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lunes, 21 de noviembre de 2022

La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz



Óscar de León es un nerd negro, obeso, virgen, de familia dominicana que migró a Paterson, New Jersey, al frente de Nueba Yol. Lo dice así, lo escribe así y se siente así: al frente, al margen, viendo la vida pasar pero sin poder insertarse.

Óscar es el hermano menor de Lola. Los dos son hijos de Hypatía Beli Cabral y un padre ausente, que estuvo con su mamá menos de dos años. Beli es huérfana desde que estaba bebé: su papá, el médico Abelard Luis Cabral, fue detenido por Trujillo y murió en prisión, y su mamá Socorro Hernández Batista, murió arrollada por un carro. A sus dos hermanas mayores las asesinaron y entonces Beli fue vendida pero luego rescatada por La Inca, una prima de su papá. 


Esta constelación familiar determina los distintos narradores y períodos históricos que usa Junot Díaz para narrar La maravillosa vida breve de Óscar Wao. El autor utiliza pies de página, intertextualidad, referencias al cine, cómic, televisión (los Simpson, El planeta de los simios) a los libros de ciencia ficción (El señor de los anillos) y a una enorme cantidad de íconos de la cultura popular para acercar al lector al entorno de Óscar y de sus antepasados, con un lenguaje que muta según el narrador: desde la voz experimentada de La Inca, narrando desde República Dominicana los horrores de Trujillo, hasta la voz trabada de Yunior, el novio de Lola, que solo piensa en rapar (sexo) y que se burla de Óscar con una incorrección política que difícilmente puede pasar el filtro de la policía de la moral. 

El lenguaje carnavalesco, con un barroco tropical propio del Caribe, desarrolla con humor, abundancia e ingenio una vida trágica, marginal, ordinaria y con poco afecto, que sin embargo el título del libro presenta como "maravillosa". Que sea maravillosa o decadente es cuestión de ángulo: las vidas horribles también pueden contarse de forma maravillosa.

Algunas frases

Caminaba como si tuviera una campana por culo (p. 24). 

No hay nadie más opresor que el que ha sido oprimido (p. 33).

Era uno de esos nerds que usaban la biblioteca como escondite (p. 34). 

coño, ¿qué familia latina no se cree maldita? (p. 42).

Nunca son los cambios que queremos los que cambian todo (p. 59).

Los senos de tu mamá son inmensidades. Una de las maravillas del mundo. Los únicos que has visto más grandes se ven en las revistas pornográficas (p. 59). 

Temes las conversaciones con tu mamá. Siempre son regaños unilaterales (p 60). 

Cuando me sucedió lo que me sucedió a los ocho años y por fin le conté lo que él me había hecho, me dijo que me callara y dejara de llorar, y así lo hice (p. 63).

Era como todos los muchachos: hermoso e inexperto y, como un insecto, incapaz de estar tranquilo (p. 68).

La felicidad, cuando viene, es más fuerte que todas las muchachas insoportables de Santo Domingo juntas (p. 78). 

un malestar muy particular de Nueva Jersey: el deseo inextinguible de estar siempre en otro lugar (p. 81).

siempre dando vueltas, alérgica a la tranquilidad (p. 83). 

como ocurre muchas veces en estas situaciones, los muchachos de clase alta que ella tanto deseaba ni se enteraron de su existencia (p. 91). 

La sensación que la adolescencia reparte gratis y a toneladas: Vergüenza. 

al éxito le encanta tener testigos, pero el fracaso no puede existir sin ellos (p. 134). 

por mucho que viaje una mula, nunca se puede volver caballo (p. 157).

Me dio cuatro páginas de comentarios sobre un cuento de ocho (p. 164). 

Fría como Saturno (p. 171).

nunca se puede escapar. Jamás. La única salida está por dentro (p. 196).

algunas cosas (como la supremacióa blanca y el odio de la gente de color a sí misma) nunca cambian (p. 246).

