, que quedó al cuidado de su hija menor, Aída, cuando murió la poeta en 1967 y la siguió su esposo, el también poeta Juan Bautista Jaramillo Meza, en 1978. 

El libro comienza con un prólogo en el que Nicolás Duque ubica el contexto en el que se produjo la obra de Blanca Isaza, su labor como editora de la Revista Manizales, desde 1940, y el destino de la casa familiar, en donde él mismo pudo desarrollar su investigación, y que al momento de la publicación del libro ya se adivinaba su demolición, como efectivamente ocurrió poco tiempo después.
A continuación el libro trae tres partes, impresas en papeles distintos: una de crónicas, la segunda de cuentos y la tercera de poemas, que dan cuenta del calificativo que Nicolás Duque le da a Blanca Isaza, como una "mujer múltiple". 


Los textos no incluyen ni la fecha ni el lugar original de publicación, y esta falla impide ubicar su contexto y la evolución de la autora, teniendo en cuenta que se mantuvo vigente durante 50 años, entre 1917 y 1967. No obstante esta carencia, el libro sí permite ver los distintos registros de la escritora, interesada por el mundo de lo pequeño, desde las chicharras hasta las flores, emparentada con San Francisco de Asís en ese interés por el múndo de lo mínimo. Y ese interés por el detalle preciso es lo que hace que de los tres géneros incluidos en el libro, sean las crónicas las que quizás mejor envejecen: pese a que la crónica está atada a la actualidad y es un género periodístico, en el caso de Blanca Isaza son crónicas que logran detener un instante de tiempo y traerlo vivo al tiempo presente.

Algunos párrafos:

De la crónica "Toda una vida"
"Aquel poemita (El río) fue publicado por primera vez en El Surco, un periódico semanal fundado y dirigido por Benjamín Tejada Córdoba, el padre de Luis, el inolvidable cronista que abrió rumbos nuevos a la literatura nacional, que tenía desplantes geniales y jugaba con las metáforas como un malabarista. Más tarde fue publicado en Renacimiento, el primer diario que tuvo Manizales fundado por don Justiniano Macías. En torno a la niña poetisa se hizo un poco de popularidad; el inicial elogio lírico de esos versos que ahora releo con suave nostalgia se lo debo a Aurelio Martínez Mutis, aquel glorioso cantor de la patria; y el fino comentario en prosa fue escrito por Luis Tablanca, amigo del corazón y quien aún vive en su lida tierra de El Carmen, en el Norte de Santander: Yo quiero mucho el río que cruza por la aldea / que canta a todas horas, que ríe sin cesar / el río que se incendia bajo la luz febea / y que se torna plata bajo la luz lunar..." (p. 40).

Recuerdo la emoción con que mi padre, que era el Juez de Santa Rosa, leyó mis versos; que esa muchachita ingenua que se vestía de olanes baratos, que se peinaba de capul, que se enredaba un jazmín anacrónico en los cabellos, que había tenido poco estudio, que se entregaba por entero a las simples labores hogareñas, le hubiera resultado escribiendo versos, le dio la más estupenda y dulce sorpresa de su vida; me parece verlo; cuando me interrogó varias veces si aquello era mío, si lo había escrito yo, pensé que iba a reprenderme y le dije con esa feliz ingenuidad que aún recuerdo: -Sí, papá, pero yo no tuve la culpa (p. 41). 

De la crónica "La muerte de las cosas"
Existen extrañas similitudes entre la muerte de las personas y la muerte de algunas cosas y de algunos sitios; a veces es una muerte súbita, impresionante, fatal; otras, es la desintegración lenta, progresiva, inexorable; la agonía despaciosa e ignorada que acaba ya por no conmover a nadie (p. 55). 

De la crónica "Una hermosa labor"
Es algo tan finamente bondadoso como ese oficio de las bellas cosas inútiles que no sirven sino para eso; para no ser prácticas ni técnicas, sino simplemente hermosas (p. 61).

ha de sentir lo mismo que elpoeta cuando entre esta profusa literatura de fútbol, de deportes, de ciclismo, de competencias olímpicas, de boxeo, de toros y de carreras de caballos, se encuentra por casualidad una estrofa perfecta, un poema que le llega al corazón, una frase que aún tenga algo de belleza y de dulzura (p. 61). 

De la crónica "El turpial inválido"
(sobre la mamá) La que cifró mis ternuras y fue razón y norte de este noble ejercicio de escribir (p. 73).

De la crónica "Las mujeres que trabajan"
Las mujeres que trabajan en las oficinas son tan dignas como las que trabajan en el recinto amable del hogar, y sin más merecedoras del respeto y del cariño de todos, que las que se pasan las dos terceras partes de su vida en los salones de belleza, en las casas de modas y en los costureros donde con lamentable frecuencia se pespuntan por parejo telas y reputaciones (p. 82). 

De la crónica "El desolado rostro de la violencia"
Nuestra ciudad ha sido como una privilegiada isla de paz entre este oleaje de pavor (p. 87). 

De la crónica "La gloria de Barba Jacob"
Siempre será tardío el homenaje; siempre se esperará a que el artista no haga sombra para reconocerle sus méritos; no importa que en su vida se le haya perseguido, ignorado, desconocido; después, su memoria servirá para hacer fiestas y gastar pródigamente los dineros del Estado (p. 144). 

De la crónica "La ilusión de viajar"
El dolor nos hace apreciar mejor aquellas mínimas satisfacciones que cuando estamos sanos nos pasan desapercibidas y no sabemos agradecer (p. 155). 

A través del anhelo que no se realiza las cosas se ven más bellas y más altas por la misma razón de ser inalcanzables (p. 157)

Del cuento "Paso de zarzuela"
se tuvo a buen cuidado de no invitar a los pocos liberales sobrevivientes que se habían quedado en Florilandia, ya silenciosos y camuflados de azul (p. 185).

Del poema "La canción romántica
Sabes lo que me alegra
en la dura jornada (...)
No haber escrito versos
que no puedas leer

Del poema "Viñeta de otoño"
Siempre encontré la fuente de Castalia
en la paz de la casa solariega,
en esa primordial filosofía
de acompasar el canto a la faena.


