Mostrando entradas con la etiqueta Novela experimental. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela experimental. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de abril de 2026

Dos veces Alicia, de Albalucía Ángel

Como todas las novelas de Albalucía Ángel, Dos veces Alicia es una obra exigente para el lector, llena de intertextualidad y con una narración no lineal: la historia es una especie de misterio que el lector debe ir descifrando a medida que avanza.

La señora Alice Wilson vive en Londres y tiene un inquilinato por el que desfilan sus hijos, hijas, yernos, arrendatarios y amantes ocasionales. Una de esas es la narradora, quien con agudeza observa la cantidad de prejuicios que conviven en esa casa: el clasismo, el racismo, las apariencias sociales, la guerra, la difícil convivencia familiar, los secretos, la homosexualidad y, como si todo esto fuera poco, falta la nuez de la historia: hay un crimen, que al principio no se sabe no solo quién lo comente, sino además, quien es el/la víctima, y al final dudamos si en realidad hubo un crimen.

Dos veces Alicia juega con el doble, con los espejos, con la escritura dentro de la escritura y con las posibilidades que ofrece la hipertextualidad. A partir de Alicia en el país de las maravillas, su fantasía y sus personajes, Albalucía Ángel construye una fantasía situada en Londres en la segunda mitad del siglo XX.


Algunos subrayados

Del prólogo de Alejandra Jaramillo Morales e Ivonne Alonso-Mondragón:
No hablamos de una literatura testimonial —de hechos—, sino de una literatura testigo —de experiencias— (p. 13).

el género policial y detectivesco, así como la fantasía y la ciencia ficción, fueron considerados géneros literarios trabajados exclusivamente por hombres durante siglos. Por lo tanto, allí aparece una apuesta de apropiación de la literatura y la escritura (p. 19).

para Albalucía Ángel escribir es una suerte de testimonio (p. 20). 

De la novela:
También leí que, a lo mejor, te conviertes en un meteorito o en un planetoide. ¡Un meteorito...!, ¡qué hijos de la gran...!, eso sí que sería la aventura del siglo, convertirse en meteorito, oye, entonces quiere decir que uno no se muere nunca, o sea, que jamás te pueden comprobar si de veras estás muerto, ¿te imaginas eso?, piensa un poco en lo que dirán los doctores de la Iglesia: ¿están muertos o no?, ¿en el infierno o en el cielo?, ¿ah?, y entonces se armará el despelote, cada uno diciendo que sí, que sí está muerto, y los otros que no, que está dando vueltas per secula seculorum, que son tumbas errantes, lo que más me gusta es lo del nombre, ¿a ti no? A mi también. ¿Te gustaría ser astronauta? No sé, además, hay muy pocas mujeres astronautas, ¿no? ¿Y qué...? (p 53).

¿no te das cuenta de que llegará el día en que nadie se va a morir...? ¿Ah, no?, mira qué bien, ¿y eso también está escrito? No, pero lo van a escribir muy pronto, ya verás, y cuando el hombre rompa la barrera del tiempo será dueño y señor de la vida y la muerte, se morirá cuando le dé la pinche gana, eso está claro. ¡Pero entonces sería terrible! ¿El qué? Que nadie se muera. ¡Cretina¡, se muere el que le da la gana. Pero nadie va a querer morirse, ¿tú crees que sí? ¿Que nadie va a querer?, bueno, contigo es perder el tiempo, hablemos de otra cosa (p. 54). 

el mínimo rumor se escucha en los cuatro pisos con una nitidez que envidiaría el teatro griego (p. 63). 

Los árboles son el mejor invento de la naturaleza (p. 103).

algo de que comprendía las palabras pero no su significado, o mejor, su significado era obvio pero las palabras no existían, o mejor, lo que significaban las palabras no estaba de acuerdo con el texto, o mejor... no sabía cómo explicarlo (p. 131). 

jamás la he visto consultarlos, pues sufro de pereza mental apenas abro un libro, dice (p. 135).

la Elefanta, atragantada de mazapanes, me contó que lo habían mutilado a sangre fría con una cuchilla de afeitar para que confesara el escondite de otros judíos amigos suyos (p. 152)

porque yo creo que es amor
porque yo siento que es amor
porque yo quiero que sea amor
sé amor
dame amor
bebe amor
sueña amor (p. 154). 

hay que creer por lo menos en seis cosas imposibles antes del desayuno, insistió la reina Blanca (p. 157).

