miércoles, 17 de julio de 2024

Librovejero, de Álvaro Castillo Granada

Hay algo entrañable, amoroso y cómplice en los libros sobre libreros y librerías. A quienes nos gusta leer y amamos pasar tiempo en librerías, leer sobre estos espacios produce un doble placer que hace que las páginas se recorran con la misma sensación cálida de estar bajo una cobija suave que invita a permanecer ahí por largas horas.

Pienso por ejemplo en 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff, o en La librería en la colina, de Alba Donati, y sumo ahora a este listado a Librovejero, de Álvaro Castillo Granada, un libro tan amable y afable como su autor. 

En el caso de este volumen no es posible separar la obra del artista, como se pregona ahora. Este libro es el artista. Se trata de 30 textos cortos, cada uno con título, a manera de crónica, en donde el escritor-lector-librero escribe sobre sus librerías y libreros amados, sobre sus lecturas y autores, su afición por los libros autografiados, su interpretación sobre los subrayados de los libros (con la que me identifico, porque yo también subrayo), y sobre toda esa vida que orbita alrededor del mundo de los libros: los clientes que le compran libros usados en San Librario, su librería en Bogotá; la gente a la que él se los compra en distintas partes del mundo; los autores que le gustan, los que conoce y los que quiso conocer. Una constelación de afectos que va desde el Centro Comercial Granahorrar en Bogotá, en donde tuvo su primer trabajo como librero, hasta calles y casas de Cuba, un país en el que pasa largas temporadas cada año y que es como su segundo hogar.

Álvaro Castillo podría presentarse como el librero de Gabriel García Márquez, el autor que lo bautizó como "Librovejero" (lo cual no es menor, teniendo en cuenta el cuidado con el que el Nobel asignaba los nombres de sus personajes, desde Pilar Ternera hasta Remedios La Bella), pero Castillo rebosa sencillez. Tiene amigos escritores, pero los menciona por su amistad y no por sus premios, y se refiere a escritores como Benedetti o Fina García desde el fervor que le producen sus textos. 

Librovejero reúne piezas de distinta intención narrativa y longitud. Algunas son perfiles, otras parecen crónicas, hay una preciosa nostalgia sobre el amor ido (Cinema Paradiso) y una del final se parece más a una conferencia. Unas cuantas anécdotas se repiten, aunque como cuando uno cuenta un cuento, siempre narra con detalles distintos o desde otra perspectiva. Librovejero se parece a las librerías de usados: esconde en su interior joyas insospechadas. Se trata de dejarse tentar. 


Algunos subrayados

Siempre me ha gustado mirar revistas, es más, me fascina (uno de los mejores regalos que me pueden hacer es revistas viejas). Nunca se sabe lo que se va a encontrar. Son como una caja de maravillas: puede aparecer desde la foto extraordinaria de una mujer que recortaré y pegaré en mi ejemplar de Rayuela (de la que después sabré su nombre y me enamoraré perdidamente) o un artículo sobre un escritor que hará parte del "archivo" que voy construyendo (p. 19).

Cada librería era un mundo en el caul se podían identificar no sólo los gustos literarios de sus propietarios sino, también, la ideología política a la que pertenecían. Y los libreros estaban en consonancia con ella. Hacían parte de esa posición (p. 25). 

A los libros les debo todo en mi vida. Soy un librero. Esta frase, que puede sonar extraña o exagerada, en mi caso es cierta. Totalmente. Sin el menor resquicio. En algún momento dejaron de ser los objetos detrás de los que escondía mi timidez (también para eso sirvieron, cómo no) para ser las rocas, los ladrillos, las cabillas, las tablas, las puntillas, las ventanas con las que fui construyendo (y lo sigo haciendo) al que soy. Al que está y habita en este mundo (p. 29). 

Cualquier colección es imposible de hacer en solitario, sin la complicidad y solidaridad de los demás (p. 37).

Cuando era niño hacía listas inmensas de libros que quería leer y tener. Estos dos verbos siempre han estado asociados en mí: solo me siento bien leyendo mis libros. Saber que puedo manosearlos y subrayarlos, dejar mi huella en ellos como un testimonio: un lector estuvo aquí (p. 43). 

Creo que cuando un librero se va, se transforma en una memoriaque habita los libros. Se hace un recuerdo, una historia, una leyenda, que va a sumarse al libro que se desprende y emprende su camino (p. 46). 

Para ese entonces ya tenía mi circuito de librerías en Buenos Aires. Es lo primero que hago cuando llego a una ciudad. Voy haciéndola a partir de las librerías que descubro en mi andar, las que se cruzan conmigo y las que otros como yo me recomiendan. Así también se comparte una ciudad (p. 54). 

Así es como escribo: me cuento una historia para que otros la vean (p. 61).

Ese es uno de los milagros de la poesía que no ocurre con frecuencia: encontrar una mirada que nos ilumina y unos hace mirar el mundo de otra manera, distinta pero familiar (p. 63).

En ese lugar, que era muchos y uno, empezaron a fiarme. A confiar en que "el niño aquel" que yo era iba a volver a los ocho días a pagar lo que había quedado pendiente (p. 110).

Eso es lo que es un librero: un hombre de palabra (p. 111).

Los subrayados también corresponden al que fui en ese momento. Los recorro de cuando en cuando. En algunos me reconozco. Otros no los entiendo. Sus libros hacen parte del rompecabezas de mi biblioteca que llevo en la mente: uno a uno van llegando, armando su rostro bonachón y valeroso (p. 122).

Benedetti es, caballero, el poeta de todos. Siempre he creído que esta antipatía por él y su obra se resume en una sola palabra: envidia (p. 123).

Entiendo por librero a aquella persona (hombre o mujer) que hace del vender y comprar libros una vocación y un destino (p. 128).

La lectura puede ser una opción de conocimiento y cambio no limitada por los caprichos del mercado. El librero se transforma así en un partícipe de la metamorfósis. Los ojos se abren, la mente se expande, el mundo es ancho mas no ajeno (p. 131).

La lectura, a pesar de ser un acto solitario, es un espacio de encuentro. De unión. (p. 133).

(citando a Cortázar) En realidad alguien dijo, no sé quién, que cuando uno subraya un libro se subraya a sí mismo, y es cierto. Yo subrayo con frecuencia frases que me interesan en un plano personal, pero creo también que subrayo aquellas que significan para mí un descubrimiento, una sorpresa, o a veces incluso una revelación y a veces también una discordancia (p. 143). 

Librovejero
Álvaro Castillo Granada
Fondo de Cultura Económica
Bogotá
2021
158 páginas

domingo, 7 de julio de 2024

El velo que cubre la piedra, de Ignacio Piedrahíta Arroyave

"Las narrativas contemplativas de Piedrahíta" es como denomina Daniel Jiménez Quiroz a ese estilo del geólogo-escritor Ignacio Piedrahíta Arroyave en la segunda edición de El velo que cubre la piedra, un libro que reune 28 textos cortos a medio camino entre el relato, la crónica y la columna, en los que el autor camina, observa y reflexiona sobre lo que ve.