He tenido ese culto apasionado
de las cosas pequeñas 
y como Maeterlinck paso las horas
absorta ante el país de las abejas.

Se canta porque sí, porque es preciso
fraguar la vida en moldes de belleza


Blanca
Antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza
Prólogo de Nicolás Duque Buitrago
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2017
274 páginas

miércoles, 22 de febrero de 2023

Narradoras del Gran Caldas, Colombia, de Zahyra Camargo Martínez y Graciela Uribe Álvarez

Narradoras y escritoras del Gran Caldas es un ejercicio académico valioso publicado en 1998 por las profesoras Zahyra Camargo Martínez y Graciela Uribe Álvarez, de la Universidad del Quindío, con prólogo de la investigadora Betty Osorio.

Este esfuerzo intelectual, sin antecedentes en el trabajo académico sobre literatura escrita por mujeres en la región, presenta estudios críticos sobre la obra escrita por algunas narradoras de Caldas, Quindío y Risaralda. Desde la presentación se advierte que el trabajo excluye a las poetas y se centra en los cuentos y novelas de escritoras regionales, aunque no pretende ser totalizante, toda vez que es muy difícil encontrar las obras escritas por mujeres, que tienen tirajes pequeños y baja o nula circulación.


El libro analiza obras narrativas de Natalia Ocampo de Sánchez, Blanca Isaza de Jaramillo Meza, María Eastman, Fabiola Aguirre de Jaramillo, Helena Benítez de Zapata, Fanny González, Amanda Escobar Correa (Soraya Juncal), María Lola Cardona Clavijo, Dora Inés Uchima Morales, Agripina Restrepo de Norris, Gloria Chávez Vásquez, Gloria Cecilia Díaz, Susana Henao Montoya, Albalucía Ángel Marulanda, Ofelia Ramírez, Gómez, Dora Cecilia Ramírez y Ana María Jaramillo.

Algunas frases
Del prólogo escrito por Betty Osorio: "La cultura de origen antioqueño de corte patriarcal le concede muy poco espacio público a la mujer, y restringe su actividad al espacio doméstico, alejándola de las negociaciones por el poder político y económico. A pesar del peso de este presupuesto, las mujeres han logrado subvertir la vigilancia del canon masculino y han utilizado diversas estrategias para hacerse escuchar (p. XV).


Del prólogo escrito por Betty Osorio: "Las mujeres que escribieron en la primera mitad del siglo se debaten entre un reconocimiento de su escritura como un acto que desafía los preceptos del mundo patriarcal y una aceptación de las normas del padre (p. XV). 

Del prólogo escrito por Betty Osorio: "La mayoría de ellas son casadas, blancas y con numerosos hijos, de modo que para ellas el ejercicio de la escritura se logra en los intesticios de una vida doméstica llena de deberes y preocupaciones" (p. XVI).

De la introducción escrita por Zahyra Camargo y Graciela Uribe: "Obtener sus obras fue toda una aventura. La gran mayoría de estos textos literarios no se comercializan" (p. xxviii).

"En el trabajo con docentes de preescolar, básica primara y secundaria que ingresan al posgrado en Enseñanza de la Literatura, nos hemos percatado de que no existe memoria de las escritoras de esta región. Porque somos conscientes de que nada las condena a un rango inferior y sin embargo asistimos a su clara ausencia o minusvaloración en los programas oficiales de enseñanza" (p. xxix).

Sobre "Una mujer" de Natalia Ocampo de Sánchez: "su discurso está legitimado por la autoridad masculina y así cubre la verdadera intención del escrito: cuestionar algunos planteamientos de la época a través de intertextos como las conferencias que se hacían por la radio para alertar a la mujer sobre los nuevos cambios" (p. 9).

Sobre Blanca Isaza: "Los dos arquetipos fundamentales en la imaginación de hombres y mujeres han sido la madona o madre, que evoca la belleza pura y casta de la virgen, y las mujeres tentadoras que rememoran la peligrosidad y la seducción" (p. 14).

"Son, en últimas, imágenes de mujeres dulces, tristes y desengañadas, puestas en los espacios de la casa o de la habitación como símbolo de la figura materna. Alegorizan el encarcelamiento interior y exterior de la mujer, el marco cerrado de sus vidas insípidas" (p. 16).

Sobre "Dimensión de la angustia", de Fabiola Aguirre de Jaramillo: "Recuerdo que mi abuela dijo a Tía Horencia -un día que sirvió más postre a Tío Clemente- que a los hombres había que preferirlos, porque eran superiores a las mujeres y trabajaban más (36) (citado en la p 30).

"Pero no pienso entregarlos con mi nombre; yo sé que tengo el "inri" de ser mujer, y que mientras yo sea la autora, la obra no valdrá nada" (204) (citado en la p. 31)

Sobre Helena Benítez Trejos de Zapata: "El doctor José Restrepo Restrepo me abrió espacio para que escribiera en su diario La Patria y fue ese mi aliento de entrada al periodismo" (82) (citado en p. 36)".

"Fue la primera mujer nombrada alcaldesa de un municipio del país en 1955 (p. 37). 

"Se vincula a la radio caleña, inicialmente a la Voz del Valle, luego a R.C.O, más tarde va a la voz de Cali, a la voz del Río Cauca, de Caracol, a Radio libertador y allí inaugura un radio periódico femenino con colaboradores permanentes como Clarita Zawadski, María Cristina Mora, Aura Lucía Mera, Beatriz López. Ingresa como redactora de planta al diario El País. Fue también varias veces redactora del periódico Occidente, donde aún mantiene sus columnas "Facetas" y "Entre telones". Trabajó, además, en el diario El Pueblo, dirigiendo sus páginas social y femenina hasta el día de la liquidación definitiva del periódico..." (p. 38)

Sobre "El despertar de la conciencia" de Soraya Juncal: "No, no debí haber abusado de ella, es tan inocente todavía... Bueno, pero si yo no lo hubiera hecho, más tarde otro menos tonto se me habría adelantado" (p12) (citado en p. 54)

"Aquí, el despertar se da en una niña-adolescente triplemente marginada desde su posición de mujer, de campesina y de negra (p. 55). 

