Soy de quienes se dieron cuenta de la existencia de Gertrude Stein por Medianoche en París (Woody Allen, 2011). Es ella la escritora que acepta leer la novela que está escribiendo Gil Pender, el protagonista de la película, y días después le hace sugerencias que mejoran sustancialmente la calidad del libro. También la muestran como una consultora permanente de Pablo Picasso, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway,
Eso fue en los 20 del siglo pasado. Décadas más tarde, Hemingway escribió que alguna vez Stein, que solía acogerlo en su casa parisina junto con otros escritores gringos, lo increpó por bebedor, y en medio de la cantaleta le dijo: "Todos los jóvenes que sirvieron en la guerra son una generación perdida. No le tienen respeto a nada. Se emborrachan hasta matarse".
La pulla contenía un carácter definitorio, porque fue así como la escritora les acuñó esa expresión, "generación perdida", a un grupo de escritores marcados por la Primera Guerra Mundial y la crisis del 29.Adiós a las armas es un ejemplo preciso. Rebosa de aquello que mencionó Stein en su célebre sentencia: guerra, falta de respeto (a cánones religiosos y morales), alcohol y muerte.
Hemingway cuenta allí, tomando como sustancia su paso por la Gran Guerra, la historia de un gringo al servicio del Ejército italiano que resulta herido y, durante su convalecencia, se enlaza en un amor incondicional con la enfermera que lo cuida. En lo formal, uno ve desplegada la técnica de las frases cortas y de los diálogos largos y constantes que lo identifican como narrador, recursos a partir de los cuales también uno termina comprendiendo eso de sugerir en vez de decir. En Hemingway, lo dicho corresponde a acciones más que a digresiones, aunque claro: son acciones que definen las personalidades de los personajes y, en esa medida, terminan elevando su significado a algo más allá de lo meramente físico.
Más allá de la apuesta estilística, la novela se preocupa por dejarle claro al lector que quien escapa de la guerra no está a salvo del horror, ni siquiera si se refugia bajo sus cobijas, lejos de los obuses. La vida en paz, así sea con amor de por medio, también trae sus propias tragedias.
Van las frases:
Sí, yo me había propuesto ir a los Abruzos. No conocía ninguno de estos lugares en los que los caminos están helados y duros como el hierro; donde el frío es seco y la nieve finísma y también seca; donde el rastro de las liebres se puede ver en la nieve; donde los campesinos saludan levantando el sombrero y nos llaman señor, y donde la caza es abundante. En vez de estos lugares, yo solamente conocía el humo de los cafés, las noches en que la cabeza nos da vueltas y es necesario mirar un determinado punto de la pared, fijamente, para no seguir girando; las noches, en la cama, borracho, con la creencia de que no existe nada más que aquello, y la extraña sensación que produce el despertarse y no saber quién está a nuestro lado; y, en la oscuridad, el mundo irreal que nos rodea; esto se repite cada noche, es excitante, y uno lo hace con la convicción de que no existe nada más, nada más, y que todo nos es igual.
Empezaba a notar esta dificultad, tan masculina, de permanecer mucho tiempo con una mujer en los brazos.
En la cantina hablaban mucho y bebí vino porque aquella noche, de no haberlo hecho, no hubiese podido experimentar la impresión de que todos éramos hermanos.
Si nadie atacara, la guerra terminaría.
-Uno piensa, uno lee. No somos campesinos. Somos mecánicos. Pero ni los campesinos son los bastante torpes para creer en la guerra. Todos odian esta guerra.
-Al frente de los países hay gente estúpida que no comprende y no comprenderá nunca nada.
-También se enriquecen con ella.
-No la mayoría -dijo Passini-. Son muy tontos. Lo hacen por nada... por pura estupidez.
No acostumbro amar.
No hay yo. Yo soy tú. No separes tú de mí.
Pronto estarás hasta la coronilla de nuestra felicidad.
Es un buen cura, pero no deja de ser un cura.
Tenía un periódico pero no leía, pues no quería saber nada más de la guerra. Quería olvidar la guerra. Había hecho una paz aparte.
A menudo un hombre tiene la necesidad de estar solo, y una mujer también tiene esta necesidad; y, si se quieren, están celosos de constatar ese sentimiento mutuo; pero puedo decir con toda sinceridad que esto no nos había pasado nunca. Cuando estábamos juntos nos sentíamos solos, pero solos en relación a los demás. Sólo sentí esta impresión una vez, y así es como uno se siente más solo; pero, nosotros dos, nunca nos sentíamos solos, y nunca teníamos miedo estando juntos.
Cuando los individuos se enfrentan con el mundo con tanto valor, el mundo sólo los puede doblegar matándolos. Y, naturalmente, los mata. El mundo quiebra a los individuos, y, en la mayoría, se les forma cal en el lugar de la fractura; pero a los que no quieren dejarse doblegar entonces, a estos, el mundo los mata. Mata indistintamente a los muy buenos y a los muy dulces, y a los muy valientes.
No, la sabiduría de los viejos es un gran error. No es que se vuelvan más sabios, sino más prudentes.
Diario de lectura. Leemos libros, subrayamos libros, comentamos libros.
viernes, 1 de abril de 2016
viernes, 25 de marzo de 2016
Olfato de perro, de Germán Gaviria Álvarez
Olfato de perro, Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura en 2011, es un libro que en 225 páginas cuenta dos historias: la de Ignacio Madero y la de sus padres.
En primer lugar aparece Ignacio Madero, profesor de filosofía en una universidad que parece ser la Nacional. Madero tiene 59 años y está seco como un tronco: sin mayores sentimientos, duro y enfermo. Calcula que le queda un año de vida. Vive solo, su hijo está en Australia y casi no tiene comunicación con él, así como tampoco tiene contacto con su madre. Sus días aburridos y monótonos transcurren entre las clases, la burocracia académica y el oficio de conseguirse acompañantes de ocasión. Sus dolores los alivia con ibuprofeno y ron.
La segunda historia es la de los padres de Ignacio: Antonia Madero e Ignacio Ángel. Ella, hija de una familia acomodada de Neira, Caldas, conoce a Ignacio que es un hijo de un bandolero liberal del Llano. Se enamora, huye con él y lo que sigue es una vida de aventuras y penurias, en la época del Bogotazo y el comienzo de La Violencia. La pareja, con cuatro hijas mayores que Ignacio, pasa por Manizales, Sevilla, Valle e Ibagué. Luego recala en el Llano: él buscando riqueza y aventura, y ella buscándolo a él. La reconstrucción de la historia de sus padres motiva al citadino profesor universitario a emprender un viaje al Llano, que se convierte en el punto de quiebre de la novela.
En las primeras páginas del libro, el profesor Ignacio menciona obras como El buscador de oro, de Le Clézio, o Costaguana (el país ficticio de Nostromo) y El corazón de las tinieblas, de Conrad, así como La Vorágine. Las referencias no son gratuitas: Olfato de perro es un doble viaje, el de los padres y luego el del hijo, al corazón de las tinieblas o la Vorágine que son los Llanos. El cómodo profesor, así como la noble señorita que era su madre, se enfrentan con un mundo hostil, extraño, salvaje. Un entorno que los devora.