Los árboles sirven para que las hojas tengan de dónde aferrarse. Exacto, dijo la reina Blanca. Los árboles sirven para que la gente sepa dónde están los bosques. Exacto, corroboró la reina Roja. No soportaba ese par de sabiondas. Los árboles sirven para que la niebla se enrede en ellos y uno a su vez se enrede en la niebla neblina neblinosa (p. 158). 

todos los caminos conducen a donde uno quiere y uno camina por donde le da la gana y llega si quiere y si no quiere no (p. 172).

¿has sido bueno...?, preguntaban, ¿le has obedecido a mamá?, qué aburrimiento, la cantinela de siempre, y que tal si uno contesta, ¡no he sido bueno para nada y me importa un carajo...!, menuda cara la de papá Noel, y eso es lo que deberíamos de hacer, sí señor, desde pequeño, decir a la cara de papá Noel, y de quien sea, lo que pensamos, ¿por qué no? Porque no. Porque nos enseñaron a decir: sí he sido bueno, sí le he obedecido a mamá (p. 183).



Dos veces Alicia
Albalucía Ángel Marulanda
Ministerio de Cultura, Biblioteca de Escritoras Colombianas
2021 (primera edición Barral 1971.
Bogotá
192 páginas




martes, 31 de marzo de 2026

Misiá señora, de Albalucía Ángel

Aunque la novela más conocida de Albalucía Ángel Marulanda es Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975), la escritora considera que su obra más lograda es Misiá señora (1982), un libro se publicó en España y tardó varias décadas para llegar a Colombia. Por eso, según Albalucía, nadie lo leyó.

Misiá señora tiene muchos puntos comunes con Estaba la pájara pinta: el lenguaje oral, la sexualidad femenina (el despertar sexual, la violación), la violencia política y una escritura fragmentada, no lineal, le le exige al lector construir la historia a partir de los fragmentos. Esta característica hace que para muchos lectores Albalucía sea una escritora "difícil": son libros que exigen una lectura atenta y que invitan a una participación activa del lector.

Misiá señora está dividida en tres partes que corresponden a tres generaciones. En la primera aparece Mariana, la hija menor de una familia aristocrática del Eje Cafetero. La segunda corresponde a Mariana, la mamá de Mariana, y la tercera parte tiene como protagonista a la abuela Mariana de Ontaneda y Álvarez del Pino, y ocurre en Quimbaya, Quindío, en los años 30.

En la escritura de Albalucía Ángel hay un manejo magistral de los diálogos, cargados de humor y de oralidad, de chispa e ingenio. Hay también un interés por narrar el mundo de las niñas, la violencia que padecen las niñas en mundos en los que los padres y hermanos ejercen control sobre sus cuerpos, y también el deseo sexual, que la Iglesia reprime y el cuerpo reclama. 

Misiá señora, como otros libros de Albalucía Ángel, es una novela que envejece muy bien, porque al momento de su publicación abordó asuntos adelantados para su momento, pero que hoy hacen parte de la agenda cultural contemporánea: el aborto, las relaciones lésbicas, el alcohol, la marihuana, las brechas de género y la violencia machista. Todo eso ella lo narra con un lenguaje deliberadamente literario, en el que la intención no es informativa sino artística. Es un lenguaje provocador, que mezcla referencias a Cuco Sánchez y Chavela Vargas con Vivaldi y el Nocturno de José Asunción Silva, y que se burla de la omnipresencia de la iglesia con frases que en su momento pudieron ser vistas como provocadoras blasfemias.

Algunos subrayados
Los hombres buscan siempre ese no sé qué que una mujer hermosa oculta en su sonrisa, y usar Pepsodent, claro, como locas (p. 37).