Sobre Gloria Cecilia Díaz: "Díaz es una de las figuras de la literatura infantil latinoamericana" (p. 82). 

Sobre Dora Cecilia Ramírez: "La literatura fantástica se presenta como provocación de la destrucción de un orden viejo que debe cambiar urgentemente". Los relatos fantásticos de Ramírez pueden, en fin, asimilarse como la expresión de lo más profundo de la realidad social asumida desde el mundo de la ficción (p. 141).

Sobre Ana María Jaramillo: "el cine ha ejercido enorme influencia sobre la creación literaria de Ana María Jaramillo" (p. 153). 

Conclusiones: "estas autoras han centrado su trabajo en la exploración de aspectos de la cultura como la recuperación de la memoria ancestral a través de la búsqueda de raíces indígenas y populares: Chávez Henao; la relación hombre-naturaleza o medio ambiente: Díaz, Uchima; creación de textos simbólicos y alegóricos: Ángel, Chávez, D. Ramírez; autobiografía social: Benítez de Zapata; referencias a la realidad histórico-social colombiana, desgarrada por la miseria y la violencia desde siempre; Ángel, Isaza, González, Escobar, Jaramillo; los procesos de concienciación del ser mujer que se encuentran en casi todas, en especial en Ángel y Aguirre; la denuncia de las desigualdades genérico-sexuales desde espacios marginales cerrados denunciados por la gran mayoría, en particular por Ocampo de Sánchez y María Lola Cardona" (p. 161).



Narradoras del Gran Caldas, Colombia
Zahyra Camargo Martínez y Graciela Uribe Álvarez
Universidad del Quindío
Armenia, 1998
210 páginas

sábado, 11 de febrero de 2023

Mujeres de América, de Bernardo Uribe Muñoz


"La mujer americana ha llegado a la literatura con poco tiempo de diferencia respecto a la mujer española. No se encuentra obras de mujer en la literatura primitiva de España ni aparecen damas que se hagan notar por su saber hasta comienzos de la edad moderna", escribe la española Carmen de Burgos al inicio del prólogo que abre el volumen Mujeres de América, un libro en el que Bernardo Uribe Muñoz recogió en 1934 los datos biobibliográficos de las mujeres que a su juicio eran las principales escritoras del continente en ese momento.

Esta antología de autor
as incluye biografías (la mayoría autobiografías) de 149 escritoras, y algunas de ellas se publican con foto. La mayoría son poetas (poetisa, escribe Uribe), pero las hay también novelistas, periodistas, cuentistas e historiadoras. El autor agrupa las biografías de acuerdo con el país de origen de cada escritora, y a cada una le dedica un promedio de 3 páginas que incluyen foto de la autora (en ocasiones), autobiografía de la autora, o datos biográficos tomados de distintas fuentes, un poema, fragmento de cuento o alguna muestra de su obra literaria y un breve comentario del autor del libro. 

Se trata de un libro útil para conocer el panorama de la escritura de mujeres en las primeras décadas del siglo XX, sobre todo porque en varias de las autobiografías se hace evidente la dificultad de combinar escritura con trabajo en el hogar y maternidad, así como la poca valoración que las escritoras hacen de su trabajo literario.

Entre las autoras que hacen parte de esta antología están las colombianas Blanca Isaza de Jaramillo Meza, Uva Jaramillo Gaitán, Rosario Grillo de Salgado, Fita Uribe, Sofía Ospina de Navarro, Marzia de Lusignan, Lidia Bolena, Luz Stella, María Cano y Laura Victoria, entre otras. Entre las escritoras de otros países están Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, María Monvel, Delmira Agustini, Juana De Ibarbourou y Rosario Sansores, entre otras. 


Algunos apartes 
Prólogo de Carmen de Burgos: 
"Continuó mucho tiempo la literatura siendo sólo patrimonio de monjas y grandes damas, cosa no rara si se considera el atraso con que los prejuicios hacen luchar aún a muchas mujeres" p. XVIII.

"Se tenía a desdoro pintar pasiones y discutir ideas que no cayesen bajo lo que la serie de convencionalismos exigía a la mujer. No se podía escribir como un hombre".  p. XVIII.



Mujeres de América
Bernardo Uribe Muñoz
Medellín, 1934
Imprenta Oficial de Antioquia
492 páginas

sábado, 28 de enero de 2023

Antología de escritoras antioqueñas 1919-1950, de Paloma Pérez Sastre

Esta antología elaborada como trabajo de maestría explica desde el comienzo que se entiende Antioquia en el sentido que le da Virginia Gutiérrez de Pineda, cuando habla del "complejo cultural antioqueño", que comprende al viejo Caldas, y por ello analiza y reune obras de autoras caldenses como Uva Jaramillo Giatán, Rosario Grillo de Salgado y Blanca Isaza de Jaramillo Meza, además de otras como Fita Uribe, María Cano, Sofía Ospina de Navarro, Enriqueta Angulo e Isabel Carrasquilla, entre otras.

El trabajo comienza con un análisis sobre la escritura de mujeres en los años 20 del siglo XX. Se trata de "las muchachas escritoras", como las denominó Luis Carlos López. La profesora Paola Pérez explica que se trata de mujeres que tienen una de dos características: o son hijas, esposas, hermanas o parientes de escritores o personas de la intelectualidad, o se dedican a la docencia. 


La investigadora analiza tres concursos literarios convocados en la época, dos de ellos exclusivos para mujeres y otro mixto, que logran una abultada participación. A continuación presenta algunas características comunes a la narrativa de estas mujeres escritoras y, desde la página 80, el libro trae una selección antológica de cuentos, crónicas, memorias y teatro, escritas por las distintas autoras. Al final incluye las biografías de algunas de ellas.

Se trata de un libro útil para lograr una visión panorámica de la escritura de mujeres en el "país paisa", en la década de los 20, escrito de una manera clara y detallada.

