El país de las emociones tristes
Mauricio García Villegas
Editorial Planeta
Bogotá, 2020
326 páginas
Diario de lectura. Leemos libros, subrayamos libros, comentamos libros.
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
En Twitter: @adrivillegas.
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Con esos versos Maruja Vieira White culmina el poema Todo lo que era mío... y creo que esas tres palabras son útiles para describir el conjunto de su obra poética: simple, sencilla, tierna, aunque también profunda, honda, precisa, certera, cosmopolita.
Maruja Vieira nació en Manizales en 1922 y es hoy la poeta colombiana viva más importante del país. Su obra bebe de distintos autores y geografías, viaja hasta Rimbaud, Lorca, Roma o México, pero regresa siempre a la casa de la infancia, la familia, el hermano, el esposo tempranamente fallecido y su única hija.
La larga vida le ha permitido además no solo la serenidad de una lúcida longevidad sino también la posibilidad de escribir sobre la vejez y la paradoja de verse anciana frente al espejo pero sentirse llena de vitalidad. Esa dicotomía entre la mucha vida pero también los muchos muertos que la rodean es un asunto recurrente en su obra.
Sus versos son limpios, directos, claros, escritos con honda sinceridad pero también con una búsqueda permanente por lo simple, lo sencillo, lo que puede comunicarle a otros. Sus palabras permiten construir imágenes concretas del entorno: de paisajes urbanos o rurales, en los que la casa, el hogar, el espacio íntimo, definen un tiempo preciso que es el momento en el que la poeta fija la mirada.
Maruja Vieira es lúcida: es política, es crítica y a la vez es dulce y tierna. Es una voz potente y singular, que puede seguirse con distintas variaciones y matices en esta antología personal reunida por la Editorial de la Universidad de Antioquia, que recoje 75 poemas de 12 poemarios, además de otros publicados de manera suelta, entre 1947 y 2017.
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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La vida de Marina Tsvietáieva atraviesa su obra poética. Su esposo hizo parte del ejército contrarrevolucionario y su obra poética reunida en Campamento de cisnes se distancia de la euforia del ejército rojo para narrar el dolor de la guerra y la muerte de soldados, independiente del bando en el que militen.
Empezó a escribir poesía a los 6 años y a publicar desde los 16. En un ejercicio de "contestar una encuesta", solicitado por su amigo Boris Pasternak, Marina explica que su mayor influencia poética viene de su madre, quien tenía una especial sensibilidad musical. También dice que sus autores favoritos son Heine, Goethe y Holderlin y sus libros favoritos El Cantar de los Nibelungos, La Ilíada y El Cantar de Ígor.
Vivió en París, Praga y otras ciudades, y desde joven escribía en ruso, alemán y francés, y la traducción le permitió sobrevivir en épocas de crisis económica. Aunque permaneció muchos años casada con Serguei Efrón, él no fue el único amor de su vida. Fue amante de Ósip Mandelstam, así como de distintas mujeres. Mantuvo estrecha correspondencia con Rainer María Rilke, Boris Pasternak, Maiakovski y otros autores de su tiempo.
El volumen editado por Sílaba incluye un completo prólogo de Jesús García Gabaldón, traductor de los poemas. Allí se incluyen algunas afirmaciones y reflexiones sobre Marina, de donde extraigo las siguientes frases:"La creación es un estado de fascinación. Mientras no se ha comenzado con el trabajo, es una obsesión. Mientras no se ha terminado, una posesión. Alguien o algo nos invade y a mano no nos sigue a nosotros sino al otro. ¿Quién o qué? Aquello que exige ser a través de nosotros" (p. 26).
"Según ella, todo poeta es en esencia un emigrante del reino de los cielos y del paraíso terrenal de la naturaleza. El poeta lleva siempre el estigma especial del inconformismo, de la incomodidad" (p.26).
