domingo, 29 de enero de 2012

La historia de Horacio, de Tomás González

Esta novela es la historia de una familia, de los miembros de una familia, como lo es Cien años de soledad, pero La historia de Horacio puede ser la antítesis de Cien años de soledad: acá no hay realismo mágico, no hay personajes que se vayan volando al cielo ni mariposas amarillas. No pasa nada extraordinario, excepto la vida misma, cotidiana y natural, que pasa a través de las páginas en donde aparentemente no ocurre nada: Horacio tiene una vaca que queda preñada, luego otra; a la primera se le muere el ternero en el parto, la otra sí logra tenerlo. Horacio compra un Volkswagen, se lo decomisan; su cuñada Martica vende cremas a las amigas en su casa y todas se hacen mascarillas; Horacio va de visita a las casas de Elías y Álvaro sus hermanos, o a la de Eladio su cuñado, y éstos a su vez lo visitan a él; Horacio patea al perro Cupido, Jerónimo su hijo dice palabrotas y se va a jugar con caucheras con su primo David. Carlina la empleada de la casa amanece con un trapo rojo en la frente porque tiene dolor de cabeza; Horacio compra antiguedades que acumula en el garaje; Jerónimo otra vez pierde el año. Horacio fuma mucho y se preocupa demasiado por todo lo que ocurre.


Y así, entre hermanos, vacas, perros, árboles, primos y cuñadas, fluye la vida de Horacio directo a la muerte. Porque La historia de Horacio es la historia de la muerte de Horacio, el menor de los hermanos, papá de 1 hijo y un reguero de hijas, lleno de vida, fumador empedernido, que no sobrevive al cuarto infarto y muere con menos de 50 años. 


El autor desde el comienzo va anunciando la muerte que se avecina, pero no como la gran tragedia que es, sino como algo natural, tan normal como el ternero que se muere o el carro que decomisan. Cosas que pasan en las familias y mientras ocurren hay un tránsito permanente de gente en la casa y una cantidad enorme de conversaciones y de pequeñas diligencias cotidianas que no dan tiempo ni ocasión para grandes muestras de afecto o concienzudas cavilaciones sobre la vida, la muerte o la felicidad. No: la vida y la felicidad es lo que pasa en cada una de las páginas y la muerte es algo natural que puede ocurrir antes o después del almuerzo, en medio del barullo.


Es una novela entrañable, con un lenguaje simple, lleno de groserías y dichos paisas que sirven para contar una historia sencilla ubicada en los años 60 en una casa rural de Antioquia. Es un libro biográfico en el que Tomás González se representa a sí mismo en David, el primo de Jerónimo el "boquisucio", e incluye a su vez a su tío, el escritor Fernando González, en el personaje de Elías. Una novela que se lee con afecto por cada uno de los personajes.


Acá van las frases:


"Y explicame, ¿para qué da tanta vueltas, si todo está tan claro? Dios es Dios; Satanás es jodido, cojea y tiene rabio prensil. Y uno hace lo que puede".


"A Horacio la muerte siempre lo había obsesionado. A veces solo, a veces con Elías, acostumbraba asistir a entierros, muchas veces de gente desconocida. La imagen de la viuda arrojándose al cajón para impedir que atornillaran la tapa, la de la negrura ilimitada del hueco que precedía al último ladrillo o la de los huérfanos gritando "!mamia, mamita, no nos abandonés, mamita" tenían un poder para electrizarlo que no parecía menguar".


"Cuando entraba a la casa, por ejemplo, podía ir a la cocina y tocarle las nalgas a Carlina para que lo persiguiera con una escoba por todos los cuartos; o iba al cuarto de las niñas y se tiraba un pedo enorme, aunque ficticio; o les ponía en las almohadas vómitos de caucho o excrementos de caucho en las sillas del comedor...
Elías y Horacio sonreían.
- Traen su fríjol y todo las tales mierdas, hombre Elías. Y su par de moscas".


"Perder otra vez el año le importó muy poco, sin embargo.
- Años hay muchos -dijo".


" - Maestro, ¿Colombia, en su desarrollo total, se encuentra en la niñez, en la madurez o en la decadencia?  -preguntaron.
(...)
- Se encuentra en la sima del hoyo -les dijo Elías. 
(...)
- Los gobernantes la han prostituido con empréstitos y regalos de sus amantes ricos, y cada vez la prostituyen más. Ha progresado mucho, cierto, hacia la sima -dijo Elías".


"Llovía a cántaros y el mundo estaba mohoso y desapacible, como si ya fueran a empezar a bajar los ángeles del Juicio".


"A esa no se le arrima ni el paludismo".


"Con Martica cualquier cosa podía pasar en cualquier momento. Una vez contó, por ejemplo, que una amiga pensaba hacer un viaje primero a París y de allí por tierra a Londres. Si uno sabía esperar y la dejaba hablar resultaba casi inevitable que saliera con algo grande".


"-La vida le llega demasiado intensa -dijo Elías-. Y lo está matando".


"La muerte del hombre que se ha gastado bien, como leño a fuego, es apacible", escribió en su libreta. "Del cuerpo viejo y consumido, el alma se eleva como el sol por la mañana. Pero la de aquel que todavía está demasiado vivo es lo más horroroso que pueda presenciarse sobre la tierra".


"Las mujeres condenadas a padecer a cierto tipo de hombres estrafalarios cumplen tanto su destino maternal que nunca envejecen".


