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jueves, 26 de septiembre de 2024

El vacío en el que flotas, de Jorge Franco

El vacío en el que flotas
es el título de la segunda novela de Ánderson Posada, quien tuvo un éxito temprano e inesperado con su primera novela Aquel monstruo indomable, con la cual ganó un premio internacional en 2002. Esto, lo del premio, lo sabe el lector en la primera página de esta obra de Jorge Franco. 

Hay en este libro de Jorge Franco muchos vacíos: en el hogar de Sergio y Celmira hay un vacío enorme porque Richi, su niño de cinco años, desapareció tras la explosión de una bomba en un centro comercial. Está también el vacío de Uriel o Kike Boreal, que no tiene una familia a la que pueda aferrarse y tiene, además, múltiples vacíos económicos. Ánderson, por su parte, tiene una primera infancia que es un gran vacío en su memoria: Uriel le dice que sus padres murieron en un accidente, pero la historia tiene tantos huecos que Ánderson duda de su veracidad. Está, por supuesto, el vacío físico que deja la explosión de una bomba, que es el hecho que detona toda la historia, y hay, a través de todas las páginas, la presencia/ausencia del dolor de un desaparecido. 

Entre tanto vacío es posible caer, hundirse, pero Jorge Franco tiene otra apuesta: en medio del vacío sus personajes pueden flotar, que es una manera de sobrevivir. 

El vacío en el que flotas ocurre en una ciudad colombiana que parece Medellín pero no se nombra dentro del libro. Es una historia urbana que se narra de manera fragmentada y asincrónica, a partir del punto de vista de distintos personajes. La estructura del libro es un artefacto sólido que evidencia el trabajo del autor: Sergio escribe un libro que por momentos parece ser la historia entre Anderson y Uriel. Sergio y Anderson son escritores y, en consecuencia, reflexionan sobre el proceso de escribir. En la armazón de esta novela Franco le propone al lector el juego de adivinar si Anderson existe o es una creación literaria, y ese salón de espejos devuelve múltiples imágenes con distintas respuestas factibles.

Uriel o Kike Boreal o Api es el personaje más atractivo de esta novela. Un travesti pobre, solitario y marginal que comete el delito de raptar a Richi y sin embargo logra despertar ternura y humor. Tiene tantos matices que resulta imposible leerlo como "el villano". Su oralidad, sus diálogos con la Virgen o las matas y sus costumbres muestran una ética personal difícil de encasillar.

Jorge Franco tiene un estilo vertiginoso, rápido y ameno, que mantiene el ritmo y engancha al lector. En esta novela un personaje dice que está "hasta el cogote de las novelitas burguesas y almibaradas de Jorge Franco". Ésta puede ser otra novelita burguesa y almibarada, quizás. No todo tiene que ser Proust. Yo difruté la lectura. 



Algunos subrayados 
Ya había cruzado el umbral de otra realidad inimaginable que le imponía buscar a su hijo en el mundo de los muertos (p. 20).

Sobre el escritorio estaban las páginas arrumadas, bocaabajo y perfectamente alineadas, de lo que él mismo llamaba "el embeleco de un periodista con ínfulas de escritor". Lo más probable era que nunca fuera a escribir un libro (p. 28).

―También me mandan libros de autoayuda ―continuó Celmira―. Sobre la pérdida de un ser querido, sobre el duelo, de cómo establecer comunicación con los ángeles, con los muertos, con los espíritus, hasta con los extraterrestres.
―En situaciones desesperadas, la gente se pega de lo que sea. Y algunos logran cierta paz (p. 34).

―¿O sea que recordar es limpiar? (p. 35). 

como artista no estoy en la obligación de decir más de lo que mi arte dice. Ni siquiera tendría que estar asistiendo a este evento ni dando esta entrevista. Mi libro ―continuas―, que tampoco estoy seguro de que sea arte, dice lo que tiene que decir de mí como escritor (p. 39). 

en la mitad de las entrevistas que he dado en mi vida, el entrevistador no se ha leído mi único libro (p. 41). 

Sabía de la desazón de los escritores al volver sobre lo escrito (p. 65). 

estaba hasta el cogote de las novelitas burguesas y almibaradas de Jorge Franco (p. 107).

Leer a McCarthy ameritaba también un trago de cualquier cosa (p. 107). 

Culpa porque en algún momento iba a aflojar y dejaría de pensar en su hijo. Porque cualquier mañana se iba a despertar con menos agonía que el día anterior. Porque cuando menos lo imaginara, iba a retomar la inercia de su vida antes de aquel día (p. 130). 

abres algunos portales de los periódicos colombianos. Treinta segundos para confirmar que todo sigue igual. Seguimos odiándonos (p. 135). 

quedó frente a ella, indeciso y perturbado, como queda cualquiera frente a una mujer que llora (p. 149). 

