sábado, 27 de enero de 2024

Diario de los sucesos de la Revolución en la Provincia de Antioquia en los años de 1840-1841, de María Martínez de Nisser

El "Diario de los sucesos de la Revolución en la Provincia de Antioquia en los años de 1840-1841" es el primer texto que se conoce escrito por una mujer que haga referencia al actual territorio de Caldas.

María Martínez de Nisser nació en Sonsón en 1812. Se casó con Pedro Nisser, médico sueco radicado en el sur de Antioquia, y estando en ese municipio los tomó la "Guerra de los Supremos" o "Guerra de los Conventos", el primer conflicto interno que se desató en Colombia luego de la independencia de España. La guerra tuvo lugar entre 1839 y 1841 y su origen fue religioso: el gobierno ordenó suprmir conventos y templos con menos de 8 religiosos para subastarlos y usar el dinero para escuelas públicas. La decisión generó descontento que fue aprovechado por líderes de distintas provincias que veían con prevención las decisiones que se tomaban desde Bogotá. Esos líderes provinciales, conocidos como Los supremos, estaban liderados por figuras como el general Obando, en el sur, o el recién fallecido general Santander, y se oponían al presidente Alcántara Herrán. En Antioquia la insurrección de los Supremos la lideró Salvador Córdova, hermano del prócer.

Este es el contexto histórico en el que María Martínez de Nisser escribe su diario, y conviene comprenderlo porque ella no lo explica en su texto: lo da por entendido porque le habla a sus contemporáneos. Se trata de un diario que comienza con la retórica del desprecio, tan común hasta mediados del siglo XX, de acuerdo con la cual las mujeres escritoras se excusan por atreverse a escribir y por la calidad de sus letras, que consideran menor. 

El diario comienza el 11 de octubre de 1840 en Sonsón. María Martínez informa cómo avanza "la facción" de Córdova por distintos cantones de Antioquia y cómo se preparan algunos ciudadanos defensores del presidente para combatirlos. Los desplazamientos a caballo, la falta de armas, lasdetenciones de hombres del pueblo y la zozobra por posibles enfrentamientos y capuras son los sucesos que aparecen en esta parte del diario, rico en nombres propios y detalles de la sociedad de la época en Sonsón. 

A mediados de abril de 1841, cuando ya ha avanzado un 65% del diario, el texto da un giro: Pedro Nisser es capturado y María decide enrolarse en la tropa que enfrenta a los sublevados. Dice que se cortó el pelo, se cosió un traje de hombre y se presentó ante la tropa con su padre y sus hermanos. A partir de ahí el diario narra el viaje a caballo por Sonsón, Abejorral, Aguadas, Pácora y Salamina, en donde se libra una batalla que le da la victoria al grupo de María Martínez de Nisser, quien regresa a Sonsón y luego a La Ceja, Marinilla y Medellín, en donde es recibida como heroina. 

El diario aporta pocos datos personales sobre María Martínez de Nisser, pero es evidente que se trata de una mujer muy ativa políticamente y, además, con conocimientos de historia y literatura. En su texto evoca la fecha en la que se cumplen los 20 años de la muerte de Napoleón, recuerda a Bolívar y, al final, cierra su diario en francés. 

El diario resulta interesante por la cantidad de detalles y datos que aporta sobre el contexto político y social en el que se dio la colonización antioqueña. María Martínez combatió junto a Elías González y Marcelino Palacios, figuras claves en la fundación de Manizales, y además estuvo bajo las órdenes de Braulio Henao y su hermano Félix Henao, reconocidos conservadores en varias guerras civiles. 

Cabe recordar que parala época que narra el diario (1840-1841) aún no existen los partidos liberal y conservador y tampoco ha sido fundada Manizales.

Algunos subrayados
Pocas provincias como Pasto, que ha sido y será el pasto para la insubordinación en todos tiempos (p. 22).

son personas insignificantes los que se han agregado al partido de los rebeldes; sin embargo, para hacer mal todos sirven (p. 28).

Sin duda, no hay más remedio que el terror, para contener los males en que se halla ya sumergida mi pobre patria… (p. 30).

Aunque nada versada en cosas de política por lo poco que he leído, y por lo que estoy viendo, conozco que siempre es mejor un gobierno legítimamente establecido, aunque tenga sus faltas, que la rebelión, la facción, o llámese guerra civil, cuyos males son tantos, tan enormes y de tan funestas consecuencias, que siempre son el rompimiento del pacto social, de ese pacto formado por la voluntad del pueblo legalmente representado (p, 37).

las mentiras son tantas, que nada se puede creer (p. 37).

—¡Que largo se vuelve el tiempo cuando esperamos la definición de un problema que nos es de sumo interés...! (p. 45).  

La libertad, este bien inestimable de la naturaleza y de la sociedad, es una prerrogativa que se debe recobrar a cualesquiera precio que sea, sin omitir sacrificio alguno (p. 64).

que no; porque allí ¿de qué utilidad puedo ser para mi patria o para mi esposo? Mañana me presentaré a Braulio, le pediré una lanza; marcharé en compañía de mis dos hermanos y demás patriotas de este pueblo, y contribuiré de este modo a la libertad de mi suelo (p. 67). 

me dijo: “me parece una acción demasiado heroica, pero peligrosa”. Yo sólo quiero saber si perjudicará a mi honor, le interrumpí, porque esto sólo será capaz de contenerme; a lo que me contestó: deshonroso no es, sino al contrario, una acción virtuosa; pero Ud. debe hacer lo que su padre diga (p. 68). 

me ofendía en creer que por ser mujer no era capaz de ser firme en mis resoluciones, y que me creía con suficiente valor, para arrostrar los peligros y soportar las fatigas del mismo modo que los demás: no teman por mí, que seré un ejemplo de resignación… (p. 75). 

Salamina, este pueblo patriota y raro, donde no hay un solo individuo que no aborrezca la facción, ha manifestado su regocijo, con nuestra llegada (p. 79).  

Vi el campo lleno de muertos y heridos; y al oír los clamores, ayes y lamentos, me horroricé y llené de pena contemplando esta dolorosa escena, y tanto más me sentía conmovida, cuando reflexionaba que todo esto se debía unos pocos ambiciosos (p. 92). 

Diario de los sucesos en la Revolución en la Provincia de Antioquia en los años de 1840-1841
María Martínez de Nisser
Editorial Eafit
Medellín, 2012
106 páginas


martes, 23 de enero de 2024

Manual de hipocondria, de Octavio Escobar Giraldo

En 1997 Octavio Escobar Giraldo publicó siete poemas en "La manzana oxidada", un volumen colectivo en el que también aparecieron poemas de Alberto Verón y Flobert Zapata. En los años siguientes Escobar Giraldo se concentró en publicar cuentos y novelas y la poesía desapareció de su producción editorial durante casi dos décadas, hasta que en 2016 sorprendió con un premio por "Historias clínicas", un volumen de 33 poemas firmados por él, de verso muy libre, ambientados en hospitales, con imágenes potentes que perduran en el lector.