Este volumen recoge textos escritos en distintas épocas y de extensión variable: hay una caminata a un cerro de Medellín, una toma de Yagé, un viaje de cinco días en un barco de la Armada colombiana, una historia sobre la Patagonia argentina, otra sobre la conquista del Polo Sur, varias sobre Nueva York, una de un documental sobre un esquimal del Polo Norte... Todos los temas pueden caber en la curiosidad del autor. Todos los sitios pueden convertirse en motivo de escritura. Es su mirada, aguda y reposada, lejana a la coyuntura, lo que le da a estos textos una especie de solidéz geológica, de imperturbable vigencia, lejana a la actualidad.

El libro viene acompañado de un conjunto de ilustraciones, a manera de cómic sin texto, que acompañan y complementan algunas de las historias del libro. La autora de las imágenes a color es Yapi, nacida en Itaguí.

Algunos subrayados
es una de esas personas que aprendió a hacer de la humildad la mejor de las armas para sobrevivir (p. 27).

En la vida todo es mezcla y combinación, quen busca la pureza se decepciona (p. 27).

Antes de que las culturas pudieran ponerse de acuerdo a través del teléfono roto de la globalización, todas consideraban al oro como una de sus posesiones más valiosas (p. 50).

El oro, como muchas cosas bellas, se obtiene a través de un proceso sucio (p. 51).

Pero hay uno en especial que hace cambiar la manera cómo percibimos el cielo, el SO2, dióxido de azufre, que al mezclarse con vapor de agua va a formar diminutas gotas de ácido sulfúrico. De ahí que los amaneceres y los atardeceres se vean empañados y amarillos (p. 58). 

Lo mejor de navegar es que, una vez se zarpa, los problemas de la vida corriente quedan en tierra firme (p. 72). 

En un bargo, hasta el capitán se puede marear, pero nunca el cocinero (p. 77). 

(Pitágoras citado por Ovidio:) La tierra es un ser vivo y tiene pulmones que por mil respiraderos exhalan fuego (p. 80).

La mayoría de los que se dedican a la pluma se desahogan escribiendo en las redes sociales y columnas de opinión, desde donde se atrincheran y disparan con incuria (p. 125).

Nombrar el paisaje es uno de los mayores placeres de un paseo por el campo. Decir ahí va un azulejo o, están florecidos los samanes, o, ya más selvático que campestre, se escucha a lo lejos el cascabel de la serpiente; qué bello y qué agradable y, a medida que pasa el tiempo, qué nostálgico (p. 145). 

La roca es afuera y adentro y en todas direcciones, en cualquiera de sus infinitas caras se halla uno un ambiente, una atmósfera del pasado remoto (p. 147). 

Resnick era un escéptico del éxito del artista. Concebía el proceso creativo como un movimiento oscilatorio de altos y bajos. Cuando el artista estaba en su mejor momento, era dado a pensar que cualquier cosa que hiciera estaba bien. Entonces empezaría a caer, y solo si era honesto se daría cuenta de ello y reuniría fuerzas para escalar de nuevo. Ese, según él, era el momento de verdadero crecimiento. Para seguir creciendo a lo largo de toda una carrera había que estar dispuesto a volver a hundirse. En el momento en el que un artista aprendía alguna técnica personal para evitar esa caída, habría cesado su progreso, se habría estancado (p. 188).

Girando vanidosamente sobre sí misma, la Tierra se va bronceando por partes a lo largo del año (p. 205). 

el arte de escribir está plagado de espíritus vagabundos, de mentes erráticas incapaces de efectuar la más mínima tarea ajena a la confección de su obra (p. 215).

El empleo, para quien es obsesivo por su obra, no es más que una circunstancia cruel. No solo le quita sus horas más fructuosas sino que le priva de fisgonear la vida a la hora que le venga en gana. Y, lo peor, le autoriza falsas expectativas sobre la vida, diciéndole, con su cheque mensual, que es alguien en el mundo (p. 217).

Maestro en el arte de pedir dinero fue Miller, quien aconsejaba el matrimonio a quien deseara tener con qué respaldar la solicitud de un crédito (p. 217). 

El artista es el único empleado que gana más viendo trabajar que trabajando (p. 218). 

 
El velo que cubre la piedra
Ignacio Piedrahíta Arroyave
Yaneth Pineda (Yapi): ilustraciones
Comfama y Metro de Medellín, colección Palabras Rodantes
Medellín
Octubre de 2023
230 páginas


miércoles, 26 de junio de 2024

Mis recuerdos de colegio, de Rita Andrión de Mejía

Lo poco que se encuentra en Internet sobre Rita Andrión es que fue la esposa de Alfonso Mejía Robledo, el autor de Rosas de Francia. En unos cuantos textos académicos aparecen breves referencias a su libro "Mis recuerdos de colegio", pero siempre como una glosa al margen del análisis sobre la obra de su marido.

Mis recuerdos de colegio es un libro publicado en 1938 en Pereira en la Editorial Panoramas que fundó Alfonso Mejía. La introducción escrita por él informa que el libro corresponde a la compilación de textos publicados por ella en la Revista Panoramas, en los que fue recordando historias alrededor del colegio. Este dato es importante porque el libro está construido a partir de 25 relatos de anécdotas o episodios que al irse sumando dan estructura a un relato en el que la autora rememora aventuras y travesuras de sus años como interna en un colegio de monjas en Bélgica.

El libro no trae fechas así que no es fácil ubicar la época en la que ocurre el relato, pero sí es posible intuirlo. Rita Andrión nació en Panamá en 1893. Al comienzo del libro ella dice que llegó a Bélgica luego de estudiar un año en Estados Unidos y tres años en Curazao, o sea que sumaba al menos 4 años de formación fuera de su hogar. Al final del libro la autora indica que poco después de regresar de Europa empezó la "Gran guerra europea", que inicia en julio de 1914, y también regresa poco antes de la muerte de su padre. El registro de defunción de Benigno Andrión Tejada daría un dato más preciso, aunque es claro que el libro ocurre en una época que se ubica a comienzos de la segunda década del siglo XX o finales de la primera. Es decir que Rita Andrión escribe su obra al menos 25 años después de ocurridos los hechos que rememora, y quizás pueden ser más.

Aunque el libro describe la vida en un internado de monjas, las historias de Rita Andrión no son religiosas o místicas. Su texto se regodea en describir travesuras juveniles, escapadas, risas y acciones realizadas a escondidas. Hay también el relato del amor filial que ella siente por una docente religiosa, con la que intercambia notas y furtivos espacios. No hay insinuación de un amor lésbico juvenil aunque en un ambiente tan prohibitivo como el de aquellos años quizás el libro admita una lectura con ese enfoque. 

Otro ángulo de análisis es la literatura de viajes: aunque el libro transcurre en buena parte en el colegio, la autora narra el viaje desde su Panamá natal hasta Francia, el viaje de regreso en un trasatlántico y los viajes en tren de Francia a Bélgica. Así mismo recrea un viaje largo en compañía de compañeras de colegio a Londres.