"La poesía, afirma Tsvietáieva, es una traducción de la lengua natal a otra, una forma de comunicación con alguien ausente. Es una forma de conjurar la separación, el vacío, la muerte, el olvido" (p. 27).
"¿Escribí yo el libro? No. El libro surgió" (p. 29).
"... un lamento por la pérdida de la tradición rusa, que conlleva, por una parte, una destrucción de la identidad cultural del espíritu ruso; y, por otra, una pérdida de la libertad individual, que para Tsvietáieva es el valor supremo de la vida humana" (p. 31).
"Mis versos son un diario íntimo; mi poesía, una poesía de nombres propios" (p. 32).
"A diferencia de los poetas, los revolucionarios aspiran a arrebatar el poder para hacerlo más fuerte" (p. 35).
"Mi forma de comunicación favorita es con el más allá: en sueños. Soñar con alguien. La segunda es la correspondencia. Las cartas son una forma de comunicación con el más acá, no tan perfecta como los sueños, pero sujetas a las mismas leyes" (p. 42).
"Mis cosas preferidas en el mundo: la música, la naturaleza, la poesía, la soledad. Total indiferencia hacia la vida social, el teatro, las artes plásticas y visuales. El sentimiento de propiedad se limita a hijos y cuadernos. Si fuera un escudo llevaría el lema "No te dignes". La vida es una estación, pronto partiré: a dónde, no lo diré" (p.56)
Campamento de cisnes, Versos a Blok y Poesía elegíaca
Marina Tsvietáieva
Sílaba Editores
Medellín, 2020
268 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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Al comienzo de la novela el narrador, el médico Ignacio dice que "avanzamos en la vida en un mar de digresiones". Así como la vida avanza esta novela: en un mar de digresiones desde una hamaca frente a una playa del Océano Pacífico.
La novela no está dividida en capítulos ni partes. En la primera página empieza el flujo de consciencia y avanzan los días en esa costa selvática del Pacífico chocoano hasta que, unos meses más tarde, es decir, 261 páginas después, el flujo se detiene. Es una narración incontenible en la que una voz paisa, simpática, burlona, habla de su mamá, sus seis hermanos, sus cuñados, sus sobrinos, la persona que les cocina, la enfermera, el que los cuida y una cantidad de personajes que van y vienen, como las ballenas que se avistan desde el corredor de la casa, pero ese flujo también viaja en el tiempo, a la casa de la infancia, la finca cafetera antioqueña, el colegio y de nuevo regresa a este presente que se ve tan paradisíaco pero no lo es.
Un lector puede pensar que es una novela en la que no pasa nada. Pasa la cotidianidad de una familia con peleas y amores, pasan el desayuno, el almuerzo, la comida y el malestar de la mamá que después se alivia. Pero en medio de esta vida corriente pasan los pensamientos de Ignacio, sus reflexiones sobre la vida, el amor, la historia política, los animales, y pasa también, de lejos y casi invisible, la violencia que azota a esa región del país.
No pasa nada pero pasa la vida. Dice Ignacio "¡Y todo lo que se me va a quedar por ver y oír y pensar!" "Lástima lo cortos de tiempo" y al terminar las páginas, el viaje al Pacífico y la vida misma piensa uno que sí, que lástima lo poco que dura todo, incluyendo este libro profundo, hondo, sobre lo efímera que es la experiencia de la vida y sobre la muerte que siempre acecha, contado con humor y con un lenguaje tan coloquial y tan íntimo que me hizo evocar a La historia de Horacio, otro libro de Tomás González que también me resulta entrañable.
Algunas frases
Sabía de alta cocina, pero estaba lejos de hacerle feos a la "baja", y con toda razón, pues tiene sus riesgos, pero sin duda tiene sus maravillas (p. 10).
Nunca en la vida ha estado tranquila, si ha podido evitarlo (p. 17).
No le gustaba que la tomaran del pelo. Prefería encargarse ella sola de ese departamento (p. 20).
