miércoles, 7 de enero de 2015

Sin novedad en el frente, Erich Maria Remarque



Si lo que diferencia a un buen libro de un clásico es su vigencia en el tiempo, Sin novedad en el frente es un clásico de la literatura sobre guerra.

Pablo es todavía un menor de edad cuando llega al frente occidental alemán para defender a su país en la Gran Guerra, que luego se llamaría Primera Guerra Mundial. Arrancado de su pueblo y su familia, en el frente hace amistades, empieza a padecer miedo y hambre y a medida que el relato avanza se hace claro que el final de la guerra no es tan próximo como les prometieron. Y que la victoria es cada vez más esquiva. Poco a poco sus amigos van cayendo heridos o muertos hasta que muere en octubre de 1918, un mes antes del fin de la guerra.

Si bien el libro fue escrito en Alemania en 1929, puede ser leído hoy como un manifiesto antibelicista. Las discusiones sobre el sentido de la guerra, quiénes son los que combaten, las pocas diferencias entre quienes están a uno y otro lado del frente y la desmoralización de los soldados son tan vigentes hoy, en otras guerras, como lo fueron hace un siglo, durante la Gran Guerra. Para la muestra, las siguientes citas. Todas se pueden leer, por ejemplo, a la luz del conflicto armado colombiano, o de cualquier conflicto contemporáneo:

Para el soldado, su estómago y su digestión son un campo mucho más familiar que para cualquier otro hombre. Las tres cuartas partes de su léxico provienen de aquí, y la expresión de su alegría, al igual que la de su más colérica indignación, encuentran en estas palabras su fuerza descriptiva. Es imposible, de otra forma, expresarse más clara y rotundamente. Nuestras familias y nuestros profesores se escandalizarán cuando volvamos, pero aquí es el idioma universal.

Resulta cómico, por otra parte, que la desgracia en este mundo venga tan a menudo de la mano de hombres cortos de talla. Son mucho más enérgicos que los altos.

Mientras ellos seguían escribiendo y discurseando, nosotros veíamos ambulancias y moribundos; mientras ellos proclamaban como sublime el servicio al Estado, nosotros sabíamos ya que el miedo a la muerte es mucho más intenso. Con todo, no fuimos rebeldes, ni desertores, ni cobardes —tenían siempre tan dispuestas estas palabras—; amábamos a nuestra patria tanto como ellos y al llegar el momento de un ataque, nos lanzábamos a él con coraje. Pero ahora distinguíamos. Ahora habíamos aprendido a mirar las cosas cara a cara y nos dábamos cuenta que, en su mundo, nada se sostenía. Nos sentimos solos de pronto, terriblemente solos; y solos también debíamos encontrar la salida

Los que son mayores están ligados con más fuerza al pasado; tienen una base, mujer, hijos, profesión, intereses, ataduras tan fuertes ya, que la guerra no puede destruir. Pero nosotros, los de veinte años, sólo tenemos a nuestros padres, y, algunos, a la novia. No es gran cosa, pues a nuestra edad es cuando la autoridad de los padres es más débil y las muchachas no nos dominan todavía. Exceptuando esto, no existía mucho más para nosotros; un poco de fantasía, algunas aficiones y la escuela; nuestra vida no llegaba más allá. De todo esto no ha quedado nada.

Aprendimos la instrucción militar en diez semanas, y en tan poco tiempo, nos transformamos más radicalmente que en diez años de colegio. Supimos que un botón reluciente es más importante que cuatro tomos de Schopenhauer.

si adiestras un perro a comer patatas y cuando ya está acostumbrado le echas un pedazo de carne, verás que, a pesar de todo, lo caza al vuelo porque eso está en su naturaleza. Si a un hombre le echas un poco de poder hará lo mismo, se tirará de cabeza a cogerlo. Es muy natural, porque el hombre, en el fondo, no es más que un animal cualquiera y sólo más tarde recibe una capa de decencia, como una croqueta la recibe de harina. La mili se basa en esto: que uno tenga siempre poder sobre otro. Lo malo es que, todos juntos, tienen demasiado poder

Cada uno de nosotros sabe que la rigidez de la vida militar termina sólo en la trinchera, pero que vuelve a empezar a pocos kilómetros del frente y, ciertamente, de la manera más estúpida, con saludos y con el paso de desfile. El soldado debe estar siempre ocupado, esto es una ley de hierro. El frente es una jaula en la que se ha de aguardar, nervioso, lo que sucederá.

No es sino por simple azar que el soldado conserva la vida. Y cada soldado cree y confía en el azar. Nos hemos convertido en animales peligrosos. No combatimos, nos defendemos de la destrucción. No lanzamos las granadas contra los hombres — ¡qué sabemos nosotros en estos momentos de todo esto!—, es la muerte la que nos acorrala agitando aquellas manos y aquellos cascos. podéis soportar los horrores mientras agacháis simplemente la cabeza; pero en cuanto reflexionáis, os matan.

¡Madre, madre! ¿Cómo puede comprenderse que yo deba separarme de ti? ¿Quién tiene derecho sobre mí sino tú?