A mí un hombre en calzoncillos me da más bien vergüenza ajena (p. 46).

Cuando insinuó que haría bachillerato y a lo mejor seguía carrera, le armaron bochinche. ¿Vas a ser secretaria? (p. 47). 

misiá señora Piraquive que reparte consejo y mejorana pues es mejor la prevención que andar por ahí curando desgracias (p. 49). 

¿Te tocas por las noches cuando estás sola?, le preguntó en la confesión, tocarme dónde, se le ocurrió decirle (p. 51).

Le regalaron un equipo de gimnasia y se la pasa todo el día con las barras, a mí nunca me dejan porque eso es feo en las mujeres, se le ponen las piernas muy boludas y la espalda de nadadora, qué pereza, es el consejo de mi mamá, ¿a ti te gusta el tenis...?, pone bonita la figura, o el golf también, es un deporte suave y elegante, ¿de dónde sacas tantas maricadas?, yo juego fútbol y hago barras, y en realidad más bella no se puede, piernas torneadas, espalda redondita, senos de anón (p. 55).

Yasmina ya es mujer, eso se nota al rompe. no por trozuda, exuberante, sino por lo que piensa, cómo hará (p. 55). 

mieeeeércoles... llegó la menstruación, la oye de pronto y no se atreve a nada, como un tomate, le parece, nunca jamás hizo mención de esa palabra, estoy enferma, o mala, se decía, o me llegó la margarita, como inventó Disnarda, que se ponía como un tití cuando eso le venía, por lo poquito que me sirve ni que me va a servir, no pienso tener niños, con colico, además, maldita sea (p. 56). 

y te encontraste el hombre que se arrimó muy confianzudo y comenzó a decirte que qué muñeca tan bonita mientras te manoseaba y tú dejándolo bajarte los calzones, envarillada, tartajosa, contestando que sí, que tu primo Alciguel era ese niño con los bucles dorados que parecía una niña, o un ángel del pesebre (p. 64)

¿Ya está comiendo mocos otra vez...?
Sí, y qué. Y vuelvo mierda el overol, y qué. Y no soy niña juiciosa ni mucho menos un encanto qué maravilla qué belleza jamás seré como esas lamenalgas que apenas ven la ceja levantada vuelan a hacer mandados a la esquina a recoger juguetes a limpiarse los dientes no me jodan que doble esa camisa que no se ensucie los zapatos que ande derecha se va a volver como Elisenda gorobeta póngase así camine asá no hable tan duro no se suba a los árboles porque eso no es de niñas no juegue trompo con su hermano porque eso no es de niñas no silbe en el recreo porque eso no es de niñas no brinque así porque eso no es de niñas no diga groserías porque eso no es de niñas saque las manos del bolsillo porque eso no es de niñas no haga carrizo porque eso es cosa de hombres así se ven vulgares mujeres que tienen siempre que decir a dónde van con quién salieron a qué horas llegan y a quién vieron jampas tomar la iniciativa dejar que el hombre escoja. Que el hombre sea el que mande flores. Coquetee. Silbe en la calle. Dé la acera. Diga piropos. Manosee. Susurre obscenidades cuando te vea pasar. Se arreche. Se masturbe. Sea manirroto y se emborrache. lleve las serenatas. Te pegue las palizas. Busque una moza. Se acueste con las putas. Trabaje y dé la plata del mercado. Te vapulee en su casa porque eres la mujer y el que posee el mango, según San Pablo, es él, y tú sumisa, al sartén, a tener hijos para el cielo, mientras él, el supremo, se cree el ombligo del mundo pues le dijeron que su vergajo es oro en paño y que él es el rey midas, la imagen de mi Dios, el Amo, el Redentor, el que posee la vara y se le entiesa, para el goce absoluto de once mil o más vírgenes que se mueren por él (p. 71)

Yasmina nunca cambia. Ya va en segundo de medicina, contradiciendo a su mamá que reviró inmediatamente que más bonito es enfermera, más femenino, mejor dicho más lucido (p. 88). 