Cuando uno tiene dieciéis años un cuerpo como este es gratis, pero cuando tiene cuarenta -¡pffft!- es un trabajo de tiempo completo (p. 265). 

uno de esos hombres muy malos que ni siquiera el postmodernismo puede explicar (p. 272).

lo que realmente lo sorprendió no fue el bam-bam-bam del sexo, sino las pequeñas intimidades que nunca en su vida había anticipado, como peinarle el pelo o bajar su ropa interior de la tendedera o verla caminar desnuda al baño o la manera en que se sentaba de repente en su regazo y ponía la cara en su cuello. Intimidades como escucharla hablar de su niñez y que él le dijera que había sido virgen toda su vida (p. 306). 

La maravillosa vida breve de Óscar Wao
Junot Díaz
Literatura Mondadori
2008
Barcelona
309 páginas

lunes, 5 de junio de 2017

Contarlo todo, de Jeremías Gamboa


Jeremías Gamboa es un escritor peruano que dejó el periodismo para dedicarse a la literatura. En 2013 publicó su primera novela, titulada "Contarlo todo", una obra que narra la historia de Gabriel Lisboa, periodista peruano que abandona su oficio para dedicarse a escribir un libro titulado "El día de contarlo todo". Así de autobiográfica es esta historia: una novela real con nombres cambiados.

Gabriel Lisboa es un muchacho de bajos recursos que vive con unos tíos en el populoso barrio Santa Anita, de Lima. Con esfuerzo estudia en una universidad privada, se gradúa, trabaja en medios de comunicación y de pronto decide abandonar su carrera exitosa para dedicarse a escribir. Jeremías Gamboa nos narra la historia de Gabriel con todos los detalles. Su misión es "Contarlo todo": Las novias de Gabriel, sus inseguridades, sus amigos, las dificultades económicas, el sexo, las lecturas, la ropa que usa, la música que oye, el paisaje de su barrio. Lo cuenta todo en una narración hiperreal de 500 páginas en las que el lector se adentra en los pensamientos y temores de Gabriel, y de su mano en la ciudad de Lima de los años 90 y comienzos de 2000, en las salas de redacción, en las conversaciones absurdas con sus amigos. 

Se trata de una vida común y corriente. Tan común, tan corriente, tan ordinaria, que habrá quien piense que de las 500 páginas del libro sobran 400 porque en muchos capítulos la acción es apenas la vida cotidiana: Gabriel en el trabajo, con novia nueva, en la universidad, trotando por las mañanas, intentando superar el bloqueo de la página en blanco. A los lectores que buscan grandes acciones, aventuras, viajes o suspenso, más les vale cambiar de página. En este libro no hay homicidios ni suicidios; no hay accidentes súbitos ni grandes tragedias, distintas a la tragedia que a veces significa llegar al final del día o al final del mes. 


La belleza del libro está en la narración detallada y amorosa de la vida común, con la que se puede identificar fácilmente cualquier lector de clase media latinoamericano. Es una novela juvenil que comienza con Gabriel universitario y termina con el protagonista de 28 años. Un personaje que se transforma a medida que el libro avanza, y que desnuda defectos y debilidades del protagonista, alter ego del escritor: las inseguridades sobre la calidad de su obra, que son explícitas, pero también otras menos evidentes pero igualmente visibles, como cierto machismo y algo de resentimiento social. 

La novela es también un texto sobre la dificultad de escribir una novela: la falta de tiempo, de inspiración, de tema; la dificultad para encontrar una voz, un tono, y la pregunta sobre si vale la pena el esfuerzo. Finalmente Gabriel logra escribir su libro, que es el de Jeremías Gamboa, un autor que contó con la bendición de Mario Vargas Llosa y Carmen Balcells para el lanzamiento de esta primera obra en la que cuenta toda su vida. Habrá que esperar si después de contarlo todo, le queda algo por decir en otro libro. Algo que valga la pena. 

Algunas frases:
Quizás se trate simplemente de eso, de que he aprendido finalmente que la cosa es hacer y no juzgarme. Eso es. De vencerme escribiendo. Y basta. 