La experiencia con "Historias clínicas" al parecer le quedó gustando porque tan solo cinco años después volvió a ganar otro premio lírico: el Premio Internacional de Poesía Las Palmas de Gran Canaria en su edición número 24, por el volumen "Manual de hipocondria", que continúa esa veta iniciada en "Historias clínicas", en la que el autor reflexiona sobre el cuerpo, la vejez, la enfermedad y la muerte en poemas cortos (algunos cortísimos) que se construyen a partir de personajes concretos.

Manual de hipocondria presenta 31 poemas. Los títulos son números: Uno, Dos, Tres, hasta llegar al último. En los versos hay humor, ironía, cierta actitud de no tomarse muy en serio su rol de poeta y, en cambio, jugar con la escritura y con el lector a partir de las posibilidades que ofrece el lenguaje escueto para plantear situaciones que orbitan alrededor del inevitable deterioro del cuerpo humano. 

VEINTICUATRO

Lo cierto,
lo dolorosamente cierto,
es que estoy vivo
y ese es el verdadero milagro,
el que abrazo pero no entiendo.

El libro fue escrito en medio de la pandemia por Covid-19, donde toda la humanidad de manera súbita se volvió más consciente de la importancia de una bocanada de aire. Alguna vez le escuché a Octavio Escobar decir que como médico-escritor le llamaba la atención que en tantas novelas y cuentos los personajes no se enfermaran, y ni siquiera tosieran: personajes que al parecer habitan cuerpos perfectos y por lo tanto inexistentes. "Manual de hipocondria" es un giro frente a ese planteamiento: un poemario en el que la tos, el cáncer, los tumores, el alzheimer y la muerte tienen presencia cotidiana, y esa corporeidad se reviste de belleza y de cierta ternura, en medio del dolor.

Un valor adicional del libro es la bella edición de la editorial Verso Libre, de Medellín. Pequeñas ilustraciones, el uso de dos tintas y la calidad del papel son detalles que permiten disfrutar de esta obra también como objeto para ojear.


Manual de hipocondria
Octavio Escobar Giraldo
Editorial Verso Libre
Medellín, mayo de 2022
80 páginas

miércoles, 17 de enero de 2024

La Amazonia, de Eliane Brum

Eliane Brum es una premiada periodista brasilera que nació en Ijuí, en el estado Río Grande del Sur, al sur de Brasil. Allí creció, estudió, tuvo a su hija y empezó a trabajar como periodista. Durante muchos años se definió como gaucha, esa cultura que comparte territorio con Argentina, Uruguay y Paraguay y que se enorgullece del dominio del hombre sobre el campo abierto. Cuando tenía 30 años empezó a trabajar en una revista de Sao Paulo. Allí vivió 17 años, se casó, habitó un apartamento de clase media y viajó en labores de reportería a distintas zonas de los Brasiles, como ella los llama, en plural. 

Alguno de esos viajes la llevó a la Amazonia. Viajó, regresó y cada vez sintió con más fuerza la necesidad de hacer algo más que entrevistas y reportería. Sintió que la emergencia climática, la destrucción de la selva, necesitaba un activismo radicales y por eso en 2017 tomó la decisión de dejarlo todo y radicarse en Altamira, una ciudad de 110.000 en plena selva amazónica. Para llegar desde Sao Paulo hay que tomar 3 vuelos y, como si fuera poco, Altamira ostenta el primer lugar en homicidios en Brasil.

"La Amazonia" cuenta todo esto. Es un testimonio en el que Eliane Brum habla en una contundente primera persona, desde las entrañas. Dice que está en un proceso de forestación: de dejar la blanquitud para integrarse a los pueblos-selva, aunque sabe que por su origen es mucho lo que no puede ver ni entender de los pueblos ribereños, indígenas y de los "más que humanes", como denomina a los animales, en una apuesta política desde el lenguaje por abandonar el antropocentrismo.

La Amazonia habla del racismo, de la amenaza política de personajes como Jair Bolsonaro, pero también de la hipocresía de la izquierda política que defiende un desarrollo sostenible que permite exploración petrolera, carreteras e hidroeléctricas en plena selva amazónica. Eliane Brum denuncia el asesinato de líderes ambientales, la manera como desde el poder central se abandona a la selva a su suerte y su suerte son hombres armados que, con la complicidad de poderes locales, deforestan, desplazan y amenazan. A las quemas de árboles y a los parches deforestados se suman otras zonas de "selva carcaza": territorios que desde el aire se ven verdes, pero que abajo han sido talados a intervalos, para sacar maderas valiosas que supuestamente no se pueden explotar.

Y en medio de tanta violencia y tanta tristeza hay también relatos de resistencia. De re-existencia: los liderazgos ambientales femeninos, los feminismos amazónicos, las investigaciones científicas, la presencia de misioneras que defienden los derechos de los indígenas y los ribereños y las formas organizativas comuntarias, en redes horizontales y colaborativas, que permiten la defensa del territorio.

En Colombia, cuando se habla de la Amazonía, la primera referencia que surge es la del Río Amazonas, o la de Leticia, capital del departamento del Amazonas, a orillas de ese río. No obstante, la Amazonia es mucho más que el río. En Colombia la selva amazónica cubre el 23,3% del territorio colombiano, incluido el marino, y el 42,3% de la parte continental. Es decir: casi la mitad de nuestro territorio continental es amazónico, y el Amazonas es apenas un río que nos toca en la punta sur. Este contexto es importante para comprender el concepto de Amazonía que desarrolla Eliane Brum: una enorme selva tropical que se despliega a través de 436 páginas y sólo en una de ellas, de manera tangencial, se menciona el río Amazonas.

Brum hace un esfuerzo por escribir su libro en lenguaje neutro (otres, nosotres, humanes y no humanes, etc.). No obstante, la traducción al español de España (vosotros, os digo, pensad que...) hace que en muchos pasajes el texto se sienta distante de la calidez narrativa con la que evidentemente fue escrito, en donde las reflexiones constantes sobre el lenguaje y el ejercicio de la escritura constituyen un deleite para el lector. 


Algunos subrayados

La Amazonia lo vuelve todo literal. Ya no puedo ser cartesiana, porque el cuerpo es todo y todo lo domina. La persona que entra en la selva por primera vez no sabe qué hacer con las sensaciones que experimenta, con las partes del cuerpo que ignoraba que tenía y que, de repente, nunca la abandonarán (p. 10).

Es fácil ahogarse en la escritura. Lo difícil es no hacerlo (p. 11) 

A la muerte no le gusta morir sola. Va muriendo en cadena. La muerte no sufre de agorafobia, le gusta todo el mundo: los peces, los mosquitos, los árboles, nosotros (p. 12).

