viernes, 10 de mayo de 2013

Las reputaciones, de Juan Gabriel Vásquez

Decía Laura Restrepo en una ocasión que su novela "Demasiados Héroes" era entrañaable para ella pero había pasado inadvertida para el público, luego del éxito que logró con Delirio, novela con la que ganó el Premio Alfaguara. Que su publicación le había generado una sensación parecida a la soledad, luego de la abrumadora acogida de la anterior.

Algo similar puede pasar con Las reputaciones, novela que publica Juan Gabriel Vásquez dos años después de El ruido de las cosas al caer, con la que ganó (también) el Premio Alfaguara.

Las reputaciones es una novela corta, sencilla, con una trama mucho menos compleja que la anterior. Parte de una anécdota y quizás habría podido ser un cuento. Creo que no tiene el universo o la complejidad de una novela. Pero es una novela y entonces hay que leerla como tal. 

Cuenta la historia de Javier Mallarino, un caricaturista con más de 40 años en el oficio. El caricaturista más influyente del país, premiado, reconocido y famoso, que de pronto duda sobre la veracidad (o la justicia) de la información contenida en una caricatura publicada 28 años atrás, que condujo a un desenlace fatal.

A mi modo de ver la novela busca reflexionar sobre dos asuntos: la memoria y el olvido, por un lado, y por otro el poder de los medios, el poder de la "opinión" en la opinión pública, de la prensa... pero creo que en ese trasfondo se queda corto, o que el escritor parte de una premisa que podría ser cuestionable: que el poder de los opinadores es inmenso, ilimitado, y que las páginas de opinión de los periódicos son como el diván de los colombianos. De hecho creo que las páginas de opinión están hechas para la inmensa minoría y que mientras el país "intelectual", debate unos temas o construye unas imágenes en las páginas de opinión, el país "común", va por otro lado. A manera de ejemplo estarían los debates que se dieron y se dan sobre el ex presidente Uribe o sobre el matrimonio igualitario en las páginas de opinión vs lo que dicen las encuestas sobre esos temas, o lo que sobre esos temas opinan amplios sectores de la sociedad.

Pero ese es otro debate. Volviendo a la novela, ésta tiene unos guiños literarios que evocan a Sin Remedio  (en alguna parte se menciona a Ignacio Escobar) y Mallarino puede ser un híbrido de varios caricaturistas que en todo caso se parece al menos en parte a Antonio Caballero. Es, en resumen, una novela entretenida, con imágenes bonitas del centro de Bogotá, la Séptima y otras zonas, con construcciones literarias que cualquier lector agradece y una estructura que viaja del pasado al presente y se devuelve sin demasiados artificios, pero considero que menor dentro de la obra de este excelente escritor.

Las frases:
"se había acostumbrado a mirar el mundo a través de las pantallas y las páginas, a dejar que la vida le llegara en lugar de perseguirla hasta sus escondites".


"había sido devorado, como tantas otras figuras, por el hambre sin fondo del olvido".

"centro justo de la primera página de opinión, ese lugar mítico adonde van los colombianos para odiar a sus hombres públicos o para saber por qué los aman, ese gran diván colectivo de un país largamente enfermo".

"Qué rara es la memoria: nos permite recordar lo que no hemos vivido".

"andaba por la vida como un capataz anda por su finca".

"este curioso país cainita donde se premiaba la mediocridad y se asesinaba la excelencia".

"hay por lo menos dos cosas que no han cambiado: primero, lo que nos preocupa; segundo, lo que nos hace reír".

"Lo importante en nuestra sociedad no es lo que pasa, sino quién cuenta lo que pasa".

"los desayunos tensos donde se oía demasiado el ruido de los cubiertos en los platos".

"¿no decía alguien que un hombre exitoso es simplemente alguien que ha encontrado la manera de disimular un complejo?.

"... del periódico -ese grosero adulador del momento presente-"

"En nuestra época no se puede tener dudas, Javier, el que duda se muere. Hay que verse fuerte, porque si no, lo matan a uno".

"El olvido era lo único democrático en Colombia: los cubría a todos, a los buenos y a los malos, a los asesinos y a los héroes, como la nieve en el cuento de Joyce, cayendo sobre todos por igual".

"el vino es luz aglutinada por la humedad".

"Sería un  buen regalo, enseñarle a mi hija a estar sola, a que le guste su soledad".

"La memoria tiene la capacidad maravillosa de acordarse del olvido, de su existencia y su acecho, y así nos permite mantenernos alerta cuando no queremos olvidar y olvidar cuando lo preferimos".