-Usa puntos para separar ideas. Si tienes ideas, estas se separan por puntos. Una idea, un punto. Los textos, todos los textos, son cadenas de ideas. Por eso están separados por puntos. Tienes las ideas. Debes separarlas por puntos. Siempre.
-No adjetives; eso es de señoritas relamidas y de poetas. Sin adjetivos. Con ellos perdemos seriedad.
-Si tienes ideas sólidas, tus textos serán breves. Textos larguísimos casi siempre denotan falta de ideas. 

Escribo sobre esos primeros años en la universidad y me doy cuenta de que fue en ellos también cuando por primera vez empecé a leer literatura. No se bien por qué comencé a hacerlo. En cierto momento, quizás, pensé que me ayudaría a suplirlas desventajas de lenguaje que notaba ante algunos profesores y ciertos alumnos de la universidad, pero ahora creo que en el fondo lo hice por una irremediable sensación de soledad y cierto desasosiego.

Siempre puede haber un poeta de verdad escondido detrás de cualquier puerta. Los buenos escritores nunca se hacen notar.

Ferrero me enseñó algunos de los aspectos del lenguaje que yo aún desconocía o de los que todavía no tenía plena conciencia, y que con el tiempo me convertirían en un editor: la inutilidad de los gerundios y los conectores lógicos, el abuso de las frases subordinadas, el tipo de palabra que evidenciaba pobreza léxica y la total necesidad de encontrar el término más justo para aquella idea que deseábamos compartir con los lectores.

Para tener los temas más diversos y novedosos en una revista era indispensable reclutar seres excéntricos y balas perdidas lo suficientemente freaks como para ver el mundo desde perspectivas fuera de lo común. 

Porque ella, la vida, como un manuscrito en proceso podía reescribirse. Y entonces yo tendría la posibilidad de reformular ciertas frases y suprimir otras, buscar nuevos personajes y quedarme con los que me gustara. 

No tenía la más puta idea de cómo yo me podía enseñar a mi mismo a escribir lo mío si precisamente era yo quien ignoraba todo. 

Encendía la máquina religiosamente y me sentaba frente a su pantalla, pero la verdad es que hacía cualquier cosa menos escribir: miraba el documento abierto como un autista, pensaba en cosas absurdas, esperaba el mínimo estímulo para encontrar una excusa y abandonar la silla y así alejarme de la comprobación diaria de mi ineptitud. Supongo que esperaba demasiado de mí, y que ahí radicaba la base de todo el problema, pero por esos días no tenía la menor capacidad de darme cuenta. 

El escritor de verdad -así lo pensé- debía estar haciendo eso siempre, atravesar esa parte trabajosa que para el tablista era salir al frío de la playa de mañana, preparar su tabla y su ropa, calentar y meterse al mar aun cuando las olas se vieran pésimas y lo más probable es que saliera decepcionado de ellas. ¿Tendría recompensa estar braceando obstinadamente en el agua? La tendría cuando viniera la ola perfecta y uno no estuviera en otro lugar que frente a ella, dentro del mar, y supiera tomarla en el tiempo correcto para después mantenerse encima de la tabla. Los libros que a mí me encantaban habrían sido escritos por hombres así, que habían permanecido sentados ante una máquina de escribir o frente al papel a la espera paciente de la ola interior aun cuando no ocurriera nada. Escribir era eso.

sus esfuerzos debían dirigirse por completo al logro de una frase que no fuera bonita ni sonora sino "auténtica", una que contuviera realmente una verdad. Aunque se preguntaba cómo diablos definir la "verdad".

le empezaría a hablar a su amigo de armas imperceptibles guardadas en los cajones de las casas, de heridas que la gente que se quiere de veras se propina sin intención y control alguno, de la erosión del tiempo que de pronto detiene las cosas o las congela. 


Contarlo todo
Jeremías Gamboa
Editorial Mondadori
Barcelona
2013
507 páginas

lunes, 26 de enero de 2015

Nuestra pandilla, de Philip Roth

Richard Nixon pasó a la historia por ser el único presidente de Estados Unidos, hasta ahora, en dimitir a su cargo como consecuencia del escándalo de Watergate. Las numerosas películas sobre el tema lo muestran como un personaje oscuro, enredador, con muchos secretos para esconder y un rabo de paja inmenso.