La escritura me ancla; las palabras escritas son la fuerza de gravedad que me sujetan al suelo (p. 16). 

Ahora me doy cuenta de que no sé por qué motivo elegí ese camino para contar esta historia. Pero he aprendido a no desperdiciar ninguna oportunidad para perderme (p. 16).

El antropólogo o periodista cree que está observando, pero siempre está siendo observado, y con gran diversión. Somos los conejillos de indias de estos otros pueblos. Esos para quienes nosotros, «los blancos», somos los otros (p. 17).

no hay forma de ser blanco y ser bueno en países donde los negros viven peor y mueren primero. A eso lo llamo «existir violentamente» (p. 19).

La batalla por la Amazonia no es una lucha por el desarrollo sostenible. Éste es el término empleado por quienes creen posible sortear el abismo sin renunciar al sistema capitalista que nos llevó a él. Es un discurso agradable para que, con algunos cambios cosméticos, todo pueda proseguir sin alterar radicalmente la desigualdad estructural entre géneros, razas y especies (p. 51).

debería explicar lo que significa para mí escuchar. En mi opinión es la principal herramienta de un periodista. Antes de acercarme a otra persona, procuro vaciarme de mí, de mi visión del mundo, de mis creencias, de mis prejuicios. Este vaciado no es completo, por supuesto, porque es imposible abandonar totalmente un cuerpo cultural. Pero es un movimiento fundamental. Es lo que permite que el relato de otre ocupe mi cuerpo como relato de otre, y no el relato de otre distorsionado por lo que mis creencias o prejuicios no me permiten oír. En caso contrario, no puedo alcanzar esa otra experiencia de existir (p. 62)

La lógica de la destrucción no distingue entre los cuerpos a destruir, selva o mujer. Es un elemento estructural del sistema que conforma el mundo. Más que cambiar el sistema, hay que derrocarlo, porque la violencia no es un dato más, sino la misma estructura que sostiene todo el edificio (p. 64).

En una entrevista que le hice a Eduardo Viveiros de Castro, una de las voces más originales de la antropología contemporánea, me dijo: «Los indios son especialistas en el fin del mundo, ya que su mundo acabó en el año 1500.» (p. 74).

La escritura es mucho de mucho. Y también es un arma para oprimir, subyugar, esclavizar y destruir a todos los que narran la vida oralmente, a través del cuerpo del río, de los árboles, de las piedras, de los mapas hechos de otra materia (p. 90).

El fracaso es condición de quien escribe. La vida siempre escapa. La vida desborda, la vida es más grande (p. 95). 

Hacer memoria y evitar que se olvide es una de las misiones más nobles del periodismo que merece ese nombre (p. 143).

Incluso al leer sobre ella, la Amazonia tan sólo podía captarse como una experiencia de los sentidos (p. 195). 

Las reuniones del consejo de redacción estaban salpicadas de jerga corporativa en inglés, lo que hacía que me sintiera analfabeta hasta que comprendí que la lengua inglesa era obviamente un instrumento de poder que indicaba la clase de uno. (P. 196). 

una ciudad moderna es, por definición, una ruina de la naturaleza (p. 216).

renunciar a la esperanza, una postura impopular que a menudo se malinterpreta y que siempre me causa problemas. No, no tengo ninguna esperanza. Y no, no soy infeliz ni feliz. Tampoco soy pesimista ni optimista. Estas polarizaciones me importan poco (p. 244) la esperanza ha sustituido cada vez más a la felicidad como mercancía (p. 245).

sabemos que el peor colonizador es el que no sabe que lo es (p. 273).

No creo en el sacrificio. Creo en la elección de perder para estar con los demás. Pero nunca a través del sacrificio, esa fábrica de santos que mastica carne para escupir estatuas por el otro extremo. Creo en los poetas, no en los mártires.  (p. 280).

Establecerse en algún lugar es crear un mapa afectivo (p. 286).

aunque el suicidio sigue siendo un tabú en tiempos de «paz», se convierte en una traición a la especie en un momento en que tantos luchan por seguir vivos. Pero los suicidios ocurren. Y no son raros (p. 291).

Un buen antropólogo vive con un pueblo indígena durante años, décadas, no para entenderlo, sino para traicionarlo menos en lo poco que entiende. Lo mismo ocurre con los periodistas como yo. Lo único que conseguimos es narrar otra experiencia, después de que haya recorrido nuestro cuerpo, siempre después de que haya recorrido nuestro cuerpo (p. 313).

el lenguaje es un campo donde se libran continuamente las batallas realmente importantes (p. 315)

la humanidad es un club exclusivo restringido a la minoría dominante (p. 352). 

Es importante repetir, una vez más, que en el pasado nunca hubo paz. Sabemos que el pasado estuvo plagado de conflictos, sometimientos, supresiones y exterminios. Déspotas electos como Trump y Bolsonaro «han limpiado» el pasado de sus conflictos y muertes y lo han empaquetado para ofrecérselo a una población asustada por un mundo cambiante (p. 379). 

Imaginar resultó ser una acción más difícil de lo que parecía al principio. Descubrimos hasta qué punto ha sido aprisionada, cuadriculada y formateada nuestra imaginación. Decir qué mundo se quiere realmente, con propuestas claras, es mucho más complicado de lo que parece para personas que han sido domesticadas para obedecer o, en el mejor de los casos, para vivir sólo reaccionando a los ataques (...) De hecho, no es casualidad que los neofascistas ataquen tanto al arte. El arte promueve la imaginación y siempre es lo primero que intentan suprimir los Gobiernos y gobernantes autoritarios (p. 385).


La Amazonia. Viaje al centro del mundo.
Eliane Brum
Traducción: Mercedes Vaquero Granados
Penguin Random House
Bogotá
Enero de 2024 (primera edición en portugués: "Banzeiro òkòtó. Uma viagem à Amazônia Centro do Mundo", 2021)
432 páginas

miércoles, 10 de enero de 2024

La era de la ansiedad, de Roberto Palacio

Al comienzo de "La era de la ansiedad" su autor, el filósofo bogotano Roberto Palacio, advierte que el libro "está escrito de tal manera que cualquiera lo pueda entender. El que quiera pensar los tiempos en que vivimos quizá pueda encontrar algo de valor acá. Será una decepción, eso sí, para quien en él busque filosofía académica. O citas apa" (p. 19). La anotación se justifica por la bien ganada fama de los libros sobre filosofía: ladrillos pesados e inintelegibles que ahuyentan al lector no iniciado. 

Palacio se define a sí mismo como un "divulgador filosófico, ensayista y escritor" y en "La era de la ansiedad" desarrolla bien esos roles. Se trata de un ensayo de divulgación que aborda distintos conceptos que se sienten cercanos a la vida contemporánea y explica sus aristas a partir de las ideas de distintos autores que Palacio ha leído previamente y desglosa para el lector. 