El libro incluye piezas literarias de: 
Enriqueta Angulo
Tila Botero de Molina
María Cano
María Eastman
Graciela Gómez Henao
Rosario Grillo de Salgado
Blanca Isaza de Jaramillo Meza
Uva Jaramillo Gaitán
Rosa Elena López Gómez
Marta
Cecilia Mejía V.
Dolly Mejía
Ofelia Montoya Toro
Magda Moreno
Sofía Ospina de Navarro
Lía Restrepo de Peláez
Marta S. Vda. de Restrepo
Fita Uribe
Rosario Yepes R.
Adelfa Arango Jaramillo
Susanne Ibero
La Dama Negra
Helena Ospina de Ospina
Isabel Carrasquilla de Arango

Algunos apartes
así como la ruptura que significó la aparición de "las muchachas escritoras" en los años veinte; período al que se concede especial importancia por ser el momento más significativo de la producción literaria de las mujeres en Antioquia y germen de lo que se haría en los años treinta y cuarenta (p. 14).

(Citando a Luis Carlos López): "Dígales usted que se cultiven, que sigan adelante, lo mismo que a las muchachas escritoras. ¡Ah, esas muchachas son muy interesantes...! La más audaz y fogosa es Fita Uribe; la más sentida es María Cano; la más personal es Enriqueta Angulo, y la que mejor escribe es María Eastman" (p. 19).

Gran parte de ellas creó una estética teñida, transpasada, impregnada y sazonada con pisos brillantes, patios, geranios, azaleas, anturios, animales, niños, cunas, trabajo, llantos,desengaños, deseos y alegrías, pero no por eso elemental ni estática (p. 20). 

eran mujeres excepcionales tanto por sus medios familiares como por su actitud vital. Es una constante la pertenencia a una clase social acomodada e ilustrada y la cercanía familiar con algún hombre de letras (...) Así, por ejemplo, Sofía Ospina de Navarro era nieta, sobrina y hermana de tres presidentes de la República; Blanca Isaza de Jaramillo estaba casada con Juan Bautista Jaramillo y por su casa pasaron los más importantes escritores de la época; Isabel Carrasquilla de Arango era hermana del maestro, leía casi todo lo que él y participaba en las tertulias diarias; Rosario Grillo de Salgado era hermana de Maximiliano Grillo, y María Eastman era hija de Tomás O. Eastman. Quienes no cumplen con estas características eran maestras y, por lo tanto, tenían acceso a los libros y a la cultura, como es el caso de Uva Jaramillo Gaitán, quien pertenecía a una clase aristocrática caída en desgracia, ejerció el magisterio y terminó siendo monja en una comunidad belga (p. 23).

El gran ausente es el cuerpo erótico, que aparece borrado por el principio del decoro (p. 46). 

La dramática obra de Uva Jaramillo Gaitán, teñida de amargo pesimismo, de un sentimiento auténtico y hondo, de un sufrimiento vivido desde adentro, puede considerarse la mejor representante de esta tendencia que ella bautizó "tragico sentimental"y que era su género preferido. Sus cuentos "En la fragua", "Incógnita" y "Memo", así como la novela corta "infierno en el alma" son buenos ejemplos (p. 50).  

Con María Cano aparece el cuerpo erótico por primera vez en la literatura escrita por mujeres en Antioquia (p. 54). 

(Sobre María Eastman) La originalidad de la autora reside en que escribió en prosa y es, tal vez, quien inaugura, con Rafael Jaramillo Arango, uno de los panidas, el género de la narrativa infantil, ya que hasta entonces la literatura para niños se escribía en verso siguiendo la tradición popular de las retahílas populares (p. 65). 

La crónica tuvo su mejor época en Colombia en la primera mitad del siglo XX, y con ella entró la modernidad literaria a la prensa colombiana (p. 65). 

Los investigadores Patricia Londoño y Mario Jursich llegaron a la conclusión de que tres factores explican "que los antioqueños sean no sólo quienes más han leído en Colombia sino también quienes más interés han demostrado en contar la historia de sus propias vidas".
-Un pasado heróico: colonizar baldíos, fundar ciudades en montañas abruptas, organizar vastos emporios de comercio.
-Un notable circuito de bibliotecas: entre 1870 y 1940 se fundó un centenar de bibliotecas públicas.
-Una vasta afición por la lectura y la escritura: entre 1875 y 1885, la educación en Antioquia alcanzó el mayor desarrollo en la historia del país (p. 70).

Cita de Isabel de Carrasquilla, hermana de Tomás: "Se me había prohibido terminantemente, por algunos que yo me sé, que viniera a hablar de viajes y a contar cosas por ser esto muy anticuado y de mal gusto. Yo, muy obediente, sólo lo he contado a todo aquel que ha tenido la paciencia de oírme. Y para seguir contando después de muerta, lo escribo" (p. 72).


Antología de escritoras antioqueñas 1919-1950
Paloma Pérez Sastre
Colección autores antioqueños-Imprenta Departamental de Antioquia
Medellín
Septiembre de 2000
382 páginas

miércoles, 11 de enero de 2023

Varias cuentistas colombianas, de Daniel Samper Ortega


En la colección de 100 títulos de Literatura Colombiana, compilada y publicada por Daniel Samper Ortega entre 1926 y 1937, el volumen 11 consiste en una selección de "varias cuentistas colombianas". Este volumen se complementa con el 89, titulado "las mejores poetisas colombianas". Los restantes 98 títulos de la colección se dedican a la literatura escrita por hombres.

El libro que reune a las cuentistas consiste en la selección de 17 cuentos de 15 escritoras (hay dos de Josefa Acevedo de Gómez y dos de María Cárdenas Roa, quien firmaba como Luz Stella). Según Samper "en el presente volumen hemos querido reunir lo que a nuestro juicio representa mejor la mentalidad femenina colombiana expresada en prosa" y explica que el criterio de selección tuvo en cuenta que hubiese escritoras de distintas zonas del país.