La edición del libro se parece a la de "Memorias de un viaje", de María Botero Robledo: es un libro pequeño, ilustrado con fotografías de los lugares que se van narrando. Así mismo comparte con Uva Jaramillo Gaitán la narración similar de un suceso impactante: la muerte de un viajero dentro del trasatlántico y la imagen del cadáver que se arroja al mar. Aunque la descripción que aparece en Diario fugaz es mucho más detallada, hay similitud frente a lo que describe Rita Andrión.


Algunos subrayados
Muchas veces pensé que en el suntuoso colegio de Wavre Notre Dame no iba a ser feliz (p. 17)

Su belleza era virginal y sus modales de una distinción exquisita. Correspondía él nucstro cariño y se propuso ser una madre,cita angelical para cada una de nosotras (p. 20)

Estábamos en diciembre, el mes más bello del invierno. Ya habían caído varias nevadas y los árboles estaban cubiertos de nieve; el cielo bajo y gris. Otras veces, al mirarlo, me parecía que el hielo se me iba corazón adentro (p. 26).

pedimos a Madre Matilde que nos prestara unos hábitos para vestirnos de monjas, a lo que ella accedió gozosa. Mucho gozamos poniéndonos esos, para nosotras, molestosos ropajes y recuerdo yo que al verme en el pequeño espejo de mi tocador me pareció que aquello de mi apariencia monjil era una realidad y exclamé angustiada: -Nó, nó, núnca seré monja!. ..(p. 30).

en los países civilizados, de vieja cultura donde las gentes están acostumbradas e ver y a comprender el arte desde su niñez, nadie se extraña ni se altera ante un desnudo que representa una obra de arte (p. 32).

Traducíamos del inglés al francés los poetas y escritores ingleses; entre los difícles recuerdo el canto guerrero de Walter Scott, -The Lay of the last Minstre,.; -Harnlet- ,- «Julius Ceaser-, « Othelo » ; «The Comedy of Errors- de Shakespeare, y muchos otros de Dickens, .Wordwooth, Longfellow, etc (p. 43).

Rita es de un caracter alegre y franco y magnifica arruga; es muy buena o muy mala alumna, depende de la maestra. Si usted logra interesarla realmente, tendrá en ella la mejor alumna y una armga adicta» (p. 46).

la Reverenda Madre, María Josefa quiso que yo recitara en español y me enseñó, una bellísirna composición de Zorrilla (p. 47).

En cuanto a paisajes, el. belga tiene muy poco atractivo, porque es siempre igual; su suelo es llano, cultivado integralmente; tierras bajas, donde no se. puede admirar ni una pequeña montaña, ni siquiera una colina que valga la pena (p. 48).

Sin ofender la modestia, creo que puedo decir que las latino-americanas éramos siempre las más desprendidas y que las monjas, a la vez que se extrañaban sentían gozo marcado con nuestras dádivas (p. 67)

Otra vez ya me había contestado en forma semejante al contarle que me había robado unas manzanas del jardín: 
-Cuántas? 
-Tres, padre. 
-Mañana róbate seis! (p. 76).

Siempre había recordado la costumbre de mi abuelita materna que recibía en su casa todos los sábados a los pobres de los campos y les ayudaba a Curar de sus dolencias; ella misma les vendaba las heridas, les lavaba las úlceras, cte. y yo me recreaba pensando en el gozo de mi abuela cuando una de sus nietas pudiera ayudarla en sus uootcs tareas humanitarias (p. 97).

envidiaba a los hombres que podían ser médicos para curar a tanto desgraciado, para aliviar las infinitas dolencias corporales de las gentes, porque, aun cuando yo sabía ya que había algunas doctoras en medicina, nunca me pareció propia de la mujer esta noble profesión por considerar que la que a ella se dedica no puede cumplir a cabalidad con sus deberes profesionales o descuida la más importante y hermosa tarea que Dios le ha encomendado: la maternidad (p. 102)

yo decía que las medallas eran una responsabilidad que le daba a la vida de colegio una monotonía desesperante-, yo no quería tenerlas sin merecimientos y los merecimientos eran muy cansones, pues querían decir silencio a todas horas; jamás una escapada; abdicar de las amigas normalistas, seriedad y compostura! (p. 104) 

Quién me iba a decir también que pocos días después la gran guerra europea iba a azotar el país que yo dejaba y que mi hermoso colegio, convertido en Hospital de Sangre, iba a contemplar días de terrible fiereza y de terror sin medida! (p. 110).

Si nos ponemos a mirar hacia atrás en nuestra vida, encontramos que muchas veces se repiten en ellas algunos hechos como viajes y encuentros; entonces sino fuera porque nos duele una herida mal cicatrizada o viva aún, que lastima aquello mismo que volvemos a ver. creeríamos que el tiempo no había pasado y que jamás nos habíamos alejado de aquel s~- tío, o dejado de ver aquella persona. Y al sentir nuevamente la emoción lejana, nos parece que una daga misteriosa apuñalara nuestro corazón hasta hacerlo sangrar (p. 119). 

Amo el mar! Siento un íntimo deleite cuando voy descalza sobre la arena en busca de sus aguas tibias y acariciadoras; aspiro entonces el aire salobre que brinda alegria y ofrece salud; beben mis ojos el supremo paisaje de la infinita lejania; me tiendo gozosa sobre el lomo de la ola y siento que bulle en mí el sano deleite de vivir la vida intensamente (123) 
 


Mis recuerdos de colegio
Rita Andrión de Mejía
Pereira
Editorial Panoramas
1938
126 páginas

martes, 11 de junio de 2024

Bitácora de vuelo, de Ana María Robledo Jaramillo

"Bitácora de vuelo" es un poemario que reune 22 poemas de Ana María Robledo Jaramillo, autora nacida en Manizales en 1953 y quien, según se lee en el mismo volumen, ha publicado otros libros de poemas, así como un cuento infantil.

Los poemas de este libro giran en torno al amor, al encuentro amoroso con el amado que está ausente, y al viaje. El poema "Camino a ti" trae referentes concretos de Manizales, como la Carrera 23 y el Banco de la República, pero es una excepción en la poética de la autora, que prefiere ubicar sus creaciones en espacios etéreos o lejanos. El viaje como motivo poético es uno de los ejes de este volumen.

Es una lástima que una colección editada por la Secretaría de CUltura de la Gobernación de Caldas tenga tanto descuido en la edición de los textos: gazapos, errores de mayúsculas y otro tipo de descuidos que podrían solucionarse con un trabajo riguroso de edición y corrección.


Bitácora de vuelo
Ana María Robledo Jaramillo
Gobernación de Caldas, Secretaría de Cultura. Colección Libros al aire.
Manizales
Noviembre de 2023
48 páginas

La verdad de los ríos, de Ignacio Piedrahita Arroyave

La verdad de los ríos es un ensayo breve de Ignacio Piedrahíta, escrito en el marco del Informe de la Comisión de la Verdad de Colombia. 