El libro está compuesto por una introducción y 9 capítulos que, desde los títulos, dan cuenta del contenido de la obra: Identidad, El amor, La virtualidad, Cultura Woke, Argumentación, El conocimiento, La educación, La felicidad y Filosofía. Al final de cada capítulo Palacio presenta la bibliografía sugerida para ampliar el tema, con un comentario sobre cada obra (4 ó 5 libros por capítulo) lo cual hace que cada capítulo/ensayo se lea como una provocación para seguir ahondando en las elucubraciones que despierta. Los autores citados van desde Sartre y Camus hasta Martha Nussbaum, Bertrand Russell y Byung Chul Han, pasando por Montaigne, Socrates y Pascal, entre otros.

Palacio se muestra bastante crítico de la cultura woke, llama la atención sobre la vacuidad contemporánea que, desprovista de utopías, vacía la vida real para trasladarla al plano virtual, en donde tiene igual peso el que domina un libro de Dostoievsky y el que come 100 perros calientes en media hora. Señala que hay una confusión entre información y conocimiento y que en los tiempos actuales cotizan a la baja actividades como argumentar y pensar, lo cual se relaciona con una educación diseñada por competencias que buscan enseñar un oficio pero no enseñan a vivir/sentir ni a resolver situaciones complejas. En cambio, atiborran de actividades todos los espacios de la vida, para evitar el aburrimiento, con lo necesarios que son esos tiempos de ocio para poder pensar y crear.

Me hizo falta como lectora un capítulo de conclusiones o de cierre, una bibliografía unificada y quizás algún ensayo que abordara asuntos de filosofía política. La falta de debate de ideas políticas en el mundo contemporáneo se aborda en algunos capítulos y de hecho hay varias alusiones a Donald Trump, pero quizás faltó un ensayo dedicado de manera exclusiva a este tema. O quizás, como escribe el autor, esta carencia que encuentro revela un deseo personal: busco que el autor se interese en lo que me interesa a mí. 


Algunos subrayados

Dice el filósofo francés Michel Onfray que todos nacemos filósofos, pero solo unos tienen la suerte de seguirlo siendo cuando adultos (p. 14).

justamente esto es la ansiedad, el continuo palpitar del mundo dentro de nosotros cuando ya el vértigo y el peligro han cesado. Es la condición sin causa (p. 15).

la noción de “indignación” es central a la cultura contemporánea. (p. 18).

lo que más quisiéramos es ser alguien que no somos (p. 23).

detrás de los deseos de dejarse atrás por completo, se asomaba el odio difundido y masivo que está en todas partes: en las redes, en el trabajo, silencioso en las relaciones más cercanas. Odiamos lo que fuimos y no podemos modificar (p. 28)

Nuestra vida comienza a asemejarse a un programa de televisión que no tiene mucho sentido si no sale al aire (p. 30). 

No se trata ya de quién eres, sino de quién pareces ser. Ese eres realmente (p. 34).

¿Por qué nos parece prepotente la voz propia? El ejercicio de la voz, el ser deliberante, outspoken, se sienten como atrevimientos que pueden revelar nuestro secreto narcisismo y, en últimas, nuestras vulnerabilidades (p. 37).

Lo que más quiero del otro, entonces, es que me narre quién soy, cómo me ve; ¿cómo me veo en ti; cómo me ves?, ¿quién diablos soy yo para ti? La respuesta a esta pregunta es una que nunca me podrá dar el amante (p. 49).

Este es un conflicto característico del amor, volvámoslo a enunciar: quiero al otro capturado, al tiempo lo quiero libre. Lo que menos quiero es el compromiso jurado; nadie quiere oír decir al amante, recuerda Sartre, algo así como: ¡te amo porque me he comprometido a ello y no quiero desdecirme en mi palabra! (p. 52). 

El amor es tiempo: necesitamos tiempo para llegar a amar al otro, y, en otro sentido, si no se ama, no se dedica tiempo al otro (p. 55).

Hoy tenemos mascotas para vivir a través de ellas lo que quisiéramos ser pero no podemos: criaturas con tiempo infinito (p. 56)

No nos extrañará que muchas cosas en el mundo en el que vivimos no sean lo que parecen: la pornografía no es sexo, la política no es debate sobre las formas de gobierno. Ambas cosas, como diría Byung-Chul Han, son “representación”. Yo las llamo “coreografía”. La pornografía es coreografía, un cuidadoso y meticuloso estudio del ángulo que capta el acto sexual de una forma única; es interrupción constante y corrección exasperante, algo como la fotografía profesional de comida. La política también lo es. ¿No se pasa Kim Jong-un gran parte del día intentando pararse en el lugar preciso para que las ceremonias políticas se vean intachables? ¿No hay ejércitos de personas arreglando fotos para que no se vea en ellas nada inadecuado —tumultos pequeños, gente parada en lugares equivocados, los que no lloran en el funeral del líder? Es por ello que Slavoj Žižek dice que pornografía y política son dos caras de la misma moneda. Somos una realidad puesta en escena (p. 76).

Mientras el espacio público se vuelve íntimo, a quién ha de extrañar que el espacio institucional se vuelva uno de emociones. El periodista Niall Ferguson alguna vez afirmó que vivimos en una “emocracia”. Considérese el rol de las instituciones públicas; las sostiene en su lugar el deseo (P. 98).

El hablar de “narrativas” implica una independencia peligrosa de los hechos y de cualquier realidad objetiva (p. 104).

En el siglo xix teníamos la urbanidad de Carreño; hoy tenemos la corrección política (p. 107).

En mi país, la mermelada emocional se presenta como buenas maneras; no importa el abuso, si se despide a alguien o si se le insulta, siempre y cuando las palabras empleadas sean lo suficientemente floridas. Incluso, cuando se escuchan las grabaciones de los secuestradores que llaman a los familiares de los plagiados no es raro que el criminal, luego de la sarta de amenazas, termine diciendo algo como … y disculpe. Colombia es un país en el que puede ser más grave pasar sin saludar que disparar. Es común que cuando alguien es atracado, otros pregunten si el atracador fue amable. Es por ello que, al decir de Bertrand Russell, las buenas maneras son las formas de relación de los pueblos más barbáricos (p. 111).

La voz del que disiente se ha convertido en una especie de canto irresistible de las sirenas que toca silenciar, ¡porque es posible que cambie mi punto de vista! Se trata de un precepto personal (no concuerdo con una serie de ideas) convertido en obligación colectiva (nadie las debe escuchar) (p. 118).

El liberalismo contemporáneo es simplemente la libertad de poder ser más conservador que los conservadores, sin el estigma que ello implica (p. 121).