Más allá de las referencias explícitas del libro, el personaje de Ignacio recuerda a otro protagonista moribundo: Manuel, el personaje de El inquilino de Guido Tamayo. Ambos se refugian en los libros, la lectura, el licor y la compañía ocasional. Se saben enfermos y en el ocaso. Derrotados por la vida y sin grandes aspiraciones. No obstante, la obra de Gaviria tiene un anclaje fuerte con la historia colombiana: desde las guerrillas liberales de los años 50, hasta la guerrilla y los paramilitares del siglo XXI, pasando por los encapuchados de la universidad: todos tienen cabida en sus páginas, que oscilan entre la amargura y la reflexión. Las páginas más memorables, las que giran en torno a la historia de sus padres, son precisamente las que tienen más aventura y menos digresión.
Algunas frases:
Existe un orden sutil e implacable que divide el mundo de los jóvenes y el de los viejos. Como el de los hombres y el de los animales.
En las noches bebe ron para calmar esa falta de vida que trae la soledad.
No hay numen, nirvanas ni once mil vírgenes. Y eso, saber que su cuerpo disgregado será de nuevo átomos elementales y volverá al espacio eterno, lo abisma. Como si de un momento a otro tuviera que saltar a un vacío inescrutable e infinito en donde permanecerá vivo soportando la angustia de la eternidad.
Los recuerdos no nos pertenecen, sólo el futuro y el presente que vivimos. Y ahora, pensando, ¿a quién pertenecen los recuerdos? a nadie. Sólo se trata de una entidad llamada pasado que no regresará jamás y los historiadores siempre intentan reconstruir. Y sin embargo nos constituyen.
Uno más en el universo exigente de los libros que merecen no sólo ser leídos, sino ser objeto de una segunda y de una tercera lectura. Incluidos los suyos. Docena y media, para ser exactos. Olvidados por completo. Totalmente absorbidos por la masa informe de la producción académica, anodina, vanidosa, autorreferente, sin repercusión.
Tampoco está dispuesto a descender en la escala evolutiva, ni por cinco minutos, ni a rozar siquiera los nuevos avances de la insignificancia que, a cada paso, salen en la ciudad.
Ignacio no entiende el afán de las personas por escribir su biografía. ¿Por qué mostrar al gran público, por ejemplo, el pasado vergonzoso? ¿Dónde queda la vida privada, dónde el decoro, dónde la pretendida honestidad? Por otro lado, ¿por qué suponer que la vida de alguien es ejemplar?, para Ignacio, sólo es una concepción católica que los escritores no han superado. ¿No es repugnante tanta vanidad?
El perdón es una falacia. Existe comprender una conducta, unos móviles, existe admitirlos o no.
La lección es que tienen que aprender a desconfiar de los paradigmas, pero la enseñanza más importante, dudar del maestro, es la que pocos aprenden.
Comprobar que no hay nada más peligroso para una mujer casada que el antiguo hogar.
Su madre le enseñó que una dama se distingue de una mujer cualquiera porque es de un solo hombre, y si tiene que dominarlo para que cambie y permanezca a su lado, lo hace. Lo malo es que su madre no alcanzó a enseñarle cómo se domina a un hombre.
Germán Gaviria Álvarez
Olfato de perro
Taller de Edición Rocca
Bogotá
2012
225 páginas
En primer lugar aparece Ignacio Madero, profesor de filosofía en una universidad que parece ser la Nacional. Madero tiene 59 años y está seco como un tronco: sin mayores sentimientos, duro y enfermo. Calcula que le queda un año de vida. Vive solo, su hijo está en Australia y casi no tiene comunicación con él, así como tampoco tiene contacto con su madre. Sus días aburridos y monótonos transcurren entre las clases, la burocracia académica y el oficio de conseguirse acompañantes de ocasión. Sus dolores los alivia con ibuprofeno y ron.
La segunda historia es la de los padres de Ignacio: Antonia Madero e Ignacio Ángel. Ella, hija de una familia acomodada de Neira, Caldas, conoce a Ignacio que es un hijo de un bandolero liberal del Llano. Se enamora, huye con él y lo que sigue es una vida de aventuras y penurias, en la época del Bogotazo y el comienzo de La Violencia. La pareja, con cuatro hijas mayores que Ignacio, pasa por Manizales, Sevilla, Valle e Ibagué. Luego recala en el Llano: él buscando riqueza y aventura, y ella buscándolo a él. La reconstrucción de la historia de sus padres motiva al citadino profesor universitario a emprender un viaje al Llano, que se convierte en el punto de quiebre de la novela.
En las primeras páginas del libro, el profesor Ignacio menciona obras como El buscador de oro, de Le Clézio, o Costaguana (el país ficticio de Nostromo) y El corazón de las tinieblas, de Conrad, así como La Vorágine. Las referencias no son gratuitas: Olfato de perro es un doble viaje, el de los padres y luego el del hijo, al corazón de las tinieblas o la Vorágine que son los Llanos. El cómodo profesor, así como la noble señorita que era su madre, se enfrentan con un mundo hostil, extraño, salvaje. Un entorno que los devora.Más allá de las referencias explícitas del libro, el personaje de Ignacio recuerda a otro protagonista moribundo: Manuel, el personaje de El inquilino de Guido Tamayo. Ambos se refugian en los libros, la lectura, el licor y la compañía ocasional. Se saben enfermos y en el ocaso. Derrotados por la vida y sin grandes aspiraciones. No obstante, la obra de Gaviria tiene un anclaje fuerte con la historia colombiana: desde las guerrillas liberales de los años 50, hasta la guerrilla y los paramilitares del siglo XXI, pasando por los encapuchados de la universidad: todos tienen cabida en sus páginas, que oscilan entre la amargura y la reflexión. Las páginas más memorables, las que giran en torno a la historia de sus padres, son precisamente las que tienen más aventura y menos digresión.
Algunas frases:
Existe un orden sutil e implacable que divide el mundo de los jóvenes y el de los viejos. Como el de los hombres y el de los animales.
En las noches bebe ron para calmar esa falta de vida que trae la soledad.
No hay numen, nirvanas ni once mil vírgenes. Y eso, saber que su cuerpo disgregado será de nuevo átomos elementales y volverá al espacio eterno, lo abisma. Como si de un momento a otro tuviera que saltar a un vacío inescrutable e infinito en donde permanecerá vivo soportando la angustia de la eternidad.
Los recuerdos no nos pertenecen, sólo el futuro y el presente que vivimos. Y ahora, pensando, ¿a quién pertenecen los recuerdos? a nadie. Sólo se trata de una entidad llamada pasado que no regresará jamás y los historiadores siempre intentan reconstruir. Y sin embargo nos constituyen.
Uno más en el universo exigente de los libros que merecen no sólo ser leídos, sino ser objeto de una segunda y de una tercera lectura. Incluidos los suyos. Docena y media, para ser exactos. Olvidados por completo. Totalmente absorbidos por la masa informe de la producción académica, anodina, vanidosa, autorreferente, sin repercusión.
Tampoco está dispuesto a descender en la escala evolutiva, ni por cinco minutos, ni a rozar siquiera los nuevos avances de la insignificancia que, a cada paso, salen en la ciudad.
Ignacio no entiende el afán de las personas por escribir su biografía. ¿Por qué mostrar al gran público, por ejemplo, el pasado vergonzoso? ¿Dónde queda la vida privada, dónde el decoro, dónde la pretendida honestidad? Por otro lado, ¿por qué suponer que la vida de alguien es ejemplar?, para Ignacio, sólo es una concepción católica que los escritores no han superado. ¿No es repugnante tanta vanidad?
El perdón es una falacia. Existe comprender una conducta, unos móviles, existe admitirlos o no.
La lección es que tienen que aprender a desconfiar de los paradigmas, pero la enseñanza más importante, dudar del maestro, es la que pocos aprenden.