El volumen trae un prólogo de Ricardo Camilo Niño Izquierdo, miembro de la comunidad arhuaca, y a continuación viene el ensayo de Piedrahíta, en donde de una manera poética describe el curso paralelo pero distante del Cauca y el Magdalena por la geografía colombiana y cómo algunas de las zonas que recorren estos ríos han sido también zonas de violencia y explotación. 

El autor crea imágenes: ambos ríos son una V, porque corren entre cañones de montañas, hasta municipios en los que se liberan de ese corsé: "Más al norte se encañona de nuevo y pasa bravo y presuroso por Antioquia, hasta que se libera de las montañas por fin en la población de Caucasia. Caucasia es al río Cauca lo que El Banco al Magdalena" (p. 35).

Se trata de un ensayo muy breve, en donde la descripción y el efecto de las palabras prima sobre los datos concretos. No es un texto periodístico ni es un documento de investigación, como los que conforman el cuerpo del Informe de la Comisión de la Verdad, sino una reflexión sobre la violencia ejercida sobre los ríos y a lo largo de nuestros ríos.


La verdad de los ríos
Ignacio Piedrahíta Arroyave (prólogo de Ricardo Camilo Niño Izquierdo)
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición y Revista Arcadia.
Enero de 2020
Bogotá
48 páginas



lunes, 10 de junio de 2024

Rosas de Francia, de Alfonso Mejía Robledo. Edición crítica de Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla

"Rosas de Francia" fue la primera novela escrita por un escritor de Risaralda, aunque su autor, 
Alfonso Mejía Robledo, realmente nació en Villamaría, Caldas, el 10 de enero de 1897.

Mejía Robledo se radicó en Pereira desde muy joven, en donde alternó labores periodísticas y literarias con trabajos cívicos y comerciales. Se casó con la panameña Rita Andrión Jaén, autora de "Mis recuerdos de colegio" (1938), conformando una pareja intelectual que en algo recuerda a la que constituyeron en Manizales Blanca Isaza y Juan Bautista Jaramillo Meza. 

La novela "Rosas de Francia" fue editada inicialmente en París en 1926, poco después de que su autor dirigiera "Nido de cóndores" la primera película rodada en Pereira. La novela fue reeditada por el autor en 1937, en su imprenta "Panoramas", y en esta segunda versión el autor hizo significativos cambios a la obra, e incluso le cambió el final.

El volumen pubicado por Alma Mater consiste en un libro de 500 páginas: las primeras 300 corresponden al estudio crítico de la obra, realizado por los profesores Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla, y las 200 páginas restantes presentan la última edición de la novela.

El estudio crítico de los profesores Gil y Montoya sirve como referente para este tipo de trabajos. Los autores explican quién fue Alfonso Mejía Robledo, cuál fue el contexto en el que se produjo la obra, los cambios que vivió Pereira a comienzos de siglo (en 1914 se instaló la primera planta eléctrica en Pereira, por ejemplo) y cómo estos "adelantos" de la energía, el teléfono y los automóviles llegan hasta la obra de Alfonso Mejía. Así mismo el estudio crítico se refiere a otras figuras intelectuales, contemporáneas al autor, como Euclides Jaramillo Arango, Emilio Correa Uribe y María Rojas Tejada, entre otros.

La novela cuenta la historia de Ricardo, un joven que llega a Manzanares un pueblo que parece ubicado en Panamá. Allí conoce a Lucila Pinar y queda perdidamente enamorado de ella. La pareja inicia una relación epistolar, de poco contacto, y finalmente viajan a la capital porque deciden contraer matrimonio. En la segunda parte los padres de Ricardo le dicen que no lo autorizan a casarse antes de que cumpla la mayoría de edad y así él decide irse a pasar esos meses en La Habana, Cuba, en donde tiene un trabajo. El desenlace de la historia guarda mucha similitud con María, de Jorge Isaacs: Lucila no soporta la ausencia de su amado y cae enferma.

Se trata de una novela "decimonónica" aunque haya sido escrita en 1926. La visión de la mujer es la que corresponde al cuerpo mariano y el protagonista es un dandy dedicado a la escritura y las artes. El amor es cándido y puro y las acciones previsibles. No obstante, se trata de una novela interesante en la medida en que revela aspectos de la cultura de hace un siglo en la región: la visión que el autor presenta sobre el país, sobre su clase social y los posibles conflictos entre los distintos personajes permiten comprender las preocupaciones de estas provincias de montaña hace un siglo.

Algunos subrayados
Del estudio crítico, a cargo de Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla

(Luis Carlos González sobre los periodistas de Pereira) "Los comunes y corrientes fueron para él Benjamín Tejada Córdoba, Carlos Echeverri Uribe, Arcesio Mejía Arango, Jesús Antonio Cardona, Obdulio Gómez, Sixto Mejía, Eduardo y Emilio Correa Uribe" (p. 32)

"1905 marcó un momento especial para Pereira, porque es el momento en que un comerciante, Don Emiliano Botero, publicó en su imprenta el periódico El Esfuerzo de Pereira" (p. 63).

"La instalación del taller de la Imprenta Nariño, el primer centro de publicaciones con que contó la ciudad (Pereir), a partir de febrero de 1909" (p. 68).

"Estos primeros escritores, poetas y educadores asumían responsabilidades de liderazgo frente a la ciudad que deseaban transformar con fines políticos, económicos y sociales" (p. 83). 

"las lecturas eran orientadas por sus madres: "Nos tocaba remendar medias y calcetines cen bombillos, mientras mamá nos leía novelitas románticas saltando hábilmente sobre párrafos y frases que ella apreciaba "inconvenientes" para nuestra edad" (p. 117). 

"Emilio Correa Uribe estaba más cerca del humor irónico y festivo de Carrasquilla y de la economía en el uso de adjetivos que fue la impronta en las breves crónicas de Luis Tejada" (p. 159)

(dice Euclides Jaramillo Arango) "el autor era considerado tanto más bueno cuanto más hiciera llorar al lector" (p. 172).

"En Rosas de Francia nada hay de misterioso: Lucila siente un amor profundo por el poeta y ahora que se ha ido de su lado le parece difícil sobrevivir a su ausencia" (p. 176).

"describe a su amada como los poetas de su tiempo, los que, de acuerdo con María Mercedes Carranza en sus observaciones sobre el tipo de mujer que a los poetas colombianos les interesaban con un fin estético, insistían en construir la imagen de una musa esclerótica, pálida y casi enferma, es decir, "el tipo de mujer del romanticismo", realzada en su decorado de "alabastros", "mármoles" y "el rojo carmín y los nácares" (p. 180).

"En agosto de 1916 su directora, María Rojas Tejada, empezó a publicar "Femeninas", el órgano oficial de la institución, que ofrecía educación desde el kindergarten hasta quinto de primaria" (p. 195). "Es claro para la directora del "Centro" el propósito sustancial de la educación femenina: la mujer era educada para la vida real" (p. 199).

(dice Euclides Jaramillo Arango) "las gentes adquirían toda clase de libros, malos y buenos, menos libros pereiranos" (p. 233).