Es peor el hospital, cuando hacen los raspados. Son casi siempre jóvenes los médicos, y oyó contar mil veces que te espatarran como a vaca, te dan, si acaso, un analgésico, y empiezan: que ya vas a aprender a dárselo a los ingasueltas, ¿te lo gozaste chévere esa vez... no?, ¿cuántos más te comieron?, hurgándolas con saña, haciéndolas tasajo, la próxima convidas, ya debes ser muy buena en movimientos y en recalentamientos, yo prefieron morirme, hijos de puta (p. 107). 

¿Fumas ahora...? ¿Desde cuándo?
Desde que resolví que qué carajo, que el cáncer a la mierda (p. 112).

No sé, Pienso en Idaly, en que un aborto es espantoso, se puede uno morir... ¿verdad?
Si no lo haces como es. Un aborto es muy simple,  pero hay que hacerlo en una clínica, o con el Karman, no hay peligro, como sacar un diente. Pero me da coraje que las mujeres tengan que hacerlo así, ¡maldita sea...!, como si fuera un crimen. La ley de este país con las mujeres no sirve ni para tacos de escopeta, no ayuda ni un carajo, es una mierda... (p. 117).

O sea, las vomitonas, las maluqueras más horribles, el miedo, y esos sudores fríos, consumiéndote. Yo tenía horror de estar posesa. No lo entendí jamás, pero cuando sentía las pataditas me imaginaba un monstruo, a veces, y otras soñaba con mi madre, pariendo ella a la niña, que había nacido casi muerta (p.  163).

más amarrado que una casa de bahareque (p. 178)

¿Después de ese trabajo que fue lograr que un pereirano dijera al fin que sí, que la aceptara así: ¿de Manizales?
¿Se acuerdan de lo que fue el noviazgo de Lorencita...?
Como Montesco y Capuleto, yo me acuerdo... (p. 179).

Las guerras son angurria, también. Las necesitan. El poderoso para mostrar que es fuerte, el inseguro para ganar terreno hacia la izquierda o terreno a la derecha, el de al lado aprovecha para venderles armas, y hay uno que es el que siempre ayuda y manda tropas, para ganar honores y repartir después medallas a las viudas, fuera de que ganan amigos y prestigios en la ONU (p. 183).

Desde que el mundo es mundo los hombres descubrieron que el gran placer del matrimonio es acostarse con las otras (p. 189).

a echar pestes de una señora inglesa que habían canonizado pero que según él un bodrio inmarcesible, el escritor fue marido, un señor Woolf, que se pasó la vida publicando las cursiladas de esa vieja, y tragaba y hablaba al mismo tiempo, parecía más bien la Enciclopedia Espasa, atiborrado, de ron y arroz con coco. Marimachos, dedujo. Que había una prima de él que le había dado por creerse Balzac, como si eso de escribir fuera como soplar botellas, par boliones y listo (p. 226).

Cuando vuelva a nacer me gustaría ser hombre (p. 271)

Elisenda contaba que él era liberal pero iba a misa (p. 280). 


Misiá señora
Albalucía Ángel Marulanda
Primera edición: Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1982.

Edición más reciente: 
Bogotá
2021
312 páginas

lunes, 13 de mayo de 2024

Jardín en tierra fría, de Fátima Vélez

Hay un padre de familia que lleva 40 años construyendo una casa con "techos colosales de bambú". Una casa que, en realidad tiene varias casas: hay una cocina común, pero la hija mayor, Primera V, vive en una casa con su novio Enriqueto y con su amigo Inca, que al parecer tiene una relación con Enriqueto. En otra casa vive Rut, la segunda hermana, que ejerce como ama de casa desde que se murió Menana, quien era empleada, nana y la última pareja de Papa V. En otra casa vive Tercera V, la menor de las hermanas. Ellenín, le niñe que fue recogido por Menana, vive con Papa V aunque él lo desprecia porque no es niña.

Primera V tiene como tarea diaria y vital cuidar el jardín. Debe regar las plantas. Primera V cree que en el jardín reposan los restos de su mamá y de las mamás de Rut y de Tercera V. Cree que Papá V las mató para que él pudiera esclavizar a sus hijas.