Comprobar que no hay nada más peligroso para una mujer casada que el antiguo hogar.
Su madre le enseñó que una dama se distingue de una mujer cualquiera porque es de un solo hombre, y si tiene que dominarlo para que cambie y permanezca a su lado, lo hace. Lo malo es que su madre no alcanzó a enseñarle cómo se domina a un hombre.
Germán Gaviria Álvarez
Olfato de perro
Taller de Edición Rocca
Bogotá
2012
225 páginas
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Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
En Twitter: @adrivillegas.
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miércoles, 23 de marzo de 2016
El enigma de la luz, un viaje en el arte, de Cees Nooteboom
15 textos escritos entre 1984 y 2007 componen El enigma de la luz, un breve libro en el que el holandés Cees Nootebom, autor de esa deliciosa fábula que es En las montañas de Holanda, reflexiona sobre las impresiones que le dejan las obras pictóricas de artistas clásicos y contemporáneos. Salvo el primer texto, que plantea un diálogo entre dos personajes de un cuadro de Max Neumann, los demás ensayos son reflexiones en las que el autor entrega sin erudición ni interés academicista, datos del pintor, el contexto geográfico e histórico en el que se realizó la obra, así como la impresión que a él como espectador le causa. Por eso los textos, más que reseñas pictóricas, son crónicas de viaje hacia museos, palacios y otros sitios en los que reposan grandes obras de la pintura de artistas tan variados como Tiépolo, Rembrand, DaVinci, Piero della Francesca, Giorgio de Chirico, Verrmeer y Hopper, entre otros.
Nooteboom pone a dialogar a los personajes de los cuadros, pero así mismo establece vínculos entre la obra y quien la observa. Por ejemplo, al contemplar "La lección de música interrumpida" de Vermeer, Nooteboom advierte: "esas dos personas del cuadro son compatriotas". En otro aparte uno de los protagonistas de un cuadro señala "estamos aquí para quedarnos", y esa pregunta sobre la permanencia inmutable de la obra en contraste con la variedad de ojos que pueden reinterpretarla con el paso del tiempo es constante. En otro capítulo, mirando a los ojos un autorretrato de Rembrandt, deduce que el autor entrega su mirada a "esos extraños que tardarán aún siglos en nacer".
Nooteboom llama la atención sobre el contraste entre el placer que implica contemplar una obra maestra con la desazón que le produce acudir a museos atestados de colegiales ruidosos o de turistas que se desplazan en masa, robándose el silencio y la quietud que exige el acto contemplativo: "El ciudadano que hoy en día desee ver algo en un museo no tiene más remedio que acorazarse contra sus prójimos armado de un odio brutal e intentar aislarse valiéndose de sus últimas reservas de concentración. De lo contrario, también él sufrirá las consecuencias de esa difusión del conocimiento: es decir, un menor conocimiento".La edición de DeBolsillo acompaña los 15 textos con imágenes a blanco y negro de algunos de los cuadros que comenta Nooteboom. Ese ejercicio de cotejar la palabra con la imagen me recordó durante todas las páginas al escritor Antonio Caballero, por una doble razón: en primer lugar, porque su libro Paisaje con figuras, crónicas de arte y literatura, es un ejercicio periodístico que guarda relación con lo que Nooteboom realiza en este volumen. Y en segundo lugar porque su sección "Mil palabras por una imagen" en Revista Arcadia, consiste básicamente en lo mismo que hace el holandés: tomar una imagen, y observarla con un detenimiento que, sumado a la curiosidad y el conocimiento ilustrado, arroja como resultado un texto que permite develar detalles que están a la vista pero que nos son esquivos.
Algunas frases
"Sumido en el incómodo vacío que me embarga al regreso de un viaje, deambulo por Ámsterdam con mi alma a unos pasos de mí mismo".
"No soy sino un amante de la observación. Y eso es estupendo, pues la escasez de conocimientos desata la imaginación y permite ver las cosas más peregrinas".
"la bella cadencia de los textos escritos en italiano. Éstos me recuerdan un menú, no puedo remediarlo".
"Alimentar ciertos sentimientos de angustia puede resultar placentero".
"No puedo evitarlo, empiezo a ver a los cuadros como personas".
"Observar, escuchar leer. Eso siempre funciona".
"cumpliendo así la misteriosa ley que ordena que a su muerte el artista se transforme en su obra".
Cees Nooteboom
El enigma de la luz, Un viaje en el arte
Editorial De Bolsillo
Barcelona
2007
142 páginas
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domingo, 13 de marzo de 2016
Mi padre y otros accidentes, de Paola Guevara
Mi padre y otros accidentes fue presentada recientemente como una "novela de no ficción", categoría en la que caben desde A Sangre fría de Truman Capote, hasta El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince o Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett.
Y escojo esos dos últimos títulos colombianos a propósito, porque me llama la atención la necesidad de narrar sin ficción y con apego a la realidad los hechos más íntimos y dolorosos que ocurren al interior de las familias. Es posible imaginar e inventar lo que ocurre dentro de los hogares ajenos, pero hacer ficción con la materia prima de nuestra vida y la relación con los parientes más cercanos resulta difícil. O innecesario: Ya lo dijo Tolstoi en la primera línea de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada".
La desgracia que narra Paola Guevara, es común a miles de personas: Creció sin saber quién era su papá. Sus abuelos maternos la acogieron como hija, se hicieron cargo de ella, le dieron su apellido, y su mamá la trataba como una hermana menor. Sin embargo en su vida siempre estuvo el anhelo de construir una relación con su papá. La madre, el personaje más interesante del libro, le dice que su papá es un señor que se fue a España y jamás volvió, hasta que un día, cuando Paola ya tiene 30 años, está casada y tiene un hijo, recibe en su trabajo un mensaje de texto en el que su mamá le anuncia que la va a llamar Fernando Lince, su verdadero papá. La relación que nace y crece entre los dos constituye el resto del libro.
Alma, la mamá de Paola, es un personaje apenas marginal. Sin embargo digo me parece interesante porque en una sociedad que ha idealizado la maternidad, encontrar una madre arpía es un bombón literario, aunque como ser humano pueda ser una pesadilla. Una mamá que no quiere que le digan así, que no quiere besar a sus hijos ni ejercer como tal tiene que tener motivaciones que pueden ir desde el embarazo juvenil hasta el desequilibrio mental, o ambas. Sin embargo, esta veta poco se explora en el libro, por razones que quizás pueden ser extraliterarias: La hija no quiere a su mamá y por lo tanto no quiere escribir sobre ella.
"un abrazo que sentí sincero, por esa tara mamífera que nos conduce a interpretar cada acercamiento físico de la madre como afecto, incluso si ella es una depredadora natural".
"elegante hasta para bajar mangas verdes de los árboles".
"parsimoniosas como notas blancas extraviadas en un mundo de corcheas".
"Algunas felicidades llegan tan tarde que se parecen demasiado a la tristeza".
"en un pueblo donde las únicas ambiciones posibles eran ser policía, profesor, cura o guerrillero".
"El matoneo no nació ayer".
"ese tipo de hombres severos que provienen de un entorno machista que los llenó de privilegios y al mismo tiempo los privó de demostraciones de afecto; esos cuya forma inconsciente de exigir amor es inspirar terror".
"no le bastaba con dejar a un hombre, había que desmantelarlo también".
"Jamás subestimes la inteligencia de un mentiroso. Para mentir, y para lograr que otros crean la mentira, es necesario desplegar todo tipo de recursos interesantísimos".
