viernes, 3 de enero de 2014

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

"Es un librito de culto entre los libreros". Con esa presentación oí hablar por primera vez de 84 Charing Cross Road y me dio curiosidad. Un libro de culto entre libreros tiene que ser un gran libro.


Sin embargo, no es un gran libro. No es una obra monumental del estilo Guerra y Paz, ni un gran drama de amor, odio o poder. Es un librito entrañable que a través de cartas que comienzan en 1949 y se extienden hasta el 69 revela la relación estrecha que se construye entre Helene Hanff, una escritora pobre de Nueva York, y Frank Doel, empleado de una librería en Londres.

La obra resulta hermosa no tanto por los autores o libros que se registran en las cartas (muchos autores ingleses que no son tan conocidos en el ámbito latinoamericano, aunque por supuesto hay nombres de fama mundial), sino por el cariño que se percibe entre librero y lectora, que empieza por los libros pero trasciende esa esfera para convertirse en una larga conversación. Una amistad que dura más de 20 años aunque Helene nunca viaje a Londres en vida de Frank.

Creo que puede ser un libro de culto entre los libreros porque aunque la que más escribe es Helene (y finalmente es ella quien publica las cartas), revela la vida cotidiana de un librero, con salario escaso, que celebra poder comprar un carro, anhela las vacaciones, se siente orgulloso de sus hijos, sufre por el racionamiento de alimentos en Londres después de la II Guerra Mundial... es decir, un trabajador de clase media común y corriente, como los hay tantos en tantas partes del mundo. Y muestra también una lectora culta, curiosa, exigente. La lectora que supongo que todo librero anhela conocer.

Algunas frases:
"El día en que me llegó el ejemplar de Hazlitt, se abrió por una página en la que leí: "Detesto leer libros nuevos." Y saludé como a un camarada a quienquiera que lo hubiera poseído antes que yo".

"Con la llegada de la primavera necesito un libro de poemas de amor. ¡Nada de Keats o Shelley! Envíeme poetas que sepan hablar del amor sin gimotear... Wyatt o Johnson o alguien por el estilo".

"A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de los que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención".

"Va contra mis principios comprar un libro que no he leído previamente: es como comprar un vestido sin probártelo".

"Me gustan las mismas cosas que a él..., salvo sus obras de ficción. jamás he conseguido interesarme por cosas que sé que jamás les ocurrieron a personas que nunca han vivido".

"Quería haberte escrito el día que recibí el Angler, aunque no fuera más que para darte las gracias; ya sólo los grabados que incluye valen diez veces más de lo que me ha costado el libro. ¡Qué mundo tan extraño éste nuestro, en el que uno puede adquirir para toda la vida algo tan hermoso..., por lo que cuesta una entrada para un cine de Broadway, o por la quincuagéima parte de lo que te cobra un dentista por empastarte un diente!

"Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Llen todos los best seller que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible..., y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron".

¿Por qué será que personas a las que jamás se les pasaría por la imaginación robar nada encuentran perfectamente lícito robar libros?

"Ahora ya no hay nada a un precio barato: los precios son "razonables". O, cuando mucho, "ajustados". Al otro lado de la calle en que vivo hay un edificio en construcción con un cartel que dice:
"Apartamentos de uno y dos dormitorios
a alquileres puestos en razón"
Pero los alquileres NO están puestos en razón. Y los precios no se comportan de forma razonable en ningún ámbito, diga lo que diga el anuncio..., que no es un anuncio tampoco, sino un reclamo"

Helene Hanff
84, Charing Gross Road
Editorial Anagrama
Primera edición: Nueva York, 1970
Esta edición: Barcelona, 2002
126 páginas

2 comentarios:

Tatiana Luján dijo...

Nunca pensé que me fuera a gustar un libro de cartas, pero la sencillez de ese libro me atravesó.
Es un libro muy bonito, lo que más me gustó fue cómo 2 personas y no solo ellos sino sus toda la librería y la familia de los libreros se volvieron amigos de alguien sin haberlo visto.
El libro me lo recomendó Goodreads.

Adriana Villegas Botero dijo...

Sobre los libros epistolares, en el prólogo de Memoria por Correspondencia, de Emma Reyes, Piedad Bonnett escribe que ese libro le gustó pese a ser una compilación de cartas, pues leer cartas le parece un poco pesado. A mí, desde que leí Cartas Cruzadas, de Darío Jaramillo Agudelo, me gusta ese "género".