Los cuentos incluidos en el volumen son: 
Josefa Acevedo de Gómez: "Mis recuerdos de Tibacuy" y "El amor conyugal".
Mercedes Párraga de Quijano: "Aurora".
Waldina Dávila de Ponce: "Mis próceres".
Soledad Acosta de Samper: "Luz y sombra".
Eufemia Cabrera de Borda: "Un caballero español".
Priscila Herrera de Núñez: "Un asilo en la Goajira.
Herminia Gómez Jaime de Abadía: "Bajo la bandera".
Concepción Jiménez de Araújo: "Tres deseos".
Ester Flórez Alvarez de Sánchez Ramírez: "Confidencias".
Julia Jimeno de Pertuz: "Fe infantil".
Sofía Ospina de Navarro: "Oyendo a un paisa".
Blanca Isaza de Jaramillo Meza: "Emociones infantiles".
María Cárdenas Roa (Luz Stella): "F.C. Tolima-Huila" y "De la vida".
María Castello: "La tragedia del hombre que oía pensar".
Cleonice Nannetti (Ecco Nelly): "Garoso".

El prólogo consiste en un breve comentario biográfico de cada una de las autoras incluidas en la selección y al final trae una lista de 150 nombres de escritoras colombianas "tomada del estudio que publicó D. Jorge Wills Pradilla en el número 7127 de El Espectador". 

Los textos más antiguos son los de Josefa Acevedo de Gómez. Se trata de relatos que parecen crónicas y textos de "no ficción", al igual que Mis próceres, de Waldina Dávila de Ponce. En contraste, Aurora, de Mercedes Párraga de Quijano, Luz y sombra, de Soledad Acosta de Samper y Confidencias, de Ester Flórez Álvarez de Sánchez, se ocupan de historias románticas en las que el amor frustrado es protagonista. Es interesante el relato Un asilo en la Goajira, de Priscila Herrera, con un contexto histórico claro, y más interesante aún el fuerte anti-peruanismo que se respira en Bajo la bandera, de Herminia Gómez Jaime de Abadía. Los textos Fe infantil, Emociones infantiles y Garoso, tienen como protagonistas a niños (el de Blanca Isaza está más cerca de la crónica o la memoria que de la ficción), y tanto en el texto de Blanca Isaza como en el de Sofía Ospina de Navarro hay una consciencia de lenguaje y de poner por escrito el habla oral paisa. La joya del libro puede ser "La tragedia del hombre que oía pensar", de la bogotana María Castello, relato precursor de la ciencia ficción en Colombia.

Algunos apartes:
Los sectores literarios que nuestras mujeres han cultivado no son abundantes: aparte del místico, en que solamente descuella la madre Castillo (y en el cual se ensayó después doña Silveria Espinosa de Rendón), y del histórico, donde son notables las señoras Gaibrois de Ballesteros y Acosta de Samper, apenas si han cultivado el cuento y la poesía y, en menor escala, el periodismo; con excepción de doña Manuela Sanz de Santamaría de Manrique, que cultivó las ciencias naturales, y doña Josefa Acevedo de Gómez, que también espigó en el campo de la historia y en el costumbrismo (p. 5).

De las modernas, son sin duda las antioqueñas las más interesantes; y aunque no todas quepan en la presente selección, y hayamos de limitarnos a doña Sofía Ospina de Navarro y doña Blanca Isaza de Jaramillo Meza, como a dos de las más caracterizadas, no por ello podemos olvidar que en la privilegiada región en donde vio la luz Tomás Carrasquilla, alentaron y alientan otras buenas cultivadoras de las letras, como Uva Jaramillo Gaitán, Ester Arango, Lorenza de Cock y Amelia Uribe (p. 6). 

temían, además, el calificativo de bachilleras, pues el ambiente de la colonia se prolongó en muchos de sus aspectos hasta bien mediado el siglo, y era muy colonial la idea de que a la mujer le bastaba con saber coser y cocer para su recorrido en este "valle de lágrimas" (p. 12).




Varias cuentistas colombianas
Daniel Samper Ortega (selección y prólogo)
Editorial Minerva
Bogotá, 1936
242 páginas

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Estampas de Manizales, de Juan Bautista Jaramillo Meza

Juan Bautista Jaramillo Meza fue un poeta, periodista y gestor cultural nacido en Jericó (Antioquia) en 1892, que se radicó en Manizales desde 1916, año en el que se casó con la escritora Blanca Isaza de Jaramillo Meza. 

Estampas de Manizales es un libro publicado en 1951 en el que el autor presenta en 25 capítulos algunos de los personajes claves en Manizales en los años 20 y 30 (Aquilino Villegas, Mario Arana, Justiniano Macía, Alfonso Villegas, Jesús María Guingue), así como su memoria sobre los incendios de 1925 y 1926, el origen del periodismo en Manizales, las tertulias literarias y algunas pugnas políticas.

El estilo de Jaramillo es elogioso y se centra en resaltar y magnificar las virtudes de los protagonistas de las crónicas. En medio de esa ampulosidad, resultan muy interesantes los datos y detalles sobre esos primeros años de la vida en Manizales, luego de que se erigiera el departamento de Caldas, en 1905: años de conservatismo ideológico y de prosperidad económica, gracias a la bonanza del café. 


Algunas frases

la literatura caldense empezó en forma con los escritores de "Revista Nueva". Hacia atrás sólo hay nombres de un valor relativo que se conservan únicamente por haber sido los iniciadores (p. 30). 

No había vehículos en la ciudad. Apenas sí un solo automóvil de alquiler, un poco desvencijado (p. 66).

Los dos últimos incendios han dejado en cenizas treinta y cuatro manzanas y la Catedral, en el centro de la ciudad generosa, en nueve meses nada más, y no obstante estas catástrofes sin precedentes en la historia de las ciudades colombianas, Manizales está en pie, más firme que antes, con una riqueza mayor (p. 84).

(Sobre Aquilino Villegas) que no le faltara durante el viaje, en barcos del Magdalena y por caminos de herradura, la leche caliente que rigurosamente necesitaba su organismo. Y no le faltó, porque el Capitán dio el permiso correspondiente para transportar una vaca en el mismo barco (p. 96). 