Argumentar no elimina la terquedad, no nos expone a ambientes más tolerantes. Tiene la capacidad contraria de sacar a relucir los dogmatismos. Pero mírese como se mire, en toda su imperfección, y hasta que una mejor estrategia sea inventada, la argumentación seguirá siendo una herramienta para evitar el dolor prevenible. ¿Por qué digo que la argumentación evita el dolor prevenible? De nuevo, fueron los antiguos griegos quienes dieron la clave acá: si no es por medio de argumentos, preguntaron, ¿cómo más persuadimos a otro a seguir un curso de acción? Con el cuchillo en el cuello, claro. Argumentar, por lo tanto, es una forma de evitar la violencia, la amenaza o al menos la furia enardecida de la indignación (p. 138).

Dos de los lenguajes principales del argumentar y del pensamiento crítico vienen contenidos en estas sencillas expresiones que usamos a diario: … supongamos que… … esto es como… Quien pueda incorporar una o las dos está en el camino de construir su propio pensar. De hecho, en mis seminarios sé que un estudiante ha aprendido a argumentar cuando usa en su lenguaje habitual con naturalidad estas expresiones (p. 146). 

un lugar común de nuestra forma de vida es que hemos externalizado casi todo… llevamos a cabo gran parte de nuestra vida fuera de nosotros: construimos la identidad en un espacio público aunque virtual de las redes sociales; hemos puesto en los escenarios públicos lo que amamos (p. 154).

mientras que en los mundos del conocimiento y la tecnología se intenta que las máquinas piensen como humanos, en los mundos “en desarrollo”, estamos en la tarea contraria de intentar que las personas piensen y actúen como máquinas a través de un algoritmo ciego (p. 158).

(Sobre la educación):  Mostramos nuestra admiración por otros o por lo que nos rodea, y a menudo los demás convierten esta mirada en propia, y la extienden como una parte de sus obsesiones e intereses (p. 175).

Educar tiene por objetivo convertirnos en seres abstractos, dice Rousseau, un ser que se puede exponer a cualquier accidente de la vida (p. 180)

Es muy común que los estudiantes, que bien pueden llevar diecinueve o veinte años sentados en un pupitre hacia el final de su proceso educativo, se hayan convertido en lo que llamo “estudiantes profesionales”. Son capaces de repetir una historia en una materia, la contraria en otra y ciertamente son expertos, como me consta, en generar el tipo de discurso que creen que su maestro quiere escuchar (p. 190).

Educar es mover a otro a ver sentido en donde no lo veía antes (p. 243).

 
La era de la ansiedad. Sobre el pensamiento y la emocionalidad en un mundo sin utopías
Roberto Palacio
Ariel, Editorial Planeta
Bogotá, 2023
264 páginas

viernes, 29 de diciembre de 2023

Y parecen cuentos..., de Fanny González Taborda

En la amplia lista de narradoras del Gran Caldas que no hacen parte del canon literario regional y cuyas obras no circulan en librerías ni bibliotecas está Fanny González Taborda, quien nació en 1932 en La Merced cuando este municipio hacía parte de la jurisdicción de Salamina.

Fanny González fue corregidora en La Merced y tuvo una destacada labor no solo política sino también cívica e intelectual. Escribió una historia de La Merced y la biblioteca pública de ese municipio lleva su nombre. 

"Y parecen cuentos..." es un volumen valioso para la literatura regional, porque en una sociedad tan conservadora como la caldense, la autora publica en 1967, en plena época del Frente Nacional, luego de la violencia entre liberales y conservadores, conocida como La Violencia, o la violencia bandolera, una serie de relatos que tienen como eje narrativo las violencias patriarcales y políticas, pero las narra desde el punto de vista de los guerrilleros, los bandoleros, los campesinos, los desplazados, los despojados, los pobres y los marginales, en relatos que ocurren en barrios populares de Bogotá y en pueblos, en espacios que oscilan entre el bar, la iglesia, la estación de policía, la zapatería y el prostíbulo. 

Su apuesta política es clara: ella está del lado de las víctimas, de los débiles, y sus textos son al mismo tiempo una denuncia social y un retrato de una época en la que el poder político y económico se alían para oprimir y silenciar los reclamos sociales del campesinado.  

Entre los temas que aborda está la violencia política, la defensa del divorcio, que para la época de la publicación del libro estaba prohibido en Colombia, la violencia sexual, la prostitución (en un cuento un jorobado le propone a una joven ella le pague a él por sexo) y los abusos sexuales dentro de la iglesia católica.

Las voces de varios cuentos suenan iguales y hay un afán político que prima sobre la construcción de personajes o de escenas. Algunos textos se sienten panfletarios. No obstante, en un entorno literario en el que se ha dicho que el espacio narrativo de las mujeres ha sido tradicionalmente la casa, la familia, la maternidad y el hogar, este libro evidencia que ha habido otras voces y otros intereses divergentes. 

El libro incluye 10 cuentos: Quenepo, El secreto del zapatero, Los desterrados, El accidente, El pueblo-albergue de los hombres-víctimas, La ceremonia, El jorobado de la carrera décima, Cordero, La mujer del comandante y El alucinado.

Algunos subrayados

De Quenepo
Los hombres grandes se preocupan por muchas cosas. Sienten tristezas y tienen alegrías. Las ratas hacen manjares de los cuerpecitos de los niños pobres. Y los gobiernos cantan como los gallos de media noche, al silencio y a las gallinas. Los obispos gritan en las iglesias desiertas y en los campos, las balas de los soldaditos juegan con los labriegos (p. 11). 

que es de esos niños que no nacen. De esos niños que no tienen cabellos para que la brisa juegue (p. 14). 

el niño de nombre Quenepo no nació. Cualquiera diría que es de esos niños que no nacen (p. 15).


El secreto del zapatero
Como el Padre capellán a la alumna de bachillerato: 
-Venga mañana a la sacristía, despues de misa que le daré una estampita de San Luis Gonzaga y le diré algo muy importante pero en secreto. -Pero lo importante puede doler en el alma o en algún lugar del cuerpo (p. 17). 

Este hombre debe tener cosas interesantes. Cada hombre tiene su secreto. El zapatero tiene su secreto (p. 18). 

La verdad está a veces, entre un poco de tinta, y es difícil que se manifieste (p. 18). 

Llevo treinta años en esta zapatería y he visto como la justicia huye de todas partes (p. 19). 

-No es hablar por hablar. Hay que gritar la verdad. Gritarla para que no se ignore (p. 20).

La libertad es una muchacha decente que no se ha dejado poseer de nosotros. Pero ellos los principales la poseen a media noche y se desnudan sobre ella. Y sus espasmos son de hombres distintos para muchachas decentes. Eso creen..... Como si nada más ellos fueran hombres (p. 20). 

Hay que dudar para llegar a la verdad (p. 20).


Los desterrados
-A mí este hombre no me parece malo. En tanto tiempo no le he visto nada malo. O será que yo congenio más con los malos (p. 23). 