Cuando uno se siente solo es cuando empieza a observar la naturaleza y a amarla

No sé de ellos nada excepto que son prisioneros y, precisamente, esto es lo que me conmueve. Su vida es anónima e inocente... Si supiera algo más de ellos, cómo se llaman, cómo viven, cuáles son sus anhelos, qué es lo que les mueve, mi emoción tendría un objeto y podría convertirse en compasión.

—Sí —pienso amargamente—, somos así nosotros, los pobres. Nunca nos atrevemos a preguntar el precio a pesar de que nos preocupe terriblemente.

—Es curioso pensar en esto —sigue Kropp—; nosotros estamos aquí para defender nuestra patria. Pero también los franceses defienden la suya. Entonces, ¿quién tiene razón?
—Quizá los unos y los otros —murmuro sin convicción.
—Correcto —dice Albert y leo en su cara que quiere meterme en un callejón sin salida—, pero nuestros profesores, nuestros pastores y nuestros periódicos dicen que sólo tenemos razón nosotros y quiero creerlo; sin embargo, los profesores, los pastores y los periódicos franceses pretenden tener razón tan sólo ellos. ¿Cómo te lo explicas?
—No lo sé —digo yo—. Sea como sea, estamos en guerra

¿Qué harán nuestros padres si un día nos levantamos y les exigimos cuentas? ¿Qué esperan de nosotros cuando la guerra haya terminado? Durante años enteros, nuestra ocupación ha sido matar; ha sido el primer oficio de nuestra vida. Nuestro conocimiento de la vida se reduce a la muerte. ¿Qué puede, pues, suceder después de esto? ¿Qué podrán hacer de nosotros?

la guerra es una causa de muerte como el cáncer o la tuberculosis, como la gripe o la disentería. Sólo que los casos mortales son más frecuentes, más variados y más crueles.


Sin novedad en el frente
Erich Maria Remarque
Círculo de Lectores
España
1929
151 páginas

Cambios, de Mo Yan

No es fácil juzgar una obra literaria escrita en otro idioma y a la que se accede sólo a través de la traducción, sobre todo cuando el idioma original no es el inglés, el francés, el portugués o el alemán, sino del chino, en el que los traductores no son tan abundantes. A veces los libros que llegan al español desde el chino o el japonés fueron traducidos primero al inglés y lo que logra leerse es una traducción de la traducción.

Leí Cambios, de Mo Yan, Premio Nobel de literatura 2012 y aunque la traducción fue chino-español, se trata de un español de España plagado de "cutre", "gilipollas" y otras perlas que hacen difícil diferenciar la paja del heno. Supongo que es ese el problema, porque de lo contrario estamos ante una obra menor de quien se supone es un grande de la literatura, como se supone que son todos los Premios Nobel (entran risas).

Cambios es un relato corto, autobiográfico, en el que Mo Yan relata pasajes de su niñez en Gaomi, al noreste de China, cerca del mar de Corea. La vida pobre y esforzada del campo, la influencia de El Partido en todos los aspectos de la vida cotidiana y las distancias y dificultades para conseguir cualquier cosa marcan el ritmo del relato. A partir de anécdotas puntuales el texto avanza y Mo Yan, ante la imposibilidad de lograr un cupo para la educación superior, se enrola en el ejército, allí muy lentamente asciende, hasta que logra estudiar letras y convertirse en el escritor que hoy es.

Cambios no presenta ni mucho menos una visión crítica del Partido Comunista o de "la situación" en China. El relato es el de un niño y luego un joven cándido, pobre, que se deslumbra con Pekín y que aspira a que sus padres tengan una vejez menos dura. La voz ingenua del niño recuerda a la de Kenzaburo Oé, en La Presa. Los cambios que sufre ese niño, luego  adoleschente, luego adulto, son también los cambios del país.

Algunos fragmentos:
Para un árbol, cambiar de sitio es la muerte; para un hombre, cambiar de sitio es la vida.

Antes, cuanta más grasa llevaba la carne, mejor; ahora, en cambio, lo que está de moda son las empanadillas de verdura. En cosas así se ve cómo cambia todo.

Ahora lo único que deseo es que alguien invente cuanto antes un conversointerlingüístico que sea a la vez simple, práctico, rápido y preciso, para resolver mis dificultades en el extranjero.

lo que demuestra que los asuntos de este mundo sufren infinitos cambios y evoluciones, que la suerte reúne a las parejas predestinadas a través de las más extrañas e imprevisibles coincidencias. No hay nada imposible.

Si un hombre no puede casarse con la mujer a la que ama, tiene que buscarse una que le aporte el mayor número de ventajas posible.

Cambios
Mo Yan
Editorial Seix Barral
Bogotá
2012
127 páginas

lunes, 5 de enero de 2015

Transmutaciones, literatura colombiana actual, de Antonio María Flórez

En el prólogo de esta selección, Antonio María Flórez hace un breve recuento de la historia reciente de la literatura colombiana, para señalar que los cinco autores seleccionados para ser incluidos en este texto (tres caldenses) podrían corresponder a lo que Orlando Mejía Rivera denomina como la "Generación mutante".