"Los tres hermanos, todos con propensión al infarto, uno convaleciente de infarto, esperaban, fumando, al hijo de Belcebú".


"le había aconsejado que viviera bien cada segundo, que cuando leyera el periódico sólo leyera el periódico y no pensara en nada más, que cuando le picara plátano a las vacas no pensara en otras cosas, que se mantuviera enteramente presente en cada instante y no moriría jamás".


"las mujeres lo miraban como mira el ganado pasar a la gente que camina por los pastos".


"oíste Margarita, ¿a vos no te parece que los muertos de corbata se ven como muy güevones? ¿Qué creen los parientes? ¿Que los están mandando a gerenciar un banco? Más vale que le pongan a uno la piyama y la levantadora".




.






Tomás González
La historia de Horacio
Punto de Lectura
Bogotá
1997
203 páginas

domingo, 15 de enero de 2012

El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez

Un minuto antes que ocurra un accidente aéreo lo más probable es que los pasajeros no sepan lo que va a ocurrir. El ruido de las cosas al caer, el enorme estrépito que produce un accidente de avión, es impredecible pocos segundos antes, cuando la nave viaja en el silencio del cielo.


Esa metáfora es la que propone Juan Gabriel Vásquez en esta novela, que fue Premio Alfaguara 2011. Así como los pasajeros que murieron en el avión de American Airlines que cubría la ruta Miami-Cali no presintieron su muerte en la víspera de Navidad, tampoco esta sociedad vio (u oyó) las señales que anunciaban el enorme estrépito que se produciría años después, cuando a comienzos de los 70 empezó el tráfico de marihuana a USA. El ruido de las cosas al caer es el ruido de un accidente, de una sociedad que se derrumba o de una vida personal que se destruye sin que nos demos cuenta.


Aunque tiene 259 páginas, esta novela se lee prácticamente de una sola sentada. Agarra desde el comienzo porque apela a hechos conocidos para toda una generación de colombianos, pero también porque tiene una buena dosis de suspenso y a medida que avanza el lector quiere descubrir junto al narrador, Antonio Yammara, quien era en realidad Ricardo Laverde, qué ocurrió en su vida y por qué lo mataron, porque como dice Antonio, al comienzo del libro, "Este hombre no ha sido siempre este hombre, este hombre era otro antes".


La historia ocurre entre los billares junto a la Universidad del Rosario en Bogotá, el barrio La Candelaria, y el paisaje del Magdalena Medio, entre La Dorada, Doradal y Guarinocito. Es la historia de una familia, pero también la de un país que perdió su inocencia y su paz con el narcotráfico. Es la novela de una época: la de los años 70s, 80s y 90s.


Las frases:
"con qué presteza y dedicación nos entregamos al dañino ejercicio de la memoria, que a fin de cuentas nada trae de bueno y sólo sirve para entorpecer nuestro normal funcionamiento".


"somos pésimos jueces del momento presente, tal vez porque el presente no existe en realidad: todo es recuerdo, esta frase que acabo de escribir ya es recuerdo, es recuerdo esta palabra que usted, lector, acaba de leer".


"Bogotá, como todas las capitales latinoamericanas, es una ciudad móvil y cambiante, un elemento inestable de siete u ocho millones de habitantes: aquí uno cierra los ojos demasiado tiempo y puede muy bien que al abrirlos se encuentre rodeado de otro mundo (una ferretería donde ayer vendían sombreros de fieltro, el chance donde despachaba un zapatero remendón), como si la ciudad entera fuera el plató de uno de esos programas bromistas donde la víctima va al baño del restaurante y regresa no a un restaurante, sino a un cuarto de hotel".


"No hay nada tan obsceno como espiar los últimos segundos de un hombre: deberían ser secretos, inviolables, deberían morir con quien muere".


"La experiencia, eso que llamamos experiencia, no es el inventario de nuestros dolores, sino la simpatía aprendida hacia los dolores ajenos".


"Su cara era como una fiesta de la cual ya se han ido todos".


"Estaba sola, me había quedado sola, ya no había nadie entre mi muerte y yo. Ser huérfano es eso: no hay nadie por delante, uno es el siguiente en la línea. Es su turno".


"Había visto casos similares varias veces en la vida: familias de buen pasado que un día se dan cuenta de que el pasado no da dinero".


"Y luego se quejaba de que en Colombia todos los ciudadanos fueran políticos pero ningún político quisiera hacer nada por los ciudadanos".


(sobre el embarazo): "comenzó a estar consciente de su cuerpo, que dejó de ser silencioso y discreto y se empeñó de un día para el otro en llamar la atención desesperadamente sobre sí mismo, como un adolescente problemático, como un borracho".


 "La edad adulta trae consigo la ilusión perniciosa del control, y acaso dependa de ella. Quiero decir que es ese espejismo de dominio sobre nuestra propia vida lo que nos permite sentirnos adultos, pues asociamos la adultez con la autonomía, el soberano derecho a determinar lo que va a sucedernos enseguida. El desengaño viene más pronto que tarde, pero viene siempre, no falta a la cita, nunca lo ha hecho".


"En la oscuridad del cuarto pensé en eso, aunque pensar en la oscuridad no es conveniente: las cosas parecen más grandes o más graves en la oscuridad, las enfermedades más destructivas, la presencia del mal más cercana, el desamor más intenso, la soledad más profunda".