Un hombre que huye y se esconde. Guiñapo. Pedazo de bandolero que sube las montañas y las baja de noche y de día y que bebe agua y yerbas o frutas y que aguanta hambre (p. 24). 

Cuando hiciero la invasión. Cuando se tomaron las tierras y levantaron las chozas, se les amenazó pero todos permanecieron como robles, pegados a las paredes de latas y cartones de los ranchos. Y no fue posible que los sacaran. Lo que siguió fue un tiempo tranquilo (p. 25). 

Porque a los seis meses llegaron los hombres de fusil y de uniforme verde, con las primeras notificaciones (p. 26). 

"Se fuega a todos los invasores de este barrio, subir de inmediato con todas sus pertenencias y sus hijos, a los camiones del ejército y de la policía (p. 27). 

-Asesinos. Fuera de aquí. Ustedes también son pobres, ¿por qué abusan? Abajo la oligarquía. Abajo el Presidente. Que viva la invasión. Que viva el pueblo. (p. 28). 

Escóndase porque lo van a fusilar y que después dicen que fue que corrió y que no se dejó coger (p. 29). 


El accidente
Y al primer compatriota que pondría sus plantas de campesino subdesarrollado en la luna. Y la derrota de Estados Unidos en Viet-nam y la ley del divorcio en Colombia. Y el reparto de la tierra a los hombres que trabajan. Y el matrimonio de los curas. Y la expropiación de los bienes de los millonarios antioqueños. Y la disolución del Parlamento del País más resignado del mundo. Y la Copa Mundo para el Independiente Santa Fé. Y la libertad para los negros en el coloso del norte. Y el premio Nobel para cualquier compatriota (p. 31).

la muerte tiene sus cosas interesantes, por ejemplo la imposibilidad de preocuparse por las cosas materiales o espirituales. Imposibilidad para cancelar las deundas. Indiferencia completa ante los pésimos gobiernos que en vida nos toca sufrir. Imposibilidad para ser víctimas de las malas lenguas porque no hay muerto malo (p. 32). 


El pueblo-albergue de los hombres-víctimas
-No tenemos dónde trabajar. Nos quitaron la tierrita y nos amenazaron con fusiles (p. 36).

-El fueño de la hacienda vecina llevó unos hombres con vestidos verdes, parecían soldados, llevaban fusiles...... Y no pudimos hacer nada....... nos echaron...... Nos robaron...... (p. 36). 


El jorobado de la carréra décima
-Si me diera algún dinero yo podría hacerle el amor. La joven no lo miró ni tenía dinero, ni deseaba que el jorobado le hiciera el amor (p. 46).

Cordero
Matar, privar de la vida a alguien ha sido siempre cosa muy sencilla (p. 50).

El alucinado
Ah! Y no dé informes a los periodistas. Diga que todo anda muy bien (p. 61). 


Y parecen cuentos...
Fanny González Taborda
Ediciones En Estelar
Bogotá, 70 páginas
1967

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Gabo: memorias de una vida mágica, de Oscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo, Tatiana Córdoba y Julián Naranjo

Para quienes no conocen la vida y obra de Gabriel García Márquez, para quienes ya la conocen, para quienes lo admiran, para quienes creen que ya saben casi todo sobre el único premio Nobel colombiano, para los niños y para los adultos: para todos los gustos, edades y niveles de lectura "
Gabo: memorias de una vida mágica" es un libro ilustrado sorprendente. 

Óscar Pantoja escribió el guión y los dibujantes Felipe Camargo, Tatiana Córdoba, Julián Naranjo y Miguel Bustos ilustraron las distintas escenas que narra el texto, con una apuesta cinematográfica por contar en un orden que no es cronológico y sin embargo resulta claro para el lector, la vida de Gabriel García Márquez desde antes de su nacimiento: desde que el abuelo peleaba la guerra de los Mil Días, hasta la recepción del Premio Nobel en Estocolmo, pasando por sus años en Aracataca, en Zipaquirá, En Barranquilla, En Bogotá en El Espectador, en París, en Cuba, Nueva York y México, todo ilustrado con exquisitos detalles que hacen de cada viñeta una pieza memorable.

El trabajo gráfico se desarrolla en blanco, negro y amarillo, y aunque las ilustraciones no tienen la pretensión de retratos, sí hay un trabajo de fisonomías que permite identificar fácilmente a los principales protagonistas del relato, en el que se mezclan la vida de Gabo y las historias de sus obras, principalmente de Cien años de soledad, de manera que el libro ofrece pistas para comprender los textos del realismo mágico en clave autobiográfica. 


Gabo: memorias de una vida mágica
Oscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo, Tatiana Córdoba y Julián Naranjo.
Editorial Rey Naranjo
Bogotá, 2013
163 páginas




viernes, 22 de diciembre de 2023

Diemer vs. Trommsdorf, de Mauricio Montenegro

En 2020, en el año de la pandemia, fui uno de los tres jurados que elegimos de manera unánime y sin dudas la obra "Diemer vs. Trommsdorf" como ganadora del Premio Nacional de Novela Inédita del Ministerio de Cultura. En ese entonces leí la novela en pdf, en una pantalla de computador y ahora, tres años después, la leí como debe ser: en papel, en formato de libro, editada por Seix Barral, y otra vez volvió a gustarme mucho.

Es una obra escrita por un colombiano pero ese es un dato que no trasciende a las páginas: la historia, basada en un personaje real, está contada en dos planos narrativos, desde un presente en París en el que Diemer compite en una partida de ajedrez contra Trommsdorf, y unos flashback que lo llevan a la Segunda Guerra Mundial, en donde él, sin ser una figura determinante dentro del Partido Nazi, sí quedó marcado por las decisiones que tomó durante ese período. 

La novela está atravesada por el ajedrez, pero el juego es una metáfora para una reflexión más profunda: ¿existe el azar? ¿todas las posibles jugadas del destino están previamente determinadas? En ajedrez gana el jugador que sea capaz de adelantarse más pasos a su oponente y adivinar todas las posibles derivaciones de las variables de cada movimiento. Así es la vida, según la visión de algunos, pero en esa visión cuadriculada como un tablero queda poco espacio para la magia. Por eso no es gratuita la aparición del fotograma de la película "F for fake", de 1975, antes de la primera línea de la novela, y una alusión a la grabación de esa escena, en la que aparece un mago sobre un lienzo blanco, al final de la obra. 

El azar, la previsión del futuro, el lastre del pasado y la imposibilidad de cambiar las decisiones tomadas, como tampoco se pueden cambiar las malas jugadas, son los hilos con los que se teje esta gran novela.

Algunos subrayados 

Viste con una sobriedad que es más producto de la indolencia que de la vanidad (p. 10).

tan tranquilo como si conociera el futuro (p. 14).