"desgastados también ellos por las diversas estrategias de que disponía la vida para desgastar a los amantes, por los demasiados viajes o la demasiada presencia, por el peso acumulado de las mentiras o las torpezas o las indelicadezas o los errores, las cosas dichas a destiempo y con palabras inmoderadas o inconvenientes o las que, quizás por no encontrar las palabras convenientes o moderadas, nunca se dijeron, o desgastados también por la mala memoria, sí, por la incapacidad para recordar lo esencial y vivir en ello (para recordar lo que una vez hizo feliz al otro: cuántos amantes ha sucumbido a ese olvido negligente), y por la incapacidad, también de adelantarse a todo aquello que tanto desgasta y deteriora, adelantarse a las mentiras, a las torpezas, a las indelicadezas, a los errores, a las cosas que no debían decirse y a los silencios que debían evitarse: ver todo aquello, verlo venir en la distancia, verlo venir y hacerse a un lado y sentir el soplo de su paso como un meteorito rozando el planeta".



Las reputaciones
Juan Gabriel Vásquez
139 páginas

Alfaguara

2013

jueves, 25 de abril de 2013

Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett


“Lo que no tiene nombre” salió a la venta el 8 de marzo y ya lleva más de 7.000 ejemplares vendidos. En un país en el que vender 1.000 libros es ya un éxito, lo que ha ocurrido con este texto puede decirse que es un fenómeno.



Por supuesto, la calidad de un libro no se mide por las ventas, pero ayer oí decir a su autora, en una presentación en la Librería Prólogo, que ella siempre ha tenido lectores en la academia, entre los escritores -porque la poesía en este país circula en ámbitos muy restringidos- pero que se siente satisfecha de haber logrado llegar a un público diferente, más amplio y diverso, con este libro.



Creo que lo logra porque la historia es hermosa, el libro está bellamente escrito y habla de un tema tabú: el suicidio, y de otro tema tabú: la esquizofrenia y la enfermedad mental. Ambos más comunes de lo que se cree. Por eso uno de los epígrafes del libro, de Paul Auster es tan acertado: “Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”.



Pese al dolor de mamá que representa el suicido del hijo, en cada párrafo se nota la rienda que le pone freno a su emoción, para dar cuenta de un hecho con las palabras precisas, duras, escuetas, que enseña a usar la poesía. En una presentación en la Feria del Libro de Bogotá de 2004, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski contó que su primer acercamiento con la escritura no fue el periodismo sino la poesía y que a la poesía le debía el rigor de imponerse encontrar la palabra exacta para cada cosa. Ese oficio de poeta, que le permitió ser excelente cronista, es el que se siente en cada página de “Lo que no tiene nombre”, un texto de no ficción que tiene todo el valor de la literatura: en las palabras que usa, en la estructura elegida, en la construcción del hijo-personaje, que murió como miembro de familia pero nació como personaje de la literatura colombiana, con una voz propia.



Al leer este libro recordé “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince, y “La luz difícil”, de Tomás González. Los tres pueden configurar la trilogía del duelo en la literatura colombiana contemporánea, o al menos la trilogía del duelo por el hijo perdido (para mí, los momentos más tristes de El olvido que seremos no vienen por la anunciada muerte del padre, sino por la inesperada muerte de la hija-hermana). En esta trilogía “Lo que no tiene nombre” tiene la fuerza que implica el pacto con el lector de saber desde el comienzo que lo que se está leyendo ocurrió realmente y no hay ficción en el relato, situación que comparte con El olvido que seremos, y a su vez tiene la fuerza que imprime la muerte por voluntad propia, como también se da en la ficción planteada en La luz difícil.



Solo alguien que tiene una formación literaria (poética) muy sólida, puede escribir un libro de esta calidad, sin sentimentalismo ni melodrama, en medio de un duelo tan profundo. Porque hay que recordar que lo escribió “en caliente”, durante el año siguiente a la muerte del hijo, y no años o décadas después, como han hecho otros autores para narrar sus propios dramas en clave literaria.



Al final del libro Piedad Bonnett cita a Juan José Millás: “la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas”. Para mí, esta lectura ha sido al mismo tiempo hurgar y sanar una vieja cicatriz.





Los que quieran conocer más de la obra de Piedad Bonnett, su página web es: www.piedadbonnett.co

...y como es habitual, acá van las frases:



“Pero la verdadera vida es física, y lo que la muerte se lleva es un cuerpo y un rostro irrepetibles: el alma que es el cuerpo”.



“Durante horas, sentado cada uno en un lugar distinto de la sala de la casa, ensimismados en los computadores y en los teléfonos, por momentos parecemos representar una obra del absurdo”.



“La noticia de que se trató de un suicidio hace que muchos bajen la voz, como si estuvieran oyendo hablar de un delito o de un pecado”.



“Muchos de los intelectuales que conozco se abochornan ante la muerte, no saben abrazar, se paralizan al verme”.



“Ya no creemos en las fórmulas, pero no hemos creado un lenguaje que las remplace. Los hechos, como siempre, acorralan las palabras”.



“La vida nos escamotea el espectáculo de nuestro funeral”.



“estamos ante un momento de incomprensión histórica, ante una simplificación amplificada por la estupidez de la provincia”.