Juan Gabriel Vásquez
El ruido de las cosas al caer
Editorial Alfaguara
Bogotá
2011
259 páginas

sábado, 14 de enero de 2012

La bala vendida, de Rafael Baena

Hace unos meses reseñé "¡Vuelvan Caras, Carajo!", sobre el lancero Juan José Rondón, y "Tanta sangre vista", sobre las guerras civiles del Siglo XIX. "La bala vendida", el último libro de Rafael Baena, publicado a finales del año pasado, narra la historia de los cuatro hermanos Orduz Azuero: Marcial, Débora, Vicente y Micaela, durante la Guerra de los Mil Días, y lo que ésta le deja a cada uno de ellos: locura, viudez, derrota y humillación, respectivamente. 


Se trata, como las otras dos obras mencionadas, de un libro de guerras y guerrillas en el que aparecen personajes de la historia colombiana como el general Uribe Uribe, y batallas reales como la de Peralonso, pero los hechos se narran a partir de los cuatro hermanos que van y vuelven de su hacienda Saia, al sur de Bucaramanga.


La novedad de este libro frente a los anteriores es que acá las protagonistas son las mujeres, encargadas en la guerra de servir de espías, de atender hospitales y de garantizar que la hacienda y la familia sigan funcionando con normalidad para cuando regresen los esposos y los hijos del campo de batalla.


De los tres libros de Rafael Baena sobre las guerras del Siglo XIX me quedo con ¡Vuelvan Caras, Carajo! por su tono de epopeya. En "La bala vendida" quizás algunos personajes se desdibujan con el paso de las páginas o simplemente desaparecen, o dan giros en sus vidas un poco inverosímiles. Aunque no "agarra" al lector como las otras, tiene el valor de narrar épocas poco contadas en nuestra literatura y de ambientar un paisaje inexistente en la actualidad.


Acá van las frases:


"Lo mejor era no contar con los hombres, concluyeron ambas en un mudo diálogo de miradas que ratificaba la atávica certeza femenina según la cual ciertos comportamientos masculinos no tienen remedio. Así era y había sido siempre, desde el inicio de los tiempos, y no había poder humano que modificara tal cosa".


 "dándole la espalda a la realidad de un país que sé consideraba aletargado por la falsedad y la mentira, desprovisto de orgullo nacional, persuadido por el curato para permanecer arrodillado frente a una clase gobernante y corrupta contra la cual habría que levantarse, aunque si mal no recuerdo ya nos levantamos mil veces y ya los malparidos nos dieron por el culo otras tantas, al son de los responsos de su banda militar, maldita sea".


"La búsqueda de cambios en la sociedad, aunque sonara católico y apostólico, debía ser un asunto de cada cual, de individuos, no una empresa colectiva; entre otras cosas porque bastaba examinar un poco la historia para saber que la mayoría de las veces las dictaduras eran hijas de las revoluciones".


"conocía a las terratenientes de su tipo: ricas de nacimiento, no conocían las privaciones ni frustraciones, esperaban que todos sus deseos se cumplieran en el término de la distancia y, en general, asumían que la razón de existir del resto de los mortales era someterse a su voluntad, quizá porque en las memorias de sus familias estaba arraigada la conciencia de haber poseído esclavos. Ya no usaban látigos, pero los habían reemplazado por lenguas afiladas y mordaces".


"un cadáver es un adversario dado de baja, pero un herido grave necesita al menos de dos camaradas para poder salir de la zona de batalla, con lo cual una buena herida representaba tres bajas. Pequeños trucos de guerra".


"y lo odió por eso, por malagradecido, por ser tan hombre, tan masculinamente capaz de estar presente, y sin embargo, no representar ninguna compañía".


"tendría que irse con su corruptela para el infierno, si es que el diablo era lo suficientemente estúpido como para abrirles el portón y arriesgarse a que le robaran todos sus calderos".


Rafael Baena
La bala vendida
Editorial Alfaguara
Bogotá
2011
278 páginas

sábado, 17 de diciembre de 2011

Testamento Involuntario, de Héctor Abad Faciolince

En la portada de este libro, aparece como autor "Héctor Abad", sin el Faciolince. El jueves pasado en una presentación de la obra en la Librería Prólogo, Carlos Gaviria le preguntó por qué se había quitado el apellido de la mamá y dijo que porque para publicar poesía él habría querido cambiarse el nombre por completo y aparecer con un seudónimo. Que le da mucho pudor, temor, y que por eso el libro se llama "Testamento": porque habría sido mejor si fuera un libro póstumo. (También explicó que en otros países se enredan con los 2 apellidos y ubican sus obras en la F de Faciolince).

Sin embargo, en estos pomas uno encuentra al mismo escritor de siempre, el del Olvido que seremos, el Tratado de Culinaria para Mujeres Tristes... el mismo paisaje, la finca, las montañas, la misma familia, los temas recurrentes. Esto es poesía, no es novela ni cuento, pero la sensación al leerlo es similar a la que a mí me producen sus obras narrativas: "Yo habría podido escribir esto"... que no es la sensación que me queda luego de leer por ejemplo a William Ospina. Claramente yo no podría escribir media cuartilla como las de Ospina, y seguramente no podría tampoco escribir como Héctor Abad, pero la sensación que deja es que sí, que el lenguaje es sencillo, no hay grandes epopeyas, cuenta cosas que le pasan a personas como uno, que se mueve en el mismo entorno de uno y tiene los problemas que tiene uno... todo parece tan simple que hasta uno o cualquier otro podría ser escritor.