Fátima Vélez cuenta esta historia que oscila entre el cuento de hadas y el terror con un lenguaje experimental en el que el narrador rompe a veces "la cuarta pared" teatral y le habla directamente al lector, en un guiño juguetón. El resultado es una novela corta dividida en 22 capítulos, cada uno con título, en los que el lector recorre las páginas con una sensación de extrañamiento.

La atmósfera de la novela recuerda el lenguaje de Galápagos, aunque Jardín en tierra fría ofrece una historia más lineal para el lector: la obra narra 24 horas de un lunes en la vida de Primera V. Esas 24 horas incluyen la certidumbre de que su novio tiene una relación con su amigo; visita al jardín; encuentro sexual con Ginlove, la empleada del servicio; diálogos con sus hermanas; caminata de 80 cuadras hasta una librería y desde allí con el librero hasta el Parque El Virrey, en donde dialogan con un muerto vestido de diablo (una alusión al caso del homicidio de Luis Andrés Colmenares, ocurrido el 31 de octubre de 2010 en Bogotá) y una visita fallida a una galería de arte en la que Inca expondrá su obra: una larga cadena de clips con la que piensa unir a Colombia con Indonesia.

En medio de esta sucesión de hechos aparentemente caóticos, o de vida alejada de la "normal cotidianidad", la autora cuestiona la estructura familiar, los silencios y los secretos en las relaciones de familia, el rol de las mujeres en las familias y el poder violento del padre como figura que ejerce el control. Hay además una reflexión explícita sobre el lenguaje incluyente, sobre las relaciones fluidas entre géneros y sobre la obligatoria maternidad que algunas culturas le imponen a las mujeres. Todo esto ocurre en una casa de Tierra Fría, que se ubica en un lugar que se parece bastante a La Candelaria, en Bogotá, aunque los referentes de espacio y tiempo son vagos, como corresponde a un cuento de hadas.

Por último, la autora salpimienta su construcción con un verso de la argentina Olga Orozco, que repite como leitmotiv a lo largo del texto, y lo complementa con intertextos de Lorca, entre otros.

Algunos subrayados
Tú eres de esos homosexuales que les encantan a todos porque creen que eres heterosexual y fantasean con ser tu primera experiencia (p. 14). 

Empezar la semana sin madrugar quiere decir que tampoco esta semana encontrará trabajo (p. 18).

Me gusta mirar a la gente, escuchar, oler, me gusta comer, me gusta leer, me gusta soñar, ¿a quién le pagan por eso?

un sueño en la literatura no es más que un error de principiante (p. 19).

Los sueños, dijo Enriqueto solemne, Se inventaron para no dejarnos descansar; dormir debería ser como morirse (p. 19). 

eso en el caso de que aún esté viva, de que Papá V no la haya matado,
como Primera V sospecha que hizo con todas las mamás (p. 25). 

una discusión que ella gana porque él se cansa antes (p. 28).

el jardín de atrás, el lugar donde ella cree que están enterradas las mamás (p. 32). 

Nos tiene de esclavas, mató a nuestras mamás para que fuéramos siempre sus esclavas, para que ellas no pudieran protegernos (p. 39). 

su papá podía ser lo que ella quisiera, incluso un asesino de mamás, pero era su papá y la mantenía (p. 40). 

pero es que cuida tus palabras, que son poderosas, crean realidades (p. 40). 

cuando se tiene un jardín y no se le cuida, cobra venganza (p. 43). 

Ninguno de los clientes de Papá V sospecharía que esas casas, de las que se sienten tan orgullosos, en las que tejen sus vidas privadas, sus secretos, sus relaciones familiares, vienen de la pulsión de lanzar electrodomésticos por la ventana. Los impulsos de la violencia y de la creación unidos en un hombre (p. 46). 

Convivir con la violencia para encontrar la creación ¿vale la pena? (p. 47). 