“en el corazón del suicidio, aun en los casos en que se deja una carta aclaratoria, hay siempre un misterio, un agujero negro de incertidumbre alrededor del cual, como mariposas enloquecidas, revolotean las preguntas”.



“Uno de los autores que leo recuerda, no obstante, que a veces no se puede escoger cómo morir. Que el soldado usará su arma, y el médico el bisturí, y el farmaceuta una dosis de barbitúricos”.



“¿De qué tamaño es el dolor del que se despide de sí mismo?”



“Todo suicidio encierra un mensaje para los que se dejan atrás”.



“ningún amor es útil para aquel que ha decidido matarse. En el momento definitivo, el suicida sólo debe pensar en sí mismo para no perder la fuerza”.





Lo que no tiene nombre

Piedad Bonnett

131 páginas

Alfaguara

2013



sábado, 9 de febrero de 2013

Abraham entre bandidos, de Tomás González


Hace ya más de un año Carlos Julián había reseñado en este blog "Abraham entre bandidos" y había empezado diciendo que "hay algo de bello en toda esta sencillez". Creo que "sencillez" es la palabra que mejor describe la literatura de Tomás González, una escritura limpia, depurada, sin malabares ni trampas ni pretensiones rocambolescas, que habla siempre de gente común, de historias cotidianas, en medio de una naturaleza muy bien descrita y unas voces personales muy bien definidas.

Leí que esta historia tiene dos orígenes: por un lado, el secuestro de Abraham se parece al del suegro de Tomás González, que en la época de la violencia fue "raptado" durante cinco días por el bandolero Chispas para conversar y tomar aguardiente, porque era una persona muy agradable. Por otro lado, González leyó una historia en el Miami Herald sobre una señora octogenaria y su hijo, 20 años menor, con síndrome de down, y de ahí surgen los personajes de Susana, la esposa de Abraham, y Vicente, su hijo.

La historia está contada en dos tiempos, en capítulos intercalados: Por un lado está el secuestro de Abraham y su amigo Saúl, y las penurias que padecen en medio de la incertidumbre, largas caminatas, hambre y frío. Por otro lado está el relato de Susana, 40 años después, recordando no sólo los días del secuestro sino la vida familiar con sus 9 hijos, sus nietos, su vecina y un entorno muy paisa, muy clase media colombiana, muy "común y corriente".

Es una novela sobre una familia. También sobre La Violencia y las otras violencias porque en este libro, más que en otros, el autor suelta algunas frases políticas. Pero me parece que además de todo eso, es una novela sobre la amistad de Abraham y Saúl, una historia que se cuenta como se construyen las amistades duraderas entre los hombres: con muy escasas palabras y mucho tiempo en común.

No es claro en que ciudad vive Susana ni en que zona ocurre el secuestro, pero el recorrido de Abraham y Saúl puede ser por Santuario, Risaralda, donde quedaba la finca de los abuelos del autor, o por Sevilla Valle, donde vivía la familia de su esposa. Los secuestrados en todo caso recorren cafetales, zonas templadas y bosques de niebla, en una geografía similar a la del Eje Cafetero.

En éste como en otros libros de González, aparecen sus temas recurrentes: la familia, la finca, la clase media urbana colombiana, el paisaje, el lenguaje coloquial y, sobre todo, el sentido del humor, que acá se agradece porque en una historia dura y con tanta sangre el lector se sorprende con risas que parecen fuera de lugar.

Por último, un guiño para los lectores de toda la obra de González: algunos de los personajes que aparecen acá en un segundo o tercer plano, como Cesar el médico forense, reaparecen en algunos de los cuentos de El lejano amor de los extraños.

Las frases: 
"como si se acabaran de tomar la finca y se dispusieran tal vez a asesinarlos o algo peor"

"debía pasar el día en una oficina desabrida (sin matas, donde según ella, la secretaria dejaba herbir el café y los empleados salpicaban la taza del inodoro).

"nadie camina con tanta maña a esa hora a no ser que se lo proponga; y nadie se propone caminar a la perfección a las tres de la mañana a no ser que esté borracho".

"A ella nunca le han gustado las mujeres demasiado sufridas y abnegadas, porque la verdad es que muchas se esclavizan solas".

"para enfrentarse con el horror, que nos deja indefensos como niños recién nacidos".

"A ríos más o menos grandes había ido, dijo, pero nunca al mar".

"la gente volvía a hacerse ilusiones y a pensar que ahora sí llegaría la paz. Uno se engaña. Algún día se acabarán, claro, porque nadie se acostumbra a que anden matando así a la gente (ni siquiera los que matan), pero vea usted en lo que estamos todavía...".

"A todos de vez en cuando nos llegan melancolías grandes, porque vivir es difícil".


Abraham entre bandidos
Tomás González
212 páginas
Alfaguara
2010

jueves, 31 de enero de 2013

El buscador de oro, de Jean-Marie Gustave Le Clézio

Este es un libro lento. Lento no significa aburrido. Lento significa que no es un libro para devorarse en dos sentadas, sino para degustar página a página durante semanas o meses.