En su charla en Prólogo el autor dijo: "no creo en los pintores que no saben dibujar, así después pinten lo que quieran, como tampoco creo en los poetas que no saben escribir poesía formal". En este poemario aunque los versos hablen de sus hermanas, sus esposas y hasta Twitter, la construcción sí aspira  a la musicalidad inherente a la poesía.

Leyendo estos poemas recordé los de Darío Jaramillo Agudelo, tan bonitos y tan sencillos, aunque también tan criticados por cursis y melosos. Pero las referencias de Héctor Abad son otras: En el prólogo él señala como los "grandes poetas" a Juan de la Cruz, Pessoa, Kavafis, Machado, Szymborska y De Greiff. Además incluye un poema titulado "Ossip Maldestam", sobre el poeta ruso.

Hay poemas a sus ex mujeres, sus hermanas, su hijo, su hija, su papá, su amigo Alberto Aguirre, el escritor-cineasta, su tierra, otras ciudades. Parec una compilación de poemas escritos para su círculo cercano. Están organizados en 8 capítulos, de acuerdo con los temas: amor, familia, viajes, tierra, política... Hay algunos tristes, desesperanzados, y otros hasta "humorísticos" como el que se titula "Virginidad".

Creo que es un libro irregular. Hay poemas que quizás debieron quedarse en el estrecho espacio de la relación personal en medio de la cual surgieron.

Un comentario final merece la edición. Puntas redondeadas, un "caucho" para cerrar el libro, ilustraciones al comienzo de cada capítulo. Mucho cuidado en cada detalle para hacer lucir este libro como una libreta de apuntes. Como objeto, es un libro bonito.


Escribir "frases" de un libro de poesía implicaría transcribir poemas completos. Les dejo los versos finales de "Un mayordomo sículo", la primera parte del poema las "Dos Elegías Inglesas":

No todos ellos saben 
que su destino
es idéntico al mío
y al de todos los muertos y nacidos:
vagar con paso incierto
por la oscura región del olvido.


Héctor Abad
Testamento Involuntario
Editorial Alfaguara
Bogotá
2011
124 páginas

domingo, 11 de diciembre de 2011

Ursúa, de William Ospina

Cuando era chiquita (mi hermano diría que me quedé chiquita, pero esa es otra historia) mi abuelita nos llevaba a La Guaira, la finca que había sido de su papá. Para llegar había que ir hasta Pácora, luego coger un "bus escalera" hasta San Bartolomé, pasando por Castilla, y en San Bartolo, como le decíamos todos al pueblito, se cogía un willys hasta el Alto de Pozo, en donde nos esperaban "las bestias" para bajar a la finca por un caminito muy faldudo y estrecho. Abajo se veía el Río Cauca y llegábamos a la finca luego de 6 horas o más de haber salido de Manizales.

El plan en la finca era oír historias de guacas, de indios, de espantos, del Cacique Pipintá y de entierros, y entre todas las leyendas siempre salía a relucir la del Mariscal Jorge Robledo, el conquistador, al que mataron a garrote en el Alto de Pozo (aunque wikipedia cuente otra versión). Las historias incluían detalles sobre una espada con incrustaciones en esmeralda del conquistador y en mi cabeza no encajaba el lujo de la espada y la alcurnia de un personaje que aparecía en los libros de historia con la escenografía que yo veía: el Alto de Pozo era un caserío que quedaba lejos de todo, con una fonda en donde sólo sonaba música de carrilera desde temprano y vendían aguardiente a todas las horas del día.

Pues bien, toda esta historia del Mariscal Robledo y su muerte a garrote aparece en Ursúa, la novela de William Ospina que hace parte de la trilogía que también integra "El País de la Canela", que ya reseñé en este blog. Pedro de Ursúa llega de España a los 17 años y con mucha juventud e inexperiencia se convierte en un hombre poderoso, guerrero y ambicioso, que recorre buena parte de la geografía nacional, desde Santa Marta y Ciudad Perdida hasta "Neyva", pasando por Pamplona, la ciudad que fundó, Mompox, Tocaima, Santafé de Bogotá, Panamá y un largo etcétera.

En la novela (supongo que también en la "vida real") Ursúa es sanguinario. Comete masacres bárbaras contra indígenas y negros y tiene una muerte trágica que no se narra en detalle pero sí se insinúa.

Pero la novela no se centra únicamente en Ursúa sino que pinta un retrato de otros personajes históricos como Belalcázar, Pedro de Heredia, el Mariscal Robledo y su viuda La Mariscala María de Carvajal (que daría ella sola para otra novela). Unos personajes que recorren los mismos ríos y las mismas montañas que uno ha oído toda la vida, y quizás eso fue lo que más me gustó del libro: recorrer la geografía que uno conoce desde siempre, pero habitada por "extraños" de hace 5 siglos: los cerros al oriente de Bogotá, el Valle de Lilí, el Cabo de la Vela, "Barrancas bermejas". Al leer uno se siente en un viaje a otro tiempo e imagina el mismo río Magdalena o el mismo Río Cauca, los mismos montes y valles que uno ha visto, pero llenos de indígenas con flechas defendiéndose de españoles con pólvora y cañones. Y claro, al leer uno se pregunta qué historias se contarán de nosotros en 500 años, de estas montañas, ríos y nevados que persistirán cuando ya no estemos, y qué tan distinta lucirá esta geografía que ahora nos es tan familiar; hasta que límites inimaginables se habrá transformado nuestro actual entorno.