"¿Qué es la ficción sino el refugio de aquellos a quienes no les basta con la realidad y deben inventar nuevos mundos?"
"Quien dijo que el amor es una palabra, no comprendió el poder liberador de ciertos silencios".
"cuando uno cree que ha encontrado la veta petrificada de su propio carácter, cuando uno ha decidido liberar una erupción de ira incandescente que lo destruya todo a su paso, viene el amor y nos arrebata el guión de las manos".
"Yo soy el muro que va detrás de ti. En la vida, tú vas al frente y yo voy detrás. Si tienes miedo o sientes que te derrumbas, solo tienes que extender tu mano y ese muro firme que encuentras allí, ese soy yo".
"Se cree que el olvido es un defecto a remediar, una enfermedad a vencer, una deficiencia química o neurológica que necesita ser corregida, cuando en realidad el olvido es una estrategia adaptativa bastante sofisticada que permite seguir viviendo con cierta solvencia espiritual, a pesar de todo. En cambio la buena memoria, la excesiva memoria, ser quien recuerda lo que otros se alegran de haber olvidado; ser quien lleva el terco registro de las atmósferas, de los aromas, de los reflejos, de la textura y la luz sobre los objetos; ser quien guarda el récord de los encuentros, de las palabras y las intenciones tras esas palabras; de las miradas con su carga de significados y aún de las reacciones primarias que no alcanzan a convertirse en lenguaje, más que un don es un lastre. Porque hay mucha soledad en la memoria que solo reposa en nosotros y que en los demás es olvido. Ser el único que recuerda es ser, también, el único que ha tendido un lazo".
Paola Guevara
Mi padre y otros accidentes
Editorial Planeta
Bogotá
2016
180 páginas
Y escojo esos dos últimos títulos colombianos a propósito, porque me llama la atención la necesidad de narrar sin ficción y con apego a la realidad los hechos más íntimos y dolorosos que ocurren al interior de las familias. Es posible imaginar e inventar lo que ocurre dentro de los hogares ajenos, pero hacer ficción con la materia prima de nuestra vida y la relación con los parientes más cercanos resulta difícil. O innecesario: Ya lo dijo Tolstoi en la primera línea de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada".
La desgracia que narra Paola Guevara, es común a miles de personas: Creció sin saber quién era su papá. Sus abuelos maternos la acogieron como hija, se hicieron cargo de ella, le dieron su apellido, y su mamá la trataba como una hermana menor. Sin embargo en su vida siempre estuvo el anhelo de construir una relación con su papá. La madre, el personaje más interesante del libro, le dice que su papá es un señor que se fue a España y jamás volvió, hasta que un día, cuando Paola ya tiene 30 años, está casada y tiene un hijo, recibe en su trabajo un mensaje de texto en el que su mamá le anuncia que la va a llamar Fernando Lince, su verdadero papá. La relación que nace y crece entre los dos constituye el resto del libro.
Alma, la mamá de Paola, es un personaje apenas marginal. Sin embargo digo me parece interesante porque en una sociedad que ha idealizado la maternidad, encontrar una madre arpía es un bombón literario, aunque como ser humano pueda ser una pesadilla. Una mamá que no quiere que le digan así, que no quiere besar a sus hijos ni ejercer como tal tiene que tener motivaciones que pueden ir desde el embarazo juvenil hasta el desequilibrio mental, o ambas. Sin embargo, esta veta poco se explora en el libro, por razones que quizás pueden ser extraliterarias: La hija no quiere a su mamá y por lo tanto no quiere escribir sobre ella.
El relato es un drama que se cuenta sin humor. Es una tragedia cotidiana, íntima, clara, que se lee de una sola sentada porque la prosa obliga a avanzar. Una historia frenética que se centra entonces en Paola y Fernando: Las carencias de ella y las aventuras de él, un piloto sobreviviente de un accidente aéreo. Se trata no sólo de un elogio al padre sino además de una reivindicación de la figura paterna. El libro es sobre todo un grito para señalar que no es cierto que los hijos puedan crecer tranquilos cuando los papás no están cerca.
El texto ocurre en Cali aunque dudo que los lectores que estamos poco familiarizados con la ciudad logremos construir una imagen mental del espacio literario. Varios de los personajes, como el esposo, las tías y otros, aparecen también tan fantasmagóricos como la ciudad. El énfasis está en lo que Paola piensa, dice, hace, teme. Si se trata de ponerle apellidos, sería no sólo una novela de no ficción sino además una novela psicológica: su mente es el principal espacio en el que ocurre la historia, que termina siendo predecible y con final feliz, algo sin duda muy grato para la vida personal de la autora.
Se agradece en todo caso que no lo hayan rotulado como "literatura femenina". No sé bien en qué consiste esa etiqueta pero este libro no lo es. Que lo haya escrito una mujer puede ser un accidente, como el que le da título. El verdadero héroe de la historia es el padre, al que en la puerta de su vejez le cae del cielo una hija insospechada. Y la acoge.
Les dejo algunas frases del libro:
"Los de la familia eran secretos matrioska, unos contenidos dentro de otros más grandes, ad infinitum. Es posible que este fuera el único entretenimiento de seres cuya existencia transcurría de puertas para adentro y sin grandes sobresaltos"."un abrazo que sentí sincero, por esa tara mamífera que nos conduce a interpretar cada acercamiento físico de la madre como afecto, incluso si ella es una depredadora natural".
"elegante hasta para bajar mangas verdes de los árboles".
"parsimoniosas como notas blancas extraviadas en un mundo de corcheas".
"Algunas felicidades llegan tan tarde que se parecen demasiado a la tristeza".
"en un pueblo donde las únicas ambiciones posibles eran ser policía, profesor, cura o guerrillero".
"El matoneo no nació ayer".
"ese tipo de hombres severos que provienen de un entorno machista que los llenó de privilegios y al mismo tiempo los privó de demostraciones de afecto; esos cuya forma inconsciente de exigir amor es inspirar terror".
"no le bastaba con dejar a un hombre, había que desmantelarlo también".
"Jamás subestimes la inteligencia de un mentiroso. Para mentir, y para lograr que otros crean la mentira, es necesario desplegar todo tipo de recursos interesantísimos".
"¿Qué es la ficción sino el refugio de aquellos a quienes no les basta con la realidad y deben inventar nuevos mundos?"
"Quien dijo que el amor es una palabra, no comprendió el poder liberador de ciertos silencios".
"cuando uno cree que ha encontrado la veta petrificada de su propio carácter, cuando uno ha decidido liberar una erupción de ira incandescente que lo destruya todo a su paso, viene el amor y nos arrebata el guión de las manos".
"Yo soy el muro que va detrás de ti. En la vida, tú vas al frente y yo voy detrás. Si tienes miedo o sientes que te derrumbas, solo tienes que extender tu mano y ese muro firme que encuentras allí, ese soy yo".
"Se cree que el olvido es un defecto a remediar, una enfermedad a vencer, una deficiencia química o neurológica que necesita ser corregida, cuando en realidad el olvido es una estrategia adaptativa bastante sofisticada que permite seguir viviendo con cierta solvencia espiritual, a pesar de todo. En cambio la buena memoria, la excesiva memoria, ser quien recuerda lo que otros se alegran de haber olvidado; ser quien lleva el terco registro de las atmósferas, de los aromas, de los reflejos, de la textura y la luz sobre los objetos; ser quien guarda el récord de los encuentros, de las palabras y las intenciones tras esas palabras; de las miradas con su carga de significados y aún de las reacciones primarias que no alcanzan a convertirse en lenguaje, más que un don es un lastre. Porque hay mucha soledad en la memoria que solo reposa en nosotros y que en los demás es olvido. Ser el único que recuerda es ser, también, el único que ha tendido un lazo".