Alguna vez oí que para aprender otro idioma y defenderse de manera básica es suficiente con saber usar alrededor de 2.000 palabras. Le Clézio demuestra que si un idioma tiene 10.000, 15.000 o 20.000 palabras es para usarlas todas. Debe ser un gusto leer a Le Clézio en francés. Qué riqueza de lenguaje. En todo caso, la traducción que Manuel Serrat Crespo hace de esta obra es un trabajo "impresionante". Cada página trae dos, tres, cuatro palabras de las que uno apenas sospecha el significado. Muchas tienen que ver con el oficio del marinero, partes de los barcos, etc., otras con flora y fauna, y muchas otras simplemente le ayudan a describir de una manera precisa y poética entornos que son fundamentales para el desarrollo de la historia.

El libro está dividido en siete capítulos de irregular extensión y la diferencia entre uno y otro consiste básicamente en el espacio en el que se desarrollan. De hecho el nombre del lugar sirve para titular cada capítulo. Así, el libro comienza en una casa idílica en una zona selvática de la Isla de Mauricio, en la que transcurre la infancia de Alexis L`Etang hasta sus 8 años, cuando es expulsado del paraíso junto con sus padres y su hermana, por un huracán y la pobreza.

Años más tarde viene un viaje de Alexis a bordo del Zeta por distintas islas del Océano Índico, hasta que llega a la Isla Rodrígues en donde vive cuatro años al estilo Robinson Crusoe, en busca de un tesoro. Después Aléxis se enrola en la Primera Guerra Mundial y el escenario del libro se traslada a Europa y por último regresa a Rodrígues, para continuar con la búsqueda del tesoro.

Contada así, parece una historia de aventuras, pero no. Casi no tiene diálogos, los personajes son escasos y la principal relación de Alexis es con el entorno: la selva, el mar, la nieve en la Guerra, el barco, y sobre todo las estrellas, porque la bóveda celeste es la misma en cualquier parte del mundo, en cualquier época. Este libro es una historia muy poética inspirada en la vida de su abuelo y narrada con la maestría de un Nobel. Una metáfora sobre la infancia feliz, la relación con los padres y hermanos y la búsqueda permanente por ese paraíso perdido.

Las frases:
"El silencio es más fuerte que los ruidos".

"Hoy ha transcurrido mucho tiempo en un solo día".

"Aquella noche es larga como las noches que preceden a los largos viajes".

"Y por eso precisamente estoy a bordo del Zeta, como suspendido entre el cielo y el mar: no para olvidar -¿qué puede olvidarse?-, sino para hacer la memoria vana, inofensiva, para que eso resbale y pase como un reflejo".

"Me da igual. Aquí, el mar es tan hermoso que nadie puede pensar mucho en los demás. Tal vez nos volvemos semejantes al agua y al cielo, lisos, sin pensamiento".

"Las amistades entre los hombres se hacen y se deshacen. Nadie necesita a nadie".

"Laure me avisó cuando me marché: escribe sólo una carta para decir "regreso". Si no, es inútil. Así es ella: o todo o nada. Por miedo a no tenerlo todo, eligió la nada, es su orgullo".

"Han muerto tantos hombres. Ya no conocemos el miedo. Somos indiferentes, como un sueño. Somos supervivientes...".

"La guerra no es una historia de mujeres, todo lo contrario, es la más estéril de las reuniones de hombres".

"Creo que ninguno de nosotros puede evitar pensar en lo que, antes de esta guerra, existía aquí: esta belleza, estos bosques de inmóviles abedules donde se escuchaba el grito de la lechuza, los murmullos de los arroyuelos, los saltos de los conejos silvestres. Esos bosques donde van los amantes, después del baile, con la hierba tibia todavía por la luz del día, donde los cuerpos se abrazan y ruedan riendo".

"Vamos a la deriva por un país desconocido, hacia un tiempo incomprensible. Nos acosa siempre el mismo día, la misma noche sin fin. Hace tanto tiempo que no hemos hablado, tanto tiempo que no hemos pronunciado un nombre de mujer. Odiamos la guerra en lo más profundo de nosotros mismos".

"Son los piojos los que ganan las guerras".

"La historia ha pasado, aquí como en cualquier otro lugar, y el mundo ya no es el mismo. Ha habido guerras, crímenes, violaciones y, por ello, la vida se ha deshecho".

"¡Qué largo es el tiempo del mar!"