Lo que a ella le gustaría es ser Primera V, no dejar de serlo pero sentir, al menos por un microsegundo, un pene incorporado y orinar como Papá V y tocar a Enriqueto mientras se bañan y penetrarlo y que él la penetre mientras ella penetra a Inca, qué horror esa imagen (p. 49).

mientras nadie escriba, alguien tendrá que tomar al menos una foto (p. 51). 

Está convencida de que cuando Papá V dejó de quererla, ella paró de crecer (p. 53). 

Le gusta pensar que ella no es una mujer, que en realidad es un hombre en cuerpo de mujer, un hombre al que no le atraen las mujeres sino los hombres (p. 58). 

en qué momento dizque, el correcto lavado de los dientes sin desgastar el cepillo y la forma de escribir puntuando aquí tildando el hiato en la vocal cerrada con las palabras en blanquísimo orden (p. 60). 

pensar bobadas en voz alta con otra persona sintiendo la escucha de un oído, esa forma de penetración en la otra persona que es escuchar y que nos escuchen (p. 91). 

Pero un obstáculo. Las palabras si acaso rozan lo que en realidad queremos decir. Las palabras no sirven (p. 111). 

¿por qué usted siempre habla en masculino? Puedo usar la "e" si prefiere.
Dani alza los hombros.
¿Cuándo has leído un libro escrito con la "e" ¿Te imaginas? ¿Cómo haces con palabras como "otro" o "lector"?
Puedes decir "le otre" o "le lectore".
Suena horrible.
Suena horrible porque no estás acostumbrade.
Acostumbrado. Sobre mi cadáver entra a esta librería un libro escrito así.
Qué facho (p. 118). 

tener una hija no es una cosa que se pueda pensar demasiado, si una lo piensa mucho no lo hace (p. 126). 

ha descubierto al fin lo que quiere hacer con su vida: se la primera humana en poner un huevo (p. 136).


Jardín en tierra fría
Fátima Vélez
Laguna Libros
Bogotá
Abril de 2024
140 páginas

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Galápagos, de Fátima Vélez

Fátima Vélez es una poeta que nació en Manizales, estudió literatura en Nueva York, es mamá y ha tenido relaciones poliamorosas por fuera del relato tradicional de familia. Ninguno de estos datos biográficos sería relevante si no atravesaran de una manera tan notoria la escritura de "Galápagos", su primera novela.

Galápagos está dividida en dos partes. La primera se llama "De cómo un terrícola obtiene la piel" y allí aparecen personajes como Luis, que es pintor, Donatien, Juan B., que vive en Bogotá, Lorenzo, quien no tiene uñas y tiene las manos vendadas, Emma Reina, que es asexual y Paz María, madre de mellizos, que sufre de dermatitis y se lanza a un río. ¿Qué relación hay entre estos personajes? algunos son pareja de otros, algunos son amigos de otros. Viajan juntos, conversan en párrafos sin guiones que permitan identificar los saltos de narrador. Desde el comienzo el lenguaje se ofrece experimental, con consciencia de cada una de las palabras elegidas. Muchas de las frases son frases de poeta, cuidadas y precisas aunque no por eso bonitas en el sentido tradicional: al contrario, hay un interés explícito por reflexionar sobre lo que parece feo o abominable, como la pus, las manos sin uñas, las secreciones y en general todo lo que hace y produce el cuerpo no normado.

La segunda parte se titula Galápagos y en ella aparecen algunos de los personajes de la primera parte. Al comienzo de esta sección la autora escribe: "
Hay que hacer como hacían los aztecas cuando ganaban una batalla, que le arrancaban la piel al enemigo y la llevaban puesta durante cuarenta días como si fuera un traje (p. 118)" y por ello los personajes que van en un barco hacia las Islas Galápagos se cuelgan como abrigos sobre sus hombros las pieles de algunos de los que fueron mencionados en la primera parte de la novela.

Esta segunda parte recuerda el Decamerón: los personajes están reunidos en un barco que se hace cada vez más pequeño, hasta que se reduce tanto el espacio que "ya no hablamos más porque es demasiado difícil". Pero mientras pueden conversan, se cuentan historias y así se alimentan los unos a los otros.