Lo que Philip Roth hace en estos 6 textos satíricos que fueron publicados parcialmente en The New York of Review en 1971 es revelar la clase de político que es Nixon, antes de que ocurriera el Watergate.

Si el periodismo es el ejercicio de tratar de anticiparse, de adelantarse o prever lo que puede ocurrir en una sociedad, Philip Roth en este libro logra su cometido: alerta a la sociedad sobre el riesgo que representa un poder presidencial omnipotente encabezado por una persona de "confusas" o "cuestionables" por decir lo menos, ideas políticas.

Pero el valor del libro hoy por hoy no está en anticipar algo que todos sabemos cómo terminó. El valor está en el uso de la sátira y el humor como contundentes armas políticas para desenmascarar poderes a partir del uso de la palabra. La burla, la mofa que hace el autor de los argumentos del Presidente, hasta llevarlos al extremo del absurdo, son válidos ayer y hoy, aunque el lector de hoy desconozca el contexto específico en el que ocurrieron los hechos: La defensa que hace Nixon del derecho del nonato, para oponerse al aborto, se convierte en una hilarante entrevista en la que Nixon dice cosas como que se siente feto aún... 

Es decir, más allá de la política local norteamericana (que nunca es local) el lector encuentra en estos textos satíricos argumentos para defender ideas antimilitaristas, pro aborto e antiimperialistas, a partir de situaciones absurdas que llegan a límites insospechados, como el supuesto asesinato de Nixon que es negado por el portavoz de la Casa Blanca, quien exhibe en una rueda de prensa una radiografía de la cadera del presidente, para demostrar que está muy bien.

Este libro puede ser interesante para quienes ejercen el periodismo de opinión con sátira y humor. El lector puede reemplazar el nombre de Nixon por el del personaje político actual que prefiera, y muchas de las argumentaciones delirantes del presidente encajarán hoy como anillo al dedo. 

Algunas pocas frases:
en este gobierno los fetos y los embriones de Estados Unidos por fin tienen una voz que los represente.

mi desempeño del cargo contribuya algún día a crear un mundo en el que todos, sin consideración de su raza, credo o color, sean nonatos. 

Aquí me tienen, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y líder del Mundo Libre, trabajando como un esclavo con todas y cada una de las fibras de mi ser, entregado noche y día, trescientos sesenta y cinco días al año, al único propósito de salir reelegido...

(los medios) No, nunca hablan de lo que no hemos hecho, siempre se quedan con lo quehemos hecho. Eso, por desgracia, es lo que esa gente considera noticia. 

Nuestra pandilla
Philip Roth
Literatura Mondadori
1971 (edición de 2008)
Barcelona
173 páginas

jueves, 26 de septiembre de 2013

El inquilino, de Guido Tamayo

El que vive como extranjero es un permanente inquilino en el otro país. Nunca accede a la calidad de propietario. Tiene una condición precaria. Ese es el origen del título de este libro que ganó el premio de novela corta de la Universidad Javeriana. Cuenta la historia de Manuel, un escritor colombiano fracasado, que vive en Barcelona o mejor, que está muriendo en Barcelona, sin conocer ni la fama ni la gloria. Ni siquiera la dicha de ver publicada su obra.

El libro cuenta esta historia y como el protagonista es un escritor, aprovecha para presentar algunas reflexiones sobre la escritura, el lenguaje, el desarraigo y el proceso de publicar.




Fragmentos:

no va a poder conocer su olor de muerto, pero por lo menos sabe que va a entrar en el silencio.

Se levanta y prepara un café tan oscuro como su recuerdo de la noche anterior.

ser extranjero es aprender a reemplazar los asuntos vitales, en este caso, el entrañable sabor del Pielroja por el un tanto dulzón del Ducados.

El licor siempre propone ideas. Es la principal de sus virtudes.

No hay nadie tan fuerte como el que es consciente de sus penas.