Jean-Marie Gustave Le Clézio
El buscador de oro Editorial Norma
Bogotá
2008
259 páginas

lunes, 28 de enero de 2013

El Libro de los Gatos, de Liliana García Carril

A veces los libros llegan por la vía indicada, pero no en el momento indicado. Luego, las condiciones se hacen propicias y un termina leyéndolos en el momento debido. Eso me pasó con El Libro de los Gatos, un recopilatorio de poesía que me regaló Misael Peralta cuando cumplí 28 años y que viene a leer ahora, a los 31.
Liliana García Carril recopiló varios textos en español, inglés, francés, portugués y alemán; todo tipo de escritos poéticos con un solo tema en común: los gatos. Borges, Fernando Pessoa, Baudelaire, Nicanor Parra y muchos otros se han sentido fascinados a lo largo de la historia con esta fiera doméstica y este libro recoge varios de los escritos producto de esa fascinación.
No soy muy devoto de la poesía, pero este libro me dejó muchas imágenes hermosas. Supongo que es el momento de prestárselo a Misael para que lo disfrute él, que ahora también tiene gato.

Dejo algunos fragmentos notables, como es costumbre:

El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa, son su propia imagen.
Beppo - Jorge Luis Borges

Poco hay tan esplendoroso 
como besar el gato entre los ojos.
Miau - Gerardo Deniz

It was an icy day.
We buried the cat,
then took her box
and set fire to it
in the back yard.
Those fleas that escaped
earth and fire
died by the cold.
Complete Destruction - William Carlos Williams

Os meus gatos
gostam de brincar
com as minhas baratas.
Autobiografia Sumária de Adília Lopes - Adília Lopes

lunes, 14 de enero de 2013

El lejano amor de los extraños, de Tomás González

Al menos para mí, siempre es un placer leer a Tomás González. Esa prosa sencilla, con las palabras que uno usa, describiendo sitios que uno puede imaginar y situaciones que a uno le podrían pasar. Una cotidianidad que no puede confundirse con simpleza y que al contrario es fruto de editar, borrar, eliminar todo aquello que le sobra a un texto para dejar solo lo esencial.

El lejano amor de los extraños es un libro bonito desde el título, que es el nombre de uno de los 20 cuentos que conforman este volumen. Pero es bonito también como objeto: pasta dura verde con letras doradas, papel suave, letra grande, espacios en blanco... el ojo lee y descansa mientras lee... no como algunas ediciones "tacañas" que apretujan letras y párrafos para no tener que gastar un pliego de más.

Pero lo importante acá son los cuentos y los hay variados: variados en longitud, en tema, en tono. Todos en torno al amor, o más bien al desamor, al amor frustrado, al desasosiego después del amor, a la soledad, a la vida sin-amor o a la búsqueda de amor. Y a través de esos amores y desamores, distintos escenarios (Colombia, Nueva York, República Checa, Chile, México) o distintas épocas... temas como el narcotráfico, el Palacio de Justicia o la "Violencia", entre otros, sirven de telón de fondo, más o menos lejano, para contar las historias.

Como en todos los libros de cuentos, hay unos que gustan más que otros. A mí me gustaron particularmente Luz de tus ojos, Largo es el arte del olvido, Carti Menguante y Las palmas del ghetto.

Algunas frases:
"cruzaba y descruzaba las piernas con frecuencia y dejaba ver sitios donde se mezclaban el rosado asfixiante y el poderoso negro".

"Vértigo, horror, vértigo, horror, y al final un silencio tan hondo y definitivo como el que existe en el interior de las piedras".

"Beatriz había conocido muchas veces al hombre más bello del mundo. Cada uno de sus maridos o compañeros, que a sus cincuenta años de edad eran ya muchos, en algún momento lo habían sido".

"No le imponía la soledad, pues no le prohibía verse con nadie: se la creaba".

"Regresó al cuarto y, así como había evitado antes los espejos, evitó mirarla a ella. Temía la enorme soledad que le esperaba".

"cualquier mujer es siempre más madura que cualquier hombre".

"Su inglés era muy fluido y muy fuerte; inglés de alguien de Medellín".


Tomás González
El lejano amor de los extraños
Editorial Alfaguara
Bogotá
2012
227 páginas

viernes, 28 de diciembre de 2012

El Olvido Que Seremos, de Héctor Abad Faciolince

Carulla empezó a vender una serie de grandes éxitos literarios. El Olvido Que Seremos, de Héctor Abad Faciolince, es uno de esos grandes éxitos literarios que yo había aplazado y que terminé en dos sesiones de lectura.
Hace muchos años, desde que leí Drácula de Bram Stoker en español y Satanás de Mario Mendoza, no terminaba un libro tan rápidamente. Y se debió primero a la narrativa simple y acogedora de Héctor Abad así como a la disponibilidad de tiempo que tuve para terminar el libro.
Supongo que varios de los lectores de este blog ya habrán leído El Olvido Que Seremos, pero no puedo dejar de reseñarlo. Este es un ejercicio conmovedor de la memoria de un hombre cuyo padre fue asesinado. El retrato de la familia Abad es algo que puede parecer cercano a cualquier colombiano de clase media y es por eso que el crimen es tan conmovedor, porque puede sucederle a cualquiera de nosotros, a cualquiera que se atreva a pensar distinto o a denunciar que las cosas andan mal en una sociedad enferma como la colombiana en la que pareciera que lo criminal - lo punible, lo condenable - es ser justo y ser feliz.