(Sobre Mario Arana) fue revolucionario en la tribuna, en la prensa y en el parlamento. Al lado de Fidel Cano libró más de una batalla y recibió impasible censuras eclesiásticas (p. 120).

solía meditar en el absurdo de que todas las cosas pudieran convertirse en polvo, en nada, sin que una huella, siquiera leve, dijera al mundo, al declinar de la vida, del paso del hombre sobre la tierra (p. 124). 

los hombres son, no como afirmen unos cuantos, sino como nacieron y vivieron, y obraron y padecieron (p. 176). 

Ciudad sin periódico es ciudad muerta, al margen de la civilización (p. 201). 

(escrito por JB Jaramillo en un editorial de Renacimiento en 1932) entendemos el deber del periodista como un apostolado, ya que su labor es el termómetro que marca el grado de culptura de los pueblos. El concepo del periodista, en estas latitudes, pesa de un modo sorprendente en la opinión pública, siempre inquieta y ansiosa. Por eso se le exige independencia, honradez y carácter (p. 210). 

en esta ciudad y en este departamento, por muchísimos años fue inmensa la mayor+ia conservadora. Era lo natural en tierras nuevas que colonizaron viejos patriarcas antioqueños, y que poblaron luego gentes de fuerte raigambre religiosa (p. 221). 

Esto, mil veces repetido, constituye la tragedia moral de un director de periódico. No hay tiempo para leer, no hay tiempo para pensar, no hay, casi, tiempo para escribir. El editorial, el artículo de fondo, los comentarios imprescindibles, todo, tiene que ser a la ligera porque los operarios impacientes piden originales y las máquinas esperan para poder cumplir su cometido (p. 239). 

Estampas de Manizales
Juan Bautista Jaramillo Meza
Imprenta Departamental de Caldas
Manizales, 1951
246 páginas

viernes, 23 de diciembre de 2022

Blanca Isaza: escritora y editora (1898-1967), de Jorge Mario Ochoa Marín

Blanca Isaza de Jaramillo Meza fue una escritora nacida en Abejorral en 1898, y radicada en Manizales desde muy joven. Aunque siempre se dedicó a la actividad literaria, como autora de poemas, cuentos y como fundadora, directora y editora de la Revista Manizales, en donde publicó numerosos editoriales, crónicas y textos de diverso tipo, durante varias décadas fue conocida como la esposa de Juan Bautista Jaramillo Meza, como si el mérito mayor fuera ser la "esposa de".

Este libro del profesor Jorge Mario Ochoa es una versión de su tesis doctoral, accesible para el público no iniciado. En esta obra el profesor presenta el contexto de las mujeres escritoras en Colombia a comienzos del siglo XX, el papel de la prensa como espacio para las mujeres autoras, y luego se ocupa de la obra de Blanca Isaza, con particular énfasis en su narrativa: los cuentos y lo que publicó en "Itinerario Breve" la sección fija que tuvo en la revista Manizales. 


Como lo señala Ochoa, Blanca Isaza fue una escritora de prensa y eso moldeó su lenguaje, la extensión de sus textos y su tono. Así mismo fue una escritora conservadora, cercana a los parnasianos y el estilo de Guillermo Valencia, y renuente a nuevas formas literarias como las que surgieron con Piedra y Cielo. Su conservadurismo se amoldó bien al espíritu de la ciudad y también a los intereses de los comerciantes que con sus anuncios sostenían la revista. En ese sentido Blanca Isaza encarna un tipo de escritora que se presenta como "el angel del hogar": una autora que se amolda a lo esperado en su tiempo para las mujeres, como hijas, madres y esposas. 

Se trata de un libro valioso para el estudio de las escritoras colombianas y en particular de las escritoras del Gran Caldas, que hasta ahora han sido muy poco abordadas desde el ensayo académico. Contrasta el profundo trabajo investigativo y analítico que presenta el autor con el descuido en una edición universitaria que trae numerosas erratas, que delatan la falta de un buen proceso de edición y corrección de artes finales. 

Algunas citas

Su escritura se desenvuelve en medio de la actividad cotidiana (p. 12).

Jana Marie Dejong sitúa a Blanca Isaza, junto a Laura Victoria, Juanita Sánchez Lafaurie y Paz Flórez, entre otras, en la generación que marcó el tránsito entre las escritoras románticas del siglo XIX -Josefa Acevedo de Gómez, Soledad Acosta y Agripina Montes- y una nueva generación que empezó a publicar durante la década del 40, ya aclimatada a las nuevas corrientes estéticas del siglo XX (p. 15).

la generación de escritoras colombianas nacidas en el umbral de los siglos XIX y XX, que empezó a publicar en periódicos y revistas entre las décadas de 1910 y 1930. Su iniciación en la literatura representó -para las mujeres en general- el salto de la lectura a la escritura (p. 22).

El ritmo de la escritura se adapta al ritmo de la vida doméstica, los temas relacionados con las labores se incorporan a los poemas, moldean su voz, su vocabulario y las representaciones de su yo (p. 23). 

Los textos de Blanca Isaza fluyen entre la revista y el libro: en la mayoría de los casos, su fuente es la producción del poema, la crónica o el cuento para la revista y el final del ciclo es la recopilación del texto en un libro, unos años después (p. 24). 

Al finalizar el siglo, en medio de un índice de analfabetismo que alcanzaba el 80%, el 34% de la población alfabetizada era femenina. La educación fue su primera oportunidad de profesionalización: un 37% de los institutores eran mujeres (p. 31).

Las mujeres latinoamericanas debían compaginar el modelo cristian de la madre abnegada y devota, con el modelo de la madre educadora que requería la nación y de cuya instrucción dependía la virtud moral de la sociedad (p. 33).

la poesía fue un importante vehículo para la transmisión de los valores patrióticos, el culto de los héroes y la preservación de los monumentos (...) El prestigio del poeta en el siglo XIX tiene mucho que ver con una educación que tenía como tarea la preservación de la memoria histórica. La formación moral de las futuras madres debía pasar necesariamente por la literatura; la base de su formación ciudadana era la lectura de los poetas más respetados (p. 33). 