Galápagos no es un libro de lectura fácil. En la primera parte no hay puntos, solo comas. En la segunda aparecen los puntos, pero el caos sigue: no es una historia sencilla con introducción, nudo y descenlace, que se cuente de manera lineal. Hay muchas posibilidades de descolocarse, de perderse, y el libro es una invitación a hundirse sin miedo. Los personajes son híbridos, ambiguos, amorfos, que dialogan sobre temas que van desde la pintura y el arte, el feminismo, la maternidad y el orgasmo hasta Luz Marina Zuluaga y las diferencias entre Pereira y Manizales. Todo cabe en esta novela experimental sobre la descomposición, en la que el cuerpo es el principal protagonista.


Algunas frases
La partera estaba desesperada porque yo andaba más ocupada en masticar la placenta que en amamantar, pero me tomé la labor como me tomo todo, ya sabes, lento, y estuve así, hasta que al final, no sé cómo, abrí toda mi boca cual pelvis pariendo mellizos, y glug que entró toda la placenta y ni agua me hizo falta al final, y bueno, acá me ves, como si nada, (p. 20).

Un tarrito de vaselina que a mí me llena de malos pensamientos (p. 22).

Juan B se orina en su apellido, no como yo, a pesar de haber sido criado con tantos idiomas y tantos viajes y tantos museos, nunca quise que nadie supiera con quién y por dónde (p. 24).

La excusa de ser millonario lo salva, los herederos parecen tener derecho a no hacer nada, pero si uno escoge ser algo, hacer algo, está condenado a trabajar; no soy muy trabajador, nunca lo he sido, pero al menos puedo fingir que trabajo (p. 26).

Y que después de muerto me tiren por el excusado (p. 27)

no hay mejor tiempo para uno mismo que esperar, el consultorio de los médicos, las ventanas de los aviones, un amigo impuntual (p. 27).

qué estrés las personas puntuales, que caminan rápido, comen rápido, hacen el amor rápido, nada de paciencia, nada de compasión (p. 28).

y no entiendo cómo hay gente que se atreve a decir Lo importante es ser fieles a nuestros cuerpos, conoce tu carne, qué ansiedad estar siempre en la misma materia, tan desapercibidas las transformaciones a menos que haya un síntoma, uñas cayéndose, por ejemplo, toxicidad la de andar siempre en la misma costra (p. 30)

y como todo es acerca de uno, todo es acerca del miedo de ser otra cosa (p. 30).

la felicidad de las parejas se mide por cuánto se demoran en tener sexo después de no verse por un buen tiempo (p. 32).

que hay que ponernos límites, y que lo único que pone límites son los hijos, es el límite natural (p. 36).

un cuerpo es un cuerpo, no importa su tamaño, siempre tiene la capacidad de estorbar, de atravesarse, de no dejar pasar (p. 39).

un hijo es el mejor antídoto contra las bobadas (p. 43).

un hombre cuyo cuerpo recientemente se dejó llevar por los años, después de una larga resistencia (p. 60).

Allá la gente es muy pobre porque nadie aprecia el campo (p. 61).

un postre con crema que no puedo explicar la suavidad, digamos que quisiera nacer de nuevo en esa crema (p. 61).

pero que no hay que olvidar, No deben olvidar, especialmente ustedes, jóvenes, que fuimos las mujeres quienes mantuvimos la nación durante la guerra, cuidamos de los niños, de los viejos, de los enfermos, alimentamos a los batallones asegurándonos de que las granjas produjeran lo necesario y mantuvimos las fábricas en producción; las mujeres, hasta ese momento relegadas al albedrío masculino, no teníamos derecho al voto y no podíamos tomar ninguna decisión sin la autorización de un marido o un padre, tristemente fue gracias a la guerra que pasamos a ser reconocidas (p. 69).

ay, la pobre historia en sus manos, qué tristeza tanto esfuerzo para dar con la indiferencia de unos jóvenes que no piensan más que en pasarla bien (p. 70).