Dejo, como es costumbre en este blog, unos fragmentos:

"Repetía mucho la siguiente frase, quizá citando a alguien que no recuerdo: "Aquellos a quienes los güelfos acusan de gibelinos, y los gibelinos acusan de güelfos, esos tienen la razón"."

"Sin decirme una sola palabra, sin obligarme a leer y sin echarme el sermón de lo sana para el espíritu que podía ser la música clásica, yo entendí, solo mirándolo, viendo en él los efectos benéficos de la música y de la lectura, que en la vida todos podíamos recibir un regalo, no muy caro y más o menos al alcance de la mano: los libros y los discos. Ese señor oscuro y malhumorado que había llegado de la calle con la cabeza cargada de las malas influencias y las tragedias y las injusticias de la realidad, había recuperado su mejor semblante, y la alegría, de la mano de los buenos poetas, de los grandes pensadores y de los grandes músicos."

"Hay un momento en que la vida de los seres humanos se vuelve más valiosa, y ese momento, creo yo, coincide con esa plenitud que trae el final de la adolescencia. Los padres han estado muchos años cuidando y modelando la persona que los va a representar y a reemplazar; al fin esta persona empieza a volar sola, y como en este caso, vuela bien, mucho mejor que ellos y todos los demás. La muerte de un recién nacido o de un viejo duelen menos. Hay como una curva creciente en el valor de la vida humana, y la cima, creo yo, está entre los quince y los treinta años; después la curva empieza, lenta, otra vez, a descender, hasta que a los cien años coincide con el feto y nos importa un pito."

"Al mediodía de ese martes, cuanta mi mamá, volviendo juntos de la oficina, mi papá quiso oír las noticias sobre el crimen de Luis Felipe Vélez, pero en todas las emisoras de radio no hablaban más que de fútbol. Para mi papá, el exceso de noticias deportivas era el nuevo opio del pueblo, lo que lo mantenía adormecido, sin nociones de lo que de verdad ocurría en la realidad, y así lo había escrito varias veces. Estando con mi mamá le dio un puñetazo al volante y comentó con rabia: "La ciudad se desbarata pero aquí no se habla sino de fútbol"."

"Mi papá no ve morir a su querido discípulo; en realidad, ya no ve nada; sangra, y en muy pocos instantes su corazón se detiene y su mente se apaga.
Está muerto y yo no lo sé. Está muerto y mi mamá no lo sabe, ni mis hermanas lo saben, ni él mismo lo sabe."



viernes, 21 de diciembre de 2012

El Informe de Brodie, de Jorge Luis Borges

Tengo un libro que recopila 16 libros. Esos 16 libros fueron publicados por Jorge Luis Borges entre 1931 y 1972 y El Informe de Brodie, publicado en 1970, es el penúltimo. Mi tía Francia me regaló este libro recopilatorio el día que cumplí 21 años y me ha tomado una década leer lo que Borges escribió y publicó en cuatro.
El Informe de Brodie recopila 11 cuentos contados de forma magistral y en el lenguaje propio de un erudito del siglo XX, de un académico educado por las bibliotecas y la curiosidad.
Borges siempre lo llena a uno de imágenes hermosas, le hace sentir que el idioma en el que fue educado es un tesoro invaluable y que se tardaría decenas de vidas en entenderlo completamente.

Queda un párrafo de El Duelo:

Maneco Uriarte no mató a Duncan; las armas, no los hombres, pelearon. Habían dormido, lado a lado, en una vitrina, hasta que las manos las despertaron. Acaso se agitaron al despertar; por eso tembló el puño de Iriarte, por eso tembló el puño de Duncan. Las dos sabían pelear - no sus instrumentos, los hombres - y pelearon bien esa noche. Se habían buscado largamente, por los largos caminos de la provincia, y por fin se encontraron, cuando sus gauchos ya eran polvo. En su hierro dormía y acechaba el rencor humano.
Las cosas duran más que la gente. Quién sabe si la historia concluye aquí, quién sabe si no volverán a encontrarse.