Para mantener su nombre a salvo de la publicidad, la mayoría prefería firmar sus escritos con seudónimo. Fueron autodidactas, al igual que muchos escritores de la época, pero todavía estaban marginadas de los cafés y espacios públicos donde los hombres discutían o se enteraban sobre autores y publicaciones recientes, donde podían tratar con los escritores y conocer nuevas propuestas estéticas. Existía también el viejo tempor de las mujeres de letras a ser tildadas de "bachilleras" (p. 37).

asumían una actitud dubitativa frente a la propia obra que podía pasar por falsa modestia, pero no era así. Reconocían que hacían versos, pero como si estuvieran pidiendo disculpas por ello (p. 38).

La producción literaria de las autoras de esta época estuvo limitada a publicaciones breves en la prensa (poemas y cuentos, principalmente) y concursos literarios para mujeres; muy pocas tuvieron la oportunidad de publicar libros (de escasa circulación, además).(p. 39). 

la mujer altiva, combativa y a veces jactanciosa que hablaba en su primer libro, se transformó luego en la sumisa, sencilla, casi infantil y dada a pasar por desapercibida, con la cual terminó por identificarse en la mayor parte de su obra (p. 71).

(Escribe el padre Fabo): se editaban cada vez más novelas "y lo que es peor, escritas por mujeres. ¡La novelista hembra! He aquí el mayor contrasentido del arte inmoral cultivado por quienes, debiendo ser ángeles de luz, se truecan en arpías coronadas de serpientes (p. 77).

en sus escritos aparecían con frecuencia palabras como castidad, pulcritud, recato, decoro, virtud, ternura y devoción. Los lectores, en su mayoría varones, veían en ella el reflejo de las mujeres de sus propios hogares (p. 87). 

Blanca resaltaba el hecho de que fue escritora de cuentos desde el primer momento; la razón era que con ellos podía explorar su "sentido trágico de la vida" y el de sus personajes. Esta explicación revela, en primer lugar, una tensión que la autora advirtió desde temprano y la llevó a alternar entre los dos géneros como formas de expresión del estado del ensueño y de la mirada cruda de la vigilia (p. 92). 

al no encontrar más opciones, como el ensayo o el artículo de opinión, las escritoras colombianas de esta época debieron recurrir a la poesía y el cuento para poder publicar en las revistas culturales. La poesía fue el género más popular entre ellas porque era el que daba prestigio, pero el cuento resultó ser el camino idóneo para hablar de una realidad inmediata no idealizada (p. 93). 

Las revistas literarias de la época debían servir de bisagra entre un público letrado que consideraba la literatura un signo de prestigio social y otro sector que había llegado a la cultura por otras vías alternas a los libros: el cine, la radio, los espectáculos teatrales, los periódicos y las revistas" (p. 95). 

tanto la estructura misma del cuento como su propia condición femenina forzaban a la autora a abordar los hechos desde el conflicto trágico de las mujeres, atrapadas en los valores de una sociedad dominada por los hombres (p. 103). 

Es también explícita la simpatía de la autora por el personaje masculino (...) el excesivo celo por enfocar los hechos desde una mirada masculina le impide a la autora ver el conflicto desde la perspectiva de la muer (p. 107). 

la literatura aún no tenía ojos ni voz para ella. La autora no aborda la perspectiva de la mujer; el lector ignora la dimensión de su soledad: solo puede imaginarla debajo de sus palabras (p. 108).

Las revistas literarias, sobre todo en la provincia, cumplieron la doble función de popularizar la cultura letrada y de impedir la entrada de nuevas corrientes estéticas y literarias (p. 115). 

Como es usual en los cuentos de Blanca, a pesar de que los personajes femeninos ocupan el centro de las historias, los hombres son quienes juzgan, aceptan o reprueban el comportamiento de las mujeres (p. 118). 

Blanca se constituyó en una de las primeras autoras colombianas de esta generación en abordar delante de los lectores su propia condición de escritora, a pesar y en medio de las relaciones de sometimiento en que se encontraba la mujer. no es contestataria ni marginal; en lugar de ello prefiere adaptarse e integrarse a esa situación (p. 119). 

Gabriela Mistral llamaba "oficio lateral" a aquellas labores manuales sobre el tejido, la madera o la tierra que muchos escritores habían convertido en afición permanente para distraerse de la actividad intelectual y mantener el ánimo jovial (p. 145). 

(Angela) Robledo llama "retórica del autodesprecio", caracterizada por el uso de expresiones como "modestia", "humildad", "ingenuidad", que disminuyen el yo de la mujer dentro del discurso (p. 155).

El caso de la revista Manizales es especial en el país, en cuanto se trata de una publicación dirigida por una mujer, pero orientada hacia un público letrado, en su mayoría masculino (p. 160). 

Manizales se presentaba, así, como un eslabón en la historia de la prensa y de la cultura letrada que había empezado en el XIX con El Ruíz. Periódico científico, literario e industrial, publicación semanal fundada en 1874 por Alejandro Restrepo, primer telegrafista e impresor de la ciudad. Después de l Ruiz hubo alrededor de veinte publicaciones periódicas bastante fugaces en el XIX que desaparecieron, ya por fracasos económicos o por estar supeditadas a temporales intereses partidistas. no obstante, entre 1877 y 1880 se editaron sucesivamente cuatro periódicos. El padre Fabo en su Historia de Manizales (1926) afirma que, en 1880, cuando la ciudad contaba con 14.000 habitantes, había 283 suscriptores de periódicos que sumaban en total 925 pesos por pago de suscripciones (p. 164). 

Ya en 1916 la ciudad contaba con las tipografías Manizales, Renacimiento, Rivas, Comercial, La Idea, así como las imprentas Departamental de Caldas, de San Agustín y de la Diócesis (p. 166).

Entre 1914 y 1924, Justiniano Macía fundó y dirigió Renacimiento, el primer diario departamental de información alejada de la política bipartidista (p. 168). 

esa intensa relación epistolar en la cual Jaramillo Meza era experto, era la dinámica propia de un mercado de papeles impresos que comenzaba con la publicación de textos cortos para periódicos y revistas, seguía con el cultivo de contactos a través de esos medios y concluía con la recopilación en libro de estas producciones luego de los años. El canje de revistas literarias sirvió de vitrina para muchos escritores de todo el continente; por medio de este intercambio se tejió una red de escritores, lectores, editores y vendedores que funcionaba como vehículo de propaganda para la circulación de libros (p. 171). 