Paola Guevara
Mi padre y otros accidentes
Editorial Planeta
Bogotá
2016
180 páginas
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Paola Guevara,
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Piloto
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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sábado, 6 de febrero de 2016
Siempre fue ahora o nunca, de Rafael Baena
El periodista y fotógrafo Rafael Baena se dedicó de lleno a la literatura a los 50 años de edad, después de una vida de trabajo en salas de redacción y como reportero en infinidad de recodos de la geografía colombiana. En 2007 publicó su primera novela, Tanta sangre vista, y a partir de ahí, en un lapso de apenas ocho años alcanzó a publicar siete obras, en una carrera contrarreloj contra la muerte que lo acechaba ya hace tiempos en forma de cáncer de pulmón, hasta que el 14 de diciembre de 2015 el aire literalmente se le acabó.
En Siempre fue ahora o nunca Baena vuelve al tema que lo apasiona: las violencias colombianas, que como él se encargó de documentar, son una sola larga guerra desde el Siglo XIX hasta nuestros días. La novedad de esta obra, en relación con otros títulos como Tanta sangre vista, o La bala vendida, o el extraordinario ¡Vuelvan caras, Carajo!, que transcurren en el Siglo XIX, Siempre fue ahora o nunca se centra en el final del Siglo XX, desde los años 70 con la bonanza marimbera, hasta comienzos de 2000, con la llegada de Uribe al poder y el auge del paramilitarismo. Es, como lo señala el autor, el relato de la tragedia que nos tocó vivir a los de esta generación.
El libro es un rompecabezas construido a partir de capítulos cortos que intercalan historias de personajes que al principio se muestran inconexos pero que a medida que va avanzando el relato van encajando en las vidas de los otros hasta que el panorama queda completo.
Sostener el ritmo a lo largo de 630 páginas no es fácil y por ratos el autor no lo logra. Es posible que muchos lectores no superen las primeras 100 páginas, que son lentas y en donde la relación entre personajes no es clara. Pero alcanzado el primer centenar de hojas, la historia toma vuelo, la tensión empieza a aparecer, y aunque algunos personajes no llegan a cuajar (las niñas son siempre niñas aunque pasan los años... como si no crecieran; se insinúa una relación lésbica que tampoco se desarrolla) otros personajes se vuelven entrañables, en especial el reportero gráfico Toño Almanzor, que en muchos aspectos parece alter ego del autor. El final puede parecer apresurado, aunque luego de 630 páginas dudo que pueda afirmarse algo así.Además de Toño, la narradora Raquel Arbeláez es una abogada que ha ejercido todo tipo de reportería hasta culminar como jefe de redacción de un periódico que siempre está sobreaguando crisis económicas. Ambas voces salpimientan el relato con reflexiones sobre el oficio del periodismo. A estos comentarios se suma además el relato histórico del conflicto político colombiano de los últimos tiempos. Sin tratarse de un ensayo histórico, aparecen los cuerpos de paz, las Farc, el ELN, el narcotráfico, los paras, las masacres, Turbay, Belisario, el M-19, el Palacio de Justicia, Lara Bonilla, Galán, Pablo Escobar, el Avión de Avianca dinamitado en vuelo, Guillermo Cano, la UP, Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro, la bomba a El Espectador, Elsa Alvarado y Mario Calderón y otras víctimas claves. Pero no sólo está Colombia, también aparecen la Revolución Sandinista, la guerra en Salvador, el golpe a Allende, la guerra en Ruanda, en Bosnia... No se trata de una enumeración exahustiva ni de una clase de historia: los hechos van mezclándose con los protagonistas y aunque éstos no quieran el contexto les va marcando su destino.
Rafael Baena era un genio, un personaje como sacado del Renacimiento, de esos humanistas que saben mucho de muchas cosas. Además, un narrador extraordinario, honesto y culto. Su temprana muerte es una pérdida enorme para la literatura colombiana, pero al mismo tiempo es una fortuna que la pasión con la que se dedicó a escribir en los últimos años haya dejado testimonio de tantas guerras, sobre todo ahora que se habla del supuesto fin de todas ellas. Toño Almanzor seguro pensaría que sí, que ojalá terminen, con una mueca escéptica.
Algunas frases (difícil escoger, hay muchas citas citables)
"los carga ladrillo con ínfulas de literatos somos una de las plagas contemporáneas mayormente extendidas junto con los textos de autoayuda, las memorias, las autobiografías de personajes con egos inversamente proporcionales a su importancia y la profusión de obras en las que el autor pretende que el lector aporte la magia y haga el trabajo que él no hizo".
"pronto entendí que si de verdad deseaba cumplir mi sueño necesitaba tener algo que decir, lo cual no era el caso. Cada idea que venía a mi mente era superada de inmediato por mis lecturas, a todas luces superiores a cualquier invención propia".
"uno de esos aguaceros que sólo ocurren en la Biblia y en el Caribe".
"lo que tú y los demás consideran mi éxito profesional y notoriedad no es más que una serie de frustraciones".
"los humanos estamos llenos de vacíos".
"denominar bandoleros a todos los alzados en armas era una ligereza. Para decirlo de una manera simple, algunos de ellos eran secuelas de violencias anteriores".
"el periodismo es una profesión de alto riesgo, según creo. Sobre todo de riesgo mental, porque en pocos años de acelere, trasnocho y escaso tiempo para dedicar a las cosas realmente importantes puedes quedar convertida en una cretina".
"en un ochenta por ciento de los casos todos pertenecían a familias que habían ejercido la política y que, por tanto, sentían que el Estado era de ellos, que la cosa pública era de su propiedad y que por designios de la divina Providencia, o algo semejante, la riqueza nacional constituía una gigantesca e inagotable teta hereditaria destinada a darles de mamar a perpetuidad".
"era lo suficientemente perspicaz como para darse cuenta de que su principal obstáculo en la vida era ella misma".
"la aritmética, la geometría, la historia y el castellano, las materias cuyo aprendizaje para ella eran lo más importante y que de hecho eran muy importantes, debían pasar a un segundo plano frente a la enseñanza del sentido común. Una vez lograda esa meta básica, cuando ellos sintieran tener el control sobre sus vidas aunque realmente no lo tuvieran, sería muy fácil instruirlos en lo demás".
"si quiero escribir debo hacerlo ahora o no lo haré nunca".
"no existen prostitutas más prostitutas que las mujeres casadas, porque se someten a los caprichos del marido a cambio de una contraprestación económica permanente".
"no es mejor periodista quien primero lo dice sino quien mejor lo dice".
"los fierros que invariablemente se fabrican en el hemisferio norte y se disparan en el sur".
"Como los países productores hace muchos años que protagonizan conflictos breves y limitados, y además ajustamos ya más de medio siglo desde la última gran conflagración mundial, por simple lógica aritmética su comercio debería disminuir, pero sucede todo lo contrario, no sólo porque las potencias necesitan alimentar conflictos de corte colonial sino porque las guerras civiles o las guerritas entre republiquetas son estrategias para mantener distraídos y endeudados a los dueños de las materias primas y los recursos naturales. Así, mientras tú y yo nos matamos, aquel se lleva el botín grande pasa su casa y luego regresa a vendérnoslo más caro".
"creía haber aprendido ya lo suficiente sobre el amor como para saber que este nos es compatible sino consigo mismo. En todas las demás actividades humanas hace ruido, por no decir que estorba".