La Casa de las Bellas Durmientes, de Yasunari Kawabata

No tendría forma de haber llegado a leer a Yasunaria Kawabata de no ser por la recomendación de un amigo. La información de la contraportada indica que Kawabata nació en Osaka en 1899 y que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1968, que fue un insomne notable y que se suicidó a los setenta y dos años.
La Casa de las Bellas Durmientes es una reflexión breve acerca del amor, la juventud, la vejez y la muerte. No sabría si debe catalogarse como un cuento extenso o como una novela corta. Yo sentí que la historia era una pequeña fábula sin animales y sin una moraleja concreta.
La Casa de las Bellas Durmientes es un lugar donde los hombres viejos pagan por pasar la noche al lado de una mujer joven. No tienen sexo, solo duermen; pero el mero hecho de visitar la casa en varias ocasiones lleva al viejo Eguchi (protagonista de la historia) a cuestionarse vagamente acerca de muchas cosas de su propia vida. ¿Pero no nos pasa acaso a todos? ¿No pensamos todos un poco acerca de lo que significa estar vivo, de lo que significa envejecer, de lo que significa tener sexo con alguien y después dejar que se pierda para siempre en el olvido? 
Si las reflexiones de Florentino Ariza me llevaron a pensar que empecé a envejecer (después de los 30 no voy a hacerme propiamente más bello o más joven) las del viejo Eguchi me hicieron pensar que en menos de lo que imagino voy a estar viejo, voy a oler mal, voy a estar más cerca de la muerte que del nacimiento y voy a estar preguntándome más cosas acerca de la existencia. Es probable que la vejez no traiga respuestas, sino que por el contrario traiga - además de preguntas nuevas - mucha melancolía.

Aquí, un fragmento:

No la vio nunca más. Hacía más de diez años que se había enterado de su muerte. Eguchi, a sus sesenta y siete años, había perdido a muchos amigos y parientes, pero el recuerdo de la muchacha seguía siendo joven. Reducido ahora a tres detalles, la gorra blanca de la niña, la pulcritud del lugar secreto y la sangre en el pecho, era todavía claro y fresco. Probablemente no había nadie en el mundo aparte de Eguchi que conociera aquella pulcritud incomparable, y con su muerte, ahora no muy distante, desaparecería del mundo por completo. Aunque con timidez, ella le había permitido mirar cuanto quisiera. Tal vez fuese una actitud propia de las jóvenes, pero no podía caber la menor duda de que ella misma no conocía su pulcritud. No podía verla.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La serpiente sin ojos, de William Ospina

En una nota al final del libro, William Ospina señala que Ursúa es un libro de guerras, El país de la canela un libro de viajes y La serpiente sin ojos es una historia de amor.

La serpiente sin ojos es el último libro de una trilogía escrita para contar las aventuras de los primeros europeos por el Río Amazonas, y de manera particular la historia de Pedro de Ursúa, español que guerreó en varios territorios de la actual Colombia y luego organizó una expedición que partió desde Perú para conquistar el Río Amazonas que 20 años atrás había descubierto Francisco de Orellana.

La primera parte de este libro, cuando el autor nos presenta a Inés de Atienza y luego ésta conoce a Ursúa, sí puede ser una historia de amor, adobada por el fragor de la Conquista (en mayúscula). Pero la segunda parte, cuando ya comienza la expedición por el Amazonas, es más una historia de poder y traición, con el contrapunto que pone el personaje de Lope de Aguirre, inmortalizado por Klaus Kinski en la película "Aguirre la ira de Dios" de Werner Herzog.

Esta última parte tiene un tono lóbrego, trágico, que en algo recuerda  El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Un viaje a través de un río, con una selva espesa, unos seres humanos cada vez más desquiciados y unas orillas plagadas de misterios y peligros.

Quien ha leído los otros dos libros de la trilogía encontrará en éste la misma prosa generosa para describir la selva a partir de enumeraciones. Sin embargo puede extrañar en La serpiente sin ojos las aventuras del País de la Canela, quizás el más vertiginoso de los tres relatos. En cambio, este libro trae un regalo para los lectores: Ospina, que también es poeta, separa cada capítulo con un poema relacionado con la atmósfera de la historia, pero que se defiende de manera independiente.

Las frases:

"También a lo imprevisto se acostumbran los cuerpos".

"Tarde o temprano lo que somos se muestra".

"No somos dueños de nuestro destino: una vida que no ha encontrado sus respuestas está sujeta a las tentaciones y a los desafíos".

"Ahora sé que todo rechazo vehemente es en secreto un vínculo".

"Un solo viaje por el río basta para envenenar una vida".

"Mientras dura el poder, los poderosos padecen la ilusión de ser invencibles e inmortales, y logran contagiar esa fantasía, pero en estas tierras nuevas el tiempo lo muele todo más aprisa".

"No ve el mismo mundo quien va a solas que quien se siente acompañado".

"Los amantes de la comodidad no son buenos aventureros ni saben resolver los problemas graves de la lucha con el mundo: mejor andar con diablos fuertes que con príncipes delicados".

"A las Indias llegaban cuatro clases de hombres: había enfermos, había locos, había monstruos y había demonios".

"pensando en el común de los soldados españoles, que sabían de salvajismo pero también de moderación, que eran capaces de destruir un mundo pero seguían respetando centenarios códigos de honor".

"En verdad no hay historia memorable que no haya costado mucho dolor humano, pero también es cierto que el dolor es lluvia constante en este mundo, y no siempre deja historias dignas de ser contadas".

"Como ocurre con toda muerte que nos hiere el alma, sentí que se había acabado el mundo".