Las frases:
"A los aventureros no se les ocurría otra cosa que robar y esclavizar, y cuando tenían hambre no pensaban jamás en sembrar una espiga ni en empuñar un arado, sino en cargar sobre las poblaciones pacíficas que cultivaban algodón y maíz, y cifrar su salvación en la perdición de los otros".

"Quién nos dirá en qué momento el verdugo y la víctima, desde regiones muy distantes, empiezan a moverse hacia el sitio prefijado donde tendrá lugar el encuentro".

"y le ayudaron a descubrir algo que estaba en él desde siempre sin ser advertido, tal vez un viejo hábito de su casa o una honda necesidad de su sangre: el placer turbio de mandar a los otros".

"El sueño de la impaciencia produce disparates".

"Todo ser nuevo que encontramos viene de otro relato y es el puente que une dos leyendas y dos mundos".

"Siempre es que, realizadas por otros, nuestras mismas acciones parecen más sucias".

"Así son estas guerras: veinte muertos enemigos no compensan una muerte propia, pero la herida de la traición es la más honda, no sólo por el abatimiento que causa sino por la amenaza que proyecta".

"Cuando todo era silencio, les parecía sentir cosas que se extendían en la orilla, como si las plantas desdoblaran sus hojas enormes o como si diablos escondidos plegaran y desplegaran sus alas membranosas".

"Fue sin cesar leal conmigo todos los días de nuestra amistad, y sin embargo nunca estuve seguro de que me quisiera".

"No hay gran amistad que no comience por un largo intercambio de historias".

"Era un hombre monumental y soberbio, para quien todo había estado mal en el mundo antes de su llegada, que tomaba cada decisión como si fuera el comienzo de una reparación cósmica, y que atribuía a cada delito y a cada culpa, por pequeños que fueran, consecuencias desmesuradas. "Ahí va el juez Montaño con su cara de juicio final", decía Teresa de Peñalver".

"Nada es más útil para los gobernantes que tener un demonio al cual atribuir los desórdenes del reino, a quien señalar como el origen secreto de todos los fracasos de su administración".

"Si no los escribiera, los olvidaría, porque sólo soy capaz de recordar lo que se convierte en palabras".

"Sujeto a la peor acusación que pueda recibir un juez, la de haber sido injusto e indigno de sus códigos, y la peor que pueda recibir un gobernante: haber sido insensible al sufrimiento de aquellos que era su deber proteger"



William Ospina
Ursúa
Editorial Alfaguara
Bogotá
2005
478 páginas

lunes, 21 de noviembre de 2011

Abraham entre Bandidos, de Tomás González


Hay algo de bello en toda esta sencillez. Es un libro de pocas frases memorables y escasas digresiones. La acción, a pesar del momento histórico que viven sus personajes y del hecho que le da pie a la trama: un secuestro, no es vertiginosa.

Aquello de la sencillez no es una conclusión mía. Recuerdo una columna reciente de Carolina Sanín en la que decía que Fernando Vallejo y Tomás González son dos autores cuya fuerza radica “en la negativa a presuponer la majestad de un lenguaje literario”. Y es que aquí no hay tal lenguaje ni en un extremo ni en otro, digo yo, un tanto prejuicioso. Por un lado, como aquello a lo que nos acostumbró Víctor Gaviria, no solo en su cine sino en, al menos, la única obra escrita que le conozco (El pelaíto que no duró nada). Por el otro extremo como, entre muchos otros, García Márquez, cuyos párrafos esféricos terminan siempre, como si se estuviera leyendo una rima, musicales.

González no parece arrodillarse ante ningún lenguaje, así que sólo narra su historia con la sencillez como se cuenta una anécdota. Y cautiva. A mí, que no lo conocía, me intrigó ese escritor que no parece pretender nada. Y, sin embargo, hay una fuerza en esas páginas que nos dice algo y que solo se nota luego de haber pasado el ojo por unos cuantos capítulos. Ya está. Como en cualquier trama, esta es una excusa para contarnos otra cosa, en este caso el retrato íntimo de una familia cuyo devenir, de una u otra forma, está ligado a la violencia. O mejor, a La Violencia. Entonces tenemos en un capítulo a Abraham y a Saúl recorriendo el monte con los guerrilleros que los secuestraron, y en el siguiente a sus mujeres en la ciudad hablando con este y aquel, familiares cercanos y lejanos que nos van pintando el retrato, algo costumbrista, de la familia entera. Todo tan paisa, como el paisa llano en elque está escrito la novela.

Aquí algunas frases:

–Hasta los burros parece que flotaran –decía. Pero no eran los burros flotantes los que interesaban más a sus amigos, sino los peligros a los que se habían enfrentado por las rutas de un país siempre al borde del caos, al que los periódicos de los países ricos –los mismos países que habían arrojado bombas atómicas sobre ciudades dormidas o aplicando los principios de la ingeniería industrial al exterminio de razas enteras– mencionaban como uno de los más violentos del mundo.