La selección incluye Toque de queda, de Adalberto Agudelo Duque, Noticias de la niebla, de Trinufo Arciniegas y El álbum de Mónica Pont, de Octavio Escobar Giraldo, que ya fueron reseñadas de manera individual en este blog, así como una selección de poemas del volumen A las cosas que odié, de Andrea Cote Botero, dedicado especialmente a la tierra, sin ser costumbrista, y tres ensayos literarios de Orlando Mejía Rivera.

Se trata de una selección arbitraria, como todas, y quizás dispar. Se incluye cuento, poesía, ensayo y novela, que puede ser como juntar peras con manzanas, sobre todo si los seleccionados en cada campo no son lo más representativo de cada género. Sin embargo, ¿quién puede decir qué nombres son los más dignos representantes del cuento o la poesía actuales en Colombia? Nadie tiene la última palabra. En ese sentido esta selección es una apuesta, una propuesta y deja ver algo de lo que se escribe hoy en el país en cuanto a temas y formas.

Los ensayos de Orlando Mejía son El espíritu de Basho, Hölderlin, nuestro contemporáneo y El extraño universo de León de Greiff. En los tres textos, con la erudición, el rigor y la sencillez narrativa que lo caracterizan, Orlando Mejía explica por qué los tres poetas son testigos de su época y siguen siendo vigentes en la literatura actual. Se trata de textos claros, amenos, informativos que ilustran sobre los tres poetas pero ilustran también sobre cómo puede escribirse un ensayo literario sólido.

Algunas citas de los ensayos:
Un poeta continua vivo cuando sus palabras atraviesan indemnes a generaciones, modas literarias y campañas de publicidad. 

El poeta auténtico debe unir las palabras de tal manera que suene la música que de antemano existe, aún antes de construir las combinaciones de palabras.

Transmutaciones, Literatura colombiana actual, 
Edición de Antonio María Flórez
Editora Regional de Extremadura
Mérida, España
2009
355 Páginas 

Noticias de la niebla, de Triunfo Arciniegas


Microcuentos, relatos cortos de media página o menos, algunos de los cuales parecen poemas de verso libre, componen este trabajo de Triunfo Arciniegas, autor reconocido por su literatura infantil (su versión de Caperucita Roja es excepcional), aunque esa clasificación de "literatura infantil", moleste a quienes consideran que es ponerle un calificativo de algo "menor" a una obra mayor.

En estas Noticias de la niebla hay gatos, ojos, amantes, niñas y seres que en breves líneas alcanzan a dibujar un paisaje fantasmagórico. Hay escenas de la vida cotidiana en las que, como un salto de liebre, aparece la magia. Se trata en general de textos breves, de un párrafo o poco más, que componen una imagen a manera de postal. 

Este libro me hizo recordar Un espejo después y otros relatos, del gran Luis Fayad, en el que también con microcuentos se construyen mundos enigmáticos. 

La primera edición con 70 relatos la publicó la Editorial de la Universidad de Antioquia en 2003. La versión que leí es una selección de 37 textos incluida en la antología "Transmutaciones", de Antonio María Flórez. 

Algunas citas:
Ella, que nunca saboreó el aroma de los hombres dormidos

Duerme como las fieras que se lamen los bigotes después del festín


Noticias de la niebla
Triunfo Arciniegas
En la Antología "Transmutaciones", de Antonio María Flórez
Editora Regional de Extremadura
Mérida, España
2009
Páginas 87 a 111

Comedia romántica, de Ricardo Silva Romero

-¿Le digo qué quiero yo, Benjamín, le digo de frente qué quiero?: una conversación que dure toda la vida.

Con esa frase de Martina empieza "Comedia romántica", una novela que se parece a "Antes del amanecer", la película de Richard Linklater en la que una pareja habla y habla y habla mientras recorre Viena. Comedia romántica es un diálogo continuo de 266 páginas en el que Martina y Benjamín hablan todo el tiempo sobre su relación. El diálogo comienza cuando ella tiene 30 años (se conocieron cuando ella tenía 19) y termina cuando ella tiene 67. Es un diálogo continuo, sin interrupciones ni capítulos ni cortes, aunque a medida que la conversación avanza ellos envejecen.

Se trata de una novela (muy) ligera, light, superficial. Martina habla a los 30 años y a los 67 en el mismo tono de niña consentida del estrato 6 bogotano. Y Benjamín, que nunca ha salido de Bogotá, habla en un tono que se parece al de una mujer. Los hombres de carne y hueso generalmente no verbalizan tanto.

La novela tiene algunos pasajes futuristas al final, porque la novela termina hacia los años 30 del Siglo XXI. Se trata de la contracara de El Espantapájaros, novela sobre la violencia colombiana que Ricardo Silva publicó en una edición doble bajo el título "Erase una vez en Colombia".

Algunas frases:
me ha dado la impresión de que usted es una esposa de esas de verdad. De pronto un poco narcisa, treinta por ciento egoísta, treinta por ciento dramática y cuarenta por ciento sensible, pero, como perro que ladra no muerde, a la larga no es nada del otro mundo. O por lo menos nada que no se pueda domesticar con un buen embarazo. 