William Ospina
La sepriente sin ojos
Editorial Mondadori
Bogotá
2012
318 páginas

martes, 13 de noviembre de 2012

El Amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez

Cuando llegué a Bogotá, hace casi una década, trabé amistad con una estudiante de Comunicación Social que estaba aspirando también a terminar un pregrado en Literatura en la Javeriana. Mi contacto con los estudiantes no pasaba de los encuentros en las salas de edición de ese sótano helado que era el Centro Audiovisual Javeriano, pero con ella empecé a hablar de música y libros así que fuimos más allá.
Un día, hablando de Gabriel García Márquez me dijo que por mi modo de ser creía que me encantaría El Amor en los Tiempos del Cólera así que le prometí que iba a leerlo para que pudiéramos comentarlo.
Lo que no sabía era que esa lectura iba a llegar en el año 2012 y que para ese momento yo llevaría ya varios años de haberle perdido el rastro.
Para mi cumpleaños número 31 recibí El Amor en los Tiempos del Cólera como parte de mis regalos y lo leí durante el último mes. Con el paso del tiempo aprendí que no es bueno idolatrar o despreciar artistas u obras completas, sino más bien detenerse en cada pieza. No es lo mismo hablar de Fervor de Buenos Aires que de El Aleph, no es igual hablar de Revolver a hablar de Help! y no es lo mismo hablar de 2001: A Space Oddissey a hablar de The Shine.
Gabriel García Márquez es uno de esos autores que me llevaron a esa conclusión. Hay cosas suyas que me fascinan y otras que me aburren mortalmente.
El Amor en los Tiempos del Cólera es una de las historias de amor más bonitas y mejor contadas que he leído en mi vida. Y tiene dos de los elementos que me gustan de la narrativa de García Márquez:
1. La anticipación de un final previsible (que es el encuentro entre Florentino Ariza y Fermina Daza) anunciado desde la primera parte del libro.
2. La ilación de varias historias con una prosa cadenciosa y musical que hace que uno no pueda dejar de leer y que no llegue a sentir los cambios a veces bruscos entre unos escenarios y otros, entre unos personajes y otros, entre unos tiempos y otros.
El Amor en los Tiempos del Cólera tiene una construcción maravillosa. Está dividido en unos seis o siete fragmentos largos que funcionan como unidades narrativas - de aproximadamente 60 páginas cada uno - que proponen al lector conjuntos de situaciones y hechos importantes para la historia completa y tiene una estructura circular con cola en la que uno llega a entender la situación planteada originalmente y va más allá hacia un final satisfactorio, como sucede en Crónica de una Muerte Anunciada.
Otra de las cosas que me encantó de este libro (o que no había notado en la obra completa de García Márquez) fue su habilidad (o la del Caribe Colombiano) para generar nombres sonoros, maravillosos, ingeniosos como una buena marca: América Vicuña, Hildebranda Sánchez, Juvenal Urbino, Tránsito Ariza, Lotario Thugut, Olimpia Zuleta, Bárbara Lynch.
No recuerdo la cita exacta (o el autor), pero me parece que era Borges el que decía que los libros encuentran a los lectores en el momento indicado y mi caso con El Amor en los Tiempos del Cólera así parece confirmarlo. Es uno de los regalos más acertados que he recibido en años recientes.
En uno de estos libros no es fácil buscar frases notables. Es mejor buscar párrafos completos. Dejo uno de mis favoritos:

"Si algo la mortificaba era la cadena perpetua de las comidas diarias. Pues no sólo tenían que estar a tiempo: tenían que ser perfectas, y tenían que ser justo lo que él quería comer sin preguntárselo. Si ella lo hacía alguna vez, como una de las tantas ceremonias inútiles del ritual doméstico, él ni siquiera levantaba la vista del periódico para contestar: “Cualquier cosa.” Lo decía de verdad, con su modo amable, porque no podía concebirse un marido menos despótico. Pero a la hora de comer no podía ser cualquier cosa, sino justo lo que él quería, y sin la mínima falla: que la carne no supiera a carne, que el pescado no supiera a pescado, que el cerdo no supiera a sarna, que el pollo no supiera a plumas. Aun cuando no era tiempo de espárragos había que encontrarlos a cualquier precio, para que él pudiera solazarse en el vapor de su propia orina fragante. No lo culpaba a él: culpaba a la vida. Pero él era un protagonista implacable de la vida.  Bastaba el tropiezo de una duda para que apartara el plato en la mesa, diciendo: “Esta comida está hecha sin amor.” En ese sentido lograba estados fantásticos de inspiración. Alguna vez probó apenas una tisana de manzanilla, y la devolvió con una sola frase. “Esta vaina sabe a ventana.” Tanto ella como las criadas se sorprendieron, porque nadie sabía de alguien que hubiera bebido una ventana hervida, pero cuando probaron entendieron: sabía a ventana."