La preocupación de fondo en el editorial de Aquilino Villegas fue también la de la pareja Jaramillo Isaza, tanto en Azul como en Manizales: alcanzar una relación recíproca y armoniosa entre los poetas y los dueños de la riqueza y la mercancía (p. 176). 

el canon de la revista fue fundamentalmente nacionalista, masculino y centenarista en su concepción de la poesía; aparte de Blanca Isaza, quien figuró casi siempre como autora de los cuentos que recogería más tarde en Los cuentos de la montaña y La antigua canción, solo hubo cabida para los hombres (p. 178). 

Manizales se financiaba con los anuncios de comerciantes de Caldas o empresas nacionales con intereses en la región; para ello era importante la amistad con escritores y con personas cercanas al mundo de los negocios: bibliotecarios, diplomáticos, empresarios, académicos, ministros, editores, libreros, etc., de esas relaciones dependían los anuncios publicitarios que permitían sostener la Revista (p. 192). 

Para estos autores la prensa fue su entrada a las letras y en algunos casos su forma de ganarse la vida. La prensa del país y, especialmente, la regional, sujeta a las luchas continuas por el poder entre los dos partidos hegemónicos, era también la escuela de los jóvenes políticos para el dominio de la oratoria y el contacto con el público, antes de lanzarse a la plaza pública y a las tribunas del parlamento (p. 197). 

El placer arqueológico de desenterrar lo no publicado, era una de las caras de esa sensibilidad conservadora que desconfiaba de las manifestaciones estéticas modernas y se aferraba al pasado mediante el rescate de la joya rara y oculta (p. 199). 

Las dos Manizales -revista y ciudad- rendían culto a España mas que como un lugar de la geografía, como patria espiritual, ya que era la cuna de la lengua y de don Quijote, caballero del ideal. El epíteto "cervantino", frecuente en el vocabulario de la directora, remitía también a ese doble origen de la lengua y de la hidalguía hispana. (p. 218). 

Blanca Isaza fue, esencialmente, escritora de prensa; sus libros hacían parte del engranaje de Manizales, no solo porque derivaban de lo que publicaba allí, sino, además, porque la revista en general funcionaba como plataforma de publicación, promoción y distribución de los libros (p. 233). 

fatalmente, la obra de Blanca Isaza hizo parte de esa literatura impermeable o adversa a la crítica de verdad y se resignó al elogio efímero de los lectores de prensa (p. 235). 

Esa relación recíproca y de afecto que se renovaba en cada número de Manizales creó entre su público la imagen de Blanca Isaza como madre y abuela en las letras de la región; pero la magia que producía el artículo en el marco de la prensa perduró hasta la muerte de la autora; hoy, al sustraer la obra del diálogo con su tiempo, esa magia pareciera haberse extinguido (p. 236). 

(Luis) Tejada le imprimió a la crónica lo que García Usta ha llamado "autonomía imaginaria", es decir, trabajó un género de prensa con los mismos recursos creativos "y la misma aspiración de intemporalidad de los escritores de ensayo y de ficción (p. 242) 

hay dos categorías irrenunciables que subyacen a todos los "itinerarios": su condición de mujer y su personalidad de poetisa (p. 247). 

El "Itinerario breve" trasladaba al papel una concepción tradicional de lo femenino que compaginaba palabra y hogar (p. 252). 

Blanca fue poetisa en sus crónicas, no sólo por ese trato ornamental con la palabra que acostumbraban los modernistas, sino principalmente porque usó la prosa con imaginación poética (p. 254). 

La iniciación de Blanca como escritora ocurre entre el proceso de formación de élites letradas durante la colonización antioqueña, y la experiencia incidiosa de la modernidad que puso en crisis las tradiciones (p. 282).

La continuidad entre un discurso fundacional y otro apocalíptico es un rasgo común de las escritoras colombianas que nacieron y se formaron entre la guerra de los Mil días y las celebraciones del primer centenario de la Independencia, entre el ocaso del romanticismo y el auge del modernismo; y aunque coinciden en muchos aspectos con los escritores de la Generación del Centenario, sus nombres aparecen muy poco en los libros de historia. La literatura fue para ellas un camino hacia la emancipación de las labores domésticas (p. 282). 

el trabajo periodístico, a la vez que le sirvió de profesión, moldeó por completo la obra en cuanto a extensión, tiempo de elaboración, temas, técnicas, lenguaje y comunicación con los lectores (p. 284).

El periódico fue también, de manera general, el espacio de formación del escritor colombiano durante el siglo XX. La colaboración permanente para estas publicaciones le dio disciplina y regularidad a su quehacer; pero, al mismo tiempo, condicionó su obra al inmediatismo y a las circunstancias de la comunicación que regían a la prensa escrita. En muy pocos casos el texto hecho para los lectores de prensa sobrevivió al tiempo para el cual se escribió (p. 285). 

Blanca vio en la literatura una oportunidad de ascenso social de la mujer sin quebrantar de golpe el viejo orden dominado por los hombres, con la idea de que su influyente posición de escritora, periodista y editora, le permitiría minar esa vieja estructura desde el interior de la ciudad letrada. Asímismo, desde la reveista defendió el derecho de las mujeres al trabajo remunerado, festejó la llegada de las primeras mujeres a la universidad, tomó partido por el sufragio femenino y combatió a quienes se oponían a sus derechos. En un tiempo de tránsito a la modenridad, la sociedad tradicional no impidió de manera explícita que las mujeres se dedicaran a la literatura, siempre y cuando pudieran hacerlo sin dejar de cumplir su misión fundamental como madres y esposas; no lo porhibía, pero la carga hacía casi imposible que pudieran pensar en ser escritoras; efectivamente, pocas mujeres de su generación pudieron lograrlo (p. 286). 

Blanca Isaza: escritora y editora (1898-1967)
Jorge Mario Ochoa Marín
Editorial Universidad de Caldas
Manizales, 2022
325 páginas