Yo creo que estoy listo a comprarle un anillo de compromiso lleno de diamantes: uno barato.

Va a ver: el mundo entero se va a dividir en taxistas y pasajeros.

confesarle a usted que quería quedarme a vivir en su casa con sus papás (porque digámonos la verdad: lo mejor que usted tiene, su estrategia para levantar, son sus papás).

esta Bogotá tan arribista en la que los tipos lo hacen sentir a uno con fecha de vencimiento y la gente tarde o temprano da su brazo a torcer, es la vida de verdad.

este país era una pirámide que se le había plegado a tres banqueros.

no cantar en público es la única dignidad que me queda.

Yo me niego a que se me convierta la vida en un taller de reparación de mí misma como a esas amigas que un día lo llaman a uno a decirle "mi psiquiatra me dijo que te dijera que te perdono por todo lo que me hiciste en la primaria".

yo, que soy una sobreviviente del matrimonio, le puedo decir que uno tiene que casarse con una persona con la que pueda pasarse toda una tarde en un centro comercial o, por lo menos, en el peor de los casos, con alguien que quiera hacer mercado con uno.

La pasión del matrimonio, Dios mío, imagínese usted el tamaño de la estupidez: ni que no hubieran tenido papás.

una flor no puede cuidar de otra flor: todas las relaciones de pareja necesitan que alguno de los dos sea un jardinero.

así como es imposible que un gringo viva la vida igual que la vive un japonés, no es posible que un hombre entienda del todo a una mujer, hay muchas cosas que se pierden en la traducción.

dejar de tocarse es como olvidar la mitad del alfabeto.

yo le hago daño a veces porque no tengo a nadie más para dañar.

La gente es bruta: solo hay que entrar a los baños públicos para darse cuenta.


Comedia romántica
Ricardo Silva Romero
Editorial Alfaguara
Bogotá
2012
266 páginas

viernes, 2 de enero de 2015

Toque de queda, de Adalberto Agudelo Duque

No sé si Toque de queda es una novela o un cuento largo o varios cuentos. En todo caso eso no importa, y además esa sensación de no saber "esto qué es" no es ajena a lo que escribe Adalberto Agudelo.

El texto está dividido en varias partes: La noche de las barricadas (que entiendo apareció como cuento independiente), La manifestación, La ejecución y Los funerales. El tema son las protestas que ocurrieron en las universidades públicas de Manizales en 1976 y que dejaron un estudiante muerto y pérdidas en muchos locales comerciales luego de varios días de enfrentamientos entre los universitarios y la fuerza pública.

La narración es en segunda persona del singular, esa forma escasa en la literatura que eligió Carlos Fuentes para Aura. Acá, un estudiante le cuenta a alguien (quizás otro estudiante), que "La cosa fue tesa llave", y describe los abusos de los uniformados, en un tono que me hizo recordar a Los soldados, de Alvaro Cepeda Samudio, en La casa grande. 

A Agudelo le gustan los juegos formales. Lo suyo no es la prosa limpia y diáfana que se lee para centrarse en la historia y avanzar a zancadas entre página y página. A él le interesa jugar con el narrador, con el punto de vista, la repetición y toda la pirotecnia gramatical. Hay quienes lo acusan de escribir para ganar concursos y ser efectista. No sé si lo sea o no, pero a veces tanta parafernalia distrae la lectura. O la vuelve críptica como en De rumba corrida. En Toque de queda la historia es clara (y breve). Si es memorable o no, sólo puede decirlo el tiempo. 

Algunas frases:
A la luz del día la soledad es menos soledad y el miedo menos miedo.

A la larga, ninguna espera rinde sus frutos.

cuando pienso cuán fácil es morir me pregunto por qué mueren unos y no otros o si esa es la muerte que nos toca. Sí. A veces la muerte se equivoca de muerto. Todavía no entiendo por qué debías ser tú.

Sentían miedo pero muchos miedos juntos eran capaces de ganarle a la derrota las más duras batallas.

Toque de queda
Adalberto Agudelo Duque
En la Antología "Transmutaciones", de Antonio María Flórez
Editora Regional de Extremadura
Mérida, España
2009
Páginas 40 a 86

El álbum de Mónica Pont, de Octavio Escobar Giraldo

Leonel Orozco es un escritor manizaleño parecido a Octavio Escobar. Viaja a Cadiz invitado al festival de teatro en el que la Corporación Teatral Casa Rosada presenta un montaje basado en el cuento suyo Nino Bravo que estás en los cielos. (Octavio Escobar tiene un cuento con ese título y Orlando Mejía, su coterráneo, una novela titulada La Casa Rosada).  Allí en Cadiz, Leonel conoce a un periodista colombiano que vive en Madrid. El periodista lo invita a pasar unos días en su apartamento y Leonel aparece allá unas semanas después.