Llorar es uno de los actos físicos más demoledores.

apenas un momento cruzó ese frágil umbral que divide una vida feliz de una desgraciada. Apenas se dio cuenta.

Cuando no escribe, lee; cuando no lee, intenta dormir. Y cuando esporádicamente lo consigue, el sueño suele ser una continuidad de la escritura. En sueños sigue construyendo la historia que está escribiendo.

se siente póstumo, sobreviviente a sí mismo, como lo desea hasta el más humilde de los escritores.

Es la mejor forma de medir las secuelas del paso del tiempo: ver a un viejo amigo convertido en un extraño.

el colombiano es una lengua muerta.

Guido Tamayo
El Inquilino
Editorial Mondadori

2011
111 páginas



viernes, 16 de noviembre de 2012

La serpiente sin ojos, de William Ospina

En una nota al final del libro, William Ospina señala que Ursúa es un libro de guerras, El país de la canela un libro de viajes y La serpiente sin ojos es una historia de amor.

La serpiente sin ojos es el último libro de una trilogía escrita para contar las aventuras de los primeros europeos por el Río Amazonas, y de manera particular la historia de Pedro de Ursúa, español que guerreó en varios territorios de la actual Colombia y luego organizó una expedición que partió desde Perú para conquistar el Río Amazonas que 20 años atrás había descubierto Francisco de Orellana.

La primera parte de este libro, cuando el autor nos presenta a Inés de Atienza y luego ésta conoce a Ursúa, sí puede ser una historia de amor, adobada por el fragor de la Conquista (en mayúscula). Pero la segunda parte, cuando ya comienza la expedición por el Amazonas, es más una historia de poder y traición, con el contrapunto que pone el personaje de Lope de Aguirre, inmortalizado por Klaus Kinski en la película "Aguirre la ira de Dios" de Werner Herzog.

Esta última parte tiene un tono lóbrego, trágico, que en algo recuerda  El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Un viaje a través de un río, con una selva espesa, unos seres humanos cada vez más desquiciados y unas orillas plagadas de misterios y peligros.

Quien ha leído los otros dos libros de la trilogía encontrará en éste la misma prosa generosa para describir la selva a partir de enumeraciones. Sin embargo puede extrañar en La serpiente sin ojos las aventuras del País de la Canela, quizás el más vertiginoso de los tres relatos. En cambio, este libro trae un regalo para los lectores: Ospina, que también es poeta, separa cada capítulo con un poema relacionado con la atmósfera de la historia, pero que se defiende de manera independiente.

Las frases:

"También a lo imprevisto se acostumbran los cuerpos".

"Tarde o temprano lo que somos se muestra".

"No somos dueños de nuestro destino: una vida que no ha encontrado sus respuestas está sujeta a las tentaciones y a los desafíos".

"Ahora sé que todo rechazo vehemente es en secreto un vínculo".

"Un solo viaje por el río basta para envenenar una vida".

"Mientras dura el poder, los poderosos padecen la ilusión de ser invencibles e inmortales, y logran contagiar esa fantasía, pero en estas tierras nuevas el tiempo lo muele todo más aprisa".

"No ve el mismo mundo quien va a solas que quien se siente acompañado".

"Los amantes de la comodidad no son buenos aventureros ni saben resolver los problemas graves de la lucha con el mundo: mejor andar con diablos fuertes que con príncipes delicados".

"A las Indias llegaban cuatro clases de hombres: había enfermos, había locos, había monstruos y había demonios".

"pensando en el común de los soldados españoles, que sabían de salvajismo pero también de moderación, que eran capaces de destruir un mundo pero seguían respetando centenarios códigos de honor".

"En verdad no hay historia memorable que no haya costado mucho dolor humano, pero también es cierto que el dolor es lluvia constante en este mundo, y no siempre deja historias dignas de ser contadas".

"Como ocurre con toda muerte que nos hiere el alma, sentí que se había acabado el mundo".


William Ospina
La sepriente sin ojos
Editorial Mondadori
Bogotá
2012
318 páginas