En el mundo de Abraham se anuló por completo el tiempo; se alcanzó una inmovilidad y una eternidad de roca pura. No había movimiento ni falta de movimiento; ni vaciedad, ni plenitud, nifalta de vaciedad o plenitud, y allí quizás habría terminado el mundo suyo, y tal vez todos los mundos, pero algo, alguien o alguna razón hizo que otra vez empezara a sobreaguar la vida, la conciencia, y con ellas la luz y el chapoteo,débil primero, muy acentuado luego, de los bandoleros que se bañaban en el río.

…las mujeres bellas y desquiciadas, ya se sabe, han sido siempre garantía de emociones intensas.

Se tendieron a descansar un instante boca arriba en las piedras. Nubes blancas, muy pacíficas, cruzaban el azul uniforme bajo el cual nadie habría podido pensar que transcurrieran guerras, mucho menos aquella, que, como ojos reventados, cascos de botellas en las palmas de las manos, uñas arrancadas, dientes descuajados, fluía de manera tan desordenada y caprichosa.

Las matanzas eran menos grandes y la gente volvía a hacerse ilusiones y a pensar que ahora sí llegaría la paz. Uno se engaña. Algún día se acabarán, claro, porque nadie se acostumbra a que anden matando así a la gente (ni siquiera los que matan), pero vea usted en lo que estamos todavía…

Las hortensias resplandecieron a todo lo largo de su última fracción de segundo y el bandido se desintegró en cuerpo y alma junto con ellas y el resto del armamento, casi todo el alimento, la casa y los ocho soldados y el teniente que acababan de entrar con laintención de acribillarlo, sin haber logrado con su acto la libertad de país alguno, mucho menos rescatado a nadie de la servidumbre, pero con valentía en nada menor a la que, cada cientos de años, ciertos seres humanos predestinados han demostrado en la defensa de las más valiosas causas.

Abraham entre bandidos
Tomás González
212 páginas
Alfaguara
2010

lunes, 24 de octubre de 2011

La casa rosada, de Orlando Mejía Rivera


Después de mucho tiempo, mucha lluvia, mucho Rock al Parque, 'La casa rosada' fue leía y citada. El 26 de enero de 2006 llegó a los correos de miembros del Club Secreto. Ahora, aprovecho que Orlando Mejía está de actualidad por su entrevista en El Radar sobre corrupción, comparto la selección que hice hace cinco años.