―¿No eres creyente? ―le preguntó ella.
―No sé ―respondió Sergio. Se quedó pensativo y luego dijo―: Me da trabajo asimilar ese lado mágico de la religión. Ante los misterios, me he refugiado siempre en los libros. 
―¿Y ahí está la respuesta? ―Preguntó la fiscal.
―Claro. Y siempre es la misma: todo lo del hombre es, únicamente, del hombre. Punto (p. 152). 

Va mal porque es mi primer libro, porque el aprendizaje es duro, porque nunca llegaré a escribir como los autores que admiro, porque el protagonista de mi libro es un escritor exitoso y yo no lo soy, porque las ideas no se acoplan con las palabras y las palabras se me escapan. Eso suena bonito, dijo Clarisa. ¿Qué? Eso que acaba de decir; debería escribirlo. Le apuesto a que si lo escribo, dijo Sergio, ya no va a sonar igual. Así de caprichosa es la escritura (p. 153).

―"Interesante" es una expresión interesante ―le comentas―. No descalifica, pero tampoco elogia. No compromete a quien la dice. Abre la puerta a la discusión. Los pensamientos opuestos pueden coincidir en algo o en alguien "interesante". (p. 163). 

―Lo importante es que quieran tus libros. Nosotros nos vamos a morir (p. 167). 

―¿A quién decepcionas si no cumples con tu rol de madre dolorida? ¿A ti misma, a tu familia, a la sociedad? (p. 248). 

Lo que ignoran los demás es que detrás de un autor hay un ser humano, despreciable en la mayoría de los casos, vanidoso y sobrevalorado, porque el mercado de la cultura es tan vil como cualquier otro mercado (p. 302). 

―¿Usted va a misa, Carolina? ―le preguntó Celmira.
―Por supuesto ―respondió―, si allá están los que me buscan por las noches (p. 315). 

Te angustia soltar tu libro al mundo. Pronto llegarán las galeradas y será tu última oportunidad para intervenir, después tu trabajo caerá en manos de lectores y críticos, y lo peor, de las redes sociales, inundadas de sabiondos y reseñistas de último minuto. Hasta los que no leen opinarán de tu libro. Lo elogiarán o despedazarán dependiendo de si les caes bien o mal (p. 321). 

Quien vive en el mundo de la escritura no puede irse nunca y estará condenado a habitarlo ya sea en un tugurio, en la suite de un hotel, en una mansión o en la sucia calle. Morirás dándole vueltas a alguna historia en tu cabeza, es irremediable (p. 324). 

no es sino mirar para darse cuenta de que casi todos los escritores están muertos, y él está muy joven para morirse, que mejor se dedique a eso cuando esté viejo, o muerto, como esos otros (p. 326). 

Los escombros siguen pegados a los esqueletos, y sobre los que cayeron no se visulmbran restauraciones ni construcciones nuevas (p. 333). 



El vacío en el que flotas
Jorge Franco
Editorial Alfaguara

Agosto de 2023
Bogotá
336 páginas

martes, 16 de enero de 2018

Tiempo muerto, de Margarita García Robayo

Tiempo muerto, la última novela corta de Margarita García Robayo, tiene pocos personajes y la autora logra que todos, en algún momento, nos caigan mal: Pablo, el esposo infiel y pusilánime; Lucía, la esposa fría y dura; los papás de ella, pedorros y ordinarios; Cindy la empleada, llenadora y bullosa; Rosa y Tomás, los hijos... hasta los niños, tan idealizados en toda la literatura, por no decir en toda la historia, aparecen acá como inoportunos, o cansones. Niños que viven pegados a las pantallas para que no estorben.


Cada línea de esta novela parece construida con escalpelo: es precisa en los cortes que produce. No es amable, no es condescendiente, no es dulce. La vida tampoco lo es y en particular las relaciones de pareja pueden llegar a niveles de crueldad inesperados en personas que se supone que son buenas, que se quieren. El matrimonio logra sacar también lo peor de cada cual y de eso se encarga esta novela: de narrar el derrumbe de una relación que viene rota de tiempo atrás.

Es una obra sobre el fin del matrimonio, pero también sobre la inmigración. La protagonizan unos colombianos que viven en New Haven, son vecinos de unos argentinos y Lucía, el eje del relato, parte de vacaciones con sus hijos a Miami en donde la atiende Cindy, una gringa de origen cubano. Toda esa mezcla de desarraigo y adaptación hace parte de la novela.