Mónica Pont es una actriz española de cine, teatro y televisión. Una diva cuya imagen se repite en revistas, afiches y vallas. Estando en Madrid, Leonel se obsesiona con un afiche de la actriz en una estación del metro y empieza a escribir sobre lo que ve: la imagen de ella, el afiche mutilado, un afiche sobre la antigua imagen. 
Esos textos, más otros sobre temas varios, los envía Leonel Orozco desde Tánger a su amigo periodista en Madrid. El periodista transcribe y publica los escritos de Leonel cuando ya no se tiene noticia de él. El libro es un éxito en ventas y para una segunda edición el periodista escribe un prólogo más extenso sobre cómo conoció a Leonel, lo que se sabe de sus días en Cadiz y Madrid. Ese prólogo constituye la obra. Es decir "El álbum de Mónica Pont", la obra de Octavio Escobar, es un prólogo de El álbum de Mónica Pont, el libro de Leonel Orozco del que sólo conocemos los apartes que se citan en el prólogo. 
Con juegos como éste, hipertextos, citas, referencias a personajes reales como los escritores Philip Potdevin, Consuelo Triviño o Marco Schwartz. o el director del Festival de Teatro de Manizales, Octavio Arbeláez Tobón, y otros guiños a referentes culturales, geográficos y personales, se construye esta obra, cercana a esa escritura "postmoderna" con la que se rotuló a Octavio Escobar Giraldo a partir de la publicación de El último diario de Tony Flowers. El tono del libro es el de un prólogo, es decir un texto informativo, explicativo, frío, con referencias, comentarios y citas sobre el supuesto autor y el supuesto álbum. Incluye además una larga reseña sobre el pintor Pierre Klossowski, hermano de Balthus y numerosas referencias a calles y sitios de Cadiz y Madrid. 

Con este libro escrito en 2003, Octavio Escobar Giraldo ganó la IX Bienal Nacional de Novela "José Eustasio Rivera". La edición publicada por la Universidad de Antioquia no se consigue, pero el libro está incluido en "Transmutaciones, Literatura Colombiana Actual", antología de Antonio María Florez publicada por la Editora Regional de Extremadura, que incluye además obras de Triunfo Arciniegas, Adalberto Adudelo Duque, Orlando Mejía Rivera y Andrea Cote Botero. 

Algunos apartes:
Abominaba de quienes citan y citan autores pero desconfiaba de aquellos que dicen deberlo todo a la experiencia y nada a los libros, consciente de que se utiliza un código y una tradición milenarios y es posible transformarlos o rebatirlos pero no despreciarlos. En su opinión, las iconoclastias nacen de la comprensión y la rebeldía, no de la ignorancia.

"Yo soy irresistible para las mujeres", aclarando enseguida: "Ninguna me aguanta más de dos meses".

Todos quisiéramos ver en los sacrificados nuestros de cada día a los extras de una producción de bajo presupuesto, pero son reales. Lo terrible es la multiplicación de la muerte, el repicar televisivo de los ataúdes nos está insensibilizando, despojando a las víctimas de sus nombres. Vivimos en el territorio del cadáver, del ciudadano anónimo sepultado sin honores.

entregarse es experimentar la muerte con la posibilidad del regreso, abandonarse al caos, dar a la memoria licencia para recordar lo irrecordable, extrañarse en el lenguaje del olvido.

Nada sobre la tierra se puede imaginar, todo se compone de detalles únicos, frágiles, rotos con facilidad y con facilidad convertidos en dolores y nostalgias.

Aquí la muerte está relacionada con tanta grasa en la piel, la presión alta o la vejez. En mi país se muere muy fácil por bala, cuchillo o un desastre natural, o por simple desidia.

El álbum de Mónica Pont
Octavio Escobar Giraldo
En la Antología "Transmutaciones", de Antonio María Flórez
Editora Regional de Extremadura
Mérida, España
2009
Páginas 113 a 204

Después y antes de Dios, de Octavio Escobar Giraldo

A finales de los 90 un crimen estremeció a Manizales: Angela Botero, una abogada, dueña de una inmobiliaria, hija única de una conocida familia de la ciudad, le disparó a su mamá en su apartamento del Edificio El Carretero, veló el cuerpo por dos días y huyó por la carretera que conduce a Medellín sin que hasta hoy, 15 años después, se sepa de su paradero.

El homicidio fue tema de todas las conversaciones en Manizales durante varios meses: Que Ángela le dejó una carta a su tío, que estaba acosada por las deudas, que le debía plata a narcos... todo tipo de especulaciones crecieron sobre la historia. 

Esta anécdota, al igual que una estafa millonaria cometida por un sacerdote a familias ricas de Manizales, también por la misma época, son el punto de partida para Después y antes de Dios, novela que Octavio Escobar Giraldo ubica en Manizales, en 2005 (durante la agonía de Juan Pablo II), y que resultó ganadora del XLV Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro, en España, en Junio de 2014, y nominada entre las finalistas del Premio Nacional de Narrativa Colombiana 2014 que entregará la Universidad Eafit en los próximos días.