"Ya entrada la década del treinta, Mejía Robledo opta por fundar su propia editorial, una empresa nada fácil de sostener" (p. 234). 


De "Rosas de Francia", de Alfonso Mejía Robledo
"En estos tiempos del positivismo y de los rieles, de los rascacielos y de los automóviles, revela un grado cultural, un sentimiento tan elevado en nuestras mujeres que no habíamos llegado a soñar y que hace contrapeso al egoísmo y al cálculo burgués de nuestra época" (p. 334).

"este defecto es muy común el Colombia. Por lo que sé de su geografía, puedo asegurar que es uno de los países en los cuales se ha tratado de extirpar hasta el último resto de grandeza indiana, en lo que se refiere a la designación sustantiva de los lugares" (p. 338).

"Soy católico por dogma y por estética, y no oculto mis ideas; al contrario: las pregono" (p. 343).

"-Yo quisiera saber lo que pasa en su corazón. Es tan adorable y... tan esquiva....
-Y, por lo esquiva, tan adorable. Esto lo comprendemos las mujeres. Es la táctica del amor elevado (p. 359).

"El destino es así: imprevisto y misterioso. Trae a las almas la ventura o la desolación en un momento cualquiera, y un detalle pequeño, una interrupción inesperada, pueden variar el rumbo de una vida, cambiar la felicidad en desdicha perenne o trocar la desgracia en suprema ventura (p. 372).

"Lucila Pinar era una mujer superior, de talento excepcional y de un espíritu creado para las grandes concepciones de arte y de nobleza, que no tenía un átomo de la común vulgaridad femenina (p. 387).

"Las calles de  la ciudad, zigzagueantes y estrechas estaban profusamente iluminadas con grandes farolas eléctricas. Millares de automóviles y de livianas victorias se cruzaban por las principales arterias de la capital, donde la vida nocturna tenía más agitación y movimiento, más ajetreo que en las doce horas del día. Las bocas de los teatros, cubiertas con pinturas de mal gusto, eran un hervidero de muchedumbres" (p. 414). 

"Tú sabes, madrecita mía, que no es la cuantía de los años lo que forma el estado de vejez o de juventud de los hombres. Es el alcance de reflexión, de juicio y de talento que posea el individuo" (p. 417).

"Quiero estar solo con mi tristeza y hablar con mi desgracia frente a frente, para irme acostumbrando a su fatal compañía" (p. 436). 



Rosas de Francia, edición crítica
Alfonso Mejía Robledo. Edición crítica de Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla
Sello editorial Red Alma Mater en coedición con la Universidad Tecnológica de Pereira
Junio de 2013 (primera edición de Rosas de Francia: 1926)
Pereira
504 páginas

lunes, 3 de junio de 2024

Trilogía, de Jon Fosse

Como tantos, yo tampoco había oído hablar del noruego Jon Fosse hasta que en octubre de 2004 lo anunciaron como ganador del Premio Nobel de Literatura. Leí varias entrevistas, varios comentarios y supe que era un dramaturgo muy representado, que su obra está fuertemente impregnada por la religión y que la estructura de sus textos puede ser pesada por la falta de puntos.

Con esas coordenadas entré en "Trilogía", el primer libro que leo de Fosse, y quedé deslumbrada. Cuánto amor, cuánta tragedia y cuánta maestría encerrada en apenas 160 páginas. Una prosa poética que logra saltar del presente, al pasado y al futuro sin que el lector se pierda, y que logra construir unos personajes duros y complejos, en donde el mal se reviste de ternura y la justicia aparece vengativa. 

Trilogía está compuesta por tres capítulos que funcionan como relatos con cierta independencia: Vigilia, Los sueños de Olav y Desaliento. El primero evoca la escena de José y María buscando posada antes de la nochebuena. Acá se trata de Asle y Alida, dos adolescentes muy pobres y solitarios. Asle es huérfano mientras que a Alida su padre la abandonó a los 3 años y la relación con su mamá está rota. Alida está a punto de dar a luz y la pareja busca algún lugar en Borgen, hasta donde han navegado desde su pueblo natal. Llueve mucho, hace frío, está oscuro y no tienen a quién acudir. Solo se tienen el uno al otro.

Al comienzo de Los sueños de Olav el narrador advierte: 
"ahora es Olav, no Asle, y ahora Alida no es Alida, sino Ásta, ahora son Ásta y Olav Vik" (p. 59). El cambio de nombres obedece a la necesidad de Asle (Olav) de ocultarse y huir porque ha cometido crímenes que en el relato apenas se insinúan. El narrador se detiene en la pareja, en sus figuras y sus dramas, mientras los crímenes quedan fuera de foco y por ello, aunque el lector sabe o presiente lo que Asle hace, no es posible sentir por él rechazo o aprehensión. Si en el capítulo uno la evocación es hacia las horas previas al nacimiento de Jesús, en el capítulo dos hay apartes que hacen pensar en la crucifixión: un lugar alto, con público y sin juicio. 

Desaliento muestra a Ales, la segunda hija de Alida, quien ve a su madre en su casa. Su madre lleva años muerta. Se suicidó en el mar. En este último capítulo el lector se entera de lo que ocurrió con Alida después de la muerte de Asle y el final se parece al de Alfonsina Storni.

Hay mucha maestría en la forma de narrar de Fosse. Trilogía parece un cuento de hadas (y en eso me hizo recordar a En las montañas de Holanda, de Cees Nooteboom). Hay saltos en el tiempo y saltos de narrador que, sin embargo, suenan naturales; hay un narrador poco confiable que dosifica la información y a veces suelta puntos de vista contradictorios; hay referentes geográficos concretos, pero, en cambio, no es posible ubicar la época en la que ocurre la historia. Al final del libro, como si se tratara de Las Meninas de Velásquez, Fosse escribe que uno de los personajes tuvo un nieto que se llama Jon y ha publicado poemas. Un artefacto literario perfecto que permite adentrarse en una geografía lejana, con una historia cercana.


Algunos subrayados
Así son las cosas, los hay que son propietarios de algo y los hay que no lo son, dice
Y los propietarios mandan sobre los que no tenemos nada, dice (p. 16).

Aunque lo de ser músico quizá hubiera que verlo más bien como una desgracia, dijo padre Sigvald, pero cuando se era músico, se era músico y, una vez que lo eras, ya nada se podía hacer, seguramente, al menos eso pensaba él, dijo padre Sigvald y si alguien le preguntara a qué se debía, respondería que debía de tener que ver con el dolor, con el dolor por algo o solo con el dolor, y padre Sigvald dijo que al tocar, el dolor podía aliviarse y transformarse en vuelo, y que el vuelo podía transformarse en alegría y felicidad, y por eso había que tocar, por eso tenía que tocar él y algo de ese dolor debían de compartir también los demás y por eso había tanta gente a la que le gustaba escuchar música, así creía él que era, porque la música elevaba la existencia y le proporcionaba altura (p. 35). 