(sobre los narcos) Esas personas y también sus admiradores e imitadores son incapaces de formar oraciones verbales, aun las indiferentes o neutras, sin ponerles el veneno de su intranquilidad anómala, patológica: "pásame la hijueputa sal, por favor, ¿sí? Pilas. Gracias. (p.22).
Hay gente que piensa que sin niños ningún viaje es verdadero. Mi mamá, para no ir muy lejos, y también yo, siempre y cuando brinquen lejos (p.27).
El asunto de la mariquería produce curiosidad invencible y va a inquietar a la humanidad hasta el fin de los tiempos, pues no sirve para nada, no produce hijos y uno diría que se trata de amor desinteresado -variedad esta que ha sido poco respetada por la humanidad- y de cierta estética fuerte (p. 34).
Avanzamos en la vida en un mar de digresiones (p. 40)
La vida se expande en forma de digresiones y regresa a la nada (p. 40).
Oír música me ha gustado tanto como mi profesión, a ratos más. Y esto otro que me ha llegado con los años y que es parecido al gusto por la música o tal vez sea lo mismo es el gusto por la manera como se forman y despliegan mis pensamientos, que a veces no tienen nada que ver con la verdad y ni siquiera con la realidad. Ya sean piedras, arboledas, humaredas o hilos de humo, son su propia realidad (p. 41).
!Y todo lo que se me va a quedar por ver y oír y pensar! (p. 41) Lástima lo cortos de tiempo (p.41).
La infancia es una especie aceptada de locura, bastante apreciada e incluso sobrevalorada, casi siempre provisional, con un toque mínimo de retardo (p. 45).
Se encargaba con gran éxito de que los obreros no explotaran demasiado a los patrones (p. 46).
Su mirada era una mezcla de agua líquida y agua evaporada, nube (p. 51).
Algunas personas nunca tienen paz con su propia belleza (p. 58).
Imágenes tal vez tomadas de Salgari o de Julio Verne, tan poco aficionados como nosotros a las verdades secas y estériles (p. 67).
Pero seguía esbelto de intelecto (p. 85).
Vender la finca, ni soñar. Los asesinos van y vienen y la tierra permanece (p. 91).
-¿Cómo hacen los mujeriegos para convencer a cada una de sus conquistas de que ella, ahora sí, por fin -créeme, amor-, es la mujer de tu vida? Y sobre todo ¿para qué? (p. 103).
A mí me da miedo pensar. Prefiero estar haciendo cosas desde por la mañana (p.130).
La novedad no está en las cosas sino en la forma de mirarlas (p.133).
La Creación es una mariposa multicolor que come mierda de perro (p.149).
Hablaba con mi mamá sobre lo que hay más allá de más allá; de lo que sigue o no sigue a la muerte y de la ninguna importancia que tiene todo lo anterior, en realidad, porque lo único que importa y existe es el presente (p. 153).
Silbido del viento, rayos chillidos, gruñidos, aullidos y ruidos constantes del agua. La naturaleza siempre ha hecho ruido. Crepitaciones de la candela. Desde que se formó la atmósfera hay ruido (p. 154).
Hombres superiores no hay. No habemos. Todos proyectamos las mismas sombras (p. 179).
Cuando se va el último turista otra vez se siente el tiempo antiguo y tranquilo de los alcatraces (p. 191).
Es raro y desesperante que los seres humanos vivamos un manojo de años, vislumbremos la infinitud de este asunto, conozcamos dos o tres cosas, la ley de la gravedad, la existencia de los neutrinos, y pum se nos apague el mundo. Mirándolo de otra forma, si uno conoce la parte, por pequeña, que sea, minúscula, infenitesimal, conoce el todo (p. 215).
Hay mujeres que se van poniendo más bellas a medida que uno las conoce (p. 227).
Hacía algunos meses los paramilitares que habían azotado la región se habían disuelto después de una negociación con el mismo presidente que los había creado (p. 232).
Más necesita el obrero respeto que pan (p.254).
Que una frase sea profunda y armoniosa no la hace verdadera (p. 259).