La novela se lee con el mismo vértigo de Destinos Intermedios, del mismo autor. Ambas son novelas negras en las que la tensión obliga a avanzar en la lectura. En Después y antes de dios el crimen ocurre en las primeras páginas y lo que sigue es una fuga hacia la zona rural de Aguasblancas, municipio que se parece mucho a La Dorada y que también aparece en Destinos Intermedios.  Las cosas se salen de control y las últimas líneas del relato constituyen, a mi modo de ver, uno de los finales abiertos mejor logrados en la narrativa colombiana de los últimos tiempos.

La novela es una crítica a la sociedad manizaleña, tan cómoda en la costumbre del disimulo, que le impide, por ejemplo, a los ricos venidos a menos aceptar su nueva situación. El honor de la familia, del apellido, justifican cualquier actuación por reprochable que sea. También es una crítica fuerte a la educación religiosa, a la doble moral de los muy piadosos, que se creen redentores y leen la biblia, convencidos de hacer el bien y obtener la salvación, sin darse cuenta de los crímenes que cometen, y por supuesto sin el menor asomo de arrepentimiento.

La doctorcita, la protagonista sin nombre y apellido, es un personaje sólido, ambiguo. Mata a su mamá, comienza una relación homosexual, huye, engaña y sin embargo muestra más perturbación por el desorden de su compañera que por el crimen que cometió. La Biblia le promete paz y salvación y ella, en medio de su ingenuidad, confía en el paraíso que le espera hasta el último párrafo.

Si bien la buena literatura crece en silencio y soledad, lejos de la farándula y los reflectores, es una lástima que los "grandes medios" no visibilicen más la obra sólida, robusta y variada de Octavio Escobar Giraldo. Se la pierden los muchos lectores, interesados en los buenos libros. 

A continuación, unas pocas citas:
Hay personas que tienen un olfato canino para las debilidades de los demás, para sus momentos de crisis.

Todas nuestras familias, en especial las que valen la pena, descienden de un cura

A las dos de la tarde alcanzamos la falsa planicie del páramo de Letras. la ocupan unas bodegas en forma de domo que aprovechan la refrigeración natural, y unas cincuenta casas, dos o tres de las cuales son fondas camineras. En una pequeña explanada se ven la escuela y su cancha de fútbol, donde los niños, sin pensar en los efectos de la altura, juegan usando sombrero, ruana y botas pantaneras. Disminuí la velocidad: un paisaje así, de rocas, cascadas, arenas y pastos cortos, de viento y silencio, al que el milagro de un rayo de sol despierta en las mañanas, es mi idea del cielo. 

Una fila de vehículos nos detuvo antes de llegar a Mariquita. Tras unos minutos, le pedí que se acercara al corrillo que había cincuenta metros más abajo para averiguar lo que pasaba. Las posibilidades eran varias: un derrumbe de tierra, un accidente, un ataque guerrillero, una protesta, un retén militar. Siempre he dicho que las carreteras colombianas son muy entretenidas.

El pudor es una de las pocas cosas que nos separan de las bestias.

Para quienes tenemos verdadera fe, la muerte no es un problema, pero no la profesan con sinceridad.


Después y antes de Dios
Octavio Escobar Giraldo
Editorial Pre-Textos
Valencia, España
2014
210 páginas

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La Oculta, de Héctor Abad Faciolince

La Oculta es una finca en las montañas de Jericó. Tiene café, caballos, vacas, tecas y un lago oscuro en el que sus protagonistas nadan o descansan la mirada. La Oculta es un lugar paradisíaco aunque haya sido escenario de violencia y muerte: muerte natural, muerte política y muerte por razones del azar. 

La finca une a la familia de generación en generación. Desde los antepasados de origen judío que colonizaron la región y se hicieron a esta tierra, hasta las nuevas camadas que se reúnen allí para pasar la Navidad. 

La Oculta, el libro, es el monólogo de Antonio, Eva y Pilar, tres hermanos muy distintos que cuentan sus vidas, la historia de su familia, de la finca y del país, a partir de sus tres posiciones muy particulares: Pilar, la hija mayor, vive en la finca, la ama y no desearía venderla jamás. Eva odia la finca desde que unos paracos intentaron matarla allá y huyó nadando por el lago oscurecido por la noche. Antonio vive en Nueva York con su novio y tiene una foto de la finca como protector de pantalla en su computador. La Oculta es su patria.

En esta nueva novela de Héctor Abad reaparecen algunos temas presentes en El olvido que seremos: la familia, la unión familiar y esa obsesión tan paisa de vivir todos juntos y reunirse a menudo; la música y el violín, que tocaba la hermana muerta en El olvido que seremos y que acá interpreta Antonio el hermano ausente; el lenguaje antioqueño que sirve para nombrar, para hacer visibles, elementos de la cultura que van desde los fríjoles y la mazamorra, hasta el colerín calambroso. 

También acá, al igual que en El olvido que seremos, reaparece esa hipótesis según la cual la suerte juega un papel fundamental en la vida de la gente. El esfuerzo, la educación, la herencia y el talento trazan destinos, pero la suerte los trastoca de manera súbita.