“Occidente es un mundo de seres dormidos, este siglo tecnocrático representa el triunfo de los muertos sobre los vivos, el olvido esencial de que sólo somos fantasmas fugaces de ilusorios dioses menores y borrachos…” Pág. 9 
“Aquí yace un hombre con el talento de un Camus y la intuición de un Gide que no pudo escribir ningún libro. Cuerpos y libros, el adolescente deja de serlo… el intelectual lee para no morirse de tedio, lee para justificar su suicidio imaginario, lee para huir de la vida, lee para negar a Dios, lee para perderse a sí mismo, lee para esconder su rostro de la muerte… ¿y el sentido de mi vida?... ¿y por qué el gran coño sólo produce la felicidad por un único instante?...” Pág. 13 
… “a una Manuelita Sáenz del siglo XX, a una Yourcenar sin los gustos de Safo. Teresa comenzaba a ser cortejada por los profesores universitarios que se soñaban con hacerla su esposa, fieles a la idea de que los académicos tenían la noble misión amorosa de redimir a las putas y putear a las señoras.” Pág. 22 
… “por eso toda mi poesía se ha gestado a través de mi cuerpo y he aprendido que la eternidad y la fugacidad no se comprenden al leer tratados de metafísica, ni los libros religiosos de los anacoretas, ni los textos áridos de los filósofos, sino que, por el contrario, la eternidad sólo se siente en ese instante donde abrazados con furia y temor al otro explotamos nuestra soledad en un orgasmo compartido que nos vuelve al origen andrógino y sabemos que sólo existe este instante, que no hay pasado ni futuro y sólo el sexo nos enseña que somos seres hechos de la tierra de lo demoníaco y de lo divino pero sin que exista un más allá ni un espíritu que no sea también cuerpo y sexo y secreciones…”. 
…“Los zombis recorren hoy las calles de las grandes ciudades del mundo, doctor Fandiño, yo viví diez años en Europa y me consta que la mayoría de los individuos tienen muerta o agonizante la naturaleza humana. Europa es un museo y sus aceras y edificios están recorridas por fantasmas como los de los cuadros de Munich, ya ni siquiera se percibe la angustia existencial que surge de los seres auténticamente vivos, sueñan su agonía cadavérica, su memoria es pobre, sólo recuerdan las imágenes que les muestran los televisores día y noche…” Pág. 29 
(Los europeos…) “buscan sus demonios y sus culpables en las cintas gastadas de celuloide y, mientras tanto, se olvidan de su presente, no reconocen sus actuales criminales, son poseídos otra vez por las fuerzas demoníacas que utilizan otros rostros y símbolos renovados; los jóvenes de 15 y 20 años se rapan la cabeza y persiguen a los turcos y a los polacos y a los sudacas y a los argelinos y a los africanos…” Pág. 30 
…“Occidente significa en su etimología ocaso y esta es la última etapa de la civilización de los crepúsculos, de la dictadura de las máquinas y los conceptos racionales que trataron de negar la poesía de la vida y la perfección de la unidad natural; la nueva imagen de dios no necesita de ningún rostro de Dios, la meta espiritual es ir a ninguna parte, doctor Fandiño, las palabras retornarán al silencio y algún día los nuevos hombres sentirán tristeza y caridad por esta época de contradicciones y de búsquedas ciegas…” Pág. 31 
“La neumonía ya pasó y ahora por primera vez entiendo el ritmo de Proust, con la sensación de asfixia hay que dilatar el tiempo, cada segundo es un año, cada año es un milenio, el tiempo sólo se percibe cuando falta aire…” Pág. 37 
… “POETA es escupir siempre al rostro de los poderosos y orinarse con desprecio en los oropeles y en la fama, POETA es sentir la soledad y la desnudez de la tierra y de los huesos, de las bocas con sus lenguas, de los grandes conceptos que mienten y descender a los infiernos de la existencia colectiva para intuir la fragilidad de nuestra historia fantasmal, el ruido de la máquina que acecha”. Pág. 40 
… “desde Esquilo y Safo hasta Hölderin y desde Baudelaire y Rimbaud hasta Eliot han sabido aguar la fiesta mentirosa de los sueños del planeta: la poesía es la palabra que descubre la vida de la otredad y las múltiples significaciones de las cosas; la poesía reestablece el sentido de lo único en lo múltiple y de lo múltiple en lo único, es el puente del reino de la vida y de la muerte, es la piel de los cuerpos, los suspiros…” Pág. 40 
“Definiciones:Psiquiatra: Individuo que es capaz de decirle la verdad a cualquiera menos a sí mismo. (Muy dedicadoa usted Fandiño)Feminista: Mujer que odia ver los falos de los hombres y por eso los mantiene adentro.Filósofo: Eunuco en la orgía de la vida.Burócrata: Hacedor de mierda.Patria: El burdel de los generales.Paz: La celestina de la guerra.Pene: Tótem sagrado del Dios ausente.Política: El oficio de los muertos”. Pág. 43 
 “MUNDO: (MU: mugido, UNDO: de unidad). Pesadilla colectiva de las mentes que sueñan. / 2. Planeta en estado terminal enfermo crónico del virus de la modernidad humana. (V.M.H) / 3. Esfera celeste inventada por Pascal para justificar a Dios (la tercera definición se la dedico a Juan)”. Pág. 44 
“PIEL: (PI: Número que simboliza el diámetro de la totalidad, EL: Pronombre del ser). Cartografía del alma. / 2. El tegumento más profundo que tienen los seres humanos. / 3. Tela que cubre el ser”. Pág. 44 
“Fandiño, a uno lo comienzan a engañar desde muy pequeño, el veneno se lo meten en forma de esperanza o de temor, a mi me torturaron desde los cinco años, un tío solterón me leía las fábulas de Esopo y en especial la maldita fábula de la hormiga y la cigarra se convirtió en mi casa en la gran fórmula para el éxito en la vida, maligna fábula que me sueño en mis pesadillas, que sé de memoria así yo no quiera, fábula que se me ha convertido en la prueba de que todo está al servicio del inhumano sistema productivo, donde para ellos nosotros los individuos no tenemos ningún valor humano, sólo somos números, estadísticas, promedios abstractos de los economistas… la introducción en este infierno comenzó para mi Fandiño con la fábula de la hormiga y la cigarra”. Pág. 47 
“Esopo fue un esclavo de los griegos, Fandiño, de ahí su mentalidad de esclavo y la importancia de sus mezquinos pensamientos en esta época de esclavos, donde quieren que seamos sólo eso, hormigas trabajadoras desde el nacimiento a la vejez, con miedos profundos al futuro y a la muerte, nos engañaron…” Pág. 47 
“…pues sólo es en el tiempo del ocio, Fandiño, donde los seres humanos amamos la vida, erotizamos nuestros cuerpos, sentimos orgasmos, despreciamos los títulos y las estructuras, sólo en el ocio podemos ser humanos, Fandiño, y creadores, y magos de otros mundos imaginarios… sólo en el ocio nos desengañamos y nos desintoxicamos de todas las mentiras que nos contaron, de todos los fantasmas que nos metieron, para que huyéramos de la vida creyendo que huíamos de la muerte”. Pág. 50 