Después del sexo no hay nada que nos haga sentir más poderosos que darle la espalda al otro, ¿no? (p. 80).

el amor que sentimos cuando estamos al borde del orgasmo es tan real y tan ilusión como una casa, si lo digo es porque en ese momento lo siento, pero ¿por qué la exigencia de responsabilidad, de seguir la vida como si siempre se estuviera en el orgasmo? No se puede vivir así, yo siento el amor en ese momento como una presencia física, como un objeto, como un lugar; después, en su boca, o adentro, o donde sea, las sensaciones bajan, nada qué hacer, se precipitan y caigo en un mutismo y siento que ninguna parte de mí puede hacerme sentir dentro, que ningún borde puede hacer que no me salga, (p. 81).

y le digo que tranquila y ella me dice que tranquila la concha de tu madre, que cuál es ese vicio de los hombres de tranquilizar, ese vicio de los hobres maricas de hacer a las mujeres sentirse tan pequeñas y menstruantes en su histeria, por qué, ¿ah? si ella tranquila está tranquila, (p. 92). 

estaba lloviendo, como todos los lunes, como casi todos los días en Bogotá, en que siempre es un mal momento para llegar (p. 103). 

tenías que probar lo que era tener un cuerpo dentro del cuerpo, cómo podías perderte eso, dijiste y dijiste, a todas las mujeres, a las que habían renunciado radicalmente a la maternidad, porque eso de que liberarse sexual, económica, políticamente significara dejar de parir nunca te convenció del todo (p. 105).

nunca me pude aferrar a un cuerpo del todo porque siempre busco en el cuerpo presente el calor del cuerpo ausente (p. 107).

Orson Welles dice que nunca se mete a las piscinas porque hasta los ricos se pipisean dentro de las piscinas (p. 127).

Lo único cierto, amigos míos, es que la pintura está desapareciendo, ahora a cualquier cosa le dicen arte (p. 127).

Uno tiene que querer mucho a la gente que quiere, y abrazarla, porque la gente se pudre, amigos, en este mundo tan cruel, todo se pudre (p. 133).

por ejemplo, los pelos que crecen, esos pelos que uno se empeña en que no crezcan y con más y más fuerza se hacen ásperos, se caen las uñas, las pestañas, se cae todo, pero eso sí, no es sino que uno no quiera que un pelo crezca y entonces ahí sí no para de crecer (p. 136). 

Me gustaría que pudiéramos ser críticos de verdad, y con de verdad me refiero a que o la historia es buena o. Apostar la vida es la única manera de hacer buenas historias ¿no? O más bien, las buenas historias solo se logran cuando de eso depende la vida. Así deberíamos hacer todo, (p. 150).

No entiendo muy bien para qué es que los terrícolas se casan, si los maridos lo único que saben hacer es acabar con una, (p. 165).

y ella gritaba, ¿Y yo?, ¿y yo? Y ellos le respondía, ¿y tú? Tú solo eres una mujer, (p. 176).

ese cráter que nos recuerda que somos las ganas de ser huecos y que lo más rico de los huecos es poderles meter lo que se nos dé la gana (p. 181).

y qué pasará entonces con nosotros, que ya no fuimos nada de lo que se esperó que fuéramos, según esa naturaleza salvaje que es la familia y sus creencias y sus tradiciones y su preocupación por el qué dirán. Volvernos lombrices de tierra, será (p. 183).

Para mí la risa es muy importante, es lo que diferencia a los vivos de los muertos (p. 186).

porque el silencio, ¿Sí lo oyes? Es como algo anterior a lo que va a estallar (p. 195).

La tía le dijo que las niñas no opinan (p. 208).

¿O no que los artistas se hacen artistas porque alguien les dice que tienen talento? Pronuncia la palabra talento machacada, y luego dice, Y esto, en principio parece bueno, pero la verdad es que he visto cómo grandes talentos se pierden en la adulación. Y sigue, ¿Ustedes creen que existen artistas a los que nadie les haya dicho nada? Yo no, ser artista tiene que salir de la impresión de alguien de que el otro es bueno (p. 249).


Galápagos
Fátima Vélez
Laguna libros
Bogotá, septiembre de 2021
280 páginas