En El olvido que seremos aparecía Alvaro Uribe como pretendiente de una hermana. Ella lo rechazó y él bautizó a una yegua con el nombre de la mujer esquiva "para poder montarla". En La Oculta aparecen los Uribe como mafiosos que negocian caballos, y más adelante, sin nombrarlo, aparece un ex presidentico malvado, ex novio de una hermana... un tipo mandón, mal amante y eyaculador precoz, con antepasados en Salgar, Antioquia, y con malquerencia por la gente a la que no le gusta madrugar. 

El libro se construye a partir de los monólogos de los 3 hermanos, quienes se alternan para contar la historia. El lenguaje es coloquial, sencillo, cercano al habla paisa, y se evidencia un especial cuidado en la frase que abre cada monólogo, por lo general una afirmación o sentencia que resume una posición frente a la vida o un asunto trascendental. 

La obra, si bien se trata de un relato de ficción, está llena de referencias históricas, desde la colonización del suoreste antioqueño hasta la guerrilla y los paramilitares, así como de referencias personales del autor y guiños sobre gustos y amistades. Se mencionan antepasados Abad y Faciolince, la finca La Inés que es propiedad de la familia del autor, y el primer maestro de Jericó es Jorge Orlando Melo "un señor que sabía de todo", como el ex director de la Biblioteca Luis Angel Arango, por citar solo algunos. 

Antonio, el hermano ausente, dedica su vida a estudiar los antecedentes familiares, la historia del apellido Angel, de origen judío, cómo llegó a Antioquia y cómo se extendió. Una colonización que representa una epopeya en la historia de Colombia, poco narrada en la literatura reciente (la colonización antioqueña en la zona cafetera ya fue objeto de este blog, en la reseña sobre 1851, Folletín de cabo roto, de Octavio Escobar Giraldo). Esa genealogía y lo que para la familia representa La Oculta, sintetizan el orgullo paisa: una familia, un origen y una tierra. Por eso resulta magistral que en las últimas páginas se ponga todo este anclaje en entredicho, al insinuar que posiblemente la familia no sea Ángel, de origen judío, sino fruto de una relación clandestina de una abuela con un palestino, un turco. Esta sospecha, suelta al azar, resulta relevante, porque pone a tambalear lo que se presenta como sólido a través de 334 páginas. Muestra que la vida, a veces, se construye sobre verdades que resultan ser las mentiras que nos creemos.


A continuación, como siempre, algunas citas:

Los hijos y los nietos girábamos a su alrededor como planetas de un sol tibio y benigno

La puse en Facebook, que es donde ahora se hacen los anuncios, los duelos y las visitas de pésame

Pilar es la mayor y ser la hija mayor tiene ventajas y desventajas. Hay responsabilidades con las que nadie más es capaz de cargar porque los otros hermanos son muy jóvenes. Pilar no se amilana ante ninguna dificultad; ella pasa por encima de lo que sea, sin rendirse nunca. Nada le da asco, nada le da vergüenza, nada le da miedo. Cuando hay algo casi imposible de resolver, en la casa pensamos: si no lo resuelve Pilar, no lo resuelve nadie.

Los muertos no hablan, los muertos no sienten, a los muertos no les importa que los vean desnudos, pálidos, demacrados, en el peor momento de su vida, por decirlo así. O quizás haya un momento aún peor, bajo tierra, o en el horno crematorio, pero ese ya casi nunca, por fortuna, lo tenemos que ver.

La verdadera vejez le había caído de repente desde el mismo momento en que había visto que mi mamá no respiraba.

Hay oficios raros en esta vida. Y uno de los más raros y difíciles es el oficio de hija mayor.

La hamaca es el mueble perfecto para leer, dice una amiga mía.

Recordar es como un abrazo que se les da a los fantasmas.

"Recuerden que no son más pero tampoco menos que nadie. Traten de vivir entre iguales; trabajen pero no manden, ni tampoco obedezcan".

Para él, la verdad acaba siendo las mentiras que se cree.

esos genes antiguos se le notan a ella todavía. Son como los lunares,como los tics y como las manías, que los heredamos de alguien aunque no sepamos bien de dónde vienen. 

dice que ya no está seguro de nada, y que las religiones van y vienen, como las modas, que hay más religiones muertas que religiones vivas, y más dioses muertos que dioses vivos, y que seguro faltan otras religiones y otros dioses todavía por nacer y morir. 

el cacao, de donde se saca la bebida más sabrosa del mundo, que antes solo tomaban los dioses, pero algún prometeo local se la robó en beneficio de los hombres.

para salir de Antioquia, que es un lugar con un encanto tosco, pero real, y al mismo tiempo un sitio asfixiante, clerical, intolerante, racista, homófobo, conservador, o por lo menos lo era hasta la médula cuando yo me vine. Ahora lo sigue siendo, aunque quizá un poco menos; incluso hasta Antioquia ha llegado la noticia de que el mundo cambia.

el ideal de hombre que tienen en mi tierra, un tipo de bigotes y sombrero, con espuela y zurriago, de pocas palabras y de lengua tajante, cortante, definitiva, y que al hablar no emite propuestas ni pensamientos sino sentencias. Ese modo de ser es el que yo más odio.