El destino del músico es una desgracia, dijo entonces padre Sigvald
Siempre fuera de casa, siempre marchándote, dijo
Sí, dijo Asle
Despedirte de la amada y despedirte de ti mismo, dijo padre Sigvald
Siempre entregándote a los demás, dijo (p. 37).

No debe perderse con los hombres por poco y nada, y sí, eso fue lo que hizo ella, y ya se ve lo que ha recibido a cambio, nada, nada ha recibido a cambio, salvo la vergüenza, porque quizá no esté tan mal mientras dura, pero es que no dura, porque en cuanto te acercas a la edad en la que puedes hacer lo que quieras, se acaba, sí, se acaba, se acaba porque ya nadie te ofrece nada, así es (p. 98).

la hija tuvo un hijo que por lo visto se llama Jon y que dicen que también es músico y ha publicado un libro de poemas, pues sí, qué cosas más raras hace la gente (p. 158).


Trilogía
Jon Fosse
Traducción del noruego por Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun
Editorial Seix Barral
México
2023 (publicación original 2007)
162 páginas

domingo, 19 de mayo de 2024

Niñapájaroglaciar, de Mariana Matija

Niñapájaroglaciar es el relato escrito en primera persona por Mariana Matija, diseñadora visual nacida en Manizales que se dedica a trabajar en proyectos de activismo ambientalista que buscan cambiar la relación con la tierra.

Este libro está escrito con un lenguaje singular, cercano al tono de la oralidad, que seguramente otras mujeres que crecimos a finales del siglo XX en Manizales podemos sentir tan cercano que el texto nos convierte a nosotras, las lectoras, en otras niñaspájaroglaciar, en la medida en que abre los sentidos para ver, oír y apreciar la riqueza del entorno cercano. 

Mariana Matija visita Islandia y descubre que en islandés muchas palabras se forman de unir dos sustantivos: el volcán que explotó allá se llama Eyjafjallajokull que significa algo así como Islamontañaglaciar, y así hay otras palabras que le permiten construir a la autora, desde el lenguaje, conceptos singulares que van desde tucuerpomicuerpo, para explicar la simbiosis con una gata, hasta Niñapájaroglaciar, el título del libro, que refleja bien el tipo de ser que ella es. Con ese lenguaje ella comunica y saca al exterior su paisaje interno, poblado de un amor expandido a múltiples formas de vida y a distintos lenguajes distintos al habla de los humanos.

Niñapájaroglaciar es un texto autobiográfico que trasciende en mucho la mera anécdota. Hay humor, hay una crítica al colegio, hay recuerdos de la infancia y la adolescencia, hay una lectura sobre lo que significa ser niña en una sociedad machista y hay, sobre todo, un duelo que no se enuncia como tal: el duelo por los animales que se extinguen, los glaciares que se derriten y el paisaje que cambia. Las montañas que se pueblan de árboles de aguacate, en fila y uniformados como si estuvieran en un colegio. Un duelo que duele, por sentir que el paisaje amado muere y que los humanos siguen siendo incapaces de entender que son un animal más. El animal más destructor.


Algunos subrayados 

Mi corazón se convirtió fugazmente en pájaro y se reconoció en otro pájaro y no quiero que esa sensación se me olvide (p. 10).

Llegaron a mi vida inesperadamente y, como todas las cosas bellas, trajeron un nuevo vacío, el que me quedaba en el corazón y en el estómago cuando íbamos a la cabaña (p. 12).

Cuando volví a Manizales y oí un afrechero me sentí en casa. Mi casa es la sensación que me aparece en el cuerpo al oír el canto de los afrecheros (p. 16). 

no recuerdo cómo eran los nevados cuando estaba chiquita, aunque recuerdo haberlos mirado mucho. Pero sí sé cómo son ahora y puedo compararlos con fotos tomadas antes de que yo naciera y darme cuenta de cuánto han cambiado sus glaciares. Tampoco recuerdo cómo eran los cerros que rodean a los nevados, pero me imagino que estaban menos pelados que ahora. Me gustaría recordar. Me gustaría tener fotos. Me gustaría haber tenido la lucidez para hacer un registro de los nevados y los cerros que los rodean, para poder saber cómo se han transformado (p. 18).

Están en el mismo lugar pero no siguen siendo los mismos y no todo está bien. Los glaciares están subiendo, buscando pisos térmicos más fríos que no existen. Están deshaciéndose, chorreándose en riachuelos que son tragados por la vegetación esponjosa y las lagunas del páramo. El páramo, por lo tanto, tampoco es el mismo: está tragándose a los glaciares porque no le queda más remedio, y después los deja seguir chorreando hacia abajo ya convertidos en agua que no volverá a ser hielo, o por lo menos no de ese glaciar. Tal vez llegará a una bocatoma y pasará por un tubo y llegará a un grifo de un lavaplatos en una casa en la que se convertirá en hielo de cubeta para echarle a una cocacola que será bebida por alguien que no sabe que su hielo está hecho con agua de un glaciar en extinción (p. 19). 

La memoria siempre es creativa, pero unas veces más que otras. Recuerda, sí, pero también inventa y hace collages mezclando cosas que sí pasaron y que se vivieron en primera persona, cosas que sí pasaron y que llegaron a través de la experiencia de otra persona, y cosas que no pasaron pero hacen que la historia sea más interesante o más digerible o más tolerable. Y la memoria, claro, también olvida (p. 23).

no hay malestares o bienestares, sino solo estares que a veces se sienten bien y a veces no tanto (p. 36).

No sabía que ser niña implicaba tener un límite, un borde (p. 45). 

Descubrí que unas palabras mal escogidas podían matar lo que amo (p. 50).

Yo no quería correr para darle vueltas a la misma cancha ni jugar los mismos partidos obligados de baloncesto ni darme golpes en los antebrazos con los balones de voleibol que parecían de piedra ni nada de lo que nos ponían a hacer para castigarnos por el pecado horrible de ser cuerpos, de ser niñas y cuerpos en un mundo que no nos veía como animales sino como máquinas que transportan mente (p. 53). 

El colegio era el lugar en el que me tenía que vestir y comportar igual que todo el mundo, en el que tenía que pensar en cómo sentarme porque tenía falda todo el tiempo y entonces se me veían los calzones, en el que no me podía subir a los árboles ni rodar por la manga ni correr con las perras. Era el lugar en el que si me reía mucho me ganaba un regaño. Si hablaba mucho me ganaba un regaño. Si dibujaba mucho me ganaba un regaño. Era la feria del regaño (p. 56). 

en esa temporada en la que el foco de mi atención se hizo más y más pequeño, hasta que parecía que solo cabían mis propios inflamados dramas, cuando pensaba que iba a descubrir quién era yo metida en un salón de espejos, mirándome a mí misma y a otros que se me parecieran, mirándome el ombligo sin verlo (p. 64). 

Hay gente que piensa que llorar por la muerte de un perro amado es una exageración, pero es porque nunca han amado a un perro, así que en sus vidas no cabe el vacío de esa ausencia. Para que haya espacio para ese vacío la vida se les tendría que haber expandido antes lo suficiente para contener todo ese amor (p. 66). 