Americanos, ahora había americanos por todo Europa, desde el final de la guerra, paseando por las ciudades y exhibiendo un insoportable orgullo (p. 24).

un jugador inteligente sabe cuándo es inevitable, y lo inevitable no tiene ya ninguna belleza. No hay arte en la acción, que es apenas un trámite, el arte, el genio, está en la disposición de las posibilidades, en la proyección de las alternativas. El ajedrez es esta permanente condensación del pasado y del futuro en un solo momento. Cada partida es una cápsula de tiempo (p. 27).

Si ha dedicado su vida al ajedrez es precisamente porque le brinda esa sensación de seguridad que implica tener el control sobre las piezas, sobre su posición y sus posibilidades. El control sobre lo que pasa, pero también sobre lo que puede pasar. De algún modo, el ajedrez hace suponer que uno puede preverlo todo, planearlo, controlarlo todo, y es así como niega no solo el azar, sino también la emoción y la duda. Es el imperio de la razón y del cálculo. Aunque, en el fondo, de un modo mucho más sutil, es también el imperio de la superstición (p. 43).

A veces pienso que la supervivencia no significa nada, también sobreviven las vacas marinas (p. 72).

Se trata de estar siempre un par de jugadas por delante del rival, de adelantarse y de usar esa ventaja para ganar, como un viajero del tiempo que mira con condescendencia a los habitantes del pasado, ignorantes de su destino (p. 79).

ser joven es sobre todo estar preocupado por una clasificación constante de sí mismo y de los otros. Los significacods de las cosas no importan más que por su probable clasificación. Clasificar, ordenar y ubicarse en esos conjuntos arbitrarios constituye la principal preocupación de la juventud. Ser adulto es abandonar esa pretensión (p. 98).

Siempre ha considerado una victoria secreta que los demás propongan lo que él efectivamente espera (p. 101).

Tal vez todos los juegos estén diseñados para enseñarnos a enfrentar la derrota (p. 102). 

para ti, el mundo era como un lienzo en blanco, mientras yo he querido siempre que sea como un tablero (p. 106).

su búsqueda de un código secreto no era más que la negación desesperada del azar (p. 116).

Jugar ajedrez es controlar, por un momento, el caos que está en su núcleo (p. 117). 


Diemer vs. Trommsdorf
Mauricio Montenegro
Editorial Planeta
Bogotá, 2021
118 páginas


lunes, 18 de diciembre de 2023

Asombro, de Tomás González

No sé por qué no leí este libro antes. Desde hace más de una década leo los libros de Tomás González tan pronto como salen, porque son regalos de la vida que quiero disfrutar tan rápido como se pueda. Asombro se me pasó, quizás porque, como no es una novela ni un libro de cuentos, tuvo menor registro en la prensa y no supe de su existencia. Lo descubrí hasta que hace poco, curioseando estantes de Leo Libros, y me alegré como quien encuentra la última lámina que le falta al álbum.

Leer a Tomás González es un placer, pero este volumen es un placer particularmente delicioso para quienes además de leer escribimos, porque en este libro el autor reflexiona sobre por qué escribe y cómo escribe: lo que le interesa de la escritura (el caos) y el rol de la poesía en la narrativa. Además, como suele ocurrir con sus obras, las digresiones poéticas las salpimienta con un humor que arranca carcajadas sonoras.

Asombro es un conjunto de textos breves divididos en tres grandes bloques: "Ideas", "Vida" y "Libros. En "Ideas" Tomás González filosofa sobre la relación con la naturaleza, los premios literarios, el asombro, la belleza y la muerte, entre otros asuntos, pero lo hace sin pesadez ni tono erudito. Al contrario, sus ideas se presentan de manera cristalina, como las reflexiones de un hombre que ya ha vivido y leído bastante y sabe que la sencillez es una virtud de la vida y de la prosa difícil de lograr. En "Vida" cuenta anécdotas personales, historias de su matrimonio, sus amigos, sus viajes, la muerte de sus hermanos y la infancia, en un tono ameno y a la vez profundo, con la familia como eje articulador de las historias personales. "Libros", la tercera parte, es una compilación de lo que ha dicho en distintas entrevistas sobre cada uno de los libros publicados: sobre cómo los escribió y qué deseaba explorar o aprender con cada uno.

Asombro es, en suma, un libro generoso, pero además un libro imprescindible para los lectores del gran Tomás González.


Algunos subrayados (muchos)

Los seres humanos, únicos sobre el planeta dotados de inteligencia, gracias a nuestro valor, esfuerzo, disciplina e ingenio, nos las hemos arreglado para quedar flotando, medio asfixiados, en la masa revuelta de nuestros propios desperdicios. Pero todos, curiosamente, conservamos la firme creencia de que somos la imagen de Dios y los reyes de la creación. Y es esa noción, o estructura mental, producto y causa del desarrollo descontrolado de la ciencia y de la técnica, la que ha disparado el tiempo y lo ha hecho irse de bruces, derrumbarse hacia adelante (p. 12). 

el empobrecimiento de la literatura que se produce cuando cada escritor trabaja con la intención, a veces inconsciente, de que su novela pueda llegar a ser película (p. 14).

Por fortuna la muerte es apenas provisional y dura poco (p. 18). 

Para mí es esencial, entonces, que en la narración sea constante la presencia del caos (p. 20).

no hay experiencia alguna, sea individual o colectiva, que no se viva en la intimidad (p. 22). 

En tantos libros de poemas los escasos momentos de intimidad que tiene el poeta Borges bastan para hacernos saber que el hombre que los escribió era capaz de sentir con toda la fuerza y expresar aquello que está clavado demasiado hondo en el corazón. En mi opinión son esos momentos de intimidad los que hacen de él un poeta (p. 25).

Me interesa, como a todo el mundo, la Historia con mayúscula, y sé bien que nos movemos en ella, pero también sé que por grandes que sean los hechos, solo se viven en el corazón propio. La intimidad en primer plano, y la Historia en el trasfondo (p. 26). 

cualquier representación de la muerte es solo manifestación de vida (p. 27). 

Creo que las obras literarias están siempre formadas por memorias, es decir, por ecos de hechos. Esto sin excepción. Incluso en aquellas que se habla de marcianos (p. 28). 

a los seres humanos nos es posible elaborar, pero no inventar. Creo que solo la naturaleza, o Dios, puede inventar; y que a nosotros nos corresponde trabajar sobre lo ya inventado y recrearlo, reinventarlo. 
Es decir, recordarlo (p. 29). 

¿Para qué, entonces, vinimos a este mundo?
Vinimos a admirarlo, digo yo (p. 31).

Las fechas crean la ilusión de que uno entiende el mundo y sus acontecimientos, pero son solamente eso: elementos, no inútiles del todo, no, pero casi, de la fantasmagoría que es la realidad (p. 39). 