"Los seres humanos padecemos varios tipos de ceguera, la mayoría de ellas mucho más inexorables y difíciles de remediar que la pérdida de la visión propiamente dicha".
"puta universidad apoltronada sobre su prestigio y comprometida a fondo con el ánimo de lucro".
"¿en qué consiste esa vaina de "comunicador social"? La respuesta podría abarcar un rango que va desde el tipo que vende bocadillos veleños en la calle recurriendo al perifoneo hasta el experto en relaciones con la comunidad de una multinacional petrolera".
"El periodismo es en sí mismo una militancia que no puede ser contaminada por ninguna ideología".
"Como también me había quedado sin trabajar, mi reto diario más exigente consistía en amarrarme los cordones de los zapatos".
"le producía un inmenso rechazo la autoridad ejercida a partir del miedo, que además era un error en contravía de las más elementales reglas de estrategia. Un buen general busca aliados, no súbditos".
"El poder acompañado por la impunidad conduce a la desfachatez".
"el conformismo también puede ser talante de sabios y uno de los principales valores de la edad madura".
"la fragilidad en un hombre no es un rasgo muy seductor que digamos".
"la supervivencia de nuestra especie y su progreso habrían sido imposibles si, como ocurría en la posmodernidad, unos hipotéticos ecólogos del pasado se hubiesen atravesado en los planes de la gente emprendedora".
"de todos los pecados propios de la juventud la grandilocuencia es el más difícil de detectar, sobre todo para quien la protagoniza".
Rafael Baena
Siempre fue ahora o nunca
Editorial Alfaguara
Bogotá
2014
630 páginas
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Violencia
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
En Twitter: @adrivillegas.
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domingo, 10 de enero de 2016
Voces de Chernóbil, crónica del futuro, de Svetlana Alexievich
A veces el Premio Nobel de literatura se lo gana un autor conocido como Vargas Llosa y entonces uno siente que quedó entre la familia. Otras veces, en cambio, la tómbola cae en un autor de nombre impronunciable, de un país que no se ubica automáticamente en el mapa. Es entonces la oportunidad de conocer y ampliar el espectro.Svetlana Alexievich es una periodista bielorrusa que estudió en Minsk y trabajó como reportera en distintos medios de comunicación, hasta que se dedicó a escribir reportajes de largo aliento.
El anuncio de su nombre como ganadora del Premio Nobel de Literatura en octubre 2015, una reivindicación a las posibilidades literarias del periodismo escrito, cogió desprevenidos a los editores y libreros hispanoamericanos, ya que aunque entre 1985 y 2015 Alexievich publicó al menos seis libros de ensayo y reportaje, en ese momento sólo 2 habían sido traducidos al español y sólo Voces de Chernóbil estaba disponible en Colombia. El otro, La guerra no tiene rostro de mujer, fue importado en pequeñas cantidades después del anuncio del premio y aún no se consigue por fuera de las grandes ciudades.
Voces de Chernóbil parece un coro griego. Así como en las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides hay unos protagonistas acompañados de un coro polifónico que interviene para encadenar hechos, anunciar desgracias o lamentar desastres, así en Voces de Chernóbil aparecen múltiples voces individuales que narran su desgracia y que en conjunto construyen un coro que da voz y forma a un desastre que no fue un accidente sino un crimen de Estado en tiempos de Gorbachov.
La historia que nos ha llegado a quienes vivimos al otro lado del planeta dice que el 26 de abril de 1986 explotó un reactor atómico en Chernóbil, Ucrania, en la frontera con Bielorrusia. Producto de ese accidente y la nube radioactiva que generó, y que sólo fue alertada días después por Suecia, en los meses y años siguientes la población de la zona nació con malformaciones y fue más propensa al cáncer. Leer a Alexievich es conocer el drama por dentro: Las mentiras de la prensa soviética, la falta de protección de bomberos, soldados, campesinos; la desinformación a las personas afectadas; la corrupción con las donaciones, el duelo de las viudas, la tristeza eterna de los padres que entierran hijos y nietos por leucemia y cáncer de tiroides.
Acertadamente el libro tiene como subtítulo "Crónica del futuro". Se trata de una crónica sobre una amenaza nueva para la humanidad. No es una guerra pero la guerra es lo más parecido que hay para describir los estragos causados. Es una crónica del futuro por la incertidumbre que genera la tragedia, por las preguntas que provoca: niños que saben que morirán pronto, niñas que temen engendrar monstruos, el miedo de esperar la muerte. Pero también porque en medio de la rabia contra el poder hay nuevas formas para la alegría, el amor y la familia.
Más allá del contenido de la historia, para los periodistas es particularmente interesante la forma del relato. La autora hace numerosas entrevistas y decide escribir monólogos. No son diálogos ni perfiles. No sabemos casi nada de la apariencia física de los entrevistados, ni muchos detalles sobre sus viviendas u oficinas o su atuendo. Tampoco sabemos qué preguntas les hace. Sólo conocemos sus voces, algunas ilustradas, ordinarias, algunas rabiosas, muchas resignadas. En un pueblo soviético, acostumbrado al ateísmo estatal, llama la atención la necesidad de tantos por aferrarse a la religión como única explicación o consuelo para tanta desgracia.
Su estilo es efectivo, atrapa desde las primeras páginas. Tiene la fuerza que los lectores colombianos ya conocemos en la obra de Alfredo Molano Bravo. Los testimonios de Molano tienen más de una similitud con los de esta nueva Premio Nobel.
Algunas frases:
Él la lanza por el aire hacia el techo y los dos ríen. Y yo los miro y pienso: qué sencillo es ser feliz. Tan sencillo...
Quería ser como todos los demás. No hay que tenerme lástima. Hubo un tiempo en que fui feliz.
Yo, en cambio, me dedico a lo que he denominado la historia omitida, las huellas imperceptibles de nuestro paso por la tierra y por el tiempo. Escribo y recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma. La vida de lo ordinario en unas gentes corrientes.
Ha quedado claro que además de los desafíos comunista y nacionalista y de los nuevos retos religiosos entre los que vivimos y sobrevivimos, en adelante nos esperan otros, más salvajes y totales, pero que aún siguen ocultos a nuestros ojos.
Todo lo que conocemos de los horrores y temores tiene más que ver con la guerra. El gulag estalinista y Auschwitz son recientes adquisiciones del mal.
Hubo un tiempo en que los indios de México e incluso los hombres de la Rusia precristiana pedían perdón a los animales y a as aves que debían sacrificar para alimentarse.
Los hijos te aguantan, te aguantan y, al final, acaban por herirte. Los hijos te dan alegrías mientras son chicos.
Durante el día vivíamos en el lugar nuevo, pero por la noche en casa. En sueños.
Recé para reunirme con ellos. De algunos, Dios se apiada, pero a mí aún no me ha dado muerte. Sigo viva.
—Pues a mí no me da miedo morirme. Nadie vive dos veces. ¿No caen las hojas? ¿O los árboles?
Y nosotros que nos creíamos que todo aquello era indestructible, que sería así para siempre. Que lo que hierve en la olla es eterno. Nunca me hubiera creído que todo cambiaría.
¿Hay algo más pavoroso que el hombre?
La vida del hombre es como la hierba, que crece, se seca y se arroja al fuego.
No sé por qué nadie se mete con los pescadores y en cambio todos echan pestes de los cazadores.