El fin del Océano Pacífico
Tomás González
Seiz Barral
Bogotá, octubre de 2020
261 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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No tenía amigos, y por primera vez en su vida era consciente de su soledad (p. 20).
Se había percatado de que sus padres y él habían comenzado a sentirse como extraños y se dio cuenta de que su amor por ellos se intensificaba con la pérdida (p. 28).
A veces, inmerso en sus libros, le venía a la cabeza la conciencia de todo lo que no sabía, de todo lo que no había leído y la serenidad con la que trabajaba se hacía trizas cuando caía en la cuenta del poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber (p. 29).
Sentía la lógica de la gramática y pensaba que percibía cómo le salía de adentro, calando el lenguaje y respaldando el pensamiento humano (p. 29).
A veces, cuando les hablaba, era como si estuviera fuera de sí mismo y observase a un extraño hablar a un grupo reunido contra su voluntad, escuchaba su propia voz desmotivada recitando los materiales que había preparado y nada de su entusiasmo aparecía durante la charla (p. 30).
Es un sanatorio o ¿cómo lo llaman ahora?, una casa de reposo, para los enfermos, los ancianos, los infelices y los incompetentes en general. Mirad, nosotros tres... somos la universidad. (p. 32).
Una guerra no solo mata a unos cuantos miles o a unos cuantos cientos de miles de jóvenes. Mata algo en la gente que no puede recuperarse nunca (p. 37).
Era la típica chica de su época y circunstancias. Había sido educada bajo la premisa de ser protegida de los graves incidentes que la vida pudiera poner en su camino, así como la de que no tenía otra misión que ser elegante y cómplice consumada de dicha protección, dado que pertenecía a una clase social y económica para la cual la protección constituía una obligación sagrada. Fue a colegios privados para chicas en los que aprendió a leer, escribir y aritmética simple. En su tiempo libre se le incitaba a bordar, a tocar el piano, a pintar con acuarelas y a debatir sobre las obras más tiernas de la literatura. También había sido instruida respecto a indumentaria, carruajes, dicción para damas y moralidad (p. 52).
Muy pronto Stoner se dio cuenta de que la fuerza que atraía sus cuerpos tenía poco que ver con el amor (p. 79).
Nada había cambiado. Sus vidas se habían consumido en un trabajo triste, rotas sus voluntades, sus inteligencias embotadas. Ahora yacían en la tierra a la que habían entregado sus vidas y, paulatinamente, año tras año, la tierra les acogería. Lentamente la humedad y la descomposición infestarían las cajas de pino que contenían sus cuerpos y, gradualmente, tocaría sus carnes hasta acabar consumiendo los últimos vestigios de sus sustancias. Y se convertirían en parte irrelevante de aquella obcecada tierra a la que en el pasado entregaron sus vidas (p. 99).
Habían llegado a ese punto en su vida en común en el cual casi no hablaban entre ellos de sí mismos, no fuese que el delicado equilibrio que les permitía vivir juntos se rompiera (p. 108).
En su año cuarenta y tres de vida Willam Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra (p. 170).
(el amor) lo veía como un acto humano de conversión, una condición inventada y modificada, minuto a minuto y día a día, por la voluntad y la inteligencia del corazón (p. 172).
Como todos los amantes hablaban mucho de sí mismos, como si por ello pudieran comprender el mundo que los hacía posibles (p. 173).
Sintió renovada la vieja pasión por el estudio y el aprendizaje y, con el vigor curioso e incorpóreo del universitario cuya condición no es ni joven ni anciana, retornó a la única vida que no le había traicionado (p. 193).
Estaba muy pálida y usaba grandes cantidades de polvos y maquillaje de manera que parecía que cada día dibujase sus propios rasgos sobre una máscara blanca (p. 203).
Con una pena que era casi impersonal observó el triste ritual del matrimonio y se conmovió extrañamente ante la belleza pasiva e indiferente del semblante de su hija y la indolente desesperación del rostro del muchacho (p. 212).