Y cuando se acababan las vacaciones -o al menos la parte de las vacaciones que pasaba en la cabaña 4- y volvíamos por esa misma carretera hacia Manizales, me quedaba mirando los bordes negros de esos árboles en contraluz en un fondo de atardecer de muchos colores, y sentía esa mezcla entre tristeza y alegría que suele aparecer en el paisaje interno cuando uno se despide de un paseo y vuelve a la casa (p. 133). 

Hasta llegar a Bogotá que también está arriba y por eso también es fría, aunque es un frío que siempre sentí muy diferente al de Manizales, más seco, con menos nubes, sin miradas directas de glaciar (p. 138).

no recuerdo haberme sentido orgullosa de haber nacido en Manizales. Tampoco me avergonzaba, sencillamente no pensaba que haber nacido en una ciudad particular pudiera decir algo importante sobre mí o pudiera tener algo que ver con quién soy (p. 140). 

Manizales va a cambiar un montón cuando se termine de morir el glaciar del Poleka Kasué. Va a cambiar mucho más de lo que podemos percibir, más de lo que muchos humanos están dispuestos a reconocer. El cambio no va a ser simplemente que se deje de ver la cubierta blanca de una montaña, porque cuando se extingue un glaciar no solo se extingue ese glaciar, sino que con él se extinguen todas sus relaciones: aparecen dolores de ausencia en los paisajes internos de todos los seres que lo han amado y se extingue su propio paisaje interno. Se extinguen las conversaciones que surgen entre su brillo blanco y el de las nubes que le pasan por encima, las cartas subterráneas que le escriben sus aguas derretidas a las raíces de las plantas paramunas, se extinguen familias de rocas que se mantienen juntas bajo su peso, se extinguen las caricias específicas que el viento tiene para las formas de ese hielo, se extinguen los caminitos que ha aprendido a horadar el agua, se extinguen las canciones que canta con aire frío y que escuchamos con la piel los animales que vivimos bajo su mirada (p. 143). 

Me encerré para protegerme de la tristeza y no me di cuenta de que me metí en una jaula (p. 151).

El volcán está activo. Echa fumarolas, echa cenizas, tiembla. Tiene hielo arriba y fuego adentro. Es un borde. Un fin del mundo. Estoy suficientemente lejos para que parezca que lo único que pasa es lo grande, pero cada vez que miro procuro recordar que allá siempre está pasando también lo pequeño. Aunque yo no los alcance a ver desde aquí, allá hay conejos de páramo corriendo y escondiéndose entre los matorrales, hay pájaros haciendo nidos en las ramas de los arbustos, hay bichos escarbando la tierra y abriendo madrigueras para poner huevos, hay lluvia cayendo y rodando por los pelos de las orejas de los frailejones y por los pelos de las orejas de las vacas, hay plantas pequeñísimas haciendo hojas nuevas, hay conversaciones entre todos los animales, entre la fumarola y el aire, entre la ceniza y el hielo. Afilo los oídos para escuchar esas conversaciones pequeñas. Me dicen que la Tierra habla por arriba, por abajo, por la mitad. Habla en voces de hace millones de años. Algunas desaparecieron y ya no se oyen. Otras han cambiado tanto que parece que ya no son ellas pero todavía no se han ido (p. 189).


Niñapajaroglaciar
Mariana Matija
Editorial Rey Naranjo
Bogotá
2023
192 páginas

sábado, 18 de mayo de 2024

Un mar, de Ignacio Piedrahíta Arroyave

El geólogo y escritor Ignacio Piedrahíta Arroyave publicó en 2006 la novela "Un mar", un texto de ficción construido a partir de su conocimiento sobre la minería, la exploración y las rocas, en este caso las piedras calizas, y en el que la narración fluye con ese ritmo pausado y hondo que es habitual en sus textos. "N
o hay prisa para la tierra en estas profundidades", escribe en un aparte de esta novela, y ese "no hay prisa" está presente también en la forma de narrar.

"Un mar" está estructurada en 25 capítulos cortos que cuentan unos meses en la vida de Arenas, un geólogo que se traslada a una ciudad al lado del mar para liderar la exploración de una montaña en la que una fábrica cementera espera encontrar roca caliza. La superficie de la montaña no permite ver lo que hay en su interior. Es necesario perforar con paciencia y con la certeza de saber que muchas veces la exploración no conduce a un hallazgo de valor. Lo mismo hace el escritor con el personaje: de Arenas vemos su uniforme, su rutina, su vivienda, pero es necesario explorar a través de las páginas, con mucha paciencia, para poder identificar sus pensamientos más profundos. 

La novela recrea la cotidianidad de una exploración minera, un ambiente fuertemente masculino, pero al mismo tiempo explora una veta que al comienzo apenas se insinúa y luego empieza a crecer: el interés de Arenas por una mujer casada. Esa condición de casada ofrece un sustrato tan conocido para el lector que el autor se abstiene de cualquier exploración existencial o juicio de valor. Los hechos y las ensoñaciones permiten construir un relato que va del corazón de la montaña a la profundidad del océano, en donde el protagonista Arenas se muestra como un personaje mineral: pausado, reservado, cerrado, solitario. Sólo el tiempo permite verle variaciones.

Esta novela fue ganadora de una beca de creación en Medellín y finalista de un concurso convocado por Mincultura. Hizo bien la Editorial Eafit al decidir volver a editarla en 2023.


Algunos subrayados
El exterior de una piedra se asemeja a un velo (p. 32). 

Con su herramienta parte la roca y examina su anatomía interna con el fin de averiguar su pasado. Su oficio tiene algo de examen oculto de los hechos antiguos (p. 32). 

Hay algo de macabro en esa condición de explorador, pues se trata de entender el funcionamiento de la tierra para ir directo a su destrucción (p. 35). 

el secreto de esta profesión es pasar inadvertido (p. 88)

Bajemos más y más, no importa el calor, no importa la presión, nuestros oídos son de cuarzo y nuestros cuerpos de vapor. sienta lo que ocurre aquí debajo de la corteza de la tierra, todo es calor y presión, mire las rocas cómo se funden y se oprimen unas contra otras. Ahora entréguese a ese magma. Ese es el punto de partida de nuestro viaje, ahora comenzaremos a ir hacia adelante. Suspéndase, sienta que a pesar de nuestro esfuerzo hay algo que nos empuja hacia arriba, es la roca fundida que quiere subir porque está muy caliente y necesita enfirarse. Venga aferrémonos a esa masa incandescente que va lentamente hacia arriba, no podrá hacernos daño. Tardará millones de años en subir a la superficie, pero no hay problema, podemos esperar: no hay prisa para la tierra en estas profundidades. Viajemos con ella en el tiempo hasta que llegue a la cima, hasta que ella misma sea la montaña. Nosotros somos ahora la montaña. ¿Lo comprende? (p. 103). 

cada pie que penetra el taladro equivale a miles de años rumbo a ese pasado de aguas cálidas y transprentes, anteriores al lio y a la arcilla que lo cubrieron todo (p. 113).