Somos fatalistas. No tomamos ninguna iniciativa porque estamos convencidos de que las cosas irán como han de ir. Creemos en el destino. Y esta es nuestra historia. A cada generación le tocó su guerra. Cuánta sangre.
Una mezcla de prisión y jardín de infancia: esto es el socialismo. El hombre entregaba al Estado el alma, la conciencia, el corazón, y a cambio recibía una ración.
El progreso exige víctimas y cuando más lejos vayamos, más serán las victimas.
Si la fe en la razón abandona al hombre, en su alma se instala el miedo, como ocurre con los salvajes.
Una persona que sacrifica su vida, me venía a decir, no se percibe a sí misma como una personalidad única, irrepetible, como un ser que ya no volverá a existir nunca más.
He comprendido que solo tiene sentido el tiempo vivido. Nuestro tiempo vivido.
Somos metafísicos. No vivimos en la tierra sino en nuestras quimeras, en las conversaciones. En las palabras. Debemos añadirle algo más a la vida cotidiana para comprenderla. Incluso cuando nos encontramos junto a la muerte.
Pero lo que les preocupaba no era la gente, sino su poder. En un país donde lo importante no son los hombres sino el poder, la prioridad del Estado está fuera de toda duda. Y el valor de la vida humana se reduce a cero.
Soy una buena bibliotecaria, pero no entiendo cómo alguien puede querer apasionadamente un trabajo. Yo solo lo quería a él. A él solo. Y no puedo vivir sin él.
Voces de Chernóbil, crónica del futuro
Svetlana Alexievich
Traducción de Ricardo San Vicente
Editorial DeBolsillo
Edición original 2005
406 páginas
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Voces de Chernóbil crónica del futuro
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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Las vueltas del baile, de Jaime Echeverri
Las vueltas del baile es un cuento publicado originalmente en 1992, que fue reeditado en 2014 por la Universidad de Caldas dentro de la colección Estados de la Lujuria.El cuento narra una anécdota simple: Isadora y María se conocen a orillas del mar, se aman, su amor prohibido se difunde y María sufre una violación múltiple. Para que aprenda. Fin.
La riqueza está en un lenguaje cercano a la poesía, en el que lo que se sugiere es mucho más de lo que se dice. Frases eróticas construyen un relato que no se aferra a una geografía ni una época específica y le permite permanecer vigente en el tiempo.
El libro, de apenas 32 páginas, trae unas bellas ilustraciones de Edward Muñoz y Camilo Marín López, que le agregan al volumen un valor superior al propio texto. La impresión en papel satinado, con letra grande e imágenes a doble página y full color contribuyen al deleite estético de la lectura, incluso por encima de la calidad original que pueda tener el texto del caldense Jaime Echeverri.
Las vueltas del baile
Jaime Echeverri
Editorial Universidad de Caldas
Manizales
2014
32 páginas
Labels:
Caldas,
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Cuento,
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Las vueltas del baile,
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Literatura erótica
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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jueves, 26 de noviembre de 2015
Ben en el mundo, de Doris Lessing
Ben en el mundo tiene como subtítulo "la continuación de El quinto hijo". Sin embargo pareciera que no lo es. Es decir: El quinto hijo termina con Ben adolescente, en medio de pandillas, y Ben en el mundo comienza con Ben de 18 años, cuando se ha ido de su casa. En ese sentido un libro sí es continuación del otro. Ambos conservan el mismo protagonista y antecedentes. Pero el aura de inquietud y misterio que rodea el primer libro desaparece en el segundo. Son la misma historia pero pareciera escrita por dos autores distintos.El quinto hijo plantea enormes dudas sobre la maternidad, la paternidad, las relaciones de familia. ¿Qué pasa si un hijo nos causa aversión? ¿Cómo reaccionar ante un hijo que quiere matar a sus hermanos? ¿Qué hace una esposa cuando su marido rechaza a su propio hijo? Todas esas cuestiones de fondo desaparecen en Ben en el mundo, porque en este libro Ben no tiene familia. Su madre es un figurante que aparece en una página, cuando él la ve pero no le habla, y sus 4 hermanos se reducen a uno solo, Paul, que apenas se menciona.
En El quinto hijo es claro que Ben es raro, pero no se sabe por qué. Los médicos dicen que es normal y sano, así que el enigma se traslada al lector, que construye mil hipótesis alrededor de lo que puede ocurrir con el chico. En Ben en el mundo desde el comienzo se plantea la necesidad de explicar el misterio con frases como:
"La anciana sabía que no era humano: No es uno de nosotros"
"No se parecía a nada que ella conociera"
"O se plantaba junto a la vaca, le echaba un brazo al pescuezo y pegaba su cara del animal y las ráfagas cálidas y agradables de su aliento, cuando volvía la cabeza para olisquearle, le parecían la bondad misma y le hacían sentirse seguro".
"¿Qué era Ben? Dormía en su cama, como todos los demás, empleaba los cubiertos, mantenía su ropa limpia, le gustaba la barba arreglada y el cabello cortado, y sin embargo no se parecía a nadie".
En Ben en el mundo se explica que Ben es el Yeti, que tiene hombros anchos, caderas estrechas, barba tupida, mucho pelo, ojos a los que les fastidia la luz, un oído agudo y necesidad permanente de comer carne. Es entonces el eslabón perdido... Es como si su madre hubiese tenido un hijo que es una regresión en el tiempo, un hombre de las cavernas en pleno Siglo XX.
Sin embargo la novela no ocurre en clave de ciencia ficción, sino de drama realista, en el que los personajes que tienen gran relevancia para Ben de pronto desaparecen sin dejar mayor rastro y sin mayor explicación. Es como si la autora hubiese empezado a escribir el libro sin un rumbo claro y este hubiera ido apareciendo a medida que construía el relato, que salta de Londres a Niza, luego a Río de Janeiro y por último a Jujuy.
El estilo de Lessing es el de narrar con acciones y pocas digresiones. Ben en el mundo plantea un duro cuestionamiento a los experimentos científicos con animales, pero no lo hace con discursos sino a partir de la descripción narrativa de un laboratorio científico. Su técnica no es la del monólogo interior ni la reflexión o el diálogo sobre sentimientos. Sus textos son narracciones cargadas de acciones, en las que los personajes viajan, caminan, pelean, se esconden. Y a partir de ahí el lector saca sus conclusiones.
Lessing publicó este libro en 2000 y ganó el Nobel en 2007. Es claro entonces que el jurado, y seguramente miles de lectores, encontraron en esta novela valiosos elementos narrativos, de estructura o de personajes. Yo leí primero El quinto hijo y me quedo con ese. El aura de misterio y suspenso que logra ahí es difícil de superar.
Otras frases:
Había algunas revistas, pero las personas de las ilustraciones y de las fotografías no eran amigas suyas y sabía que no lo serían nunca.
El teatro atraía a Inés como sólo puede atraer a quienes no se han desviado en toda la vida del camino marcado desde el nacimiento. Se consideraba condenada a lo previsible.
todos guardarían silencio porque tenían demasiado miedo a perder el trabajo, sus preciosos trabajos, tan difíciles de conseguir.
veía a Teresa como podía ver a un ratón que decide erguirse sobre las patas traseras y amenazar a un gato.
Ben en el mundo
Doris Lessing
Editorial Punto de Lectura
2007 (primera edición 2000)
Traducción Angela Pérez.
Bogotá.