Stoner
John Williams
Ediciones de Baile del Sol
Islas Canarias, España.
2017 (primera edición 1965)
Traducción de Antonio Díez Fernández
240 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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Caperucita se come al lobo reúne ocho cuentos breves. Seis ya habían sido publicados en 2012 y los dos últimos se sumaron para esta edición. Son cuentos sobre sexo y violencia física o simbólica en dosis más o menos similares, aunque en las críticas sobre este libro prime la lectura erótica, quizás por lo normalizada que está la violencia en general, y la violencia del patriarcado en particular.
La mayoría de los cuentos, como "Olor", "El hueco", "Caperucita se come al lobo", "Amiguísimos", "Una segunda oportunidad" y "Hasta el infinito", abordan desde distintos ángulos el deseo femenino: la necesidad biológica y mental de las mujeres para relacionarse sexualmente con otros, sin culpas ni encadenamientos, aunque esa forma de atracción haya sido tradicionalmente asignada a los hombres. La autora, desde la ficción, reivindica este ámbito erótico para las mujeres casadas o solteras, jóvenes o maduras.
"El hueco" es un cuento con una tremenda violencia física, que remite sin mencionarlo a las épocas duras del narcotráfico. "Violación" es otro cuento sobre violencia, en este caso sexual, en el que el punto de vista desde el que se narra es el del violador y por eso es el título el que pone la acción en un justo contexto.
La mayoría de los cuentos de este volumen son anteriores a La Perra, una novela que al igual que este libro utiliza un lenguaje centrado en la acción, con pocos adjetivos y casi ninguna digresión. La autora edita y depura hasta conseguir textos narrativos breves que en pocas palabras concentran la fuerza de personajes corrientes de clase media colombiana, que podrían habitar en cualquier ciudad.
Caperucita se come al lobo
Editorial Random House
Bogotá, 2020 (primera edición 2012).
99 páginas.
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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Describir este libro como un perfil periodístico es darle precisión frente a lo que no pretende ser: no es una "biografía autorizada" y ni siquiera es una biografía, porque hay datos y detalles que se escapan en una narración que no es del todo cronológica, y en todo caso tampoco es un panegírico ni una oda sobre uno de los juristas más importantes de las últimas décadas en Colombia.
Es un perfil, es decir, el fruto de una reportería extensa en número de fuentes y en el tiempo de investigación, que le permitió a la autora recoger muchas voces, aproximaciones y anécdotas sobre este personaje. El libro presenta entonces un caleidoscopio vital en el que aparecen sus luces y también sus sombras. Gaviria fue un hombre digno, ético, incorruptible, riguroso en su ejercicio académico y en su labor como jurista, libertario y comprometido con la solución pacífica de los conflictos, en una época marcada por la violencia. Pero también fue un hombre fruto de la cultura patriarcal, que aunque tenía claros los conceptos sobre la igualdad y la equidad de género, esperaba que alguien le sirviera el desayuno y se encargara del cuidado de los niños. La autora lo presenta como un hombre vanidoso, un profesor temido y un marido no del todo ejemplar.
El libro tiene un prólogo de Cecilia Orozco y un epílogo de Santiago Pardo. El epílogo se presenta como un espacio dedicado al registro de la huella de Gaviria en las jurisprudencias de la Corte Constitucional, pero en realidad se centra particularmente en sus tensiones con el magistrado Eduardo Cifuentes. Estos detalles, así como otros incluidos por Ana Cristina en los cinco capítulos que componen el libro, plantea a mi modo de ver una pregunta interesante sobre el sentido de incluir detalles íntimos personales sobre una persona fallecida (que en consecuencia ya no puede defenderse) y presentarlos para el conocimiento público. Algunos dirán que se trata de datos ciertos que humanizan al personaje y denotan una detallada investigación. Otros dirán que se trata de asuntos menores, más cercanos al chisme, que distraen frente a lo que es realmente relevante en el legado sociojurídico y política de este personaje.