¿Por qué el bueno y el fuerte casi nunca coinciden en la misma persona? Tal vez porque el bueno nunca puede obligar, sólo convencer.

Las dulces delicias del alcohol, su euforia suave, cuando no es demasiado y simplemente sirve para que todos conversemos más sueltos y mejor, porque todo el mundo habla de los daños del trago, de sus estragos, que no son mentira, pero hay que mencionar también sus beneficios.

Creo que en esta vida es casi imposible sobrevivir sin mentiras,  al menos sin un poco de disimulo. 

Las desigualdades surgen por el esfuerzo o la astucia de algunos, incluso por la maldad; por los vicios o por la pereza o la simple mala suerte de otros. o por herencia, que es el caso mío, pero quién tenga hijos no quiere dejarles a ellos lo que recibió o lo que consiguió. A veces por la malicia, a veces por el mérito, a veces por la suerte. 

si le preguntaban se decía católico, y hasta oía la misa todos los domingos, se persignaba, le rezaba a Dios, a un dios que no sabía si existía o no, para no tener problemas con nadie, y para no ponerse a responder demasiadas preguntas, ni propias ni ajenas. 

No hay nada raro en que la gente se enamore. Lo raro es que haya algunas personas que no se desenamoran nunca. 

un día nos alejamos de la orgía perpetua, resolvimos que seríamos fieles y que nos dedicaríamos más al trabajo y a cuidarnos mutuamente, a tratar de ser felices en la moderación y no en el desenfreno.

Uno se acostumbra a un cuerpo como se acostumbra a una finca y a un paisaje: hay algo cómodo en ver siempre lo mismo cada día: hay un encanto en la rutina, así como se disfruta más una pieza para violín que has ensayado y oído muchas veces.

Los críticos deliran con lo que no se entiende, piensan que no han leído jamás una cosa más aguda y profunda sobre el arte.

La idea de esperar a la vejez para hacer al fin lo que uno quiere hacer, nunca me ha gustado.

La vida está colgada de un hilito, y en el aire hay tijeras que vuelan con el viento.

Nostalgias bobas de un pasado más difícil, que la gente, porque no sabe lo duro que era, idealiza.

Hay gente que no se casa y entonces siguen siendo como viudos el uno del otro el resto de su vida.

Mi papá decía que nuestro gran cerebro lo pagamos caro: con mucho dolor, muchos desgarros y mucha mortalidad al nacer, por las dimensiones exageradas de la cabeza. Y eso que nacemos antes de tiempo, sin acabar de gestarnos y eso hace tan larga la crianza y tan indefensas a las criaturas recién nacidas.

Lo único que se es que el año de mi muerte empieza por 10 y seguirán otras dos cifras, seguramente inferiores a 50.

En estas palabras que también son aire, que también son humo, tan solo las sombras del pensamiento, pero duran al menos un poco más que la carne y el aire del aliento.

Se nace creyendo que la gente es buena, hasta que la vida nos va desmintendo y nos demuestra que sí, que hay gente buena, pero a su lado hay montones de gente muy mala, con malas intenciones, calculadora, solapada y malagradecida. Gente con el corazón diminuto, no como un mango sino como una guayabita verde, agria.

 A veces las desgracias son así, no se espacian a través de los años, sino que se vienen todas juntas a la vez, como pasa también con las alegrías, una tras otra. La vida está hecha de rachas de alegrías y rachas de tristezas y largos años de calma, sin sobresaltos, que son los mejores. 

De un hombre mujeriego se dice que tiene éxito con las mujeres; yo podría decir más bien, que no ha tenido éxito con ninguna, porque lo bueno -supongo- es enamorarse y seguir enamorados. Toda la vida he sentido pesar de los donjuanes. 


Él, abogado, es de los que dicen pernoctar, y no pasar la noche, occiso en vez de muerto, condiscípulo en vez de compañero, corcel en lugar de caballo, institución educativa en vez de escuela, galeno en vez de médico y otras idioteces así. 

El campo embrutece, porque no hay cine, ni periódicos, ni bibliotecas, ni salas de conciertos, teatros, exposiciones, conferencias, universidades, o gente de todo tipo que va y viene y discute en los cafés. No hay conversación inteligente, informada, que es la mejor manera de dejar de ser brutos. 

Y esta especie de hijo, mis papeles y apuntes, los quiero como a un descendiente que hablará por mí cuando yo me haya muerto.

La gloria y la tragedia del amor son tan sencillas. Yo no me explico por qué les dan tantas vueltas los poetas, los psicólogos y los tratadistas, siendo un asunto tan simple, ue para mí es así: dos se aman, y sin dejar de amarse (sin dejar de amarse, lo subrayo), poco a poco, casi sin darse cuenta, se desaman hasta llegar a odiarse.

en este mundo extraño en el que basta una imprudencia o una casualidad para que toda una vida sea ya infeliz.

A veces parece que lo más importante sucede sin motivo y de repente, como caído del cielo, como una avalancha que se desprende de una montaña y te arrastra. Muchas cosas son así, bruscas y repentinas.

La Oculta
Héctor Abad Faciolince
Editorial Alfaguara
Bogotá
2014
334 páginas