Lo extraño de la noche no es más que su propio estado de aturdimiento (p. 121). 

Un mar
Ignacio Piedrahíta Arroyave
Editorial Eafit
Medellín 
2023 (primera edición 2006)
178 páginas

lunes, 13 de mayo de 2024

Jardín en tierra fría, de Fátima Vélez

Hay un padre de familia que lleva 40 años construyendo una casa con "techos colosales de bambú". Una casa que, en realidad tiene varias casas: hay una cocina común, pero la hija mayor, Primera V, vive en una casa con su novio Enriqueto y con su amigo Inca, que al parecer tiene una relación con Enriqueto. En otra casa vive Rut, la segunda hermana, que ejerce como ama de casa desde que se murió Menana, quien era empleada, nana y la última pareja de Papa V. En otra casa vive Tercera V, la menor de las hermanas. Ellenín, le niñe que fue recogido por Menana, vive con Papa V aunque él lo desprecia porque no es niña.

Primera V tiene como tarea diaria y vital cuidar el jardín. Debe regar las plantas. Primera V cree que en el jardín reposan los restos de su mamá y de las mamás de Rut y de Tercera V. Cree que Papá V las mató para que él pudiera esclavizar a sus hijas.

Fátima Vélez cuenta esta historia que oscila entre el cuento de hadas y el terror con un lenguaje experimental en el que el narrador rompe a veces "la cuarta pared" teatral y le habla directamente al lector, en un guiño juguetón. El resultado es una novela corta dividida en 22 capítulos, cada uno con título, en los que el lector recorre las páginas con una sensación de extrañamiento.

La atmósfera de la novela recuerda el lenguaje de Galápagos, aunque Jardín en tierra fría ofrece una historia más lineal para el lector: la obra narra 24 horas de un lunes en la vida de Primera V. Esas 24 horas incluyen la certidumbre de que su novio tiene una relación con su amigo; visita al jardín; encuentro sexual con Ginlove, la empleada del servicio; diálogos con sus hermanas; caminata de 80 cuadras hasta una librería y desde allí con el librero hasta el Parque El Virrey, en donde dialogan con un muerto vestido de diablo (una alusión al caso del homicidio de Luis Andrés Colmenares, ocurrido el 31 de octubre de 2010 en Bogotá) y una visita fallida a una galería de arte en la que Inca expondrá su obra: una larga cadena de clips con la que piensa unir a Colombia con Indonesia.

En medio de esta sucesión de hechos aparentemente caóticos, o de vida alejada de la "normal cotidianidad", la autora cuestiona la estructura familiar, los silencios y los secretos en las relaciones de familia, el rol de las mujeres en las familias y el poder violento del padre como figura que ejerce el control. Hay además una reflexión explícita sobre el lenguaje incluyente, sobre las relaciones fluidas entre géneros y sobre la obligatoria maternidad que algunas culturas le imponen a las mujeres. Todo esto ocurre en una casa de Tierra Fría, que se ubica en un lugar que se parece bastante a La Candelaria, en Bogotá, aunque los referentes de espacio y tiempo son vagos, como corresponde a un cuento de hadas.

Por último, la autora salpimienta su construcción con un verso de la argentina Olga Orozco, que repite como leitmotiv a lo largo del texto, y lo complementa con intertextos de Lorca, entre otros.

Algunos subrayados
Tú eres de esos homosexuales que les encantan a todos porque creen que eres heterosexual y fantasean con ser tu primera experiencia (p. 14). 

Empezar la semana sin madrugar quiere decir que tampoco esta semana encontrará trabajo (p. 18).

Me gusta mirar a la gente, escuchar, oler, me gusta comer, me gusta leer, me gusta soñar, ¿a quién le pagan por eso?

un sueño en la literatura no es más que un error de principiante (p. 19).

Los sueños, dijo Enriqueto solemne, Se inventaron para no dejarnos descansar; dormir debería ser como morirse (p. 19). 

eso en el caso de que aún esté viva, de que Papá V no la haya matado,
como Primera V sospecha que hizo con todas las mamás (p. 25). 

una discusión que ella gana porque él se cansa antes (p. 28).

el jardín de atrás, el lugar donde ella cree que están enterradas las mamás (p. 32). 

Nos tiene de esclavas, mató a nuestras mamás para que fuéramos siempre sus esclavas, para que ellas no pudieran protegernos (p. 39). 

su papá podía ser lo que ella quisiera, incluso un asesino de mamás, pero era su papá y la mantenía (p. 40). 

pero es que cuida tus palabras, que son poderosas, crean realidades (p. 40). 

cuando se tiene un jardín y no se le cuida, cobra venganza (p. 43). 

Ninguno de los clientes de Papá V sospecharía que esas casas, de las que se sienten tan orgullosos, en las que tejen sus vidas privadas, sus secretos, sus relaciones familiares, vienen de la pulsión de lanzar electrodomésticos por la ventana. Los impulsos de la violencia y de la creación unidos en un hombre (p. 46). 

Convivir con la violencia para encontrar la creación ¿vale la pena? (p. 47). 

Lo que a ella le gustaría es ser Primera V, no dejar de serlo pero sentir, al menos por un microsegundo, un pene incorporado y orinar como Papá V y tocar a Enriqueto mientras se bañan y penetrarlo y que él la penetre mientras ella penetra a Inca, qué horror esa imagen (p. 49).

mientras nadie escriba, alguien tendrá que tomar al menos una foto (p. 51). 

Está convencida de que cuando Papá V dejó de quererla, ella paró de crecer (p. 53). 

Le gusta pensar que ella no es una mujer, que en realidad es un hombre en cuerpo de mujer, un hombre al que no le atraen las mujeres sino los hombres (p. 58). 

en qué momento dizque, el correcto lavado de los dientes sin desgastar el cepillo y la forma de escribir puntuando aquí tildando el hiato en la vocal cerrada con las palabras en blanquísimo orden (p. 60). 

pensar bobadas en voz alta con otra persona sintiendo la escucha de un oído, esa forma de penetración en la otra persona que es escuchar y que nos escuchen (p. 91). 

Pero un obstáculo. Las palabras si acaso rozan lo que en realidad queremos decir. Las palabras no sirven (p. 111). 

¿por qué usted siempre habla en masculino? Puedo usar la "e" si prefiere.
Dani alza los hombros.
¿Cuándo has leído un libro escrito con la "e" ¿Te imaginas? ¿Cómo haces con palabras como "otro" o "lector"?
Puedes decir "le otre" o "le lectore".
Suena horrible.
Suena horrible porque no estás acostumbrade.
Acostumbrado. Sobre mi cadáver entra a esta librería un libro escrito así.
Qué facho (p. 118). 

tener una hija no es una cosa que se pueda pensar demasiado, si una lo piensa mucho no lo hace (p. 126). 

ha descubierto al fin lo que quiere hacer con su vida: se la primera humana en poner un huevo (p. 136).


Jardín en tierra fría
Fátima Vélez
Laguna Libros
Bogotá
Abril de 2024
140 páginas