El libro tiene el tono y el estilo que Ana Cristina ya ha construido en sus columnas de opinión, con saltos de temas entre un párrafo y otro y con un registro polifónico de sus temas. Acá, además, el texto se enriquece con una banda sonora que intercala estrofas de canciones populares, principalmente los tangos que tanto le gustaban a Gaviria, y que revelan una faceta más fiestera y menos estudiosa que la que lo hizo famoso en la U.de Antioquia y en la Corte Constitucional.
El volumen se cierra con un anexo de 32 páginas con fotografías personales y familiares a full color. Se echa de menos un árbol genealógico que ayude a desenredar la maraña de nombres de hijos, nietos, yernos, nueras, hermanas, abuelos y una extensa red familiar de afectos y miradas alrededor de la figura de Gaviria.
Algunas frases
Lamentaba que en Antioquia el buen comportamiento esté vinculado a preceptos religiosos y no a la observancia de las normas de mayor trascendencia (p. 35).
No tengo pruebas de la existencia ni de la inexistencia de Dios. Soy agnóstico. Lo que me queda claro es que Dios o la creencia en un ser trascendental no puede ser el fundamento de las reglas de comportamiento. (p. 36).
El idilio campesino materializado en la finca del paisa es una impronta cultural (p. 51).
Es imposible tener una vida intelectual en medio del ruido. Cuando tú tienes cuatro hijos y un perro, la cantidad de ruido que se genera es increíble. (p. 51).
El amor, como la ética, no se predica, se aplica. (p. 55).
(sobre Socrates y Wittgenstein) "por una parte la claridad, yo he buscado siempre la claridad (...) la otra consiste en que la persona debe decir, pensar y hablar de una misma manera" (p. 74).
(sobre Wittgenstein) "solamente se pueden responder preguntas pertinentes, que tengan sentido (...) la ética no se enseña, la ética se muestra" (p. 109).
"Encuentro que los planteamientos positivistas son muy rigurosos, y los iusnaturalistas no" (p. 120).
"Me obsesiona la conducta moral: qué es bueno y qué es malo, de ahí mi amor por Wittgenstein, ese es un problema que a uno no se lo puede resolver nadie. Los problemas de la física y de la matemática te los resuelve alguien, pero el ético ¿qué sentido le doy yo a mi vida? !eso lo resuelve uno solo! (p. 120).
"Las cosas inútiles son muy importantes en la vida" (p. 121).
"Lo peor del Congreso es que las cosas ya están negociadas antes, y los horarios tan terribles" (p. 168).
"Como senador se mantenía cansado, frustrado por verse rodeados de personajes diametralmente distintos a él" (p. 171).
"Uno nunca jamás es responsable de las cosas que hagan los demás con lo que uno dice en clase" (p. 172).
"A los colombianos se nos educa en una filosofía de la obediencia, según la cual es reprochable desviarse de la ortodoxia, del pensamiento oficial" (p. 174).
"desde el poder se han criminalizado las formas de pensamiento que no encajan en el espectro ideológico de la derecha" (p. 197).
(su hijo Juan Carlos): "Los libros más queridos para él eran los que fueron emblemáticos por alguna razón en su vida, por ejemplo, los libros de Borges, el Tractatus de Wittgenstein; en materia jurídica, el libro de Hart; la decadencia de Occidente, de Spengler..." (p. 237).
La autoridad paterna no se puede construir a partir del miedo al castigo porque ese tipo de modelos solo perpetúan y profundizan la violencia que ha vivido el país (p. 262).
"el suicidio de su padre influyó bastante en ese episodio, ya que é consideraba que todo acto frente a la vida propia era un acto de libertad" (p. 266).
El hereje: Carlos Gaviria
Ana Cristina Restrepo Jiménez
Editorial Ariel
Bogotá
Septiembre de 2020
288 páginas (más 32 de fotografías).
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