Tengo problemas con el concepto de trama para las novelas. Me parece que la obligación de que tengan trama las convierte en productos artificales, que no reflejan la manera como está constituida la realidad (p. 51). 

para mí la narrativa debe estar cargada de poesía, pues sin ella el texto se hace plano, pierde vida (p. 53).

Lo que sí es para mí cuestión de principios es tratar de decir tanto como sea posible con las palabras, con las frases (p. 53). 

Al escribir trato de quitarme el miedo de meter la pata, de equivocarme, de escribir barrabasadas (p. 55). 

No existe historia que no se pueda contar bien en ciento cincuenta páginas. Tal vez el truco consista en gozar con las digresiones sin dejar que se pierda el hilo principal. También ayudarían las historias o tramas secundarias... Claro que de esa forma se diluye la contundencia... En fin, ya se verá. En cuento, sin embargo, sigo trabajando con historias más bien largas, que se me dan mejor que las cortas, creo yo, y en las que se gana o pierde por puntos, y no por nocaut, para usar la comparación de Cortázar (p. 56). 

La verdad es que no sé muy bien por qué escribo (p. 58).

La literatura nos hace ver el mundo en todo su horror y toda su belleza, es decir, nos produce ese entusiasmo estético (p. 58). 

Voy a cumplir sesenta y cinco años, y a esta edad ya casi nada se siente como obligatorio o imprescindible. Ya casi todo es paisaje (p. 60). 

Hay que abolir los premios literarios (p. 63)

Los jurados son, por definición, personas que consideran que el trabajo literario de muchos escritores muy distintos unos de otros pueden, no solamente compararse cualitativamente, sino ponerse a correr como caballos (p. 65). 

Si alguien vive en un apartamento, digamos en Manizales, podría creerse separado de la naturaleza, lo cual sería un error, a mi modo de ver (p. 77). 

Me gustaría mucho que solo se extinguieran los humanos rapaces pero es más probable que se extinga la especie completa, y eso tal vez sea lo mejor para la naturaleza como totalidad (p. 79).

Todos los himnos nacionales de todos los países deberían ir a la basura. Nada que incite al nacionalismo deberá ser condonado, y menos en los colegios y las escuelas, que es de donde sale la carne de cañón para las guerras (p. 83). 

(sobre la mamá) ella rea una señora de buena familia de Manizales y nadie hubiera pensado que le gustaba el jefe (Daniel Santos). (p. 99).

Por esos días estuve a punto de que me gustara la salsa (p. 100). 

Una de esas personas de quienes el poeta dice que, como a los caracoles, su caparazón resistente les da mucha capacidad de ternura (p. 112). 

siempre utilizamos vivencias propias o ajenas para escribir (p. 123).

El escritor toma la materia que ya está inventada o creada, y hace "edición", que consiste en utilizar la historia casi tal cual le llegó (como hice en Primero estaba el mar) o extrapolar situaciones de aquí y de allá, personajes de un lado y de otro, y recomponer o interpretar la realidad según su sensibilidad (p. 123). 

En general, las personas que me sirven de punto de partida para los personajes entienden bien la diferencia entre ellas y los personajes, y saben que estos se sostienen solos, sin necesidad de que se los relacione con personas reales, se sostienen solas sin que tengan que ser "plasmadas" en cuentos o novelas. Nunca me he sentido obligado a serles fiel a las personas reales, y en el momento de crear al personaje me siento en libertad de hacer lo que quiera. Lo importante para mí es que tenga coherencia interna y esté vivo (p. 131). 

Todo esto de las artes y las artesanías no es más que un juego. Un juego muy complejo y serio, como el de los niños (p. 135). 

El narcotráfico lo toqué en un cuento, "Las palmas del ghetto", y es muy probable que en algún momento vuelva a escribir sobre eso (p. 143). 

También recuerdo la novela Carretera al mar, del caldense Tulio Bayer, que me impresionó mucho (p. 144). 

Me interesaba en igual medida intentar entender la visión de la vida que se podría alcanzar desde la vejez avanzada (p. 149). 

El intento de plasmar el caos para así vencerlo se da en este y en todos mis libros. Que ese es el eje de mi narrativa se me ha hecho claro ahora, cuando alcanzo ya a tener una visión amplia del conjunto de mi trabajo (p. 150). 

Un porcentaje altísimo de la literatura universal gira alrededor de este asunto del amor. Hay excelentes novelas, gran literatura, que se construyeron en su totalidad sobre las preguntas: ¿se casan?, ¿no se casan? Un porcentaje altísimo de la música que hemos producido los humanos está inspirada por el asunto. Todos los boleros. La mayoría de los tangos. La mayoría de las rancheras. Casi toda la poesía. El poder del amor para generar imágenes es inmenso, asombroso y bastante absurdo (p. 155). 

es bueno saber estar solo. Sin pareja, quiero decir, porque solos nunca estamos. En el peor de los casos, como bien decía un poeta de aquellos que tienen humor, estamos con Dios (p. 157). 

La convicción de que la vida, mi vida, solamente por haberme dejado ver la belleza de lo que es bello y también de lo terrible, ya ha valido la pena (p. 161). 

La expresión "descansó en paz" es exacta. Este asunto de vivir va cansando, y en ese sentido morirse es bueno. Lo que preocupa es que el cuerpo, el organismo, al no entender esas razones, podría dar una pelea dolorosa, larga y perdida en la crisis final. La muerte asusta, aunque en muchos sentidos sea una liberación (p. 162). 

Los triunfos no duran para siempre y todo termina por deshacerse (p. 163).

La derrota está en aquello que muere antes de alcanzar su forma plena, no en lo que muere después de hacerlo (p. 163). 

He leído cuentos tan bien logrados que al final he sentido ganas de aplaudir. Con los de Rulfo me pasó así. Con los de Cortázar. Con los de Truman Capote. Aplaudí de hecho cuando leí Dilema doméstico de Carson McCullers (p. 167). 

La diferencia entre un relato y una novela es parecida a la que hay entre trabajar al óleo y hacerlo con acuarelas. Idealmente se trabaja rápido y se retoca poco, pero lo cierto es que en algunos se trabaja muy, muy despacio y se retoca mucho, de modo que parezcan escritos al vuelo y sin retoques (p. 167). 

Reunir todos mis relatos en La espinosa belleza del mundo fue como si al fin se hubieran juntado partes dispersas y pudiera ver mejor el conjunto de mi trabajo de varias décadas. Su coherencia. (p. 169). 

esta filosofía en mi escritura está en el convencimiento de que cada frase debe contener la totalidad y en cada una debe apoyarse el peso completo de la narración toda. El centro de gravedad se traslada de frase en frase (p. 172).

Los seres humanos somos animales de grupo, y el más importante de los grupos, el esencial, es la familia (p. 175). 


Asombro
Tomás González
Seix Barral
Bogotá, 2021
182 páginas