“La hormiga positivistaVivía una hormiga que creía haber demostrado que era un oso hormiguero, y de pronto se encontró con un oso verdadero; lentamente la lengua del oso comenzó a enrollarse en su cuerpo y, ante la real evidencia, la hormiga ya no tuvo más remedio que abrir los ojos y mirando con fijeza al oso, exclamó con asombro: ‘increíble, todavía quedan caníbales’.Anti-moralejaCuando tengas la certeza de que encontraste la verdad o sabes quien eres, duda de tus ojos y de tu mente, ten desconfianza de tus convicciones absolutas, aléjate de los hombres, de los dioses y de los sistemas, que poseen respuestas para todo.” Pág. 51 
“…Los sueños llegan como bandadas de pájaros, provienen de un remoto reino que se encuentra en el centro del fondo del mar y en el punto que une la tierra y el cielo”. Pág. 53 
“Se vive, doctor Fandiño, para caminar y agotar esos planos existenciales que están representados en cada capa de palabras y agotarlos es darse cuenta de su falsedad, de su agonía; pero ello implica el doloroso proceso de irse desprendiendo de pieles y de rostros, de destruir los ídolos y las estatuas que hemos hecho de nosotros mismos, es necesario no poseer ninguna certeza para construir ese camino, por eso las capas de las ideologías, las religiones, las sectas, deben ser vividas pero para pasarlas, para dejarlas atrás, cualquier parada en el camino es quedarse en una capa específica, pertenecer a un mundo muerto; este proceso doctor Fandiño es un movimiento simultáneo hacia fuera y hacia dentro, es otra manera de expresar el camino de misticismo o de la espiritualidad”… Pág. 56 
“… recordar es otra manera de falsificarnos a nosotros mismos, de justificarnos biográficamente, de tolerarnos para poder seguir viéndonos en los espejos…” Pág. 77
“… Arturo creía que lo mejor del pensamiento del suicidio era precisamente que nos preservaba del acto del suicidio, que saber que la vida tenía abierta las puertas de la muerte nos permitía seguir en la vida…” Pág. 107
“Convoco al ejército de fantasmas que me habitan
y no quieren recordar el principio del principio:
que sólo somos los sueños de un dios
perdido en un rincón del universo,
que llora su propia amnesia
y su propia soledad.” Pág. 112
“La mujer o el hombre ideal es la proyección insuficiente de nuestra psiquis, incapaz de encontrarse como ser total dentro de sí misma.” Pág. 114
“… ahora, afortunadamente, los escritores ya han empezado a intuir que sólo son viajeros de la noche onírica, visitantes nocturnos que parten de la estación de trenes a los distintos universos de la literatura; por eso la literatura Jorge comienza a ser percibida con la figura de un palimpsesto, de un único libro multiplicado hasta el infinito por las distintas versiones de los soñadores. Las palabras no le pertenecen a nadie, ni los argumentos, la única novela policíaca ya estaba descrita desde el génesis bíblico, en la Iliada se reconoce al Macbeth de Shakespeare y al Quijote de Cervantes, Joyce escribió de nuevo el Ulises mientras le hacía el amor a la Circe de Homero y Virgilio escribió la Divina Comedia a través de un personaje que inventó y al cual llamó El Dante Alighieri”. Pág. 122
“Signore Kafka –dijo Settembrini- el destino de la humanidad está por encima de los destinos individuales, cada uno de nosotros sólo tiene razón de existir para poder sacrificarse a los designios de la especie, usted o yo signore no importamos sino como partes minúsculas de la humanidad.” Pág. 129
“Señor humanista, su optimismo en la razón humana y en el futuro de la civilización lo ha llevado a convertirse en la semilla de los verdugos de lo humano, en el gestor de los genocidios y los crímenes, en el sembrador de la destrucción y la demencia de las guerras, ustedes los humanistas son en realidad las mentes perversas que han movido siempre las manos asesinas de los guerreros y han dado las órdenes monstruosas de los gobernantes, señor Settembrini, su humanismo clásico e iluminista solo ha producido esclavitud y dolor en nombre de la cultura y el ‘progreso humano’ y después de todas sus acciones se han lavado las manos, la indudable capacidad dialéctica les ha permitido enrostrarle la responsabilidad de los crímenes a los otros, a los bárbaros, a los pensamientos irracionales, a los dioses y a los demonios, a la emocionalidad de los corazones o a la energía extrema de los jóvenes…” Pág. 130
“… amor… ese amor que solo empiezo a experimentar ahora… a las puertas de este cementerio, oliendo a muerte reciente… con la certeza de que mi próximo lecho será un colchón de gladiolos… un lecho de muerte……… el pobrecito Jorge…… Rimbaud yo te invoco……. Nietszche espérame…… ya voy…… ya vamos…. Ya vamos todos…. Los muertos vivientes hemos despertados a la conciencia… a la realidad…. mi muerte…. mi propia muerte… ¿Qué rostro tendrá?... quizá el mismo que tiene Jorge… o la máscara de Satán que poseyó mi virginidad hace tantos años… o sólo será el blanco-blanco-blanco de Kandinski… el silencio… la mente alucinada de Hölderlin… el beso y el abrazo de Arturo… mi sangre corriendo con humildad al mar… uniéndose al agua de la tierra y de las nubes… de los sueños de Bachelard…. Fandiño, las lágrimas están mojando su diván verde, su tapete negro, chispotean sus gafas, lubrican mi tristeza, calman la sed de Jorge… Fandiño ojalá llegue pronto mi muerte… y me hunda por fin en el silencio, en las entrañas de los árboles… para descansar durante mil universos… y no despertar nunca más…” Pág. 137 Me gustó mucho la densidad de este ambiente.
“Doctor Fandiño, aprender a vivir es aprender a morir, por ello ninguno ha aprendido a vivir en esta cultura –OCCIDENTAL- que esconde los cadáveres o los maquilla de vivos, que explota al hombre para que su existencia sea tan pobre como la de una máquina, que estimula el miedo a la muerte para que los seres humanos dejen de oír la voz de su conciencia espiritual.” Pág. 140
“Los psiquiatras le tenemos mucho miedo al silencio, es imposible racionalizar el vacío de las palabras que nunca hemos querido recibir sin la armadura de nuestra ciencia.” Pág. 156
“Las putas al poder ya que sus hijos no fueron capaces.” Pág. 160
“La clonación es el sueño de Narciso llevado mediante la técnica a la perfección.” Pág. 167
(La clonación) “Este hecho termina las diferencias entre el robot y el hombre, pues si no se pudo lograr que el robot copulara, entonces se buscó y se logró que le hombre se reproduzca como máquina.” Pág. 168
La Casa Rosada
Orlando Mejía Rivera
1997