269 páginas
Labels:
Anormalidad,
Brasil,
Ciencia,
Doris Lessing,
Editorial Punto de Lectura,
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Londres,
Niza,
Novela,
Premio Nobel
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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domingo, 26 de julio de 2015
La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker
Durante unos meses del 2013 y 2014 la imagen de la portada de La verdad sobre el caso Harry Quebert inundó vitrinas de librerías y supermercados. El omnipresente libro editado por Alfaguara estuvo acompañado de reseñas, entrevistas a su joven autor suizo, comparaciones con Stieg Larsson, el autor de la trilogía Millenium y toda una muy bien montada parafernalia comercial, digna de la promoción de un best seller que en menos de 2 años fue traducido a 33 idiomas.
Los libros así dan desconfianza. Para ir sobre seguro mejor leer los libros escritos hace años o siglos, libres del ruido del mercado y depurados por el paso del tiempo y el voz a voz de los buenos lectores o las reseñas informadas.
Pero como en la variedad está el placer, no sólo de clásicos vive el hambre de la lectura, así que de vez en cuando se cometen pecados en forma de best seller. Y estas 660 páginas son un típico best seller, con suspenso en dosis similares (¿quizás menos intenso?) que los ya citados de Millenium.
En 2008 el joven exitoso escritor Marcus Goldman (alter ego de Dicker), visita a su profesor de literatura Harry Quebert en Aurora, un pueblito de New Hampshire, en la costa este de Estados Unidos. Las primeras páginas presentan el bucólico pueblo, sus playas, las gaviotas, los habitantes del lugar. Al comienzo no pasa nada, pero pronto pasará: Se descubre el cuerpo de Nola Kellergan, quien desapareció hace 33 años, cuando ella tenía 15. El principal sospechoso es Harry Quebert. El escritor Marcus, convertido en detective, trata de demostrar su inocencia y para lograrlo se vale de todos los trucos literarios del género: desde pistas falsas hasta verdades a medias.
Si la buena literatura es la que trasciende en el tiempo y aguanta bien el paso de los años, no sé si ésta lo logre. Pero no estamos en el 2070 ni en el 3050. Este libro se publicó hace menos de tres años, las referencias que usa son claras para la mayoría de los lectores (hay celulares, correos electrónicos, se menciona a Obama...) y la intriga que propone invita a avanzar entre las numerosas páginas para tratar de entender qué pasó la noche que Nola Kellergan se esfumó, a partir de una estructura narrativa en la que cada pieza funciona con precisión de relojero. Las
horas que gasté (si las invertí o las perdí no es una discusión que me importe)
tratando de descubrir quién mató a Nola Kellerman me parecieron entretenidas. Y el placer me parece una recompensa justa cuando
me dedico a leer.
Además, como los dos protagonistas son escritores, la novela incluye apuntes sobre la literatura, la escritura y el mundo del libro. De ahí salen algunas de las siguientes frases, que pueden leerse además como una "declaración de principios" de lo que el autor cree sobre su oficio:
"Los libros se han convertido en un producto intercambiable: la gente quiere un libro que les guste, les relaje, les divierta. Y si no se lo das tú, se lo dará el vecino, y tú acabarás en la basura".
"No se preocupe de la inspiración, conténtese con alinear palabras una tras otra. El genio viene de forma natural".
"Los hombres tienen demonios. Todo el mundo tiene demonios. La cuestión es simplemente saber hasta qué punto esos demonios son tolerables".
"Nadie sabe que es escritor. Son los demás los que se lo dicen".
"Un texto no es nunca perfecto -me decía-. Simplemente hay un momento en el que es menos malo que antes".
"Nunca se está seguro de nada, señor Kellergan. Por eso la existencia se vuelve muy complicada a veces".
"Lamentó que los judíos pudiesen tener la piel blanca porque eso los hacía invisibles. Al menos, los negros tenían la honestidad de ser negros, para que se los pudiese identificar claramente. Pero los judíos eran unos hipócritas".
"Poco importa lo que digan los periódicos, lo importante es salir en ellos. La gente recuerda haber visto tu foto en el New York Times, nunca recuerda lo que decías".
La verdad sobre el caso Harry Quebert
Joël Dicker
Editorial Alfaguara
2012 (traducción de Juan Carlos Durán Romero 2013)
Bogotá
660 páginas
Labels:
Editorial Alfaguara,
Estados Unidos,
Joël Dicker,
La verdad sobre el caso Harry Quebert,
Novela policiaca,
Suspenso
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lunes, 11 de mayo de 2015
Disturbio, de Miguel Angel Manrique
Los amantes de la lectura, de los libros y del placer por la literatura, que han padecido conferencias o ensayos sobre el postestructuralismo, la deconstrucción del texto o los análisis de obras con ínfulas de ciencia, se sentirán reivindicados cuando conozcan a Manuel Martínez, el protagonista de Disturbio.
Manuel es un estudiante de literatura de la Universidad Nacional (la Nacho es la verdadera protagonista de esta historia), que sufre el rechazo de sus compañeros por ser pobre, feo y por no ser intelectual: lee Stephen King en vez de los formalistas rusos, le gusta el comic y se viste de sudadera gris y no con el disfraz de bufanda, boina o sombrero que usan los intelectuales para verse como tales.
A Manuel le ocurren cosas: se rapa, descubre que su papá no murió sino que lo abandonó, se enamora de la niña rica del curso, consigue amigos, presencia un homicidio. Y en medio de toda esta cotidianidad de estudiante universitario, se entretejen las historias de sus profesores, sus compañeros de clases y su mamá, que lentamente se van enredando unas con otras hasta explotar como coctel molotov en un disturbio de esos tan característicos de la Nacional, como el Jardín de Freud, la biblioteca o las cafeterías.
Esta obra ganó el Premio Nacional de Novela 2008 por su humor, su sarcasmo, su crítica a la pose de ciertos literatos, que tienen más contacto con el análisis del análisis del análisis, que con las obras literarias.
Podría decirse que algunos personajes se transforman demasiado rápido, o sin una causa aparente, aunque también puede pensarse que la juventud es así, de cambio vertiginoso y sin motivo. Sin embargo, más allá de Manuel, Omar, Iris, Sara, Victoria y los demás personajes, el gran retrato que construye Disturbio es el del campus de la U. Nacional en la Avenida el Dorado: Aparecen sus entradas por la 26, la 45 y la 50; sus salones, sus baños, la biblioteca, el pasto, las oficinas. Así como Orlando Mejía Rivera logra una construcción literaria de la Universidad de Caldas en Recordando a Bosé, Miguel Angel Manrique hace lo propio con la Nacional en Disturbio y este sólo hecho es suficiente motivo para animarse a leerla.
Algunas frases:
Consideraba las historietas, el arte por excelencia de las clases medias.
tienes la mentalidad del funcionario. Cobarde y sumisa. El funcionario siempre tiene miedo de que lo echen a la calle como a un trasto viejo. Sabe que está ahí, porque sus superiores lo han decidido.
Ya sabes, la vida es una excepción de la muerte.
Nadie quiere morir con las uñas sucias y las medias rotas.
De rutinas neuróticas, de círculos viciosos está hecha la vida.
concluyó que hablar de sexo en cualquier expresión de la cultura era un problema menor.
Sara intentó imaginar el futuro al lado de Manuel. Trató de construir un mundo más allá del presente que vivía, pero no pudo. Entonces se consoló con el pasado.
Disturbio
Miguel Angel Manrique
Editorial Seix Barral
Primera edición: mayo de 2009
Bogotá
195 páginas
Labels:
años 90,
Bogotá,
Disturbio,
Editorial Seix Barral,
Literatura,
Literatura juvenil,
Miguel Angel Manrique,
Novela urbana,
Universidad Nacional
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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