Así mismo es un relato sobre la maternidad: sobre el quiebre que producen los hijos en una pareja y también en las vidas individuales de los papás. "Estaban en un café al que iban antes. Antes de ser padres, antes de ser ellos: gente que se piensa en plural", escribe la autora en una frase corta, que como todas las del libro, logra condensar en pocas líneas todo el drama de un desgarramiento que se vive con la aparente fortaleza de dos personajes que se niegan a llorar o a reflexionar sobre su fracaso. La vida es así. Punto. La vida tiene que seguir. Punto. Así son los personajes de esta novela contemporánea, que mezcla racismo, clasismo, arribismo y soledad en dosis pequeñas de ironía y sarcasmo, página tras página. Como quien administra veneno. 

Algunas frases
Estaba en crisis, era cierto, pero pensó Lucía y se llenó de furia: ¿quién no estaba en crisis?

Abría los ojos en la noche, sentía la turgencia en su barriga, el movimiento interno, y pensaba: mi cuerpo es una casa invadida por aliens.

Lucía era, con gran diferencia, la persona más inteligente que él conocía. Antes de parir era la persona más inteligente y más bondadosa que él conocía, y ahí estaba su falla, pero él no la vio, o no quiso verla: nadie podía ser las dos cosas en grado superlativo. La experiencia abundaba en casos de villanos brillantes y santos bobos.

Sus alumnos tenían la facultad de vaciarlo de criterio. De hacerle perder el entusiasmo por absolutamente todo. Y de convertir su mundo en un abismo.

Cuando mira a otras mujeres de su edad las ve viejas, porque lo son. Pero rara vez se piensa a sí misma dentro de ese conjunto.

pero un día te vas a dar cuenta de que un hombre sin raíces es un hombre muerto.

Lo raro no son las infidelidades. Lo verdaderamente raro es mirar al otro y preguntarse quién es, qué hace ahí, en qué momento le cambiaron tanto los rasgos de la cara. El desconocimiento es el saldo del tiempo acumulado, nadie puede decir con exactitud cuándo se planta la semilla. Empieza como un síntoma de desinterés, algo minúsculo que después se naturaliza y ambos dejan de preguntarse cómo es que siguen ahí, adobando la abulia frente al otro, asintiendo a lo que dice como un trámite: excediendo el período en el que aquello que decía te parecía interesante. O digno de ser escuchado. Hacía mucho que su relación estaba mal, pero hacía mucho también que había dejado de pensar en que debía hacer algo al respecto. 

A veces le parece que es otro el que habla por su boca. Ese otro, también, es el que escribe.

Eso tienen, aparte de hijos y ollas: asentamientos de tiempo muerto que ninguno se ha dignado a remover.

La espiaba con la intención de descubir si ella se habría arrepentido de tenerlos (a los niños). Era probable, pero tenía la decencia, y sobre todo, la piedad de no haberlo dicho nunca.

Hay cosas que elijo bien: las carteras, los duraznos; y otras que elijo mal: los maridos.

Lo mejor que hace por su familia es sembrarles en el estómago capas de colesterol.

prefiero cuatro millones de refrigeradores mal cerrados que la voz de mi marido o, peor, que el silencio de mi marido. Nada más ruidoso y violento que su silencio.

mantener los afectos es cuestión de disciplina.

es obvio que Cindy, como el resto del género humano, disfruta de la desgracia ajena porque la coloca mágicamente en un lugar de superioridad moral: estoy aquí para ayudarte.

una mujer inteligente jamás dejaría a un marido de tantos años. Preferiría una vida desgraciada pero cierta, a lo impredecible de la felicidad.

mucho menos de novelas realistas latinoamericanas que se escudan en dibujó comillas en el aire "la sugerencia estética" para esquivar la intención política. Yo me pregunto: si la intención es política, ¿por qué no hacerla explícita?, ¿por qué fingir que te caíste en ella accidentalmente, como en una alcantarilla destapada?

Estaban en un café al que iban antes. Antes de ser padres, antes de ser ellos: gente que se piensa en plural. 

la patria es eso que se muda contigo.

conversar con Lucía se ha vuelto eso: ir tanteando, virando el timón, pisando huevos. Buscar la reacción menos explosiva.

El mal gusto para la ropa es el último rasgo de pobreza que se va.

Era un tipo formado, pero tarde, cuando ya los vicios de crianza se le habían hecho costra dura en el cerebro.


Tiempo muerto
Margarita García Robayo
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2017
151 páginas